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Mensaje por Kromul el Mar Ago 28, 2018 6:43 pm

Un nuevo día recién empezaba en lo alto de las montañas, donde azotaba un suave pero interminable viento frío, uno muy engañoso, que a pesar de su aparente calma, helaría a todo aquel que pasara por el lugar pisando en la poca nieve que yacía en el suelo, a menos de que estuvieran bien abrigados o tuvieran otros medios para calentarse.

Aunque no era un punto excesivamente alto, tampoco estaba cerca de la ciudad más conocida de las montañas, Mrrirrizbak. En estos lugares ya pocos viajeros se veían, ¿y era una sorpresa?, no, por supuesto. El terreno ya se volvía difícil , y bajo la poca nieve del lugar, lo que algunos podrían llamar muerto. Claro, la naturaleza probaba incorrecto a cualquiera que pensará esto, ocasionalmente se podían ver animales, como cabras, comiendo de las hierbas ocultas.

En este camino poco se escuchaba además de la brisa, todo era consumido por el silencio...
Entonces, se escuchó un golpe. Uno seco, contundente... pesado.

En el suelo estaba tirado un Kongerød, uno de los llamados Rey Rojo, un enorme oso, que como su nombre lo indicaría, es de coloración rojiza, que se muestra en todo su fervor en espinas que adornaban sus brazos  enormes como mazos y espalda. Este espécimen era de unos 7 metros de alto, que se notaban en su cuerpo estirado sobre el suelo, con la lengua afuera.
Frente al oso estaba yo, sosteniendo un bastón robusto, casi de mi tamaño, con uno de sus extremos aplastados en la cabeza de la criatura. Lo toquetee un par de veces más, esperando una reacción, pero nada. O estaba muerto, o estaba inconsciente.

Que resistencia tan increíble la de estos animales... —me agache, colocando mi bastón sobre mis piernas y dejándolo girar hasta que se viese detenido por mi pecho, mientras abría la boca del Kongerød y la inspeccionaba, tocando sus colmillos—. Muy afilados, sí —tras inspeccionar al animal más cuidadosamente, me puse de pie, y levante del suelo dos jarras de madera con mi bastón, pasando las puntas del mismo en las gazas de estás, apoye mi bastón de mi hombro y seguí mi camino, con ambas jarras colgadas.

Mientras avanzaba mantenía mis ojos cerrados y una mano adelante, tanto para sentir mejor la brisa como para guiarme más usando mi habilidad, que me daba mejor vista que mis ojos. Ahora mismo solo podía pensar en ver de nuevo a mi hermoso caballo, que había dejado a cuidados del dueño de un bar en Mrrirrizbak, la verdad abandone el bar y subí todo este camino únicamente porque tuve la impresión de que habría alguien aquí que tal vez necesitara mi ayuda, pero la soledad del lugar me probaba lo contrario, supongo que estaba en lo incorrecto.

Abrí los ojos para no agotarme por sobreuso de mi energía, y para pasar el rato, comencé a tararear, había escuchado que muchos viajeros cantaban para pasar sus ratos a solas, y que muchos así incluso terminaban aprendiendo a cantar, ¿qué perdía intentándolo?
Esto es un intento, de rima hacer... —calle unos segundos, para pensar con cuidado mi rima— como cualquier intento, no sé que hacer —sonreí a gusto, era muy bueno para haberlo sacado de la nada, creo que la rima llego a mi, tal vez de mucho más allá.

Seguí bajando la montaña para dirigirme hacia el pueblo, lanzando cada vez más, y más, y peores rimas a los cuatro vientos. Probablemente, si él aún rondaba estos lugares en espíritu, Alexandr Keybak me maldecía.

Más allá de lo que mis ojos y la brisa que cargaba algo de nieve con ella me permitían ver, creí haber visualizado algo, una sombra, quizás...
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Mensaje por Celeste Shaw el Miér Ago 29, 2018 5:12 pm

Hacía varias horas que se había despedido de la gente del gremio y había recogido la poca ropa que tenía en el edificio que empleaban como sede. Miraba atrás, a la fachada de ese lugar, y después bajaba la cabeza. Las despedidas eran duras, decían. Aquella gente había representado siete años de su vida, siete años que había pasado trabajando con y para ellos, que había pasado conviviendo con ellos. Y sí, aunque no quisiera tener más de lo necesario que ver con ellos, tras tanto tiempo entre las mismas cuatro paredes se creaban ciertos lazos. Respiró hondo y miró al cielo, sintiéndose libre pero, a la vez, sintiendo que le faltaba algo… y sabía qué era. Quién, mejor dicho.

—Vamos, niña, ¿aún piensas que podrás encontrarlo? Seguramente haya muerto de sed o de frío ya —decía, burlona, Lilith.

—Te sientes muy orgullosa, ¿verdad? Te sientes orgullosa de haber hecho que Adrien se perdiera en el bosque. ¿Era necesario, Lilith? ¿De verdad?

—Te dije que no le contaras más de la cuenta. Y tú vas y le cuentas todo lo que sabes sobre mí… Muy mal, niña, muy mal.

—¡Sólo es un niño! ¿Qué crees que puede hacer en tu contra? ¿Eh?

—Hacerme desaparecer.


Aquello hizo que se instaurara un silencio tenso en la cabeza de Celeste. Lilith no hablaba, y la pelirroja simplemente estaba pensando. Si Adrien podía hacer desaparecer a Lilith, había que encontrarlo. Frunció el ceño, y al cabo de unos minutos encontró la respuesta, encontró por qué el niño podía eliminar a esa alma errante que se había instalado en su cuerpo. Ella se nutría de su ira, de su tristeza, de su odio y, sobre todo, de su miedo. Su hijo era capaz de hacer que dejara de sentir aquello, y que simplemente fuera feliz, por lo tanto, podía provocar que Lilith se esfumara.

—No creas que puedes hacer que yo desaparezca… te hará falta mucho más que un niño. Mientras pueda tomar el control de tu cuerpo, puedo matar a tu hijo… y volver a tirarte en el agujero del que crees que estás saliendo.

—Basta ya, Lilith. Basta ya… ¿No puedes dejarme vivir mi vida? ¿No podemos salir por turnos o algo así? No te pido algo tan difícil… sólo que me dejes vivir y que cuando salgas no te acerques a la gente a quien quiero.

—Oh, pero eso no puede ser, niña… eso no puede ser. Si tú haces tu vida yo termino desapareciendo, ¿entiendes?

—¿Y qué hay sobre ocupar otro cuerpo?

—Si no me sacan como que no. Y cállate, vamos. No dejas de hablar de cosas sobre las que no tienes ni idea.

—No, ¡no pienso callarme, joder!

