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Mensaje por Shabh el Sáb Nov 17, 2018 8:10 pm

Shabh se encontraba sentado cómodamente sobre un vieja silla de madera, recostado ligeramente sobre el respaldar con su brazo diestro apoyado sobre él mientras acariciaba distraídamente la superficie de la mesa que tenía delante con su mano izquierda. Era una sombra más en mitad de la oscuridad absoluta de aquella vieja habitación que olía a humedad por culpa de la cercanía del mar y el mal cuidado de las maderas. Ciertamente los barrios bajos de Nanda no era su lugar predilecto de la zona, pero tenía una buena razón estar ahí. Y esa buena razón, no tardó demasiado en abrir despreocupadamente la puerta de su hogar. Venía de buen humor, un par o dos de cervezas en la taberna tras salir del trabajo y un revolcón con una mujer de vida alegre alegraban a cualquiera sin lugar dudas. Se llamaba Marcus por su abuelo, de él había heredado la casa y esa prominente barba tan áspera que podría servir para curtir pieles. Marcus era un tipo enorme, sobre un metro noventa y por el camino de ancho, muy entrado en carnes pero fornido por el duro trabajo como mozo de carga en el puerto durante años. Ahora se dedicaba a supervisar el trabajo de otros más jóvenes para un "mercader" bien posicionado de la zona, era por eso que podía permitirse cervezas y prostitutas día si y día también. Marcus se consideraba un tipo con suerte y seguía considerándose así al menos hasta que se acercó a su chimenea aquella noche y la encendió. Fue entonces, cuando al darse la vuelta se encontró con aquel tipo enlutado sentado cómodamente a su mesa.

El barbudo era un tipo aguerrido, acostumbrado a las trifulcas de taberna y a encontronazos con la guardia del puerto de manera frecuente. Se podía considerar un tipo duro, la vida al fin y al cabo lo había curtido. Sin embargo, aquel tipo bravucón en otras ocasiones, retrocedió cuando aquel encapuchado clavó su mirada en él. No podía verle los ojos pero sabía que le estaba mirando. Marcus se apretujo contra la chimenea al tiempo que tragaba saliva y palpaba con su mano izquierda en busca la vara de hierro para azuzar las llamas, en un desesperado intento por armarse con algo.

—¿Qu... quién... diablos... eres?— interpeló al encapuchado —¿qué coño... haces en mi casa?—

—Digamos que soy un amigo—
contestó con toda la tranquilidad del muno —O al menos espero que eso sea lo que seamos, al menos por tu bien— palmeo dos veces sobre la mesa con suavidad Siéntate, por favor— pidió mientras le señalaba la silla vacía frente a él Cómo si estuvieras en tu casa— dejó escapar una pequeña carcajada —Si estás en tu casa que tonto soy—

—¿De qué va esto?— reclamó de nuevo mientras agarraba con su mano derecha la vara de hierro de la chimenea

—Suelta eso y siéntate— ordenó endureciendo el tono —Te advierto que no me gusta repetirme

Marcus respiró hondo mientras decidía que hacer... tras un instante tenso, decidió dejar la vara en su sitio y tomar asiento frente al encapuchado.

—Así me gusta, veo que eres un hombre sensato Marcus— celebró Shabh mientras tambolireaba con los dedos sobre la mesa despreocupadamente

El barbudo guardó silencio mientras trataba de escrutar bajo la capucha de su interlocutor

—Y también un hombre de pocas palabras— se acomodó en la silla para sentarse de manera más correcta —Lo que es perfecto, no soporto a los charlatanes— comentó con su peculiar despreocupación —Bueno, ¿te estarás preguntando que hago aquí?— Marcus simplemente asintió, entendiendo que su interlocutor iba a hablar de lo que quisiera y tanto como quisiera —Te aseguro que no estaría aquí si no tuviese una buena razón— hizo un ademán con ambas manos como si quisiese dar a entender que aquel lugar no era de su agrado —Por suerte para ti, tu no eres esa razón— señalo a Marcus un instante con su dedo índice izquierdo —Así que si colaboras, vivirás para ver a esa tal Mariela una día más—

El aguerrido hombre de taberna volvió a tragar saliva, aquel tipo que tenía frente a él parecía saber hasta con que prostituta solía acostarse... y eso daba mucho miedo.

