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Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

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Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Varen Tethras el Miér Jun 06, 2018 3:09 am


La noche era helada, como siempre se podía esperar de los parajes más remotos perdidos, el territorio se cubría con una leve niebla que descendía desde las montañas lejanas. Sería necesaria una capa o buscar refugio con prontitud en alguna posada, una vez el astro rey se escondía en el horizonte, los peligros abundaban, comenzando a deslizarse entre la hierba, las raíces de los árboles y las sombras que se generaban por el reflejo de la luna. Cada estrella ofrecía un ligero lucero, pequeños puntos brillantes desplegados en un patrón que alguno consideraría aleatorio, pero nada en este mundo ocurría producto del azar o de algún error. Los dioses conservaban un plan para cada uno de los seres que habitaban esta tierra, asumiendo te preocuparás por los motivos divinos y las inspiraciones celestiales. El destino, no era un objeto estático, podría compararse más con una corriente de agua o las flamas de una fogata. Siempre danzando a un ritmo, respondiendo a cada ligero evento en su entorno. Una pequeña piedra lanzada por un niño que juega, un ligero soplido que escapa de los labios de un viajero cansado o un grupo de cazadores que deciden cocinar su cena.

Un hombre sabio dijo una vez, que sería errado imaginar que de una serie de eventos sin importancia no pudiera ocurrir un hecho capaz de alterar el curso del mundo. Pero tales pensamientos quizás solo eran fruto de la arrogancia característica de los mortales, buscando indagar en lo que escapaba de su control. El pueblo de Dekhar, no tenía nada fuera de lo normal. Recientemente ubicaron unas empalizadas a lo largo del mismo, con motivo de detener las incursiones de los lobos con el poco ganado que conservaban para alimento y obtener otro tipo de beneficios comerciales, una serie de linternas se ubicaban en las entradas del norte y del oeste. El camino norteño era el que se dirigía hacía uno de los fuertes designados para proteger la zona de bandidos, tropas enemigas y bestias. Aunque era algo que estaba lejos de cumplirse, los bandidos abundaban en los caminos del sur, comenzando a ser una plaga molesta.

Por otro lado, las diferentes ciudades enviaban constantemente partidas de guerra pequeñas o exploradores con el interés de desestabilizar la región, además de obtener beneficios del saqueo y las constantes escaramuzas, por último, los lobos eran quizás la preocupación más pequeña. Corrían rumores de un feroz barghest, acechando entre las sombras. Sin embargo, solo eran cuentos de caminos, era complicado no ir a cualquier tienda o taberna sin escuchar como un nuevo peligro o circunstancia amenazaba el estilo de vida de los pobres aldeanos, campesinos y comerciantes que hacían su día a día dentro de aquellas endebles murallas de madera tallada. Se necesitaba una gran cantidad de valor para poder progresar en un entorno marcado por la constante batalla entre dos naciones. Así que era natural muchos tomarán el camino del oeste, para marcharse. ¿A dónde? A cualquier lugar que no sea este, eso estaba claro. Poco a poco, los carruajes que se iban se acercaban a los que llegaban, eventualmente, les superarían. Un nuevo destino, un nuevo pueblo y una nueva vida, tal era la norma en aquellos sitios que han padecido por la guerra. Era una verdad tan antigua, como aquellas que le daban sentido al mundo.

La distribución del pueblo era como la de muchos, existía un enorme templo dedicado al dios local, en este, se solían dar sermones con motivo de apaciguar los corazones y llenar de esperanza a quienes asistían, aunque no es como si estuviera a reventar de hombres o mujeres ansiosos de escuchar a un viejo decirles como todo “estaría mejor”. No, la fe no puede perdurar si no hay pruebas de ello. Muchos dirían lo opuesto, puede que tuvieran razón en ello y nadie les puede culpar. Además del templo, estaba el edificio donde residía el jefe del pueblo, una larga edificación de dos pisos, construida con madera y con algunos lujos especiales, como ventanas decoradas y pintadas con algún tinte, cristales pulcros entre la miseria que le rodeaba. El único lugar que se mantenía en un aspecto respetable, considerando la cantidad de dinero que invertía el viejo en esto, no sería sorpresa.

Una pequeña botica, de la que se podrían obtener algunos ingredientes menores, una tienda general, el herrero del pueblo y otro tipo de comodidades. Un lugar tan común como la arena o el agua salada. Así que… ¿Qué había de especial en este sitio? Ahora mismo, solo se encontraba algo de interés particular. Ruidoso, además de explosivo y carismático, pero un personaje singular había tomado residencia en este pueblo durante la breve duración de su travesía. El enorme carruaje que le trajo hasta el lugar bastaba para destacarlo como un hábil mercader, sin perder el tiempo, se encargó de proporcionar de medicinas y otras pócimas a los lugareños, por lo que pudieran pagar o tuvieran en su bolsillo. Una presencia que se transformó en un bálsamo para las heridas abiertas de los habitantes. Aun así, Varen no podía revelarles por qué escogió este lugar para su “viaje de negocios”. Mejor que los hombres no temblarán, las mujeres no llorarán y los niños durmieran por la noche.

Era el primer enano que cruzaba por esta zona en meses, los miembros de su raza seleccionaban lugares con mejor protección y seguridad, después de todo, disponían de artículos valiosos que realmente dejarían agujeros enormes en las ganancias si terminaban “perdidos” o eran robados. Mejor prevenir que lamentar, eso era seguro. Un bostezo salía de la boca del enano, el cual ya estaba comenzando a sentir la pesadez de un arduo día de trabajo. Parece que mientras más personas recibían ayuda con sus dolencias, más surgían igual de pobres y de necesitadas. ¿Quién dijo que la caridad era fácil? - ¡Ey! ¿No te estas durmiendo? Aun quiero recuperar mi oro… - El hombre era uno de los guardias de la ciudad, tenía un aspecto un tanto… ¿Rústico? Era diferente usar un adjetivo que le diera un ligero toque de halago a como se veía.

Su uniforme estaba sucio, en parte por barro y en parte por sangre de algo que quizás mató unos días atrás. La barba desaliñada y ese ceño fruncido común en un jugador que perdía en una partida de cartas, no le favorecían. Por otro lado, el enano solo podía disfrutar de la partida. El bostezo era por cansancio, no por aburrimiento. Aunque si íbamos al caso, su oponente era tan fácil de leer que hasta un perro conocería cuando mentía y cuando decía la verdad. - ¿Qué paso después de eso Varen? - El otro jugador de la mesa si era un verdadero peligro, a pesar de que era el sacerdote del templo, solía aparecerse en la taberna desde que el enano se hizo un cliente frecuente.

Pese a que el enano y ese humano de cabello ceniza tenían diferencias filosóficas, además de teológicas, la amistad surge con facilidad entre dos personas entregadas en ayudar en su máxima posibilidad al pueblo. - Como te venía diciendo. Estaba ahí parado, sin pantalones ni camisa. Con solo la tapa de una olla y el vello de mi pecho para cubrirme. - Las risas comenzaron a surgir, no solo de quienes aún seguían en el juego de cartas, sino de los curiosos que escuchaban la narrativa de aquel peculiar viajero. - Nadie sabía que responder, entonces, la duquesa se levanta de su asiento y me mira a los ojos para decir en voz clara: “Pedí a uno más pequeño, pero serás suficiente.” - Otra carcajada inundaba la sala, dejando que Varen comenzará a barajear las cartas, repartiendo la siguiente mano. El viejo sacerdote daba unas palmadas sobre el hombro del enano, intentando contener las lágrimas que se formaban en sus ojos. Se sentía bien poder hacer feliz a los demás, por eso, cada pequeña historia épica, triste, dramática o graciosa que el enano podía presenciar, era guardada en su memoria.

Uno nunca sabe cuándo podría necesitar un pequeño cuento para aliviar la tensión. Apenas recibían las cartas, tanto el campesino como el mercader de la tienda se retiraban. En este punto, ya no jugaban por el dinero sino para escuchar lo que tenía que contar. No me incomodaba, tener público era una buena recompensa si íbamos al caso. - ¿Y qué hiciste? No me digas que tu… - El hombre dejaba la insinuación en el aire a lo que dejaba escapar una leve sonrisa, respondiendo con velocidad. - No, no, no. Si la experiencia me ha enseñado algo es a nunca quedarme con un grupo de mujeres que no se sorprenden de ver a un enano desnudo cayendo de un tejado. - Todos compartían una nueva carcajada, mientras una nueva ronda de cerveza era servida, la música seguía alta, a pesar de que el pobre bardo ya debía estar harto de su trabajo. Pobre sujeto, pero bueno, dinero era dinero y que no se diga que en la presencia de un Tethras no se saldan deudas.

La partida seguía con naturalidad, siendo que el enano seguía siendo el más acaudalado de la mesa. Un poco de arrogancia de su parte, siempre apareciendo con lo mínimo para jugar y siempre marcharse con los bolsillos más pesados. - ¡Suficiente! Debe de ser una jodida broma. ¡Quiero mi dinero! - El puñetazo mandaba las jarras al suelo, provocando de igualmente las monedas terminarán en el piso. Parecía que uno de los jugadores no estaba contento con el resultado, a lo que Varen solo respondió con una sonrisa. - Vamos. La primera noche me hiciste quitarme los guantes, luego de tres días, me hiciste subirme las mangas y ahora, sigues poniendo restricciones extrañas. ¿Qué sigue? ¿Quieres venga con el torso desnudo? - A pesar de que era una clara broma, el guardia no se lo tomo a bien, siendo que desenfundaba su espada. Un hecho que arruinaba el excelente ambiente de la sala. Los clientes se apartaban del camino, presintiendo que todo iba a terminar con el derramamiento de sangre. Algo que el enano no deseaba, era una buena taberna, no por ser la única taberna. Seguro que si habían apuñalados clausurarían el lugar… ¿Qué opciones quedaban?

El hombre armado con la espada, la apuntaba contra la cara de su adversario, el segundo parecía solo un niño rechonchete frente al soldado. - Mi dinero. Ahora. - Una mueca que se confundía entre un ceño fruncido y una sonrisa marcaba la respuesta del joven Tethras, quien llevaba su diestra al bolso que transportaba consigo. Puede que aquel apostador, incapaz de reconocer el significado de “apuesta” imaginara iba a entregarle el dinero que creía merecía, pero se equivocó. Una esfera metálica se presentaba en la palma de la mano del enano, dejando ver una mecha. Con un simple movimiento, esta tocaba la flama de la vela dispuesta sobre la mesa y comenzaba a consumirse. - Esto es lo que va a suceder amigo, te vas de aquí o van a comer metralla.- El tono desafiante de Varen era difícil de ignorar, especialmente con lo que parecía ser un explosivo enano listo para detonar. - E-estas jodiendo, no serías capaz de… - Antes de que terminará la frase, el enano dejo caer aquella esfera, mientras daba un salto para correr detrás de la barra.

