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Criaturas Norethianas: Can Infernal

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Criaturas Norethianas: Can Infernal

Mensaje por Axglen el Sáb Jul 07, 2018 5:01 pm

__Aquella noche, me había acabado decantando por dormir escondido entre las ramas de un viejo roble cercano al cruce de caminos. La obligada postura que debía tomar para no caerme del árbol me estaba dando problemas para conciliar el sueño, así que, cuando oí el sonido de la arena, arrastrada por unos pasos no tan sigilosos cómo le hubiera gustado  que fueran a su dueño, comenzó a hacerse cada vez más cercana a mi posición, no pude evitar ser vencido por la curiosidad y asomar la cabeza para echar un vistazo.

__El visitante nocturno avanzaba con inseguridad, como si temiera que alguien le siguiese. A pesar de que la noche estaba bastante nublada y la luz de las lunas apenas conseguía llegar hasta la superficie, él avanzaba sin siquiera un fosforó con el que alumbrarse. Lo más sorprendente, es que lo reconocí.
__No era otro que Lucio, el hijo del tonelero de Millán, el pueblo más cercano. El chico apenas tenía cuatro pelos de barba, pero era aún más bruto que su padre; la última vez que me lo había encontrado, él y otros dos (Manu y Toño, los hijos del herrero) hacían equipo en una carrera contra el caballo los Hildebrant,  empujando cada equipo un carro cargado con al menos veinte fanegas de cebada. Un gasto de energía completamente estúpido e inútil, pero ¿qué se le va a hacer? A los chicos les encanta hacerse los machos cuando ando cerca.

__Me llevé la mano a la cabeza, enfadado, y cerré con fuerza los ojos. Aquellos recuerdos, los de Iola, la pobre chica de ayer... Aun eran demasiado recientes para diferenciarlos claramente. Maldición.

__-Soy Axglen y siervo a Anhelus para volver a ver a Fengari-susurré. Y me tranquilizó.

__Lucio avanzó hasta llegar al mismo centro del cruce y allí se agachó. Escuché cómo removía la tierra y luego me pareció que sacaba algo de su pantalón y lo enterraba allí mismo. Se alzó y quedó allí parado, brotándose los brazos de frío y girando la cabeza en todas direcciones. Se oyó un pasó en la arena.

__-¿Dónde estás?-inquirió el joven, con un deje nervioso y asustado.

__Sus palabras parecieron perderse en la inmensidad del campo. Pero pronto, se oyó otra pisada, y una voz femenina pero profunda le respondió.

__-Tranquilo, hombretón, despertarás a los vecinos.-Una chica, de pelo trenzado a la que el hijo del tonelero parecía sacarle una cabeza acababa de aparecer de ninguna parte en la espalda de éste. Avanzó hacía él para luego comenzar a rodearlo, curvando enormemente sus pasos y su cuerpo en cada paso.-Lucio. Me alegro tanto de verte de nuevo. No esperaba que me llamarás tan pronto. ¡Debemos de estar predestinados!-con esas últimas palabras, se giró lo suficiente para que pudiera verle la cara, en ella, unos ojos amarillos brillaban enorme y penetrantemente. Estaba claro que era una demonesa.

__-¿Qué te crees que estás haciendo?-Lucio parecía estar esforzándose por darle un tono autoritario a su voz-Manu me lo ha contado todo.

__-¡Oh! ¿No me digas que tienes envidia?-respondió la demonesa tras unas sorprendentemente melódicas carcajadas-Si no querías que tratará con otros, debiste atarme más en corto.

__-¡Basta! ¡No más bromas!-gruño Lucio-Se suponía que no volvería a verte por aquí después del trato. ¿A quién más has embaucado? ¿Lo de Iola también ha sido cosa tuya, demonio?

