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Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

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Re: Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Gar'Shur el Dom Jun 24, 2018 5:23 am

__Y siguiendo las indicaciones de su nuevo y menudo patrón, cada uno tomó su puesto en el carruaje.
__Bajo la grisácea tela que cubría la parte posterior del vehículo se descubría unos maderos colocados a modo de banco en los laterales del carro, en los cuales deberían de caber sin problema seis humanos de tamaño medio. Tenían suerte de tener que repartirse el sitio entre cuatro, porque, aunque había variedad, no eran precisamente de tamaño medio.
__Haciendo de divisoria entre esta "estancia" en la parte posterior y la abertura en la tela que daba al asiento del conductor y su acompañante, se habían dispuesto unos tres barriles, presumiblemente llenos de víveres, que formaban una pequeña barricada y dejaban solo un hueco de acceso a dicha butaca.

__El orco y su compañero peliblanco tomaron asiento en la parte izquierda del carromato, mientras que el lagarto y el pistolero en hicieron en la derecha; con los dos miembros más voluminosos en la parte posterior y los humanos en la anterior.
__Poco después, el enano se asomó por encima de los barriles, y con unas alegres palabras dio inició al viaje.

__Siguiendo el consejo de Varen, el orco se aseguró de proveerse de una postura cómoda (arrastrando el barril central, lleno de carne seca, hasta el hueco entre el asiento y la parte más posterior del carruaje, de forma que al sentarse pudiera usarlo de respaldo) y a los pocos minutos de viaje ya dormida apaciblemente a pesar de los altos provocados por el mal estado del camino.

__Su compañero del parche se encontraba más indeciso sobre qué hacer. En primera instancia tomó asiento y se mantuvo en silencio observando a los demás pasajeros; pero una vez que Gar'shur termino de colocar el barril, no hubo demasiado movimiento, todos parecían enfrascados en sus pensamientos.
__Decidió entonces, con un pensamiento fugaz sobre las posibilidades en los fogones venideras, levantarse y revisar el contenido los barriles. El más cercano a él se encontraba a rebosar de agua; el que usaba el orco para descansar contenía carne seca en salmuera, y el que había quedado en el lado contrario, justo entre el caballero y el pistolero, era el más variado y el que tuve el contenido que más le entretuvo, se encontraba lleno de algo de pan moreno y de fruta suelto, pero sobre todo, de distintas raciones de viaje ya preparadas y empaquetadas. Al revisar una de ellas comprobó que contenía un trozo de queso, una salchicha, un currusco de pan, una ciruela y algunas pasas.
__Volvió a su asiento decepcionado de las posibilidades futuras. Y a falta de algo más que hacer, acabó tratando de imitar al orco, y, recostándose de forma simétrica contra el barril de agua, se mantuvo en duermevela durante una hora más o menos. Cansado lo suficiente del viaje para sentir necesario el descanso, pero acostumbrado demasiado poco al movimiento de los vehículos, a los baches y sobre todo, a dormir rodeado de extraños como para conseguir llegar alcanzar un sueño duradero. Su mano agarró casi de forma inconsciente uno de los cuchillos que llevaba con él, con lo que acabó colocado en una posición un tanto extraña, al tener el brazo prácticamente rodeando su torso por completo.

__-Me preocupa un poco el traer con nosotros a ese pequeño que acompaña al orco-la voz del caballero, hablando con el enano en la parte anterior del carromato, acabó sacando definitivamente a Hope del ensueño, llevándole a poner el oído en la conversación ajena mientras seguía haciéndose el dormido-Es solo un niño, incapaz de levantar una espada o un escudo, ¿de qué manera ayudará en nuestra labor? Si bien con su porte y aspecto logra pasar desapercibido entre nosotros, tarde o temprano terminará con una flecha o un acero en el vientre. Este no es un juego de niños.
__Si bien le estaba sorprendiendo la relativa facilidad con la que todos parecían notar su presencia (debida probablemente a su propio estado mental, alterado por el repentino cambio de situación, que le debía de hacer más visible de lo normal), sentía que tal menosprecio de su propia valida debía molestarlo de alguna forma. Aunque no fuera por el mismo, no es que le importará demasiado el orgullo o lo que pensarán aquellos desconocidos, sino por Gar'shur, y las expectativas que éste parecía tener de este trabajo y de él mismo como compañero.
__-¡Hey! No haré nada si el orco trae a su escudero a la batalla. Tiene una buena pared de peso pesado en la cual ocultarse-contestó el enano con su ya característico tono desenfadado-Mientras no me pise las botas ni se meta en medio de Emiliano o tú, fortachón, soy un enano feliz. Para bien o mal, es responsabilidad suya, aunque puede saber defenderse.
__Un escudero que no debe meterse en medio. Puede que, quitando la parte de escudero, no se alejará demasiado de la realidad. Hasta el momento, Hope no había luchado cara a cara nunca, no en una pelea armada, al menos. No estaba nada seguro de cómo podría desenvolverse en medio de una batalla, pero sabía que su experiencia como asesino no le cualificaba tanto como podría sonar para una. Aun así, las confiadas palabras de Gar'shur que le habían llevado hasta aquel momento, regresaron a su cabeza. Cuando el orco hablaba de la vida como mercenarios no sonaba tan difícil, habría al menos que probarlo una vez.

__El carruaje se agito entonces, y el pistolero, que hasta aquel momento se había entretenido limpiando sus armas, se levantó, dirigiéndose hacia la pareja al mando del carro.
__-¿Todo bien allí atrás?
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Re: Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Rimbaud el Lun Jun 25, 2018 1:03 am

Era momento de partir. La noche parecía un momento ideal para ello, el frío mantendría escondidos en sus guaridas a los bandidos, la bruma serviría para pasar desapercibidos de los lobos, y la luz de las lunas iluminaría el camino. El caballero le pareció una salida auspiciosa. Si bien fuera magia, o aquellos ciudadanos izhalithanos, estarían allí para comprobarlo en un par de horas.
El enano había escogido otro vehículo para el viaje, uno menos pesado que su hogar rodante. El carruaje en el que iban a viajar estaba provisto de cuatro buenos corceles de tiro. Rimbaud se paseó verificando que estuvieran en buen estado las riendas, sus herraduras y que los animales se encontraran descansados.
Se ven en bien. —Comentó al finalizar la inspección. Le acarició la crin castaña al más próximo—. Me gustaría una silla de montar y riendas —Pidió al enano—, en caso de que sea necesario montar allá donde vayamos.

Primera hora de camino…

Agazapado en su gruesa capa, el caballero se inclinó en la silla buscando una posición cómoda. A su lado, el enano contemplaba el paraje e inició una conversación para llenar el silencio.
La guerra es una enfermedad necesaria —dijo el siervo de Ghadrakha dentro del caballero mientras en su memoria afloraron los sonidos de las lanzas entrechocar con las espadas. Luego de esto, y arrepentido un poco de lo dicho, miró de reojo al enano y añadió—. Sólo después de ésta aparece la paz.
Se enderezó de la silla y miró con gesto sombrío el camino que les esperaba por delante.
Todo sitio parece bello si se mira con los ojos adecuados, Varen. Hasta en una forja, mientras cae el acero líquido en el crisol, o en un campo de batalla, cuando por las noches el fuego ilumina el horizonte como si fuera medio día. Para nosotros, los que viajamos constantemente, es fácil ver lo bello en lo simple. Cuando uno se acostumbra a un sitio va también olvidando lo importante.

