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Emphathos [Envidia]

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Emphathos [Envidia]

Mensaje por Vanidad el Dom Dic 16, 2018 2:05 pm

Leviathan se movió por la sala, deslizándose por entre los cadáveres, evitando pisar los charcos de sangre, hasta llegar a su objetivo, dos mercaderes que se habían matado entre ellos, al mismo tiempo.

Bueno, no, no exactamente, uno aún vivía, así que ese era el ganador, ¿no? –Lo siento, voy a llevarme eso.- dijo con una sonrisa, arrancándole el anillo de sus débiles dedos y poniéndoselo ella misma. El hombre gimoteo y se quejó, al perder el objeto de su adoración, y entonces deshizo el conjuro, viendo el horror ante los ojos del hombre, el error que había cometido, que todos ellos habían cometido. Leviathan se sentó en el trono, ahora SU trono, e inspiro saboreando el dulce aroma de la envidia, del caos, de la desesperación, de la justicia.

Espera, ese último no debía estar allí.

-Demonio, traigo la palabra de mi Dios, y este dice Fuera.- la diablesa pudo notar perfectamente la ola de poder saliendo del paladín, el primero y a juzgar por las canas que poblaban su pelo y barba aquí y allá, experimentado del sexteto. Para su desgracia, el exorcismo no hizo nada. No movió ni un musculo, disfrutando de la cada vez más confusa cara del paladín antes de hablar.

-¿Se supone que eso debía hacer algo?-

-¿Cómo…? La palabra de mi dios es…-
Paladines... veían a una ciudad caer presa del caos en... una semana y asumían que algún demonio había hecho de las suyas. Bueno, no se equivocaban esta vez.

-¿Anatema de demonios? Symias, ¿cierto? Bueno… puede que no sea un demonio ¿has pensado en eso? O puede… que ya no quede suficiente demonio dentro de mí como para que un conjuro exclusivo para demonios funcione. Quien sabe…- sonrió mientras se levantaba, y el sexteto se puso en guardia de inmediato. -¿Sabéis? Hay nueve tronos… y me aburre la burocracia, podría usar unos cuantos… virreyes.- Un único pulso de poder y pudo ver las caras de algunos cambiando, considerando la oferta, le bastaba con convencer a la mitad de esos estirados cinco paladines para ahorr…

Eran seis.

Casi se dio cuenta demasiado tarde, casi. Allí estaba el sexto, una mujer que le había clavado una espada larga entre ambos pechos, una espada que apestaba a magia sagrada. -¿Selen? Meistic supongo, bonito truco… lo quiero.- Un bofetón, casi descuidado, mando a la heralda de la luna volando. Pero la pequeña distracción habia bastado para que otra emoción se instaurara en los corazones de los héroes… valor. Odiaba esa. Y encima ese era artificial, creado por uno de los seis. Ese idiota con la lira, heraldo de Mairsil. Sus trucos y los de Sanctra eran demasiado similares a los suyos propios, podría sacar más bien poco de ello, pero parecían gozar de mucho más alcance…

Se arrancó la espada del pecho, casi descuidadamente, y la herida se cerró al instante. No había habido una herida en primer lugar, no cuando había usado la forma de una slime pero pudo ver claramente ese valor sobrenatural flaquear una brizna con ello, lo que le arrancó una sonrisa. La paladina lunar se había transformado en…algo para amortiguar la caída, sus patas parecían ser de conejo o liebre. ¿Solo transformaciones simples? Nada interesante, si no le mostraba algún otro truco interesante moriría la primera.

Una mujer con guadaña ataco la siguiente, mientras el resto por fin se espabilaban un poco y la rodeaban en vez de ir uno a uno. ¿Heralda de Kiara? Con esa guadaña y esa toga negra era tan estereotípica que casi le daba pena. Para su desgracia, aunque interesantes, sus poderes eran demasiado peligrosos como para observarlos en medio de un combate. No iba a arriesgarse a la Muerte Verdadera cuando podía encontrar a uno de sus heraldos en cualquier momento. –Tú serás la primera, saluda a tu señora de mi parte.- Su propia mano se transformó en una garra, que fue bloqueada por la guadaña. Nada mal, para su desgracia, la daga se volvió gelatina, rodeo la empuñadura del arma y se solidifico, escupiendo otro brazo con garras justo donde el otro lo había dejado. La paladina se volvió etérea, un truco que ya había visto antes y podía imitar, por otros medios, eso no iba a salvarla, para su desgracia.

Alzo la cara al cielo, reuniendo poder en su boca, lo que provoco cierta alarma. No era la única que sabía la debilidad de ese pequeño truco, al parecer. Una nota estridente resonó por parte del perro de Mairsil, no hizo nada, su truco era orgánico, pero se guardó el truco, era interesante. Luego vino un… área extraña. Todo a su alrededor se movía algo más rápido, y si no fuera por su aguda percepción mágica, no se habría dado cuenta de que quien estaba afectada era ella. Eilian, algún tipo de ralentización. Irritante, habría funcionado con prácticamente cualquier cosa.

Lástima que ella usara rayo. La paladina de Kiara cayó, muerta, completamente ennegrecida por el aliento de un falso dragón de tormenta, que nada tenía que envidiar al original. Los héroes soltaron un grito de horror, y ella río, dramáticamente, haciendo su papel.

