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El Cuervo sobre el Muerto

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El Cuervo sobre el Muerto

Mensaje por Katarina el Mar Ago 28, 2018 8:13 pm

Katarina estaba en Halteese, en algún lugar perdido de Valashia, concretamente, abriendo la puerta del mausoleo después de haber emborrachado al guardia y haber tomado prestada la llave. Le echo una última mirada a la puerta, para asegurarse de que no se había equivocado, Reuven.

La elfa anduvo tranquilamente por el desértico pasillo, conjurando un poco de magia en las puntas de los dedos, dejando que se filtrara lentamente para el lugar. Para hacerlo correctamente, tendría que haber pasado días vertiéndola para hacer la cripta suya, pero… estaba demasiado impaciente, además de considerar cosas como montar una guarida en una tumba extremadamente siniestro.

No, si sus intentos anteriores habían fallado, era porque había escogido huesos demasiado frágiles, de existencias demasiado débiles o pasajeras. Pero ese héroe parecía ser lo suficientemente importante y poderoso como para que su propio ser supliera las carencias de su técnica, de haberlas. Luego podría estudiar el no-muerto reanimado y compararlo con su propia técnica para refinarla. Era un plan perfecto.

Abrir el sarcófago le costó más de lo que estaba dispuesta a admitir, y aun así solo consiguió abrir un hueco de como un palmo, lo suficiente como para confirmar que allí dentro había un esqueleto con la regalía que correspondía a un noble héroe.

Energía necromantica rodeo a Kat, mientras su gata espectral vagueaba, durmiendo en el cielo como si estuviera posando en un cojín invisible. La energía recorrió su cuerpo, consumiendo su energía, anatema a la vida, hasta que la canalizo hacia el montón de huesos que tenía delante. Un humo verde salió de sus manos y se escurrió hacia el interior del sarcófago, como atraído hacia la muerte. La nigromante unió los huesos con cuerdas invisibles de manera anatómicamente correcta, llenando los huecos anteriormente ocupados por tuétano de energía, lentamente, asegurándose de que su esencia permeara. No le bastaba un alzamiento vulgar. Quería hacerlo bien, ya que tenía los mejores materiales, haría el mejor trabajo posible, tal era su obligación. –Yo te concedo un ancla, yo te concedo ojos, orejas, lengua y pies. Álzate, Sir Daniel Reuven, pisa esta tierra una vez más, bajo mi mando.- Según su maestro, pronunciar el nombre del muerto ayudaba enormemente a devolverlo con sus capacidades intactas, aunque claro, eso normalmente no era posible con el campesino medio o cuando se alzaban huestes enteras. ¿Pero para seres concretos y poderosos? Era simplemente ideal, además del motivo por el que muchos necromantes preferían matar a nobles caballeros de uno a uno, para no confundir los fiambres.

-Parece que funciona.- añadió Kirara, pero ella ya lo notaba, podía sentir una pequeña burbujita en su mente, que sorbía muy lentamente su energía, podía notar los huesos cubiertos a rebosar por su energía moviéndose a causa de una voluntad que no era del todo suya. Habría sido muy fácil asaltar la recién despertada mente, controlarlo a voluntad como un títere, pero una parte de ella consideraba engorroso despertar a no-muertos para cumplir su voluntad si luego tenía que controlar todos su movimientos uno a uno, no, lo dejaría así.

A la otra parte de ella le repulsaba que sus motivos para no hacerlo hubieran sido puramente lógicos, pero no podía negar que había sido un éxito rotundo, y prácticamente estaba dando saltitos de alegría.
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Re: El Cuervo sobre el Muerto

Mensaje por Reuven el Sáb Sep 01, 2018 10:22 pm

__La cetrina esencia se esparció por el pétreo sarcófago adhiriéndose a la osamenta allí contenida. Su productora fue manipulándola, tirando de ella, obligando a huesos a unirse en articulaciones, inundando cada tejido óseo de aquella magia, de forma que recuperase su antiguo poder de producirla. Y una vez el hechizo fue completado, y todo estuvo en su sitio, una consciencia fue convocada.

