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Rey Verde (Privada)

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Re: Rey Verde (Privada)

Mensaje por Kromul el Vie Dic 07, 2018 3:46 pm

Cejas dio un salto de alegría cuando vio a Katarina, y corrió para abrazarse a ella.
¡Estás bien!
Sí, yo también me alegro.

El amigo de Cejas permaneció callado y solo saludo con la mano, otra vez. Ante la pregunta de la elfa solo se quedo mirando a Cejas, que tradujo las palabras a enano, entonces asintió con la cabeza y se dio vuelta, señalándoles que le siguieran con la mano.
Es parte del Gremo de Exploración, lleva años en esto, han encontrado incontables nidos de esas mierdecillas verdes, no tardaremos mucho, ¡Adrik, ahí vamoooos! —gritó Cejas, corriendo detrás de su amigo.
¡Bien! —alzó un puño el orco, uniéndose al optimismo grupal.

Todos partieron fuera de Bund'Felak, comprando tan solo unas antorchas a lo mucho para poder arreglárselas en la oscuridad de los túneles. Primero fueron al punto donde habían secuestrado al grupo, había evidencia de unos 7 goblins muertos, unos por cortes, otros azotados por flechas, y uno parcialmente incinerado.
¿Fuego?
Ah, no le prestes atención. Beiro es piromante, es solo que no le gusta mucho usar hechizos...pero tuvo qué aquí —suspiró, recordando la batalla y como se habían llevado a sus amigos.

El enano explorador le dio una palmada, y con pocas pistas se embarcaron en las profundas, largas y confusas cuevas de la montaña. Encendieron un par de antorchas, y liderados por el enano explorador caminaron aquí y allá, sin embargo su búsqueda se vio poco fructífera... todos los viejos nidos visitados eran historia, hechos desastres con solo huesos en los mismos. Otros, ahora estaban sellados, a mano y martillo enano, el Explorador explicó que no podían causar derrumbes dentro de las cuevas así sin más al no poder medir con total exactitud que desencadenaría esto en los túneles, así que en los nidos más grandes y viejos debían cubrir la entrada con puertas de metal o rocas gigantes para impedir que se pudiera volver otro nido con el tiempo.

Aún no los encontramos... —dijo Cejas cabizbajo—. ¿Cuanto tiempo ha pasado? —preguntó, con el tono de un hombre que se había rendido, como un granjero que era incapaz de mantener el agua estancada en un arrozal para poder trabajar su ricicultura.
Su amigo explorador se acercó a él, hablando en enano al ser el único idioma que conocía.
No te rindas aún, es una montaña muy grande... aún nos falta mucho por buscar.
¡Pero no tenemos todo el tiempo para buscar en toooda la montaña, ya se los deben estar cenando! ¡no vamos a conseguir el lugar solos!

Apenas Cejas terminaba de hablar, se empezaron a escuchar numerosos pasos, decenas... tal vez centenas de ellos. Frente a los ojos del grupo se empezaban a asomar cabezas enanas, varios grupos de pequeños en metal y cuero, con escudos, lanzas y armas de fuego, todos liderados por Delg.

No están solos —aseguró caminando hacia Cejas—, ya me explicaron la situación... —tiró una fugaz mirada sobre la elfa y después del orco, no muy feliz de la presencia de estos—. Y no vamos a permitir que lastimen a nuestros hermanos enanos. ¿¡O sí!? —alzó su escudo, provocando un grito grupal de todos los otros enanos que respondieron fuertemente con un "¡No!"

Cejas recuperó sus ánimos, uniéndose al grito grupal unos segundos después.
Explorador, situación.
Sí, capitán, ahem —soltó un pequeñito rugido, como quitándose algún pesgoste que tuviese en la garganta y camino con Delg hacia las tropas.

El enano explorador comenzó a hablar de los lugares por los que habían transcurrido, usando una especie de código que los enanos habían trabajado para conocer los túneles y cuevas. Todos los enanos asentían y unos susurraban a otros lo que se les ocurría de acuerdo a lo que escuchaban.
El orco, mientras el explorador explicaba, tan solo podía voltear cada tantos segundos a mirar a la elfa para ver si ella estaba tan confusa como él. Y para mirar al murciélago globo, claro.

Ya veo... ¡un miembro del Gremio de Exploración por grupo! ¡12 enanos por grupo, vamos, muévanse! —golpeó su martillo contra su escudo múltiples veces, provocando una corta conmoción enana de los pequeños arreglándose como se les ordenó, resultando en 9 grupos en total.
Capitán... —se acercó algo tímido Cejas.
Delg se dio vuelta, todavía con la intensidad que acompañaba sus ordenes
¿¡Qué!?
Cejas pegó un salto atrás, Delg, notando que le gritó innecesariamente tosió y volvió a intentarlo.
Digo... ¿qué ocurre?
¿Y ellos? —preguntó mirando hacia la elfa y el orco.
Ergh... agh —se puso una mano en la frente, masajeándosela con un par de dedos—. Como sea, que vayan con el grupo donde está... él —dijo haciendo un gesto casi desinteresado hacia el grupo donde se encontraba el amigo de Cejas.
Maldrot.
Sí, sí, Maldrot, para allá.

Cejas corrió hacia Katarina y el orco, diciéndoles que vinieran con él y llevando de la mano a la elfa al grupo donde estaba Maldrot.

Bien... todos listos. ¡Saben que hacer! ¡busquen en cada parte de la montaña! ¡por donde pasen dejen señales para los demás, así evitamos perder tiempo, ahora...! —puso su escudo al frente, antes de golpearlo con muchísima mayor fuerza de lo que había hecho antes, haciéndolo resonar por todo el lugar—. ¡Comiencen a buscar!

Con esa última orden, todos los grupos empezaron a correr y se separaron por túneles distintos, con muchas antorchas iluminando su paso. En la oscuridad, el tiempo se les acababa...
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Re: Rey Verde (Privada)

Mensaje por Katarina el Vie Dic 07, 2018 9:44 pm

Su acompañante, el colega de cejas…no hablaba enano, genial, simplemente genial… Katarina condenso su frustración en un único y largo suspiro. Ya veía a esos pobres idiotas sacrificados en un altar.

Al menos era parte del gremio de exploración… dedicado obviamente a explorar, pero no estaba muy segura de su efectividad sinceramente. Empezaron buscando la zona del ataque, que obviamente estaba vacía, con la excepción de unos cuantos cadáveres. Todos de goblin, ni enanos, ni demonios. Y había siete goblins muertos, lo que indicaba una considerable fuerza de ataque… pintaba mal, por más que el elfo fuese piromante. En ese momento se planteó la idea de interrogar los cadáveres, pero la descarto, simplemente había demasiada gente, prefería hacerlo sola. Además, ¿Cómo de difícil podía resultar encontrar a alguien?

Resulto ser que mucho. Habían visitado un montón de cuevas, antiguos nidos aparentemente, algunas tapadas, otras no, allí solo quedaban huesos, y esos sí que no le servían. EL explorador les contó, para tapar su fracaso, como las entradas se sellaban porque derrumbar la cueva podía tener consecuencias imprevistas, les contó como los goblins no podrían desellar las entradas…pero los demonios sí podrían, claramente. Y Cejas, como era de esperar, no tardo en quebrarse, imaginándose a sus amigos sacrificados, cosa que sinceramente, se volvía más probable a cada hora que pasaba.

Iba a revelar que había una manera más rápida de encontrarlos, pero fue interrumpida por el discurso triunfal de ese capitán de la guardia tan gruñón. Oculto su hastió. Es decir, más cuerpos que buscar efectivamente agilizaban el proceso, pero solo si no considerabas la posibilidad de alzar un maldito goblin para que te guiara directamente a la guarida.

Al menos, por más que la competencia de su capitán fuese cuestionable, los enanos aprecian capaces, listos para el combate.

Katarina sonrió. Puede que hubiera mucha mala sangre entre elfos y enanos, pero si algo tenían de bueno esos pequeñajos, era que sabían guardar agravios. Y eso era muy malo para los goblins. Hora de hacer su parte, parecía ser. Kirara finalmente había vuelto de su misión, y le hizo un saludo militar, allí flotando de manera verdosa.

-Quedaros aquí, voy a usar mis métodos de elfo.- se limitó a decir, desapareciendo en el bosque. Kirara la guio hacia el grupo de goblins que había encontrado. -¿Cuántos?-

-Solo cuatro, sin demonios.- podía con cuatro si los pillaba por sorpresa, sin duda. Especialmente cuando resultó ser que estaban vageando justo debajo de una pendiente empinada. Katarina derrapó hacia abajo, enclastando una daga en el pecho de uno, que prácticamente salió volando, disparo una estaca al segundo. El tercero recibió un manchurrón de sangre en la cara, que cristalizó bloqueando boca y nariz. El cuarto empuño un oxidado cuchillo y se abalanzó hacia ella, solo para recibir una patada en toda la cara que lo mando al suelo, seguido de un dagazo en el cuello.

Ahora venía la parte realmente difícil. Seleccionó al pobre goblin que se estaba ahogando, era el más fresco, y el que menos daños presentaba. Porque técnicamente, la muerte por asfixia no dañaba los huesos. El poder nigromántico se acumuló en su cuerpo, frio, hambriento, salvaje, tuvo que retenerlo, mantener las riendas para evitar que saltara sobre ese pobre goblin, aún vivo. Solo cuando la última chispa de vida lo hubo abandonado, permitió la elfa que su poder lo invadiera. La nigromancia permeÓ el cuerpo, devorándolo, solo podía controlar los huesos, al fin y al cabo, así que su poder destruía el resto a medida que se permeaba en el esqueleto. Se requerían ciertos ajustes, bastante serios, para manipular carne según su maestro, y ella simplemente no era capaz aun, y desde luego no era el momento de experimentar. Cuando el esqueleto tuvo una cantidad de esencia diferente, Katarina le ordeno alzarse, observándolo atentamente.

Era claramente diferente a cuando había alzado a su primer caballero. Y no solo porque este midiera como la mitad, no. Usualmente escogía a quien alzar, con mucho cuidado, atrayendo las almas… más bondadosas, por decirlo de alguna forma, alguien en quien poder confiar si les daba libertad, para ahorrarse la tremenda carga que suponía comandar no-muertos como marionetas. Este no era el caso, no podía confiar en dejar suelto a un goblin esquelético no-muerto, así que había aplastado su voluntad, había llenado su mente de obediencia.

Y la preocupaba un poco que hubiera sido tan fácil, que hacerlo se sintiera tan bien. Había usado demasiado poder decidió, esos pensamientos no eran suyos. -¿Dónde está vuestra guarida?-

-Ashak ka ka shash.-

-Huh…- sus poderes transmitan su voluntad, por lo que dar sus órdenes nunca era un problema, pero no había caído en que un goblin no necesariamente hablaría su idioma y esa traducción no funcionaba en ambos sentidos. Era como hablarle a un animal, por ejemplo. Bueno, había alternativas, era una nigromante con recursos.

-Muéstrame donde está tu guarida.-
eso lo entendió sin problemas, y el mini esqueleto se giró, empezando a dirigirse hacia su cueva. Katarina tomo nota de la dirección general, y envió a Kirara a seguirlo, mientras ella volvía con el grupo. Se debatía entre usar el esqueleto al completo, mandándolo como avanzadilla para luchar contra los goblins. Eso sin duda los alertaría, lo que era malo, pero podría encargarse de algunos cuantos, o bien podía deshacer el conjuro en cuando llegara a su destino, ahorrándose problemas con su grupo actual.

Podía notar a su siervo renqueando lentamente, supuestamente seguido por Kirara, a quien no podía percibir de la misma forma, mientras avanzaba hacia donde había dejado su grupo, saliendo finalmente de la maleza. –Seguidme, Kirara ha encontrado el rastro.- y se habían ido. Por supuesto, como no, ¿porque esperar a la única que tenía idea de cómo encontrar a esa cuadrilla de idiotas? Katarina soltó el que prometió, sería el último suspiro del día e intento decidir qué hacer. Provo primero con la opción más simple.

-Cotton, ¡busca!-

-¡Chi-chirp!- su adorable bola de algodón aleteo, orgullosa de tener algo que hacer, voló un poco a su alrededor y finalmente se asentó a unos pocos pasos de la elfa, con un sonoro “chirp”.

-Supongo que era pedir demasiado…- musitó Katarina mientras se acercaba a recoger esa adorable pero boba criatura, cuando se dio cuenta de que se había sentado sobre un krull. Y a los pocos metros había otro…y luego otro. Empezaba a tener una idea de que significaban.