—Tú lo has querido, entonces.
[***]

Salió con una sonrisa fría en los labios. Sabía que cuando ella estaba ahí Celeste se callaba, no podía hablar. Además, en ese momento se sentía más fuerte que nunca, o que durante mucho tiempo al menos. Podía tomar el control por horas, tal vez días, sin cansarse. Aquello era genial… no debía preocuparse por esa niñata, ya que al final, fuera a las buenas o a las malas, terminaba obedeciendo. Siempre terminaba obedeciendo. Alzó el vuelo, no sin antes coger a alguno de los niños de la ciudad, uno que se había perdido, y fue hacia arriba, hacia la montaña, y aterrizó tras una roca. Él lloraba y pataleaba, a lo que Lilith le golpeó con fuerza el rostro, a la vez que no dejaba de sonreírle. ¿Habría alguien por allí? Lo dudaba.
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Mensaje por Kromul el Jue Ago 30, 2018 5:27 pm

Seguí mi camino, deslizándome en una parte ligeramente inclinada como sí tobogán fuera, tratando de caer de forma controlada y silenciosa en la acumulación de nieve que había al final del mismo para no alertar a nadie de que fuera un animal.

Me agache para pensar como iba a aproximarme, ni siquiera sabía si se trataba solo de mi imaginación, un animal, tal vez una persona… en el caso de ser una persona debía ser cuidadoso, los de mi raza no son muy populares, especialmente para los viajeros que atravesaban estas montañas sin saber que algunos orcos se asentaban en ellas, algunos de ellos nómadas, otros porque de hecho se habían asentado en ellas para vivir, y después estaban los orcos que solo estaban aquí por encontrarse con vikhars de ser posible y librar enfrentamientos.

« Hmmm, no hay nadie… supongo que mi vieja mente me está jugando trucos… » pensaba al avanzar,  mirando a mis alrededores para ver si me encontraba a alguien. Solo había uno que otro animal que no representaba ningún peligro para mí como yo para ellos, razón por la cual huían en cuando establecíamos contacto visual.

El seguir avanzando solo asomo a mi vista más y más rocas, que parecían una familia de ellas porque iban creciendo en tamaño, sonreí para mi mismo al ver esto y me detuve, antes de que cayera algo de desanimo sobre mi nuevamente. No tenía más que unas 3 horas separado de mi caballo y ya estaba viendo cosas, seguramente por la ansiedad que me comía al estar a solas. « Me he vuelto algo más débil, parece... » mire la mano que llevaba libre de mi bastón, cada día parecía empeorar un poco más y necesitar más conmigo a mi caballo.

Aunque había cambiado mis caminos, seguía siendo un orco, así que no podía permitirme del todo a mi mismo sentirme así solo por estar a solas. Decidí escalar una de las rocas, aproximadamente la que estaba en medio de todas las demás, y sentarme en ella para meditar un rato y despejar mi mente antes de volver. Le mostraría a mi ansiedad quien tenía el verdadero control sobre mi mente.
Cerré los ojos y relaje mi respiración, inhalando, dejando pasar unos segundos y exhalando. En mi momento de paz, mi energía comenzó a expandirse al ritmo de mis respiraciones, pronto varios puntos empezaron a aparecer en la oscuridad que era el vacío de mi mente, auras. Las auras de todo lo que me rodeaban se volvieron aparecieron ante mi, y aunque no me puse a detallar ninguna entre ellas, no era muy difícil distinguir aquellas que parecían moverse y aquellas que no, además de las más grandes.

Las dos más grandes del lugar se ubicaban detrás de las rocas más grandes, ocultas entre ellas. Una parecía ubicarse justo encima de la otra, que era la más pequeña y parecía agitada, justo como el agua en un vaso a medio llenar que estaba siendo agitada…
La otra… la otra era lo opuesto, no sentía ningún tipo de emoción brusca de esta, su mente debía estar, o en completa calma o muy enfocada en lo que fuese que estuviese haciendo.  

No me interese demasiado en ver y decidí dejar a ambas auras solas; eso al menos hasta que sentí a la más pequeña descargarse de miedo, era un miedo terrible, algo que rara vez sentía de una aura por lo difícil que era distinguir todas las emociones colapsando que teníamos los seres vivos, pero este era tan claro como cualquier río libre de polución.

Incapaz de meditar tras haber sentido el miedo que la aura pequeña descargo, me baje de la roca cuidadosamente y me acerca a donde lo había sentido, entre paranoico y preocupado de que iba a encontrarme. Pegue mis espaldas a una de las rocas y me asome lentamente, intentando agacharme para evitar que mi altura arruinara mi intento de espiar.

Ante mi pude ver dos maravillosas alas, hermosas como pocas, unidas a la espalda de una mujer, claro estaba, una divium. No había visto demasiadas en mi vida, solo unas 10 o 12, podría parecer bastante para algunos, pero para alguien que vivía librando batallas día y noche con cualquier raza, había asesinado a varios divium, la gran mayoría de hechos machos. Inicialmente distraído por su belleza, y solo la belleza de sus alas, lo cual dice mucho de lo agraciados que son los divium, detalle bien la escena.

La divium se encontraba sobre un muchachito joven, que tenía uno de los cachetes enrojecidos, no quería creer que era eso, parecía el resultado de un golpe, y uno fuerte.
Mi mente llena de dudas se despego y cubrió con algo de furia al ver a la divium alzar una daga, ¡pensaba matar al pequeño, así sin más!

Deje mi escondite, liberando las cadenas que amarraba para mi mismo en intentar controlar mi voz para no espantar a los demás.
¡Pon eso abajo, ahora! —rugí detrás de la mujer, hablando en mi idioma natal. Mis rugidos resonaron fuertemente atrás de ella, dando poca diferencia entre mi a un animal salvaje más de las montañas.
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Mensaje por Celeste Shaw el Vie Ago 31, 2018 10:58 am

El niño estaba asustado, mucho. Tal vez demasiado como para poder pensar de forma racional y, por lo tanto, intentar escapar. Quizá ni siquiera fuera capaz de moverse… de nuevo debiido al temor que lo embargaba. Sonrió. Era una delicia ver esos ojos terrorizados, ese rostro pálido, esos labios que apenas se movían suplicando que lo soltaran. El golpe se marcaba en su mejilla, como debía ser. Lilith rió, tal vez de forma desquiciada, mientras sacaba su daga… aunque técnicamente fuera la de Celeste, no la suya. Que, por cierto, ella no decía nada… nunca lo hacía cuando era Lilith la que estaba controlando el cuerpo. ¿Tal vez no era lo suficientemente fuerte? Dudaba que lo fuera.

