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El Camino Torcido II o (El Héroe Ahogado)

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Re: El Camino Torcido II o (El Héroe Ahogado)

Mensaje por Medielvoulder el Miér Dic 26, 2018 12:30 am



Sintió el sabor de la sangre en la boca. Y le gustaba. El trono de Khârn, el Traidor, se erguía sobre ríos de sangre. Pero estaba de rodillas, y eso ya no le gustaba tanto. Un Hijo de Rhaggorath no se arrodilla ante nadie. Como si se tratara de una maquinaria de guerra, sus piernas comenzaron a elevarlo lentamente hasta que se irguió cuan alto era.
¿Qué mierda está pasando? —Escuchó justo tras de él.
Delante tenía la silueta de un humano de nariz afiliada, de brazos gruesos y torneados, que con las manos sostenía una espada que le había clavado en el vientre.
¡Ya ríndete! —Le gritó la silueta delante de él—. ¡Estás herido de muerte! —Comenzó a retorcer la espada, pero las manos de Nuevededos se asieron a sus brazos como si se trataran de raíces de un árbol milenario— ¡Arrrgh!
La espada se clavó aún más, hasta que el pomo le tocó la piel. Cuando tuvo el rostro de su enemigo lo suficientemente cerca le lanzó una dentellada que le arrancó la nariz.
¡Arrrrrrrrrrgh!
Los brazos alrededor de su cuello de pronto le soltaron. Unas largas bocanadas de aire llenaron sus pulmones como si se trataran de un fuelle. Y una risotada salió disparada de su boca.
Al voltearse, el rubio pudo notar como los ojos del Berskerker echaban chispas mientras soltaba una risa ahogada.
¡Yo les voy a enseñar cómo se hiere de muerte! —Gritó mientras se quitaba la espada del vientre y la tiraba al suelo.
Nuevededos avanzó. El rubio dio un paso hacia atrás, amilanado por los gritos de su compañero. De pronto hizo el amago de correr, pero en último momento giró la cadera y levantó una rodilla hacia su perseguidor. El Berserker se escurrió por entre su atacante y lo cogió del cinturón y la camisa para luego alzarlo en vilo y tirarlo contra el mueble junto a la puerta. Los platos estallaron, el armazón de madera se volvió astillas bajo el peso del grandullón. El vidrio se desquebrajó bajo su peso.
Nuevededos recogió el mandoble. Esa si era un arma digna de él. Asió la empuñadura con ambas manos, una en cada extremo. Se sentía bien su peso, la hoja era lo suficientemente pesada y brutal. El rubio salió de entre las astillas, las heridas y los cortes del vidrio se le fueron sanando rápidamente. Quedando de pronto como si nada lo hubiera dañado. Eso le gustó bastante. Se entretendría un rato con él.
El rubio se volvió a lanzar hacia adelante, pero el espadón detuvo su avance, cayendo sobre su rodilla, doblándola en sentido contrario a su articulación, para luego barrer la otra pierna del suelo. Ya con el rubio de vuelta en el suelo, el Berserker trazó una parábola feroz con el mandoble cruzándole la cintura, partiéndole el cuerpo a la mitad. La segunda parábola le rebanó el cuello y lanzó la cabeza contra la puerta, haciéndola rebotar por la estancia y perderse por algún sitio cerca de la mesa.
¡A ver si te recuperas de esto!

Un objeto punzante se clavó en el hombro de Nuevededos, pero ya no sentía dolor. Aquello no era más que una señal. Le indicaba en qué posición se encontraba el siguiente hombre que iba a morir.
Se volteó como una centella, y el mandoble le siguió por delante. El tipo sin nariz levantó su espada para bloquearlo, en sus ojos había una furia inusitada. Un odio en contra del Berserker como solo un hijo de Rhaggorath sabe saborear. El espadón continuó su viaje, chocó contra el acero de su enemigo y lo rompió bajo la furia del golpe. Al tipo sin nariz se le dobló la mano que sostenía la empuñadura hacia atrás, haciendo que los huesos del brazo se le asomaran por la muñeca, pero no alcanzó a emitir ningún aullido de dolor, pues la hoja del mandoble se incrustó por su costado, llevándose consigo el brazo y las costillas del humano, quitándole todo el aire de los pulmones. El golpe le arrancó los pies del suelo y lo arrojó por el aire. Los vidrios estallaron. El bulto salió disparado fuera de la habitación a través del ventanal.

El Berserker rio soltando carcajadas ensordecedoras que resonaron por todo el comedor.
¿A estas pobres almas enviaron a luchar contra mí? —Pateó la cabeza del rubio y la lanzó lejos a través del ventanal roto— ¡Es un maldito insulto!
Entonces miró hacia el otro extremo de la habitación. Aún quedaban tres vivos. Al parecer uno de ellos hace algunos momentos lo había considerado aliado. Pero Medie se había quedado replegado en algún sitio, y ya solo se encontraba Nuevededos mirando a través de esas dos cuencas sin vida. ¡Y para el Berserker todos eran enemigos, o mejor dicho, cadáveres!