No tardó demasiado en atrapar el grupo. Aunque su marcha se veía interrumpida por tener que recoger monedas cada pocos pasos (no quería arruinar al pobre desgraciado que la estaba ayudando al fin y al cabo), los enanos tenían, de acuerdo a la tradición popular, piernas cortas, así que andaban lento. En un periquete estuvo al lado de Cejas, su compañero y un montón de enanos que no conocía, y el orco, por supuesto. Un sonoro silbido llamo la atención de su cuadrilla de humanos verticalmente discapacitados. –Estáis yendo en la dirección errónea, es por allí.- al menos no estaban yendo en dirección exactamente contraria, tenía que dar gracias por eso, solo tenía que corregir la dirección unos noventa grados. Un enano particularmente barbudo se separó del grupo, encarándola.

-¿Y cómo sabes tú eso huh? ¿Estas con los goblins?-
La mirada de la elfa le hizo retroceder unos pasos. Tan helada que podría haber congelado un volcán en erupción. De hecho, le pareció ver vaho en su aliento cuando se dignó a contestarle.

-Porque a diferencia de ciertos barbudos faltos de entendimiento, los elfos sabemos hacer magia, y varios conjuros sirven para ubicar personas.- y luego mintió descaradamente. –especialmente si tienes algo suyo. Así que marchando, AHORA.- con la práctica que tenía como bardo, no necesitaba alzar la voz para que todo el grupo la oyera, pero lo hizo para la última palabra, añadiendo un toque de urgencia a sus palabras.

Su renqueante goblin llevaba un rato parado, lo que, posiblemente, significaba que ya había llegado a su guarida y Kirara estaría volviendo hacia ella a velocidad fantasmal, por lo que se la encontrarían de camino. Azuzo un poco más a los enanos, dejando la bolsa con las monedas que había ido recogiendo en las manos de Cejas con un guiño. Una vez llegaran, mandaría al menos al explorador a buscar más enanos. Había un delicado equilibrio entre enviar más enanos a encontrar más grupos y ser capaces de combatir a los goblins, pero solo podría saberlo una vez viera como de ancha era la cueva.
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Re: Rey Verde (Privada)

Mensaje por Kromul el Sáb Dic 08, 2018 3:13 pm

Los grupos enanos avanzaron incansables buscando en el rango de la montaña, aquí y allá, al parecer por la falta de un cuerno sonando, o no se había encontrado nada aún o se querían tomar las cosas más tácticamente.

El grupo en el que iba la elfa se detuvo un momento cuando varios de ellos creyeron ver algo, se trataba de Kirara, pero nunca pudieron llegar a determinarlo. El orco decidió no decir nada tampoco porque no era realmente útil, y los enanos con una mentalidad muy simple, siguieron adelante, o eso pensaban hacer. Cuando la elfa hablo varios voltearon, pero evidentemente no entendieron nada al no hablar elfico ni común la mayoría de ellos, los pocos que sí hablaban común hicieron el favor de traducir a los demás.
Como si tuviéramos tiempo, ¡estos elfos! —dijo uno, claramente era uno de esos enanos que no era muy fanático de otras razas.
¿Tal vez se acobardó?
O fue a peinar su barba.
Varios enanos rieron un poco ante el último comentario, parecía ser un chiste que solo entenderían enanos.
¡Esperen! no podemos irnos así sin más... si nos vamos, ¿cómo va a encontrarnos de nuevo en los túneles?
Si no nos vamos, nuestros hermanos morirán —comentó uno firme, aunque no se veía quien fue entre tantos. Todos los demás asintieron y continuaron adelante.
Cejas miró atrás por donde se perdió Katarina y luego al grupo, algo indeciso. Kromul le puso una mano en el hombro.
¿Tienes dinero?
S-pfftf, huh, ¿qué? ¿dinero? ¡no es momento para préstamos!
No, no... podemos dejarle un rastro.
Cejas abrió los ojos, comprendiendo.
¡Un rastro! ¡tuve una idea! —dijo tomándose todo el crédito, saco de su bolsillo una bolsita y la agitó, mostrando su peso y su orgullosa cantidad de krulls.

Cejas empezó a caminar con el orco tras el grupo de enanos, soltando un krull en el suelo como al séptimo paso, y así lo hizo cada tantos pasos, para asegurarse de que su amada pudiera volver a él y así mirarla de nuevo.

La corta búsqueda que hizo el grupo mientras Katarina asesinaba y levantaba un muerto no fue tan fructífera como les hubiese gustado a los enanos, los mismos que se dieron vuelta cuando escucharon un silbido a sus espaldas.
¡Katarina! —dijo corriendo y abrazándose a su pierna, algo que ya parecía un hábito a este punto.

Kromul observó a Cejas, lo había estado pensando más y más, pero ahora, ya estaba casi seguro: la elfa había domesticado al enano; una pequeña sonrisa se dibujo en su rostro y desapareció cuando vio algo moverse adelante, se trataba de un enano con bastante barba, lo cual dice mucho, porque el enano promedio ya tiene la barba grande.
Tras una corta (heh) protesta, la elfa gano la atención de los enanos cuando mencionó sobre conjuros para localizar personas: los enanos, al ser fervorosos en su mentalidad de que la magia era para cobardes, no tenían ni idea de que era posible o no con esta, solo meras ideas y tomaron su palabra como la absoluta verdad. Con los diminutos guerreros convencidos y Cejas totalmente infatuado tras un solo guiño, solo faltaba que Katarina diera el primer pasó en la dirección correcta.

Comenzaron a seguir a la elfo, muchos de ellos aumentando en desconfianza con cada pasó, no fue una caminata fácil, especialmente cuando llegaron a un punto de túneles inexplorados incluso por los enanos, un frío fantasmal que no pudieron explicarse de donde vino les puso la piel de gallina a varios por un momento. Otros, simplemente no notaron esa brisa espectral, totalmente concentrados en su asombro a las paredes, suelo y techo desconocidos, especialmente Maldrot, que estaba... bueno, un poco más que emocionado.
¡Clavos y martillos! —exclamó, corriendo de una pared a otra, tirándose al suelo para inspeccionar el suelo de cerca, y dando uno que otro golpe aquí y allá con un martillo y un cincel para marcar el lugar—. Esto es impresionante, ¿estaremos arriba? ¿o más abajo? hmmm... me parece que definitivamente arriba, sí... —se rascó la barba pensativo, tan consumido por la emoción de un lugar nuevo que uno pensaría se había olvidado de su misión.

¿Tú crees que estén bien? —preguntó el orco a la elfa sin dejar de mirar adelante mientras caminaban—. Debes tener eso... instinto mágico, creo que le dicen —la miro para hacerse entender mejor, aunque a lo que él se refería era instinto femenino. Algunos, sin embargo, no dirían que ambas cosas estaban muy lejos.

Repentinamente el enano que iba más adelante pegó un salto, emitiendo no más ruidos que el de su caída tras saltar, apunto adelante con su lanza y los ojos de todos los enanos que podían ver  se clavaron en el mismo lugar: una grande piedra ovalada, que sin embargo, revelaba una miniatura luz que se asomaba desde una abertura mediana, la luz se desvaneció cuando los enanos corrieron allí. ¿Qué había sido esa luminiscencia? quien sabe, tal vez Karzun se apiado y les mandó una señal. Tal vez, fue la gata de su dueña, que sabía que los guerreros podrían haber pasado de largo sin una ayudita.

Daba igual, varios enanos se juntaron a un lado y empezaron a empujar la roca, con otros asegurándose de sostenerla a un costado para que no pudiese caer forzosamente y evitar revelar su posición. Adentro se encontraron con algo curioso, un hueso... específicamente, el hueso de un antebrazo unido a los huesos de la mano y dedos de un goblin. Todos los enanos se miraron a la cara, y la mayoría supo que ya se encontraban frente al nido...
...y era el nido, unos pocos pasaron, junto a Cejas, el orco y la elfa; la cueva adentro parecía más bien otra colección de túneles por todas las bocas en forma de rocas que se asomaron a la luz de las antorchas.

Es enorme —dijo Maldrot, observando el lugar—, no quiero saber que tan grande es, ni... —tuvo un pequeño escalofrío al imaginarlo—. Ni cuantos goblins hay en este lugar...
¡Vamos por ellos! —dijo fuertemente uno especialmente camarero, claramente listo para pelear.
No —se dio vuelta Maldrot—, no sabemos cuantos goblins hay allí adentro. Necesitamos refuerzos.
El enano hizo una mueca, pero se quedo callado aceptando las palabras de Maldrot, quien miró hacia Katarina; le susurró algo a Cejas en el oído y cuando Cejas le devolvió el gesto, se le notó un poquito dudoso.
Gracias —hizo su mejor intento en decirlo en común, saliéndole algo golpeada la pronunciación.

Tras agradecer a la elfa que les atrajo al lugar, Maldrot pidió la atención de todos para trazar un plan sobre como iban a abordar la situación. El plan final no fue muy distinto del que se propuso al inicio, Maldrot planeaba ir de vuelta solo a avisar a otros grupos para poder atacar todos juntos el nido y matar a cada uno de esos "malditos", como se refirió a ellos. Cejas - escuchando a la elfa - comentó que eso estaba bien, pero sería mejor si la mitad del grupo fuesen junto a Maldrot por seguridad, no tenían certitud de que todos y cada uno de los goblins estuviesen dentro de su nido, y todavía seguía la duda de como y por qué tenían demonios con ellos.

El resto vio esto aceptable y así fue, se dividieron en dos grupos, el primero de 6 enanos más Maldrot, y el segundo de 6 enanos más Cejas, el orco y la elfa. El primer grupo partió para atraer al resto de los enanos, y el segundo entró a la cueva...

La vista inicial no fue nada muy impresionante más allá del tamaño, tuvieron que apagar unas 2 antorchas y solo dejar encendidas dos, lo suficiente para avanzar y lo menos que creían necesitar para evitar atención sobre ellos. Katarina iba al frente, tal vez no era la actitud más caballerosa que podía mostrar un enano, pero su Explorador se les había ido y ella podía ver en la oscuridad, joder.

Para ser simplistas, se encaminaron por el primero de los túneles disponibles frente a sus ojos y pronto de acuerdo avanzaban, dibujos se hacían más y más presentes en las paredes, con una gran variedad de ellos: unos eran simplemente infantiles, haciendo solo posible determinar que los habían hecho goblins porque estaban en un nido de los mismos, sino, podrían haber pasado por dibujos de niños humanos, elfos o de otras razas.
También habían trazos sin forma ni dirección real, mayormente rojos...¿pintura o sangre? no les quedaba que suponer que era lo último. Más al final del túnel escogido dieron con un punto muerto, pero habían dibujos más particulares, mejor trabajados: parecían runas, sí, imitaciones de runas enanas, como si los pequeños goblins hubiesen estado intentando aprenderlas tras tanto tiempo de enfrentar enanos por las montañas.

Eso parece... ¿Uro? —preguntó uno de los pequeños del grupo, iluminando la pared con su antorcha.
Y esa Barsten.
O es un ojo —añadió otro de los enanos, provocando que el del comentario anterior alzará los hombros.
Bah, no importa —aseguró el primero—, nuestra Ingeniería Rúnica es demasiado complicada como para que aprendan a usarla realmente, es más que solo escribir una runa.
El resto de los enanos asintieron, incluyendo a Cejas, que iba tomado de la mano de la elfa como un bebé de su madre.

Hay algo raro, sin embargo —comentó el orco, obteniendo la atención de los enanos solo porque seguía sin dejar ser una sorpresa para los que lo escuchaban hablar por primera vez su idioma—, y es que no hemos visto ni un goblin aún...ni el rastro de uno, lo más cerca es el hueso que vimos afuera. A mi me pone un poco nervioso.

Las palabras del orco acompañaron un pequeño silencio que logró colocar incertidumbre dentro de los enanos, pero solo por un momento.
Un orco que habla nuestro idioma... y que de paso es cobarde —añadió rápidamente para hacer reír al resto de los suyos y aliviar algo la presión—, no había visto uno antes.
Kromul solo esbozó una sonrisa, imaginándose que tenía que ser cierto.
Para todo hay una primera vez, ¿no?
Sí... quizás... —dijo dándose vuelta y trazando el camino de vuelta.

Mientras caminaban de regreso por ese túnel, uno de los enanos le dio un codazo a otro.
Hey, hey.
¿Qué? ¿un goblin?
No... pero por aquí había un dibujo que se parecía a tí cuando estabas pequeño —sonrió, intentando molestar a su compañero.
¿Ah, sí? —preguntó algo sarcástico—. ¿En donde, se puede saber?
El enano corrió adelante, guiándose más por el suelo, hasta encontrar una parte con una pequeña protuberancia en forma de espina.
Aquí —se dio vuelta, iluminando la pared para el resto.

