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Emphathos [Evelyn Blake]

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Emphathos [Evelyn Blake]

Mensaje por Bennett el Dom Dic 16, 2018 8:03 pm

Era una noche fría. La hörige descansaba en la punta de un árbol cubierto de nieve. Cientos de copos caían frente a sus ojos, pero la mujer zorro solo abría la boca para bostezar cada tanto tiempo. En su último bostezo, no llevo su mano a su boca por flojera; el frío, al hacer que el agua de su aliento se condensará lo volvió "visible," algo muy común, pero algo que definitivamente Valoran había pasado por alto desde que se habían adentrado en la montaña.
Al observar el aliento helado abandonar la boca de su 'madre,' el pequeño dragón pensó en imitarla y siguió sus pasos, liberando el único aliento que conocía: un chorro en llamas que prendió en fuego la copa del árbol.

Evelyn pestañeo un par de veces adormilada, tan solo pensando "que tierno" al ver el feroz aliento ígneo abandonar la boca de su dragón. Pronto sus afinados sentidos animales la hicieron notar el olor a quemado - aunque cualquiera hubiese podido teniendo el fuego justo encima -  y reaccionar apropiadamente, saltando adelante con un sorprendente equilibrio y mirando arriba como las pocas hojas que quedaban para este momento ardían, y como las llamas iban descendiendo árbol abajo a la vez que Valoran danzaba orgulloso, para él, eso tenía que haber sido el mejor aliento que Evelyn jamás había observado.

¡Valoran! —llamó la atención del pequeño, que pareció congelarse en el aire y darse vuelta, agitando las alas mucho más suavemente y con una expresión de culpabilidad—. ¡Mal dragón, mal dragón! ¡te dije que nada de encender cosas vivas sin mi permiso! ¡y...! —la hörige paró, dándose cuenta de que todavía seguían en el ardiente árbol y de que pronto se iba a quemar a este paso.

Eran los instintos, tal vez ella no lo sabía, pero hacerse cargo de un animal pequeño empezaba a brotar instintos maternales en las personas. Incluso en los hombres.
Tomó al pequeño dragón entre sus brazos y saltó árbol abajo, cayendo sobre un montículo de nieve. Valoran emergió primero que ella volando y sacudiéndose de la nieve, entonces se puso observador, viendo algo blanco emerger de la nieve también. La capa gris y el color de su cabello y pelaje hacían un muy buen juego en ocultar a la mujer zorro en lugares nevados; el pequeño pareció reír ante esto, pero se silenció al ver como entre lo blanco dos rubíes brillantes le juzgaban.

Estás castigado —le dijo, con una mano en la cintura y otra sosteniendo su zurrón.
El pequeño dragón pareció protestar primero, y luego intentó hacerse el inocente y actuar tierno.
¡No me vengas con eso! —lo apuntó, dándole golpecitos en la cabeza con la punta del dedo—. ¿Quién te enseñó a ser un manipulador, eh? ¿qu...oh...fui... yo —dijo horrorizada, llevándose ese dedo a la boca.

El momento de realización se vio interrumpido cuando una rama en llamas cayó justo detrás de la hörige, no alcanzando sus colas solo por suerte. Evelyn tomó a Valoran nuevamente y se fue corriendo del lugar, antes de que vinieran animales o curiosos para averiguar que pudo causar un incendió en un lugar tan recóndito.

Tras un rato de caminata y regaños, el pequeño dragón pareció arrepentirse y se colocó en la cabeza de la mujer, ocultando su cara hacia dentro de la capucha y dejando su cola hacia afuera en un intento de evitar ver la cara molesta de su dueña. Evelyn se calmó a los pocos minutos de que Valoran se quedase tranquilo y pensó en acariciarlo y mimarlo un poco, pero se resistió a la idea porque todavía no encontraba otro árbol donde poder dormir para pasar la noche.

