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Mensaje por Bennett el Dom Dic 23, 2018 3:17 am

La lluvia cae, ignorante de la vida que da. Limpia el mundo, ya sea en calor o frío, la luz del sol o la luz de la luna, la lluvia cae de todas maneras, humilde a su función. En esta noche estrellada, es la percusión del canto de aves y marcaba el ritmo al que danzaban las luciérnagas, las mismas bailaban tan inocentes como la lluvia de que una suave niebla las seguía. Las luciérnagas continuaron danzando juntas colina arriba, hasta rodear los alrededores de una casa de apariencia vieja en el lugar.

La casa no era ninguna particular, era solo eso: una casa vieja. Adentro, sin embargo, habían unas pocas cosas de interés. Ropa doblada en una esquina, una escoba, junto a una serie de ramas que imitaban una escobilla en otra, y variedad de plantas en vasijas con un agua muy pura. Las plantas serían las más felices del mundo con un agua tan limpia... de no ser porque muchas de ellas tenían mordisquitos en sus hojas.

Al final de la casa se encontraba una puerta medianamente abierta, que daba paso a una habitación. La habitación tenía un pequeño cofre con una serie de recuerdos que traían el mar a la mente y nauseas al estómago. En la misma habitación, había una cama tan vieja como la propia casa, y en la esquina de la cama que daba con una esquina del cuarto varias mantas imitaban un lecho para la durmiente Niris, que parecía hecha bolita entre las mantas.

La coneja respiraba suavemente mientras descansaba en su lecho. Pronto empezó a deslizarse lentamente fuera de sus mantas y su mente abandonó su cuerpo, dejándose llevar por una estrella que cambiaba de color junto a su vestido, de azul obscuro a amarillo y de amarillo a naranja brillante. Niris atravesó a través de una serie de nubes, emergiendo en un vibrante cielo azul acompañado por un brillante y cálido sol.

Qu... ¡hermoso! —exclamó a la impresionante vista, sujetada a la estrella que le hacía de transporte. No era su primera vez volando, aunque si la primera vez en una estrella. Había agarrado un gusto por las alturas, aunque muchas veces estaba insegura si los latidos de su pecho eran emoción o miedo. Tal vez ambas.

Cerró los ojos, asegurándose de sentir la brisa en sus orejas y cuerpo, disfrutando de un dulce aroma que tal vez no debería conseguir a esas alturas, pero no lo pensó demasiado en el momento, tan solo aprovechándolo lo mejor que podía. Cuando la estrella comenzó a descender atravesando por nubes de nuevo, abrió los ojos y pudo verse sobrevolando un bosque, uno que le transmitía una sensación de familiaridad, pero no logró discernir exactamente por qué.

La estrella descendió aún más, esta vez con mayor velocidad y en una completa línea diagonal hacia el suelo. Cada segundo que pasaba los árboles se hacían más y más grandes a más se acercaba la estrella, lo que desfumaba la duda entre emoción y miedo, dejando tan solo la última. Niris se sostuvo fuerte de la estrella, viendo venir algo tan inevitable como sus lágrimas: el impacto.

Su vestido y la estrella se volvieron amarillos; segundos antes del impacto la coneja pudo ver las entradas de un santuario, uno entre todos los árboles. La caída ocurrió, y junto a su explosión, la coneja despertó con un grito casi ahogado, sudando frío y con el pulso acelerado.

Fue solo un sueño... un sueño muy loco —dijo para sí misma, antes de notar unas pocas lágrimas acumuladas en sus ojos y pestañear, entonces agitó la cabeza para sacarse todas las imágenes e ideas del sueño de la cabeza, ya que nunca estuvo en peligro real.

La lluvia se había hecho con la noche, era más fuerte que nunca y el ruido de las gotas resonando en las paredes y techo de la casa llegaban a las grandes orejas de Niris. Se levantó un momento de la cama y se tiró al suelo, entonces empezó a buscar abajo la misma en toda esa oscuridad. Encontró un frasco vacío y lo saco de abajo de la cama, se quedo mirando el frasco vacío detenidamente y lo apretó fuerte en una mano; un viejo regalo de una amiga, tal vez una madre. Con recuerdos de apretones de manos, su respiración se normalizó completamente, llegando a sonreír. Al menos hasta que también tuvo recuerdos de como recibió cachetes y agarradas de nalga directas. Se sonrojó un poco, agitando la cabeza de nuevo para evitar pensar en algo así en ese momento.