En efecto, había un dibujo muy mal hecho de un enano con los ojos en forma de 'X', tal vez era la hermosa representación de como lucía un enano muerto para un goblin. El pequeño estuvo un estallido de parte de su grupo por está acción, pero no fue de risa, sino de disparos: una pequeña tormenta de flechas fueron disparadas en su dirección, impactando sobre un diablillo que yacía en la pared como si fuese una araña, predando en el enano. Tres de cuatro flechas le impactaron, obteniendo un pequeño grito de dolor de su parte... un pequeño grito, que por el eco, retumbó por todo el túnel, tal vez toda la cueva.
¡Ah, mierda! ¡ahh! —gritó el enano, soltando la antorcha y dándole un hachazo en el cuello, solo para asegurarse de que estaba muerto.

Varios enanos empezaron a voltear de lado a lado, como preparándose para las consecuencias del grito del diablillo. Pero nada vino por ellos, nada más que silencio.
Estoo no me agradaaaa —se pegó más de Katarina—, ojalá vengan rápido los otros.
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Re: Rey Verde (Privada)

Mensaje por Katarina el Sáb Dic 08, 2018 7:11 pm

Tenía suerte de que en realidad el nido no estuviera demasiado lejos, porque podía notar perfectamente la tensión subiendo tras cada minuto sin resultados. Pero finalmente llegaron a  una red de túneles, que transmitía una sensación…extraña, como la que se tenía al entrar en una iglesia…no, no exactamente, más bien un cementerio. La elfa echo una ojeada, la mayoría de los enanos no parecían haberse percatado, sus cabezas demasiado llenas de rocas como para percibir los rastros de fenómenos mágicos.

No, estaban demasiado ocupados mirando las paredes…es decir…era un estúpido túnel, con estúpidas paredes, escapaba a su comprensión porque las consideraban tan impresionantes, eran como las de cualquier otra cueva, frías y humeadas. Y entonces no lo fueron. De manera súbita, hubo un cambio de material, pasando a lo que parecían ser ladrillos, pero tan finamente pulidos que costaba distinguir donde se unían uno a otro. Bueno, admitía que eso si era curioso, pero tampoco tanto como para olvidarse de porque diablos estaban allí. El orco parecía ser el único aparte de ella misma que mantenía la seriedad, y obviamente estaba preocupado por el destino de los orcos. –La magia divina y profana son diferentes del resto, las formas y los rituales tienen poder, por lo que no es tan simple como traerlos y abrirles el cuello, hay que seguir un procedimiento, con suerte esperar a cierta hora del día, típicamente la salida o puesta del sol, puede que medianoche…con suerte.- que bajo habían caído, esperando que fueran sacrificados a los demonios y no metidos en una olla para hacer sopa para goblins. La elfa suspiro, avanzando hacia delante. Kirara estaba a su lado, compartiendo su visión. Era una sensación extraña, no muy diferente a la nigromancia que usaba pero…rara, no era uno de sus esbirros al fin y al cabo, solo un fantasma que compartía su poder, sin ninguna obligación a hacerlo, por eso el contacto se sentía…frío. Pero más raro era el hecho de que le permitiera ver perfectamente en la oscuridad, con solo una leve perdida de colores a juzgar por lo que veía en las zonas iluminadas.

Fue gracias a eso que vio la ligera apertura, y mando sutilmente a Kirara a hacer un pequeño espectáculo de luces. El enano que tenían delante soltó un bote, y las dagas aparecieron en sus manos antes de que se diera cuenta, a pesar de que sabía perfectamente que habría una respuesta. Puede que simplemente estuviera algo nerviosa. Controló su respiración mientras los enanos movían el pedrusco, con más cuidado del que esperaba, sinceramente. Silenciosamente, la piedra fue apartada, revelando… bueno, primero revelando un brazo que, por suerte, no se movió cuando alguien lo toco con la bota. Debería, sinceramente, así era como funcionaba el poder, pero su feo y pequeño siervo había sufrido un percance unos minutos atrás y había quedado reducido a astillas, así que simplemente lo había liberado de su sufrimiento con un pensamiento. No estaba segura de que había pasado exactamente, aparte de que no habías ido en esa zona, pero estaba bastante segura de que no había sido algo accidental, por lo que muy posiblemente no tendrían el factor sorpresa.

Acordaron separar el grupo por la mitad para ir a pedir refuerzos, exactamente como había sugerido antes, pero nadie le había hecho el más mínimo caso. Al menos debía agradecer que lo hicieran ahora, al menos. Como mínimo, ahora ella iba delante, guiando el grupo, gracias a los ojos de Kirara, con Cejas por alguna razón, cogiéndole la mano. Le dejo, suponía que tenía ganas de ser el primero, en llegar rápidamente a sus amigos, pero no veía absolutamente nada, así que se había comprometido a un segundo puesto.

No tardaron en encontrar dibujos, murales rupestres podía ser una manera de llamarlos. Aunque seguramente esos requerían cierto…lapso de tiempo, cierta antigüedad. Katarina se paró ante uno, acariciando la inscripción de un pálido rojo, usando una brizna de poder. Luego se la llevo a la nariz. Metálico, óxido de hierro, naturalmente rojo. No era sangre. Tenía sentido que no desperdiciaran sangre para pinturas si necesitaban sacrificios, aunque se preguntaba seriamente porque los goblins habían dibujado un gato, o esa araña de aspecto…raro… y ahora que lo veía mejor, muchos, muchos gatos, con lo que parecía tiza o cal. ¿Puede que fueran anteriores? Las runas, ¿en cambio? Eso tenía muy mala pinta y sin duda era reciente. Y esos enanos parecían no captar la gravedad del asunto, diciendo que los goblins eran demasiado estúpidos como para aprender magia rúnica. Para empezar, querer aprender era el primer paso hacia un maldito ejercito de goblins magos, o peor, goblins invisibles.

-¿Demasiado complicada? Hemos visto demonios de dos señores diferentes ayudando a los goblins directa o indirectamente… Y estoy bastante segura de que un Yigionath es capaz de usar runas en mayor o menor medida. ¿De verdad os arriesgareis a suponer que solo hay DOS tipos de demonios ayudándolos y no tres o cuatro?- y las palabras del orco añadieron preocupación a la que ya llevaba acumulándose un rato. No habían visto ni un solo goblin. Y eso era raro, muy raro. Por suerte, a juzgar por ese desgarrador grito que estaba oyendo, no tardarían en tener noticias.

La elfa no tenía mucha idea de cómo luchar en cuevas aparentemente. Ella había pensado que los enanos lanzarían las antorchas al suelo, para tener una mano libre y poder empuñar sus armas y escudos, pero aparentemente simplemente las sujetaron con la mano del escudo y desenfundaron. Bien, al menos no tendrían problemas por esa parte. Los siete enanos formaron un circulo algo aplanado, con tres mirando hacia una dirección, y cuatro hacia otro, con el orco y Katarina en direcciones contrarias. Los goblins no eran TAN tontos, con las antorchas, sabrían que estaban allí, no era ningún secreto, y aunque las hubieran apagado, esas cosas veían en la oscuridad, así que tampoco habría servido. Saco el licor enano de su bolsa y se lo dio a Cejas, que encaraba al otro lado. –Si la cosa se complica, espárcelo e incéndialo, cortando una entrada.- puede que estuviera exagerando, que los goblins pasaran de largo.

Que equivocada estaba. No tardaron en escucharlos, pisadas en el suelo de piedra, acompañadas por arañazos debido a sus sucias uñas, porque por supuesto que esos bichos no llevaban botas como seres civilizados. Los goblins no tardaron a aparecer en ambas direcciones, de la dirección en la que habían llegado, y hacia donde se dirigían, ojos ambarinos reflejándose en la luz de las antorchas. La elfa contó, cuidadosamente, siete por su lado, otros siete por el otro, supuso. ¿Solo catorce? Fácil, podían encargarse sin problema de esos pequeñajos, por más que sus armas lucieran oxidadas hasta el punto de ser prácticamente venenosas, solo tenía que av…

Agachó la cabeza al mismo tiempo que una bola azulada pasaba donde su frente había estado segundos atrás, friéndole unos pocos cabellos mientras seguía su camino hacia el otro extremo del pasillo. –Eso ha sido de muy mala educación.- ningún goblin había hecho eso, había pasado perpendicular al suelo, a la altura de su cabeza. Ninguno de esos pequeñajos era lo suficientemente alto. Y aunque no tuviera los ojos de Kirara, la luz que el conjuro había producido habría sido suficiente para determinar que no había sido un goblin. Demasiado azul, demasiado correoso, y definitivamente demasiados tentáculos. Un maldito demonio de Yigionath. ¿Por qué tenía que ser tan bocazas?

El conjuro chisporreo una última vez en la lejanía antes de disiparse, y esa pareció ser la señal que los goblins habían estado esperando. Un virote de ballesta paso a su lado, clavándose en un verdoso especialmente feo. Los enanos no se moverían del sitio, defendiendo la posición como solo ellos sabían hacer, lo que dejaba a ella y al orco en una situación incómoda, incapaces de defender la zona como ellos, pero tampoco capaces de avanzar impunemente, porque venía una horda de goblins hacia ellos. Por eso Katarina se quedó dentro del círculo, esperando al primer choque, por eso y porque necesitaba materiales. No iba a alzar un ejército de esqueletos goblins, por supuesto, eso sería agotador y se notaría horrores, pero cuando más sangre tuviera a su disposición, mucho mejor. El primero de los goblins llego a la línea de escudos, estampándose contra uno en un intento de apuñalar al enano que había detrás con su triste cuchillo. No tenía oportunidad de hacer daño, pero aun así Katarina lo apuñalo, atravesando el cráneo y entrando en el cuello salvajemente. No porque fuera un amenaza, sino porque otra bola azulada venia hacia ellos, y habría atravesado limpiamente al goblin y, posiblemente, al enano, si no hubiera usado sutilmente la sangre del muerto para crear un escudo improvisado a su espalda. No la habían visto, bueno, salvo los goblins, pero le daba un poco igual, la verdad.
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Re: Rey Verde (Privada)

Mensaje por Kromul el Sáb Dic 08, 2018 9:29 pm

Como por complacer a la elfa, su pregunta fue respondida por los goblins y demonios mismos. La cerveza enana no había pasado ni 20 segundos en manos de Cejas cuando la presencia de los goblins se hizo obvia, gotas de saliva derramando de su boca y cayendo abajo, ojos brillando en la oscuridad, sadismo en la más pura forma sonora posible.

De ambos lados les rodeaban grupos goblins, los enanos ya estaban listos, Katarina parecía...bueno, no parecía muy adaptada a pelear en cuevas, pero claramente estaba atenta, la prueba fue el como evitaba que le volarán la cara con magia, si bien unos pocos pelos no se salvarón. La bola reveló consigo un demonio de Yigionath, probando que - lamentablemente - ella estaba en lo correcto.

Por el lado del orco se pudo percatar de que no solo habían hijos de Yigionath sino de Rhaggorath, así se lo mostró la momentánea luz de la bola que esquivó Katarina. Frente a él, siete pequeños goblins y una masa de puro músculo como de 3 metros, con metal en sus manos en la forma de hachas, metal en sus piernas en la forma de una falda, en su pecho, en sus brazos, en todos malditos lugares menos su cara que parecía la de un sátiro que tuvo sexo con un murciélago; un único cuerno emergía de su frente, al igual que una cola musculosa parecía salir de atrás, pero con un solo vistazo fue incierto.

El orco cerró los ojos para permitirse ver con su auromancia, ahora que habían enemigos al frente y atrás, no sería un gasto innecesario de esencia. El demonio de Rhaggorath rugió fuertemente, como para terminar de hacer más obvia su presencia en el lugar, logrando efectivamente un par de disparos de los dos enanos que llevaban ballestas consigo y se mantenían en el círculo de los que defendían adelante. Las flechas, al ir disparadas en oscuridad y tan solo usando un grito que generó eco como guía, fallaron, pero fueron suficiente para provocar una reacción de los goblins, que cargaron adelante velozmente.

Entonces cargó el demonio como una bala de cañón, mucho más rápido que los goblins, incluso matando a tres de un hachazo para sacarlos de su camino y poder volarle encima a lo que se veía más físicamente fuerte en el lugar, el orco. El demonio chocó contra la pared verde, que apenas pudo sostenerlo y se salvó por poco de un hachazo bien dado, ambos forcejearon contra el otro, el orco empujando los antebrazos del demonio atrás, y este último intentando empujar el cuerpo del orco abajo para derribarlo y tener una presa fácil en el suelo.

