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La protección del gato negro [Privada]

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Mensaje por Katarina el Vie Feb 01, 2019 7:06 pm

La noche dejo paso al día, y el pequeño grupo se preparó para la hora de la verdad. Los tres, seis técnicamente si contaban a Kirara, Cotton y Tuhna, avanzaron subidos en sus respectivos camellos, hacia la pirámide que podía verse perfectamente por encima de las dunas, con su punta dorada brillando por los rayos del sol. Pero nadie había mencionado un pequeño problema, un pequeñísimo fallo en su glorioso plan. ¿Cómo iban a entrar exactamente, pasando por delante de los incontables no-muertos que sin duda desbordarían la pirámide? O puede que en realidad ya supieran como y Katarina fuera la única pringada con la que no habían compartido el plan.

Por suerte para ellos, el ejército Akhardiano ya se había movilizado, por lo que los no-muertos se estaban preparando a su vez, formando en limpios pelotones delante de la pirámide, cubriendo su entrada, lo que indicaba cierto grado de inteligencia, cierta capacidad que incomodaba a la nigromante.

-¿Es la única entrada?- preguntó la elfa.

-No, hay otras, para aquellos que sepan buscarlas.-
respondió la gata, con ese extraño eco en la voz que indicaba que no era ella la que hablaba, sino su pasajera. No parecía haber guardias protegiendo o patrullando el resto de la pirámide, pero Kat podía ver perfectamente esa especie de buitres sobrevolando la punta, vigilando desde las alturas. Tendría que pensar en algo para solucionar eso, pero primero, se dedicó a contar los soldados enemigos. Unos veinticinco mil, pero había algunos más grandes, que sin duda no eran humanos… bueno, que nunca lo habían sido más bien. Luego se sentó en el suelo y saco el pequeño cristal, que cabía en su mano y dijo las palabras mágicas.

-Moshi moshi, 'xtra squoshi.- y la gema se tiño de negro, antes de enseñarle una cara algo distorsionada por la geometría del cristal. Un hombre moreno, de pelo negro como el carbón estaba al otro lado.

-¿Grupo 5-C? Estáis unas cuantas horas por delante de vuestro reporte.-

-Si si, en cuanto a esto, aún no hemos entrado, solo llamaba para informar del ejército que tenía delante.-
y de repente, tenía todo el interés del hombre.

-Vigila tus alrededores 5-C, no sabemos si los magos enemigos tienen alguna capacidad para detectar la comunicación. Informa.- realmente esperaba que la magia de escrutinio hubiera mejorado un poco en miles de años, pero realmente no dijo nada, no era el momento de cuestionar como de horrible eran las herramientas que le habían dado.

-No más de veinticinco mil no-muertos, ordenados limpiamente en pelotones, además de alguna especie de pájaros no-muertos. Que tenéis por aquí ¿buitres? Lucen del tamaño correcto. Y algunos de los soldados no-muertos son demasiado grandes para ser humanos.-

-Perfecto 5-C, ¿algo más sobre esos no-humanos?-

-Son difíciles de ver desde aquí, podrían ser piedra o hueso, pero algunos son tan altos como un troll, y otros un poco más, como un gigante. También veo formas más exóticas, como un escorpión o serpientes. Oh, y carros.-


-Bien, voy a apuntar golems. Esas serpientes podrían ser lo que ha estado atacando a los exploradores, ve con cuidado 5-C, atacan de improvisto desde debajo las arenas.-

-No te preocupes, podría decirse que tenemos a una diosa vigilándonos.- dijo con su mejor sonrisa y cerró la conexión magica con un muy confundido oficial de comunicaciones, que sin duda se fue directo a hablar con su comandante de las últimas novedades del ejercito enemigo.

Y el trío de aventureros avanzó, a pie, dejando detrás los camellos. Katarina se alarmó al ver a esos buitres no-muertos avanzar hacia ellos, pero pasaron de largo, aparentemente haciendo simplemente una patrulla. Espero secretamente que no encontraran a sus camellos, antes de fijarse bien en su alrededor. En como el aire que rodeaba el grupo vibraba y se ondulaba a su alrededor. La gata notó a su mirada, y le guiño el ojo sin parar de susurrar. Así que la diosa gatuna le había enseñado un truco nuevo. ¿Algún tipo de espejismo que afectaba también a los no-muertos? Que miedo.

De manera que el grupo avanzó sin problemas durante unos diez minutos, acortando cada vez más la distancia que los separaba de la gigantesca pirámide hasta llegar a su base, hecha de una piedra marrón, pero extremadamente lisa, hasta el punto en el que tenías que tocar la piedra para notar los surcos donde se habían unido los bloques de piedra para la construcción de esa obra titánica. La gata tenía la mirada fija en la piedra, como absorta, y ahora mismo, literalmente pegados a la fortaleza enemiga, no era el mejor momento para distraerse pensando en pescado o algo así.

-Bien, ¿y ahora?- preguntó la elfa, completamente perdida. ¿Dónde estaba esa maldita entrada secreta? Y entonces la mujer ahora habitada por una diosa gatuna volvió en si, dio unos tres pasos a la derecha y toco la esquina de una piedra, luego repitió el proceso dando dos pasos a la izquierda y finalmente alcanzo uno de los bloques superiores con un salto. Los tres puntos donde Mitty había tocado se iluminaron de un intenso azul, y los bloques de piedra empezaron a reordenarse, dejando paso a un estrecho pasillo de piedra completamente oscuro. Lucia…sospechoso, muy sospechoso, y que todos salvo el enano tuvieran que agacharse para caber, dejándolas en una posición comprometida lo hacía aún más sospechoso. Pero era una trampa… demasiado rara y compleja para ser una trampa, es decir, podría haberlos matado directamente horas antes mientras dormían, así que no, Katarina opto por la opción más lógica y obvia. Esa diosa era demasiado zoqueta como para darse cuenta, puede que hasta estuviera borracha, pero no podía asegurarlo, no tenía ni idea de cómo se emborrachaba un dios. Miro al enano e inmediatamente asumió que ella iba a ser la voz de la razón en ese grupo, por lo que le tocaba ir primero. Con un suspiro, Katarina se metió en el dichoso agujero.

____________________


-Comandanteeeee.- el mismo hombre que había estado hablando con la elfa hacia unos minutos se dirigió hacia la tienda de oficiales. Los guardaespaldas no lo llenaron de virotes como un puercoespín, pero al contrario que con cierto héroe, esta vez fue porque ya conocían al hombre y sus excentricidades a la hora de informar de las últimas novedades.

-Dime, Frank.- respondió un agotado miembro de las fuerzas Akhardianas, que se preguntaba por enésima vez porque diablos le había tocado a él un trabajo tan problemático.

-Ha llegado un informe del grupo encargado de explorar la pirámide, señor.-

-Poco importa ahora mismo, salvo que consiguieran matar al Rey Negro, ya me informaras de la distribución de la pirámide cuando hayamos barrido al ejército.-
si lo conseguían, tenía sus dudas con ese cabezahueca hasta arriba de poder divino entre sus filas.

-No han entrado aún, señor, informan del ejército que hay delante.-
Oh, eso era diferente.

-¿Y bien? ¿Qué dicen?- la información a pocas horas de la batalla seria crucial y, con suerte, más verídica que el montón de informes que ya tenía sobre su mesa.

-La elfa al cargo informa de unos veinticinco mil no-muertos, entre los que hay carros, algún tipo de pájaro no-muerto y lo que podrían ser golems de varias formas, incluidas las serpientes del resto de informes.- el comandante se rasco la barbilla, pensativo. Por más que los elfos tuvieran buena vista, típicamente aquellos sin experiencia exageraban los números, pero estaba dentro de las previsiones y el resto de informes, así que se fiaría del número.

Y en cuando a carros, pájaros y golems, tendría que creérselo, esas cosas se veían o no se veían, pero eso generaba una oleada de problemas en si mismos. Para empezar, los carros, que barrerían a su infantería como si nada, lo que implicaba que tendría que usar a sus lanceros defensivamente, y arriesgarse a que sirvieran de más bien poco o nada contra no-muertos porque eran malditas lanzas o centrar su magia y proyectiles en los carros, en vez de contra esos goles que sin duda le darían tantos problemas. Y si usaba sus reservas, sus escaramuzadores estarían desprotegidos, por lo que sin la más mínima duda, esos pajarracos se lanzarían contra sus cañones o tropas de proyectil.

¿Por qué había aceptado ese maldito trabajo? No, lo sabía, porque el trabajo era sencillo en una nación tan militarizada, no había competencia real, no teniendo en cuenta la infinitésima posibilidad de que pasara precisamente eso. No, la pregunta era ¿Por qué ahora, cuando él mandaba? Maldijo silenciosamente a los dioses y empezó a maquinar.

-Frank, ve a buscar ese paladín. Pregúntale si él y sus hombres serán capaces de encargarse de las fuerzas aéreas enemigas. Tan condescendientemente como puedas…-
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Mensaje por Brown Hat el Dom Feb 03, 2019 5:11 pm

Al abandonar la pirámide el grupo hizo su camino a los camellos, Erick, claramente ceñudo, echaba un vistazo cada dos por tres a Mittens, aunque no era realmente a Mittens, sino a quien estaba dentro de ella. No dijo nada.

Una vez en los camellos el enano siguió sospechosamente callado, fallando fácilmente en ocultar su mal humor, pero el estado de una persona no era más que una trivialidad cuando parecían estar haciendo la carga suicida más lenta de la historia. Cuando las sombras del ejército enemigo empezaron a hacerse presentes como sombras en el horizonte, Erivaeck sostuvo más fuerte su arma, mostrando que firmemente creía que les habían mandado a eso, una misión suicida. Que él no tuviese intenciones de morir, o no de morir fácilmente, era otro asunto.

El grupo se detuvo a una distancia decente, al menos una desde la que los mejores ojos con los que contaba el grupo pudiesen ver. Iba a comentar algo alegre cuando la elfa preguntó si de verdad les tocaba entrar por una entrada más guardada que la barba de un enano, pero entonces escuchó esa voz, y volvió a fruncir el ceño.
Si te hubieses podido salir de ese templo por tu cuenta hubiese sido maravilloso... así les avisabas a los del reino para asediar la piramide de una vez y volarla en pedazos junto a Ta'xet de una vez.