La suave niebla se hizo dentro de la misma habitación, pero la cansada Niris solo bostezó, acomodando su lecho de mantas y volviéndose a meter en el como si fuese una bolita. Al menos ahora también estaba usando la cama, pero igual le gustaba meterse en lugares pequeños para sentirse segura. Con su frasco en mano, cerró los ojos y continuó durmiendo pacíficamente.

El siguiente día arribó, el sol levantándose por encima de los árboles del bosque. Esta mañana no era gris, sino ámbar y lavanda. Ambos colores se fundieron en rosa y melocotón, penetrando el verde del bosque y la cortina de Niris, añadiéndole un brillo naranja a la luz del sol. Un amanecer perfecto, un indicio de un buen día.

¡Haaaa! —gritó Niris al despertarse, y que lo tercero que viese nada más despertar fuese un pequeño fantasma al lado de su cama, observándola. Rápidamente tiro una manta sobre el fantasma y salió corriendo del cuarto.

El fantasma intentó mover sus curiosas manos, que parecían cubiertas por guantecitos en los que todos los dedos menos el pulgar estaban unidos. Antes de poder decir algo, la manta estaba sobre él, la misma lo atravesó y simplemente cayó al suelo, pero para entonces Niris ya había escapado veloz de la habitación.

El pequeño fantasma ni siquiera era desagradable a la vista, comparado a muchos otros espíritus. Alcanzaría a lo mucho los 0.80m de largo, desde la punta de su "cola", que parecía una barquilla, hasta su cabeza, la cual era redonda y con dos espacios vacíos que parecían representar sus ojos. Era falto de una boca y tenía un sombrerito en la cabeza, igual de fantasmal que él. El pequeño fantasma se llevo frustrado las manos a la "cara" y suspiró, antes de volar atrás de Niris, atravesando las paredes para acortar su caminó.

¡P-por favor, espera! —suplicó saliendo de una pared a la sala principal de la casa, estaba vacía además de por una caja boca abajo y una pequeña mesa de madera. Giró un par de veces, mirando a los lados y hacia la puerta de la casa, que se encontraba cerrada—. Oh, no... volví a meter la cola, ¡eres un tonto, E, un tonto!

El fantasma se agitó frustrado en el aire, intentando golpearse a si mismo para reprimirse, un castigo auto-impuesto. En el primer intentó su brazo pasó más allá de su cuerpo, atravesándose a sí mismo, y el pequeño se dobló hacía atrás, como sí no soportase su propia falta de inteligencia.
Un par de orejas azules y conejiles, aunque caídas, se asomaron por detrás de la caja, y junto a ellas Niris sacó su cabeza lentamente, con un ojo cerrado al no saber si quería ver realmente al fantasma y las piernas temblando, pero con suficiente firmeza como para pegar una carrera todavía más veloz de tener que hacerlo.

El pequeño fantasma sufrió un cambió en su cuerpo, su apariencia translúcida obtuvo más consistencia, pasando de verse como niebla con cierta forma a algo más sólido, como si ahora tuviese relleno. Descendió lentamente hasta sentarse en la mesa, y se llevo las manos a la cara. Su postura le recordó vagamente a la coneja la que muchos humanos tomaban cuando parecía irles mal.

Sus rojizos y brillantes ojos destilaban tanta curiosidad como miedo, hasta que analizando la forma poco amenazante, el menor tamaño y la sensación triste del fantasma, la curiosidad fue mayor. Su rabito empezó a bajar y sus agachadas orejas a alzarse. El pequeño fantasma murmuraba una serie de cosas que separadas que alimentaban su curiosidad al no tener ningún sentido para ella, "perdido," "recuerdos," "pieza," y "santuario."

Niris empezó a levantarse y se preparó para saludar al fantasma, hesitándose un poco cada vez que iba a abrir la boca para hacerlo.
Hola —dijo, con su voz traicionando un poco sus expectativas de decirlo con confianza como lo haría Janna, saliendo más bien como un susurro.

El pequeño fantasma se alarmó, pegando un "salto" de la mesa hacia adelante, algo que asustó a la coneja que se volvió a agachar rápidamente tras la caja. El fantasmita se dio vuelta, encontrando sus ojos con los de Niris.
¡Aaah! ¡aaah! ¡ah! ahhh... —dijo aceleradamente el pequeño, aunque no tenía boca visible, al hablar un pequeño espacio se abría en su cuerpo para imitar una. Movió sus manos de allí a allá, reorganizando sus pensamientos. Entonces se puso firme, inflando su pecho y sacándolo adelante, antes de llevarse una mano al frente e imitar el sonido de la tos—. Es un gusto, señorita conejo —estiró su mano adelante mientras se desinflaba, solicitando un apretón de manos.