Los goblins que quedaron algo asustadizos después de ver como tres de los suyos fueron picados como cerdos se recuperaron al ver el forcejeo y corrieron adelante con el plan de atacar al ocupado orco, los enanos que defendían no les dejarían esto tan sencillo, claro, y avanzaron un poco puyando con sus lanzas adelante, atravesando a un par. Uno de los goblins salto sobre un escudo y del escudo salto por encima de la línea de defensa, intentando caer hacia la pierna de Katarina.
Error. Muy grave error. Todos en el lugar sabían que esa pierna tenía dueño. Bueno, alguien que se creía su dueño. Cejas dio un espadazo descendiente con toda la fuerza de su brazo y el peso de su cuerpo, atrapando el cuello del goblin en pleno aire y haciendo que la cabeza siguiera volando de largo hacia el lado donde estaba el demonio de Yigionath.

El otro enano que restaba golpeo feroz sin detenerse un par de escudos enanos con una espada casi de su tamaño, una muy oxidada. Para los enanos, era evidente que iba a suceder: su excelente acero contra una porquería oxidada. La espada del goblin se rompió en uno de esos golpes y la cuchilla salió girando por los aires, rebotando lejos - para suerte de todos - al impactar contra una pared. El goblin, no con tanta suerte recibió una muerte súbita cuando la flecha de un ballestero le atravesó el ojo, seguida de dos lanzas enanas.

El orco aún forcejeaba con el demonio, que aparentemente ya harto de que no permitirían su fácil avance, alzo la cabeza y la bajo forzosamente hacia el orco en una improvisación de darle con su cuerno. Kromul reaccionó haciendo lo mismo pero hacia arriba, dándole un cabezazo de lado para desviar el cuerno del demonio, solo con un éxito parcial, el cuerno alcanzó su frente un momento y llego a penetrar incluso su dura piel orca, extendiendo la herida horizontalmente cuando recibió el repentino cabezazo, provocando un sangrado que bajo hasta cubrir el ojo derecho del orco.

Ya sin goblins adelante, los enanos al escuchar el sonido del impacto de ambas cabezas corriendo adelante, con dos atravesando una pierna del demonio, haciendo que por fin se rompiera el balance entre fuerzas y el orco pudiera empujarlo atrás, los enanos removieron sus lanzas y Cejas rodó ágilmente entre las piernas del orco, dando una mortal estocada hacia arriba, encontrándose con... el miembro del demonio, que se vio atravesado por su espada.
El desgarrador grito de dolor del demonio fue suficiente para parar la pelea por un par de segundos, y suficiente para comprarse tiempo y recordarles porque era un demonio de Rhaggorath.

En un arranque de furia total y falto de miedo, el demonio soltó un hacha y libero del agarre del orco que aflojó por un momento gracias al grito, entonces sacudió violentamente su brazo, golpeando la espada que tenía clavada en la entrepierna para hacerla a un lado, con ese mismo brazo empujo el hombro del orco a un lado mientras le pisaba el pie con la pierna que tenía atravesada, haciéndolo perder un poco el equilibrio; cuando el orco lo soltó, pudo girar libremente, dándole un coletazo a todos los enanos que tenía al frente, quedándose con sus lanzas clavadas en sus cola pero empujándolos atrás y lanzando a Cejas rodando violentamente por el suelo. Levantó su cola y la bajo para aplastar al orco, dándole en un cachete, haciéndolo voltear la cara como si una señorita le hubiese acabado de pegar por faltarle el respeto. Y es que era una falta de respeto que le apuñalaran las bolas a alguien.

Cejas se levantó como pudo, con la cabeza dándole vueltas, se puso una mano en la frente y un enano corrió para ayudarlo a ponerse de pie. Al levantar la mirada, Cejas presenció a Kromul desviando hábilmente los golpes del demonio, que estaba agitando su hacha mucho menos hábilmente al no poder depender mucho de apoyar su peso en las pierna que tenía atravesada. En un intento de cortar al orco, este dio un paso adentro atrapando la mano que sostenía la hacha a la vez que le dio un seco puñetazo en la cara al demonio, haciendo que cayera hacia atrás mientras se quedaba con su hacha. El cuerpo del demonio cayó fuertemente al suelo, y una vez estuvo allí el orco tiro el hacha a un lado, tomo la pierna que le quedaba buena al demonio y la aplastó fuertemente con su codo, quebrándola.

Ahora, literalmente incapaz de estar de pie, el demonio intento arrastrarse un poco, pero los enanos no perdieron oportunidad: retiraron sus lanzas de su cola y empezaron a apuñalarlo una y otra vez donde su armadura no cubriera carne, hasta atravesarle la cabeza y matarlo. El orco agarró aire y exhalo al ver como los enanos le pusieron fin a la vida del demonio.Uno de ellos, el que sostenía la antorcha para ese lado, se acercó y le ilumino la cara, mostrando a los demás la pequeña cascada de sangre de su frente.

¡Orco!
Estoy bien... estoy bien. Esto no va a matarme —dijo pasándose un brazo por la frente para limpiarse—. Espero.
Cejas, ya más de vuelta en sí se acercó algo preocupado, pero ahora sin la sangre la herida no parecía gran cosa, no fue excesivamente profunda y seguro no dejaría ningún recuerdo lindo, pero no era mortal.

Normalmente, Kromul se hubiese sentado y empezado a contarle historias de situaciones similares a sus compañeros enanos, pero los problemas habían venido de ambos lados y se habían solventado de solo uno.
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Re: Rey Verde (Privada)

Mensaje por Katarina el Dom Dic 09, 2018 9:27 pm

Los goblins de su lado se mantuvieron un poco al margen, siendo precavidos, cuando vieron el destino de su primer compañero. Pero un ballestazo que le voló la cabeza a uno eliminó esa absurda concepción. Fue ese el momento en el que Katarina decidió avanzar. Los goblins se enfrentaban con los enanos, sin mucho éxito, pero estaban lo suficientemente distraídos como para que la elfa se deslizara por el círculo y, rozando la pared, atravesara el grupo de goblins. El único cercano que podía darle problemas recibió un dagazo en todo el ojo.

Zing, zing, zing. Tres luces se materializaron sobre el demonio, ligeramente detrás suyo, La elfa saltó a un lado cuando la primera salió disparada hacia su pecho. El segundo zumbó inmediatamente después, hacia allí donde iba a estar. A duras penas pudo frenar por culpa del suelo resbaladizo, por lo que decidió dejarse caer y derrapar, haciendo que el proyectil le pasara por encima, estallándose contra una pared con una pequeña explosión. Por un momento temió que esa cosa decidiera apuntar al resto, ocupados peleando, pero el último proyectil fue hacia ella también. Puede que supiese que si se despistaba y dejaba de atacarla, no dudaría en apuñalarlo inmediatamente en vez de parar el proyectil con su cuerpo como algún tipo de héroe. Katarina se vio obligada a retroceder, evitando el último proyectil, que se estampo en el suelo.

Avanzó inmediatamente después, mientras el demonio murmuraba algo por lo bajo. Estaba confiada, ese demonio no podía ganar, no había manera, a cada segundo que pasaba, más sangre era derramada, lo que la dotaba de más armas, más herramientas, aunque fuese lo suficientemente bueno como para que no dejara que se acercara al cuerpo a cuerpo, aún tenía la nigromancia, seria sencillo m…

Y entonces el suelo bajo sus pies explotó.

“Explosión” sonaba muy mal, horriblemente poderosos, pero era el término correcto, pensó la elfa mientras caía al suelo. Algún tipo de hechizo de contacto, que se había activado al poner el pie sobre la losa, como una maldita runa enana, creando una deflagración. Y ahora su pie le dolía horrores y sus botas NUEVAS habían sido arruinadas. MASACRARÍA a ese demonio que se había atrevido a herirla, partiría sus huesos y devoraría el tuétano… no, esa no era ella, había empezado a usar su hemomancia tras el impacto y las emociones se estaban…filtrando, degradando… tenía que separarlas.

Zing zing zing.

Esta vez se movió por instinto, manteniendo su hemomancia. Aparentemente había optado por arrastrar la sangre hacia ella. Era un túnel plano, así que no era tan raro que la sangre se escurriera hacia uno de los lados. ¿Quién hacia un túnel perfectamente plano? Por supuesto que el líquido iría hacia una dirección. Esta vez pisaba con más cuidado, como patinando aprovechando que estaban sobre roca pulida. Otras dos explosiones ocurrieron, pero sus pies no se mantenían en el lugar el tiempo suficiente como para que se vieran afectados, al parecer. Así que el demonio cambio de táctica, por supuesto. Una mano azulada se alzó, y una hilera de fuego recorrió el suelo hacia ella, separando el túnel en dos. Solo entonces lanzó el resto de esas esferas azuladas, aprovechando que tenía la mitad de espacio para evitarlas.

Pero ya había tenido tiempo de reagrupar sus pensamientos, y puede que lo del tuétano no fuera ella, ¿pero las botas? Oh, estaba muy cabreada por eso. Se lanzó contra el suelo, deslizándose limpiamente, extendió el brazo, para cortar el demonio mientras pasaba de largo, pero los demonios del señor de la magia no eran completamente imbéciles, así que este simplemente dio unos pocos pasos al lado, mientras una lanza de electricidad se materializaba sobre su mano alzada al suelo. Dioses, ¿cuantos tipos de magia tenía ese tipo? La elfa se levantó tan rápidamente como pudo, mientras el demonio se giraba y acababa de conjurar esa majestuosa lanza. Mucho esperar que tuviera que mantenerse quieto, al parecer. El demonio la miro, con esos ojos negros y…extraños, como los de un insecto, y Katarina le devolvió la mirada, sonriendo.

Su enemigo dudo, solo un momento, y la lanza se desvaneció con un único chisporreo.

No podía culparlo, sinceramente, de hecho, era un milagro que no gritara, por lo que entendía, que una púa de sangre te creciera desde el talón a la rodilla en segundos, haciendo añicos el fémur dolía, horrores, y a ese pobre desgraciado se lo había hecho dos veces. El combate se había acabado en el momento en que había pisado su sangre…bueno, la de los goblins, controlada por ella. Un grito horrendo lleno la estancia, como un niño llorando a la vez que rayaba una pizarra…y era quemado vivo.

Había tardado. Katarina cerró la distancia entre ambos en un suspiro, clavando sendas dagas en el pecho del monstruo, apretando aún más y sacándolas por su espalda. No sabía dónde esas criaturas tenían el corazón al fin y al cabo, cada uno de esos demonios era único a su manera. Varios tentáculos se posaron sobre ella, apretando contra su cuello, furiosos, intentando estrangularla, matarla antes de que ella lo matara a el.

-Un consejo…-dijo, haciendo una pausa para recuperar el cada vez más raro aire. –No dejes que una hemomante meta las manos en tu cuerpo… es malo para la salud.- Y el demonio murió, de un infarto. Era lo que pasaba cuando el corazón se obstruía con un cristal de sangre del tamaño de una canica. La presión sobre su cuello ceso, y Katarina aprovechó el momento para sorber un poco de sangre, reduciendo poco a poco el dolor del pie hasta que dejo de tener esa sensación de ardor. Ni un sorbo más, eso sí, no estaba segura de que efectos podía tener beber sangre de demonio y no tenía prisa para averiguarlos, sinceramente. La elfa se separó del cadáver, recuperando sus dagas en el proceso, y este cayó en una posición…rara, con los pies hasta las rodillas aun clavados al suelo… literalmente, cayo, no había deshecho la cristalización, así que las piernas estaban sujetas por sus estacas de sangre. Emendó su error con un gesto e inspecciono su bota, aun cabreada. La suela estaba completamente destrozada, y parte de la cobertura superior también, chamuscada. Se quitó la bota, examinando su pie, moviendo los dedos. El pie lucia bien, se movía bien y no dolía… no era sanadora, pero contaba como sano en su libro, así que ese problema estaba solucionado. Limpió sus dagas con la túnica del tipo, y se dirigió hacia su grupo, que ya parecía haberse encargado de los goblins, aunque el orco parecía estar algo herido.

-¿Todos bien?- la pregunta era genérica, pero su mirada estaba dirigida al orco. Una vez todo el mundo hubo dicho su variación de “no muerto”, siguió. –Pues avanzamos.- Llevaban ya un rato allí, y quería pensar que el resto de enanos ya habían empezado a avanzar por la guarida, por lo que los goblins se habrían esparcido por los túneles para repelerlos. Con suerte. Avanzaron unos minutos más, hasta que a lo lejos Katarina pudo ver una gran sala, tenuemente iluminada. Entonces hizo parar al grupo. –Si entramos y hay menos de veinte goblins, avanzamos, si hay más, retrocedemos y luchamos en el túnel hasta que lleguen los refuerzos. ¿De acuerdo?- su pregunta iba dirigida especialmente a Cejas, el que más probabilidades tenia de saltar al frente y hacer alguna estupidez.

