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Mensaje por Zhary el Miér Jun 15, 2011 4:32 am

La historia sobre la que vamos a escribir se puede dividir hasta ahora en tres partes: La primera relatada por una aristócrata. La segunda por un novio con su corazón roto. La tercera por un viejo labrador de los campos de Noreth.

La Dama

Ella fue traída desde una ciudad Site al Norte de aquí, donde los fríos son más fríos y los inviernos interminables. Oh… claro que recuerdo como era aquél lugar de donde ella provenía; una vez estuve allí, cuando solía ser joven –la dama se retoca el cabello con un dejo de desprecio ante los recuerdos que afloran en su mente y prosigue tratando de explicar la idea- Aquél lugar es la cuna de los hombres más osados y las mujeres más resistentes… el astro rey se aparece fugazmente después de una noche interminable que dura varias veces más que las de aquí.

Las luces celestiales alumbran el firmamento y descienden hasta los blancos campos como si fueran el velo de una novia en su entrada nupcial. El viento congelado acaricia y susurra con sus labios ardientes sonidos de ultratumba que hacen resquebrajarse los huesos a medida que cada paso que das te acerca cada vez más al mundo que jamás se enfría…

Ella procedía de una familia noble y fue negociada a cambio de víveres y elementos que permitirían la mejor supervivencia de su pueblo por más de dos décadas. Eso suele suceder por esos lares…-dijo con una angustia no fingida a medida que apretaba sus manos contra la superficie congelada de la mesa, como deseando sentir algo de su pasado-

El día que llegó, el Sol estaba más brilloso que de costumbre y el viento retozaba como pequeñas brisas saltarinas por doquier. Y dentro de un carruaje tirado por varios osos polares, ella. Joven, hermosa, de cabellos tan negros como la nada, sus ojos del color de la tierra la hacía palidecer de envidia por lucir tan lozano matiz. Su piel casi transparente bajo aquel halo de luz tan radiante aparecía y desaparecía tras las sombras proyectadas por su jaula de oro.

El enamorado

Selene era la chica más bella de toda su aldea. Si bien debo aceptar que la conocí desde niños, me enamoré perdidamente de ella el mismo hermoso día que la vi por vez primera. En aquél tiempo contábamos con seis y nueve veranos sobre nuestros hombros.

Aquél día, nuestros destinos quedaron unidos por siempre, cuando, al cruzar nuestras miradas nuestros padres decidieron nuestras bodas en quince años más. La espera fue ardua y tentadora ante los placeres carnales y efímeros de la vida. Pero al fin… aquél bendito día ella llegó, lista para nuestra unión sagrada; para consagrarse a mí, tal y como yo a ella por el resto de nuestros destinos.

Estaba nerviosa, aunque eso jamás opacó su gracia y belleza. Los ropajes que le adornaban tampoco menguaban en riqueza y viveza.

Me acerqué a su carruaje al igual que todos los habitantes de nuestro pueblo que se habían aglomerado a los costados de la calle por la que transitaba lentamente el vehículo. Aún no era el momento de establecer aquél vínculo formal. ¡Pero por los dioses! Su mirada era como la de un ángel.

Estaba supuesto que nos conoceríamos en el día de la boda, pero la tentación fue demasiado grande y no lo resistí.

Después de una semana (puesto que nos casaríamos después de un mes a partir de la fecha en que ella llegara) logré convencer a los magistrados y a mi familia para poder establecer contacto con ella.

Mi bella se encontraba en un recinto iluminado por luz natural que se filtraba a través del vidrio que conformaba la cúpula del edificio. A mi me escondían las sombras y cuando dí un paso hacia ella la expresión de su rostro cambió rotundamente pareciendo más feliz. Pero al otro paso, y cada vez que me acercaba a ella –y el rostro del hablante cambia. Se seca el sudor que se había reunido en su cien, se afloja los ropajes formales y ajustados que lo rodeaban, se levanta de su silla y da una vuelta alrededor de la mesa ovalada que otrora hubiera escuchado lo que la Dama tenía que decir y se queda en pie para proseguir- parecía que un dolor más y más agudo penetrara en su cuerpo llegando a tal punto que se desvaneció; afortunadamente llegué a tiempo para evitar el gran golpe, pero no estuvo unto a mi cuerpo por más de unos instantes cuando comenzó a levitar y grandes cambios se dieron lentamente en su cuerpo. Grandes alas surgieron de su espalda, rasgando sus vestidos, sus ojos comenzaron a llorar lágrimas de sangre y su cabello comenzó a llover como finas gotas de aceite, mientras al mismo tiempo le crecía una bella melena del color del oro.

Después de un rato, ella descendió lentamente hasta mis brazos nuevamente, fundiéndonos en un fuerte abrazo.

Llevó meses antes de que aceptara su nueva imagen; debo reconocer que no se cuando se veía más hermosa y que yo no tuve problemas en aceptar esta nueva realidad. Al final estábamos felices y nos casamos…

Pero el mismo día de nuestra boda y antes de que se volviera mi mujer, una nube negra cubrió el pueblo y ella desapareció misteriosamente frente a todos.

El Labrador

Yo suelo vivir lejos de’se pueblo, pero no pude dejá’ ‘e nterarme ‘e la llega’ e nuestra hermosa perla que venía e las helaas tierras del Norte. Cuando bajó, ni la misma virgencita era tan bonita. Espu’e dizque se convirtió en ángel bendiciendo nuestras tierras. Toos estaban felices y los campos producían sin iguá –se acomodó sobre la pala sobre la que estaba recostado, y cambiando el palito que llevaba entre sus labios concluyó-

El día que se casorió ella se jué y con ella la vida’e acá.


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Mensaje por Alanna el Jue Jun 16, 2011 3:11 pm

Ya hacía una semana que caminaba sin rumbo por esa zona y sin saber como acabé en una pradera helada, buen lo cierto es que si sabía como, al salir del pequeño pueblo, caminé por las afueras donde había granjas, y huertos, fue entonces cuando escuché el rumor. Una mujer ya entrada en años le estaba contando "confidencialmente" a voz en grito a otra que en las tierras del sur una joven hermosa y de alta alcurnia había desaparecido sin ninguna explicación, bueno lo cierto es que dijo:

- Y la quilla hizo Puff y desapa'eció. que l'andan bujcando toos que s'an buelto locoo bamo.

No entiendo como conseguí entenderla hablando así, el caso es que la entendí y me entró la curiosidad, pero no quería preguntarle a gente tan cotilla por lo que decidí dirigirme a la siguiente ciudad, en ella unos chicos en una taberna estaban hablando de lo mismo, me acerque y les pregunté, me informaron de los tres testigos, y de una jugosa recompensa, lo cual pasé por alto, pero teniendo en cuenta su nobleza, la de la familia, no la de los chicos de la taberna, era posible que supiesen algo del "desbrazado".

