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Rey Verde (Privada)

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Rey Verde (Privada)

Mensaje por Kromul el Dom Dic 02, 2018 5:26 pm

Aquel día en las heladas y altas montañas había sido pesado para el orco. Kromul caminaba incansable y junto a él su fiel corcel. El frío, la noche y el sueño empezaban a derribar al orco que apenas podía mantener los ojos abiertos. Tras una hora más de caminar en este estado su cuerpo empezó a desviarse a un lado, hasta que cayó sobre una de sus rodillas.

Haaa... —suspiró—. No debí meterme solo a estas montañas sin un guía, lo siento, amigote —le dijo a su caballo, que no hizo más que relinchar un poco.
Tras agarrar aire y apoyar una mano sobre su rodilla, el orco se puso nuevamente en pie y miro alrededor.
Será mejor buscar donde pasar la noche.
Continuo su helado caminó junto a su caballo, juntando las manos y soplando en ellas para intentar calentarlas un poco, entonces, escuchó un chasquido, uno muy cerca de él y observó a los lados, sin encontrar nada. Cuando intentó dar otro paso, escuchó un pequeño rugido y bajo la vista, encontrándose con un enano le apuntaba con una espada, aunque se notaba que este no estaba muy convencido de su capacidad en poder enfrentar a un orco por sí solo.

¡OH! ¡Un enano! ¡Sí! oye, amigo...
Kromul estiró su brazo hacia el enano, que dio un salvaje espadazo al aire, obligándolo a apartar su mano, entonces el pequeño pegó carrera, tan rápido como sus cortas piernas le permitían, mientras gritaba.
¡Orco, orco!
¡No, espera, no voy...! —Kromul calló al darse cuenta de que estaba hablando en su idioma natal, que para el enano seguramente solo sonaría como un montón de rugidos guturales y amenazantes; se puso una mano en la cara y salió corriendo, siguiendo las huellas del enano hasta encontrarlo con su vista de nuevo, una suerte de que los enanos no fuesen conocidos por su velocidad de carrera.

Cuando se detuvo se encontró en un pequeño campamento de enanos que estaban acompañados de unos tres humanos y un elfo. El orco sonrió.
Y fue apuntando por su amiguito de la espada, un enano con una lanza, otro pequeño con una ballesta, y por el elfo con su arco. Kromul alzó los brazos con una expresión menos alegre en su rostro, pero manteniendo una tan neutral y poco hostil como se le hiciese posible.

Vengo en paz.
No había terminado de hablar cuando el elfo dejo ir la flecha con la que le apuntaba, para bien o para mal, no era la primera vez que un elfo le intentaba encasquetar una flecha en la cara con tan solo verlo y de cerca. El orco esquivó moviendo la cabeza a un lado, y atrapando la flecha en una de sus manos en pleno vuelo.

El elfo, con una expresión que denotaba sorpresa y pronto se volvió ira, alcanzó por tres flechas más de su carcaj, pero vio una lanza cruzarse frente a él, indicándole que se detuviera. Los enanos parecían curiosos.
¡Tú! —lo apuntó el enano de la lanza con una mano—. ¿Quién te enseño a hablar nuestro sagrada lengua? ¿Hm?
Ah, mi maestro Duergath, vengo de un templo y...
¡Intentó atacarme, no hay que creerle! —gritó el enano de la espada, agitándola ansioso de cortar.
Kromul se echó para atrás solo un poco, entonces bajo los brazos y empezó a cruzarlos, negando con ellos y con la cabeza.
¡No! por favor, es un malentendido, yo solo quería pedirte direcciones.
Dices eso, ¡pero vas armado! —lo apuntó con su espada y dio un amenazante saltito hacia adelante. A Kromul le pareció tierno, pero no lo mostraría en su cara.
¡Cejas! —exclamó el enano que llevaba la lanza. "Cejas", que parecía ser el nombre al que respondía el enano de la espada volteó a verlo a los ojos, entonces suspiró como decepcionado y retrocedió—. Bien, bien, orco. Cualquiera que sepa nuestro lenguaje es claramente un ser de inteligencia y honor. ¡Tu arma, ahora, ya ya ya!
¿Mi arma? —preguntó Kromul, viendo sus manos vacías. Entonces recordó que su caballo llevaba en su espalda su enorme bastón de madera. El orco golpeó su puño contra su palma como quién tiene una idea, lo tomo, y lo lanzó suavemente frente a los enanos.

El enano de la lanza miro el bastón tirado en el suelo y luego al orco.
¿Estás jugando conmigo? último chance, cobarde de piernas largas.
Cejas contuvo una pequeña carcajada al comentario, mientras Kromul se desesperaba un poco más al no comprender que quería el enano. Al cruzar vista con el elfo, observó como los ojos de este se clavaban en su espada corta, sus dagas y su hacha.
Oh... oh —abrió los ojos como si se hubiese iluminado, él no solía percibir estos objetos como armas, ya que las usaba con cualquier propósito menos herir a alguien—. Ya, disculpa —Kromul retiró su espada y las dagas de su cinturón, y las puso en el suelo, pateándolas torpemente hacia los enanos y el elfo. No avanzaron mucho por culpa de la nieve, pero el enano lancero pareció satisfecho por esto.
Bien —movió su lanza a un lado y uso la punta para arrastrar las armas hacia ellos, entonces apunto a Cejas, quien no captó que debía hacer al inicio, tras un pisotón, sin embargo, empezó a corretear y a tomar las cosas, llevándolas hacia los comerciantes.

Kromul solo observó como tomaban sus armas y el elfo se alejó, no sin echarle un último vistazo de desconfianza. El orco suspiró, no le gustaba este tipo de trato a su persona, pero a veces sentía que lo merecía por completo.
Entonces, ¿qué decías de direcciones? —preguntó, al verlo desarmado y cabizbajo.
Ah—alzó la cabeza—, es que me adentré en las montañas solito y... quiero llegar a Bund'Ferrak.
'Felak.
¡Eso!
El enano se dio vuelta, rascandose la barba.
No lo sé, Piernas Largas. ¿Llevarte a nuestra primera gran ciudad? No vas a pasarla muy bien, nosotros...
Kromul interrumpió, en medio de otro suspiro.
No suelo pasarla bien la mayor parte del tiempo —dijo algo desanimado.
El enano se dio vuelta y se rascó la cabeza, intercambiando miradas con el que sostenía la ballesta. Un silencio incomodo se sobrepuso al lugar, incluso por encima del frío, y ninguna parte parecía querer - o poder - romperlo.

Kromul con sus ojos cerrados e intentando sentirse melancólico uso su Previsión Auromantica sin querer. Ver el auras de los presentes no fue muy inspirador, ya que esto solo hacía aún más obvio el miedo de los comerciantes, la mezcla entre indiferencia y desprecio del elfo, la aparente pero mezclada de desconfianza calma del enano lancero, y la hostilidad del enano con la ballesta, que todavía le apuntaba.
Entonces sintió... ira. Una ira bastante primal, dominada por sed de sangre. Pensando que venía del de la espada no hizo mucho caso, hasta que un aura más entro en el rango de su energía y le permitió ver con claridad lo que nadie más podía: un goblin acechando.

Veloz para su tamaño, el orco saltó en dirección al enano de la espada, que ahora parecía encontrarse seduciendo a una de las comerciantes con sus musculosos brazos. Su repentino movimiento no pasó por alto al elfo ni a los enanos, que se pusieron inmediatamente en alerta y estaban dispuestos a atacar al orco para ponerle fin. ¡No se podía confiar en estas malditas criaturas!

Cuando todos los ojos cayeron sobre el orco, el goblin que acechaba se encontraba en su pierna, clavando un pequeño cuchillo.
¿Hyegh? —el goblin alzó la vista, sin estar seguro de porque estaba en la pierna de un orco y no en el cuello del enano.
Una flecha pronto atravesó el ojo del goblin, haciéndolo caer de la pierna del orco y soltando el cuchillo, la pequeña y grotesca criatura verde se revolcó por el suelo, chillando del dolor, hasta que soltó un último y agudo grito, provocado por la sensación de como la lanza del enano se clavaba en su cuello.

La sangre del goblin pintó lentamente la nieve a su alrededor de rojo, y Kromul removió la daga de su pierna y se agacho para chequearla mejor y estar seguro, para su suerte, no parecía haber llegado a atravesar su falda de cuero. Escuchó unos suaves pero firmes pasos y cuando volteó a un lado, tenía al enano lancero al frente, con su mano estrecha hacia él.
Te llevaremos a Bund'Felak.
Kromul se vio invadido de alegría y se puso de pie velozmente, recto, firme, entonces hizo una reverencia al enano.
¡Gracias!
¿¡Qué!? ¡pero, Adrik! —avanzó Cejas quejándose— ¡Es un orco!
Adrik sonrió a la reverencia del orco y rápidamente frunció el ceño tan solo escuchar la voz de Cejas. Con su mano estrechada, lo tomo de la barba y le dio un jalón, para pegar su frente contra la suya.
¡Calla, mequetrefe! ¡te acaba de salvar la barba! —apuntó a Kromul con su mano libre— ¡Acaba de hacer más de lo que haz hecho tú en toda la subida!
Cejas tragó algo de saliva y luego le dio un suave cabezazo a Adrik.
Sí-sí... ¡pero yo lo traje! ¡huh! —replicó gritando, ahora intentando poner a Kromul como algo bueno aunque sus acciones anteriores habían dicho totalmente lo contrario.
¿Quieres pelear, eh, eh? —Adrik soltó la barba de Cejas y tomo su lanza, girándola hábilmente y apuntándolo con ella.
¡Ni que te tuviera miedo! —exclamó Cejas, agitando y apuntando con su espada.

