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Criaturas Norethianas: Troll de dos cabezas

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Criaturas Norethianas: Troll de dos cabezas

Mensaje por Strindgaard el Jue Ago 16, 2018 4:05 am

El adusto parque entre las adoquinadas calles ofrecía un buen cobijo para la tenue lluvia que cubría Ciudad Esmeralda. Entre el leve siseo del agua sobre las hojas de la arboleda, el encapuchado observaba. «Esta parte de mi vida se llama: La Balada del Ratón Mojado. Un trio de cuerdas: un violín, un chelo y un violonchelo suenan melancólicos de fondo» Posado en las ramas más altas de un fresno esperaba de brazos cruzados, pacientemente esperaba. Su figura diminuta pasaba totalmente desapercibida hasta para los ojos élficos más aguzados, y así debía ser, pues se estaba metiendo en un asunto muy peligroso.

Un resplandor rasgó el cielo, iluminando por un breve instante al humano que vigilaba. Por un instante notó con total claridad aquel rostro recto y afilado, de ojos negros y cabello caoba. El trueno retumbó un segundo después, «Siempre he imaginado ese sonido como el de un fiero tambor de guerra, pero hoy suena diferente, hueco y asonante. Ya pocas cosas guardan la armonía de la música en esta ciudad. ¿Será que Mairsil ha decidido hacer la vista a un lado? Yo lo hubiera hecho hace tiempo. Pero tengo cuentas pendientes

El hombre se detuvo fuera de una de las casas a mitad de la calle. Miró hacia ambos lados de la adoquinada aunque era evidente que era la única alma en todo el lugar. «Los esmeraldinos no suelen salir a mojarse sus fastuosas ropas en mitad de la noche. A menos que sea para ir de una taberna a otra.» El humano cruzó la verja sin hacer ruido, luego comenzó a jugar con la cerradura, preocupado de que nadie le estuviera observando. De pronto posó su mirada hacia la frondosa arboleda, a Taliesin se le detuvo el corazón en el pecho. «No puede verme, es imposible.» El humano escrutó unos segundos los fresnos hasta que al fin logró abrir la puerta y se introdujo con calculada tranquilidad en el interior de la casa.
Hora de dar un paseo Viima —el milano rojo, apostado y acurrucado unas ramas más abajo salió de su duermevela y extendió las alas para estirarlas—. Venga, no seas perezoso, solo vamos a cruzar la calle.

Con unos cuantos aleteos, el ave se alzó por sobre los fresnos y sobrevoló por la arboleda.
Allí. —Al acercarse a la casa notó que ésta tenía un cartel a un costado de la puerta—. Una visita inesperada para el doctor D. Nirts. —Dentro de la casa resonaron unos cuantos vidrios rotos, luego un mueble que parecía hacerse añicos, seguido de gritos que se elevaron por sobre el cantar irregular de la lluvia—. Inesperada y no muy bien recibida. Vamos Viima, nuestra oportunidad ha llegado

El milano no alcanzó a dar otro aleteo con rumbo al lugar, hubo un raro silencio dentro de la casa, luego un gruñido, y finalmente un rugido tan fuerte como el del mar al romper al interior de una caverna. Viima se detuvo en el aire y casi tira a Taliesin de la silla si no fuera porque el diminuto roedor se encontraba bien asegurado.
Eso no sonó humano. —De inmediato las luces de las casas circundantes se comenzaron a encender. La gente comenzó a despertar.
La puerta se abrió de golpe y como un poseso, el humano de cabello caoba saltó del portal hacia la calle, se tropezó con sus propias pisadas, se puso de pie como pudo y largó a correr calle abajo.
Algo no va bien. Venga Viima, seguid… —La casa del doctor D. Nirts, una adusta construcción de piedra, parecía, al igual que todas las demás construcciones de la ciudad, que iban a durar en pie varios cientos de años. Sus fríos muros eran el retrato de un castillo en miniatura, y aun así, la pared más cercana a la calle estalló sin más.

