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Noche de Muerte [Campaña]

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Noche de Muerte [Campaña]

Mensaje por Katarina el Miér Jul 18, 2018 7:35 pm

Mariedorm era una encantadora ciudad, pequeña si se la comparaba con Phonterek, por supuesto, pero digna de tener robustas murallas de piedra, al contrario que sus vecinas. Eso tenía un motivo, le había explicado su maestro a su lado, la ciudad estaba pensada para actuar de refugio en caso de ataque, lo que a su vez limitaba su potencial comercial. Al fin y al cabo, no era muy práctico que un barco descargara su mercancía en el no demasiado grande ni elegante puerto de madera, para luego tener que llevarla en carros hacia la ciudad, o bien remontarla por el rio. En eso habían sido muy estrictos. Ninguna edificación más allá de las imprescindibles había sido construida en el puerto, y todas ellas de madera. Parecía… de un celo excesivo para una zona que se regía por el dinero, y que tenía una flota, por más comercial que fuera, bastante decente.

-Es por tus primos.- le dijo su maestro, mientras ella mordisqueaba una brocheta de carne especiada. –Todo ciudadano de la zona que muera de viejo habrá visto unas dos o tres noches de muerte drow.- eso llamó la atención de la elfa, que dejo de mordisquear para escucharlo. –Los secretos de la inmortalidad de los calderos de sangre son… eso, secretos, y la reina no los ha compartido nunca, pero existen… maneras de superar esos problemas mediante fuerza bruta, si sacrificas suficientes vidas. Por eso estamos aquí.-

-¿Para sacrificar vidas?-
su maestro soltó una carcajada, que asusto a los transeúntes que tenían cerca.

-No, para que aprendas que para conseguir la inmortalidad, alguien siempre paga el precio, y no suele ser pequeño.-
Solo entonces la elfa se fijó en sus alrededores. Había asociado el movimiento frenético de los últimos días al propio de una cuidad comercial, pero… era cierto que había muchísima más gente armada de lo que consideraría normal, y la mayoría llevaban armaduras. La elfa paro en seco, y su maestro hizo lo mismo, mirándola con una sonrisa a través de su capucha.

-¿Cuándo fue la última noche de muerte, Maestro?-

-Hoy hará… tres días, las arcas negras ya deben estar de camino, tienen algo menos de dos semanas para el ataque.-

-¿Sobrevivirán?-

-¿Morirán todos? No. ¿Se las apañaran para evitar que hasta tres cuartas partes de la población sea esclavizada? Rara vez lo hacen, y cuando lo hacen, es porque los piratas han tardado demasiado y Phonterek ha reunido sus flotas. No tienen posibilidad en mar abierto, pero pueden llevar una apabullante cantidad de refuerzos. Aunque los saqueos han salido bien este año, y la noche de sangre ha sido bastante grande, golpearan fuerte.-


-¿Así que pretendes que nos quedemos a mirar como son sacrificados?-


-Algo así.-

-No.-
un bufido divertido salió de los labios de su maestro.

-¿No? No tienes el poder para evitarlo.-


-Pero tu si.-

-Sin duda, pero no voy a enfrentarme a Morath, oscurecer el cielo y destrozar la tierra en un duelo de hechicería es justo lo contrario a ser discreto.-


-Eres un nigromante, con tu aprendiz, no hace falta siquiera que estés allí.
- ambos cruzaron miradas, midiéndose, y a pesar del poder que estaba empezando a irradiar su maestro, no la desvió. Finalmente este sonrió, dejando ver unos colmillos anormalmente afilados.

-Podría…pedir algunos favores y visitar algunos cementerios, supongo.- dijo alborotándole el pelo con una sonrisa.

-Me estabas poniendo a prueba, ¿verdad?-

-Hay multitud de aprendices desalmados por el mundo, y muchos con más talento que tú. Aunque lo que puedo reunir y lo que tú puedes controlar será poco más que un vaso de agua en un incendio, no bastara.-


Unos días más tarde, cuando los “favores” de su maestro fueron cobrados, la elfa ya había reunido a un pequeño grupo, y cuando faltaban unos cinco días para el primer ataque según los cálculos de su maestro, se acercó a la oficina de reclutamiento. No fue muy difícil, el día siguiente en decidirse a ayudar, la ciudad estaba plagada de carteles buscando mercenarios, al igual que Phonterek, suponía ella.

-¿Otro mercenario?- Le echo un ojo. -¿Exploradora? Bien, te asignaremos con la sección de ese enano, a ver…- empezó a buscar entre sus papeles, para ser interrumpida por la elfa.