Como si fuera un grupo de animales, todos los clientes comenzaron a correr intentando escapar del lugar, por ventanas o la puerta, eventualmente, dejando un pequeño caos. La tabernera dejaba escapar un ligero grito, siendo que esperaba lo peor… Lástima que ese día nada terminaría vuelto miles de pedazos. Mostrando su rostro por encima de la barra de madera, confirmando que solo quedaba un puñado de testigos, el enano caminaba de vuelta a la mesa, tomando su explosivo. Dejo escapa una leve carcajada, mientras sacaba su lengua para llenar de saliva sus dedos, apagando la mecha, la cual estaba próxima a terminar de consumirse. ¿Debería de decirles que esta baratija no iba a causar daño alguno? No… Claro que no, eso arruinaría la imagen de mítico enano desafiante y sin temor por la muerte. - Tranquila querida, pagaré la cuenta de todos. - Con esas palabras, buscaba acallar la angustia creciente de tan buena mujer, que día a día debía tolerar sus tonterías. Una muestra de afecto y respeto por una profesión tan necesaria como la de posadera y tabernera.

Separaba las monedas en grupos, siendo que, tras encontrar la cantidad justa para cubrir el precio del día de hoy, guardaba el resto en su guardapolvos, tirando un par más de monedas de oro para la camarera, que estaba sudando frío como si hubiera visto a un dragón. Varen estaba un tanto decepcionado, se supone hoy iba a ser la noche de “reunión” para los aventureros que hayan respondido a su búsqueda. La paga no saldría de los bolsillos del enano, claro está, pero no por eso significaba que dejaba de ser una oferta menos tentadora. En fin, si cualquiera venía preguntando seguro que le darían indicaciones para hallar su carruaje, era imposible no verlo al estar ubicado en la plaza del pueblo. Con otro bostezo, empujaba la puerta de la taberna para marcar paso a su cama. En cualquiera de los casos, podrían encontrarse el día siguiente… A pesar de que Varen amaba las historias, amaba las historias de las cuales salía vivo, no había manera en ningún infierno que se aventurará a ese posible nido de cosas malas y con apetito por carne enana sin tener a un par de sujetos tras los cuales ocultarse, preferiblemente, sujetos fuertemente armados.

Resumen:
Se les presenta la descripción inicial de las cercanías del pueblo, además de unos pequeños detalles que pueden desarrollar a su gusto, como interactúan por la zona, si compran alguna baratija o item que quizás necesiten. La premisa de este primer post es encontrar a Varen, pueden hacerlo en cualquiera de las fases. Pueden ser uno de los clientes de la taberna, encontrarlo camino a su carruaje o esperarle en su "residencia" móvil.

No hay un orden de posteo establecido, pero luego de esta ronda, se quedarán acorde al orden en que cada uno hizo acto de aparición.

Les invito a disfrutar esta partida, vivir al máximo los defectos y las fortalezas de sus personajes, para hacer una excelente experiencia.

Estaré bajo su cuidado, espero poder entretenerlos con esta historia.



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Varen Tethras

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Historias de un Enano

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Re: Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Emiliano Cortés el Sáb Jun 09, 2018 6:04 am

Zona de conflicto, constantes rumores de peligro, mercaderes y aldeanos temerosos; eran los ingredientes perfectos para que el trabajo de mercenario floreciese en esas tierras. El hambre de violencia de Emiliano crecía por cada día, convirtiéndose poco a poco en una especie de necesidad que le impelía a la discordia y al conflicto. Las pesadillas empeoraban cuando se mantenía demasiado tiempo inactivo. Si el filo de su mandoble no probaba la sangre durante un tiempo, estas se revolvían con una furia que no se atrevía a contrariar; por ello, y porque le estaba desarrollando el gusto, sus empresas cada vez eran más arriesgadas con tal de atenerse a la idea de aquella violencia gratuita que se le exigía. Vagó de trabajo en trabajo, pasando de la caza de bestias problemáticas a la típica escolta de caravana. Protegió mercancías, personas, poblados... todo aquello poco le importaba más allá de calmar a su alma y ganarse el sustento que le permitiese vivir un día más; finalmente, de bandazo en bandazo, había llegado al pueblo de Dekhar. Por sus calles y rumores no tardó en enterarse de que un enano relativamente acaudalado buscaba guerreros tras los que escudarse para una empresa que aún debía ser determinada. La paga era suculenta, suficientemente tentadora como para captar la atención del reptiliano y decidirle a ir a aceptar el trabajo.

Aun tenía tiempo, así que decidió pasarse antes por el herrero para que le hiciese revisión a su maltratado mandoble. Le hacía falta un buen pulido, engrasado y a saber qué más. En su momento ya había notado que, en ocasiones, el mango se soltaba ligeramente y había que volverlo a colocar en su sitio; temía que en algún momento la hoja se fuese volando al carajo y se quedase sin arma de imprevisto en mitad de una pelea. No tardó demasiado en encontrarlo, las indicaciones que preguntó toscamente a los aldeanos temerosos de su tamaño y aspecto le guiaron de inmediato. Por suerte este trabajaba en una forja abierta: básicamente un techo sostenido por cuatro palos bajo el cual estaba la pulidora, la mesa de trabajo y demás parafernalia propias del oficio. El sonido de los martillazos desapareció nada más el reptiliano apareció por el lugar. La estructura rudimentaria quedaba lo suficientemente baja como para que el enorme Woe tuviese que agacharse en pos de asomar el hocico y entablar conversación con el herrero, cosa que hizo con una calma exasperante - Traigo este mandoble para una revisión - lo desenfundó de su espalda y se lo extendió al hombre de pelo negro. Apenas habría pasado la treintena pero se le veía curtido en el oficio. Era de hombros anchos, brazos fuertes y gesto curtido por el calor de la fragua. No le faltaban las cicatrices a lo largo de las manos y los brazos para demostrar que no era tarea exenta de peligros la suya.

Tardó un momento en recomponerse, tomando luego el arma y comenzando a revisarla con ojo clínico en busca de los problemas que pudiese presentar. Tras unos minutos de examen suspiró y comenzó a hablar - Tal y como está tardaré al menos dos o tres días, tengo varios encargos antes y son algo que no puedo dejar de lado - le echó una mirada al reptiliano - ¿Puedes prescindir de él durante ese tiempo? Tal y como yo lo veo no pareces alguien a quien le convenga estar mucho tiempo separado de su arma - Emiliano se quedó pensativo durante un momento, chistando molesto ante la noticia. Ciertamente no le convenía, mucho menos con la expectativa de un trabajo ante su hocico - ¿Sería posible algún repuesto para hacer el apaño? No está en unas condiciones en las que su uso resulte confiable - el herrero miró de arriba a abajo al Woe, escudriñando en sus recuerdos qué clase de arma podía dejarla que tuviese posibilidad de regresar en buen estado - Verás... - se lo pensó dos veces, teniendo en mente eso que quedó como proyecto decorativo en su momento - ... tengo algo que a lo mejor te podría servir y que, sinceramente, para mi es más una carga que otra cosa - empezó, dubitativo - en  su momento tuve una época de bonanza en la que me embarqué en proyectos extravagantes que, de una forma u otra, conseguí vender así fuese para decorar el salón de algún burgués o noble con ganas de aparentar - dejó el arma del reptiliano sobre la mesa de trabajo - es un mandoble de tal envergadura que en ningún cliente que me ha aparecido, hasta ahora, podía empuñarlo - volvió a recorrerlo con la mirada, apoyado en una de las barandas de madera que delimitaban el interior de su forja - ¿Te interesaría probar? A ese solo le hace falta un afilado porque de resto le he estado dando mantenimiento hasta estos días... sin poder venderlo - Emiliano clavó sus ojos en el humano, asintiendo con la cabeza.

El herrero se perdió durante un rato en el interior de su casa a un par de metros del lugar de trabajo. Emiliano se quedó observando como los viandantes pasaban de aquí para allá con rastros de lo que el reptiliano entendía como miseria. Le vino a la cabeza lo que era el pan de cada día en su antiguo hogar: la incertidumbre, la lucha por comida, las guerras de clanes, los monstruos mutados... como mucho aquellos que veía caminar estaban comenzando a discernir el verdadero salvajismo del mundo. El trabajador del metal apareció finalmente con lo que venía a ser un arma como dos palmos más grande que el mandoble que usaba. Estaba envuelto en telas pero la hoja parecía ser notoriamente más ancha, tal vez  de trece o catorce centímetros. Al llegar la puso sobre el banco junto a la otra, exponiendo con más nitidez las diferencias entre ellas. Comenzó a desenvolverla hasta que estuvo completamente a la vista, dejando a Emiliano que la empuñase y desenfundase para ver qué tal se adaptaba a su mano - Pesada, pero no me disgusta... - el herrero asintió, observando con una chispa en los ojos como el gigante sostenía su creación. El antropomorfo se alejó unos pasos, asegurándose de que nadie estuviese cerca, y comenzó a hacer tajos lentamente en el aire empuñándola con ambas zarpas. Algo en su interior se revolvía ante la perspectiva de cercenar con aquella arma, una suerte de morbo regurgitado - ¿Asumo que puedo llevármela, entonces? - el herrero sonrió ampliamente - depende... ¿Piensas trabajar para el enano? - señaló, dejando caer sus intenciones - Lo cierto es que sí - su interlocutor asintió - entonces puedes llevártela sin cargos extra mientras me ocupo de poner a punto la tuya... algo me dice que terminarás comprándomela de todas formas - se carcajeó por lo bajo mientras el reptiliano continuaba con los tajos a enemigos ilusorios - Trato, entonces - se puso recto y cogió la vaina para enfundarla y colgársela a la espalda. Los movimientos seguros y practicidad del lagarto no desagradaron al herrero, lo contrario, le pareció que ojalá todos sus clientes fueran así de callados y le dejasen trabajar en paz - Espera, hombre, que primero tengo que afilarla... ya te lo dije - Emiliano asintió y le devolvió el arma para que se pusiese con ello, tarea que no le llevó más de 10 minutos. Al finalizar se despidieron y se encaminó finalmente hacia el carromato en el que había llegado el enano para el que pensaba a trabajar. De momento su estancia en Dekhar estaba siendo bastante productiva pero no podía esperar al momento de empezar a reventar cuerpos con su recién adquirida arma.

