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La belleza es la trampa de la jungla

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La belleza es la trampa de la jungla

Mensaje por Bennett el Miér Ago 15, 2018 2:14 am


Y ahí estaba, caminando lento, pero firme, abriéndome camino a través de la maleza densa y sofocante, usando mi espada corta a falta de un machete. Árboles altos como catedrales me rodeaban, y una luz verde,  aunque era poca, brillaba a través del vasto dosel de hojas. En los primeros días prefería no creerlo, pero poco a poco, ya estoy casi seguro de que el lugar está vivo, su voz era chirridos repentinos de aves, sus ojos el parpadeo de un mono balanceándose a través de las ramas sobre mi cabeza, y sus oídos el de decenas de otras criaturas que acechaban entre la espesura.

Hasta ahora había tenido suerte. Me habían atacado, por supuesto, mosquitos, uno que otro gusano de luz, y formians, también tuve un encuentro algo desagradable con avispas de sangre, pero pude huir de ellas. Los ríos que cruce habían estado libres de animales. Nada me había pasado, pero yo tenía la sensación, de que simplemente se me había permitido sobrevivir.

Aunque no había tenido ningún enfrentamiento mayor, el simple hecho de estar en la jungla bastaba para agotarme, era un asalto a todos los sentidos. El calor y la humedad se presionaban sobre mi piel, haciendo que mi sudor tuviera poco sentido, y los sonidos de insectos, pájaros y animales más grandes creaban una sinfonía de la naturaleza, que me llamaba cada vez más profundamente. Las hojas rozaban contra mi piel, y mis pies brotaban con cada paso, de a momentos, me sentía increíblemente ligero, y libre, pero otras veces sentía como si todo el peso de la jungla estuviera sobre mi espalda. En uno de esos momentos de sensación de peso, me detuve debajo de un árbol, estaba hambriento y sentía un cambio en el ambiente, al alzar la mirada noté que incluso más allá de las hojas, el cielo apenas era visible, y la sensación de pequeñas gotas cayendo sobre mi cara señalaban que pronto llovería.

Guarde mi espada y me senté, retire mi mochila de mi espalda para poder acomodarme en la corteza del árbol y empecé a revisar que tenía dentro, entre mi saco de dormir y unas pocas monedas regadas, tenía un pan, algo duro para mi gusto. «No es como si tuviese más comida...» me dije a mi mismo, no sé en cual punto de mi viaje fue que comencé a hablar solo, tal vez era la falta de compañía humana.
Saque el pan del bolso, e intente partirlo en dos, siempre tuve la fascinación de lograr partir en dos partes exactamente iguales el pan, y suspire algo decepcionado al ver que está, como todas las veces, no lo había logrado. Deje caer la otra mitad del pan dentro de la mochila y la cerré, tras lo que empecé a comer silenciosamente, relajandome y descansando. Mi mente se desvió a otras cosas, ya que el sonido de la lluvia lo facilitaba.

Mis ojos miraban de allí y allá, no me concentraba demasiado en un lugar a la vez, pude localizar uno que otro insecto en algunas hojas, pero no llamaban demasiado mi atención, después de todo, eso es lo que más había visto en el tiempo que tenía en la jungla, insectos. Entre los lugares que mis ojos pasaban, observe hacia unos arbustos, que se movieron ligeramente y retire mi vista a otro árbol. Entonces fue que me di cuenta. Algo se había movido. Caí preso del pánico por un instante y me levanté lo más rápido que pude, dirigiendo mi mano izquierda a mi cinturón, tomando de un jalón lo primero que sentí en mi mano.

De entre los arbustos salto una Gallina de StorGronne, por reflejo levanté mi brazo y lo baje en un cuidadoso, pero veloz movimiento, pensando que lo que había tomado era mi látigo. La gallina dio unos pasos atrás por reflejo, pero no paso nada, tras unos segundos de desconcierto, baje la vista a mi mano, veo que lo que tomé fue mi odre de agua.