Tras su pequeño regaño que seguramente fue ignorado, el enano se quedo callado viendo a la elfa comunicar la situación. No le gustó para nada que fueran 5-C, debían ser 1-A, eran el mejor jodido grupo que tenía ese reino justo ahora; su pensamiento solo fue comprobado cuando el hombre mostró mas interés a todos los detalles que le pasaba la elfa.
Si son golems son de piedra, siempre. O metal si se está sintiendo especialmente atrevido. Los golems de huesos solo son no-muertos muy grandes —dijo el enano en voz alta, tanto para la elfa como para Frank; las cosas como son.

Las últimas palabras de Katarina no fueron de gran agrado del enano, todavía tenía ese pique horrible contra la diosa, pero bueno, se la tenía que aguantar mientras estuviesen en este rollo. Les toco dejar a los camellos atrás y avanzar a pie, a cada paso que daba solo se le ocurría que tal vez marcar una runa Barsten en los camellos y enviarlos a la entrada para que volasen en pedazos los camellos junto a varios no-muertos era excelente idea, pero seguramente le dirían que era un salvaje de proponerlo.

Por alguna razón, los buitres no les hicieron caso, incluso pasándoles por encima y Erick estando seguro de que miraban en dirección a ellos, estuvo a punto de dispararle a uno, pero el brazo de la elfa le interrumpió, al parecer ella sabía porque no les notaban. "Magia", supuso el enano, no era un fanático de la misma, pero al poner pie fuera de las montañas no se tardaba demasiado en darse cuenta de la realidad del mundo.

Al llegar a la pirámide el enano bufó un poco, todavía enojado, pero aceptando por dentro el increíble trabajo que era. Tal vez ya no sería tan buena idea volarlo en pedazos, esto podía servir a un propósito mayor: Karzún. Sí, tomar el lugar a la fuerza...de alguna forma... y cuando acabaran con Ta'xet, clamar el lugar para el verdadero Dios. La elfa, muy centrada en la misión - posiblemente más en sobrevivir hizo la pregunta que el enano esperaba fuese una pregunta grupal, todos querían saber lo mismo, donde estaba la entrada... pero Mittens sabía.

Hmmm... —se rascó la barba, observando a la hörigue y al pasillo abierto, pero más a la felina—. ¿Tuhna? ¿o eres tú, Mittens? —preguntó para estar seguro, si se trataba de Mittens, preguntaría como obtuvo el conocimiento de donde tocar para abrir la entrada secreta.
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Mensaje por Katarina el Dom Feb 17, 2019 2:25 pm

-Mi poder se ha… debilitado con los milenios, pero aun conozco muchos secretos, pero debería conservar las fuerzas hasta encontrarnos con Ta’xet.- Dijo Mithra, con ese extraño eco, y finalmente la gatita pestañeo unas pocas veces, al parecer recuperando el control. No parecía importarle lo más mínimo a la diosa que no estuvieran allí para matar a otro maldito dios, sino simplemente para explorar e irse, puede, solo puede, que para sabotear un poco si se daba la ocasión.

El pasillo era largo y oscuro, sin una maldita luz que los guiara, porque por supuesto, un pasadizo secreto no tendría lámparas y flechas brillantes que indicaran su ubicación, por lo que avanzaron a ciegas. O al menos Kat, porque Mithra parecía estar perfectamente bien, delante del grupo con una mano tocando la pared y avanzando sin ninguna duda. Seguramente su…patrona ahora se limitaba a susurrarle cosas en vez de tomar posesión de su cuerpo. Y no tardaron demasiado en llegar a una pared, una losa de piedra que bloqueaba su camino, al menos eso parecía hasta que la gata metió la cabeza a través de la pared como si nada, volvió a meter la cabeza y aclaro que todo estaba despejado.

Los pasillos “oficiales” no eran muy distintos del que acababan de dejar, aunque estos si estaban iluminados por suerte, pero parte de eso, tenían la misma piedra carente de decoraciones. –Bien, ¿y ahora?- Típicamente, el dios maligno estaría en lo alto de la torre, pirámide en ese caso, así que mejor ni acercarse, no fuera a ser que se olieran entre ellos o alguna cosa así. La gata inclino la cabeza hacia un lado, moviendo sus orejitas, como escuchando, antes de responder.

-Dice que las urnas deberían estar debajo, mientras que Ta’xet debería estar en la batalla, o a punto de unirse a ella.-


-Si sus soldados pueden resucitar una y otra vez mientras las urnas se mantengan intactas… ¿no deberíamos destruir la suya también?-

-Mmmm, dice que…¿el sellado absorberá el alma antes que la urna? Algo sobre la prioridad metamagica de… ¿Qué diablos es evocación?-

-Bueno…ella sabrá, lo selló una vez. Vamos a ver esas famosas urnas.-

_____________________________

¿Por qué siempre tenía tan mala suerte? Eso era lo que pasaba una y otra vez por la cabeza de Abygray mientras miraba al ejército enemigo. Después de que la tienda de su padre se hubiera incendiado y estuvieran en la ruina, se había unido a los ejércitos del reino. “Es una buena paga y no veras pelea” decían, “nadie se atreve a meterse con nuestro todopoderoso reino, estarás bien si aguantas el entrenamiento” decían, y allí estaba, delante de una horda de no-muertos porque se había negado a casarse con uno de sus primos. Estar casada con uno de esos apestosos curtidores con cara de comadreja era mejor que morir horriblemente a las manos de un no-muerto. Posiblemente. No por mucho, pero al menos un poco.

Y las trompetas sonaron la señal de avanzar. Y por supuesto que ella estaba en primera línea por algún jodido motivo, siendo achicharrada por el sol por culpa de todo ese acero. Su único consuelo era que según le habían dicho los más veteranos, los no-muertos no eran muy buenos luchando, así que seguramente no moriría de inmediato. Y si la compañía sufría muchos daños y ella seguía viva, los retirarían de la batalla, eso era bueno. O puede que si conseguía que la hirieran, pero no demasiado, pudiera ver el resto de ese infierno desde una camilla…si, eso seria bueno.

Flechas surcaron el cielo, y no todas eran de los suyos, así que el capitán dio la orden y todos pusieron los escudos en alto al unísono. Clack clack clack, las flechas rebotaron una detrás de la otra contra su escudo, como si nada. Abygray miro a su alrededor, y al parecer ninguno de sus compañeros de escuadrón había resultado herido. Pero no tenía mucho tiempo para distraerse, porque ya casi estaban ante el enemigo, con esos enormes escudos pintados y lanzas al igual que ellos. Tampoco parecían haber sufrido daños, a juzgar por la cantidad de flechas clavadas en sus escudos. Dio un largo suspiro. Podía hacerlo. Un par de no-muertos abatidos y una herida fea pero no muy grave, para poder retirarse como un héroe. La muchacha estampo la lanza contra el escudo del esqueleto, con fuerza, haciendo su arma a un lado de un escudazo, y el escudo del no-muerto cedió brutalmente, sin siquiera astillas. Entonces lo entendió. –SON DE MIMBRE. LOS ESCUDOS SON DE MIMBRE.- Gritó a pleno pulmón, y sus compañeros no tardaron en repetirlo hasta que todas las compañías en la vanguardia se hubieran enterado y repetido el mensaje. Con esos patéticos escudos, no tenían nada que hacer, servían para frenar flechas y poco más, los harían trizas. Puede que hubiera sido excesivamente pesimista, pensó Abygray con una sonrisa. Entonces los vio, andando por las arenas, por encima de las cabezas de sus enemigos, enormes estatuas de piedra con cara de perro, llevando una espada en cada mano, avanzando hacia ellos.

¿Por qué siempre tenía tan mala suerte?

_____________________________

Dorian esperaba, pensativo, con el cuerpo apoyado en Plumaroja, con el yelmo en sus manos, observando cómo se desarrollaba la batalla. A pesar de que la estratega fuera su hermana mayor, todos ellos habían recibido lecciones, por lo que sabía que iba mal. Allí donde las tropas de Akhdar habían hecho contacto, estaban ganando, pero los arqueros del reino estaban sufriendo bajas por culpa de esos arqueros esqueléticos, que cabalgaban vaciando sus carcajes y esquivando los proyectiles enemigos. Y cuando el comandante espabilo y reunió un grupo de magos para realizar un ritual y barrerlos de la faz del desierto, el pequeño escuadrón literalmente explotó en sangre y viseras por culpa de una especie de flecha de cristal del tamaño de un maldito proyectil de balista. El paladín identificó sin problemas el origen, un enorme gigante esquelético con un arco y absolutamente ningún carcaj, aunque no estaba seguro de si era un gigante reanimado o una aglomeración de huesos. En cualquier caso, pudo ver perfectamente como una de sus manos iba caía hacia el suelo, y la arena parecía formar un pequeño torbellino que dio lugar a una flecha cristalina, que la aberración procedió a cargar en el arco y apuntar… ¿hacia él? Estaba prácticamente al lado de la tienda de mando, no había manera de que…

Y el caballero blanco dejo caer el yelmo a toda prisa y desenfundo la espada, desviando la flecha de cristal dirigida contra su pecho de un tajo, mandándola a volar a lo lejos. Esa cosa… ¿acababa de detectar la Luz que había puesto en sus ojos para detectar el origen de la flecha? Por no hablar de que podía arrasar perfectamente la tienda de mando desde esa distancia, el comandante había cometido el error de ubicarla demasiado cerca aparentemente.

El segundo error de la campaña, pensó Dorian, mientras subía a Plumaroja y lo arreaba para que despegara, sin decir nada sobre la amenaza. Al fin y al cabo, él tenía sus órdenes, y esos buitres estaban empezando a moverse, ahora que la caballería había sido barrida por arcabuceros. Mal uso, pensó el paladín, iban a necesitar las balas para derrotar a los golems, pero los había revelado para salvar a unos patéticos e inútiles arqueros y ahora estaban a punto de ser arrasados por pájaros no-muertos.