No tuvo que esperar mucho hasta que el contratista llegó, recibiéndole con una leve inclinación de cabeza - Mi nombre es Emiliano Cortés, creo que buscas espadas que trabajen para ti - se golpeó el pecho con la zarpa cerrada en puño - ya tienes una -

Spoiler:
Gran Espada - Confeccionada por un herrero en Dekhar llamado Valan el cual pensó que sería buena idea exagerar las dimensiones de un arma de manejo por fuerza. Está hecha de acero, mide 2’15 metros siendo que 25 centímetros pertenecen al mango

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Emiliano Cortés

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Re: Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Gar'Shur el Mar Jun 12, 2018 4:52 am

__El orco detuvo su marcha abruptamente, alzando el puño para indicar a su compañero el posible peligro. El susodicho compañero, cansado, cabizbajo y, sobre todo, tan poco acostumbrado a tan largas travesías (era la primera vez en su vida que salía de la ciudad), pareció no entender el mensaje. Gar'shur por poco no descuella al poco Hope cuando se dio cuenta de que, pese a su advertencia, el peliblanco le estaba adelantando descuidadamente y trató de ponerle cuerpo a tierra.
__-¿¡Pero qué...!? ¡Por poco me matas!
__-¡¡Silencio!!
__-¿Qué ocurre?-susurró el del parche, alertado.
__-Un rugido. ¿No lo has oído?-Gar'shur asomaba la cabeza con cuidado, oteando atentamente cada arbusto cercano al camino-Ha sido bastante cercano, sonaba como un couru.
__-¿Cour-qué? ¿Qué es eso ?
__-Couro, como un gato pero más grande. Con garras. Negro y gris. Bastante común en las Nal... ¡Ahí ésta otra vez!
__Efectivamente el gruñido se volvió a oír. Mucho más fuerte y, sobre todo, cercano. Demasiado cercano.
__-¿Hope?
__-No hemos comido decentemente desde que salimos de Nanda, ¿vale? Te agradezco la ropa y eso. Y sé que eres orco, pero pensé que tú tenías cerebro. ¿Cómo cogiste también algo dinero al salir de la mansión?
__-No tenía dinero, me daban tres comidas al día, ropa y cama. Tampoco es que necesitará. ¡Además! Lo que si trae fue esto-mostró la espada con orgullo-Con esto es con lo que conseguiremos dinero y comeremos de aquí en adelante.
__Un nuevo rugido de couru, mucho más grande y verde, interrumpió la conversación. La inexpresiva pero penetrante mirada del del parche atravesó al optimista orco.

__-Mejor nos detenemos a comer. ¿Nos quedaba aun maíz?
__-Seis mazorcas, del huerto de ayer.
__-Acerquémonos a aquel árbol de más allá de allí y nos comemos dos.-siguió andando, se lo pensó mejor-O dos y media.
__-Va a ser entretenido verte adelgazar por optimismo.
__-Ahórrame tus chistes y ve sacando la olla-llegando bajo la sombra, el orco dejó su bolsa junto al tronco-, voy a buscar algo de yesca.
__El del parche, obediente se agacho junto a la sombra, y buscando en su ajado macuto, extrajo una olla de metal y un par de mazorcas, colocándolas junto a la mochila de su compañero. Luego se dispuso a limpiar una zona de hojas para preparar la zona de hoguera cuando vio una pequeña manzana verde caída, picoteada por los pájaros. Al alzar la vista, pudo comprobar como varias más se escondían entre el follaje del árbol.
__-Puede que los dioses estén de nuestra parte después de todo.-murmuró-¡Gar! El árbol, es un manzano. Creo que no van a hacer falta las medias.
__El orco contestó alzando un pulgar, mientras seguía recogiendo ramillas. Hope, recogió la cazuela y se dirigió hacia el riachuelo, el cuál corría unos cuantos metros más allá, al otro lado del camino. Al poco ya estaban cociendo al agua y esperaban a que comenzase a echar burbujas para añadir la primera pareja de cereal.
__Comenzaron entonces a oírse en la lejanía cascos de caballo, y poco después, vislumbraron una carreta en la lejanía del camino.
__-Puede que debiéramos pedirle indicaciones-sugirió el del parche, volviéndose de nuevo hacía la lumbre y removiéndola-Estaría bien saber si estamos llegando a alguna parte.
__-No creo que sea buena idea.-respondió Gar'shur, su compañero levantó la fría mirada hacía él, pidiendo una aclaración-Si un orco trata de parar tu carro en mitad de un camino, no paras, azuzas aun más a los caballos.
__-No se pierde nada por probar.
__-¿Quieres apostar?
__El vehículo se encontraba ya bastante cerca. Gar'shur se levantó en dirección al camino. No llegó a dar un paso más allá del árbol sobre el que se recostaba momentos atrás cuando se oyó chasqueo de fusta, unos relinchos de dolor, y de pronto el carro ya los había dejado atrás a velocidad de galope. El orco se giró de nuevo hacia su compañero y realizó una teatral reverencia. Volvió a oírse rugir a un couru.
__-Vale, vale. Ya pronto comemos.-replicó el del parche.
__-¿Pero cómo tienes tanta hambre?-preguntó al mismo tiempo el orco.
__Intercambiaron miradas confusos, y entonces se oyó otra vez, más fuerte, más lejano, acompañado del asustado relincho de un caballo y el grito de terror del carretero.

__Al momento, echaron manos a las armas y emprendieron la carrera de inmediato. Un felino de más de tres palmos de altura, de melena blanca y cuerpo negro y rayado, se alzaba sobre el carromato tratando de alcanzar al mercader que se arrastraba entre su mercancía, huyendo de las zarpas de la bestia tras captar su atención al defender a sus caballos con un buen latigazo.
__El joven orco saltó sobre el vehículo de una zancada, impulsándose con otra más para lanzar un tajo vertical con el que consiguió apartar a la bestia del humano. Una vez le hubo arrebatado la atención del animal al mercader, volvió a saltar a tierra firme. Por poco acaba con un bonito zarpazo en la cabeza cuando el animal le persiguió con un gran salto. Sabiendo que no podría superar al felino en velocidad, trató de asustarlo hinchándose todo lo que su cuerpo le permitía y liberando un gran bramido, digno de un verdadero Gorlock. El felino dudó.
__Incapaz de decantarse por lanzarse al ataque tras la exhibición de su cetrino rival y demasiado decidido a conseguir su almuerzo como para huir; el couru se limitó a mantener la distancia, bordeando lentamente al orco, mientras le amenazaba con sus dientes. No notó al peliblanco ni a sus cuchillas hasta que fue demasiado tarde. El gemido de dolor del animal se convirtió en rugido de furia. Y mientras se daba la vuelta para vengarse de su nuevo atacante, un nuevo y preciso tajó del corto puso fin al encuentro decapitándolo.

__-El orco se acercó rápidamente hasta su compañero, ahora manchado por la sangre de la criatura. Miraba el cuerpo descabezado fijamente y sus manos se aferraban fuertemente a los cuchillos que sujetaban.
__-Hey, ¡Hey! ¿Está bien?
__Asintió.
__-Estoy bien.-respondió inexpresivo, sin apartar la mirada de la sangre.
__-¡Sí! ¡Estoy bien! ¡Gracias a los dioses! ¿Se ha acabado? ¡Me habéis salvado!-respondió a su vez el mercader aun escondido en el carro, atribuyéndose la pregunta. El orco no apartó la vista de su compañero.
__-Estoy bien.-confirmó de nuevo el del parche, devolviéndole la mirada a su amigo-No haré nada.
__Gar'shur le dio dos palmadas a su compañero en el hombro antes de darse la vuelta para dirigirse hacia el mercader. Su tono cambio a uno más educado, el cual, quedaba extrañamente confiable en un orco.
__-Ya puede usted salir, señor.
__-Dioses... Eso ha estado demasiado cerca para mi gusto. Pensé que iba a perder todo; el pescuezo, los caballos, el carro... ¡Todo!
__Un hombre bajo, hunta, de pelo oscuro y vestido demasiado elegantemente como para ser un cazador zherokiano, se arrastro desde debajo de las cajas desparramadas del carromato y se posiciono frente al orco, temblando.
__-Parece que ha tenido usted suerte.-el orco hincho el pecho.-Es raro ver un gato couro por la llanura, son comunes en los bosques de las nalini, pero no suelen subir tan al norte.
__-Aaaah...-el mercader asintió ante la explicación, en cierto modo agradecía el tono tranquilo del orco, él aun temblaba del susto.-Su... Supongo que... querrás una recompensa ¿no?
__-Lo cierto es que andamos algo escasos de kulls últimamente...
__-Pídele verduras.-intervino Hope desde su espalda-Un puerro, unas cebollas...
__-Pero, si tuviera a mano algo de hortaliza, la verdad es que nos vendría mucho mejor.
__-Claro. Sí, sí. Claro. Por supuesto, tengo, por aquí algo de comida, puede... ¿pueden? coger lo que quieran.
__Hope adelantó a su compañero, lanzandosé a la cesta dentro del carro que acababa de indicar el mercader. El tipo miraba al peliblanco confuso, como si se estuviera planteando la posibilidad de que la cercania a la muerte le estuviera haciendo delirar.
__-Le agradezco mucho su colaboración.-intervinó de nuevo Gar'shur-Y me alegro de haber llegado a tiempo para salvarle a usted y a sus rocines. Pero, si fuera tan amable, ¿podría darnos algunas indicaciones? Nos encontramos algo perdidos en este momento. ¿Dónde esta la ciudad más cercana?
__-Claro, sí, por supuesto. Si siguen este camino hacia el norte llegarán hasta una bifurcación. El camino de la izquierda lleva hasta Shading. Sin embargo... ¿Es usted mercenario?
__-Sí, ciertamente.
__-En tal caso, deberían tomar el camino de la izquierda, hacia el este, hacia Dekhar. Allí es dónde he pasado la noche yo. Hay un enano, Tethras, sin barba. Viaja en una gran caravana fácilmente reconocible, pero será mas facil localizarlo en la taberna local. Esta reunión gente para un trabajo, algo de muertos andando. Pagaba bien. Decidle que vais de parte de Zaparshka y os aceptará de inmediato.
__-No es ninguna mala idea. Ciertamente andamos buscando un trabajo del estilo.-el orco dirigió su mirada hacia su amigo, buscando confirmación, pero el del parche pareciá bastante mas interesado en los vegetales del mercader que en la conversación-Muchas gracias señor Zaparshka. Que tenga un buen viaje.
__-Gracias de nuevo. Que los dioses sean con vosotros.

