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Mensaje por Azura el Vie Feb 02, 2018 9:19 pm

Dos meses antes:


Dolbi era un pueblo sorprendentemente grande y bonito, observo la gata desde el carro que la estaba llevando, mientras era acariciada por ese hombre. Su medio de transporte se paró, y el sacerdote la bajo de su falda, provocando una oleada de maullidos de queja.

-Muchas gracias señor Velsignet, espero que nuestro señor le recompense por su buena obra.-
el sacerdote le dedico una reverencia al mencionado, ignorando a la gatita responsable de que ese metálico cabeza-hueca lo hubiera escoltado hacia allí. La felina agito la cola, molesta.

-Y a ti también pequeña.-
el agradecimiento fue acompañado de unas pocas caricias y un trozo de cecina que cogió al vuelo. Bueno, de acuerdo, estaba perdonado. El sacerdote se alejó de ellos, arrastrando su equipaje hacia el pueblo, seguramente dirigido al templo, dejándolos a ellos y al mercader que los había llegado a sus asuntos. La gata bajo un poco sus orejitas, preocupada por la seguridad de ese cachorro de humano. No era, para nada, como ella había esperado a un sacerdote de Symias. Es decir… era rubio, pero no tenía ni un ápice de musculo, ni siquiera esa aura guerrera, aunque desde luego hablaba con profundo fervor de su dios. ¿Puede que eso fuera lo que importaba de verdad para convertir fieles? Tenía que comprobar eso.

La gata había acabado allí de casualidad. Las caravanas de mercaderes eran sorprendentemente abundantes, aunque no entendía aun porque exactamente, era difícil sacar información cuando la gente pensaba que los gatos no hablaban y quien hablaba por ti era un cabeza de chorlito. En cualquier caso, la iglesia de Symias había construido un templo en ese remoto pueblo, y ese sacerdote debía ocupar una posición permanente, pero debido a… la fragilidad de su integrante y a noseque problema súbito, andaban cortos de personal, así que habían necesitado una escolta, y ella, es decir, su golem por ella, había accedido a escoltarlos como acto de buena fe. Absolutamente nada que ver con las deliciosas truchas que se decía que corrían por los ríos de la zona. No señor…

Azura se desperezo y empezó a galopar hasta el principio de la caravana, observando al mercader líder. Sabía lo que traía, llevaba una semana allí metida, así que había tenido tiempo de…explorar. Eran básicamente cosas comunes, que todo pueblo necesitaba, como mantas, hilos, minerales para la herrería, pero también grano. El mercader empezó a discutir con un hombre prácticamente de inmediato, hablando del precio de pieles, plumas, libros, y algo llamado “flor de luna”. El otro hombre, el que debía ser alguien importante en el pueblo, era un hombre de pelo castaño, con una abundante barba y ropas caras. ¿Puede que fuese el alcalde? Fue entonces cuando se percató de una pequeña niña detrás suyo, de pelo negro como la noche, agarrando de una de sus manos una horrible muñeca, casi arrastrándola por el suelo. La niña finalmente se percató de su presencia, le dedico una sonrisa y sus ojos se cruzaron… y la gata inmediatamente salió por patas, seguida mucho más lentamente por un preocupado Velsignet y sus dos lobos metálicos.

Dolbi era un pueblo de unos cincuenta edificios, todas de una piedra negra que parecía ser pizarra, a excepción del recién construido templo, que era piedra de verdad, grisácea. La mayoría de esos edificios eran casas, aunque había una taberna, ya que no solo los mercaderes solían pasar la noche en el pueblo, sino que también había aventureros de vez en cuando, preparando partidas de caza para vender los peligrosos monstruos de la zona como ingredientes alquímicos, aunque dichos monstruos nunca parecían acercarse al pueblo por alguna razón. También había un “ayuntamiento”, que técnicamente era una enorme mansión con jardín incluido y otro edificio que más tarde descubrió, era una biblioteca, el origen de los libros que venían al exterior. Los mercaderes pedían una sorprendentemente cantidad de copias de un ejemplar concreto, y los escribas de la biblioteca los entregaban. Y por supuesto, por encima de todos esos, majestuoso y radiante como si fuera iluminado por mil soles, estaba la casa del pescador, del exterior de la cual colgaban trozos de pescado, secándose al sol. Las malas lenguas dirían que se trataba más bien de una chabola de una sola habitación que de una casa, pero esos claramente no apreciaban el fino olor a ahumado y cítrico que desprendía dicha casa, claramente la marca de un artista.

Ya con la panza llena de deliciosa trucha de rio ahumada, la gatita se subió a su golem y se dirigieron hacia la taberna a pasar la noche.



En la actualidad:



Habían sido un par de meses durísimos para el pueblo, y todos los problemas podían reducirse a un único punto, un único evento en el pasado que había causado todos los problemas. Balzien, el escriba jefe, había enloquecido hacia aproximadamente dos meses, masacrado al resto de escribas que trabajaban en la biblioteca y huido al bosque, jurando venganza. Unos pocos hombres habían decidido perseguirlo, para no volver nunca jamás, ya fuera por las peligrosas bestias que habitaban en el bosque, o por culpa del irrazonablemente peligroso escriba. Puede que eso se hubiera quedado así, con un pirado viviendo en los bosques que eventualmente seria devorado por los grifos, o los leshens o la amalgama de criaturas que vivían en ese apartado rincón del mundo, pero entonces empezaron a desaparecer caravanas. Solo se encontraban los carros, ni personas, ni animales, ni siquiera rastros de sangre a pesar de los obvios signos de batalla.

Eso había provocado una obvia y lógica bajada en los mercaderes que visitaban la zona, que no solo se había vuelto peligrosa, sino que había dejado de suministrar su producto estrella, los libros. Pero había una recompensa por la cabeza de Balzien, diez krulls de oro si se le capturaba vivo, cinco si se traía una muestra de su muerte, así que, técnicamente, al contrario que todo ese maldito pueblo, la taberna había sufrido un pico de actividad al haberse llenado de aventureros deseosos de forrarse con lo que básicamente era un chupatintas. La gata había estado allí cuando los primeros buscafortunas habían llegado, y los siguientes, y los otros, todos internándose en el bosque para no volver jamás, aunque estaba bastante segura de que estos habían muerto debido a las bestias que habitaban el bosque, aunque era un completo misterio para ella el porque ni se acercaban al pueblo. Ella no había olido ni visto nada que actuara como repelente, ni runas o pilares mágicos que ofrecieran algún tipo de protección…

Pero era innegable que esa protección existía, al igual que dichas bestias, como había comprobado en carne propia. No tenía ni idea de qué diablos era ESO, pero había cortado a través de Velsignet como si estuviera hecho de mantequilla y estaba segura de que había escapado simplemente porque esa cosa había estado demasiado confundida con el hecho de que su protector no estuviese hecho de carne. Lo que la había dejado con no pocos problemas. Para empezar, el golem estaba destrozado, le faltaba un brazo, parte del torso y tenía un rasguño muy feo en la cara, además de numerosos daños internos, allí donde la criatura había intentado literalmente destriparlo. Era reparable, eso sí, y había conseguido disimular lo suficiente ese lamentable estado como para solicitar por encargo materiales a uno de los mercaderes que abandonaba el pueblo, pero la realidad era que su compañero no estaba, ni de lejos, en condiciones de luchar, y era un maldito cabeza de chorlito, y más rígido que el acero del que estaba hecho, pero ante todo era su responsabilidad, así que lo había confinado en la habitación de su taberna, donde estaría seguro, hasta que consiguiera los materiales que necesitaba, cosa que la verdad, había dejado su presupuesto bastante por los suelos, así que había decidió renunciar a esa deliciosa trucha ahumada y buscarse su propia comida, por lo que últimamente salía de exploración más de lo habitual. Por eso y porque cada vez que miraba el golem se le partía el corazón, así que había tomado la madura decisión de verlo lo mínimo imprescindible.