Uno de los comerciantes solo reía, comentando "No de nuevo," en el idioma común; no parecía ser la primera vez que Cejas y Adrik habían tenido un pleito así. Al orco mismo la situación se le hacía graciosa, y no pudo evitar reir un poco. Ahora que todos parecían más relajados (excepto Cejas y Adrik) se propuso presentarse al resto, yendo humano por humano, haciendo reverencias para cada uno y diciéndoles su nombre, para algo de sorpresa de estos, en su  idioma. El último fue el elfo, que se negó a siquiera mirar al orco.
Kromul comprendió, no era la primera ni la última vez que trataba con un elfo, así que tampoco se lo tomó a ofensa y se dio vuelta.
Un orco que habla tres idiomas, que espécimen tan raro —comentó el elfo tratando de hacerse el indiferente, a lo que el orco se dio vuelta y sonrió, pero sin encontrar su mirada.

Para cuando Kromul terminó de presentarse a todos, Cejas y Adrik ya parecían haber terminado su rollo y cada uno estaba por su lado, con Cejas volviendo a su misión: enamorar a una señorita, y Adrik apróximandose al centro del campamento.
Bueno, orco, ¿tienes una tienda? ya nosotros no tenemos más —preguntó optando por llevar la conversación en idioma común, de forma que los humanos no se sintieran excluídos, o más bien, desconfiados.
Sí, no te preocupes, Señor Adrik.
Adrik se llevo las manos al pecho como una madre a la que su hijo le regala una flor, puso una sonrisa de oreja a oreja y rio fuertemente, no le gustaba, amaba ese respeto hacia su persona.
¡Perfecto, perfecto! ¡pues montala y empezamos a preparar la comida! —le dio unas palmadas al orco—. No estamos muy lejos, pero no es bueno avanzar de noche, últimamente hay muchos goblins rondando, y esos malditos pueden ver en la oscuridad...
El elfo respingó y se dio vuelta, mirando fijamente al enano con el ceño un poco fruncido.
¡Claro! ¡y tu también tienes excelente vista, cazador!
El llamado cazador se dio vuelta nuevamente, con una expresión desinteresada en su rostro, de nuevo.

Kromul acercó su caballo y tomo de él uno de los sacos que llevaba atados en los estribos, y de dicho saco saco una tienda de campaña. Mientras montaba la tienda, el enano de la ballesta se acercó a él tranquilamente y le devolvió sus armas.
¡Oh! —Kromul las tomó de vuelta—. Cielos, gracias, había olvidado que las tenían.
El enano se dio vuelta sin responder y camino para meterse a su tienda, no parecía ser muy... conversador.

Para cuando Kromul terminó de montar su tienda, Cejas y Adrik estaban peleando de nuevo sobre como preparar la comida, junto a la comerciante a la que Cejas quería comerse y un humano, que esperaba sereno a que la pelea cesará. El orco se acercó a ellos para ofrecer sus envases en los cuales podrían cocinar, no llego a hacerlo, pues en sus ojos se cruzó la nieve rosadita a la poca distancia, producto de la sangre del goblin que habían matado.
Oh, señor Adrik.
Adrik volteó, con su barba siendo jalada por Cejas.
¿Sí?
Hace poco mencionó que últimamente estaban rondando muchos goblins...
Así es —asintió con la cabeza, empujando d eun manotazo a Cejas para hacerle soltar su barba—, nos encontramos con algunos trece tan solo hoy.
¡Trece! —exclamó alarmado.
¡Jaja! —rio confidente el enano—. Eso no es nada, yo solo podría cargarme a un ejercito de esos pendejos.
Kromul forzó una sonrisa en su rostro, no era por poner en duda las capacidades del enano, pero él sabía perfectamente que esto solo era una exageración y orgullo del mismo.
Sin embargo... el problema —comentó repentinamente Adrik, con un tono ominioso y preocupado—, es que parecen haber... domado... demonios.
Las caras del elfo, Cejas y los humanos presentes se invadieron de incertidumbre, no muy distinto a lo que sucedía en el corazón del orco. Nadie hablo por unos instantes, hasta que los humanos empezarón a moverse para poder preparar la comida.

La nieve azotó fuertemente las montañas esa noche, viendose arrastrada por un feroz viento. Entre los espectros de hielo y criaturas más temibles que yacían en la cima, más allá de caminos, riscos, túneles y caminos conocidos por las razas que hacían de las montañas su hogar, se encontraba uan cueva, solo iluminada por pequeñas antorchas, cuya luz mostraba miles de sombras en las paredes. Entre la oscuridad de la cueva y un trono de huesos y carne se dibujaba una sonrisa, tan cruel y vil como el destello de los ojos ámbar del rostro del que provenían.
Allí, de pie en su silla, yacía un hobgoblin frente a cientos de sus primos menores, goblins comunes. El hobgoblin alzó su puño al aire con un amuleto entre sus dedos, acompañando esta acción de un rugido que resonó a través de toda la cueva como un trueno en el cielo; declarando conquista... y la aproximación de una tormenta.


Última edición por Kromul el Mar Dic 04, 2018 6:58 pm, editado 1 vez (Razón : Error en un código de color.)
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Re: Rey Verde (Privada)

Mensaje por Katarina el Mar Dic 04, 2018 6:44 pm

-¡Chirp chirp!- dijo la pequeña figura aleteando delante de la cara de Kat.

-Si…si…ya va…-

-¡Chirp!-

-Silencio, ¡o te quedas sin fruta!-
dijo la dueña, con una manzana en la mano, harta tras cinco minutos de constantes protestas. La pequeña bola esponjosa se plantó en su falta, satisfecha, mientras esperaba pacientemente a que Katarina pelara la manzana con una de sus dagas. Porque el principito no se comía la fruta con piel, por supuesto que no.

No estaba allí, en la cordillera, por ningún motivo especial. Ninguna misión de vital importancia para el mundo yacía allí, hasta donde ella sabía, ni siquiera conocía a alguien allí, estaba lleno de enanos al fin y al cabo. Simplemente había considerado que su repertorio tenía una considerable carencia en canciones enanas, y como buen bardo, había empacado sus cosas y había escogido la zona enana más cercana. ¿Que importaba que a duras penas conociera dos docenas de palabras enanas? Lo importante era el arte, ¡¡el arte!!

Katarina se había tomado su tiempo en hacer tranquilamente su campamento. Lo que significaba que había trepado a un árbol lo suficientemente grande, con las mantas ya preparadas para pasar la noche. Cierto, tenía que comer algo frio, pero se ahorraba un montón de problemas, y estando sola, era mejor. Al fin y al cabo, de esta manera reducía la superficie que su querida guardiana tenía que proteger.

-Hay muchos goblins.- dijo la gata fantasma, apareciendo a través de la rama en la que estaba tumbada, dándole un susto.

-Los goblins son comunes en las Cordilleras de Daulín, aunque no estoy segura de cuanto consideras que son muchos. Son tontos, no creo que vayan a darse cuenta de que estamos aquí arriba, escondidas.-

-Mmmm, como veas, pero no me parece que sean tan estúpidos si usan diablillos.-


-¿Qué?-

-Pequeños, rojos, con alitas…-

-Se lo que es un diablillo, ¿pero cómo es siquiera posible? La demonología es algo demasiado peligroso como para que esos estúpidos goblins puedan hacerlo de manera repetible.-


-Quien sabe…- se limitó a decir su gatita, hundiéndose otra vez en el árbol, yendo a “vigilar”. La elfa sabía que lo estaba haciendo simplemente para saciar su curiosidad, como un gato normal mirando por la ventana, salvo que el gato era fantasma…y no dormía….y se aburría cuando no podía intercambiar comentarios sarcásticos con su dueña porque dormía. Había intentado hacer guardianes con sus poderes, pero su pájaro esquelético había batido las alas y…caído como una piedra al suelo, porque no tenía alas de verdad, solo los huesos, así que había descartado la idea hasta que hubiera mejorado su capacidad para animar carne. De manera que Kirara era la guardiana oficial, y había hecho un buen trabajo hasta el momento, así que no se quejaba y la dejaba hacer, sacando migajas de un trozo de pan, comiendo con calma mientras compartía algún pedacito con Cotton, pensando en canciones, haciendo rimas en su cabeza, algo más difícil de lo normal al no poder sacar el laúd y probar unos pocos acordes.

Es decir…podía, pero entonces avisaría a todos los goblins del bosque, no eran TAN estúpidos.
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Re: Rey Verde (Privada)

Mensaje por Kromul el Mar Dic 04, 2018 8:09 pm

Aunque el frío de la montaña no cesaba ni pensaba en hacerlo, los salvajes vientos que arrastraban la nieve lo hicieron, la paz se asentó en árboles y suelo en forma de blanca nieve.

Mientras la bardo dormía, una pareja de goblins patrullando torpemente paseaban por el lugar, sin hablar ni hacer mucho más que solo caminar y maldecir a la nieve en su idioma por el frío y lo difícil que les volvía su avance. Uno de ellos, ya harto, se tiro a la nieve gruñendo malhumorado; estando boca arriba pudo notar al final de la rama una vista única: una bola de nieve que colgaba de la parte de abajo de la rama.
El goblin se levantó y se acerco al otro que lo miraba molesto, le dio un jalón de una oreja y le susurró en ella.
Crey, es ae, hyag. Blah!
Cuando apenas terminaba de hablar, su compañero se soltó y le empujó violentamente, primero por como le jaló tan salvajemente la oreja y segundo, la estupidez que le dijo: "hay una bola de nieve flotante."
Hyii, idaa, idaa —"Calla, idiota, idiota" le decía mientras se acercaba e intentaba propinarle un arañazo en la cara.
El otro goblin rodó por el suelo para evitar los arañazos y se levantó molesto, señalando eufórico su descubrimiento, mientras lo hacía, el segundo por fin logró alcanzar su cara y arañarla. El silencio cayó sobre ambos y el arañado empezó a fruncir el ceño, hasta estallar en una pelota de violencia verde y tirársele encima al primero, ambos cayeron uno sobre todo y empezaron a pelear, rodando abajo sin darse cuenta, hasta que alcanzaron un desnivel y ambos cayeron montaña abajo desde él, viéndose deslizados por la nieve.

