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Mensaje por Strindgaard el Dom Feb 25, 2018 7:55 pm



¿Cómo termina un demonio atrapado en el acero vil?
Por la ventana entraba la débil luz de las farolas. En el interior de la habitación, varias velas en las esquinas hacían el trabajo de espantar la oscuridad, pero la luz más brillante provenía del techo. En el centro del candelabro gris que colgaba a metros del suelo, una piedra lisa del tamaño de un huevo proyectaba una luz tan natural como la del sol.
No creo que funcione de esa manera.
Perpendicular al candelabro, una mesa redonda de madera negra era parte del magro mobiliario de la habitación consistente en un escritorio, un estante lleno de libros, un sofá de cuero algo desgastado y una mesilla a su costado.
Sobre la mesa, la luz atravesaba la figura de la gata fantasma, de color aceituno, haciendo que adquiriera tonos musgo y esmeralda.
¿A qué te refieres?
Sobre la mesa, varios frascos y un libro abierto lleno de notas hechas con carboncillo hacían compañía a una botella de vino.
No lo sé. Supongo que el acero nace con voluntad y todo eso.
¿Desde la veta? En tal caso, toda la veta sería una misma entidad, y cada arma y armadura que se forjara sería un vástago con personalidad idéntica a su hermano.
Había dos puertas, una a medio abrir, que daba a las escaleras y al primer piso, y la otra cerrada, que daba a la pieza donde un frío camastro llevaba tiempo sin usarse.
Eso explicaría por qué todas las cosas hechas de acero vil añoran lo mismo: sangre y sacrificios.
Las lunas iluminaban tenuemente las calles vacías de Ciudad Esmeralda. En la oscuridad una figura de capa blanca avanzaba a paso seguro por la avenida.
Pero yo conocí una vez a una muchacha con una daga, y la personalidad de ésta era muy diferente a la mía.
Diferentes vetas.
El demonio cruzó los dedos sobre la mesa y caviló las palabras de la hantaoma por varios minutos. Con gesto serio llevo la mano al vaso y bebió un largo sorbo.

Creo que tendré que preguntar.
Estás loco —le espetó la gata—. Sabes el precio.
El demonio quitó la funda de su cinturón y dejó la larga daga sobre la mesa.
Ciertamente estoy un poco loco. No hace falta mencionarlo.
Moviendo el vaso a un costado de la mesa para hacer espacio, desenfundó la daga curva, haciendo que el acero vil se bebiera el brillo de las velas.
Tiempo sin verte, portador. —Susurró la daga con un deje de nostalgia en su voz.
Debo hacerte una pregunta. —Dijo el demonio.





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Re: En mal momento.