Cuando todo estuvo aclarado, su pequeño grupo de aventureros entraron en la gran sala. ¿La buena noticia? Había como cinco goblins. El resto sin duda estaban desperdigados por el resto de túneles, luchando a juzgar por los sonidos que llegaban a sus orejas. ¿La mala? Por dónde empezar… Que uno de los goblins fuera tan alto como un troll era malo, que el suelo de la sala estuviera cubierto con lo que parecía un círculo ritual inscrito con sangre era aún más malo. ¿Pero ese demonio? Ese era lo peor.

Nunca había visto un demonio así. Físicamente, podría haber sido un elfo, orejas puntiagudas incluidas, si ignorabas el hecho de que era azul y tenía dos enormes cuernos en la frente. Tenía un cuerpo musculado, lo que habría gritado Rhaggorath, pero no veía las típicas púas de los de su tipo. Pero lo peor era que parecía irradiar poder de una manera que no acababa de comprender. Aunque que estuviera sentado en lo que parecía ser un trono de piedra podía influir un poco en esa sensación.

-Ah, los corderos han atraído a sus amigos… mejor, más sangre ampliara el efecto.- dijo el monstruo. ¿Efecto? Katarina examino el círculo mágico, identificando símbolos aquí y allá, “Amplificar”, “Recolectar”, pero el significado del glifo principal se le escapaba. –Transmitir.- facilitó el demonio, alzándose.

-Pensaba que los demonios de Rhaggorath eran completamente ineptos para temas mágicos.- dijo la elfa, a ver si picaba. El demonio sonrió, como si su intento le hiciera gracia, pero respondió.

-Mi señor se opone a que mates a tus enemigos con métodos… deshonrosos, desde la seguridad de la retaguardia. Esto es más bien… para que no se desperdicie una gota. Puedo decir que ese calamar ayudo, si eso te tranquiliza...-
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Re: Rey Verde (Privada)

Mensaje por Kromul el Lun Dic 10, 2018 2:11 am

Mientras la elfa tomaba la situación 1 a 1 con el calamar, los enanos que mantenían su línea de defensa soportaban como el mejor de los muros a los goblins, 5 de ellos contra 3 enanos, una pelea injusta. Para los pequeños. Los pequeños verdes.

Uno de los enano espero paciente a que un goblin intentará golpear con todo lo que tenía desde arriba, entonces alzó su escudo, haciendo que el arma del goblin se encontrará con su frío y duro acero, en cuanto el arma rebotó y el cuerpo del goblin estuvo tan abierto como un libro, el enano procedió a leer. El segundo de ellos llevaba la antorcha, por lo que le incomodaba un poco, ya que cada golpe del goblin le daba la impresión de que le provocaría soltar la antorcha o el fuego iría a su cara; sin embargo el primero estaba desocupado, y en amenazantes intentos de atravesarlo como al primero, el goblin retrocedió, escupiendo el escudo de la ira y diciendo cualquier cantidad de cosas que para los presentes sonarían como un grupo de maldiciones.

Y hubo una explosión, una más fuerte que las otras tres, suficientemente sonora como para que el goblin voltease un momento de la curiosidad. Como todos sabemos, la curiosidad mató al goblin, pues no le dio tiempo de volver mirar al frente cuando ya una flecha de uno de los enanos con ballesta volaba a su cráneo, clavándose fuertemente por detrás e incluso derribando su cuerpo hacia adelante de la fuerza. Su sangre empezó a derramar, una vista encantadora para la elfa.

El último goblin, el más listo, como probaba que fuese el último en pie se dio cuenta de la MUY desfavorable situación a su favor: 3 enanos frente a él, dos ballesteros atrás, y 5 enanos más atrás de los ballesteros, y un orco.
Se dio el primer caso de un goblin haciendo aritmética, el pequeño noto de que le enumeraban, y mucho. Bastante. Dejo caer su arma y salió corriendo, gritando por auxilio. Una flecha impacto su hombro, deteniendo su avance por el dolor que sentía; viendo su presa lenta un enano corrió adelante y le puso fin atravesandolo con una lanza.

Para cuando el grupo pudo avanzar en el apretadito lugar, Katarina parecía venir de vuelta, con algo de sangre en su cara. Cejas corrió hacia ella preocupado al observar eso, pero se detuvo ante una pregunta general al grupo, la mayoría de los enanos se miraron las caras entre sí, entonces Cejas les hizo de traductor.
He tenido mejores días.
Y yo peores días de mala barba.
Junto al último comentario un grupo de asentamientos ocurrió, con casi todos los enanos sincronizados, como si todos hubiesen tenido "días de mala barba."

El orco pudo percibir que la pregunta fue un poco más para él que el resto, así que respondió con una sonrisa y asintiendo después de los enanos. Sin embargo, el que mejor estaba de todos era Cejas, incluso cuando le habían dado bien fuerte, ya que su elfa favorita estaba allí. No le dio chance de hablarle, pues estaba muy centrada y posiblemente con la sangre caliente luego de la pelea. Cuando empezó a caminar todos le siguieron, con Cejas de cerca, lo que le dejo notar que le faltaba una bota y su pie se veía... bueno, él no sabía como lucía el pie de la elfa normalmente. Tras unos minutos de avance y un pie expuesto, Cejas encontró un nuevo kink.
Y Katarina una gran sala.

Ordenes simples y cortas, que parecían dirigidas a su persona, solo una ligera impresión de Cejas, ¿habría notado que le miraba el pie? que importaba... todos asintieron sincronizados de nuevo, repitiendo el fenómeno del día de la mala barba. Todos cargaron adentro, unos con caras más serenas y otros liberando hostilidad pura de tan solo sus expresiones, con armas al aire y escudos adelante, su entrada guerrera se detuvo ante una mejor y completa vista de la sala.



En otras partes de la cueva la batalla ardía, decenas de enanos regados estaban en un túnel u otro, peleando con hordas de goblins que no parecían acabar. Eso, no obstante, nunca les fue una sorpresa, a diferencia de que estuvieran acompañados de demonios.

¿¡Qué hacen ayudando goblins, infeliz del foso!? —gritó Delg bloqueando un goblin que intento saltarle encima, una vez estuvo en su escudo lo aplasto contra una pared a la vez que movió violentamente su brazo en un arco, dándole un martillazo a un diablillo.

Un demonio de Rhagg se acercó a él, pequeño, llegando a lo mucho a 1.60m, su armadura negra y redonda, llena de espinas, le daba la curiosa apariencia de una bola de demolición andante.
Si te muestras superior en batalla, tal vez hable —respondió con un tono arrogante, ante lo que inmediatamente saltó y empezó a girar, con un mazo en cada mano.

Delg bloqueo los golpes como pudo con su escudo, sin embargo viéndose empujado más y más atrás con cada golpe. Varios enanos a su alrededor, que habían matado a los goblins que le rodeaban apuntaron al demonio con sus lanzas, pistolas y ballestas. El capitán no permitiría esto y movió un brazo a un lado, indicándoles que se detuvieran.
Recuerden. Combate honorable, no nos reduzcamos al nivel de esas porquerías verdes.

Los enanos bajaron sus armas y retrocedieron, formando más bien un círculo alrededor de los dos guerreros. Delg tiró a un lado su escudo y sostuvo su martillo con ambas manos para la gracia del demonio de Rhaggorath, este carcajeó, impresionado y alegre de que los enanos combatieran en esos términos; para responderle, dejo caer uno de sus mazos, sosteniendo el que le quedo con ambas manos muy como el enano hacía con su martillo. Ambos guerreros se pusieron de lado a lado, inmovibles.
En una pared yacía un diablillo clavado a la misma por una flecha que le atravesaba el pecho, de allí, una gota de sangre empezó a recorrer abajo, lentamente, y cuando llego a la punta de su pie, cayó en el charco que yacía abajo.

La gota fue la señal de ambos, se abalanzaron uno sobre el otro y se dio un único golpe con toda la fuerza posible. Sangre salpicó a todos lados, cubriendo las caras de los enanos que se encontraban más cerca; uno cayó al suelo.
¡Capitáaan!



La "sala" a la que el grupo había entrado era todo lo que uno podría no desear. Un espacio amplio, con antorchas colocadas aparentemente al azar iluminando el lugar y dándole un aspecto taciturno y escalofriante a partes iguales, en el centro un enorme círculo, compuesto de dos cosas todavía más malas: sangre y símbolos. Cuando había sangre y símbolos en un mismo lugar siempre era lo mismo, un demonio o mago de gran poder detrás; y con las mismas intenciones, destruir a algo o alguien.

Tras la corta y hostil charla de Katarina con el demonio, Cejas, temblando, dio unos pasos al frente y apuntó al demonio con su espada.
¿Donde está Adrik...?
¿Qué? —preguntó, acercándose una mano a sus orejas tan reminiscentes con las de un elfo.
¡Adrik! ¡y...!
El demonio chasqueó sus dedos, que guardaban más relación con garras que dedos realmente.
Oh, ¿ellos? —preguntó sonriente, haciendo gestos con su mano hacia los goblins.

3 de ellos se miraron entre sí cuando el demonio les hizo el gesto, entonces empezaron a reír, uno salió corriendo y tomo una antorcha, con la cual corrió hacia del demonio e ilumino los lados de su trono, revelando a los capturados. Adrik estaba tirado inconsciente, con un ojo visiblemente morado y sangrando de un brazo y hombro. El elfo estaba encadenado a la parte de atrás del trono, con un cuchillo emergiendo de su cuello bañado en carmesí, y el enano de la ballesta estaba sentado, recostado de una pared, con varios unos tres virotes clavados en el cuerpo.

A más observaban la escena, más se alteraba el grupo de enanos. Cejas fue el primero en explotar en un grito, un grito cargado de dolor y furia. Un grito satisfactorio para el demonio, que desenvaino su espada larga cuando vio al pequeño correr hacia él, Cejas cortó furioso una y otra vez al demonio, que le devolvió el favor recibiendo sus cortes con los suyos propios. Unos 4 o 5 cortes fueron par a par, pero pronto la diferencia de tamaño entre combatientes, y en especial, la diferencia en alcance de una espada corta a una larga empezó a mostrarse. Un corte a un lado del hombro, uno en la mejilla, uno pequeño en la pierna. Todos esos empezaron a aparecer en el cuerpo de Cejas, que al dar un paso atrás tambaleó un poco por el corte ocasionado en su pierna, oportunidad que el demonio aprovecho en cargar hacia adelante e intentar atravesarlo con una estocada de su espada.

Cejas cayó al suelo con un chillido de dolor al haber tenido la punta de la espada clavarse justo encima de su ojo derecho y vio al demonio alzar su espada frente a él, cerró los ojos apretando los dientes y cubriéndose la herida con una mano, esperando su fin.

Pero la muerte aún no tocaba su puerta, los dos enanos de ballesta del grupo dispararon al demonio en cuanto alzó la espada, obligándole a usar  su espada como escudo para bloquear los disparos. El resto de ellos corrió hacia adelante con sus lanzas, escudos y antorchas, pero se vieron asaltados por goblins que cayeron del techo y los otros cuya presencia ya había sido notada en la sala.

Una daga voló hacia el demonio, que la golpeo abajo con su brazo convenientemente cubierto por una armadura, si algo tenían los demonios de Rhagg dentro de toda su pasión por el combate, era entendimiento de que llevar armadura incrementaba las posibilidades de sobrevivir exponencialmente. Cuando aparto su brazo de sus ojos, el orco ya estaba encima de él, dándole una fuerte palmada doble que logró derribarlo, aunque el demonio tan solo rodó hábilmente por el suelo y terminó de pie casi instantáneamente.

En ese pequeño tiempo comprado Katarina pudo tomar su daga y a Cejas, poniéndolo tan lejos como le fuese posible. La elfa se dio vuelta rápidamente al no poder darse la oportunidad de ver el estado de esa herida y corrió hacia el demonio, que respondió intentando decapitarla. La elfa de agachó y frenó fuertemente, casi que patinando sobre el pie que aún tenía su bota y cortando en la pierna del demonio, dejando chispas volar por el impacto de sus dagas con la armadura.

La elfa y el orco empezaron a rodear al demonio y a moverse en círculos a su alrededor, con este volteando de un lado a otro. El orco corrió hacia él e intento derribarlo, pero este demonio era por mucho, más fuerte que el anterior, ante el impacto de ambos cuerpos empujo atrás el cuerpo del orco con aparente facilidad, solo como una demostración de que era superior, algo que debía hacerle saber antes de apuntar su espada desde abajo e intentar empalarlo. Kromul bajo la mirada ante esto y vio la espada subir velozmente, pero logró moverse del camino cuando esta se desvió un poco de su trayectoria.