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Re: El Camino Torcido II o (El Héroe Ahogado)

Mensaje por Strindgaard el Miér Dic 26, 2018 12:36 am



Me había tomado un esfuerzo impresionante mantener a mis dos atacantes a raya, el cuerpo apenas y me respondía, lo único que me mantenía vivo era una fuerza visceral por resistir, algo me decía que si daba un poco más, Medie al fin vendría para ayudarme. El flacucho de las dagas se movía como un merrow bajo el agua, y el grandullón de las manoplas era incansable. Sabía que ambos jugaban, había ocupado algunos trucos de ilusionismo para escabullirme y lanzarle algunos cortes con la daga, incluso había intentado convocar algo de magia profana. Pero nada de eso sirvió de mucho. Debía aceptar el hecho de que yo no estaba hecho para las luchas cuerpo a cuerpo, y ni siquiera las peleas a distancia.
Esto era lo que me ganaba por no haber aprendido nada más que un par de trucos de los maestros que había tenido. Me debí haber instruido más al respecto, si sobrevivía lo haría, aprendería de los mejores. Dedicaría mi vida al estudio de todas las artes, tanto de lucha como de erudición. Pero aquello no eran más que deseos que ya nunca cumpliría. Era tarde, lo decían mis pulmones ardiendo en mi pecho, el corazón a punto de estallar. Mis oponentes notaron que ya estaba acabado, dieron un paso adelante. Pero entonces, comenzaron los gritos y las risas que parecían sacadas de algún rincón de Foso.

Había vaciado la mochila de Zaza antes de que entrasen los secuaces de Patris, había encontrado en ella una pequeña granada que contenía un polvo blanco. El primero en descuidarse fue el tipo de las dagas, que al oír gritar a uno de sus compañeros de una manera casi animal, miró por un instante hacia la izquierda de la habitación.
¡Puaj! —Le había dado en la frente, pero el polvo blanco le baño el rostro—. ¿Qué me has lanzado?
El de las manoplas se acercó fugaz por entre mi defensa y me clavó un puño en el hígado.
¡Uffff! —Aquello era como recibir la corneada de una cabra montesa.
El de las dagas en cualquier momento debía caer desmayado, pero en vez de eso se limpió la cara con la manga y me miró con odio.
Estúpido de mierda, ni siquiera sabes qué carga Zaza en su mochila.
La risa de Medie cortó el aire, era como escuchar una trompeta de guerra. Lo miré a la cara, se le había deformado en un gesto de burla profunda y vacía. Sus ojos estaban oscuros y su sonrisa me producía asco. Estaba por completo fuera de sí. Pensé que se volvería a transformar.

De un salto el mestizo se subió a la larga mesa y avanzó hacia nosotros con un mandoble rojo de sangre entre las manos.
¿Quién mierda te crees que eres? —Le ladró el grandullón de las manoplas.
¡Me llaman Nuevededos! —Rugió el mestizo, alzó la mano en la que le faltaba una de las falanges para dar peso a su apodo—. ¡El mismo Rhaggorath me abrió las puertas del Foso para que regara de cadáveres este insulso trozo de tierra al que llaman Noreth!
¿¡Crees que me vas a asustar?! Del Foso solo salen demonios, y tú no eres más que un sucio antropomorfo.
El grandullón no parecía atemorizado, pero el de las dagas se había mantenido a un lado relegado, al parecer él sí había notado a lo que se enfrentaban.



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Re: El Camino Torcido II o (El Héroe Ahogado)

Mensaje por Strindgaard el Miér Dic 26, 2018 12:40 am


No hubo más palabras, Medie saltó hacia un costado de la mesa y el grandullón, a pesar de su porte pasó con suma agilidad por la parábola que había preparado el mestizo con su mandoble para él, entró bajo su defensa y encestó un golpe que terminó reventando una de las patas de la mesa. No sé cómo, pero Medie había logrado escapar del puñetazo, y con el tipo tan cerca, no hizo más que bajar el brazo para enterrarle un codazo en la espalda a su enemigo. Luego se echó hacia atrás, necesitaba distancia para manejar el mandoble.
El mestizo tenía todas las de ganar, pues tenía el mandoble mientras el otro tenía los puños llenos de acero, pero el grandullón era rápido como una rata a pesar de su tamaño, y lanzaba golpes a diestro y siniestro. No estaba para nada cansado, como si luchar contra mí hubiera sido nada más que un calentamiento.
El de las dagas se preparaba para lanzar un par de tiros, pero ambos contrincantes se movían demasiado rápido como para predecir un buen lanzamiento. El grandullón barría el aire, partió una silla en pedazos y derribó varios cuadros cuando una de sus manoplas golpeó la pared. El mestizo no hacía más que escabullirse y dar saltos. Al parecer todavía no era su momento.

