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Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
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Criaturas Norethianas: Bugbear

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Criaturas Norethianas: Bugbear

Mensaje por Bennett el Dom Ago 19, 2018 5:13 pm

Luego de casi de un par de horas de caminar perdido en la zona corrupta empecé a llegar a un punto con menos árboles, no estaba seguro de la razón para esto, pero seguí recto en ese camino. Ya había calmado algo de mi hambre, me sentía listo para enfrentar casi cualquier animal, de hecho, quería volver al pantano, buscar venganza contra ese goregoose...
En mis pisadas llegue a un sector en el que mi pie se sentía más firme, me agache y con mi bota quite algo de hojas, ramas y tierra del suelo, viendo que en ese punto el suelo estaba empedrado.

Esto es... —di unos pasos más, repitiendo lo mismo para poder ver bien el suelo— ¡Sí! ¡las puertas mágicas! —levante la mirada y salí corriendo, viendo cada tantos segundos al suelo para asegurarme de no abandonar el sector de suelo empedrado, pronto arribe a uno de esos círculos alrededor de las puertas de roca— Perfecto, podré salir de este lugar, ya no más zona corrupta, no quisiera que me crecieran las manos —me las mire por un momento, antes de acercarme más a las puertas—, prepárate, bicho de dos cabezas... —empecé a probar puerta por puerta, hasta que finalmente llegue a una que me llevó a una zona pantanosa de la jungla.

Eche un vistazo a ambos lados para asegurarme de que no hubiese ningún animal cerca y comencé a caminar nuevamente, no era el mismo en el que estaba antes, por lo que llegue a la conclusión de que habían al menos dos de estos círculos albergando puertas de roca en el pantano o que habían dos. No era una conclusión que me diera gran ayuda, pero me gustaba pretender que había aprendido algo nuevo.

Seguí el pantano sin entrar en él, caminando tan solo por la orilla. No quería ensuciarme al no saber cuando iba a tener otro baño. No tarde demasiado en llegar a un punto donde el pantano parecía finalizar, al menos en esta dirección. Camine más adelante y note un detalle curioso, justo también frente a la orilla del mismo, era una huella enorme, pero no parecía la de un animal, no ninguno que conociera. Al dar unos pasos atrás en duda y ver mi propia huella, pude comparar que las huellas más grandes eran de calzado también.

« Esto no puede ser... » mi pensamiento se vio interrumpido por un estruendo, uno no demasiado lejano, pude ver un grupo de aves que seguramente estaban posadas en árboles salir volando. « Maldición. » fue lo único que me quedo pensar, ya estaba casi seguro de que se trataba de un orco.

Salí corriendo en la dirección que me pareció escuchar el ruido, pero desviandome un poco diagonalmente para no salir de forma recta frente al desgraciado.
Eso hubiera sido mejor que lo que observe. Al salir de entre unos arbustos vi a unos 5 orcos acabando brutalmente con una manada de bugbears que intentaban huir despavoridos, usando sus hachas, mazos y espadas enormes como armas acababan con cada uno de ellos de un golpe o a lo mucho, dos, tenían petos de acero y faldas de piel o cuero, hombrera enormes con espinas, y aunque para mi todos eran iguales, había poca verdad a esto, todos compartían su armadura y tatuajes tribales, pero ninguno de los 5 tenía el pelo igual o el exacto mismo tamaño.

El más grande de ellos el pelo largo, parecido al mio, más de lo que me gustaría admitir. Fácilmente media tres metros, si es que no más, sus brazos eran enormes y estaban totalmente bañados en cicatrices, la cantidad era tal que no me costaba verlas incluso a la distancia a la que estaba. Este en particular paso por medio de dos bugbears que se encontraban corriendo y tomó de la cola a uno, se dio vuelta girando y con el bugbear que había tomado, golpeó a uno de los que había pasado, mientras en su otra mano sostenía un hacha corta, con el que le cortó la pierna al segundo bugbear que había dejado atrás, derribandolo en aguas pantanosas muy poco profundas. Movió su enorme mano por el cuerpo del individuo que había tomado y al llegar a su cuello, lo aplasto contra el primero que derribó, levantó su hacha y en un solo movimiento, les cortó la cabeza a ambos.

Tomó una de las cabezas colocando sus dedos dentro de las orejas y  camino hacia el que tenía la pierna cortada y se arrastraba débil e inútilmente en el suelo, levantó la pierna y de un pisotón lo aplasto para impedirle moverse más. Su voz era rica y gutural, y su lengua era como el estallido y el estruendo de un trueno.
A su grito tres de los orcos detuvieron, tan solo un par de bugbears y todas las crías escaparon, en las aguas pude ver al menos a 9 bugbears muertos. El orco que no se detuvo tenía en sus manos a una cría de bugbear, que gritaba por auxilio, pero el resto ya estaba demasiado lejos.