El carruaje avanzaba con tranquilidad. Los cuatro corceles se veían con buena energía, hasta a veces había que tirar un poco de las riendas para que no apuraran el paso. Podía darse que más adelante podrían necesitar toda la velocidad que les pudieran proporcionar.
Continuando con la conversación, el caballero respondió.
Es una ciudad, Auberdine. —Abriendo su capa, Rimbaud desenvainó su acero y lo dejó reposar sobre sus piernas—. Allí murió a quien yo serví como escudero, y donde nací como caballero, por decirlo de alguna manera. Es un sitio al cual le tengo cierto aprecio.
El woe revisó la cruz y la empuñadura mientras su otra mano se deslizaba por el filo. Su voz sonaba tranquila, pero resolutiva.
Todo caballero debe sentirse orgulloso de su título, maese Tethras, así como a su lugar de origen. Es lo que nos define como tales. Si no fuera así, ¿qué me diferenciaría de los bandidos dispersos en estos bosques?  —«¿o de los mercenarios a nuestras espaldas?» Pensó. Era poco usual tener que dar explicaciones de su arte, pero ciertamente se encontraba a gusto haciéndolo, pues pocas veces tenía la oportunidad de hablar con cierta confianza con alguien. Varen no parecía suspicaz con su presencia, ni tampoco preocupado de verse entre aquel extraño circo, por lo mismo el devoracorazones se sentía tranquilo de hacerle ver su punto de vista. Alzó el mandoble entre sus manos y lo miró con cierto orgullo—. Lamento que se haya llevado una impresión diferente —Con una floritura movió su espada y la devolvió a su funda—. Soy una persona apegada a los títulos —se encogió de hombros—, aunque en términos prácticos estoy a la misma distancia de la nobleza que cualquier otro del pueblo llano, eso no me quita el deseo de poder un día ser llamado Sir Rimbaud.

El enano se quedó un rato digiriendo su respuesta, momento ideal para lanzar una pregunta de vuelta. Lo más obvio hubiera sido preguntar por su carencia de barba, o por qué no sabía manejar armamento. En cambio preguntó:
Varen, no pareces ser el tipo de persona que se gana la vida de mercenario. ¿Qué te llevó a aceptar este trabajo?
Haciendo memoria, sus actuales compañeros parecían idóneos para reducir una persona a su mínima expresión, en cambio el enano desentonaba entre ellos como una oveja en la corte. Eso le recordó: «¿No había un niño con nosotros?» Le parecía recordar vagamente a una figura junto al orco. Tuvo que asomar la cabeza atrás para constatar que de verdad era así. Luego de eso, y pensando en la seguridad del crío, le hizo saber su opinión al enano. Luego de recibir una respuesta sin mucha preocupación, el caballero se quedó en silencio un rato, pensando en qué hubiera hecho Sir Creighton en el caso de ver un niño perdido en medio de una batalla.

Luego de pasados unos minutos notó que los caballos se mostraron algo incómodos, pero no parecía nada para preocuparse, pues el enano soltó un par de palabras para que se tranquilizaran y con ello tuvieron suficiente. Aún así, como habían bajado su velocidad habitual llamaron la atención de uno de los mercenarios detrás.
El caballero miró a su alrededor, pero no parecía haber nada fuera de lo normal. Miró a Varen quien tenía su semblante tranquilo. Sin querer parecer nervioso, abrió un poco la tela para mirar dentro del carruaje para llamar la atención de los demás.
Atentos. —Era mejor ganarse unos puntos en contra por desvelar a los demás que terminar con una emboscada a medio camino de emprender su campaña.


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Re: Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Varen Tethras el Mar Jul 03, 2018 2:22 am

El enano escucho las palabras del humano, siendo que trataba de mantener la calma. Las bestias, a pesar de que no eran suyas, actuaban como animales normales, era de esperarse no estuvieran del todo cómodas con las circunstancias del viaje o quizás el paso era demasiado acelerado. Muchas variables que podían desencadenar en un mismo efecto. Por ahora, dejaría pasar tal peculiaridad, prefiriendo remarcarlo como un fruto del azar y no una fuente de preocupación. - Creo que no les gusta les de órdenes un sujeto tan pequeño. - Comentaba con una sonrisa, además de una pequeña carcajada para alivianar la carga. Mejor mantener la mente clara, el enano evitaría hacer cosas innecesarias para despertar el nerviosismo del grupo. Tener a un montón de sujetos armados, ansiosos y listos para la lucha, causaría más mal que bien. Sin contar que, Varen era un firme partidario de algo simple: "Si un cazador sale al bosque buscando dragones, va a encontrarlos. Sean reales o se los deba inventar. Si el grupo se mentalizaba con el hecho de buscar problemas o peligros, encontrarían peligros y problemas detrás de cada árbol, cada sombra y cada roca. Ya sea porque están ahí... O porque deberán inventárselos...

Volviendo a la conversación del caballero de no tan brillante armadura, el chófer le contestaba en un tono calmado. - Mi padre solía decir: "Hijo, la guerra es la higiene del mundo". - Luego de eso, el enano movía la cabeza de forma afirmativa. - La paz nunca viene luego de la guerra campeón, la quietud es diferente a la paz. Paz es que todos puedan progresar, sin necesidad de aplastarse unos a otros. La quietud es lo que sucede cuando las tropas se reorganizan, los estrategas planean y los reyes reclutan. Es algo que no todos pueden ver ¿sabes? - El enano levantaba la mirada, observando el camino, gracias a sus "ojos de minero" como muchos llamaban a la cualidad para mantenerse perfectamente conscientes de su entorno, incluso en la más profunda oscuridad. - Aunque tienes razón en la belleza de lo simple, yo veo mejor la belleza cuando no hay personas en peligro o intentando mantener sus entrañas dentro de su cuerpo. - Esa escena era demasiado común en esta región, particularmente con los incesantes conflictos entre las ciudades. Si... Guerra para traer paz... Pero dudo mucho que se detengan con la caída de una sola de las ciudades.

Rimbaud no había "golpeado" como la clase de sujeto honorable, si algo aprendío de sus viajes, armadura de placas no se traducía en caballero o actitud caballerosa. Es decir, era la mejor opción si querías evitar terminar muerto. Pesadas, pero eficaces. - ¡Ja! Siento que te llevarías muy bien con mi padre. No me siento orgulloso de mi titulo, me siento más orgulloso de lo que he logrado. O lograré. La vida de un hombre solo tiene valor verdadero dependiendo de que hacer por los demás. - La pregunta con respecto al porque acepto el trabajo hizo que el enano guardará silencio por unos segundos, dio un ligero movimiento a las riendas para tomar el camino que les llevaría a su destino, siendo que finalmente hacía un comentario para responder la duda. - Ummmm... ¿Nunca has querido salvar a todo el mundo? Es decir, proteger a todos, en cualquier lugar y en todo momento. Algo "utópico" si podemos ponerlo de una forma... Yo lo hice, muchos me tildaron de estúpido por ello. "Es imposible". Bueno, quizás es imposible para este pequeño enano salvar y cuidar a todos, pero si puedo hacer algo por una persona. - Sonriendo el enano giraba el rostro para observar a Rimbaud. - ¿Esta mal que quiera ser ese héroe que aparece en el horizonte para rescatar a los campesinos? ¿Ese que dice "Todo estará bien" y calma a todos? Jajajajaja... Soy un idealista, me gusta narrar historias, las que escucho o las que vivo. - Los caballos mantenían un paso tranquilo, cambiando su actitud una vez se internaban en el bosque, la ruta parecía mucho más agradable, sin tantos huecos o rocas, facilitando el viaje.

