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Mensaje por Vanidad el Lun Dic 17, 2018 3:03 pm

-La familia Malakaf te envía recuerdos.- dijo la figura encapuchada, después de que Egil hubiera tomado un sorbo de su te.

-¿Quién?- se limitó a decir. Pero sabía por dónde iban los tiros. Por una vez, su sentido sobrenatural para detectar esos horrendos hongos le había salvado, y había cambiado él te con el de la mesa del lado sutilmente. El hombre no movió ni un musculo mientras veía como un pobre hombre en la mesa del lado se arañaba la garganta, ahogándose mientras soltaba espumarajos de purpura.

-El dueño de la taberna… ¿una de las mayores familias de mercaderes Zhalmianos?-

-¿Los que adoran a esa bola de pelo azucarada?- sabía que no eran esos, pero lo dijo igual, para molestarlo. Era el tipo que estaba pegando a su mujer delante de todo el mundo. Lo habría dejado correr, pero entonces vio al niño mirando medio escondido desde el umbral de la puerta y… digamos que el sentimiento habia golpeado demasiado cerca. Ahora ambos se habían mudado con una cuantiosa suma de monedas y ese hombre estaba en el hospital con varios huesos rotos. La daga golpeo rápida como el rayo, casi demasiado rápido, pero la empuñadura de su katana paro el golpe mientras su otra mano respondía con la wakizashi, golpeándolo en el estómago. Por desgracia, no había tenido de sacarlas de sus fundas, así que fue poco más que un puñetazo glorificado.

Poco parecía importar que estuvieran en medio de una maldita taberna, iba a intentar matarlo igualmente, en vez de salir por patas e intentarlo en otra ocasión. Muy bien. Las fundas de sus espadas se deslizaron, revelando sendos filos, y antes de que cayeran completamente, blandió ambas espadas, enviando las fundas contra el asesino. Una leve distracción, que le sirvió para mandarlo a volar cuando este se agacho para evitarlas. Mandar a volar, observo, mientras este se estrellaba contra una ventana. En algún momento había sacado una katana muy similar a la suya, lo que le había ayudado a evitar el tajo de su katana.

Salió por la misma ventana, y una docena de flechas impactaron en su armadura de placas, flechas procedentes de doce arqueros en doce tejados distintos… no solo tenía refuerzos, sino que eran de los irritantes, cada uno en un tejado diferente para que tuviera que matarlos uno a uno, exponiéndose al resto…tan irritante.

Para su desgracia, estaban todos más o menos a la misma altura, por lo que guardo su wakizashi, empuñando solo su katana y se concentró. Un único tajo a rebosar de energía necromantica salió de su espada, esparciéndose en una perfecta línea recta como una extraña superficie de humo negro. Doce arqueros cayeron, demasiado débiles como para soportar una de sus mejores técnicas nigrománticas.

El asesino original no parecía impresionado, a pesar de eso, sino que alto a un tejado cercano. Dos pisos enteros, saltados como si nada. Y luego extendió el brazo y un virote de ballesta salió de él, porque por supuesto que tenía una ballesta oculta. Su katana corto, rauda, y el virote fue desviado en pleno aire, entrando en la taberna que acababa de dejar. Esperaba que no le hubiera dado a nadie.

Y entonces el hizo lo mismo. Se agacho, tomo aire y saltó, su figura emborronándose, como convirtiéndose en una nube de humo negro. No muy distinto a la realidad, un pequeño truco que rayaba con el espiritismo, una habilidad útil obtenida tras agotar un camino infructuoso hacia la vida eterna. No la suya, pero eso ahora mismo no importaba. Aterrizó sobre el tejado, suave como una pluma, y ni siquiera un triste crujido de la madera que había debajo reveló su auténtico peso, con todo ese metal sobre él.

Una suave llovizna empezó a caer sobre ellos, ambos guerreros empuñando katanas, en lados opuestos del tejado. Una gota cayó sobre su katana, partiéndose en cientos de pequeñas gotitas perfectamente simétricas y, como si de una señal se hubiera tratado, ambos corrieron hacia el otro. Ambos realizaron el tajo al mismo tiempo, el en una diagonal descendiente, de derecha a izquierda, y el de manera exactamente opuesta, ascendiendo de izquierda a derecha. Ambos metales entrechocaron, y las gotas de lluvia parecieron pararse por un instante en su descenso. El asesino soltó una mano de su espada y saco una daga con un rápido gesto, lanzando una puñalada. Egil le agarro la muñeca y, en un movimiento fluido, se hizo a un lado mientras empujaba, interponiendo su pierna con las del otro hombre, mandándolo a rodar por el tejado. No llego al borde, contorsionando su cuerpo a media caída para convertir el ruedo en un medio derrape.