Aprovechando la distracción volví a la carga contra el desgarbado de las dagas, avancé con mi arma medio agachado, corriendo sobre la punta de mis pies para no producir tanto ruido. El cabrón me notó de reojo, usó una de las dagas para detenerme. Hizo un lanzamiento limpio, directo a mi cara. Pero la daga atravesó la ilusión y se clavó en el suelo.
¿Cómo? —Entonces le clavé la daga en el espacio entre la clavícula y el cuello con todas mis fuerzas. La daga quedó enterrada hasta el mango en su cuerpo—. No
Me miró con desgana, aún tenía la cara blanca. Pude notar como le faltaba el aliento, se apoyó contra la pared y se fue desvaneciendo. Lo había matado.

¡Ya te tengo! —Mientras me enfrentaba al flacucho, el grandullón había logrado quitarle de las manos el mandoble a Medie, y ahora lo había logrado cazar en un abrazo asfixiante.
Los fuertes brazos del tipo comenzaron a apretujar a Medie. Corrí hasta él, a pesar de que ambos eran grandes y fuertes, el grandullón parecía tener dos extremidades como brazo de catapulta.
Cuando estuve a algunos pasos de ellos oí el crujido.
¡Crank!
La frente de Medie se había estrellado contra la boca del grandullón. El tipo soltó un poco su abrazo, eso fue como una señal, el mestizo se comenzó a liberar, hizo más espacio y esta vez echó la cabeza hacia atrás todo lo que pudo. Fue como ver la embestida de un ariete. Me fui hacia atrás por la conmoción de ver a alguien destrozar así un cuerpo humano, entre la penumbra azulada, la sangre del rostro del grandullón era negra como la noche. Los sonidos se seguían sucediendo uno tras otro a medida que el mestizo descargaba su frente contra el rostro de su oponente. ¡Crank! ¡Crank! Para ese momento, era Medie quien sujetaba el cuerpo del grandullón. ¡Crank! ¡Crank! Era como un maldito pájaro carpintero. ¡Crank! ¡Crank! ¡Crank! ¡Crank!

Para cuando terminó, el rostro de Medie estaba tan lleno de sangre como su torso, brazos y vientre. El grandullón cayó a un costado, su rostro era una bolsa de carne sin ninguna forma, que se desparramó por el suelo.
¡Voy a tener pesadillas por mucho tiempo! —Chillé, aguantando la bilis que subía por mi cuello.
¿Qué te ha parecido? —Pensé que me hablaba a mí. Entre risas, quien de pronto se hacía llamar Nuevededos, comenzó a patear el cuerpo sin vida de lo que quedaba de su oponente—. ¡Ahora sigues tú! —Ahora sí me hablaba a mí. Retrocedí como si hubiera escuchado mi sentencia de muerte. Y era lo más parecido a haber oído eso.
¿Qué mierda te sucede? ¡Soy Strind!
Retrocedí hasta pegarme a la pared. Medie parecía entretenido, comenzó a mirar el suelo hasta que halló lo que buscaba. Asió el mandoble.


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Re: El Camino Torcido II o (El Héroe Ahogado)

Mensaje por Strindgaard el Miér Dic 26, 2018 12:43 am

A mi derecha estaba el daguero muerto. A mi izquierda el merrow que habíamos secuestrado, más allá estaba el ventanal y siete metros que me separaban del suelo. Delante tenía a Medie, con una espada que parecía sudar sangre. Tras de él se encontraba la puerta de salida.
Retrocedí otro paso, el final de mi camino, sentí la pared. Pasé a llevar algo con la bota, miré al suelo un fugaz instante. Las pociones de Zaza.
Debía buscar ese sitio tranquilo en mi cabeza, necesitaba pensar claramente y sin distracciones.
El mestizo avivó su marcha, me lancé directo al suelo, a la mochila de Zaza, la zarandeé con todas mis fuerzas y al fin cayó, se trataba de un libro no muy grueso, con tapa de cuero y algo chamuscado, y su lado, una barra de rectangular envuelta en papel metálico. Lo abrí por un extremo: polvo blanco.

