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Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
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Plomo y Tinta [Libre]

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Plomo y Tinta [Libre]

Mensaje por Casandra Von Schuyler el Jue Feb 01, 2018 11:30 pm

Capitulo 1: Reina sin soldados.
La nieve en Zhalmia suele caer con furia y rencor, como si algún espíritu o dios vengativo castigase la tierra con ese manto helado, y su mayor fuerza se exhibe en el invierno. Desde mi ventana podía observar como las corrientes de aire chocaban entre si, con su blanca mercancía, formando torbellinos y caóticas formas en el exterior. Mi mirada se perdía en ese hilo de caos y oportunidad, mientras mis dedos amasaban suavemente la taza de té que Amelia había preparado y mi mente se debatía entre observar el panorama y escuchar a Thomas.

-El invierno esta terminando y pronto empezará el ciclo de fiestas…-decía en un tono frío y mecánico, el de alguien que había abierto y resumido una cantidad de correspondencia brutal para soltar solo tres palabras en lugar de 20 por cada letra recibida.- La señorita Almonester nos ha invitado a su cena privada dentro de mes y medio en San Rhael, el señor Emberg Rox nos ha convocado para un baile entre las cabezas de Rodelfia, el señor…

Era el último mes del invierno y, como era habitual, el frío y la nieve no paraban de luchar por seguir existiendo unos días más. Pero, nada más acabasen, iniciaría el conocido como “Ciclo de fiestas”. La tradición zhalmiana incitaba a acabar el único periodo de paz entre la nobleza con un estallido de intrigas, misterios y asesinatos que tendía a limpiar el panorama de los jugadores menos relevantes o capaces que hubiesen aparecido en otoño y en verano.  Eso se traducía en un mes en el que los nobles se invitaban los unos a los otros para probarse y demostrar sus alianzas en “terreno amistoso” para el anfitrión, lo cual causaba que a inicios de mes todos los nobles acabasen con más de media docena de cartas supurando cortés y dulce veneno.

-El señor Martin Osghel nos ofrece una semana de encantos y disfrutes en su mansión de Rosillea…-A eso no puedo evitar una ceja, a lo que Thomas me devuelve la mirada vacía y sin vida de un secretario curtido en mil batallas.

-¿Una semana? -pregunto, elevando la mano de entre las mantas y abandonando mi te en el escritorio- Eso es extraño…-Pronto, Thomas desliza sus dedos entre el montón de papeles que conformaban las invitaciones y posa la correspondiente en mi palma al descubierto.

Martin Osghel no era un jugador habilidoso en los juegos cortesanos, pero si fuerte. La familia Osghel era una de las principales familias militaristas de la zona oeste, de las pocas que habían resistido el encanto del este, y por tanto controlaba la seguridad de gran parte de la región. Una existencia necesaria en este entorno caótico, un perro al que lanzarle galletas de vez en cuando para que se quedase callado e hiciese bien su trabajo. Un idiota necesario, como dirían muchos.

Por eso, una invitación de una semana era extraña. Incluso lo más veteranos en la corte preferían evitar extender demasiado tiempo el periodo de los encuentros, optando en su lugar por encuentros esporádicos, pero muy intensos. Un ejemplo de ello era la señora Rosselia Almonester, mi patrona. Rosselia había creado una silla, que en caso de que el peso que se sentase sobre el fuese superior a cierta cantidad se cerraba como una trampa para osos, y nos había hecho sentarnos a cenar, con suculentos premios al finalizar la velada para los que sobreviviesen. Una cena con extremo peligro…pero que dura una hora como mucho. Extender unos encuentros, predeterminados a ser intensos, durante una semana solo se podía hacer con un plan, sin embargo… no podía imaginarme a Martin como alguien con uno.

La carta olía a perfume, lo suficiente como para haber asfixiado a varios carteros, y en su interior una caligrafía extensa y elegante se formaba de manera invasiva, olvidando cualquier concepto de línea o separación. Me lleve los dedos al ceño, rozándolo suavemente ante el horror gramatical.