El crío se retorcía para intentar escapar, pero la divium le mostró las cuchillas en sus alas, amenazadora. No iba a dejar que su presa escapara. Era un niño pelirrojo, aunque humano… quería que, cuando lo viera, Celeste supiera que podría haber sido Adrien y no un desconocido. Volvió a golpearlo, en la otra mejilla aquella vez, mientras ponía su daga en alto. Estaba preparada ya. Estaba preparada para apuñalarlo y, acto seguido, dejarle el control a la otra… dejárselo para hacer que regresara a un bucle de dolor, tal vez uno peor que el de hacía poco tiempo. ¿Quién sabía? Ojalá pudiera. Ojalá pudiera tener un control permanente, ahogar lentamente a Celeste, no dejarla salir… hacerla desaparecer para quedarse con ese cuerpo, aunque ahí no tuviera los poderes de antes. Era un fastidio no tenerlos… pero igualmente podía estudiar para recuperarlos, ¿no?

Un… rugido la interrumpió. ¿Era un rugido? Se levantó enseguida, sacando la espada aquella vez, mientras seguía sujetando la daga. Era un orco. Nunca había jugado con uno… ¿tendría oportunidad? ¿No? Parecía enfurecido. Tal vez no fuera lo mejor enfrentarse a él, no en ese momento… no cuando estaba en guardia. El chico no era tonto, por lo visto, y aprovechó la irrupción de ese orco para huir corriendo. Tal vez llegara a la ciudad, o tal vez se perdiera y muriera. Lilith gruñó, mirando con furia cómo escapaba. Había perdido a su presa, pero tal vez pudiera conseguir una mejor, si lograba… se lo quitó de la cabeza. No podría sin sus poderes anteriores.

—¿Quién te crees que eres para interrumpir? —le espetó—. No sabes quién soy ni por qué lo hago… ¿y crees que puedes venir aquí y hacer que escape?

En ese momento se le ocurrió una idea. Una que la hizo sonreír… sí, realmente estaría bien hacerlo. Seguramente él no la creería, no en ese momento… no tras haberla visto a punto de apuñalar al niño. Le gustaba aquella ocurrencia, le gustaba mucho, ¿cómo reaccionaría Celeste ante el orco? ¿Se asustaría? Era lo más seguro. Así que lo miró a los ojos, esbozando una sonrisa desafiante, antes de dejarle el control a la otra.
[***]

Los primeros minutos después de que Lilith se retirara siempre eran confusos. No sabía qué hacía ella, ni por qué, cuando estaba controlando el cuerpo, pero normalmente la dejaba en situaciones peliagudas. Aquella no era una excepción. Sostenía la espada y la daga en alto. Miró las armas, luego al frente, y vio al orco. Tragó saliva y dio un paso atrás, algo asustada, mientras guardaba las armas. No había sangre en ellas, así que seguramente no hubiera matado a nadie.

—¿Qué pasa? —musitó con un hilo de voz—. ¿Qué hizo esta vez?

Era ajena a que probablemente él pensaría que eran la misma persona. Cualquiera lo haría. Un cuerpo, una persona. Era de lógica. Pero en ese caso no era así, y Celeste tenía problemas para que la creyeran. Tal vez ayudara el hecho de que en sus ojos, en su mirada, se notaba si estaba una o estaba la otra. Antes eran de color azul hielo, un hielo puro. En ese momento se asemejaban más al color del mar, uno más cálido. Bajó la mirada, sin saber qué hacer, o qué decir. Extendió las alas y las volvió a doblar en su espalda.

Odiaba que Lilith fuera por libre. Mejor dicho, la odiaba a ella. Y estaba segura de que Lilith también la odiaba. No era por nada que la llamaba quejica y llorona, ¿verdad? Suspiró, hastiada. Estaba cansada de hacer lo que la otra quería, sin seguir sus propios deseos. Estaba harta de que sus seres queridos murieran, o se alejaran asustados, aparentemente por su propia mano, pero nada más lejos de la realidad. Estaba totalmente cansada de eso.

—No sé si me vas a creer —le dijo—, pero no fui yo la que hizo… eso. Lo que fuera que hiciera.

—Joder, ¿otra vez? Cállate de una vez, niña.

—¡Déjame ya, maldita sea! —no supo si había gritado de verdad o sólo en su mente—. Déjame ya en paz, Lilith.

—Has gritado —le dijo la otra con un tono cantarín.

—Poco me importa ya.
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Mensaje por Kromul el Vie Ago 31, 2018 4:53 pm

El orco vio a la divium levantarse y sacar su espada, reaccionando por reflejo y poniéndose en guardia casi de inmediato tan solo la vio llevar su mano al mango de la espada, tenía el ceño fruncido y estaba enfocado en ella, viendo sus ropas y sus armas.

Tras un pequeño vistazo se digno a mirarle la cara y los ojos, parecía la ropa y el equipamiento de una mercenaria, aunque pocas había visto que no tuviesen cicatrices en la cara, y mucho menos ambos ojos en su lugar. « No es hora de fijarme en las facciones de su rostro… » pensé al enfocarme en sus ojos. Azules, ojos muy lindos, me gustaba el color azul, pero estos no me transmitían nada que me agradase de ellos, no me transmitían nada, ni miedo, ni felicidad, ni duda... solo un enorme frío, eran el tipo de ojos que solo tenían un tipo de gente en la cara: asesinos.

El enfocarme en sus ojos me consumió un poco, lo suficiente como para que el niño pasara corriendo a mi lado y mi cuerpo reaccionara segundos después, pensé en correr para alcanzarlo y llevarlo de vuelta al pueblo, pues yo me dirigía allí de todas maneras. Seguramente tendría que tomarlo y llevarlo conmigo a la fuerza porque el chico no querría estar en manos de un orco y menos cuando estaban a punto de apuñalarlo. Poco iba a ayudarme llegar al lugar con un niño llorando, seguramente algún lugareño valiente, o uno muy enojado, intentaría ir por mi cuello, clamando todas mis palabras y explicaciones como un montón de calumnias. Daba igual, estaba dispuesto a pasar por ello por ayudar al chico, pero entonces, escuche hablar a la divium, para mi sorpresa me hablo en idioma común, escuchar su voz me hizo volver a enfocarme en ella por un par de segundos más, cuando voltee de nuevo, ya no veía al chico.
¡Niño, no! —grite en esperanzas de que alcanzará a escucharme, y voltee hacia la divium una vez había terminado su corto sermón hacia mi—. ¿Interrumpir qué...? está claro que eres una mercenaria, reconozco una cuando la veo —mi voz se torno algo más gutural, denotándose que la furia volvía a mi con tan solo pensar qué el niño podría morir ahora por haber ido solo—, aunque tú no pareces muy efectiva en tu trabajo... ¿golpearlo? los mercenarios que trabajan yendo por cabezas de otros deberían ser efectivos y rápidos, ¡tú solo lo estabas disfrutando, ¿no es así?! —apreté un puño, haciendo crujir mis nudillos.

Al verla sonreír desafiante me sentí retado, ¿estaba burlándose? ¿creía que la vida de un niño era un juego? avance hacia ella, dispuesto a lastimarla aunque fuese un poco… o mucho, y luego arrastrarla conmigo a buscar al chico.