Tenía prácticamente el mestizo respirando sobre mi cabeza, iba directo a mí con la punta de la hoja apuntando hacia mi pecho.
El trazo que dio el puñado de polvo que le lancé dejó una estela. El polvo le dio directo en el rostro. Algo en su semblante cambió, clavó la espada en el suelo a unos centímetros de mí. Apoyó una mano en la pared, se llevó la otra a la cabeza, como si de golpe le hubiera dado una jaqueca terrible. Lanzó un gemido y los hombros se le cayeron. Las piernas se le doblaron y se deslizó lentamente a mis pies. Comenzó a escupir sangre, tosió y cayó al suelo. Allí siguió haciendo gárgaras de sangre, las escupió poco a poco hasta que tuvo la garganta lo suficientemente vacía para seguir gimiendo.
¿Qué me has hecho? —Su voz sonaba diferente. Sin el estruendo de antes.
¿¡Qué te he hecho?! ¡Casi me matas!
No te preguntaba a ti, sino al otro sujeto. —La voz del mestizo parecía desvanecerse.
¿Medie?
Siento el cuerpo como si hubiera caído desde el tercer piso. Pero veo que sigo aquí.
Me acerqué a él con cautela, estaba tan cubierto de sangre que era imposible saber cuál era de él y cuál no.
Creo que necesitas hacer tu hechizo de curación.
No… tengo fuerzas.
Me llevé mi única mano a la cabeza. Al parecer era grave. Miré la habitación. Estaba rodeado de pociones, pero no tenía idea qué hacía cada una. Entonces lo recordé.
Junto a la mochila, tomé el libro que había caído y lo comencé a inspeccionar.
Mierda, está en blanco. —Zaza, inútil de mierda.
¿Qué?
Zaza tenía este condenado libro junto a sus pertenencias. Pensé que se trataría de algún cuaderno en donde dejaba los apuntes sobre sus pociones, pero está en blanco.
Habla, háblale. —Susurró Medie—. Pregúntale por una poción de sana-ción.
Aquello sonaba ridículo, pero no perdía nada por intentar.
Eh, libro, ¿me puedes indicar cuál de estas pociones serviría para curar heridas graves?
Nada sucedió.
Quizá solo le responde a Zaza —Atiné a decir. Si es que hablaba supuse que sólo lo haría con su dueño.
Sacúdelo un poco, acarícialo o algo.
Lo sacudí y le pasé la mano por la tapa, luego por el lomo. De pronto abrió los ojos.
¡Funciona, funciona! —Estaba maravillado—. Libro, ¿cuál de estas pociones sirve para curar heridas graves? —Lo dejé frente al compendio de frascos que se regaban por el suelo.
El lomo tenía dos ojos redondos como los de un felino, miró hacia todos lados con indiferencia, y no dijo nada.
Venga, dime, ¿¡cuál!?
Me parece que, sólo se remite a explicar cómo se hacen las pociones. —Di un respingo—. Nada más.
Me volteé incrédulo. Había una tercera voz en el comedor.



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Re: El Camino Torcido II o (El Héroe Ahogado)

Mensaje por Strindgaard el Miér Dic 26, 2018 12:57 am

IX
Las Lágrimas son Agua y van al Mar



Te noto un tanto desesperado. Quizá yo pueda ayudarte. —Era el merrow el que hablaba.
Necesito curar a mi amigo, ¿puedes hacerlo?
Sí, pero se me dificulta un poco con las manos atadas.
Lo sopesé unos cuantos segundos. ¿Cuánto llevaba despierto? ¿Sería capaz de sanarlo? ¿Y si luego me rebanaba el cuello?
Medie volvió a ahogarse en su propia sangre. Recordé un dicho bastante popular en Akhdar: Cuando te mueres de sed en el desierto, aceptas el agua provenga de quien provenga. Era un mal dicho tomando en cuenta que nos encontrábamos en una caverna gigante bajo toneladas de agua, pero se entiende la idea.
Bien, te desataré. —Desclavé del suelo el arma que me había lanzado el daguero hace instantes atrás y comencé a trabajar sobre las sogas. No me quedaba más remedio que confiar en el azul. Corté y corté, atemorizado y esperanzado por partes iguales—. ¿Y cuál es tu nombre? —Quise saber. Después de todo, los nombres tienen poder, y además nos encontrábamos en esta situación por su culpa.
Mi nombre es Moukh.
Cuando lo terminé de desatar se sobó un momento la muñeca y me observó entre la penumbra.
Gracias.
Serpenteó por el suelo con su larga cola y se acercó hasta Medie. Puso una de sus manos en su cabeza y la otra en el pecho. Con las garras que poseía bien hubiera podido abrirle el cuello en un pestañeo.
¡Por el Aliento de Dios! —Me sobresaltó.
¿Qué? ¿Ha…?
Está a punto. —Lo miré azorado, sus manos comenzaron a brillar con un verdor verde—. Espero poder hacer algo.
Los minutos se sucedieron con una lentitud apabullante. No había mucho que yo pudiera hacer más que mirar y decirme una y otra vez que si no le hubiera tirado en la cara ese polvo blanco ahora él estaría vivo, pero yo estaría muerto.