“Mi estimadísima señora Cassandra Von Schuyler di Stephano, segunda princesa del reino de Zhalmia y petit duchesse de Rodelfia:

Le escribo esta carta bajo el conocimiento doloroso de que en este año solo nos hemos podido encontrar un par de veces. Por ello, para aliviar mi espíritu y poder observar su real estampa, me gustaría invitarla a pasar una semana en mi mansión de Rosillea, el Roble Blanco, para escapar del horrible y cargado ambiente que este mes de celebraciones lleva consigo. (…) Sera una semana de puro teatro, discursos y discusiones de todo tipo en la que espero que participe. Aun recuerdo, con fascinación y extremo congojo, los debates en los que usted discutió la naturaleza del hombre, de las artes mágica y del espíritu con los grandes académicos y hombres de nuestra esplendorosa nación en Villa Marlo (…). Su magnífico léxico y argumentos me hicieron un nuevo hombre ese día y por ello desearía que se uniese en nuestras pequeñas reuniones de nuevo (…)

Su mayor admirador y más ferviente siervo,
Martin Osghel”

Dios…Si en algún hospital de dementes alguien metiese miel, azúcar y excrementos en una carta y luego la enviase, este sería el resultado.

-Este caballero parece prendado de usted…-replico Thomas, mirando con la ceja levantada el contenido de la carta, recordando el significado de cada letra y el tiempo que habái tardado en descifrarla.

-Si te refieres a mis pechos, si…esta muy prendado…-respondo, con una media sonrisa, dejando que el papel cayese en una lenta parsimonia sobre el escritorio. Casi podía escuchar el cuerpo de Thomas alzarse en posición de ataque, tensado ante la revelación. – En Villa Marlo me estuvo espiando mientras me bañaba y quizás intente repetirlo de nuevo en su terreno…

Ante ese exabrupto, las mejillas de mi secretario/amigo de la infancia/sirviente enrojecieron como las llamas de una hoguera con mucha leña. – Por lo que tengo entendido, el señor Osghel contrajo nupcias el año pasado…no creo que un caballero zhalmiano se reduzca a tales actos de obscenidad…

- Por eso para los viajes me llevo a tu hermana y no a ti…-replicó, exhibiendo mi sonrisa, notándolo mirarme con recelo ante mi afirmación- Ella entiende mejor la naturaleza “obscena” de los hombres que tú…-Añado, mirándolo sonrojarse un poco más. Dios, era divertido fastidiar a Thomas.  El pobre estaba temblando en los zapatos, con el rostro torciéndose de ira. Vaya si habíamos cogido costumbres el uno del otro…

-¡Entonces esta invitación ha de ser claramente denegada! -dijo, cogiendo la carta y dirigiéndose directamente a la hoguera. Al momento, me levanto, agarrándole el brazo antes de que pudiese acercarse a la hoguera.- ¡Quieto ahí!¡Aunque a ninguno de los dos nos guste, Martin es alguien importante…!

Tras una lucha feroz, en el que Thomas tiraba de mi en dirección a la chimenea y yo le tiraba de él, amarrándome con las piernas a mi escritorio, conseguí arrebatarle la carta. Ambos jadeábamos al final de la contienda y yo me volví a sentar, con la invitación arrugada en mis manos.

-Es una gran oportunidad de llevarnos al bolsillo a una de las familias militares más importantes de la región…-replico, mientras extiendo de nuevo la manta sobre mis hombros y mi pijama, encerrando los extremos sobre mi pecho en una X.- Además, las posibilidades de este evento son extensas…para empezar no tengo constancia de ningún evento de tal duración en el ciclo de fiestas y Rosillea esta lo suficientemente cerca de San Rhael como para escuchar las noticias que acontezcan en las fiestas de la capital…

Tras eso, miro de nuevo la invitación, escondiéndola un poco de los ojos en llamas de Thomas. A veces me preocupa que le haya pegado algo de mi carácter al pobre…Thomas siempre ha sido considerado, dulce, silencioso y calmado, pero últimamente tenia los sentimientos sobre la piel…como yo.

El resto de la velada paso tranquilamente, sin ningún sonido más allá que el de las llamas de la chimenea y el de la voz de Thomas, repitiendo los diversos acontecimientos sociales que iban a ocurrir en Zhalmia y a los que tenia que asistir.