Brrr... —Evelyn coloco sus manos en sus brazos y empezó a frotar para calentarlos un poco, viendo de un lugar a otro sin suerte—. Esto no podría empeorar...
Una burla divina. Un fuerte viento azotó el lugar a los pocos segundos, empujando la nieve que descansaba en el lugar y dirigiéndose hacia ella con una fuerza enorme, casi como una ventisca.
¡Me ca...! —su grosería solo se vio incompleta porque no quería enseñar malas palabras al dragón, pero eso poco importó cuando el viento la alcanzó, abrazó fuerte su zurrón, poniéndolo frente a ella para evitar que le diera nieve en la cara.

El viento azotó fuerte, empujando atrás la capucha de la mujer zorro e incluso a ella, hasta que colocó un pie atrás para resistir ser empujada. Valoran, sin saber que pasaba, solo se sostuvo fuertemente de la cabeza de Evelyn, jalándole un poco el pelo. El viento cesó repentinamente y la nieve empezó a caer del cuerpo de la mujer zorro, que agitó las colas fuertemente para liberarlas de la nieve que les hubiese caído, también tomó a Valoran y se acarició la cabeza algo dolida por el jalón de pelo que sufrió; se acomodó el pelo y agitó su zurrón, abriéndolo para asegurarse de que nada de sus preciadas pertenencias ahora estuvieran cubiertas de nieve.

¿Estás bien, Valoran?
El dragón solo asintió, soplando una pequeña nube de humo en la cara de Evelyn, haciéndola toser un poco. Le hubiese regañado otra vez, pero parecía ser un hábito del dragón, y sería dificil resolverlo solo a través de regaños.

Al alzar la vista, Evelyn se encontró con un escenario totalmente distinto al que era hace unos segundos. Sin nieve cubriendo el suelo pudo observar un área circular relativamente grande dividida en 4 secciones y una roca en la punta de cada sección, con un sello en el centro de todo.
No le prestó ni pizca de atención a eso.

Justo al frente tenía una cueva que escapó a su vista antes, pero eso no le importaba mucho, una sonrisa se dibujo en su rostro y corrió a toda velocidad hacia la cueva, ya sintiendo por adelantado lo calientita y descansaba que iba a estar en cuanto se pusiera cómoda en la cueva. Una vez adentró la cueva parecía ir más allá, lo cual era una sorpresa gustosa, cuanto más lejos de la entrada y de esa fría nieve, mejor. Evelyn caminó más y más adentro, pero no tan lejos como para no ser capaz de ver la entrada.

Se sentó en el suelo y abrió su zurrón, sacando de allí un segundo zurrón más pequeño, el cual abrió y le dio vuelta, dejando caer su contenido en el suelo. Un montón de ramas, hojas secas y trozos de madera algo más grandes. Empezó a revolotear todo y a tomar de vuelta algunas ramas y trozos de madera, dejando solo la cantidad que le parecía necesaría.

Haz tu magia, pequeño —dijo acariciando el lomo del dragón, que cerró los ojos complacido y se dejo acariciar. Tras unos 20 segundos de caricias y sin reacción del dragón, Evelyn se repitió, siendo más clara está vez—, fuego, Valoran —el dragón abrió los ojos al dejar de sentir las caricias y miró hacia la hörige—. ¡Fuego, fuego! Haaaa —se llevo las manos a la boca, soplando hacia afuera para que el pequeño dragón observará el "aliento helado" de nuevo.
Valoran agitó las alas satisfecho, ya que esto casi significaba el final de su castigo y que podía prenderle fuego a otra cosa, de nuevo. Abrió la boca, dejando mostrar el fiero brillo dentro de ella y cuando estuvo a punto de soplar, Evelyn lo detuvo.
Hm-hm, no, suave, poquito —dijo subiendo los dedos y soplando muy suavemente.

Valoran entrecerró los ojos, algo decepcionado, e intento ponerse peleón con Evelyn.
Grrrrr —rugió suavemente hacia ella, como una manera de decirle "Nunca me dejas divertirme"
La mujer zorro se quedo mirando la protesta del pequeño dragón, entonces hizo lo mismo, entrecerrando los ojos.
¡Grrrr! —apuntó a la madera.
Valoran se achicó un poco ante esto y asintió con la cabeza, dándose vuelta y saltando hacia la madera, soplándole algo de humo y mirando hacia Evelyn. La mirada insatisfecha de su dueña le indicaba que eso no bastaba, y el dragón volvió a mirar a la madera, escupiendo una corta ráfaga de fuego, lo suficientemente fuerte para encender la fogata.