Y entonces todo se cubrió de blanco. Dolía, horrores, magia sagrada recorriendo su cuerpo, sin importarle aparentemente su pequeña tecnicidad de “no demonio”. Cuando la columna de luz se desvaneció, a cuatro patas, jadeando. Seigmund, un maldito paladín de Seigmund, había atacado con la habilidad más potente de su repertorio. O eso esperaba, porque si no iba a pasarlo mal. Bien, ya tenía el siguiente objetivo, pero primero… realmente la quería. Su presencia se desvaneció, replicando el truco de la heralda de las lunas, algún tipo de técnica para doblar la luz. La pobre afectada no tuvo tiempo de procesar lo que acababa de hacer Y avisar al resto, y en cuando empezó a gritar la advertencia, una cola de escorpión ya sobresalía del pecho del heraldo de Seigmund. Lo tiro al lado, como quien descarta un juguete roto, y una mujer corrió a su lado, la heralda de Dianthe.

Sinceramente, se había olvidado completamente de ella, una vez hubo atestiguado que sus patéticos intentos de envenenarla con los poderes naturales de su diosa no hacían absolutamente nada. Y esta vez no iba a ser diferente. –No podrás hacer nada, el veneno está mezclado con magia profana, morirá.- pero esa mujer, con lágrimas cubriéndole los ojos, solo lo intentó más fuerte. Paro un golpe de los heraldos de Symias y de Selen con cada mano, ahora cubiertas de escamas draconicas reforzadas. Incluso dejo que ese heraldo de Eilian le golpeara con su palo en la espalda, cosa que hizo una cantidad sorprendente de daño teniendo en cuenta que era, por lo que podía ver y percibir, un estúpido palo de madera normal. Pero daba igual, TENIA que ver eso.

La heralda de Dianthe insufló más y más magia, que se concentraba en el veneno, tal como se suponía que tenía que hacer, salvo que no lo neutralizaba…no exactamente. Y entonces el heraldo de Seigmund explotó, cubriendo a su compañera de una nube de sangre, carne y, más importante, metralla de huesos. Oh, y también el mismo veneno que había matado al primero. Segundo y tercero muertos. Bueno, el tercero agonizando, pero estaría muerta en segundos.  No pudo evitar soltar una carcajada, no se había entretenido tanto en años.

-Un pequeño truco que aprendí de una nigromante horrible, ¿cierto? Realmente odiaba a los paladines.- su presencia se volvió a desvanecer, pero aparentemente el mismo truco no funcionaría dos veces, y tuvo que poner genuino esfuerzo en no ser decapitada, invisible y todo.

-¿Veneno? ¿Trampas? ¿Es que no tienes honor?-

-¿Honor? Creo que me confundes con otra.-
al parecer, enseñar el truco de la paladina lunar los había vuelto más precavidos, reticentes a usar sus técnicas por miedo a que las copiara… ¿O puede que ya estuvieran agotados? Bueno, había una manera de averiguarlo. Por primera vez en todo el combate, uso sus alas, que la catapultaron hacia detrás, hacia ese pobre bardo glorificado. Eso SI llamó su atención, y del trío, dos de ellos se lanzaron hacia ella, prácticamente a la misma velocidad. Potenciación física por un lado, aceleración temporal por otro. La heralda de Selen estaba intentando ser sutil, pero podía ver perfectamente los principios de un encantamiento tejiéndose, algo grande, muy grande, perfecto.

La diablesa desvaneció sus alas, y transformó sus patas en una versión más conejil, impulsándose en el aire, luego volvió a sacar sus preciosas alas negras, esta vez cubiertas de plumas, además de un pico. Cayó rauda contra el bardo, que nada pudo hacer contra un halcón peregrino que pesaba… como cien veces más que la versión real. Cuatro fuera.

Entonces fueron con todo. Algún tipo de barrera se erigió a su alrededor, y luego otra, una versión mucho más potente de ese extraño desplazamiento temporal. Solo había una apertura en ambas barreras, hacia arriba, justo donde una gigantesca bola de luz inquietantemente similar a una luna flotaba. ¿Algún tipo de cañón de luz lunar? –Bueno… esto ha sido fructífero, pero va siendo hora de acabar, ¿no?- ¿La entendieron con esa diferencia temporal entre los dos lados de la barrera? Seguramente no.

Si ese heraldo de Symias hubiera gastado menos tiempo aprendiendo conjuros para dañar demonios o potenciar sus capacidades y más en hacer barreras, puede que hubiera funcionado. Para su desgracia, ninguna de las barreras bloqueaba sonido. ¿Y qué significaba eso?

Una única nota salió de su garganta, ahora copiando a un canario para facilitar su actuación. Una nota que los tres sobrevivientes del grupo de paladines reconocieron perfectamente. Dos barreras y un cañón lunar se quebraron ante la nota disonante de Mairsil. Luego, los tres se quedaron paralizados en cuando ojos aparecieron en su cuerpo, ojos de basilisco. Ese irritante paladín de Symias seguramente tenía algún truco para escapar de eso, así que no lo dudo y uso otra habilidad robada sobre él. Una torre de luz oscura cayó sobre él, reduciéndolo a prácticamente nada. Ahora lo entendía, esa habilidad de antes era más potente cuando más malvado consideraras a la víctima… y teniendo en cuenta que Symias era la antítesis de los demonios, para un demonio… ese paladín era muy, muy malo.

Lo último que oyeron los otros dos, mientras ella se colocaba ante la heralda de Selen y le robaba esa habilidad tan impresionante fue una única palabra.

-Yoink.-
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