Entonces algo paso. La vi poner una cara aparentemente confusa, como sí hubiese re-evaluado todo lo que había hecho en los últimos segundos. Miro sus armas, con la misma confusión plagada en su cara, y al verme su expresión se distorsiono de confusión a miedo, no era demasiado, pero era notable, algo extraño para alguien que acababa de retarme y sonreír con tanta auto-confianza que pensé que acercarme activaría una trampa que ella tenía puesta o algo por el estilo.

No pensé que pudiera ser otra cosa que acercarme simplemente la intimido, yo sabía que no era de cara muy agraciada, pero tal vez esto era una exageración de su parte… no importaba mucho, ahora parecía poder evitar tener que pelear con ella, no es que tuviera demasiado animo a hacerlo por el puro gusto de lastimarla, porque con esas alas seguro saldría de allí con varios cortes, o simplemente no saldría. Abrí la boca, listo para decir algo, pero me vi interrumpido cuando la divium hablo de nuevo.

Susurro algo, hablando entre dientes. El tono de su voz era mucho más suave y menos controlado que hace unos instantes, solo pude pensar que era un intento de manipularme, debo admitir, por un momento casi me lo creo, la transición de confianza a confusión, y luego a miedo, su voz, el paso que dio atrás, guardar sus armas… era la actuación más pulida que jamás había visto. No quería imaginar lo letal que era esta mujer, así que guarde mi distancia, no avanzando más, ahora sí estaba convencido de que tenía que tener algo bajo mangas con que golpearme y huir rápidamente o hacer de mi un trabajo corto y limpio.

Baje los extremos de mi bastón, colocando una jarra en el suelo, y luego la otra, lo gire rápidamente y lo sostuve firme, listo para darle un golpe directo al plexo solar, el verla estirar las alas casi me provocaba a atacar, pero ambos estábamos a rango de poder atacar al otro, yo con mi bastón, y ella de colocarse horizontalmente, con sus alas, ¿esperaba que yo golpease, esquivar y cortar? Era posible, y más de una mujer que parecía tan calculadora y meticulosa. Decidí hacer una finta, moviendo un poco mi bastón al frente pero sin terminar de estirarme del todo para no alcanzarla, de forma que pudiera contraatacarla sí hacía algo, pero no, al contrario, doblo sus alas en su espalda.

Sus alas dobladas atrás, con las armas guardadas… indefensa. Más palabras no tardaron de salir de su boca, diciéndome que ella no fue la que había hecho "eso,” esto solo sementó mis sospechas de que intentaba manipularme, ya con ninguna arma en sus manos y sus alas recogidas, corrí hacia ella, pero me detuve, incluso retrocediendo, cuando pego un grito.
¿Lilith...? ¿estás loca? Mi nombre es Kromul’Burr —le dije en toda seriedad, empezando a considerar que tal vez está mujer había sido víctima de un mago psionico con un poder impresionante. No baje mi guardia de todas maneras, sin olvidar lo que había visto antes—, da igual, ¡vendrás conmigo! ¡tenemos que encontrar a ese muchacho! —intente tomarla de un brazo— y si intentas algo raro… ya verás cuántos cortes se necesitan para poner abajo un orco… —dije con un destello en mis ojos mientras acercaba mi cara a la suya, la proximidad me permitió ver más dentro de sus ojos, de alguna manera, el asesino que tenía antes en ellos ya no estaba.
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Mensaje por Celeste Shaw el Vie Ago 31, 2018 6:30 pm

Cuando oyó que era una mercenaria, su expresión se volvió burlona. ¿Le diría que ella no era mercenaria? Sí, por supuesto. No podía perderse su cara de estupefacción, y todavía menos cuando viera que Celeste salía. Seguramente empezaría a reírse al ver la situación en la que pondría a la mujer. Pensaba que lo tenía merecido, por quejica y llorona, por incordiarla constantemente. Así que simplemente se iba a retirar para ver cómo manejaba ella la situación.

Ver al niño correr la divirtió, eso era cierto. Lo vio correr por su vida, ya que si se quedaba era probable que, en cuanto pudiera, Lilith volviera a cogerlo y aquella vez sí que terminara lo que quería hacer. Alzó también el rostro hacia el orco, mirándolo con cierta altanería. ¿Mercenaria? Soltó un bufido. Más quisiera, si ella fuera mercenaria los demás ya podrían retirarse. En realidad despreciaba aquel oficio. Lo despreciaba, porque para ella quitar vidas no era un trabajo, sino una pasión. Y como tal no debían remunerarlo… o mejor dicho no debía hacerlo sólo para obtener dinero. El niño no escuchó, y siguió corriendo ladera abajo, en dirección a la ciudad, o al menos eso creía él.

—Yo no soy mercenaria —dijo con frialdad—. Odio esa profesión. Y sí, mato porque me gusta hacerlo —respondió antes de esbozar esa sonrisa desafiante.

La transición aquella vez fue rápida. De pronto era Celeste la que se encontraba frente al orco. Tenía un rostro realmente confuso, aunque él pudiera pensar que aquello era una simple actuación para ganárselo. Pero no, no era así, no en ese momento. Lo sería si estuviera trabajando y si él fuera su objetivo, pero no lo era. Ni trabajaba ni debía matarlo a él, así que no tenía ningún motivo para fingir. Pero claro, él no sabía eso, ni probablemente la creyera si se lo decía.

Ver su rostro amenazador la asustó levemente, aunque al poco se recompuso y la expresión que mostraba era simplemente confusa. Cuando abrió las alas se percató de esa finta que él hacía, y sólo dio un paso atrás, alzando las manos para mostrar que no tenía una intención hostil. No, no iba a atacar. Respiró hondo. Debía serenarse para pensar qué hacer. Estaba frente a un orco que con toda probabilidad sería mucho más resistente que ella, y que por lo que veía sabía manejar el bastón en el que llevaba esas dos jarras, jarras que había dejado en el suelo lleno de hojas.

Lo vio correr hacia ella, y tensó un poco las piernas y abrió levemente las alas, lista para echar a volar y perderse si la situación se complicaba demasiado. Aunque tampoco podía alejarse de allí… debía encontrar a Adrien. Y debía hacerlo pronto. Lilith le habló y ella le gritó, pero lo hizo en voz alta… y sí, se percató de eso cuando lo oyó preguntarle si estaba loca. No, no lo estaba. En absoluto.

—No estoy loca. No hablaba contigo… Soy Celeste —se presentó ella a su vez, aún con una voz algo más floja que de costumbre.

Estaba harta de que Lilith la metiera en problemas cada vez más gordos, de los que le costaba más y más salir. Pero no iba a perder la esperanza de poder zafarse de todos y cada uno de los líos, y de salir adelante, con o sin ella. Preferiblemente sin ella, claro, pero si no podía deshacerse de esa alma errante al menos trataría de sortear los problemas. No, no trataría de hacerlo. Lo haría. Cuando la tomó por el brazo frunció el ceño, poniéndose de nuevo en tensión, pero terminó por asentir con la cabeza.