Atrás estaba la elfa, que había clavado una daga en la nuca del demonio sin ninguna piedad, varios goblins voltearon ante el grito del dolor que pegó el mismo, y en sus parálisis momentánea, la mayoría se vio derribada y asesinada por los enanos.
La elfa apoyó su pie descalzó de la espalda del demonio y empujo con la pierna, retirando su daga y haciendo al demonio dar unos débiles pasos adelante, hacia donde estaban los enanos. Estos sonrieron, dando por sentado el combate y enfocándose en el hobgoblin, que se mantenía alejado de todo el asunto. Amenazadoramente mientras la sangre de sus primos menores corría por el suelo el hobgoblin movió su espada a un lado, entonces sonrió.



Al grito del enano que temía por Delg se alzó un martillo, cubierto de sangre. Delg estaba de pie victorioso, aunque sangre salía de su aplastada nariz. La sangre del demonio de Rhagg que cayó al suelo con el rostro completamente aplastado se esparció por el suelo, y sutilmente marcas en las paredes se iluminaron, pero solo por un pequeño instante.
A más muertes había en el nido, más frío se tornaba el lugar, más frío y más...pesado.



El demonio de Rhagg rugió mientras lanzaba un espadazo, alertando a los enanos que alzaron sus escudos, pero no a tiempo, la espada pasó entre dos enanos y alcanzó la mano de uno de los que cargaba ballesta atrás, cortándolo y levantando una pequeña nube de sangre al aire, además de sacarle la ballesta de las manos y lanzarla volando arriba. El demonio se puso recto y la herida de su nuca empezó a cerrarse, como si magia profana la cosiera.

Todos ustedes contra mí... ¿¡ES ESTA SU DEFINICIÓN DE UN COMBATE JUSTO!? ¿¡NO SABEN DIVERTIRSE!? —dio un espadazo horizontal obligando a los pequeños retroceder, girando y quedando de frente para mirar al orco y a la elfa. Su ceño fruncido fue contraste de su sonrisa—. Entonces... divirtámonos.

A la última palabra del demonio la sala donde estaban se puso pesada por unos instantes, un brillo provino de las manos del hobgoblin, que empezó a reír maniáticamente, con cada retumbó de su risa aparecía un demonio u otro, un diablillos, dos diablillos, tres, cuatro... entonces, un lugar a quemado invadió el ambiente, dos llamas se formaron en el aire y cayeron en el suelo, expandiéndose y desvaneciéndose rápido, mostrando dos canes infernales. Los diablillos empezaron a danzar riendo, mientras los canes miraban enfurecidos a los enanos que tenían al frente y empezaban a moverse de un lado a otro, esperando en el momento para asarlos y saltar en sus presas.

Cejas tragó saliva desde donde estaba, rompiendo sus ropas para poder hacerse un vendaje sobre la herida. El, al estar de lado pudo observar con perfección el brillo, y aunque la pérdida de sangre le tenía algo atolondrado, uso sus fuerzas para ponerse de pie y apuntar en dirección al hobgoblin.
Ka...¡Katarina! ¡orco! ¡él! ¡él! —gritó intentando llamar la atención de ambos, incluso por encima de la tensión del lugar.

Los enanos miraron a los diablillos y a los canes, pegándose poco a poco para formar su repetitiva pero eficaz defensa en línea.
Ahora con compañía suficiente para una fiesa el demonio distorsionó su sonrisa. Sus ojos se inyectaron en sangre, su mente perdida y siendo consumida en las llamas. Viendo en rojo. Berserker.
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Re: Rey Verde (Privada)

Mensaje por Katarina el Lun Dic 10, 2018 6:10 pm

Tenía que reconocer que si no hubiera estado del lado contrario en ese momento, habría reído por la forma en como el demonio vaciló a Cejas. O puede que hubiera usado más magia de la que debía… la diferencia se estaba volviendo borrosa… eso no era bueno.

Pero al menos era un demonio educado, y después de chincharlo un poco, revelo a los rehenes, allí al lado del trono, tirados. No lucían muy bien, sinceramente, cosa comprensible teniendo en cuenta que habían sido capturados en batalla, pero el elfo con el cuchillo en el cuello y el ballestero asaetado como un puercoespín tenían muy, muy mala pinta. Iba a quejarse, pero no estaba segura de si lo que los goblins consideraban primeros auxilios podría considerarse una mejora respecto a su situación actual.

Debería haber sujetado a Cejas, pero su mente estaba centrada en planes para matar a ese demonio de aspecto tan peligroso y simplemente no cayó en la cuenta, cosa que resultó ser un gran error para el enano, que recibió una lluvia de golpes. Cierto era que el demonio también recibió unos cuantos, pero habría matado a Cejas si los ballesteros del grupo no le hubieran dado una dosis de metal… que bloqueo con la espada… que irritante era ese demonio cornudo. Pero no necesitaron nada más. Los enanos avanzaron, y poco importo que fueran asaltados por enemigos que originalmente no hubieran visto (¿y encima cayendo del techo? ¿Cuánto rato llevaban esperando esos idiotas? ¿Quién hacia eso siquiera?), puesto que el orco y la elfa no se pararon en lo más mínimo. Una de sus dagas salió disparada, fallando por culpa de esa armadura, pero bloqueo su vista el tiempo suficiente como para que el orco le diera un sopapo y lo mandara a volar. No tendrían mucho tiempo, pero resulto ser suficiente para que saliera disparada a recuperar su daga y retrocediera con un sorprendentemente pesado enano en brazos. ¿De quién había sido la idea de poner a la frágil elfa a cargo de arrastrar la masa de piedras? En cualquier caso, Cejas no moriría, no inmediatamente, así que lo dejo allí tal cual y fue a matar al demonio. No resulto demasiado bien, pues a punto estuvo de acabar siendo una cabeza más baja, pero consiguió enmendarlo derrapando y aprovechando su propio impulso para rasgar la pierna del demonio. No estaba segura de sí había atravesado la armadura, pero aunque lo hubiera hecho, esa herida no bastaría, así que siguió, emboscando al demonio junto al orco como lobos hambrientos. Y entonces el orco salió volando, con una aparente facilidad por parte del demonio, cosa que lucía muy, muy mal. Pero antes de que pudiera capitalizar el error del orco, ella ya estaba sobre él, hundiéndole la daga hasta la empuñadura en la nuca, colocando un pie y tirando para recuperar la daga. Estaba… extrañamente caliente al tacto. Extraño, pero no dejo que un poco de fiebre demoniaca le amargara la victoria que tenían ante ellos

Y…en los treinta segundos que se había relajado, todo se había ido a la mierda, para variar. El círculo había brillado en una manera que nunca jamás en la larga vida de la elfa había indicado nada bueno y, efectivamente, esa vez no fue diferente. Para empezar, el demonio se había alzado, atacado a uno de los enanos que moriría en segundos y, en un arranque de ironía cósmica, se había quejado de que no jugaban justo mientras sus heridas se curaban como por arte de magia. Oh, y también aparecieron un montón de demonios, por supuesto, porque la vida era injusta y llena de sorpresas, usualmente en llamas.

Resumiendo. Por si la invocación de un montón de demonios y algún que otro perrito flameante no fuera suficiente, ese estúpido monstruo no solo se había sanado, sino resucitado y encima ahora, la mirada del demonio había cambiado, inyectándose de sangre. Era esperar demasiado que perdiera el control. Demasiado listo, demasiado poderosos. Katarina suspiró, rompiendo su promesa de que el anterior seria el último, mientras se quitaba la otra bota, la única que tenía intacta y se la lanzaba al demonio con desgana. La bota fue partida en dos, pero daba igual, iba a necesitar un nuevo par sí o sí.

Eso llamo su atención, sin duda, y sus miradas se encontraron. En cuando había entrado en berserker, su mano había empezado a sangrar… no, no era la palabra correcta. Sin duda eso era sangre, pero no había ninguna herida, simplemente…supuraba sangre burbujeante. ¿Sangre Acida? Muy posiblemente, además de muy temático. El desgraciado no solo se curaba, sino que aparentemente prácticamente resucitaba. De manera que solo podían hacer una cosa. –Encargaros del resto, yo me encargo de él.- ¿Podía hacerlo? No, aparentemente no, pero era la que más fácil lo tenía. Un geiser de sangre salió de la mano del monstruo, directamente hacia ella, como ofendido por el insulto. Katarina soltó las dagas, que cayeron al suelo con un repiqueteo, y extendió las palmas al frente, cogiendo aire. Luego las separo a los lados súbitamente, y el torrente se partió en dos, acumulándose ante sus palmas. –Sorpresa.- se limitó a decir con una sonrisa.

Sus pies descalzos avanzaron por la sala, hacia el demonio. El suelo pulido era más suave de lo que había esperado, pero aun así, la sensación era profundamente desagradable, seguramente gracias a esos goblins asquerosos. Así que lo primero que hizo fue hacerse unas botas. Un acto aparentemente banal, pero necesario, necesitaba reafirmarse, establecer su personalidad, separarla de la vocecilla que le pedía que partiera al demonio en dos y devorara su vida, que se apropiara del ritual y se convirtiera en algo más, algo mejor. Su andar fue sustituido por un clanck clanck cristalino, a medida que las botas tomaban forma, adaptándose perfectamente a su pie. Estaban hechas a medida al fin y al cabo. Un gesto de su mano y una de las bolas de sangre se convirtió en un látigo, que restallo hacia el demonio. Se apartó, como esperaba, pero ese no era un látigo normal, sino mágico, y este simplemente se redirigió como una serpiente, de manera completamente antinatural. Fue entonces cuando decidió que no podría esquivarlo eternamente y paso al ataque.

No era mala idea, sinceramente, pero aún tenía otra mano. Extendió la segunda mitad de la sangre ante ella, manteniéndola liquida mientras formaba una espada para bloquear la del demonio. Pero el demonio siguió, alargando la otra mano hacia ella, atravesando la capa de sangre ácida. Tenía que respetar esa convicción, de manera que lo hizo, fingiendo espanto, deshaciendo parcialmente la capa de sangre, que cayó sobre el demonio, quemándolo aún más. Y el tipo avanzo igualmente… habría aplaudido si su vida no peligrara. Oh, espera, no lo hacía. Otro gesto de su mano y la sangre se endureció sobre el demonio, atrapándolo. A efectos prácticos, estaba atrapado en hielo, desapareciendo cuando los suyos más lo necesitaban.

Y ese monstruo lo rompió  en dos, liberándose.

-Jo-der, eso tenía la dureza del acero ¿sabías? ¿Qué os dan de comer en el foso?- puede, solo puede, que su voz transmitiera un poco del pánico que sentía ahora mismo. Aunque siendo sinceros, que ahora mismo pudiera verle la calavera ayudaba bastante a incrementar la tetricidad de la situación. En cualquier caso, reclamó toda la sangre que era capaz de comandar y se la arrojo en la cara. Líquido, esquirlas, estacas, una bola de cañón, cadenas… en cuando una forma pasaba por su mente, antes de darse cuenta, ya estaba conjurada y arrojada, para luego ser liquificada y devuelta a su lado. Funcionó, de perlas en realidad, pero se estaba agotando a marchas forzadas, y en menos de treinta segundos, estaba jadeando, sufriendo para alzar una maldita estaca del tamaño de un tenedor. –Vale, pausa… necesito una pausa…- no pudo creerse que el tipo de verdad pausara, pero a juzgar como su mano estaba ardiendo con un fuego violáceo, no lucia muy voluntario la verdad.

-¿Cómo te llamas, demonio?- dijo, en lo que era a partes iguales una muestra de respeto y un intento de entretenerlo el tiempo suficiente como para que NO le arrancara la cabeza como regalo de despedida.

-Ss'll Sh'Karr.- no estaba segura de sí le fallaban las palabras, intentaba hablar parsel o era el nombre de verdad, pero no pudo preguntárselo, puesto que el incendio se expandió por su cuerpo en un instante, y en nada fue consumido por las llamas. Parecía ser que… se habían encargado del resto, y los pocos demonios que quedaban también estaban ardiendo. ¿Habían matado al invocador? ¿Habían ganado entonces? La elfa río mientras se sentaba en el suelo, agotada. Se habría tumbado si no fuera porque su pelo no iba ni acercarse a esa guarrada que los goblins llamaban suelo.