__Dan despertó. Su último recuerdo era estar tirado en un campo de batalla, con sus propias tropas pasándole por encima y una flecha clavada en la cabeza y ahora, de pronto, se encontraba en un oscuro y silencioso lugar, con una extraña elfa dando brincos delante suyo.
__Lo que más le sorprendió, sin embargo, era lo tranquilo que estaba. Algo le hormigueaba por todo el cuerpo, así que apartó su vista de aquella elfa eufórica y la dirigió hacia sí mismo, descubriendo en el acto su nuevo estado de esqueleto. No se asustó, se quedó mirando el movimiento de cada una de sus falanges al mover las manos. Y lo aceptó. Como ya he dicho, lo único que le sorprendía era lo tranquilo que se encontraba. Había muerto y ahora no era más que un esqueleto reanimado, por algún motivo, eso sonaba lo suficientemente normal como para mantenerse sereno.

__La chica frente a lo que debía de ser su tumba, una hermosa elfa, aparentemente joven, de pelo plateado, piel pálida y ojos purpuras y brillantes, freno en seco sus altos y, tratando de recuperar la compostura, se sacudió un poco la ropa, tosió y con aire magnánimo exclamó:

__-¡Bienvenido al mundo de los vivos, Sir Reuven!

__Dan se quedó observándola. Estaba claro que aquella chica era la nigromante que le había levantado de la tumba (bueno, en realidad seguía sentado en ella). La revisó de arriba a abajo. Aquella muchacha de buen ver, con una voz tan angelical no se parecía en nada a la imagen mental que tenía de los nigromantes: malvados hechiceros de nariz y barbilla larga, con gorros largos y picudos como cuernos, y una terrible risa malvada (bruto, sin duda, de años de entrenamientos), siempre con planes de dominación mundial.
__Sea como fuese, aun en su sereno pensamiento, Dan decidió allí mismo su destino. Había vivido su corta vida con el único objetivo de no defraudar a su padre, sucediéndolo en la tarea de defender Halteese del invasor y en la primera prueba de verdad había fallado. Ahora aquella elfa le acababa de dar una segunda vida, le había elegido a él, a Daniel Reuven, específicamente y ya fuera defender de nuevo Halteese o conquistar el mundo, juró allí mismo a todos los dioses que no fracasaría de nuevo.

__-Han pasado... unos... cientos de años.- continuó la elfa con tono inseguro. Que el esqueleto se quedara observando sin dirigir la palabra parecía ponerle nerviosa.

__-¿Qué he de hacer?-preguntó finalmente Dan, con una argentina voz que le sonaba ajena.

__La nigromante no subo qué contestar. Ladeó su cabeza ligeramente hacia la derecha tratando de pensar una respuesta, pero su plan no llegaba tan lejos, en realidad solo quería comprobar su poder.

__-Eres una poderosa nigromante que me ha despertado, ¿verdad?-dijo el esqueleto tratando de ayudarla- Algo querrás que realice. ¿Algún plan para conquistar el mundo tal vez?

__-No realmente. Haz lo que quieras. Eres libre.-respondió la elfa. Y por su parte la conversación pareció finalizada.

__Esa respuesta sorprendió a Dan mucho más que el verse tan tranquilo. Lo cual hizo que dejara de estarlo. ¿Libre? ¿Acaso le habían revivido sin propósito alguno? ¿Iba a pasar el resto de su no-vida sin propósito? ¡No! Eso no tenía ningún sentido, debía haber algún error. Puede que los siglos de diferencia hubieran provocado que no se hubiera entendido con su nueva señora.

__-Mejor empecemos de nuevo-Dan salió de su pétreo sarcófago y adopto esa posición de noble que le habían inculcado desde niñez, siguió dando un tono caballeresco a su voz-Me presento ante voz como Sir Daniel Reuven, mi señora. ¿Puedo conocer el nombre de aquella que me ha levantado de mi descanso eterno, a quién serviré durante el resto de mi desdichada muerte?

__-Katarina Galathël-respondió rápida la elfa, visiblemente incomoda por el devenir de los acontecimientos. Necesitaba cambiar de tema y deprisa-Debemos hacer algo respecto a tu aspecto. Pero es de noche... Toca esperarse... ¿Por qué no compruebas cuantas de tus habilidades y fuerzas conservas? Vamos fuera, aquí no hay espacio.

