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Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
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Criaturas Norethianas: Poltergeist

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Criaturas Norethianas: Poltergeist

Mensaje por Bennett el Sáb Ago 18, 2018 5:38 pm

La noche había pasado, el olor a madera quemada entro por mi nariz y me generó cierta picazón, moví la nariz a los lados para escapar a la incomodidad. La única luz que se filtraba entre los doseles arbóreos justamente caía sobre mi cara, terminé por rendirme y me levante, saliendo de mi saco. No tenía idea de cuántas horas había dormido, pero tuvieron que ser varias, fue un sueño bastante reparador.
Bostecé, me rasque los ojos y la cara, también algunas parte del cuerpo que me picaban. Necesitaba un baño. El fuego de la fogata ya había muerto en la mayor parte, pero aún quedaban pequeños trozos de madera donde la llama seguía viva dentro de ellas.

Me puse de pie para estirarme, que fue cuando note que el dolor en mi pecho seguía, aún se notaba un poco inflamado. Tome mi peto, que ya se sentía mucho más seco y me lo puse nuevamente. De haber recibido un ataque sin esto puesto, seguramente me hubiese quebrado un hueso o directamente asesinado esa cosa horrible de dos cabezas. Levanté mi mochila y la abrí, entonces le di vuelta. Lo único que vi caer fueron migajas de pan que ya llevaban días ahí, mi pedernal y... nada más.

Debo conseguir comida... Un baño tampoco estaría mal, y creo que después de eso lo más razonable sería tomarme este día para descansar, sí es posible... —me agache mientras hablaba para recoger el pedernal y tirarlo dentro de la mochila, tomé mi saco, lo doble y lo puse adentro también, entonces la cerre y me la coloque en la espalda.

Comencé a caminar por una nueva parte de la jungla, sin mi espada era un horror avanzar, con las dagas me tomaba más tiempo cortar enredaderas y otras plantas a mi paso, mientras avanzaba, mi camino se cruzó con un Osobúho. No era el primero que había visto en la jungla, y me había encontrado tanto con ejemplares violentos como pacíficos.
Este solo me observo por unos instantes, antes de seguir su camino con tranquilidad. Fijándome mejor, parecía tener el pico mojada y llevaba algo dentro de el.

«Agua... No he visto a ninguno de estos en pantanos ni nada así, debe ser un río, y parece que hay pescados allí... le daré un vistazo...» pensé, me acerque unos pasos al camino por el que iba el osobúho, pero este se detuvo y volteo a verme, claramente en desconfianza. No podía culparlo, cualquier otro día, con mi espada y sintiéndome mejor, tal vez hubiese intentado hacerlo a él mi comida.
Guarde mi distancia hasta que el osobúho se alejó lo suficiente y me aproxime al lugar por donde lo vi primero pasar, allí encontré una de sus huellas, prueba de que había presionado una de sus patas fuertemente al verme, tal vez no eran criaturas violentas, pero por seguro tampoco eran tontas y estaban en guardia más de lo que uno pudiese apreciar. Mire a los lados, cada cierta distancia, regadas, habían más de sus huellas, las cuales empecé a seguir al revés para parar ir a parar al río. Efectivamente, pronto llegue a uno, probablemente el mismo río del que el osobúho había tomado agua y sacado algo de comida.

Es hermoso... ¿Esto también es obra de la magia? —frente a mis ojos se encontraba lo que posiblemente era uno de los ríos más hermosos de Noreth, nunca había escuchado ni visto ninguno así antes, aunque a verdad, pocos ríos había visto en mi vida, pero este definitivamente era el más hermoso.
El río no parecía sobrepasar los 20m de ancho, su agua se veía muy pura, tanto que permitían ver el fondo y toda la magia que encerraba el lugar. Una particularidad del río eran sus colores, principalmente rojo, seguido de verde y amarillo, y por último de rosado, casi como si se hubiese fundido parte de un arcoíris en el. En el lecho rocoso del río se albergaban una serie de plantas acuáticas, a las que se les podía atribuir sus colores, me puse de rodillas y me incline para ver mejor al fondo del río, aunque podía ver el final, me era imposible determinar realmente qué tan profundo era. También pude notar que aunque habían algunos peces, eran pocos, tal vez era porque nunca albergó tantos peces en primer lugar o porque no había pasado suficiente tiempo desde que el osobúho estuvo aquí y la mayoría de los peces escaparon. Al menos esas eran mis explicaciones.

Me puse una mano en el estómago y me senté sobre una roca, asegurandome de que no estuviese resbalosa y me hiciera caer al río. «Puedo aguantar otro rato sin comer, debo tener días sin un buen baño, así que aprovechare ya antes de que venga algo o alguien.» puse mi mochila en el suelo y comencé a quitarme todo lo que componía mi "armadura", aunque yo no me refería como armadura a nada que no fuese metálico. Para mi, esto solo era vestimenta. Primero desamarre mis protectores de antebrazos y guardamuslos, después removí mis hombreras y mi cinturón, entonces, mi peto, mi camisa y de último mis pantalones.

