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La pesadilla eterna

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La pesadilla eterna

Mensaje por Kenzo el Sáb Jul 07, 2018 7:19 pm

Han pasado semanas y estaba vagando de un lado a otro sin saber exactamente a donde ir, los musculos me pesaban, hasta la propia capa me parecía un trozo de metal sobre mi. La tripa me rugía como si de una bestia se tratase, llevaba tiempo sin probar bocado y liquido mejor ni mencionarlo. A la lejanía vi como una pequeña casa, de piedra oscura y lo que pude dislumbrar unas siluetas pero mis ojos estaban empezando a cerrarse, mi respiración cada vez mas lenta pero mas fuerte en mis oidos, pude ver a una pareja de ancianos acercandose a mi, pero era demasiado tarde para mi, mi cuerpo no podía mas y se apagó la luz.

Abrí los ojos y vi oscuridad, una infinita noche. Mis pasos no se escuchaban, mis gritos se enmudecian.
-Tú...tu fuistes quien me robó el alma...- Esa voz recorrió mi cuerpo, me volteé y vi esa silueta, ese cuerpo, el doctor que maté, pero...no puede ser, esto tiene que ser una pesadilla, no puedes ser real. El cuerpo alzó la mano señalandome con el dedo, al poco rato su piel empezo a desfigurarse y caer como si de liquido se tratara, viendo la cosa mas horrible que mis ojos pudieran jamás haber visto. Un cadaver a medio pudrir acercandose hacia mi sin que yo pudiera hacer nada, ni gritar siquiera.
Me levanté sobresaltado, respirando profundo y un sudor frio por todo mi cuerpo, me toqué la cabeza y tenía un bendaje, tal vez al desfallecer me di un golpe. Analicé un poco mi alrededor y vi una habitación de cortinas echadas, estaba en una cama comoda, no había nada mas que la cama, la puerta una ventana de cortinas verdes y una banqueta con un bol de agua.
-Veo que ya te has despertado cielo- Se abrió la puerta y vi a una mujer anciana con una bandeja en sus manos con comida. - Come algo venga, deberás tener hambre joven, estabas agotado y te desmayastes golpeandote la cabeza- Dejando la comida en la mesita de noche[color:548f=·d100c0] - Venga venga, come- Esbozando una sonrisa de ternura.
Mi reacción fue dudar pero mi cuerpo y  mis tripas no decian lo mismo. Miré la bandeja y había una sopa, un trozo de pan y agua, suficiente para alimentarme. Cogí el pan y como si de una fiera se tratase, lo deboré sin respirar casi. La mujer no dejaba de mirarme con esa sonrisa. Cogí la sopa y me estaba acercando la cuchara a la boca cuando me paré ¿Por que es tan amable conmigo? Soy un desconocido para ella, porqué tanta hospitabilidad conmigo. Me hace dudar, de todos modos si estuviera envenenada o algo lo notaría ¿No? Aunque en mi estado de debilidad y hambre quizás mi cuerpo ignora el veneno con tal de comer algo. Miré de reojo a la anciana y vi su mirada, había cambiado totalmente, tenía un ceño fruncido y una risa malevola.
-Vamos...¿Por que no comes? envenenate y muere maldito naga para que podamos quitarte esos ojos preciados por mercaderes- Me paralicé, no sabía como reaccionar a eso, me temblaban las manos lo cual hizo que la cuchara se quedara sin sopa. - Cielo ¿Estás bien?- De golpe volvío a la realidad, desapareció la cara del mal y volví a ver a la anciana acercando su mano a mi frente por si tenía fiebre
-Deberías descansar un poco, tumbate y duerme- Me acosté nuevamente en la cama mientras vi como se llevaba la comida y cerraba la puerta, el cansancio me podía así que mis ojos no tardaron en cerrarse.

