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Criaturas Norethianas: Bargest

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Criaturas Norethianas: Bargest

Mensaje por Kenzo el Dom Jul 15, 2018 6:17 pm

El sol estaba justo en el centro del cielo, pero pese a eso, hacía algo de frio. Estaba cerca de Mirrizback en la cordillera, había escuchado que se encontraban allí unas plantas dignas y puras para venenos urticantes. Seguro que esto algunos alquimistas pagarían bien por ellas. A medida de ir subiendo notaba el aire cada vez mas frio, así que decidí en ponerme la capucha y apretarme bien el cinturón por el viento que se iba levantando. Vi una pequeña cabaña a media subida, no parecía que hubiera nadie. Un simple tocón con un hacha clavada de partir leña. La cabaña no era demasiado grande, de madera oscura, pero estaba perfectamente cuidada. Es extraño, no puede estar abandonada. Me acerque a la puerta, la golpeé pero no obtuve respuesta. Volví nuevamente y al segundo golpe se entreabrió la puerta, pasé dentro y pude ver una casa acojedora, sus muebles tallados en madera buena, una cama hecha y limpia, no había ni una sola gota de abandono. Mientras observaba la estufa de leña escuché la puerta.

-¿Quien anda ahí?- Tronó una voz grave por las cuatro paredes.

-Perdón, no quería...pensé que estaba abandonada al ver la puerta abierta, disculpe.- Me di la vuelta y vi a un hombre grande, robusto y con pelo oscuro tanto en su cabeza como en su barba, larga y poblada.

-Maldita puerta del demonio, cuantas veces tendré que...- El hombre mas que prestarme atención iba de dentro a fuera remulgando y maldiciendo todo el rato. -Tu, chico ¿Que haces aquí?- Mientras cogía unas herramientas de un armario.

-Bueno, quería dar un paseo y nunca está de mas ascender en montes.- No quería darle mis motivos, quien sabe lo que podía pensar.

-Es un paseo algo extraño pero bueno, hay muchos montañeros que vienen por aquí, perdón, venian. Desde que esos perros sarnosos están rondando el monte nadie se acerca por estos lugares, por eso que me extrañe que hayas venido por aquí.-

-¿Perros? No creo que solo sean unos simples perros, para que unos aventureros no se quieran acercar.-

El hombre, que golpeaba las visagras de la puerta intentando calzarla se detuvo al oir mis palabras. -Chico, eres mas avispado de lo que pensaba, no, no son perros normales, pero tampoco te recomiendo que lo compruebes si esa es tu curiosidad.- Seguía golpeandola y probando hasta que la puerta encajaba bien.

Me parece curioso que unos perros aunque sean perros grandes o encantados hayan sido capaces de ayuentar a tanta gente

-Entonces ¿Por que usted vive aquí solo en un lugar tan, supuestamente, peligroso?-

El hombre se arrodilló en el suelo para terminar de lijar la puerta mientras soltó una lijera risa.

-Verás..."joven"...uno puede elegir vivir y luchar por lo que quiere y ama o puede rendirse e irse con el rabo entre las piernas. ¿Entiendes?- Decía mientras se levantaba y me apuntaba con el martillo.

-Bueno, entonces no le voy a negar que no tengo curiosidad por ver a esos "perros",-

Me volví a poner la capucha y me fui directo a la puerta que ya cerraba a la perfección.

-Si sobrevives, traeme unos colmillos, me vendrán bien para usarlos como clavos.- Empezó a reirse profundamente, con una voz fuerte y su tripa rebotaba con cada carcajada.

Sonreí y me limité a irme con la curiosidad ardiendo en mi. ¿Que será lo que es? Quizas no es un perro y es algo mas grande o quizás lo contrario, me encuentre un monstruo como las gargolas del cementerio, aunque prefiero que no se así ya que parecían peligrosas solo con mirar. A medida de ir avanzando, se notaba mas frio, el viento era mas fuerte y había capas finas de nieve ligera en algunas partes del monte. Pude ver unas huellas, al agacharme vi claramente huellas de lobo y además frescas, no deben andar lejos pero ¿Lobos? Solo una manada de lobos...no, esto era algo mas. Seguí el rastro que pude ir siguiendo con mis dotes de rastreo y llegué a una cueva donde vi un pelaje en las rocas, al parecer como si se hubieran rascado en ella. Al olerlo no me daba sensación de lobo común pero si olí un ligero toque de veneno, a que me estoy enfrentando, esto puede ser peligroso. Seguí investigando la cueva pero no detecté nada importante.

