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Mensaje por Katarina el Sáb Mar 23, 2019 11:50 am

Y la elfa pudo ver perfectamente cómo, tras el conjuro de Tuhna, una figura aleteaba hacia ellos. Su hermano, montado en ese grifo de nombre raro. ¿Pulmaroja? ¿Garraroja? No se acordaba sinceramente. Y al parecer seguía tratándolo tan mal como siempre, a juzgar por como la pobre criatura a duras penas se aguantaba en el aire, con gotas carmesíes cayendo de la multitud de arañazos y quemaduras. ¿Qué diablos le había pasado a ese pobre animal esta vez? Seguro que lo había arrojado a la batalla y se había olvidado de el hasta necesitarlo, demasiado distraído luchando contra algún monstruo.

El caballero rojo les dedicó una mirada a cada uno, lentamente, examinándolos, y dedico el triple de tiempo a mirarla a ella, por ser la única elfa presente, supuso, pero el conjuro de la gata daba el pego, y aguantó el escrutinio, de manera que su hermano dio un golpe de riendas y sin darles siquiera las gracias por librar al reino de literalmente un enemigo apocalíptico, se fue volando a otra parte. Ni siquiera se quedaría el tiempo suficiente como para que sus hombres se recuperaran, si no podían mantener el paso, los dejaría atrás. Y por algún maldito motivo no solo no parecía molestarles, sino que lo admiraban por ello. “Un símbolo de liderazgo” o alguna gilipollez así les habían oído decir hace unas pocas décadas. Puede que adorar demasiado a un dios de luz te dejara ciego. Y hablando de seres de luz, esa mujer-gato-cosa ya no estaba, y el orbe que había robado vilmente y no estaba roto, sino reformado tal como lo recordaba, aunque parecía extrañamente…apagado. Lo único que le indicaba que todo eso no había sido una alucinación era que el anillo pulsaba con calor, como un corazón latiendo y unas letras habían aparecido en un idioma que no entendía.


Abrygay se despertó en una cama, lo que la confundió un poco. Y aun la confundió más cuando recordó lo que había pasado. ¿Una cama en vez de una sábana en la arena como sin duda harían en un hospital de campaña? Allí ocurría algo raro. La mujer intento levantarse, apoyando sus brazos en la cama, y eso provoco un grito de dolor. Abrygay miro al culpable, su brazo derecho, pero antes de que pudiera lanzarle cualquier reprimenda a su parte anatómica, un médico vino corriendo.

-¿Oh, ya estas despierta? Perfecto, no estábamos seguros de sí despertaría jamás.- fue lo primero que le dijo ese tipo vestido completamente de blanco, con un pañuelo de tela del mismo color en la cara. Un aspecto algo inquietante, reforzado por lo que no podía ser otra cosa que manchas de sangre salpicadas aquí y allá, excepto en las manos, que estaban rojas hasta el codo.

-¿Dónde est…? Espera, ¿JAMAS?- Ahora era el momento en el que descubría que había estado durmiendo tres años y que estaba endeudada hasta las cejar por los servicios médicos prestados.

-Bueno, el brazo roto fue fácil de arreglar, pero entre la conmoción y que tus hombres aseguraron que aspiraste los contenidos del escorpión… era perfectamente razonable que entraras en coma, o al menos, que tengas secuelas de por vida, no estamos seguros de que tipo de alquimia usaron para crearlos, o si sus contenidos se han degradado en productos nocivos tras varios siglos.- Espera… ¿había oído bien? Secuelas de por vida. Eso era malo, pero lo bueno era el seguramente. Ella no notaba nada… así que… con un poco de suerte… se recuperaría perfectamente, pero si fingía un poquito… la considerarían no apta para el combate, le darían un cómodo trabajo como mensajera, o puede que incluso de escritorio… y cuando sus cinco años acabaran se retiraría sin haber vuelto a ver combate. No podía creerse su suerte. Era como si toda su mala suerte anterior hubiera sido para compensar ese preciso momento.