Así que decidí dirigir mis pasos hacia allí, lo que no esperaba era que los chicos me siguiesen, así que para perderles de vista empecé a correr por el bosque, hasta que cansada de orientarme acabé en la explanada, pensé entrar de nuevo en el bosque pero no me pareció acertada, aunque lo cierto es que el cambio era totalmente brusco, un momento estabas rodeada de arboles y tierra marrón como al siguiente te veías rodeada por una inmensidad blanca, seguí andando hacia delante y vi una mansión, un hombre apostado en la puerta se alzó y dijo:

-Lo siento my lady, me temo que no puede pasar. Esperamos a alguien para que nos ayude a resolver un secuestro y podría estropear la escena.

-Lo cierto es que yo venía a eso mismo, a ayudar. Me informaron del secuestro y pensé que tal vez sería de ayuda.

-En ese caso, déjeme que le haga una pregunta my lady, lo siento pero los señores quieren a personas inteligentes para resolver el caso de la señorita.

-Por supuesto, adelante. Dije sonriendo dulcemente.

-Bien, en ese caso, dígame y explíqueme, ¿Cual es el animal que camina a cuatro patas por el día, a dos por la tarde y a tres por la noche?

Me quedé pensando un momento y luego dije triunfante:

-El hombre. La mañana se refiere a la infancia cuando es un bebe y gatea, la tarde es la madurez cuando es adulto y anda erguido, y la noche es la vejez y el bastón es una tercera pata.

-Está usted en lo cierto, puede pasar.

Se apartó de la puerta y entré, una vez en el interior pude ver una increíble mansión, en la cima de una colina, subí la cuesta y las escaleras que llevaban a la puerta, una vez arriba me giré y contemplé la increíble vista, era un paraje blanco, solo se veían, un bosque cubierto de nieva y un pequeño pueblo helado, era maravilloso, pero me estaba helando así que me giré aun con una sonrisa impresionada en el rostro y llamé a la puerta.
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Mensaje por Invitado el Miér Jun 29, 2011 10:12 am

Era el lugar perfecto para ocultarme, tierra de Huntas, cercano a bosques, escondido por montañas y alejado de cualquier ciudad importante. El único problema que le veía yo al paraje era ese ancho río que rodeaba la ciudad. La mula estaba cabezona a más no poder y Emery me bufaba cada dos por tres. Yo tampoco estaba de muy buen humor, la tierra cubría la mayor parte de mis ropas oscuras y la falta de aseo me hacía sentir incómoda, irritada e irritable. Los tres necesitábamos un descanso, necesitábamos dejar de huir, así que cuando nos topamos con esa pequeña ciudad por casualidad, fue como una bendición de los dioses.

Llegué a Zheroker con las primeras luces del alba y me dirijí hacia la entrada de la ciudad. Primer problema... el único modo de acceder a la ciudad era cruzando un puente de piedra enmohecida que atravesaba el río. Al acercarme al principio del puente y ver el correr del agua bajo el me estremecí y de seguro el verde de mi cara empadileció hasta ser casi amarillo.

La mula se removió, nerviosa y sedienta, pero la contuve con un tirón de riendas. Tragué saliva y miré al camino a mi espalda. Si proseguía el viaje tal vez encontrara alguna otra ciudad que no tuviera río. Estaba a punto de hacer girar a la enfadada mula y proseguir el camino en busca de una mejor suerte cuando Emery volvió a bufar y saltó de la cesta en la que había estado tumbado todo el viaje.

-Emery!!!!

Vi con ansiedad como cruzaba el puente a la carrera y se perdía al otro lado, más allá de los arboles. Mascullé una maldición y me mesé los cabellos con nerviosismo. No podía. No podía cruzar el puente pero tampoco podía irme sin Emery, sin la única criatura que sentía afecto por mi y hacia la cual me sentía libre de sentir afecto. No tenía más remedio que hacerlo...

El primer intento fue penoso. En cuanto nos acercamos y vi los cascos de la mula sobre la piedra llena de musgo la hice recular con un tirón. La mula se quejó con un berrido y a punto estuvo de morderme la bota. El segundo intento no fue mejor y practicamente salté de la grupa de la mula cuando esta se negó a retroceder ante mis tirones. Suspiré, torturándome interiormente, al verme incapacitada de hacer algo tan sencillo como cruzar un puente por culpa del miedo.

Pero había sentimientos más fuertes que el miedo, eso lo sabía... la ira, por ejemplo. Evoqué en mi mente el incidente, el asesinato con que todo había empezado. El divium derribado sobre los pupitres, con un ala casi arrancada, ensangrentado y con una daga clavada en su pecho hasta la empuñadura.

Sentí rechinar mis dientes y volví a auparme a la mula. Con una orden seca y un agitar de las riendas ella se puso en marcha. El miedo quiso asaltarme de nuevo cuando el sonido del agua se hizo más intenso pero yo me centré en mis recuerdos, en los gritos mientras me señalaban, daga en mano y con el rostro en carne viva por las lágrimas. Ha sido ella. Bruja. Asesina. Malvada.

Legué al otro lado del puente, por fin había cruzado. Ese gato me las iba a pagar.

Dejé que la mula tomara un paso más comodo y tranquilo para ella, dándole un par de palmadas en el cuello tratando de serenarla un poco. No tardé en dar con Emery, el gato traidor estaba jugueteando con un niño cerca de los Huntas que custodiaban la puerta de la ciudad.

Me acerqué al niño y le pedí, quizá con demasiada brusquedad...no me gustaba tratar con niños, que dejara en paz a mi gato.

-Pelillos es mio! Yo lo he encontrado, así que ahora es mío.- respondió el maldito mocoso. Lo habría estrangulado.

Uno de los Huntas se acercó a mi, colocándose de forma protectora entre el niño y mi persona, escudriñándo mi verdoso rostro con un gesto de desconfianza. Me pidió un tributo, y cuando le tendí las últimas monedas que me quedaban me miró con desdén.

-Padre....pídele el sombrero....me gusta!- dijo el niño irritante tirándo de la manga del adulto.

Estreché los ojos... mi sombrero jamás. Aunque.... el niño seguía insistiendo y el adulto accedió con ojos amorosos. No me dejarían entrar en ese refugio perfecto que era la ciudad a no ser que hiciera un trueque. Claro que un trueque... incluye que tienen que darme algo a cambio.

-....El sombrero...- dije quitándomelo de la cabeza- por el gato.

El niño dio un gritito y se abrazó a Emery de forma posesiva. Por fortuna, el padre le dio la que quiza fue la mejor lección de toda su vida: No se puede tener todo.

Terminado el trueque, el niño se colocó mi sombrero en la cabeza con aire algo aflijido y yo pude adentrarme en la ciudad con Emery de nuevo en su cesta y con una incómoda sensación al tener la cabeza al descubierto.