—Y es más, si me ayudas, te consideraré un amigo y— alargó el "y" un poco mientras elevaba su mano derecha levemente —te aseguro que yo sé cuidar de mis amigos— se echó levemente sobre la mesa —Así que Marcus, solo te haré una pregunta: ¿Quieres ser mi amigo?—

Marcus no dudó, asintió al instintante aunque no tenía ni la más remota idea de que quería aquel hombre si es que eso es lo que era. De hecho, en aquel momento podían pedirle el alma que lo daría de buen gusto si con eso conseguía salir vivo de su propia casa.

—Genial— celebró con cierto entusiasmo Shabh —¿No tienes algo de beber para celebrarlo?—

—Si, tengo una botella de vino allí— señaló mientras hacia el gesto de levantarse

—No, no te levantes por favor— el encapuchado se levanto con tranquilidad y se dirigió hasta la estantería donde reposaba la botella de vino, la tomó junto a dos vasos no muy limpios y volvió a la mesa. Colocó la botella y comenzó a limpiar los vasos con su capa mientras se sentaba sobre la mesa, a unos pocos centímetros de lugar donde estaba su anfitrion —No sabes lo que me alegra que seas un hombre tan razonable— colocó el primer vaso limpio sobre la mesa y tomó el segundo para repetir la operación —Mi tío Aleb solía decir que hablando se entiende la gente y creo que es verdad, aunque a él creo que no le funcionó muy bien— dejó el segundo vaso y cogió la botella de vino a la que quitó el corcho de un simple tirón y comenzó a llenar ambos vasos hasta la mitad. Cogió un vaso para él y le ofreció el otro a Marcus —¡Salud!— se llevó el vaso a la nariz y lo olió un poco antes de darle un sorbo —Vale, recuerdame que la próxima vez traiga yo el vino— posó el vaso sobre la mesa y clavó la mirada en el hombretón que acaba de vaciar el vaso de un tirón —Ahora que ya somos amigos... Necesito un favor Marcus—

—¿Qué necesitas?— respondió el barbudo un poco nervioso pero con resolución, ahora iba a saber el precio de seguir con vida

—Eso es exactamente lo que quería escuchar
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Mensaje por Shabh el Dom Nov 18, 2018 4:02 pm

Un par de días más tarde...

Era una noche fría pero no especialmente, pues las noches en aquellos fiordos siempre solían ser poco amables, además el cielo estaba totalmente encapotado así que la humedad era aún más alta que de costumbre. Envuelto en una gruesa manta, Marcus guiaba un viejo carromato cargado de barriles y tirado por un viejo mulo. Transitaba por una desgastada calzada de piedra que se adentraba en un pequeño bosque cerca del puerto de Nande, dirección a la casa de su empleador. El rico comerciante Narin Elmar, cuya principal fortuna provenía del contrabando. Había hecho ese mismo camino cientos de veces solo en el último año y sin embargo, aquella noche se le estaba haciendo especialmente largo. Quizás tuviese que ver con que en los bajos del carro transportaba una carga especial y que por eso se estaba jugando la vida, si descubrían al polizón solo los dioses sabían como acabaría aquello.

Tras unos minutos, el final del bosque comenzó vislumbrarse al fondo y, enmarcada entre los ramajes con la noche de fondo, la oscura silueta del palacete del señor Elmar. Marcus sabía que ya no había vuelta atrás, de hecho estaba seguro de que nunca había habido la posibilidad de un desenlace diferente. Detuvo el carromato nada más salir del bosque, justo frente a una robusta puerta de reja de hierro negro. Dándole el alto, salieron un par de guardias desde una garita de madera al lado del camino.

