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[Campaña] La Ciudad de Oro, Dinas Aur.

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Re: [Campaña] La Ciudad de Oro, Dinas Aur.

Mensaje por Bennett el Mar Mar 05, 2019 5:09 pm

Luego del pequeño intercambio entre Lia, Rochester y sí mismo, Earl volvió la mirada al resto y alzó una ceja, antes de intercambiar miradas con Rochester al ver a Zeena acercarse al grumete, ¿era muy lejos para apuntar desde allí? eso parecía a los primeros tres pasos, pero Zeena siguió avanzando cada vez más, hasta estar frente al muchacho.
Eh... —fue todo lo que llego a escapar del confundido grumete, pues justo después vino el puñetazo al estómago. El aire se le escapó al instante y se dobló hacia abajo, parpadeando al escuchar unos suaves susurros y el cañón del arma siendo apoyado en su muslo.

- Siento que esto te vaya a escocer. No es nada personal

El olor a pólvora inundo suavemente el lugar, siendo mucho menos pasajera que el estruendo del disparo. Rochester se llevo las manos al estómago con una carcajada al ver la expresión de Zeena, y le dio un puñetazo a Ludlow en el hombro, cosa que el cocinero no recibió con demasiado agrado por su expresión, pero lo dejo pasar.

Para cuando Zeena comprendió que pasaba el grumete ya estaba acomodando su posición y viéndola.
—Iluso de mí que pensé que saldría como llegue, je —le sonrió con camaradería a Zeena.

Earl recibió la pistola de vuelta y la guardo, esperando a alguna palabra de Zeena, quien parecía todavía estarle dando vueltas al asunto. Cuando frunció un poquito su ceño supo que ya había terminado de pensar.
-  Preferiría que no me llamaras… “niña”. Pero no me esperaba que estuviera descargada
El puñetazo fue un toque encantador. No te preocupes, Zeena, te dije que te llamaría por tu nombre si disparabas... y lo hiciste.
¿Eso estaba preparado?
Sí, claro. Si puedes curar a uno puedes curar a dos, no era necesario.
Tras responder la pequeña duda de Artot, el hombre miro hacia Frank, era el único que faltaba y en ese momento se encontraba mirando su pistola, dando con la pequeña realización de que su arma estaba cargada. Lissie miraba con mucha más expectación que el resto, y no era muy difícil saber porque.
- ¿No hay otra forma más práctica de demostrar mi puntería y obediencia, verdad?-
Earl miro por un par de segundos al vaquero en silencio, antes de responderle con una sonrisa, llevándose la mano a la barbilla. El caballero presentó una segunda "duda", ganándose las risas y el agrado de algunos de los presentes. Con poco parloteo más, le dio—muy caballerosamente—a elegir donde quería el balazo.
La izquierda.

Un pequeño estruendo y pólvora, justo como Zeena, pero con una bala surcando los aires.
¡AAG! —chilló fuertemente apenas la bala lo alcanzó, aunque en un acto de resistencia no fue directo al suelo, casi como si lamentablemente estuviese acostumbrado a recibir tiros—. ¡Hijo de perra! —exclamó subiendo una mano y viendo a Frank—. No... no tú, tú entiendes... ag... —cayó finalmente al suelo, disimulando muy mal como ojeaba a Artot para apurarle a que lo atendiera.
- No hay problema…te entiendo. Nada personal, lo siento.-
Le ha dicho "lo siento"... —dijo perpleja apuntándolo cuidadosamente con el índice—, que encanto de hombre —se cruzo de brazos, viendo encantada al vaquero.