Uh-uh... ¿q-qué...? —tartamudee, perplejo de la situación, al levantar la mirada veo que la gallina inclinó un poco su cabeza, como intentando hacer sentido de la situación al igual que yo, entonces, suelto una corta carcajada—. Que suerte tienes, amiga. Aunque tal vez yo más, si fueses un depredador, puede que ese error me hubiese costado la vida —le sonrío, tras lo que empiezo a amarrar de nuevo mi odre al cinturón, con lo que quedó de las pequeñas cuerdas que lo sostenían antes, ahora rotas por el jalón tan repentino.

Puede que, de ser ciertas mis sospechas sobre que tan viva está la jungla, la tente demasiado, o si no, al destino mismo. Del mismo lugar de donde parecía provenir la gallina, salio un Cuegle, aquella criatura humanoide, gorda, de piel negra y peluda, con tres brazos sin dedos y afilados dientes, este tenía el cuerno rechoncho de su frente quebrado, como sí alguien le hubiese pegado con una enorme fuerza en él con un martillo. Este Cuegle particular estaba atravesando la adolescencia, denotado por su ojo azul derecho y el rojo izquierdo.

A pesar de su apariencia tan intrigante, y que jamás había observado uno antes en mi vida, lo que me causó verdadera impresión fue la velocidad con la que salió de los arbustos y cayó sobre la gallina, aplastandola brutalmente con uno de sus brazos, tras lo que empezó a golpearla furiosamente con los otros dos. El sonido que hizo la gallina al ser aplastada fue indescriptible, pero estaba seguro de una cosa, fue el último que esa gallina en específico jamás haría. Sí tuviera que decir cuando murió la gallina en esa paliza, diría que fue en el mismo primer golpe.

De la boca del Cuegle salía algo de baba, parecía hambriento, el ver tantos dientes filosos y una fuerza tan aparente, di un paso atrás, pisando sobre una rama, lo cual generó suficiente ruido para hacer obvia mi presencia para él, alzó su mirada, y sonrió cuando sus ojos se encontraron con los míos, justo como esto basta para que algunas personas destinadas se enamoren, ambos sentimos lo mismo al observar al otro. Pose mi mano derecha sobre el látigo, a la vez que el Cuegle corrió hacia mi, con la intención de golpearme. Me lance a un lado por el suelo rodando para evitar el golpe, y al levantar la mirada observe que el golpe del Cuegle tenía tal potencia que la punta de su brazo, de hecho había penetrado el árbol.

¡Atrás bestia, atrás! —Le grité, dando un latigazo al suelo para darle más peso a mis palabras.

El Cuegle, apoyándose de sus otros dos brazos para empujarse hacia atrás logró retirar su brazo y observo en mi dirección, menos que contento de que le amenazara. Con el brazo más pequeño y que salía de sus costados se golpeó en el pecho, como si fuese una batería, al parecer la criatura también sabía de intimidación, y honestamente, su forma fue más efectiva en mi que la mía en él. Retrocedí unos pasos, si bien normalmente no temía al enfrentamiento, la apariencia de la criatura bastaba para hacer que considerase dos veces que hacía.

Baje las manos lentamente, intentando mostrarme menos hostil al Cuegle, en esperanza de que él hiciera lo mismo y ambos partir por nuestro lado. Él podía quedarse con la gallina, y yo con mi vida, para muchos, sonaría como un trato justo. Pero parece que no para él. El Cuegle abrió más su boca, rugiendo y escupiendo algo de la saliva que derramaba, yo parecía mucho más jugoso y grande que la gallina. Definitivamente, mi suerte se había acabado.

El Cuegle cargo hacia mi a toda velocidad, patinando un poco sobre la tierra, que ahora estaba resbaladiza gracias a la lluvia, yo alce mi brazo derecho y di un latigazo justo hacia uno de sus ojos, como el Cuegle no tenía el mejor equilibrio gracias al suelo mojado tuvo que cubrirse de la punta del látigo con uno de sus brazos, bloqueando su propio campo de visión, lo que me compro algo de tiempo para saltar sobre unas raíces enormes y alejarme aún más. El golpe que recibió del látigo en el antebrazo si bien no logró penetrar su piel, lo cual era de esperarse después de la demostración de fuerza, le genero una sensación similar a una quemada que hizo poco en mejorar la actitud del Cuegle.

