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A Tale of Two Fluffs

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A Tale of Two Fluffs

Mensaje por Almena el Jue Oct 04, 2018 8:32 pm


__-Tres oros, siete platas y setenta y cinco.-acabé de contar de nuevo el dinero que acabada de ganar, tras haberle restado la plata veinticinco que me había costado el quedarme en aquella posada hoy y mañana.-Poniendo que los viajes en barco me cuesten un oro tirando por lo alto... y poniendo casi otro más para el viaje por el desierto y la comida en general... Me queda más de oro y medio. Debería está bien. Eso si no me vuelven a robar... Ay...-suspiré-Bueno, el caso es que puedo relajarme un poco. Al menos un rato.-Guarde el dinero de vuelta en la bolsa y ésta en la mochila, dejando fuera setenta cobres que iba a usar a continuación. Luego recogí a la serpiente para metérmela por la manga, no podía dejar que el dueño la viera suelta por ahí.-Anku, ¿nos damos un baño, no? Voy a pedir que suban a llenarme la bañera y mientras buscamos algo de comida para después. Nos merecemos una tarde tranquila.

__Y eso fue lo que hice. Normalmente no lo haría, aunque solo fuera por no molestar. Pero como al instalarme se me había ofrecido la opción; en aquel desierto hacía un calor indecible, y, sobre todo, el hecho de que acabará de casi morir en una aventura con demonios y gusanos gigantes, me pareció que estaba justificado el querer darme un baño, así que le pedí al posadero que me llenará una tina en mi habitación.
__Mientras volví al mercado (esta vez mucho más segura de que no me iban a robar, llevaba el dinero justo y lo tenía en la mano, justo en el brazo al que estaba enroscada Anku, que se atrevieran a tratar de quitármelo, ¡que se atrevieran!) y allí traté de buscar algo para cenar. Allí toda la carne venía a estar condimentada hasta límites insospechados, por lo que yo me decanté por unos bollos y sólo compré un pequeño filete para que comiera mi compañera ofidia.
__Y tal y como había pedido, cuando volví a la habitación me encontré con una bañera llena de agua templada, y ¡qué gusto! Realmente fue maravilloso el poder quitarme toda la arena de encima y estar un rato fresca. Que ahora que lo pienso, ¿cómo tendría aquella posada acceso a tanta agua cómo para poder ofrecer bañeras a sus clientes? Bueno, supongo que da igual, ¡menos mal que lo tenía!
__Después de... puede que demasiado tiempo en remojo, me dispuse a vestirme para tomar la cena; pero en el momento en que me coloqué la camisa encima me di cuenta del error. Estaba claro que no solo yo, mi ropa también precisaba de un baño. Me quité la camisa de nuevo; activé el colgante; inspeccioné cada prenda a fondo; me pensé bastante en si ponerme el pantalón viejo, que había trotado menos, pues para no estar cómo mi madre me trajo al mundo... pero al final la arena en sus bolsillo me convenció de no hacerlo, y acabé lanzando todo a la bañera. A remojo. Ya luego después de cenar me pondría a frotar.
__Eso sí, decidí atrancar la puerta de mientras. Por si acaso. Y fue después de mover la mesilla contra la puerta cuando vi los dos trofeos de la aventura, el cuchillo y el anillo, que se habían deslizado desde la mochila abierta. Cogí el último. No por nada en particular, lo cierto es que casi no me di cuenta de hacerlo, era por tener algo en las manos con lo que juguetear, una vieja costumbre.

__Y bueno, eso, saque toda la comida que había comprado, recogí a Anku, nos pusimos sobre la cama y empezamos a comer. Anku se zampo la carne y se quedó aletargada en un rincón. Yo me quedé con hambre porque los bollos raros esos resultaron ser nada y luego me puse con lo de lavar la ropa en la bañera, la tendí como pude aprovechando la oscuridad y me fui a dormir.
__El plan, como casi todas las noches, era dormir en forma animal (duermo mucho más caliente y a gusto así). Pero hubo un pequeño gran detalle que no me esperaba a la hora de la transformación.

__Una de las ventajas de haber nacido en Mustelheim, este es un buen momento para comentarlo, una de las ventajas de haber nacido donde he nacido es que como todos en la aldea somos cambiaformas estamos acostumbrados a transformarnos y nos ayudamos mutuamente para reducir los inconvenientes de nuestro don. Yo puede que aun no me sepa controlar cuando es Kring quién me transforma, pero si conseguí aprender gracias a los demás a cambiar de forma casi instantánea y sin dolor.
__Esa noche, no fue el caso.