Esos monstruos... —me dije a mi mismo, no sabía si sentía miedo o furia en ese momento, tal vez una combinación de ambas.  Eran grandes, pesados, fuertes, y al menos ese, él más grande, era veloz.

Un par de orcos buscaron unas especies de carretas, mientras otro tiraba los cuerpos muertos de los bugbear en ellas como sí fueran sacos de comida, aunque en cierto modo lo eran. El orco más grande paso al lado del que tenía en sus manos a la cría, agitándola de lado a lado, y algo le dijo, alcance a oírlo por la fuerza con la que hablaba, cada una de sus palabras retumbo en el pantano... pero por supuesto, no entendí nada.

Ponla abajo... —le ordenó, deteniéndose por un momento sin siquiera mirar al otro. Después de hablar siguió caminando.
Pero es comida, Krod... jee, comida... —replicó el orco que llevaba entre sus manos a la cría, cambiándola de una mano a otra como sí fuese una pelota
El orco referido como Krod dio vuelta a su cara, su mirada no destilaba la excitación que tenía cuando estaba acabando contra los bugbear, si no pura furia.
¿Cómo dijiste? —giro su cuerpo, para ver hacia el otro orco— creí escuchar un "pero."
Eergh —el otro orco tartamudeo un poco antes de hablar bien, volteandose para ver cara a cara a Krod—, acabamos de matar muchos, muchos bugbear, no hay problema por uno ma...
Krod se acercó y le arrancó el bugbear de las manos, entonces lo tiró al suelo, la cría se levantó y rápidamente huyó corriendo de ellos, gritando para que los demás bugbear se comunicasen con él y poder encontrarlos.
¿No hay problema? —enterró sus dedos entre el peto del orco al que hablaba y su pecho, y lo jalo hacia él— SÍ hay problema —lo sacudió, empujandolo hacia atrás con tanta fuerza que el otro orco ningún chance tuvo de recuperar su equilibrio y cayó sobre su culo al suelo—. Ten algo de orgullo, siempre yendo por lo más débil, maldito cobarde... ya tenemos suficiente comida, y les dije que no mataran a ni una sola cría, cuando crezcan y puedan defender por sí mismas, o al menos huir como cobardes, puedes volver por ellas —se agachó, y acercó su cara a la del orco—, si es que puedes volver. Desobedeciste mis órdenes... si te sientes más apto para ser el líder, podemos batirnos en duelo. Aquí. Y ahora. —lo tomó de los hombros, la cara del orco puso una expresión despavorida por unos segundos, pero todo lo que Krod hizo fue levantarse y levantarlo— Ahora dime, ¿cuantas advertencias llevas?
El otro orco se mantuvo en silencio, Krod frunció el ceño, mirándolo como una madre mira a sus hijos cuando están haciendo algo malo. De la misma manera, este orco entendió y abrió la boca:
La tercera...
¿Y la tercera es...? —continuo Krod con otra pregunta.
El orco desvío su mirada, y respondió en el volumen más bajo y el tono más débil que había usado hasta ahora,
La última.
Krod asintió con su cabeza, y le dio una palmada en la espalda —. Bien. Ahora, camina. —le ordenó, el orco comenzó a caminar, siguiendo al resto, y Krod camino tras él.

Termine de observar la escena, sin entender ni una palabra porque todo había sido hablado en lengua orca y vi a los orcos retirarse a lo que posiblemente era su campamento. Tragué saliva, no me agradan los orcos, ni siquiera un poco, pero ver al que era evidentemente el líder por someter al otro con la mirada dejar ir a la cría enterró más confusión en mi de la que ya tenía por no entender que se dijeron.
Agite mi cabeza, dejando ir cualquier idea que tuviera en ese momento, si pudiera, acabaría con ellos yo mismo, pero ni siquiera tenía mi espada, y eran 5, 5 orcos, ¿es broma? tal vez uno o dos... y sin mi espada, ¿cómo iba a lastimarlos? vi mi látigo y mis dagas, no iban a ser de lo más efectivas contra esos monstruos. Ahora sabía otra verdad de una jungla tan grande: no estaba solo, nunca lo estuve; y no me refería a compañía animal, hay otras razas aquí, y una de ellas era de las peores posibles...

Aceptando la realidad de mi situación, corrí de nuevo para volver a las puertas de roca, siguiendo el camino por el que vine hasta encontrar la orilla del pantano. Tenía un nuevo plan, volver a la ciudad por la que me pase antes de llegar a la jungla, la ciudad sumergida, Eblumia. Necesitaba nuevo equipo, mejor equipo, no solo por los orcos, sí no seguramente otros y mayores peligros acechaban entre la espesura de la jungla.
Bennett
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Relatos de un hombre cualquiera en una jungla

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