Allí estaba en toda mi poca gloria, desnudo frente a la naturaleza. Aunque últimamente cada vez que pensaba algo bueno me pasaba algo malo, y cada vez que me pasaba algo malo me pasaba justo lo que pensé, no pude resistirme a pensar «Sería una mierda que algo viniera a joderme justo cuando estoy desnudo.»

Por supuesto, espere exactamente un minuto. Conté los segundos, esperando que algo sucediera, pero nada. Al fin había quebrado esa racha, ya estaba empezando a creer que era un poder... o una maldición, aunque muchos dirían que ambas cosas son lo mismo.
Aún así no iba a cometer el error de confiarme, me agache para sacar las dagas del peto y tome mi látigo de mi cinturón, entonces sí salte suavemente al lago, sumergiéndome. Al principio el agua apenas me llegaba un poco por encima de las rodillas, pero podía ver claramente que había un desnivel a solo unos pasos, me sente y empece a arrastrar el culo hacia adelante con cuidado de no lastimarme, una vez pase el desnivel, mi cuerpo se fue abajo, y más abajo... la corriente no era demasiado fuerte, pero de descuidarme me podía alejar de mis cosas, nade un poco por el agua, y salí a tomar aire, apoyándome de las rocas para hacer más fácil la tarea de no ser arrastrado. Había comprobado que el río tenía al menos unos 6 metros de profundidad.

Comencé a bañarme allí donde estaba, restregandome todo el cuerpo fuertemente con las manos para quitarme el sucio, también hice lo mismo con mi pelo, el cual fue una tarea algo más ardua por ser algo largo y que allí había quedado más sucio. Disfrute el baño lo más que pude, pero siempre mirando hacia mis cosas para evitar que un ladrón quisiera hacerse el gracioso. Sí tenía que perseguir a un tipo desnudo por la jungla para recuperar mis cosas, iba a hacerlo. Tocar mi cara me hizo notar que ya había crecido algo de vello facial, y yo odiaba el vello facial... pase uno de mis dedos por una cicatriz que tenía en la mejilla izquierda y se me escapó un gruñido. También debía hacer algo con el pelo de mi entrepierna y mis axilas, pero no aquí, casi me sentía mal de bañarme en un río tan hermoso. Casi.

Cuando termine mi baño salí del río y procedí a vestirme nuevamente. Agarre una buena cantidad de aire fresco y me sentí rejuvenecido. Nada me había atacado. Tome mi mochila y mi odre, el cau llene de agua del río antes de seguír mi camino, quería ver dónde paraba el río, pero casi una hora caminando me convenció de que jamás iba a encontrar el final del mismo y todavía debía conseguir comida.

Ya que, lo dejare para otro día, si es que lo vuelvo a ver. —me di media vuelta, dándole mi espalda la río y avance, perdiéndome nuevamente entre los árboles y toda la vida de verde de la jungla.

Mientras avanzaba, pronto se hizo obvio que estaba entrando a una zona de mayor oscuridad. Había una especie de niebla que se hacía más profunda a más caminaba en la misma dirección, como si una nube hubiese caído del cielo, por cada paso también sentía como me pegaba más y más frío... era extraño, pero de nuevo saltaba a mi explicación favorita cuando no tenía explicación: magia.

En el lugar, también noté ciertos detalles extraños y misceláneos en plantas y árboles. Algunos tenían formas extrañas, formaciones que parecían carvadas en sus troncos, había un volumen mucho más grande de raíces enormes. Mire a mi alrededor y no vi ni nada, ni un animal, ni un bicho, nada. Me detuve por un momento y agarre algo de aire, concentrandome en mis alrededores, para ver si lograba captar algún sonido. Entre el silencio, pronto pude escuchar un sonido muy suave, sonaba como si alguien estuviese arrancando la corteza de un árbol, y empecé a sentir esa sensación inexplicable, que muchos han optado por definir como "tener ojos en la espalda."
Pegué una corta carrera y un salto hacia adelante, entonces me dí vuelta y vi una monstruosidad, una especie de árbol con espinas en sus raíces, que pronto empezaron a menearse como si fuesen tentáculos, o lo que a mi me recordaron, un grupo de látigos.

Ugh, un árbol de medianoche, esperaba no ver uno más nunca en mi vida. Pero esto quiere decir... sí... esta niebla y la apariencia tan rara de las vegetación... una zona de corrupción —di unos pasos más atrás, tomando mis dagas, una en cada mano.
No sabía demasiado de las zonas de corrupción, pero había oído varias historias, y el nombre ya decía bastante. Una cosa que había aprendido de historia en historia, es que era una pésima idea mantenerse en un lugar así por mucho tiempo.