Mensaje por Strindgaard el Dom Feb 25, 2018 7:57 pm

Un hombre, de unos cuarenta años, de cabello del color de la tierra húmeda, barba bien recortada y salpicada de canas, ojos azules como topacio pulido y manos manchadas de tinta, cruzó con paso desvaído una pequeña arboleda en la aparente completa oscuridad que ofrecían las copas de los árboles. Con el corazón desbocado, pensando que sería su último viaje, salió a la fresca brisa de la calle, y observó en la distancia lo que parecía ser un milagro.
Cruzó la calle dando pasos cortos, y se aferró a la verja cerrada como si fuera una tabla en un naufragio. La verja, algo herrumbrada en su base, se alzaba entre él y la fachada de una casa escondida hasta el final de la calle frente al parque. El frío viento proveniente del oeste pasaba sus dedos por los fresnos al otro lado de la casa y producía un sonido parecido al de una bandada de pájaros al emprender el vuelo.
Aferrado con desespero, el hombre se humedeció los labios y ahogó un quejido mientras llevaba una mano a su pecho.
¡Por los Dioses!... El dolor… —Empuñó su mano alrededor de la verja y tiró de ella—. ¡No lo podré soportar mucho más!
Casi sin fuerzas, abrió el cerrojo que por suerte se encontraba sin seguro, y abrió la verja. Con esperanzas renovadas, dio trémulos pasos hasta la puerta del edificio, como un animal malherido.
¡Ayuda! ¡Aaah! —Golpeó la puerta dando puñetazos contra la madera de roble chapada con detalles de cerezo.
En el silencio nocturno volvió a golpear la puerta con más fuerzas pensando de pronto que todo su esfuerzo hubiera sido en balde y que al otro lado de la puerta no había nadie.
Al costado de la puerta un cartel hecho de cedro negro enmarcado en hierro rezaba con letras talladas en la madera «Doctor» con letra pulcra y grande. El nombre del especialista, escrito justo debajo, le resultaba desconocido, pero era un milagro haber hallado a uno en su camino.
Más allá, la ventana con su cortinaje corrido, dejaba pasar una tenue luz. El hombre estaba completamente seguro de haber visto también luz por el ventanal a medio abrir del balcón sobre su cabeza. Miró hacia arriba un instante, temeroso de que todo estuviese apagado.
Oh, por favor Tiene que haber alguien —se dijo el hombre de ojos topacio—. Salga pronto doctorNo podré aguantar.
Se deslizó apoyándose en la puerta hasta quedar sentado en el portal.
No puedo
Se llevó la mano al pecho y se apretó con fuerza el abrigo mientras miraba la borrosa luz de las lunas brillando sobre su cabeza.
Nopuedo
Cerró los ojos.





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Re: En mal momento.

Mensaje por Strindgaard el Dom Feb 25, 2018 10:11 pm

Al despertar se halló frente a frente con un rostro joven, imberbe, de un muchacho de unos veintitantos años, cabello negro como terciopelo y ojos de ónice apagados y desapasionados. El rostro le sonrió al notar que había despertado, formando unas tenues arrugas alrededor de los ojos y en la frente.
Ha tenido suerte de haber sobrevivido a ese ataque, ¿Señor…?

El hombre de ojos de topacio recordó los últimos segundos antes de desfallecer, miró a su alrededor y se halló en una habitación que a todas luces parecía ser la del doctor, o al menos la de alguien docto. Tras el rostro del muchacho, un cuadro pintado con tonos submarinos de un hombre con bata y porte de eminencia reposaba a la izquierda de dos cuadros más pequeños que representaban la fisionomía de un brazo, ante brazo y mano, abiertos y seccionados con los músculos y tendones bien demarcados. A su izquierda la puerta a medio abrir que daba a las escaleras se encontraba justo al lado de un estante con libros en los que se podía rezar en sus lomos diversos títulos sobre fauna y flora de diversos lugares de Noreth, al igual que un puñado sobre medicina, alquimia, historia, astronomía y hasta filosofía. Sobre todo ello, un animal disecado, de pelaje ébano, cara chata y largos brazos coronaba el estante. «Folívoro», rezaba el pequeño cartel en la base del pedestal que lo sostenía.

Dweller. Oscar Dweller. Te… ¿Tú has sido? —El hombre trató de enderezarse del mullido sofá de cuero desgastado en el que se encontraba pero la habitación comenzó a dar vueltas en su cabeza.
Tranquilo, no se mueva —Le atajó el muchacho. Le puso una mano en el hombro con suavidad y le devolvió a su posición inicial.
¿Tú eres el doctor…? —El hombre trató de recordar el nombre que rezaba el cartel pero la nebulosa en su cabeza se lo impedía.
D. Nirts. —Acotó el muchacho, con una sonrisa. Le tendió un vaso—. Tenga, beba esto, es una infusión medicinal para el corazón. Ha sufrido algo que coloquialmente se llama: ataque al corazón. Deberá descansar Señor Dweller.
Me impresiona —dijo el hombre, aceptó el vaso y bebió—. Es usted muy joven para ser doctor.
Siempre me lo dicen —el muchacho volvió a sonreír—. Mi padre me enseñó desde pequeño —Apuntó el cuadro que se encontraba a su espalda, el hombre de bata parecía observarlo acusador.
Doctor D. Nirts. —Dijo para sí el hombre, terminó de beber y le devolvió el vaso—. ¿De qué es la «D»? —Preguntó.
El muchacho se encogió de hombros.
De Demonio.





