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Mensaje por Kromul el Jue Mar 21, 2019 9:34 pm

El orco sonrió con tanta suavidad como podría sonreír uno cuando la divium le agradeció, lo que significaba que su sonrisa no era demasiado amable ni inspiraba confianza. Cuando tomó asiento y llamo a la camarera se mantuvo en silencio, dejando que la pelirroja también hiciera su pedido propio. Chocolate. Una decisión excelente, pensó Kromul.
La camarera por su lado, asintió e hizo una reverencia, mirando a la divium mientras lo anotaba.
Enseguida.

La mujer se dio vuelta acomodándose un poco el pelo y se fue con los pedidos anotados, echando solo un vistazo atrás por curiosidad, ya que el ambiente pareció ponerse tenso en segundos de que se moviera del lugar.
¿P-Pagar? —preguntó el orco algo incrédulo, casi como si no le hubiesen invitado nunca antes. Tal vez no le habían invitado nunca antes. Tosió un poco, llevándose el puño a la boca cuando escuchó las razones de Celeste para hacerlo—. De... de acuerdo.
Intentando dejar de lado la suavidad unos instantes, subió sus brazos a la mesa y junto los dedos mientras hablaba, intentando explicarle sus "términos" a Celeste. Cuando la vio asentir se puso en una pose más relajada, incitándola a hablar.

Y la escuchó. Cada palabra que salía de la boca de la divium era bien atendida por las orejas del orco, que se daba cuenta más y más de que él, lastimosamente, no podría ayudarla de estar diciendo la verdad. No comprendía eso de meterse en un cuerpo moribundo, y de que no se manifestase hasta ahora, sonaba como una enfermedad o un veneno.
La expresión seria de Kromul se altero cuando escuchó  que su hijo se perdiera, y que todavía no lo encontrase. Al subir su mirada para encontrarse con la de la divium y miro sus ojos llorosos, tal vez fuese suavidad suya, pero ahora definitivamente tendría que creer todo lo dicho, así fuese solo por eso.

Al menos lo del niño de antes ahora tenía excusa; frunció su ceño determinado cuando le pidió ayuda, y hasta con un "por favor", esas cosas eran importantes, pocos fuera de gente común de pueblo con trabajos humildes permitían esas palabras escaparse de su boca.
Por supuesto —se puso de pie, colocando las manos en la mesa—, si te soy sincero, yo mismo no sé mucho de este asunto, pero conozco a alguien que sí. Sin embargo... prioridades... vamos inmediatamente a buscar a...
Y ahí Celeste habló otra vez, mandándolo a callarse. Kromul se quedo viéndola algo incomodo, pero prestando un poco más de atención, notó como mandó a callar a una mujer. Con que una voz en su cabeza.
No... te preocupes. Comprendo que acaba de pasar. O eso creo —dijo desviando la mirada a un lado y abajo pensativo, antes de negar con la cabeza—. En cualquier caso, debemos darnos prisa, tu hijo debe estar muerto del frío, espero esté bien...
El sonido de un vaso siendo colocado en la mesa desvió la atención del orco al lado, viendo a la camarera colocar el té de ivorea gris, y la taza de chocolate. El orco subió la mirada de las bebidas a Celeste, y luego miro a la camarera, que tenía una sonrisa pintada en la cara.
Son 22 krulls. Podéis pagar ahora o cuando terminen de tomárselo, como gusten.

Kromul se rascó la nuca y volvió a ver a Celeste, tras lo que le indico con una mano la mano de la camarera para que pagase ella si quería invitar. Con su otra mano agarro la tacita de té y se lo bebió todo en una sola pasada, sin pararse a disfrutar mucho el sabor. Su cara se arrugó un momento, y cuando bajo la taza se hizo bastante obvio porque, en cuanto saco la punta de la lengua. Se la había quemado.

Parece que el apuro no trae nada bueno tampoco... cuando termines tu chocolate, me parece que podemos ir con aquel hombre. El... El... ¡Ah! —golpeó su puño de la palma de su mano—. El Señor Masters. Dudo que vaya a encantarle la noticia de otro niño perdido, pero si lo buscamos solo nosotros dos será peor para tu hijo.

Tras decir eso, Kromul volvió a su asiento tranquilamente para quemar el tiempo que podría tardar Celeste tomándose su chocolate hablando.
Entonces eres una madre... ¿cómo se llama el pequeño? —preguntó sonriendo, aunque su mirada se notaba algo melancólica—. El mío es Mazoamul, era un buen chico; mejor orco. Sé lo preocupante que es tener a un niño perdido, espero poder dar pronto con tu muchacho.

Cuando la divium acabo su bebida, Kromul fue a llevar rápidamente la taza y la tacita al tabernero del lugar. Se trataba de un hombre sorprendentemente joven, en sus treinta, con una túnica blanca y un delantal marrón encima, de pelo café, aunque con una evidente calvicie y señales de algunas pocas canas. El estrés de ser un tabernero.
¿Krol? que sorpresa. No sabía que estabas por la taberna, ¿y esas tazas? o mejor, ¿y eso qué no pediste tocino?
¡Pocho! —le sonrió y estrechó su mano rápidamente, antes de soltarla y alejarse un poco—. Lo siento, quisiera pararme a hablar... pero hay un jovencito perdido.
Ah, ¿el de Ava? no entres en pánico, ya lo encontraron, o eso escuché.
No. Otro niño.
"Pocho" alzó la ceja al oír a Kromul y se paso la mano por la cabeza.
Si es que estos niños no hacen caso.
Es... una situación distinta —le aseguró—, hazme un favor, si escuchas de un niño pelirrojo con ojos azules, intenta retenerlo aquí. Dale-dale, dale chocolate, yo lo pago después.
No entiendo de que hablas... pero seguro, cuídate —se despidió llevándose dos dedos a la frente y moviendo la mano suavemente, antes de despegarse de la barra para atender a otra persona.

Tras aquello, el orco salió corriendo para alcanzar a Celeste en la entrada de la taberna, y partir juntos a la entrada de la ciudad, donde Masters todavía se encontraba en turno de vigilancia. Seguramente sería más creíble y sano que Celeste informase de la situación y no él, para que pudiesen organizar grupos de búsqueda con unos pocos soldados y así partir todos en la inmensidad del monte en busca de Adrien.
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