-Hacía años que nadie me ofrecía tal desafío. Rurusu te felicita.- porque por supuesto que el asesino encapuchado hablaba en tercera persona. Entonces se desvaneció en sombras, desapareciendo.

Egil no dudo ni un momento y clavo su katana en el suelo detrás suyo, en su sombra, y esta topo con algo duro antes de hundirse más de un dedo, algo duro como el acero. –Nada mal.- la dureza desapareció, y el asesino apareció otra vez en el tejado, en el lado contrario a donde había llegado inicialmente. –Me obligas a usar mi mejor técnica… deberías estar orgulloso.-

-Entonces haré lo mismo.- ¿Qué menos que responder a un espadachín que lo daba todo en un combate con la misma cortesía? El asesino adopto una postura alta, con la punta de la katana hacia él y el filo hacia el cielo, y esta empezó a llenarse de sombras, formando un remolino hasta que pareció más bien fuego. Por su parte, la katana de Egil permaneció aparentemente con su aspecto inicial, sin que nada cambiara. En un suspiro, ambos se lanzaron contra el otro.

-Toma mi corte negro de dragón de miasma.- porque toda técnica definitiva tenía que tener un nombre largo y complejo para demostrar que se había pasado tanto tiempo buscando nombre como practicándola, y preferiblemente en otro idioma. No era el caso con esta en particular, pero si para la de su adversario. Pero este espero, espero a que ambos hubieran cruzado al otro, realizado sus respectivos tajos. Entonces enfundo la katana. –Omae wa mou shindeiru.- Y solo cuando el ultimo dedo de la katana hubo entrado en su funda con un ligero “click”, su rival lo notó.

-¿Nan…i?- y cayó sobre el tejado, muerto, resbalando lentamente por culpa de la lluvia hasta el suelo. Una técnica de espada que se basaba en ver el hilo plateado de la vida y cortarlo. Una técnica que se basaba en percepción, no importaba lo duro que fuera la piel del rival, bastaba con ver el hilo saliendo del cuerpo de tu rival y cortarlo. La culminación de su nigromancia y técnicas de espada.

La técnica estrella del mejor espadachín del reino.


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Mensaje por Vanidad el Vie Ene 04, 2019 12:44 pm

Unos años antes

Egil se encontraba paseando por el bosque de noche, que estaba sumido en un completo silencio. Con solo la luna llena para iluminarle, el ya no tan novato nigromante avanzaba, con solo el sonido de las hojas al ser pisadas bajo sus pies acompañándolo. Ni búhos, ni roedores, el bosque parecía estar tan muerto como la magia que controlaba.

Y aun así él sabía que eso no era cierto. Estaba allí por un motivo, contratado para resolver un problema. Monstruosas criaturas acechaban en ese bosque, asaltando las aldeas cercanas y raptando sus niños. Las llorosas madres habían sido suficientes, o al menos suficientemente convincentes como para que la corona ofreciera una cuantiosa recompensa a quien matara a las bestias.

Y entonces lo notó, una súbita bajada en la temperatura, vaho formándose ante su cara. Desenvaino rápidamente, por instinto, golpeando la figura que se abalanzaba sobre él. Pero esta simplemente se deshizo en humo…no, niebla, a la vez que recibía un zarpazo en su espalda. Aumento la distancia, su cuerpo tomando el control gracias al entrenamiento cuando su mente no pudo. Ante él estaba lo que a todos efectos lucia como un antropomorfo, puede que un cambiaformas de lobo. Una forma lupina, pero humanoide, blanca como la nieve, que parecía humear en la noche. Pero más preocupantes eran las garras, que aparentemente habían rasgado su armadura de placas sin demasiados problemas. La bestia rugió, y otras cuatro se formaron a su lado. Una única bestia entonces, capaz de formar señuelos. ¿Era eso un boira? Era más peligroso de lo que había imaginado.

Las cuatro bestias se lanzaron contra él, entremezclándose. La primera fue abatida por un proyectil de energía negruzca, que chisporreo a través de la noche hasta impactar contra el pecho. Por desgracia, se desvaneció en niebla. No espero a que la suerte le favoreciera, sino que cargó directamente, empalando al siguiente con su katana y lanzando un puñetazo contra el siguiente. Si ese último hubiera sido el de verdad, habría tenido problemas, pero ninguno de los dos lo eran, y mientras se desvanecían en la niebla que los formaba, el real se abalanzó hacia el a la vez que este le lanzaba un tajo.