-Intenta levantarte, con cuidado, mañana te condecoraran y al menos deberías poder mantenerte derecha.-
Oh no, a los héroes de guerra los mandaban al frente, para la moral y todo eso. –Y uno de tus superiores se ha pasado por aquí, te dejo una invitación a la escuela de oficiales.- OH NO. ¿En el frente, con vidas a su cargo? Porque el matasanos decía “invitación”, pero no tenía la más mínima duda que eso era como cuando el sargento pedía “voluntarios” para limpiar las letrinas. Suspiró. Bueno, al menos podía quitar un par de años a su servicio en los que no vería acción, eso era bueno. Pero no los vería porque estaría hasta el cuello de libros y lecciones…cuando a duras penas sabía leer y escribir, eso era malo. Y cuando acabara sin duda la mandarían a servicio activo, porque un oficial no necesitaba luchar para ser útil, y seguro que iban faltos de oficiales después de esa batalla… Cuando todo eso acabara, se compraría una granja lo más lejos posible, tan grande como su pensión le permitiera, con cabras y un bonito perro. ¿Cómo se llamaba exactamente esa ciudad donde se había criado mama?

¿Por qué siempre tenía tan mala suerte?

3 días después de la batalla, plaza del reino de Akhdar, mediodía:

-Por tu lealtad, patriotismo, y férrea voluntad que te permitió ir más allá del deber, derrotando a los enemigos del Reino a la vez que protegías a tus hombres, matando en combate singular una de las aberraciones del Eterno Enemigo, yo te otorgo a ti, Abygray Elren, la estrella purpura.- dijo el hombre, vestido de preciosa seda. Ni idea de quien era, pero por el contexto, Katarina dedujo que era un tipo importante, pero no el rey. ¿Puede que su mano derecha? ¿Un virrey? En cualquier caso, coloco la medalla en la mujer, que aunque iba elegante en lo que debía ser un uniforme de gala oficial del ejército, la mayor parte de dicha elegancia se perdía por la enorme cantidad de vendas que cubrían su cabeza y brazo derecho. Aparentemente había sido malherida cuando el constructo que había matado explotó, y nunca podría volver a luchar, así que había decidido retirarse para no ser una carga, extremadamente noble por su parte, aunque los rumores decían que en realidad no se retiraba, sino que se unía a la escuela de oficiales, para servir al reino aunque su brazo ya no le permitiera luchar. El hombre dio otro paso y se colocó ante la gatita, la diosa, no la fantasma.

-Por tu inestimable ayuda en la infiltración de la pirámide y la feroz lucha librada contra el Rey Negro, aguantando hasta que tus compañeros pudieron asestar el golpe definitivo, te otorgo yo a ti, Mithra Fixshta. la Corona de Laurel.- Mithra había elegido un atuendo más… religioso, extrañamente, con un vestido de tela blanca con velo que la hacía parecer una sacerdotisa… aunque seguramente eso era exactamente ahora mismo, teniendo en cuenta que por lo que había hablado con ella, no pretendía deshacerse de la diosa, y esta parecía ahora interesada en reavivar su fe. El hombre dio otro paso, y ante él estaba… Cotton.

-Por tu valor y participación en la destrucción de la pirámide y del ejército que amenazaba nuestro reino, te otorgo yo a ti, Cotton McFluff, la Corona de Campo.-
tendría que felicitar al tipo por mantener la voz y cara inexpresiva mientras colocaba la pequeña medalla como corona a un maldito murciélago esponjoso. Hasta había dicho el horrible apellido que se había inventado en un momento de pánico cuando le habían preguntado. ¿Por qué necesitaba un maldito murciélago un apellido? Burocracia en su estado más puro. Aunque al menos el condenado glotón parecía entender la importancia del asunto y se hincho orgulloso, con un sonoro Chirp como agradecimiento. Luego fue su turno.

-Por el invaluable servicio que hiciste al reino al acabar personalmente con el Rey Negro, yo te entrego a ti, Katarina Galathël, la Corona Cívica.
- Aunque el tipo no parecía demasiado contento, bien porque ella era una extranjera, o porque acababa de condecorar a un murciélago, a juzgar por cómo le clavo la medalla en el pecho. Estaba bastante segura de que eso había hecho sangre, pero se limitó a devolverle su mejor sonrisa de burla.