Ni por chiste.
U-uhm... —recogió su mano, viendo como Niris no pensaba moverse de atrás de la caja y solo seguía observándolo fijamente con esos grandes ojos rojos—. Soy... soy-¿qué estoy pensando? ¡ah! ¡mis modales! —dijo dándose una serie de golpecitos en la cara de nuevo, hasta recordar que seguía frente a Niris, la miró de nuevo e intento empezar de nuevo. Se volvió a inflar, sacando el pecho—. Disculpa por lo de antes... no quería asustarte, de verdad. Lo siento.
Niris asomó un poco más la cabeza, pero todavía no abandonaba la caja.
Soy... soy E —pausó un momento, esperando respuesta de Niris y a la vez, que no le respondiera—, solo E, sí... E, solo eso. ¿Tú... cómo te llamas?
La coneja sacó un brazo, mostrando su brazalete de acero. El fantasma entrecerró los ojos, al no poder si quiera notar que tenía una leyenda por la distancia que los separaba.
Lindo brazalete... —comentó sin más, pensando que solo le estaba mostrando su brazalete.
Niris pestañeo un par de veces antes de recoger su brazo y ver su brazalete, decidiéndose a hablar de nuevo.
Soy Niris.
¡O-oh! ¡Niris! ¡lindo nombre! —dijo con ganas de acercarse un poco, pero evitó hacerlo para no incomodarla—. ¡Yo soy E! —respondió orgulloso con una mano sobre el pecho—. Errr...ya te lo había dicho...
E... —bajo la mirada, antes de volver a verlo—. ¿Eres un fantasma? ¿por qué tienes un nombre tan corto?
Sí-sí, soy un fantasma. Ehm, err... no lo sé... lo olvide.

Niris ladeó la cabeza, finalmente saliendo detrás de la caja. Varias de sus experiencias le habían mostrado que cuando algo pretendía hacerle daño solía ir directo al grano, y por alguna razón, cuando eran cosas raras que no había visto y hablaban, resultaban ser agradables. Aún así, se acercó cuidadosa al pequeño fantasma, esperando que hiciera algo en su contra. Una vez frente a él empezó a olfatearlo, a lo que obtuvo... nada. No tenía ningún aroma, dio un par de cautelosos pasos atrás al no saber que hacer contra algo sin olor. El fantasma parecía confuso, a lo que empezó a levantar sus pequeñas manos, viendo abajo de ellas como si allí tuviera axilas.
¿S-sucede algo? ¿huelo mal? mis disculpas, ehm... ehm... oh, ¡oh! ¡ya sé! —dijo quitándose el sombrero y ofreciéndoselo a Niris—, ten esto, es mi única pertenencia, como disculpas por mi mal olor.
Niris negó energéticamente con la cabeza, a lo que el fantasma se confundió todavía más al no saber que le negaba.
¿N-no quieres mi sombrero? vaya... no tengo otra cosa que darte...
La impresión triste que le dio el fantasma hizo a Niris negar todavía más con la cabeza.
¡Hum! —dijo, para luego darse vuelta y buscar entre las plantas que tenía en el lugar. Dio con una de pétalos rosas, arrancó uno de ellos y volvió con el fantasma, ofreciéndoselo.
Oh... ¿y esto? —preguntó dejando su sombrero en la mesa para tomar el pétalo, lo levantó y empezó a volar alrededor de la casa, buscando una ventana con luz para poder observar mejor la hoja, como si eso fuese a permitirle comprender algo.

Niris miró al fantasma volando los alrededores con el pétalo en manos, todavía tenía algo de miedo, pero estaba curiosa por el espíritu y algo le decía que los fantasmas no tenían apetito por las conejas. Desvió su mirada al pequeño sombrero y mientras E observaba la hoja, se le ocurrió intentar tocar el sombrerito con el dedo, una vez, y luego dos, luego tres veces. Era una sensación rara, parecía una especie de suave goma. A este punto, ya estaba preguntándose si así se sentían todos los fantasmas al tocarlos.