El caballero blanco suspiro, tocando el plano de su hoja con su frente, mientras espoleaba a Plumaroja hacia la amenaza y hacia una breve plegaria a su patrón. Necesitaba esos arcabuceros para encargarse de los golems, de los que él no masacrara al menos, dejar que el ejército fuera masacrado seria problemático al fin y al cabo, sería una mancha en su honor. Le bastaba con que sufriera bajas suficientes como para humillar al comandante. Al fin y al cabo, personas como el, tan faltas de respeto hacia los portadores de Luz no tenían cabida en el mundo.

Su espada brillo con fulgor sagrado y el paladín lanzó un tajo al aire, casi descuidado, y cien metros más abajo, la nube de pájaros no muertos se dividió en dos limpiamente, con una línea de un metro de separación. La nube alzó el vuelo, mientras alas, cabezas y cuerpos, o lo que quedaba de ellos, caían al suelo, asustados por el súbito e imprevisto daño. No, asustados no, se corrigió, esas cosas no tenían sentimientos, pensar que lo hacían era una un mero intento de justificar su existencia. Dorian ojeo la nube, que se reagrupaba, finalmente dándose cuentas de su presencia y dividiéndose en grupos para rodearlo. Había… unos doscientos, poco más que morralla para asegurarse de que los no-muertos tuvieran la superioridad aérea y golpear a los arqueros cuando las reservas estuvieran ocupadas, serian completamente inútiles contra algo acorazado más allá de ser molestos, ni hablar de alguien bendecido por la Luz. –Vais a durarme…. Cinco minutos.-
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Mensaje por Brown Hat el Vie Feb 22, 2019 8:57 pm

Erivaeck alzó la ceja cuando la diosa dijo que conservaría fuerzas; tuvo ganas de burlarse diciendo si pensaba arañar a Ta'xet, pero si lo hacia seguramente interrumpiría más el avance del grupo por una pelea tonta. Siguió después de Katarina y Mithra en el agujero; ella debía ir primero porque no confiaba en tener dejarla afuera sola, podría huir, y no podía tenerla atrás. Simplemente no confiaba.

Claro, a los pocos pasos en el pasillo ya no alcanzaba la luz solar, y solo la oscuridad reinaba. En ese instante Erick supo que debía ir primero, primero porque no esperaba que la lámpara que había tomado fuese a ser útil tan pronto.
Segundo porque cuando la alzó para iluminar al frente, solo tenía al trasero de la elfa viéndolo. El enano miro a los lados y simplemente espero que no manejase una magia que le permitiera ver por la espalda o algo por el estilo. El pasillo fue tan largo como su tentación, pero arribaron a una pared que no les permitiera avanzar más... o eso parecía, hasta que simplemente Mithra metió la cabeza y la saco diciendo que estaba despejado.

Gracias a Karzún —soltó asintiendo con la cabeza una vez estuvieron afuera, mientras escuchaba de lado la conversación de Mithra y Katarina—. Alma, urna, metamágico, blah blah. Deben ser cosas de anciana, vamos abajo —comenzó a marchar con total seguridad en su paso, como si no supiera que estos lugares estaban cargados de trampas o enemigos.
O las dos.

Pero increíblemente, no, no había ninguna de esas en este piso. A lo poco que avanzaron el lugar empezaba a cambiar su patrón. Una sala más grande, paredes más decoradas, alguna que otra luciendo como si estuviese hecha de una roca distinta. Altares alzados de un lado y del otro parecían indicar un camino, adornado en el suelo por estatuas que se habían visto medianamente afectadas con el tiempo. Les faltaba algún brazo, la cabeza, una parte, simplemente estaban quebradas... parecía la iglesia de un Dios abandonado, y aunque todos estos elementos al estar dañado normalmente le hubiesen quitado valor, parecían dárselo, las luces tenues del lugar dibujaban sombras sacadas de las estatuas sobre las paredes, haciendo ver la sala embrujada, viva.

El enano observó con algo de admiración y a su vez molestia. Un lugar tan apropiado para Karzún, dedicado a un Dios falso. Pero no por mucho tiempo.
Mithra pareció dar con una escalera y empezaron a bajar por ella, al final de la escalera el enano iba a salir como si nada, pero el brazo de una de las dos chicas—no miro cual—le detuvo. Asomándose más cuidadosamente pudo observar una sala que parecía grande más allá de sus pasillos estrechos. En las paredes se veían las figuras de huesos moviéndose, seguramente esqueletos, aunque se les notaba algo...grandes, pero la proyección de sombras tendía a hacer eso. La hörigue, como buena felina silenciosa lidero el paso a través de un pasillo, hasta dar con una bifurcación. El grupo se miro la cara como esperando que alguien supiera por dónde meterse, pero ese no era el caso, así que simplemente tomaron el de la derecha.

Y allí miraron el primer no-muerto. Esqueleto era técnicamente correcto, pero simplemente no bastaba. Era más bien como un sacerdote muy seco, estaba en el hueso porque era uno. Llevaba mantos negros y blancos encima, que se sostenían de...a saber qué mierda. El sacerdote no-muerto trabajaba de manera repetitiva, haciendo los mismos movimientos una y otra vez en lo que era un proceso de... ¿de qué cosa?
¿Qué hace? —volteó arriba, viendo a la elfa; si tenía que ver con no-muertos ella era la primera experta del grupo. Tan solo asintió la cabeza al obtener respuesta: momificación.
¿Sabía Erivaeck qué era eso? no, no sabía, pero tampoco le importaba. Él solo quería conocer como se llamaba lo que el sacerdote no-muerto estaba haciendo para poder contarlo con la palabra correcta cuando todo esto se volviera una más de sus anécdotas que amaba presumir en cuanta taberna pisara.

Mithra y Katarina se pusieron a sacar cuentas de cuando correr para que no les vieran, ellas podrían haber pasado caminando seguramente y no levantar ni pizca de ruido, una era una hörigue felina, pues, y la otra una elfa de paso muy ligero. El problema era el enano, quien pisaba como si estuviese aplastando un bicho a cada paso. Tuvieron que explicarle como caminar como alguien normal, algo que el enano determinó instantáneamente que no le gustaba, pero lo tuvo que hacer. Caminó de puntillas detrás de Katarina y Mithra, atravesando con éxito al otro lado sin que el sacerdote les viera.

Siguieron avanzando por el pasillo al que alcanzaron y lo supieron... tendrían que repetir esto muchas veces, al menos hasta conseguir una jodida escalera. Todo pasillo terminaba en un espacio relativamente pequeño con un sacerdote no-muerto momificando a algo o alguien, el piso entero era como una fábrica de no-muertos.
¿No podemos volarlos en pedazos? —preguntó cansado el enano con su arcabuz en mano, eso de andarse ocultando no era su estilo. ¿Qué cobarde se ocultaba cuando podía salir y dispararle a sus enemigos llamando toda la atención para ser atrapados en un lugar pequeño sin flancos de salida y ser apaleado hasta la muerte? él. Y eso es justo lo que le dijeron para que no hiciera ninguna estupidez, aceptó entre dientes, confiando en que darían pronto con alguna escalera.

En cuanto lo hicieron alegría infantil evadió al enano, no más pasos suavecitos. Corrió abajo como si lo estuviese llamando Karzún, posiblemente seguido por una elfa y una hörigue más razonables y por tanto alarmadas de que abajo hubiesen más no-muertos. Por suerte el enano se había detenidos en los últimos escalones, y con buena razón, allí estaban las urnas, hasta donde se podían ver, el lugar estaba cargado de ellas.

Median dos palmos de diámetro y llegaban hasta la cintura...de Katarina o Mithra, así que en realidad las urnas tenían el tamaño de casi un enano. Algunas brillaban con azul, aunque no le era posible al enano diferenciar si se trataba de que su contenido fuese un líquido bioluminiscente o si era producto de magia; considerando lo que había en el lugar guardando las urnas, era magia. Más sacerdotes secos.

Y una guardia real. No solo en el sentido de algo que pudiese ser considerado un reto, sino también en el sentido de la realeza. No-muertos con vestimentas propias de Akhdar,  con túnicas negras y doradas, cargando espadas y báculos que brillaban de energía nigromántica. El enano buscó en su mochila y sacó un martillo, porque todo enano que se preciara llevaba uno de esos.
¿No podemos volarlos en pedazos? —preguntó una segunda vez a su compañía, en esta situación no parecía haber una forma muy grácil y silenciosa de evitar a todos, y tal vez los disparos fuesen demasiado ruidosos, pero el martillo... no haría tanto.
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Mensaje por Katarina el Mar Mar 05, 2019 7:19 pm

Y… no sabía que había esperado realmente, pero no entendía una mierda de esas urnas. Es decir, sabía que no eran cerámica normal, que tenían poder necromantico y que de alguna manera esas runas o glifos mantenían el alma anclada a este mundo en vez de… desvanecerse. Y también estaba bastante segura que las que tenían el aura azul eran almas resucitadas, con el alma… moviendo el cuerpo a distancia de alguna manera, puesto que esta seguía así, pero ni idea de exactamente que tipo de magia negra, nunca mejor dicho, permitía eso.

Lo suficientemente complejo como para estar fuera de su completa comprensión, pero lo suficientemente lógico como para sentir que lo tenía en la punta de los dedos, como haber estado dibujando durante años para luego descubrir que existía la escultura. Pero no era el momento de admirar la obra ajena, por más magnifica que fuera, solo había una cosa que importara.

No habría ningún majestuoso encantamiento que les sacara de ese embrollo, ninguna frase ingeniosa que derrumbara miles de urnas y las volviera polvo, no si tenía que diseñarlo ella. Y a juzgar por como la gata le dedicaba una mirada de vez en cuando, mientras vigilaba a los no-muertos cuyas patrullas cada vez parecían más cercanas, no vendría de ella tampoco. Posiblemente Tuhna ni siquiera había estado allí antes, simplemente había sellado al máximo creador y dejado que el conjuro se disipara. Extremadamente descuidado para su gusto, pero bueno, quien era ella para juzgar.

Y por más que le doliera un poquito, cuando intercambio una mirada con la gata y negó la cabeza, empezó a considerar muy seriamente la propuesta del tercer integrante del grupo. Y a juzgar por como la oreja de Mithra bajo ligeramente mientras le dedicaba una mirada de lado, ella también lo hacía…

-Vamos a ver… hipotéticamente… si QUISIÉRAMOS volar el piso entero por los aires sin estar nosotros dentro… ¿Qué necesitarías?- Dioses, nunca iba a oír el final de eso.

