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Mensaje por Egil el Dom Oct 14, 2018 11:12 pm

Egil suspiró mientras avanzaba, no tenía nada en su mente ni un blanco fijo en sus ojos, no le gustaba la cordillera de Daulin por una única razón: los enanos. Hace tan solo 6 horas estaba vagando perdido, y ahora se encontraba a merced de un enano que no parecía callarse, el mismo enano que lo encontró por allí y asumiendo "que todos los demás son unos tontos que no conocen las mejores tierras de Noreth", decidió ayudarlo y hacerlo venir con él a un pueblo que no estaba muy lejos: Dolbi.

Aunque Egil estaba acostumbrado a caminatas largas, esta se estaba haciendo pesada, tal vez por el frío del ambiente, que penetraba incluso más allá de su armadura, tal vez porque la cordillera se veía misteriosamente vacía, lo único que había visualizado durante esas horas aparte de nieve, rocas y picos eran caravanas, que iban curiosamente muy protegidas, tal vez demasiado como para ignorar este detalle. O tal vez porque desde que el enano empezó a guiarlo no se había callado, era una palabra tras otra y requería casi todo su esfuerzo mental el poder bloquearlo para que las palabras entrarán por una oreja y salieran por la otra, justo como cuando alguien pasa página y página de un libro, pero sin absorber ninguna palabra.

Mientras avanzaban juntos, una rama que ya no podía retener ni un copo más de nieve quebró y fue a parar en la cabeza del humano, no sintió más que una ligera incomodidad gracias al yelmo, pero de todas maneras rompió su concentración y lo hizo volver a si mismo. Escaneó el lugar rápidamente, como si no supiese donde estaba y observó al enano, que reía fuertemente de él. Egil sintió un pequeño impulso asesinado hacia el enano en ese momento, no tanto porque se burlase de él, si no por la burla misma, lo inquietante y molesta que sonaba a su oído.

Jaja, que gracioso —dijo quitándose la nieve de encima, sin mirar al enano.
¡Vamos, compañero! —exclamó acercándose y dándole una palmada con toda la fuerza y rudeza de un enano—. ¡No hay razón de ponerse así por una risita!
Egil miró al enano con enojo, pero no es que este pudiera darse cuenta de eso con el montón de metal que Egil tenía en la cabeza.
« Risita, dice » pensó Egil, « se ríe como un animal muriéndose... en fin... » acomodo su postura poniéndose las manos en la espalda, como era de esperarse, la mano enana era pesada e incluso solo una palmada así había parecido el golpe de un martillo.
¡Ahora sigamos! —el enano se dio vuelta y apunto al frente, dándose cuenta de que solo apuntaba a un árbol—. Erh... ¡ahora sigamos! —repitió, apuntando de nuevo al camino que atravesar y siguió caminando, sorpresivamente rápido para piernas tan cortas.
Egil se quedó viendo al enano avanzar y tras unos segundos, continuo siguiéndolo.
Como te contaba... —tosió el enano, preparando su garganta para seguir hablando.
« Oh, no... »
Últimamente hay unos rumores extraños en el pueblo, recuerdo cuando era un lugar prospero, me gustaba ir a la taberna a tomar... ¡pero los últimos meses! ¡han sido una cagada! ¡ahora se la pasa puro mercenario pendejo! —empezó a gritar e insultar, confundiendo algunas palabras y tirando uno que otro insulto en enano—. ¡Todo por ese escriba hijo de la gran puta!
Egil prestó atención por primera vez desde que estaba con él a lo que le enano decía, esto sonaba más interesante que lo primero que le había estado contando, que era toda la historia de su familia, y una cosa de herrería...
¿Qué, qué escriba?
Ah, pues, eh —masculló—, no estoy muy seguro, es un tipo que... escribía, supongo —dijo dudoso al no saber que era un escriba—, que se volvió loquito, así como que le dieron un martillazo en su suave cabeza y mató a todos sus ayudantes, así como que les dio un martillazo en la cabeza. Luego se marchó al bosque ya hace dos meses y no lo han podido sacar, ¡la gente ni vuelve, los matan! —levantó los brazos el enano—. Ah, ah, sí, creo que la recompensa era... era... —se rascó la barbilla intentando recordar—. ¡Ah, sí, sí! ¡cinco krulls de oro si lo traen muertecito, así, como si le dieran un martillazo en la cabeza! ¡y diez si lo traen vivo!
Egil perdió repentinamente el ánimo, la recompensa era atractiva, pero el asunto sonaba en exceso extraño, y debía ser el escriba más capaz de el que jamás había oído hablar si se había marchado ya hace dos meses a un bosque y que ni animales, ni todos los que habían tomado el trabajo durante ese tiempo hubiesen logrado sacarlo.

Tras un par de horas de caminar más, finalmente habían llegado a Delbi fue fácil saber que allí es donde habían parado las caravanas que les habían superado al tener carrozas y animales, o esclavos que jalarán para llevarlos, porque en la entrada del pueblo y más allá podía verse mercaderes con sus pertenencias ya esparcidas, ofreciéndolas a los lugareños por un precio.

Humano y enano caminaron un poco más hasta alcanzar la plaza del pueblo, no había una actividad excesiva, pero tampoco había poca gracias a que el mayor número de mercaders se habían asentado en ella. Lo más abandonado del lugar era una edificación que a simple vista, se notaba era para dar culto a alguna Deidad, mientras que lo más concurrido era la taberna. No era ninguna sorpresa, siempre hay mucha gente donde hay problemas y donde hay alcohol, y en la mayoría de las tabernas consigues ambos.

El enano, por supuesto, abandonó velozmente a Egil para dirigirse a la taberna, había algo en la cerveza que atraía a los enanos como miel a las abejas. Se quedo mirándolo entrar y las personas que se apoyaban de la taberna, poniéndose a fijarse bien, aunque no fuese raro ver gente frecuentar una taberna, estos claramente no estaban allí solo por un trago o pasar la noche.
El pensar esto le hizo notar la oscuridad, ya se había hecho tarde y no le había dado mucha atención porque el enano lo había estado aturdiendo con sus cuentos. Sin ninguna opción más que conseguir un cuarto y no queriendo entrar al templo, temiendo que este fuese a prenderse en fuego si ponía un pie allí.