Evelyn le aplaudió en cuanto encendió la fogata y lo abrazo, apretujándolo y haciéndole cariño.
¡Buen dragón! ¡mereces una recompensa! —dijo metiendo la mano dentro de su zurrón, buscando una galleta y acercándola a la boca del dragón.
Instintivamente, la galleta fue vista como un trofeo, las garras del pequeño se posaron sobre ella para sostener abajo su "presa" y clavarle un mordisco, entonces se libero del brazo de Evelyn y voló al otro lado de la fogata, para asegurarse de que esa galleta fuera solo suya y no tener que compartirla.
Que egoísmo... si soy yo quien te la está dando... —habló la hörige viendo al dragón morder y morder la galleta—. Bueno, yo también merezco una recompensa —tomó el zurrón y rebusco mejor, agarrando un par de galletas más y alzándolas, mirándolas fijamente, con un brillo en sus ojos.

Cualquier señal de madurez desapareció de Evelyn en ese momento, como si hubiese invocado un espíritu de niñez en su cuerpo. Se acostó en el suelo y empezó a disfrutar de las galletas con la misma pasión que Valoran, comiéndolas lentamente para hacer durar el dulce sabor dentro de su boca lo máximo posible. Cuando le quedaba media galleta nada más, tenía a Valoran encima, mirando amorosamente, con ternura. A su galleta.
¡Ah no! ¡es mía! —reclamó viendo como el pequeño velaba a la galleta que sostenía—. ¡Tú te fuiste para no compartir la tuya, ahora te aguantas!
Valoran soltó una serie de gruñidos, unos seguidos de otros, otros tras pausas, presentando el mejor argumento posible para ganarse la galleta. Evelyn solo alzó las cejas poco impresionada, pero la lluvia de gruñidos cada vez se le hacía más tierna, así que cedió y partió ese trozo en dos, dándole una mitad a Valoran.

El dragón se quedo mirando el trozo por unos instantes, antes de empezar otra serie de gruñidos, el quería la mitad completa. Evelyn intento ignorarlo, mordiendo a propósito un gran pedazo de su mitad para ofender más al pequeño, que en respuesta se tragó toda su mitad de golpe y siguió gruñendo.
Bien, bien, toma —dijo metiendo el pedacito que quedaba en la boca del dragón, que estuvo más que alegre de aceptarlo. Luego de masticarlo y tragársela, se lamió los alrededores de la boca y empezó a lamer la cara de Evelyn—. Awww... yo también te quiero —acarició su nariz ante la cara del dragón, antes de darse cuenta de que la lengua del pequeño ahora tenía restos de galleta en ella, restos que ella tenía en su cara—. ¡No puede ser! ¡solo piensas en la comida!

Valoran, ignorando completamente que le llamaran la atención en su glotonería, se dio vuelta y empezó a caminar sobre el cuerpo de la hörige, buscando el mejor lugar para ponerse cómodo. Evelyn levanto su tronco del suelo y lo tomó, haciendo que este empezará a luchar agitándose.
Ni lo pienses, llevas todo el día portándote mal. YO seré quien duerma cómoda hoy.
Grrrrrrr.
Nada de "grrrrrrr" —ordenó seriamente, haciendo que el dragón sentara cabeza.

Evelyn se quitó la capa y toqueteo cuidadosamente su zurrón, para ponerlo bien balanceado y recostar su cabeza en él, usándolo de almohada, después se puso su capa encima para usarlo de sabana y sonrió, tan cómoda y cálida como le era posible en ese lugar. Valeron estaba sentado a un lado, observando algo entristecido, hasta que vio a la hörige abrir un ojo y hacerle seña de que podía acostarse con ella. Un veloz revoloteó de alas después y un alegre gruñido y ya el dragón se había infiltrado bajo las sabanas, pegándose contra un costado para dormir.