Moukh movía las manos de un sitio a otro mientras su rostro pasaba a ser una máscara de concentración. Medie respiraba, era algo nimio, pero de repente su pecho se inflaba unos centímetros y luego expulsaba el aire. De pronto lo recordé.
Debía encontrar a Flint, Marget y a Maran antes de que el aire se terminase. Y peor aún, debía llevar a Moukh hasta la taberna para poder regresar a la superficie.
Miré al merrow, sus dos manos se encontraban en una parte del vientre del mestizo tratando de cerrarle un tajo. De pronto que viviera o no ya no parecía muy relevante si el aire de Eblumia se acababa.
Está listo. —El merrow enroscó su cola, se posó sobre ella y descansó. —Ahora es necesario que descanse.
Gracias —dije—, le salvaste la vida.
Ustedes hicieron lo mismo por mí. —Miró alrededor—. Cuando vi esa capucha negra, supe que se trataba de Zaza, estaba ahí, entró a mi cuarto y todo había terminado. Después abrí los ojos y me encontraba en ese sitio, y ustedes luchaban contra sus hombres. No entiendo muy bien la situación, la verdad es que quizá también sean hombres de Patris peleando por un poco de dinero —se encogió de hombros—, pero después de haber hecho tanto daño, era el momento de hacer lo correcto. —Lanzó una mirada a Medievoulver.
El mestizo ahora respiraba de manera normal, ahora tan solo parecía dormido.



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Re: El Camino Torcido II o (El Héroe Ahogado)

Mensaje por Strindgaard el Miér Dic 26, 2018 1:02 am

¿De dónde conoces a Patris? —Pregunté. Si debíamos esperar a que Medie descansara antes de volver a huir lo mejor sería conocer todo lo que pudiera a nuestro secuestrado.
Le ayudaba con el contrabando. Yo y mi hermano. —Moukh no parecía muy contento con ello, en su rostro podía notar que se estaba quitando un peso de encima—. Él se encargaba de mover cosas en el Pabellón de Marfil, y yo por mi parte en el Distrito de la Orquídea. Obtuvimos una buena ganancia de todo ello. Pero estaba mal, ya sabes, después de un tiempo me costaba ver a mis compañeros a la cara. Era una sensación horrible… Hace unas semanas decidimos dejarlo, pero Patris no lo llevó de la mejor manera, y terminó secuestrando a mi hermano.
¿Cuándo?
El cuerpo de Moukh se encontraba tenso, me lanzó una mirada furtiva.
¿Trabajas para Patris?
No. —dije al principio, pero ya que nos estábamos sincerando—… Bueno. Eblumia fue cerrada, y quienes quedaron atrapados aquí abajo fueron sentenciados. Mis dos hermanas se encuentran aquí. Tuve que bajar. No podía dejarlas morir.
¿Te ofreció un intercambio?
Baje la cabeza y traté de parecer apenado.
.
El merrow se quedó pensativo. Medie seguía durmiendo.
Te entiendo. Yo hubiera hecho lo mismo.
Miré a Moukh. Había un rastro de sinceridad en su voz.

De pronto la puerta estalló, varias figuras comenzaron a llenar la estancia. Me dio un vuelco el corazón. Los hombres de Patris… Grandes farolas, o mejor dicho, peceras, llenas de diminutos peces de colores, iluminaron el comedor.
No sabía si llorar o reír por mi suerte. Eran guardias y más guardias.
¡Todos al suelo!
¡Qué nadie se mueva!
Moukh levantó las manos.
¡Oficiales! ¡Todo está en orden! ¡Ya pasó el peligro!
Los azules se colaron por la puerta como un cardumen, comenzaron a revisar los cuerpos, llegaron hasta mí. Me lanzaron contra el suelo y me amarraron con cadenas de coral.
¿Qué sucedió aquí?
Los humanos muertos intentaron secuestrarme. Pertenecen a la misma organización que se llevó a Tíber. Lo hubieran logrado de no ser por estos dos.
Podía oír como las colas de los azules serpenteaban por todos lados. El que me había puesto las cadenas me alzó en vilo y me echó una ojeada.
¿Y por qué harían eso? —Preguntó el guardia que me sostenía.
Porque era lo correcto.
Así que hemos pescado a un par de héroes.
Llevadlos a una celda, ya tendrán su recompensa.
¿Pero…? —Moukh trató de hacer entrar en razón al que parecía llevar la voz cantante entre los guardias— ¡Me han salvado!
Éste le miró, negó con la cabeza.
Humanos destruyendo nuestra ciudad, matándose entre ellos, secuestrando a nuestra gente. Ya es momento que les demos una lección. Eblumia ha sido muy paciente con ellos, demasiado permisiva. Ya es momento de imponer algo de orden y respeto.
Ellos saben dónde se encuentra el hechicero secuestrado.
De pronto todos los merrow me observaron.
Sé dónde podría estar.
Necesito más que eso, pálido.
Dijiste que habías bajado después que tus hermanas quedaran aquí atrapadas. Entonces debes conocer el portal que usaron los secuestradores.
Así es.
Excelente. —El capitán de los guardias sonrió—. Preparad una avanzada, iremos a dar una vuelta a la superficie.