—Vamos —accedió, y miró alrededor, aprovechando la vista aguda que le proporcionaba ser una divium—. Iba ladera abajo, no nos costará demasiado verlo —dio un tirón para que la soltara—. No haré nada raro, no te preocupes. Suéltame y puedo buscarlo desde el aire —alzó las cejas y aleteó, aunque sin querer mostrarse amenazadora, simplemente con la intención de alzarse en el aire—. Ah, y no hace falta que me amenaces —le dijo—. No soy Lilith, no pienso atacarte. Y sí, Lilith era la que… supongo que quería matar al niño.

—Eh… cállate.

—No. Y no te atrevas a hacer nada.

—Tampoco iba a hacer nada… prefiero ver cómo la cagas.
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Mensaje por Kromul el Vie Ago 31, 2018 10:23 pm

Matar por gusto, decía la desgraciada divium… era normal que sus ojos despidieran frialdad, todos los asesinos, sin importar de que raza fueran, habían perdido al menos una parte de lo que los volvía seres pensantes, capaces de compasión. Los asesinos estaban más delante de la línea, donde uno se veía seducido más allá de simplemente el fragor o la gloria de la batalla, de la mejora de las habilidades propias, de la necesidad de sobrevivir, o de tener dinero… estaban donde uno se ve seducido por la sangre, casi como si se fuese un vampiro.

Por supuesto, esto no era de mi agrado, aunque fuese algo hipócrita viniendo de mi, que disfrutaba casi de lo mismo, no del propio acto de quitar la vida, pero sí de la pelea, de lastimar a otro, de hacerlo sentir terror en cada rincón, en cada hueso, como era, faltaba poco para que no fuese distinto de esta mujer.

Pensé que solo mentía cuando me dijo que no era una mercenaria, parecía demasiado una, pero sus palabras no titubeaban, y no hubo señal de ser una mentira antes de la “transformación” que tuvo ante mis ojos.

Cuando se presento me incline un poco a forma de respeto, por mucho que ella estuviese siendo hipócrita, yo sabía que a veces eso solo era alguien en el proceso del cambio, aunque claro, el suyo fue demasiado rápido para ser creíble del todo.
« Celeste, ¿eh? un nombre apropiado, sí… » mire a sus ojos, pero solo para fijarme más aún en su color que por mantener el contacto visual e intimidarla.
« ¿Entonces, se puede saber con quién hablabas? » me pregunté sin realmente decírselo, no estaba muy animado a hacerlo porque no me estaba esperando ni que me dijera la verdad, ni una buena mentira.

El verla asentir al menos fue algo positivo, mejorando bastante mi humor en el momento. Que me dijese que el chico iba ladera abajo era verdad, yo lo vi, pero que ella lo hiciera desde su posición era algo mucho más impresionante, debía tener una vista maravillosa, suavice la fuerza con la que la sostenía, momento en el que está se libero de mi agarre de un tirón. Todo parecía ir bien, pero el verla aletear para alzarse en el aire y que me propusiera dejarla para poder buscarlo desde el aire... no, no me parecía, ya estaba mostrando suficiente confianza con soltarle el brazo y permitirle estirar sus alas, llenas de cuchillas con las cuales podría cortarme en cualquier momento.

Fruncí el ceño descontento con esto y pensaba tomarla de nuevo, pero la escuche mencionar de nuevo a Lilith, ¿quién era Lilith, y qué tenia que ver con esto? Según Celeste, Lilith es la que pensaría en atacarme, y la que quería matar al niño, no ella. Jamás me había encontrado con alguien que me saliera con una cosa de este tipo y estaba algo perplejo, pero mantenía en mi rostro la misma expresión para no darle libertad de tomarse muchas confianzas conmigo aún. No estaba dispuesto a creer ni que le buscaría desde el aire, ni que no fuese atacarme así sin más.

Disculpa… —le dije casi por reflejo, estaba disculpándome genuinamente con ella, lo que hacía un poco difícil mostrar la rudeza que quería ahora para tenerla en control, por lo que cambie mi voz nuevamente, dejándola rugir de nuevo—. Pero no puedo creerte... no sé quién sea Lilith ni porque hablas sola, sí es cierto, estaré dispuesto a oírte, y de hecho, prometo ayudarte —me puse un puño en el pecho, señalándole que era mi palabra de orco—, pero primero buscaremos al niño bajo MIS condiciones. Eso quiere decir, a pie, tu adelante, alas recogidas... ¿cómo sé que simplemente, no alzaras vuelo y te irás, Lilith...? o Celeste, como te llames.

Me pare firme, con una mirada más relajada pero aún concentrando para pelear si ella así lo deseaba.
Entonces… ¿qué dices? —la mire a los ojos— sí no aceptas, me veré en necesidad de ponerte un alto, chica… o mujer… o no sé tu edad.

Di un golpe atrás con el bastón, pasando la punta a través de la gaza de la jarra y girándolo para lanzar esa al aire, tras lo que hice lo mismo con la otra, luego di un par de golpes al aire, atrapando ambas jarras, una en cada extremo del bastón y lo apoye de nuevo en mi hombro.
No importa que elijas, solo te pido que lo hagas rápido, antes de que el niño se aleje más y se pierda o caiga preso a una bestia.
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Miedos [Privada con Celeste Shaw] Empty Re: Miedos [Privada con Celeste Shaw]

Mensaje por Celeste Shaw el Miér Ene 09, 2019 6:37 pm

Era totalmente normal que no la creyera ya que, tras haber presenciado las acciones y oído las palabras de Lilith, Celeste perdía mucha credibilidad. Aquel era el principal problema que afrontaba al lidiar con ella, con “la otra” si se la quería llamar así, puesto que no era más que alguien ajeno a ella que se había colado en su cuerpo cuando estaba más débil que nunca. Suspiró levemente. ¿Por qué debía haberle tocado a ella, y no a otra? Realmente no tenía mucha idea de eso, pero en realidad no le extrañaba que hubiera sido por simple azar. Nunca había tenido suerte en nada, parecía que el azar se había cebado tremendamente con ella, dándole lo que parecía hacerla feliz y luego quitándoselo con saña. Y había pasado lo mismo con Adrien… Parecía que todo iba bien, pero Lilith había intervenido y había hecho que se perdiera por el bosque. Debía encontrarlo. Y pronto. Ya hacía varios días que estaba perdido, ¿habría sido presa de alguna bestia? Ojalá no. Ojalá estuviera vivo. No pudo evitar que una lágrima se deslizara por su rostro, pero se la secó pronto, sin querer que él la viera. No podía llorar delante de él. Ni de nadie.