Mientras Lissie estaba en lo suyo, Lia se acercó junto a Artot que se puso a revisar la pierna del grumete. El hombre sonrió nervioso al pequeño comentario de la pata, sin saber si era chiste o lo decía en serio.
Es... es joda, ¿verdad? ¿necesito una pata de palo? —le miro expectante, antes de que un compañero llegase con el cubo de arena. En cuanto Artot le hizo el torniquete y mencionó la cirugía el grumete dio un suspiro de alivio, todavía no tendría que usar una pata de palo.
Eh... —repitió como hizo con Zeena antes—. ¿Una barbería? por aquí hay una cer-
¡Cuál barbería! —exclamó interrumpiéndolo—. ¡Tenemos basura de esa en el barco, Gregor!
Sí, eh, verdad —asintió como si supiera de que hablaban. ¿Medicina? ni puta idea en lo que a él respectaba—, no sé qué quieres, pero yo te guio, eh... —pausó pensando un momento el nombre de Artot, el cual desconocía—. Rubia —escapó a esa opción.

Gregor se estiro, casi con flojera y empezó a guiar a Artot con mucha calma (porque a él no le habían disparado, claro) a buscar las herramientas para llevar a cabo la cirugía. Un par de grumetes, por indicaciones de la mujer, llevaron al herido junto a Lia a un sitio más sano, mientras que un tercero se puso a trapear para limpiar la sangre que había quedado en el lugar.

Con el paso de esos incidentes, las preparaciones se terminaron y el  barco partió pronto. A los nuevos se les había asignado los siguientes trabajos:

Malina y Zeena ayudarán en la cocina. La misma está ubicada abajo del castillo de popa, así que no tiene pierde y solo necesitan seguir a Ludlow.
En la cocina tienen múltiples ganchos en las paredes, de donde cuelgan ollas y otros utensilios típicos de ver en una cocina. Habían dos grumetes en la misma además de Ludlow, quien estaba dándole vueltas a una olla llena de carne de tortuga troceada con un cucharón enorme que sostenía entre sus dos dedos restantes, mientras que son la derecha roseaba vino blanco dentro de la olla. En la cocina como tal no pueden ver más que un único barril del que se asoman unos cuantos nabos. Eventualmente determinan que una de las puertas de la cocina ha de dar hacia una especie de almacén, pues uno de los grumetes entra por la puerta y sale cargando un segundo barril.

Artot será enviada con Ridgeley. Su taller está abajo del castillo de proa.
El taller es pequeño, pero Ridgeley siendo un enano parece muy acomodado en el mismo. En una de las esquinas del cuarto hay una pila de bolas de cañón, y al lado del mismo hay una mesa, con Ridgeley parado sobre un taburete para alcanzarla, en su mesa y la pared que tiene justo al frente hay variedad de herramientas de ingeniería rúnica: martillos, buriles, uno que otro cincel, etc. Nada más entrar, notas que Ridgeley está finalizando una runa sobre una bola de cañón, y apenas nota tu presencia te ordena que le pases otra de la pila. Si tienes idea de como luce, puedes diferenciar que algunas de las bolas de cañón son de acero árgenteo.

Frank y Lia ambos son enviados a la cofa a vigilar, junto a un tercer grumete que insiste en jugar cartas. La cofa luce como una cofa. Si acceden a jugar, intentará hacerles apostar sus sombreros, todo gracias a que escucho lo del asunto de Frank con Lissie, y ya todo el barco tiene de chiste que los sombreros atraen chicas.

-xxxxxx-

Todo se dio sin mayores complicaciones, y a las tres o cuatro horas, suena una campana y escuchan un llamado para comer. Siguiendo al resto de los grumetes, paran en una sala medianamente espaciosa, hay siete mesas, pero solo seis se ven ocupadas, y hay treinta sillas distribuidas no equitativamente alrededor de esas seis mesas. Es una sala bastante pulcra, tanto que parece que no fuese del propio barco, al menos se respetaba la limpieza del lugar y se notaba que aquí no habían matado a nadie, o habían hecho un excelente trabajo limpiándolo.

La bebida es casi que puro ron y alguna que otra cerveza, y su comida, sopa de tortuga. Por ser como una especie de juego dentro del barco, hay a quienes en su sopa les tocó algún huevo de tortuga también. Naturalmente, los nuevos del grupo tocan en la misma mesa porque el resto todavía no les tiene enorme confianza a excepción de aquel goblin, un amigo que hizo Lia, Gregor, y el agradecido grumete al que Artot le practicó la cirugía.