Ese día en concreto llegaba una caravana que esperaba, contenía los materiales que necesitaba, porque después de su siesta de mediodía, salto por los tejados del pueblo ignorando el frio de principios de invierno, que amenazaba con cubrirlo todo de nieve hasta llegar a la caravana. Se posó grácilmente en el suelo y luego subió a la hilera de carros, saltando sobre mercancía, cabezas y caballos por igual sin muchos miramientos, buscando sus minerales.


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Re: Ratquest [Campaña]

Mensaje por Lamb el Lun Feb 12, 2018 9:47 am

Magnus había cumplido su promesa y en estos momentos me encontraba a punto de llegar al pueblo de Dolbi. Dentro de aquel vagón, junto con cajas llenas de diversos víveres, descansaba mientras las heridas que cubrían mi cuerpo terminaban de sanar. A pesar de la incomodidad que los animales y la gente parecían tener hacia mí, Magnus procuraba compartirme algo de su alimento. Temía que de un momento a otro se arrepintiera y decidiera abandonarme, pero el honor o la culpa de estar cargando aquellas heridas que pensó que le matarían le hacían cumplir mi simple petición, "llévame".

No estaba acostumbrada a caminar mucho, antes de tomar esta diligencia mis pies habían terminado con ampollas sanguinolentas, pero la caravana se nos había presentado en el momento adecuado. No sabía que había de interés en ese lugar para Magnus, yo quería salir del pantano y el cumplir lo que le dictaba su honor, pero fuera de eso apenas intercambiábamos palabra. Me encanta ver la nieve caer ya que no había nada parecido en Swash, a pesar de no sentir mis pies y los escalofríos que me hacían temblar, había algo en el blanco que me hipnotizaba como insectos a una antorcha.

Terminamos llegando a nuestro destino, el camino había sido tranquilo y silencioso, aun que mucha de la gente parecía nerviosa en el camino, aquello me hacía pensar que habían esperado problemas que afortunadamente no se presentaron. Escuchaba el bullicio afuera y me imaginaba a los pasajeros descendiendo después de haber pasado gran parte del viaje platicando y conociéndose. Eventualmente Magnus vendría para cumplir su promesa, quizás después de obtener donde dormir o incluso algo de alimento, pero en este momento algunas de las personas empezaron a descargar las mercancías que tenían mientras yo me hacía a un lado buscando no estorbar, los que no sabían que me encontraba en ese lugar se asustaban mientras que aquellos con quienes había viajado me lanzaban miradas molestas y me pedían que bajara para descargar.

El ambiente era tan distinto a mi hogar que me sentía confundida, tendría que buscar al joven del sombrero y capa azuladas en la posada del lugar, camine lentamente hacia donde la mayoría de la gente se dirigía esperando encontrar a quien buscaba. Después de unos minutos de caminar llegue a un lugar que parecía dispuesto a recibirá los viajeros que pasaran por el lugar.
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Re: Ratquest [Campaña]

Mensaje por Balka el Lun Feb 12, 2018 7:29 pm

____Balka dejó que un pequeño escalofrío la recorriese de arriba a abajo, estremeciéndose a su paso por la espalda. Se frotó un poco las manos, tenía frías las puntas de los dedos. Entraba el invierno en la cordillera de Daulin y la estación empezaba a dejarse ver: una finísima capa de nieve cubría algunas rocas y ramas. Se derretiría a lo largo del día y volvería a caer, pero que cuajase significaba que las montañas estaban preparándose para su estación más dura.

____Nickel, acurrucado sobre los hombros de la elfa y resguardado por la capucha de la capa, observaba el camino ante ellos. Viajaban escoltando una pequeña caravana de mercaderes hacia un pueblo llamado Dolbi al que deberían llegar pronto, y se sentía fascinado por la ausencia de brillantes colores. La fauna a los pies de las montañas no era escasa, pero tendía a dispersarse y más en invierno; la falta constante de auras que observar, a parte de los integrantes de la comitiva, parecía algo totalmente nuevo para él. Así que estiraba el largo cuello, bamboleaba la cabeza y giraba su máscara blanca como un extraño radar a la caza de un color.

____Para la elfa, sin embargo, las faldas de Daulin no ofrecían nada que no hubiese visto ya. Las mismas rocas grises que se perdían bajo la nieve perpetua según alzabas la cabeza y contemplabas los altos picos. Los mismos caminos llenos de piedras con surcos de carretas. La misma gente nativa, parca en palabras como todo buen montañés, pero hospitalaria como pocas. Había aceptado aquel encargo cuatro días atrás por dos simples motivos: necesitaba el dinero y quería encontrar jackalopes. Quizá fuera demasiado pronto en la temporada, pero encontrarlos puede que le costara bastante tiempo. Esquivos conejos cornudos... masculló para sí. De modo que aprovechó aquella oportunidad pagada de adentrarse en Daulin y allí estaba, con el culo dormido después de horas de cabalgata, esperando llegar al condenado pueblo y entrar en la taberna para poder beberse un buen hidromiel especiado caliente. La verdad es que durante el trayecto no se registraron mayores incidentes que la avería de una rueda, un pequeño alud que sepultó el camino del cual se libraron en un par de horas y algunas contusiones por resbalones al pisar placas de hielo disimuladas pro la suave nieve. Balka no entendía la cara de preocupación que tenía el mercader al contratarla.

____Cuando la caravana empezó a acelerar el paso supo que estaban ya muy cerca. Espoleó a Mantequilla y se puso alerta, por si acaso, aunque estaba segura de que nada ocurriría. A esas alturas la falta de incidentes la tenía bastante mosqueada.