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Re: En mal momento.

Mensaje por Strindgaard el Dom Feb 25, 2018 10:15 pm

El muchacho rio de su broma mientras el hombre sonreía nervioso.
Es por Dandiel. Daniel Nirts es mi nombre completo.
El hombre asintió. Dio un suspiro y sonrió al notar que se encontraba a salvo. La habitación era bastante acogedora, y la luz que reverberaba desde el candelabro hacía que parecía pleno día, haciéndose preguntar el porqué de las velas en las esquinas. A su derecha notó la luz de las farolas y la oscuridad más allá del parque. Se fijó de un cuadro en el cual había un escarabajo de color purpureo disecado con las alas abiertas, todo lleno de alfileres y un amplio cuadro del mapa del gran continente, con varias islas más de las que él recordaba en sus clases de geografía marcadas con notas de algún cuadernillo pendiendo de ellas. Al lado del sillón había una mesilla con un pequeño barco tallado en una piedra verde que parecía ser jade, y un grueso libro con una tapa de cuero reseco por el tiempo. Leyó el lomo, pero era una letra parecida a runas o escritura élfica. Cerró los ojos, tratando de pensar en dónde había visto tal tipo de escritura. Entonces, el regusto amargo de la medicina le trajo un recuerdo fugaz de lo que le había sucedido antes de llegar al edificio. De pronto abrió los ojos, desmesurado.
El muchacho borró su sonrisa y dejó el vaso sobre la mesilla.
¿Qué le sucede? ¿Es de nuevo…? —Le apuntó la mano al pecho.
¡Oh, ya lo recuerdo doctor! ¡No puedo descansar! —Se trató de levantar nuevamente, ahora con más decisión— D-Doctor, debe ayudarme¡He presenciado un asesinato!
El muchacho se preocupó, el hombre, ya de pie, dio un traspié y se aferró en el muchacho y en la mesa para no caer.
Se encuentra muy débil señor Dweller. Debe calmarse. —Le dijo con voz resuelta al hombre, la misma voz que utiliza cualquier doctor con un enfermo demasiado terco.
Oh, Señor Nirts, debe llamar a la guardia. ¡No hay tiempo que perder!
El muchacho corrió una silla pegada a la mesa y le ofreció asiento al hombre.
Vamos, vamos. Cálmese Señor Dweller.
Pero… —El hombre trató de alzarse.
El muchacho lo frenó con una mano en alto.
Cálmese.
La brisa fría proveniente de fuera refrescó el rostro acalorado del hombre. Éste miró al doctor, debatiendose.
Antes de nada, deje actuar la medicina que le di. —El muchacho acercó una silla y se sentó junto al hombre—. Cuénteme lo que ha visto, pero procure no agitarse mucho. Hágalo con calma Señor Dweller.





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Re: En mal momento.