—¿Ahora lloras? No me hagas pasar vergüenza, vamos.

—Cállate, Lilith. ¿No tienes suficiente con haberme metido en este problema?

—Ya sabes que no
—respondió entre risas.

Celeste suspiró pesadamente. Estaba harta de las “jugarretas” de Lilith, de que hiciera lo que le viniera en gana y se saliera siempre con la suya. Desvió la mirada de los ojos del orco, algo incómoda, y se mordió el labio inferior. No podía ir desde el aire… en realidad era la forma más rápida que tenía para alcanzar al niño que corría ladera abajo. Pero no importaba. Podrían alcanzarlo, sobre todo porque el crío debía de estar cansado, tal vez asustado. Lo ideal sería que se hubiera detenido cerca de allí, tal vez en un arbusto o tras una roca. El problema era qué pasaría cuando la viera a ella, pero si algo tenían los niños era que intuían muy fácilmente si alguien era bueno o malo, al menos aquellos con los que se había encontrado, que no eran muchos.

—Soy Celeste. Primero alcancemos al niño y devolvámoslo a la ciudad, luego hablamos. Y sí, accedo a ir a pie, aunque es mucho más lento que si fuera volando —dijo, algo molesta, con el ceño fruncido—. Luego te diré lo que quieras saber. Quién es Lilith, qué hace… lo que quieras.

—Ni se te ocurra, ¿sí? O te aseguro que no volverás a encontrar a Adrien.

—Cállate de una maldita vez, joder. Voy a encontrarlo y vas a desaparecer, tarde o temprano vas a desaparecer. Te lo juro.

—No jures lo que no sabes si vas a poder cumplir.


Aquellas palabras hicieron que frunciera el ceño, pero no perdió la calma ni le dijo nada más. Estaba harta de ella, así que pondría todo su empeño en hacerla desaparecer por completo, en aniquilarla y que se fuera de una vez de su cuerpo. Aun así, la prioridad en ese preciso instante no era aquella, no era Adrien, sino el niño que estaba perdido y se había ido ladera abajo. Aquel era su objetivo inmediato, el de alcanzar al crío antes de que alguna bestia diera cuenta de él. Sabía por qué Lilith había elegido a un pelirrojo, aunque fuera humano: porque le recordaría a su propio hijo y aún la hundiría más. No sabía si podía estar vivo aún o no. Miraba a su alrededor, atenta por si lo veía, mejor dicho, por si los veía, porque había que regresar al que iba a ser la víctima de Lilith a su casa.

Parecía que la fortuna le sonreía. Después de varios metros de carrera, el niño se había escondido en un arbusto, y se podía saber que estaba ahí porque sollozaba de forma audible a unos pocos metros a la redonda. Celeste lo oyó y enseguida se giró hacia ahí, y lo llamó con dulzura.

—¿Estás ahí? No vamos a hacerte daño.

—¿Se ha ido esa mujer mala? —dijo él, sacando un poco la cabeza.

—Sí. No te haré daño.

Cuando la vio, el chico volvió a esconderse. Era normal. Ella, entonces, tomó la decisión de acercarse allí y apartar las ramas con suavidad para mirarlo al rostro. No le dijo nada. No hacía falta, con que viera que no tenía intenciones de hacerle daño era suficiente. Ella no era Lilith.

—No voy a hacerte daño —le susurró.

—Pero… tú me golpeaste y me ibas a matar —dijo entre sollozos, con la voz rota.

—Es complicado de explicar. No te golpeé yo, aunque lo pareciera. No temas, ¿de acuerdo? —lo miró a los ojos para hacerle ver que era sincera.

—B-bueno…

Se levantaron, y el niño entonces puso cara de sorpresa y algo de miedo al ver al orco. Celeste insistió en que no pasaba nada, por lo que al final se encogió de hombros y avanzó, aún no del todo tranquilo, preparado para echar a correr si de repente había problemas.
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Miedos [Privada con Celeste Shaw] Empty Re: Miedos [Privada con Celeste Shaw]

Mensaje por Kromul el Mar Ene 22, 2019 4:17 pm

El orco espero pacientemente una respuesta de la mujer, desviando su mirada atrás un par de veces pensando en tal vez apurar más a la mujer en su decisión o el niño definitivamente sería el bocado de un animal, y el pobrecito, tal vez se estaba congelando, o se había caído, o... o cualquier cosa mala, la verdad no había ninguna buena.

Había estado intentando evitar los ojos de la divium muy conscientemente desde hace un rato, estaba tomándose muy en serio que si los veía mucho podía distraerme y eso... bueno, no quería tener una daga clavada en el estómago, o peor, en el cuello, ahí no había entrenamiento que te salvará, pero aún con eso, no pudo evitar verlos, en especial cuando una única lágrima corrió de su ojo. Cuando la gente lloraba siempre esperaba que no fuese lindo, y que fuese ruidoso, que sus ojos se enrojecieran e hincharan, y honestamente, así lo había visto la mayoría de las veces, sino, eran llantos algo más elegantes, menos ruidosos... pero nunca una sola lágrima. La observó tanto como pudo, que fue un par de segundos antes de que la divium la quitase de su rostro, natural, le pareció, a nadie le gustaba que los mirasen llorar, y honestamente la situación tampoco apremiaba para eso.

Err... —solté un poco incomodo por su lágrima—. No hay necesidad de ll...

Y la divium suspiró de forma pesada, haciendo que Kromul simplemente pensará que era mejor callarse en cuanto desvió su mirada de la suya y se mordió el labio inferior, parecía que finalmente se había decidido. La escuche responderme su nombre de nuevo, Celeste, y justo después pasar a sonar como quien daba las órdenes, parecía una persona bastante autoritativa.
Bien, perfecto —asentí suavemente—, comprendo que sea más lento... pero ya sabes, no puedo confiar e- —y me interrumpió nuevamente sin más, hablando en un tono molesto—. Ya veo... no suena como una mentira entonces... sí lo haces, puedes tomar mi palabra: ayudaré a lo mejor de mi capacidad. Ahora, vamos por el chico —dije corriendo atrás para abrirle paso y que saliera para caminar frente a mi como acordamos.

Así el orco comenzó a seguir a la mujer, iba bastante callada, pero por alguna razón no sentía el típico silencio incomodo de ninguna parte esta hablando, de hecho, parecía... parecía más el sentimiento de tercera rueda, cuando dos hablan y tú solo escuchas. Kromul agitó la cabeza, todavía no muy convencido de que ese asunto pudiese ser real, de Lilith, y de Celeste, y todo eso. Aún así, se veía sincera en su búsqueda, denotándose solo por una especie de preocupación en su rostro, como si el niño que hubiese perdido fuese suyo, aunque Kromul sabía que ese no era el caso.