____El pueblecito era más bien enano, con casas de fachadas grisáceas cuyas pocas calles resultaron sorprendentemente amplias. La caravana, con lentitud, fue hormigueando hasta el mismo centro mientras su presencia parecía atraer la vida del lugar: mujeres se asomaban a las ventanas, niños comenzaban a corretear entre las piernas de los adultos, perros ladradores que ponían nerviosas a las mulas. La plaza en la que se pararon podría denominarse plaza por la estructura, no porque hubiese algún indicativo. A un lado se veía la fachada de una taberna, en frente el de una casa grande, y al otro podía apreciarse una construcción a todas luces nueva, de piedra gris, maciza y bien asentada. Tenía toda la pinta de ser un centro de culto, pero a la elfa se la soplaban ampliamente los dioses y sus acólitos, salvo que quisieran contratarla. La gente cada vez era más numerosa, y los recién llegados desplegaron enseguida sus puestos con la rutina ágil de quien lleva en el negocio toda la vida: casi de la nada aparecieron tenderetes desplegables, mesitas, cajas, cualquier superficie era buena para exponer la mercancía, vocear sus propiedades y animar el lugar con risas, jaleo y calidez. Un gato descarado con un colgante al cuello aterrizó de repente sobre la cabeza de Mantequilla haciendo que la yegua relinchara del susto, e impulsándose saltó sobre otras cosas y otra gente ignorando todo aquello que no era de su interés. La mujer chasqueó la lengua con molestia, pero desmontó del animal y después de tranquilizarlo un poco se acercó al mercader. El hombre le dio las gracias, pero por alguna razón miraba a todos lados como si de repente algo fuese a salir de la nada y a comérselo. Comentó que no pasarían allí más que una noche y que deseaba contratar sus servicios de nuevo para en camino de vuelta, mañana al atardecer. Balka se encogió de hombros en un gesto indefinido que podría tener cualquier significado.

____Se encaminó hacia la taberna, un lugar nada difícil de perder porque, a parte de la enorme señal que colgaba de un alero con la imagen de un troll de piedra empinando el codo, era donde más gente apiñada había. Pero no era gente normal. Es decir, era evidente que los hombres y las pocas mujeres que se apoyaban en las paredes y la puerta de la taberna para observar lo que pasaba en la plaza no eran lugareños: eran como ella. Cazarecompensas, cazadores, trotamundos. Llenos de cicatrices y miradas curtidas y con el armamento al cinto presto a ser usado frente a cualquier imprevisto. Se sonrieron un poco al verla pero siguieron hablando entre sí formando grupitos mientras se acercaban hacia los mercaderes, en busca sin duda de algo que adquirir.

____Balka fue directa a las cuadras sin sorprenderse al descubrir que apenas si quedaba hueco. Pagó al chavalín encargado de los animales un pequeño extra para que no se olvidase de Mantequilla entre tanto quehacer y acto seguido entró en la taberna. Por dentro resultaba igual que por fuera: sencillo, macizo, con regusto montañés. Estaba sorprendentemente limpio y el dueño sonreía de oreja a oreja inconscientemente: jamás había tenido tanta actividad como ahora. Pidió un hidromiel caliente especiado y se acodó en la barra dejando que el calor del lugar fuese templándola poco a poco. Tuvo que pagar un precio más elevado, pero después de discutir un poco consiguió que el tabernero le alquilase una habitación a ella sola. No era la más grande que tenía, pero al no compartirla el agobio de la claustrofobia quizá no la incordiase tanto y no es que se pudiera permitir dormir a la intemperie en cotas tan altas. La mujer dio tranquilos tragos a su bebida, aflojando distraía el cuello de su capa para darse cuenta, de repente, que el peso del kaoras en la capucha no le provocaba molestia alguna porque no estaba. Inmediatamente palpó la bolsa que llevaba colgada al bies y dejó escapar un leve suspiro de alivio. Estaba tan acostumbrada a que se le colgara de los hombros y se escondiera entre sus cosas que su cerebro ignoraba por completo los movimientos del animal. Abrió la tapa de la bolsa y se asomó.

____-Oye Nick, ¿qué haces ahí metido? Estamos en un lugar nuevo, hay muchas cosas que ver.

____Por toda respuesta Pumpernickel la observó, enrollado sobre sí mismo entre sus pertenencias, y sin desviar la mirada de sus ojos agarró la tapa y cerró la bolsa. Tres veces Balka la abrió, y tres veces la criatura la cerró con celeridad. ¿Qué demonios estaba pasando? Nickel jamás desperdiciaba una oportunidad de merodear por ahí buscando cosas que le pareciesen interesantes, y hacía menos de un día que estaba despierto, su ciclo de sueño no empezaba hasta dentro de otros dos o tres. Dio otro trago al hidromiel. Luego estaban los trotamundos y cazafortunas que había visto en la entrada. Y el nerviosismo del mercader que la contrató. La elfa conocía la zona y no resultaba tan conflictiva como para pagar cinco mercenarios para una caravana de tres convoyes. Suspiró con resignación ante su propio descuido, se terminó la bebida e hizo saltar dentro unas monedas que chapotearon un poco. Entonces el tabernero se acercó.

____-Un hidromiel estupendo, señor...

____-Bronn. Me llaman Bronn. Me alegro mucho que le guste, señora. -dijo el hombre con una sonrisa, mirando con atención sus orejas. Últimamente veía más gente variopinta de lo habitual, pero aún así ver un elfo era algo fuera de lo común para él.- ¿Ha venido usted también por lo del asunto éste? -La mujer alzó las cejas mientras Bronn pescaba las monedas del fondo de la jarra.- El del escriba. Verá, nosotros teníamos un escriba antes, con acólitos y todo, y aquí copiaban libros y se vendían la mar de bien; lo que pasa es que un día Balzien se volvió majareta... y los mató a todos, a sus ayudantes, digo. Una tragedia todo. Se marchó al bosque y de ahí no lo saca nadie. Dicen que dan cinco kull de oro si lo traen muerto, pero diez si lo traen vivo. Aunque, sinceramente señora, con todos los problemas que está el asunto... Todos los chavales que vienen se ponen contentos por la recompensa tan alta, pero yo pienso que mejor agarrar las cinco piezas, ¿verdad? Ir a lo seguro.

____-En el caso de que fueras capaz de matarlo, obviamente. -comentó ella.

____-Obviamente, obviamente. -se apresuró a decir.

____-¿Quién dio la orden de  busca y captura? Siento curiosidad por conocer al "encargado".

____-Ah, ah, ¡ése es más fácil de encontrar que el escriba! Lo tiene usted ahí, en el rincón. Amanece y anochece en el mismo lugar esperando a la gente que viene y a la que se va. De momento no ha regresado nadie, he de decir. Simon, se llama. ¿Va a probar usted suerte, señora?

____La mujer sonrió ladina y juguetona sin dar una respuesta. Se giró hacia el rincón que Bronn había señalado, y efectivamente allí estaba el tal Simon. Cabello oscuro, estatura estándar, musculado. Vestía un tabardo azul oscuro. No parecía nada del otro mundo, sólo un soldado raso. Sin embargo Balka sabía que las apariencias engañan la mayor parte del tiempo. Y algo raro estaba pansando.


