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De criminal a criminal [Privada]

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De criminal a criminal [Privada]

Mensaje por XV - The Devil el Mar Jun 05, 2018 5:22 am

XV entró en la taberna con paso firme, decidido a pegarse a la barra de inmediato y ordenar una pinta de ale. Al pedir, su voz resonó clara y concisa, destacando por encima del bullicio con una teatralidad que más bien parecía digna de una obra que del tugurio en el que estaba. Se giró y miró a los marineros presentes, los supuestos hombres de acción que se habían negado a partir con sus mercancías por las pestes que sus adversarios vertían sobre él. Se quitó las gafas y sondeó a los presentes, analizando cada mísero detalle en sus rostros, gestos y murmullos.

-Cuentan las malas lenguas que por aquí muchos habéis rechazado llevar mis mercancías- se hizo el silencio -mirad, os aseguro que yo no quería pero vuestras mujeres son persuasivas…- añadió con socarronería, gozando de insultarles y ver a más de uno apretar los puños y mirarle con ganas de rajarle el gaznate

-A cualquier mono bravucón llaman ‘’inteligente’’ hoy en día- chistó uno de los marineros, continuando -toda persona cuerda sabe que establecer contratos con un… demonio solo puede llevar a la desgracia. Vivís del sufrimiento y la desgracia de aquellos que, por desesperación, venderían su alma a cambio de calmar el hambre en sus entrañas - culminó, bebiendo de su jarra sin siquiera dirigirle la mirada. Los demás murmuraron por lo bajo, secundando las palabras del marinero que había contestado a las provocaciones del mestizo.

-Aaah… si, ese cuento de viejas - dibujó una sonrisa confiada en sus labios -…hombres caídos en desgracia por culpa de la sangre profana que corre por mis venas...- clavó sus ojos bicolor en el contenido de la jarra por un breve instante, bebiendo de este y suspirando complacido al sentirlo bajar por la garganta -quién soy yo para culparos por creer esas historias; hasta yo atribuí alguna vez a mi ascendencia todas las mierdas que me han pasado en la vida- un rumor silencioso se extendió por la taberna -pero no, ya os aseguro yo que aquí el maldito no soy yo sino este mundo- volvió a sonreír, sin alejar el tono socarrón -aquí todos nos hemos partido la espalda, los dientes y la cara para intentar llenarnos el estómago- comprobó por el rabillo del ojo cómo varios cerraban con fuerza los puños, probablemente recordando penurias pasadas o presentes.

-Como si tú, señorito, supieses lo que es pasar hambre - volvió a replicar el mismo, ganándose la aprobación de los presentes -¿Vienes a hablarnos de hermandad mientras vistes ropajes que alimentarían un mes a nuestros familiares? Vete a joder a otra parte…- gruñó, golpeando la mesa con el puño y, esta vez, dignándose a dirigirle una mirada cargada de ira.

XV guardó silencio durante unos segundos, exhibiendo una calma inusitada ante el airado ambiente que había provocado con su presencia. Dio un largo trago al ale y dejó la jarra encima de la barra, acercándose paso tras paso al interlocutor de pelo cano y barba incipiente. Era un buen ejemplar: robusto, con una chispa de inteligencia en los ojos y cicatrices suficientes para demostrar su experiencia. Tenía pinta de llegar a ser un buen capitán. Se quitó los guantes lentamente, exhibiendo las innumerables cicatrices de heridas pasadas que afectaban a la piel de ambas manos. Comenzó a frotarlas, sin apartar la mirada de ellas, y las alzó para que la luz de las velas que colgaban del techo las iluminase mejor -Sin duda estas manos tan finas desconocen el trabajo duro al que tu, rudo marinero, estás acostumbrado- espetó sarcástico, obligando al marinero a mirarle -Para prosperar he trabajado como herrero, mendigado, robado, traicionado, construido casas, cargado mercancías y más cosas que me avergonzaría mencionar. He peleado con puños, dientes y pólvora para llegar a este punto de mi vida y poder espetarle al mundo con desprecio un ‘’A ver qué coño tienes para mi ahora, gran trozo de mierda’’- abrió los brazos, dejando el pecho al descubierto mientras caminaba en un pequeño círculo para mirar a todos los presentes -Craso error, el muy hijo de puta aún tiene alguna hostia bajo la manga que me mete en vereda- añadió con una sonrisa cínica, ganándose varias carcajadas en la taberna -No, no me creo mejor que ninguno de vosotros, al contrario que aquellos que se han dedicado a envenenar vuestro juicio con rumores infundados- se encendió uno de sus puros finos en la llama de una de las velas, dando una larga calada y exhalando el humo con una sonrisa salvaje que mostraba sus afilados canes -Me tienen miedo- echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada -Y a vosotros también- el calor de sus palabras comenzaba a calar en los demás, transmutando poco a poco sus rostros -Temen que lleguéis a conocer lo que es trabajar para alguien que tiene en cuenta vuestra existencia, que pueda mostraros que la miseria no es una forma de vida que os venga dada, que es impuesta en pos de que sus bolsillos estén siempre llenos a rebosar- apretaron sus mandíbulas; él se sentó con dejadez en una de las sillas, dejando colgar la mano del puro desde el espaldar -Estoy creciendo, prosperando, minando sus ganancias como ningún otro competidor antes que yo lo había hecho. Su oligopolio se está acabando y su riqueza no sabe mantenerse en un ambiente hostil…- dio una larga calada al puro y exhaló con la mirada puesta en ninguna parte -…porque son cobardes y mimados que no entienden la vida sin una superioridad aplastante sobre aquello que llaman dificultad- esbozó una media sonrisa, mirando a los ahora embelesados oyentes; se escucharon risas por lo bajo y los dientes comenzaron a exhibirse -Yo os pregunto si queréis derrocarlos o apoyarlos en su empresa de verme arruinado- convirtió su media sonrisa en una completa y afilada que se asemejaba a la de una bestia hambrienta -en cualquier caso ya os prometo que no tendré piedad con quienes se interpongan en mi camino.-