Acomodó sus armas y entró a la taberna, tan simple pero tan llena como se notaba de afuera con tanta gente recostada de la pared y otros viendo por la ventana, como si espiasen a alguien que estaba adentro. Miro de lado a lado, ojeando a las personas que allí se encontraban hasta localizar al tabernero, que acababa de servirle un trago a un extraño. Se acercó a la barra y tosió para llamar su atención.

¡Ah! ¡bienvenido! —exclamó el tabernero—. Por su armadura... supongo que está aquí por ese asunto, ¿no? —sonrió, ya había perdido la cuenta de cuanta gente había entrado a su taberna por eso—. Por allá esta Simon —dijo adelantandose y apuntado al susodicho.
¿Asunto...? ¿Simon? no, no —negó con la cabeza—, yo solo quiero una habitación. ¿Tiene disponibles?

El tabernero se extraño, alguien con armas y cubierto de acero de pies a cabeza, y no estaba allí por el trabajo, sino por un cuarto. Se encogió de hombros y le dijo su precio por una habitación en el piso de arriba.

Egil se encaminó al piso de arriba y comenzó a buscar el número que indicaría su habitación, no la consiguió en la primera vuelta, pero tras inspeccionar mejor, pudo ver un cartel tirado frente a una puerta, se había soltado del clavo que lo sostenía. Lo levantó y verificó que el número fuese el mismo que le había dicho el tabernero., efectivamente, esa era su habitación.

Al entrar descubrió que la habitación era... normal. Como se esperaba. Se quitó el cinturón y con mucho cuidado lo coloco sobre la espaciosa cama, donde podrían entrar un par de personas, al menos sí se ponían de acuerdo.
Empezó a quitarse la armadura, quedándose solo en lo que llevaba bajo la armadura: unos shorts, una camisa y guantes de tela, además de medias, y claro, su ropa interior, todo ligeramente empañado de sudor por haber caminado tanto con la armadura encima. Corrió sus manos por su pelo soltándolo y se rascó los ojos con los dedos suavemente. Al sentarse en el suelo cerró los ojos, en una posición de loto, como si pretendiese meditar.

Al hacerlo, creyó sentir algo detrás de él, su arma de acero vil vibraba en la cama, recordándole que debía darle "comida" pronto. Ante esto, deseando no tener que concurrir a matar a alguien del pueblo, la opción de ir a cazar al escriba, matarlo para satisfacer su espada y de paso sacar dinero de eso resonaba en su mente como una buena posibilidad.
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Mensaje por Eudes el Sáb Oct 20, 2018 9:00 pm

¡Aventura! ¡Heroísmo! ¡Justicia! ¡El olor a hierro en la nariz y el sonido de espadas chocando en el aire!

Esas y demás bendiciones no fueron las que Eudes encontró en el campamento de los malvados esclavistas. La verdad fue que, cuando saltaron de entre la maleza cual gacelas y se lanzaron contra los sirvientes oscuros, ninguno de ellos se dignó ni de maldecir en Lengua Negra ni en ejecutar algún oscuro hechizo; trataron de luchar, sí, pero ninguno parecía demasiado capaz...La verdad fue que aquellos lobos despacharon a la mayoría tan fácilmente como hubiesen cazado conejos...Mecánicos suponía el caballero, y él mismo consiguió poner en el suelo a dos, demasiado despistados incluso para desenvainar propiamente. Se pregunto él si aquello sería señal de que el señor oscuro era un tacaño contratando siervos...Aunque luego cayó en cuenta de que quizá simplemente se había vuelto demasiado bueno con la espada, y su sola presencia hacía a sus enemigos temblar y cometer torpezas; sí, sin duda debía ser eso.

-¿U...Usted?- Preguntó incrédulo el chico alfarero, mirandole a través de los barrotes de uno de los carromatos-jaula.

-¡Ha!- Exclamó Eudes, alzando un brazo- ¡El mismo que viste y calza en metal, muchacho: ¡Eudes Wogethrall, El caballero tortuga, defensor del simple y asesino de los malvados!- Rápidamente se acercó al candado de las jaulas, abriéndolo con un simple golpe de su espada- ¡Sois libres, oh nobles campesinos; podéis ahora volver a vuestras ca-

Eudes fue golpeado...Muchas cosas lo golpearon, cosas que tenían piernas, brazos, y unas incalculables ganas de volver a sus casas y olvidar que los terribles meses de prisión habían alguna vez ocurrido.

-¡Oigan, oigan, no hace falta ser incivilizados!- Gritaba, mientras los prisioneros salían en tropel del carromato, abriéndose paso sin importar que estuviese delante prontos para perderse en el bosque. Ni si quiera el hijo del alfarero, su objetivo, se molestó en darle las gracias o prometer recordarle eternamente; como todos sus compañeros, corrió entre los árboles hasta que de él solo quedó un rumor.

-Que...Animados- Comentó, acomodándose el yelmo torcido- Bueno, supongo que los demás estarán más dispuestos a hablar.

Ninguno lo estaba. Apenas se deshizo el caballero de cada candado, los esclavos salieron en tropel lanzando maldiciones y riendo, prontos a desaparecer tan pronto habían alcanzado el bosque. Bufando, Eudes puso los brazos en jarra, bastante insatisfecho.

-Quien lo diría...Todos unos desagradecidos- Comentó, mirando ahora hacia los lobos- Y supongo que ahora he de pagar el noble favor a muestro maestro, ¿No es así feroces bestias mecánicas? ¡Hum! Supongo que tendré que volver a conseguir otro trabajo...Espero la verdad que sea más...Satisfactorio que todo ésto...Aunque tendré que seguir buscando a ese señor oscuro luego.