__Dan miró su cuerpo de nuevo, la probablemente en su día brillante y lustrosa armadura con la que le habían hecho enterrar no era más que un trozo de hierro oxidado del que colgaban harapos apolillados, sus huesos apenas podían mantenerla encima suya, es más, la mayoría había quedado atrás cuando salió del sarcófago de piedra. Allí dentro había también lo que se podía identificar como una espada y un escudo, y aunque en el último Dan aun podía diferenciar el escudo familiar entre la herrumbre, las armas estaban aún en peor estado que el traje. Ciertamente, necesitaría nuevo equipamiento fuera cual fuera su misión.
__En cuanto a la segunda parte... Lo cierto es que tenía miedo. Sí, cierto, había sido un guerrero de renombre en su época, "El Campeón de Halteese", y había sido educado en el combate desde pequeño. Pero lo cierto es que vivió en una época de paz hasta el momento de su muerte, en su primera batalla. No creía poder impresionar a su nueva señora en una demostración de ese tipo porque él no era nada fuera de lo normal. Aun así, era su primera orden, no podía negarse a obedecerla. Así pues, siguió a la elfa hasta la salida del mausoleo y una vez allí, rezó a todos los dioses, y en especial a Kiara, para que le dieran suerte.

__-¿No has cogido la espada? Lo cierto es que da igual. Haz unos estiramientos y corre un poco, a ver qué tal te mueves.

__Y tal y como ordenaron, Dan se puso a saltar correr. Una interesante forma de empezar su no-vida.


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Re: El Cuervo sobre el Muerto

Mensaje por Katarina el Jue Sep 06, 2018 9:33 pm

Había generado ella solita una situación de lo más incómoda. Es decir… el no-muerto medio obedecía órdenes, cierto, pero no hablaba, a duras penas era lo suficientemente listo como para usar armas correctamente. Y allí estaba el suyo, hablando de manera perfectamente coherente, con ideas lógicas. No sabía si aún tenía memoria, pero no esa parte tampoco era imprescindible. Y no solo eso, sino que además, a juzgar por sus movimientos, no tenía nada que envidiar a un cuerpo de carne y hueso. Seguramente sería más frágil, eso sí, pero la nigromancia tomaba el papel de músculos y tendones. Tenía ciertas dudas sobre si el cuerpo se regeneraría, y hasta qué punto ¿repararía fisuras, o recuperaría también huesos rotos? Pero no lo haría herirse para satisfacer su curiosidad, le enseñaría a manipular su esencia nigromántica en vez de eso, por si acaso su cuerpo no se regeneraba naturalmente.

Es decir, aparentemente era buena, pero creía que no tanto.

Era negra noche, y el guardián no se despertaría de su comatosa borrachera en un montón de tiempo. De manera que, a pesar de haber dormido durante el día en el carro que la había traído, echo también una cabezadita. Al fin y al cabo, no podría hacer nada hasta que le consiguiera al esqueleto algo para parecer…menos huesudo. Estaba pensando en una capa larga, botas, guantes y una máscara. Pero no parecía… adecuado. Había alzado un guerrero, uno que usaba espadón, mandarlo a la batalla en telas no solo sonaba como una falta de respeto, sino peligroso.

Así que cuando al día siguiente, a primera hora, dejo al esqueleto para ir de compras al pueblo, visito al herrero. Era un tipo bajito pero musculado, demasiado alto para ser un enano eso sí.

-Buenos días.- dijo con su voz cantarina, provocando que el hombre se girara y la examinara. Usualmente, la impresión habría sido diferente, pero no estaba allí como una aventurera, ni siquiera como una trovadora, así que no llevaba el laúd, ni las dagas. No a la vista al menos. Y había dejado su armadura de cuero detrás, cambiándola por un vestido más adecuado para una joven. Era simplemente una extranjera. -¿Tenéis armas y armaduras?- con un gruñido, el hombre le indico que la siguiera al mostrador, y ante ella, empezó a dejar armas. Un arco, unas dagas, un estoque… No tenía mal ojo, pero hoy no. –No no, quiero un espadón, a dos manos.- El hombre la miro de arriba abajo, parándose brevemente en sus orejas. Estaba convencido de que no podría usarlo. Sinceramente, tenía razón, pero había pedido lo que había pedido, así que se lo trajo.