—Buenas noches— saludo Marcus mientras se retiraba la manta de la cabeza para dejar su rostro al descubierto

—Hombre Marcus, no te esperabamos hoy— saludó el que parecía ser el jefe de los dos, mientras el segundo se dirigía hacia la parte trasera del carro con un pequeño candíl

—Yo tampoco tenía intención de venir hoy pero la carga se ha adelantado y no podía dejarla en el almacén, a la guardia del puerto parece haberle entrado ganas de trabajar este mes— respondió tal y como había ensayado mil veces en su mente por el camino

—Entiendo, buen trabajo Marcus— felicitó el guardia mientras se retiraba un poco hacia atrás y buscaba con la mirada a su compañero, que ahora se encontraba mirando debajo del carro —¿Está todo correcto?— preguntó

—Si— el guardia no había visto nada, así que volvió a ponerse en pie y dio una palmada al carro en señal de que todo estaba correcto

—Pues dame un segundo, te abro— el jefe de los guardias se acercó a la puerta e introdujo una enorme llave en la cerradura, abrió la puerta y empujó con ambas manos para dejar espacio al carromato —Adelante—

—Arre— asuzó al mulo el barbudo y este se puso en marcha al momento.

—Buenas noches— despidió el guardia

—Buenas noches— respondió Marcus aún un poco tenso pero ya más tranquilo

Avanzó con el carromato unos cincuenta metros hasta llegar a una pequeña placita que había justo en la entrada al palacete, todo parecía estar tranquilo, los guardias de la puerta los saludaron y Marcus hizo lo propio. Continuó un poco más y rodeo la construcción hata llegar a la parte de atrás, donde había una enorme puerta de madera que daba acceso al almacén de la casa.

El barbudo detuvo el carromato, apartó la manta y se bajó de un salto. Se dirigió hasta la puerta y uso el llamador de hierro, dos fuertes golpe hicieron retumbar la puerta. No tardó demasiado en abrirse y asomar desde el interior un tipo escuálido, muy bajito, con orejas largas y una enorme nariz. Se suponía que era un elfo pero parecía más algún tipo de duende que otra cosa.

—No tenías que estar hoy aquí— espetó secamente

—La mercancía se ha adelantado y no podía dejarla en el almacén del puerto— respondió Marcus

—¿Son muchos barriles? Apenas queda espacio— el elfo abrió un poco más la puerta y la luz del interior de la sala iluminó el exterior

—¿Qué coño es eso que tienes en el cuello?— Marcus retrocedió asustado al ver un enorme bulto justo sobre la clavícula del elfo

—¿Qué...?— no le dio tiempo a contestar pues un cuchillo salió volando desde detrás del grandullón para impactar finalmente entre las cejas del elfo que cayó muerto al instante

—¿Qué...?— se volvió indignado pero al ver que el encapuchado le indicaba con el dedo frente a sus rostro, donde debían de estar los labios, que guardase silencio se contuvo.

—Estaba infectado— Shahb se acercó lentamente hasta donde estaba Marcus y paso junto a él para acercarse al cuerpo del elfo, se agachó calvando una rodilla en el suelo y recupero su cuchillo —¿Ves eso?— indicó señalando con el cuchillo —¿Sabes qué es eso?— movió el rostro del cadáver con ayuda del cuchillo para que la pústula se viese mejor

—No...— respondió el grandullón

—Eso amigo mío... es competencia desleal— dejó escapar un suave suspiro mientras volvía a incorporarse

El barbudo no parecía haber entendido nada pero sabía que si guardaba silencio, quisiera o no, el encapuchado se lo explicaría.

