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Sangre, Perfume y Sueños Alados [Priv. Celeste]

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Mensaje por Tanets Iskusstvo el Sáb Feb 09, 2019 2:49 pm

Hey, tranquila. Vamos. —Le dije con dulzura, sin apartar los ojos de los de ella. Con una sonrisa que de alguna manera hacía sentir que todo estaba bien.—  Me estabas contando de un refugio en Sílvide.

Me miró al rostro, su mirada estaba más tranquila y eso se sentía como si el mundo me estuviese sonriendo.

Sí… es verdad. —apoyó la cabeza en mi pecho, comencé a acariciar su cabello. En ese momento por fin respiré; la adrenalina y el miedo  de momentos atrás había comenzado a drenar— Me hice con una pequeña cabaña en el bosque de sílvide. Está pensada para dos personas, pero tres cabemos.

Me tomó un segundo. Arqueé la ceja.

¿Tres?

La escuché suspirar profundamente, no estaba seguro de querer oír lo siguiente.

S-sí... Tengo un hijo. Siento no habértelo dicho.

Un hijo. Me tomó desprevenido; abrí los ojos en sorpresa y alcé ambas cejas. Me lo pensé; ¿Realmente valía la pena? Suspiré profundo e iba a responder, pero una duda me saltó antes. Aclaré la garganta, sin estar seguro de qué decir ni cómo hablar.

—  ¿Lo has dejado.... Erh... Con su padre? — Sí, soy un divium, pero ni me crié en las nubes ni me emociona la idea de un triángulo amoroso. Nada más pensarlo se me hacía raro ¿Hasta dónde llegaría nuestra relación?

Tragó saliva y me miró como si algo le avergonzada. Como si hubiera algo que temer.

N-no... Nunca tuvimos una relación como tal. Tuvimos un encuentro, y de ahí me quedé embarazada... Y de vez en cuando nos viene a ver —Explicó. Asentí. Luego me acomodé para sentarme, y me quedé viéndola. Pensar el hecho hacía que dentro de mí naciera un sentimiento casi de ira. Estaba indignado.

—  ¿De vez en cuando? ¿Cómo es que un padre no se encarga de su hijo? —pregunté, dejando de lado el toque suave de mis palabras. Es que, ¿Cómo era posible?

Nos envía dinero y nos ayuda, pero no está todo el tiempo. —¡Dinero! ¡No hay dinero en el mundo que reemplace un padre! No pude ni siquiera mantenerle la vista, volteé a ver mi abanico, dejando salir la frustración en un bufido.

—  Merecen algo mejor. —La miré de vuelta, preocupado, dándome cuenta de otro pequeño detalle.—  ¿No es peligroso tu trabajo para él? ¿Dónde está ahora?

Suspiró, y tragó saliva, mirándome.

Algo... ¿Mejor? ¿Como... qué? Adrien ahora está con unos amigos... Son de confianza —sonrió

—  Algo mejor. —Afirmé con seriedad pesada en la voz.—  Un padre. Un hogar, una familia. —Familia. La palabra me dolía en el corazón. Ella lo había dicho antes, olvidábamos nuestros problemas. Pero la ausencia de mi todo era latente.—  ¿Adrien? ¿Así se llama? Adrien puede quedarse en casa cuando necesites.

Y... ¿qué hay de Lilith? —Le sonreí de vuelta

—  Lilith desaparecerá. Ella lo sabe. —su sonrisa desapareció. Sus ojos estaban húmedos.

Nunca he tenido más familia que Adrien... —Susurró. Asintió suavemente, suspirando y con las lágrimas empezando a aflorar en sus ojos y bajar por sus mejillas, y me abrazó con fuerza.— Gracias por todo, de verdad... Gracias, Tanets

Me arrimé para levantarme, con cuidado de no hacerla caer.

—  No me agradezcas aún. No hasta que nuestros traseros estén en silvide. —Me terminé de alzar y le ofrecí la mano. —  Intentemos ocultar esas alas.

Volteé a ver mi ala, que ahora que lo notaba, era sólo ligeramente más pequeña que las de ella, pero que era sin duda mucho más compacta.

—  No te pueden ver saliendo de aquí.