Y así, volvieron al pueblo. Había escuchado él sobre el caso de un alquimista secuestro, así que, sin mayores cosas que hacer, se decidió por emprender aquella noble misión...Menos noble por el hecho de que ahora NECESITABA el dinero, aunque no menos heroica si las cosas salían bien. Realmente esperaba poder luego volver a su previa aventura, persiguiendo al terrible Señor de Las Cadenas, como había apodado al esclavista de los carromatos...No parecía que en aquellos lugares hubiese demasiados desafíos dignos de un caballero, aunque se sentía feliz por ser útil en algo.

Una pista llevó a la otra, y al final terminó descansado en medio del bosque, cruzado de piernas en la noche, con una improvisada fogata frente a sus protegidas narices. El frío se empezaba a filtrar por su armadura, aunque realmente estaba costumbrado; había pasado noches similares antes, y no flaquearía solo por una vulgar brisa. Lo que más podía hacer, era descansar, pensando en lo que, para mal o para bien, esta nueva aventura podría deparar...
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Mensaje por Azura el Dom Oct 21, 2018 11:35 pm

Era una noche tranquila, aunque oscura, con las nubes tapando las estrellas y las lunas. Los búhos y demás animales nocturnos seguían con su vida. Seguramente no lo habrían hecho en otros bosques, pero estas criaturas ya estaban acostumbradas a un número inusualmente alto de aventureros paseando por esos lares. Al fin y al cabo, aunque supieran exactamente donde iban, había algo más de un día de viaje hacia la guarida de ese pobre alquimista, si lograban encontrarla siquiera. Así que a los animales de la noche no les importaba acomodar sus costumbres a unos cuantos extraños.

Y al monstruo que les daba caza.

___________

El fuego crepitaba en el campamento, iluminando a una mujer que comía tranquilamente de un plato de estofado, saboreando cada bocado, las emociones que le evocaban, intentando recordar de donde procedían, sin éxito.

-Yo hare la primera guardia mi señora.- Dijo la figura, Brutus, un hombre lagarto para cualquiera que lo observara, pero tanto ella como su acompañante, Aurelio, sabían que no era exactamente verdad. Del mismo modo que ella no era humana, por más que su pelo plateado y ojos azul eléctrico dijera lo contrario. Entonces lo olio, algo que no debía estar en ese bosque, algo que se había tomado muchas molestias para ocultar su olor a sangre, pero esta aun rezumaba por encima de la de jabón.

-¡Brutus!- advirtió, demasiado tarde, la cosa ya estaba sobre él, y el draconido se derrumbó con múltiples y profundas heridas en el pecho. Su fiel lanza ya estaba a su lado, embistiendo contra la monstruosidad, que se retiró más allá del claro, al amparo de la oscuridad.

-¿Se ha ido?- Pregunto Aurelio, mientras se arrodillaba sobre el draconido. Costaba de ver debido al color de sus escamas, pero estaba sangrando profusamente.

-No, está acechando, cerca.- su compañero estaba claramente nervioso. Estaban muy verdes, a pesar de que en teoría era ella la que estaba a prueba. Una sombra se movió, desperdigando la leña que había estado ardiendo, su fuente de luz. Estaba preparándose, podía olerlo, reptando por el suelo, hacia su espalda, su punto ciego.  –Aurelio, ¿te enseñaron a usar las Escamas Celestiales?-

-Sí, pero no va a ay…-


-Úsalas y cubre a Brutus.- sabía lo que iba a decir. Esa técnica protegía de la magia, no del daño físico que esa cosa producía con sus apéndices. La mujer suspiro, liberando un vaho de aire. Las escamas blancas de Aurelio se fortalecieron, mientras cubría a su compañero. Finalmente pareció entender lo que estaba haciendo.

-No tienes suficiente poder.- Usualmente, habría sido cierto, pero era difícil de explicar a alguien que nunca había tenido ese poder en sus manos. ¿Cómo explicar que aun sentía ese poder, justo fuera de su alcance? ¿Cómo explicar que sabía sin ninguna duda, como si fuera una extensión más de su cuerpo, que esas nubes que los sobrevolaban eran nubes de tormenta, esperando una palabra, un susurro de su parte? Al final se decidió por una manera sencilla.

-No importa la forma que tenga ahora. Ellos acuden, cuando su Emperatriz les llama.- la cosa se lanzó hacia su nuca, a una velocidad pavorosa, al mismo tiempo que la noche se teñía de luz.

Unos minutos pasaron, antes de que Aurelio se despegara de su compañero, en un claro ahora carbonizado. -¿Lo has matado?-

-No, ha escapado.- se limitó a decir Zarlandris.

Y eso era bueno para el grupo, pero horrible para cualquier otro ser en las proximidades, puesto que incluso a través de la lluvia y los truenos podían oírse los gritos inhumanos, los arboles siendo derribados por algo muy, muy enfadado, y cualquiera que se encontrara con el causante de tal destrucción solo podía tener un destino, como no tardaron en comprobar unos cuantos aventureros que, como los diversos protagonistas de esta historia, habían decidido pasar la noche en el bosque.

Para aquellos con la suerte de no haberse topado aun con esa criatura, solo había una cosa que podían hacer. Correr.


___________

-¿Anabelle, sigues despierta?- Dijo la criada, agachándose junto a la niña, que miraba a través de la ventana las gotas de lluvia cayendo sobre el cristal. Un lujo que solo una persona del pueblo podía permitirse.

-No puedo dormir.-
dijo la niña de rizos dorados, frotándose un ojo con una mano, mientras con la otra sujetaba su inseparable aunque francamente feo oso de peluche. Un rayo cayó en la lejanía, cubriendo el cielo de azul, y la niña se encogió ante el sonido del trueno. La criada la atrajo en un abrazo, y la niña pareció relajarse.