—Verás, conocía a un tipo bastante raro— comenzó Shahb mientras saltaba sobre el cadáver para entrar en el almacén del palacete —Le encantaba coleccionar plantas de todo tipo y cuando digo de todo tipo, es de todo tipo— echó un vistazo a su alrededor, el lugar estaba atestado de barriles —Pues bien, de las plantas salto a los hongos y se hizo con una cosa de esas— señaló hacia el cuerpo que había quedado en el umbral de la puerta —No lo toques— detuvo a Marcus cuando este trataba de cogerlo para ocultarlo —Esta infectado por un Globo de la pestilencia, si no quieres acabar como él o mi conocido te sugiero que no lo toques— explicó el asesino mientras bordeaba los barriles hacia su izquierda, en busca de la puerta que daba acceso a la casa —Menudo problema, si este esta infectado tiene que haber uno de esos hijos de puta por aquí cerca...—

Marcus se había quedado blanco al escuchar que era lo que había infectado al maldito elfo

—Bueno, quédate fuera mientras yo me ocupo del resto— ordenó Shabh con tranquilidad mientras se alejaba de su compañero —Si ves algo lleno de esas cosas, con pinta de cadáver andante, corre—

Marcus saltó sobre el cadavér de nuevo y se dirigió hacia su carromato de nuevo, asustado y mirando a su alrededor por si aparecía esa dichosa criatura.
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Mensaje por Shabh el Dom Nov 18, 2018 8:49 pm

Cerró la puerta que daba al almacén tras de sí con sumo cuidado mientras miraba hacia ambos lados del pasillo, todo se encontraba en penumbra apenas iluminado en un par de puntos por dos pequeños candiles situados en lo dos extremos. La tenue luz dejaba ver los restos de jarrones por el suelo y algún que otro cuadro destrozado. Aquello significaba problemas pues confirmaba los peores temores del asesino, debía de haber uno de esos malditos globos como mínimo a pleno rendimiento y en el peor de los casos varios. Si esos bastardos habían colonizado toda la casa, su plan se iba a ir al garete.

Giró hacia su derecha y comenzó a caminar lentamente, tratando de no hacer ruido por si había alguna de esas cosas cerca. Shabh se movía lento pero seguro, memorizó el improvisado mapa que Marcus dibujo para él, así que lo único que esperaba es que la memoria del barbudo fuese mejor que sus dotes para el dibujo "No había ni una maldita recta" pensó el encapuchado al recordar los planos.

Avanzó por el pasillo cuidadosamente, poco a poco se fue pegando a la pared hasta llegar justo al punto donde hacia esquina. Se detuvo nada más llegar al extremo y aguardó en silencio, aguzando el oído. Así permaneció al menos un minuto antes de atraverse a asomar ligeramente para observar aquel largo pasillo que llevaba hasta unas escaleras de caracol. No parecía haber nadie, sin embargo varias puertas de aquel pasillo estaban abiertas y eso no le gustaba ni un pelo. Sin embargo, no tenía otra opción que seguir pues no pensaba marcharse de allí sin haber cumplido su misión. Además contaba con que el lugar estaba medio a oscuras, así que si la cosa se ponía complicada siempre podía echar mano de sus habilidades para el escape.

Salió desde la esquina y comenzó a caminar por el pasillo, midiendo cada paso pero intentado ir lo más rápido posible. Aquel lugar le daba muy mala espina y tenía ganas de llegar a esa escalera cuanto antes, quizás en las plantas superiores la cosa fuese tranquila. Cruzó la primera puerta abierta, no pudo evitar mirar al interior mientras pasaba de largo, por suerte no parecía haber nada. Un poco más tranquilo, continuó su avance. Otra puerta más y... nada "Quizás solo sean un tanto despistados"  era una manera un tanto inocente de pensar y él lo sabía perfectamente, así que cuando al cruzar la siguiente puerta si que observó como se recortaba una sombra en la oscuridad con una extrañamente familiar forma antropomorfa con protuberancias, no le extrañó lo más mínimo.

Shabh contnuó avanzando lentamente con la esperanza de que esa cosa no hubiese reparado en él. Dió un par de pasos más y parecía que había tenido suerte, sin embargo al tercero aquello se movió "Me cago en mi madre..." había llegado la hora de los valientes, así que sin más comenzó a correr como alma que lleva al diablo mientras desde las distintas habitaciones empezaban a surgir cuerpos parasitados por globos pestilentes.