__Esa noche, cuando comencé a transformarme, mi tamaño se redujo. Mucho. Demasiado. Me asusté. Traté de detener la transformación, pero ya era tarde y lo que conseguí en su lugar fue que el proceso fuera normal, o séase: lento y doloroso, muy doloroso. Como si me abrieran de par en par y me sacaran hasta el último hueso de golpe. Sin parar de menguar, pude sentir como me desaparecía el cuello y la cabeza se me unía al pecho; como las piernas se me desencajaban y avanzaban desde la cintura hacia el abdomen; como nacían otras cuatro.... Y yo... yo no podría ni gritar porque ya había perdido la lengua y sentía como la mandíbula se me partía en dos y se abría...
__No... no sé cómo me mantuve consciente durante la transformación, cómo no me desmayé de dolor. Pero al acabar era del mismo tamaño que los ojos de Anku, la cuál me observaba siseante, sin mostrar emoción.
__Menos mal que me sabe reconocer y no se le pasó por la cabeza el comerme, porque no me pude mover en un rato. Cuando conseguí sobreponerme a tan dolorosa experiencia y comencé a investigar sobre qué me acababa de pasar, lo primero de lo que me percaté fue de que no podía mirar alrededor, no tenía cuello para mover la cabeza. Traté de levantar las patas delanteras, mis manos, y cuando entraron en el campo de visión me quedó más o menos claro en qué me había convertido.

__¿¡Qué había pasado!? ¿¡Qué es lo que había hecho para convertirme en esto!? ¿Fu-fue el veneno? ¿Si tomabas demasiado no solo las entendías sino que te convertías en una de ellas? ¿¡Por qué era una araña!?



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Re: A Tale of Two Fluffs

Mensaje por Vanidad el Lun Oct 08, 2018 9:05 pm

-Por aquí, por aquí, mi valiente Ethan, está a solo unas pocas calles más.- Dijo la diablesa, acurrucada ligeramente detrás de un fornido hombre de pelo negro, que vestía una cota de mallas. Era una imagen curiosa, un aventurero armado hasta los dientes acompañando a una mujer de elegantes pero sencillos ropajes.

-Por aquí solo hay almacenes vacíos, mi bella dama.-
Contestó el hombre.

-Oh, no vacíos, tengo los suministros para la botica en uno de estos, pero a esa alimaña de persona no se le ocurrió decirle de que por las noches venia una ENORME araña. Podría comerse un perro de un bocado, alguien tiene que hacer algo, o noble aventurero. No tengo mucho dinero, pero seguro que podre darte una recompensa…satisfactoria.-

Y al poco de acabar esa conversación llegaron. El aventurero no dudo ni un momento las palabras de la mujer. Al fin y al cabo, una de las esquinas del almacén semiabandonado estaba plagada de telarañas enormes. Gran error en retrospectiva.

-En serio, pensáis tanto con la entrepierna que no es un milagro que los súcubos no os hayan extinguido ya.- Dijo la dulce boticaria que siempre había sido Luzbel, mientras se lamia la mano ensangrentada. El aventurero yacía en el suelo, con un riñón perforado, gimoteando. –Oh, venga ya, no es mortal, no aun al menos. Si quieres culpar a alguien, culpa a tu gremio. ¿Te puedes creer que necesitas rango de plata como mínimo para consultar su biblioteca o acceder a sus artefactos? Y eso son como…. 30 aburridas misiones sobre recolectar cactus o cazar lo que sea que es… un saltaarenas. Algún lagarto perruno creo.- Su pie cayo firmemente, aplastando la muñeca del hombre, que intentaba recoger su arma tirada en el suelo. –¿No tengo tiempo para eso sabes? Casi muero recientemente y necesito algo chulo para ganar un poco de impulso, pero vosotros los mortales siempre lo ocultáis tras requisitos, condiciones, precios… ¿Cien krulls de oro por una espada de fuego eterno? Por favor…-

-Haces… esto… por… una… ¿espada…?-
El pie volvió a caer, esta vez sobre la otra mano, aplastando un frasco con un líquido rojo. Una poción sanadora a juzgar por el olor a fresa.

-Podría haber robado tu collar simplemente, haberte emborrachado para que no aparecieras mientras hacia lo mío. Al fin y al cabo, un alma más no supone ya una diferencia realmente apreciable en mi poder.- su pie apretó más. -¿Pero sabes qué? Un enorme y verde pajarito hablo de ti cuando mencione que estaba interesada en el gremio. ¿Usar a los novatos como cebo? Muy, muy rastrero, pero podría aceptarlo. ¿Pero luego venderlos como esclavos? Aquí marco la línea, especialmente si los rumores sobre su destino son ciertos.-

-No, yo no…-

-Shhhhh, no me importa, en serio.-
el hombre miro a su alrededor, frenético, hasta reparar en la seda.

-Espera, ¿estas con esos putos bichos?-

-Oh, las arañas, encantadoras, aprendí unos cuantos trucos con un poco de practica.-
Se limitó a decir la diablesa mientras empezaba a expulsar seda con las manos, cubriendo al tipo. Viviría, al menos hasta que volviera de saquear el gremio. Luego se decidiría. No tenía tiempo para ir de justiciera a salvar a algunos pobres sacrificios por caridad, aunque podía beneficiarse de absorber el demonio que típicamente estaba involucrado.

Ah, las posibilidades…


Spoiler:


Por más que corras, por más que te escondas, Invitado, tu alma acabara siendo mía
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Vanidad
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