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Sangre, Perfume y Sueños Alados [Priv. Celeste]

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Re: Sangre, Perfume y Sueños Alados [Priv. Celeste]

Mensaje por Tanets Iskusstvo el Sáb Feb 09, 2019 2:49 pm

Hey, tranquila. Vamos. —Le dije con dulzura, sin apartar los ojos de los de ella. Con una sonrisa que de alguna manera hacía sentir que todo estaba bien.—  Me estabas contando de un refugio en Sílvide.

Me miró al rostro, su mirada estaba más tranquila y eso se sentía como si el mundo me estuviese sonriendo.

Sí… es verdad. —apoyó la cabeza en mi pecho, comencé a acariciar su cabello. En ese momento por fin respiré; la adrenalina y el miedo  de momentos atrás había comenzado a drenar— Me hice con una pequeña cabaña en el bosque de sílvide. Está pensada para dos personas, pero tres cabemos.

Me tomó un segundo. Arqueé la ceja.

¿Tres?

La escuché suspirar profundamente, no estaba seguro de querer oír lo siguiente.

S-sí... Tengo un hijo. Siento no habértelo dicho.

Un hijo. Me tomó desprevenido; abrí los ojos en sorpresa y alcé ambas cejas. Me lo pensé; ¿Realmente valía la pena? Suspiré profundo e iba a responder, pero una duda me saltó antes. Aclaré la garganta, sin estar seguro de qué decir ni cómo hablar.

—  ¿Lo has dejado.... Erh... Con su padre? — Sí, soy un divium, pero ni me crié en las nubes ni me emociona la idea de un triángulo amoroso. Nada más pensarlo se me hacía raro ¿Hasta dónde llegaría nuestra relación?

Tragó saliva y me miró como si algo le avergonzada. Como si hubiera algo que temer.

N-no... Nunca tuvimos una relación como tal. Tuvimos un encuentro, y de ahí me quedé embarazada... Y de vez en cuando nos viene a ver —Explicó. Asentí. Luego me acomodé para sentarme, y me quedé viéndola. Pensar el hecho hacía que dentro de mí naciera un sentimiento casi de ira. Estaba indignado.

—  ¿De vez en cuando? ¿Cómo es que un padre no se encarga de su hijo? —pregunté, dejando de lado el toque suave de mis palabras. Es que, ¿Cómo era posible?

Nos envía dinero y nos ayuda, pero no está todo el tiempo. —¡Dinero! ¡No hay dinero en el mundo que reemplace un padre! No pude ni siquiera mantenerle la vista, volteé a ver mi abanico, dejando salir la frustración en un bufido.

—  Merecen algo mejor. —La miré de vuelta, preocupado, dándome cuenta de otro pequeño detalle.—  ¿No es peligroso tu trabajo para él? ¿Dónde está ahora?

Suspiró, y tragó saliva, mirándome.

Algo... ¿Mejor? ¿Como... qué? Adrien ahora está con unos amigos... Son de confianza —sonrió

—  Algo mejor. —Afirmé con seriedad pesada en la voz.—  Un padre. Un hogar, una familia. —Familia. La palabra me dolía en el corazón. Ella lo había dicho antes, olvidábamos nuestros problemas. Pero la ausencia de mi todo era latente.—  ¿Adrien? ¿Así se llama? Adrien puede quedarse en casa cuando necesites.

Y... ¿qué hay de Lilith? —Le sonreí de vuelta

—  Lilith desaparecerá. Ella lo sabe. —su sonrisa desapareció. Sus ojos estaban húmedos.

Nunca he tenido más familia que Adrien... —Susurró. Asintió suavemente, suspirando y con las lágrimas empezando a aflorar en sus ojos y bajar por sus mejillas, y me abrazó con fuerza.— Gracias por todo, de verdad... Gracias, Tanets

Me arrimé para levantarme, con cuidado de no hacerla caer.

—  No me agradezcas aún. No hasta que nuestros traseros estén en silvide. —Me terminé de alzar y le ofrecí la mano. —  Intentemos ocultar esas alas.

Volteé a ver mi ala, que ahora que lo notaba, era sólo ligeramente más pequeña que las de ella, pero que era sin duda mucho más compacta.

—  No te pueden ver saliendo de aquí.

Vale... —Se levantó y sonrió y se secó los ojos y las mejillas.— No, no deberían verme. Pero hay que ir a buscar a Adrien... Debería hacerte un papel o algo para que sepan que no vas a secuestrarlo y te dejen llevártelo le sonrió y miró el ala de ella.

Después miró la estancia, y vació uno de los sacos que había allí, quitándole todo el polvo. Hizo un agujero en la parte de abajo, y dos en los lados, y luego se puso aquello, y con lo que le sobraba lo cortó y se cubrió el cabello.