{ - sin perder la ronrisa... }
¿Qué está bien y qué está mal? Dime.
¿Qué ética tiene la llave de lo moralmente aceptable?

{ ...pero perdida en ella - }

Diálogo - #d65151
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Re: Ratquest [Campaña]

Mensaje por Eudes el Sáb Feb 24, 2018 10:55 pm

Eudes requería de un corcel ahora, de la misma forma que antes.

La...Deshonrosa, por así ponerlo, falta económica que sufría le había puesto en una circunstancia curiosa en lo que a equipamiento de aventuras se refería, esto incluido una apropiada montura para sus viajes. Si bien hasta ahora había conseguido valerse bastante bien sin elementos tan básicos como alforjas apropiadas y un buen cinturón, en este preciso instante la falta de un corcel en serio le hacía poner una invisible mala mueca.

Al final y al cabo, la velocidad es vital es una misión de rescate.

La caravana con esclavos avanzaba a través del bosque, con el hijo mayor de aquel pobre alfarero enjaulado en alguno de los gastados vagones. Para estar tan cargados ellos parecían ir rápido, más de lo que cualquiera hubiese esperado, sacándole en el trayecto hasta la última gota de fuerza (y varias de sangre por gracia de los látigos) a los caballos tan comunes que les transportaban. Si, como creía, era un señor oscuro terrible el que había contratado a estos villanos, no dudaba que sería uno pobre y desgraciado, tan corto para otorgar dones a sus lacayos como Eudes para comprarse un equipo digno. Hasta cierto punto, imaginar al pobre señor le llenaba de cierta simpatía...No mucha, pero sí en una medida curiosa.

El caballero hundió el pié en las profundas huellas que sobre el camino las ruedas habían dejado, hacía días ya, cuando el barro todavía perduraba. Conocía que solo debían llevarle medio día de camino, máximo, y ante tal certeza no dejó el caballero a su cuerpo descansar más de lo requerido para no desplomarse. Su buen a cantimplora le había servido tanto para beber como para enfriar una armadura que cuando llegaba el medio día se pensaba horno.

La ruta, serpenteando con los niveles de la falda montañosa, empezaba a mostrar ya los signos polvorientos de la civilización conforme el bosque se hacía menos verde, pasando de ser una impenetrable selva de cedros a una foresta más bien ligera, donde el sol conseguía besar la hierva y, salvando a las aves, criaturas visibles se hacían escasas. Los restos de una verja- probablemente una granja o establo en el pasado- descansaban a su lado. Más adelante, arrimado al costado derecho del camino, un pequeño santuario a Dianthe observaba con los ojos blancos de su estatua la ofrenda floral que algún justo o dedicado dejo no hace mucho, esperando con ello recibir la gracia lunar de tal merced.  El viento soplaba y, como fantasmas, venían olores tan naturales como el acero forjado; típicos de la civilización con sus chimeneas y hornos, y al indetenible avance de la madera y el ladrillo.

Las huellas hacia allá se dirigían, claro, hacia la civilización. ¿Que clase de Señor Oscuro sería aquel, que esclavos requiere tan cerca de otras gente? ¿Esclavizaría también al pueblo tan cercano, y les uniría aquella procesión mortuoria? Fuera cual fuese la respuesta, el caballero no encontraba correcto averiguarla (por más que la curiosidad le escociera hasta el alma, eso sí) así que sin detenerse demasiado, más que para hacer una leve reverencia frente a la pequeña capilla, aceleró el paso sin desviarse de las convenientes marcas de aquella pesada caravana, avanzando en su camino hacia la civilización conforme el sol, ojo de Symias, se ponía sobre el forestal horizonte.

-0-

Las lunas se alzaron brillantes aquella noche, sin embargo, aquello no fue precisamente lo que al caballero sorprendió.

Ahí estaba el pueblo, tan encantador y pequeño como cualquiera en alguna crónica de Madir El Amador, y allí estaban sus pintorescos habitantes, gentes tan simples como podía la montaña parir de su seno, de vestidos vulgares- Aunque Eudes prefería llamarlos humildes- y esa expresividad en sus gestos tan típica de los rurales. Caminaban, saliendo y entrando, chachareando y alguna que otra vez discutiendo, poco a poco recogiéndose conforme la noche mostraba su entera faz.

Tales presas, a los ojos de cualquier confiado villano sencillas, pasaban al parecer sin pena ni gloria ante la mirada de sus buscados esclavistas. Los tales, deteniéndose cerca del pueblo, en un claro tan amplio que fácilmente hubiese allí podido caber otra localidad, bajaron sus equipajes y se dispusieron a...¿Esperar quizá? ¿Descansar? No estaba seguro; ya bastante confuso era que no tuvieran pico o colmillos inferiores prominentes, combinado con armaduras negras cubiertas de pinchos.

Ahí, oculto entre los arbustos (bendijeran a la oscuridad, propicia hasta para ocultar a la más gloriosa de las armaduras) Eudes vio su atención atraída hacia uno de los carromatos. Sus paredes como jaulas, negros barrotes que solo dejaban espacio para manos huesudas. Los esclavistas poseían una colección tanto de Horiges como de uno que otro humano en su haber, sometidos todos estos a un trato que, según lo que el caballero había escuchado, no sería digno de denominar animal. Cansada, la voz de uno de ellos había roto en la noche, chillando de pena, rogando por un plato de comida que parecía no querer llegar.

-¡Eh, atrás basura!- Grito uno de los secuestradores, alzando un garrote macizo contra el braso extendido del gimiente esclavo.

-¡No Ulwen!- Ordenó otro de voz portentosa y porte marcial, provocando que su compañero se detuviese en el acto- No le gustan los esclavos lastimados.

-Vamos, jefe- Porfió el otro con gesto salamero- No dejaré marca...-Dijo, dirigiéndole una mirada feroz al pobre esclavo, que, ahora recogido en la jaula, parecía temblar.

-No, lo sabe siempre- Sentenció con voz marcial el lider- Siempre...Siempre lo sabe, de alguna forma.

¿Siempre lo sabe? ¿Saber que? ¿Como? ¿Que clase de cid de las tinieblas era aquel? Las preguntas pasaron por la mente del caballero rápidamente, como flechas, según los hombres volvían a sus lugares y aquel pobre esclavo reducía sus gritos a apenas audibles gimoteos. Tenía una misión y deuda personal con aquel alfarero, y no iba a dejar que este tipo de interrogantes se interpusieran en su camino.

