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[Campaña] La Ciudad de Oro, Dinas Aur.

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Re: [Campaña] La Ciudad de Oro, Dinas Aur.

Mensaje por Brown Hat el Jue Nov 15, 2018 3:11 pm

Off:
Me imagino que ya lo sabrán, pero por sí acaso, Malina me dejo su personaje, y yo...intentaré, usarla a ella, durante la duración de la campaña. Los posts desde está cuenta veanlos como los de Malina.

Haciendo casi omiso al público que la observaba, Malina se centró en el cuervo, no Earl, sino en su mascota, lo máximo que le ofreció al Cápitan fue una mirada neutra, casi desinterasada, que traicionaba sus deseos de aventura.
Su enfoque en el cuervo se quebró cuando una rubia se acercó a la mesa, pudo escuchar unos pocos comentarios que la envolvían, pero no encontró sentido en ponerse a discutir con otras personas, y no tuvo que hacerlo: la rubia, al hablar y comentar sus intenciones, pareció silenciar a todos por ella.

Observando a la rubia, no pudo evitar sentir un sentimiento de familiaridad que no llego muy lejos al escuchar un revoloteo, miró hacia el cuervo, que ya se encontraba saltando en su dirección.
- ¡Ah! – repuso Malina, observando curiosa al cuervo acomodarse en su hombro; pequeños recuerdos de Ki Nao la invadieron, y no pudo evitar creer que de un momento a otro, el cuervo iba a hablar de verdad, justo como aquel gato.

Falso a sus expectativas, el cuervo hizo todo lo que pudo hacer: chillar, y mucho, tanto que empezó a incomodarla, dibujando una sonrisa nerviosa en su rostro.
La pregunta del Capitán al cuervo la hizo mirarlo de reojo por un momento, se le hizo gracioso como alguien que parecía tan caballeroso hace poco perdió toda decencia en un instante por su mascota, no era sorpresa, sin embargo, pues a veces incluso su dialecto cuidado se veía apartdo ante algunas situaciones o personas. Sus ojos se encontrarón con los de Earl ya que el cuervo no se callaba, y aunque su mirada siguió sin pasar de ser neutra, el hombre pareció comprender finalmente para que ella estaba allí, volviendo a esa actitud amable y ofreciendole asiento con un gesto, el cuervo se tranquilizó ante esto y volvio felizmente al hombro de su amo.

Malina se sentó, estaba en un punto medio de no estar convencida del todo por el hombre que sería el Capitán, tenía apreció por la disposición del mismo, pero no era lo que esperaría de un pirata, y menos cuando el que conoció en la embarcación que había tomado se puso a dispararles a todos sin prevío aviso. Sus pensamientos no pudieron correr mucho más allá, junto a la llegada de un tercero, un hombre con sombreros y pistolas – "Que obvio" – pensó la joven, al mismo tiempo que aceptaba que no podría tener tiempo para ella en una taberna, y menos en una mesa de un hombre que estaba reclutando gente para una expedición.

Todavía sin emitir un comentario real, el momento pareció llegar a ella cuando Earl le ofreció una bebida, la naturaleza algo desinteresada que el hombre tenía con ella por alguna razón la hizo sentirse cómoda, ya podía dibujar dos paralelas hacia él: ambos podrían parecer una cosa, pero seguramente en el fondo eran más otra, y claro, las groserías, todos perdían el control de su lengua alguna vez.
Después de que el hombre de armas se presentara, vio en acción a la rubia,se llamaba Artot y llevaba navegando cinco años, eso sonaba impresivo, especialmente por su apariencia y comportamiento, parecía estar rodeada de piratas que no eran tan piratas. No le prestó demasiada atención, lo máximo siendo tan solo una sonrisa y un saludo alzando la mano cuando Artot se presentó a ella.

Una mesera se apareció por la mesa, preguntandoles a todos que querían, bueno, a todos menos al hombre con sombrero, él se levantó y se fue a otro lado un momento, ¿al baño, tal vez? no importaba.
- Quiero té – movió suavemente los labios, hasta que sus propias palabras alcanzarón su mente más que sus oídos, ni por chiste iban a tener té en una taberna.
La mesera , sin distorsionar la cara, pero callada, tan solo asintió con la cabeza.
- Entendido, señorita – la mesera se dirigió a Artot, Malina ni siquiera llegó a escuchar que pidió está ultima aunque se encontraba casi a su lado, todavía estaba procesando que tuvieran té en una taberna.

Luego de tomar sus pedidos, la mesera se retiró, en ese corto tiempo, Artot procedió a venderse aún más, parecía una persona experimentada en exceso. Intentando no incurrir en una conversación que no era suya, le dedicó su atención al grupo que tocaba, no era la mejor de las músicas, pero era agradable.

La mesera llegó, dandole el vaso de cerveza a Artot, el olor dulce no escapó a la nariz de Malina, que estuvo tentada a solicitar la misma cerveza ahora, pero probar su té borró cualquier rastro de deseo por otra bebida en ese momento. Después de disfrutar de un par de sorbos el vaquero mostró de nuevo su rostro, y justo como ella y Artot, tenía una bebida en mano. Y un hacha en la otra. Malina alzó la ceja, apunto de preguntar sobre esto, pero una niña se acercó por detrás al vaquero y empezó a tirar de su gabardina, justo como hacen los niños y niñas pequeñas cuando están a punto de rogarles a sus padres que les compren algo.
La pequeña le agradeció al hombre, algo de quitarle un cerdo de encima, Malina se imaginó a la pequeña aplastada, de verdad, por un cerdo súper grande y pesado que no se podía quitar de encima sola. La pequeña que parecía consciente de como le miraban los demás y le reclamó al vaquero que no le gustaba eso precisamente, calló luego de advertirle y su mirada cayó justo sobre el Capitán, una alegría jovenil pareció invadirla mientras se presentaba, casi como admiración.
Después de su corta y precisa introducción, ojeo al vaquero, al Capitán, y después a mí, no me dijo nada ni tampoco me observó demasiado, solo lo suficiente, el último blanco de sus ojos fue Artot, a quien le ofreció tanta atención como a mi.