Debo huir... Debo huir pronto, no tengo idea de como tratar con estas cosas...—Pensé, mientras saltaba de una raíz a otra con cuidado de no caerme, observando que el Cuegle ya se había montado sobre la primera y saltaba sobre las demás, persiguiendome—. ¡Largo! —le di unos tres latigazos más, haciendo que cesara de saltar en las ramas y notando que su piel fuera de los antebrazos, era mucho menos dura, evidenciado por las marca que dejó el último latigazo.
Me agache y me sostuve con el brazo que tenía libre de la gruesa raíz, para dejarme caer debajo de ella, el Cuegle no tardó mucho en hacer lo mismo, y se dejo caer a si mismo también. Doy unos pasos atrás, y siento como mi espalda choca con una de las raíces, al mismo tiempo que el Cuegle avanza unos pasos lentamente, notandose más cauteloso al tener su presa justo al frente.

En el calor del momento, desvié mi mirada unos segundos al árbol donde estaba sentado, había dejado allí mi mochila, todo estaba yendo mal para mi, entonces, por estar en mi campo de visión observe el hueco que había dejado hace unos instantes el Cuegle en el tronco del árbol, al principio se me hizo poco inspirador saber que yo sería lo próximo con un hueco de ese tamaño, pero después, vino a mi un plan. «Si logro que quede atrapado de nuevo en algo, así sea unos segundos...» fueron las palabras que recorrieron mi mente, el Cuegle ya estaba más cerca, y le notaba atento al látigo; aún con las gotas de la lluvia recorriendo mi rostro y el resto de mi cuerpo, podía diferenciar mi sudor, porque estaba mucho más frío que cualquier gota en mi cara.  

Apreté los dientes y me pare firme, no sabía si la raíz atrás resistiría, pero no tenía opciones, y no tenía otro plan. Tire el látigo a un lado y lleve mi mano izquierda al mango de mi espada corta, al mismo tiempo que mi mano derecha a mi pecho, para alcanzar una de las dagas, el Cuegle saltó sobre mí tan pronto como tire el látigo, me moví a un lado, y su golpe atravesó la raíz como si fuese papel, había apuntado por mi cabeza, y aunque logre esquivar ese golpe, me había olvidado totalmente de que este tenía tres brazos, en el mismo movimiento del esquive el Cuegle intentó alcanzarme con su segundo brazo derecho, rozándome apenas un costado, pero el roce fue más que suficiente para lastimarme, se me escapó un pequeño chasquido entre los dientes por el impacto y lo rodee, cuando intento perseguirme con ese brazo, le clave una daga en el brazo, a la vez que tire un corte algo alocado, llegando a alcanzar un costado, abriendo un pequeño tajo.
El Cuegle se retorció un poco por el dolor, y mientras intentaba retirar su brazo atrapado termine de ponerme atrás de él, sacando la segunda daga de mi peto y clavándola en su espalda, al mismo tiempo que termine de desenvainar mi espada corta, la cual levanté con ambos brazos y la clave en su pierna derecha, haciendo que cayera en una rodilla por su propio peso.

Ha... Ha... —lleve una mano a mi cabeza mientras jadeaba, sintiendo mi corazón ir a mil, observando como el Cuegle casi que colgaba del brazo que se encontraba clavado, pronto mi dolor se volvió aparente de nuevo y baje la mano al área donde me rozo su golpe, sintiendo un intenso dolor, lo que me hizo retirar la mano, no estaba seguro sí de hecho me había quebrado una costilla.

Di unos pasos cuidadosamente a un lado, rodeando de lejos a la criatura y me agache para tomar mi látigo que había tirado a un lado. Cuando me agache, el Cuegle volteo repentinamente e intentó moverse hacia mí, tomándome por sorpresa, pero por suerte con una pierna inútil, no tenía suficiente fuerza para jalar su brazo fuera de la raíz—. Increible, aún insiste... Pero le pondré fin a esto.—Levante mi látigo del suelo, agachándome en vez de inclinarme para no doblar mi abdomen más y volver más intenso mi dolor, estire el látigo entre mis manos y empecé a darle latigazos al Cuegle, primero en su brazo para agotarlo, y cuando lo bajo, apunte a sus ojos, cegando uno primero y después del otro. Eventualmente, el Cuegle logro empujar su cuerpo atrás usando sus otros dos brazos en la raíz, golpeándola para quebrarla más y liberar su brazo, pero a ese punto por la pérdida de sangre ya no tenía fuerzas, y finalmente, cayó muerto.