Las piedras, la madera y la argamasa se esparcieron por el cielo y la calle como si un gigantesco golem hubiera estornudado con fuerza. Taliesin se aferró al cuello de su montura mientras el polvo los envolvía. Los silbidos de los escombros se oían a su alrededor y Viima maniobraba para esquivarlos a medida que se elevaba.
Arriba, por sobre los tejados, el roedor tuvo una vista privilegiada de lo que ocurría: el techo del hogar del doctor Nirts se combó hacia el interior con un gran crujido de tejas y piedras, mientras un velludo brazo como un tronco con unos dedos como lanzas se asomaba por sobre el derrumbe. «¿Qué diantres hacía eso dentro de la casa?» Otro puño se asomó por otro lado de la casa, haciendo estallar otra pared y desmoronando la chimenea al mismo tiempo. El techo terminó de caer, para ese momento casi todos los vecinos habían salido a mirar, y no eran pocos los que gritaban aterrorizados. «Esto no lo suelen ver ni en sus safaris a Mashamba» Una cabeza, seguida de otra, empotrada en sendos hombros como ruedas de molino. El troll tenía más de cuatro metros de alto, y en ese momento no parecía muy a gusto con la manera en que lo observaban.
«Interesante noche, aunque no hace más que traer más preguntas».

Un aleteo llamó su atención. Un divium tenebri que se elevaba a toda velocidad hacia él.
¡Viiiiima!
El milano aleteó horrorizado ante el la imagen del tenebri que se acercaba con furia, se escabulló de las garras justo a tiempo que tenía el divium encima y girando sobre sí se lanzó en picada hacia la arboleda en búsqueda de un sitio dónde esconderse. «Esta parte de mi vida se llama: ¡El Escape! Un arioso suena de fondo, trompetas y trombones seguidas de un tambor golpeado retumbante.» El tenebri se quedó rápidamente atrás mientras la montura de Taliesin adquiría una velocidad trepidante. «¿Se supone que me estaba persiguiendo? Vaya broma.» Algo en él había llamado la atención del roedor. Es que para ser un divium era mucho más grande de lo que debería. Era más bien un humano con alas. « ¿Y de dónde ha salido? ¡Por los Acordes Perdidos! ¡Un troll de dos cabezas, un tenebri superdesarrollado! ¿Qué clase de juntas son esas Alexander?»