-Inicio del ciclo de fiestas. Dia 1-


El viaje a Rosillea había sido…largo en cierta manera. Rodelfia estaba conectada directamente a la capital, por lo que el viaje hacia allí resultaba más fácil que desde cualquier otro punto del pais, sin embargo, cuando cambiamos a Rosillea nos encontramos que el camino de los muertos tenía todas sus embarcaciones y carromatos ocupados. Por fortuna pudimos localizar una fragata de pequeño tamaño que nos trasladaría rápidamente a la “Costa arcoíris”.

La embarcación era de un blanco puro, probablemente de alguno árbol de los bosques de Zhalmia, y se encontraba anclada en la tierra, sobre un agujero. El conductor era un quinto hijo de una familia noble menor, pero había conseguido un empleo digno entre aquellos dedicados al trafico de personas por el submundo de los caminos gracias a sus artes. Tras subirnos, el conductor cerró los ojos y alzo las manos frente a él. La nave se elevó al mismo tiempo, no por magia telequinética o cualquier tipo de magia energética, no…fue elevado por decenas de brazos anexos a la parte inferior del barco. 10 Brazos de aspecto musculados conformaban las bases de la embarcación y decenas de extremidades mas pequeñas se repartían por el resto de la superficie, dando estabilidad y apoyo a la nave. Pronto, empezaron a moverse…y nosotros con ellos. Gracias a esto, llegamos a la ciudad extremadamente rápido, en menos de un día.

Rosillea siempre me había parecido una ciudad de belleza singular. Los edificios eran de un diferentes colores y dimensiones, conformando una red de estrechos caminos y carreteras, cubiertos por puentes y similares que, a su vez, se alzaban sobre cristaleras de colores brillantes. Las cristaleras daban a los cultivos de la ciudad, iluminando el interior cuando hacia sol, pero produciendo su propia luz en la noche, pues las antorchas que evitaban la entrada de monstruos iluminaban el interior de las cavernas y, por ende, causaban que torrentes de luz multicolor se dispersaran por la ciudad. Caminar por sus calles de noche siempre me había resultado todo un espectáculo…Casi como si bailase sobre las auroras que ascienden en el cielo en la primavera. Pero, desgraciadamente, no tenia tiempo para disfrutar ni relajarme en las espléndidas vistas de la ciudad…

La mansión del Roble Blanco estaba en el borde oriental de la ciudad, alejada del congestionado núcleo urbano y rodeado por enormes cristaleras azules, que hacia que tuvieras la sensación de estar en medio del mar. Solo se podía acceder por un puente de piedra, que se elevaba entre las vidrieras, siendo el resto de su estructura completamente de granito, exceptuando un jardín de varios cientos de metros en el que un Roble Blanco petrificado se alzaba tras varios siglos, mucho antes de que la mansión estuviera allí. Cuando llegamos, mire con un sentimiento de desconfianza y diversión en el pecho las puertas de hierro que cerraban el puente.

¿Qué sorpresa me depararía la fiesta?
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Casandra Von Schuyler

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Re: Plomo y Tinta [Libre]

Mensaje por Tanets Iskusstvo el Vie Mar 16, 2018 11:16 pm

La estadía en la ciudad de los cerezos fue más placentera de lo que estaba esperando realmente, sin tomar en cuenta el pequeño… incidente del callejón. El emperador en persona me había apartado una habitación en el palacio de porcelana, y entendí el porqué del nombre. No sería de porcelana, eso seguro, pero sus paredes blancas y perfectamente pulidas daban esa impresión. Estaba, como de costumbre, rodeado de árboles de cerezo cuyas hojas ya habían empezado a marchitar. Sus intenciones eran claras, y las sospechas de Mathilda eran increíblemente acertadas. Hanatsu, como Emperador del Palacio de Porcelana y regente del Imperio del Este, quería limpiar el nombre que por tanto tiempo habían manchado en la isla, y, según me comentó, la presentación del equinoccio fue un rotundo éxito.

El resto de sus planes permanecería en secreto, y conociendo el carácter en general de los habitantes de la Isla, sería mejor que quedara así. Thaimoshi no era conocido por ser una isla conflictiva ni mucho menos, pero se sabía que cuando decidían tomar armas, eran implacables, y yo no quería ni necesitaba presenciar eso. Como artista, mis privilegios eran resumidos a la estadía en el palacio, y poco más. Tan pronto como mi audiencia con el emperador culminó, me dejé caer en cama. La habitación no difería del resto del palacio; sus paredes eran de un pulcro color blanco y estaban pintadas con motivos de cerezos y árboles, y había cortinas rosadas alrededor del almadraque, que tenía flores rosadas encima.  Nathaniel dormiría en una habitación aledaña, suficientemente cerca para sentirme seguro.