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Re: El Camino Torcido II o (El Héroe Ahogado)

Mensaje por Strindgaard el Miér Dic 26, 2018 1:08 am

Hubo una cacería en la superficie, o eso escuché. Las celdas de Eblumia son además de húmedas bastante sonoras, el eco viaja lejos. No me podía quejar a decir verdad, me alimentaban una vez al día con mariscos, pescado y agua, lo cual era ya mucho mejor que vivir en las calles del puerto en donde todo comenzó. El único problema era la falta de libertad, y la oscuridad total.
Creo que podría romper estos barrotes si me lo propusiera, pero nos dimos tantas vueltas bajando por las escaleras que terminé perdiéndome. No sé si podría encontrar la salida con este eco, y con tanto olor a agua salada y pescado podrido, no tengo ninguna referencia.
No sé por qué te impacienta tanto la morir. Aunque lográsemos salir de las celdas, estamos debajo de la guardia de la ciudad —le comenté al mestizo con voz pausada—. Sería un suicidio poner un pie allí arriba.
Es increíble lo relajado que te encuentras. Cualquiera pensaría que no te interesa en lo absoluto tu vida.
Todo lo contrario, me relajo para pensar mejor en una manera de no morir.
El mestizo se quedó callado un momento.
¿Y? —Preguntó finalmente—. ¿Qué se te ha ocurrido?
Absolutamente nada.

Una luz lejana se divisó en nuestra periferia. Las escaleras se pudieron ver claramente a unos veinte metros al noroeste. Medie pegó un salto y se movió lentamente hasta los barrotes
Aquello no es normal. —Susurró.
Era cierto, los guardias no solían cargar con linternas, aunque la figura era a todas luces un merrow, ya que se deslizaba por el metro de agua en el que nos encontrábamos con total soltura.
Para cuando estuvo a unos pocos metros logré saber de quién se trataba.
¡Moukh! —Nunca había estado tan contento de ver a un azul en mi vida—. ¡Has venido a rescatarnos!
El merrow puso una cara de disculpa que me rompió el corazón y lo dejó en algún sitio bajo el agua, cerca de mis pies.
Les he traído noticias. —De nuevo se avivó el fuego de las esperanzas—. Han encontrado a mi hermano, esta tarde han regresado con él desde la superficie.
Oh, no sabes cuánto me alegra oír eso —Mentí.
Después de constatar que los extranjeros de Eblumia no tenían la culpa de lo sucedido, el cese a la oxigenación del aire se levantó y los portales a la superficie se volvieron a abrir. —Me miró con una gran sonrisa—. Tus hermanas están a salvo.
Sonreí, esta vez fue sincero.
Te lo agradezco, Moukh.
El merrow se acercó hasta los barrotes de la celda y nos observó con tristeza.
Lamentablemente no pude hacer nada por ablandar a los regentes de Eblumia, quieren ejecutar a alguien aquí abajo, pues, sabían que Patris tenía gente trabajando aquí entre nosotros.
Entonces… ¿Te entregarás para liberarnos? —El merrow sonrió, era una sonrisa que respondía de manera absoluta a mi pregunta. La llama de mi esperanza se apagó con el agua fría y lóbrega de las celdas.
No he podido hacer nada por evitar la ejecución —hizo una pausa—, así que, les he traído algo que les ayudará a sortear la muerte.
¿Qué?
De entre sus ropas sacó dos piezas de orfebrería merrow. Se trataba de un par de medallones del tamaño de su palma. La cadena eran cuentas de piedra lisa y gris con forma de peces que se iban comiendo la cola unos con otros, la piedra que colgaba era parecida al lapislázuli pero de color más lechoso y semitransparente.
Los merrow ejecutan a los delincuentes de la superficie de una manera bastante particular. Los lanzan fuera de la barrera de protección, al mar. A unos cincuenta metros bajo el agua, la presión es tal que les expulsará el aire de los pulmones como si una tonina les pasara por encima, sin mencionar que es lo bastante profundo como para evitar que lleguen a la superficie buceando. Es una pena bastante ejemplificadora, por no decir cruel. —Nos entregó los medallones—. Úsenlos. Esta noche les tocará bucear.
¿Y de qué manera nos ayudará esto?
Olread es un hechicero bastante poderoso, nos ha ayudado a crear piezas de renombre, ésta incluida
¿Olread? —Interrumpí al merrow. Aquel nombre me sonaba—. Conocí a un hombre llamado así en Albión.
Moukh pareció impresionado.
¿Estuviste en Albión?



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Re: El Camino Torcido II o (El Héroe Ahogado)

Mensaje por Strindgaard el Miér Dic 26, 2018 1:10 am

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El Héroe Ahogado



La muchedumbre parecía una manta de retazos de diferentes gradientes del azul. Merrow color celeste, cobalto, color egeo o zafiro. Incluso había algunos verdes y esmeraldas, así como antropomorfos con formas de pulpos, tiburones y moluscos. Todos observándome en total silencio. Era el preludio de la tumba. También me pareció ver entre ellos uno que otro humano, orco o enano, viajeros o aventureros, supuse. Es imposible mantenerse alejado de esta clase de espectáculos. Todos adoran ver la sangre y la muerte desde una distancia segura.
A quien de seguro no encontraría por mucho que mirase era a Flint y las muchachas, quienes esperaba hubieran podido regresar a salvo a la superficie.
Eran aproximadamente cien almas congregadas en el borde de la ciudad, allí donde el muro de agua se yergue como un titán que por arte de la magia de los azules se mantenía siempre recto, evitando inundad la cueva maldita que era Eblumia.

