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Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
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Pesadillas en carne y hueso.

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Pesadillas en carne y hueso.

Mensaje por Tentrei Iskusstvo el Sáb Oct 06, 2018 8:42 pm

El firmamento oscuro y las misteriosas estrellas. Las lunas ausentes, el aire sereno proveniente de los glaciares, y una noche magistral. Una hoguera crepitante quejándose con las gotas de grasa que caían sobre el leño; un par de conejos de buen tamaño colgando justo encima de las llamas. Había risas unísonas y música, y baile, y felicidad. Estaba en mis manos mi laúd y lo sonaba con pasión mientras Tanets bailaba y giraba alrededor de la fogata. Selina y Duke estaban apoyados cabeza con cabeza, sentados sobre un tronco con la mirada perdida en el fuego. Eran una linda pareja; él era alto y ridículamente apuesto, y ella era pequeña, rechoncha y ridículamente hermosa. Paddy y Lash estaban por su cuenta haciendo una dramática representación de un combate épico; éstos dos eran en general quienes tomaban las riendas de la caravana, y unos maestros de la dramaturgia. Hasif iba, como de costumbre, sentado en indio. Hasif era tranquilo y silencioso, de piel oscura, ojos verdes y largos cabellos negros amarrados en lo alto de su cabeza. Él era el sabio del grupo y básicamente el motivo por el cuál se nos conocía en una buena parte del continente; era sencillo para Hasif hacernos entrar en cualquier ciudad sólo mediando con las autoridades.

Éramos nosotros. Los que quedábamos luego de que padre y madre murieran.

La noche entonces comenzó a engullir la luz, los engulló a ellos, y sólo quedaba Tanets frente a mí, mirándome como aquella vez. Con anhelo, con necesidad, perdido en su propia melancolía enfermiza. La mirada de un cachorro perdido. La oscuridad comenzó a tragárselo a él también, lenta y dolorosamente, miles de dientes y garras lo arrastraban al vacío.

Y desperté. A gritos. Con el corazón latiendo tan rápido que podría caer otra vez inconsciente a la cama. Sentí una mano cálida apretar en mi hombro y unas suaves plumas pardas acariciar mi espalda.

¿Otra pesadilla? —me miró con preocupación. Había pasado los últimos días con Asariel, y no podía negar que me había encariñado. Sacudí la cabeza y me aferré a su mano, para luego recostarme en su pecho desnudo. No respondí; él me abrazó.— Ésta vez fue peor, ¿Cierto? —comenzó a acariciar mi cabello.— A veces me gustaría que me hables más de ti.

Quizá cuando me caigas lo suficientemente bien. —dije juguetón, y me di la vuelta en sus brazos para morderle el labio y volverme a sentar.— Por ahora, debo irme. Me necesitan. —me alcé para vestirme, pero Asariel me tomó por la cintura mientras intentaba subirme el pantalón.

Déjame acompañarte. —dijo posando sus labios en mi espalda. Él era ligeramente más bajo que yo, de piel morena y alas de búho.

No sabes adónde voy ni con quién. —Coloqué mi mano sobre la suya.— No sabes si será peligroso.

¿Y qué? —se presionó contra mí. Aún no había amanecido y hacía frío, y su cuerpo cálido era reconfortante.— ¿No quieres que me hagan daño? —rodé los ojos.

Intenta seguirme el paso. —terminé de abrocharme el pantalón, entonces me di cuenta de lo tonto que sonó eso. Abanusa era rápido, sí, pero no tenía alas. El sephiri me soltó y se dio la vuelta, a lo que no pude evitar echar un vistazo. Un par de segundos para detallar glúteos perfectos y desnudos.

Decidido, entonces. —Buscó su propia ropa, aunque no se vistió de lino y algodón; debía estar pensando que realmente iríamos a hacer algo peligroso, porque se colocó una armadura de cuero. Estuvimos listos casi al mismo tiempo; el sol estaba a penas comenzando a aclarar el cielo, y Abanusa ya estaba dando vueltas frente a la puerta como una pantera lista para cazar.— ¿Me dirás adónde vamos?

¿Alguna vez te hablé de Tanets? —me arqueó una ceja.

¿Algún ex?

Mi hermano. Gemelo. —Arqueó la otra y se mordió el labio. Caminó hacia mí y me rodeó con sus alas.

¿Hay dos como tú? Eso suena… interesante.

Es… complicado. —Deslicé mis manos por su espalda ahora acorazada, y bajé hasta los glúteos.— Abanusa nos espera afuera. —el reptil pareció escucharme, porque enseguida comenzó a rascar el suelo, impaciente. Solté al divium y me dirigí hacia la salida.

Fueron las pesadillas, ¿No es así? —soltó mientras me seguía.