De regreso entre las ramas era imposible no notar la destrucción que estaba llevando a cabo el troll, que ahora, luego de haber removido hasta los cimientos la casa, se encontraba caminando por la calle, golpeando tanto a los carros estacionados como a los despavoridos ciudadanos que se encontraban por su camino con un poste que había arrancado de cuajo del suelo.
El milano se posó en una rama alta. Taliesin lo acariciaba en el cuello para que se tranquilizara. Miró al cielo, el tenebri ya no estaba.
Tranquilo Viima, acá no nos encontrarán.
¡Los encontré! —el ratón dio un bote del susto y estuvo a punto de caerse de la silla, pero quedó colgando de los cinturones. El milano pegó una sacudida y se movió de rama en rama hasta el suelo mientras el roedor se golpeaba con las hojas colgando de un costado de la silla.
Cuando llegó a la alfombra de pasto miró hacia arriba, pero no había nada.
¿Qué diantres ha sido eso?
¡¿Quién eres?!
Taliesin nunca sospechó que llegara a existir algo más pequeño que él que pudiera hablar. Pero ahí lo tenía, bajando por entre las ramas batiendo sus alas al punto de que a la vista no fueran más que dos manchas borrosas: un colibrí.
Entonces, de un momento a otro, como si se tratara de un extraño truco de magia, un par de manos se extendieron y lo cogieron a él y a Viima. Parecía que una sombra hubiera surgido del cuerpo de la pequeña ave, un líquido negro que en un parpadeo adquirió forma y peso. Se trataba del tenebri, que ahora tenía el colibrí posado sobre su cabeza.
¡¿Estás con ellos?!—Volvió a ladrar, esta vez aplicó algo de fuerza en su agarre, sacó al rodeor de su silla y lo acercó a su cara—. Eres lo segundo más extraño que he visto hoy. Buen truco lo del troll. Casi no la cuento. No tenía idea que había invocadores entre sus filas. —El tenebri lo miró con gesto asesino—. Pero necesitarán algo más grande si pretenden matarme.
El roedor trató de escabullirse entre la mano del divium pero el agarre era inflexible.
¿Crees que estoy con ellos? Suéltame, no tienes idea. ¡No es lo que parece!
Ya veremos —se limitó a decir, llevó su otra mano a la boca y se mordió el pulgar, haciendo que una pequeña gota rezumara en la punta del dedo. Se mojó el índice y luego comenzó a mover el dedo con la parsimonia y meticulosidad de un director de orquesta.
Sus ojos comenzaron a brillar con un vivaz azul eléctrico.
¡Por los Acordes Perdidos! —El roedor observó aquellos ojos sin poder despegar la vista de ellos. Era como mirar en un pozo, solo que esta vez el vacío te devolvía la mirada. Sintió algo extraño en su cabeza, como si de pronto se encontrara soñando, pasaron fugaces varias escenas frente a sus ojos. Mientras el brillo azul lo cegaba, se sintió con la consistencia del papel mojado. De alguna manera, supo que aquel que tenía en frente estaba tanteando en su cabeza—. ¿Cómo…?
Entonces el agarre desapereció, y cayó al pasto mojado.
… —El rostro del tenebri «Un momento, ¿dónde se han ido sus alas?» se había desencajado, como si hubiera visto a un muerto. De pronto parpadeó y el brillo en sus ojos desapareció junto con su exaltación para dejar en cambio un rostro serio y adusto—. Mal asunto. Taliesin, al parecer tenemos un enemigo en común.
¿Cómo sabes mi nombre?
Mi nombre es Strindgaard. Soy un… mago. También busco a Alexander, aunque más bien busco a quien le paga: Meleagant.

El roedor se llevó las manos a la cabeza, sin entender muy bien lo que sucedía, todo le seguía dando vueltas.
¿Puedes leer las mentes?
El mago, tenebri, lector de mentes, se aberrujó en su capa y se caló la capucha para capear la lluvia.
Me han comenzado a cazar. Habrá que adoptar una posición más cauta desde ahora. Me irá bien una persona que pueda pasar desapercibida, incluso de otros magos. ¿Qué me dices?
Un rugido del troll llegó a través de los árboles.
¿No puedes hacer algo con él?
¿Qué? ¿Leerle la mente? Imagina que estás invernando en tu cueva y de pronto te invocan dentro de una casa, en medio de un sitio totalmente desconocido y en medio de gentes chillonas. Eso pondría de malas a cualquiera. Como sea, no es mi asunto.
Pero, provocará el caos en la ciudad.
Déjale eso a los guardias.
El roedor, algo exaltado y totalmente fuera de lugar miró a su interlocutor. «¿Esto de verdad está sucediendo o me he golpeado con un trozo de escombro y estoy alucinando?»
Esto es real, no lo dudes. Te estoy brindando una oportunidad única. Piensa en ello, no podrás luchar contra todos, Alexander no es más que la mano que ejecuta, el que da las órdenes en realidad es Meleagant, Si te deshaces de Alex, en menos de un día habrá otro para seguir las órdenes del lord. Es de él de quien te tienes que vengar.
¡Sal de mi cabeza!
Fue Meleagant quien se quedó con todos los bienes de Geowyn, dejó en la calle a la esposa de tu amo, se apropió de todo. Incluso de ti. Aún tiene tu título de propiedad. Sigues siendo un ilegal, una pieza de colección que se alejó de su dueño. Cualquiera podría cogerte y llevarte de vuelta a las manos de él.
El roedor lo miró receloso. La lluvia había cesado, el troll seguía destruyendo y rugiendo a lo lejos.
“Cualquiera” también te incluye a ti.
El mago pareció ofendido.
A mí me acaban de intentar asesinar. ¿Crees que pretendo hacerle algún bien a ese cabrón? —El rostro del tenebri se volvió aún más afilado que antes—. No, lo que yo pretendo es destruirlo, a él y a su familia. Que pierda su fortuna, que su apellido sea sinónimo de tragedia, que al final del día se vea con los pies descalzos, con frío y hambre y una cadena al cuello, golpeando rocas en las minas de la prisión hasta que le sangren los dedos.