Con la noche ya alzada, y tanto guardia custodiando aquellos carromatos, decidió el caballero avanzar hacia el pueblo en busca de refugio. En el fondo, sentía la apremiante necesidad de buscar ayuda para aquella misión, y respuestas sobre la misteriosa identidad del señor de esos brivones.
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Re: Ratquest [Campaña]

Mensaje por Azura el Lun Feb 26, 2018 6:53 pm

Simon habría mirado mal al tabernero si hubiera oído su conversación con la elfa. Era técnicamente cierto, pero no le gustaba que los locales esparcieran el rumor de que “nadie había vuelto”. Es decir, sí había vuelto gente, aquellos que solo habían explorado un poco, aquellos gracias a los cuales tenían una dirección aproximada, solo… digamos que explorar más profundamente esa zona producía una muerte súbita. Presuntamente, nadie había vuelto informando de cadáveres. Pero ese rumor parecía indicar que los estaban sacrificando a un dios oscuro como corderos o algo así, y era mentira. Probablemente. Seguro al 90%.

Pero esa elfa no tenía nada de especial, así que le diría lo mismo que el resto. No era como si supiera nada más, pero haber explicado lo mismo una y otra vez provocaba cierta automatización. Balzien había sido el escriba jefe, se había vuelto loco y había huido después de masacrar al resto de personal. Se sabía que tenía cierto dominio de la alquimia, pero nada como para poder masacrar a todos esos aventureros, así que seguramente se los había comido un grifo o alguna cosa así, por lo que su recomendación era no cabrear a la fauna local y acabar el trabajo de una maldita vez, puesto que dos meses para matar a un maldito alquimista desharrapado era demasiado. Así que le indico la dirección general, el noreste, donde los anteriores aventureros habían asegurado que estaba el alquimista, y le dio una descripción general del tipo, asegurándole que no bastaría con traerle la cabeza de cualquier tipo similar, que el alcalde sabía que cara tenía ese ratón de biblioteca. Balzien tenía el pelo castaño, era flacucho, mediría aproximadamente metro setenta y se le había visto por última vez con una túnica marrón, que podía o podía no estar manchada de sangre, ahora era imposible saberlo.

Es decir… no había nada realmente peligroso allí fuera, sino, los habría atacado ya… ¿no? Solo era dinero fácil para cualquiera con algo de seso en la cabeza, como cierto hombre que había traído a una chiquilla prácticamente como obligación.

En cuando al pobre caballero en su noble misión de rescate… era pobre, pobre como una rata, y no había manera de completar la misión que ofrecía esas jugosas 5-10 monedas de plata antes de que el hijo del alfarero desapareciera, puesto que un reloj de arena imaginario determinaba cuando tiempo viviría, y a ese reloj no le quedaba mucha arena en la parte superior. Pero aunque sería ignorado y posiblemente hecho burla si intentaba pedir ayuda en la taberna, no todos en el pueblo eran tan desalmados, tan avariciosos, o tan sensatos como para no arriesgar su vida si no había una recompensa tangible detrás.  Al fin y al cabo, los templos eran famosos por ayudar a los necesitados, y aunque ese “cachorro humano” no sería considerado por nadie como una ayuda en un combate, este conocía a un valiente y corpulento guerrero muy similar al guerrero, que ayudaría encantado en tal noble misión a cambio de una pequeña comisión y algo de pescado ahumado. Al fin y al cabo, no solo era una misión noble, sino que estaba bastante seguro de que secuestrar a los habitantes del imperio local, por pobres que fueran, para esclavizarlos era ilegal.


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Re: Ratquest [Campaña]

Mensaje por Balka el Miér Mar 07, 2018 10:09 pm

____La elfa se personó ante el tal Simon esperando la larga perorata habitual que acompañaba todos esos pequeños trabajos locales, un discurso obligatorio que necesariamente incluía muchas loas hacia la persona que daba la recompensa para que nadie se olvidara de quién procedía el dinero. Pero esta vez no hubo discurso ni perorata ni apenas media conversación, si es que pudo llamarse así.

____Simon la miró de arriba a abajo con hastío, como si quisiera tirarse por una ventana y no pudiese. Poco le dijo que le resultase nuevo y que el posadero no hubiese comentado ya, cosa que hizo que Balka entrecerrase los ojos con extrañeza.

____-Mira, sólo tienes que saber lo básico. Balzien, que era el escriba jefe, de repente masacró al personal. Lo mismo se volvió loco, lo mismo no. No te importa. Y aunque el tipo sabe de alquimia no es como para matar a todos con eso y mucho menos a los aventureros esos que no vuelven. De los cuales no se tiene prueba de que haya sido el escriba ni de que estén muertos porque tampoco hemos recuperado ningún cuerpo. -dijo, señalándola con el índice como si la mujer hubiese hecho alguna acusación.- Lo mismo cabrearon a la fauna local y se los comió un grifo o vete tú a saber. Es igual, lo que te interesa de todo este asunto es que si lo encuentras y lo traes vivo, se te pagarán diez monedas de oro. Aunque si lo traes muerto tampoco pasa nada, te llevas la mitad. Pero con prueba de verifiación, al alcalde no le das mendigo por escriba.

____Y terminó su pequeño monólogo hablando por lo bajo, quejándose sobre que dos meses eran demasiados meses para atrapar a un viejo chocho en mitad de una arboleda de mierda. Por último le describió a Balzien, castaño, flacucho, metro sesenta, túnica marrón (todas indicaciones muy llamativas que ayudarían a identificarle en medio de una muchedumbre), y le dijo que más o menos debía de andar por el noreste, que probase por ahí. A Balka le dieron unas tremendas ganas de tirarle por la ventana más alta que encontrase.

____¿Grifos? ¿Desde cuándo había grifos en aquella zona boscosa, y tan cerca de la gente? Extraño. Quizá demasiado. Se alejó del soldado con una mueca de escepticismo sin disimular y encaminó hacia el piso de arriba en busca de su habitación, analizando la información obtenida y poniendo en cuarentena todo lo escuchado. Al parecer el alcalde conocía al fugitivo pero en ningún momento se dijo que de él proviniese el dinero. Sonrió ladina.

____La habitación era horrendamente pequeña. En realidad era una habitación perfectamente normal en la que hubiesen cabido con holgura dos personas, cuatro si uno quería sacarle partido a los camastros. Pero Balka sufría una claustrofobia aguda y su mente empequeñecía cualquier espacio cerrado. Extendió los brazos dando una vuelta sobre sí misma, comprobando que la punta de sus dedos no tocaba ninguna pared. El cuarto tenía una ventana con postigos, dos camas con mantas y un estrecho espacio para caminar entre ellas. Al pie de la de la derecha había un arcón de madera basta junto a un taburete redondo y bajo. Un espacio sencillo en una posada sencilla. Tampoco precisaba más.

____Con delicadeza puso la bolsa sobre la cama, sentándose en la contraria. Abrió la tapa una vez más y la dejó así, expectante. Tomándose su tiempo Pumpernickel asomó su rostro de máscara, impasible como siempre. Se agarró al borde con aquellas manitas blancas inquietantes y la miró largo y tendido, moviendo un poco el largo cuello.

____-¿Me vas a contar qué te pasa? -preguntó. No iba a obtener respuesta, obviamente; al menos no una sonora.- ¿Por qué rayos te escondes ahí dentro? He estado hablando con un tipo sospechoso, apuesto que su aura era de las interesantes.

