Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» El amor... ¿perdido? ¿O reencontrado? [Isla de Sade] (priv. Atlas y Axis)
por Atlas y Axis Ayer a las 9:33 pm

» Kenzo Sagreth
por Bizcocho Ayer a las 11:29 am

» Reencuentro: El amor de una madre [Privado Niris y Janna]
por Niris Ayer a las 9:41 am

» ¿Donde está el Caballero Rojo?(Campaña)
por Vanidad Jue Jun 21, 2018 8:49 pm

» Hyaku Monogatari
por Huli Miér Jun 20, 2018 7:16 pm

» De criminal a criminal [Privada]
por Bony Sandokan Miér Jun 20, 2018 5:35 am

» Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]
por Varen Tethras Mar Jun 19, 2018 4:30 am

» Sistema de corrección de partidas por pares
por Strindgaard Mar Jun 19, 2018 3:55 am

» Historias de un Enano [Cronología de Varen]
por Varen Tethras Lun Jun 18, 2018 2:32 am

» Aule vs Niobe
por Casandra Von Schuyler Dom Jun 17, 2018 11:44 pm




Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones


Vidas Fugaces

Ir abajo

Vidas Fugaces

Mensaje por Eudes el Miér Dic 27, 2017 9:27 am

-Observando Estrellas.

Eudes sintió como el sueño empezaba a instalarse sobre sus párpados. Esperaría un poco más antes de ceder a su propio cansancio; le gustaba identificar a las nebulosas conforma estas iban apareciendo en el cielo antes de dormir.

El fuego que había encendido hacía solo algunas horas ahora solo era un montón de brazas rojizas, que seguramente terminarían de apagarse pasados algunos minutos más. Cubierto por aquella gruesa piel de oso –Única cortesía de la señora Ilga- era medianamente capaz de lidiar con el frío nocturno, al menos mientras los vientos invernales no empezasen a llegar. Con mucha suerte ese par de oraciones y las danzas solares que había hecho los mantendrían alejados algún tiempo más.
Daba igual realmente; en cualquier momento tendría que volver a encender la hoguera.

Como cada noche, La Dama Blanca siguió a su reina la Luna Azul no bien esta se había terminado de alzar sobre las copas de los árboles. Acompañada por el Perro de Agaro y La Espada de Symias, guardaba muy celosa y cerca a su señora, siempre negándose a retrasarse a su paso como si en cualquier momento ese Escorpión de constelación roja fuese a saltar sobre ella. Las Puertas Sobre Daulin, brillantes y abiertas como una cicatriz en el cielo, se elevaban detrás de ambas mujeres conforme la cúpula celeste avanzaba, marcando la entrada al gran palacio deífico junto a las amarillas Dos Torres, coronadas en lo más alto por Eraemon el Justo y su Carro de Pegasos. La Guardia de Symias, llamada en Akhdar el Séquito de Hel’ihal, guardaba a la gran procesión en formación de anillos, enfilando lanzas estelares hacia las escarlatas Huestes de la Ira que desde ambos flancos parecían querer alcanzar a Selene. Surgiendo desde un extremo inferior del cielo, El Viejo Wyrm Rojo parecía observar la escena sentado sobre su Trono de las Mil Leguas, alejado, como perdido en el mar de estrellas blancas que componían a La Región de Las Mil Luciérnagas. Arriba, alto, El Arbol de Todos los Principios extendía sus hermosas estrellas verdosas hacia todas direcciones, como ramas tupidas que daban lugar a la más delicada de las vidas. Muy cerca suyo, El Ojo del Sabio miraba hacia la tierra, como la omnipresente mirada de los dioses, con aquella etérea iris amarilla que rodeaba a un pozo de absoluta e insondable oscuridad.

El cielo en su totalidad era un caos, un desorden, una disonancia que por alguna razón era hermosa. Tantos dioses, tantos héroes, tantas leyendas, todas vivas y eternas en el cielo de la noche, paralizadas en sus mayores momentos de gloria como si de otra forma simplemente no pudiesen existir. ¿Notarían todos aquello, que la historia gloriosa les veía cada día desde las alturas como reyes sobre sus tronos, como jueces finales a la totalidad del mundo y la vida que posee razonamiento? ¿Estarían los ojos de Selene, o de Ereamon, sobre ellos en aquel instante, viendo, esperando, guardando a aquellos que todavía no rozaban la inmortalidad? Por Symias, eran tantos reunidos, atrapados en aquel estado de gloria eterna.