Vale... —Se levantó y sonrió y se secó los ojos y las mejillas.— No, no deberían verme. Pero hay que ir a buscar a Adrien... Debería hacerte un papel o algo para que sepan que no vas a secuestrarlo y te dejen llevártelo le sonrió y miró el ala de ella.

Después miró la estancia, y vació uno de los sacos que había allí, quitándole todo el polvo. Hizo un agujero en la parte de abajo, y dos en los lados, y luego se puso aquello, y con lo que le sobraba lo cortó y se cubrió el cabello.

Queda un poco raro, pero va bien para que no sepan que soy yo.

Ahogué una carcajada. Le hubiera dicho que podría coserle algo rápido, pero se veía tan tierna que no pude decir una palabra.

—  Pareces un saquito. —Por fortuna, ella también rió, aunque a sus anchas, y se encogió de hombros.

Sí, pero es lo que hay que hacer para escapar.

Hurgué en mi bolso, sacando una pluma como las de mi ala, un frasquito con tinta turquesa y... Y el diario, que era el único trozo de algo escribible que tenía a la mano. Intenté abrirlo con una mano y saltar hasta una página en blanco, pero no pude evitar que se vieran algunos dibujos.

—  ¿Adónde debo buscarlo? —Pregunté antes de ofrecerle los instrumentos a Celeste.

Nos reunimos en un pueblecillo cercano al Sílvide, lo distinguirás porque tiene una torre con una campana, es el único en un buen terreno. —Tomó la pluma, y me di cuenta que vio los dibujos. Recordar los días y sus páginas me dolía. Había garabatos de los rostros de las lunas, tal como siempre imaginé que serían, y varios dibujos de Tentrei. Algunos no eran más que  diseños de vestimentas, algunos me carcomían el alma.— Hala... ¿Son tuyos?

Asentí como no queriendo decir más.

Sí, son… eh... sí.

Ella se sentó en el suelo y escribió una nota con su caligrafía, que no era la más estilizada que había visto en mi vida, para que trajeran a Adrien cuando fuera a buscarlo

Sí... son increíbles. Adrien está cerca de la entrada norte de la ciudad. Entrando por esa puerta, segundo callejón a la izquierda, entra en la taberna del fondo de todo. No te equivoques, ¿eh?

Sonó una alarma en mi cabeza al escuchar que estaba en la ciudad. Apresuré a guardar todo, incluyendo la pluma aún cargada de tinta

—  Espera, ¿En la ciudad? Iré de inmediato. —Enfundé luego mis armas—  No conozco a tus amigos, pero sí conozco a los matones que te andaban buscando.

Está a salvo. Esa taberna es... un acceso secreto, no te puedo decir más. Pero te aseguro que ni en mil años lo encontrarían —me di cuenta de que tenía una mano en mi hombro sólo cuando la retiró— Nos encontramos en Sílvide, ¿vale? —susurró. Su tranquilidad me ponía los nervios de punta.

—  Vale. —Aceleré el paso para salir, pero me detuve en seco y me devolví para estamparle un beso en la mejilla.—  Vale. —volví a caminar a toda prisa, acomodándome el bolso en el camino.—  Cuídate. —Dije antes de desaparecer entre las paredes del panteón.

¡Cuídate! —Escuché mientras caminaba entre los pasillos.

No me permití perder un segundo. Cerca de la salida, con un silbido Suna había aparecido entre las calles con el carromato a cuestas. Me monté en él sin siquiera dejar que el reptil frenara, y le ordené que fuera tan rápido como pudiera. En cierto punto el carromato no cupo más entre las calles, así que me bajé y continué caminando, ahora armado con mi abanico grande entre las plumas de mi ala. Entré a la taberna sin más asunto que preguntar al tabernero, a quién ya antes habia visto, por el crío, casi reclamándolo como mío.

—  Estoy aquí por Adrien.

El tabernero salió de la cocina y miró a Tanets con el ceño fruncido y gesto desconfiado, como si no me conociera ya.