Moviendo su rostro, observando al grupo que marchaba en la parte posterior, volvía a hablarle a Rimbaud. - No hay cosa tan gratificante, como ver los ojos de una persona que cayó en la desesperación encontrando la esperanza. Ni el oro, ni las joyas, joder, ni si quiera una buena enana me alegra más que esa escena. - Probablemente, muchos iban a diferir con respecto a Varen sobre lo deseable que sería una mujer enana, pero para gustos, existían formas y colores. - Ummmmm... Esto no es bueno... - El enano hablaba en un tono de voz calmado, pese a que sus palabras no eran las más calmantes. Levantaba su mano, señalando a la distancia, a pesar de que el cielo comenzaba nublarse, podía observar con mejor detalle al resto. - Parece hay buitres volando en esa dirección. Quizás asaltaron un carruaje o algo por el estilo... ¿Quieren investigar? No nos tomaría demasiado, y puede alguno aprecie saber que coño ronda por estos parajes. Aunque, por las curvas de este sitio, tardaríamos unas dos horas en llegar, puede que un poco más. - ¿Una medida demasiado arriesgada? Puede que si, era vital mantener el rumbo justo.

El bosque era un camino sinuoso, con largas curvas y rutas un tanto angostas, pese a que fue construido por los pobladores cercanos, estos removieron los árboles más pequeños, algunos de los más gruesos no podían ser "abrazados", tenían décadas de antigüedad en sus raíces y ramas. Por esa forma, era mejor un camino complicado pero fácil de construir. Sin decir mucho, el enano se encargaba de dirigir el carruaje, esperando que se pudieran coordinar con libertad. - ¿Eh? - Sin decir mucho, Varen detenía el transporte, siendo que, al parecer, Emiliano pedía bajar del mismo, notando esto como una peculiaridad. El lagarto se disculpo con el grupo, para luego de eso marcharse con un rumbo desconocido, el enano evito hacer algún comentario, tendría sus razones, pero parecía lo suficientemente preocupado por algo como para decidir no arriesgar al resto a tener un "punto débil". Considerado, pero quizás un tanto innecesario, no importaba... A partir de ahora, quizás sería mejor mantener la cabeza clara.

OFF-ROL:
Como indico en mi post, Emiliano no continuará la partida con nosotros, por motivos de trabajo, por eso le doy salida del tema.

Pido disculpas por tomarme el doble del tiempo pautado para responder, no se si lo saben, pero estoy en otro foro y dado dirigía un evento en el mismo, me tomo bastante tiempo finalizar con todo además de que salí con mi novia y me quede en su casa, así que, le di prioridad a mi tiempo con ella en vez del foro.

Resumen: Varen conversa con el grupo, respondiendo a cada uno sus dudas particulares, comparte un poco de su visión del mundo para después de eso, indicar que más adelante en el camino parecen reunirse aves carroñeras, por la naturaleza sinuosa de la ruta, tardarían en llegar a dicho lugar, pero el enano les ofrece la oportunidad de investigar el sitio.




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Re: Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Rimbaud el Sáb Jul 07, 2018 4:30 am

El caballero escuchó atento la respuesta del enano. Sin duda ambos tenían una opinión dividida, y aunque el woe no estaba muy seguro de haber entendido lo dicho, se mantuvo en silencio cavilando lo que su jefe entendía por paz y por quietud. Puede que en el kazalid ambas palabras significan cosas diferentes, por lo mismo no quiso entrar en debate. A fin de cuentas sus culturas eran muy diferentes. El caballero habló luego de un corto silencio.
—En tal caso, prefiero la quietud a la paz —dijo resuelto—. Quizá algún día se dejen de forjar espadas, mientras tanto, soy de la opinión de tener bien afilada la mía.

Los caballos regresaron a su trote normal, el caballero mantuvo su pulgar en el cinto de la espada, cerca del mango en caso de tener que desenvainar. Su compañero de viaje miró el camino y el woe lo imitó en busca de algo que llamara su atención. A pesar de la conversación mantenía su mente despierta a cualquier indicio de problema, a fin de cuentas se encontraban en terreno peligroso. En ese momento el enano prosiguió, a lo que el caballero contestó con un encogimiento de hombros, a él no le producía ningún asco abrir vientres con su espada en medio de una batalla, a eso se dedicaba, y por lo demás, a veces solía ver belleza en la sangre y en los cuerpos mutilados. Aquello era muerte, pero también vida. Era increíble la cantidad de insectos y animales podían alimentarse de un cuerpo en descomposición. Pero era mejor no hablar de ello. Había cosas que como acólito debía saber callar.
Tienes razón. Aunque finalmente la belleza está en el ojo que la observa. —Agregó a la defensiva—. Yo he visto batallas hermosas: un pelotón subiendo una verde colina como una masa desgarbada de escudos redondos, húmedos y cansados. Sus aceros brillando bajo el sol de la tarde, sus espaldas dobladas por el esfuerzo. De pronto flechas suben por el cielo, como aves, formando una curva —con su mano dibujó la concavidad—, como siguiendo un camino que sólo ellas pueden ver caen como lluvia negra sobre ellos, justo antes de que alcancen el cenit. Los escudos alzándose mientras el caos reina. Imprevistos, asustados, de pronto son embaucados por coros de jinetes apareciendo por los costados, los corceles avanzan con fuerza, hacen retumbar la tierra, las lanzas estallando sobre los cuerpos, el sonido de la madera al quebrarse, los gritos de batalla, los aullidos de los heridos, la huida en desbandada, la muerte —El caballero se mantuvo en silencio por unos momentos—. Si hubiera estado en el bando perdedor mi visión de los hechos hubiera sido muy diferente.

Varen resultó ser un conversador interesante. Al menos uno mejor que los proscritos, los mercenarios y los otros caballeros errantes que se encontraba en sus viajes.
No dejas de tener razón, maese Varen. Sin duda un hombre honorable vale más que un título de nobleza, así como un caballero vale más por lo que hace que por el Sir delante de su nombre. Aun así —agregó encogiéndose de hombros—, es mejor tener un título, hace las cosas más sencillas en este mundo en el que todo es apariencias y mentiras. No me creerá las veces que he tenido que buscar un herrero de peor calidad porque los buenos prefieren no perder el tiempo con caballeros errantes. —Terminó por decir, como si aquella razón fuera suficiente como para faenarse el título.

Finalmente el enano respondió su pregunta, de una manera un tanto vaga, pensó. Pero al fin y al cabo una respuesta.
Pues, vuestra manera de ver el mundo es bastante especial, maese Varen. A mi me gusta pensar en que se debe salvar un hombre a la vez, lo demás es política y romanticismo.

Sobre lo de la visión de salvar un alma en desesperación, a él en una que otra ocasión le había sucedido eso. Un leproso en los muelles de Nanda, un ciego en una aldea al oeste de Phusis, un par de niños postrados en Erenmios. Cuando su Señor había tocado sus vidas, ese nuevo sentido en el que había direccionado sus vidas, había visto aquello, había visto la esperanza renacer. Su nuevo sentido de vida.
Ummmmm... Esto no es bueno…
El caballero miró en la misma dirección.
Pues, si me pides la opinión, yo creo que dirigirnos a un lugar en el que el olor ya llegó a los buitres, puede que no sea tan arriesgado. Quienquiera que haya atacado ya debió haber dejado el lugar. Quizá haya sobrevivientes que nos digan qué sucedió,o qué hay por estos lares. Pero dejo la decisión en vuestras manos, maese Varen.