El grupo que se estaba formando se le hacía cada vez menos apropiado para el trabajo y más extraño, pero eso era justo lo que la mantenía ahí, le parecía interesante ver y poder ser parte de lo que fuese que le podría ocurrir a un equipo como este. Luego de saborear más de su té, miró al Capitán y finalmente decidió dirigirle la palabra, yendo directo al punto.
- ¿Y cuando partimos, Capitán Earl? – preguntó sin miedo ni previo aviso, impaciente por zarpar a lo que el destino le ofreciera.
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Re: [Campaña] La Ciudad de Oro, Dinas Aur.

Mensaje por Lia Redbart el Dom Dic 30, 2018 1:45 pm

Cuando oyó lo que se cocía y, sobre todo, vio a ese hombre ir hacia una mujer con apariencia bastante aniñada, o tal vez una joven, Lia se levantó con presteza, lista para ir a defenderla de aquel tipo. Odiaba a la gente que hacía eso, a los que creían que podían acosar a la primera muchacha que veían. Realmente les deseaba lo peor, y esperaba que el hombre que también había saltado terminara con él. No podía saberlo, ya que un guardia los instó a irse fuera si querían zanjar la disputa, porque si no iba a detenerlos a ambos. Aquello hizo que frunciera el ceño, algo enfadada, ya que creía que lo justo era echar al que había acosado a la chica, pero no al otro, que lo único que había hecho era tratar de detenerlo

Lia no podía entender qué necesidad había de hacer aquello. No era, para nada, la forma más cortés de dirigirse a una mujer, ni la más indicada para cortejarla si era lo que quería. ¿Tal vez fuera una muestra de superioridad el hablarle así? ¿O una prueba a ojos del hombre de que era el más “macho” del corral, o del lugar mejor dicho? Ella, que había crecido en un barco pirata y que comprendía mucho mejor a la fauna que podría encontrarse allí que mucha gente, no sabía por qué algunos se veían en la necesidad de dirigirse de forma intimidatoria a una mujer cuando lo que querían era, por no decirlo de forma demasiado burda, llevarla al jardín. Seguramente no fuera el hecho de irse con una mujer lo que buscaban, sino el tener a alguien bajo su poder, a alguien que les temiera e hiciera lo que querían sin rechistar, aun cuando dentro de si estuvieran horrorizadas por aquello. Seguramente fuera eso.

Por su parte, mientras ambos hombres estaban fuera, ella se acercó a la mujer. Entendía que ese tipo le podría haber hecho daño retorciéndole el brazo, y quería asegurarse de que estuviera bien. Se situó a su lado, y con una mirada determinó que, si bien tenía una apariencia aniñada, era muy posible que no fuera una niña. Odiaba al tipo de gente que por creerse superior a otros pensaban que ya podían abusar de ellos como quisieran, como había sido el caso con ese hombre y la mujer a cuyo lado estaba. Había encontrado a unos cuantos de esos, por desgracia en según qué tipo de embarcación abundaban, y había tenido la suerte de desembarazarse de ellos, la gran parte de las veces con un disparo o dos, otras de ellas con simples amenazas de tiros en la frente o en la entrepierna. A veces perder su hombría los asustaba incluso más que perder la vida.

―¿Estás bien? ―le preguntó.

Después de eso se dirigió hacia el capitán. Vio que ella se había ido allí, y la siguió. ¿Así que buscaban lo mismo? Interesante… muy interesante. Esbozó una media sonrisa antes de ir hacia la barra, aunque antes de dirigirse a él directamente pidió algo para beber. Algo que había descubierto hacía poco, y que le gustaba bastante, que se trataba de un ron bastante condimentado con cítricos, en concreto piel de lima y algo de naranja. Dio un par de sorbos, disfrutando de ello, y después de eso se le acercó. La que presentaba era una oferta interesante, muy interesante. Ir en busca de un tesoro perdido era una de las cosas que, de niña, Lia había soñado. A esas alturas había dejado de creer en tesoros perdidos, pero a la vez necesitaba embarcar y navegar, hacerse a la mar de una vez, y durante un tiempo largo, así que aceptaría la oferta y vería si el capitán la aceptaba en su barco o no.

―Capitán Halcón. Mi nombre es Lia Redbart. Podría decirse que llevo un par de décadas a bordo de un barco, sin mentir, aunque esa sea mi edad. Puedo desempeñar casi cualquier tarea en uno.

Sonrió con suavidad y se quedó cerca de allí, sentada, detallando al grupo que parecía haberse interesado en lo mismo. Estaba esa mujer con apariencia aniñada, otra mujer de cabellos violetas y una pálida, además de hombre que había defendido a la primera, el que parecía un vaquero. Asintió con suavidad antes de dar otro sorbo de su bebida, que poco a poco descendía. Decidió que solamente tomaría uno: lo justo para ponerse a tono, pero no bastante como para embriagarse y empezar a hacer algún tipo de tontería de la que más tarde era seguro que se arrepentiría.

Miraba toda la taberna con ojos vigilantes. No quería que se repitiera lo ocurrido con Zeena, como había oído que se llamaba esa mujer. Discretamente, ocultándolas entre su cuerpo y la barra, sacó una por una ambas pistolas para comprobar que estuvieran cargadas pero con el seguro puesto. Efectivamente, era así, por lo que las guardó enseguida, tratando de evitar que nadie las viera. No iba a alarmar a nadie antes de tiempo.
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Re: [Campaña] La Ciudad de Oro, Dinas Aur.

Mensaje por Bennett el Mar Ene 08, 2019 7:57 pm

"Discúlpeme un momento, Capitán"
Earl alzó la mirada, viendo al vaquero con una mirada neutral, sin aprobar pero sin negarle el momento al vaquero. Ante esto Frank reaccionó con igual neutralidad, y tan solo se alejo de la mesa un momento, para todo lo que Earl sabía, tal vez el tipo solo iba al baño a mear.