…¿Algún día conseguiría estar entre ellos?…

-Son hermosas, ¿Verdad?- Comentó a la nada.

Las brazas ya se habían apagado completamente para aquel punto. La manta de piel de oso apenas si lograba transmitir calor algunos bajo la armadura, y tal parece, todas sus oraciones y danzas para que el viento frío se alejara no habían tenido mayor efecto. Como una compañía, su vieja mandoble de hierro, gastada, recorrida por grietas y rasguños cual mapa cartográfico, se erguía clavada en el suelo.

-Me preguntó si simplemente están atrapadas en ese estado, o si es que a los dioses les gusta hacer lo mismo cada día- Comento al acero mientras se sentaba sobre el suelo- Alguna tendré que hacer como Leorn y subir hasta la cima de Daulin para preguntarles.

La hermosa encarnación azulada de Selene, ya en lo más alto de la noche, presagiaba aún más frió conforme su descenso comenzara. Ningún alma, ni animal ni mucho menos pensante, perturbaba la aparente calma sepulcral en la que el bosque había ido a caer, dando a Eudes una pesada y desagradable sensación de abismal soledad.

-Por Symias…Parece que los espectros se han quedado dormidos esta noche, ¿No crees acero mío?- Pregunto a la hoja, mientras observaba el oscuro bosque que le rodeaba y un vaho frío se escapaba de su visera- Había dicho aquel enano buhonero que había un pueblo cerca… ¿Cómo se llamaba? Pen…Pen algo…Penrir, sí, Penrir, descuidada mi mortal memoria.

Dos piedras descansaban a un lado de la ahora extinta fogata. Acercándose y tomándolas entre sus manos, las hizo chocar varias veces hasta que las chispas volaron por el aire y revivieron las débiles flamas que por un buen número de horas le dieron calor. El bosque pasó de ser una inmensidad oscura e indefinible a una multitud de columnas gruesas pobladas por ojos brillantes y visajes fugaces, signo de que a pesar del mortuorio silencio algunas criaturas ya habían empezado con sus nocturnos quehaceres. Un búho grande, de plumas marrones y largas cejas que caían hacia afuera de su rostro le devolvía una profunda mirada ajena a cualquier tipo de sentimiento.

-Bueno, creo que mañana podríamos ir allí ¿No crees?- Dijo al arma- Visto lo visto no habrá más brujas ni duendes por estos lares- Rió suavemente antes de dejar escapar un largo suspiro- Ojala amanezca pronto, solamente…

Bajo la luz de Selene, y los ojos de mil leyendas celestes, Eudes permaneció despierto observando el fulgor de las brazas reflejado sobre su espada. La expectativa de nuevos contactos se le hacía prácticamente una necesidad en aquel momento, cuando la soledad se asentaba sobre su estómago como una presión agobiante. Ocultó a su espada, única compañía en aquella noche, su duda sobre si la próxima aventura que tomaría le acercaría un poco más a ese sueño que anhelaba, a esas estrellas que tan lejanas observaba. Cierto era que los últimos meses solo habían sabido sorprenderlo, y con toda seguridad, lo que vendría no sería diferente.
avatar
Eudes

Mensajes : 128
Edad : 18
Link a Ficha y Cronología : Eudes
Cronología

Nivel : 2
Experiencia : 775 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Re: Vidas Fugaces

Mensaje por Eudes el Vie Ene 26, 2018 5:00 am

-Duelo Justo.


En el camino a Penrir se había encontrado con el carromato de un pequeño comerciante. Palabras más, palabras menos, el honorable señor había aceptado llevarle hacia el pueblo, confiado en que él, como buen caballero y fiel defensor de los pobres, se entragara a la valerosa defensa de su mercancía, contra todo aquel espíritu, criatura o maleante que osara traspasar los límites la sagrada ley de propiedad. Y había estado pendiente Eudes, vaya que lo había estado; sobre todo con los dragones, que decían ser comunes en aquellas áreas, y los caballeros de ultratumba, eternamente atormentados. Su precaución le había llevado a realizar un necesario ritual en base a silbidos y cantos de gallo, efectivo según algunos señores de Esmeralda contra malas intenciones y criaturas de la noche.