Me detuve en la puerta; el perchero era mi armería personal; colgaban mis cadenas, mi bolso, los cuchillos, el cinturón y estaba mi laúd apoyado contra una pared de color terracota. Una pared de color terracota. Nubes de color terracota. Todavía no me hacía mucho sentido ésto de que todo estuviera hecho de nubes. Como fuera, terminé de colocarme mi equipamiento y asegurar el instrumento en mi espalda. Era, al fin y al cabo, mi mejor arma.

Son más que pesadillas, Asariel. —la ropa para diviums estaba confeccionada precisamente para dejar espacio a las alas. A ambas alas. Así que mi camisa y chaleco dejaban un agujero por el cual se podía ver la marca en forma de luna. Tomé al divium de la mano y se la coloqué sobre la marca. — Estamos conectados. Si él está en peligro, puedo sentirlo.

Eso es aún más interesante —se ajustó el peto y envainó su espada. Parecía un guerrero épico salido de una leyenda.— ¿Qué estamos esperando, entonces?

A ti, lento. —le dije con una sonrisa mientras le daba un toque en el abdomen y salía corriendo. Abrí la puerta y salté sobre Abanusa, indicándole  a mi épico guerrero que hiciera lo mismo.

Te sigo —Batió sus alas un par de veces y pronto se alzó en vuelo, sólo a un par de metros del suelo.

Oh, claro. Vamos, presume. —hice una pausa. No para esperar su respuesta; miré a mi alrededor. Estaba un poco perdido.— Más bien… te sigo yo a ti. ¿Cuál es el camino más rápido a Uzuri?

Lanzarte por el borde de la ciudad, probablemente. —fruncí el ceño— Los remolinos del centro nos deberían dejar en Daulin. Es la única forma que tenemos de bajar a Nusa, a menos que quieras conseguir una mantarraya.

Daulin suena bien. —le sonreí y él comenzó a volar hacia el centro. Abanusa le siguió galopando.




¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Un par de años? ¿Y después de tanto tiempo me presentaría ante los Blacksword como si nada? Quizá sí pudiera de alguna manera llegar a Mattie sin llamar mucho la atención…

Miré a Asariel y se iluminó mi mente. Quizá era un poco demasiado guapo para las tribus de diviums, pero haría el truco. Estábamos a pocos metros del portal, así que le llamé con un ademán de la mano y le señalé una de las islas flotantes.

En esa isla vive la familia Blacksword. Son viejos amigos. Nos ayudarán.

¿Quieres que te dé un empujón o…? —lo interrumpí.

Intenta fingir un acento común y toca la puerta. Pide una audiencia privada con Mathilde Blacksword en nombre de la tribu del norte. Camina con ella hacia la puerta trasera de la mansión. Te veré allí. —Abanusa se detuvo y Asariel aterrizó a mi lado.

¿No es un poco… complicado?

Suspiré profundo y bajé del reptil. Di un paso para estar lo suficientemente cerca de Asariel como para sentir su aliento.

Te daré respuestas. Lo prometo. —coloqué las manos en su pecho y desabroché el peto lentamente.— No te emociones, sólo te pondré presentable.

Se rió y asintió. Hice mi trabajo; desnudé su torso y desajusté ligeramente la armadura en sus piernas, luego tomé algo de barro para marcar su rostro, espalda y pecho. No era una copia exacta de un divium de las tribus, pero era creíble. Le di media vuelta y una nalgada.

Anda, vuela.

Hizo caso sin objeción; emprendió vuelo de inmediato y me preocupó que fuera demasiado veloz, así que salté sobre Abanusa nuevamente y corrimos hacia el portal. La isla donde se conseguía la mansión era mayormente claro y planicie, y no teníamos el favor de la oscuridad para ocultarnos, así que ordené al reptil dar con el camino más largo hacia la puerta trasera de la mansión. Camino que incluía un bosque y era perfecto para ocultarse. El claro que daba con la puerta trasera poseía poco más que un par de árboles, que me fueron perfectos para esconderme, y a Abanusa para treparlos hasta la cima. Escuché a Asariel y a Mathilde hablando y mi corazón se detuvo por un instante.

Mattie. No había caído completamente en lo que estaba haciendo hasta ese preciso momento. Mi piel se erizó y tuve que respirar varias veces para poder tranquilizarme. Luego me arrepentí y volví a armar el valor. Suspiré como si el aire estuviese intentando salvarse y huir por su cuenta. Di un paso fuera del árbol para verla. No había cambiado demasiado; el mismo uniforme, el cabello un poco más largo, la misma mirada diligente. Dejó ir un grito agudo y ensordecedor.