¿Era lo que necesitaría el esqueleto? Ni idea, pero era buen acero, y a pesar de que pesaba mucho, muchísimo, la opinión de Kat era que estaba equilibrada. Era un pueblo de unas… 500 personas, con un castillo, y dado que este era el único herrero que había visto, también debía encargarse de las armas, así que era…razonable encontrar cosas decentes.

Lo siguiente fue la armadura, aunque tuvo que pedirle al herrero otra vez, una armadura de placas. No hizo falta especificar el género, puesto que aparentemente solo había para hombres. Katarina observo durante un buen rato una armadura en concreto. No tenía demasiado donde escoger, la verdad, habría… tres en total, y todas ellas hechas a partir de piezas separadas, pero había escogido las que menos se notaban. Con un poco de magia para cambiar las diversas tonalidades de plateado, se vería perfectamente como un único set, aunque puede que tuviera que borrar ese blasón de algún modo.

De manera que una muy cargada elfa, que por suerte había tenido la previsión de alquilar una mula, se dirigió al cementerio a pie, con su fiel y equino animal cargando el montón de cachivaches que había pedido. Aún tenía comida para varios días, así que no se pasó por la taberna para reabastecerse. Podría hacerlo más tarde con Sir Esqueleto, pensó, sacándole una risita.

-Hey Gram, quien es esa? Es preciosa.-

-Una elfa, ha comprado un arma y armadura para alguien, no la había visto nunca.-


-Huh… eso es caro. ¿Noble?-


-No lo creo, las monedas estaban gastadas y son de varias regiones, puede que sea algún mercader de poca monta.-


-Bueno, creo que le interesara a nuestro señor…buen trabajo.-
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Re: El Cuervo sobre el Muerto

Mensaje por Reuven el Lun Oct 08, 2018 1:57 pm

__¿Qué hacer cuando eres un montón de huesos revividos y la persona que te despertó de su descanso final duerme? O te ha dejado solo para ir a comprar a la ciudad. O ni siquiera parece tener planes para ti.
__Dan había asumido el fin de su vida en aquella batalla de hace siglos. No tenía una verdadera motivación para volver a la vida. Su último pensamiento fue: "Al menos se acabó el tener que cumplir." y ahora parecía que tenía que seguir con la mentira, con hacerse pasar por un gran guerrero cuando sabía perfectamente que era más bien mediocre. No solo eso, sino que su señora, la persona que le había resucitado, parecía haberlo hecho por el simple hecho de demostrar que podía. Sin plan alguno en mente.
__Ahora, mientras ella descansaba plácidamente esperando el amanecer y Dan descubría que los esqueletos no duermen, el no muerto no podía hacer otra cosa que esperar y pensar.

__¿Qué harían otras personas en su lugar? Puede que explorar el mundo, descubrir cómo su tierra ha cambiado a lo largo de los siglos. Pero a él poco o nada le interesaba eso. Halteese era un llano con un rió al fondo, y siempre sería un llano con un río al fondo. Poco le interesaba ver los cambios entre los lindes de los campos de cultivo. Y mucho menos lo hacía el volver a algún castillo, ya había vivido suficientes años de cortes para hastiarse de ello.
__Un típico propósito que le venía a la mente sería venganza. Acabar con aquellos que le mataron en primer lugar. Pero había pasado demasiado tiempo para tomarla en contra de alguien en específico (además no es que tuviera rencor a nadie, murió en una batalla. ¿Con quién la iba a tomar? ¿Con el arquero anónimo numero quinientos setenta y tres?). Y poco le importaba el quién dominase el territorio ahora mismo como para tomarla con reinos enteros. Su tiempo de preocuparse por esas cosas se había acabado con su muerte.
__Tal vez descubrir su legado, lo que queda de su familia, de los Reuven. ¿Pero de verdad podría quedar algo? Él murió antes de casarse, su madre era demasiado anciana para tener más descendencia, su padre... puede que lo hiciera, pero en su mente le parecía demasiado reacio a la idea de dejar a su madre o tener bastardos. Solo quedaba su hermana, demasiado pequeña por aquel entonces para tener pretendientes y por tanto, sin idea alguna de con quién tendría hijos ya que se habría perdido el apellido. Tendría que recurrir a libros de genealogías para desvelar el misterio y, francamente, siendo no más que un esqueleto podía apostar a tendría que afrontar demasiadas trabas para que se quedaría en saber un nombre y poco más.
__Entonces puede que la única opción fuera volver a morir. Pero no. Dan sabía que en verdad esa no era una opción. No solo estaba el impedimento de que no tenía ni la más remota idea de cómo se mata a un no muerto (el veneno, las dagas o las horcas no sonaban demasiado efectivas ante su óseo cuerpo), sino que él sabía que seguía siendo demasiado cobarde para acabar con su propia vida.