El resto de la noche pasó tranquila para la bardo y su compañía, gracias  a la postura de dormir de Cotton y la estupidez goblin.


Al siguiente día el sol empezó a asomar su cálida y necesitada cara lentamente... el calor, aunque poco, era reconfortante, todavía más luego de aquella noche de tormenta helada. El campamento donde estaba el orco se levantaba lentamente, en paz y tranquilidad, pues no habían tenido casualidades animales ni goblins durante la noche.

¡Arriba! —gritó Adrik, espabilando a Cejas y a los humanos, que permanecían más dormidos que despiertos.
10 minutos más, barba... —se dio vuelta Cejas, que planeaba seguir durmiendo.
Adrik corrió hacia él y le propinó una patada, este chilló ante el golpe, colocándose una mano casi en el centro de la espalda, un hecho increíblemente difícil para los enanos; de hecho, hacer esto era su versión de "lamerse el codo" de los humanos.
¡Aaadriiiik! —dijo levantándose Cejas en una elaborada pijama, que tenía un hermoso diseño de picas y... mujeres desnudas—. ¿¡Tan temprano y estás buscando pelea!? —gritó hacia él, apuntándolo y luego empezando a dar saltitos y a moverse cual boxeador.

Kromul se cruzó de brazos, evaluando los movimientos de Cejas, y simplemente cerró los ojos, asintiendo con la cabeza. Mano-a-mano, que honorable.
Calla —ordenó el elfo, viendo a Cejas con la intensidad de un cazador a su presa—, no nos traigas más animales, o te usaré de carnada.
Cejas dejo de rebotar, todavía con sus manos arriba, se dio vuelta y tosió un poquito. Los humanos solo observaban tranquilos la situación, haciendo al orco preguntarse que clase de escenarios habrían visto durante todo su viaje.

Tras comer un montón de pan y guardar sus tiendas de campaña y utensilios en sus respectivos bolsos, todos estaban listos para partir. Y así fue. Siguieron caminando montaña arriba, hasta que el orco notó una pequeña disparidad.
Eh, uhum...
Cejas se dió cuenta rápidamente de que le miraba y subió la nariz, como preguntándole "¿Qué me ves?" al orco.
Señor Cejas —habló, dándose cuenta de que no sabía el nombre de ese enano—, disculpe si me estoy metiendo...
Sí que lo estás —remarcó rápidamente.
Kromul solo arrugo un poco la cara, por incomodidad y no enojo.
Es que, verá... aún tiene puesta su pijama, ¿no es peligroso? ¿y su armadura?

La caravana y sus escoltas enanos se detuvieron, dejando al elfo avanzar solo, ya que honestamente le daba igual toda estupidez, y con razón, si se tenía que detener cada vez que algo sucedía, no iban a llegar nunca.

Cejas, verdadero a su nombre, solo sonrió y alzó sus cejas.
Ts, ts, ts —agitó su dedo de un lado a otro negando—, estos orquitos tontos —se puso las manos sobre la pijama y se quito la parte de arriba lentamente, revelando abajo su armadura—. ¡Nosotros siempre estamos listos, y dormimos con armadura!
Ya...ya veo, ¿entonces por qué la pijama?
Por comodidad.
La respuesta dejo en el aire al orco. Siguieron avanzando todos, eventualmente alcanzando al elfo que empezó a reducir sus zancadas cuando empezaron a moverse.

Tras unos pocos minutos de subida, el elfo movió un brazo a un lado, señalando al resto que se detuviera. Silencioso empezó a hacer señas, coordinando efectivamente bien a los enanos, que parecían saber que significaban; Kromul, claro, no tenía ni idea, así que decidió quedarse allí entre los humanos para cuidarlos si algo surgía, aunque estos parecían más preocupados de que él les hiciera algo en ese momento de que otra cosa.
El elfo, con su arco y una flecha en mano dio pasos silenciosos y sigilosos dignos de los famosos cazadores elficos, aunque hay muchos elfos pretenciosos que se llamarán a sí mismos los mejores en todo, muy, muy pocos miembros de otras razas podían competir contra un elfo en arquería. Adrik seguía de cerca al elfo con su lanza, el de ballesta atrás de Adrik, y Cejas de último, volteando cada tanto para guiñarle el ojo a la humana.

El elfo saltó adelante y cayó frente a lo que le puso en alerta: una forma en la nieve, no muy discernible, pero era clara para él. La forma de un goblin en la nieve. Mientras él inspeccionaba y miraba a los alrededores los tres enanos le rodeaban, listos para resguardar casi cualquier flanco por el que esas malditas bestias podrían llegar, pero... no, no había nada. Además de rastros de una pelea que ni siquiera dejo sangre atrás la situación parecía algo sospechosa, pero lo mejor sería ignorar eso y subir, pero claro, algo más alertas.

El grupo regreso con el orco y los humanos y tras comentar la falsa alarma por encima, siguieron caminando. Pero solo unos pasos. El elfo no resistió mirar otra vez la figura en la nieve mientras pasaban, y por satisfacer su curiosidad, decidió mirar arriba, en donde se encontró con dosa maravillas: una elfo que descansaba sobre la rama y-

¡UN MURCIELÁGO GLOBO! —gritó Kromul, alarmando a todos los presentes y poniéndolos en guardia—. Sí... si existen... ¡Es... tan lindo! —la vista de un orco dando saltitos sobre las puntillas era una vista única, especialmente para el elfo, que permanecía inexpresivo en su rostro pero no por desdén o desinterés, sino porque simplemente su cerebro no lo procesaba.
¡O-orco! ¡tranquilo! —se atrevió a reclamarle un humano, que bajo su tono de voz al notar que, bueno, estaba reclamándole a un orco, l-los vamos a despertar...

Cuando el humano terminó de hablar, todos escucharon un chasquido. ¿Habrían despertado a la bella durmiente y a la bola de nieve flotante? ¿o era alguien más?
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Re: Rey Verde (Privada)

Mensaje por Katarina el Miér Dic 05, 2018 12:19 am

Los entusiasmados chillidos del orco la despertaron. Aunque desde luego no tenía ni idea de que procedían de un orco, sino más bien de una niña pequeña. En cualquier caso, Kat se despertó, sin siquiera abrir los ojos, una costumbre de tiempo atrás.

-Kirara, ¿porque no me has avisado?-
susurro la elfa, enfadada. El silencio fue toda su respuesta. Algo iba mal. Katarina se movió, lentamente, agarrando las dagas que tenía contra su cuerpo, aun envuelto con las mantas. Podía abrir las mantas de una patada, levantarse y seguir por la rama hasta saltar, dagas en mano. Esos bandidos no sabrían lo que les caía encima.

Excepto…que su querida gata guardiana debería haberle dicho algo… se creía perfectamente que se hubiera distraído, pero no tantísimo tiempo. Abrió los ojos, tentativamente, y allí estaba, su adorable gata verde espectral, disparada como una flecha fantasmal hacia ella. Y no venía de ese grupo de bandidos, sino de delante suyo, de la espesura.

-¿Chirp?- musito Cotton, por fin despertándose. Pero Katarina llevaba con la bola de pelo el tiempo suficiente como para saber que ese sonido no era un “buenos días”, ni siquiera uno de sorpresa al encontrarse más gente de la que esperaba, era un sonido de peligro. Pocos segundos después vino el crujido, un crujido que no era suyo.

Cinco goblins habían salido de la maleza, con diversas y oxidadas armas, exactamente lo que uno habría esperado de esos sucios pielesverdes. Que tres diablillos, rojos como la sangre, sobrevolaran el grupo era algo menos esperado, sinceramente, aunque Kirara ya había mencionado algo al respecto. Que detrás del grupo, aparentemente guiándolos, apareciera un demonio de verdad, del mismo rojo que los diablillos, pero cubierto de púas de hueso y con una espada de peligroso aspecto fue toda una sorpresa.

Le habría gustado decir que evaluó cuidadosamente la situación para tomar la decisión correcta, juzgando los corazones de aquellos a los que había tomado por bandidos como puros, como si de una heroína de leyenda se tratara. La cruda realidad era que les echo una mirada, luego miro a los goblins y decidió que estos últimos eran mucho más feos. Que tuvieran a su lado diablillos y a un maldito demonio ciertamente no ayudaba a verlos como los buenos para ella.

Así que siguió el plan original, aparto las mantas de una patada, se alzó y corrió a través de la rama, saltando por el aire hacia el demonio. Los goblins se habían adelantado, y los diablillos eran demasiado enclenques como para parar su cuerpo en pleno aire, de manera que no había nadie que se interpusiera entre ella y el demonio.

Pero este no era completamente idiota, al fin y al cabo, los demonios del señor de la sangre podían no ser muy espabilados, pero dominaban el arte de la guerra, y Puitas se percató inmediatamente de la amenaza, alzando su espada para empalar a la elfa cual brocheta. Habría funcionado, dándole una horrible muerte, si Katarina no se hubiera simplemente…  desplazado un metro en pleno aire, manipulando su propio cuerpo con nigromancia para evitar la espada en el último segundo, degollando a un sorprendido demonio que poco pudo hacer ante una habilidad que nunc había visto o imaginado.
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Re: Rey Verde (Privada)

Mensaje por Kromul el Miér Dic 05, 2018 3:01 pm

Ante la salida de los goblins, los diablillos y el demonio que les acompañaba, el grupo reacciono apropiadamente. El elfo suspiró golpeándose la cara, Cejas contuvo un pequeño grito, y Adrik apuntó a Kromul con el dedo.
¡Orco, mira lo que hiciste!
Yo... lo siento, Señor Adrik —dijo algo taciturno, antes de subir su guardia velozmente—. Me haré responsable.
Bien. ¡Nadie entre en pánico!