Claro que, habían demostrado sus nobles intentos no ser más que un atractivo para otro tipo de mal. Ahora de pie, con la espada apoyada en el hombro, observaba al grupo de hombres armados que guardaban el camino hacia su destino, aunque más especialmente a aquellos que le apuntaban con lanzas. Banderas de un escudo que le era desconocido -¿Era un jabalí o la cabeza de un lobo muy gordo, o quizá ambas cosas mezcladas en una preciosa leyenda?- Ondeaban casi a la altura de algunos árboles.

-¡No y otra vez no!- Grito su samaritano, un hombre anciano de coronas canas y barba desaliñada, señal obvia de sabiduría. Respondía al nombre de Igin- ¡El señor de Eleras puede irse al foso si cree que puede llevarse esta mercancía también!

El carromato se encontraba aún lado del camino, bajo el cuidado de algunos guardias con uniforme púrpura y yelmos plateados. Sus miradas fastidiadas- Como si la ofensa hubiese sido cometida por el noble señor- Se posaban sobre el anciano mientras sacaban una a una las repletas bolsas de grano. Un hombre sin yelmo, de ropas finas como de noble y mirada aún más hastiada que la del resto de sus criminales, alzó la mano en señal de silencio y avanzó un par de pasos hacia el anciano.

-Ya, ya Igin, no hagamos otro espectáculo, ¿Te parece?

-¿Espectáculo?- Preguntó indignado el buen señor, alzando su dedo acusador mientras miraba con furia al aparente oficial- ¿Espectáculo dice? Es la tercera vez en el maldito mes, la tercera vez que llegaré al pueblo con la mitad de la mercancía. ¿Qué piensa? ¿Qué yo no necesito ese dinero? ¿Qué en esa pocilga nadie come? Si lo que su amo busca es que un grupo de granjeros hartos vaya a quemar su linda mansión va por buen camino, zoquete.

El oficial pestañeó, como buscando sentido a tales palabras. Pronto el fastidio en aquella cara se marcó aún más, notándosela casi dolida.

-No lo harán Igin- Dijo lentamente, ahora también él señalando al anciano- No lo harán porque los enanos de la región no otorgarán protección a ningún humano- Dio un paso más cerca del hombre, aún con el dedo levantado-No lo harán porque cada día algún engendro sale del bosque a devorar personas y se necesita tanto a un oficial como a tropas, porque, sorpresa, esos animales no conocen concepto alguno de diplomacia- Dio un segundo paso, proyectando su sombra sobre él enjuto anciano-Y sobre todo, no lo harán porque saben que de no estar nosotros, todas estas pequeñas pocilgas que han hecho se vendrían abajo, quemadas hasta los cimientos por la ira de algún troll- Puso la yema del dedo sobre el escuálido pecho de Igin-Arriba en las montañas hay conflicto, hambre, bestias, anciano. Necesitamos comida, recursos, gente. Sé que es un sacrificio... ¿Pero no es mejor eso a caso, a dejar que a tu hija la viola algún troll en su propia cama?

Igin alzó la vista, con un aire sombrío empañando su mirada. Tomó de la muñeca al oficial y apartó el dedo de su vista.

-¿Piensas que nadie sabe de las fiestas que realiza?- Preguntó- ¿O como gasta nuestro recurso para ganar oro a los enanos? ¿Nos tomas por tan ingenuos, sargento?

El hombre de nobles ropas le miró inexpresivo durante varios segundos, sin embargo, pronto, hizo un gesto de desdén con su mano y le dio la espalda al anciano.

-La ley es la ley- Afirmó, volviendo con sus hombres- Mi deber es cumplirla, mercader, independientemente de las mentiras que gustes creer- Miró a sus hombres, que tranquilos, habían terminado ya de bajar aquellos sacos de grano- Traigan el otro carro y empaquen, nos largamos de este lugar.

Eudes al fin se decidió por actuar, como noble caballero que era y debía. Minutos pensando, buscando una solución, limitado a estar de pie y rodeado de algunos soldados armados, desconfiados al parecer por su porte -¿Qué pensaban, que era acaso él un simple bandido?- Habían traído a su memoria una posible solución aplicable, que él, en deber de caballero, estaba obligado a intentar.

-¡E…Espere!- Exclamó, levantando un brazo enguantado.