-Y finalmente, por tu directa responsabilidad en el derrumbe de la pirámide, que indirectamente acabó con el ejército enemigo, yo te entrego a ti, Erivaeck de ᚱakegranite, Hijo de Thranoth ᚱakegranite, la Corona Civica.- ni idea de que pretendía hacer el enano ahora que todo había acabado, pero teniendo en cuenta lo que sabía de él… puede que nunca saliera de la ciudad, vanagloriándose de aquella vez que salvo al reino de un chacal demoniaco. Cosa que sinceramente y al contrario que la mayoría de sus historias, era cierto, así que puede que no fuese tan mala idea la verdad.

Aun había algunas formalidades que atender, como la nada despreciable recompensa que acompañaba a la medalla, pero Katarina se esfumaría tan rápido como pudiera. Al fin y al cabo, por más que prácticamente ronroneaba con la idea de que su hermano se enterara de que la habían condecorado después de que se fuera al fallar en encontrarla, no era tan idiota como para quedarse allí el tiempo suficiente como para que su hermano diera media vuelta y la encontrara, así que saldría por patas mientras pudiera sin dudarlo un instante.
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La protección del gato negro [Privada] - Página 3 Empty Re: La protección del gato negro [Privada]

Mensaje por Brown Hat el Dom Mar 24, 2019 5:28 pm

Cuando la figura estuvo suficientemente cerca el enano se puso en guardia, notando que se trataba de un elfo, pero no uno cualquiera, parecía un poco fuera de lugar dentro del ejercito de Akhdar, al menos su armadura no era de esas tierras. Y si no era de esas tierras, era un enemigo. Erick alzó su arcabuz, antes de notar que él tampoco era de esas tierras. Bueno, ahora 50% el elfo podría ser un mercenario más que se unió a la causa.
Que el hombre se tomase su delicado tiempo bajo el estúpido calor y el enorme sol en mirarlos, uno por uno, como si estuviese detallando la mejor forma de matarlos no ayudaba. El enano pudo agradecer que se dedicara más tiempo viendo a Katarina que a todos los demás, porque de haber sido él posiblemente hubiese comenzado una pelea. Cuando agitó las riendas el herido grifo alzó vuelo como pudo, y se fue volando sin decirles absolutamente nada.

Erick, una vez el tipo estuvo suficientemente lejos, le dio con el codo a Katarina.
Creo que le gustaste —dijo en lo que entendió de que a alguien se le quedasen mirando tanto tiempo, ignorante de la realidad detrás—. Una lástima que en realidad no seas pelinegra, ¿no? —negó con la cabeza, lamentando la supuesta suerte del caballero.

Mientras Katarina notaba la ausencia de la figura de luz mujer gato, el enano fue al punto de explosión de su chaleco para revisar que había quedado del mismo. Nada. Tendría que vivir con lucir 30% menos cool durante hasta volver a su tierra y comprarse uno nuevo, porque obviamente no iba a aceptar un chaleco hecho por manos no enanas.
Bueno —se dio vuelta, claramente decepcionado—, vamos de vuelta a celebrar. Gasté mi alcohol para nada, y no pretendo celebrar sin alcohol —lo dijo con absoluta seriedad, como si la ausencia de bebida le impidiese sentir alegría de haber ganado. Y como no estaba siendo ruidoso, ni presumiendo, ni bañándose en una gloria, puede que así lo fuese.

Lentamente se devolvió y agarro su mochila, para empezar a guardar todas las cosas que había tirado en la arena. Tendría que limpiar varias de sus herramientas porque no quería conocer los efectos que pudiese traerle intentar inscribir una Runa con granitos de arena de por medio. Cuando terminó de guardar todo se colocó la mochila en la espalda y comenzó avanzar adelante, con algo de prisa, no es como si alguien deseará consumir alcohol y unirse a la fiesta.
Entonces se detuvo, y echó un vistazo atrás. Allí estaba la lámpara que había tomado antes. Se llevo una mano a la barba y empezó a acariciarla, murmurando cosas durante minutos. Entonces devolvió y la tomo, notando que las chicas lo habían dejado solo en cuanto ya tenía más de 30 segundos hablando con su barba.

Una vez hubo regresado, al enano le informaron que dentro de un par de días tenía que asistir junto a sus compañeras para ser condecorado. Hizo caso omiso, pues ahora tenía lo que le hacía falta: alcohol. En cuanto empezó a tomar el enano empezó a andar de un lado a otro con soldados a los que ni les había visto la cara, celebrando, y ya estaba contando cosas de la pirámide, aunque pocos les creían en el punto de una diosa gata semidesnuda que aumentó la gravedad y luego se metió dentro del cuerpo de Mittens, porque así se refería a ella, Mittens, haciendo un misterio para todos los que le escuchaban de quién se trataba.