Ambos caminaron varios metros adelante y dieron con un arbusto en el que claramente había alguien sollozando, si es que no era el niño... ¿había mímicos en los Montes Keybak? no que él supiera, pero aún así, de ser ese el caso iba a saberlo bastante pronto.
Por allá, divium —apuntó con una mano, siendo el capitán obvio del momento.

La divium se dio vuelta y llamó cariñosamente al niño, el cual saco lentamente la cabeza. Su reacción no fue de menos esperar, pues era la misma mujer que hace poco había tenido encima y que estuvo así de cerca de clavarle una daga. La divium se acercó más, y por seguridad, el orco camino unos pasos atrás de ella para asegurarse de que no intentase terminar lo que había empezado, mientras también intentaba mantenerse fuera del campo de visión del niño para no espantarle, primero una divium asesina y después un orco, sin duda iba a ser un día que quedaría marcado en el chico.

Por suerte la divium no parecía tener esas intenciones realmente — o era una excelente actriz, apartó las ramas para poder mirarlo y no le dijo nada más por unos segundos, solo manteniendo el contacto visual, tal vez quería mostrarle lo mismo que vio el orco antes, ese cambio de ojos fríos a unos algo... más cálidos. Con un susurro y una explicación demasiado igual a la que le había dado al orco, el niño se rindió y se dejo tomar de la mano por Celeste.

Y su reacción, de nuevo, fue la esperada. Primero sorpresa, Kromul intento sonreírle al chico para que no se preocupase, pero su sonrisa solo pareció asustarlo más, haciendo que se escondiera tras la divium; suspiró algo decepcionado, pero no podía culpar al chico, seguramente había oído algunas pocas cosas terribles de su raza, y lo peor de todo, es que todas y cada una de ellas eran seguramente ciertas.

Celeste le aseguró que todo estaba bien, haciendo al orco pasar por una especie de guardaespaldas y el niño tras unos segundos se encogió de hombros y comenzó a avanzar, aunque no lleno de seguridad, volteando nerviosamente atrás una y otra vez.

Oh, ya se puede ver a Mirrizbak, ¿es ahí donde está tu madre, pequeño? —camino un poco más rápido para poder ir junto a Celeste, tomando el flanco contrario al chico para no incomodarlo.

El niño volteo a ver a Kromul y asintió tímidamente, pegándose más de la mano de Celeste casi como por reflejo, era casi un insulto que se sintiera más seguro con alguien que le iba a asesinar que con un orco; un efecto de la pobre configuración genética que tuvo su cara, supuso Kromul.

Finalmente llegaron a la ciudad más grande de las montañas, un lugar colorido y hecho de piedra, a los enanos le gustaría, seguramente. Kromul y Celeste fueron detenidos en la entrada de la muralla, donde un guardia se les paro en frente y pensaba en interrogarles, generalmente Mirrizbak tenía fama de ser una de las ciudades menos racistas con las razas que existía en Noreth, el orco pudo comprobarlo antes cuando llego a asentarse a la misma, le miraron un poquito feo, pero no lo habían insultado aún, si un día tenía que vivir en un lugar, sin duda querría que fuese este.

Buenas tardes, ¿cómo les va? —saludo con una sonrisa algo pragmática el guardia, no había visto un grupo orco-divium-niño en su vida—. Permitanm...
¡Señor Masters! —chilló el niño al alzar la mirada y ver la cara del guardia, corriendo adelante y saltándole encima con un abrazo.
¿R-Ricky? —preguntó tomado por sorpresa, abrazando al chico—. ¡Oh, cielos, estás bien! ¿no te paso nada? ¿tienes frío? —se agacho para estar más a su altura, agarrándolo de la cara para ver que no tuviese nada raro.
E-Estoy... estoy bien —susurró empezando a llorar de nuevo, abrazándose más al guardia.
El guardia le acarició el pelo al chico, mirando de reojo arriba a la sonriente divium y al orco, antes de bajar la mirada otra vez y darse vuelta.
¡Carl! ¡Ricky apareció! ¡llama a Ava! —gritó con una mano junto a la boca, antes de darse vuelta otra vez para cargar al muchacho—. ¿Y estás personas quienes son, pequeño?
El niño restregó su cara abrazado al guardia para quitarse las lágrimas y miro atrás un momento, viendo a los ojos a Celeste, como para asegurarse de que la calidez seguía allí, y no se había visto reemplazada por frío.
E-ella... uhm... ellos me ayudaron, la señorita divium y el señor orco... me perdí explorando la montaña... —dijo separando su mirada de la de Celeste, mientras se tapaba la mejilla golpeada con una mano.
Ya veo... —dijo alzando la mirada y bajando un poco la cabeza—. Muchas gracias, disculpen si los mire algo mal, pero ya saben como son las cosas... por favor, adelante —dijo señalando paso adentro a la ciudad con un brazo—, o pueden esperar a conocer la madre del chico si desean, no saben lo preocupada que ha estado Ava, ha formado un zaperoco buscándolo —dijo más para Ricky que para ellos, agarrándole la nariz al niño para hacerlo reír.

Kromul miro de reojo a la divium que hizo lo mismo por unos segundos antes de ver al guardia, entonces el orco negó amablemente con la cabeza, aunque ese asunto se había terminado, quedaban cosas pendientes todavía.
Me temo que estamos algo ocupados, sería un placer conocer a la madre, pero el tiempo apremia —hizo una corta reverencia al guardia antes de caminar al frente y pasar de la puerta de la muralla, dándose vuelta para ver a la divium—. Vamos... Celeste, tengo a un gran amigo en un bar por la ciudad, creo que allá podremos hablar mucho mejor —le dijo con una sonrisa, esperando que la divium avanzará para caminar junto a ella.

El orco guió a la divium por el lugar hasta dar con la taberna "El Cerdito Angustiado".
Es un lugar muy bonito y acogedor, y yo personalmente creo que el dueño hizo un excelente trabajo escogiendo el nombre, venden un tocino excelente, jejeje —dijo riendo a modo de chiste, antes de abrir las puertas al lugar—. Vamos, tomemos una mesa.