Mientras Frank hacía de las suyas, Earl permanecía en la mesa, escuchando el encantador y hábil palabreo de Artot. Tan lista como se mostraba, hizo su jugada en cuanto se acercó una mesera para tomar sus pedidos, pedir una pinta de metheglin funcionó y sabía que había funcionado por como el Capitán alzó una ceja cuando la escuchó pedir eso. Sin embargo, la atención del hombre desvió un poco pronto a Malina, pidiendo té. ¿A quién se le ocurría pedir té en este tipo de taberna?
Bueno, excepto que sí tenían. Alzó un poco los hombros, y Artot, viva, volvió a tomar su atención para continuar vendiéndose al capitán. La escuchó sin interrupción, dando un sorbo ocasional a su cerveza y llevándole un poco a la boca a su cuervo. Sería bueno tener una médico en el barco.

La mesera regresó pronto con los pedidos de cada una. El Capitán espero a que Artot diese su alegre sorbo para hablar.
Si te soy honesto, no tenía la mejor impresión tuya, muchacha. Algo pálida, pero lo entiendo si haz estado en tierra unos años... pero —dijo desviando su mirada a Malina—, tú estás más pálida todavía... y hablas poco. No pareces muy apta, pero no te voy a sacar tampoco, cada quien es responsable de su vida, después de todo.

Antes de que Malina pudiese responder a esto, el vaquero regreso a la mesa, con cerveza y hacha en mano. Ambas cosas que no tenía al pararse antes. Curioso, pero agradable, probablemente acababa de matar a un hombre o algo así, eso era más que suficiente para que Earl lo quisiera en la tripulación también. Casi podía ver lo que consideraba que le faltaron a sus antiguos hombres, hombría... y una niña pequeña atrás de él...

La niña se puso junto al vaquero y rápidamente se presentó, con una sonrisa dulce en el rostro, aunque era ligeramente capaz de notar que la pequeña estaba intentando evitar eso justamente. Earl esbozó una sonrisa cuando Zeena termino y se dedico a observar a las otras personas en la mesa, preguntándose a sí mismo si esto era una especie de broma.
Cada quien es responsable de su vida... toma asiento —musitó tomándose el último trago que le quedaba a su vaso, como intentando razonar consigo mismo sobre aceptar a una niña en la tripulación. Puso su vaso abajo y encontró a Malina mirándolo, por fin con algo más que desinterés o neutralidad.

- ¿Y cuando partimos, Capitán Earl? – preguntó Malina. La sonrisa de Earl se abrió más, mostrando un poco sus dientes, el tono de la mujer y que eso fuese lo primero que le dijera durante todo el tiempo que pasó sentada en la mesa se le hizo interesante, parecía el tipo de mujer con carácter.

Hablando de mujeres, otra se aproximo a la mesa. Una señorita estilizada, de pelo blanco... no, no blanco, dando un segundo, mejor vistazo, pudo discernir que solo era un rubio en exceso pálido. Sus ojos azules, bien balanceados entre frío y calor; un poco más de calor que frío, seguramente producto de que estuviese llevando un ron en la mano.
Lia... Redbart... Redbart... —repitió inclinándose en su silla, empezando a mecerse para intentar recordar de donde le sonaba ese nombre, u ese apellido. Al final fue incapaz de recordar, al ojear fugazmente las pistolas de Lia sonrió para sí y empujo su cuerpo hacia adelante para hacer que las patas delanteras de la silla golpeasen el suelo nuevamente, una forma de llamar la atención de todos los que estaban con él en la mesa—. Veo que vas armada. Bien.

Earl se levantó de su silla y dio una pequeña vuelta a la misma, pateándola suavemente abajo de la mesa para colocarla en su lugar, antes de sonreír a los presentes, repasando nuevamente que tenía a, como la llamaría por ahora, la mujer del té, a Artot, a Frank, una niña pequeña y a Lia. Viéndolos por lo que cada uno eran, parecía un grupito salido de un gremio extraño de mercenarios a una misión suicida. La sonrisa del hombre se trastornó un poco y clavo las manos en la mesa, con su cuervo dando un único chillido.
Bienvenidos todos a bordo. Partiremos en cuanto terminen sus bebidas. Les contaré los detalles específicos cuando estemos en mi barco, donde... —alzó la mirada, clavándola atrás a los chismosos que miraban hacia la mesa—. No hay orejas ajenas.

Earl retiró lentamente las manos de la mesa y gritó para que le trajeran la cuenta de las bebidas. Pronto el mismo enano de antes vino corriendo, asintiendo con la cabeza.
Son.. —el pequeño enano tragó saliva, con cierto miedo de decirle la suma al hombre. Ante eso tomo una silla y la arrastró, se puso de pie en ella para poder estar a la altura de Earl y le susurró en el oído.

La cara del capitán no se alteró demasiado, tan solo abriendo un poco más los ojos como en ligera sorpresa. Se separó del enano y se llevo los dedos para dar un audible silbido.
¡Rudi! ¡trae el cofre! —exclamó.

"Rudi", como se dio a ver cuando salió entre las personas cargando un pequeño cofre, era un orco café que golpeaba los dos metros noventa de altura. Tenía una larga barba blanca pero iba afeitado en la cabeza, y como era común en su raza, músculos grandes y definidos. Por la poca ropa que llevaba tenía unos pantalones blancos abombados y botas de cuero, sus brazos tenían variedad de tatuajes, todos distintos, desde ojos, imágenes de armas a objetos más comunes, como incluso una aguja. Su pecho solo estaba cubierto por cantidad de cicatrices, llamaban más la atención dos sobre su pectoral izquierdo, y a juzgar por la forma, para los que conocían o habían visto ese tipo de herida antes, eran cicatrices dejadas atrás por balas.