El oficial volteó, reconociendo una voz que no le era familiar. Examinó al caballero durante varios segundos con los ojos entrecerrados, como si por primera vez considerase su presencia. Firme y con la espalda recta, puso ambas manos a su espalda y le miró con actitud marcial.

-¿Qué desea, guarda?- Preguntó.

Eudes carraspeó la garganta, tratando de engravecer su voz lo más posible. Si bien no era de agudo tono, la gracia divina no le había concedido el don de una voz portentosa, como la que, cuentan las leyendas, tuvieron numerosos caballeros de renombre como Emiliano el Fugaz o André de Dalkia. Comprometido con no arruinar el sagrado momento que cocía, se esforzó lo más posible en imitar tales tonos con tal de honrar el desafío que estaba a punto de lanzar.

-Propongo una buena solución, caballero- Dijo en voz alta.

-¿Buena solución?- Preguntó, arqueando una ceja. Algunas miradas curiosas fueron traídas desde los soldados.

-El señor Igin, benevolente samaritano de vuestro servidor, le recogió en el camino cuando cansado vagaba por estas tierras, con poco rumbo acerca de su destino- Afirmó el caballero tortuga, dando un paso adelante y provocando cierta tensión entre los hombres que le vigilaban- Prometí, a cambio, guardarle en todo el camino de que algo le sucediese a él o a su mercancía, y como podrá notar, aún mantengo tal promesa de noble caballero- Sonrió bajo la visera de su yelmo. Lo haría como lo había hecho Sir Elam durante la siega de Phonterek- Siguiendo el ejemplo de muchos Sires nobles, le propongo, mi señor, que si nuestros propósitos se hayan tan cruzados, resolvamos el percance mediante un duelo. Si usted triunfa, podrá llevarse toda la mercancía que requiera…Si yo lo hago, ambos podremos irnos con el grano- Se cambio la espada de hombro, suscitando aún más tensión, con el único plan de atraer atención sobre tal- ¿Le parece?

Debía confesarlo…Quería un duelo desde hacía tiempo. Pocos caballeros no habían tenido duelos los primeros tiempos de su peregrinaje, y aquellos que habían tardado, era solo para obtener mayor gracia de combate mucho más adelante. La oportunidad, básicamente, había aparecido de la nada, ¿Y que se hubiese dicho de él si no la tomaba? Era una manera honorable, limpia, y sobre todo conocida de resolver impases tan serios en cualquier tierra llamada civilizada. Arte perfeccionado por nobles valientes ya de renombre.

-Duelo...-El oficial saboreó aquellas palabras unos instantes. Al cabo de un par, llamó con la mano a uno de sus oficiales y le susurró alguna cosa al oído, fuera sus palabras de la capacidad auditiva del caballero. Aquel soldado, luego de asentir, entregó su simple espada al oficial que, haciendo algunos agiles movimientos con la hoja, termino por mirar al caballero y dibujar una media sonrisa en su rostro- Acepto el desafío, formidable  y noble caballero, yo, Lem hijo de Bhor- Dijo ceremoniosamente. Si el buen Eudes hubiese tenido algo más de inmunda malicia, hubiese pensado que se estaba burlando de él- Por favor, resolvamos este asunto antes que el sol termine de ponerse.

Eudes dio varios pasos al frente que tentaron a la reacción de sus dos guardianes, sin embargo, un simple gesto de cabeza por parte del llamado Lem bastó para hacerles retroceder. Curiosos, el grupo de uniformados púrpura hizo espacio y posó sus miradas sobre ambos, con sonrisas tenues dibujadas en sus rostros y cierta excitación en sus movimientos. Eudes ante ello no podía estar más complacido: Su primer duelo y ya parecía suscitar tanto disfrute como expectación ¡Sin si quiera haber empezado! Bendito fuera Helios por tal gracia y talento concedido a su persona. Bien había empezado en toda su empresa.

-Bien- Dijo Lem, colocándose a distancia prudente y batiendo en tajos al ire su arma- aComencemos entonces, caballero.

-¡Adelante, con honor, hasta la rendición o incapacidad!

Ambos avanzaron, sin embargo, Eudes lo que más hizo fue correr.