Seguramente habría más goblins que matar pero… que se encargara otro, ella solo quería echarse una siesta en alguna cama mullidita.
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Re: Rey Verde (Privada)

Mensaje por Kromul el Lun Dic 10, 2018 8:55 pm

Sin señal ni aviso la batalla comenzó de nuevo, el plan del orco era sostener él al demonio, pero de la mano del demonio empezó a brotar sangre, una sangre que lucía algo... corrosiva. Kromul tuvo recuerdos de su juventud, no deseaba recordar nada de eso, pero hacerlo y encontrar la similitud entre ácido y la sangre del demonio fue una advertencia instintiva de su mente, un simple "Alejate."

Pérdido en sus cortos recuerdos, no vió la corriente de sangre salir hacia la elfa, , que soltó las dagas instantameante y extendió las palmas adelante; por miedo, pensó el orco y un par de enanos observadores. Ese miedo se tradujo en nada más que coraje... y algo de arrogancia, al separar el torrente de sangre en dos y acumulandolo ante sus palmas.
Una nigromante - eso fue claro para los que observaron. Tratandose de un enemigo con sangre ácida no era factible ayudar, no porque no quisiera, simplemente, no podía.

Los gritos del Cejas empezarón a alcanzar las orejas de Kromul, siguiendo la dirección general a la que el enano apuntaba observó al hobgoblin y aquello que sostenía en sus manos — ¿un adversario digno? tal vez, en este caso era más que nada, uno apropiado.

El orco corrió hacia el hobgoblin que empezó a saltar atrás y a mover su espada listo para recibirlo y mantenerlo a raya, los diablillos, siempre metidos y arruinando todo. Una flecha del enano con ballesta que permanecía con sus manos intactas despejo un poco el camino, pero los perros le persiguieron, saltando hacia él. Los demonios parecían ser fierzasamente protectivos del hobgoblin, lo que apuntaba más a que esa cosa esférica que sostenía en sus manos fuese un componente principal de todo esto.
Uno de los perros se vio golpeado en pleno aire por la lanza de un enano, aunque esto no le mato, solo le abrió una herida que en vez de liberar sangre mostraba un calórico brillo como si de una fisura volcánica se tratase. El segundo perro alcanzó la pierna del orco y apretó sus mauces, intentando arrancarle toda la jugosa carne verde de allí. Unos enanos dudaron en avanzar y el orco empezó a girar de un lado a otro, dando leves patadas para sacudirse al perro; en una de ellas pateó una de las antorchas del lugar y logró safarse del perro, pero algo tarde: ya la quemada estaba. El orco apretó los dientes intentando ignorar el dolor y corrió hacia el hobgoblin con todo lo que tenía.

Los enanos se cayerón a fuego y espada con los canes infernales, casi literalmente, excepto que las espadas se veían remplazadas con lanzas y escudo. Los inteligentes, infernales e infelices sabuesos de Rhagg escupían llamas sobre los enanos, obligandolos a permanecer ocultos detrás de sus escudos, dejandoles poco tiempo libre para puyar. El enano de la ballesta permanecía atrás de estos, confiando en el fiel muro que formaban los escudos para disparar hacia los diablillos que no dejaban al orco en paz, varios de sus virotes fueron derretidos a medio vuelo por el espéctaculo que sucedía en el centro del lugar entre el demonio y la elfa. Por fin, uno de sus tirós dio, matando al menos a un diablillo.

El orco tomó uno de los diablillos que le molestaba y lo escachapo contra la pared, mientras agitaba un brazo intentando alejar a los dos que restaban, el hobgoblin tiró un par de espadazos hacia el corto, provocandole dos ligeros cortes en el antebrazo en la forma de una cruz algo caída. Kromul avanzó, intentando clavarle un gancho que acabaría con la vida de más de un hombre, pero el hobgoblin solo danzó atrás con pies ligeros, pasos confidentes, y moviendo la punta de su espada como si de una serpiente se tratase.
Kromul golpeó a su alrededor ahora que el hobgoblin estaba alejado y logró encasquetarle a ambos diablillos, pero uno de ellos logró mantenerse en vuelo. Tras eso miró al hobgoblin y se le tiró encima nuevamente, mucho menos tímido, de la forma en la que solo un orco podía: una carga suicida.

El primo mayor de los goblins entró en un corto pánico al ver toda esa masa correr hacia él y saltó hacia atras, cayendo de pie en el trono, dio una rápida estocada al frente y el orco movió la cabeza a un lado, dejando la espada correr atravesando un poco de su hombro a la vez que lanzaba un golpe. El hob apenas logró hacerse a un lado, con el nudillo de los orcos clavandose en su costado. Se tambaleó adolorido, lo suficiente como para soltar el mango de su espada que resbaló libremente del hombro verde - ahora rojo de sangre. El grito de dolor - y ayuda - del hobgoblin llamó la atención de los canes infernales, ambos voltearon inmediatamente y corrieron hacia donde estaba su jefe, o al menos lo intentaron, uno de ellos se vio derribado por un corte lateral de un enano. Una vez algo estaba en el suelo, los enanos iban a ello como abejas a la miel, tal vez porque las cosas tiradas estaban más a su nivel, tal vez era un instinto porque donde más estaban las piedras, ¿si no en el suelo...?
En realidad era solo porque era íncreiblemente efectivo.

Entre cuatro enanos saltaron y aplastarón al can infernal con sus escudos, paralizando sus extremidades, mientras un quinto de ellos clavó su lanza en la espalda del can y la dejo correr hacia adelante, hasta abrirle en dos la cabeza, la herida del perro empezó a liberar llamas, llamas que, de un momento a otro, dejaron de crecer hacia afuera y parecieron arder adentro, desvaniendo al perro en humo.

El segundo perro cuando estuvo suficientemente cerca abrió la boca y despidió su furioso aliento en llamas hacía donde estaba el orco. El hobgoblin saltó atrás del trono improvisandolo como escudo; Kromul tuvo que actuar rápido y deslizar el cuerpo de Adrik con un pie mientras giraba para compartir el escondite, recibiendo golpes en el abdomen del hobgoblin. Cuando la llamarada pasó y el cuerpo del insconsiente enano pareció estar a salvo el orco esquivo un puño del hobgoblin y tómo su brazo, doblandolo e intentando partirlo, siendo incapaz de hacerlo solo porque el hob presentaba toda la resistencia posible. Cuando el brazo del hobgoblin iba a ceder, el maldito perro, el mejor amigo del hombre y peor enemigo del orco, se había "escabullido" silenciosamente atrás, mordiendo de nuevo la pierna que tan dulce le había parecido antes.

El orco reaccionó a la mordida dejando ir el brazo del goblin pero proporcionandole una buena cachetada que casi le derriba, entonces dio unos forzosos pasos atrás, pegando al perro contra la pared varias veces en un forcejeó para que le soltará.
En el momento que la cachetada hizo al hobgoblin vió su espada caída no muy lejos del trono, la reflección de su espada le hizo recordar su entornó, un arma deliciosamente cerca de él... el cuchillo clavado en el cuello del elfo, encadenado atrás del trono. Bajo la mirada, y sonrió.

Cejas, poniendose de pie y viendo como el hobgoblin jalaba el cuchillo para poder arrancarlo del cuello del elfo y del trono se alarmó, sabiendo que su voz no llegaría al orco. Recordó el frasco que le había dado Katarina e intento sacar el corcho, como no podía, en la desesperación se metió el pico de la botella en la boca y la aplastó con los dientes, rompiendola adentro y cortandose un poco, lo que a este punto le daba absolutamente igual. Escupió el vidrio dentro de su boca y se tragó de una pasada toda la bebida del frasco.

El orco tomo al perro de la espalda y jalandolo logro sacarlo de su ahora sangrante pierna, y para devolverle el favor, le clavo un codazo mientras lo sostenía entre él y la pared, quebrando lo que sea que tuviesen por espalda los perros venidos del foso. Un grito - o, más apropiadamente, un rugido lo hizo voltear, era Cejas, que corría más imparable que el tiempo. Pero aunque corriese más imparable que este, no llegaría, no llegó en el momento indicado. El hobgoblin cayo fuertemente con el cuchillo agarrado en la inversa, enterrandolo y atravesando la ya lastimada pantorilla del orco.

Dos gritos se cruzaron en el lugar, gritos muy comunes en tiempos de guerra y de pelea. Uno de dolor y uno de furia. El cuerpo del orco cayó adelante pegando contra la pared, al mismo tiempo que Cejas, ahora sosteniendolo la espada del hobgoblin, apuñalo violentamente su muñeca, casi arrancandosela de la fuerza y velocidad que llevaba por los poderosos efectos de la cerveza enana.

Un tercer grito y último grito fue escuchado en el lugar, con el hobgoblin alzando su ma...su brazo, sangrante. La esfera cayó al suelo y con ella la sangre del hobgoblin, bañandola por arriba, mientras Cejas cometió el acto más brutal que sus hermanos le habían visto cometer en su vida.

Con el último latido de un corazón atravesado y la sala más ensagrentada que se había visto en un buen tiempo en las montañas por los enanos, el hobgoblin cayó al suelo de rodillas e inmediatamente se desplozo su cuerpo, con su cara chocando justo a un lado de la esfera. Las llamas iluminarón el lugar, y los demonios empezarón a desvanecerse, empezando con el más fuerte de ellos.

Un tierno silencio asomó su cabeza y se ocultó ante una risa agridulce proviniente de la elfa, que se tiraba en el suelo tras el movido combate. El sonido de miles de pasos negó cualquier oportunidad de la "paz" que queda tras una pelea y unos tres grupos de enanos entraron al lugar, viendo la masacre.
Qué... ¿Qué paso aquí? ¡Todos, rápido! ¡ayuden a los heridos!. —gritó uno de ellos con su antorcha apuntando al frente

La tormenta de enanos avanzó y empezarón a levantar compañeros heridos, ver quien estaba vivo y quien muerto, todo mientras llegaban más y más grupos, finalmente, la pelea había terminado de verdad.


Todos en camaradería se encargarón de atender a los heridos tanto como les fuese posible en el momento, y juntos volvieron a Bund'Felak. Las cosas estaban muy movidas en la ciudad nada más entraron los enanos, claro, se había regado la noticia de que acababan de masacrar un nido goblin y que había demonios cooperando con ellos, y algo de un ritual. Por la falta de detalles rumores se esparcieron de un lado a otro como pan caliente mientras los heridos descansaban, y los que estaban bien, velaban a los compañeros que cayerón en combate la noche anterior.

Dos días pasaron.

El número de casualidades fue bajo, por suerte, de 108 enanos sobrevivieron 94. Beiro, aunque un elfo, también sería velado, especialmente por sus amigos. Adrik estaba relativamente bien, su ojo seguía inchado pero no era algo que el tiempo no pudiese arreglar; su brazo y hombro estaban algo más lastimados y mantenía un vendaje por ahora, el próximo trabajo tendría que esperar un poco, ya que se encontraba incapaz de usar un arma. El enano de la ballesta también había sobrevivido, pero estaba en cama, tenía algo dentro de su sangre que los demás todavía no terminaban de comprender.

El orco ya estaba mejor, pero había contraído heridas no más agradables que los enanos, aunque solo la de su pierna era particularmente mala, ahora tenía una horrible cicatriz allí y además necesitaba de un bastón para caminar. Una pequeña cicatriz horizontal saludaba desde su frente, y una en su hombro. Las de sus brazo, bien sanadas, innotables.

Lo demás quedo a manos de Delg, que ahora tendría mucho que explicar a los Karzunires. Delg llegó a un acuerdo con sus propios hombres de no decir absolutamente nada sobre Katarina, que ahora para conocimiento de todos, era una nigromante. En circustancias normales a un nigromante habría que matarlo, quemarlo, y luego hacer algo con sus cenizas solo por si acaso, pero ella estuvo del lado de los enanos todo el tiempo, así que era lo minimo que podían hacer por ella. Además, él no le mentiría a los Karzunires, tan solo sostendría la verdad un poco.
También se acordó no hablar algo sobre la esfera, más que nada porque no la encontraron. Decir algo así frente a los kazurnires seguramente tendría un castigo muy severo, y Delg vió más racional enviar a un grupo de enanos disimuladamente de vuelta al lugar para que lo revisaran bien de pies a cabeza, y sino la hallaban era por una sola razón. La esfera habría desaparecido con los demonios.

Finalmente, Cejas, por la herida sobre su ojo que le arrancó practicamente toda la ceja, dejandole una sola, fue conmemorado como tal: Ceja, y felicitado por tener la barba (bolas) tan grande, aunque él estuvo en desacuerdo. El pequeño estaba sentado en una taberna, tomándose una copa de cerveza, pero algo taciturno sobre la muerte de Beiro. Se levantó de su silla y salió de la taberna con la cerveza en mano.
Beiro... lo siento tanto. Espero encuentre paz en manos de Karzun —alzó la nariz, llevandose todos los mocos adentro para no dejar salir ni uno—. Oh... sí... hablando de elfos... ¿donde está ella? —se preguntó, mirando de lado a lado la calle.