El orco se detuvo estoico frente al enano, y dejo caer el cofre sobre el mismo. El enano atrapo el cofre a duras penas, aunque por el golpe que sufrió al caer en sus brazos se abrió un poco, revelando una buena suma de krulls. El enano rápidamente llevo su mano arriba y cerro el cofre, para evitar que alguien más pudiese ver que tanto había dentro, se bajo de un salto de la silla y corrió detrás de la barra, pasando por una puerta a la que solo tenían acceso los trabajadores del lugar.

Ire a atender unos asuntos antes de partir, ya saben, para evitarnos problemas —sonrió casi juguetón al grupo—. Rudi, cuando terminen guialos al barco.
—respondió sin nada más, casi ausente y cruzándose de brazos.

Así, Earl salió del lugar caminando mientras se reía un poco, dejando a Rudi cruzado de brazos junto al grupo, el orco esperando paciente a que terminaran sus bebidas para guiarlos a la embarcación del capitán.
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Re: [Campaña] La Ciudad de Oro, Dinas Aur.

Mensaje por Frank Morgan. el Lun Ene 21, 2019 2:29 am

Nadie parecio molestarse por lo que ocurrio en el duelo; bien. Por un momento temi que el sujeto tuviese algun amigo o alguien con quien pudiese entrar en conflicto por haberlo matado. Aparentemente ese no era el caso. Supongo que los pedofilos no tienen muchos amigos. Aun asi, mientras mas rapido partiesemos al barco del Capitan mejor, que no queria correr riesgos innecesarios. Pensando en eso, no pude evitar mirar hacia abajo para observar mejor mis nuevas hachas. Eran dos hachos de una mano, las estaba sosteniendo a ambas por el mango con la diestra mientras que con la zurda sostenia una cerveza. Bueno, me dia cerveza, que tenia sed la verdad; el clima me estaba matando con toda la topa que llevaba encima. Entre mi muy justificable paranoia de todos los dias y el hecho de que ahora corria un poco mas de riesgo que antes de que me apuñalen por la espalda, no sentia deseos de remover ni una sola piesa de ropa de mi cuerpo, aunque desde luego eso tenia sus desventajas. Solo el chaleco protector ya estaba matandome, y para colmo el sombrero me estaba cocinando la cabeza ¿Por que no me saco el sombrero, preguntaran? Simple, me gusta ese sombrero, y no tengo donde ponerlo.

De repente siento algo tirando de mi atuendo un par de veces. Primero mire de reojo disimuladamente; tal vez mi duelo (si es que a eso se lo podía haber llamado duelo) de antes no fue tan bien recibido como me hubiese gustado y ahora habia un par de marineros enojados conmigo que querían saldar cuentas. Afortunadamente paso lo que menos me esperaba: por una vez en mi vida no ocurrio el peor resultado posible. Era la niña de antes, la que habia ayudado…y ahora que la escuchaba de cerca quedaba claro que era todo menos una niña. Su voz era mucho mas gruesa de lo que uno se esperaría para una infante. Debia tener unos 20 años minimo (tampoco es como que quisiera tentar suerte y arriesgarme a cometer el peor error que puede cometer un hombre: preguntar la edad de una mujer). Quizas tenia la complexión física de una…pero no demasiado. Se veía mas alta de cerca, y otra cosa que pude apreciar apenas la vi fueron sus musculos. No parecía alguien que fuese mucho al gimnasio; sus musculos eran los de alguien que lleva mucho tiempo realizando actividad física dura. Tambien habia claros signos de alabinismo, y e liris de sus ojos (o mas bien, ojo) era… peculiar, cuanto menos. Digo, incluso sin contar el parche que cubria uno de ellos, algo ya bastante raro de por sí, el otro era color rojo. Eso no es normal.

Aun asi se veía un poco nerviosa, su piel era demasiado blanca como para poder disimular fácilmente el enrojecimiento de su cara. Posiblemente no le gustase la idea de tener que agradecerle a un desconocido, y pude entenderla, de modo que no le di muchas vueltas. – No hay por que ¿Cómo esta tu brazo? – Fuese un cerdo o no, ese hombre tenia una buena musculatura, y eso tenia que apreciarse. Claramente debio haberla sujetado con bastante fuerza para evitar que se escapase. Fuese una niña o una adulta, su complexión física seguía siendo delgada independientemente del musculo que tenia, de modo que al menos debio haberle dejado una marca. Bueno, no debio ser nada muy doloroso a juzgar por la falta de quejas.

Intente no reirme ante su advertencia. No es que la estuviese menospreciando ni mucho menos. En esos momentos, esa chica bien podría haber sido una asesina del mas alto nivel que engañaba a sus victimas con un aspecto infantil. Pero aunque ese fuese le caso, simplemente funcionaba demasiado bien; se sentía como ser amenazado por una niña. Por mucho que me mantuve estoico cual roca en el exterior, no pude evitar pensar que era adorable. Desde luego todo se fue a la mierda cuando ella se dio la vuelta y fue caminando lo mas campante hasta la mesa del Halcon. No podía ser un accidente ni un error, habia mucha decisión en su andar y estaba seguro de que la cara del Capitan ya era lo suficientemente reconocida como para evitar esta clase de malentendidos. Estaba claro lo que estaba pasando: la mujer (no niña, eso ya me quedo claro) estaba buscando que el buen Capitan la reclutase, igual que todos los que estábamos allí presentes. Zeema Samaha, asi se llamaba; mis sospechas quedaron confirmadas. Con toda la adrenalina del duelo casi me habia olvidado por un momento lo que venia a hacer a esa taberna, pero por suerte el Capitan no. De hecho, casi pude sentir una mirada aprobatoria con respecto a mi modo de resolver el problema del pedófilo. No creo que haya sido por que aprobase mi postura ética con respecto a esos temas, sino mas bien mi capacidad de acabar tan rápido con una vida humana. Bueno, en ambos casos esa opinión positiva me era útil, asi que no podía quejarme.