Independientemente a la imagen que daría, siendo su masa 80 kilos de armadura en torpe movimiento, el caballero tortuga avanzó con ímpetu hacia su rival, alzando en el camino su mandoble y sintiendo al corazón pujar por salírsele del pecho. La eternidad, la dulce eternidad se formaba en su mente; un momento de pura gloria y combate que por segundos le ponía en la liga de los antiguos héroes. En un tiempo de duración indeterminable y espacio etéreo, solo existió la espada, el impulso, y la perspectiva de impacto próximo que daría inicio al combate. Tales elementos suscitaron en su corazón un placer y un ánimo tal que todo pensamiento, memoria y sentimiento desapareció.

En su delirio el caballero no notó dos pequeños detalles, claro: en primer lugar, que el oficial se había detenido en seco luego de un par de pasos, con la espada perezosamente agarrada; y en segundo lugar, que el fuerte, glorioso e inevitable impacto, venía justo de otra dirección.
Un dolor fuerte en su sien previó al oscurecimiento del mundo. Arriba, abajo, derecha o izquierda; nada. Por segundos solo hubo oscuridad y un ruido blanco que le llenó los tímpanos, haciéndole rechinar los dientes. Quizá fue la repentina sensación de solidez lo que le hizo percatarse que ya había llegado al terroso suelo.

Un nuevo dolor que se transmitió de un lado a otro de su cráneo, terrible, cegador, previo a que sus oídos también recuperasen sensibilidad. La risa de algunos soldados y las palabras lejanas del oficial…Sí…Eran eso…¿Pero que había acontecido?

Poniendo ambas mano hacia donde pensaba estaba el suelo, el caballero tortuga pujó por ponerse de rodillas y levantar la vista, buscando alguna luz que le guiara. Conforme los sentidos le iban volviendo y los párpados abriéndose, distinguió a la figura de un soldado risueño sosteniendo una masa entre las manos, seguida por la del hijo de Bhor de pié, riendo débilmente, ya sin arma alguna, con una mirada burlesca pintada sobre la sonrisa. Sus palabras se empezaron a volver más claras.

-…Espectáculo fascinante, mi buen amigo, corriendo como un orco engrasado- Dio un par de aplausos burlones y destrozó completamente su propia alegría, transtornando sus facciones en un gesto rabioso- Estoy harto del mar de mierda que tengo que nadar por ustedes, cerdos. Más vale que este tipo de incidentes no vuelvan a repetirse- Advirtió, al momento de darle la espalda.

Los sentidos le seguían fallando, y juraba el caballero que del lado izquierdo de su cabeza antes no manaba tanta presión, sin embargo, trató como pudo de ponerse en pié y mantener la cabeza alzada delante de aquel hombre.

Honor! ¡Honor había dicho usted!- Gritó, tratando de hacer fuerza con las piernas- ¿Qué acaso no tiene tal cosa?


El hijo de Bhor le ignoró, limitándose a ver como sus hombres empezaban a subir los sacos de grano a un segundo carromato. La furia y la indignación ardieron en su interior mientras miraba la escena, tratando de transmitir aquel ímpetu a sus aturdidos músculos y sentidos.

-¡Responda criminal!- Exclamó, sintiendo como un brazo flaco pasaba bajo su hombro.

-Déjelo, déjelo así, insensato- Dijo el viejo Igin, que repentinamente estaba a su derecha haciendo vano esfuerzo por tratar de poner de pié al caballero- No me busque todavía más problemas.

-P...Pero...El honor...- Eudes observó como aquellos hombres terminaban, apresurados, de empacar aquella mercancía. Algunos riendo, otro más ocupados, ninguno volvió a mirar en su dirección.

Esa tarde el Caballero Tortuga emprendió de nuevo camino, acompañado todavía por su ahora desvalijado buen samaritano. Con la sien palpitando bajo su yelmo (el cual nunca, por su honor, se iba a quitar) miró hacia el camino por donde habían partido los soldados y su peculiar líder, tan presurosos por acabar la recolecta. Por varias horas solo existió aquello: El dolor en la sien y el camino a sus espaldas, serpenteante, que se perdía en las montañas donde alguna vez había estado.

Aquello le ayudó a lidiar con la semilla de un ego que estaba hecho trizas.
avatar
Eudes

Mensajes : 128
Edad : 18
Link a Ficha y Cronología : Eudes
Cronología

Nivel : 2
Experiencia : 775 / 1000

Volver arriba Ir abajo

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.