-Venga, vayamos a tu habitación, no queremos despertar a tu señor Padre, voy a leerte un cuento hasta que pase lo peor.-
La niña asintió, con una sonrisa radiante, y tomo la mano de la criada. No la culpaba, todos en el servicio sabían que Anabelle tenía mucho miedo a las tormentas. Al fin y al cabo, sin su madre y con un padre tan ocupado con gobernar el pueblo, ellos habían sido los que se habían encargado de criar a la pequeña. Pero no se quejaban, ella era una niña perfecta, y una sonrisa suya bastaba para alegrarles el dia.


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Mensaje por Egil el Lun Oct 22, 2018 1:44 am

La noche estaba siendo una oscura, tranquila... se podía respirar la calma, aunque una llena de incertidumbre, la incertidumbre que acompañaba al pueblo respecto a lo que estaba allí afuera. En su cuarto, sin embargo, eso estaba lejos de ser el peso que caía sobre el auto-proclamado espadachín. La espada seguía agitandose, cada vez más fuerte, cerrar los ojos e intentar meditar era inútil, cuando su mente parecía vacía de pensamientos, las vibraciones de la espada resonaban en su mente, en cada hueso, cada miembro de su cuerpo.

Egil abrió los ojos, ya harto, y se dio vuelta.
¿¡Qué!? ¿¡qué quieres!? —le gritó a la espada.
El arma dejó de agitarse, y con ello una voz resonó en su mente, una voz ofreciendo respuesta:
« Una semana... » escuchó débilmente, como un susurro en sus oídos. « Esta noche se cumple una semana, humano. »
Egil calló al oir al arma; una semana... era demasiado tiempo, normalmente la "alimentaba" cada tres o cuatro días. Al principio creyó eran solo exageraciones del arma, en un intento de arrastrarlo más por el sendero de los Señores del Foso, por lo que se dio vuelta, listo para hacer caso omiso a las advertencias.
No  —repuso firme contra el arma—, estoy seguro de la última vez fue hace cinco días.
Así, volvió a cerrar los ojos. El nuevo, adquirido silencio solo alimentó su idea de que estaba en lo correcto y la espada solo lo había intentado manipular, una ocurrencia bastante común y a la que, lamentablemente, estaba acostumbrado.

Entonces sintió ardor.
Ardor en el hombro, sabía que era, apretó los dientes y volteó a la vez que abría los ojos, allí estaba la maldita, con la punta, solo un poco, clavada en su hombro, en lenguaje acero vil esto significaba que no era una mera manipulación más, era una protesta. La espada se desclavo lentamente de su hombro y cayó al suelo, muerta, sin rastro de la vida que acababa de mostrar. Miró atrás, la cama era un desastre, quien la viese diría que dos salvajes tuvieron una noche de lo más apasionada y violenta.

Un poco de sangre corrio por su brazo hasta llegar al hombro, donde ya no podía seguir y simplemente empezaba a derramarse como gotas al suelo. Egil se levantó apresurado y colocó su mano sobre la herida y comenzó a concentrar energías nigromanticas para detener el sangrado y acelerar la coagulación de su herida, dejando una costra, podría haber llegado a más, pero su prisa era una mucha mayor que su propia herida. Su espada. No podía quedarse en la taberna más tiempo sin tentar a que esta perdiera el control y lo obligase a lastimar a alguien... o a sí mismo.

Se paró al lado de su armadura y contrario a lo que hizo al llegar a la habitación, empezó a ponersela, con lo bien que se estaba sin kilos de metal encima. Al terminar agarró su cinturón y guardo cuidadosamente su wakizashi; hesitante se dio vuelta y miro a la katana de acero vil en el suelo, junto a un minusculo charquito de sangre que se había formado por las gotas que derramó. Estiró su mano hacia la espada y la tomo del mango, al hacerlo sintió el rugido de la misma resonar por todo su cuerpo y como lo arrastro hacia adelante, más impaciente por salir que él. Resistiendose y peleando un poco jalandola hacia él, logró hacerla volver a su vaina y salió corriendo de la habitación que había pagado para nada.

Carrera abajo en la taberna algunos pocos insensatos que querían atravesar la noche bebiendo se le quedaron viendo, sobretodo como temblaba su brazo, tal vez sospechosos de que este hombre estaba muriendo de las ganas de masturbarse por la similutud del movimiento de su mano al empujarse adelante por el arma y como él la empujaba atrás.
Clavó los ojos en la entrada y corrió hacia ella; el hombre que el tabernero le había señalado antes, se encontraba recostado a un lado de las puertas, con una cara expectante, como si esperase que alguien volviera a decirle que al fin, habían traído al escriba, pero la verdad era otra, Simon estaba allí esperando malas noticias, las de siempre: un grupo que volviera incompleto, faltandoles algún miembro, contando que habían perdido a uno de los suyos.

Egil pasó corriendo a un lado de Simon y una vez afuera de la taberna miró a los lados; Simon se asomo en el medio de ambas puertas abiertas sin salir, y apuntó a un lado.
Es por allá, calle arriba. Está la salida del pueblo —indico con el dedo, pensando que solo se trataba de alguien que planeó ir muy tarde a la cacería, porque, ¿cúal mejor momento que para cazar a una bestia, sino a la hora qué esta sale?
Egil asintió y siguió el camino que le fue señalado, su carrera pronto lo llevo afuera del pueblo, ni la lluvia, ni el peso de su armadura, ni el repentino relámpago que cayó en la distancia lo detuvieron a él... o su arma.

No estaba demasiado adentrado en el lugar cuando ya su espada había superado por mucho la fuerza de su brazo, y cortaba violentamente en todas direcciones. Ramas y arbustos caían de par en par, pero nada de eso era sangre, y por tanto, no saciarían las demandas del arma.
¡Espera! —le dijo al arma casi como una suplica, en un intento inútil de controlarla—. ¡Agh! —la sujeto con ambas manos y usando el peso de su cuerpo, inclinandose hacia adelante, logró clavar la punta en el suelo. Espero a que la misma dejara de "empujar" y unos segundos más, solo por estar seguro.
Nada. Parecía estar en calma. Suspiró aliviado, y levanto la espada para guardarla en su vaina. Miró a su alrededor, a ese punto solo sabía dos cosas: que no sabía donde estaba y que no habían animales, claro, era natural que no hubiese nada después de ese show.