Mensaje por Strindgaard el Dom Feb 25, 2018 10:17 pm

Lo intentaré. —El hombre apoyó los codos sobre la mesa y se cubrió la cara con las manos manchadas de tinta. Los recuerdos de la noche le parecían dispersos y poco claros, pasaron algunos segundos en silencio, el hombre trató de recordar—. Mis recuerdos más próximos parecieran estar tras un velo. No logro… Debe ser por el desmayo.
El muchacho atrajo la botella de vino hacia sí y se sirvió un poco en su vaso. Luego lo pensó un momento y le sirvió también al hombre.
¿Está usted seguro de que podré beber en mi condición?
¿Recuerda usted que está hablando con un médico, Señor Dweller? —Respondió el muchacho con una sonrisa—. ¿Qué le parece si me cuenta algo más lejano? ¿Es usted de Ciudad Esmeralda? —Apuntó con el vaso—. Sus manos, ¿por qué están manchadas de tinta?
El hombre se miró las manos y alternando la palma y el dorso.
Pues, respondiendo a su primera pregunta. Soy de Auberdine. Hijo de comerciantes, no me incomoda decirlo en una ciudad como esta. Soy escritor de profesión. He escrito algunas novelas, pero no han tenido mucha suerte. Eso responde a su segunda pregunta. Me he manchado escribiendo, o tratando de hacerlo, mejor dicho.
El muchacho le dio un sorbo al vino, el hombre lo imitó. Tenía un buen sabor, sin duda una buena cepa.
¿Recuerda qué razón le habrá traído de Auberdine hasta aquí?
El hombre asintió lentamente. El vino bajó con dedos calientes por su cuello, relajándolo.
Claro, lo recuerdo. He venido, hace algunas semanas, hasta la ciudad para poder vender mis obras.
Ya veo. —Dijo alegre el muchacho—. Interesante profesión. Imagino que en su familia no habrán estado muy de acuerdo.
Sólo tengo a mi padre, nunca me casé. En su vejez tomé el negocio, pero lo descuidé mucho por volcarme a la escritura. Por algunos malos negocios quebramos luego de un año y medio. Mi padre nunca se repuso. Su único hijo desechando su legado, y todo lo que construyó. —El hombre rio amargamente—. Ya sin el peso de la empresa de mi padre me pude dedicar de lleno a escribir. Pero en Auberdine nadie respaldó mi trabajo, imagino que gracias a la poca influencia que le restaba a mi padre. Yo sólo quería hacerme un nombre como escritor. Pero ninguna editorial quería mi trabajo.
Ya veo. Y ha venido aquí, lejos de la influencia de su padre.
Sí. Debo decir que Esmeralda tiene fama de ser un sitio propicio para poetas, músicos y escritores. Llegué con mucha esperanza. Les presenté mi trabajo, en todas las editoriales respetables
Hubo un silencio prolongado, el muchacho carraspeó.
¿Y? ¿Cómo le fue?
El hombre bebió un largo trago y dejó el vaso vacío sobre la mesa.
Tenía tantos sueños de triunfarMi obra era buena, sólida, fresca, original. —La voz del hombre estaba cargada de sentimientos, y en sus ojos había un brillo animal—. Aquí nadie conocía a mi padre. Era sólo yo y mi obra. Estuve tan ciego





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Re: En mal momento.

Mensaje por Strindgaard el Dom Feb 25, 2018 10:19 pm

El muchacho se mojó los labios con el vino, bajó el vaso y observó aquellos ojos topacio.
¿A qué se refiere? —Quiso saber.
El hombre respiró entre dientes. Tamborileó con los dedos sobre la mesa y finalmente suspiró con resignación.
Aquí también fui un fracaso rotundo. —Dijo solemne—. Llegué a pensar que mi padre también podría tener algo que ver con eso, pero era una locura. Una idiotez. Leí y releí mi trabajo, y ya sin la imagen de mi padre embadurnando todo, logré comprender que la culpa era mía, que yo era el fracasado.
El silencio se extendió por largos segundos. El muchacho rellenó los vasos.
Lamento oír eso. Aunque es admirable que usted haga una autocrítica. No son pocos los que se ciegan ante su trabajo y su ego. Sobre todo en esta ciudad. Y si me deja mencionarlo, también a su edad es raro que la gente logre hacer un mea culpa.
El hombre rio sin pasión.
De bien poco me ha servido la autocrítica a esta altura. Ya era muy tarde. El poco dinero que traje a la ciudad me lo gasté en bebidas y mujeres. Beber para ahogar la pena y la frustración. —El hombre cogió el vaso y bebió agazapado por el sabor y la calidad del vino—. Traté de editar mi trabajo, por su puesto, pero no había mucho que hacer. Traté incluso de volver a escribirlo, tomar los mejores capítulos y rehacer mi mejor libro. Pero todo fue en vano. Ya no tenía el toque. —El hombre resopló—. Qué va. Creo que nunca lo tuve.