En un par de mesas que flanquean en la que ustedes se encuentran, se están llevando a cabo apuestas en juegos de cartas. Luego de comer, Ludlow llama a Artot y a Lia para que ayuden a fregar platos, mientras que Frank y Zeena son designados a ayudar a limpiar—junto a otros grumetes—la sala donde comieron.

Luego de hacer todo eso, vuelven a las tareas que se les había encargado originalmente. Llega la noche y comen más sopa de tortuga. Después de terminar de comer, Roger los llama para asignarles camarote. Les va a guiar dentro del interior del barco, al bajar las escaleras lo primero que se cruza en sus ojos es una serie de cuatro cajas de madera rectangulares una al lado de la otra arrimadas a la pared. La escalera los deja casi a paso de un “pasillo” por el cual al avanzar alcanzan una puerta, Roger la abre y les dice que aquí es donde van a dormir.
El camarote es relativamente espacioso, con seis literas de dos pisos. Para cuando entran, hay tres grumetes dentro, cada uno acomodado en su cama. Con los minutos van llegando más, hasta ocupar por completo el camarote sin camas ya libres.

La noche pasa con tranquilidad, pero al despertar y salir afuera todos se encuentra con que el barco está rodeado de una espesa neblina a pesar de ser pleno día.
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Re: [Campaña] La Ciudad de Oro, Dinas Aur.

Mensaje por Strindgaard el Lun Mar 11, 2019 5:36 am

Mantén la pierna en alto —le dije al herido mientras bajábamos por las escaleras, pues había optado por seguir al grumete en vez de irme con Gregor a por las herramientas para operar. Mi pañoleta se iba colocando más y más roja a medida que pasaban los segundos, por lo que atiné a pedirle el cinturón al muchacho herido y con éste también le hice un torniquete cerca de la ingle—. Servirá para disminuir la presión de la sangre.
Al llegar al lugar del que íbamos a disponer para sacarle la bala al grumete me preocupé de lavarme las manos y mientras esperaba a que llegasen las herramientas presioné sobre la herida para evitar que siguiera sangrando.
Bien, marinero, estaremos un rato trabajando juntos, así que dime, ¿cuál es tu nombre? ¿A qué te dedicas aquí? ¿Hace cuánto? ¿Cómo llegaste hasta aquí? —Las preguntas se las fui haciendo de a poco y esperando a que me fuera respondiendo para formular la siguiente. Más que querer conocerlo no quería que se desmayara producto de la pérdida de sangre—. Ah, aquí están.
Gregor llegó con una bonita manta de cuero que dejó sobre la mesa. Al girarla fueron apareciendo de a poco todos los implementos que estaba acostumbrado a ver, entre ellos dos sierras, una pequeña y otra grande, agujas de hueso y también de hierro, además de hilo de tripa, algunos cinceles y un pequeño martillo, algunas piezas extrañas y varias pinzas de distintas formas y largos, una que otra cuchilla y algunos instrumentos para sacar muelas. Además de un bonito bisturí de mango de plata que en la hoja tenía gravada las mismas iniciales que llevaba la manta de cuero, que seguro nadie iba a extrañar. Todo lo necesario para amputar, cortar y sajar.

La operación concluyó sin mayores inconvenientes. Por suerte el disparo no había llegado al hueso como asumí en un principio al no ver un orificio de salida, pero la bala pasó bastante cerca, provocando una hemorragia bastante fea, por suerte para Marlo la atención que le dimos fue bastante rápida y ni siquiera se desmayó. La bala tampoco se destruyó así que su recuperación sería lenta, pero segura.
Luego de más de una hora de operación, le pedí a Gregor que me dejara las herramientas ya que eventualmente las necesitaría como único médico a bordo, y con ellas bajo el brazo fui atracado en mitad del pasillo para informarme que tendría que comenzar con mis labores de albañilería. «¡Ah! ¡Hijos de su madre, dejadme descansar!»
Claro, enseguida. —Entregué las herramientas de operación para que las fueran a dejar al camarote donde me alojaría a lo largo del viaje y me fui directo al castillo de proa.