____El kaoras no dijo nada, sino que se sumergió en la bolsa y comenzó a hurgar entre las cosas. Con cierto esfuerzo fue sacando el peto de cuero de la elfa hasta sostenerlo con dificultad entre sus bracillos. Se lo tendió precariamente y cuando la mujer lo tomó la criatura, sin dejar de mirarla, volvió a echar la tapa con él dentro.

____-Oye. Eh, Nickel. ¡Hey! -exclamó con los ojos abiertos al bolso cerrado.

____Sopesó en silencio el peto. Era la primera vez que ocurría esto y no pensaba pasarlo por alto. ¿Qué cojones estaba ocurriendo para que él se comportase así? Se removió inquiera al borde de la cama. Lo más raro que había notado la elfa al llegar fue todo el asunto del escriba. No. El mercader que la contrató ya estaba raro. Bajó la vista y suspiró. Mejor pecar de prevavida que llevarse un susto; menos mal que el peto era manejable debajo de la ropa y que estaban a las puertas del invierno. Miró por la ventana, estaba anocheciendo... y se preguntó si realmente quería entrometerse en los líos locales.

____Salió de su habitación en busca de algo que comer. Con un poco de suerte tendrían alro rico que le asentara las ideas.



{ - sin perder la ronrisa... }
¿Qué está bien y qué está mal? Dime.
¿Qué ética tiene la llave de lo moralmente aceptable?

{ ...pero perdida en ella - }

Diálogo - #d65151
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Re: Ratquest [Campaña]

Mensaje por Eudes el Jue Mar 29, 2018 7:49 am

Pareció irónico más adelante al caballero, cuando hubo atravesado aquella turba, habiendo abierto paso entre los ceñudos y curtidos mercenarios, que aquella taberna hubiese sido difícil de encontrar; no fue porque esta careciera de anuncio y señal, si no porque la cantidad de gente armada congregada afuera la hacía parecer más una armería que un sitio a donde ir a tomar.

Aquella situación fue...Particularmente irrespetuosa, al menos hasta que consiguió sentarse en uno de los bancos frente a la barra. Los curtidos mercenarios no parecían reconocer al caballero, ni respetar el sagrado deber que este tenía a cuestas; más de uno le había mirado con extrañeza y quizá hasta susto -cual bribones todos, todos y cada uno- luego de retarles la historia del terrible señor oscuro que recolectaba armas con sus esbirros de poca monta, y que en este mismo instante había dispuestos sus infernales caravanas justo fuera del pueblo. Seguramente era la borrachera, y hasta el aire mismo tan lleno de licor, que les embotaba el cerebro y les hacía razonar de forma despreocupada y hasta poco cuerda. Aquel sitio no era para nada como las tabernas de las ciudades, buenas tabernas, donde los respetuosos ladrones afilan cuchillos cerca de la puerta y todos te miran ceñudos cual estreñidos de tres días, casi como para dar más peso dramático a la dramática entrada del héroe en escena.

Quizá lo que realmente le molestaba era que nadie había parecido reparar en él. Suspirando y acomodándose mejor en su estrecho asiento, el caballero decidió dejar de pensar en ello y concentrarse en su trabajo; ya habría tiempo para encargarse de la fama.

-¡T-tabernero!- Llamo, sacando el cuerpo por sobre la barra y alzando un brazo- ¡Por aquí, tabernero!

El referido hombre maduro se acercó luego de algunos momentos, una sonrisa blanca congelada en su rostro tan grande que casi parecía antinatural y...Perturbadora, siendo honesto.

-Vaya, miren que tenemos por aquí- Dijo, colocándose las manos a los costados y ladeando muy levemente la cabeza- ¿Dígame, donde consiguió una armadura completa de ese estilo? ¿Interesado en venderla?

-¿Que? ¡No!- Afirmó el caballero, levantando bien la vista- Vengo señor a en busca de información que, merced al tipo de oficio que lleváis, se que podéis proveerme.

-Oh, entonces vienes por lo del escribano ¿No? Tu acento no suena local, ni si quiera un poco...¿Tan lejos ahora llegan los rumores?

-Espere un segundo- Dijo, ignorando la pregunta segunda de aquel hombre- ¿Escribano? ¿Ha pasado algo?

-- Respondió, con una curiosa mueca de extrañeza en su rostro- ¿Como no se ha enterado? ¿Acaba de llegar usted, a caso? ¿Porque cree que tanta gente esta aquí, como si esto fuese prostíbulo en oferta? Ofrecen una recompensa por la recaptura o muerte de nuestro buen amigo escriba; parece que botó la canica un dia de estos y no se le dio otra que matar a todos sus pobres acólitos. Vamos, el hombre le dio un montón de trabajo al pobre sepulturero.

El caballero asintió ceñudo. Con que la obra del señor oscuro no era la única tragedia en aquel lugar...Incluso, podía que ambos hechos, con suerte, estuviesen relacionados. Si bien sus prioridades entonces estaban claras,no perdería tiempo de investigar este asunto apenas el hijo del alfarero estuviese libre y aquellas caravanas destrozadas, o puestas en fuga de vuelta a las tierras de su señor.

-...Hmmm...Pues gran dato me ha dado, caballero, tiene mi gratitud por ello- Dijo, haciendo una reverencia leve con la cabeza que al otro, por alguna razón, pareció confundirle- Sin embargo, el asunto que me apremia es quizá más importante pero incluso puede que correlacionado; la presencia terrible, abominable y tenebrosa de caravanas esclavistas a las afueras de esta población- Comentó ominioso, alzando más el torso por sobre la tabla.

-Las...¿Las caravanas? Pues pasan de vez en cuando si le soy sincero, y han dejado de parecer tan mala al pasar de los años; yo que usted exageraría tanto- Respondió con sorprendente casualidad, pasando como si nada un trapo limpio sobre la barra aún más limpia- Aunque si lo que le interesa es asaltarlas, o algo parecido, pues esta de suerte que nos sobran armas este día- Dijo, alzando la cabeza y señalando con la barbilla aquella viva masa de guerreros que apenas si podían hacerse cupo en tan pequeño local.

-¿Común? ¿Llama usted a la obra de un señor oscuro común?- Preguntó Eudes con cierta indignación en su tono, sin embargo, si es que este insensato era tan necio, mejor sería no dejarse llevar por la molestia; no tardó entonces en medio componerse- Y sí, estoy interesado en liberar a uno de sus prisioneros, por favor, y he venido en busca de hombres justos que me ayuden en tan importante tarea...Aunque como señala, veo que sobrarán espadas seguramente.

-Pues lo hemos dicho ya, entonces- Dijo, irguiéndose y estirando su espalda- Vamos, inténtelo, hable con ellos y ya verá que encuentra gente.

-¡Claro! Y...Muchas gracias señor...

-Bronn, llámeme Bronn

-Bronn...Que tenga un buen día.