Ceja tenía la pequeña esperanza de encontrar a Katarina al voltear, o de verla a lo lejos, pero no fue así, sabía que ya seguramente se había marchado de la ciudad y lo lamentaba un poco. Se dio vuelta para volver a la taberna, pero unos pasos pesados y el sonido de un caballo lo hicieron mirar atrás de nuevo, observando a una sombra alta caminar calle abajo.
¡Orco! —saludo con la mano cuando notó que no podía tratarse de nadie más que Kromul.
El orco se detuvo y volteo la cabeza lentamente, reconociendo la voz del enano.
¡Cejas!
Ahora soy Ceja  —corrigió el enano caminando hacia él—, ¿ya te vas?
Sí, creo que es lo mejor.
¿Estás seguro? tu pierna... ahora tienes que andar por ahí con ese bastón. ¿Cómo vas a defenderte?
El orco se quedo en silencio un momento y una línea curva se dibujo en su rostro. Era agradable ver que el enano se preocupará por él, en especial cuando empezó siendo el que más enemistad parecía tenerle.
Me las arreglaré —asintió sonriente.
Ceja alzo la ceja que le quedaba y se tomo un trago de su cerveza, tras lo que se acerco y le dio una palmada al orco, cuidando de darsela del lado de la pierna sana.
Está bien... siempre puedes venir por aquí que quieras, tal vez este junto al grupo, tal vez no estemos.
El orco volvió a asentir y se despidio de Ceja estrechando su mano, antes de seguir su camino hacia la salida de la ciudad, lentamente.

No pasó mucho tiempo estando afuera de la ciudad y no llego muy lejos caminando abajo porque le era terriblemente doloroso y dificultoso, tal vez debería haber esperado unos días más en la ciudad, pero no era lo que deseaba, sentía que su tarea en ese lugar estaba finalizada, cualquiera que fuese. Un montón de gritos alcanzarón al orco y cuando volteo, era Ceja con Maldrot, en un carro impulsado por un caballo.
¡Sube!

El orco hizo una mueca, no porque no quisiera el viaje, sino porque le parecía dificil bajar de la montaña en carro, los enanos le comentarón que por supuesto ellos tenían caminos comerciales por y para enanos, pero harían una excepción escondiendolo en la parte de atrás. Kromul subió al carro y Moldret ató su caballo para que ayudara a jalar el mismo, ahora que había unos kilitos más de peso. El carro iba vacio además de él... y de un curioso collar de cuero con un colmillo que estaba tirado al frente, o al menos parecía un colmillo. El orco lo tomó entre sus dedos y comenzó a inspeccionarlo.

¿Qué es esto?
Un regalo de mi parte, orco, casi todos tenemos uno ahora. ¡Logre tomar dos cuernos enteros de un demonio cuando volví a la cueva con más hermanos! fue tan genial...
¿Un trofeo de guerra, entonces?
Sí, podría decirse. Para que recuerdes que peleaste a nuestro lado.
Suena bien... un recuerdo... gracias —el orco dejo caer el collar en la palma de su mano, apretandolo suavemente.

La bajada fuera de la montaña fue más rápida de lo que el orco quiso, despidiendose casi con lágrimas de Ceja y Moldret ahora que realmente sabía no había vuelta atrás y que no los podría ver de nuevo. Al menos no si no subía otra vez hasta Bund'Felak, algo imposible en su situación. Ambos enanos permanecieron con el orco unos minutos más dandole palmadas para consolarle y cuando estaba mejor, volvieron a tomar su carro y a hacer el camino de vuelta a su ciudad.

El orco suspiró, dandose vuelta y dando un paso, apoyando su bastón fuertemente, empezando a caminar adelante...


Última edición por Kromul el Mar Dic 11, 2018 11:32 pm, editado 1 vez
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Re: Rey Verde (Privada)

Mensaje por Katarina el Mar Dic 11, 2018 2:18 pm

La caballería había llegado a ayudarlos en forma de lentos y para nada caballerosos enanos. Tarde, muy tarde para su gusto, pero daba igual, al menos podrían encargarse de los heridos. Lástima, puesto que le habría encantado devorar sus almas. Se dio un bofetón. Esa no era ella. Definitivamente había usado demasiado, había ido más profundo que nunca y tardaría horas en poder volver a pensar normalmente. Nada de usar armas, magia o primeros auxilios, se prometió a si misma mientras se levantaba con esfuerzo y recuperaba sus dagas, tiradas por algún lado. Usualmente la promesa incluía a sus mascotas, pero esta vez eso no iba a ser un problema, Kirara era muy capaz cuando se le metía algo entre bigote y bigote. Y hablando de otros, menos inmediatos problemas, el círculo mágico se había apagado cuando el demonio había muerto, pero allí seguía, inactivo, esperando, y simplemente no podía fiarse de los enanos para desactivarlo, no eran exactamente expertos en magia y ese en particular era básicamente un barril de pólvora esperando una chispa.

No es que ella supiera mucho de rituales a gran escala para conceder inmortalidad, sinceramente, cosa que teniendo en cuenta sus objetivos a largo plazo, era irónico a la vez que una pena, pero borro runas aquí y allá e interrumpió algunas líneas ley, hasta que estuvo convencida de que cualquier mago preferiría borrarlo y empezar de nuevo que arriesgarse a usar este y que por error que hubiera pasado por alto le explotara en la cara. Al fin y al cabo, reutilizar rituales y conjuros de otros sin estar completamente seguro de que estaban intactos y entendías todas sus partes era algo extremadamente arriesgado. Si tenías la costumbre de hacerlo, usualmente no vivías lo suficiente como para poder usarlo en nada importante. Todos los enanos la vieron haciendo cosas raras con el círculo, sin duda, ¿pero que le importaba? Lo que importaba era que había llamado la atención haciéndolo, y que todos y cada uno podían asegurar que no se había acercado al cadáver del hobgoblin ni un instante. ¿Y para que tanto esfuerzo? Bueno, ese era un secreto que le sería útil más tarde.

La verdad, esperaba que dicho secreto hubiera sido más útil. Había esperado un exhaustivo registro al volver a la ciudad, o allí en la cueva, debido a la no del todo desmerecida desconfianza hacia los nigromantes, y la “súbita, extraña e inexplicable” desaparición del artefacto demoníaco,  pero aparentemente a ninguno de los presentes le pareció importante mencionar el pequeño detallito de la nigromancia a las autoridades competentes, así que allí estaban, volviendo a la ciudad con la expedición, con todo el mundo asumiendo que el artefacto se había desvanecido con los demonios, combustión espontánea o alguna tontería así. No iba a quejarse, pero no estaba… acostumbrada a ese nivel de camaradería, se le hacía raro, puede que hasta le picara. O puede que eso fueran los zapatitos de sangre ácida. Y hablando de eso, tampoco nadie decidió preguntar porque llevaba zapatos de cristal rojo, pero puede que eso fuese porque los enanos consideraban a los elfos algo raros Y la mitad no hablara su idioma, eso ayudaba.

Dos días más tarde:

La elfa andaba solemnemente por el bosque, silbando una canción enana, con sus nuevas botas. El enano la había mirado un poco raro cuando fue a comprar un segundo par de botas literalmente horas después que el primero, descalza, pero resultaba que la exterminación de demonios pagaba razonablemente bien, y ahora gozaba de unas suaves y mullidas botas, de calidad, a juzgar por como la piel tenia pelaje por dentro…era como andar sobre un tigre. También había ampliado un poco su lexicón de enano en la ciudad. Nada espectacular, pero estaba bastante segura de que podría mantener una conversación básica sin asesinar el idioma si hablaba lentamente.

Finalmente llego a su destino, y se sentó ante la tumba del elfo. No dijo nada, nunca había creído en eso de hablarle a una tumba, y menos después de aprender nigromancia. Es decir, podía hacerlo escuchar, atraer su alma, pero… eso sería irrespetuosos, al igual que levantarlo sin su consentimiento, por no hablar de que sería incapaz de alzarlo en condiciones prístinas. No, no lo haría, no quería tener que mirar al esqueleto parlante del elfo y explicarle que lo había alzado en esa forma porque no podía hacerlo mejor, y solo para disculparse. Esa era una excelente manera de ser maldito para toda la eternidad, y para ella, eso podía ser muchísimo tiempo.

Puede que volviera algún día, cuando supiera más, cuando pudiera alzarle como se merecía, como un espectro eternamente joven, o un Rembrant, un campeón no muerto prácticamente inmortal. Puede que entonces volviera a disculparse por haber cogido esa botella de licor enano, que podría haberle salvado en esa emboscada… a disculparse por no derrotar al demonio más rápido… no, por no poder derrotarlo en absoluto. O puede, pensó mientras se levantaba tras unos minutos de meditación, dejando una única flor blanca, que no volviera nunca. Un recuerdo eterno de que podría haber hecho más, de que podría haber sido más fuerte.

La elfa siguió andando por el bosque, alejándose de la ciudad. Ya había comprado provisiones para el viaje, así que no necesitaba volver para nada, pero aun así no partió inmediatamente, sino que tomo un pequeño desvío, acercándose a esa fatídica cueva goblin. Tenía que recoger a sus compañeros de viaje, al fin y al cabo. –¡Por fin!- dijo Kirara, saliendo de dentro de un árbol y saltándole encima. La elfa le rascó la cabecita mientras miraba a su alrededor, buscando al segundo de esa dúo de criminales. Cotton no tardo en más que volar, caer a su cabeza.

-Huh…soy yo…¿o ha engordado?-

-Bueno… estuvo algo asustado sin ti todos estos días, hasta que se dio cuenta de que podía comer todas las fresas silvestres que quisiera, entonces se puso las botas, y aquí estamos, creo que le cuesta volar de lo llena que tiene la tripa.- contesto la gatita, entre los contentos chirp chirps del murciélago.

-Y… ¿nuestro pequeño secreto?- preguntó, mirando a su alrededor.

-No te han seguido, me asegure. Está en ese árbol, tercera rama.- la elfa se encaramo a recuperar el objeto en cuestión. –Usar a Cotton y sus clones fue algo…deshonesto.-

-Fue tu idea, gatita.-

-¡No lo decía en serio! ¡Pensaba que te negarías!-
la elfa suspiró, sentada en la rama, mientras acariciaba la bola de cristal sujetada con gatos. Lucia extremadamente antigua y se sentía como… un vacío, como si pudiera contener la eternidad allí dentro. Canalizó una brizna de esencia y, efectivamente, esta fue succionada hacia la esfera, que empezó a parpadear levemente. Funcionaba, aunque no iba a arriesgarse a invocar un demonio hasta saber que normas seguía exactamente esa cosa.

-Bueno… los enanos no iban a usarlo, acumularía polvo en alguna bóveda… y tampoco lo entenderían. Seguramente alguien lo robaría unas décadas más tarde y volvería a causar problemas.-

-¿Así que mejor lo robamos ahora? El plan perfecto…-


-Dime… ¿Cuántos crees que morirán la próxima vez, si puedo usar demonios como combatientes de primera línea, aunque sea como carne de cañón? Ese hobgoblin no era nada del otro mundo, y consiguió tener a ese monstruo de su lado.-

-No parecía estar en completo control, sinceramente… El hobgoblin parecía más bien la mascota que el amo.-


-Seguramente uso toda su esencia para invocar a ese, el primero, y las ataduras no funcionaron, yo usare menos poder, la mitad como máximo, por ejemplo, por si acaso tengo que matarlo, invocare a seres más… dóciles, menos poderosos. Además, los demonios son inmortales, técnicamente… podría ser útil estudiar este cacharro y lo que invoca.-

-Ah, así empieza la historia de Katarina, la Princesa Demoníaca. Con cuernos de cabra y una adorable cola de súcubo.- Ambas rieron, y unos minutos más tarde, con Cotton dormitando sobre su capucha, se dirigieron hacia un nuevo destino.

Le apetecía algo diferente, sin enanos ni goblins y desde luego nada de demonios. Puede que algo de mar, a Kirara le encantarían los peces… Puede. –Oye, ¿crees que hay peces fantasma que puedas comerte?-

-Oh, bueno…puede… hay tiburones fantasma, así que no veo porque no habría atunes.- espera ¿Qué?

-Tiburones…¿fantasma?-

-Sisi, hazme caso, cuando hables con alguien y este te diga “esta zona solía ser un océano”, sal por patas, no podrías escoger un peor lugar para vivir que una montaña con tiburones fantasma del tamaño de casas.-
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Re: Rey Verde (Privada)

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