Y ya en el silencio y la soledad de la noche, me rompí.

Los recuerdos azotaban mi mente como mar tempestuoso. El rostro de Tentrei cortado, la criatura pálida, la sangre. Me recogí nuevamente en la cama y me sostuve de las rodillas. Las lágrimas escurrían por mis mejillas (que ya estaban limpias de maquillaje) como si fueran riachuelos. El sentimiento que había comenzado a olvidar semanas atrás sobrevino a mí como una lanza a través de mi alma. No la soledad, no, Nathaniel, mi fiel compañero estaba conmigo. Pero me sentía… incompleto. Era como la pieza de un rompecabezas que nunca terminaría de armarse. Era la mitad de un todo, y el todo ya no existía. Era el vacío. El dolor. Y entre llantos y súplicas a Müsenïe, caí dormido.

Fueron tres semanas de estadía en el Castillo de Té, cuya reputación no me explicaba, puesto que no presencié en ningún momento nada (además de las decoraciones) que le brindaran ese nombre. Me tomé el tiempo de hacer un par de presentaciones más sin costo adicional. Una en el palacio, dos más en la ciudadela, aquellas dos últimas vistiendo motivos que me representaban como enviado del Palacio de Porcelana (ropas blancas, a medida, ceñidas al cuerpo. Mangas largas y hojas de té pintadas desde la cintura hasta el hombro, cruzando el pecho).

Cuando no estaba presentando, me paseaba por los mercados de la ciudadela. Me tomé la libertad de probar (y casi embriagarme) con el vino de cereza, cuya reputación le hacía justicia, puesto que su sabor era digno de reyes. Compré también algunas baratijas y recuerdos; un artista hizo un kokeshi con mi rostro, el cual pasó directo a mi colección personal de cosas que dejaría llevando polvo pero que me gustaban mucho para botar. Una vasija de porcelana y, como no podía ser de otra forma, un abanico.

Al volver a mi habitación, la mirada preocupada de Nathaniel y el papel en sus manos me tomó por sorpresa. Dejé la bolsa con mis compras a un lado, y me acerqué a él. El sello estaba intacto, pero Nathaniel sólo necesitaba ver el símbolo para montar un numerito.

¿Qué sucede, Nath?

Me extendió la carta. Detallé el sello, dos lanzas eran el símbolo sobre un escudo morado. Era de esperar que no supiera de dónde viene.

Es de Zhalmia. Familia Osghel. Es… tiene algo que ver con la milicia. —se apretó el puente de la nariz intentando recordar.

No vacilé mucho en abrir la carta. Sus primeras líneas se clavaron en mi pecho como una estaca. Respiré profundo y lo dejé ir. Leí el resto en voz alta.

A la compañía Iskusstvo y a sus estimados dueños, Tanets y Tantrei Iskusstvo:


Mi nombre es Martin Osghel y mis títulos son de General Defensor de las Tres Rocas, Gallardo Duque de Rossilea y campeón oriental de la gloriosa capital de Zhalmia, San Rhael. Bajo estos títulos demando y apreciaría su presencia en una fiesta de duración de 7 días en mi mansión de Rosillea, denominada por los locales como la Roble Blanco, en propósito de amenizar mi velada durante estos días, en cuanto sea necesario.


Si desean aceptar este ofrecimiento, serían recompensados con 150 piezas de oro por la actuación, más 500 piezas debido al traslado necesario para este.


Se requiere la máxima de modales y actitud, pues, en referencia a mis honorables huéspedes, si se da el caso de que algún gesto de malicia, estupidez o actitud baja molestase a los mismos, me temería que el pago y sus actuaciones serían anulados.


Firmado,
Martin Osghel

Dime que empacamos mi traje.

No estarás pensando en… Ir, ¿Cierto?

¿Por qué no?

Tannie… —en su voz había preocupación, y el uso de mi diminutivo era casi una súplica.— es Zhalmia. Es la capital de los horrores.