Escuché unos ruidos raros en la habitación, al abrirlos vi que estaba atado a la cama con la anciana de espaldas en una esquina y al anciano a mi lado terminando de hacer unos nudos a la cuerda que ataba mi cuerpo.
-¡MALDITOS ASÍ QUE ESO ERA EH! QUEREIS MATARME Y APROVECHAROS DE MI EN EL MERCADO-
Con una risa profunda la anciana se giró y mostró ante si unos cuchillos relucientes.
-Esos ojos nos serán de muy buen apaño para reformar esta casa naga imbécil, Don, atale la cabeza me será mas fácil sacarle el ojo si está sujeto- Esa mujer...sabía que no podía fiarme de nadie. Intenté moverme de un lado a otro pero era inútil, además, tenía el cuerpo realmente débil, poco podía hacer, ni siquiera tenía mis dagas cerca...¡MIS DAGAS! No son cuchillos, estos monstruos van a usar mis propias dagas para matarme. Sin quedarme mas remedio mi cuerpo se empezó a tensar mis ojos miraban de reojo mis armas cada vez mas cerca de mi, una risa grave salía del delicado cuerpo de la mujer, el terror había colapsado mi cuerpo. -¡MUERE!- Vi alzar la daga y justo cuando se iba a clavar en mi ojo...se desvaneció una vez mas, vi a la mujer con una toalla humeda en la mano, con cara asustada y preocupada, al girar vi al anciano acariciandome el pelo preocupado a la par. -Ca...cariño...¿Estás bien?- Dijo con voz temblorosa mientras intentaba ponerme la toalla -Te hemos escuchado gritar algo de que alguien te quiere matar y hemos venido corriendo- Mi cuerpo se relajó y solté la tensión de los musculos, miré algo la habitación mientras notaba el frescor de la toalla en la frente y vi mis dagas en el cinturón colgadas de un perchero cerca de la puerta. El alibio me dejó agotado nuevamente ¿Me estaré volviendo loco? ¿Será el hambre? Por dios...que esto se pase ya pero no me puedo ir con esta debilidad, nuevamente mi cuerpo desconectó por completo.

Me desperté un día mas en esa casa, el sol lanzaba rayos a través de la ventana, a simple vista todo parecía normal, no había alucinaciones, todo estaba como la última vez que lo vi. Intenté ponerme de pie, aun me dolía la cabeza pero lo conseguí, intenté ponerme la camisa pero me dolían los musuculos demasiado así que fui a abrir la puerta con tan solo los pantalones y la luz me cegó pero al recobrarla vi una mesa de madera oscura grande con sus respectivas sillas en medio de un salón con una encimera con verduras y frutas dispuestas a ser comidas. Mi tripa rugia nuevamente, vi a la anciana preparando algo de comer, la verdad es que olía fenomenal. -Oh cielo ya estás despierto, y veo que puedes andar, me alegra mucho, sientante anda y desayuna- Me senté en esa silla esperando eso que olía tan bien -Estoy haciendo un estofado de setas que Don, mi marido recogió ayer, es una de mis especialidades- Sonrió mientras me miraba y daba vueltas a ese caldo. Me puso un plato en la mesa, ese aroma, esas setas - Come, seguro que con esto repones muchas fuerzas- No me lo pensé dos veces, parece que mis alucinaciones ya han terminado. Degusté ese plato como nunca antes, estaba delicioso, me lo terminé mas rápido de lo que la anciana se esperaba cuando puso su cara de asombro y soltó una carcajada - Vaya, si que tenías hambre si jajajaja- Acto seguido sonó la puerta y entró el anciano con una oz y un manojo de hierbas -Hola cielo ya he vuelto de la cosecha, no ha ido mal pero creo que podría haber salido mejor si el estupido de...oh hola joven veo que estás ya mucho mejor- Decía mientras se sentaba y se quitaba su gorra agotado y sudoroso. - Bueno ¿Ya has probado el estofado de setas? Está realmente bien, sobretodo porqué no notas el veneno- Se incorporó en la mesa con los codos mirandome fijamente, ¿¡COMO!? ¿Veneno? Como ha sido posible...otra vez. No, esto tiene que ser una pesadilla de nuevo, bajé la mirada -S...si estaba delicioso- Miré de reojo al anciano, se levantó y se fue a un cuartito cercano, se escuchaban ruidos antes de irse del todo me miró y me sonrió despeinandome, eso es, han sido cosas de mi mente.