Incapaz de alquilar una habitación al no querer despojarme de una sola pertenencia más, me vi vagando por las calles sujetando las riendas de la mula que me seguía con aire desanimado. Necesitábamos descanso...comida...pero para conseguirla tendría que haber empeñado incluso mis botas, por eso cuando empecé a oir los rumores me interesé de inmediato.

Una mujer de alta cuna había desaparecido justo el día de su boda. Si una mujer desaparece el mismo día de su boda... es casi seguro que ha sido de forma voluntaria. A saber como era el futuro marido. ¿Le habría pegado ya o habría esperado a la noche de bodas? Suspiré, lo sentía mucho por ella pero la recompensa era bien jugosa... y la necesitaba para atender mis necesidades básicas.

Sin perder más tiempo me dirijí hacia donde daban cita a los ayudantes en la busqueda de la mujer. Cuando me presenté allí un guardia hunta me cerró el paso.

-Lo lamento mi...-me miró, claramente impactado por mi verdosidad-...señora.... pero no puede pasar. Mi señor espera a aquellos que ayudarán a resolver el secuestro de la señora.

-A eso vengo yo.-respondí con sequedad.

-En ese caso, déjeme que le haga una pregunta señora, lo siento pero los señores quieren a personas inteligentes para resolver el caso de la señorita.

-Oh, claro, una gran idea. Pierde el tiempo con preguntas estúpidas mientras la mujer se encuentra retenida por un desconocido, sufriendo solo los Dioses saben qué a sus manos.- dije. El parpadeó sorprendido y volví a interrumpirle cuando fue a hablar- No veo a muchos más ayudantes haciendo cola para encontrarla, me parece que no estáis en posición de ser demasiado exigentes con quienes ofrezcan su ayuda. Si mi verdosidad te molesta, entonces me marcharé y que esa mujer se encuentre sola.

Mi leve mención al racismo dio resultado. Los huntas eran la etnia humana que más lo estaban sufriendo y al verse acusado de racista no tardó en dejarme pasar con enfado, quizá para demostrar que no lo era.

Sonreí pero esta vez no pude cubrirme con mi sombrero. Ya estaba frente a la puerta. Até mi mula a un lado y llamé.
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Mensaje por Daithé el Miér Jun 29, 2011 6:40 pm

¿Que cómo llegó ahí? Es una curiosa historia muy digna de contar… Vale, no los voy a engañar: No es una muy buena historia… y digna… ¡Digna! ¡Ni quién se crea eso! Lo que es, y lo repito para justificar que me atreva a contarla, es que sí es curiosa.

¿Alguno de ustedes cree en las casualidades del destino? Yo creo que pueden haber cadenas de sucesos extraños, que los seres vivos justificamos como Destino. El destino de algunos está marcado de antemano por ancianas encorvadas que tienen una bola de cristal de por vida. El de otros, es matar al dragón que acecha el enorme castillo, para socorrer a la virgen que en el habita. Todos estos destinos siempre son contados a sus progenitores…

¿Y qué pasa entones con la vida de un divium sin la tutela de un padre que le pregunte a las jorobadas ancianas? ¿Qué pasa cuando este bicho está totalmente dedicado al alcohol? No habría adivina que payara su destino. Un destino tan errante, como las huellas que puede ir dejando por la arena.
Y es peor aun si ni el mismo divium sabe a dónde va.

Jhen, tan alegre por el éxito logrado en su última hazaña, celebró al lado de un grupo de enanos que recién había conocido. Probó todo tipo de cervezas, y luego continuó con todos los tipos de vodka. Estando con menos de un sentido, se dedicó a tomar incluso de vasos vacíos que encontraba en mesas varias. Los enanos partieron con más de seis sentidos, dejando al ave prácticamente gateando entre las mesas de lo que él imaginaba era un palacio de ensueño.

Cansado por sus menesteres de borracho, decidió tomar cobijo ante lo primero que le presentara un digno techo para dormir. Resulta pues, que aquella opción fue meterse en un carromato cargado con pieles de osos, listas para funcionar como trueque en las tierras Huntas.

El siguiente eslabón fue que ese grupo de huntas estaban saliendo de la taberna y partieron sin más que decir. No revisaron siquiera su carga para cerciorarse de que el equipaje estaba completo; y como no sintieron el peso extra del ebrio, nunca hubieran imaginado lo que un día después pasó:
-Hecka… ¿Cazamos águilas?
-No… ¿Por qué?
-Hay plumas… muchas plu… ¡Un divium! ¡Tenemos un polizonte!
-¡Tírenlo del coche! ¡Tiren todas sus pertenencias con él!

Y la palabra de Hecka era oro: el divium fue tirado, y con él todo lo que subió. Sus armas, su vodka… Y después de “dormir” todo un día, al final se logró despertar con el golpe al caer del carro… e inmediatamente fue arrestado por un pseudosolado.


-Y así llegué aquí –murmuró entre dientes, articulando con dificultad y apoyándose al hombre que aún lo tenía con las manos amarradas a la espalda.
-Mi señor –anunció un nuevo hombre, mostrando respeto al que interrogaba a Jhen- una… “bruja” se ofreció a la búsqueda.
-Y a eso también vine –añadió Jhen, que no tenía ni la más mínima idea de una búsqueda- a… ¡a buscar! ¿Qué mejor que alas para buscar a alguien?
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Mensaje por Garrick el Jue Jun 30, 2011 11:48 pm

¿Cuántos malditos días podía uno estar en un desolado bosque?, aparentemente demasiados, pues yo incluso había perdido la cuenta, no había comido más que ratas, algún ocasional mapache y un día tuve la suerte de encontrar un cervato que no había podido huir de mi casería, por lo menos mi montura era lo suficientemente rápida como para darle caza, pero en ese momento, ya no veía la hora de salir de aquel lugar, sin embargo, si bien podría haber retornado sobre mis pasos o seguido una ruta lo más recta posible, lo cierto era que tenia asuntos en aquel bosque, asuntos importantes por lo que a mi correspondía.

Un mago bastante hábil tenía su morada entre la espesura de aquel lugar, un mago que se rumoraba tenía el poder de convertirme de nuevo en lo que yo era, una estupidez sin duda, pero una tontería que si lo pensaba detenidamente, tenía la capacidad de llamar mi atención, después de todo, volver a ser un joven humano no sería del todo desagradable, pues mis heridas tenían una característica un tanto extraña, ya que las mismas modificaban mi apariencia sin influir en mis habilidades, no parecía, según lo que yo había visto, como una persona quemada, sino más bien como alguien maldito, así que el ansia de conocimientos me había llevado a ese lugar, por ende, no había forma de que saliera del mismo sin encontrar mi objetivo, lo cual sucedió esa misma noche.