Y es un General el que está enviando la carta. No es el emperador del Palacio de Porcelana, pero sin duda está más cerca de casa y, por el amor a Müsenïe, en tierra.

Es… es una mala idea.

Vamos, Nath, además serán solo un par de días de viaje desde aquí.

No tienes equipo, y jamás hemos viajado tan al norte.

Alcé los brazos como señalando todo a mi alrededor.

¡Estamos en Thaimoshi Ki Nao! ¡Sobran Artistas, utileros y tramoyistas! ¡Y mira los números! ¡Son… 650 piezotas de oro, Nath!

Gastarás casi todo en transporte y utileros, Tanets.

¿¡Y si conozco a la reina de Zhalmia!? ¡Zhalmia es mucho más poderosa que Thaimoshi! —¿ Lo es? Oh Müsenïe, no tengo idea de qué rayos estoy hablando.

Tenía algo por seguro. Zhalmia era un reino creciente y extraño, y era el lugar perfecto para comenzar en la extraña escalera de la política.

Lo sé, Tanets, lo sé. —¡Anda! ¡Acerté!— Pero también es un sitio peligroso.

Creo que sabemos cuidarnos bastante bien. —hice un ademán con la mano y una pequeña flama azul salió de mis dedos.— Bastará con portarnos como gente decente y saldremos lisos, ya verás.

Oh, por todos los dioses. Por Eilian, si consigues que te maten, haré que te revivan para rematarte en persona.

¿Eso se puede?

En su mirada había arrepentimiento. Definitivamente quiso no haber dicho aquello último.

¡Vamos, vamos! —salté por toda la habitación recogiendo mis pertenencias— Escribe una respuesta a Sir Osghel. ¿Es ese el título apropiado, “Sir? ¡Dile que vamos en camino!

Nathaniel se dio una palmada en la frente mientras solicitaba a los sirvientes del castillo papel y tinta, y sacaba el sello Iskusstvo de su propio traje


“A Martin Osghel, General Defensor de las Tres Rocas, Duque de Rossilea y campeón oriental de San Rhael.


El mayor de los respetos sea a usted de parte de la Familia Iskusstvo. Es un pesar para nosotros informarle que el dúo Iskusstvo no podrá presentarse como es la tradición.


Sin embargo, yo, Tanets Iskusstvo, representante de la Familia Iskusstvo, halagado por su consideración a mi nombre, mediante la presente acepto la invitación y confirmo mi presencia y mi actuación, y en nombre de Müsenïe y la Familia Iskusstvo, doy palabra de que nuestro comportamiento estará a la altura de tal evento.


Por las lunas y la danza, Tanets Iskusstvo.”

Después de colocar mi firma en tinta turquesa, como ya era costumbre, y ordené a Nathaniel sellar la carta y enviarla directamente a Zhalmia.

Una última audiencia con el emperador me aseguró al mejor utilero del imperio, que tomaría prestado por un par de semanas, lo suficiente para cubrir mi estadía en la “capital de los horrores”, como le decía Nath.




El viaje no fue largo ni accidentado. Nos encargamos de adquirir un ropaje adecuado para Suna y para nosotros mismos, dado que las temperaturas en el norte solían descender bastante. En aquellas noches demasiado frías, hacía uso de la magia del fuego para mantenernos un poco más a gusto, mientras explicaba a Hikaru —Su nuevo utilista— los detalles de sus presentaciones. El muchacho era de pocas palabras, asentía de vez en cuando y se dio por entendido con un par de preguntas. La primavera estaba azotando en Zhalmia, pero el tormentoso frío se negaba a desaparecer. Me había negado a utilizar mi saco, casi carente de elegancia, para utilizar un sherwani de seda dorada brocada en verde y azul que hacía un espléndido juego con mi ala. Con el traje, el maquillaje y los accesorios apropiados, me presenté en Rosillea, y de allí a la Roble Blanco, con la esperanza de que mi bienvenida fuera tan placentera como en la ciudad de los cerezos, y rezando a Müsenïe por no terminar, como dijo Nath, Matado, resucitado y rematado.


Concédeme esta pieza, déjate abrasar por mis llamas.
Piérdete en mi mirada, y nada bajo mi ala.
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Tanets Iskusstvo

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