La noche pasó lentamente, pequeños seres luminosos en la forma de cositas humanoides de un verde blancuzco, cabalgando en dragones miniatura empezaron a venir de más adentro de la cueva y observaron a la durmiente hörige y el pequeño dragón. Las criaturitas se miraron la cara y se acercaron a ella, jugando con su pelo y colas.
Evelyn, profundamente dormida e incapaz de notar a las criaturas por ser tan pequeñas y su carácter mágico, estaba navegando en sueños, en mares turbulentos, profundos y oscuros.

En su sueño se encontraba parada en el inicio de una enorme sala que se extendía hacia atrás, una sala de color rojo, con una alfombra negra con bordados y diseños dorados a lo lardo de ella. En las paredes habían cuadros vacíos, sin nada en ellos, como una galería. Evelyn intentó mirar a Valoran, pero este estaba en su cabeza y a juzgar por el ritmo de su respiración y la tranquilidad, dormía.
No recuerdo haberme metido aquí... —miro hacia uno de los cuadros vacíos—. ¿Será que sí lo hice e iba a robar algo? —se preguntó a si misma, antes de solo subir los hombros—. Bueno, ya que estamos.

Evelyn comenzó a avanzar adelante, yendo por el centro de la alfombra, aprovechando el momento para modelar incluso. Su alegría se desvaneció pronto, justo cuando las primeras dos pinturas, una a cada lado, se llenaron solas. Ahora en los cuadros estaban figuras que recordaba, otros höriges, siendo arrastrados o abusados por esclavistas. Frunció el ceño y dio un paso atrás casi instintivamente, su espalda chocando contra la pared.
—¿Qué? —se dio vuelta, observando como la pared que antes estaba lejos la tenía justo atrás. Antes de poder hacer razón de nada de esto, escuchó el sonido de pintura escurriéndose y miró adelante otra vez, las pinturas cambiadas, los höriges que antes eran otras personas, ahora eran ella—. No me gusta este lugar... me quiero ir...

Evelyn dio unos cuidadosos pasos adelante, incapaz de no mirar las dos pinturas que habían, una a cada lado. La alfombra se levantó y se recogió a si misma, casi derribándola y arrastrándola más adelante al siguiente par de pinturas, más de lo mismo: esclavistas con höriges que se transformaban en ella. Esto siguió sin parar, docenas pasaron a centenas de pinturas, y en algún punto, Evelyn creyó haber visto miles.
Agotada, casi con lagrimas de ira en sus ojos saco su rapier y empezó a dar sablazos alrededor, a la maldita pared que seguía alcanzándola y le impedía ir atrás, y a la alfombra que la obligaba a ir adelante.

Finalmente, la alfombra dio un último jalón, poniéndola frente a un par de hermosas cortinas escarlata, tan relucientes que parecían tener brillo propio. Había una ventana atrás, supuso, Evelyn saltó adelante, pero hesitó al ver las alfombras abrirse por cuenta propia, revelando el marco más grande que había visto hasta ahora. En el había solo una enorme llama, que ganó un aliviado suspiro de la hörige.
Al menos no es más de esos malditos esclavistas... esto debe ser... un sueño, una pesadilla —al hablar, el ambiente cambió, seguía en el mismo lugar, todo estaba igual, pero se sentía distinto—. Quiero que acabe ya.
¿Quieres que acabe ya? —preguntó una voz familiar, pero no terminaba de venir a ella de quién era.
Evelyn alzó la mirada al marco, encontrándose como entre las llamas emergía una figura conocida, una abandonada hace tiempo: Iskander.
Tú... tú eres... —dijo, rebuscando entre sus recuerdos el nombre del hombre—. ¡Iskander! ¡Iskander, eres tú!
La figura asintió con la cabeza, solemne.
¡Estás vivo! —añadió alegre—. Ha pasado tanto tiempo y...
¿Les dijiste?
¿Eh?
A mi mujer... hijos... mi familia... ¿les dijiste? ¿o ya lo olvidaste?
No sé de... ¡oh! —vino a ella como un relámpago el recuerdo—. Sí, les dij-
¡Bien! ¡porque yo no podría hacerlo! ¡sigo atrapado en este lugar... aquí...! ¡con este maldito dragón! —gritó repentinamente, la pintura formando figuras como llamas, revelando otra figura atrás del hombre, la del dragón rojo que le tomó antes.
Evelyn dio unos pasos atrás ante los gritos repentinamente, antes de llenarse de coraje e ira para responder.
¡Eso no es mi culpa! ¡tú te ofreciste, Iskander! ¡me parece que el que olvidó algo fuiste tú!
...Pero —respondió, con un peso tan enorme en su última palabra que Evelyn podría jurar haber sentido como la gravedad lo aplastaba—. Tú... ¿qué me dijiste?