__-El trato-replico con un tono mordaz la de ojos brillantes-, era conseguir un acuerdo vitalicio para tu familia, de tal modo que no pasara nunca más hambre. Y eso lo he cumplido. En ningún momento se mencionó que no pudiera quedarme por la zona y ese tal Manu parecía tan solo, que no pude resistirme.-ésta frase fue tomando un tono cada vez más teatral, pero con la siguiente volvió a retomar aquel malévolo con el que comenzó-De la otra chica no sé nada.

__-Pero... le has lavado el cerebro a Inez... Ella nunca había soportado a Manu y ahora...

__-Ahora vive para él. Le adora. ¿Qué hay de malo en ello? Manu es tu amigo, y a tu hermana nunca la has aguantado. ¿Qué tiene de malo que vivan felices juntos? Matarás dos pájaros de un tiro, tú amigo será feliz y se llevará a tu hermana de casa. Deja que sean felices juntos.

__-No, no está bien. Inez no parece ella, es una persona completamente distinta. Puede que no la aguante, pero sigue siendo mi hermana. Deshaz el trato con Manu y devuelve a Inez a la normalidad o te devolveré a aquel agujero del que te saqué.-la firmeza con la que Lucio se había expresado era impresionante, jamás le había visto... quiero decir, jamás Iola le había visto comportarse así. Era encomiable.

__-Estas tan atractivo cuando te pones así de serio. Menos mal que solo eres así conmigo, si no, tendría que pelearme con todas las del pueblo... Lástima que tenga que acabar así. ¡Mauro, ataca!

__Se oyó de pronto un aullido, y antes de que siquiera pudiera divisar al cánido, que apareció de la misma forma rápida y espectral de su dueña, Lucio ya estaba gritando porque éste le había mordido una pierna. Aquella criatura, que brillaba como el hierro al rojo y de cuyo pelaje parecía emanar un humo negro, arrastraba al tonelero por el camino, desgarrándole la pierna con sus fauces, mientras éste no alcanzaba a hacer más que gritar.
__No sé qué fue lo que se apoderó de mí, puede que fuera por el recuerdo de haber sido vecina de Lucio desde la infancia, puede que fuera la admiración por el comportamiento que acababa de demostrar, puede que fuera el instinto justiciero de alguna de las otras tantas vidas que llevo en el brazo, o puede que fuera el temor a un falaz trato demoniaco. La cuestión es que desabroché el cinturón al que había atado la cuerda que me aseguraba al roble y salté en su ayuda.
__Solo conseguí extraer un hueso de mis bolsillas antes de que estas quedarán fuera de alcance, y usándolo de ofrenda, agrandé mi brazo y con él mandé a la criatura gimiendo por los aires de un puñetazo. La pierna del pobre chico estaba ahora libre.

__-¿Estás bien Lucio?-exclamé, posicionándome entre la bestia, la demonesa y el tonelero.

__-Mi pierna... ¡Maldita loca! ¡Te mandaré de vuelta jodido foso!-grito entre gemidos de dolor. Lo tomé por un "Sí, pero podría estar mejor".

__-Detén a la bestia y deja al chico en paz.

__-¡Oh! Y ahora, un héroe anónimo aparece para salvar el día-se burló ella aplaudiendo-Oh... que dulce olor a corrupción... Resulta que realmente eres popular con los demonios, Lucio, hubieras sido un gran demonologo si no me hubieras amenazado.

__-¡Cuando te despelleje, jodida puta, me bendecirán los dioses!-el joven se arrastraba por el camino, blasfemando cada vez más fuerte.

__-Te lo advierto, o dejas al chico o ni tú ni tu bestias saldréis de aquí con vida.-le amenacé mostrando mi aun deformado puño.