E se dio cuenta de como Niris tocaba y jugaba con el sombrero, curiosa de su textura y origen.
Puedes ponértelo, si quieres.
Niris dio un pequeño saltó al oír su voz y ver que la había atrapado tocando su sombrero, pero como tenía permiso, no dudo en intentar ponérselo. Algo incomodo, sin duda, era un sombrero algo grande y sus orejas no le permitían ponérselo del todo.
Oh, vaya —dijo E acercándose—, no te muevas —Niris permaneció quieta, mirando atenta al fantasma, que tomó el sombrero de su cabeza y empezó a moldearlo en una especie de pelota. Entonces le dio un golpecito, haciendo que la pelota adquiriese forma de sombrero otra vez, esta vez tan pequeño que cabía entre ambas orejas—. ¡Vualá!

Niris no resistió aplaudir al pequeño fantasma por su trabajo, tomó el sombrero de entre sus orejas y lo miro, pequeño y cómodo. Ahora estaba más curiosa del espíritu.
¿Cómo hiciste eso?
¡Ah! err... bueno, no lo sé, solo sé que se hacerlo. Puedo cambiar mi forma también.
¿Cambiar tu forma? —dio unos pasos rodeándolo, para fijarse bien en como era el fantasma.
Sí. ¡Observa! —dijo extendiendo sus brazos, intentando hacerse ver más mítico de lo que era. Niris solo pensó que se veía lindo, pero por no cortarle el momento no dijo nada.

E se encogió en una bola muy similar a la del sombrero, entonces la bola empezó a sufrir protuberancias y a adquirir forma. Para cuando termino, parecía un conejo. Niris sonrió encantada y no resistió agarrarlo y darle mimos, si a ella le gustaban los mismos, a un conejo fantasma debían gustarle los mismos, era lógica. La reacción de E parecía darle la razón, pues estaba disfrutando de las palmadas y sentir la mano de Niris recorrer su extraño, esponjoso cuerpo.
Suave, pero raro —comentó mientras lo acariciaba—, ¿qué más puedes hacer? ¿qué más, qué más? —preguntó, viendo ya el asunto como un juego.

E agitó su ahora conejil cabeza para detener los cariños que no paraban y flotó de la mano de Niris, en el aire volvió a cambiar su forma, está vez a la de un pájaro. Justo luego del pájaro se volvió una ardilla, y así cambió de forma una y otra vez frente a ella, transformándose en cantidad de animales y posteriormente, objetos. Cuando su demostración había acabado, volvió a su forma base.

Espiritu suave.
¿S-suave? —preguntó sorprendido, no le habían dicho antes que fuera suave... no que él recordará, al menos—. Err... gracias —hizo una pequeña reverencia, algo apenado.
Niris coneja, también suave —dijo asegurándose de señalar sus orejas y dándose vuelta para enseñarle su rabito, entonces hizo con las manos como si todavía le sostuviera y le hiciera cariño, esperando hacerle entender que ella también quería mimos.

E se quedo mirándola fijamente, claramente no entendía a que se refería Niris. La coneja notó esto y acercó su cabeza hacia él, moviendo un poco sus orejas. E seguía sin entender, hasta que Niris, con mayor insistencia, casi pegó su cabeza de él. Tímidamente el espíritu colocó sus manos sobre la cabeza de Niris, y al suave tacto empezó a acariciar.
Esto... se siente bien —dijo acariciando suavemente, mientras empezaba a acariciar más a más disfrutaba acariciar—, tú también eres muy suave.

Niris sonrió, disfrutando de los mimos, entonces se paró cuando tuvo suficiente y asintió con la cabeza.
Niris es buena, limpia, suave y atenta —dijo señalando aquí y allá, mostrando la ropa doblada y las plantas que tenía en envases con agua, entonces miró a una ventana y notó que E había dejado allí el pétalo que le había regalado—. ¡Hum! —lo señaló, entonces empezó a señalar varias veces al pétalo—. ¡No lo comiste! ¿sabía mal? ¿no te gusta?
¡Ah! —exclamó apenado el espíritu—. ¡N-no! ¡no es eso! —negó con la cabeza y las manitos—. Es... es que no sé qué es... ¿qué debía hacer con eso? si la guardo va a secarse y terminará muriendo.
No para guardar, comer —dijo moviendo las manos y juntando el dedo índice con el pulgar, como si sostuviese el pétalo, entonces acercó sus dedos a su boca y empezó a mordisquear—. Niris aprendió de su viejo amo, me enseñó muchas cosas, limpiar y comprar, y hacer vendajes, también plantas. Esta planta cura dolor de cabeza, así podrás recordar.