El silencio se posó rápido pero momentáneo, la figura de Iskander y del dragón se volvieron una espiral de pintura que empezó a volverse como el agua, en ella, se reveló una memoria más en la forma de un reflejo.

"Estoy muerto de todas formas. Decidles a mi mujer y a mis hijos que les quiero"

"Se lo dirás tú mismo Iskander, volveremos."

Evelyn permaneció callada, viendo el recuerdo repetirse una y otra vez en el agua, hasta que ya no pudo más y gritó de vuelta.
Es verdad. ¡Y es verdad! ¡todavía mantengo mi palabra! ¡me he estado esforzado para hacerme más fuerte! ¡pronto podré pelear con dra...!
¿¡CUANDO!? ¿¡cuando tiempo ha pasado, Evelyn!? ¿¡cuando es pronto!? ¡ni tú, ni los otros! ¡no mientas, nunca podrás venir tras este dragón!
N...no sé... ¿un año...? ¿dos?
La figura de Iskander bajo un poco la cabeza, negando suavemente a los lados con lágrimas en sus ojos.
Estaba mejor muerto... sin nada que perder, sin preocuparme del futuro... sin nada que me pudiera disturbarme. Pero tenías que hablar. Tenías que mentir, ¿qué fue eso? ¿otra de tus mentiras? ¿una manipulación más?
¡No, escúchame!
¡Tú inspiraste un fragmento de esperanza en mi, zorra! ¡toda mi paz se fue a la mierda! —gritó, su figura saliendo del marco y pegando su cara a la de Evelyn antes de volver atrás—. Tú... nunca vas a saber que es esto —dijo tristemente, antes de que una enorme garra roja lo tomará y lo arrastrará atrás.

La pintura finalmente se volvió estática, no mostrando muy diferente al dragón de un esclavista y a Iskander de un hörige, que tendría que servir al dragón para siempre.
Por alguna razón la mujer zorro no tuvo ninguna fuerza, aún sin ningún sentido en la galería donde estaba, y con una parte de ella diciéndole que nada de eso era cierto, a otra le parecía real y aceptaba todo lo que Iskander le había dicho como cierto, ella era la culpable. Cayó al suelo de rodillas, tapándose la cara con las manos, ideas estúpidas empezaron a invadir su mente y a quebrarla, hasta que cuatro figuras sin ninguna forma la rodearon.
Primero actuó la azul, entrando dentro de ella, trayéndole paz y calma.
Segundo actuó la figura marrón, entrando dentro de ella, haciéndola sentir protegida e inmune a daños.
Tercero actuó la verde claro, entrando dentro de ella, haciéndola más consciente de su alrededor, ahora podía escuchar brisa agitando árboles.
Por último actuó la figura roja, entrando dentro de ella, haciéndola sentir como un vigor recorría su cuerpo, se puso de pie lentamente y se quitó las manos de la cara.

Una vez de pie, estaba parada justo en el centro del sello del área circular que se encontraba fuera de la cueva, con la diferencia de que cada sección estaba iluminada de un color distinto: rojizo al norte, marrón al sur, verde claro al este, y azul al oeste. Además, se encontraba sola, sin Valoran, sin su zurrón, sin su rapier. Nada más que sí misma y sus ropas.
Frente a ella, una figura anciana, cubierta por una túnica negra y con ambos ojos cerrados caminó hacia ella, sonriéndole.

Evelyn alzó una mano, sintiendo instintivamente comunión con el anciano. Cuando este se paró frente a ella y le ofreció su mano, Evelyn empezó a llevar la suya hacia la del hombre. Hasta que sintió unos jalones en las colas y las orejas. Cada vez más fuertes. Recogió su mano y empezó a agarrarse las orejas y revisar sus colas.
¡Eh! ¡eh! ¡eh! ¡dejadme las orejas! ¡y las colas! ¡ugh! —exclamó dándose vueltas, repitiéndolo cada vez más fuerte.