—  ¿Y por qué debería traértelo? Dame algo que muestre que te envía Celeste y mando buscarlo —Se cruzó de brazos

Bufé, más por la desconfianza que por la situación, y busqué en mi bolso el diario y planté la página con las palabras de Celeste frente al tabernero, casi orgulloso de que a ella se le hubiese ocurrido darme la nota.


—  Anda, no hay mejor niñero.

El hombre miró el papel, y asintió con la cabeza. Entonces abrió una portezuela al fondo del local.

—  ¡Traed al niño! —gritó por ahí. En pocos minutos, una horige con Adrien de la mano apareció, y el niño al percatarse de mí, se quedó mirándome.

—  ¿Quién eres?

Le sonreí al niño mientras guardaba el diario.

—  Soy Tanets. —Me agaché para estar a su altura.—  Tu mami me pidió que te llevase con ella. —Le ofrecí la mano, aún con una sonrisa.—  Vamos, te está esperando


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Mensaje por Celeste Shaw el Jue Mar 14, 2019 3:14 pm

Aún se sentía algo desorientada por el cambio tan repentino que había hecho Lilith, saliendo unos minutos, suficientes para intentar matarlo, y regresando tan de repente como había salido. Tanets le inspiraba confianza. Por eso había dejado que fuera él a buscar a Adrien, en lugar de insistir en ir personalmente aunque eso la expusiera a riesgos potenciales. Esperó un rato antes de salir de ese mausoleo, por el que se perdió, y justo cuando pisó el exterior echó a volar en dirección al Bosque de Sílvide. No tuvo problemas en llegar. En ese momento tenía hambre, así que fue a una posada que estaba en un pueblo pequeño y encantador, y después de eso se sentó en un banco de la plaza principal. Se quedó dormida en un banco, acurrucada, mientras anochecía y poco a poco el ambiente se enfriaba. Se preguntaba cómo se tomaría Adrien el hecho de que fuera Tanets, y no ella, quien lo recogiera de esa taberna. Esperaba que no se preocupara demasiado.

[***]

Adrien estaba con una hörige de la base, que era quien le enseñaba aeromancia. El niño estaba encantado, y además aprendía rápido. Sonreía y le mostraba sus avances a la mujer, que se mostraba alegre por ellos. En ese momento levantaba una silla sin demasiadas dificultades, con una corriente de aire por debajo de ésta, y la mantenía estable. Le había costado un buen tiempo hacer aquello, así que se sentía muy orgulloso de su logro. Rió y se lo mostró a la mujer, entusiasmado.

—Oh, ¡ya lo dominas bastante bien, Adrien! Creo que es hora de hacer algo un poco más difícil.

—¡Vale! ¿Qué es? —estaba impaciente por aprender. Cada vez le gustaba más la aeromancia, aunque al principio no la entendiera y no fuera capaz de hacer nada más que crear una pequeña corriente de aire.

—Mira, ahora que puedes levantar así la silla —lo hizo ella también—, es momento de empezar a moverla. Fíjate —cambiando la corriente de aire, que era algo fuerte, podía hacer que el objeto se desplazara por toda la habitación—. ¡Inténtalo!

Justo cuando iba a intentarlo, una chica joven con orejas de lince se asomó y llamó al niño, diciendo que iban a buscarlo. Éste dio un brinco y batió palmas, contento de que Celeste fuera a por él ya, así que subió enseguida a la taberna. Se sorprendió mucho al ver que no era ella quien estaba, sino otra persona, un Divium de cabello azul a quien no conocía. Supuso que iba de parte de su madre, pero aun así no pudo evitar extrañarse. Nunca había enviado a nadie a por él. ¿Le habría ocurrido algo? Esperaba que no. ¡Ojalá no le hubiera pasado nada!

—¿Quién eres? —le preguntó una vez reaccionó. Suponía que si él estaba allí era que Celeste se lo habría pedido, de modo que era alguien de confianza. Aun así no podía evitar pensar que le había ocurrido algo a su madre, ya que nunca iba nadie más que ella a buscarlo.

—Soy Tanets —él se agachó—. Tu mami me dijo que te llevase con ella. Vamos, te está esperando —Adrien le agarró la mano con una sonrisa en los labios y asintió con la cabeza. El nombre le resultaba familiar, sabía que lo había escuchado en alguna parte, pero no tenía claro dónde, hasta que cayó en ello algunos minutos más tarde.