__El mercader volvió a su carro, colocó un par de cajas demasiado inestables, tranquilizó a sus caballos y partió.
__-Un enano sin barba en un pueblo llamado Dekhar.-repitió el orco-Creo que ya tenemos nuestro primer trabajo. ¿Tú qué piensas, Hope?
__-Que mas vale que consigamos una olla más grande, porque te prometo que cuando lo guise, el couru este va a estar riquísimo.
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Re: Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Rimbaud el Miér Jun 13, 2018 6:38 am

Llegó al linde del bosque, allí donde un llano camino lo cortaba de este a oeste. Acarició el cuello del caballo que había robado; desde ahora podría montarlo sin temor a que se rompiera una pata. Le colocó las riendas y la silla al ruano, debía tener más de veinticinco años por cómo había comprobado luego de mirarle los dientes, pero esperaba poder hacerlo cabalgar hasta el pueblo de Dekhar.
Su gruesa capa se encontraba salpicada de tierra, ramitas y hojas que se iban desprendiendo con la cabalgata, luego de haber estado viviendo cerca de dos semanas en la intemperie. Se sentía extraño volver a pisar un camino con la intención de llegar algún lugar, pues desde que había llegado a la región de Valashia se había encontrado deambulando por los pueblos evitando los bandidos, hasta que se halló con un grupo de ellos.
Resultó extraño unirse a un grupo de proscritos. Eran casi una docena, y ninguno había sostenido una espada en su vida, ¿cómo hacerlo? si en su vida no habían sido más que campesinos que habían perdido sus tierras producto de las constantes luchas, esclavos que habían huido, o simples vagabundos. Sin más que cuchillos, hachas y dagas habían logrado mantenerse vivos en el bosque, asaltando mercaderes y viajeros desprevenidos.
Posiblemente el caballero también les pareció una presa fácil, hasta que desenvainó su mandoble de hierro negro escondido bajo su capa. Luego de una charla con su cabecilla, decidiendo de mutuo acuerdo desistir de la lucha. Y posteriormente el woe se les unió a cambio de compartir algo de comida y un lugar alrededor de la hoguera.

Quizá Rimbaud era alguien demasiado confiado o ingenuo. Incluso algunos lo tildarían de idiota. La verdad de las cosas es que no le gustaba juzgar a las personas por la empuñadura y la vaina, pues de esa manera nunca se llega a conocer una buena espada.
Compartió con ellos la comida, el fuego y sus historias. Y aunque no estaba de acuerdo en la forma que se ganaban la vida, estuvo con el grupo en la única escaramuza que tuvo lugar mientras los acompañó: dos barriles de cerveza, una caja de tabaco y dos grandes cajas cargadas con miel había sido el botín, además del carro y un caballo. A cambio habían muerto tres de ellos y la persona que transportaba el carro. Un monje. El pobre ni siquiera cargaba con un cuchillo, pensando quizá que al pertenecer a la iglesia estaría exento de sufrir algún tipo de daño.
Aquello había llamado su atención. Él se sentía parte de un credo, uno de demonios, pero credo al fin y al cabo. Notó que también él se sentía un enviado a esparcir una palabra y dejar una enseñanza que estaba por sobre él. Y que de cierta manera estaba protegido tanto por lo que representaba la palabra como por el credo mismo. Al menos de una manera implícita, pues, ¿por qué Padre habría de querer que le pasase algo malo?
Esa noche dejó el grupo, robó el caballo, un barril de cerveza y un pote de miel. Un pueblo estaría bien, algo de civilización, y Dekhar era el pueblo más cercano según los proscritos.

Árboles un poco torcidos, aire fresco y verdor era lo que lo rodeaba en aquel momento. La tarde creaba un tono rojizo en el horizonte, y una tranquila bruma comenzó a bajar de las montañas, para la noche estaría sobre ellos.
Antes de llegar al pueblo dejó el caballo a unos cuantos cientos de metros. No valdría la pena el esfuerzo de venderlo por culpa de su edad, y por el tamaño de Dekhar, posiblemente más de algún paisano lo reconocería. Escondió la cerveza y la miel en el fondo de su morral, compró algo de comida para viajar en la tienda principal del pueblo además de rellenar de vino su bota. Pasó a la herrería pero se encontró con un enorme lagarto ocupando toda la atención del herrero, por lo que pasó a la botica a comprar un saquito de sal, un litro de vinagre, una aguja de hueso, hilo y un metro de lino en caso de necesitar hacer cataplasmas o curar heridas.

Para cuando cayó la noche se encontraba en la plaza, ya listo para presentarse ante quien el boticario había recomendado como una persona capaz de darle trabajo sin hacer muchas preguntas. Si algo sabía el woe, era que no se puede permanecer cerca de la sociedad sin, tarde o temprano, necesitar pertenecer a ella.


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Re: Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Varen Tethras el Miér Jun 13, 2018 7:35 pm



Prologo


El camino fuera de la taberna se sintió igual de tranquilo como los otros días, siempre ocurría esto cuando el enano iba a uno de los pueblos. Algunos veían a un sujeto amable y chistoso, creyendo que con eso obtenían el derecho a darle una paliza. El pequeño Varen se alegraba de probarles lo contrario, no es como si fuera a dejar que abusarán de su confianza por ser un pacifista. Al ir avanzando por las calles, el guardapolvo danzaba, en parte por la brisa de la noche, mientras que los brazos se movían un poco, hacía un cálculo usando los dedos de su diestra para determinar la cantidad de dinero que necesitaría cancelar para garantizar seguir siendo recibido en aquella taberna. Varen no podía decir que fuera una persona acaudalada, pero nunca le iba mal. Lo bueno de vender medicina es que, la gente está bastante dispuesta a dar dinero para garantizar la continuidad de su vida, más aún, cuando los productos que ofrezco son de tan buena calidad.

Mientras alcanzaba el lugar donde había dispuesto su carromato, noto que había dos figuras esperando por él. Por un segundo, imagino que se trataría de problemas, pero descartó tal posibilidad al ver que eran más mercenarios que matones. Ningún bravucón de pueblo necesitaría una armadura pesada de placas o un arma como un mandoble, eran herramientas para la guerra no para extorsionar. Acariciando su barbilla, mientras se adelantaba hasta la ubicación donde se encontraba el dúo, el enano realizaba una pequeña prueba mental. Se cercioraba de que fueran personas de confianza, mejor aún, que fueran personas capaces. Una vez se hallaba a unos pocos metros, el hombre lagarto se presentó, dando un saludo bastante común entre las fuerzas que se dedicaban a la guerra. "Emiliano Cortes"... Varen guardó silencio por unos segundos, siendo que esperaba un nombre diferente. ¿Cuál? Bueno, no lo sabía, pero en definitiva, uno no esperaba que un hombre lagarto se llame "Emiliano"... E-m-i-l-i-a-n-o... Sonaba más como a nombre de poeta que de guerrero, pero ya eso no venía al caso. Tenía material de historia, eso no podía ponerlo en duda.

El enano extendió su diestra dando un paso para dar un pequeño golpecito en el muslo de aquel enorme sujeto, más que una amenaza o algún ataque, se trataba de un pequeño gesto. - No debes ser tan formal amigo, pago por la compañía más que por soldados. - Una sonrisa se marcaba en el rostro del enano, quien llevaba ambas manos a su cadera, para después observar al otro invitado. A diferencia del primero, este poseía una extraña armadura. Gracias a sus trabajos como herrero, Varen podía notar que no era de metal... Al menos, no parecía serlo. Puede que fuera hecha del mismo estilo que la armadura de Emiliano. En ese único golpe el enano pudo determinar o al menos, aproximarse al material del cual estaba hecho. No parecía ser acero, aunque por el sonido, podría ser alguna aleación. Aunque no era el lugar para realizar una investigación. - ¿También vienes por el trabajo o solo nos harás sentir incómodo con tu silencio? - Con un gesto de su zurda, Varen invitaba al otro sujeto a que se aproximará al carromato.

Solo dos personas... Eso sí que eran menos de los que imagino se presentarían a esta misión, pero bueno, Emiliano parecía la clase de sujeto que querrías poner entre problemas y tú, a pesar de eso, el enano notó la enorme arma que llevaba a sus espaldas, así que, mejor poner un poco más de distancia de lo normal. Los mandobles eran pedazos afilados y peligrosos de acero, no sería sorpresa que terminará causando algunas muertes, si es que todo terminaba en eso. - Bueno, si hay alguien más que quiera el dinero, ya se presentará. Mi nombre es Varen Tethras, a su servicio. - Con un leve gesto de su rostro, el enano les saludaba, siendo que caminaba hasta donde se encontraba el carromato. El sonido de un ladrido, además de algunas cosas cayendo, delataba que aquel vehículo no estaba por completo vacío. De entre la tela, un enorme can que hacía ver a Varen aún más pequeño aparecía, siendo que lamía el rostro del enano, quien jugaba con aquel animal como si se tratará de un viejo amigo. - Este es Lebrel, pero no vendrá con nosotros... Bien. Les pondré al día. ¿Quieren algo de beber? - Caminando al interior del carromato, dependiendo de la respuesta de sus invitados, el enano les daría algo de licor guardado en su pequeño hogar móvil. Ningún trato se sellaba si no había una buena bebida de por medio.

Tras encargarse de aquello, el enano procedía a sentarse en el carromato, garantizando poder observar a sus compañeros casi directo al rostro, debido a la altura de ambos, no deseaba tuvieran dolor de cuello al tener que bajar la mirada. - Primero que nada, esto es la mejor prueba de capitalismo. Alguien me pago para investigar los hechos que quizás hayan escuchado. Cosas tenebrosas y mierdas así... Los muertos de los campos de batalla han comenzado a "moverse" y eso solo significa problemas. No importa como lo ponga, no será un trabajo agradable para nadie. - Varen hacía un gesto con los dedos de su mano izquierda para añadir "misterio". Hecho eso, daba un trago a su bebida, para continuar con la explicación. - No podría cumplir solo con esto, así que busque otro par de manos extra. Si tenemos éxito, notificaré al que me ofreció el pago y dividiremos la recompensa. Simple como eso. Lo ideal sería que nos conociéramos, al menos saber que somos capaces de hacer. No soy un guerrero, se usar un cuchillo pero no esperen milagros de mi... Aunque soy un buen alquimista y puedo garantizar que no mueran mientras estemos ahí afuera. Tengo suficiente material de apoyo en este sitio, puedo darles algún cuchillo o arma de respaldo, podría venir bien. - Hecho eso, sacaba de su bolsillo una de las granadas para mostrársela a los dos aventureros, siendo que esta tenía un tamaño algo pequeño, probablemente para que entrará dentro de la mano del enano. - Tengo algunas creaciones que podremos llevar, serán útiles pero espero que no necesarias. Creo que eso concluye todo sobre mí, hay más pero no les aburriré con eso. A menos que deseen conocer de mi vida personal... - El enano mostraba una sonrisa amable, mientras daba otro trago a su bebida alcohólica, para después de eso, esperar, si así lo deseaban sus futuros compañeros una introducción un poco más personal.