Mi campamento había sido levantado en un claro del bosque, la fogata estaba apagada puesto que nunca me ha gustado revelar mi posición, sin embargo, las luces nocturnas me iluminaban lo suficiente, por lo menos es lo que yo creía, hasta que mi caballo empezó a ponerse nervioso y a relinchar tratando de arrancar la cuerda con que estaba amarrado.

Salí de mi humilde tienda hacia lo oscuro de la noche, sabiendo que aquel ser no se amedrentaba fácilmente, pues había vivido experiencias que le dieran calma en los momentos de tensión. El ambiente era similar a una niebla que lo cubriera todo, pues la expectación hacia que el aire se respirara con dificultad.

Fueron unos ojos en la noche, el resplandor en la retina de una creatura lo que me hizo no volver a mi tienda, aquel ser que vagaba por las penumbras y rodeaba mi campamento, siguieron otros y los sonidos de animales que me acorralaban y rodeaban, mala señal en un bosque como en cualquier otro lado, pero los gruñidos dieron la ultima pista sobre las creaturas que se aventuraban a mi encuentro, eran lobos que habían encontrado un “comida fácil”, o por lo menos eso creían ellos, aunque debo admitir que existía una dificultad en aquella situación lo cual era tener que proteger a la montura, sin la cual, aquel viaje en el bosque podía volverse eterno.

Sin embargo no hubo tiempo de atacar o defender, pues una voz se elevo en el bosque emitiendo una canción que hizo que los gruñidos se detuvieran; la voz era encantadora y disfrutarla bañado por la luz de las estrellas hubiera hecho que el corazón de cualquiera se conmoviera, incluyendo el mío, que si bien había sido entrenado para arrebatar la vida sin dudarlo, también le pertenecía a aquel muchacho que se escondía debajo de mi apariencia y que nunca había conocido belleza en este mundo que no fuera efímera y destinada a ser destruida.

Fue esta misma canción y aquellos sentimientos los que me hicieron dudar de que fuera algo amigable lo que se acercara por el bosque, no porque supiera algo de magia o por creerme hipnotizado, más bien, porque las cosas bellas me desconciertan, me es difícil entenderlas y a veces, incluso las odio.

Esta vez no fue la excepción, pues aunque al fin había encontrado a mi mago, su fémina figura que se movía por el bosque igual que lagrima de plata que es derramada sobre una espada, hacia que mi cuerpo se impacientara y se tensara, su cálida voz me reconfortaba pero eso mismo me aterraba, sus ojos veían en mi alma y cuando el canto cesó para darle paso a las palabras, mi nombre en su voz era como un carbón encendido, brillante, cálido, pero a última instancia, un vago recuerdo del fuego.

- Joven Garrick, ¿qué le trae a mis dominios?

No fue una gran sorpresa que ella supiera mi nombre, en realidad los magos pueden darme pocas sorpresas, no por conocer sus secretos, sino porque no creo que haya mucho que ellos no puedan hacer con algo de práctica, sin embargo, sus embusteras e hipócritas palabras me llenaban de odio, me recordaban a mis compañeros en aquel maldito lugar, muchos de ellos colmados de belleza, todos ellos dispuestos a tomar una vida sin dudarlo.

- Sabes a que vengo, sabes lo que busco, así que señora, entiendo que nada es dado en este mundo sin esperar nada a cambio, por lo tanto, si usted es capaz de ayudarme, me gustaría saber lo que pide por usar sus dones.

- Pues incluso sin haberlo preguntado, te doy mi nombre viajero, tu puedes llamarme Evayn, soy la guardiana de estas espesuras y si, sé a lo que has venido, pero mucho me temo que no soy yo la que pueda ayudarte, sé que muchos me han visto tomar la forma de animales, han observado en el lago de este bosque que mi apariencia cambia una y mil veces y puedo entender que crean que tengo el poder de cambiar la de los demás, pero la mentira yace en la verdad, pues un conjuro me prohíbe conservar mi apariencia por más de una noche, soy incapaz de repetirlo, pues no he sido yo quien lo ha lanzado.


- Eso quiere decir que he hecho este viaje inútilmente…

El dolor era patente en mi mirada y en mi voz, el rencor hacia mi propia persona por haberme permitido soñar, por creer que podría cambiar algo en mi vida, por haber venido a ver a una persona esperando su ayuda, sabiendo que las personas que sufren de belleza no se atreven a mirar a los que por suerte del destino carecemos de la misma.

- Estos pensamientos que tienes me desconciertan, juzgas mi carácter basado en mi belleza, pero yo puedo ver lo que fuiste, lo que eres, aun puedo ver un apuesto joven con los ojos llenos de esperanza, puedo ver el momento en el que la primera vida que arrancaste te destruyó el corazón, sin embargo, puedo darte un consejo viajero, ve a Zheroker, ahí una doncella se ha convertido en una creatura distinta a la que era, desconozco si su hechizo pueda ayudarte, pero si has realizado este viaje, puedes realizar el próximo; en cuanto a mi pago, tomare de ti aquello que aun no le has dado a nadie, me llevare tu compasión viajero, pues no permitiré que tus espadas me lastimen.

Dicho esto, el bosque quedó en silencio, la figura se difuminó como la niebla y quedé de nuevo solo, pero ahora con un destino; no me importó que fuera de noche; levanté mi campamento y emprendí la cabalgata.

No tardé demasiado en encontrar aquella ciudad, sin embargo las noticias de los guardias me desconcertaron, pues la doncella había sido secuestrada, sin embargo un rayo de esperanza aun se levantaba en el horizonte, pues la comitiva de búsqueda buscaba quien pudiera encontrarla, justo en ese momento, se disponían a partir, estaban juntando personas dispuestas a investigar su paradero, yo me ofrecí en la puerta de aquella mansión a ir en la busca de la mujer, permitiéndome entrar los guardias con un dejo de suspicacia, incluso uno de ellos me acompañó todo el camino, era momento de conocer a la familia de aquella mujer y pediría yo, a cambio de mis servicios, el secreto que la había llevado a cambiar su forma.
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Mensaje por Zhary el Vie Jul 08, 2011 6:23 pm

Había permanecido en la ciudad de Zheroker por varios meses, hasta la fecha en que la bella dama desapareció. Ya conocía un poco el terreno, pero habían partes de la ciudad que estaban vedadas incluso para muchos ciudadanos natales de esos lares. Como por ejemplo el templo –lugar para personas distinguidas-, la escuela –donde solamente estaban seres que “merecían” estar-, el cementerio-al cual accedían únicamente quienes tenían a sus muertos enterrados allí- y algunos zonas que eran un tanto inestables debido a la corrosión del agua o los pequeños pantanos que se formaban zafralmente.

La forma que llegué a ese lugar fue bastante peculiar. Una vez que me escapé de mi ciudad natal, vagué por largo tiempo sobre territorios de Noreth que jamás creí que existieran. Debo confesar que no solamente conocí los “buenos” lugares, sino que también tierras en las que la maldad humana no tenía límites y su avaricia había chupado literalmente el resto de la vida y la paz.

