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La Captura

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La Captura

Mensaje por Colk Dragnaar el Lun Dic 03, 2018 5:47 pm

Era hace mucho tiempo que un Nid, un patricida sediento, había tratado de huir al sur para escapar de sus justos asesinos. Corrió, entre montañas y valles, mares y témpanos blancos, hasta que el mundo fue un borrón y delante de él ese abismo infinito llamado Harwull se extendió inconmensurable.

Entonces apareció Jomurgander y le devoró.

Colk Balderson daba gracias porque no era la Serpiente quien le esperaba afuera, bajo la nieve y el viento, por más que los rugidos de una pronta tormenta recorrieran la costa. No sabía a quien daba gracias, sin embargo, pues aquel día recibiría un castigo a sus acciones, y no quedaba duda que los dioses le señalaban en aquellos fríos instantes, tal y como lo hacían sus acompañantes en aquella habitación.

Cobarde Balderson, siempre constante en su detrimento: Pudo haber muerto honorable, unido a la sangre de sus hermanos, más ahora vivía y tal hecho le había llevado hasta las antesalas de Hella. No había servido a su misión y todos estaban muertos, más sin él para danzar con Jirus en los salones de Invierno.

La habitación era oscura, tan solo rotas aquellas tinieblas por los rayos de Hildim que entraban a través de la opaca ventana. Daba su gloria lunar para mostrar a Balderson los rostros de sus jueces, esos mendigos de ropa raída y gestos enloquecidos que se revolvían en la esquina de la habitación ante cada golpe que resonaba en el piso inferior. Puede que en aquellos ojos habitase la locura, medio disimulada por el velo de la desconfianza, más el vikhar tenía certeza que aquellos eran sus iguales: Otros fugitivos, nids, asesinos, ladrones, homicidas y hechiceros, llevados al reino de Auster por el propio destino…Era apropiado considerar lo que de él hubiese sido de no estar los siervos de Lobogris abajo, esperándole para abrir marcas en su carne: Se convertiría en esas parodias de hombre, seguramente, que hacían a Hella parecer agradable.

-¿Te llama la Cuerva, jovencito apuesto?- La sonrisa del tal era una mueca burlona, acentuada por una barba llena de cerveza y restos de mugre- ¿No es una lástima? De todos nosotros, y tu el único maldito al que han seguido tan lejos…

-No, no el único Caratrapo- Corrigió otro, un ciego que había hecho del centro de la habitación su trono- Hubo otro una vez…Sonaba tal y como los huelemierda del sur…A ese lo abrieron en canal en la misma puerta.

El primer hombre se llevó una mano a la cabeza, apartando su capa raída y descubriendo parcialmente su cuerpo llagoso; las pulgas jull eran terribles, y ya Colk empezaba a experimentar con el dolor que podían producir en la zona de sus brazos. Parecía pensativo.

-Una lástima ese…-Dijo al cabo de unos latidos- Aunque poco importaba realmente su crimen: Acostarse con la mujer de un mercenario patán, ¡Qué manera de irse a Hella!

-Más de éste no sabemos- Una sonrisa curvada cruzó su rostro barbudo y desaliñado- ¿Un patricida, quizá? ¿Otro adultero? ¿Un Nid asesinó que destripo niños por deleite?

Colk se levantó, todavía envuelto en esa patético intento de estropajo que tenía por capa. Sin armadura o arma, se sentía desnudo aún estando abrigado con trapos sucios hasta el cuello; la comida le había valido sacrificar cualquier modo de defenderse. Los golpes abajo seguían sonando, cada vez más insistentes.

-Solo un cobarde, maldito- Murmuró a sus interrogadores, pasando por sobre otros mendigos allí en el cuarto durmiendo- Y ese es el peor de los crímenes…

Hubo silencio mientras cruzaba el portal, aunque pudo escuchar los murmullos de varios cuando hubo puesto el primer pie en la escalera, y los desgastados tablones rechinaron bajo su peso. Desnudas paredes, muchas podridas, le acompañaban en el descenso, y semejanzas tenebrosas solo posibles con la hechicería llamadas cuadros por los sureños le escoltaron en el descenso. Rostros neutros, muertos, ausentes de cualquier expresión viva más allá de una apatía inhumana, más confeccionados a la semejanza completa de un hombre: Tales cosas daban escalofríos.