__Su señora se despertó poco después de que cantará el gallo, y no tardó en partir hacía la aldea. "Voy a conseguirte una armadura y arma decente." dijo. Y se marchó, dejando al no muerto solo en aquel cementerio, con nada más que sus huesos.

__La cámara comenzó a iluminarse según el sol se alzaba y atravesaba la vidriera que coronaba la estancia. Los vitrales representaban una escena de batalla con todo el detalle que puede tener un ventanal de su tamaño. Por los colores de los blasones, la lluvia de flechas que cubría el cielo y, obviamente, la localización; no era difícil concluir que se trataba de la batalla en la que pereció.
__-Cristal de Akhdar-observó Dan-Padre no debió de reparar en gastos.
__Se paseó por el resto del mausoleo. A decir verdad era más bien una cripta, ya que tenía una antesala, un largo pasillo cuyas paredes estaban abarrotadas de nichos. Los muros estaban construidos en una piedra oscura, robusta y compacta que Dan no tuvo problema en identificar cómo de las Daulin; podría atreverse incluso a conjeturar quién fue el arquitecto solo con la forma de los falsos arcos en gola que decoraban el espació entre sección y sección del pasillo, muy parecidos a un par de templos inaugurados por el rey en sus días.
__En cuanto a la identidad de sus compañeros de sepulcro, diez por sección, las inscripciones no dejaban duda alguna sobre ellos: los soldados halteeses caídos en la misma batalla que él, sus tropas.
__En un principio, cierto grado de alivio y satisfacción se filtraron en la mente de Dan al ver que él pasillo no era tan largo como él esperaba. Pero al llegar a la puerta final descubrió que en realidad se trataban de cinco pasillos en batería y sus ánimos volvieron a bajar.

__Con total seguridad, pensó Dan, con plena y total seguridad entre los centenares de caídos que hay en aquí, la gran mayoría desearían esta segunda oportunidad, más de la mitad tendrían un objetivo claro con el que aprovecharlo, y al menos una quinta parte de ellos lo merecerían.
__Y sin embargo, allí el único que podía andar, pensar y hablar era él.

__-Toc toc-la cantarina voz de su señora tuvo la bondad de interrumpir su línea de pensamiento.
__Había vuelto relativamente rápido y traía consigo una mula de carga bastante indolente, que avanzaba por los pasillos de la cripta sin oponer resistencia alguna. En su lomo transportaba unos bultos cubiertos de tela. El familiar brillo metálico de una hoja le reveló el contenido de la carga antes del momento de la sorpresa. Instantes después, Dan se preguntó que podrían traer los dos encapotados que trataban de alcanzarle el paso un poco más allá.

__Se movió una capa, se alzó una especie de porra, un sonido seco reverberó a lo largo del pasillo en el momento en qué algo impactó en la nuca de la elfa. Reuven echó a correr. El sonido de sus falanges contra el empedrado alertó a ambos hombres, que palidecieron. Uno gritó, el otro tropezó, el no muerto les alcanzó y extrajo el mandoble de la espalda de la mula que siguió rumiando.
__El gritón se envalentonó y dispuso a atacar con un gesto demasiado amplio. Perdió la mano de la porra y cayó de rodillas aullando. El pasillo era demasiado angosto para un mandoble, la espada de Reuven destrozó el nicho de un tal Falqued y se quedó atorada bajo las costillas de otro tal Alexander. El que tropezó aprovechó para alzarse y huir. No llegó muy lejos, una vez su hoja quedó liberada, Reuven recortó distancias con un movimiento veloz y brusco entrenado durante años, no le hizo falta romper su defensa ya que no tenía, y el tajo final resultó más bien en una estocada que atravesó costillas, músculo y pulmón.