Tomandose unos momentos para recuperar el aire perdido, su compostura y fijarse mejor, vio una rama cortada en el suelo, el camino de destrucción que dejó por los cortes incontrolables de su arma no iba a restaurarse así sin más, tenía un camino de vuelta al pueblo, pero todavía no había cumplido lo que salió a hacer.
Podía o volver al pueblo y en el peor de los casos, cortar sin aviso alguno a alguien, ganandose la furia local y una muy merecida muerte, o quedarse en el bosque, de noche, sin comida, y rezar conseguirse un conejo. Opciones terribles, elección obvia.

Por amor a los dioses, que fuese un conejo y no un grifo o algo alocado.

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Mensaje por Balka el Vie Dic 07, 2018 7:12 pm

____Y, efectivamente, no estaba siendo su noche más cómoda. Ni cálida. Balka gruñó arrebujándose en la ropa.

____Encaramada en el árbol tan alta como las ramas soportasen su peso, la elfa oteó la noche muy atenta. Cielos despejados, vientos fríos que descendían de las montañas como diciendo que el invierno ya estaba aquí, que pronto traerían ventiscas. En el cielo las lunas hacían un trabajo mediocre iluminando la escena, pero dejaban entrever las constelaciones tras ellas.

____Tratando de ignorar un nudo en la rama que se le estaba clavando en el culo, dirigió la vista hacia las estrellas. Dudaba encontrar la formación de Los Tres Hermanos en esta parte del mundo, una de sus constelaciones favoritas en cuestión de brújulas nocturnas, pero a cambio brillaba bien definido el Bicornio. A Balka le gustaba mirar el cielo nocturno, pensaba que era un espectáculo hermoso a la par que útil, pero la vastedad del firmamento no despertaba en ella cuestiones más filosóficas y profundas. No solía pensar en eso.

____De no haber estado observando el cielo no hubiese visto la pequeña anomalía atmosférica que, a lo lejos, a su izquierda, empezó a formarse con velocidad pasmosa. Se dio cuenta porque obstruyó parte de su vista como una mancha opaca. Un conjuro. Había magos en el bosque. ¿Peleando? ¿Contra quién? ¿Contra qué? Se irguió en su rama y estrechó los ojos, pugnando por distinguir lo que estaba ocurriendo. El viento gélido trajo hasta ella unos gruñidos horrendos, la pista de un grito leve. El chirriante eco de un árbol al ser derribado. Dos, tres, cinco árboles.

____Las nubes brillaron durante una décima de segundo y descargaron sobre la distante escena un rayo. La vibración del sonido retumbó en su pecho.

____Y después el viento sólo le trajo silencio.

____Su intuición, su instinto, fueron los primeros en dar la voz de alarma. Antes incluso de que sus otros sentidos más racionales, como el oído, le indicasen que saltase del árbol y echase a correr como si el Foso fuese a abrirse bajo sus pies. No. El Foso no. Aquello. Lo que sea que habitara el bosque. La pequeña calamidad que se tragaba a los mercenarios y guerreros y de los no dejaba ni una flecha rota, sólo surcos en la roca.

____Algo se alejaba de la magia, de las nubes y los rayos. Algo que embestía contra el bosque como un escudón muy cabreado, tumbando árboles y abriendo claros. Por un momento deseó que allí hubiese ninfas, druidas, dríades protectoras que con su presencia arcana se librasen de "eso". Con una mueca torcida descartó sus pensamientos. A veces era peor el remedio que la enfermedad.

____Una vibración llegó hasta ella. Leve, levísima a la altura a la que se encontraba. Pero que abajo debió de parecer una sacudida. Las hojas de su árbol temblaron, y no por acción del viento. Tomó aquello como señal y comenzó a descender, rauda, aferrándose, palpando la corteza y las ramas para conservar el equilibrio. No le importó arañarse los dedos.

____No sabía por dónde vendría, ni si tomaría la misma dirección en la que ella se encontraba, pero Balka no podía permitirse divagar. Lo mejor era dejar el bosque cuanto antes, pero como eso no iba a ocurrir en plena noche decidió que mantenerse en movimiento al menos reduciría sus posibilidades de topar con la presencia. Con un salto regresó a suelo firme.

____A lo lejos podía escucharse el estruendo, el paso de algo a través de la arboleda abriéndose camino a base de fuerza bruta. Inhaló hondo y eligió una dirección, tan buena como cualquier otra que se alejara de los problemas. Emprendió una marcha rápida a medio camino entre andar deprisa y un trote suave, cuidando de no chocar con troncos ni meter los pies en agujeros; algo de mérito teniendo en cuenta la poca luz disponible a través del follaje.

____Una pregunta surgió en su mente. ¿Sería "eso" lo mismo que "aquello" del claro? Si para moverse provocaba tantos destrozos, ¿cómo es que el bosque seguía en pie? Y lo más preocupante de todo, ¿cabía la posibilidad de que hubiese dos criaturas distintas? ¿Más de dos? ¿Qué es lo que había visto Pumpernickel para que no quisiera salir de su bolsa? Tropezó con una raíz y casi cayó al suelo.

____Daba igual. La elfa había ido en expedición, a reconocer el terreno, a reunir datos e información útil que transformar en estrategias más tarde, en la seguridad de la posada, frente a la chimenea y un buen trozo de jabalí al vino. No se sentía demasiado preparada para lidiar con nada demasiado poderoso, demasiado mágico o demasiado desconocido, así de repente y sin previo aviso. Maldijo para sí. Seguía viva porque carecía de actitud suicida, y pretendía vivir todos sus siglos.

____Echó a correr como pudo en el inestable suelo lleno de baches y hojarasca. Bajó la cabeza, se inclinó hacia delante y, con la vista en el suelo, tiró hacia delante aprovechando al máximo la luz del cielo y su agudeza natural. En algún momento podría suficiente tierra entre ella y eso.