La planta baja de aquel lugar estaba vacía, teniendo no más que cuatro mesas polvorientas flanqueadas por una miríada de bancos chuecos. Las marcas de las jarras de cerveza perduraban, como gravadas a fuego, y el olor del vino y la cerveza seguía invadiendo el aire: Colk había celebrado en aquel lugar esa misma tarde, disfrutado hasta que sus sentido se habían perdido en una alegría irracional, ajena a los problemas, a su pasado, al peso que arrastraba…Le hacía sentir asco pretender esquivar el dolor, la dificultad, el sufrimiento mediante un método tan bajo, aunque cada día el honor tenía menos significado en su mente.
Dos golpes fuertes hicieron temblar la puerta principal.

-¡Balderson, maldita sea, sabemos que está ahí!- Grito una voz masculina y rasposa- ¡Salga de una vez, por su honor!

Llamar a un Nid en nombre de su honor…Había un límite para que tan idiota un hijo del invierno podía ser: Aquella palabra, combinado con una ligera falla en aquel acento, convenció al vikhar de que su visitante no era de la hueste de Lobogris… ¿Mercenario? Probablemente.

Abrió la puerta y sintió al viento entrar a tropeles. La luz lunar hacía a la noche clara, y allí en el camino de tierra que daba al edifico se encontraban esperándole un curioso grupo de individuos: El más cercano, casi a menos de un paso, era un hombre anciano con apenas barba, su rostro surcado por una red de cicatrices y heridas a medio curar. Usaba una armadura negra, como las de los ojosrasgados, aunque al parecer la había reforzado con hierro; tipo listo, aunque probablemente aquello era en detrimento del vikhar.

-¿Balderson?- Preguntó seco, aquellos ojos azules brillando con la luz blanca- ¿Eres el condenado Nid?

Colk asintió, mientras una sonrisa irónica surcaba su rostro: Conocía a la hueste de Lobogris, al menos lo suficiente como para no extrañarse de que hubiesen contratado mercenarios. Siempre les había fascinado lo sureño, las tierras donde el mar se hace un horizonte inalcanzable más el hielo sigue siendo soberano.

-Lo soy, e imagino que ha venido a matarme.

Gruñidos, murmuraciones y miradas furtivas: Más atrás estaba una tropa pequeña., probablemente compuesta por una decena de hombres armados y desiguales. Armadura completa aquí, retazos de metal allá, con un rango de armamento que iba de lanzas relucientes a vulgares herramientas de cultivo modificadas. Se mostraban hoscos ante sus palabras ¿Por qué?

El líder sonrió, torciendo aquel mapa de líneas blancas y deformando la apariencia de su ya dañado rostro. Sus ojos se arrugaron hasta casi ser tan solo dos líneas.

-No, no, matarlo no: Capturarlo- Corrigió, cruzándose de brazos- los cachorros de Lobogris te quieren en casa, muchacho: entenderás que la justicia es necesaria para corregir a los más jovencitos, especialmente con respecto al destino de los Nid.

Colk respondió aquella sonrisa por otra, aunque era amarga: Se figuraba ya atado con los brazos extendidos, su frente húmeda por el sudor, los miembros temblando, la espalda siendo lentamente despellejada para exhibir sus blancas costillas. Las lecciones en casa eran duras, y eso era algo necesario. Claro, uno jamás esperaba ser tan desgraciado como para que las tales le tomaran como ejemplo.

-¿Hay más hombres vuestros rodeando este lugar, verdad?- Preguntó, sin desviar la vista del otro.

-- Respondió asintiendo- Y en el pueblo también: Nos habían comentado que eres bastante escurridizo, Balderson- Pareció ahogar una risa en aquella afirmación: Obviamente, sus meses de huída tan solo habían servido para cimentarse la reputación como cobarde- Pero ya el paseo terminó.

Sí, vaya que había terminado: Tres meses en huída, preguntándose constantemente si lo mejor no estaría pasado ya el filo del verdugo, o la insoportable agonía de sus sanguinolentas costillas abiertas. Si no gritaba, si no se movía si quiera un centímetro mientras algún cachorro de Lobogris le tallaba en carne era seguro que entraría en el Palacio Blanco, hogar de Padre Invierno. No era débil, y no estaba dispuesto a seguir siendo un cobarde: Iría con sus padres y hermanos al fin, aún cuando tuviese que pasar por tortuosas aguas de muerte.

-Supongo que no tiene caso resistirse más- Admitió, estirando poco a poco ambos brazos- Vamos, supongo que en casa ya estarán preparando los malditos cuchillos.