Llegó hasta la escalera y empezó a subirla trompicones mientras los infectados comenzaban su persecución. No tardó mucho en llegar hasta la siguiente planta, sin tiempo para mantener el sigilo, pateo la puerta y la abrió de golpe. El sonido de la puerta golpeando la pared retumbó por todo el pasillo, alertando a guardias y servicio que acudieron rápidamente a ver que había ocurrido.

El primero en llegar apenas tardaría unos segundos, con su candil en ristre se quedó observando la puerta y los alrededores sin entender muy bien que había pasado. Mientras tanto, Shubh se escabullía entre las sombras como un fantasma, esquivando las luces de los candiles de los demás miembros del servicio que fueron llegando

Unos instantes más tarde comenzaron los gritos "Vaya, parece que no se van a hacer amigos"  el encapuchado por su parte ya ascendía por la escalera hasta el siguiente piso, un par más y ya estaría cerca de cumplir su objetivo.

El sonido de los gritos, las carreras y algún que otro valiente intento de combate, atrajo la atención de los guardias que se encontraban cerca de la escalera. Tres tipos con pinta de matones, pechera de cuera y espadas de mano y media. Su camino se cruzó con el de Shabh a mitad de la escalera, los tres tipos y el encapuchado se quedaron unos segundos mirandose mutuamente

—¡Tu!— gritó el más cercano al asesino

—¡Yo!—  respondió mientras lanzaba uno de sus cuchillos a la garganta del tipo, que al recibir el impacto se llevó la mano izquierda al cuello asustado mientras caía de espaldas sobre las escaleras.

Sus compañeros enrabietados se lanzaron hacia el agresor. Shahb esquivó al primero de ellos agachádonse mientras dejaba el pie para zancadillearlo y hacerle caer escaleras abajo, el segundo se le tiró encima y los dos cayeron hasta el descansillo sobre el compañero al que acababa de zancadillear.

El encapuchado se repuso con dificultad, el golpe había sido duro pero por suerte sus oponentes no estaba en mejores condiciones que él. El zancadilleado se había abierto la cabeza contra un escalón y parecía convulsionar, mientras que el otro había perdido la espada. Shabh que aún se encontraba de rodillas sobre el suelo, lanzó un puñetazo a su contrincante para derribarlo de nuevo.

—Uff—  se levantó mientras el agredido trataba de recomponerse y palpaba el suelo buscando la empuñadura de su espada —No, no, no—  sacó uno de sus estiletes y se avalanzó sobre el tipo, el cual trato de defenderse interponiendo piernas y brazos entre él y Shahb. Tras un duro forcejeo, hundió el estilete en el pecho de su contrincante, directo al corazón —Ahhhh—  suspiró mientras se volvía incorporar, todo estaba siendo más complicado de lo que le gustaría admitir. Volvió a enfundar su estilete tras limpiarlo en su capa.

El caos en el piso de abajo parecía ir en aumento, así que sin tiempo para respirar volvió a ascender por las escaleras. No tardó más de unos minutos en encontrarse en la última planta de la mansión, cruzó el pasillo hasta la última puerta, tomó el pomo de la misma y sin preámbulos la abrió del tirón.
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Mensaje por Shabh el Dom Nov 18, 2018 9:52 pm

Shabh irrumpió en la habitación sin ningún miramiento para después cerrar la puerta tras de sí de un portazo que hizo que el durmiente se levantase sobresaltado en mitad de su enorme cama.

—¡¿Qué ocurre?!— gritó asustado un tipo rollizo con gorrito de dormir de color rojo con rayas blancas

—¡Buenos días, señor Elmar!— saludó alegremente el encapuchado mientras se acercaba hasta una cómoda que había junto a la puerta y comenzaba a empujarla para bloquearla

—¡¿Quién demonios eres tú?!— preguntó asustado mientras trataba de incorporarse aunque sin mucho éxito, el pobre estaba tan gordo que casi tuvo  que rodar sobre la cama para acercarse hasta la mesilla de noche

—Vamos hombre— se quejó Shabh al que le estaba costando un poco mover aquella pesada cómoda —un poco de alegría que te he dado los buenos días, ufff— finalmente la cómoda cedió y se arrastró lo suficiente como para bloquear la puerta