El viaje no tenia pinta de irse a retrasar mucho mas. Todos los invitados tenían animo de seguir irse ya al barco, desde la mujer de pinta elegante hasta la niña. Un nuevo invitado apareció para unirse, y la chica de ropas finas se presento como Lia Redhart y aparentemente tenia un cierto nivel de experiencia en barcos. De hecho, no me sorprendería que los musculos de Zeema fuesen por mucho trabajar en barcos, simplemente era lógico. En ese sentido…no me sentía muy seguro. Es decir, soy bueno matando; excelente incluso. Soy astuto, soy pragmático, tengo nervios de acero, bolas de diamante y todas esas tonterías; y voy armado hasta los dientes. Pero el ambiente donde íbamos a luchar seria el océano…mi entrenamiento militar no se extiende para cubrir demasiado esa particular zona del mundo. Se nadar y no me mareo en barcos; eso es lo mejor que puedo decir sobre mi experiencia en combate marítimo. Espero que alcance.

El Capitan finalmente pago la cuenta y se retiro. Bueno, pagar la cuenta es un eufenismo, pero no necesariamente erróneo: su asistente le tiro un cofre lleno de dinero al enano que vino a cobrarlea; al menos el buen Earl pagaba sus cuentas. Sobre su asistente en particular habia un par de cosas que destacar. Su barba denotaba edad, pero siendo un orco todavía gozaba de una musculatura y una fuerza física muy superior a la de casi cualquier raza conocida. Las heridas denotaban experiencia; el hecho de que siguiese vivo teniéndolas indicaban tenacidad. Incluso reconoci un par de heridas de disparo peligrosamente cercanas al lugar donde estaba su corazón. Definitivamente se trataba de un marinero experiementado y un guerrero de pesadilla…y se llamaba Rudi. En serio, no estoy jodiendo, el tipo se llamaba Rudi. No se si es una chiste que manejan con el Capitan o que sus padres fueron particularmente crueles como para llamar con el mismo nombre que le pondrías a un perrito. Sobra decir que no soy tan idiota como para reirme del asistente del capitán (mas aun este siendo un puto orco), de modo que me limite a saludarlo con un movimiento del sombrero y una sonrisa.

Para cuando el capitán le dijo a Rudi que nos guiase al barco una bez terminados nuestros asuntos, ya no habia cerveza en mi vaso. –Yo estoy listo, parto cuando me digas.- Le comente, mientras esperaba a mis nuevos compañeros. Dado que nadie habia sido visiblemente rechazado supuse que todos habían pasado la prueba inexistente y ahora eramos una nueva tripulación.
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Re: [Campaña] La Ciudad de Oro, Dinas Aur.

Mensaje por Strindgaard el Miér Ene 30, 2019 4:23 am

Apoyé un brazo en el respaldo de la silla, con total normalidad, y bebí con aplomo mientras más y más gente se iba sumando a la campaña. El sake no me borraba la media sonrisa de la cara y saludé con un cabezazo a quienes aparecieron después de mí.
Mi nombre es Artot, compañeros. —Alcé la jarra y le di otro sorbo antes de dejarla. Por mucho que quisiera debía hacer un alto si no quería terminar siendo arrastrado al navío en calidad de bulto—. Un gusto.
Después de que el capitán se levantó arrastré un tanto los pies y me levanté también, no sin antes echar un vistazo a quienes serían las caras que vería por los siguientes días. Un sureño salido del desierto, una turista pelirosa, una noble vestida para una velada en el palacio más cercano, y una niña con las pistolas de sus padres… Enarqué una ceja. La niña tenía un aire conocido.
Lo bueno de poder cambiar de apariencia es que junto con ello también cambias de amigos y enemigos. Si alguna vez nos habíamos encontrado, seguro no fue con mi máscara femenina, pues la he usado muy pocas veces.

Me escurrí por las mesas y llegué a la barra. Le hice una seña al enano para que me atendiera.
Llevaré algunas provisiones. Cóbrate del cofre del capitán.
Comencé a enlistar una serie de alimentos que servirían para el viaje, como queso maduro, carne seca y pescado ahumado. Un pequeño barril de cerveza de papaya, una botella de vino y dos de ron. También aproveché de pedir un enorme pernil de cerdo que tenían tras el mostrador y una bota de vino de bonita elaboración que colgaba de un poste al lado de la puerta que llevaba a la cocina.
Esa no está en venta, mi señora.
Venga, haz una excepción. No quisiera tener que decirle al capitán Earl que la bota de vino que me pidió no me la quisieron vender.
De la misma manera que una llave mágica sirve para abrir muchas puertas lo era el nombre del Capitán Earl. El enano me entregó todo en un macuto, excepto el pernil, que era demasiado grande.
No te preocupes, este lo guardaré aquí.
Hice un floreo con la mano derecha, pero no era más que una pantomima, de mi sombra apareció mi Equipaje, un baúl hecho con madera de roble y afianzado con correas de metal. Su tapa se abrió y en su interior el enano pudo apreciar ropa, un par de cuadernos y unos cuantos cachivaches. No tenía ninguna intención de mostrarle a la taberna que poseía, o más bien me acompañaba, un mímico.



Metí el pernil y cerré la tapa. Equipaje también merecía comer de vez en cuando, y así los tripulantes del navío no desaparecerían inexplicablemente.
El baúl me siguió taberna afuera mientras me encaminaba a mi siguiente parada.