¡TENNY! —Mis mejillas se encendieron en vergüenza y giré la mirada hacia el suelo para ocultarlo.

Ma… Mattie, yo… Este… —Me interrumpió un abrazo cálido y fuerte, que, para ser sincero, me tomó por sorpresa.

Te extrañamos, Tenny. Mamá, Nath, yo… Tanets… —La mención de su nombre me colocó los pies en la tierra. La tomé de los hombros.

Mattie, Tanets está en peligro. Puedo sentirlo. Nos necesita.

Su rostro palideció. Sacudió la cabeza y dio un paso hacia atrás. Cuando habló, no pudo evitar tartamudear un par de veces.

Ha-ha-han salido. Nath y él. Se dirigían a Thaimoshi a ver al emperador. —La abracé de regreso, con fuerza, con anhelo, besé su frente y me di la vuelta, corriendo hacia el borde de la isla.

¡Gracias, Mattie!

… Me parece que dijo algo sobre no comentarle al otro… eh… ¿Nathaniel? —dijo Asariel junto a Mattie mientras me veía saltar por el borde de la isla, justo hacia el vacío. Abanusa no se había movido, tampoco Mattie. El divium se vio alterado y aleteó, pero la chica le tomó del brazo.

Tranquilo. Sabe lo que hace. —Hizo una pausa. Era normal que pasara temporadas largas sin verme, pero nunca… bien, nunca había desaparecido tanto tiempo y sin reportes.— ¿Y tú eres… su novio? —La palidez de la alarma pasó a ser rubor.

Eh… ¿No? Tentrei es…

Complicado, sí. —Se cruzó de brazos y miró al divium.— Cuídalo.




Thaimoshi. Tenía que admitirlo, en algún punto del viaje agradecí a las diosas que Asariel se ofreciera a acompañarme. No sólo hubiese sido aburrido, sino ridículamente seco. Porque, ¿Quién dijo que no podías divertirte en medio de una misión? Las noches se volvieron más entretenidas y los días menos pesados, y como si las lunas aún guiasen mi camino, había llegado como flecha al blanco. A través de las calles intrincadas del interior de la ciudadela podía escuchar la música derramándose. Era obvio; si había música, había Tanets. Me había cubierto el rostro y el ala rezando a las diosas porque Tanets no me reconociera. No era así como teníamos que encontrarnos. No estaba escrito. No aún.

Asariel estaba a mi lado, también con las alas cubiertas, pero sólo eso. Tanets no lo conocía y no había punto en que él se ocultara. Aún en los callejones, advertimos el peligro en sincronía. Era una criatura inusual la que se ocultaba en la oscuridad y que pudo haber pasado desapercibida si no fuera por lo precisa que era la vista de un divium. Lo reconocí de inmediato; no a la criatura, claro, no era mi área de conocimiento, pero sentía un cosquilleo en mi espalda que me decía que estaba en el lugar correcto y en el momento correcto. En un momento, mirar a la criatura fue mirarme a mí. Me estaba copiando. Estaba haciendo una réplica exacta de mi esencia y luego se estaba mezclando con la multitud. Caminé hacia la plaza y lo miré. Palidecí. Estuve sin aire suficiente tiempo como para tener que tomar una bocanada grande; Asariel se había percatado y me dio una palmada en la espalda.

Tentrei. Reacciona. —hizo una pausa al ver al artista bailando— Se parece a ti.

Sería raro si no. —respondí automáticamente, pero mi mente estaba balbuceando. ¿Cómo lo detendría.?

¿Es él?

Asentí.

¿Qué hago?

¿Qué se supone que debo hacer?

Sanctra, Meistic, Kring, Müsenïe, Dianthe, Eilian.

El que sea que esté de humor en este momento.

Ilumínenme.

… y hubo respuesta. Supe de quién inmediatamente. Meistic iluminaba mi camino.

La luna azul me mostró a Nath y fue suficiente para saber qué hacer. Tanets ya se había bajado del escenario y estaba persiguiendo al no-yo. Me acerqué entonces a Nathaniel y me descubrí un poco el rostro. Nath no era sentimental. Me miró y miró a Tanets escabuyéndose entre la multitud, persiguiendo a una silueta de un ala. Su proceso fue simple; Tentrei no se iba a mostrar así tan fácil. No me dirigió una palabra, sino que fue directamente a actuar; se montó en el escenario y tomó uno de los abanicos de Tanets antes de emprender carrera hacia él. Fue todo. La sensación de peligro se había ido. Eilian se encargó de mover las cuerdas y Meistic se encargó de dirigir los pasos de Nath.

Las pesadillas habían desaparecido, y para cuando Nathaniel se volteó, yo ya no estaba ahí.
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Tentrei Iskusstvo

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