—Oh, ¡oí que hablaban de ti! —exclamó entusiasmado por haber hecho aquella asociación—. Alguno de ellos estuvo en alguna actuación tuya. ¿Conoces a mamá? —le tomó la mano enseguida, con una sonrisa—. ¡Vale, vamos!

—Está en buenas manos —les dijo para tranquilizarlos.

Al ver la confianza que de pronto había tomado Adrien, y el guiño que les había dedicado, tanto la muchacha como el tabernero se sintieron aliviados. Les daba miedo que fuera alguien con malas intenciones, pero por lo que veían no era así, de modo que él volvió a sus quehaceres y ella, pasados unos minutos, entró por la portezuela del fondo del local. El niño parecía tener una curiosidad infinita por lo que pudiera contarle el hombre, que respondía a su pregunta en ese mismo momento.

—¿Sabes por qué conozco a tu mamá? —Empezó a caminar hacia la salida mientras hablaba—. ¡Me ha salvado la vida!

—Oh, ¿había tipos malos? —preguntó con los ojos muy abiertos.

—Oh, sí. Muy malos —respondió él, empleando una voz teatral que hizo que Adrien sonriera—. Y yo ni siquiera me había percatado de que estaban detrás de mí. ¡Y ella —se detuvo, ya que no sabía si Adrien estaba informado sobre la profesión de Celeste, o hasta qué punto lo estaba— los ahuyentó!

—¡Vaya! —batió palmas, riendo, entusiasmado por la actuación de su madre—. ¡Estuvo genial! —al rato se fijó en que Tanets sólo tenía un ala. Su gesto se puso serio enseguida, mientras miraba ese ala turquesa, y ladeó suavemente la cabeza—. ¿Sólo tienes un ala? —preguntó, aunque en voz baja como si tuviera miedo de herir sus sentimientos de alguna forma.

—Mamá decía que nací así. Que era un regalo de las lunas.

Vio el ala extendida detrás de él, y alargó la mano con suavidad. Nunca había visto un ala de Sephiri, y le daba curiosidad saber qué tacto tenía, pero terminó retirando esa mano por miedo a excederse en la confianza que se estaba tomando. Tenía mucha curiosidad, pero al mismo tiempo temía tocar algún tema demasiado delicado.

—¿Naciste así…? ¿Por qué? —no pudo evitar preguntar.

—Tengo un hermano —Adrien había notado ese suspiro, pero no interrumpió por nada. Le causaba curiosidad, aunque eso no hacía que preguntara sin parar, sino que esperaba a tener una respuesta antes de lanzar otra cuestión—. Un gemelo. Nacimos juntos, y como en la barriga de mamá estábamos muy juntitos perdimos un ala —en ese momento se dio una vuelta para mostrarle una marca roja en forma de media luna en el lugar donde estaría el ala—. En su lugar tengo esto.

—Y… ¿dónde está? —musitó, después de haber hecho el amago, otra vez, de tocar la media luna de color rojo. Sin embargo, esa mano terminó posándose en el brazo de Tanets.

—Él… —se reprimió. Hubiera querido decir “no lo sé”, pero en su lugar dijo otra cosa— viaja por el mundo, como yo —en ese momento vieron a Suna, que estaba parada en mitad de la calle—. Mira, ésta es Suna, mi mascota. Ella nos llevará con mamá.
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Sangre, Perfume y Sueños Alados [Priv. Celeste] - Página 3 Empty Re: Sangre, Perfume y Sueños Alados [Priv. Celeste]

Mensaje por Tanets Iskusstvo el Jue Mar 14, 2019 9:33 pm

Por un momento, me sentí como un libro abierto para el pequeño niño, que sintió mi melancolía como si al estuviese gritando. Me sonrió.

Hm... estás triste. Te ha puesto triste hablar de él. —Me abrazó. Mis defensas se bajaron. Todo rastro de orgullo se derrumbó en un instante, y mis labios se curvaron en una sonrisa rota. Una sonrisa con las comisuras temblorosas y los pómulos asomándose en mi vista. Una sonrisa llena de dolor, de tristeza, de pérdida.— Mamá dice que cuando alguien está mal un abrazo es lo mejor

Tu madre es una persona muy sabia.—Acaricié su cabello, pelirrojo como el de ella.