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Re: Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Frank Morgan. el Sáb Jul 07, 2018 7:50 am

El viaje paso relativamente rápido. Al menos la mayor parte. Nadie pareció querer iniciar una conversación y, francamente, yo tampoco estaba muy predispuesto a hacerlo. No tenía nada contra ninguno de los allí presentes, solo que no los conocía de nada. Al menos no era el único de entre todos los guerreros con esa opinión, puesto que nadie parecía tener ganas de iniciar una conversación. O bueno, casi nadie en realidad. El enano y el reptil peculiar parecían pasárselo de lo más lindo parloteando de temas que, en toda mi sinceridad, no me interesaban demasiado. No es que fuese aburrido ni poco importante ni nada de eso, simplemente estaba demasiado afuera de mi área de interés particular. Desde luego, eso no me impidió prestar atención a la conversación. A esas alturas del viaje, mientras buscaba (y fallaba en encontrar) una excusa para no desarmar mi rifle por lo que debería ir siendo la cuarta vez desde que me subí al transporte. Quizás debería haber traído a Max. Ciertamente no me arrepentía de esa decisión puesto que jamás le pondría en peligro de esta forma, pero al menos cabalgar era algo que hacer. Es decir, no es mucho más productivo que viajar donde viajábamos pero al menos era una actividad que me forzaba a mantenerme atento. Es muy difícil sentirse aburrido mientras se va a lomo de un caballo. No estaba tan mal como para estar deseando activamente un combate, pero al menos así tendría otra oportunidad de limpiar mis armas después de usarlas. Digo, le había prestado atención especial a mi cañón de mano para evitar que se trabase al primer intento y me dejase en ridículo, sería una pena no tener al menos una oportunidad de usarlo. Aunque, por otra parte, seria lindo una misión tranquila donde no tuviese una justificación real para usarlo. Cualquier cosa a la que tengas que dispararle una puta granada de mano es bastante seria.

-Eso, viva la paz, los ideales y hacer cosas.- Llegado un punto sentí que si no abría la boca en algún momento acabarían olvidándose de que había venido. Necesitaba decir algo, estaba demasiado aburrido. No acostumbro viajar en grupos, soy más un lobo solitario. Cuando te acostumbras a ese estilo de vida se hace costumbre tener que preocuparte de todos los aspectos del viaje tu solo. Siendo el viaje pagado por otra persona y manejado por esas mismas personas en prácticamente todos los aspectos, no tenía nada que hacer. Esa conversación era lo único más o menos interesante que estaba pasando y por Dios no tenía pensado verla terminarse, al menos no de momento. Además, no estaba siendo completamente deshonesto al respecto. Me gustaron las palabras del enano, tengo que admitir. Ese fragmento que soltó sobre el trabajo hecho con tus propias manos me pareció especialmente bueno. Soy un inventor, al fin y al cabo. Un rastreador, guerrero, caza-recompensas, chico de granja, y muchas cosas más; pero por encima de todo diseño armas. Artefactos de defensa y ofensa, máquinas de guerra, cosas que hacen "boom"; son mis bebes. Todo es obra de mi trabajo. La idea es mía, pues me viene a la mente solo a mí (por lo general después de una epifanía, un sueño raro o una batalla particularmente estresante contra algún adefesio de la naturaleza cuya biología me da curiosidad). Yo hago los diagramas, yo pienso en la forma más eficiente de traerlos a la realidad con los medios disponibles, yo realizo cada una de las putas pruebas y al final del día soy yo quien termina usando el producto final. Mi lanza-granadas es el mejor ejemplo de eso. Puedo apreciar a una persona que reconoce el valor del trabajo duro.

Su compañero de charla no se mostró en desacuerdo. Bien, otro más con el que podía coincidir. Por otra parte, sus opiniones sobre la belleza de la paz o de la guerra no fueron compartidas por ambos. Ambos apreciaban la belleza de la paz pero el lagarto también dijo que había belleza en las batallas. Yo me abstuve de opinar precisamente porque mis ideas al respecto eran lo suficientemente neutrales como para no coincidir con ninguno de los dos grupos y no quería arriesgarme a convertirme en el foco de atención. Estaba desesperado por escuchar algo pero no mucho por ser yo quien hablaba. La paz puede ser hermoso y todo, pero nunca es una belleza que me detenga demasiado a admirar. A ver, que un hermoso amanecer o un ocaso son hermosos y nadie puede negártelo, pero esas cosas continuaran existiendo incluso después de que todas las naciones del mundo se hayan declarado la guerra las unas contra las otras. Lo verdaderamente bello, los espectáculos de la madre naturaleza, son completamente inmutables, por eso son tan bellos. Supongo que también puede agregar las relaciones con amigos y familia; desde ese punto de vista, si, prefiero una paz duradera donde pueda verlos tranquilo sin necesidad de estar espiando por la ventana en caso de que alguien venga a invadir mientras tomamos el café. Sin embargo, soy un caza recompensas y, de muy en tanto, un mercenario. Los tiempos de paz, o el crimen bajo, simplemente no me convienen. La gente como yo no prospera mucho en tiempos de calma; la guerra no le gusta a nadie, pero genera negocio. La operación de mi madre no va a pagarse sola al fin y al cabo. Y si, puedo sonar como un completo hijo de puta (motivo principal por el cual prefiero no opinar), pero prefiero considerarme realista.

Ese era el motivo principal por el cual no compartía opinión con el lagarto respecto a la belleza de la batalla. Para mí una batalla era todo menos bello. Los novatos se ponen demasiado nerviosos en sus primeras peleas, conscientes de que tiene todas las probabilidades en contra para volver con vida y sanos. Los más veteranos mantienen la mente fría y se preocupan por no perder la cabeza antes de que llegue su día de retiro. En medio de tanto caos, de tanta muerte, odio y destrucción simplemente no hay lugar para la belleza ni para contemplarla en nada. No hay nada lindo en pelear, es solo un mecanismo; un fin para un medio. Para que un reino se expanda, para que dos idiotas resuelvan un desacuerdo, para demostrar superioridad o hasta para entretener a las masas fáciles de complacer. Para mucha gente la pelea consiste en un arte honorable. Para mi consiste en hacer cuanto más daño puedas a tu enemigo y de la forma más rápida posible, para evitar que él o ella pueda hacértelo a ti antes. Patadas a la entrepierna, lanzar cosas a los ojos, golpes bajos, descargar tu pistola en la cara de alguien en pleno duelo, atacar por la espalda o incluso envenenar su bebida media hora antes de la batalla son estrategias de supervivencia que considero más que apropiadas. Al fin y al cabo de nada sirve el honor a un muerto ¿Que puedo decir? Soy un realista. Pero no soy un imbécil (no completamente al menos). No me caen mal los idealistas; el mundo necesita soñadores para contrarrestar la presencia de los bastardos cínicos. Nunca me molestara seguir a un idealista.

De pronto el transporte se detuvo, y eso me tomo por sorpresa. Claramente no habíamos llegado a destino. No me tomo mucho tiempo ver los buitres, y supuse que frenábamos por eso. No fue así, o al menos no completamente. Uno de nuestros acompañantes decidió abandonar el viaje. No entendí bien el motivo, pero si las implicaciones de lo que acababa de pasar: nos vimos reducidos a un miembro menos. Ni habíamos empezado la misión y ya perdimos a un miembro, que bonito. Por fortuna el enano sugirió investigar, cosa que no podría haberme caído mejor. Y encima ya tenía un voto a favor de la idea, quizás esta vez la democracia me serviría de algo para variar. -Voto por ir.- No sería necesario mencionar la posibilidad de sobrevivientes, eso ya lo habían cubierto por mí. Decidí cubrir otro Angulo para dar más peso a la iniciativa. - Si es cierto eso de que los cadáveres se levantan de los campos de batalla, tal vez podríamos tener suerte. Los buitres son señal clara de que aún queda carne por masticar. Quizás podríamos averiguar algo de utilidad. -Y yo por las dudas ya estaba poniendo mi mosquete en su lugar. Las pistolas estaban donde tenían que estar y planeaba bajar del carruaje con el lanzagranadas en mano; de ser necesario lo dejaría colgando de mi hombro y sacaría unas pistolas. Au no sabíamos si íbamos a bajar o no, pero nunca vino mal estar preparado.
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Re: Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Gar'Shur el Dom Jul 08, 2018 1:35 am