De pronto se sintieron grandes retumbos, como si un enrome troll de dos cabezas se estuviera acercando.
Tú sí que le guardas odio.
No sabes lo que me hizo.
Ni pretendo saberlo —el roedor saltó a su montura y se ciñó los cinturones—, por ahora.
El milano rojo emprendió el vuelo justo a tiempo que el troll comenzaba a echar abajo los frondosos fresnos en su avanzar.
Mierda.
Un sonido parecido al de una avalancha de troncos y ramas cruzó la arboleda. El troll con una brazada cortó por la mitad una docena de árboles mientras caminaba hacia el tenebri. Éste lo miró un momento, para luego correr hacia él.
Taliesin lo observó asombrado, era lisa y llanamente un suicidio. El tenebri corrió hasta los pies del troll y se quedó a unos metros de él. El puño de la bestia subió cuan alto era y cayó con todo el peso de aquel mortal amasijo de músculos y tendones.
Entonces sobrevino el grito, fue un aullido de dolor proveniente de las dos cabezas, «Un coro de castrati» El demonio ya no estaba ahí, y en su lugar había nada menos que un tronco astillado de uno de los fresnos, el cual se clavó en el puño del troll atravesando su mano y destrozándole las falanges.

De pronto, y aprovechando lo bajo que se encontraban las cabezas, el tenebri salió por la espalda del monstruo y vertió sobre ellas una cosa que a ojos del roedor parecía ser… un gran cofre. «Esta parte de mi vida se llama: Preludio a la locura. Un violín en solitario suena con paciente demencia, mientras su fino sonido va in crescendo, los clarinetes le siguen, preparando al espectador para el golpe» El cofre se abrió como una flor, con cientos de pétalos blancos, los dientes se encajaron en el cuello de una de las cabezas mientras el tenebri apuñalaba los ojos de la otra. «Los tambores comienzan a repiquetear, son como disparos, un amasijo de violines comienza a sonar desde el fondo, mientras el principal zarandea sus cuerdas con locura» El brazo libre del troll cogió la caja y se la arrancó del cuello, la alzó en vilo y cerró su puño a su alrededor. «Los sonidos se intercalan, hay una armonía soberbia. El violín golpea y rasga con sus notas, parece que su demencia me va alcanzar» El puño apretó con menos fuerza, abrió un dedo, luego otro. «El violín es el centro de todo, las trompetas rugen, los tambores martillean» El brazo cayó a un lado, inerte. El roedor observó las cabezas: una yacía colgando de medio cuello, con un mar de sangre regada sobre el pasto. La otra, apuñalada por todos lados, los ojos, los pómulos y la frente. Justo bajo ella, el tenebri, cubierto de sangre se alejó de la escena lentamente, como si quisiera poner un poco de distancia entre él y su obra maestra para observarla de mejor manera. «El violín alcanza su cenit, tañe una campana mientras los trombones suenan de fondo. El fino sonido es como una marea, golpea las notas de tu cordura, y te deja desnudo. Entonces, todo termina
La caja caminó por entre los troncos y las ramas rotas, a todas luces el troll ya había muerto, pero por si acaso, comenzó a mordisquear el otro cuello hasta separar la cabeza de los hombros. «La orquesta termina su presentación. Una oleada de aplausos llena el teatro, un espectáculo como ninguno, una ovación para el gran violinista

Y bien, ¿te unes?
Taliesin miró al tenebri bañado en sangre desde la punta de los dedos hasta los hombros, luego a los restos del troll y la caja que aún seguía consumiendo su carne, luego al tenebri nuevamente. Hubiera reído de buena gana si no hubiera estado a punto de vomitar y llorar al mismo tiempo.
¿Cómo negarme a tan gentil ofrecimiento?



El mal es un punto de vista.
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