Me mantuve unos momentos de pie, no sé si fueron segundos o incluso minutos, observando la escena, pensando como esto sólo era una prueba de las cosas que me esperaban en la jungla. Por desconfianza y miedo, ni siquiera me atreví a acercarme al cadáver del Cuegle, y opte por usar el látigo para atrapar los mangos de las dagas y retirarlas de un jalón, al igual que la espada. Enrolle mi látigo y lo colgué de mi cinturón, tras lo que camine hacia mi maletín, y limpie la punta de las dagas y mi espada en el tronco del árbol y sus hojas.

Después de poner todo en su lugar camine hacia la gallina muerta, y la intente levantar de un jalón, era, para mi sorpresa, mucho más pensaba de lo que creía. La solté al sentir el peso y la textura, que me dio algo de asco al haber quedado aplastada por la golpiza del Cuegle y me quite la capa con capucha que llevaba, enrolle la gallina alrededor e hice un nudo, para cargarla como sí fuese una bolsa improvisada. Aunque estuve tentado en tomar algo del cuerpo del Cuegle, me provoco pánico que algo pudiese seguirme por la enorme cantidad de sangre que liberaría de su cuerpo, así que lo deje allí tirado, en esperanza de que si había algo peor, se satisficiera al encontrar algo que comer ahí tirado.

Empecé a caminar lentamente, siempre con una mano cerca de mi cinturón, ahora estaba mucho más atento a todo, y algo paranoico, lo que antes parecía un lugar tan hermoso como verde me había mostrado su otra cara en solo unos minutos. Una pesadilla. Durante mi caminata empecé a reconsiderar las decisiones de mi vida, pero prefería eso, prefería esto, matar criaturas que no me traerían ningún fantasma del pasado que volver al desierto. Nunca me sentí como un hombre con demasiadas decisiones en la vida, pero está era una de las cosas que podía decidir, a cual pesadilla quería enfrentar, las del pasado, o las del presente. Mientras caminaba inmerso en mis pensamientos, me tropecé con una raíz pequeña, muy pequeña comparada a las otras en las que libre mi batalla, pero aún así estaba suficientemente levantada, y era suficientemente dura para que mi pie no pudiese con ella, lo cual me hizo caer al suelo.

Agh... Odio esto... —dije apoyando mis manos en el suelo para ponerme de rodillas, me pase las palmas por el peto, los brazos y la cara, para quitarme de encima cualquier sucio que se me hubiese pegado por caer, y levante la mirada, encontrando una cueva de apariencia acogible, más que todo porque ahí estaría protegido de la lluvia —, bien... Creo que me merezco un descanso... —me termine de poner de pie, y tome de nuevo la "bolsa" donde llevaba la gallina hasta la entrada de la cueva, tome una roca pequeña y la lance hacia más allá de donde mis ojos podían ver en la oscuridad de la cueva. Escuche el eco de la piedra resonar al caer, y como no escuche ningún otro ruido, ni observe ningún movimiento, entre a la misma y me tire a recostarme en una de las paredes. Después de unos segundos observando hacia afuera, logre ver un Yvon observándome desde una rama no muy grande, parecía curioso sobre mí.

«Que ave tan hermosa.» pensé, claro, casi cualquier cosa es bonita si la comparas a una gallina de StorGronne o un Cuegle, pero en realidad, el ave era genuinamente agradable para la vista. Lleve mi mano dentro de mi mochila, y saque una punta del pan que tenía ahí dentro, arranque un trozo no muy grande y lo tire frente a mi.

Después de unos minutos, el Yvon pareció finalmente decidirse, y bajó con un vuelo bastante corto hacia donde estaba, al principio no se acercó demasiado, pero al ver que no hacía movimientos bruscos, o de hecho, cualquier movimiento, dio pequeños y veloces saltos hacia el trozo de pan, y empezó a picotearlo. Verlo picotear el pan fue relajante, y alivió bastante la presión que me había dejado encima la pelea. Cuando termino de comer, alzó vuelo nuevamente y se fue, está vez más allá de cualquier rama que pudiera ver, perdiéndose entre los árboles y la oscuridad de la noche. No tenía ni idea de que hora era, pero la hora poco importaba cuando me encontraba tan cansado.