__El viaje continuaba sin mayores percances. El enano y el caballero seguían conversando apaciblemente en la parte delantera, ambos parecían cada vez más interesados en los pensamientos del otro y no era de extrañar, cada vez era más de noche y si uno no permanecía entretenido acabaría como los de la parte trasera. El lagarto gigante, que en apariencia se mantenía firme, comenzó a cabecear de vez en cuando a mitad del viaje, aun así no se dejaba vencer por el sueño, y parecía bastante infortunado por sus propios pensamientos. El pistolero no paraba de desarmar, limpiar y rearmas sus armas uno y otra vez mientras bostezaba. El orco, probablemente el más sabio del grupo, no se había movido desde que arrastró aquel barril y seguía plácidamente dormido, reponiendo energías para lo que se pudieran encontrar al arribar. Por último, el del parche había vuelto a adoptar una posición propicia para dormir, pero los comentarios sobre su utilidad en la misión venidera le habían levantado gran inquietud, desvelando por completo y haciendo inútiles sus esfuerzos por volver a dormirse.
__¿Cuán diferente sería pelear como guerrero a ser un asesino nocturno? ¿Podría seguir usando su don para pasar desapercibido en plena batalla? ¿Y Gar’shur? Puede que antes hubiera sido un principito orco en su tribu, pero de eso hacía ya años, y lo cierto es que Hope nunca había visto combatir al orco con espada, no parecía muy propio de él, nunca le había visto faltar a su palabra, pero puede que todo fueran fanfarronerías y que cuando llegarán a dónde quiera que se dirigieran en aquel momento resultará que el amigo en que ha depositado todas sus esperanzas resulte ser un completo inútil y un fanfarrón. En buen lío se había metido en tal caso. Encima muerto, esta vez ni siquiera tendría el incentivo de ver la sangre y las vísceras correr… ¡No! Estaba allí justamente porque quería dejar de hacer eso, no quería volver a matar a un inocente nunca más, no quería convertirse en un demonio.

__-No hay cosa tan gratificante como ver los ojos de una persona que cayó en la desesperación encontrando la esperanza-el enano parecía haber enfocado la voz para hacer partícipe a todo el grupo-. Ni el oro, ni las joyas, joder, ni si quiera una buena enana me alegra más que esa escena.

__Hope se revolvió. Cosas gratificantes… Trataba de redirigir sus pensamientos hacía la cocina, pero por desgracia su línea de pensamientos no le dejaba apartar el color rojo de la mente. Su respiración se aceleró y su mano se dirigió hacia el cuchillo una vez más.

__-¡Gar!-con un gesto suplicante, el del parche dio una patada al orco, quién despertó confuso, observó al resto de pasajeros y al encontrarse con la mirada de su amigo pareció comprender la situación.

__-¡Hey, hey, hey! ¡Hope, tranquilo! No pasa nada, ¿Cuándo ha sido la última vez? No ha pasado ni una semana. Tú eres más fuerte que esto, tranquilízate.-le había agarrado por ambos hombros, mirándole fijamente a los ojos, como si pudiera ver a través del parche. Hablaba serio, confiable, a pesar de que tratará de mantener el tono de voz bajo para no alarmar a los demás. De alguna forma funcionaba, la respiración del peliblanco se calmó, ya no sujetaba el cuchillo.

__-Gracias, Gar.

__Le orco le dio un golpe en el hombro, sonriendo mientras se recostaba de nuevo.

__-Ummmmm... Esto no es bueno...-se escuchó de nuevo al enano-Parece hay buitres volando en esa dirección. Quizás asaltaron un carruaje o algo por el estilo... ¿Quieren investigar? No nos tomaría demasiado, y puede alguno aprecie saber qué coño ronda por estos parajes. Aunque, por las curvas de este sitio, tardaríamos unas dos horas en llegar, puede que un poco más.

__El orco, aprovechando que ya había despertado se asomó. Puede que su vista no fuera tan buena como la del enano, pero seguía viendo más que decentemente en la oscuridad. Efectivamente, a la distancia, se podía ver a las enormes sombras de cola corta planear por encima de las ramas de los árboles.

__-¿Desde cuándo los buitres son nocturnos?-al orco algo le olía a chamusquina en aquel asunto, nunca le había gustado demasiado la magia y el que los animales se comportasen de forma extraña solía tenerla como origen-No creo que deberíamos desviarnos, Varen. Me da mala espina.

__Para fin o para mal, a la mayoría les pareció buena idea acercarse a investigar, y así se pusieron en camino, con una salvedad. Nadie sabía qué había estado rondando por la mente del lagarto durante todo el viaje, pero parece que los pensamientos le ganaron, porque hizo que el enano parará el carruaje y se marchó sin demasiadas despedidas. Ahora el orco era el más alto del grupo.
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Re: Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Varen Tethras el Mar Jul 10, 2018 5:50 am

Varen escucho las palabras de Rimbaud con atención, tomando cada una de ellas como si fueran pequeños versos para así "guardarlas" en su cabeza, pensando con detenimiento en la visión del mundo que poseía el caballero, una singular, pero no por eso, inusual. No era la primera persona que conocía que le daba un consejo o respuesta similar. Mejor mantener una espada afilada, que un palo romo, eso era seguro y el enano mentiría si dice que no se siente seguro con su cuchillo cerca, a pesar de no saber usarlo correctamente. - No se si te lo han dicho Maese Cabellero, pero usted tiene una forma peculiar de ver al mundo... Aunque, eso solo hace el viaje más interesante para mi, debo decir. - A pesar de que poseían puntos similares pero al mismo tiempo opuestos, el enano parecía entusiasmado a la idea de continuar con la ruta... Al menos eso fue hasta que...

El orco dejo escapar unas pocas palabras que bastaron para dispersar la tranquilidad en el rostro de Varen. - ¿Eh? ¿No son nocturnos? - A pesar de que era información conocida, el enano parecía sorprendido de ello, lo que reafirmaba que efectivamente, lo que vio a la distancia se trataban de buitres, solo esto bastaría para hacerle dudar. Sin decir mucho, el chófer del carruaje acariciaba su barba, dudando un poco con respecto a que debería hacer. - Lo siento, grandote, como doctor, no puedo negarme a prestar servicio a las personas que estén en peligro. Aumentaré el paso. - Moviendo sus manos, golpeaba las riendas, para de esa forma, aumentar la velocidad con la que el vehículo se movía. No iba a ser una noche de descanso, de eso no había duda. - Medidas de seguridad para mis granadas muchachos, manténganse al menos unos 20 pasos enanos lejos de ellas. Osea, como 10 pasos normales y 6 del grandote. Son cosas muy malas, y necesitaría bastante tiempo para poder dejarlos como nuevos, créanme. - A pesar de que las personas imaginaban que las granadas eran armas letales, la mayoría de las bajas provenían de los mismos granaderos. Los envases podían fallar, las mechas atrasarse, recibir un golpe que derribará el proyectil y demás cosas.