Queda un poco raro, pero va bien para que no sepan que soy yo.

Ahogué una carcajada. Le hubiera dicho que podría coserle algo rápido, pero se veía tan tierna que no pude decir una palabra.

—  Pareces un saquito. —Por fortuna, ella también rió, aunque a sus anchas, y se encogió de hombros.

Sí, pero es lo que hay que hacer para escapar.

Hurgué en mi bolso, sacando una pluma como las de mi ala, un frasquito con tinta turquesa y... Y el diario, que era el único trozo de algo escribible que tenía a la mano. Intenté abrirlo con una mano y saltar hasta una página en blanco, pero no pude evitar que se vieran algunos dibujos.

—  ¿Adónde debo buscarlo? —Pregunté antes de ofrecerle los instrumentos a Celeste.

Nos reunimos en un pueblecillo cercano al Sílvide, lo distinguirás porque tiene una torre con una campana, es el único en un buen terreno. —Tomó la pluma, y me di cuenta que vio los dibujos. Recordar los días y sus páginas me dolía. Había garabatos de los rostros de las lunas, tal como siempre imaginé que serían, y varios dibujos de Tentrei. Algunos no eran más que  diseños de vestimentas, algunos me carcomían el alma.— Hala... ¿Son tuyos?

Asentí como no queriendo decir más.

Sí, son… eh... sí.

Ella se sentó en el suelo y escribió una nota con su caligrafía, que no era la más estilizada que había visto en mi vida, para que trajeran a Adrien cuando fuera a buscarlo

Sí... son increíbles. Adrien está cerca de la entrada norte de la ciudad. Entrando por esa puerta, segundo callejón a la izquierda, entra en la taberna del fondo de todo. No te equivoques, ¿eh?

Sonó una alarma en mi cabeza al escuchar que estaba en la ciudad. Apresuré a guardar todo, incluyendo la pluma aún cargada de tinta

—  Espera, ¿En la ciudad? Iré de inmediato. —Enfundé luego mis armas—  No conozco a tus amigos, pero sí conozco a los matones que te andaban buscando.

Está a salvo. Esa taberna es... un acceso secreto, no te puedo decir más. Pero te aseguro que ni en mil años lo encontrarían —me di cuenta de que tenía una mano en mi hombro sólo cuando la retiró— Nos encontramos en Sílvide, ¿vale? —susurró. Su tranquilidad me ponía los nervios de punta.

—  Vale. —Aceleré el paso para salir, pero me detuve en seco y me devolví para estamparle un beso en la mejilla.—  Vale. —volví a caminar a toda prisa, acomodándome el bolso en el camino.—  Cuídate. —Dije antes de desaparecer entre las paredes del panteón.

¡Cuídate! —Escuché mientras caminaba entre los pasillos.

No me permití perder un segundo. Cerca de la salida, con un silbido Suna había aparecido entre las calles con el carromato a cuestas. Me monté en él sin siquiera dejar que el reptil frenara, y le ordené que fuera tan rápido como pudiera. En cierto punto el carromato no cupo más entre las calles, así que me bajé y continué caminando, ahora armado con mi abanico grande entre las plumas de mi ala. Entré a la taberna sin más asunto que preguntar al tabernero, a quién ya antes habia visto, por el crío, casi reclamándolo como mío.

—  Estoy aquí por Adrien.

El tabernero salió de la cocina y miró a Tanets con el ceño fruncido y gesto desconfiado, como si no me conociera ya.

—  ¿Y por qué debería traértelo? Dame algo que muestre que te envía Celeste y mando buscarlo —Se cruzó de brazos

Bufé, más por la desconfianza que por la situación, y busqué en mi bolso el diario y planté la página con las palabras de Celeste frente al tabernero, casi orgulloso de que a ella se le hubiese ocurrido darme la nota.


—  Anda, no hay mejor niñero.

El hombre miró el papel, y asintió con la cabeza. Entonces abrió una portezuela al fondo del local.

—  ¡Traed al niño! —gritó por ahí. En pocos minutos, una horige con Adrien de la mano apareció, y el niño al percatarse de mí, se quedó mirándome.

—  ¿Quién eres?

Le sonreí al niño mientras guardaba el diario.

—  Soy Tanets. —Me agaché para estar a su altura.—  Tu mami me pidió que te llevase con ella. —Le ofrecí la mano, aún con una sonrisa.—  Vamos, te está esperando


Concédeme esta pieza, déjate abrasar por mis llamas.
Piérdete en mi mirada, y nada bajo mi ala.
« Un, deux, trois »
Tanets Iskusstvo
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