____Por eso cuando chocó contra la espalda de la fría armadura y cayó de culo al suelo exhaló con sorpresa, más que con dolor. Aunque mañana fuese a tener un chichón importante en la frente.


{ - sin perder la ronrisa... }
¿Qué está bien y qué está mal? Dime.
¿Qué ética tiene la llave de lo moralmente aceptable?

{ ...pero perdida en ella - }

Diálogo - #d65151
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Mensaje por Lamb el Dom Dic 23, 2018 7:53 am

La lluvia pronto llego y el sonido de los golpeteos del agua resonaban por la cúpula de hielo que nos separaba del exterior, Magnus parecía algo inquieto, pero yo me encontraba tan agotada de todo lo que habíamos caminado y movido en el día que al poco de detenernos los parpados cada vez se sentían más pesados mientras que el sueño estaba dominándome rápidamente para exigir algún descanso que mi dolorido cuerpo siempre estaba pidiendo. Deseaba quedarme despierta y quizás ayudar a vigilar, pero al mismo tiempo sabía que mis reacciones eran considerablemente lentas y estaba tan asombrada por el mundo fuera de mi pantano que terminaba retrasando las cosas más que ayudar.

Ni si quiera tenía el consuelo de que el descansaría bien ya que mi propia presencia lo impedía, pero al mismo tiempo el hecho de que le hubiera pedido llevarme había sido desde el inicio un deseo egoísta que había aceptado alguien que no tenía la menor idea de lo que aceptaba, solo saben que le había prestado ayuda cuando casi muere. A veces me preguntaba si le agradaba de alguna forma, me gustaba pensar que si, pero otra parte de mi decía lo contrario, nos unía más su honor que no comprendía más que lo que pudiera ofrecer un alma marchita como la mía.

Con aquellas ideas termine durmiendo, las gotas de agua golpeaban constantemente el cristal de hielo sin poder atravesarlo físicamente, pero su sonido cruzaba el hielo resonando en los sueños. El propio bosque que les rodeaba se presentaba ante ella en sus febriles visiones, el agua golpeaba como agujas filosas la piel, los cielos se arremolinaban como gusanos para luego en un fulgor ser atravesados por enredaderas blancas que nacían y morían en un instante para solo dejar flamas atrás. Cada paso que daba ver a las plantas retorcerse y marchitarse, deseaba consolarlas, pero incluso acercarme les dolía, deseaba alejarme, pero solo sería llevar aquella aura de desolación a otros.

Me senté alrededor de la tierra muerta con miedo de hacer cualquier movimiento, el agua me golpeaba con violencia y la piel me dolía del frio. Sin moverme por un tiempo una explosión de luz seguido de un tronco en llamas caía próximo a mí y observe las llamas consumir la madera como si esperara un mensaje que sabía que no existía. Algo se aproximaba, no sabía que era y no me creía lista, pero al mismo tiempo estaba tan cansada que no me importaba, seguiría lo que el destino deparara para mí y en cuanto apareciera trataría de actuar en consecuencia o solo dejarme llevar como lo había hecho hasta ahora. Aquello estaba más cercas y podía sentirlo, un leve presentimiento de peligro que luchaba por ser escuchado y me decía que aun había cosas que ver, encontrar algo que me diera sentido. Un aliento cálido se sintió sobre mis hombros y me prepare a observar...

Sentí un movimiento brusco y me encontré con Magnus agitándome para despertarme. Estaba algo atontada, pero con un toque al domo creo una salida para luego cargarme entre sus brazos y llevarme, el agua helada golpeo mi rostro mientras intentaba comprender lo que sucedía, escuchaba algo raro, no terminaba de entender ¿Estábamos en peligro? -¿Magnus?- Debía de serlo si me estaban cargando y trataba de correr conmigo a cuestas, después de lo lento que habíamos caminado el resto del día me sorprendía lo rápido que podía moverse. Era o llevarme o abandonarme, me preguntaba cuál sería mejor, tal vez realmente se preocupaba por mi o simplemente trataba de usarme como repelente, cualquiera de las dos respuestas me convencía.

Habilidades relevantes:
- Nombre de la habilidad: Esencia viciada
- Nivel: 1
- Puntos de evolución invertidos: 0
- Derivada de: Quintaesencia corrosiva
- Clasificación de habilidad: Pasiva
- Efecto: Instintivamente los otros seres cercanos saben que hay algo malo de lo que deben alejarse, lo que le protege de un buen numero de peligros que otras personas enfrentan al moverse en el mundo. Los depredadores le ignoran, los animales domésticos se portan nerviosos o asustados, la gente le ve con lastima o incomodidad,  zancudos y sanguijuelas prefieren alejarse a beber su sangre e incluso espectros o demonios podrían tener un horrible presentimiento de que algo podría salir terriblemente mal si trataran de poseerle. No afecta a seres moribundos.


Última edición por Lamb el Miér Feb 06, 2019 7:46 am, editado 1 vez
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Mensaje por Eudes el Sáb Ene 26, 2019 10:01 pm

El caballero tortuga estaba acostumbrado a que le lanzaran cosas...De hecho, podía afirmar con orgullo que se había vuelto experto en tales materias.

Una vez, cuando limpiaba un pueblo de las viles ratas que contaminaban las calles con su insana y peluda corrupción fue grandemente honrado con tomates y demáses alimentos lanzados a él por las piadosas personas del lugar, sin duda agradecidas por su labor como fiel defensor de los justos. Las ratas en cuestión (y que ratas más grandes) no dejaban de hablar sobre que si un festival, o un flautista mágico que les había pagado, pero el caballero conocía por experiencia y virtud la realidad tras mentiras tales: Pura cobardía. No tardó en expulsarles del sitio y honrado se llevó consigo todos los regalos que le dieron.