Y allí estaban, unos minutos más tarde. Resulto ser que solo había cuatro malditas columnas maestras que aguantaban ese piso (aunque muy, muy grandes tenía que admitir) y ya que destruirlas una a una era una tarea titánica y que inevitablemente atraería la atención, de todo no-muerto en la jodida pirámide, el plan E, de explosión, había tomado forma.

Y ciertamente, usar su hemomancia para derribar a un no-muerto hacia su extraña burbuja ilusoria y que todos se abalanzaran sobre el como una maldita ejecución de presidiarios no era lo que había esperado. Y desde luego tampoco los no-muertos a juzga por cómo iban ya por el quinto.


__________________


-Si…comete eso, jodido pedazo de piedra.- dijo Abygray, pateando lo que quedaba del chacal de mármol, derruido a sus pies. Aun había un montón de no-muertos cerca, pero necesitaba ese momento.

No lo había matado ella, por supuesto, su lanza se había roto al primer intento y había esquivado por muy, muy poco, dos golpes de esas espadas tan raras antes de que una jodida bala de cañón le hubiera atravesado el pecho. Al chacal, no a ella. Porque ella seguía viva. Y el chacal no. Le escupió, como para estar segura de que el bicho estaba muerto de verdad, luego miro hacia atrás, como para comprobar que no seguían disparando tan peligrosamente cerca de los suyos y, cuando estaba reuniendo valor para rematar a algún otro no-muerto, oyó la señal de retirada de su compañía. –Por fin.- y busco a su alrededor al capitán….que había muerto de una lanza en la cara antes, cierto… Entonces el vice-capitán, el que llevaba el estandarte del pelotón… Ese en el estandarte no era Brutus, era uno de los novatos. Entonces… el siguiente al mando era… -¿Fran?- Preguntó, con algo de miedo en la voz, antes de que uno de sus compañeros negara con la cabeza. -Oh no.- murmuró. La siguiente por antigüedad, aunque solo fuera por literalmente semanas…era ella. –A MI- grito, tan alto como pudo, con la boca seca después del combate, y para su sorpresa, obedecieron, formando a su alrededor… muchos menos de los que habían entrado a la contienda. Y entonces el equilibrio les fallo, cuando un gran temblor desenterró algo grande como un carro, algo de piedra…con cola… pinzas y muchas patas. –OH NO.-

¿Por qué tenía siempre tan mala suerte?

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-Morralla.- Dijo el Caballero Blanco a medida que esos buitres no-muertos se arremolinaban alrededor de él y Plumaroja, mientras él se limitó a…brillar. Demasiado tarde se percataron esos estúpidos pájaros de la trampa, y por ello fueron abrasados con el fulgor de mil soles, deshaciéndose en cenizas. Ni siquiera cadáveres caerían a la arena, tal era el destino de los seres impuros. Murmuró unas pocas palabras y la Luz calo en su montura, que se recuperó de las heridas sufridas por la envestida. Aún quedaban unos cuantos, aquellos que no se habían concentrado en el o lo habían hecho mucho más tarde que el resto al encontrarse más lejos. Apretó ligeramente su pierna derecha y el grifo se movió en esa dirección, evitando otra de esas flechas cristalinas. A duras penas le prestaban atención, bien por ahorrar la energía necesaria para crear la munición, puesto que era un objetivo demasiado ágil o bien para ejercer un impacto real en el campo de batalla en vez de la posibilidad de uno.

Un chasquido de sus dedos, y una bola de luz estallo en el aire, calcinando unos cuantos pájaros más. Quedaban muy pocos, Plumaroja podría encargarse de ellos, por lo que Dorian se dejó llevar, observando el campo de batalla, evaluándolo y actuando allí donde creía que debía. Unas serpientes de tierra estaban destrozando la caballería. Extendió una mano, pero se lo pensó mejor, la caballería pesada estaba formada por nobles, los daños colaterales no serían bien recibidos. Se fijó en su lugar en un escorpión que parecía estar ensañándose con unos pocos lanceros. Una unidad medio muerta, que sin duda seria canibalizada para mantener las reservas llenas… a nadie le importaría que perdieran unos pocos más.

Un pilar de luz cayó sobre el constructo y… seguía allí. No entero, estaba claramente herido, se movía más torpemente. Comprobó su manejo de la luz, el poder empleado, pero los soldados cercanos sin duda habían sido pulverizados. ¿Resistencia mágica entonces?  Estuvo a punto de mandar otro conjuro cuando… se encontró bocaabajo. Parpadeo, confuso, antes deber el torbellino de arena en el que Plumaroja estaba siendo atraído. Sin dudarlo un momento, deshizo las correas que sujetaban sus piernas en la silla y se soltó, cayendo al vacío sin mirar atrás. La reducción de peso ayudaría, aunque no estaba seguro de como de peligrosa era esa tormenta mágica. En cualquier caso, deshacer el hechizo habría sido demasiado agotador, y una continua potenciación de Luz al grifo habría tomado mucho tiempo y energía, y al fin y cabo, Plumaroja era solo su medio de transporte.

Y ahora que los magos habían revelado su mano, ya sabía dónde encontrarlos, por lo que el Caballero Blanco murmuro un ensalmo e hilos de luz brotaron de su espalda, extendiéndose a sus lados ignorando el viento y la gravedad, frenándolo lentamente, hasta que pudo posare en el suelo sin apenas levantar una brizna de arena. Justo delante de una docena de no-muertos con bastones y túnicas. O al menos sus dones le decían que eran no-muertos, no habría podido saberlo a ciencia cierta de otra manera por culpa de todos esos vendajes inscritos.

Y entonces, de la nada, la arena ante el cedió, creando un enorme agujero desde el que un par de gigantescas espadas, cada una tan larga como el mismo, se abalanzaron contra él. Su espada intercepto el golpe, y lo pago caro, siendo catapultado por la mera fuerza de su enemigo. Dorian se levantó de la tórrida arena y le echo una rápida ojeada a su rival antes de tener que evitar otro corte.

Los constructos que había visto hasta ahora imitaban a un animal de una forma u otra, chacales, escorpiones, incluso esa cosa enorme que saltaba por el campo de batalla recordaba a un gato. ¿Pero ese en concreto? Ningún animal se parecía a eso. Era una extraña forma de centauro, con las piernas gordinflonas como de elefante, pero en vez de manos, alguien había decidido que sería mucho mejor pegarle dos malditas cuchillas. Si le sumabas a eso su absurdo tamaño de casi seis metros de alto, puede que finalmente tuviera un desafío. El Caballero Blanco hizo un movimiento seco con la espada, para limpiarla de arena, mientras la saturaba de Luz y cargo contra la bestia con una sonrisa en la cara.
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Mensaje por Brown Hat el Miér Mar 13, 2019 9:48 pm

Con su pregunta al aire y ninguna respuesta, el enano volteo impacientado a ver a Mithra, que lo más que parecía hacer era mover sus orejas, y puede que ni siquiera ella lo estuviese haciendo, tan solo era inconsciente. Puede que Mithra no pudiese dar respuesta, pero tal vez Tuhna sí.
Claro, Erick no le preguntaría a ella ni por chiste por el puro orgullo. Buscó la cara de la otra integrante del grupo, y vio como Katarina observaba casi pérdida, demasiada concentrada en las urnas, intentando descifrar qué eran; cómo trabajaban. Con la misma inconsciencia que las orejas de la horigue se movían, lo hacían los dedos de la mano izquierda de la elfa, el índice danzando atrás y delante de a momentos, como si cada vez se acercara más a la respuesta, tal vez incluso la sabia como resultado, pero no terminaba de juntar todas las piezas del proceso. Su dedo se detuvo y su mirada se enfoco, sin decir nada. Lo supo rápidamente, sin entender al cien por cien cómo funcionaban las urnas, no podían ponerles un paro tampoco, al menos no uno inteligente. Ella intercambió miradas con la horigue, y exhalo con un poquito más de fuerza por la nariz, como resignándose a lo que dijo el enano.

-Vamos a ver… hipotéticamente… si QUISIÉRAMOS volar el piso entero por los aires sin estar nosotros dentro… ¿Qué necesitarías?-
¿Hipotéticamente? yo sí quiero hacerlo —alzó su martillo y lo agitó, a lo que Mittens lo agarro del brazo y se lo bajo algo forzosamente, los no-muertos podrían verlos. Siendo él, no la miro con demasiado agradecimiento, pero tampoco le dijo nada.
La elfa solo negó con la cabeza una vez más y miro de nuevo al enano, casi de la forma que una mamá miraba a sus hijos dándole una segunda oportunidad para confesar la respuesta a la pregunta que les había hecho.

Barsten, claro está —dijo como si ellas supieran de runas, ganándose no solo esa mirada de Katarina, sino de Mithra. Y seguramente, de Tuhna, allí en espíritu—. Barsten hace cosas explotar, toda edificación tiene algo que la aguanta, y que aguantará al piso de arriba, si cubro eso de sendas y poderosas runas enanas —dijo con gran énfasis y poco disimulo en el “enanas”, viendo a Mittens (Tuhna) —. Kar-boom —abrió los brazos, aguantándose apenas la risa, orgulloso de su chiste de mezclar Karzún y “boom”.
Aunque nadie más se rio de su broma, sus compañeras se miraron las caras de nuevo, esta vez con expresiones más positivas que antes. Sonaba… plausible, podían ver que hacer con eso. Le basto al enano que cualquiera de las dos mostrase la más mínima señal de aprobación en sus rostros para darse vuelta y casi salir corriendo sin pensar adelante a hacerlo. No es que no estuviese pensando en todos los guardias o que se le hubieran olvidado, tan solo se creía capaz de barrer con todos ellos él solito.