La anciana seguía cocinando mas comida para ellos, al levantarme llevé el plato a la encimera y cuando me iba a dar la vuelta me cogió la mano  -¿A donde crees que vas?- Me solté de su mano...no...otra vez no, mi respiración se agitaba a la par que mi pulso. La vieja se dio la vuelta con unos cuchillos mientras al fondo veía a su marido sacar una guadaña riendose maliciosamente. -¡NO! No es real...esto...¡NO SOYS REALES!- Retrocedia pero ellos se acercaban a mi paso, solo se me ocurrió subir a por mis dagas, tengo que acabar con esto ya. Cerrando los puños y mi mandibula con fuerza hice unos quiebros rapidos entre los ancianos esquivando los cortes. Subí las escaleras y llegué a la habitación, atranqué la puerta y cogí las dagas, no quiero matarlos pero quizás no me queda mas remedio. Apoyado en la pared mirando de reojo por la rendija de la puerta, empuñando ambas dagas, recobrando la serenidad y la respiración. Se escuchaban pasos lentos por la casa, cada vez mas cerca. -Vamos, que pasa, eres tan arrogante y mala persona que no es capaz de ayudar a unos ancianos con un poco de dinero.-
-Eso es naga, solo queremos esos preciados ojos y seguro que tus escamas son preciadas por algún investigador.-
-¡NO SOYS REALES! ESTO ES UNA MALDITA PESADILLA...
-Si no fueramos reales tu crees que esto lo podriamos hacer.- De golpe vi la guadaña clavada en la puerta, me sobresalté y caí al suelo retrocediendo mientras veia como destrozaba la puerta con la guadaña, cada golpe en la puerta era un latido menos en mi corazón.
¡ASÍ QUE ESO QUEREIS NO! MIS OJOS PUES SI NO SON MIOS NO SON DE NADIE.- Quizás esos golpes parezcan reales pero, si me hiero quizás despierte de esta pesadilla. Con la mano temblorosa miré mi fiel acero, miré la puerta apunto de quebrar, justo el golpe en el que la puerta se rompió, en un acto reflejo mi daja atravesó mi ojo izquierdo. -¡AAAAH!.- El dolor me recorría todo el cuerpo, dios, que había hecho. Alcé la visión y pude ver a camara lenta a la anciana correr hacia mi para sujetarme y al anciano salir del domicilio, he perdido la cuenta de las veces que me he desmayado ya.

Amanecí con la visión dificultada, me incorporé en la cama y vi la habitación...esa maldita habitación. Aún quedaban restos de la sangre que perdí por la insensatez, pero era la única manera de salir de esa pesadilla tan real. Me vestí como pude y sali, de la habitación.
-Cielo ¿que haces así? Debes descansar...por dios no hagas nada- Miré a la anciana fijo y penetrante, una expresión de odio, no debería pero, no me ayudó en nada, se que no es culpa de los ancianos, han sido lo mas hospitalarios posible y todo esto es culpa de mi maldita mente y de aquel día...pero si me quedaba mas aquí quizas terminaría matandolos a ellos también.-Lo siento...debo irme, es mejor para todos y mas seguro.- Al salir vi al anciano en la puerta.
-Donde crees que vas jovencito.- Sin que parpadearan saqué las dagas y se las puse en el cuello, mi mirada le intimidó, pude ver el miedo en sus ojos, mis mandibulas cerradas como cepos de ira, esa rabía acumulada.
-He dicho...que es mejor que me dejeis...y esto si es real- Tembloroso se apartó y me dejó paso no sin antes darme la vuelta
-De todos modos...gracias por la comida...algún día quizás se lo devuelva...estoy en deuda con su hospitalidad- Me hice la coleta dejando un poco el flequillo tapando mis vendas en el ojo y dispuse a partir nuevamente hacia nuevo horizonte.
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Re: La pesadilla eterna

Mensaje por Bizcocho el Dom Jul 08, 2018 9:49 am

Buen hijra, ha sido algo inesperado, pero ha estado bien. Procedo a darle color.
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