Con gran desánimo comprobé que no solamente mi pueblo había sido corrompido, sino también muchos otros e inclusive, otras razas del reino estaban siendo contagiadas por la plaga parida y criada por nosotros mismos…

Cierto día mis pasos me llevaron a un monasterio no muy lejano al lugar donde me encuentro ahora –digamos, que a unas cinco leguas-. Me arrimé pidiendo refugio por una noche y algo para llenar mi abrumado estómago. Pero el clérigo que se encontraba allí parecía ocultar algo y no desear mi presencia por sus terrenos, por lo que me propuse continuar un poco más mi viaje, no sin demasiado convencimiento.

Apenas unos minutos más tarde, se dejaron escuchar unos alaridos terribles, Fryed, que siempre estaba alerta voló hacia el lugar de su origen y allí estaba: un antropomorfo que estaba muriendo lentamente. Su cuerpo estaba lleno de heridas de toda clase, además los moretones y fracturas estaban tan hinchados que era imposible adivinar qué clase de bestia había sido en un pasado cercano.

Era una escena que quisiera que jamás hubiera tenido que presenciar, aunque por alguna razón ya no me duele. El caso es, que al acercarme, ese ser señaló al recinto sagrado y dijo:

Oh extraño… -pronunció con su voz entrecortada- ves que muero, ni siquiera puedo distinguiros entre los sudores de la muerte,-tosió y le costó para continuar su relato- pero salváos, salvad vuestra alma y la de los desdichados que residen en el monasterio…-nuevamente se entrecortó, realmente hacía un gran esfuerzo para continuar- un mal espíritu se ha apropiado del cuerpo del clérigo, mi hermano y fijáos… fijáos lo que ha hecho

El ser comenzó a convulsionar, y una rigidez ya conocida se apropió de mi. Las lágrimas que había comenzado a brotar de mis ojos se secaron y en cambio una sensación de frialdad me invadió por completo. En un solo movimiento desenfundé mi espada y una cabeza se desprendió de un cuerpo; un cuerpo que ya no tenía sangre que destilar, ni una cabeza que pudiera rodar, puesto que había perdido esa facultad junto con su forma.

Lamí la hoja de mi arma con los pocos resquicios de ese elixir vital y volví a enfundarla. Observé con el último dejo de cariño a mi compañero y él, comprendiendo el mensaje se alejó. Al perderlo de vista me volví sobre mis pasos y entré al lugar por una ventana sin ser vista.

Grandes telarañas–como de dos metros de diámetro- cubrían los espacios; la oscuridad se había apoderado de aquél ambiente, quedando sombrío y siniestro. Además, la falta de mobiliario hacía que un monasterio humilde se hubiera convertido en una casa de espantos, donde el mínimo sonido era amplificado mil veces por un eco arrebatador.

De algún modo, toqué uno de esos asquerosos hilos pegajosos y un ser con los mismos ropajes que el que me había atendido se lanzó desde el techo en picada sobre mí. La primera reacción fue huír, pero era imposible, el terreno era inaccesible gracias a los hilados pegajosos que llenaban el cuarto. Por lo que, eché hacia atrás la siniestra para tomar impulso y lancé mi cadena junto con el hechizo del puño de huracán para exponenciar su daño. Ese ataque no era en lo más mínimo previsible, por lo que fue certero, desviando a ese ser de su trayectoria asesina y cayendo a unos pasos de mi.

Al principio no estuve muy segura de que tan sólo con eso pudiera haber ganado la batalla, pero esa cosa no se movió, por lo que con mi espada me liberé de los hilos que me mantenían pegada, volví a arrollar mi cadena y me acerqué a verlo. Se trataba de un antropomorfo con una base de araña. Tenía cuatro patas –que había escondido muy bien bajo la sotana del clérigo- una cabeza humanoide, pero con grandes colmillos peludos- y un par de brazos llenos de pequeñas espinas. Su sangre de un color carmesí azulado brotaba lentamente de una herida cercana al corazón.

Le miré con desprecio y me propuse revisar el resto de la estructura por si habían más víctimas, y valla si lo había. Estaban seres de todas las edades encerrados en habitaciones y fosos dispersos por varios lugares distintos; en total parecían unos treinta. Pero, cuando nos disponíamos a salir del lugar, aquél bicho de enormes dimensiones volvió a aparecer de la nada y me inyectó su ponzoña a través de un aguijón que tenía en su cola. El veneno se esparció lentamente por mi cuerpo, petrificándome. Lo único que recuerdo es a unos hombres enfrentándolo, otros cortándole sus patas, niños llorando y al final nada.

Nuevamente desperté en una cama sola. La pesadez invadía mi cuerpo de una forma casi dulce. No parecía haber peligro y casi sentí que me encontraba en casa a los diez años. Me incorporé lentamente, y allí estaba. En el pueblo de los Huntas.

* * *

Yo era una de las responsables de la búsqueda de Selene, así lo había designado el consejo de la ciudad. De hecho, tenía cierta estima por aquellos lares, luego de que los cazadores a los que liberé explicaran mi “valor” aquél tremendo día.

Lo único que le pedí a los guardias que colaboraban conmigo buscando mentes “frescas” es que confirmaran que quienes venían podrían servir para algo, y ellos lo interpretaron como si fuera necesario que fueran inteligentes respondiendo una pregunta. Lo único que tenía que decir con respecto a eso era “JA!

La primera en llegar fue una pequeña y bella elfa. Parecía vivaz y muy rápida mentalmente. Pasó muy fácil su prueba y se encontraba en la puerta de la habitación en donde me encontraba trazando planes con un equipo de búsqueda de policía normal.

Uno de mis compañeros le abrió la puerta y haciéndole una reverencia le indiqué que tomara asiento en la gran mesa. Luego, alguien me avisó que venían más en camino, por lo que no me dirigí a la joven por el momento. Muchas cosas abrumaban mi cabeza… todo era demasiado extraño aún.

La segunda en llegar fue una antropomorfa. Bella en su tipo, aunque daba algo de… impresión aquél color… y su forma de observarnos; sobretodo los problemas que tuvo llegando a la ciudad. Ah… se me olvidaba, en esa ciudad, y con la responsabilidad que tenía en aquél momento disponía de toda la información de todo lo que acontecía. O al menos eso intentaba. Por lo que conocía exactamente cómo habían llegado a la ciudad, pero no de su pasado. Y eso, es lo que justamente pensaba averiguar en aquél lugar antes de darles una idea de lo que acontecía o si les permitía participar en la búsqueda.

Más tarde llegó un ser alado. Era la primera vez que veía una cosa así. Era como de mi estatura, no parecía estar en sus cabales y sus ojos no dejaban de escudriñarlo todo. Valla sorpresa; “uno jamás deja de aprender cosas nuevaspensé y pasé mi vista por el último integrante del grupo: otro humano. Su mirada parecía vacía… o demasiado llena; habría en el otro misterio por resolver?