Aunque las orden de Adrik había sido rápida y clara, los comerciantes ya estaban arrinconados y gritaban ante la presencia del grupo enemigo, más por el demonio que nada. Adrik suspiró al verlos y simplemente se puso en guardia, sosteniendo su lanza a ambas manos.

Asesinaremos al grandote primero y...
A lo poco que terminaba de hablar, una difuminación andante cayó del árbol, intercambiando su muerte segura por la del demonio.
¡Oh, a la mierda! ¡nadie está oyendo nada! ¡agh! —chilló molesto y corrió hacia uno de los goblins que avanzaba, simplemente empalándolo, algo muy fácil cuando el "plan" de ataque de los goblins era solo avanzar y atacar.

Cejas, caballeroso y valiente, no se movió de su lugar, quedándose atrás junto a los humanos - específicamente, junto al objeto de su amor - mientras que el enano de la ballesta y el elfo, algo atrasados en su reacción por la sorpresa de que algo degollara al demonio de la nada, dispararon sus respectivas armas hacia un par de Diablillos, uno viéndose derribado porque la flecha le impactó en el ala, impidiendo que se mantuviera en el aire. El segundo tuvo peor suerte, con la flecha clavándose directamente entre sus ojos; el arco era más rápido en cuantas flechas podrías disparar por segundo y más rápido en manos de un elfo, pero la ballesta, a corta distancia, siempre sería más potente.

Kromul permaneció inmóvil durante todos los hechos, solo reaccionando cuando uno de los goblins le tiró un hacha quebrada; estiró sus brazos, cubriéndose de un aura azulada que se separaba tan solo un poco de su cuerpo. El hacha al chocar con el aura simplemente se vio desviado y disparado hacia un lado, como si lo hubiese arrastrado una corriente de aire; el orco entonces corrió hacia dicho goblin y lo aplastó de un puñetazo, no matándole, pero si dejándolo inconsciente del golpe. Otro par saltaron hacia el orco e intentaron clavar una daga y un cuchillo, pero sufrieron el mismo destino que el hacha arrojada. En un acto algo salvaje el orco tomó al del cuchillo de la cabeza y lo lanzó suavemente al aire, para atraparlo de una pierna y golpearlo contundentemente contra el del cuchillo, sacándolos a ambos de combate también.

Adrik forcejeaba con el último goblin, que cargaba una espada corta. Con su superior fuerza física pudo empujarlo atrás y derribarlo, a lo que Cejas hizo el kill-steal más rápido de la historia, apareciendo a un lado de Adrik y clavando su espada en el cuello del goblin.
¿Como te atreve...
Cejas puso su dedo frente a la boca de Adrik, sonriendo arrogante.
Sh, sh, se dice gracias.

Al parecer por karma, el único diablillo en buen estado voló veloz e intento arañar a Cejas, que solo logró esquivar parcialmente, dejando una aruñada a medio dar en su frente.
¡Hijo del foso! ¡vuelve! —le exclamó al diablillo, persiguiéndolo y claro, siendo incapaz de alcanzarlo. Enemigo volador vs piernas cortas, cualquiera podría hacer la matemática.
El elfo subió su arco nuevamente y cerro un ojo, apuntando a la perfección al diablillo, pero justo antes de soltar la flecha reconsideró la situación y la disparo al ala del diablillo, derribándolo de su vuelo y permitiendo que Cejas le asesinara saltándole encima con su arma.
No es común que falles un disparo —comentó el enano de la ballesta.
No falle —aseguró—, pero si yo lo mataba después no se callaría la boca en el resto de la subida.

Cuando todo pasó, lo único que restaba en el lugar era sangre y confusión a que había sido la sombra que cayó y degolló al demonio. El cuerpo muerto que se mantenía en pie empezó a doblarse lentamente cuando una corta brisa azotó el lugar, finalmente derribándolo y revelando la figura atrás. Una elfa tan blanca como la nieve de la montaña. No todos presentaron mucha confianza, considerando que las miradas que se cruzaban del grupo a ella eran claras vistas de "¿enemigo o amigo?"

Excepto por Cejas, que nuevamente veloz, ya estaba frente a esta,  tomando su mano y mirándola a los ojos con la ilusión de un niño pequeño.
Es hermosa —dijo al aire, no para Katarina, no para el grupo, sino para nadie—, aunque no tenga barba.
Y sea más alta que tú —añadió frívolamente el elfo.
¡Oh, calla! —gritó soltando la mano de la bardo y apuntando al elfo.
Te recuerdo que yo soy el que tiene un arma a distancia entre nosotros.
¡Basta! —ordenó Adrik fuertemente—. Ni un minuto que aparece otra mujer y ya van a matarse por ella... urgh... —arrastró su mano por su cara, y cuando pareció calmarse, miro a la señorita a los ojos—. ¿Quién eres?
¿Y es ese murciélago globo tuyo? —preguntó el orco, como si fuese relevante a la situación.
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Re: Rey Verde (Privada)

Mensaje por Katarina el Miér Dic 05, 2018 9:43 pm

Manipular tu propio cuerpo con nigromancia era extremadamente incomodo, y su cuerpo se resentía a partes iguales por la magia y la brutal sacudida al pisar el suelo. Por suerte, no pareció que el grupo necesitara más ayuda, puesto que el resto de enemigos fueron eliminados en un periquete. Eso generaba un pequeño problema…dejándola solamente a ella como potencial enemigo. Katarina se preparó, cambiando ligeramente su postura para poder luchar o escapar según la situación. Los carros acompañados de humanos inútiles y asustados apuntaba a comerciantes, más que a bandidos como había pensado originalmente, pero eso no quería decir que fueran completamente inof…

Y…uno le estaba cogiendo de la mano, con los mismos ojos que le ponían los niños cuando les contaba historias de héroes y dragones, y no parecía importarle demasiado que aun tuviera una daga ensangrentada en la misma mano que estaba sujetando, al parecer. Bueno, al menos parecía que no la consideraban una amenaza. Katarina recupero su mano del enano y enfundo sus dagas luego de dar un golpe seco para quitar la sangre. Un pequeño gesto violento que sin duda levantaría un poco de suspicacia, pero sin duda mucho mejor que usar maldita nigromancia ante tanta gente para sacar la sangre. Fue a presentarse y fue interrumpida por un largo y sonoro “chiiiiirp” resonó por el bosque, y una pequeña bola blanca se posó en su pelo.

-Este es Cotton.-

-Chirp.- dijo orgullosa la bola, extendiendo las alas sobre el pelo de Kat, al parecer sin intención de moverse del sitio.

–Y yo me llamo Katarina, soy una…una….- rebuscó en su espalda, pero era incapaz de encontrar su laúd. Era bastante importante, puesto que tal cual, vestida de negro y con sendas dagas, lucia más bien como una asesina a sueldo. Cosa que no estaba tan alejada de la realidad, sinceramente, pero quedaba más bien feo.

-El laúd está en el árbol, con la mitad de tus cosas.-
Contribuyó Kirara, apareciendo a su lado con un halo verdoso.

Treinta segundos y una elegante escalada más tarde, volvió a intentarlo, tocando un par de notas con su laúd. En circunstancias normales, escalar un árbol en busca de “algo” ante un grupo de personas que la consideraban un potencial enemigo habría sido problemático, pero por suerte, Cotton y el enano habían reducido la tensión en gran medida.- Me llamo Katarina, soy una bardo.- luego dedico una mirada al grupo, concretamente a los carros. –Y sería un placer acompañaros a la ciudad más cercana, si me dejáis...- Por supuesto que la dejaron, el enano la adoraba, y el elfo no se quedaba atrás, sin duda solo al encontrarse entre tantos humanos, enanos y orcos. Bueno, orco en singular, pero lo que importaba era que podía disfrutar de un tranquilo paseo hasta la ciudad. Bueno, ni siquiera paseo, puesto que estaba sentada en uno de los carros, probando acordes mientras escuchaba a ese empalagoso enano. Para lo estrictos y gruñones que eran los enanos con su idioma, este estuvo más que dispuesto a enseñarle canciones enanas y, más importante, su significado.
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Re: Rey Verde (Privada)

Mensaje por Kromul el Jue Dic 06, 2018 12:09 am

El grupo permaneció tranquilo, con solo susurros entre los comerciantes sobre la apariencia de la elfo haciendo contraste al silencio del resto. Al menos hasta que Katarina dio aquel golpe necesario para limpiar su daga, esto, lamentablemente, solo lo sabía ella; ante esta acción el elfo y el enano de la ballesta, rápidos, le apuntaron con sus respectivas armas.
La elfo avanzó solo unos pasos, y cuando iba a responder a Adrik, un audible chillido se escuchó claramente por todo el lugar. Poco después del sonido una bola blanca empezó a descender, posándose en la cabeza de la elfo.

Un simple gesto y la revelación del nombre del murciélago globo hizo que el elfo se tomase el asunto con más tranquilidad, tras entender que el golpe fue para limpiar la sangre de su arma y que la elfa no tenía malas intenciones contra el grupo. Kromul juntó las manos encantado cuando el pequeño extendió sus alas como saludándoles.
Es tan tierno.
Sí, sí. Pero que todavía no nos dices tu nombre —dijo Adrik, dándole impaciente con el pie al suelo.