—¡¿Qué buenos días ni que mierdas?! ¡Si es de noche!— el tipo rebuscaba frenéticamente en un cajón de su mesilla de noche

—Tecnicismos— replicó el encapuchado mientras se apoyaba en la cómoda para descansar tras el esfuerzo

—¡¿Quién coño eres?!— sacó una pequeña ballesta desde el interior del cajón y apunto a Shabh, el pulso le temblaba bastante

—Deja eso antes de que alguien se haga daño y con alguien me refiero a ti— el asesino no parecía para nada intimidado

—¡Qué me responda...!— con todo el tembleque el arma se disparo y el pequeño virote paso rozando la cabeza de Shabh

—...— se quedó mirando el virote clavado en la pared a escasos centímetros de su cara antes de devolver la mirada al señor Elmar

—Lo... lo siento... yo.. yo— tartamudeo mientras tiraba el arma a los pies de la cama asustado

—Vamos a fingir que no ha pasado nada— agarró el virote con su mano derecha y lo arrancó de la pared —Voy a ser claro contigo— se sentó comodamente sobre el mueble que bloqueaba la puerta —A partir de ahora, vas a hacer lo que yo te diga y cuando yo te diga ¿de acuerdo?—

—...— Elmar pegó su espalda contra el respaldo de la cama

—¿de acuerdo?— repitió amenazantemente de nuevo

—Si, si, si—

—Así me gusta— clavó el virote en la cómoda con fuerza —Antes de nada, quiero comprobar una cosa. Así que quítate la ropa— ordenó Shabh

—¿cómo?— replicó el gordinflón

—¡Qué te quites la puta ropa!— volvió a repetir la orden levantando la voz

—Vale, vale— el hombre se bajo de la cama y comenzó a quitarse el pijama

—Creeme, si no fuera necesario no te lo estaría pidiendo— explicó el encapuchado —Es decir, preferiría ver desnuda a la barguest que Marcus llama Mariela antes que a ti— el hombre se había terminado de desnudar —date la vuelta— lo examinó mientras giraba y parecía estar libre de pústulas —¿Cómo coño haces para mear? O sea, ¿Cómo te la encuentras Bueno, da igual prefiero no saberlo. Vistete por favor— ordenó Shabh

—Listo— indicó una vez se hubo vestido de nuevo

—Perfecto— celebró el asesino —Vayamos directos al grano — Elmar asintió —Verás, me han contratado para que te mate— dijo aquello con total naturalidad, mientras que en el rostro de Elmar se manifestaba el terror absoluto —Ohh vamos, por favor, no te asustes ahora. Si te quisiese muerto ya lo estarías. Haz el favor de escucharme— el hombre se relajó un poco pero aún podía verse el miedo en sus ojos —Como te he dicho, no he venido matarte si no a proponerte un trato— comenzó Shabh con su tranquilidad habitual —Resulta que quién me contrató... dígamos que es una joven promesa del contrabando que quiere quedarse con tus rutas, la verdad es que a mi me encantan las jóvenes promesas... pero me gustan aún más las realidades de mediana edad como tú— le señaló un instante con su dedo índice —Así que voy a ofrecerte una oferta que no podrás rechazar, ¿qué te parece? ¿quieres escucharla?

—Si, adelante— respondió Elmar

—Mi oferta es está— empezó Shabh —Voy a quedarme con el treinta por cierto de tus beneficios...—

—¡¡¿¿El treinta?!!— se escandalizó el gordito

—El treinta, creo que es el precio justo por dejarte con vida— remarcó la cifra con cierto tono de amenaza —usaré tus rutas para mover mis mercancías cuando lo necesite y, a cambio me encargaré de quitar de en medio a tu prometedor competidor, ¿de acuerdo?—

—¿Qué clase de mercancía pretender mover en mis rutas?—

—Eso no te importa— respondió el asesino con suavidad —entiende que prefiero limitar la información que mis socios manejan, así cuando algo sale mal se a quién tengo que hacer una visita—