Para un demonio el dinero no es un concepto para nada extraño, en el infierno también se acuñan monedas, aunque hay algunos que prefieren pagarse con almas. Para mí tener que cargar un par de kulls me aligeraba la pesada carga diaria de tener que lidiar con las otras razas y sus costumbres por intercambiar bienes por pedacitos de minerales tallados.
El problema era que me encontraba sin un duro y con las manos vacías una persona común poco y nada podía hacer para agenciarse los materiales para un viaje. Por suerte yo no era alguien común.
Robé una piedra para amolar de un puesto en el mercadillo cerca del puerto, un par de dagas, un puñal y unos aretes bastante bonitos a una joven estudiante que paseaba junto con su novio a las afueras de una posada. Luego simplemente me di a la fuga volviéndome invisible. Aproveché el conjuro para robar una manta para las noches y un par de blusas que me vendrían bien para el calor de altamar.
Finalmente tomé de un puesto una pañoleta. Mientras escogía cual llevar, Equipaje se escabulló por detrás del tendedero y se lo comió. Cuando lo hizo miré hacia otro lado, pues en Malik Thalish suelen decir: Si no lo veo, no sucedió. Aunque no estoy muy seguro de que eso también se aplicara en la isla.

Llegué pasada una hora al navío. Algo cargado, pero listo para la aventura.



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Re: [Campaña] La Ciudad de Oro, Dinas Aur.

Mensaje por Bennett el Miér Feb 13, 2019 4:19 am

Cuando Frank habló Rudi permaneció estático y estoico por varios segundos, antes de dirigir su mirada al vaso vacío de cerveza. Sin decirle nada al pistolero el orco solo asintió con su cabeza y volvió su mirada al frente, esperando que los demás finalizaran sus bebidas también.

Con Artot levantándose de la mesa la expresión de Rudi cambio tan solo un poco por unos instantes, mirándola solo el tiempo que pudo antes de que se perdiera entre otras personas en el lugar. Sabría ella que estaba haciendo, no le habían mandado exactamente a vigilar a nadie, solo guiarlos.

En el pequeño desvío tomado por el demonio ilusionista, el resto terminó su bebida y sin palabras en la mesa -tal vez contagiados del silencio de Rudi- simplemente se pusieron de pie y le siguieron hacia el puerto.

En el mismo se encontraba un barco no demasiado grande pero en buen estado; una persona tras otra bajaba del mismo, todos cargando cajas de madera que lucían pesadas por como la mayoría que salía iba algo doblado y caminando a duras penas. Los tablones del barco era una madera oscura que claramente había sido sacada de los mejores robles. Sus mástiles eran altos; con dos o tres grumetes en cada uno haciendo su labor de limpiarlos, y las velas, perfectamente limpias, el más puro blanco. Su proa estaba decorada con la figura de una sirena preciosa, una obra de arte separada a la que ya era el barco, una en su propio derecho. Si hacer el barco había tomado el trabajo de muchas manos y mentes increíbles en albañilería marina, entonces había tomado un número igual de manos de mentes increíbles en escultura para aquella sirena.
Pero ese no era el barco de Earl.
Rudi apuntó a un galeón de tres palos amarrado en segunda andana, no una menor obra de arquitectura, pero si menor en pulcro en cierto sentido. Los tablones bien o eran de una madera rojiza o o se había teñido de sangre tantas veces que había adquirido un aspecto medianamente carmesí. En algún lugar se podía apreciar tablones menos oscuros, lo que demostraba reparaciones hechas al navío. 8 cañones decoraban sus costados y para aquellos que se tomaran la molestia de ver mucho más arriba, encontrarían que el cuervo de Earl descansaba en el (palo) mayor. Las velas del barco eran cuadradas, con dos de ellas de un color grisáceo oscuro, para los que conocieran el material aún estando recogido, se trataba de Piel de Grandielago. El castillo de proa tenía una decoración algo ambigua, siguiendo patrones extraños e indiscernibles que casi apuntaban a un non sequitir visual, excepto para aquellos que poseyeran conocimientos no solo de cultura enana sino ingeniería rúnica.

Rudi se detuvo en la escalerilla y se dio vuelta, cruzando sus enormes brazos y clavando su mirada en el grupo como para impedirles avanzar más y subir al barco hasta que Earl no regresará. Poco fue lo que duro en esa posición cuando desde la cubierta se escuchó un estallido de diversas risas. Rudi arrugó la cara y se masajeó el entrecejo, rindiéndose y empezando a subir la escalerilla a lo que hizo un movimiento con la cabeza indicándole al grupo que podía subir.

La cubierta no era muy diferente a los costados del barco sino peor, allí si se había derramado sangre de una forma u otra, tanto en barbor como estribor habían 3 ballestas descansando y apuntando afueras, con un par más tanto en el castillo de proa como en el castillo de popa. Pero claramente, unas ballestas no podían reírse ni hacer ningún ruido si no estaban siendo operadas.
Frente al mayor se encontraban tripulantes del barco, sentados en círculo alrededor de uno de aproximadamente solo metro y medio de altura, de piel tostada y con un ojo cerrado por una enorme cicatriz vertical corriendo su cara, penetrando incluso sus labios y deteniéndose muy cerca de la barbilla. Llevaba una camisa blanca holgada con una manga arrancada, pantalones negros abombados e iba descalzo, su ojo sano era de color verde, y sus cabellos eran algo rizados y oscuros. El pequeño hombre estaba de pie en la baranda de una escalera que daba abajo, agitando una espada bastarda y danzando, dando saltos con un evidente equilibrio por la manera en la que caía y no se tambaleaba.