Las ramas del árbol que se agitaban con más vida que la de un niño hiperactivo de 5 años pronto se abalanzaron sobre mi, no tenían la mejor coordinación o un orden específico, pero la cantidad hacía más que un excelente trabajo en hacer que aquello pareciera de poca falta.
Me tire a un lado rodando y corrí detrás de otro árbol, este no parecía ser otro maldito árbol vivo, para mi suerte, me escondía atrás de él y lo escuché crujir ante los múltiples y aparentemente interminables golpes del árbol de medianoche. No tenía una razón real para enfrentarme a uno, así que di otros pocos pasos atrás y salí corriendo.

En mi carrera entre más árboles, muchas raíces gigantes atravesando en medio del camino, una serie de pequeñas ramitas empezaron a golpearme en el pecho, los brazos y la cabeza, al principio pensé que simplemente se trataba de que estaba corriendo a través de ramas muy delgadas y no me dí cuenta. Voltee a la derecha cuando ví algo de blanco cruzar rápidamente a mi lado, «¿Un conejo? ¿comida? espero no tenga 3 ojos, o una mierda así como aquella cosa del conejo de una pata gigante y una oreja con dientes que escuche hace unos años...» pensé, frenando y decidiendo seguir por el lugar que me pareció ver aquello de blanco.

Unos pocos árboles, enredaderas y arbustos después, efectivamente, conseguí un conejo, de alguna manera había caído atrapado entre un montón de raíces, y parecía estar peleando para huir de ellas. Puse mi mano en un árbol sin pensarlo y la aleje repentinamente al notar lo que había hecho, mire para arriba para asegurarme que no fuera otra de esas malditas abominaciones, apoye mi mano nuevamente una vez ya estaba seguro de que era un árbol cualquiera y guarde mis dagas, para recurrir a mi látigo.

Lo siento, pequeño amigo, pero necesito comer... vamos, sal... —dije entre susurros, observando como el conejo ya había pasado la mayor parte de su cuerpo entre las raíces y poco estaba sosteniéndolo, estaba listo, un golpe. Iba a atraparlo con mi látigo y ya el resto era historia para el pobre conejo. Al verlo salir hice mi movimiento, rápido y preciso, para golpearlo apenas saliera y atraparlo.
Al menos eso pretendía hacer. Cuando levante mi brazo una lluvia de pequeñas ramas más cayeron sobre mi desde un lado, pegandome en un lado de la cara y destruyendo mi concentración,  por lo que mi golpe fue fallido y el conejo pudo escapar.

¡Nooo! ¡Maldita sea! ¿¡De donde están saliendo estás ramas estúpidas!? —voltee enfurecido al lado de donde provinieron las ramitas que me pegaron, y observe una piedra volar justo a mi frente, incline mi cuerpo hacia atrás, esquivando por suerte la piedra que rebotó del tronco y cayó en otro lado—. Estuvo cerc... —antes de poder relajarme de nuevo, al estar inclinado vi como sobre mi flotaba lo que yo llamaría un fantasma, observandome con sus vacíos ojos blancos, con una especie de toga en pésimo estado que compartía el color algo azulado de su cuerpo, con cadenas reales amarradas en su cuello, entre sus manos tenía una roca enorme, una que yo podría lanzar con cierta dificultad. El muy infeliz esbozo una pequeña sonrisa recordando la posición de mi cuerpo, rápidamente me acomode y me tire al frente, cayendo en mis rodillas y manos, logrando esquivar por los pelos la roca que el poltergeist soltó sobre mi.

¿¡Estás enfermo!? ¡Sí me caía así y me pegaba en el cuello se me podría quebrar! —empecé a girar el látigo y furiosamente le intente dar tres latigazos, pero sólo pude ver como el cuero atravesaba al poltergeist, alterando apenas su forma, la cual se acomodaba a los segundos— eh... oh... s-sí... por supuesto, es un maldito fantasma... —recordé, el espíritu parece aplaudir un momento,  disfrutando de la escenita que monte y todo para olvidar un detalle tan crucial— ¡no te rías, bastardo! —dije, antes de que mi estómago rugiera, recordandome que había dejado ir la comida, soltó otro gruñido y una serie de palabras incomprensibles, una ramita me pego en la cabeza, y le prometí por primera vez algo a un ser que no estaba vivo— ¡Volveré por tí! ¡y te voy a matar...o lo que sea que se le haga a los espíritus! ¡matarte una segunda vez! —salí corriendo luego de apuntar al fantasma y gritar mi amenaza a los cuatro vientos, corriendo en zig-zag y de un lado a otro para evitar que el fantasma pudiera tener un blanco fácil.

Al alejarme lo suficiente, el poltergeist se quedó atrás y me dejo en paz, pero ahora me encontraba perdido en una zona corrupta y aún no tenía comida, parecía que mis días iban a ser todos un balance entre buenos y un asco.
Bennett
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Relatos de un hombre cualquiera en una jungla

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