Y despertó. Se puso de pie a una enorme velocidad, a pesar de que se sentía pesada y horrible, se llevo una mano al lado de la cara y se rascó un poco.
Que horrible... ¿entonces si fue un sueño?
Evelyn miró abajo, viendo al pequeño dragón dormido en tranquilidad. Eso le trajo algo de reconforte, calmando su propia respiración.
Entonces sintió más jalones en las colas.
¡Aaaagh! —se volteó ya harta, viendo como un grupo muy elevado de Qindharyn jugaban en su cola, pasando así a notar también los de su orejas—. ¿Huh? ¿Espíritus?

Los Qindharyn, al notar a Evelyn despierta, empezaron a saltar, aparentemente celebrándolo. Los de su cabeza saltaron y se unieron al resto en la celebración, ganando una pequeña sonrisa de la mujer zorro, que se agachó para inspeccionarlos mejor.
Que ternuras. Boop —dijo acercando su dedo y pokeando a uno en la cabeza.
El Qindharyn pokeado se quedo quieto, mientras el resto le miró y todos empezaron a danzar de nuevo, como si hubiese sido elegido por una diosa o algo por el estilo.

Todos empezaron a correr a la misma dirección y juntos, formaron una flecha, con el pokeado en la punta.
¿Eh? —les miró extrañada.
Los Qindharyn con formas humanoides empezaron a levantar y bajar las patitas, como imitando una marcha.
¿Quieren que les siga...? —al oírla, varios de ellos empezaron a saltar, parecían criaturas que celebraban por casi todo—. No puedo seguirlos, pequeños espíritus, mi dragón está dormido —indicó señalando al durmiente Valoran.

Varios Qindharyn se miraron las caras y solo un par de ellos levantaron los brazos. Un aura blancuzca empezó a rodear a Valoran y lo elevó en la misma postura en la que se encontraba. La misma aura cubrió a Evelyn y fue elevada también, tras lo que los Qindharyn empezarón a marchar juntos adelante, más adentro de la cueva.
¡No! ¡esperen! ¡también necesito mis cosas! —gritó Evelyn, agitándose en el aire e intentando estirarse inútilmente para alcanzar su bolso—. ¿¡Qué es esto, magia!? —dijo agitándose en un intento de liberarse del aura, viendo como uno de los Qindharyn asintió tras su pregunta, pudo haber sido casualidad, pero parecían comprensivos, y justo ahora, parecían terriblemente poderosos.

Los Qindharyn siguieron avanzando con Valoran, que dormía inocente a lo que sucedía, y Evelyn, que se agitaba molesta y reclamaba ser liberada. Pronto los pequeños Qindharyn llegaron al final de la cueva, un punto muerto, y deshicieron el aura que sostenía a Evelyn, dejándola caer al suelo.
Ay... —se llevo una mano a la cabeza para sobarse mientras se ponía de pie—. ¡Pequeñas molestias, no me gusta que me sostengan así! —les gritó regañándolos, pero se tranquilizo al ver un sello en la pared—. ¿Y esto?

Inspeccionando más de cerca el sello, pudo ver una serie de runas inscritas en él, pero no tenía la más mínima idea de que decía. De las runas, solo logró reconocer una, lo que le llevo a creer que tenía que ser idioma enano.
¿Quieren que lea esto? no sé que dice, lo siento mucho —dijo mirando a los Qindharyn, que miraban atentos cada uno de sus movimientos. A la falta de reacción de los pequeños, se agacho y pokeo a otro de ellos—. No. Entiendo. Lo. Que. Dice —repitió, intentando hacerles comprender.

Los Qindharyn se miraron las caras y volvieron a mirar a la de la höringe, que suspiró intentando pensar como comunicarles que sabía que querían ni que decía la pared. Varios de los pequeños se colaron silenciosos y veloces atrás de ella, para empezar a agarrarle las colas y jugar con ellas de nuevo.
¡Eh! ¡eh! —estiró las piernas—. ¡No, nada de tocar mis colas, shu, shu! —dijo moviéndolas y dando un paso atrás, uno que tuvo que estirar mucho más perdiendo el equilibrio al ver que estuvo a punto de pisar a un grupo de ellos. Al hacerlo, resbaló hacia adelante, teniendo que apoyar una mano en la pared para evitar caerse.