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Re: El Cuervo sobre el Muerto

Mensaje por Katarina el Mar Nov 06, 2018 2:08 pm

Oscuridad. Dolor. Mucho dolor, el suficiente como para hacerle abrir los ojos, levantándose de golpe en el proceso, lo que provocó una oleada de dolor, esta vez acompañada de mareos. El olor a sangre lleno su nariz, y miro a su alrededor. Su esqueleto, sentado, mirándola, esperando, un cadáver en el suelo, y otro contra una de las paredes, con una mano faltante. No, no un cadáver. Retazos de memoria volvieron a ella, aunque no había demasiado que recordar.

La elfa se levantó de lo que ahora veía, era un sarcófago, y se dirigió hacia el hombre.-Dejaste uno vivo, bien hecho.-

-No diré nada.- dijo el manco, nada más verla acercarse. Recibió una patada en la boca como toda respuesta.

-No sois elfos.- eso eliminaba un culpable, Padre no había tenido nada que ver, no se rebajaría a usar patéticos humanos, los consideraba inútiles, débiles…y estos lo eran, no eran profesionales. –Tampoco sois esclavistas… sois locales, aficionados.-

-¿No me oíste? No diré naghhhasghaa.-
la elfa había cristalizado la sangre del muñón, expandiéndola dentro del propio brazo. Extendió la otra mano, y un chorro de sangre salió del cadáver hacia su boca, sus heridas cerrándose poco a poco.

-Estoy siendo bondadosa. Echa un buen vistazo. No necesito que hables, puedo hacer que hables después de matarte. Te estoy dando una oportunidad de vivir. No sé de quién tienes miedo…-
dijo, acercándose al oído del hombre. –Pero él no está aquí, y dudo que pueda castigarte por toda la eternidad, como una calavera sin cuerpo, por ejemplo...- funcionó, pudo ver su espíritu quebrándose, contándole todo lo que sabía, demasiado rápido, tuvo que hacer que parara y empezara de nuevo, lenta y organizadamente.

-Nuestro amo nos…nos ordena que le traigamos mujeres, para sacrificarlas y aumentar su poder. No hay manera de que podáis…-

-¿Cuántos sois?-
interrumpió.

-Diez y el amo, pero…-


-¿Dónde os reunís?-

-A medianoche, en una cueva que hay a unos pocos minutos hacia el norte.
-

-Entiendo.-

-¿Puedo…puedo irme?-
la elfa lo miro a los ojos, atentamente.

-Lo has hecho antes.- vio la verdad, el miedo, la comprensión sobre lo que quería decir. Un único movimiento de la mano y el cuerpo estaba inmóvil, degollado.

-Arrodíllate, Sir Daniel. Querías una orden, una guía, aquí tienes la primera. Vamos a acabar con ese culto rarito. Pero antes… te mereces una recompensa-  extendió su conciencia, alzando la sangre hacia ella, bebiéndola, saturando su cuerpo de poder por encima del que era capaz de soportar. Se desvanecería en minutos si lo dejaba a sus anchas, pero no lo hizo. Extendió un dedo ensangrentado y trazo una línea en la cabeza del esqueleto, extendiendo su poder nigromántico una vez más. Esta vez resultó más sencillo. No tenía que buscar un alma, ni alzar de cero un cuerpo. Las construcciones estaban allí, y solo tenía que reforzarlas. Fue sencillo una vez encontró la manera, el cuerpo sediento de su poder por la propia construcción de su hechizo anterior. Interesante… tanto potencial.

Pero su curiosidad para ver cuánto poder podía verter en el esqueleto antes de que se saturara fue cortada de raíz por su pragmatismo. Uso el exceso de poder y ni una brizna más, dejándola a ella al máximo de sus capacidades y a el…seguramente mejor de lo que nunca había estado, al menos en su no-vida..
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