Despaché a la mayoría de los oficiales que estaban en la sala, dejando tan sólo a uno, Seth, mi mano derecha y me dirigí a mi nuevo equipo.

-Buenos días señores y señoritas. Me han informado que se encuentran aquí todos por un mismo motivo… encontrar a la joven Selene. Antes que nada, me presentaré: Mi nombre es Zhary de Guillòn; pertenezco al clan de los tenebres y me encuentro aquí por los azares del destino como un miembro más de la policía que se encargará de la búsqueda de la susodicha. He de encargarme además de que su estancia sea -he hice un gesto con mis manos- “lo más placentera posible” y habré de coordinarlos cuando sea necesario. Ahora quiero saber un par de cosas con respecto a ustedes. Sus nombres, o como desean ser llamados, sus habilidades, el porqué de su interés en el caso y sobre todo cómo justifican que pueda confiar en ustedes y no sospechar que fueron parte del secestro?.

Tomé asiento de forma de ver a cada uno en su rostro y esperé a que comenzaran. Seth se quedó a mi lado con una actitud algo inquietante, incluso para mí.

Spoiler:

Lamento profundamente haberlos hecho esperar tanto. Surgieron inconvenientes que no pude resolver hasta ahora, por lo que no me siento con la autoridad moral para pedirles que en esta ronda posteen en fecha.
Les pido que me disculpen y les prometo que no volverá a suceder.


En cuanto a la partida, me han impresionado. No esperaba niveles tan buenos y tanta originalidad. Espero que sigan así y no decaigan. Si tienen alguna sugerencia, siempre estoy abierta a ellas.
Finalmente, creo que está claro qué espero en esta ronda. Descripción, una introducción al lugar, que Garric y Jhen lleguen... interactúen entre sí y pueden usar al pnj con criterio, y de forma muy coherente entre ustedes. Si quieren describir la mansión, es luminosa y con mucho espacio, llena de lujos. En cuanto al policía se los dejo a su criterio.
Mis saludos, y si todo sale bien, en una semana vuelvo a escribir.




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Mensaje por Alanna el Vie Jul 08, 2011 8:32 pm

Al entrar había varios soldados dentro, supongo que actuaban como policías, estaba algo nerviosa, sobre todo cuando me preguntaron como sabían que podían confiar en mi. No sabía muy bien que responder, pero aún así me erguí en una postura recta y elegante y contesté a todas sus preguntas:

-Supongo que empiezo yo-sonreí- Mi nombre es Alanna, soy una aventurera y simplemente encontré a unos chicos algo sospechosos hablando sobre un secuestro y pensé que antes de de que gente así hiciese algo malo, era mejor si venía yo misma, se que no parezco gran cosa pero estoy preparada para todo, no puedo darle nada ni mostrarle nada para que confíe en mi, solo mi palabra,-dejé de sonreír y seguí hablando seriamente- tengo principios fuertes y convicciones iguales, no vengo solo por la recompensa, realmente me preocupa la desaparecida, por lo que ponía en el anuncio realmente necesitan ayuda, yo siempre he pensado que la vida y la libertad es lo más importante que tiene cualquier ser vivo, sin importar raza o estirpe, -volví a sonreír- le doy un juramento, el juramento de que haré lo que pueda para ayudar y no entorpecer la investigación, lo juro por mi honor.-terminé haciendo una suave reverencia, que a pesar de todo el tiempo que había pasado sin practicar salió completamente elegante y natural, al parecer no he olvidado nada de lo aprendido en mi infancia.

Paré de hablar y miré a todo el mundo en la sala, y a la sala en si misma, de la que antes no había tenido tiempo de fijarme, era enorme y espaciosa, bien iluminada y lujosa, en una gran mesa algo alejada del grupo en el que me encontraba estaban los guardias haciendo su trabajo, parecían estancados en un punto, quería acercarme para ayudar pero no me atreví, al menos hasta que un guardia, parecía importante, ya que su uniforme era diferente al del resto, gritó diciendo:

-No hay mucho tiempo, así que chica elfa estás dentro, acércate.

No sabía si se refería a mi, así que pregunte:

-¿Se refiere a mi?
-Claro que me refiero a ti, vamos ven a ayudar niña, no hay tiempo que perder.

Me acerqué a la mesa y esperé a que me contasen que sucedía.
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Mensaje por Daithé el Dom Jul 10, 2011 12:48 am

Los soldados se miraron con complicidad y murmuraron por lo bajo, mientras el divium extendía las alas y los brazos, como cuando sueltas un bostezo monumental y hace falta desperezar el cuerpo también. Bostezó y se rascó los ojos que le empezaban a lagrimear, su historia era bien cierta, y aún no se reponía de los brazos de Inhh, el dios del sueño.
-Y… ¿Me aceptan?
-Deberíamos… deberíamos preguntarle a la señorita.
-¿Para qué? ¿No ves que es un borracho vagabundo?
-Pero lo que dijo es cierto, puede ayudarnos a buscar desde el cielo…
-¡Si es que puede alzar el vuelo!
-Yo… pues… -el soldado se rebuscó algo bajo la cota de placas, y al encontrarlo lo llevó al frente- ¡Te llevaré con ella! Sí ella te acepta, te soltaré, si no, estarás en la cárcel por tratar de timar a la policía…

Jhen, indistinto, alzó los brazos y dejó que el soldado los atara. Su interés real no era rescatar a nadie, digo, no su interés, sino el motivo de su llegada. Pero estaba ahí, y tampoco era un jodido vagabundo, eso había herido su orgullo, y además… Era triste que se hubiera perdido, o hubieran secuestrado, a alguien.
Se sometería a sus reglas solo para convencerlos.
-¿Vamos?

***

Eso no pudo permitirlo, no; iba a ayudar, se estaba ofreciendo voluntario, sin conocer a nadie y la señorita lo miraba como si fuese una extraña bestia, loca y violenta. Para contrariarla, y vengarse, sólo tuvo una opción:
La miró a los ojos, la reverenció sólo con la cabeza y volvió a mirarla.
-Muy por encima de lo que usted crea de mi, le puedo jurar que no soy un estorbo, una bestia, un indigente, o un analfabeto. Harán pocos meses que era ayudante de un famoso enano, y ahora no hago más que vagar. Tendré un peculiar aroma a licor –era una bonita forma de decir “sé que destilo alcohol”-, pero eso no me hace un borracho. Tengo mejor puntería que cualquiera de sus hombres, y puedo ser tan bueno peleando como cualquiera que se me ponga enfrente.