—Entiendo— respondió Elmar  que se pensó un segundo su siguientes palabras. La verdad es que no estaba en posición de negociar y si todo lo que ese hombre había dicho era cierto tenerlo de su parte sería una ventaja, tras valoralro un poco más finalmente se decidió —Acepto tus condiciones—

—Chico listo— se bajó de un salto de la cómoda —Por cierto, dale las gracias a Marcus fue el que me sugirió que no te matase. Hay donde lo ves es todo un estratega nato—

—Vaya.. no me esperaba eso de Marcus— Elmar parecía gratamente impresionado

—Creo que ni él mismo— comentó mientras avanzaba con la mano tendida a su nuevo socio —Así que me gustaría que fuese nuestro contacto, cuando necesite tus rutas hablaré con Marcus—

—Me parece bien, le daré un cargo acorde a su valía aceptó sin más

—Y envíale una botella de vino— le estrechó la mano al hombre.

La conversación se vió interrumpida por el sonido de gritos desde el otro lado de la puerta

—¿Qué está pasando?— le preguntó a su socio el hombre regordete

—Ahh, se me olvidaba— colocó su mano derecha sobre el hombro de Elmar —Resulta que tu casa está infectada por globos pestilentes, por eso te hice desnudarte—

—¿en serio?— preguntó alarmado

—Claro, no creerías que lo hice para ver tu escultural fingura— respondió dándole una palmada en la espalda —Así que... ¿sabes deslizarte por una cuerda?—
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Mensaje por Shabh el Lun Nov 19, 2018 5:31 pm

Una semana más tarde, en un burdel de lujo a las afueras de Nande.

El vino y las mujeres corrían de un rincón a otro del local en una fiesta desenfrenada. El lugar estaba compuesto por una pequeña recepción, una sala cuadrada amplía donde se situaba una especie de bar con mullidos sofás y una serie de salas anexas para más privacidad, además había otro pequeño edificio cruzando un patio donde se encontraban las habitaciones.

Aquella noche, todo el burdel estaba al capricho del señor Belmont y sus más cercanos colaboradores. Celebraba la muerte de su máximo competidor y rival: Narin Elmar. Y no pensaba en escatimar gastos, al fin y al cabo aquella muerte significaba que su negocio prácticamente se triplicaría en la zona como mínimo.

—¡Ahí lo tienen, al hombre del momento!— un hombre calvo y medio desnudo que tenía sobre su regazo a una joven falta de ropa, alzó su copa señalando al recién llegado —¡La mejor decisión que he tomado en mi vida ha sido contratarlo!—  tras las palabras de Belmont se escucharon vitores y risas

Shabh acababa de entrar en la sala, oculto como siempre bajo su capucha avanzaba lentamente mientras varias mujeres salían a su encuentro ofreciendo viandas y vino

—Gracias—  tomó una copa con su mano derecha al tiempo que le tocaba el  trasero a una de las camareras, se notaba que estaba acostumbrado a ese tipo de sitios

—¡Dime como murió! ¡¿Lloriqueó como una niña?!—  preguntó entre carcajadas

—Pues verás...—  el encapcuhado llegó hasta un sofá justo frente al del señor Belmont y parte de su séquito, se dejó caer pesadamente sobre él y dio un sorbo a su copa de vino —¿Por qué no se lo preguntas a él?—

Desde la recepción aparecieron varios hombres armados con espadas cortas y al frente, el rollizo Narin Elmar. La sala se quedó en total silencio, las risas se congelaron y el calvo estaba con los ojos desencajados.. no era para menos, estaba viendo a un fantasma

—Eso, pregúntamelo... Belmont—  rápidamente sus hombres rodearon a los de su advesario, pillados por sorpresa y con los pantalones bajados, literalmente

—¿Qué significa esto?—  buscó con la mirada a Shabh, el cual permanecía bastante relajado sobre su sofá observando la situación

—No pienso explicartelo — movió la mano izquierda en un ademán burlón

—Significa que tu juego acaba aquí—  contestó el hombre entrado en carnes mientras desenvainaba su espada