Dejando de lado las respectivas formalidades, el enano bajaba de su asiento, levantando un poco de polvo por su peso al caer. - Ya he investigado algunos rumores, y tengo la dirección de nuestro viaje. Solo debemos determinar si quieren salir ahora mismo o preferirían ir al amanecer... - Terminando su trago, Varen arrojaba en el interior del carromato su jarra, para explicar el porqué de esta decisión. - Si partimos ahora mismo, es probable que lleguemos durante la madrugada a nuestro destino. No es como si me importe, ya tome un buen descanso a lo largo del día y mi vista durante la noche es mejor que la de otros, pero no sé si están cómodos con eso. Los caminos están llenos de asaltantes, quizás hallemos problemas al ir por los caminos. Dejando eso de lado, mientras más rápido lleguemos a nuestro destino más rápido podremos comenzar a poner manos a la obra. - Aclarado eso, el enano levantaba las manos moviendo sus hombros en señal de que no le interesaba. - El mejor beneficio de esperar hasta mañana está en una buena noche de sueño y evitar a los bandidos, aunque, esos hijos de perra seguro no respetan los horarios. Mi principal preocupación es que llegaríamos cerca del anochecer... Y a donde quiero investigar, bueno. Es un campo de batalla. No, era un campo de batalla. Seguro están terminando con sus asuntos ahora mismo... Es probable que haya una concentración aceptable de cadáveres, sin contar que se mantiene dentro del área donde han ocurrido los otros extraños eventos. - El rumor provenía de unos cuantos mercaderes que las tropas a la defensa, provenientes de Shading estaban por encarar a su némesis como era de esperarse, en estos casos. El equipo perdedor podría ser el local, una lástima, dado eran buenos sujetos... Aun así, detectaba problemas por como usaban sus estrategias, sin contar que carecían de un buen general o tropas organizadas de manera que pudieran presentar tanto movilidad como letalidad. No me consideraba un experto en el campo de batalla, pero si sabía que cada derrota, cada golpe que debilitaba a un ejército, solo lo hundía más y más, haciendo desaparecer las posibilidades de una victoria.

Dejando eso de lado, el enano abría la parte posterior del carromato, siendo que en ese punto conservaba sus herramientas de herrería, además aprovechaba el lugar para dormir. - Avísenme cuando tomen una decisión, prepararé todo lo necesario para el viaje. Harían bien en tener algunos suministros como comida o demás, a su preferencia. Tampoco me enfadaré si alguien lleva una buena bebida... - Hecho eso, comenzaba a hurgar entre sus posesiones, procedía a tomar una mochila de viaje para revisar entre los objetos que serían imprescindibles para este tipo de aventura. Obviamente se encontraban herramientas necesarias para un cirujano, una sierra, algo de hilo, alcohol para desinfectar heridas, una cuchilla de corte, vendas y al menos un par de secciones de cuero para hacer torniquetes en caso de ser necesario. Tomaba una pequeña tablilla con la cual estabilizaría una herida en caso de fractura. Creo que eso cubría lo necesario en la parte de atención médica. Caminaba para pasar a la siguiente sección del carruaje, en la cual se encontraba la zona donde realizaba cirugías, comenzaba a cerciorarse de que todo estuviera en orden. Sacaba una mochila para pociones, se trataba de un pequeño bolso cuyo interior tenía una cobertura de tela suave, similar a la lana.

Cada una de las zonas tenía un pequeño espacio para introducir pociones, en este caso, eran un total de 12 espacios. Colocaba 3 de cada uno de los curativos y pociones podía producir, para luego cerrar la mochila, apoyándola sobre la mesa. Buscaba con cautela unas granadas, cargando al menos 4 de cada una, nunca sabrías cuando necesitarías explosivos para demoler o asesinar a alguien. - ¡Tengo explosivos si quieren tomar alguno! Solo deben encender la mecha y arrojarlos, hay de humo y granadas. Son útiles, no creo puedan llevar pociones, se podrían quebrar entre sus cosas. Son bastante sencillas de usar, solo deben encender la mecha, arrojarla al lugar donde quieren que caiga y esperar. Tienen un retraso de unos cinco segundos, pero la mecha encenderá con facilidad, las remojo en aceite para garantizar que se prendan con un ligero fuego. Son de metal, así que no se van a quebrar y son lo suficientemente pequeñas para que no consuman mucho de su espacio. De nada de antemano. - Las armaduras de placas no eran amigas de las cosas frágiles, un simple golpe terminaría por romperlas y dudo alguien quisiera chupar una piedra para poder tener algún beneficio. Sin contar que realmente, sería un desperdicio mi tiempo y habilidades. A pesar de que no se sabría si marcharían hoy o mañana, mejor estar preparado para cualquier eventualidad.
El enano poseía todo lo necesario para la aventura, siendo que luego de ello, caminaba al exterior del carromato. Llevaba una camisa diferente, de un tono marrón oscuro, sin contar que el guardapolvo desapareció en algún lugar de su vehículo. Además de ello, llevaba unos guantes de cuero probablemente para protegerse del frío o las herramientas. - Rentaremos un carruaje, el mío solo nos atrasará. Ya hable con uno de los locales para que haga vigilancia, es confiable. Si desean dejar algo que no necesitarán, pueden hacerlo en este sitio. - Señalaba su carromato, para luego de eso, desatar su cabellera. A pesar de que el enano tenía una apariencia rústica, lo lacio de su melena daba un aire refinado, pero desapareció con velocidad siendo que volvía a hacer una trenza para mantenerla en orden. Dejando todo eso de lado, solo quedaba determinar el momento de partida. Para finalizar, necesitaban coordinar cualquier tipo de estrategia o escuchar las sugerencias por parte de los protectores, la parte "teórica" correspondía al enano, pero la parte "práctica" caía tanto en Emiliano como en el caballero de pesada armadura, mejor que decidieran como distribuirían el peso de la vigilancia.

Esperaba aparecieran otras personas, a pesar de que tanto el lagarto como el otro sujeto parecían ser bastante duros, no quería pusieran sus vidas en un riesgo extremo. Como siempre, para el enano, el mejor de los resultados involucraba volver a casa y poder probar una buena cerveza al final del día. Varen se mantuvo atento, esperando cualquier cambio de planes o aclaratoria... De todas formas, podría hacerle preguntas con respecto a la labor o que se realizaría a lo largo del camino. El enano había intentado mostrarse de una manera simpática, dejando de lado la actitud profesional pero al mismo tiempo garantizando cierto grado de familiaridad, para evitar los problemas.

Resumen:
Tanto Rimbaud como Emiliano llegan al carromato de Varen, quien les recibe con su característica personalidad. El enano le explica la situación además de otras indicaciones. Le ofrece dos opciones:

Hacer el viaje durante la noche:
- Ventajas: Llegar al destino de manera veloz.
- Desventajas: Aumenta la probabilidad de ataque de bandidos. Los personajes no descansarían cómodamente durante la noche.

Hacer el viaje el siguiente día:
- Ventajas: Reduce probabilidad de encontrarse con bandidos. Un descanso placentero para los personajes al dormir.
- Desventajas: El viaje se realizaría posterior al descanso.

Nota para Gar'Shur: No incluí en a tu personaje en la interacción con Varen pero asumiré llegarías antes de partir. En tu próximo post, integrate con el resto del grupo.

Nota para Frank Morgan: En esta ronda es la última oportunidad para integrarte. En caso de que no lo hagas, no se te permitirá ingresar durante la partida.

Próximo Post: Domingo 17 de Junio.

Orden de Posteo (Permanente):
- Varen Tethras.
- Emiliano Cortes.
- Gar'Shur.
- Rimbaud.
- Frank Morgan (De integrarse).






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Re: Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Gar'Shur el Dom Jun 17, 2018 1:25 am

__Con la consecuente pausa para cocinar y comer al gato couru, crucial y completamente justificada según Hope; los dos amigos tardaron en reanudar su camino, ahora, gracias comerciante hunta, con un objetivo a corto plano perfectamente fijado e indicado. Para cuando llegaron a aquel pueblo fortificado a base de madera pero cuya puerta se encontraba sin vigilancia llamado Dekhar, las lunas habían dado el relevo al sol hacía ya rato.
__Un susto imprevisto y un par de preguntas a los convecinos que abandonaban lo que presumiblemente era la taberna más tarde, tuvieron la ruta hacia el carromato del enano. Éste era bastante más grande de lo que se esperaría, más incluso si se tiene en cuenta que su dueño era un enano. Se asemejaba enormente a uno de esos vehículos en los que suelen viajar los shike.
__En la parte delantera, colgaba un farol aun encendido que iluminaba los alrededores y permitía ver a las dos imponentes figuras que se hallaban justo a éste. La primera y más llamativa; un descomunal reptiliano de más de dos metros de altura portando una armadura y arma acordes a su tamaño y rareza. La segunda, un caballero completamente embutiendo una ostentosa armadura color pizarra, el cual casi igualaba en altura al orco.
__La visión de aquellos personajes obligo a Gar'shur a ser mucho más consciente de la mala imagen que debía dar como mercenario a contratar con vestimenta cara y manchada, y aquella espada mal colgada del cinto. Parecía más un matón, un ladrón o un bandido que otra cosa. ¿Realmente bastarían sus palabras para conseguir que les contratasen? No lo tenía nada claro, más cuando dos sujetos que parecían tan competentes ya habían conseguido el trabajo. Aun así, debía intentarlo, el trabajo sonaba magnifico. Buena paga y misión suficientemente importante para que hubiera la posibilidad de conseguir renombre, pero no demasiado peligroso. Además si quería cambiar impresión que daba, necesitaría dinero.
__-Disculpen, ¿No es este el carruaje del Tethras? No han habían dicho que podríamos encontrar trabajo.
__-Un caballero, un lagarto y un orco entran al bar de un enano...-un enano sin barba, con una melena castaña brillante y una larga gabardina de cuero, se asomó desde el interior del vehículo. Su tono jocoso y con toques teatrales consiguió mitigar.
__-No conozco el  chiste, pero ahora me siento en la obligación de asegurar que tenga un final a la altura.- tirando del brazo a Hope para colocarlo delante y denotar su presencia, el orco hizo una reverencia.-Gar'shur Gorlock y Hope Amell  a su servicio. Imagino que es el señor Tehras.
__-El señor Tethras es mi padre, yo solo soy Varen.
__-Encantado en tal caso, señor Varen. Un mercader hunta llamado... ¿"Zarkapa"?  nos informó de que ofrecía trabajo, nos gustaría formar parte de él.
__-Ofrezco riesgo, no sé si lo llamarás trabajo. Pero pueden venir, cualquier cosa que haga el grupo más variado y entretenido, es bien recibida.
__Varen explicó a los recién llegados lo que ya había contado a los primeros mercenarios. La situación con los muertos no tan muertos; la ruta y el plan de viaje; el reparto de la recompensa; el soporte; las recomendaciones; etc. Hope decidió aceptar la oferta del enano y tomar una de sus granadas, seguro de que dadas sus habilidades podría venir bien en un futuro. Luego llegó la parte de decidir la hora de partida.
__-¿Y qué tal ven los orcos en la noche?
__-No se lo digas a tu gente, pero, por desgracia, eso es una de esas cosas que se os dan mejor a vosotros. Podríamos partir ahora si el grupo lo decide, pero llevamos todo el día andando, preferiríamos partir mañana.
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Re: Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Frank Morgan. el Lun Jun 18, 2018 2:59 am

Curioso cómo un poco de buen dinero puede hacer que un hombre olvide su buen juicio con tanta facilidad. No me considero la persona más cuidadosa del mundo, precisamente, pero atribuyo el hecho de que sigo vivo a mi capacidad para saber cuándo alejarme de una situación particularmente peligrosa. Y también buena suerte, cuando lo primero falla ¿A qué viene todo eso? Simple. En un principio no me dirigí a Dekhar con muchas ambiciones. La fortaleza no estaba precisamente en sus mejores días. Noticias de un gran asalto habían viajado rápido, y yo casualmente me encontraba en el lugar y el momento justos para escucharlas primero que nadie (He ahí la importancia de la suerte que tantos desprecian). Con eso en mente, decidí dirigirme hacia allí. No tenía nada asegurado, a decir verdad, ni siquiera estaba completamente seguro de que habría una oferta de trabajo esperando a cualquier mercenario dispuesto a tomar parte en la defensa de una ciudad asediada. Sin embargo soy una persona con cierta clase de gastos constantes que no puede darse el lujo de flojear. Eso quiere decir que si existe siquiera la posibilidad de obtener dinero, ni siquiera la seguridad de la paga sino la mera posibilidad de que tal vez pueda encontrarse, entonces eso ya es suficiente como para hacerme viajar a casi cualquier lado.