El enano parpadeaba, guardando silencio por unos instantes, siendo que reflexionaba de todas las heridas por granadas que tuvo (la desgracia) de percibir. - ¿Han estado en el ejército? ¿Tienen entrenamiento militar? -  La pregunta entraba en un tono más serio, además de sombrío, indicando que la faceta bromista además de carismática del enano había desaparecido. La pregunta era precisa, saber como matar y como no morir no se traducían en entrenamiento militar. Las formaciones, disciplina, órdenes o gestos de mano eran "tradiciones" que variaban tanto en la compañía mercenaria, como en el servicio que se prestaba. Había demasiadas historias de tabernas de tropas que se confundían al trabajar con otro grupo de personas, precisamente por su inhabilidad de coordinarse con soltura. - Si me mantienen seguro, yo les ayudaré fuera de la pelea. Solo tengo un cuchillo y lo único que se de combate, es que debo apuñalar con la punta. Y no, no es un chiste. - Hablaba con el mismo tono serio de unos segundos atrás, mientras el carruaje comenzaba aminorar el paso por una pequeña bajada.

El sonido de las ruedas, además de los caballos avanzando a una velocidad algo acelerada, daban un aire diferente a la situación. La tensión se podía percibir en el aire... - Grandote... ¿Estas seguro de que los buitres no salen en la noche? - A pesar de que el "asunto" había sido zanjado, Varen se notaba aun pensativo con las palabras del orco. Estos seres eran reconocidos por su conexión a la naturaleza, no como los elfos, sino a un nivel más personal y "sucio". Con lo "feo" de la supervivencia, sin embargo, por esta ocasión, evitaría decir cosas sobre lo feo de los orcos o lo sucio de su especie, se podrían malinterpretar. Y en la lista de mortalidad, ser brutalmente golpeado por un orco era una de las razones por las que las personas morían. - Debe de serlo, quiero decir, si fuera estúpido no lo dirías. Perdona... Ahora no me sacaré eso de la cabeza. ¿Les importa si hacen un plan o algo? Harían que no me crezca la barba por los nervios, solo díganme que esperan de mi y yo cumpliré. - Era mucho mejor pecar de ser en extremo precavido a morir por ser demasiado imprudente.

El grupo podría preparar una estrategia, el viaje tendría una pequeña parada, pero no por eso una desviación innecesaria. - Ey, Maese Caballero, quizás no le guste el romanticismo... Pero ¿si sabe que somos esa caballería que aparecerá en el horizonte? - Mencionaba el enano en un tono de voz bromista, recuperando un poco de su brillante sonrisa, dando un golpe en el hombre (quizás invasivo) mientras dejaba escapar una carcajada. El tiempo debería de aprovecharse correctamente, podría ser la primera batalla del grupo y a menos que desearán caer como un grupo de novatos, antes de que todo empezará, lo ideal sería sacar una buena estrategia con la que permitir la supervivencia de todos. O al menos, no terminar demasiado heridos. Una mezcla de intereses personales, un poco de casualidad, cuatro sujetos fuertes armados y un enano para contar la historia, esa era la mezcla perfecta para una historia épica, y si no era así, bueno. Varen se encargaría de mentir lo suficiente hasta que alcanzará ese estado, nada malo.

Al internarse por el camino los árboles aumentaban en frecuencia, por si fuera poco, la sombra de sus hojas ocultaban la de por si, escasa luz que se filtraba desde el cielo gracias a las lunas que se mantenían vigilantes de lo que fuera a suceder. En caso de que necesitarán más instrucciones sobre como usar los explosivos o alguna poción para ayudarles durante el momento de la lucha, el enano se encontraba a sus servicios. Luego de unos 20 o 30 minutos antes de lo previsto, principalmente por la velocidad con la cual los caballos se movieron, la zona donde se supone ocurrió el ataque se podía divisar a la distancia. Gracias a la enorme altura de la flora, una pequeña corriente de humo que emanaba del lugar apenas podía notarse. Deteniendo el carruaje, Varen se concentraba en observar el panorama. Se hallaban a unos 60 metros de un campo despejado, que señalaba un "cambio" de región, principalmente por el inicio de unas largas praderas. Una buena señal para su objetivo original, una mala señal si había bandidos atacando a cualquier cosa que saliera de improvisto de aquel bosque.

Usando su diestra, el enano le indicaba el grupo que se mantuvieran en silencio. - Pssst... - Haciendo un chillido ligero con su lengua, buscaba atraerlos sin alzar la voz. - No hay buitres ni en el cielo, pero se los juro... Vi a unas aves grandes volando por esa zona. Mierda... Creo que deberíamos dejar el carruaje e inspeccionar a pie, seremos un objetivo fácil si vamos todos en mismo lugar. -  Moviendo el vehículo a un lado, procedía a dejarlo en una zona donde los árboles eran lo suficientemente frondosos como para permitir un camuflaje natural, pero sin impedir sean retirados. Dando un salto, el enano hacía un gesto al grupo. - No preste atención en el camino, lo lamento. Así que... ¿Cual es el plan? ¿Vieron algo que no pudiera ver? - El tono de voz era bajo, sin contar que la cercanía permitiría comunicarse sin hacer más ruido de lo innecesario. Y ciertamente, en este paraje... Había secretos que podían ser percibidos por otros sentidos más allá de los ojos...

Si poseen 6 o más puntos en Olfato...

La brisa nocturna tenía un temperamento bravo, cambiando según fueran sus designios, parecería la señal inminente de una tormenta. Sin embargo, el cielo tenía pocas nubes para imaginar que comenzaría a llover, aun así, tan cerca del prado, el olor que transmitía  aquella zona era fácil de reconocer. El hedor pútrido de carne putrefacta y madera quemada, a pesar de que no se poseyeran amplios conocimientos, el repulsivo aroma además del inconfundible humo remanente de una fogata o un pequeño fuego podían identificarse. Aun así, por los constantes vientos, sería un problema identificar de donde provenían, requeriría un análisis más preciso de la información, además de evaluar las condiciones del campo...

Si poseen 6 o más puntos en Oído...

Es curioso como las personas bajan la guardia cuando no esperan que algo suceda, más aún, cuando la costumbre se ha arraigado con el paso del tiempo. El sonido de voces, a pesar de distantes, lo suficientemente fuertes como para escucharse a lo largo del campo. La naturaleza ofrecía un concierto variopinto de insectos, brisas y ramas, pero la cháchara que podía distinguirse a la distancia, solo podría ser producto de una conversación bastante ruidosa. El contenido de la misma escaparía de quien la escuchara a tanta distancia, pero si podría conocer algo... No estaban solos, si es que alguna vez pensaron en ello...

OFF ROL:
Off: Yo todo pendejo "esperando" por Frank y retrasando mi post, y el posteo el sábado xD Eso me pasa por solo guiarme por "Últimos Temas".

Varen escucha las palabras de Gar'Shur, siendo que inicialmente duda sobre el "dato" de los buitres, pero eventualmente cede a los conocimientos del Orco, pero no retira lo que vio a la distancia. Una vez llega al lugar, tras adelantarse a su pronóstico, les pregunta al grupo cual será el plan para aproximarse siendo que Varen se ofreció a responder dudas con respecto a sus pociones o explosivos dispuestos para el encargo. Hay dos apartados diseñados precisamente para proveer de información extra si se poseen "sentidos" superiores al promedio. El lugar "designado" para el vuelo de los buitres se encuentra a unos 60 metros de distancia (esto es lo que falta para salir del bosque) una vez se haga, la medida podrá cambiar acorde a ello.