__-¡Mauro, acaba con él!

__Un recuerdo de un combate cerca del foso surgió desde mi brazo, y cuando vi el primer reflejo entre los dientes del can ya había que lanzaría una llamarada. Apoyándome en mi brazo como si de una pértiga se tratará me aparté de la trayectoria del fuego. Más que la ráfaga de calor, lo que me sorprendió fue el fuerte y persistente olor a azufre que la acompaño.
__El sabueso, acostumbrado cómo estaba a la caza, no se detuvo en el ataque, y acto seguido de lanzar al aliento ardiente, antes siquiera de que yo tocase el suelo, ya se había lanzado en mi caza. Me salvó, de nuevo el agigantado brazo, cuyo grosor era demasiado para que las fauces del perro pudieran morderlo adecuadamente, sin embargo, eso no quitó que recibiera unas buenas heridas. Cuando conseguí repelerlo de nuevo de otro manotazo, el efecto del ritual cesó, y mi miembro volvió a sus proporciones normales.
__La de ojos amarillos sonrió, el perro sonrió, Lucio blasfemó y yo me arrojé al suelo tratando de esquivar las mandíbulas que saltaban hacía mí. Mi brazo izquierdo en el cuello de la criatura, luchando por alejarlo en un esfuerzo inhumano; mi brazo derecho sangrante tirado en el suelo, aun adormilado por el cambio de proporción, no quería responderme; mi cara, a un palmo de las fauces, estaba impregnada de sudor, hollín y babas; el resto de mi cuerpo, aunque con menos tensión, recibían alternativamente las patas de la criatura, con los arañazos que esto conllevaba. Entonces mi brazo derecho se movió y quién sonrió fui yo.
__Coloqué mi puño aquel cráneo que tenía por sobre la cara aquella bestia, allí donde estaría su oreja, y apretando fuertemente los dientes use mi propia sangre como ofrenda e hice estallar hasta el último capilar de mi antebrazo. Las gotas de sangre destrozaron la cabeza de la criatura como si fueran balas de cañón. No quedaron más que sesos, sangre, astillas de hueso y dientes.
__Oí gritar de horror y frustración a la de ojos amarillos, así como vitorear triunfal al tonelero, pero para cuando me quité el cuerpo de encima y pude enderezarme, ella ya había desaparecido y el otro volvió a maldecir por su pierna y amenazar a la otra, bueno, esta vez al aire.

__-¡...por el culo para que luego te estalle en...!

__-¡Ya valió! ¡Se ha ido!-me acerqué hasta él, debia de dar un aspecto atroz con el brazo destrozado, sangrante y deformado; por no decir que probablemente tendría restos por la túnica, pero el chico parecía muy hecho a esas cosas-¿Estas bién? Crees que podrás andar.

__-No creo que me pueda ni levantar.

__Le examiné la pierna. Los mordicos, que más perecián cortes, eran feos, profundos y alargados, en algún punto incluso se adivinaba el hueso, pero la sangre parecía ya coagular. Había alguna posibilidad de que perdiera la pierna, sin duda no podría volver a correr, pero ahora mismo no corría riesgo de desangrarse.

__-Éstarás bien, pero por ahora vamos a llevarte de vuelta a casa. Venga, agárrate.-le ayudé a levantarse y lo medio cargué al hombro. No podía ni levantar la pierna, la iba arrastrando por la arena.

__-Juro por todos los dioses habidos y por haber que me vengaré de esa perra.

__-Por ahora se ha quedado sin mascota, y no creo que vuelva por aquí.

__-Tengo aquel amuleto en casa, solo tengo que encontrar la forma de revertir el hechizo de invocación, no voy a dejar que se escape.

__-Cuidado, por ahí hay un charco.

__-Sí, ya lo veo... arg... Gracias por la ayuda, si no hubieras aparecido ni lo cuento. ¿Quién eres, por cierto?

__-Axglen. Puedes llamarme Axglen.

__Aquella noche, acabe durmiendo bajo techo. Por supuesto, me fuí al día siguiente, era peligroso seguir en aquel pueblo teniendo los recuerdos de Iola en la mente, y tampoco quería que esperar a que se me curará el brazo y alguien viera que no era así solo por las heridas. Sin embargo, desde que adopte este nombre, desde que Axglen existe, ese es de los únicos recuerdos que tengo que sé que no es robado y de los que puedo enorgullecerme.
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Axglen
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