El viaje fue sido largo, principalmente dado que ni siquiera había llevado a mi propio caballo. Max se había quedado a descansar con mi madre en su tierra natal. Se había lastimado una pata después de uno de mis últimos “trabajos” y necesitaba descansar. Solo así podría estar fresco y listo para cuando volviese a casa. Desde luego, eso me había dejado con la difícil tarea de cargar todo mi equipo a pie. Conseguí hacer un trato con un par de comerciantes que se dirigían hacia el mismo lugar que yo: uno de protección barata a cambio de un viaje cómodo. Los pobres tontos quizás podrían haber seguido sin mí, pero dados los recientes ataques a la fortaleza temían por su seguridad, y su paranoia termino jugando en mi favor.  Al menos no tuve problemas en entrar a Dekhar. Buen lugar, muy bonito si uno es capaz de obviar el olor a cadáver que abunda cerca de los muros exteriores. Su gente es muy animada, teniendo en cuenta su estado actual. Mi problema, podría decirse, fue el encontrar trabajo; al menos el trabajo que yo tenía en mente. Quizás debí buscar más, o haberme cerciorado de haber agotado todas las posibilidades. Pero no pude evitarlo. Mi suerte se había acabado (o no, dependiendo de a quien le pregunten). Fuera como fuese, me dirigí a la taberna más cercana. Ni siquiera llegue al edificio en cuestión antes de escuchar a dos o tres personas (a quienes, a falta de mejor nombre designare como “chusma”), hablando sobre un supuesto rumor que, como confirmaría después, acabaría siendo mi perfecta oportunidad laboral. Un enano acaudalo andaba reclutando personal capaz para cierta empresa de naturaleza no muy específica. Y es aquí donde vuelvo al inicio de mi relato, particularmente a la parte donde hablo de mi capacidad para saber cuándo alejarme del peligro. Por lo general no suelo aceptar trabajos de naturaleza desconocida, por dos motivos en particular. Número uno, son la clase de trabajos que tienen a salir mal. Mucho desconocimiento, instrucciones vagas, peligro de naturaleza desconocida. Y al final, siempre es la mano de obra bien pagada la que acaba sufriendo las consecuencias de un trabajo que resulto ser más difícil de lo que aparentaba. Número dos, y el más importante de todos: magia. No lo digo en broma. “Trabajo de naturaleza desconocida” tiende a tener “magia” escrito por todas partes. Y al menos yo en particular no soy muy adepto a las artes místicas; prefiero alejarme de ellas lo más posible.  

Pero bueno, si recuerdas un poco de lo que relate antes, hable de la capacidad del dinero para nublar el juicio de hasta el más precavido de los hombres. Y el enano estaba ofreciendo bastante de eso.

Además, estaba preparado. Al igual que cada vez que me dirijo a una zona de guerra, estaba listo para cualquier cosa. Por más que mi espalda me odiase un poquito por ello, tenía bastante encima. Tenía mis cuatro pistolas, dos de cañón largo y dos cortas, en sus respectivas fundas. Un mosquete  colgado de mi espalda con al igual que mi confiable bastarda, como siempre estaban. Mi cuchillo de trinchera en su funda a la altura de mi tobillo. Llevaba el lanzagranadas conmigo. No en una funda, desde luego, sino en una suerte de valija con rueditas con la que me había hecho antes de partir, donde también llevaba unos cuatro explosivos. Normalmente solo llevo tres; esta vez agregue una más por las dudas. Podría haber llevado más, supongo, pero siento que hubiese sido un poco excesivo. No me gusta utilizar los explosivos como método primario para solucionar problemas. En mi línea de trabajo, usualmente conviene que al menos un poco del cuerpo que asesinas quede reconocible, para que puedas cobrar la recompensa. Lanzar granadas tras granada contra un cuerpo humano por lo general tiende a dejar el efecto contrario. El hecho de que Max no viniese conmigo implicaba muchas cosas. Para empezar, que dependía del transporte que pudiese proporcionarnos nuestro empleador (si es que era capaz de hacerlo, tampoco iba a negarme a la paga solo por tener que ir a pie). No podía llevar nada más. Soy humano al fin y al cabo, y el peso que estaba llevando encima ya era mucho. Asumo que verme arrastrando una valijita con ruedas habrá sido una vista bastante peculiar para los pobladores. Al menos tenia energía de sobra, producto de haber estado todo el viaje sentado y descansando en una carroza.

Desgraciadamente, llegue tarde. Al menos a la taberna, podría decir. Por norma general la mayoría de los trabajos y empresas independientes empezaban y terminaban en la taberna, pero para cuando entre al edificio, las buenas gentes del lugar estaban demasiado ocupadas limpiando y solo se limitaron a mirarme con una expresión que no podría describir de otra manera que no fuese suplicante. Como si ya hubiesen tenido bastante por una noche y no quisieran más problemas. Aparentemente la persona que yo estaba buscando ya había estado allí. Teniendo en cuenta que no había divisado muchos enanos por el pueblo, y a este en particular se le había visto con bastante oro encima, no hacía falta ser muy inteligente como para darse cuenta de a quien tenía que ponerme a buscar. Y así lo hice, gracias al sutil y antiguo arte de pedir indicaciones. Convengamos que la persona que buscaba no era particularmente hábil en esto de pasar desapercibida. No es como que pudiese reprocharle algo, al fin y al cabo estaba en sus mejores intereses hacerse lo más visible posible para que los interesados en trabajo pudiesen encontrarle con más facilidad. Y si ya estaba pensando eso cuando me dispuse a buscarlo, cuando pude ver a los acompañantes que había escogido hasta el momento se me hizo más claro que el agua. Uno de ellos era un lagarto robusto y grande; un antropomorfo seguramente, con un arma de tamaño proporcional al de su cuerpo.  Del otro no tenía mucho que decir, principalmente por que la extraña armadura que llevaba no permitía ver demasiado de sus características físicas. Claramente yo no iba a ser el musculo de la operación.
Aun así, mi oído estaba lo suficientemente afinado como para escuchar la mayoría de las cosas que decía el enano, incluso a una distancia considerable; sus palabras solo se hacían más claras conforme más me acercaba. Y, si la presencia de los últimos invitados (un orco, ni más ni menos, y un…emm…niño? Tal vez, no sé, por mi sanidad mental hice de cuenta que lo era) me indicaba algo, era que no era el único en llegar tarde. Solo era el último. Pero no por un margen horario demasiado grande, así que esperaba no tener que tragarme un regaño.

-¿Varen Tethras?- Pregunte, sin hacer el menor esfuerzo por ocultar mi presencia, solo para continuar avanzando con un poco más de seguridad cuando mi anfitrión confirmo mis sospechas. Lo más probable era que ya me hubiesen visto de antemano, de todos modos. Al menos sabía que los enanos y los orcos tienen una envidiable vista nocturna, y las rueditas de la carreta no pasaban precisamente desapercibidas. Entre todos esos hombres enormes y musculosos yo pintaba casi como un niño. En cierta forma, me alegraba la presencia del pequeño de pelo blanco, porque al menos así no era el más delgado del grupo. Esperaba que las armas compensaran un poco mi falta de fibra. – Me comentaron que usted andaba buscando mano de obra capaz para un trabajo de… peligrosa naturaleza. Disculpen la tardanza.- Comente. El enano resulto ser alguien muy paciente y amable, con una efusividad y alegría que siempre caracterizaron positivamente a su raza. Me explico son problemas todo lo que tenía que saber sobre el trabajo, sobre los riesgos que conllevaba, los detalles más sórdidos de la empresa, los recursos, el viaje. Relleno prácticamente todos los huecos que yo no había podido escuchar. No mentiré, la parte de los muertos levantándose me dio muy mala espina. Muertos levantándose equivalen a nigromancia. Nigromancia es magia. Odio la magia. Pero no podía retractarme en ese momento, no después de haber viajado hacia allí, haberme presentado, y haber visto la jugosa recompensa que se me ofrecía. Incluso después de haberla repartido entre tanta gente, acabaría con una porción lo suficientemente generosa como para que todo el trayecto hubiese valido la pena. Tenía que aceptar, eso estaba más que claro.

Lleve mi mano al sombrero, levantándolo lo suficiente como para hacer un ademan de saludo a los presentes. –Soy Frank Morgan, mucho gusto.  Soy un caza recompensas, por decirlo de forma simple.- Simple, y honesta.- Soy un tirador de preferencia, pero también se me da bien usar la espada y el cuchillo. No soy mal rastreador tampoco, si sirve de algo. Oh, y vine con mis propios explosivos- Ese último comentario fue acompañado por un pulgar señalando a mi valija, que de repente ya no se veía tan ridícula. – Si mi opinión cuenta de algo. Incluso aunque haya gente entre los presentes capaz de ver en la oscuridad, a cualquier bandido que esté esperando en los caminos le sería mucho más difícil ocultarse de nosotros a plena luz del día que bajo el manto de la noche. Además, estar frescos antes de empezar un viaje largo y peligroso nunca viene mal. – Ahora solo quedaba esperar que los demás eligiesen la hora de salida, y que nadie me tachase de cobarde por querer esperar un poco más. Teniendo en cuenta que soy un tirador, la idea de tener que enfrentarme a muchos enemigos en un horario del día donde estoy prácticamente ciego no sería muy conveniente para mí.
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Re: Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Rimbaud el Lun Jun 18, 2018 8:40 pm

No era la primera vez que el caballero había puesto su espada al servicio de alguien, y es que en los tiempos que corrían era usual que en cada sitio a donde uno iba, al menos en una o dos tabernas (y subían en cantidad a razón del tamaño del asentamiento) se contratasen mercenarios para tal o cual empresa.
Eso de que la prostitución era oficio más antiguo del mundo a veces sonaba algo ambiguo para el woe. Para cualquier trabajo era necesario tener una cantidad considerable de herramientas, ni qué decir de las materias primas. Para la prostitución sólo se hacía falta un cuerpo, para ser mercenario solo era necesario tener algo afilado o contundente y la voluntad de matar. Era tan fácil volverse mercenario o prostituta que la respuesta a porqué Rhaggorath y Lluuhgua eran tan famosos saltaba a la vista. Follar y matar parecían ser los pilares fundamentales de la civilización, todo lo demás era una consecuencia o una añadidura.