Uno por uno, pensó el espadachín, cuando noto las garras hundirse en su estómago a la vez que su espada probaba sangre. Pero para su desgracia, también noto como la katana no se hundía tan al fondo como había esperado. Por supuesto que también tenía la piel más dura, si sus garras estaban reforzadas. Ambos cayeron, con la bestia encima, y el espadachín intentó quitarse a la bestia con su brazo izquierdo. Estaban demasiado juntos para desenfundar su wakizashi de fyerristalum, que seguro que la cortaría, no, en su lugar movió la mano por el peludo pecho de la bestia hacia donde su katana se había hundido y vertió su esencia. La katana se ennegreció, provocando un gruñido de dolor a medida que esa cosa lo arañaba, pero vertió más y más. Finalmente, la energía reboso, y la espada aprecio crecer, con un filo negro separando esa bestia en dos partes, que parecían estar pudriéndose por momentos. Mientras intentaba levantarse, malherido pero casi riendo a carcajadas por su victoria, pudo oírlo, el sonido que le helo la sangre. Más gruñidos…más bestias.

Sí que eran más de una al final…

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Mensaje por Katarina el Vie Ene 04, 2019 1:23 pm

Esa cosa estaba definitivamente muerta, así que lo que veía no eran visiones, no enteramente al menos. Una decena de figuras, iguales a la que yacía en el suelo pudriéndose rápidamente. Con suerte, solo sería una más, estaba malherido, pero podía…

No podía, se dio cuenta, cuando intento levantarse y el mundo empezó a dar vueltas. Moriría allí, en un bosque de mierda, en un país de mierda por una misión…que sinceramente había estado bien pagada. Las bestias gruñeron hacia él, babeando, preparados para abalanzarse hacia él. El espadachín podía ver sus músculos tensándose, listos para abalanzarse sobre él y destriparlo, y entonces, por algún milagro, se desviaron de su curso y se perdieron en la noche, corriendo todos a cuatro patas en exactamente la misma dirección.

Un único susurró que recorrió las hojas de los arboles fue la única respuesta a su pregunta de porque diablos habían hecho eso.


T̅ͪͩ͟h̜͊̇́͘e̊̐ͩ̅͏ ̼̠̏͆͋ͮ͑gȯ̯̳̰͕̱̘̺ͨͩ̔a̙̮̰͖̿͒ͤͪlͅ ͪ́̅ͫ̓̚ȏ̻͢f̡̣ ̪̫̘͊̓̐a̖ͧ̉͐͗ͯl̮̾ͦ̀̚l͉̫͈̻ͩͫͫͥ̓̍͆͠ ̧̜̺͍̗̱̙̅ͦ̔́l̡͍̘̱̣̔ͣ͂ͤ̄ȋ̯͈̀f͇͎ͮͭͨ̿̚e̘͕͞ ̠ͯ͟i̴̘͉͓͇̹ͮ̂ͩͩș̸̖̄ ̫̠̘ͮ̕d̪̫̯̹̤̔͛ͨ̀é͏͍̮̻̲ǎ͇ͬ͑̀ͅṯ̞̥͙̻ͬͤ̑ͣ͌͟h̞̗͖̲ͯ̌ͫͯ

Y entonces lo notó, una oleada de poder, seguida de una del más puro frio. Los árboles en la dirección en la que habían partido los monstruos se marchitaron, y las hierbas y plantas que tenía delante empezaron a morir también, en lo que suponía que era un círculo que iba expandiéndose poco a poco hacia él. Egil uso las pocas fuerzas que le quedaban para retroceder, poco a poco, tanto como pudo, no quería comprobar lo que pasaría si entraba, pero por suerte, fuese lo que fuese ese efecto, paró.

-Hum… pensaba que había uno más, pero pareces haberte encargado de el… nada mal.-

Egil no dejo que sus ojos le engañaran. Daba igual que la luz de la luna iluminara perfectamente esa figura, mostrando una bonita mujer de pelo blanco con una sencilla armadura de cuero. Todo nigromante que se preciara tenía que ser capaz de detectar un no-muerto, y esa mujer lo era. Daba igual que viera su vaho en el aire, o que sus poderes le aseguraran de que su corazón latía.

Ningún ser vivo era capaz de mover una mano esquelética, que parecía estar ganando piel y músculos a cada segundo, mientras miraba a su alrededor como si nada pasara. La aberración se acercó al monstruo, examinando las heridas. –Nigromante huh… Y hábil con la espada. Nada mal.-

-Katana.- corrigió el. Sonaba absurdo, dada la situación, especialmente teniendo en cuenta que muy posiblemente estaba muriendo. Su mano bajo hacia su herida, y se dio cuenta de que ya no sangraba. El agujero no estaba cerrado, ni siquiera tenía sangre seca, simplemente… la sangre no salía.