Entonces le estoy preguntando a Barry, "¿Cómo perdiste esa pierna?". y me responde "Pelee con un tiburón", le pregunto cómo perdió su mano izquierda y me dice "una pelea contra la tripulación de Bajas Señorita", y veo el parche de su ojo y también le pregunto —apuntó su espada—, ¿y saben que me responde?
El grupo que le rodeaba calló, esperando la respuesta.
"Una gaviota me cago en la cara" y le digo "eso no es tan increíble como las otras dos", entonces me dice, "aye, es que era mi primer día con el garfío".
Los que le rodeaban estallaron de risa de nuevo, golpeándose las piernas o al que tuviesen al lado, mientras el que había contado la historia se agachaba riéndose fuertemente también.
Roger.
Y todos callaron con un sobresalto, dándose vuelta para ver a Rudi. Varios se pusieron de pie en ese mismo instante y salieron corriendo por la cubierta como si el Foso se abriera bajo sus pies, tomando trapos y escobas para ponerse a limpiar y barrer, mientras que otro corrían escalera abajo, posiblemente a atender la cocina, otros hábilmente parecían empezar a escalar por los mástiles, pero se detuvieron cuando Rudi habló otra vez.
Todavía no partimos... pero sí, sigan limpiando, pronto estará aquí. Estos son los nuevos tripulantes. Ya tendrán tiempo de conocerlos .
Roger saltó de la baranda y se apoyó lentamente de ella, mirando de arriba a abajo a todos desnudándolos con la mirada y soltando "hmmm" de distintos volúmenes según encontraba a unos más atractivos que los otros, entonces los saludó con la cabeza.
Carne fresca. De saber que anuncios por tripulación conseguía tantas chicas podríamos haber hecho esto hace mucho.
Sí. Nadie hubiese pensado que sería tan fácil conseguir alguien de tu tamaño —respondió de mala gana mientras se encaminaba a las escaleras para bajar, mientras lo hacia varios grumetes limpiando fueron rápidos para posar sus ojos sobre Zeena y estallar de risa de nuevo al comparar el tamaño de la chica con el de Roger.
OH —exclamó entre risas a sí mismo—, maldito Rudi. Siempre que una suela nueva pone pie en esta cubierta hace algo así para lucirse, pero ya me las pagará —dijo girando su espada con una media sonrisa y acercándose al grupo—. Soy Roger, nuevecillos. Veo que les interesa la excursión, así que bienvenidos —abrió los brazos con una sonrisa mucho más grande y menos preocupante que la que había ofrecido cuando mencionó descobrarse de Rudi—, pero por ahora...
Roger se llevo los dedos a la boca para dar un silbido, y señaló con la cabeza a una serie de grumetes que se acercarán. Les quitó escobas y trapos para entonces ponerlos a manos de Frank, Lia, Zeena y Malina.
A limpiar. Me da igual quienes sean, cuando Earl venga ya verá él que rayos los pone a hacer, entonces les enseño los camarotes —se puso de puntillas, subiendo una mano para susurrar—, de verdad, que Rudi no los vea allá abajo sin permiso —giro la cabeza empujando el labio inferior afuera, alejándose unos pasos y dando una asentida algo más diagonal y veloz—, les, les estoy guiñando el ojo. Jejeje —rio por lo que creyó un excelente chiste, guiñar el ojo con el que tenía vuelto mierda por la cicatriz encima.

Así el hombre bajo se alejo unos pasos y volvió a sentarse en la baranda, llamando con el dedo a aquellos grumetes que les quito sus herramientas para darlas al grupo, y simplemente siguió contándoles historias y chistes que posiblemente solo provocaría risa a otros piratas.

Mientras el grupo limpiaba; ya fuese de buena gana o a regañadientes porque les estaba mandando un bajito, Earl iba camino al puerto tras haber atendido sus asuntos. En su camino de vuelta consiguió con la mirada una figura ligeramente familiar, se le hacía tan solo una impresión, pero al acelerar el paso y estar a un lado reconoció su cara, era Strindgaard, o mejor dicho, Artot. Solo que un "poquito" más cargada, un poquito quería decir con un morral de más, una pañoleta nueva y dos bonitas dagas una a cada costado.
Pero si es la preciada médico de mi tripulación... y... con un nuevo par de dagas... —volteo atrás como si les siguieran—. Sabes, escuché a alguien quejándose y mirando a los lados, pegando gritos porque no conseguía sus dagas —insinuó con una sonrisa cortándose en una carcajada—, bien. Muy bien —su voz no era la de un hombre molesto sino lo contrario, sonaba como un padre orgulloso. Un padre orgulloso de que su hijo robará.

Sin decir nada más el hombre siguió camino al puerto hasta arribar, subiendo por la escalerilla y mirando a la rubia, solo para estar seguro de que estuviese siguiéndole y subiendo al barco junto a él. Una vez arriba alzó una ceja con una cara menos alegre, encontrándose con la gente que recién reclutaba limpiando.
Roger.
El pequeño hombre volteo al escuchar la voz de Earl, entonces corrió hacia él saltando por encima de uno de los grumetes que estaban sentados en el suelo escuchándole.
¿Sí?
¿Rudi?
Roger subió los hombros, pero lo hizo mirando hacia las escaleras que daban abajo.
Ve a buscarlo. Y trae a los demás.
Roger asintió con la cabeza y salió corriendo rápidamente abajo. Earl por su parte se acercó al grupo y les quitó las escobas y trapos, tirándolas a un lado para que los hombres que estaban escuchando a Roger las recogieran. Se alejo varios pasos de ellos y se dio vuelta con un brazo en la espalda y el otro recorriéndolo de un lado a otro a modo de mostrarles el barco.
Señoritas, caballeros. Bienvenidos a mi embarcación.