-En realidad…vengo en representación de una asociación de mercenarios.- los ojos del oficial se iluminaron al oír aquello.

-Oh, ¿otro? Perfecto perfecto.- saco otra hoja, y mojo su pluma en el tintero, pero paro un momento. –Sois más de cien, ¿cierto? Sino debo asignaros con uno de los grupos grandes.-

-Técnicamente…si.-

–Bien, por favor, dime su nombre, número y características.-


-Bien… a ver… somos pocos… pero… creo que os faltan soldados, así que espero que seáis comprensivos…-

Al final del día, no solo no había sido colgada, sino que hasta le habían asignado una sección a su grupo. Realmente estaban un poco desesperados. Pero para su desgracia, la guardia no los ayudaría. Las órdenes eran muy claras, enfrentar a los piratas fuera de la ciudad. Sospechaba que esa orden era una mezcla de miedo por si decidían traicionarlos abriendo las puertas para salvar sus vidas y la primera capa de un sistema de defensa más pensado en retrasar que en ganar al enemigo. Aunque claro, no los estaban “echando”, le habían asegurado, las puertas estarían abiertas para dar comida y suministros, por un precio, pero la guardia no ayudaría en la batalla campal, puesto que su prioridad era la defensa de las murallas.

Katarina se sentó en el suelo, contemplando sus “subordinados”, con Kirara dormitando en el aire cerca de su cabeza, con su espectral figura gatuna formando un felino halo etéreo. Los setenta zombies estaban como un pequeño bulto detrás de su mente, siempre allí estorbando. Técnicamente, todos lo estaban, pero su maestro había…reducido el control sobre los más poderosos, como el Mortis Engine, un carro flotante conducido por caballos espectrales. Contenía los restos de un liche muerto, verdaderamente muerto, le había asegurado, y cosechaba la muerte a su alrededor para potenciar a los aliados, cerrando sus heridas y resucitando a los fallecidos como no-muertos. Luego estaban esos jinetes espectrales, los seis sapientes e inteligentes. Aparentemente, sus guadañas cortaban el metal como si nada, y podían ignorar en gran medida el daño físico, pero eran muy susceptibles a la magia. Los 30 guardias del túmulo eran silenciosos, los restos de grandes héroes y reyes alzados, reteniendo sus habilidades con el espadón a dos manos, parcialmente al menos.

Y luego estaba ese escuadrón de jinetes vampíricos, una orden de caballería transformada por su maestro, lo suficientemente poderosos como para caminar bajo el sol, y los nigromantes, 4 cábalas de cinco magos cada una, todos y cada uno de ellos haciéndole la pelota para agraciar a su maestro, pero con conjuros verdaderamente útiles si no estaban solo fardando.

Y por último las garraplagas una…cosa, una aberración de huesos que imitaba una catapulta y que arrojaba cadáveres apestados, lo hubieran o no estado antes. Puso los ojos en blanco cuando vio a uno de sus nigromantes arrastrar una pobre vaca a su lado, que soltó un triste “mu” mientras era atada a un poste. Suspiró. Bueno, esperaba que sus aliados no la quemaran por bruja antes de empezar.

Tendría que reunirse con ellos en algún momento, pero por el momento se contentó con mirar a su alrededor. Tenían la ciudad de espaldas, obviamente, lo que dejaba la playa de frente, a lo lejos. A su derecha, corría el rio por el que las mercancías subían cuando…bueno, no estaban a punto de ser asaltados por una flota de corsarios. Era un rio navegable, lo que lo hacía profundo, imposible de cruzar a pie salvo que tuvieras ganas de nadar mucho. Tenía dudas sobre si los barcos piratas serian lo suficientemente pequeños y ligeros como para remontar el rio, pero la única manera de saberlo era ver los propios barcos, así que ese era un problema para otro día.

A su izquierda, y hasta donde empezaba la arena de la playa, había un bosque frondoso. No parecía tener nada destacable, más allá de que era lo suficiente denso como para que la caballería fuera extremadamente lenta y combatir tuviera cierta dificultad añadida, pero era una posible y muy buena manera de preparar emboscadas… aunque dada la previsibilidad de dicha emboscada, seguramente lo que pasaría seria que se acabaran chocando de bruces y luchando en el bosque en vez de cargar contra el flanco enemigo. Suspiro otra vez, desperezándose. ¿Cómo de difícil podía ser? Solo tenían que aguantar en tres lugares, aquellas ciudades en las que se creía que se produciría el asalto, y ellos solo se encargaban de una, Mariedorm. Marienburgo y Relek eran problemas de otra persona.
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