-Seria vergonzoso que murieras antes de que pudiera darte las gracias. Morir por los inocentes es una muy noble causa.-

-No pretendía morir, sinceramente.-


-No, supongo que casi nunca es su intención… Bien… ¿Cuáles son tus planes de futuro?- pregunto la mujer, desperezándose y tocando con la punta de su dedo el charco de sangre que había dejado en el suelo, llevándoselo a la boca.

-¿Quieres decir aparte de desangrarme hasta la muerte?-

-Sí, es decir, es un plan decente, pero…bueno, creo que podrías hacer algo mejor con tu vida… ¿no-vida? Creo que los Zhalmianos estáis familiarizados con el concepto, aparentemente para vosotros es un mero trámite.-
los ojos del espadachín se entrecerraron, sospechosos. –Si catas las suficientes personas, empiezas a notar los matices. Tenéis un regusto picante, creo que es toda esa horrible nigromancia.- explicó la mujer, con una sonrisa.

-¿Horrible? ¡Zhalmia es un imperio con siglos de experiencia en esas artes!-


-Si tan buenos son, ¿Por qué estas muriendo?-
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Mensaje por Katarina el Vie Ene 04, 2019 2:01 pm

-Bien… ¿Qué propones?-

-Bueno…teniendo en cuenta que sigues técnicamente vivo… ¿Has oído a hablar de los vampiros?-

-Preferiría no estallar en cenizas si alguna vez me da el sol, gracias.-
La mujer soltó una jovial carcajada antes de responder.

-Eso solo pasa si tu creador tiene un linaje débil… en el peor de los casos, te debilitaría, acabarías con las capacidades de un humano. ¿Puede que te moleste los ojos? Nada horrible salvo que te encuentres con un paladín.-

-Y seria… ¿Cómo tú?-

-Llamémoslo…paso uno.-
se limitó a decir con una sonrisa.

-¿Me enseñarías el resto de pasos?-

-No todos… pero supongo que podría enseñarte algunas cosas si no eres un completo fracaso como alumno, ¿Pero porque debería? Veras, el Beso Carmesí es un honor, y no veo porque debería arriesgarme con una incógnita.-
La mujer se alzó, sentándose a su lado. El espadachín vio perfectamente como el charco de sangre parecía apartarse para no mancharla. –Usualmente los candidatos hacen un juramento antes del beso, para intentar convencerme. Algunos prometen algo noble, como exterminar al mal o proteger a los inocentes, para convencerme de que no son nigromantes malvados sedientos de poder. Varia para cada uno, dependiendo de cómo de convencida crean que estoy.-

-Dijiste… que tenía potencial…-

-Dije “nada mal”, aunque vale, no es del todo erróneo. ¿Pero que es el potencial ante la eternidad? Podría entrenar una ardilla y volverla la mejor matadragones de todo Noreth, simplemente… tardaría más. Pero puedo esperar, no es como si fuera a morirme.- Se habría reído de la broma si no estuviera implicando que no lo necesitaba para nada. Pero había dicho algo interesante… esos juramentos…parecían implicar que a pesar de su naturaleza, ese monstruo no era…malvado, no de manera activa al menos, puede que fuera como un dragón tomándose una siesta en su nido, calcinando a todo aquel que se acercaba.

-Ayude a esos campesinos. Lo intente al menos.-

-Lo hiciste…-


-Juro… juro servirte mientras viva…no-viva… ¿durante mi no-vida?- le pareció ver como sus ojos chisporreaban con interés.

-¿Seguro? Es…de los más restrictivos, y estas cosas no pueden romperse.-

-¿Qué opción tengo?-


-Podrías alzarte e irte…- solo entonces se dio cuenta de que su cuerpo dolía muchísimo menos. Toco su herida y se la encontró medio cerrada. –Transferir vitalidad es nigromancia 101, especialmente rodeados de tanta muerte…-

-Pero… si me voy, entonces no me enseñarías nada…-

-No, no lo haría.-

-Entonces lo mantengo.-


-Ah, tan sediento de conocimiento y poder…pero bueno, supongo que no puede salir muy mal si tienes que seguir mis órdenes… muy bien.-
la mujer se pasó el dedo por la boca, y luego se lo puso delante. Tenía un pequeño corte en el centro. –Todos lucís tan decepcionados cuando os dais cuenta de que no es un beso de verdad…Vamos, bebe.- Y en cuando tuvo el dedo el la boca, un torrente de sangre salió de el de manera claramente antinatural. –Usualmente tengo que vaciaros, pero no es como si te quedara mucha sangre para empezar, así que voy a saltarme este paso. Álzate, consigue en la muerte aquello que fallaste durante tu vida.-
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