Con sus buenos reflejos felinos, Mithra tiro sus brazos adelante y lo agarro, puede que lo hubiese dejado ir y que lo matarán, pero si lo encontraban a él las encontrarían a ellas. Le dio un jalón atrás de nuevo y lo regaño con la mirada, tan solo porque no podía gritarle.
¿Qué? debemos salir igual, y uno de nosotros debe cargar adelante. Este campo de no sé qué no me trae demasiada confianza igual —refunfuñó, en realidad solo estaba metiéndose con el campo por ser obra de Tuhna. Si hubiese sido de Kat o Mittens, no hubiese dicho nada.
-Si te sales de la burbuja te van a ver y te van a dar una paliza entre tod…-
Entonces se quedo callada, y se paro recta, antes de que una maliciosa, arrogante sonrisa que Erick recordaba ver cuando ella tenía “una idea” se dibujase en su rostro. Por lo que parecía un hábito de los últimos segundos, volteo a mirar a Mithra con ese mismo rostro y por alguna especie de conexión entre ellas—porque ambas eran mujeres o porque Katarina tenía una gata fantasma y por eso entendía gatos y fantasmas eran las opciones que pensaba el enano—Mithra comprendió el plan de Katarina. Erick todavía seguía sin saber que iban a hacer.

Siendo Mithra el punto central desde el que nacía la burbuja mágica, ella no podía ir a tomar a los no-muertos, pues la verían antes de llegar. Erivaeck era un enano, y con ver sus brazos se descartaba que pudiese agarrar a uno de esos no-muertos, todos más altos que él para rematar. Katarina misma era su opción más saludable, podría darles un jalón uno por uno.
Pero para qué, no había estudiado necromancia para eso.

Con un plan que no sería posible con ningunos otros miembros, porque era necesaria el silencio felino que poseían ambas chicas, la burbuja mágica de la diosa, y la hemomancia de Katarina—y Erick, que solo estaba por estar—, avanzaron rapaces; Katarina derribó con su magia al primer desafortunado sacerdote no-muerto, y después de dedicarle una corta sonrisa, ella y Mithra le entraron a golpes y patadas.
¿Este es el plan? Me niego, es cobarde y deshonorab-
Y en ese instante el sacerdote alzó su bastón, rozando al enano en la cara. Y en sombrero. Su sombrero. Una expresión del más puro drama se pinto en la cara del enano y le clavo al no-muerto con lo que tenía en mano.
No el martillo, sino la lámpara. Un lamparazo, uno tan fuerte que puede que la misma Tuhna estuviese orgullosa y hubiese aprobado de eso.

Con los tres ahora realmente de acuerdo en su modus operandi por los próximos minutos, siguieron proporcionándole una paliza grupal que el pobre seguramente no había visto ni siquiera en vida como para que el viniese a suceder en no-muerte. Cuando acabaron con ese el enano alzó la lámpara, encontrándola todavía en perfecto estado y con esa llama azul que tan mal le caía cayéndole un poco mejor, cuanto menos, era una lámpara resistente.

Esa paliza se repitió justamente igual para el resto de los no-muertos, y es que debía ser el plan del milenio, porque incluso en calaveras, el puro hueso sin demasiada capacidad expresiva, se notaba la sorpresa de cada uno de ellos, desde el que fue el primero hasta el quinto al que se encontraban golpeando. Y con ese, era el último, no del lugar, pero si en su camino para una columna, tan estúpidamente grande que era fácil determinar que no pasarían de seis en el piso y podrían sostenerlo sin problemas.

Rodeando el pilar al otro lado donde estuviesen fuera del campo de visión de otros no-muertos rondando el lugar, Erick se quito su mochila, saco sus herramientas, apoyó delicadamente su cincel en el pilar y comenzó a martillar…
-¿Qué haces?
El enano volteo y alzó una ceja, viéndola.
¿Cómo que qué hago? Inscribir la runa, no son un juego, necesito un buen rato para escribir una, así que...
Y se quedo callado cuando vio manos golpearse las caras. Al parecer el plan E de explosión no había tomado su forma completa todavía. Al ver la decepción de sus compañeras se acercó a ellas y tuvieron la discusión más bajita en volumen de la historia, no podían pasar todo el día allí inscribiendo runas delicadamente. Con la mención de runas espontáneas Erivaeck calculó que durarían unas dos o tres horas antes de desvanecerse por la falta de energía. En dos o tres horas no importaría nada de eso igual, porque si para ese tiempo no habían ganado, seguramente habrían muerto.

Dejando de lado el cincel y el martillo, el enano sacó un pincel cubierto de runas, y empezó a trazar con tanta prisa como le era posible la misma runa una y otra vez, alimentándolas solo de la magia que ya tenía su pincel por no ponerse en el lento y pesado proceso de hacerlo con polvo arcano. Como eran solo trazos de un pincel, no había ruido alguno (a diferencia de con el cincel y martillo), lo que junto a la barrera los hizo indetectables para los no-muertos del cuarto. Tras terminar el enano saco dos balas marcadas con la misma runa inscrita en el pilar y las dejo a extremos opuestos del mismo, tras lo que asintió a sus compañeras para moverse al siguiente.

Con el mismo repetitivo, pero efectivo patrón de antes, siguieron cargándose no muertos silenciosamente uno a uno a palizas para poder avanzar hasta un segundo pilar, luego un tercero, y por suerte, al parecer un final; cuarto.
Por Karzún, está listo —se quito el sudor de la frente con la mano, viendo como Mittens ponía una cara que transmitía con impresionante claridad un “al fin.”
-Bien, vámonos.-
¿Irnos? ¿y cómo se activarán las runas para estallar? estallan por impacto.
Un intercambio de miradas y un silencio incómodo nació entre todo el grupo, el maldito enano no había mencionado eso en ningún momento. Nadie dijo nada, y era seguro que Erick no dijera nada inteligente.
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Mensaje por Katarina el Sáb Mar 16, 2019 4:28 pm

Cuando más segundos pasaban, peor idea le parecía, con picos aquí y allá, como cuando el enano empezó a agitar el martillo. Pero una vez la gata se hubo asegurado de que el enano no les revelaba ante absolutamente todo no-muerto en la pirámide, hubo una chispa de esperanza. Es decir, no tenía ni idea de runas enanas, pero ese tipo lucia demasiado zoquete como para mentir, y su explicación tenia cierto sentido, además de implicar que conocía dicha runa. Así que volar la pirámide estaba dentro de lo que podían hacer.

Y…allí iba otra vez, a matar no-muertos el solo… la elfa estaba segura que la gata-diosa estaba a un tris de hacerlo trizas allí mismo, pero se contuvo con lo que sin duda fue un esfuerzo sobrehumano, pero finalmente no solo mantuvieron al enano bajo control, sino que se le ocurrió una brillante idea, que Mithra captó al instante. La elfa se desprendió de un poco de sangre y poco a poco, derribaba, tumbaba o arrastraba a los pobres desafortunados guardias según su humor hacia el interior de la burbuja de ilusionismo raro y luego los molían a palos. ¿Rastrero? Si. ¿Algo deshonorable? Seguro. ¿Efectivo? Absolutamente. El enano parecía tener problemas morales con su rastrero plan…hasta que uno de esos litches con túnica lo rozo, levemente, y como por arte de magia, era el que más ganas le puso, aunque era un poco raro que no estuviera usando el martillo sino literalmente su regalo divino. Raro, pero parecía aguantar el maltrato, así que valido, supuso. Y el primer no-muerto dio paso a otro, y a otro, y cuando Katarina estaba empezando mostrar signos de agotarse, llegaron a la primera columna, solo para que el enano sacara un jodido cincel o algo así.

Y entonces les cayó el cubo de agua fría, metafóricamente. Por supuesto que no tenía las malditas runas preparadas, como no, por supuesto que tendrían que tirarse un día entero allí. Pero por suerte para ellas y el maldito reino que estaban intentando salvar, unas pocas preguntas finalmente concluyeron que efectivamente era posible hacer lo que querían, razonablemente rápido, en minutos y no horas, además de hacerlo en silencio. Siguieron avanzando, poco a poco, hasta que al final, las cuatro columnas estuvieron listas y ya podían irse. Excepto que había un último problema…

Necesitaban alguien para activarlas…alguien tenía que quedarse.

Lo primero que se le paso por la cabeza a Katarina era alzar un no-muerto… pero allí no había cadáveres de verdad, y alzar a alguien de las urnas… bueno, técnicamente sería posible, pero no estaba segura de como exactamente y, más importante, estaba aún menos segura de poder separar la mente del cuerpo para conseguir un títere. Intercambiaron miradas incomodas, con Mithra aparentemente en un conflicto interno. Seguramente la Diosa quería acabar con su enemigo a toda costa, mientras que la gata…pues no quería morir, totalmente comprensible.

-No os preocupéis, tengo una manzana.- y ante la mirada de absoluta confusión que le dedicaron, se limitó a enseñar la bola de adorable algodón que era Cotton, que se limitó a girar la cabeza y soltar un muy confundido “Chirp”.

Y unos quince minutos más tarde, estaban saliendo sin problemas de la pirámide, sin incidentes en la salida. –Bueno, todo ha ido bastante bien ¿huh?-

-Desde luego…- dijo una voz detrás suyo. Y cuando se giraron, allí estaba, Ta’xet. Vamos, no podía ser otro, era un tipo de piel morena, con un par de khopesh colgando de detrás de su pantalón, su única prenda, que ondeaba al viento, porque desde luego que el desgraciado flotaba. Y por si tenían alguna duda, también tenía cabeza de chacal. –Veo que los años no te han tratado bien, Tuhna…-

Y Mithra inmediatamente se multiplico, con cinco gatas donde antes solo había habido una, abalanzándose contra el hombre-chacal, dagas aparecieron en sus manos y clank, las gatas y sus dagas frenaron en seco en pleno aire, las armas bloqueadas por un escudo azulado. La diosa no perdió el tiempo y abriendo la boca, cubrió la burbuja en fuego azul. -¿Eso es todo pequeña?- se burló Ta’xet, cuando el fuego se desvaneció, solo para ver como la gata había generado una enorme lanza de luz, que le arrojo en toda la cara.