Me quité la mochila y la puse a un lado, la abrí, saque lo que me quedaba del pan y termine de comérmelo, además de tomarme todo lo que quedaba de agua en mi odre. Antes de sacar mi saco para dormir decidí cortar una de las patas de la gallina, y tirarlo cerca de la entrada de la cueva. Me levante a recoger unas cuantas rocas, con las cuales hacer un círculo en el cual coloque algunos de los trozos de madera que llevaba en el bolso, y hojas secas. Saque mi espada de su vaina y apoye la punta cuidadosamente cerca de la madera y las hojas, tras lo que empecé a pegarle suavemente con el pedernal, para crear chispas, me llevo varios intentos, y la brisa que acompaña a la lluvia lo hacía más difícil, pero logré terminar de encender una fogata.
Ya con algo que me diese un poco de calor, y con la mochila más vacía, volví a guardar mi pedernal e intente apretar la gallina con más nudos de mi capa, la metí algo forzosamente a la mochila y la cerré, pero no completamente para no forzarla y romperla.

Finalmente, me acomode en mi saco de dormir, junto a la fogata, no muy cerca, pero tampoco lejos. Pronto mis pestañas se sentían pesadas, y todo lo que podía oír era el fuego arder, la lluvia afuera de la cueva, y mi propia respiración. Cerré los ojos, aunque al principio me parecía una pésima idea, pero esperaba que sí algo venía a mi en la noche, me asesinara tan rápido que no me diese tiempo ni siquiera de despertar, no sentirlo. A los pocos minutos caí dormido...

La noche pasó, y la lluvia se detuvo.

Al siguiente día algo empezó a molestarme en la cara, era algo muy ligero, pero podía sentir como recorría mi mejilla. Pase unos segundos intentando ignorarlo, pero pronto desapareció toda la flojera de mi cuerpo al recordar donde me había dormido, me levante alarmado y agitando mi cara,  me liberé de mi saco de dormir y me di, casi, una cachetada a mi mismo, tirando abajo un insecto que tenía pegado.

Uff... Menos mal... —dije aliviado, había sobrevivido otra noche. Mire hacia afuera, aún a través de los enormes árboles y las hojas, era evidente que había amanecido. El fuego de mi fogata había muerto.

No sé si lo decidí justo antes de caer dormido, o lo hice mientras dormía. ¿Se pueden hacer decisiones dormido...? no importa, después del día más rudo que había tenido hasta ahora en la jungla, tenía una resolución: dominarla. No volviendome su dueño, sí no adaptandome, justo como un animal y vivir de ella.

Cada mañana, al ver la luz colarse a través de las hojas y la belleza del lugar, me doy cuenta de que en este lugar soy intrascendente, pero siento que, de una forma, podrá pertenecer, o pertenezco. En el desierto, la gente me rodeaba como el agua de un río a un guijarro. No le importo a los árboles, pero no desvían su mirada ni se muestran contrariados a mi presencia. Me pregunto cómo es la conexión de las ninfas o cambiaformas con la naturaleza, yo, al menos, lo idealizo como si su espíritu fuese uno con el de ellos, como si la naturaleza absorbiera sus ansiedades como papel sobre tinta, y aunque mi idealización tal vez sea lo más lejano de la verdad, es algo que quiero perseguir por el momento.

Con esto en mente, me pongo de pie, abro mi mochila y sacó la gallina, debo cocinarla antes de que se vaya a pudrir o algo. Tocó con suavidad mi costado, el dolor sigue allí, pero ya es mucho menor que el que sentía antes, con seguridad de que todo está bien, al menos conmigo, camino afuera de la cueva, listo para comenzar mi "conquista."
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Re: La belleza es la trampa de la jungla

Mensaje por Bizcocho el Miér Ago 15, 2018 12:27 pm

Realmente ha sido un buen hijra. Felicidades. Procedo a dar color.
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