Se levantó y marchó hacia la barra, terminándose el ale que le restaba. Pagó esa y una ronda para todos los demás -La siguiente corre a mi cuenta- alzó su jarra vacía y golpeó con el culo de esta la barra -el barco zarpa al despuntar el alba- atravesó la sala con el silencio solemne que otorga el respeto recién conquistado, empujando la pesada puerta de madera y cerrando tras de sí con el crujido de esta como punto final.

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Se fumó con calma el puro tras salir; la inexpresividad gobernaba ahora su rostro, sus ojos se encontraban mirando a ninguna parte mientras que en su cabeza un torbellino de ideas y recuerdos se entremezclaban hasta formar una masa uniforme de personalidad. Su maltratado ego se mostraba con una nitidez que, tiempo atrás, le habría aterrorizado. Entrar en un estado de pensamiento dubitativo era algo que le pasaba con frecuencia y que, en cierta forma, le ayudaba a mantenerse con aquella suerte de estabilidad mental que le permitía seguir adelante. El elevado calor corporal que emanaba su cuerpo le ayudaba a resistir el frío con mayor facilidad que el común de los ciudadanos de zhalmia, haciendo efecto estufa bajo los ropajes adaptados que vestía. No era casualidad que se detuviese frente al local a fumar, sabiendo que otras cosas le esperaban por hacer y que, tal vez, la noche se le hiciese más larga de lo debido. Se había apoyado un poco apartado de la puerta, esperando escuchar el característico sonido de esta al abrirse; sabía que no tendría que esperar demasiado, apenas unos segundos, en realidad. El que había estado contando esas historias se apresuraría en abandonar el local a pesar de que le hubiese invitado a aquella última ronda a horas tempranas. Las prisas por informar a sus señores del cambio de rumbo en los planes le urgirían mucho más que el tomarse el ale a gusto.

Sus miradas se cruzaron por el momento, el lacayo no pudo evitar que un gesto de horror se dibujase en su rostro antes de que intentase recomponerse torpemente y fingir una sonrisa amistosa. Se llevó la mano a la cadera donde sobresalía el mango de un cuchillo, cosa que el semidemonio esperaba con una sonrisa. Desenfundó la Mäuser ya cargada y le pego un tiro en la cabeza sin dejarle tiempo a suplicar. Desde el interior de la taberna comenzaron a escucharse pasos apresurados, los curiosos no tardaron en arrejuntarse en torno a la entrada del lugar, observando al marinero muerto con un boquete abierto entre ceja y ceja. XV rebuscó durante un momento por su ropa y dio con una bolsita llena de monedas que vertió sobre el cuerpo inerte del traidor - Creo que vuestro compañero os invita a unas rondas más en compensación por haber vendido todos vuestros culos al mejor postor - dio una última calada al puro y lo tiró también sobre el cadáver, ignorando por completo los rostros de los demás marineros y poniéndose rumbo al siguiente destino. Ahí se habían matado dos pájaros de un solo tiro: El imbécil estaba muerto y que nadie se interponía en su camino había quedado claro.

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Llegó con cierta prisa al puerto pues la salida en la noche de aquel barco había sido rigurosamente establecida a cierta hora. La burocracia de Zhalmia era famosa por ser un grano en el culo en contra de todo aquel que se moviese por veredas de dudosa legalidad, tal y como estaba acostumbrado el comerciante de armas. Se montó en el barco pesquero que había alquilado con anterioridad, acomodándose en una de las barandas de proa con la mirada puesta en el mar en calma. Se cruzó de brazos, enfatizando aquella posición y asintió al par de marineros encargados de navegar la pequeña embarcación que procediesen.

El trayecto fue relativamente corto, apenas una media hora larga o cuarenta minutos. Al llegar, XV se encaramó a la escalerilla que ofrecía el barco de destino, ascendiendo sin dificultades hasta la cubierta y se colocó bien el abrigo de color rojo que portaba. Una vez más se encontraba en otra de esas situaciones relativamente peligrosas que parecían definir su vida a pesar de haber alcanzado cierto estatus social.

- Siento mucho haberla hecho esperar, señorita Sandokan. Tuve que encargarme de un asunto que no podía dejar de lado - sacó otro puro fino y lo encendió en un farol cercano que sostenía uno de los marineros - Encantado de conocerla… mi nombre es XV, pero muchos me conocen como The Devil o El Diablo, como usted prefiera - hizo una ligera reverencia con la cabeza a la capitana del barco pirata, sonriendo de forma enigmática al dejar en el aire qué clase de asuntos había tenido que resolver.
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XV - The Devil

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