La elfa replico casi instantemente, ya fuese porque pensaba hacerlo con o sin pregunta, o porque la pregunta le animo a hacerlo. El pequeño tartamudeo del final y ver como intentaba alcanzar inútilmente hago en su espalda hizo a Adrik alzar una ceja, y a los humanos, claro, alarmarse un poco. La repentina aparición de un "fantasma" frente a ellos causó reacciones diferentes del grupo, con Adrik y el elfo permaneciendo implausibles, Cejas expresando su impresión audiblemente y un par de humanos mirándose las caras sin saber que pensar o decir.

Cuando la elfa empezó a subir el árbol ágilmente Cejas le miró la cara al orco, que solo pudo subir los hombros. Adrik, aún algo escéptico, hizo una seña con los dedos a su compañero de la ballesta y al elfo de que estuvieran listos, después de todo, ella acababa de despachar a un demonio como si nada cayéndole desde arriba.
La vieron descender lentamente y repetir su nombre, está vez, acompañado de su vocación y dos dulces notas de su instrumento. Su petición de acompañarles fue escuchada y nadie pareció presentar quejas, excepto uno de los humanos de la caravana.

No estoy seg...
¡Sí! ¡sí puedes! —dijo interrumpiendo al humano y señalando el camino hacia los carros, como si fuese necesario.
El humano suspiró, volteando los ojos.
Vamos, vamos, no hay que ponerse así —añadió Adrik dándole una palmada—, ya la oíste, es una bardo, no pensarás que dejaremos ir la oportunidad de cantar nuestras impresionantes baladas enanas ahora que tenemos una bardo a bordo.
Y sabe defenderse, es, en teoría, más protección para ustedes —contribuyó el elfo, claro, era una elfa, no le iba a jugar sucio a uno de los suyos.

El humano hizo un pequeño gesto con la boca, considerándolo. Luego simplemente asintió y con todos de acuerdo, siguieron con su viaje. La elfa fue en uno de los carros como invitada, tocando unas notas de su laúd; Cejas, Adrik, y aún más increíblemente el de ballesta, conocido por ser el más callado de los tres, empezaron a cantar y marchar al ritmo de sus canciones enanas. Tras un par de canciones enanas no escapó a ninguno de los tres - ni del orco, por el hecho de que este hablaba enano - que la elfa conocía el idioma, o eso creyeron. Se trataba más de que conocía algunas palabras del idioma, pero para su suerte, allí estaba el grande Cejas, que no podría rechazar la oportunidad de estar junto a la bardo y enseñarle más de su intricado idioma en la forma de canciones.


Tras dos horas de caminata, gracias al destino tranquilas, la caravana llego a la entrada de la ciudad. El acceso hubiese sido sin ninguna complicación pero Kromul estaba presente, tal vez el lugar tenía humanos, cambiaformas, elfos y diviums, ¿pero orcos, no?
Adrik tuvo que discutir ferozmente con varios guardias y sacar el hecho de que el orco salvó el pellejo de Cejas, los guardias ante esto se miraron las caras, aún dudosos, pero por asuntos de honor y sus barbas, ya no tenían excusa para no dejarle pasar, aunque fuese un poco a regañadientes. Kromul educadamente se inclino ante los enanos como agradecimiento y muestra de confianza.

Se les abrió una gran muralla y frente a ellos estaba su destino. Apenas pusieron pie en el Suelo del Fallarón, los tres enanos dieron un salto al aire y empezaron a hacer una complicada danza celebratoria alrededor del elfo, que temblaba entre nervios y los impulsos que sentía de golpearlos para detener el baile.
Oh sí, oh sí.
Nos ganamos esa paga, ¡aquí estamos! —exclamó Adrik, abriendo los brazos y mostrando en toda su gloria el Suelo de Fallarón.

Este distrito era una zona bastante circundante, y aunque era obvio que la mayor parte de la población era enana, también se veía uno que otro humano, cambiaformas y demás razas aceptadas en el lugar por el hecho de que era el distrito más comercial, lleno de infinidad de tiendas y posadas. Los humanos pagaron y agradecieron a sus guardaespaldas enanos y elfos, con uno incluso aprovechando de acariciar a Cotton y despedirse del orco, cosa que el resto no hizo, entonces partieron con su mercancía a vender.

Bueno —dijo dándose vuelta—, como te lo dije, orco. Estás en Bund'Felak - pero, pero... debes saber, nadie más que nosotros conoce de tu honor, el resto te verá por lo que eres: un orco.
Lo sé... puedo soportarlo, les agradezco —dijo estrechando la mano del enano.
Adrik asintió con la cabeza y se dio vuelta para hablarle a su grupo.
Ahora a descansar un rato y tomar una buena cerveza. Luego salgamos a ver quien necesita escoltas para salir de la cordillera, que seguro... ¿Cejas? —preguntó al notar la ausencia de este.

Cejas, claro, había vuelto a pegarse a Katarina.
No quiero.
¡Cejas!
¡No! ¡estoy feliz aquí! —gritó abrazándose a la pierna de la elfa.
Adrik se acercó y le hizo un gesto a la elfa, como pidiéndole permiso por lo que estaba a punto de hacer. Encasquetó su mano entre la pierna y Cejas, tomándolo de la cara y jalándolo fuertemente.
¡Suéltala, o sino la lastimarás! ¿¡le harás eso a una dama, eh!?
Cejas forcejeó un poco, pero ante las últimas palabras no tuvo opción que dejar ir, viéndose arrastrado por Adrik hasta perderse entre más y más enanos.

El elfo solo observó la escena junto al enano de la ballesta, este último siguiendo atrás de Adrik y Cejas a los segundos. El elfo permaneció allí por un momento, dándose vuelta para despedirse apropiadamente.
Adiós, Katarina, que tengas suerte en lo que vayas a hacer —se inclinó un poco por respeto—, tocas increible; pero es evidente que vas... "sola" —miró a Cotton, y a la gatita de estar presente—, así que puede que necesites ayuda cuando te toque irte de las montañas.
El elfo empezó a buscar en sus cosas, hasta sacar una pequeña botella de unos 400 ml, llena de un líquido dorado; estando en una ciudad enana y el hermoso color dorado del líquido dejaba pocas dudas a los conocedores de que se trataba: Cerveza Enana. Agitó la botella un poco y la puso en las manos de Katarina.
Podría salvar tu vida y yo igual ya voy a obtener más, esos enanos fueron a beber eso, es seguro... Ten cuidado cuando la tomas. Eso es todo, adiós —se dio vuelta y dio un par de pasos, deteniéndose y volteando para mirar al orco—, adiós a ti también... supongo.

Tras terminar de hablar, volvió a mirar al frente y empezó a caminar, pareciendo saber perfectamente a donde habían ido sus compañeros más pequeños. Kromul sonrió un poco y se despidió alzando la mano, quedando solo con su caballo y Katarina. Finalmente, ahora quedaba una sola cosa por hacer.
¿Puedo? —preguntó decidido, acercándose un solo paso—. Quiero decir... puedo... ¿puedo acariciar a Chir...digo, a Cotton? ¿puedo?

Mientras el orco preguntaba algunos enanos pasaban, mirándoles algo despectivos, con los humanos y otras razas notándose más desinteresados pasada su reacción inicial; este último ni siquiera se daba cuenta ya que toda su atención estaba centrada en el murciélago globo. Por otro lado, parecía haber una segunda cosa que estaba llamando mucho la atención en el lugar, algo más... malvado, en su naturaleza.


Última edición por Kromul el Jue Dic 06, 2018 12:11 am, editado 1 vez (Razón : Otro código de color.)
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Re: Rey Verde (Privada)

Mensaje por Katarina el Jue Dic 06, 2018 4:20 pm

Tras varias y útiles lecciones en enano y canciones de taberna, llegaron a la ciudad, y antes de que pudiera echarle un buen ojo, tenía al enano enganchado a su pierna como una garrapata. La elfa soltó un largo suspiro, repitiéndose a sí misma que apuñalar un enano en una ciudad enana era muy posiblemente una muy mala idea, pero por suerte, cuando volvió a abrir los ojos, el elfo estaba allí para rescatarla del enano. Cierto que cogerlo por la cara y tirar no era una manera muy elegante, pero hey, llegados a este punto una no iba a quejarse.

Acepto encantada el regalo del elfo, que realmente debía sentirse solo entre tanto enano, destapando la botella para olerla en cuando este se hubo ido y prácticamente cogiendo resaca solo con el olor. Ni idea de que hacia exactamente eso, si hacia algo siquiera, pero dudaba de que fuera a bebérselo salvo que se encontrara en medio de una ventisca. A su lado solo quedaba el orco, que había estado encandilado con Cotton desde el principio y ahora quería acariciarlo. ¿Quién no? Cogió suavemente al pequeñín con una mano, ahora echándose una siesta, y lo dejo en las del orco, mientras le daba un vistazo a esa famosa ciudad.

Bund'Felak, habían dicho que se llamaba durante el camino. Era realmente una gran ciudad y, curiosamente, no estaba completamente cubierta como la mayoría de las ciudades enanas debido alguna manía con “caerse hacia el cielo”. No, parecía tener un distrito al aire, seguramente para los turistas, o las otras razas. Un distrito comercial, a juzgar por la cantidad de tabernas y tiendas. Estaba sin duda excavado en la montaña como era costumbre, y amurallado, pero separaba sutilmente la ciudad propiamente dicha, teniendo una segunda muralla entre los enanos y los turistas…aunque muralla no era muy correcto, era más bien una pared de roca, una muralla tenía que tener un “techo” sobre el que patrullar.

Una vez Cotton se hubo hartado de ser mimado en vez de dormir, volando hacia su hombro, Katarina se despidió del orco y se fue a explorar la ciudad. Lo primero para un bardo era encontrar una taberna. Tras una exploración, finalmente se decidió por una, pequeña pero mona, aunque no llego a entrar. El truco era encontrar una taberna que fuera buena, decente, no un cuchitril, para que pudieran permitirse unas cuantas monedas para un bardo, además de prescindir de comida y una habitación, pero no tan buena como para que ya tuvieran uno o para que una habitación fuera demasiado cara para sus servicios. Presuntamente, claro, porque sus servicios eran geniales, ¡si hasta tenía un laúd mágico!