Le alzo las manos para que se las viera atadas, y entonces el soldado que lo acompañaba hizo las aclaraciones de por qué estaba así mientras lo desataba.
-¿Quiere una muestra de mi confianza? Se la daré: Llevo dos hachas atadas a las piernas, y un arcabuz… en el hombro, como podrán ver. Pólvora en la cintura y balas del otro costado. Ningún mercenario se ofrecería a revelar sus armas si piensa en traicionar a su amo.

Se agachó para sentarse con las piernas cruzadas en el suelo de madera de aquella… “oficina” y agachó la vista. Se rió entre dientes, y alzó la cantimplora.
-Soy Jhen… y… yo sólo quiero un litro de vodka como paga –volvió a reírse por lo bajo- y lo mejor de todo es que puedo hacer esto. –Agregó por último, imitando la voz de la chica que estaba al mando de todos: Zhary.
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Mensaje por Invitado el Lun Jul 11, 2011 11:23 am

Un estirado mayordomo, que parecía empeñado en que su afilada nariz apuntara al techo en todo momento, me acompañó a través del espacioso vestíbulo lleno de ventanales de la mansión. Yo había tomado a mi querido Emery en brazos por si algun crío pasaba por ahi y decidía que se había encontrado un gato. Emery se acomodó en mi agarre y bostezó con un leve maullido. Una idea fugaz cruzó mi mente y me hizo soltar un leve resoplido con desdén. Una rica noble desaparecía y sus familiares movían cielo y tierra para encontrarla, gracias a la fortuna que pudieran poseer....pero ¿cuantas mujeres, cuantos niños pobres habían desaparecido sin que nadie se preocupara en mover un dedo?

Agité la cabeza y aparté esos pensamientos deprimentes, no me servirían para nada en esa ocasión.

Finalmente llegamos a la sala de estrategias donde varias personas, quizá los voluntarios, esperaban a un lado y observaban a los concentrados guardias en su labor. Hacia el grupo de voluntarios me dirijí y al igual que ellos esperé sin hablar ni entablar contacto visual con ninguno de ellos. Un par de personas más se unieron al grupo estando yo concentrada en acariciar el lomo medio pelado de Emery y, por fin, una mujer, que por como actuaba debía de tener un cargo alto, se dirijió a nosotros.

Tras una educada, y algo pomposa, presetación tomó asiento pidiéndonos nuestros nombres y conociemiento sobre nuestras habilidades y los motivos por los que nos ofrecíamos voluntarios.

Mientras uno de nosotros, una elfa que desde mi punto de vista era exactamente igual a cualquier otra elfa, se adelantó, se presentó y empezó a darle una charla sobre honor y altruismo, yo me dediqué a observar de reojo a los presentes. Una elfa, un divium encadenado que parecía tener poco equilibrio, y cuyas alas blancas me hicieron tragar saliva, y.... abrí mucho los ojos y esta vez no pude esconder mi gesto de sorpresa bajo el sombrero, ya que me faltaba.

-...¿¿Garrick??

No podía estar segura, había pasado mucho tiempo desde la última vez que nuestros caminos se cruzaron, pero esa capa del único color que podía percibir.... esa postura encorvada.... ese gesto tenso ante la mera mención de su nombre. Incluso Emery parecía haberlo reconocido, ya que habia estirado el cuello y las orejas en su dirección. Una leve sonrisa se formó en mis labios.

La elfa había terminado su presentación y le tocó el turno al divium, cuya charla me pareció más torpe pero más sincera que la anterior... aunque cargada con el mismo narcisismo. Aunque al final de la misma y justo cuando empezaba a dejar de prestarle atención, nos dio una sorpresa a los presentes cuando imitó de forma perfecta la voz de la humana que nos estaba valorando. Una habilidad útil, sin duda, y sorprendente. Una vez hubo terminado, lancé una breve mirada de soslayo a Garrick y me adelanté.

-Mi nombre es Lilithiam, y me ofrezco voluntaria a la búsqueda unicamente por la recompensa. Estoy pasando serios apuros económicos y le aseguro que no hay nada que me motive más en estos momentos. Soy una mercenaria eficaz y nunca dejo un trabajo sin terminar- sonreí levemente, aunque con cierta ironía- Además, por los rumores que he oído, esa mujer ha desaparecido por "arte de magia"... y de magia, señora, sé un poco.

Emery dió un largo maullido como si apoyara mis palabras. Hice desaparecer la sonrisa de mi rostro y con gesto neutro di un paso atrás y aguardé a que Garrick, si de verdad era el, hiciera su propia presentación y que Zhari, la humana que aun nos escudriñaba desde su asiento, decidiera quien estaba en el grupo de búsqueda y quien no.

Spoiler:
He visto un pequeño fallo en mi narración y algunas faltas de ortografía que he corregido al editar ^^U
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Mensaje por Garrick el Miér Jul 13, 2011 3:19 am

Si en algún momento he estado tenso, sin duda aquel era uno de esos momentos, no solamente por la fastuosidad del lugar o la luminiscencia del mismo, había algo en esa casa que me sacaba de mis casillas, era como con todas aquellas hipocresías que la gente tiende a llamara belleza, demasiado suntuosa, elegante, llena de objetos que jamás podría yo soñar con adquirir, no solamente por el precio excesivo que deberían de costar, sino por la inutilidad de los mismos, aquello me hacía sentirme incomodo, pues la inutilidad es algo que odio, sin embargo, aparentemente son demasiadas las cosas que he aprendido a odiar.

Los grandes divanes y los cuadros majestuosos, muebles de exquisito tallado seguramente ornamentados por un experto ebanista, con figuras fuera del alcance de alguien que no sea un su interior un verdadero artista, los vitrales que dejaban traspasar la luz de manera exagerada y los grandes candelabros que colgaban de los techos acompañados y en juego con los pequeños que se encontraban cerca de las paredes, una máscara compuesta de mentiras que haría pensar solamente en la cantidad de dinero que podrían poseer los dueños de aquella casa. La envidia es un sentimiento desconocido para mí, pero por un momento me permití pensar en lo que yo haría con todo aquello, sin embargo solamente acudieron a mi mente imágenes de mi mismo quemándolo todo, dejando que el fuego acabara con aquella charada, pues sin importar cuantas cosas tuvieran, los dueños ponían todo en juego por la única cosa que les era preciada; inútiles mercaderes de sonrisas.

Sin embargo, conforme fuimos avanzando, la sala donde me esperaban sin saberlo se dibujo ante mis ojos y los compañeros que irían conmigo en aquella aventura, de ser aceptado en ella, hicieron su aparición de una sola vez; un grupo variado y aparentemente entrenado, eso sería un cambio, siempre es bueno tratar con personas que saben lo que hacen.

Las presentaciones duraron poco, pues después de ser recibido, la persona al mando ordenó que todos menos uno de los guardias se retiraran y quedamos por un momento en silencio, siendo interrogados por nuestros motivos e historias, siempre querían una historia, nunca les bastaba con la presencia, siempre buscaban justificar con palabras la estupidez de confiar en un extraño, pero no podía quejarme, si estuviera en su lugar, no podría hacer mucho más que aquello.