A veces se equivoca. Pero muchas no. —Tomó mi mano mientras caminábamos hacia el carromato. Suna, tan pronto tuvo mi presencia lo suficientemente cerca, dio un par de conteos al suelo cual caballo.—¡Hala! ¡Qué bonito!

Vamos, en carromato llegaremos en un santiamén.— Lo tomé en brazos para ayudarlo a subir a la cubierta del vehículo, y luego subí yo de un salto.— Suna, sal por el norte y rodea la ciudad. —Le dije al reptil para que conociera sus instrucciones y aparté la cortina que guiaba al interior del carromato.— Vamos, entra.

Oh... ¡Me gusta mucho! —se sentó en mi cojín, cuya tela era azul y dorada. Miré el otro, el que era de Tentrei, y me senté en indio.

¡Me alegra! —Me quité el bolso de encima y lo coloqué al lado— Aquí estaremos cómodos y calentitos mientras llegamos.

De improviso, el carromato comenzó a acelerar gradualmente, hasta que la velocidad fue suficiente para que el movimiento fuera más que notable dentro.

Espero no tengas problemas con la turbulencia. —Adrien sonrió y se acercó para sostenerme la mano.

¡Sin problemas! —Se sostuvo de la pared cuando la velocidad aumentó lo suficiente, pero no distraído por esto, me miró a los ojos.— No estés triste, Tanets —estrechó mi mano y se inclinó—, No hay que estar tristes

Me incliné también hacia él, sosteniendo suavemente su cabeza contra mi pecho. Mi ala nos rodeó, con cuidado de no hacerle daño con el abanico que estaba entre las plumas. Recordé que debía quitármelo.

Tienes razón, Adrien. No hay que estar tristes.

No, no hay que estarlo... ¡Tu ala es muy bonita! —Alzó la mirada— Y no estés triste, seguro que tu hermano vuelve

Le sonreí, sus palabras, puras e inocentes eran como un colirio para mi alma. Mi sonrisa no temblaba.

Gracias. —Era difícil, sin duda. Adrien me recordaba demasiado a Tanets. Era alegre y bondadoso, y… y bueno, sus pequeñas alas membranosas.— Eso espero, pequeño. Eso espero. —Como la noche enfriaba, alcé una pequeña hoguera al medio del lugar, lo suficientemente cálida para mantenernos a gusto.— Tú también eres un chico muy sabio, ¿A que sí?

¿Por qué gracias? —ladeó la cabeza. Cuando se percató de la hoguera, se arrimó hacia ella.— ¿Yo? Hmm... Nop. Yo no

El fuego era mágico. Era meramente mágico, y estaba respondiendo ante mis emociones, que no estaban precisamente tranquilas. Bailaba ante el pequeño, indescriptible, contando historias que se desvanecían en el aire.

¿Cómo no? —aproveché que se había arrimado para despojarme del abanico y de las armas que tenía en el cinturón.— Claro que sí.

¿Por qué?

Me arrimé hacia él. Mis pies, a momentos, podían tocar las llamas, aunque no se quemaban. Estaba calculado para ello.

Ustedes, que no han vivido lo que nosotros, son más sabios. Saben mantener la alegría a pesar de todo, saben perdonar, y saben amar. —Lo volví a arropar en mi ala, acurrucándolo esta vez sin miedo, permitiendo que mis suaves plumas rozaran con las alas membranosas. Él se acomodó bajo mi ala y se encogió de hombros.

No sé... siempre he estado con mamá y he sido feliz. Sí... a veces era todo raro. Pero siempre terminábamos saliendo de todo

Suspiré. Luego algo me preocupó. Todo raro. ¿A qué se refería?¿Acaso él había vivido peligro en algún momento?

¿Todo raro?

Lilith —respondió—... Durante unos días fue muy fuerte...

Gruñí. Sentí impotencia y preocupación. Intenté responder sin perturbar demasiado su tranquilidad, lo cual venía siendo difícil dadas las… circunstancias.