El muchacho observó al hombre con palpable desconsuelo, parecía desecho sobre la silla, con todo el peso de la edad sobre él.
Mi padre me ha enviado algunas cartas, algunas con dinero. Me pide que regrese. Que regrese a pesar de todo, a pesar de haber quebrado su empresa. Me dijo que no me guarda rencores, que me ama.
¿Y por qué no ha regresado? —preguntó con calma el muchacho.
Es sencillo. La vergüenza me lo impide. Creo que nunca podré volver a la cara a mi padre. Cree que algún día volveré. Pero no volveré. Destruí todo lo que él construyó a cambio de vivir mi propio sueño. Fui un egoísta, él no se merece un hijo así.
El muchacho trató de aminar al hombre, pero no sabía qué decir.
Ciudad Esmeralda es un sitio lleno de magia, Señor Dweller, la poesía está en cada esquina, y la creatividad rebosa en todas las manzanas ¿Por qué no intenta escribir de nuevo? Quizá usted no posea en este momento el toque, pero ¿quién dice que no podrá llegar a tenerlo ahora, o mañana? Haga de este sitio su musa, no hallará mejor lugar.
El hombre rio con amargura.





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Re: En mal momento.

Mensaje por Strindgaard el Dom Feb 25, 2018 10:21 pm

Ya no puedo volver a escribir, joven doctor. —El muchacho vio como toda la edad del hombre caía sobre sus hombros, como el viento proveniente de los fresnos pasaba sus dedos por las cortinas entreabiertas y acariciara su cabello—. Hay dentro de mí una certeza, de que el futuro no existe, que de ahora en adelante no habrá más que un poco más de lo mismo. Antes vivía con la sensación de que el mundo era amplio e inimaginable, que no existían límites, y que constantemente viviría impresionado por lo nuevo y lo increíble. Pero mire ahora usted, doctor. Cuando uno vive un revés de la vida tan grande como el que sufrí yo, uno se da cuenta, como si despertara de un sueño, de que el mundo es pequeño, que ya está todo conocido, catalogado y definido. —El hombre apuntó hacia el mapa de Noreth que cubría parte de la pared—. Enmarcado, densamente encerrado en sí mismo.
El muchacho asintió, miró también el mapa y observó detenidamente las islas.
Cuando comencé a escribir tenía este anhelo —continuó el hombre. Acunó las manos, como si tuviera algo entre ellas—, era un anhelo tan intenso que apenas podía apaciguar escribiendo. Lo que trataba de hacer escribiendo era abrir el mundo para mí mismo, trataba de combatir la realidad con la ficción. Con lo mágico, lo irreal. Ahora no lo conseguiré aunque quisiera, porque ese anhelo se ha secado y endurecido, y si alguna reminiscencia queda, ya no la logro hallar.

El muchacho se quedó sin palabras. Miró el vaso, casi vacío. El hombre ya había vaciado el suyo. Los rellenó, solo para no quedarse quieto.
Señor Dweller, créame que lo entiendo.
El hombre miró escéptico, sonrió, y luego rio con ligera calma.
Señor Nirts, con todo respeto. Usted es apenas un niño. ¿Qué sabe usted de pérdidas, o de sueños rotos? A su edad, ¿cuántos años tiene? Ya es un médico. Tiene profesión y hogar, quizá ambos heredados de su padre. Pero aun así, son suyos. —El hombre miró el retrato en la pared, el hombre de bata blanca y barba bien recortada parecía más adulto que él—. Yoquizá he hablado muy pronto. —Dijo al caer en cuenta que posiblemente el muchacho obtuviera todo aquello por parte de su padre—. Usted, Señor Nirts. Algo me dice que ya no tiene a su padre.
Dio un sorbo de su vaso y volvió a mirar el cuadro.
¿Es así, o me equivoco?





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Re: En mal momento.