—¡Me has traicionado!—  gritó enfurecido, aún parecía que le costaba asimilar su posición de victima

—Si—  respondió Shabh sin inmutarse

—Tranquilo Belmont, su juego también acaba aquí—  indico Elmar dando un paso al frente mientras se acercaba hasta el sofá donde descansaba el encapuchado —¿De verdad creías que iba a aceptar un trato como ese? Qué una rata como tu podría chantajearme de esa manera... contéstame, graciosillo—  colocó la espada apuntando a la garganta del asesino, que ni siquiera se inmuto

—La verdad es que no—  volvió a dar otra sorbo a su copa de vino sin importarle el arma

—Entonces eres más estúpido de lo que creía—  retiró el arma hacia at rás con la intención de cargar el golpe para acabar con la vida del encapuchado

Un virote de ballesta voló por la habitación hasta atravesar la mano del rollizo Elmar, el cual dejó caer el arma mientras se llevaba la mano al pecho y comenzaba a chillar como un gorrino. Los hombres de Elmar se giraron en la dirección que había venido el virote, desde la puerta que daba al patio que separaba ambos edificios. Varios hombres encapuchados y armados con ballestas entraron en la sala, apuntando a los presentes. Belmont y su gente simplemente miraban aún más desconcertados ahora.

—Aquí tienes, tal y como prometí—  Shabh abrió los brazos sin lenvantarse, como si quisiera señalar a los presentes

—Estoy gratamente impresionada— otra figura encapuchada acababa de entrar en la sala, era la de una mujer alta, cubierta por un manto de terciopelo negro que parecía bastante caro

—¿Qué... qué es todo esto? — preguntó Elmar mientras trataba de recomponerse

—Ya te lo dije, soy un hombre al que le gustan las promesas aunque prefiere las realidades.... pero también soy bastante superficial—  bromeo Shabh —Y la verdad, si tengo que elegir entre hacer negocios con una bola de cebo traicionera como tu, el calvo de Belmont o esta bellísima señorita... la elección me resulta bastante fácil—

—¿debería sentirme halagada?—  dijo la mujer mientras daba la señal a sus hombres de que disparan sus ballestas, matando en el acto a los hombres de Elmar —Marchaos— ordenó a las mujeres de compañía de la sala, que salieron corriendo a toda velocidad de la sala

—Hoy, sientete como quieras—  Shabh se levantó del asiento lentamente —Hoy es tu gran día querida, solo disfrutalo apropiadamente—  dejó la copa de vino sobre la mesa mientras las ballestas volvían a disparar contra el resto de hombres presentes, dejando tan solo con vida a Belmont y Elmar

—¿qué... qué?—  Belmont parecía empezar a encajar que era lo que estaba por venir

—¿Quién eres tú?—  preguntó Elmar a la mujer

—Seguro que no me recordaís ninguno, ni a mi hermana, ni a mi madre... ni a mi padre o mi hermano... pero yo si os recuerdo y eso es lo que importa hoy aquí—  respondió con rabia la encapuchada

—Bueno, creo que es hora de dejaros a solas para que arregleís vuestros asuntillos—  se despidió el encapcuhado mientrs se acercaba a la mujer [color=#0066ff]—Mi señora— tomó la mano de su socia y la beso tras una suave reverencia
—Ha sido un placer—

—Igualmente, Shabh— devolvió la despedida cálidamente mientras el encapuchado se iba marchando lentamente

—Ah, por cierto—  se giró un segundo antes de abandonar la sala —Si llega un tipo grande y barbudo, no lo mates por favor. Se llama Marcus y le he cogido cierto cariño, así que será nuestro contacto querida—

—De acuerdo—  respondió la mujer mientras avanzaba hacia el centro de la habitación mientras los dos hombres que quedaban vivos comenzaban a rogar por sus vidas de formas un tanto avergonzantes.

El encapuchado por su parte, abandonó la sala por la puerta que daba al patio del edificio.
Shabh
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