Mientras investigaba a lo profundo de la cueva escuché un gruñido roto, no era un gruñido de can, mas bien era un chillido de murcielago. Al darme la vuelta, ahí estaba esperandome, esa bestía inmunda. Ese lobo mezclado con murcielago. Que clase de aberración han hecho con estos pobres animales, pobre ser. Me miraba fieramente mientras soltaba una ligera baba por su fauze. No tengo opción si quiero salir de la cueva será el o yo. Saqué mis dagas y me puse en pose de impulso y creo que detectó mis intenciónes ya que el adopto una pose similar, se que me iba a atacar en breves. Se impulsó sobre las patas de atrás. Esta fuerza no es normal ni siquiera de un lobo enfurecido. Rodé por el suelo esquivando el salto pero cuando me estabilicé vi que en mi brazo había un corte en la ropa, un poco mas lento y me habría rajado el brazo. Al caer al suelo se dio media vuelta y su respiración se alteró, empezó a respirar con fuerza y sacando mas aun sus colmillos. Dudo mucho que pueda irme corriendo, tiene mucha mas fuerza y velocidad de lo que pensaba, pero, al menos me desoxidaré un poco, hacía mucho que no usaba mis viejas dagas.

Sonreí por la emoción que mi cuerpo soltaba, no soy amigo de matar pero no niego un baile con la dama oscura de la muerte. No será fácil acabar con esto. Antes de que me diera cuenta, el monstruo volvía a cargar en mi contra, esta vez sin saltar, corriendo y rascando la piedra a medida que avanzaba con esas enormes garras, con sus chillidos y su respiración siendo el único sonido emitido por el mismo. Salté sobre el clavandole las dagas en el lomo mientras iba directo hacia la zona profunda de la cueva. Cai sobre mi brazo derecho y al girar vi que al menos sangre perdía, ya que tenía el lomo manchado y el rastro de sangre en el suelo. Con todo y con eso no parece que le afecte demasiado el daño que le he realizado. El seguí herguido, mirandome con los ojos inyectados en sangre e ira. Creo que no me queda otra opción que usarlo. Me concentré y miré fijamente a la bestia para ver si podía atontarla con mi mirada. Pero vi que no le hacía efecto. Cuando quise darme cuenta se estaba abalanzando nuevamente sobre mi, pude cruzar los brazos y parar su fuerza. Tenía sus colmillos realmente cerca y sus babas salpicandome la cara. Por suerte tenía sus garras controladas gracias a mis brazos en cruz, pero no aguantaré mucho mas. Le asesté una patada con mi pierna justo cerca de la tripa pudiendo lanzarlo a un lateral con el tiempo suficiente como para salir al exterior de la cueva. En ese momento me apoyé en el suelo y empecé a transformarme. Entre gritos de dolor y rabia mis piernas se iban juntando y transformando en una larga cola de serpiente, prominente y de color azulado oscuro.

-Venga...perrito...ven aquí...- Dije mientras recuperaba un poco el aliento.

La bestia se abalanzó a morderme pero la golpeé con la cola y me abalancé yo sobre ella, apretandole el cuerpo con mi cola. Ella defendiendose me mordió. El dolor, era demasiado, mas del que me pensaba, esos colmillos son duros trozos de acero afilado. El dolor me llenaba el cuerpo, pero eso me hacía sacar mi lado mas animal clavandole las dagas en las costillas visibles. Soltó un aullido mientras le soltaba con la cola para esta vez, agarrarle del cuello.

-Maldito...ahogate monstruo desgraciado.-

Mientras apretaba veía como iba aflojando el ritmo de sus pataleos, uno de ellos llegandome a alcanzar en el costado. Maldita bestia, es difícil de que se quede dormida. Apreté mas y mas hasta que escuché un crujido y vi que dejaba de patalear. Me desenrosqué y empecé a cobrar el aliento mientras me tumbaba en el suelo para recobrar mi cuerpo. Cuando ya había recuperado del todo mi normalidad me acerqué a esa bestia, con los ojos ya perdidos hacia el infinito, aproveché para cogér un poco de pelaje, sus garras y algún que otro colmillo. Lo guardé todo en la bolsa y medio tambaleandome, salí de aquella cueva.Debería regresar a sitio seguro, el sol está a punto de ponerse. Al ir bajando volví a la casa del hombre hermitaño y golpeé la puerta, esta vez con mas delicadeza debido a mi estado de cansancio.


-¡Quien demonios llama a mi puerta cuando está a punto de esconderse el sol.- Abrió la puerta el hombre robusto y le alcé la mano con los cuatro colmillos ensangrentados.
-Chico...tu has...¿Matado a uno de ellos?-

Asentí y sonreí mientras le entregaba los colmillos, me lavé un poco la mano en la capa y me dispuse a irme.


-Espera chico, quedate, está a punto de anochecer y te ves exahusto, descansa aquí y ya partes mañana.-

Después de todo lo que me había pasado prefería no involucrarme mas en casas ajenas, prefiero la noche y el manto de estrellas a perder nuevamente la cordura mas de lo que estaba perdiendo ya. Así que simplemente alcé la mano a modo despedida mientras andaba hacía la llanura nuevamente. Había venido en busca de plantas medicinales pero al final me he llevado una aventura mas que inesperada.
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Kenzo

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