Tras unos minutos Roger volvió arriba con 5 personas más que le seguían, siendo estos seguidos a su vez de 4 grumetes. Earl pasó al frente y comenzó a presentar a sus oficiales uno por uno, no sin antes darse una introducción corta a sí mismo.
Ya me conoce. Soy Earl Thyme, y seré su capitán en esta embarcación. No espero más nada que su pura lealtad a mí persona y a mis oficiales.
Con decir eso alzó una mano y movió el índice, uno de los oficiales pasó adelante.
Ludlow Browning, lo llamamos "Dos Dedos", es el cocinero principal en este barco.
Ludlow se trataba de un hombre de edad avanzada o un severo problema de calvicie, tal vez ambas. De tez clara, aproximadamente de un metro noventa, con tres cicatrices cortas sobre los labios. Sus ojos son azules, y vestía con pantalones negros y botas, una camisa blanca de mangas largas y una túnica (medieval) verde con las mangas arrancadas. Verdadero a su apodo solo tenía el dedo índice y el pulgar en la mano izquierda, apretando el mango de un cuchillo entre ellos y corriendo otro cuchillo con su mano derecha para afilarlo. Apuntó a Frank con el cuchillo en su mano izquierda.
Un Deseh en el agua... irónico.
¿Y cómo sabes que es Deseh? —preguntó un hombre negro atrás de Ludlow.
Tiene un puto sombrero puesto.
El hombre de tez oscura rio con la respuesta de Ludlow y dio unos pasos al frente, saludando con la mano al grupo. Tenía el pelo largo pero recogido en una cola agarrada arriba de la cabeza; alto y fibroso, con las orejas perforadas por un par de huesecillos, llevaba tan solo un chaleco dorado abierto, mostrando tattoos de motivo tribal en sus pectorales y brazos. Sus pantalones eran blancos e iba descalzo, tenía una sonrisa que inspiraba agrado y viveza a pares iguales.
Soy el mejor cartógrafo y navegador en este barco. Me llamo Rochester —posó sus verdes ojos en Artot, apuntándola con un dedo imitando una pistola con su mano—, Roche para ti, corazón.
Algunos grumetes se vieron las caras riendo por el comentario de Roche, en sus menciones de cartógrafo y navegador, le falto también "lanzado de primera". Un bufido sonó atrás de las risas y avanzó adelante un enano de ojos ámbar con una pañoleta roja en la cabeza y una imponente barba blanca, sin camisa, en cambio adornando su pecho con mucho pelo blanco, algo panzón, pero con pectorales y brazos indudablemente fuertes. lucía un pantalón gris y botas marrones, junto a un cinturón del que colgaban al menos cuatro botellas de cerveza en tan solo la parte delantera.
Ni un albañil... lo que traen las olas —observó de uno a uno al grupo, no viendo madera de ingeniero en ninguno de ellos; entonces subió su tono de voz rápidamente—. Ridgeley Rockwood —desvió la mirada con una cara de mal humor horrible, dando un pisotón para que se aseguraran de escuchar como resistía ese precioso suelo—, sirvo como el contramaestre del barco, no los quiero ver profanando a mi hija, panda de inútiles —refunfuñó, entonces se dio vuelta y se fue caminando, murmurando más cosas.
¡Ridley! ¡Rid! —apuntó al frente con su dedo hacia Artot para comentarle, pero se rindió y dejo caer su brazo al ver que Ridgeley no le estaba parando pelotas en sus murmuras—, eh, ya le dirás.
Ludlow, Rochester y Earl voltearon a ver a Rudi, quién miraba al lado opuesto cruzado de brazos sin decir nada, de hecho parecía que no estaba prestando atención. Los tres juntos buscaron claramente a alguien más con la mirada, posando sus ojos en Frank. O mejor dicho, atrás de él.
Una figura femenina, de hecho la única que salió junto al resto cuando Roger había vuelto estaba atrás del vaquero, viéndolo con ansías. Una mujer morena alta de casi 1.70, algo musculada pero curvilínea, con buenas piernas y un pecho decente, de pelo negro largo hasta la espalda y ojos verdes claros, vistiendo una blusa blanca -convenientemente recogida en la parte atrás para descubrir su ombligo- y pantalones de cuero, con botas adornadas con algo de tacón; largas, suficiente como para que casi le llegasen a las rodillas. La mujer rodeo con sus brazos a Frank por detrás y lo abrazo.
Joder —soltó rápidamente al verla—, me dijiste que te gustaban los hombres blancos, cabrona.
Cállate —respondió en casi un rugido a Rochester, antes de volver a la espalda de Frank—, este es más blanco que tú... ¿cómo te llamas, jovencito? puedes decirme Lissie.
Tres putos meses que no me hace caso y viene este nuevo y me la roba. Necesito uno de esos —subió la mano y bajo la mirada suavemente mientras le guiñaba el ojo a Frank, una imitación de estar acomodando un sombrero falso y una felicitación de que le hubiesen puesto los ojos encima.
Lissie, suéltalo —la mujer asomó la cabeza por un lado poniendo una mueca y camino adelante dejando a Frank, pero claro, mientras le pasaba por un lado no dudo en acariciarle ese costado con los dedos—. Ella es... bueno, es Lissie "Confidencia" Preston; ladrona, mi mano izquierda, y ese orco que ven allá es Rudi —pausó un instante—. Solo Rudi.

Earl se despegó del mástil y se estiro, adoptando una postura más seria. Mandó a los grumetes a ponerse frente al grupo y se llevo un dedo a la boca viendo al grupo, antes de que una sonrisa medianamente macabra se adueñara de su rostro.
Niña —dijo viendo a Zeena antes de acercarse a uno de los grumetes y quitarle una pistola de mecha cualquiera de la mano—, dispárale en la pierna a este. Vamos, hazlo y te llamaré por tu nombre —se acercó a ella y dejo el arma en sus manos suavemente, invitándola con el brazo a hacer lo que había ordenado—. Frank, tú también, al del medio —entonces vio a Lia y le sonrió, viendo al tercer grumete. Este tercero tuvo un pequeño sobresalto al saber que le encasquetarían una bala en la pierna a él también, pero Earl comenzó a reírse y negó con la cabeza—, bromeo, tú no tienes que hacer nada —le dio palmadas a Lia en el hombro y se volteo a ver a Artot—, confió en que podrás atender un par de piernas con facilidad, ¿no? nosotros te supliremos lo que necesites para eso.

El capitán se alejo unos pasos y se volvió a recostar del mástil, cruzando un brazo e indicando con el otro su impaciencia por verlos cumplir con esas órdenes. Lissie inclino un poco la cabeza con una sonrisa viendo el arma de Frank, igual de impaciente por ver que podía hacer con esa pistola.
En cuanto se prueben Roger estará encantado de indicarles sus tareas del barco —sonrió, viéndolos—, permítanme darles la bienvenida de nuevo a mi embarcación, Primera Fortuna.
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Re: [Campaña] La Ciudad de Oro, Dinas Aur.

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