Al entrar en el taller la mezcla de olores: sudor, metal y madera vieja. El enano me daba la espalda en cuanto llegué pero descubrió rápidamente que había entrado por algún sexto sentido. Enseguida me puse a coger balas de cañón y se las acerqué al mesón en el que se encontraba trabajando. El taller era pequeño —a medida de Ridgeley, supongo— las balas se veían más grandes en manos del albañil y las tallaba con una dedicación enorme. Las runas tenían que ser perfectas, y para ello depositaba toda su atención, así que en el momento que terminé de dejar algunas balas me ordenó con un movimiento de su mano que eran suficientes. Al parecer estaba haciendo mucho ruido, así que me quedé en silencio, mirando las herramientas dispuestas en la pared más cercana al enano. Pude distinguir algunas puntas de buriles de color diferente al acero normal por lo que seguramente también tallaba otra clase de metales. Al echar una mirada más detallada a la pila de balas noté que entre el hierro había acero argénteo. «Condenados, ¿cuánto costará una bala de esas?» No cabía duda de que estaban bien preparados para el combate. Al mirar nuevamente a Ridgeley no pude evitar sentir un poco de respeto por el viejo y su dedicación.

Luego de un par de horas en un silencio artificial roto de vez en cuando por algunas frases monosílabas del enano, sonó la campaba para comer. Ridgeley me ordenó que fuera, mientas él seguía enfrascado en una runa que no podía dejar a la mitad.
Al llegar al comedor no pude evitar notar que era un sitio limpio y ordenado, como si perteneciera a otro barco. Luego de recibir mi charola lancé una ojeada a las mesas y descubrí que un par de mesas más allá había un grupito jugando con naipes, mientras un poco más cerca estaban las mujeres con quienes llegué.
Un comienzo agradable para un viaje agradable —les dije mientras me sentaba con ellas—. Ah, miren, un huevo.
La sopa resultó ser de tortuga, y al parecer el huevo también. Después de comer, y como nadie más se iba de vuelta a trabajar, me acerqué al grupo que jugaba para probar suerte.
Veo que juegan al póker, pero ¿qué juego es ese? —pregunté cuando noté que jugaban también blackjack. Éste juego era menos conocido que el póker y por eso era normal que la mayoría no conociera su mecánica. Luego de mirar un rato noté que la muchacha llamada Trébol estaba haciendo trampa así que opté por una mano de póker.

Del resto de la tarde no hay mucho qué decir. Luego de ganar suficientes partidas para que los demás pensaran que tenía una racha de suerte o estaba haciendo trampa, Ludlow me ordenó a Lia y a mí que fuera a lavar los platos. Después de salvarme de ello abogando a la retribución de favores a Marlo, regresé al taller para una tarde de minuciosa introspección mientras veía trabajar al enano.
¿Para qué es esa runa? —Le pregunté en una ocasión mientras él gravaba una bala—. ¿Y esta otra? ¿Ese buril es de acero argénteo? ¿Oye, y cuánto tiempo llevas trabajando en esto?
Por la tarde también nos acompañó un muchachito páliducho llamado Audey, que trabajó tallando en otro mesón. A pesar de que Ridgeley tenía un rostro más duro que un risco, Audey parecía ser su contrapunto. Amable y bastante proactivo, me habló en voz baja, explicando qué cosas hacían ellos en el barco.

