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Mensaje por Boxy el Sáb Ago 11, 2018 6:03 pm

La extraña pareja se paseaba tranquilamente por los túneles. Snack había convencido a su maestro que esas ruinas subterráneas estarían llenas de comida y tesoros, lo que no era del todo mentira, puesto que habría aventureros rebuscando en busca de reliquias todopoderosas, y estos solían ser más adinerados que el pueblerino medio, pero sospechaba que no cumpliría con las expectativas de su maestro. Pero el castigo ahora mismo no le importaba demasiado, podía aguantar unos cuantos días sin ser deliciosamente devorada, pero no podía aguantar más sin comer.

La súcubo, sentada sobre el mímico, no tardó en oír voces. Aunque bajo tierra no veían el sol, fuera era de noche, así que el grupo de aventureros estaban sentados alrededor del fuego, charlando y comiendo antes de ir a comer. Oía al menos cinco voces, y veía a otro haciendo guardia. Una guardia ligera, allí, al fin y al cabo, lo más peligroso que había eran esos pequeñajos verduchos, y eran demasiado cobardes como para atacar a un grupo tan grande… ¿pero a una pobre elfa indefensa? Eso era otra historia.

Su maestro se estaba dirigiendo directo hacia ellos directamente, dispuesto a catarlos, pero ella no podía permitirlo, necesitaba comer desesperadamente tras una semana, asi que le dio unas palmaditas para que se detuviera.

-Maestro, ¿Por qué no me dejas a mí? Podría sacarles información.-

-¿Huh?-
su maestro no era… de muchas palabras, por más que hubiera una intención maliciosa tras sus actos, pero ya empezaba a entenderlo.

-Podrían tener información sobre la ubicación de los tesoros, o la de más aventureros.-

-¿Teshoros?-

-Eh… brillantes, maestro.-


-Yash, brillantes, sabrosos… Snack, encárgate, yo… vigilare.- Aun no entendía porque esas dos y "Snack" eran las únicas palabras con S que no pronunciaba raro, pero daba igual, la cosa iba bien, perfecto de hecho. La súcubo se transformó en una elfa mientras su maestro se iba, medio babeando, a vigilar. Luego modifico un poco su disfraz, añadiendo cortes, moratones, ropa desgarrada… tocaba jugar a ser la princesa indefensa.

-SNACK.-
la voz de su maestro, media hora más tarde, la saco de su ensimismamiento, momento en el que recordó lo mal que pintaba para ella, allí, rodeada de seis cascarones resecos, de los que se distinguía lo justo y suficiente como para reconocerlos como aventureros, esos a los que debía “interrogar”.

“Smack”

Un lengüetazo salió disparado como un látigo y le dio en la cara, tumbándola. Luego, la caja parlante se acercó a los cadáveres, tocándolos con la legua, y apartándola rápidamente con disgusto. La súcubo cerró los ojos, esperando el horrible castigo en el que pensaría esa criatura.

-¿Teniash hambre?- y lo que recibió fue… bueno, no lo que esperaba.

-Sí, maestro, me moría de hambre.-

-Mmmm, shi tienesh hambre, debes deshírmelo…-
solo entonces se dio cuenta Purupumpurry de con quien estaba hablando. Esa caja dentada era un monstruo, literalmente, totalmente carente de moral. No le diría nada por comer ni le limitaría su sustento para no matar a sus víctimas, como hacían sus anteriores dueños. Podía devorar y matar a su antojo, siempre que no le dejara hambriento a él. La súcubo esbozo una sonrisa, mitad malvada, mitad pura felicidad.

“SMACK”

Solo para ser derribada otra vez de un lengüetazo. –¡¡Pero no másh mentirash!! ¡¡No shon sabrosas!! Yo amo, tu Snack.-

-Si maestro.- dijo la súcubo, agachando la cabeza para ocultar su sonrisa.
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