Poco después sería en una ciudad cuyo nombre no recordaba en un continente del que no le daba la gana aprenderse el nombre...O recordarlo...O aprenderlo....A veces la diferencia era difícil. El punto es que ahí niños le habían lanzado cuchillos y piedras, sin duda esperando que el honrado hombre las bendijera con su virtud, además de lanzar palabras agitadas en una lengua que no conocía, pero dudaba Eudes fuesen maldiciones; bueno fue darse cuenta lo interesada que seguía la juventud en aquellos que luchaban por el bien. De ahí se llevó también regalos, aunque no hubo virtud pues no tuvo opción: Muchos se habían quedado clavados en su propia armadura.

Fuera como fuera, lo sorprendente aquella noche de bellas lunas y viento helado, fue que no le habían lanzado algo, si no alguien, y demás está aclarar su sorpresa cuando se topó con la aturdida elfa a sus anchas espaldas, al parecer aturdida por el golpe con sus benditos aceros.

-¡Hola, y bienaventurada sea!- Saludó, alzando una mano- ¿Que la trae por aquí, señorita del bosque? ¿Asuntos de importancia?
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Mensaje por Azura el Mar Ene 29, 2019 11:29 pm

La pregunta para todos aquellos que pasaban la noche en el bosque, desde los aguerridos aventureros a las simples ardillas era la misma. “¿Venia esa cosa a por mí?” Para los aventureros, la respuesta era no. No exactamente. Pero desde luego venia HACIA ellos, por lo que sin duda correr era una buena opción. En el caso de la elfa, la criatura parecía descargar su furia y frustración mientras se dirigía hacia ella, pero no directamente, sino en una especie de diagonal. Podría haberse apretujado y esperado que esa cosa no la viera, oliera o escuchara, pero las posibilidades de que no hiciera ninguna de esas tres cosas eran bajas. Así que sabiamente decidió correr para alejarse del peligro. ¿Hacia qué dirección? Era difícil de saber en medio de una tormenta, pero su destino se cruzó con el de un caballero de brillante armadura, aunque solo fuera por la lluvia que caía.

Y aunque el caballero no parecía haberse dado cuenta del peligro que corrían las criaturas del bosque, ellos incluidos, seguro que la elfa se preocuparía en informarle, puesto que había seguridad en los números. Sin ella, el pobre caballero no tendría ni idea de que pasaba, puesto que por encima del sonido de los truenos y la lluvia chapoteando, no se oía nada. Nada de la furia desmedida y destructiva de antes, lo que o bien era muy bueno, o algo muy malo, puesto que indicaba que la bestia se había calmado y ahora acechaba. El caballero tendría que escoger entre perseguir a una dudosa bestia de aun más dudosa localización o proteger a la dulce doncella elfica del peligro.

Pero la pregunta era… si ya no estaba armando alboroto, desfogándose por fallar en su caza y ser malherido contra alguien al que definitivamente no quería enfrentarse… ¿Qué estaba haciendo?

Por suerte para el espadachín zhalmiano, no lo estaba cazando a él, aunque tendría serios problemas para cazar algo si no lo había hecho ya, con los animales refugiados en sus madrigueras. O puede que la elfa y el caballero, a unos pocos minutos de su posición, estuvieran más dispuestos a ofrecerle una mano en su pequeño problema sanguíneo.

Para la desgracia de la pequeña niña maldita, la criatura si parecía estar cazándolos a ellos. Magnus corría como podía con la chica a cuestas, pero a pesar de que la criatura ya no tumbaba arboles a diestro y siniestro, aun podía notar su presencia en el susurro de las hojas a medida que algo grande se posaba en ellas, en los chapoteos de pisadas que desde luego no eran las suyas, en el leve viento que parecía burlarse de el con una casi imperceptible risa, lo que mostraba una siniestra y cruel inteligencia. Estaba jugando con él, lo que planteaba una duda. Podía correr más rápido, si aligeraba la carga, seguramente se entretendría con ella, lo que le daría unos minutos para escapar. Claramente no servía para alejarlo, así que lo único que impedía dejarla allí mismo era su propio sentido de la moral.

Para su desgracia, soltar a la chica no serviría. Puede que si se hubiera tratado de un carroñero, hubiera priorizado la presa que consideraba enferma, sin importarle demasiado su condición, pero la criatura claramente cazaba activamente, y aunque capaz de comérsela, simplemente prefería algo más sabroso e ignoraría la niña a favor del mago, puesto que para él, la mujer estaba suficientemente enferma como para no sobrevivir a la noche.

Y ese fallo en la correcta percepción de su condición seguramente le salvaría la vida y le daría las horas necesarias para alejarse, puesto que era la más distante del resto de aventureros y la más cercana al peligro inmediato. Para cuando la bestia se diera cuenta de que no estaba muerta, si lo hacia siquiera, ya estaría muy lejos.

Con apenas una o dos horas para el alba y sin duda agotados por un día de viaje y una noche corta y accidentada, los aventureros tendrían que tomar una decisión. ¿Descansar durante una buena parte del día y arriesgarse a pasar otra noche en el bosque, con esa cosa? ¿O apretar el paso, agotados, y con suerte encontrar y acabar con el alquimista, posiblemente el responsable de lo que fuera que los persiguiera?
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Mensaje por Lamb el Mar Feb 05, 2019 8:05 am

Tarde un poco en asimilar lo que estaba pasando, pero al final todo era realmente sencillo, existía una especie de bestia o monstruo que estaba persiguiéndonos. No importaba las desviaciones que tomaba Magnus mientras me cargaba, aquello continuaba su trayecto mientras que el bosque temblaba y crujía detrás nuestro. Podía sentir mi corazón latiendo fuertemente, aunque mi rostro apenas mostraba una leve expresión de sorpresa mientras pensaba en lo que pudiera hacer para ayudar solo para darme cuenta de que era, literalmente, una carga y un lastre. Aquello me llenaba de frustración, no deseaba morir, pero odiaba mucho más la idea de que por mi culpa una vida más útil y provechosa que la mía desapareciera por mi causa.