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Re: Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Gar'Shur el Mar Jul 10, 2018 10:03 pm

__-¿Han estado en el ejército? ¿Tienen entrenamiento militar?-Preguntó el enano, mucho más serio una vez cambiaron el rumbo del viaje y tras una explicación sobre sus artilugios relativa a la seguridad.
__-Por nuestra parte no.-Respondió el orco bastante seco, mirando inquisitivo a los demás miembros del grupo, sobre todo al pistolero, aguardado las respuestas de los demás.
__Se notaba cierta tensión en el ambiente, como si a pesar de las palabras con las que el caballero de Auberdine había aceptado cambiar de dirección, las más esperanzadoras en cuanto a no entrar en combate, todos estuvieran tuvieran cierta certeza de que lo encontraría.
__-Grandote... ¿Estás seguro de que los buitres no salen en la noche?-preguntó al cabo el enano.
__-Tú también eres de Daulin ¿no?-respondió el orco- Se te nota en el entrecejo y la nariz. Seguro que has tenido que verlos volviendo a nido todos los atardeceres. No vuelven a salir hasta la primera luz del alba.
__-Debe de serlo, quiero decir, si fuera estúpido no lo dirías. Perdona... Ahora no me sacaré eso de la cabeza. ¿Les importa si hacen un plan o algo? Harían que no me crezca la barba por los nervios, solo díganme que esperan de mí y yo cumpliré.-
__-En mi opinión...-tomó la palabra el orco, comenzando lentamente, con una larga pausa para asegurarse de que no cortaba a nadie al proponer su propio plan. Al fin y al cabo, por muy inteligente que se creyera,  ese era su primer trabajo de aquél tipo, aún un novato-Mi compañero aquí presente, Hope, debería acercarse el primero, solo, y comprobar que el lugar es seguro. Con el señor Morgan cubriéndole las espadas desde la distancia por su puesto. Es más, si cuando lleguemos aún no ha amanecido yo también podría apoyar en ese sentido.-sacó su onda del cinturón para mostrarla-Pero volviendo al tema, Hope es un experto en moverse sin llamar la atención y creo que el señor Rimbaud y yo seríamos todo lo contrario. Una vez se haya acercado y nos pueda confirme si hay o no peligro, así como cuál es, será el momento para trazar un verdadero plan de combate o acercarse. Al fin y al cabo, en el primer caso pasaríamos a contar con el factor sorpresa.
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Re: Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Frank Morgan. el Vie Jul 13, 2018 4:34 am

Al final acabó ganando el sentido de camaradería del enano. Dado que él era el jefe de la expedición, por no mencionar quien manejaba ese carruaje, terminamos haciendo una parada. No es que vaya a quejarme tampoco, teniendo en cuenta que sirve a mis propósitos, aunque estaba casi seguro de que más adelante esa actitud de altruismo ante todo acabaría provocándonos problemas. Pero bueno, ya me concentraría en eso más adelante. Aunque debo aclarar, ese detalle sobre los buitres que lanzo el orco no me lo sabía. Información muy útil, que me serviría mas adelante. Y hablando de nuestro compañero de piel verdosa, o más particularmente de su pequeño acompañante, no se me escapo la forma en la cual este último se comportó durante un momento. Fue extraño, tanto el modo en el que actuó como las cosas que dijo. Casi parecía como el resurgir de un trauma o algo así (y esto lo dice alguien con experiencia en la materia). El orco fue capaz de tranquilizarlo con unas pocas palabras y mínimo contacto físico, así que no le di demasiada importancia. Además, tenía pinta de ser algo bastante personal para ambos, así que no tenia deseos de andar haciendo de metiche. Había mucho del grupo que no sabía y mucho más que no necesitaba saber. Con suerte, la misión terminaría rápido, de forma sencilla, y cada quien se iría a su casa con un poco más de dinero en el bolsillo. Y en caso de que no, bueno, tendríamos tiempo de sobra para conocernos todos un poquito mejor. De una u otra manera el lugar y el momento en el que nos encontrábamos todos definitivamente no eran los mejores para eso.

Los ánimos de todos habían cambiado rápidamente mientras nos preparábamos para el combate, y posiblemente el más notorio de todos fuese el del propio enano, que había pasado de ser un cuenta chistes jovial y alegre a ser la imagen de la seriedad, aunque fuese por unos segundos. Su pregunta fue simple, pero cargada de implicaciones. El orco fue el primero en hablar, aclarando que no mientras me miraba de reojo. Devolví la mirada, desde luego, mientras una respuesta se formaba entre mis labios. A juzgar por el arma que tenía y la clase de misión para la cual se había alistado, estaba claro que ese ser tenía experiencia en combate. Tal vez había sido mercenario y no se consideraba a si mismo parte de ningún ejército. Tal vez era una suerte de auto-didacta. Tal vez solo era un suicida. Y ni hablar de su pequeño acompañante, que tampoco había formado parte de ningún ejercito a juzgar por lo que dijo el orco. Eso cobraría especial importancia a la hora de luchar. Desde luego que me sentiría más seguro al saber que la persona que cuidaría mis espaldas en una batalla tenia entrenamiento militar profesional y disciplina militar. Era cuestión de lógica. Y no iba a arriesgar mi cuello ante la posibilidad de que esos dos fuesen hábiles combatientes a pesar de no contar con esa clase de entrenamiento. Lo mismo para el caballero, aunque a juzgar por su armadura (por más extraña que fuese), no era muy complicado deducir que debía tener algo experiencia; o no, pero al menos sería un escudo humano perfecto con todo el metal que llevaba encima. -Si. Estuve en el ejército akhdareño muchos años.- Pero eso no importaba demasiado. Apenas tuviésemos la primera oportunidad de desenvainar las armas contra algo quedaría mas que comprobado que tan hábil era cada uno de los presentes. Al menos el enano había tenido la suficiente humildad como para reconocer que no era muy ducho en esto de pelear. Bueno, cobraba sentido entonces que reclutara a tantos mercenarios para que le hicieran compañía.

El viaje se me paso considerablemente más largo de lo que en realidad había sido, estoy seguro de eso. Estuve constantemente atento a cada rama que se movía, a cada sonido que emanaba de la oscuridad, siempre con el mosquete en mano y listo para disparar a la primera señal de problemas pero sin parecer paranoico. Era mera precaución, al fin y al cabo, pues yo era posiblemente el único (o uno de los únicos, dependiendo de los ojos del niño y el caballero) que no podía ver en la oscuridad. Tenía que estar más atento que el resto para compensar por esa deficiencia. Por suerte no hubo ningún ataque mientras pasábamos por los árboles. Siendo sincero, me esperaba lo peor. El terreno era desconocido, el grupo no demasiado numeroso y las hojas de los arboles hacían un magnífico trabajo tapando la luz del ambiente, que ya de por si era muy poca. Si había un grupo de bandidos circulando la zona, probablemente no encontrarían una mejor zona para emboscar a viajeros que esa (al menos, por nuestra seguridad esperaba que no lo hicieran).

Al final, toco bajarnos a explorar. El enano sugirió amablemente que estuviésemos lo más callados posible y nadie se lo discutió. Si lo que dijo era cierto, entonces ya empezábamos mal. Yo en lo personal no vi nada en el cielo, pero eso es porque no estaba prestando atención a eso, justamente por confiar más en los ojos de mis compañeros que si podían ver en la oscuridad. No tenía motivos para pensar que el enano mentía o se equivocaba. Ciertamente las palabras del orco no habían desmentido ese comentario, solo aclarado que no podían ser buitres. Esos pajarracos son bastante grandes y tienen los patrones de sobrevuelo clásicos de un ave carroñera. Es muy difícil confundirlos, incluso a larga distancia. Entonces, si el enano había visto un pájaro similar en conducta a un buitre pero que, por ley natural, no podía ser uno, ya teníamos un animal misterioso sobrevolando la zona. Bien podía ser un simple pajarraco desconocido, o el enano haberse equivocado, o el orco haberse equivocado, o mil otras posibilidades más. Claramente no estaba dispuesto a apostar mi seguridad en esa asunción. Pero al no haber ningún animal cerca, no podía hacer nada más que quedarme esperando. Optamos por continuar el viaje a pie, puesto que el carruaje sería un objetivo demasiado fácil en caso de un ataque y nos dificultaría mucho hacer un acercamiento sigiloso. Puede que nuestro jefe no supiese combatir, pero claramente sabía lo que estaba haciendo. Y también era lo suficientemente auto-critico como para pedirle un plan a las personas que aparentaban tener un poco más de idea sobre el asunto que opinión tenían. Cada minuto me caía mejor este nuevo jefe, independientemente de las complicaciones del viaje.