Entonces algo brillo bajo su mano. El brillo atrajo su vista y apartó la mano, poniéndose de pie bien. En donde había apoyado la mano, se había formado un sello igual al del círculo de afuera de la cueva y el de su sueño. El sello, inicialmente blanco, empezó a bañarse de cuatro colores y los colores se estiraron hacia arriba, tocando al sello más grande de la pared. Las múltiples runas del sello empezaron a tomar un color cada una y se iluminaron fuertemente, bañando todo el lugar de blanco.
Evelyn se tapó los ojos para evitar ser cegada y los abrió lentamente, encontrando al frente a espíritus varios.

Uno de ellos rojos, mejor y únicamente descrito como una llama que imitaba la figura de un genio de lámpara, sus "ojos" eran dos puntos de llamas doradas que brillaban con intensidad en las rojas/anaranjadas de su cuerpo. El segundo parecía tan solo un curioso bulto de tierra con ojos humanos pero grandes, que miraba fijamente a Evelyn. La tercera, una mujer que tenía aletas azules en lugar de orejas, y cuyo pelo era una corriente de agua constante que recorría su espalda y se escurría hacia su pecho a través de sus hombros, con una cola de pescado en vez de piernas. La cuarta era un ser humanoide pequeño, con 4 alas reminiscentes a las de un hada, al extremo de sus manos tenía plumas y su tren inferior era una suave corriente de aire que giraba constantemente, su cara, aunque falta de una estructura muy específica, se veía en total calma.

Evelyn no se alarmó, no se molesto a preguntar donde estaba, ni quienes eran, porque eso último ya lo sabía.
Ustedes son...
Los cuatro asintieron.
Soy Sylph —dijo la pequeña de expresión calmada, rodeando y volando a su alrededor—, Espíritu del Aire.
Undine —hizo una pequeña reverencia la de agua—, Espíritu del Agua... aunque yo supondría eso obvio.
Ifrit, Espíritu del Fuego —dijo la criatura de fuego.
El bulto de tierra solo pestañeo.
Y tú Gnome, de la Tierra —respondió Evelyn misma, observando al bulto de tierra que solo pareció asentir—. Los conozco, son mis espíritus. ¿Sucede algo? no les he llamado.
Pero lo hiciste, Evelyn —dijo una voz viniendo atrás de ella.

Evelyn se dio vuelta, encontrándose de nuevo al anciano de la túnica negra.
¡Tú eres el viejo de mi sueño! —lo señaló, dando un salto atrás y casi escondiéndose detrás de sus espíritus, ahora algo desconfianza del hombre.
Sí... en efecto, soy yo.
¿Y qué quieres? ¿donde estoy? ¿por qué sabes mi nombre y yo no el tuyo?
El anciano sonrió, soltando una corta carcajada.
Cuanta impaciencia... solo quiero ayudarte.
No he pedido ayuda —respondió algo cortante.
Pero lo hiciste.
¡Por supuesto que no! ¡y ya dijiste eso! ¡tampoco los llame a ustedes, chicos! —exclamó apuntándolo, y luego mirando a Gnome, Sylph, Undine e Ifrit.
Los cuatro espíritus se dieron vuelta para mirarla y flotaron hacia atrás, colocándose a pocos pasos frente al anciano.
Presta algo más de atención a tu cuerpo, Evelyn —replicó Undine.