Luego de seleccionar la ubicación de su próximo negocio, se fue de compras. Visitó a un herrero para que le afilara un poco las dagas, y mientras el hombre trabajaba, se pasó por el negocio de un curtidor para agenciarse unas botas nuevas, puesto que las anteriores habían quedado un poco destrozadas por el viaje. Y finalmente fue a visitar al gobernador… bueno, no al gobernador, porque aparentemente no era lo suficientemente importante o algo así. No le dijeron eso exactamente…pero un bardo tenía que saber leer entre líneas, así que acabo sentada ante el capitán de la guardia.

-¿Y bien? ¿Qué quieres?- tenía ante ella un malhumorado enano, que iba de arriba abajo en placa, incluso con un protector de barba, cosa que le arranco una sonrisa. Pero no se le escapo que el tipo tenía el hacha al alcance de la mano, y dos guardias completamente armados flanqueaban la puerta por la que acababa de entrar.

-Seguro que ya lo sabéis, pero tenéis un pequeño problema con los goblins.-empezó, por enésima vez la elfa.

-Lo sabemos, extranjera, los goblins llevan siendo un problema desde antes de que tomara el puesto.- se deshizo de la sensación de deja-vu después de haber tenido esa exacta conversación con al menos otros tres enanos.

-Y dime, ¿siempre han tenido demonios con ellos?-

-¿Demonios? No digas tonterías.-
eso era nuevo, el resto al menos le habían concedido cierta importancia a esas palabras.

-Tienen varios diablillos con ellos, y al menos un demonio del señor de la sangre los acompañaba, en pasado.-

-Tonterías, ningún goblin es tan listo como para hacer contratos con más de un demonio sin meter la pata y ser devorado.-

-Entonces… ¿no habéis recibido reportes al respecto? ¿Ningún explorador ha informado al respecto?-


-Esa pandilla de borrachos no podría distinguir un demonio de un goblin algo rojo. Tu solo quieres conseguir dinero fácil a costa de meros rumores. ¡Guardias!- no era enteramente falso, pero aun así fue de muy mala educación hacer que los guardias la arrastraran hasta fuera como un criminal, al menos no la tiraron a la calle como un saco de patatas, era de agradecer. Pero aun así… algo iba mal. Cierto, los enanos no eran exactamente… rápidos, meditaban seriamente sus decisiones, una desventaja de vivir tanto tiempo y que tu antepasado más cercano fuese una roca, pero al igual que los elfos, se tomaban muy, muy en serio la amenaza de los demonios. Porque recordaban el horror que suponian ¿Qué clase de incompetente no se aseguraría de que eran solo eso, rumores?

Intentó sacarse esa sensación de que algo estaba…mal, dirigiéndose a la taberna escogida, ahora que ya empezaba a ponerse el sol. Con su encanto, practica y promesas de incrementar los beneficios, no le costó mucho pactar un precio con el propietario y en nada la elfa estaba cantando, acompañando su dulce voz con las melodías de su laúd. Toco muchas canciones enanas para su gusto, pero bueno, una tenía que saber leer a su público, y la ahora abarrotada taberna estaba llena de enanos, así que canciones enanas tocaban, era un mal necesario. Y aun así…o puede que gracias a ello, veía que había algo raro, una fracción de la taberna no le hacía caso, pero en vez de estar enfrascada en la bebida como habría sido lo normal, parecía gravitar hacia otro punto, alguien a quien no conseguía ver para su desgracia. Así que cuando se tomó una pausa, se agenció de la barra un bocado y se dirigió a la zona, para ver que exactamente era mejor que sus canciones.

Que el centro de atención fuera una mujer no era tan raro, pero… ¿Qué cejas estuviera allí, intentando ligársela? Eso sí le hizo levantar una ceja. Se acercó a saludarlo, y este a duras penas le dedico una mirada antes de seguir hablando con la mujer. Eso…la molestó un poco, no por celos, por supuesto, podía quedárselo todo para ella, sino porque habían compartido un viaje juntos, nada unía tanto a un grupo como matar monstruos, así que al menos se merecía un saludo. Y que Cotton se hiciera una bola y soltara un chirp que parecía más bien un bufido desde luego levantó sus sospechas. Es decir, a esa bola de algodón le gustaba todo el mundo que no estuviera activamente gritando, especialmente si le daba mimos o fruta. Seguro que no era nada, que eran imaginaciones suyas…

Pero eso no le impido mandar una única gota de sangre hacia la mejilla de esa mujer de melena negra. Nadie se fijaría en una gota de sangre flotando, no cuando tenía el tamaño de una mosca, así que llegó sin problemas a la mujer y… desapareció. Seguía allí, la notaba con su poder, pero no la veía, lo que solo podía significar una cosa. Ilusión. Una maga como ella, elfica y con experiencia en estas cosas, no había manera de que no se fijara en las señales. Puede que solo fuese fea, pero aun así, sería mejor asegurarse ¿no? Especialmente tras el pequeño incidente con el demonio. Puede que el rechazo de la guardia la hubiera impulsado a actuar un poco más imprudentemente, pero lo tenía que comprobar igualmente.

Así que hizo lo que todo ciudadano preocupado habría hecho. Deshizo el camino hacia la barra, pidiéndole a un muy, muy confuso tabernero un saco de harina y, cuando tras unos minutos lo tuvo en sus manos, volvió al lado de cejas, apuñalo al saco y se lo vertió en la cabeza. Había limites en una ilusión personal, que solían ser más bien de bajo nivel, y desde luego una nube de pegajosa harina que atravesaba la ilusión pero se pegaba a la forma real era una excelente forma de saturarla, haciendo que se dispersara debido a la incapacidad del mago de mantener el control.

Y por supuesto, cuando la ilusión efectivamente se dispersó para dejar ver a una súcubo de alas negras y adorable colita puntiaguda, temió por la vida de su querido compañero Cejas y la apuñalo directamente al corazón, sin ninguna mala intención, simplemente en aras de la protección de su compañero enano y la propia ciudad.

O al menos así se lo contó a los guardias cuando la detuvieron por apuñalar a alguien ante una veintena de testigos.[/b]
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Re: Rey Verde (Privada)

Mensaje por Kromul el Jue Dic 06, 2018 6:56 pm

El orco mantuvo si mirada fija en el murciélago globo, impaciente por una respuesta de la dueña. Lo único que rompió su concentración fue el olor de la botella que le entregaron a la elfa cuando esta le abrió, era ciertamente una cerveza, fuese la que fuese. Apartó la cara a otro lado un momento no por la fuerza del olor, sino por su dulzura.
Que potencia... —dijo para sí mismo.

Cuando el orco miro de reojo tenía a la gloría frente a sus ojos: el pequeño, el suave, y posiblemente el último que iba a ver en su vida. Sonrió emocionado y acomodo sus manos como una pequeña cuna para que fuese colocado allí. 30 segundos. Pasó 30 segundos silente, tan solo observándolo, incapaz de creer todavía que tenía uno en sus manos. Alzó lentamente un dedo y lo pokeo, la suavidad era irreal, tan irreal que despertó una frenesí en el orco, como solía despertarla la batalla. Empezó a hacerle cariño suavemente con el dedo, una y otra vez sin parar, sin querer despertándolo de su leve siesta. Se alarmó un poco pero cuando vio que la única otra reacción del pequeño fue, aparentemente, esperar más cariños, continuo, esta vez usando tres dedos.

¡Aaaah! ¡aah! ¿quién esh una coshita tierna, awh, awh? —preguntó mientras le acariciaba, llamando la atención de muchos enanos que jamás habrían soñado ni en sus mejores sueños...ni en sus peores pesadillas, con ver a un orco actuando así.

Tras un rato de cariños, el pequeño murciélago globo alcanzó su limite de mimos y se elevo rápidamente, para dirigirse en vuelo hacia el hombro de su dueña. El orco solo mantuvo su sonrisa porque después de todo, tuvo la oportunidad de hacerle cariño y no menos importante, una elfo tuvo la confianza de dejarle su mascota.
¡Adiós, amigo! ¡que te vaya bien! ¡chau chau!

Unos pocos enanos ahogaron sus risa detrás de expresiones tan duras como una roca; al menos ahora Kromul era más un chiste que una amenaza en sus ojos. Kromul acarició a su caballo y vio como Katarina alzó una mano para despedirse; inmediatamente el alzó la suya también para devolverle el gesto. Viéndola partir y encontrándose solo de nuevo, tomo su largo bastón y coloco una jarra de madera llena de agua en cada extremo para quitarle ese peso a su caballo, que ya había hecho más que esforzarse durante el día.
Empezó a caminar con ello apoyado de su hombro y llevando a su caballo de la tienda, su primera visita y la razón real por la cual quería pasar por Bund'Felak era encontrar un establo. Tuvo algo de problemas para encontrarlo, ya que la mayoría lo evitaba cuando se acercaba a preguntarles por direcciones.

En medio de muchas personas pero sintiéndose solo con su caballo, finalmente un enano se le acercó y le miró a los ojos un momento. Era, increíblemente, un enano más bajo que el promedio, con una larga barba grisácea, una bandana negra sobre la cabeza, una camisa del mismo color con un delantal marrón encima y pantalones grises metidos dentro de un par de botas de cuero.
¿Se... le ofrece algo, señor? —preguntó dudoso.
¿Cómo está la barba, verdoso? —le respondió con una pregunta, en su idioma enano.