La noche cayó como una pesada lona sobre el mar, oscureciendo todo a nuestro alrededor. Del castillo de proa al comedor y del comedor a nuestros camarotes. Allí Roger nos guio hasta dónde íbamos a dormir por las próximas semanas hasta llegar a nuestro destino.
Me pido la de arriba. —dije al llegar una de las literas. El tipo de abajo me sonrió con algo de malicia y asintió en silencio—. ¡¿Pero qué mier… ?!
La cama de arriba estaba siendo ocupada por una diminuta figura verde que comenzó a gritar en un dialecto inteligible, lleno de odio por haberlo aplastado.
Ah, joder, disculpa. —dije rápidamente, salté al suelo y le lancé una mirada asesina al grumete que reía en la cama de abajo—. Ja, ja —escupí sarcásticamente mientras tomaba mis cosas y me iba a la litera de al lado.
¡Phak! ¡Nidra kavali! —Alcancé a entender antes de que la bola verde siguiera su salmodia bajo las sábanas.
Es Telu, nuestro fiel compañero trasgo —me indicó el grumete que se encontraba abajo—. Cualquiera estaría contento de que alguien como tú se sentara encima de uno, pero él es especial. —Luego de una sonrisa ladina me habló en voz baja—. Dile idaa, Telu idaa, si te disculpas a lo mejor se le pasa lo molesto.
No había esperado nunca tener un trasgo de compañero, especialmente porque son bestias tan cortas de inteligencia que era mejor tener un zapato de compañero que uno de ellos. Aun así, si iba a tener que codearme con la bola verde todos los días tendría que hacer las paces.
Telu. Idaa, idaa. —dije desde lo alto de la otra litera. Él asomó la cabeza y pude verlo con más detalle. Una cabeza abombada de largas orejas con uno que otro trozo menos, ojos inyectados de rojo y dos filas de dientes bastante amenazantes que se crisparon en una mueca que no era necesario ser bilingüe para saber qué significaba. Bajé la mirada para encontrarme con la del grumete, que al notar que me había dado cuenta de la broma, se tronchó de la risa nuevamente—. Vale. —Me limité a decir, mientras con la mano formaba una pequeña bola de energía profana.
¡Bhūtaṁ! —La voz de Telu dejó entrever impresión, me apuntó con el dedo—. Tú ser Bhūtaṁ —repitió, y soltó una risilla de júbilo—. ¡Manci Bhutam!
El grumete de abajo se enderezó de la cama justo a tiempo para recibir un Golpe Profano que le dio de lleno en el pecho. El trasgo asomó la cabeza justo a tiempo para ver como el chico comenzaba a gritar despavorido mientras trataba de ahuyentar algo que se había metido entre sus sábanas.
¡No! ¡Noo! ¡Atrás, malditas arañas! ¡De donde mierda salieron tantas arañas!
¡Ja ja ja! —Rio Telu mientras el grumete corría fuera del camarote para chocar con los otros marineros que en ese momento venían entrando—. Bien Bhūtaṁ. —me dijo luego de reír. Se apuntó el pecho y luego dijo— Yo Telu, tú Bhūtaṁ.
Yo Strindgaard —contesté a su comentario, llevándome el pulgar al pecho—. No butám.
El trasgo negó con la cabeza, me sonreía con su larga boca. Se llevó las manos a la cabeza y levantó los índices como si fueran cuernos que salían de atrás de sus orejas sin que los demás se dieran cuenta.
Bhūtaṁ. Mi gustar. Ja ja ja. —Asintió para sí y luego saltó de su litera hasta la mía—. Yo Telu —dijo en voz baja—. Yo servir a Bhūtaṁ. —Agachó la cabeza de forma servil y volvió a repetir en voz baja sus últimas palabras.
Bien, bien —le contesté—. Sí. Yo Bhūtaṁ —esta vez pronuncié de forma correcta la palabra, aunque ello me llevara a emplear más la boca de lo que quisiera.
Ja ja ja —rio Telu, se irguió y me miró a los ojos—. Bhūtaṁ —volvió a decir en voz baja—. Yo servir. Tú, darme poder. —Me miró con la cabeza media gacha.
Me estaba comenzando a preocupar. Así que lo miré de forma solemne y asentí de manera casi imperceptiva. Su sonrisa se borró e imitó mi gesto. Luego saltó de regreso a su cama y se cubrió con las sábanas hasta la cabeza.
Parece que encontré un nuevo amigo.
Les dije a quienes me miraban con curiosidad, luego me comencé a alistar para mañana.



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