La lanza si atravesó el escudo, haciéndolo añicos con un sonido de cristal quebrándose, pero el dios chacal se limitó a agarrarla con su mano derecha, ahora cubierta de oscuridad, apagando poco a poco la luz de la lanza, que fue volviéndose cada vez más pequeña hasta desaparecer. –Bien, la gatita aún tiene zarpas, pero parece que ya hemos acabado.- efectivamente, Tuhna/Mithra estaba jadeando, empapada de sudor, claramente agotada tras a duras penas treinta segundos de combate. –Una lástima, que te hayas degradado tras todos estos años…-

-¿Cómo…diablos…?- pregunto esta, con ese extraño eco que precedía a la diosa.

-No morí habiendo consumido todo mi poder, y tu sello me impidió perder el que tenía, irónico… Además, devorar unas pocas almas para recuperar energía es trivial, hasta para ti, si no te apegaras tan firmemente al código moral de una madre ausente.- Tuhna se levantó, como pudo, aun dispuesta a luchar. –Buen intento, por cierto.- Dijo el chacal, cuando Katarina lo atravesó de un dagazo, en el sentido literal, pasando a  través de el como si no existiera y cayendo al suelo. El dios dijo una única palabra y la elfa fue cubierta de oscuridad, provocando un grito de dolor.

La vista de Katarina se emborrono, la magia permeando en su cuerpo de manera extremadamente dolorosa. Primero intento contrarrestar la nigromancia con su propio poder, pero era como intentar apagar un incendio con una taza, así que finalmente se rindió y la dejo pasar, permitiendo que calara en todo su cuerpo, y cuando notó que no podía respirar, que sus dedos se helaban, lo entendió. Sus músculos no respondían, incluyendo el diafragma, por lo que no tenía aire. Y más preocupante, su corazón, una única palabra dejándola efectivamente muerta. Al menos ya no dolía. La elfa cerró los ojos, lo único que aprecia estar funcionando, abrazando la oscuridad, hasta que notó un arañazo en su cara. Abrió los ojos para ver una preocupadísima Kirara, diciendo algo que no podía entender. Pero la preocupación era patente, una pena que le partía su corazón ya parado. La misma pena que la había llevado a esa peligrosa misión.

¿Por qué no intentarlo? No perdía nada.

Yo te concedo un ancla, yo te concedo ojos, orejas, lengua y pies. Álzate, Katarina, pisa esta tierra una vez más, bajo mi mando.

Se encontraba incapaz de articular una sola palabra, pero la encantación verbal no era imprescindible, siempre que el sentimiento se transfiriera al recipiente. Y funcionó, a juzgar por la oleada de dolor que casi le hace desmayarse. Carne medio viva, medio muerta, animada, sus músculos, capaces de moverse aunque doliera como si le clavaran mil agujas, su corazón y diafragma, moviéndose, aunque requería una incómoda concentración para ello, una acción consciente y constante. Pero lo que fuera que ese chacal había hecho estaba empezando a desvanecerse, lo que implicaba que su corazón volvería a latir por si solo… con suerte.

Y mientras ella sufría para mantenerse con vida, Tuhna parecía estar pasando por un muy mal momento, prácticamente cubierta de sangre, con heridas por todo el cuerpo. Vio otra formarse ante sus ojos, cuando el chacal agito un dedo de manera casi descuidada y un rayo negro atravesó a la gata. Esta contesto con una bola de fuego azul, que choco contra el escudo, apagándose con un chisporreo. Estaban hasta el cuello de problemas, de eso Katarina no tenía la más mínima duda. -¿Que esperabas conseguir con esto, pequeña? No hay manera de que puedas ganarme con tu poder actual. Habrás muerto para nada, y mis ejércitos cubrirán la tierra.-

-Oh… bueno, si… en cuando a eso…-
dijo la elfa entre carcajadas, mientras rebuscaba en su mochila y sacaba una manzana. Y como si hubiera tirado de una palanca, en cuando Cotton vio la fruta, hubo un distante ruido, como si cuatro adorables murciélagos negros impactaran contra runas explosivas

-Chirp.- dijo la bola de algodón, orgullosa sobre la cabeza de la elfa, mientras detrás suyo se levantaba una enorme polvareda a medida que un piso entero de la pirámide se derrumbaba, destruyendo decenas de miles de urnas.

Y antes de morir horriblemente ante un dios furioso, Katarina rebusco un poco más en su bolsa, intentando comprender porque, a pesar de la insensibilidad que tenía en su ahora forma casi-no-muerta, notaba un intenso calor saliendo de esta.
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Mensaje por Brown Hat el Dom Mar 17, 2019 5:55 pm

Entre miradas y silencio los tres conversaron. Tal vez Katarina era la que comprendía mejor que dependía de ella decidir, porque Erivaeck claramente no le había dado suficiente importancia a algo tan trivial como quedarse dentro de un piso para hacer volar cuatro pilares y todos sus órganos internos y luego quedar todavía más enano cuando un escombro lo aplastase.

Fuese lo que fuese lo que pasaba por la mente de la elfa, eran aguas suaves comparadas a un océano en tormenta; la mente de Mithra justo ahora. Incluso el enano, que tenía la empatía de una puta roca, podía entender lo que le pasaba. Anfitriona de una Diosa que quería llevar abajo a su oponente, y fuese lo que fuese que había pasado antes entre ella y Mithra, el enano recordaba que la horigue parecía deberle algo a Tuhna. Y ese algo era un "lo que sea."
Ciertamente, no le tenía ni gota de aprecio a Tuhna, así fuese por un choque de personalidades arrogantes. Y aunque tampoco se llevase de perlas con Mithra, en realidad no es que la odiase a, literalmente en este caso, muerte. Poner las runas fue su idea y no mencionar el pequeñito problema su culpa, así que tendría que hacerse responsable.
Tomaré tu lugar. Nací entre esas runas, y moriré en ellas. Estoy seguro de que aunque este sea un templo enemigo, cuando mi cadáver se vuelva arena entre los restos de este piso, Karzún me recibirá y me volverá una roca más en el extenso planeta. Mi último deseo es que les digan a mis padres lo que hice, porque no hay estructura más grande que nosotros, los hombres pequeños: los Enanos. Tal vez Akhdar me recuerde.

Por supuesto, que su dramática y extensas palabras de sacrificio fueron rotundamente ignoradas, porque a Katarina se le había ocurrido algo mucho, mucho mejor. No tanto solo porque les permitiría a los tres salir vivos de allí, sino porque puede que está opción, fuese algo de blanca sal en la herida que iban a ocasionarle a quien fuese el tal Ta'xet.
Erivaeck alzó una ceja al ver la manzana, y luego la otra al ver a Cotton, quien no estaba menos confundido que ellos.

Con ello, todos abandonaron la pirámide sin ser detectados por la gracia de Tuhna, y de paso charlando, como hermanos que se escabulleron a un día de campo sin permiso y retornaban de vuelta en la noche sin problemas, contando cualquier peligro pasado ahora de una forma que lo hacía ver trivial. Pero justo como hermanos poniendo pie silenciosamente en la casa y la madera crujiendo, alertando a sus padres de que los bastardos no habían hecho caso, a ellos también les habían pillado, y de la misma disgustante manera: por la espalda.

Al darse vuelta para mirar la fuente de la voz se encontraron con Ta'xet. Y obviamente era Ta'xet, porque un hombre de piel algo oscura, con khopeshs en su pantalón; única prenda. No es que fuese extraño ver a una persona de tez oscura en pleno desierto, y mucho menos con armas originarias de allí. ¿Y con poca ropa? ¡Cualquiera! Quien iba a querer estar muy vestido en el puto sol.
Lo que pasaba es que este estaba flotando, y, bueno, tenía cabeza de perro.

Como el primer comentario listo y la pillada por detrás no le bastaron, su segundo comentario fue un ataque a Tuhna, diciéndole básicamente vieja. Cómo la vio estando dentro de Mithra, a saber para el enano, magia, magia magia.
Y hablando de magia, las cosas solo escalarían desde allí. Mithra, o algo más claramente, Tuhna ahora en control, multiplico el cuerpo de Mithra en cinco. Aunque el plan de Katarina ya funcionaba bajo un principio parecido y fue excelente idea de todas maneras, el enano no pudo evitar pensar, en ese instante, por qué la Diosa no podía haber dejado un segundo cuerpo de Mithra atrás.

Las cinco se movieron con una agilidad que solo podría tener un minino y saltaron con dagas en mano, en un intento de no dejar ni una sola parte del cuerpo de Ta'xet sin un hueco abierto. Cuando ya iban a chocar con él, impactaron con algo antes, una barrera azulada que las detuvo. En una reacción todavía rápida de Tuhna, cada clon abrió la boca y salto atrás, escupiendo esas llamas, claramente azules bañando el escudo en ellas. Cuando cayeron atrás las llamas aún ardían sobre el escudo, pero al desvanecerse solo revelaron a un todavía arrogante Ta'xet, libre de cualquier daño, o todavía mejor, siquiera de calor, porque no parecía haber soltado la primera gota de su cuerpo.
Pero las llamas habían cubierto el tercer movimiento de la Diosa: una enorme lanza de luz, que disparo con el movimiento perfecto necesario para tirar una jabalina, imitando algunos dibujos e imágenes de lanzadores que Erivaeck recordaba haber visto en alguna pared del templo.

Por esa vez, el escudo se hizo trizas, incapaz de aguantar la lanza de luz disparada. El chacal sin embargo, solo se esforzó un poco más, cubriendo su mano derecha en oscuridad pura y atrapando el proyectil luminoso que ahora se apagaba hasta no dejar nada atrás. Viendo lo que tenía frente a sus ojos una pequeña sonrisa de confianza se dibujo en su rostro, pues esa parecía ser más de la mitad de la pelea que la Diosa podría darle.

En un intercambio entre Tuhna y Ta'xet, con este explicando amablemente algo de lo que el enano no estaba entendiendo ni pitos, noto que Katarina ya no estaba parada a su lado. La elfa se escabulló silenciosamente atrás del chacal en el momento de mayor debilidad villana; monologueando.
Y lo apuñalo por la espada atravesándolo. Literalmente atravesándolo. La daga, brazo, y casi que el resto del cuerpo de la elfa siguieron al otro lado del chacal, como si no estuviese allí en cuerpo y fuese solo un espejismo más del desierto. Una única palabra, aunque incomprensible, fue hablada, y pronto esa oscuridad que había cubierto antes su mano ahora era la misma que cubría a Katarina hasta bañarla por completo. Un grito de dolor fue escuchado por todos los presentes.