Lance una mirada en Magnus que se veía nervioso, pero relativamente tranquilo, estaba a punto de proponerle que me dejara, pero antes de poder pronunciar palabra me miro con aquel rostro tan serio que le caracterizaba. -Creo que hay que separarnos, si seguimos así ambos moriremos, así al menos uno tendrá oportunidad.- Apenas afirme con la cabeza y ya me había dejado en el suelo seguido del continuar su carrera, aprovechando sus ahora libres manos para empezar a hacer obstáculos de hielo a su paso hasta desaparecer de mi vista. Supongo que aquello era lo mejor, no le había salvado la vida para que la perdiera por mi causa, había logrado salir del pantano, ver un poco más del mundo y poder pisar con mis propios pies nieve.

No creía que pudiera correr en mi estado actual por lo que simplemente me quede quieta esperando que lo que tuviera que suceder pasara. Los sonidos continuaron acercándose hasta estar casi sobre mí y por un momento me pareció ver algo oculto en la obscuridad observándome. Un instante después aquellos sonidos se alejaban de mí y no pude hacer otra cosa más halla de mirar en aquella dirección mientras trataba de asimilar lo que acababa de suceder. Donde había miedo y sorpresa se convirtió en una sensación de culpa por no haber podido ayudar de ninguna forma a Magnus, tal vez si aquella criatura se hubiera distraído al menos un momento conmigo hubiera ayudado a que escapara. Como las criaturas del pantano, ni si quiera tenía valor como carnaza.

Me quede sentada en el suelo por un largo tiempo, como si esperara que Magnus o incluso la bestia terminaran por volver. No tenía idea de que hacer, pero al final me levante ya que a este paso terminaría congelada y al menos debía intentar encontrar un refugio o incluso una salida de este lugar, pero sin idea de donde me encontraba o que dirección tomar, cualquier dirección era igual de valida. Tome mi bastón y con lentos pasos empecé mi camino hacia la nada, no esperaba salir del bosque que desconocía, no esperaba encontrar alimento, con suerte de refugio encontraría un árbol alto o un agujero en el suelo y sin duda no deseaba dormir en este momento ya que lo que menos necesitaba en este momento era agregar un tormento a mi calvario.
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Mensaje por Egil el Lun Feb 11, 2019 11:46 pm

Con la maldita arma - o arma maldita - en calma, solo ahora el hombre se tomó el tiempo de respirar y recordar lo que había sucedido además de adentrarse en el bosque como un demente cortando ramas. El relámpago. El relámpago sería un mal augurio, acompañado por la intensa lluvia.

Esto le trajo memorias desagradables de vuelta. Fue una noche en un bosque igual a la que vivía en estos momentos, con lluvia y truenos a la distancia; aquella vez le tocó enfrentar a... un mago, o tal vez una maga; no sabía qué era en realidad, más bien una figura encapuchada que un elevado poder en Electromancia. De hecho no podía llamarle a aquello enfrentamiento, todo lo que hizo durante la "pelea" fue esquivar y huir, intentando no ser freído por un rayo.

Tal vez fue por el paralelismo entre aquella noche y está que se dibujo en su mente, o el puro sentido común, pero el espadachín notó rápidamente que estar parado en medio de un bosque oscuro con un monstruo - que no había permitido a casi nadie volver - suelto, era una idea cuanto menos pésima. Y los animales pensarían lo mismo, su instinto les diría que simplemente era una mala idea salir y no lo harían.

No iba a poder cazar nada. Ante esa realización solo negó con la cabeza y se vio obligado a hacer a lo que solía recurrir cuando algo así pasaba: comprarse un poco de tiempo. Se agacho unos instantes para poder removerse el guardabrazos izquierdo y desenvaino otra vez, clavándose la punta de la espada con suavidad en el hombro; la sangre, aunque poca, corrió por su hoja casi por arte de magia, y posiblemente lo era a cierto punto, el acero vil siempre añoraba un poco más de eso. Egil dejo pasar unos instantes así no apuñalando demasiado profundo para no quedarse sin su brazo por la situación en la que estaba y la volvió a guardar. Con suerte eso le daría para un día más. O unas horas...

Dejo caer su espada y repitió el mismo proceso de antes, cerrando la herida coagulando su sangre. Tomó la espada de mala gana y se puso de pie, agitándola a un lado, porque al movimiento que hizo no se le podría haber llamado "blandirla".

Ya estaba en el puto bosque, y sin nada simple que cazar tendría que ir por la presa grande, aquella cosa, fuese lo que fuese. Tan solo esperando que las cosas no fuesen a salir como con aquel electromante, guardo su arma y empezó a caminar de mal humor por el lugar, incapaz e indispuesto a tratar de identificar señas para rastrear a cualquier animal. No lo haría en esta puta lluvia.

Sin caminar pero sin correr, Egil avanzó por el bosque como pudo, casi ni podía ver entre tanta oscuridad, a veces se preguntaba incluso si de hecho estaba avanzando, pero nunca faltaba un árbol con el que casi chocaba o una rama que casi le hacía tropezar para afirmarle que si lo estaba haciendo. Su estómago rugió un poco, ni siquiera recordaba si tenía comida o no encima, lo que le faltaba.

Cuando ya estaba harto de moverse y sentirse tan pesado por la lluvia, el hambre y en parte la ansiedad de no encontrar algún animal que matar y comerse, encontró luz. Luz en la forma de un golpe seco, algo que destacaba entre el sonido de la lluvia. No sabía que era, pero quiso apostar a que se trataba de aquella bestia devorando a alguien y que para cuando llegara encontraría al monstruo limpiándose los dientes con una espada como palillo. Corrió en aquella dirección.

Claro, al salir de un arbusto casi cayendo en su carrera, solo pudo ver al frente a un caballero muy acorazado y a una elfa tirada al suelo. ¿Había sido un combate? lo parecía, y si lo era, iban a asesinar a aquella muver en un siguiente mov... bueno, no, el caballero no tenía un arma en su mano alzada, más bien parecía un... saludo. ¿La golpeó con la mano?
Confuso a lo que tenía en frente, solo se quedo allí callado observándolos y esperando por algo más que transcurriese entre esos dos para poder decidir que iba a hacer.
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