Eudes se levantó sin mucho tardar, solo para encarar a aquella masa de mercenarios sudados y molestos que trataban de encontrar lugar para descansar las posaderas. Si estas eran sus opciones, mejor que mejor; no faltaría algún guerrero consumado que le ayudara en la tarea...Supuso entonces que solo tendría que preguntar, al fin y al cabo, con tantas gentes distintas ¿Que podía salír mal?

El caballero tomo aire y preparó su portentoza voz.

-0-
Los mercenarios cobran dinero. Eudes no tenía ni una miserable pelusa en su petate.

Todavía era capaz de escuchar sus risas burlonas mientras regresaba a la plaza, encarando a otros negocios y al siempre abierto templo, que llenaba de repiques graves el aire del medio día. La vergüenza que sentía estaba curiosamente llena de cierto nivel de decepción, aunque trataba de palearla como bien podía concentrándose en el objetivo que se había dispuesto. No era como si se hubiera quedado sin opciones.

Bien...Siguiendo el concejo del Sabio Menhres: Cuando los hombres fallan, entonces, solo entonces, pides que la divinidad te de una mano.

Se encaminó el caballero hacia el modesto templo, subiendo por las escalinatas que desembocaban en la plaza codo a codo con un grupo de señores veladas; mujeres comunes en aquellos lares que hacen honor a las leyendas con sus cuchicheos de la muerte. No tardo demasiado en pasar bajo el alto portal, y verse envuelto por la humilde, pero notable belleza de aquel sitio.

Lleno de ventanas, la luz del medio día entraba radiante, bañando las baldosas grises del piso. Columnas se intercalaban con estatuas bien armadas, representaciones de guerreros antiguos tan legendarios como el mismo nombre del dios a quien habían servido; cada uno portando una espada única, casi parecían estar a punto de cobrar vida. El pasillo continuaba entre numerosas hileras de bancas, para desembocar en un púlpito bajo y simple, pero que se veía vigilado desde atrás por una representación en marmol de Symias, el dios solar, señor de todos los paladines. Su corona dorada era bañada por la luz que entraba desde una cúpula de vidrio mucho más arriba, confiriéndole un aspecto que, sin duda, era el pináculo de la divinidad.

Eudes bajó la cabeza, rezando reverente a la sagrada imagen. De pié, justo en medio del pasillo de aquel templo, no fue extraño que pasados algunos minutos, una mano flacucha le tomase por el brazo.


-Oiga- Dijo una voz joven. El sacerdote era rubio, de complexión delgada y hay quien diría débil. Luz rebosaba de su mirada- Bienvenido a la casa del Gran Justiciero, hermano. ¿Se le ofrece algo, que le noto perdido? ¿Problemas en vuestro corazón?

Eudes asintió.

-Sí...Hay un asunto, padre- Contestó, bajando la cabeza- Vera...Necesito que me ayude a asaltar unas caravanas...

-0-
En la pequeña habitación, sentado tras el escritorio, el sacerdote se llevó una mano a la barbilla y se quedó pensativo. Un gran escudo dorado con la faz de un dragón sobre su superficie colgaba tras él.

-Esclavistas...-Dijo, pensativo- Hermano, que Symias le bendiga por su propósito noble, pero lamento informar que no soy un guerrero y que, posterior a la bendición, sería más un estorbo que una ayuda. Hay plenitud de mercenarios en nuestro pueblo, quizá pueda contratar a alguno...

-Señor...-Dijo Eudes, medio acomodado en una pequeña silla de madera que apenas si resistía su peso- Déjeme decirle que ya lo he intentando y, para mi infortunio, esos truhanes se niegan a brindar ayuda si no es a cambio de monedas, bien del cual carezco en estos tiempos tan difíciles- Suspiró, bajando la cabeza- Temo que tendré que ir a la misión solo...

El silencio se instaló entre ambos varios minutos. Aquel sacerdote, pensativo, primero pareció rendirse a aquella expectativa, más sin embargo, pronto sus azules ojos empezaron a brillar con lo que el caballero solo pudo definir como ideas.

-Espere un momento- Dijo, sonriendo levemente- Creo que...Puedo conseguirle alguien que trabaje con usted por un pago retroactivo...Alguien que quizá no pida tanto...

-0-

Ambos subieron al segundo piso de la taberna. El caballero había vuelto a ser el hazme reir de aquellos hombres curtidos, siendo recibido con un diluvio de burlas y risas apenas mostró su noble merced por la puerta. Ahora suponía que aquella situación podría extenderse mucho, mucho tiempo.

-Si me permite, padre, quisiera preguntar...¿Que hacemos en este lugar?- Pregunto el caballero, apenas capaz de disimular su incomodidad.

El sacerdote alzó una mano, como señal de silencio y calma, antes de golpear con los nudillos una de las puertas del pasillo.

-Señor Velsignet, un caballero necesita su ayuda- Llamó el sacerdote, sonriendo.

Por extraño que fuera, de dentro de aquella habitación provino un maullido, y pronto, una voz de respuesta.

-No acepto trabajos- Dijo una voz portentosa al otro lado de la puerta, seca, cortante.

-Es por una buena causa, este caballero necesita ayuda urgente, y ningún otro aceptaría asaltar una caravana de esclavistas con el porque no puede pagarlos por adelantado- Porfió el sacerdote piadoso.

Hubo silencio entonces, tenso silencio. Ambos esperaron una respuesta pronta por varios segundos.

-Estoy herido y no puedo aceptar trabajos pero... Al menos puedo mandar a mis ayudantes- Terminó por responder aquella voz

La puerta se abrió entonces, y dentro de aquella habitación, solo tinieblas. Sin embargo, pronto, muy pronto, dos criaturas aparecieron de entre la oscuridad, grandes, como lobos grises, con un pequeño gato a sus espaldas. Eran metálicos.

-Pero...Pero que...-Tartamudeó el caballero, viendo a aquellas criaturas abarcando aquel pasillo.
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Re: Ratquest [Campaña]

Mensaje por Azura el Mar Mayo 01, 2018 1:08 pm

Un maullido fue toda la respuesta que recibió el caballero. Independientemente de sus conocimientos de felino, el hecho de que ambos lobos se abrieran paso de inmediato parecía indicar que ese tono en concreto significaba “estas en medio”. Uno de los lobos cerró la puerta alzándose un poco en ambas patas y agarrando el pomo con los dientes, dejando marcas de rasguños por toda la pared, pero aparte de eso, no hubo incidentes. Ningún otro aventurero se atrevió a reírse del caballero, ahora que tenía una escolta. Cierto que tampoco tenían el tamaño de huargos, pero tenían un metro de altura, lucían tan metálicos como en realidad eran y además desprendían cierto aire de…reverencia, como pisar una iglesia. La taberna se los había quedado mirando, pero un rugido después, poderoso como un trueno, todo el mundo había encontrado mejores cosas que hacer que prestarles atención.