«¿La barba? ¿es esto...jerga enana?» se preguntó el orco, sin saber que responderle al enano. Este al ver que el orco no respondía, cambió la pregunta, está vez además usando el idioma común, para ver si ese servía.
¿Qué te trae por la Ciudad Cuna?
¿Ciudad cuna? —le preguntó Kromul de vuelta, pero en idioma enano, para mostrarle que no es que no había comprendido que le dijo antes.
El enano bufeo, llevándose la mano a la barba al escucharlo responder en enano.
Bund'Felak , eso es lo que es.
El orco permaneció callado unos momentos, apenado a iguales niveles por no saber eso, y por no comprenderlo ahora que lo sabía.
No tenía ni...idea —intentó sonreír un poco—, aunque todavía no entiendo que significa. Ajem, si me disculpa la rudeza por cambiar el tema así, ¿sabe donde puedo conseguir un establo?
Oh, sí, hay uno en el Barrio de los Otros, si agarras la curva en la esquina y luego vas calle abajo y luego a tu izquierda, no camines la calle completa, solo la mitad y vuelves a bajar y...
El enano, al observar como la confusión aumentaba gradualmente con cada instrucción, suspiró.
Yo te llevo. Y te voy contando de nuestra ciudad igual, que no sabes nada —le ofreció, lo último más que nada por el clásico orgullo enano que todos compartían de su ciudad, pero, ¿cómo no iban a estarlo? era una construcción impresionante, y eso que el suelo en el que se encontraban era solo el primer distrito.

Como lo dicho, el enano empezó a guiar al orco por las calles del primer suelo, esto no era de agrado para la mayoría, pero el hecho de que fuese acompañado por otro enano y que el orco hablará su idioma les sacaba algo de base. El enano comenzó contándole un poco de la historia del lugar, de los Kazurnires, sus pleitos de conservadores contra los que consideran que fue para mejor y correcto las elecciones de karzurnires nuevos. Claro, también le contó cosas malas - para él - como que hubo una invasión orca y que eso fue lo que de hecho mejoró su relación con los divium en cierto modo, Kromul escuchando esto pudo entender todavía mejor porque todos le mirarian con cara de querer asesinarle y sacarlo a patadas del lugar. La masa de musculo verde deseo que tal vez en un futuro, los Kazu´Lab lograran la integración de los orcos al Barrio de los Otros.

También les hablo de los Kazu´Kele pero solo muy por encima y de forma algo despectiva, este enano parecía no tenerles mucho agrado, refiriéndose a ellos solo como "idiotas ambiciosos." Todo lo que el enano hablaba era interesante, pero aún así no escapó de la atención del orco que habían pasado por una misma calle un par de veces, o tal vez no, ¿sería que tan solo compartían diseño?

Disculpa, amigo, ¿pero no hemos pasado por aquí antes?
El enano dejó de hablar y se detuvo, viendo a su alrededor. Entonces estalló en risa.
Oh sí... sí... jaja, disculpa, es que me distraje hablando y te hice dar vueltas el círculos. Mira —apuntó arriba—, allá hay un buen establo.
El orco solo dibujo una sonrisa en su rostro, no lo culpaba del todo, ya que a él también le gustaba contar y hablar sin parar cuando se le permitía.
No se preocupe. Al contrario, gracias por ayudarme.
¿Gracias por ayudarte? —preguntó alzando una ceja— ¿es qué acaso no haz escuchado nada de lo que he dicho?
El orco se preocupó un momento, sí lo había hecho. ¿No? ahora tenía la duda.
Pero... ¡claro que te he oído! es solo que no veo la conexión.
Es simple. Ya ves como fueron y son las cosas aquí. Las otras razas creen que somos puro roca, metal, martillos y barba —movió las manos, como intentando guiarse a sí mismo para continuar—, pero no es realmente así, nosotros también avanzamos, aunque hayan algunos cabeza dura que no quieren moldear nuevas realidades dentro de sus cerebros, como esos imbéciles Kazu´Kel... —tosió para impedirse terminar de decirlo—. La cosa es que, no puedo mantener mi creencia de que no todos somos lo que él mundo cree si yo al ver un orco solo pensaré que es un lanzagolpes, o que los divium solo piensan en montar orgías. Todos nosotros avanzamos.

Kromul sonrió y llego a reír un poco al enano, era agradable saber que había gente algo iluminada en el mundo.
Gracias.
El enano solo asintió y se dio vuelta para irse caminando.
Si necesitas una runa o algo, puedes pasar por mi puesto. Solo pregunta por Dworic.
Lo haré.

El orco se dirigió hacia el establo, el dueño para su suerte parecía un humano, que si bien no eran menos agresivos contra los orcos, al menos estando en Bund'Felak este debería tener menos razón para serlo.
Saludos, vine a dejar a mi Shire aquí, si es posible.
Hmm, un orco, que extraño. ¿Cómo pasaste a la ciudad?
Uh... venía con una caravana con unos amigos enanos y me dieron permiso por ayudar a uno.
Ya veo... ¿cuantas horas?
Kromul se llevó la mano a la cabeza dudoso, ya que no sabía cuanto tiempo iba a estar en el lugar para empezar.
¿Es posible qué lo deje aquí y pague después? —preguntó, viendo como la cara del hombre se arrugaba—. Claro... dejare todas mis pertenencias con el caballo, como prueba de que simplemente no me ire y ya... tampoco podría, este pequeño es mi amigo —dijo dándole una palmada al caballo.
El hombre hizo una mueca y estiró el brazo
Bien, dame la espada, los... ¿cuchillos?
Dagas.
Las dagas, y el hacha, también el bastón.
Con gusto.

El orco empezó a darle lo que el hombre solicitó arma por arma, puso el bastón frente a él, y al ver que el hombre no podía sostenerlo y mucho menos con una jarra de 2 litros en cada extremo, ofreció llevarlo junto a él hasta el puesto que le asignarían a su preciado caballo. Acompaño al hombre hasta allí y coloco su bastón en el suelo detrás del Shire, no sin antes bajarse casi una jarra entera de una sola pasada.
Refrescante, ¿quiere? —le ofreció al hombre.
No, gracias.
Kromul alzó los hombros y se terminó de tomar el resto de la jarra, la cual colocó junto al bastón. La segunda la tomó para darle agua a su caballo y cuando finalizó de hacerlo, hizo lo mismo que hizo con la primera.
Ahora iré a darme una vuelta por este Barrio para verlo bien y ver si consigo provisiones para más adelante.
El hombre solo alzó los hombros, se le hacía algo intimidante que un orco le hablará tanto.

Kromul salió del establo y agarró aire fresco, antes de empezar a encaminarse. Aunque su plan inicial era explorar el Barrio de los Otros, al haber sido guiado todo el camino y no haber prestado atención a cuales camino tomó, ni cuales curva, ni nada, terminó saliendo del lugar sin querer. No es que él se diera cuenta de esto, así que solo continuó avanzando buscando una tienda que despertará su interés.

No la consiguió. Pero sí algo que despertó su interés, aún si no era una tienda. Al parecer había un escándalo en una taberna, el tipo incorrecto de escándalo, con los años y muchas tabernas, se empezaba a aprender como diferenciar un tipo del otro. En la entrada habían decenas de enanos con uno que otro elfo y divium observando, Kromul solo se acercó para escuchar que decían, no logró absorber mucha información ni entender la situación, pero escuchó una palabra de importancia: "súcubo."

«¿Más demonios? ¿y hasta se colaron dentro de la ciudad? bueno... era una súcubo... seguro que solo sedujo a los guardias para pasar...»

Cuando la gente se empezó a dispersar y pudo acercarse un poco más para oír, se enteró de que al parecer alguien ya había asesinado a la súcubo de todas maneras. Suspiró algo más aliviado y solo se dio vuelta para irse, pero una voz lo hizo darse vuelta.
¡Hey, heey, orcooo! —gritaba la voz.
Kromul volteo, encontrándose con la grata sorpresa de Cejas.
¡Oh, Cejas! —lo saludo con la mano—. ¿No se han ido aún?
De hecho... fue súper rápido, nos tomamos 5 cervezas —puso la mano abierta al frente, se la miró por un momento y la volvió a mostrar al orco—, cada uno, digo. Bueno, eso, nos tomamos las cervezas, y entonces conseguimos gente súper rápido, no iban montaña abajo sino a otra de nuestras ciudades que no están muy lejos, así que Adrik dijo...
¿"Pues vámonos ya"?
Cejas chasqueo los dedos y lo apuntó
¡Eso mismo! pues nada, eso, agarramos nuestras cosas y partimos con ellos, pero escucha, es que no teníamos...¿10 minutos? tal vez 15... ¡y nos ataca un maldito demonio! ¡con una pandilla de goblins! ¡eran como 20, argh!
Kromul dio un instintivo paso atrás.
¿Están bien? ¿y el resto?
Ese... ese es el problema —dijo bajando la cabeza y apretando el puño.
El orco se quedo en silenció y trago saliva, pensando lo peor.
¿Los mataron...?
¡Karzun! ¡No! —le aseguró Cejas—. Aunque sabes, puede que no este muy lejos de pasar, los capturaron y se los llevaron con ellos, no sé si son ideas mías o no, pero creo que esas mierdecillas verdes intentaban articular "sacrificio" en común.
Sacrf...¿estarán pensando en sacrificarlos para invocar un demonio?
Cejas bajo la mirada y empezó a desviarla de un lado a otro, considerando la posibilidad.
Son... goblins. Es imposible, la cabeza no les da para eso, ¿o sí?

Al orco mismo le pareció estúpida su sospecha, si los goblins ni siquiera podían articular bien algunas palabras, ni tenían el tipo de organización requerida para un ritual que les invocase demonios. En sus pensamientos, las palabras de Dworic resonaron, Todos nosotros avanzamos.
Junto a esas palabras haciendo eco en su cabeza empezó a temer por sus compañeros, que le habían mostrado amabilidad incluso cuando era un orco, y eso se apreciaba. Sobretodo cuando eras un orco.