E se quedo estático en el aire al escuchar esa última palabra. Varios segundos corrieron y a su falta de respuesta y movimiento, Niris acercó su mano a él y lo tocó varias veces. Repentinamente, al quinto toque, E empezó a temblar haciendo que Niris diera un paso atrás. El fantasmita estalló como fuegos artificiales y volvió a tomar su forma base, dándose múltiples y veloces golpecitos a sí mismo.
¡Aaaah! ¡lo había olvidado! ¡soy un tonto! ¡tonto tonto tonto! —gritaba mientras se daba golpes enojado.
Niris se asustó un poco al ver al espíritu gritar, pero los constantes golpes que se daba a sí mismo la hicieron preocuparse, a lo que se acerco e intento tomarlo. La verdad no sabía mucho de él, pero quizás podría ayudarlo.
¿Estás bien? ¿qué pasa? ¿duele tu cabeza?
E paró al escuchar la voz de Niris, recordando nuevamente que no estaba solo.
¡Ah! —se alejo un poquito, apenado—. Siento que hayas visto eso, debo ser raro...
Yo también soy rara, está bien —aseguró intentando reconfortar al fantasma con sus palabras y un abrazo, entonces tomó la hoja y la acercó al fantasma—, muerde —le indicó abriendo y cerrando la boca, mostrándole como debía hacerlo.
Pe-pero...
¡Hum!
¡Está bien! ¡está bien! —se rindió, abriendo su "boca" para dejar que Niris introdujera la hoja dentro. Cerro lentamente su boca y la hoja simplemente quedo atrapada allí, mientras se soltaba de los brazos de Niris y se ponía frente a ella.

Curiosa, empujo la parte que quedaba afuera de su cuerpo y el resto de la hoja terminó de entrar, tras lo que quedo flotando indefinidamente dentro del cuerpo de E. Rió un poco viendo la hoja flotar dentro de su cuerpo e hizo movimientos circulares con sus manos sobre su estómago.
¿Tu estomago duele? yo siento que mi comida gira dentro cuando el mío duele.
N-no, no te preocupes, yo ni siquiera tengo estómago.
¿Entonces saludable? ¿ya recuerdas? —preguntó pegando su frente de la de E, como si intentase ver si el espíritu tenía fiebre.
Quisiera decir que si... —suspiró el pequeño fantasma—. No es un dolor de cabeza, perdí mi memoria, solo recuerdo que me llamó E.
Niris bajo las orejas, algo triste, viendo la expresión desesperanzada de E. Tenía muchas ganas de platicar más con el fantasma y preguntarle cosas, pero así no iba a poder. Ahora solo tenía una especie de nudo en el estómago, una incomodidad distinta al hambre, una especie de decepción de no poder ayudarlo.
Lo siento.
No, Niris —suspiró—, no es tu culpa. Es mía.
Niris abrazó al pequeño espíritu de nuevo y empezó a hacerle cariño. Cuando ella se sentía insegura o mal los mimos la hacían sentirse mejor, y esperaba que al espíritu igual.
¿Te sientes mejor? quiero ayudar, puedo darte mimos donde me pidas.
E cerró los ojos disfrutando de los primeros cariños, hasta que escuchó que Niris quería ayudarlo. Abrió los ojos sonriendo y pasó a su forma no sólida, escapando de sus brazos y poniéndose frente a ella.
¿¡De... de verdad!? ¿de verdad quieres ayudarme?
Niris subió repentinamente las orejas, algo sorprendida por el repentino ánimo de E, ¿eran las palmaditas tan efectivas? tan solo asintió.
¡Gracias, gracias, conejita! —se lanzó hacia ella, dándole un fuerte abrazo.
Niris respondió al abrazo alegremente, feliz de que el pequeño espíritu estuviera tan alegre, aunque no entendía mucho porque. E se despegó de ella y empezó a volar de derecha a izquierda, siendo seguido por la mirada de Niris.
L-la verdad es que vine para acá porque es la casa que encontré primero, y quería pedir tu ayuda desde el inicio.
¿Mi ayuda? no entiendo, confundida.
Esto tal vez tome un rato... sentémonos y te contaré todo.
Niris asintió enérgicamente con la cabeza, deseosa de saber más del fantasma. Corrió a buscar la caja y la empujo hasta ponerla al lado de la mesa, entonces se sentó sobre la misma para escuchar al pequeño espíritu. Parece que después de todo, si tendría su plática.