Un merrow de grandes crestas color magenta, ataviado con una armadura con la textura de la piedra, se acercó hasta el podio en donde nos encontrábamos Medie y yo. Se pavoneó delante de nosotros, nos observó cómo se mira un caballo a punto de comprar, nos inspeccionó, soltó algunas palabras que no entendí y le lanzó algunos comentarios a nuestro carcelero, quien rio por obligación y tiró de las cadenas para sacudirnos un poco. Nos mantenía bien sujetos de las muñecas con una especie de cadena de corales que se hacía un festín con mi piel cada vez que movía las manos. El soldado, luego de hablar con el carcelero y los dos guardias que nos sitiaban a los costados, se posó delante del podio y comenzó con un discurso que fue seguido por los espectadores. A medida que hablaba hizo subir a otros tres azules de crestas de igual envergadura y colores entre amarillos y violetas, todos vestidos con túnicas y cargados con joyas de jade.

Mientras el azul hablaba, imaginé a Mister Binder, observándome con sus ojos lechosos desde la multitud. De seguro me hubiera dicho que a pesar de haber sido derrotado, debía mantener la cabeza bien erguida.
Lamentaba el hecho de que quizá no lo volvería a ver nunca más en mi vida. Así como a Marget y Maran, y en menor medida a Flint, que me tendió la mano cuando más lo necesité. Estaba destinado a perder a quienes me ayudaban y atraer a quienes me destruían.
«Así funciona esto —pensé con amargura—. Mis caminos nunca serán rectos mientras viva a la merced de dos Dioses. ¿Qué quieres de mí, Lluuhgua? ¿Qué quieres de mí, Yigionath?»

Nuestro carcelero nos soltó las cadenas. Las lanzas de cada guardia se posaron en la espalda del mestizo y la mía. Nos empujaron al borde. La muchedumbre seguía en silencio. Nadie soltaría una lágrima por los dos secuestradores, ni elevaría una plegaria a los dos marginados, mucho menos daría las gracias por haber sido salvado, a estos dos héroes ahogados.
Nos acercaron al borde del muro de agua, los azules que vestían túnicas hablaron en un idioma subacuático y algo en el semblante del mar cambió. Fuimos empujados. Traspasé el muro de agua.

Lo siguiente que sentí fue cómo el peso del mar me pisaba el pecho como un golpe de ariete. La desesperación me metió un puñetazo y por largos segundos todo fue burbujas, dolor y caos. Entonces recordé las palabras de Moukh, las que estuvieron en todo momento mientras esperaba a que llegase el momento indicado en mi mente, pero que habían sido replegadas por el pavor de verme sumergido.
«¡Me ahogo!» —Grité con una voz inteligible bajo el agua, una pequeña broma de Olread al forjar los medallones.


Última edición por Strindgaard el Jue Dic 27, 2018 5:02 am, editado 1 vez



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Re: El Camino Torcido II o (El Héroe Ahogado)

Mensaje por Strindgaard el Miér Dic 26, 2018 1:12 am

El lapislázuli en el centro de la cadena comenzó a brillar y poco a poco el dolor fue remitiendo. Mi cuerpo comenzó a sufrir los primeros cambios, la piel, la consistencia y mi solitaria mano izquierda adquirió las membranas para poder moverse bajo el agua.
Cuando el aire parecía ser la única manera de llenar mis pulmones, de mi cuello surgieron tres franjas en cada costado que se abrieron y cerraron, una y otra y otra vez, de manera inconsciente, filtrando el agua y tomando el oxígeno de ella. Volvía a respirar.

Medie me agarró del borde de la capa y comenzó a patalear con todas sus fuerzas para sacarme de la trayectoria de las lanzas, que pasaron como torpedos por mi costado.
¡Muévete! —Los dos guardias se nos acercaban de manera vertiginosa.
Comencé a bucear, a moverme como un pez, pero sin llegar muy lejos gracias a mi única extremidad. A decir verdad, Medie hacía la mayor parte del trabajo.