Mensaje por Strindgaard el Dom Feb 25, 2018 10:22 pm

No se equivoca. Mi padre murió no hace mucho, y fue sin duda un golpe difícil para mí.
Lo lamento oír, Señor Nirts. —El hombre pensó en su propio padre—. Quizá sea frío decir esto. ¿Pero cómo lo ha tomado usted siendo doctor? —Preguntó el hombre—. Algo de ayuda debió haberle brindado el hecho de que la muerte sea algo cercano en su profesión. —El hombre bebió un sorbo de vino y caviló en voz alta—. No lo sé la verdad. Olvido que usted es joven. Sólo asumo que posiblemente usted haya estado en mejor posición para recibir la muerte de un ser tan cercano teniendo en cuenta que en su profesión la muerte es algo tan cotidiano como la salida del sol.
El muchacho sopesó las palabras y resopló.
Tiene usted algo de razón, sin duda en mi profesión la muerte es algo cercano. La muerte, a decir verdad, siempre me ha parecido un hecho ambiguo y extraño. Por un lado está en todas partes, todos los días muere gente en todos lados. He visto morir barones, marineros, ancianos y niños, la muerte es tremenda e inagotable. Omnipresente. Pero lejana al mismo tiempo. He tocado un cuerpo muerto, y me he dado cuenta que es algo tan singular e irreal como un libro de fantasía.
El hombre dio un sorbo al vino y dijo.
Vaya, doctor, me tendrá que explicar eso.
Verá, Señor Dweller, cuando mi padre murió su nombre se desprendió de su cuerpo. Tenía los ojos y la boca cerrados, yacía con los brazos cruzados sobre piedra gris. Me estremecí al escrutar su rostro, el rostro que conocía ya no estaba ahí, sus facciones me parecieron irreales. La muerte le había quitado su nombre, y al hacerlo se había vuelto alguien desconocido. Yo estaba familiarizado con ese rostro, pero no con la expresión que había adquirido. En mi mente, el doctor comenzó a razonar, asumí que el tono amarillento de la piel, la pérdida de elasticidad y el rigor mortis, contribuyeron a que su rostro pareciera estar tallado en madera, lo cual impedía cualquier sentimiento de cercanía. Yo ya no estaba viendo a mi padre, sino a algo que se parecía a mi padre. Ser doctor, a decir verdad, me ayudó a comprender lo que sucedía con su cuerpo, me preparó en algo para eso. Pero hubo en mí una comprensión mayor, esa que me explicó que su nombre se había desprendido de él, que fue la que en verdad me ayudó a sobrellevarlo.
El hombre asintió levemente, una sonrisa tranquila cruzaba su boca.
Para ser doctor usted es bueno con las metáforas.
¿A qué se refiere, Señor Dweller?





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Re: En mal momento.

Mensaje por Strindgaard el Dom Feb 25, 2018 10:24 pm

Representar el alma de su padre con su nombre para explicar que un cuerpo ya sin alma es sólo algo terrenal, sin aspectos familiares, la pérdida de emoción ante algo que ya no posee nombre, o alma. Y tiene usted mucha razón. Me he dado cuenta que mientras una persona vive, su nombre hace referencia al cuerpo en el que se encuentra, pero cuando muere el cuerpo, el nombre se separa de él, quedándose con las personas vivas, pues con ese nombre siempre van a referirse a quién era él. Nunca a lo que es ahora, un cuerpo muerto que se encuentra bajo metros de tierra en algún lugar.
El muchacho sonrió.
Esa parte a la que usted se refiere es la que el doctor ve, la física, material, esa muerte que se esconde con un esmero tremendo que casi roza la obsesión. Y funciona, pues la gente como usted puede notar no observa la muerte como algo real. La exacerba y la exterioriza, le place verla en relatos e historias, la aplaude en libros y obras de teatro. Para todos nosotros, debo incluirme, la muerte, y el mundo entero ha transformado lo real en irreal, y lo irreal en real. Y la muerte, la muerte es lo último y lo más irreal. Por eso hay que ocultarla, porque está fuera del nombre y fuera de la vida. Pero no está fuera del mundo.