Y hablando de voluntad de matar y un filo para ello, estaba muy claro que su alto compañero iba sobrado de ambos. El lagarto era lo que solían llamar: hijo de la ciénaga, unos brutos sangre fría que dedicaban su vida a ir y venir por las junglas con sólo un taparrabo y un machete, luchando y alabando a sus dioses perdidos. Era extraño ver uno tan lejos de un pantano, pero él era la prueba de que los antropomorfos se abrían camino por Noreth a pesar de las dificultades.
Luego de oírlo hablar quedó claro que no era una bestia carente de inteligencia, al menos parecía entender la lengua común. Eso era muy bueno para efectos de la empresa, ya que es más preferible tener cuidando tu espalda alguien que entiende lo que dices.
El enano era harina de otro costal.
Rimbaud se sintió algo incómodo luego de haber sido tocado con gesto investigativo, «así que así se sintió el caballo del monje cuando le miré los dientes» Se quedó en silencio sin saber qué decir, mirando esa sonrisa socarrona que no le gustó para nada. No era la sonrisa de un mercenario, sino la de un apostador con buena mano, o la de un estafador ofreciendo una panacea. ¿O sería que del puñado de veces que había visto a un enano, éste carecía de ese gesto en común de orgullo tallado en el rostro a fuerza de martillo y cincel? O que simplemente su falta de barba le parecía de por sí ya digno de sospecha. El woe suspiró internamente y se obligó a saludar de vuelta.
Rimbaud de Auberdine es mi nombre. Y sí, estoy aquí también por el trabajo.
Puso su mano sobre el pomo de su mandoble, y se mostró relajado, a pesar de que pudo atisbar lo que pensaba el enano de él y su armadura. «No olvides que son afamados herreros.» Posiblemente sospechaba algo.

Su trabajo desde ese momento era parecer una espada de alquiler, por suerte había conocido una infinidad, y si algo tenían en común —además de la falta de higiene— era su gran capacidad para traicionar, y el hambre de dinero.
Se acercó al carromato y aceptó la bebida. Se sintió algo nervioso por el perro pero no lo demostró. Era extraño para él la idea de que los animales fueran mascotas. Escuchó en silencio la introducción, y notó que no hubo mención de la cantidad de dinero que le habían ofrecido a cambio del trabajo. Le pareció raro que Varen Tethras fuera un enano que no supiera luchar, lo anotó también en algún lugar de su memoria. Al menos era buen alquimista, eso valía más que un par de buenos mercenarios.
Cuando les mostró las granadas Rimbaud desconoció totalmente de qué trataban, y lo tomó como algún invento alquímico de esos que era mejor mirar de lejos y con respeto.

Cuando Varen les dio un momento al lagarto y a él para presentarse el caballero habló primero:
Yo me siento bien con casi cualquier arma de filo, aunque de momento mi preferida es el mandoble. Fui escudero por algunos años. y luego caballero, aunque no me han ungido, pues quien servía murió por una enfermedad. Desde entonces he vivido como caballero andante, ofreciendo mi espada a diferentes causas. Tengo experiencia en batallas, escaramuzas y asedios.
»Y dado que me encuentro entre esta extraña compañía, debo ser honesto en decir que no soy humano, sino antropomorfo. Y más nada diré al respecto.
Si iba a embarcarse en una campaña con aquellas gentes, era de esperar que pasaran días reunidos, y su secreto tarde o temprano se revelaría. Y como estaba entre un enano y un hijo de la ciénaga, esperaba que no fueran igual de racistas que los humanos.

Cuando el enano se refirió a la elección de la partida, el caballero lo pensó un rato mientras dejaba caer la bebida por entre el espacio de su yelmo de barbuta.
Si he de opinar con respecto a ello, debo decir que no tan solo sería un beneficio llegar antes si viajamos de noche. Esta bruma que envuelve Dekhar es perfecta para realizar un viaje: reduce el eco de los sonidos, impide que nos vean desde lejos e incluso impedirá que los lobos nos huelan. Parece un gran riesgo, pero tanto Varen como yo tenemos buena vista nocturna.
Dicho esto esperó a ver qué opinaban los demás. De los explosivos se mantuvo aparte, pues no tenía experiencia alguna con ellos, y no le apetecía perder una mano.


Un atardecer, senté a la Belleza sobre mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la insulté.
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Re: Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Varen Tethras el Mar Jun 19, 2018 4:30 am



Capitulo I: El Llamado


Y parece que han subido unos pocos más al bote, eso aliviaría la carga del enano. Este no lo diría directamente, pero a leguas se notaba como sus hombros se relajaban, tomando una postura un tanto más calmada. No había necesidad de muertes heroicas o de sacrificios nobles, esa mierda sonaban mejor en las historias que Varen contaba (o a veces se inventaban). Cuando eran tipos a los que el convoco, solo importaba regresar a casa. Mantenía el silencio, recopilando la información que aprendió de todo el grupo. Parecía el inicio de un mal chiste o uno muy bueno, dependiendo de como fuera la broma final. Un lagarto, un caballero, un orco, dos humanos y un enano entran en un bar... Acariciaba su barbilla, escuchando las opiniones de cada uno. En el momento en que esperaba Emiliano hablará, este solo concedió con un leve gesto de su rostro. - Bien. Vayamos por el punto medio, Rimbaud y yo conduciremos el carruaje, ustedes pueden dormir detrás. Todos felices. ¿No? - El enano levantaba sus manos para exponer que era la manera más óptima de satisfacer las condiciones, un viaje rápido y en el cual, los más extenuados podrían descansar sin ninguna interrupción.

No es como si el Tethras lo necesitará, ya descanso casi una semana entera y por su naturaleza viajera o quizás salvaje, ya comenzaban a picarle la planta de los pies, ansioso de seguir su marcha. Por esta razón, algunos amaban al pequeño mientras que otros, no podían sentir afecto. Siempre tan entusiasta de embarcarse, siempre tan oportuno para despedirse. Una vez todos confirmaban tener su equipamiento, el enano envainaba su cuchillo dentro de su chaqueta, ocultándolo a la vista. - Vengan, no usaremos mi carromato, esa cosa nos retrasaría demasiado. Renté un carruaje para la ocasión. - Con un simple gesto de la diestra, le pedía al grupo que le siguiera. Cualquiera que observará al grupo, podría sorprenderse o reírse, dependía de si temía a los hombres fuertemente armados y a las razas conocidas como violentas. Por las diferencias de estaturas, era más una especie de espectáculo que un grupo de aventureros. - No tienen que sentirse nerviosos, con suerte, solo serán esos hijos de perra de Izalith o algo por el estilo... - El enano parecía bastante seguro al afirmar de esa forma. Era conocido que muchos de su clase, no creían del todo en los efectos de la magia. Algunos de hecho podían negarlo por completo. Incluso cuando eran capaces realizar hermosas y poderosas runas en las armas, que le dotaban de una gran variedad de efectos.

El resto del camino se hizo en relativo silencio, siendo que el enano no parecía tener nada más que decir. Lo que era una sorpresa, considerando lo parlanchín que se notaba que era. Tras llegar a un establo, una mujer parecía atender al grupo. El perro, hasta ahora ignorado, saltaba en su regazo, moviendo su cola intentando ganar su atención. - Varen, finalmente llegas. ¿Saldrás esta noche? - La mujer parecía conocer al enano, a primera vista, lucía como una mujer cercana a sus cuarenta años, bastante atractiva y con una figura que dejaba saber era madre, pero no por eso restaba belleza a sus facciones, un tanto maltratadas por el sol. - Si, como te dije. Cuida mi carromato y a mi buen muchacho. No tardaremos mucho. - Ambos compartían una sonrisa, que decía mucho sin decir nada, la dueña del establo se llevaba al perro al interior, mientras que el enano hacía un gesto al grupo para que se acercarán. El vehículo seleccionado se veía mucho más pequeño que el otro, pero eso garantizaba ser más maniobrable.

En la parte posterior había espacio suficiente como para seis personas, sin contar unos pocos suministros con los que garantizar el viaje. Con un salto, el enano se colocaba al frente del carruaje, asegurandose de abrir la tela para hablar con el resto de los pasajeros. - Estamos pronto a partir mis compañeros, así que tomen un lugar cómodo, busquen algo que leer y relajen su trasero, será un viaje algo movido. - Todo se encontraba en posición, solo sería cuestión de seguir el camino. El carruaje avanzaba, siendo tirado por un grupo de cuatro caballos, aparentemente, de buena raza y bien cuidados. La idea era inteligente, no poner en riesgo sus propias pertenencias, para así irse en cualquier eventualidad...


Primera hora de camino...


La noche era tan tenebrosa como uno podría imaginarla, solo con la luz de las estrellas y un trío de lunas que, como un grupo de ojos vigilantes, seguía el grupo. La visibilidad era pobre, ni si quiera una persona que se concentrará lograría notar más allá de unos diez metros de donde se encontraba. Aun así, aquellos que tenían el tiempo además de las cualidades para adaptarse a la oscuridad, notarían mucho mejor los detalles que podrían ocultar los caminos. - Una noche hermosa... - Comentaba el enano en un tono amistoso, buscando iniciar una conversación con el sujeto a su lado, Rimbaud, tal cual como se presento. - Estos parajes realmente son bastante bellos, pero la guerra ha succionado la vida como si fuera un enorme mosquito... - Los pasos de los caballos provocaban eco, causando que cada golpe resonará con fuerza y acompañará a la madera que rebotaba con los baches, las ruedas parecían tolerar el castigo mejor de lo que uno esperaría de un vehículo tan viejo.