Era seguro que los guardias de Eblumia nos perseguirían luego de notar que habíamos hecho trampa en nuestra ejecución, es por eso que Moukh nos dejó en las cercanías un navío para poner toda la distancia posible entre ellos y nosotros.
¡Ahí! —Justo entre las rocas marcadas había una especie de barcaza volteada de la cual colgaban cuatro barriles por sus costados.
Al llegar a ella nos sujetamos del borde y nos metimos dentro en el hueco que había en su interior.
Ten. —Medie me entregó una de las sogas con forma de red que se anclaban al cuerpo del maderamen, debía pasarla alrededor del pecho tal y como el azul nos había dicho cuando nos visitó en la celda. La idea era quedar amarrado a la barcaza.
¿Estás listo? —Preguntó el mestizo, asió una pequeña palanca a un costado.
¡Hazlo, hazlo! —Grité, los guardias debían estar ya tan cerca que les podía oler el aliento a almejas.

Medievoulder accionó la palanca, acto seguido una explosión sobre nuestras cabezas me dio a entender que los barriles habían sido accionados. Desde su interior de pronto se abrieron enormes globos que se llenaron de aire, tirando con todas sus fuerzas hacia la superficie del mar.
Comenzamos a subir a una velocidad tan rápida que el fondo del mar y los merrow se perdieron en la oscuridad del mar en pocos segundos. La fuerza del agua nos tiraba con todas sus fuerzas, las sogas hicieron su trabajo y yo luchaba por no desmayarme. Fue un trayecto sacudido y desenfrenado.
Al fin llegamos a la superficie.



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Re: El Camino Torcido II o (El Héroe Ahogado)

Mensaje por Strindgaard el Miér Dic 26, 2018 1:25 am

Epílogo
Una Bocanada de Aire antes de volver a Sumergirse


La extraña barcaza zozobró en el mar, los grandes globos al alcanzar la superficie se fueron desinflando poco a poco hasta quedar flotando a nuestro alrededor como medusas muertas.
¿Te encuentras bien? —El mestizo fue el primero en recuperar el aliento.
Me revisé en busca de alguna herida u otro miembro perdido, pero estaba entero, descontando mi brazo derecho.
Mierda. Perdí la bolsa con el dinero. —Me lamenté. Además de eso, no extrañaba nada más. Me sentí afortunado después de todo lo vivido.
El mestizo se desenredó de las sogas que lo sostenían al maderamen, se movió como un tiburón y asomó la cabeza a la superficie para ubicar en dónde habíamos aparecido.
La costa está a unos doscientos metros. —Dijo apremiante al regresar bajo el agua.
Me comencé a quitar las sogas, Medie parecía impaciente. Junté los últimos retazos de valor que me quedaban.
No iré contigo. —Ahora que sabía cómo encontrar a Olread, solo necesitaba seguir su rastro para hallar al Mary Read, a Alócer y finalmente la calavera de mi madre.
Pero, ¿y la troupe? —Medie me observó interrogante, con el rostro cruzado por la incertidumbre, luego, pude notar como la ira iba subiendo por su cuello y se plantaba en la comisura de sus labios, le dibujaba arrugas en la cara y le marcaba los ojos—. Dijiste que me ayudarías a encontrar a mi padre.
Di un suspiro. Encontrar a otro demonio era equivalente a encontrar un hombre santo en Ahkdar. Hallar a Amón me distraería totalmente de la búsqueda del Mary Read y mis ansias por aprender con Decken.
Oye, hay un problema conmigo —dije tratando de explicarme—, no importa hacia dónde vaya, siempre termino envuelto en grescas, muertes y ejecuciones. Lo viste con tus propios ojos. Es necesario que enmiende mi camino.
Entonces te vas a encontrar a ese merrow
Estoy maldito hasta hallar las respuestas que necesito.

Medie se acercó, aquello no se veía para nada bien. Me cogió de la capa y tiró hasta dejar su rostro frente al mío.
Te mantuve vivo —rugió—, sólo porque esperaba que pudieras ayudarme. Dime, ¿de qué me vales ahora?
Mi oferta sigue en pie. —Dije con una falsa calma—. Te ayudaré a encontrar a tu padre. Pero aún no.
El mestizo rio con sorna y malicia. Su garra libre me asió del cuello y comenzó a apretar.
¿Crees que una promesa vacía te mantendrá con vida?
Su puño se cerraba con fuerza, demoledor y preciso.
Cuando te mueres de seden el desierto, aceptas el aguaprovengade quienprovenga.
Espantosos segundos se siguieron, uno tras otro, hasta que el puño aflojó. Quedé libre, pero dolorosamente magullado.
Tengo tu sangre en mis puños, demonio. —Me dijo con la suave voz de la destrucción—. Cuando nos veamos de nuevo, me llevarás hasta Amón, no importa cuánto tiempo te lleve. Porque si me vuelves a engañar, voy a tener que poner tus ojos negros en mi bolsa y vas a tener que deambular por ahí como un animal tuerto.
Luego de decir esto se alejó nadando. Se fue hasta la costa, de seguro regresó a su hábitat: la jungla, o quizá más lejos, de vuelta al centro del continente.
Yo me quedé ahí, a la espera que sucediera algo. Porque no importa cuánto lo evite, siempre me sucede algo.

FIN



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