Kromul avanzó junto a la divium entre multitud de personas y razas, habían tanto humanos como enanos y muchos otros divium en el lugar, junto a unos cuantos elfos, todos en sus propios asuntos con sus bebidas. Cuando finalmente dieron con una mesa el orco echo atrás la silla y le ofreció puesto a la divium intentando mostrar buenos modales y tomó su propio asiento.
¡Camarera, oh, camarera! —llamó a una chica agitando su brazo—. ¿Tendrá algo caliente de beber? ya sabe, té, o un café, algo así.
Tenemos un té de Ivorea Gris, ¿le parece bien eso?
No he escuchado de ello, quiero un trago —asintió con la cabeza mientras la chica tomaba apuntes, entonces miro a Celeste—, y... ¿tú quieres algo?
La camarera volteo también a mirar a la divium, esperando a ver si quería algo de tomar o no. Después de saberlo, se inclino respetuosamente y se retiro a buscar lo pedido.
Bueno, Celeste... —dijo subiendo sus brazos a la mesa y juntando sus dedos—. Decido intentar creerte, para eso te traje aquí, si intentases algo raro... bueno, quiero decir, si... ¿Lilith? si Lilith intentase algo raro... sería malo, ¿cierto? —preguntó moviendo la cabeza un poco a un lado, como para darle a entender lo obvio: si matabas a alguien en un lugar plagado de más aventureros el segundo muerto serías tú—. Ahora, por favor, háblame de ella.
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Miedos [Privada con Celeste Shaw] Empty Re: Miedos [Privada con Celeste Shaw]

Mensaje por Celeste Shaw el Lun Mar 18, 2019 9:40 am

Respiró hondo después de ese momento de debilidad en el que soltó una lágrima, antes de lograr contenerse y reprimir el llanto. No le gustaba llorar ante nadie. Al llegar a la ciudad pensó que estaba perdiendo el tiempo, ya que si estaba allí era tiempo que no buscaba a Adrien, perdido desde hacía unos días. Temía que le hubiera pasado algo grave o, peor, que estuviera muerto. Le agarraba la mano al niño, que parecía sentirse más seguro con ella, a pesar de que Lilith lo hubiera golpeado antes y hubiera estado a punto de matarlo. No entendía aquello de los niños, pero a la vez lo agradecía. Sólo esperaba que su hijo estuviera bien, tal vez que alguien lo hubiera encontrado y puesto a salvo… ¿quién sabía? Suspiró. Sentía que el niño se apegaba a ella, pero le parecía contradictorio que lo hiciera, siendo aparentemente quien había intentado asesinarlo antes. ¿Por qué lo hacía? ¿Por qué no iba con Kromul? ¿Tal vez lo intimidaba demasiado el orco?

Llegaron pronto a la ciudad, por suerte. Estaba más segura allí, entre tanta gente, ya que sabía que Lilith no se sobrepasaría en medio de mucha gente: a pesar de que la odiara, necesitaba que estuviera viva, ya que si la mataban ella iba detrás, por desgracia. Quería ser independiente, pero aquel aún no era momento. A Celeste le supo muy mal que el niño se tapara la mejilla para ocultar el golpe que le había dado la otra, sobre todo porque no lo merecía, en absoluto. Nadie merecía que Lilith se cebara con él o ella. No. Nunca. Por suerte había ido todo bien para bajar. Eso estaba bien. Respiró hondo para calmarse. No le gustaba haber llorado frente al orco, pero a veces era inevitable sacar algunos sentimientos. Intentaría, a partir de ese momento, mantenerse algo serena, un poco al menos, frente a él y a ese niño. Sin embargo… Adrien seguía perdido por Keyback. De forma ostensible, una vez dejaron a ese crío con su familia, dirigió la vista hacia atrás, hacia los montes. No se lo quitaba de la cabeza. No podía. Luego lo siguió hacia la taberna a la que quería ir. Le daba igual adónde fueran, mientras estuvieran a la vista de más personas, de bastantes más. De ese modo Lilith no iba a envalentonarse.

—Vamos, sí —dijo al rato, perdida en sus pensamientos.

—Si lo haces vas a pasarlo mal, lo sabes, ¿no?

—Cállate. Eres una hija de puta, ¿me oyes? ¡Eso es lo que eres! Y ahora me vas a dejar vivir mi vida de una maldita vez, o vas a ser tú la que lo pase mal.

—No me hagas reír… sin ese crío no eres nada, ¿sabes? ¡Nada! Me aseguraré de que no lo encuentres en tu puta vida.

—No vas a conseguirlo. Te lo aseguro. No vas a conseguir que mi hijo muera, ni que yo misma desaparezca. Es mi cuerpo y es mi vida, y no tienes derecho a meterte en ello.


No se había dado cuenta, pero ya estaban de camino al bar. Lo seguía casi maquinalmente, y oyó la broma de refilón, aunque rió a pesar de estar ensimismada. Tenía los puños cerrados y los brazos completamente tensos y tragó saliva, algo ruidosamente. Respiró hondo para tratar de serenarse un poco. No le convenía estar demasiado tensa, en absoluto, pero al mismo tiempo sabía que con Lilith era imposible relajarse del todo. Se sentó de forma automática. Después de eso sacudió la cabeza para despejarse de una vez. Debía estar pendiente de la conversación con Kromul, no con esa mujer que estaba con ella.

—Gracias —le dijo por el gesto de retirar la silla para que ella se sentara. Acomodó las alas con suavidad para estar mejor en la silla. Miró a la camarera, que llegaba a tomarles nota, y estuvo un par de segundos para decidirse—. Un chocolate —lo necesitaba. Después de eso miró a Kromul—. E invito yo. Sé que no es suficiente, pero considéralo una pequeña compensación por los problemas que te he dado, o que te ha dado Lilith.

Asintió con la cabeza. Claro que sería malo que intentara algo en ese momento. Si saliera y tratara de matarlo, los aventureros que estaban en ese lugar se lanzarían encima de ella al momento. Y aquello acabaría con la muerte de ambas, porque ni en sueños podrían con tanta gente, por mucho que fuera hábil con las armas que llevaba. Se mordió el labio inferior al oír que empezara a hablar de ella. Le daba miedo por lo que pudiera pasar si se lo contaba, porque si bien podría no haber consecuencias inmediatas, sí que desobedecerla haría que lo pasara mal. Pero quería, de verdad, librarse de una maldita vez de ella. Estaba segura de que aquel miedo se había notado, pero estaba decidida a contárselo. A ver si podía ayudarla a lidiar con eso.

—Cállate.

—No.


—Bueno, eh… Según sé, necesitaba introducirse en un cuerpo para poder seguir existiendo, y tenía que ser uno moribundo, no sé por qué… me tocó a mí. Hasta hace poco no podía manifestarse, pero ahora digamos que es… como una voz en mi cabeza. Me da órdenes, me amenaza… y en ocasiones toma el control de mi cuerpo —aquella vez sí que sus ojos se anegaron, y se escaparon unos cuantos sollozos—. Una de esas veces provocó que mi hijo huyera y se perdiera por los montes Keyback, aún no lo he encontrado —se secó los ojos otra vez, pero aquella de forma bastante más inútil que antes—. Fue hace cuatro o cinco días. Y… y el niño al que escogió antes era pelirrojo sólo para hundirme más, porque el mío lo es, y tiene una edad similar —trató de serenarse un poco—. ¿Podrías ayudarme? Por favor. Ya no sé qué hacer ni por dónde buscar.

—Te vas a arrepentir de esto, maldita cría.

—Cállate, cabrona de mierda —le dijo sin ser consciente de que estaba hablando en voz alta, aunque por suerte no había gritado como antes.
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