Puede que sí, sino... tal vez... tal vez hay alguien más guiándoles, los goblins son muy tontos para un demonio, pero un demonio es justamente muy listo para los goblins, ¿y sí los está usando?
Cejas se llevo las manos a las cejas y empezó a jalárselas, entrando en pánico
¡Los van a matar!
¡Calma! calma, escuch..
¡Y es mi culpa! ¡aaah!
Kromul arrugó la cara.
¿Tu culpa? ridicu...
¡Es que yo me salve, orco! ¡y vine a pedir ayuda, pero cuando volví una mujer muy bonita empezó a hablarme y me llevó a una taberna! ¡y me ha tenido aquí un rato, ni sé cuanto ha pasado!
¿Una mujer bonita? —le dio una mirada juzgadora, conociendo como era Cejas con las chicas, pero luego cayó en cuenta— ¡La súcubo!
¡Sí! ¡y de paso ahora se llevaron al amor de mi vida!
¿A quién?
¡La... la...! —Kromul le puso una mano en la cabeza a Cejas y otra en el hombro, mirándolo fijamente para ver si se calmaba—. A... Katarina, ella mató a la súcubo, y se la llevó la guardia.

Kromul se golpeó la cara con la mano, parecía que toda persona con la que había tratado en términos neutros o buenos hoy estaba en problemas.
Pues vamos allá, tenemos que explicarles la situación.
¡Yo juntaré a mis amigos! —exclamó Cejas y salió corriendo.
¡Espera! —le gritó inútilmente, tal vez era la adrenalina y la preocupación, pero en todos sus años de vida, el orco nunca había visto a un enano pegando una carrera tan veloz.

Viéndose solo, Kromul salió corriendo pretendiendo ir hacia la guardia, pero se detuvo al darse cuenta de un pequeño problema: a él ni por la mierda le iban a creer. Se pasó la mano por la frente y tomo a un enano que le pasaba por un lado casi por sorpresa, haciendo que este entrará en un corto susto. Le preguntó si sabía donde encontrar a Dworic; el enano, aún atrapado en el pequeño susto, tan solo apuntó a una dirección y Kromul salió corriendo hacia allá, agradeciéndole con un audible grito.

Tras una corta carrera logró ver a la distancia por una ventana a su viejo guía y aceleró más, logrando apenas frenarse y quebrando la puerta de la casa del enano sin querer con su brazo, sin pasar el resto de su cuerpo. El sonido de la puerta quebrándose hizo saltar a Dworic de su puesto y voltear, tan solo observando un largo brazo verde que se salió lentamente de su casa, apenado.
Oh... metí la pata...
Dworic, caminando demasiado calmado para alguien a quien acaban de destrozarle la puerta, se asomó y miro al orco.
El brazo más bien. Cuando te dijes que si necesitabas algo no era necesario que rompieras la puerta.
¡Lo sé! —exclamó, llevándose las manos a la boca después por pena de haberle alzado la voz—. Es que... ahhh... por donde empiezo —se clavo ambas manos en la cara, arrastrándolas.
Calma, calma, la puedo reparar, ¿qué te pasa?

El orco le explicó por encima el asunto al enano, haciendo énfasis en que se hubiesen llevado a la elfa porque era el asunto más a mano para tratar, ya que Cejas estaba reuniendo fuerzas. Dworic, sin pena ni miedo, se subió al hombro del orco y apuntó adelante.
Vamos, ¡apurate! —le ordenó.

Kromul espabiló al grito del enano y salió corriendo con el apuntando hacia donde estaba la guardia, cuando llegaron se detuvo y Dworic se bajo de su hombro.
Déjame esto a mi, ese idiota no va a oir a un orco ni aunque este llevara barba y martillo —dijo seguro de ese hecho mientras avanzaba, increíblemente, los guardias de afuera no intentaron detenerlo, sino que más bien saludaron con sus armas.

Una vez estuvo adentro Dworic siguió avanzando hasta encontrarse con el enano malhumorado de placas con protector de barba. Efectivamente, en la oficina de este, estaba la elfa, quien parecía intentar mantener la calma para no arrancarle la barba al capitán que solo discutía con ella sin parar, de pie en su escritorio, algo que era necesario para poder estar a la altura de la elfa.
Delg.
¡De verdad! ¡estos elfos! ¡ya pregunte a los guardias de afuera tu hora de entrada y no tienes ni 3 horas en esta ciudad y ya mataste a alguien! ¡súcubo mi barba!
Delg.
¡Y...!
¡MUCHACHO!
Delg, el enano capitán se cayó del escritorio del susto, levantándose rápidamente y mirando quien era.
¿Papá?
La elfa te dice la verdad —pausó un momento—. Creo, ¿qué te ha dicho?
Esto no es asunto tuy...
Dworic le dedicó esa mirada que solo los padres de alguien le pueden dar para inyectar miedo y dominación inmediatamente, Delg apretó los dientes, rugiendo un poco, entonces confesó. Era lo mismo que le había dicho Kromul que le dijo Cejas, solo que con otras palabras y, claro, mucho más detalle.
Bien, me la llevo conmigo entonces.
¡No puedes!
¡Jajajaja! —se burló fuertemente frente a él, con una mano en su estomago y otra apuntándolo—. Claro que puedo, soy tu padre Y tenía mayor rango que tú, soy superior en ambos sentidos. Venga por aquí, señorita elfa —dijo mirando a Katarina, dándose vuelta y haciéndole señas para que le siguiera.

Una vez afuera, se pudo escuchar la explosiva pataleta de Delg, música para los oídos de Dworic.
Aquí está tu amiga, orco. Ahora iré a hablar con ese pequeño malcriado, tardará unos minutos en comprender que diantres pasa...

Kromul, impresionado por el poder de Dworic, solamente pudo mirar de reojo a un lado y a otro. Después de un ahogado silencio, azotó con una lluvia de palabras a Katarina, diciéndole casi todo lo que Cejas le dijo. Justo cuando terminaba de hablar, volvió a escuchar gritos a sus espaldas.
¡Oh, está aquí! —se dio vuelta— ¡Ce...
El ánimo del orco se fue por un barranco, para no volver nunca más. Cejas solo traía a un enano más con él.
¿Y tus amigos?
Cejas alzó una ceja, encontrando la pregunta rara.
¿Qué no lo ves? es él, él —dijo, apuntando a su compañero, que saludo tímidamente con la mano.

Kromul pestañeo dos veces, no sorprendiéndose demasiado que el número de amistades de Cejas fuera de su grupo se pudiera contar con una mano. O más bien, un dedo.[/color]
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Re: Rey Verde (Privada)

Mensaje por Katarina el Jue Dic 06, 2018 11:15 pm

La celda era fría, húmeda, incomoda y algo tétrica. Y aun así, no era el peor lugar en el que había pasado la noche.

-Oh, venga ya, llevas aquí como media hora.- dijo Kirara cuando la elfa se quejó por enésima vez.

Y finalmente sus quejidos fueron respondidos, cuando el capitán de la guardia fue a buscarla. –Ya era hora de que entraras en razón, estas celdas son horribles, ¿y de verdad esperéis que la gente mee en un cubo? Uno pensaría que los enanos tenían un concepto más elevado de higiene…- y habría seguido, tenía el discurso ensayado, pero resultó que no estaba allí para liberarla, sino para interrogarla y abroncarla por matar a alguien en su ciudad. Daba igual que le dijera que era una súcubo y que por lo tanto no contaba no solo porque técnicamente no era una persona sino porque además había vuelto al foso así que no estaba muerta de verdad, seguía recibiendo una bronca como si fuera una niña pequeña, a pesar de que estaba muy segura de que era mayor que ese tipo.

Pero no fue completamente inútil. Entre las quejas e improperios aprendió varias cosas. Al parecer, no estaba molesto por haber matado a alguien, sino por la conmoción que eso había provocado. Cosa natural, había un montón de testigos, pero al parecer la conmoción venia de arriba. Conmoción que ella asociaba a tener un demonio campando a sus anchas por la ciudad, después de los rumores de goblins demonologos. Seguramente estarían buscando como locos comportamientos inusuales, para ver si alguien importante había sido influenciado, golpeando a diestro y siniestro con martillos de siderita esperando romper alguna ilusión. Martillos pequeños, esperaba.

Por suerte un enano vino en su rescate, acompañado del orco, supo más tarde al verlo nada mas salir. Aparentemente el barbudo desconocido era el…¿padre? Del capitán. Menuda vergüenza debía pasar el pobre. Casi le daba pena, casi. Le había estado echando la bronca durante lo que le parecían horas.

Y por supuesto que durante la media hora que había estado encerrada, todo se había ido al garete. Bueno, por lo que dedujo, había sido un poco antes, pero daba igual, lo importante era que esa pandilla se había metido en problemas, otra vez, y podían o podían no ser sacrificados, lo que era objetivamente malo.

¿Cobraría por ello? Casi seguro que no. ¿Pero podía dejarlos allí, medio muertos, a la espera de ser sacrificados? Tampoco. La nigromante miró al orco, a Cejas y al enano que traía con él. Casi seguro que ese era nuevo. –Bien…entonces…vamos a salir, encontrar el campamento o guarida y asaltarlo. El nuevo, ¿eres local? ¿alguna idea de dónde empezar?- La verdad, podía hacer trampas, pero preferiría que no la vieran haciendo uso de magia más bien…cuestionable. Así que si conseguía encontrar la guarida sin usar métodos cuestionables, mejor. Y sino, bueno, necesitaba un cadáver para empezar, así que continuar hasta encontrarse con algunos pobres goblins dispuestos a ser asesinados era una buena manera de empezar sinceramente, fuera cual fuese su manera de actuar.
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