A ese punto no es que el enano supiera qué hacer, o si podía hacer algo. Por una vez en su vida no sentía confianza absoluta de "Puedo cargarme a este zoquete yo solo." Esto era un Dios, una Deidad.

Haciendo lo mejor que pudo hacer para intentar auxiliar a su compañera el enano tomo su arcabuz y empezó a descargarle toda bala posible al hombre en el cuerpo y la cara, pero todas sufrían el mismo destino que la elfa, simplemente siguiendo de largo, golpeando nada. Lo peor era que parece que por gracia, Ta'xet le estaba dando tiempo de recargar, como esperando que el enano se diera cuenta de que sus balas serían inútiles. Y se dio cuenta. El dios ni siquiera tenía que prestarle atención a él, porque solo estaba jugando con Tuhna—jugando, porque no podía decirse que estuviese dandole una batalla real. Un corte aquí y otro allá, un rayo de oscuridad para producirle una tercera herida. ¿Esperaría a que ella se desangrara? ¿O Mithra? ¿O ambas?

En terquedad enana, el enano cargo adelante con su arcabuz, intentando atravesar el cuello del hombre con la bayoneta. Claro, lo hizo. Igual que lo habían hecho todas sus balas y todos sus esfuerzos. Por fin, Ta'xet decidió aunque sea mirarlo un instante, todo para golpearlo con el mango de una de sus espadas en la frente, con una fuerza que no debería tener ningún cuerpo con esa complexión.
El cuerpo del enano fue empujado atrás como si le hubiese acabado de pegar un puto orco que de paso venía con todo el momento de una carrera atrás del impacto. Rodó por la arena, con su arcabuz caído a un lado. Aunque siempre había estado orgulloso de la resistencia de los suyos, justo ahora no sentía como si pudiese pararse, pero lo hizo lentamente, tambaleándose, y viendo como a duras penas Tuhna podía siquiera atacar ya.

Habiéndose gastado tres cartucheras en el chacal para nada, el enano abrió su mochila de mala gana y le dio vuela, dejando caer varias cosas, entre ellas cantidad de pólvora y dos cantimploras con 2lt de alcohol cada una. El enano se quito su chaleco rápidamente, lo tiro al suelo, tiro las bolsas de pólvora encima y las cantimploras de alcohol, ató lo mejor que pudo el chaleco para que nada de eso se saliera y con uno de sus pinceles, dibujo la runa Barsten más estúpidamente grande y apurada que jamás había dibujado. Levantó la "bolsa", y espero que Ta'xet se apartara lo suficiente de la bolsa negra que era el cuerpo de Katarina. En cuanto lo hizo grito llamando la atención del Dios:
¡Ignora esto!
Con sus cortas piernas corrió adelante y lanzó sobre Ta'xet la bolsa, momento en el que el enano silbó una palabra en su idioma natal y la runa brillo activándose, generando una explosión absurda para lo que podría hacer esa runa normalmente.

Cuando la onda de choque paso y la arena empezaba a caer asentándose; la cara de Mithra/Tuhna se relajaba, un gruñido hizo voltear al enano y a la Diosa hacia Katarina, que de alguna forma parecía estarse poniendo de pie, pero con una cara peor de la que cualquiera que odiaba las mañanas y despertarse soñaría en poder imitar. Justo cuando el enano iba a alegrarse de que siguiera viva, algo ignorante de su condición, la arena se disipo con un movimiento de las espadas del chacal, que agitó un dedo con indiferencia, disparando otro de esos rayos negros más atravesando a la gata, mirando a Erivaeck.
-Como si algo tan silvestre como una Runa fuese a lastimarme.- comentó al enano, antes de volver su mirada a Tuhna. -¿Que esperabas conseguir con esto, pequeña? No hay manera de que puedas ganarme con tu poder actual. Habrás muerto para nada, y mis ejércitos cubrirán la tierra.-

Y hubo una risa, una pequeña carcajada que claramente ofendió al Dios tanto como parecía ofenderlo que lo atacaran de cerca. Giro su cuello de una forma casi antinatural, mirando hacia la elfa con una mirada indicadora de que deseaba saber qué tanto le hacia gracia a la mujer que debería estar muerta.
Y en cuanto Katarina saco la manzana, la expresión del chacal fue un espejo de la que tuvieron todos antes cuando ella había hecho lo mismo dentro de la pirámide. La del enano y la diosa esta vez una sonrisa.
Tan silvestre como una Runa, huh.

En la sala llena de runas y urnas, clones del pequeño murciélago globo, formados de sombras, impactaron cada uno contra un pilar al mismo tiempo, siguiendo el movimiento de Cotton de abalanzarse sobre la manzana y empezar a mordisquearla. Solo alcanzo a un pequeño y delicioso mordisco, antes de que el sonido distante llamara a su atención, pero no más que a la del chacal , que tuvo que observar desde su posición arena alzarse alrededor de su preciada pirámide, las runas habiendo estallado en cadena, destrozando todo lo que sostenía esa estructura del piso, y por consecuencia, claro, acabando con cada urna colocada en el lugar.

El silencio del Dios solo fue quebrado con el orgulloso "Chirp" del causante, que ahora reposaba en la cabeza de Katarina con sus alas extendidas, enseñándole a ese perro quien era el jefe.

Y ser mostrado quien era el jefe no era algo que ningún Dios se tomaría a bien. Su ceño fruncido, y empezando a liberar un calor visible como si fuese más arena del desierto, Ta'xet posó sus ojos sobre la elfa y Cotton, indispuesto a seguir jugando, dispuesto a matarlos.
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Mensaje por Katarina el Mar Mar 19, 2019 10:28 pm

Y al mismo tiempo que Katarina sacaba el causante de ese intenso calor, Ta’xet alzaba una mano cubierta de llamas negras. Y el orbe de cristal que había conseguido unos meses atrás, y que ahora estaba brillando intensamente, se partió en pedazos en su mano, cubriendo durante unos segundos la zona de oscuridad, como si fuera de noche. Un pequeño gato de luz blanca flotó fuera de este, hasta tocar la arena con una de sus patitas y se volvió una mujer. Ta’xet estaba allí, quieto, como paralizado, mirando a la mujer, hecha de pura luz blanca, pero con marcas doradas, como tatuajes perfectamente rectos recorriendo su cuerpo. Pequeños hilos de luz, salían de su espalda, esparciéndose a los lados como si fueran alas, el único indicativo de que la fuerza que…lo que fuera eso no pretendía ser humana.

El chacal finalmente pareció recuperar la compostura y le dedico un rugido, al que respondieron dos constructos de piedra, alzándose de las arenas. Esa especie de centauros gigantescos blandieron sus brazos-espada hacia la mujer, que sin siquiera mirarlos, chasqueo los dedos de una mano y los congelo en el sintió. No, no congelar, no estaban fríos. Cristalizados. Inclino un poco la cabeza, casi en señal de burla.

-¿Mama?- preguntó Tuhna, a duras penas consciente, y ese ser de luz la miro por primera vez. Y a pesar de que no había dicho una palabra y a duras penas se había movido, cuando volvió la mirada hacia Ta’xet, todos los presentes supieron que ese chucho glorificado la había cagado. Así que hizo lo que tenía que hacer, abalanzarse hacia la diosa gata con la esperanza de tener un rehén, pero esta simplemente… desapareció, materializándose al lado de la figura, sin una sola herida. Fuera lo que fuese esa habilidad, no era nada remotamente natural a juzgar por como los presentes, diosa gatuna y Katarina, ahora técnicamente no-muerta, tuvieron problemas para no vomitar por los mareos que les provocó. El ser de luz acaricio la cabeza de la gata, con ternura, mientras extendía un dedo casi descuidadamente hacia el chacal, y de este salió una potente racha de viento, que parecía cristalizar la arena a su paso. Una enorme mano de hueso salió de la arena para interceptarlo, y millares de esquirlas de cristal saltaron por los aires.

-No eres real, solo un maldito fragmento de la original, nada que no pueda matar.- una nube negra se materializo alrededor de la mujer, que había avanzado hacia él, y de esta salió una pequeña cinta blanca, como esas con las que se hacían los lazos de regalo, que a su vez fue aplastado por dos gigantescas manos esqueléticas, que salieron del mismo aire… solo para que una gigantesca serpiente se enroscara en uno de las extremidades, sacara su lengua viperina y los fragmentos de cristal flotantes se alinearan apuntando hacia el chacal y dispararan un chorro de luz. Una barrera azul aprecia estar conteniendo los cientos de rayos, pero el chacal de dentro parecía estar sufriendo por ello. Y entonces la mujer agitó la mano al aire, y el hombre de dentro de la barrera se desvaneció.

Al parecer Ta’xet había decidido hacer una retirada estratégica, y se encontraba unos veinte metros más allá… y había cambiado bastante. Dos alas de cuervo salían de su espalda, y cuando se giró, sorprendido por haber sido pillado, la mitad derecha de su cara aprecia arrancada, dejando ver carne y hueso y un tentáculo donde debía estar la correspondiente oreja. Y un ojo en el ombligo, por supuesto, por si alguien tenía alguna duda de que era un demonio.

-¿Una ilusión huh?- Comento la elfa, levantándose mientras anulaba su propia resurrección, ahora que lo que fuera que le había hecho ese demonio estaba desvaneciéndose a raudales tras el intercambio de magia. Lo que siguió fue, francamente, algo triste. El chacal intentó una miríada de conjuros y formas, lanzándole a la mujer todo lo que se le ocurría, y esta simplemente... se hacía a un lado, alzando un dedo de vez en cuando, del que salía un rayo de luz que impactaba en el demonio. ¿Cómo diablos conseguía esa cosa doblar la luz en pleno vuelo para que le diera? A saber, seguramente algo que ver con los cristales que también parecía usar. Finalmente pareció cansarse, y cientos de cristales se agruparon alrededor del chacal, atrapándolo, para luego flotar y traerlo hacia ella sin que este pudiera hacer nada más que retorcerse para intentar escapar. Lo había agotado antes de atraparlo, comprendió Kat. Y el chacal cayo frente a ella, sobresaltándola. Miro a la mujer de luz, que pareció mirarla a su vez, expectante. –Oh, cierto, ¡el anillo!- y extendió la mano, notando de inmediato como el anillo tiraba del demonio, como arrastrándolo. –Espera, creo que primero tiene que estar m…- y la cabeza de Ta’xet fue aplastada de un pisotón de la mujer de luz, cubriendo a la mujer de sesos. –erto.- pero funciono, el cadáver empezó a desvanecerse y su anillo fue calentándose poco a poco.