¿Ella alguna vez... Te... Ehm... Hizo daño?

Bajó la mirada, asintiendo suavemente

Intentó matarme. —se encogió. Su rostro se escondió en mi pecho y sus palabras eran apenas más que un susurro. Lo abracé con fuerza, colocando mis labios en su cabeza.

Te prometo que sacaremos a mamá de esta.—me abrazó también, y pude sentirlo asentir.

Quiero que Lilith se vaya... es muy mala. Demasiado.— En su tono había rabia y tristeza.

Planté un beso en su cabello y acaricié su espalda, como intentando consolarlo, como intentando decirle que todo estaría bien, que lo protegería.

Hey, hey. Confía en mí.—Le sonreí—  Yo los protegeré. A ambos. Lilith desaparecerá para siempre de nuestras vidas.Nuestras vidas. Como si yo fuera ya parte del cuadro. Como si ya me hubiese apropiado de esa idea, sin pensar demasiado la responsabilidad en sus hombros.

Sí... se va a ir —de improviso, sentí un beso en la mejilla. Lo miré, se llevó la mano al estómago.— Tengo hambre, Tanets

¿Ah, sí? —Le zarandeé el cabello mientras mi tono de voz se volvía a animar. Ahora tenía un motivo por el cuál seguir adelante, uno más para sonreír.— Entonces es una suerte que tu tío Tanets sea un glotón.

Oh, ¿comes mucho? —batió palmas. Su ánimo también había vuelto.— ¡Yo también! Mamá dice que soy un tragón, ¡pero no me regaña! —Emití un silbido lento y el carromato comenzó a bajar de velocidad.

¿Alguna vez comiste pan de lembas? —Me paré y caminé hasta uno de los cofres que había dentro del carromato.— Me he robado la receta de los elfos. —Abrí el contenedor. Estaba todo organizado, era quizá lo único organizado en todo el carromato. El pequeño negó con la cabeza

¿A qué sabe? —Dentro había una pila de panes envueltos en hojas. Tomé un par.

Son mucho mejores cuando están calientes. —Las hojas comenzaron a humear en mi mano, pero no había fuego. Usé la otra para remover la parte superior de la envoltura, donde el pan, dorado y fresco, humeaba y desprendía un exquisito aroma dulce. Le ofrecí uno al pequeño.— Ten, con cuidado.

Hala... ¡huele genial! —lo tomó y no pensó demasiado para darle un mordisco.— ¡Está riquísimo! —dijo cuando lo tragó

¿A que sí? —Pegué un mordisco inclemente a mi propio pan mientras volvía a sentarme junto al pequeño.— Hace algún tiempo, los altos elfos guardaban las recetas de sus más exquisitas comidas con recelo. —Le guiñé un ojo— Luego llegaron glotones como nosotros y se acabó el secreto. ¡Y gracias a las lunas! —Terminé de tragar antes de volver a hablar.— Tengo también agua fresca. —Estiré el ala y lo zarandeé con las plumas más largas, que eran como algodón.— ¡Y postre!


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Sangre, Perfume y Sueños Alados [Priv. Celeste] - Página 3 Empty Re: Sangre, Perfume y Sueños Alados [Priv. Celeste]

Mensaje por Celeste Shaw el Dom Mar 24, 2019 9:26 pm

—¿A que sí? —Pegó un mordisco inclemente a su propio pan mientras volvía a sentarse junto al pequeño—. Hace algún tiempo, los altos elfos guardaban las recetas de sus más exquisitas comidas con recelo. —Le guiñó un ojo—. Luego llegaron glotones como nosotros y se acabó el secreto. ¡Y gracias a las lunas! —Terminó de tragar antes de volver a hablar—. Tengo también agua fresca. —Estiró el ala y lo zarandeó con las plumas más largas, que eran como algodón—. ¡Y postre!