Evelyn se avasalló repentinamente y se dio cuenta, su pelo y colas ondeaban a un ritmo constante, prueba de que había invocado a Sylph en su cuerpo, también, dentro del caos que había en este instante donde no sabía donde estaba ni porque sus espíritus estaban frente a ella junto a un anciano, tenía la paz y tranquilidad que le ofrecía Undine, junto a la seguridad nacida de la resistencia que le daba Gnome y el vigor tornado fuerza de Ifrit.
Eso es imposible... nunca he podido invocar a los cuatro a la vez dentro de mi cuerpo, no suelo soport...
Ahora puedes —interrumpió Ifrit—, ha pasado un tiempo desde entonces... una llama dejada sola con que arder, se seguirá expandiendo.
Como le dijiste a Iskander, te haz estado esforzando y volviéndote fuerte, Evelyn.
Evelyn abrió los ojos, poniendo la mano sobre el mango de su rapier y mirando al anciano.
¿Tú cómo sabes que hable con Iskander? ¿¡es tu culpa la pesadilla!?
No, no... —respondió el hombre, agitando una mano para reducir la tensión—. Yo meramente fui llamado por tus súplicas de poder.
Yo no llame a nadie, ni he suplicado por poder.
Pero lo hiciste. A nosotros, los espíritus, no solo se nos invoca por nombre o cuando concentras tu esencia para llamarnos.
¿Nosotros? ¿entonces tú también eres...?
Soy Maxwell, Espíritu y Señor de los Elementos Clásicos. Me despertaste aquí cuando tu corazón pidió por ayuda, soy el poder que buscas...
Evelyn se quedo callada, tragando algo de saliva, pero se atrevió a hablar cuando sus cuatro espíritus de uso más común se acercaron a ella y la rodearon, entrando en su cuerpo.
Maxwell...
Conmigo, y ellos, mis hijos, podrás derrotar a Melsorth... a partir de ahora, estare contigo, pero tendrás que hacerte más fuerte antes de poder usarme.
Los ojos de la mujer zorro brillaron y se enfocaron, hasta ahora, una forma de traer abajo un dragón, tal vez el dragón rojo no solía aparecer más que en sueños para ella, y este, aunque tal vez un sueño, parecía real.
¿Qué tan fuerte?
No puedo decirte eso. Hay algo que te diré, sin embargo. Ve a las cuatro cuevas construidas en honor a mis hijos; al Espíritu del Fuego, al Espíritu del Agua, al Espíritu de la Tierra, y al Espíritu del Aire.
¿Quieres decir mis espirítus? ¿Sylph, Undine, Ifrit y Gnome?
Sí... esos no son sus nombres originales, ni sus formas las que conoces. Nos presentamos de forma distinta para todos. Ahora ve, Evelyn; Iskander tal no se siente así, pero no hay tiempo que perder.

La hörige intento abrir la boca una última vez, pero el brillo blanco desapareció junto a ella. Despertó de nuevo, cuando abrió los ojos estaba tirada en el suelo, acostada justo como se había ido a dormir la noche anterior, con Valoran descansaba pacíficamente junto a ella.
Se levantó cuidadosamente sin emitir ni un ruido ni decir una palabra y empezó a caminar cueva adentro, llegando al punto muerto que había visitado antes. En las esquinas estaban varios hongos secos y muertos, y en la pared, el mismo sello, con las mismas runas. Sin embargo ahora estaba adornado. En el punto sur del sello se veían dibujos de hombrecitos con picas y hachas, enanos, supuso. Al norte había dibujos de humanos con cuernos, no sabía que eran esos, ¿demonios? lo dudaba. Al este, humanoides con orejas puntiagudas y arcos, claramente elfos. Al oeste había líneas que simulaban ondas, con un barco y aparentemente hombres con pieles y cuernos... ¿piratas, tal vez?

Suspiró viendo el sello y puso una mano sobre el mismo, se sintió consciente de los cuatro espíritus activos en su cuerpo y los dejo ir, calmando y resguardando su esencia. Nada más sucedió, y arrastró su mano, como acariciando suavemente al sello. Evelyn se dio vuelta y empezó a caminar de vuelta a su lugar de sueño, con los hongos iluminándose suavemente y liberando unos pequeños Qindharyn que la espiaban desde atrás en la seguridad de sus fungi. La hörige se volvió a acostar, pues la noche ni siquiera había pasado, y con algo de ansiedad, cerró los ojos. Pacíficamente cayó dormida, y la llama de la fogata se avivó, levantándose en la forma de Ifrit y formándose junto a él los otros tres espíritus por un instante, junto a Maxwell, más atrás de ellos. Todos se desvanecieron y la noche pasó, tranquilamente.
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