Y al final Jomurgander le devoraría, como en la vieja leyenda.

El mercenario le miró con una expresión inescrutable durante algunos latidos, como si hubiese algo que descifrar tras una simple y llana rendición, o al menos alguna cosa que no implicara su propio beneficio. Colk veía aquello como una victoria, sí, aunque dudaba que los sureños pudieran comprender la bendición que su pronta ejecución implicaba.

-Bien- Dijo al fin, volteando para encarar a la tropa- Trae los grilletes, Jrum, que algunas moneditas nos darán.

El mencionado, un hombre de baja estatua y ancha complexión se adelante del resto del grupo, descolgándose los rústicos grilletes del gastado cinturón. Las piezas estaban oxidadas, y hasta las cadenas parecían rechinar por la mera fricción y la herrumbre que rodeaba cada eslabón. Colk se adelantó un par de pasos, favoreciendo a que, con un movimiento rápido, el individuo rollizo cerraba la pieza en derredor de sus muñecas. El metal frío le mordió la piel al mero contacto, tan apretado.

-Ahora, un detalle importante- Dijo el capitán, volteándose a ver a Colk.

Y encajándole un puñetazo en el vientre con toda su fuerza.

El vikhar cayó de rodillas, un dolor agudísimo en las tripas y unas repentinas ganas de vomitar. Débil, aturdido, sin aire, alzó la cabeza para encontrarse con el rostro sonriente del capitán, otra vez esa horrible máscara burlona que tan solo parodiaba humanidad.

-O por favor… ¿No pensarías que nos tomaríamos tantas molestias en seguirte solo por el dinero, no?- Dijo con los brazos en jarra- Obviamente, hay un poco de placer sanguinario aquí involucrado, asesino.

Colk trató de levantarse, algo en su interior despertando; ira y orgullo, resolución y dignidad, contrariados por aquel gesto burlón que desprendía esa capa de sumisión tan solo superficial. Puños sobre el suelo terroso, talones buscando apoyo, trató de impulsarse hacia arriba mientras apretaba los dientes, tragándose un doloroso quejido. Una mirada furiosa, maldiciente, se levantó con sus ojos y se dirigió directo a los del capitán.

-Jrum, tu lanza…

¡Bam! Un fuego que le hizo arder la espalda, le devolvió al piso, arrancó el gruñido doloroso que el golpe en el estómago no había podido. Su frente golpeó contra el suelo y sus nudillos sintieron las ásperas piedrecillas del camino, sosteniendo el peso de su pecho. El maldito, el puto gordo le había azotado con la vara de la lanza en la espalda, y podía sentir como aquel azote palpitaba doloroso.

El capitán se acercó: Se puso en cuclillas, y su gruesa mano se metió en el cabello ya crecido del vikhar. Agarró, tirando fuerte y doloroso, obligándole a levantar la frente y a encarar de nuevo su rostro castigado. Dientes torcidos en una sonrisa feroz le recibieron, y no era más que esa expresión tan conocida que uno tenía al ver a un enemigo odiado colgando de un árbol, o inválido, completamente a la propia merced, a la pura crueldad.

-Lobogris…Ese viejo maldito que empalaste, muchacho- Su aliento era como el de los lobos- Un buen amigo, sí...Socio, aunque debo decir que nunca pago mal: Noble, por más que bárbaro asqueroso. El viejo Miseria y su socio del norte: ¡Cuantas historias no contaban de nosotros!

Empujó con el agarre, clavando de nuevo la frente del vikhar en el piso. Acercó aquellos labios retorcidos a su oído, y su voz no fue más que un susurro.

-Balderson, muchacho…No creo que a los cachorros de mi viejo amigo le importe que te pongamos…En línea, por así ponerlo, antes de que te habrán en canal delante de un altar ¿No crees?...Estoy seguro que disfrutarás mucho esta pequeña travesía, hijo de Bjorn…

Colk deseó responder, y sus labios mascullaron una miríada de maldiciones mientras buscaba con la vista al que se hacía llamar Miseria. Se removió, aún con la espalda adolorida y los miembros debilitados, forzándose a otorgar así fuera la más insolente de sus miradas al mal nacido.

Poco pudo hacer, sin embargo, cuando un último golpe se estrelló en el posterior de su cráneo, y las tinieblas donde no hay consciencia le envolvieron lentamente en su abrazo.

Colk Dragnaar

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