Hubo un largo silencio que se instaló entre las paredes de la habitación, enlenteciendo los movimientos de la noche. El muchacho sirvió lo que restaba del vino y ambos bebieron mientras las velas en las esquinas se crispaban por la brisa nocturna.
Usted me ha dado algo por lo que escribir, Señor Nirts. Además de salvar mi vida —se llevó la mano al pecho—. Yo —comenzó a decir y se quedó a medio camino, hecho un vistazo al cuadro a las espaldas del muchacho—. Pero creo que volveré a Auberdine, debo estar con mi padre. No me agrada la idea de que muera en soledad.
Me parece una buena decisión. —Comentó el muchacho—. Hay que aprovechar a los vivos antes de que llegue la muerte y se lleve su nombre.
El hombre terminó su vino y miró impresionado al doctor, como si hubieran descorrido de pronto una gruesa cortina.
Ahora lo recuerdo todo. Oh, por los dioses, espero que no sea tarde para buscar a los guardias. Recuerdo todo lo que ha sucedido. Yo estaba, estaba en una taberna, usted sabe, ahogando mis penas, el lugar siempre lo frecuento, se llama El Descanso, está en la Avenida Norte, a unas cuadras de las puertas.
Sí, la conozco, no está muy lejos de aquí.
Me encontraba bebiendo una jarra de cerveza, algo ebrio, si le soy honesto. Me encontraba mirando directo al fondo de la jarra cuando alcé la vista y la vi a ella. Era como una visión. Algoirreal.





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Re: En mal momento.

Mensaje por Strindgaard el Dom Feb 25, 2018 10:25 pm

Es la única forma en la que puedo describirla, doctor. Se acercó a la barra, habló un momento con el tabernero, barrió con la mirada las mesas y por un segundo nuestros ojos se encontraron. Eran de color ambarino, lo recuerdo pese a la tenue borrachera y la distancia. Sin decir nada más se fue a través de las puertas. Me puse de pie, doctor, como embrujado, me acerqué al tabernero, pues, algo dentro de mí me decía que debía volver a verla, quería saber cómo oía su voz, necesitaba volver a ver su caraEra como si su mera presencia encendiera ese anhelo reseco y desgastado en mi interior.

¿Señor, sabe quién era esa mujer? —Le pregunté al hombre tras la barra. El bigotudo me observó calculando mi borrachera, supongo, y me mintió.
No lo sé, Señor, nunca la había visto antes. —Me dijo.
Un hambre me consumía, creo que me exalté.
¿Sabe dónde se ha ido?
Sí, Señor, pero no puedo decírselo. No me gusta juzgar a la gente, pero le he visto muchas veces aquí, justamente como está ahora, medio borracho, ¿y cómo sé si no le enviaré a esa muchacha algún problema al mandarlo usted a ella?
El tabernero guardó silencio. Escruté su mirada y deduje que no le sonsacaría nada. Calculé la posibilidad de poder encontrarla por mi cuenta, en esta ciudad tan grande, en medio de la noche. Y el hambre pudo más, sabía, estaba seguro que ella era mi musa.

Salí de la taberna, y maldije a los dioses por no haberla seguido apenas hubo abandonado la taberna. Corrí, zigzagueante por las calles empedradas de Esmeralda, y realmente pensé que la había perdido para siempre. Pero en el silencio de la noche, pude oír los débiles ecos de unos tacones, era el sonido delicado de sus pasos. Me regresó el alma al cuerpo, corrí tras ella, aguzando el oído, vi su capa blanca luego de varias cuadras. La vi, su deambular hacia que su capa se moviera con vida propia. La seguí, debo admitir con vergüenza, pero ella me había hechizado.

Ella se movía rápido, la seguí por varias cuadras, hasta que al fin llegó a su destino. En su prisa dejó la puerta de la calle entreabierta… La seguí hasta el interior sin el menor miedo o falta de decoro, pues estaba hipnotizado por su belleza, doctor, dispuesto a arriesgar mi libertad con tal de volverla a ver.





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