Y sin el peligro inmediato de muerte, la elfa pudo escuchar claramente los gritos de alegría procedentes del campo de batalla. Bueno para ella, muy malo para ella. –Heyheyheyheyhey Tuhna, necesito un conjuro rápido. Cámbiame.-

-¿Qué?-

-Mi aspecto, cámbiame, ¡hazme otra elfa!-
y lo hizo, con un movimiento de mano, era simple al fin y al cabo. No podía verse la cara, pero a juzgar por los mechones que le caían en la cara por culpa de estar despeinada, tenía el pelo negro, así que había hecho…algo, aún quedaba saber si funcionaria.




-AHHHHHH, MUEREEEE.- Gritaba Abygray sin parar una y otra vez mientras ensartaba su espada una y otra vez contra el lomo del escorpión. Esa maldita cosa había masacrado a sus hombres, y cuando parecía que estaban ganando, alguno de esos idiotas de la división mágica les había lanzado un hechizo y el maldito pilar de luz había calcinado a aun más gente. Pero al menos la magia lo había agrietado y partido la cola, así que allí estaba ahora, en un grotesco rodeo clavándole el arma al bicho entre las grietas que tenía, con la esperanza de pinchar algo, porque ALGUIEN tenía que hacer algo si no querían morir todos, y con lo cobardicas que eran aparentemente en su escuadrón, ese alguien tenía que ser alguien. –AHHHHHH.- Y su estúpida espada se quebró, con la mitad en su mano y la otra allí clavada. –MALDITA COSA.- tiro la espada, y uno de sus hombres se cubrió con el escudo, haciendo revotar el arma con un sonoro “clonk”. –PORQUE. NO. ME. CASE. CON. UNO. DE. MIS. ESTÚPIDOS. PRIMOS.- y acompaño cada golpe con un puñetazo al pedazo de arma aun incrustada, que fue adentrándose poquito a poquito. Y finalmente, con un último crack, la grieta se expandió completamente por el torso y la cosa se quedó inmóvil. –Al fin.- Y entonces la piedra exploto con una nube de humo verde y cayó al suelo, tosiendo sin parar y golpeándose la cabeza al caer.

-Acaba….de… ¿hacer explotar al escorpión de un puñetazo?- preguntó uno de sus hombres, incrédulo.

-Rápido, que alguien me ayude a llevarla.- dijo otro, con la misma cara de incredulidad. Y tal accion fue sorprendentemente simple, puesto que segundos más tarde la pirámide explotó, y todas las tropas no muertas simplemente… se desvanecieron, las almas dejando los cuerpos de esencia que habían habitado. Los constructos se mantuvieron, almas atadas a piedra y no a urnas, pero por más formidables que fueran, eran muy pocos y sin la cobertura de sus compañeros no-muertos, no resultaba especialmente difícil para los magos y escaramuzadores llenarlos de flechas, balas y magia hasta que dejaban de funcionar, aunque aún tardarían un par de horas en limpiar completamente el campo de batalla de abominaciones.



Dorian estaba disfrutando enormemente, peleando contra la abominación. Bloqueo uno de sus brazos con un tajo cargado de Luz, y aun así, se vio retrocediendo, resbalando por la arena debido a la fuerza del golpe. Tres orbes de luz aparecieron tras de su cabeza, y sisearon hacia el monstruo, explotando con sonoros impactos que no parecieron hacer nada en absoluto. ¿Una capa de protección a magia de nivel bajo o era el material del que estaba hecho? Solo había una manera de comprobarlo. Así que el Caballero Blanco cargó otra vez, luchando durante largos minutos con una sonrisa en la cara, intercambiando golpes con la bestia. No excesivamente graves, puesto que un buen golpe de esta bastaría para matarlo, mientras que el necesitaba varios, hasta que al final, una certera estocada consiguió hundirse en el monstruo y el paladín aprovechó para verter toda la luz que pudo reunir, haciendo explotar a la bestia en mil pedazos.
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Mensaje por Brown Hat el Miér Mar 20, 2019 8:34 pm

El enano se mantuvo en silencio, casi como si no pudiese creer que hubiese otro gato más en el asunto al ver aquella figura blanca que abandono el orbe de cristal que pareció haber estallado de la nada. Para mejorarlo todavía más, en cuanto una de sus patas entro en contacto con la arena cambio su figura, volviéndose una mujer. Aún totalmente blanca, con marcas doradas en su cuerpo. Erivaeck intento recorrerla con la mirada, notando ligera similitud con las marcas a runas, pero no eran iguales. Entonces pequeñas tiras abandonaron su espalda, expandiendo y alcanzando el aire a su alrededor como alas.

El enano se mantuvo en silencio viendo como el chacal por primera vez tomaba la ofensiva seriamente, rugiendo y atacando a la mujer, que apenas hizo esfuerzo por defenderse, burlándose de forma muy similar a como lo hacia el chacal hace unos momentos. Allí el enano lo supo, confirmó sus sospechas: se trataba de otra diosa más cuanto menos.

Entonces escuchó a Tuhna preguntando "¿mamá?"
¿Qué? ¿Tienes mamá? —miro incrédulo hacia la diosa felina, era nuevo eso de que los dioses tuviesen padres. No iba a poder contar esto en tabernas con facilidad.
Tuhna estando demasiado débil ni siquiera escucharía al enano, quien volteo su mirada de vuelta a la mujer blanca que no era Katarina, porque ella también era una mujer blanca. Cuando "mamá gato,"—que era el nombre por el que Erick planeaba referirse a ella—volteo a ver al chacal, simplemente tuvo la misma impresión que el resto. Sería desagradable.

Lo que siguió fue el show más absurdo de magia frente al que el enano se había encontrado jamás. Primero teletransportación, o algo parecido cuanto menos. Una ráfaga de viento que no simplemente empujaba la arena, sino que la cristalizaba. Una mano de hueso gigante, cristales volando por el aire. Mamá gato avanzó hacia el chacal, quien dio el primer movimiento que parecía haberla afectado hasta ahora. Pero no lo hizo. Los cristales se alinearon y dispararon un láser, enfrentándose a la barrera del chacal que apenas sostenerla a duras penas. Más importante que eso, aunque los rayos eran detenidos, el dios adentro parecía doler de ello, cuando antes su barrera simplemente le permitiría ignorar todo lo demás.

Al próximo instante el enano elevo la mirada, buscando a donde había parecido el dios... o, como le indicaron sus ojos entonces, al demonio. Alas de cuervo adornaban su espalda y media cara había sido o bien hecha pedazos por un láser, o siempre fue un dios dos caras. Erick estableció un breve contacto visual con el ojo de su ombligo, que pestañeo, causándole cierta grima, aunque no más que ganas de agarrar y caerle a tiros, pero a este punto el enano sabía que meterse sería solo estorbarle a Mamá gato.

El show de magia fue llevado al siguiente nivel por el chacal, que le lanzó más hechizos a la mujer de los que un enano podría esperar ver en todos sus años de vida. Todo para nada, bueno, no para nada. Al menos hacía a la mamá gato mover el dedo cada tanto, tal vez por no herir el orgullo del chacal. Cuando el dios estuvo cansado, una serie de cristales lo rodearon atrapándolo en la forma de un anillo enorme o vestidura, llevándolo hacia la diosa sin nombre mientras se retorcía inútilmente. En su camino hacia la diosa, sin embargo, los cristales se detuvieron frente a Katarina, que aceptablemente estaría asustada de tener a un bicho así al frente. Intercambio miradas con la figura de luz, y muy similar a lo que pasaba con Mittens, se comprendían solo a miradas.
Erick tendría que recordar eso, las mujeres y los gatos podían hablar con solo la mirada. Tal vez eso le salvara la vida algún día.

Su compañera elfa acercó una mano, la que tenía uno de sus dedos adornados con un anillo, que, por alguna razón empezó a jalar al demonio adentro. El enano iba a alzar las cejas de todas maneras, pero lo hizo todavía más rápido cuando la mamá gato simplemente atravesó la cabeza del demonio con un pisotón.
...Entonces, así es como luce el cerebro de uno —fue todo lo que pudo decir ante esa situación. Incluso alguien como él tendría problemas viniendo con algo de que hablar en la situación que estaban.

Falto de cabeza, el cadáver se desvaneció lentamente, el enano solo comprendiendo que desapareció y nada más, siendo la realidad la otra. Pocos segundos después, demasiado pocos para un campo de batalla, se podría decir que al instante, se escucharon rugidos de victoria y celebración por parte de los incontables soldados que aún seguirían de pie luchando por el reino.
Más raro que el enano no estuviese hablando, fue el pánico de la elfa. En cuanto escucho los gritos abrió los ojos como si estuviese frente a algo en exceso horrible, o impresionante, como su espalda enana desnuda. Se acercó a ella para ver que le pasaba, pero se detuvo al ver cómo le pedía a Tuhna que la cambiara. Cambiar... ¿de rop-y fue, y dijo que la volviera otra elfa. El enano solo arrugaba la cara en más confusión con cada comentario, al menos hasta que vio como con un conjuro la había vuelto pelinegra, quizás, un poco menos pálida.

Y Erivaeck arrugó la cara en confusión de nuevo. Las mujeres eran un caso, ¿a quién se le ocurría pedir un cambio de look en pleno desierto tras una pelea? claro, es cierto que era importante lucir bien, a él mismo le gustaba lucir bien, y pensándolo en ese momento, notó que seguramente se veía 30% menos genial sin su chaleco.
¿Quieres un peine?
Y escucharon un chillido, al darse vuelta, el enano vio con dificultad a una figura brillante, brillante en modo distinto a la figura de luz, avanzando hacia ellos, junto a un grifo herido.
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