Fue así como las presentaciones comenzaron y las historias comenzaron a correr por los labios de los presentes como la corriente de un rio, el lugar se llenaba poco a poco de los sentimientos de los narradores y sin duda aquel variopinto grupo era algo “peculiar”, pero fue una voz la que me cautivo, la que hizo que mi cuerpo temblara con escalofrió que hace tiempo no sentía, pocas veces había escuchado mi nombre y en ocasiones aun más extrañas aquel había ocasionado que mis emociones vibraran.

Escuche aquella presentación concisa y cierta, no pude evitar observarla por entre la capa, la señora Lilithiam se encontraba entre los presentes; por un momento quedé mudo, estático en mi lugar con solo la posibilidad de algunos de mis músculos para temblar con las palabras que salían de aquellos labios.

Es justo mencionarlo, pues no puede ser de otra manera, es necesario decir que mi apariencia es agradecida, que mis facciones son para mí una bendición y que no es mi mano la que busca un cambio en ella, sino una parte de mi ser que se esconde en lo profundo de mi pecho, es justo que mis palabras expresen que aquella razón, aunque no lo sepa, se llama Lilithiam.

Encontrarla en aquel lugar era una muestra de que el destino me llevaba por un buen camino y si bien en ese momento no podría dejar que mis pensamientos se desviaran de la misión, pues estar en una aventura con ella sería una recompensa suficiente para cualquier trabajo, no pude evitar que la mujer desaparecida, que las voces del bosque, que los presentes se perdieran en la nada y por un instante encontrarme solo en aquella habitación; solo con la única persona en todo el mundo que puede hacerme cambiar, la única que puede lograr que sea de nuevo un niño, pues en los anteriores viajes, conocí su fuerza, su entrega, su determinación y su belleza, la única belleza que no podía despreciar.

- Mi señora, es un gusto encontrarla de nuevo.

Mis pasos se encaminaron hacia ella, un paso lento y cansado para muchos, pero que ella podía saber que era fingido, mi voz ronca se volvía a intervalos de nuevo juvenil y mis manos desabrocharon la capa de viaje para poder ofrecerla a ella.

- Nunca la he visto sin su sombrero, si gusta puede usar mi capa, estoy seguro que esta luz resulta tan incómoda para usted como para mí, perdone que no pueda ofrecerle más, pero sabe que son pocas mis posesiones.

El guardia que quedaba se movió un poco inquieto en su lugar, pues al quitarme el manto había revelado mi apariencia, carcomida por cicatrices y quemaduras, delgada y alargada, con manos más parecidas a las garras de un ave de rapiña que lo que podrían parecer humanas; al cinturón colgaban mis espadas, que fue lo que me imagino atrajo la atención del guardia y lo había hecho sospechar.

- ¿Y bien?, ¿acaso no piensas responder a la pregunta viajero?, la señora Zhary se dirigió a todos y eso te incluye, imagino tal vez que no tienes nada que decir, es probable que seas un cómplice y ahora te veas en aprietos, ¿es esa “bruja” tu ayudante acaso?

Aquellas palabras, dichas con un atisbo de desprecio, activaron mi cuerpo como la cuerda de un arco al disparar, mi mano izquierda aun sostenía la capa ofreciéndola, pero mi mano derecha ya empuñaba la espada que en ese momento apuntaba al guardia que acompañaba a la que nos interrogaba.

- Vuelve a dirigirte a ella de esa forma y la única manera de que tu lengua te acompañe en adelante será si la llevas en una bolsa junto a ti.

Mi posición había cambiado, mi cuerpo había dejado de temblar y mi espalda ahora se erguía recta esperando la reacción de los presentes, pues entendía yo perfectamente que desenfundar un arma en aquel lugar había sido un error, sin embargo, el avezado guardia ya había a su vez desenfundado previendo un ataque.

Mi mano soltó la espada que cayó al suelo haciendo un ruido metálico, en el mismo momento dejé caer la otra también.

- No vengo a buscar pelea guerrero, pero para ser un “noble caballero” tus modales para con una dama dejan mucho que desear, si quieres una respuesta no tenias más que esperar…


Mi voz sonaba de nuevo como la de un joven y mi cuerpo ya no había vuelto a su posición de “descanso” con lo que ahora me erguía orgulloso ante mi oponente que se limitaba a observarme en espera de una respuesta satisfactoria.

- He de asegurarle mi señora que no hay posibilidad de que yo hubiese participado en el secuestro, pues mis métodos distan mucho de ser discretos y mi presencia es difícil de pasar desapercibida, así que si quiere pruebas de que nunca he estado en esta ciudad antes, la conmino a que interrogue a los guardias, le aseguro que ninguno de ellos podrá dar testimonio de haberme visto con anterioridad. En cuanto a mis motivos…

De pronto había caído en la cuenta de que no quería que la señora Lilithiam conociera mis motivos, en ese momento me parecieron infantiles, indignos, era una estupidez en general.

- Me interesa también la recompensa, soy un mercenario y ustedes buscan quien trabaje para ustedes si no me equivoco, lo cual no deja de parecerme en extremo sospechoso, pues para ser alguien necesitado de ayuda, ponen bastantes objeciones para quien la ofrece, pero no es mi papel interrogarlos a ustedes, pues es una de mis habilidades el saber seguir ordenes, soy un guerrero eficiente pero sobre todo, soy un guerrero que no pide justificación de sus empleadores, esa habilidad, créame, siempre resulta conveniente; no obstante, no es solo el dinero lo que me apura, pues trabajos existen muchos, me interesa una entrevista con la señorita una vez que sea encontrada, una entrevista privada debo aclarar, por supuesto, no pretendo verla sin el sequito de guardias que seguramente la acompañará de ahora en más, pero no me interesa que ninguna persona que no sea exclusivamente necesaria para su protección se encuentre en la sala; eso es lo que me trae aquí, la búsqueda de una respuesta que solo ella puede darme, por lo tanto, créame, si ella estuviera en mis manos, yo no estaría frente a usted ahora. En cuanto al nombre, Garrick es el único que tengo, pero puede referirse a mí como más le plazca, no tengo un especial apego a cosas como los nombres.

Y vaya que si bien me hubiera gustado parecer un tanto más agradable, las palabras del guardia y la eterna suspicacia contra mi persona habían terminado de hacer hervir mi sangre, me arrepentía de la forma arrogante de mi presentación pero no había marcha atrás, sin embargo, más importante aún, la señora Lilithiam aun no aceptaba o rechazaba mi oferta, por lo que me giré hacia ella y le sonreí, mostrando una de las pocas partes de mi ser que aun reflejaba mi anterior aspecto, una sonrisa que solo ella había visto antes y que solo quería que ella viera en un futuro.
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