Una vez fuera, los lobos siguieron andando, a la cabecera del grupo, durante un buen rato incluso, hasta que se dieron cuenta de que no tenían la más mínima idea de donde iban, sentándose como buenos chicos, lo que provoco que el gato se resituara en la cabeza de uno. El padre se despidió al poco, bendiciéndolos a todos antes de irse, y ciertamente una sensación de paz los inundo a todos…es decir, solo al caballero y la gata, porque los lobos eran pedazos de chatarra aún más zoquetes que su aparente dueño, con la sensibilidad emocional de una patata cocida.

Guiados por el caballero, y con los rayos del sol empezando su huida, llegaron al claro que contenía los esclavistas, cuatro alrededor de lo que era una hoguera, o lo seria si uno de los esclavistas finalmente conseguía encenderla, ya que parecía estar teniendo dificultades. Los lobos se habían vuelto serios, agazapándose en cuando entraron en el bosque, preparados para la caza, y así habían seguido, tomando posiciones alrededor del claro hasta quedar cerca de dos de los cuatro esclavistas. El patrón de ataque fue sencillo, muy sencillo, uno de los lobos se abalanzo sobre uno de los esclavistas, clavando sus colmillos en la yugular mientras lo derribaba y, cuando todo el resto se giró hacia la fuente de los gorgoteos, el segundo salió, asaltando al segundo esclavista. Ni rastro había de la gata, salvo por unos ojos ambarinos en la oscuridad, solo visibles por el resplandor de la hoguera. Un par de esclavistas no iban a ser un problema para un caballero con una espada tan descomunal, y aún menos si estos estaban centrados en los golems lobunos de Azura. Para cuando todo estuviera arreglado, ya seria de noche, y abandonarían el claro a duras penas una hora antes de que quien fuera que esperaba la caravana llegara, para suerte de los implicados en aquel pequeño robo. Poco importaba lo que hicieran con los cadáveres, puesto que cuando el sacerdote fuera a examinar los destrozos que sabía que se habrían producido la noche anterior, no encontraría ni rastro. Solo un carro con barrotes, vacío, en un claro, junto a una hoguera jamás encendida. Ni sangre, ni cuerpos.

Pero esa rareza era solo eso, algo raro pero sin aparente importancia, seguro que solo habían sido devorados por las bestias locales…posiblemente. Lo importante era que el caballero había contraído una deuda para con el dueño de esos lobos, y por más que algo de ese delicioso salmón podía ayudar a reducirla, seguiría necesitando aceptar trabajo remunerado para saldar cuentas. ¿Y que otro trabajo había en ese pueblucho además de atrapar a ese escurridizo alquimista? Recoger zanahorias para la señora Lilly, pero esa tarea no era tan sagrada como salvar a un pueblo de un temible alquimista, y desde luego no tan bien pagada.

Si el caballero y la elfa unían fuerzas en esa noble misión importaba más bien poco, al menos ese día, puesto que el alquimista estaba demasiado lejos e inevitablemente tendrían que pasar la noche en el bosque. Dicho bosque no parecía tener nada especial, desde luego nada que mereciera la ingente cantidad de peligrosas bestias que los locales aseguraban que había. Cierto que parecía haber más plantas medicinales de las habituales, pero era difícil determinar si eso se debía al propio bosque o al valor que hacía falta tener para buscarlas en un bosque repleto de monstruos. Hacia más frio que el día anterior, principalmente debido a que había nevado por la noche, y las copas de los arboles aun retenían la nieve, dejándola caer a intervalos periódicos sobre las cabezas de algún pobre infeliz.

Por suerte para el par de aventureros, no parecieron encontrarse con la fauna local, aparte de un pequeño conejo cornudo, inofensivo aunque absurdamente rápido, aunque desde luego encontraron pruebas de su existencia. Pisadas de un palmo de ancho, de una criatura con lo que parecían ser seis patas, rasguños en los árboles, marcas de territorio seguramente, tan altas que hacían descartar prácticamente de inmediato a un osos e incluso enormes plumas. A medida que se iba subiendo la montaña, los arboles eran progresivamente más escasos, aunque para cuando se hizo de noche, aun encontraban un árbol al menos cada diez pasos.


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Re: Ratquest [Campaña]

Mensaje por Lamb el Miér Jun 13, 2018 3:03 am

Espere afuera del local, no quería ocasionar problemas por lo que me senté en el suelo esperando que Magnus saliera para saber que seria lo siguiente. Algunas de las personas que pasaban me miraron con lastima y aun que no querían acercarse demasiado, me terminaron dando algo de fruta que empecé a masticar más por la idea de mantenerme viva que la de disfrutar de su sabor. Una parte de mi esperaba que Magnus se hubiera marchado ya, solo le había pedido que me llevara y lo había hecho, pero nunca mencionamos por cuanto tiempo ¿Quién se tomaría la molestia de cargar con la carga que representaba? Sin importar lo que pasara estaba algo agradecida por el viaje.

Después de un largo rato ya no sentía los pies, aquello era tranquilizado por que dejaba de sentir el dolor de tantas caminatas. Bostecé un poco casi quedándome dormida a un lado del establecimiento cuando un trozo de tela me cubrió la cabeza y el resto del cuerpo, al quitarla pude ver que había vuelto por mí a quien esperaba. “Toma” fue lo único que me dijo mientras me pasaba unas botas y algo de carne seca mientras hacia una señal para que le siguiera, asentí con la cabeza y me levante lentamente para seguirle a donde descansaríamos esta noche.

Me consiguió un espacio para dormir en un establo, el lugar era realmente cálido y la paja era agradable, pero temprano a la mañana partimos hacia el bosque. Aquel hombre se veía preocupado, no sabía exactamente que esperaba, pero era obvio que sentía que se dirigía a algún peligro. Después de todo la primera vez que le vi su cuerpo estaba lleno de heridas provocadas por monstruos, aun recuerdo lo que me habían descrito los vecinos de una extraña figura caminando prácticamente moribundo mientras la gente llegaba a auxiliarle y llevarle conmigo. ¿Estabas buscando nidos de creaturas infundidas por esencia demoniaca como en Shuwap?

Me asombraba ver el bosque a nuestro alrededor, aun que estaba extrañamente silencioso si lo comparaba con mi pantano, faltaba el sonido de los zancudos, el sonido de los sapos, en cantar de los insectos, el canto de los pájaros y el batir en el agua. Una briza que movía las hojas de los arboles y el suelo estaba iluminado por el propio sol que podía cruzar desde el cielo hasta el suelo, las cosas me parecían algo brillantes, pero eventualmente la noche llego y fue necesario que encendiéramos antorchas para ver. Magnus empezó a canalizar su magia y creo un domo de hielo para protegernos del exterior y dormir algo seguros durante la noche. Sabia que no le gustaba dormir cercas de mi debido a que mi presencia solía darle malos sueños, pero algo le preocupaba lo suficiente como para tomarse la molestia.

Off rol:
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