—¡Sí! —dijo con entusiasmo, mientras daba un mordisco grande, con el que se comió una buena parte, y rió sonoramente cuando lo oyó—. ¿Y cómo te hiciste con el secreto, si estaba tan bien guardado? —preguntó con curiosidad, y bebió un poco de agua— ¿Postre? ¿Qué tienes de postre? —sonrió

—Jum jum. Ser yo tiene beneficios. —Le guiñó un ojo—. Anda, termina tu pan y veremos en el cofre. Debe haber algo de pastel o chocolate. ¿Te gusta el chocolate? —Dio otro mordisco a su pan, el cual simplemente no dejaba de humear en ningún momento.

Rió, mirándolo —¡Y ser yo también! —Exclamó, y terminó el pan de algunos mordiscos— Uala, qué rico estaba. Esto tiene que probarlo mamá —asintió—. ¡Me encanta!

Se cubrió la boca para hablar. —Sì, Claro que lo probará. —Dio un par de mordiscos más y se sacudió las manos, alzándose del suelo y ofreciendo una mano a Adrien para que también se levantara—. Ven. —Se acercó al cofre que estaba justo al lado de donde sacó los panes, y lo abrió, despidiendo un inconfundible olor a pastelería—.  Escoge.

Asintió, sonriendo, y se levantó agarrándole la mano, entusiasmado, mientras Tanets abría el cofre —¡Cuantas cosas! —Dudó, pero escogió un pastelito de chocolate. Tanets le siguió, tomando un pequeño panal de miel y lamiéndolo por fuera.

—Anda, pronto llegaremos con Celeste. —Adrien le dio un buen bocado al pastelito, y habló cuando tragó lo que tenía en la boca— ¡Bieeeeeennnn! ¿Cómo está mamá? Hace días que no la veo —bajó la cabeza, triste por no poder verla tan a menudo como querría.

Hermosa, pensó. Inapropiado. Suspiró lejano. —Está bien. Te extraña mucho. —Le dijo con una sonrisa—. Tranqui, eh. —Acarició su cabeza y le señaló por la ventana del carromato, donde el cielo oscurecía y no tan lejos, podía verse cómo comenzaba un bosque—. Estaremos con ella en poco.

Asintió, sonriendo con alegría —Y yo a ella, jooo —abrazó de nuevo a Tanets, y miró por la ventana. Sonrió—. ¡Bieeennn! Quiero verla ya, ¡hace una semana! —Tanets correspondió al abrazo del pequeño, acariciándole con su ala—. Ya casi. —Y en poco tiempo habían llegado a su destino, y el cielo estaba negro, Kring y Sanctra en cuartos creciente, y Meistic amenazando con llenarse en pocos días. La espesura del bosque comenzaba a  cubrir el Carromato y Tanets no estaba precisamente ubicado.

—Erh... Sabes adónde vamos? —Adrien sonrió, feliz, y asintió con la cabeza, abrazándolo con algo de fuerza. Al ver el lugar, frunció el ceño—. Uh... Nos pasamos, Tanets —dijo, y miró de nuevo por la ventana—. Sí, íbamos al último pueblo que hemos pasado, vuelve atrás. Es el de la torre con una campana.

Tanets salió a cubierta al escuchar al niño. —Rayos, rayos, rayos. Celeste me lo dijo. —Tomó las riendas de Suna y jaló a la izquierda con fuerza para que el carromato girara, ordenándole que se detuviera justo en la entrada del pueblo—. Es aquí, ¿No? —Se agarró cuando el carromato giró, y al ver la entrada asintió

—¡Sí! Mamá está en la posada, seguro. O a lo mejor nos espera en la plaza mayor, no sé. ¡Vamos a ver! —Tanets sonrió mientras saltaba del carromato—. A ver, primero a la plaza. —Ofreció una mano al pequeño para ayudarle a bajar—. Luego preguntamos o algo. —Le tomó la mano y saltó del carromato. Miró a su alrededor, y señaló a un banco cercano a una pared—. ¡Allí! —En efecto, Celeste estaba allí, aunque no los había visto. Muy probablemente se había quedado dormida... Era bastante tarde ya

Tanets la identificó tan pronto como su hijo la señaló. Gracias a los dioses que la vista no estaba ligada al vuelo. —¡Vamos! Suna, deja el Carromato en la posada. —Ordenó, y el reptil se retiró al instante. Le tomó una vez más la mano al niño—. Se alegrará al verte.
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