Finalmente, después de dos días tomando el enano al fin cayó rendido por el alcohol. Mucho después que los que lo acompañaron a beber, y pasó un día entero en cama dormido, al menos hasta que un par de soldados vinieron a buscarlo, entre ellos el soldado con el que había tenido un roce en la taberna al principio de todo el asunto. Todavía algo fuera de sí, Erivaeck no sabía de que le estaban hablando, pero ser condecorado sonaba como algo de lo que podría presumir a otros, así que por supuesto asistiría.
Fue llevado a la plaza, donde ya esperaban cientos de soldados, sus compañeras y puede que algún que otro ciudadano del reino. Corrió a formarse en fila junto a ellas y el hombre vestido en seda empezó a condecorarlos. De su parte hubo una pequeña interrupción en cuanto este colocó la medalla a Abygray, no la conocía, pero estaba cubierta de vendas y escuchó algo de proteger a sus hombres, por lo que seguro era una persona que merecería su respeto.

Claro, una mala mirada del sujeto en seda y las risas de algún que otro cadete hicieron que el enano dejará de aplaudir, no por pena, sino porque simplemente notó que aparentemente no tenían que hacerlo, sino estar firmes como unos palos para que les colocarán una medalla. Qué emocionante, pensó.
El enano se quedo viendo al hombre toser un poco para volver a ponerse en el humor apropiado y avanzó a Mithra, condecorándola con una corona de laurel. Muy bonita. Su ropa era extraña, sin embargo, parecía recién salida de rezarle a Karzún, aunque le faltaban Runas en su ropa, por supuesto. Con eso miro a Katarina, pensando que sería la siguiente.

Pero fue Cotton. De alguna manera el hombre se las arreglo para no reírse, no cambiar su expresión, no temblar, no nada. Al parecer poner medallas no era un asunto sencillo de vestirse bonito y saber hablar, requería entrenamiento para este tipo de situaciones. Curiosamente su entrenamiento pareció fallar cuando le tocó coronar a Katarina, tal vez no le agradan los elfos. Tal vez él también las prefería pelinegras.

Y luego fue su turno. El enano se quedo viendo al hombre y entrecerró los ojos en cuanto empezó a decir su nombre. Cuando terminó de pronunciarlo asintió con la cabeza, para suerte de todos lo había dicho bien, porque de no hacerlo se hubiese puesto a enseñarle como pronunciar correctamente el enano, tomase horas o días. El hombre en seda acercó sus manos para colocarle la corona, pero se detuvo al notar un pequeño problema: Erick tenía su sombrero puesto. En cuanto el hombre volteó los ojos y sus labios tuvieron el mínimo movimiento, el enano picó adelante.
No voy a quitarme el sombrero.
El tipo se echó para atrás, claramente conteniendo la ofensa de que le hablasen así a él. Ante la mirada intensa del enano y posiblemente conociendo los tercos que eran los malditos pequeños, el tipo miro a un lado, posiblemente a un general, que solo asintió resignado. Así, le colocó la corona sobre su sombrero.

Cuando la ceremonia hubo terminado el enano claramente se vanaglorió, despejando cualquier duda que pudiese tener la elfa si iba a hacerlo o no. Se les informó algo de una recompensa, así que se mantuvo el suficientemente tiempo solo para recibirlo. Nunca había tenido tanto krulls en sus manos, pero sabía en qué gastarlos: un nuevo, precioso, y hecho a mano por enanos chaleco. Recibir la recompensa también lo hizo notar la ausencia de Katarina, y no se le hacía que fuese del tipo irresponsable. ¿Se habría ido ya?

Sin jartarse más en su auto-percibida gloria, un par de días después tomó su mochila, ahora cargada de botellas de alcohol compradas con parte del dinero de la recompensa y partió de vuelta a su tierra, a informarle a sus padres de que su apellido ahora era un poquito conocido en algún Reino, y a dejarles la lámpara que había técnicamente recibido de una diosa.
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