A la distancia, a un par de kilómetros se podía observar un frondoso bosque, era la ruta más directa al destino, pero también el lugar más inoportuno para una caravana. Al menos, esta vez Varen no transportaba bienes lujosos, sino una carga de sujetos fuertemente armados y con muchas, muchas ganas de no ser asaltados. Aun así, no podía depender del resto, siendo que la vista era su mejor recurso. Decir que veía con la claridad del día, sería exagerar, pero pasado unos minutos, notaba el camino con mayor sutileza de lo que uno esperaría dadas las circunstancias. Desde la forma de los árboles, hasta las rocas en el suelo, donde hacían camino. - Rimbaud... Debo preguntar. ¿Auberdine es un lugar? ¿Un apodo? He conseguido a humanos pomposos que adornan sus nombres de esa forma, ya sabes. "Baron Charles de Zheroker". No pareces la clase de sujeto apegado a los títulos... Te ves más como la clase que dice poco y hace mucho. - El enano buscaba iniciar conversación, una vez más, se mostraba abierto y al mismo tiempo, afable. Seguía una simple política, las personas solían ser como los gatos. Una vez les demostrabas que no eras comida o una amenaza, podían terminar ronroneando en tu regazo.

Si el caballero deseaba hacer una pregunta, podría hacerlo con total libertad. Después de todo así eran las conversaciones. ¿No? Varen inclinaba su rostro para observar el interior del carruaje, cerciorándose de que el resto del grupo tuviera un viaje más normal. No le agradaba mucho tener que tomar esas decisiones "divisorias", pero era lo único que podía hacer cuando parte de sus compañeros necesitaban un buen descanso. Con comida en unos barriles y algo de fruta, podrían igualmente llenar sus estómagos. Tenía bastantes preguntas, pero se las reservaba, principalmente, por respeto. Rara vez el enano conseguía un grupo de viaje tan variado y muy rara vez, solía ser para una aventura. Desde comerciantes, hasta joyeros y mercaderes ambulantes, no hacían mucho material para una historia, sino para un relleno. - Tranquilos... - Los caballos parecían incomodarse un poco, siendo que bajaban la velocidad de su paso, pero tras unas cuantas palabras de aliento, recuperaban la velocidad normal.

El enano se guardo sus pensamientos, pero al parecer, podría no ser un viaje tan calmado como imaginaba... O quizás solo era su imaginación. Aprendió a confiar en los animales, pero también aprendió a confiar en sus sentidos. Y por ahora, no había problemas a la vista. Algo que agradecía, además de encontrar sumamente placentero. Quedaban bastantes horas de viaje, ser capaz de llegar a su destino sin ningún tipo de contratiempo, sería digno de una buena cerveza...

Resumen:
Resumen: Tras conversar con el resto del grupo Varen les indica que alquilarán un carruaje, dado su enorme carromato es demasiado lento y pesado. La hora de partida será: De Noche (Inmediata).

Los personajes Frank Morgan y Gar'Shur (junto a su compañero) son invitados a descansar (o dormir) durante la duración del viaje, sean conscientes que llegar hasta el destino será un viaje de horas, así que, si no tienen un descanso prudente, se verán agotados a futuro. La distribución es la siguiente:

- Rimbaud & Varen: Parte Frontal del Carruaje (Varen conduce).
- Gar'Shur, Frank Morgan y Emiliano: Parte Trasera del Carruaje.

Los personajes serán capaces de ver a un máximo de metros igual a:


Vista*2 (Vista x2)


Siempre que posean alguna cualidad o habilidad para ver en la noche (o un espectro diferente de luz).

Si no poseen una habilidad que les permita ver en oscuridad moderada, verán un máximo de metros igual a:


Vista*1.5 (Vista*1.25)


Durante mis post, describiré las escenas con medidas interpretativas desde la perspectiva de Varen, subrayando los metros exacto. En caso su personaje no posea la capacidad de ver a la distancia que se encuentra, deberá omitir dichos detalles o acercarse para poder hacerlos notar en su post.

Nota: No solo se usa la vista en la oscuridad de la noche, los otros sentidos les serán útiles. Así que recuerden leer con atención y usar las pequeñas pistas que serán dejadas para otorgarles oportunidades narrativas únicas según las fortalezas (y debilidades) de su personaje.


DEBIDO A PETICIÓN DE LOS PARTICIPANTES. SE REMUEVE EL ORDEN DE POSTEO, PUEDEN DEJAR SUS POST SEGÚN SU DISPONIBILIDAD O DESEO.






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Re: Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Frank Morgan. el Sáb Jun 23, 2018 10:25 am

En ocasiones como esta realmente pienso que la democracia no funciona. La votación se inclinó claramente a favor de salir de noche. Siendo justo, los argumentos a su favor no eran precisamente malos, soy capaz de comprender de donde vienen. Muchos estaban apurados por salir lo más pronto posible, puesto que cada segundo que perdiésemos podría costarnos mucho más caro en un futuro cercano. Sobra decir que los miembros del grupo con visión nocturna (que tristemente eran, creo, la mayoría; he ahí el por qué la democracia no siempre es la mejor respuesta) no tuvieron ningún problema a la hora de optar por viajar de noche. Con algo de suerte, hasta los bandidos estaban dormidos. No pensaba decirlo en voz alta, desde luego, porque no quería tentar al destino. Conociendo mi espectacular fortuna, el solo pensarlo ya me daba escalofríos. Como siempre digo, hay una diferencia muy grande entre la cobardía y el instinto de supervivencia. Yo, por ejemplo, no tenía miedo propiamente dicho de enfrentarme a una emboscada de bandidos. No, lo que yo me temía era la idea de tener que disparar contra bandidos en la puta oscuridad. Teniendo en cuenta el número de aliados, los explosivos quedaban descartados, y no podía arriesgarme a disparar las pistolas sin estar completamente cerciorado de que no estaría pegándole a un aliado por la espalda accidentalmente. En momentos como ese deseaba poder ver en la oscuridad. “Ey… esa no es mala idea”. Y básicamente así comenzó todo. Maldije por lo bajo no tener mi cuaderno de investigaciones y una pluma con tinta para anotar todas mis observaciones, pero no le di demasiada importante, y me procure anotarlas en mi memoria lo mejor posible. Debo haberme visto más o menos desconectado.

Al menos viajaríamos en un carruaje ajeno, de modo que no tenía que preocuparme demasiado por el transporte; ni siquiera seria yo el que manejase, aunque teniendo en cuenta mí ya citado problema de visión era algo lógico. Está bien, eso me dio mucho tiempo para pensar mientras viajaba con mis compañeros nuevos. Una parte de mí me gustaría tener un ojo de orco o de enano para estudiarlo; ver que tiene en su diseño natural que les otorga la capacidad de la visión nocturna. Desde luego, eso n era posible por varios motivos. Para empezar, seguro mis compañeros me verían bastante mal si yo amablemente les pedía que se despidiesen de uno de sus ojos, y tampoco me verían demasiado bien aunque lograse conseguir uno propio, por el mero hecho de que estaría jugueteando con un ojo ajeno frente a ellos. Segundo, por mucho que me pese admitirlo no tengo conocimientos de anatomía como para poder hacer una disección al ojo y reconocer las distintas partes. Aunque pudiera por mero pulso, posiblemente no reconocería nada, así que esa era una idea rápidamente descartada. Tal vez alguna clase de gema mágica bastaría. Podría buscar la forma de convertirla en una suerte de lente, similar al de un catalejo, o un par de anteojos en caso de que consiguiese dos. Desde luego, era otra cosa que no sabía hacer demasiado bien, pero no me debería ser demasiado difícil encontrar a alguien capaz de hacerlo. Todo eran suposiciones, hipótesis que iban y venían casi a la misma velocidad. Algunas eran poco prácticas, otras demasiado costosas, otras prácticamente imposibles, etc. Siempre había una complicación final que me retenía. Quizás haber tenido mi cuaderno de anotaciones hubiese sido buena idea, me hubiese permitido llevar registro de cada idea y de sus “pros y contras”. Al menos aunque fallase en mi lluvia de ideas, tendría algo para escribir. El viaje no había empezado hace mucho y yo ya estaba desesperado por algo que hacer. Casi que hasta deseaba que se apareciera algún bandido.

Finalmente termine por posponer la empresa de la visión nocturna por un tiempo. Ya se me habían acabado las teorías y aun no tenía ni siquiera una lista de materiales en mi mente. La siguiente opción lógica fue preparar el armamento. Siempre que estaba aburrido me ocupaba de mantener mis armas y practicar tiro al blanco. Por obvios motivos no podía disparar adentro de ese carruaje. Con eso en mente acerque a mí la valija con rueditas que había traído y la abrí, sacando de su escondite mi lanzagranadas; uno de mis más grandes orgullos. Bueno, al menos lo seria si hubiese podido pulir bien el mecanismo de aire comprimido y no corriese el riesgo de que tres de cada diez disparos se trabasen. Si en algún momento lo necesitase, no podría permitirse que se me trabara. Buena parte del viaje se me fue puliendo cada pequeña parte del arma a la que tenía acceso. Dada la falta de instrumentos de precisión use lo que tuve a mano, y me gustaría pensar que obtuve un resultado más que decente (quiero pensar que las manchas en mi ropa producto de usar parte de ella como franela no fueron en vano). Para cuando la primera hora del viaje ya había pasado estaba ocupándome de mi mosquete. No es que fuese a revisar cada puta arma, pero después de terminar con el trabuco de mano, me dispuse a por lo menos seguir con el mosquete, para poder ganar algo de tiempo básicamente. Sería mi principal arma a largo alcance contra cualquier tipo de asalto o emboscada enemiga que pudiese tendernos. Lo menos que podía permitirme era que mis armas fallasen en medio del campo de batalla, en especial aquella que yo mismo había diseñado. Me moriría de vergüenza….ah, sí, y tal vez moriría. Hay que tener prioridades.

En un determinado momento el carruaje se agito un poco. Lo suficiente como para moverme la mano de lugar y que se me fuese de lugar. Una suerte que no estuviese limpiando el gatillo, o hubiésemos tenido un grave accidente. -¿Todo bien allí atrás?- Comente, mientras me acercaba lo más posible a los conductores, al menos lo suficiente como para poder distinguir las figuras de los caballos. Parecían agitados. Quizás había sido el enano, o quizás el camino era un desastre. He tenido un caballo propio durante mucho tiempo, y dado mi particular zona de crianza tuve que lidiar con esos animales en más de una ocasión. Puedo reconocer cuando están nerviosos, o al menos cuando se agitan; admito que dada la oscuridad de la zona y mi casi nula capacidad de ver en ella bien puedo haber cometido un excusable error. –Soy yo, o los animales se ven un poco agitados…¿Crees que haya problemas, jefe?- Si había una sola cosa que no quería en ese momento era quedarme varado en medio de la nada, sin bestias para cargarnos y a merced de cualquier bandido de la zona, solo que un par de caballos pensaron que sería buena idea escapar. En el peor de los casos, tenían razón en estar asustados y nosotros nos estábamos acercando a nuestras muertes seguras. Si no la tenían, bueno, el viaje seguiría tranquilamente.



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