Escuche atentamente el plan del orco. En principio no parecía mala idea, más que nada porque incluía la posibilidad de mandar a un explorador para revisar el terreno en vez de mandar al grupo entero a ciegas. Sin embargo, implicaba confiar todo al pequeño, que no tenía mejor carta de presentación que la de su compañero. No le iba a tachar de incompetente ni nada pues nunca lo vi luchar, pero me sentía poco seguro. Sin embargo, cualquier queja o crítica que podría haber hecho desapareció de mi cabeza en el momento en que todos hicimos silencio. Duro unos segundos, pero se lo que escuche.-Actúen natural.- Susurre, de una forma tan repentina que posiblemente haya sorprendido a alguno. En mi experiencia, conviene aconsejar a tus compañeros primero que actúen natural y luego de las malas noticias. Por lo general la gente a la que le cuentas una mala noticia tiene a reaccionar a ella antes de que tengas tiempo de decirle que se tranquilice. Y si a eso le sumamos el estrés inherente a la situación, quedaba claro que habría problemas.-Finjan hablar, muévanse un poco, pero déjenme escuchar.- Mis ojos claramente perdían contra los del enano y el orco, al menos de noche. Pero si había una parte del cuerpo que tenía bien desarrollada (además de la obvia) era mi oído. Años de refinamiento, supongo. -Escucho a dos personas charlando. Pueden ser mas, pero ahora solo distingo dos voces.- No estaba mirando en la dirección de donde provenían los sonidos, pues no quería delatarlos de forma tan obvia si estaban viéndonos. Quizás pensaban que no nos percatábamos de su presencia, no veía motivo para cambiar eso.- Son voces masculinas. Creo que hasta escucho risas, pero no lo sé. Sea lo que sea, no parecen demasiado preocupados.- Entrecerré los ojos, clara señal de esfuerzo a pesar de que no estaba haciendo nada de esfuerzo físico propiamente dicha. Intentaba dilucidar algo más, pero la distancia me lo hacía imposible.

-Son voces agudas, demasiado. En un hombre suenan raras, y esos claramente son más de uno.- La cosa cada vez pintaba peor.- No sé qué tan bueno seas explorando.-Le comente al pequeño.- Pero claramente hay algo haya afuera, y no sé si nos conviene o no que te vea, si sabes a lo que me refiero. -El grupo tenía que saberlo, tanto por la propia seguridad del niño como por la nuestra. La presencia ajena podía condicionar demasiado nuestra conducta. Eran factores demasiado importantes como para dejarlos pasar. -No sé qué tan bien pueda apuntar a esta distancia, y con esta oscuridad. No digo que no pueda hacerlo, solo no aseguro que lo consiga. Puedo matarlos si hace falta, pero tal vez no con un rifle.- Y corone ese comentario dedicándole una pequeña mirada a mi lanza-granadas. Podía guiarme por el sonido para calcular el lugar adecuado donde lanzar un explosivo, pero no para colocar un tiro en una cabeza a tantos metros de distancia.- Depende de ustedes. Si creen que se puede hacer, no me opongo. Solo les advierto, no estamos solos aquí. Y quizás mi oído sea excelente, pero solo soy un hombre: si puedo escucharlos, no pueden estar demasiado lejos.
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Re: Los Que Se Niegan a Dormir [Campaña]

Mensaje por Rimbaud el Dom Jul 15, 2018 6:15 pm

El caballero contestó de forma amable.
Nunca me lo habían dicho. Aunque la verdad sea dicha, nunca me había dado por hablar tanto.

Después de quedar claro que irían al lugar en donde el enano oteó las aves, el caballero comenzó a repasar sus armas. No se perdía mucho tiempo revisando el estado del filo de una espada o cerciorándose de lo afianzada que se encuentre una armadura, y en cambio perdía demasiado en caso de no hallarlas en buen estado.
Varen le comentó las precauciones que debía tener con su armamento, para luego de un corto silencio preguntar por el entrenamiento del grupo. Rimbaud se preguntó qué tanto esperaba de un caballero, un orco y un niño.
Yo no he estado en el ejército. Sólo tengo el entrenamiento con las armas que mi maestro me dio. Lamento informar que carezco de ese tipo de marcialidad, pero como te dije anteriormente, maese Varen, me siento curtido en el tema que nos atañe. No es la primera vez que me encuentro en este tipo de situaciones.
El caballero luego de constatar que el filo de su mandoble estuviera en buenas condiciones respondió el comentario del enano con una voz resuelta, como si estuviera acostumbrado a cubrir las espaldas de los menos avezados en el arte de la esgrima.
No te preocupes, maese Varen, haré lo posible porque tus tripas se mantengan dentro de tu panza.

El grupo prosiguió hasta hallarse medianamente cerca. El enano, incapaz de mantener el silencio, lanzó un pequeño chiste por lo antes comentado.
Me agradaría saber que soy el paladín de alguna angustiada damisela. Pero la cantidad de damiselas en peligro en medio de la noche a mitad de este camino infestado de bandidos es tan probable como que a nuestro compañero verde le salgan alas y se marche volando a la perdida  Anemos.

Ya listos y dispuestos, el caballero asintió a la idea que tenía entre manos el oliváceo orco, puestos en ello, no parecía tan descabellado mandar al niño a investigar. Estaba seguro de que el escudero de Gar’Shur tenía algo raro, de hecho, de no haber salido a la conversación él no se hubiera dado cuenta que seguía ahí con ellos, como si tuviera la extraña peculiaridad de volverse invisible. El caballero miró detenidamente al pequeño, ¿cómo era capaz de ello?
¿Se pronuncia Houp o Jope? —preguntó para llamar su atención. Se le notaba en la mirada que no había pasado una niñez ni remotamente cerca de la normal. ¿Estaría allí por su voluntad o era una especie de esclavo del orco? Quizá seguir al verde parecía mejor camino que lo que fuera que hiciera antes—. ¿Deseas ir de avanzadilla, como dice tu compañero? —Se encogió de hombros quitándole peso al asunto—, no es que no confíe en que seas un experto en pasar desapercibido, pero estamos hablando de que te pueden matar si haces un movimiento en falso —Se acercó un paso a él con la mano apoyada en el pomo de su espada, tratando de averiguar si era un chico miedoso o acostumbrado a aquellas cosas—. Te aviso muchacho, y a todos ustedes, que la brisa hiede a muerte. Han de ser cuerpos en descomposición. Quizá sean restos que dejaron los lobos, o vaya a saber uno.
Se volvió hacia el paraje que se abría y alzó la cabeza como un perro al tomar un aroma. El viento fluía con fuerza por el camino en donde se encontraban.
Precisar el lugar de origen de aquel olor tan característico se me hace difícil. La brisa es demasiado fluctuante. Muchacho, ten cuidado. Además de las voces que comenta maese Morgan, puede que estemos a punto de averiguar si las historias que cuentan sobre aquellos muertos que caminan son ciertas.


Un atardecer, senté a la Belleza sobre mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la insulté.
Rimbaud

Diálogos - «Pensamientos
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