Así estuvo un rato el fantasma explicándole a Niris. Como ella ya sabía, E era un simple fantasma sin memoria, un día despertó sin recuerdo de quien es, era, ni donde estaba. No llevaba bien la cuenta porque no comprendía muy bien el asunto de los días, meses y años en que los humanos medían el tiempo, pero le dijo que él creería que al menos ya tendría un año vagando por Noreth y todas las cosas raras e interesantes que había visto. Aquí la conversación se desvió un poco por la curiosidad de la coneja, que preguntó que cosas raras e interesantes específicamente. Entre esas cosas habían animales como los gatos fásicos, los kaoras, incluso un basilisco, también alguna vez se encontró con un mímico e incluso un dragón... este último no lo tostó vivo solo por ser un fantasma. También había atravesado por una serie de situaciones curiosas, como una vez que un Espiritista intentó invocar un poderoso demonio, pero termino invocándolo a él, aún así el Espiritista ganó esa pelea contra un Nieveroja, porque el animal se distrajo intentando golpear a
algo intangible, comprando suficiente tiempo como para que el Espiritista preparase un brebaje que ahuyentaría a la bestia. Niris rió un poco, antes de preguntarse si alguien tenía el poder de invocar a Janna por ser un demonio, por ejemplo.

En toda y cada una de las situaciones donde E había tenido contacto con alguien, nunca pudo lograr que alguien quisiera ayudarlo, más que nada porque incluso cuando alguien aceptaba se retiraba al ver que él no tenía ni idea de como podrían ayudarle igual. Niris tomó la palabra y le contó también de su historia, y como se perdió en el bosque por huir cuando un grupo de ladrones la atacaron a ella y a su ex-amo. Continuó su historia después de esos eventos, con una serie de hombres intentando venderla, pero para su suerte fue rescatada por un demonio, Janna, y por un enano, del cual no recordaba bien su nombra, Yuda... Yudar... ¿Yoda?
Siguió relatándole al atento fantasma, la llevaron a un barco y ahí empezó a hacerse amiga de Janna y del enano, quienes la cuidaban mucho, además de "un amable señor encapuchado." También descubrió su enorme desagrado por el mar, porque todo lo que hacía era hacerla sentir enferma del estómago. Se aseguró de hacerle entender que solo el mar, porque el agua dulce le gustaba mucho, así como darse baños para estar limpia.
¿Los fantasmas se bañan? ¿quieres bañarte? conozco un rio que no esta lejos.
N-no estoy seguro, no me he dado un baño en años.
Entonces eres un fantasma travieso y sucio —dijo en forma juguetona, casi riendo y provocando una corta risa del fantasma.

Más impresionante, le contó del extraño y fantástico Landemar, aunque su visita allí fue corta y no tan agradable. Una de las cosas que recordaba del lugar era cuando les estaban haciendo preguntas y una persona del público le preguntó si tenía pareja, y que muchos del público querían conocerla mejor.
Y-yo no tendría el valor de ser tan directo con una chica... —dijo pensativo, antes de mirar de vuelta a Niris—. Espera, ¿qué le dijiste? ¿si tienes pareja?
La coneja se sonrojó por la repentina pregunta, negando efusivamente con la cabeza y rápidamente continuando con sus cuentos, para evitar que E pudiese preguntar más al respecto en esa área.

Como dando saltos de coneja, salto de nuevo en eventos de su vida, pasando a un momento en que conoció a un enorme gato emplumado, no recordaba muy bien que era, curiosamente recordaba no recordar que era antes también en otra ocasión. Su encuentro con el enorme gato emplumado al principio dio algo de miedo, comparándolo a como le había pasado con él. E rió un poco disimuladamente, apenado de haberla asustado al inicio.
Finalmente, se movió a su re-encuentro con Janna, hablando de esos momentos con ternura e invadida por la alegría, aunque había algo melancólico detrás de sus ojos, tal vez el hecho de que eran momentos que habían terminado. Aún así, los mantenía con ella con total aprecio.

Entonces... —su estomago rugió, interrumpiéndola y haciendo que se sonrojara algo apenada. Se le había olvidado totalmente que era hora y que debía comer—. Tengo hambre —dijo viendo como E miraba hacia las decoraciones, ergo, las plantas, apenándola aún más—. ¡Pyon! —no tenía ganas de comerse otra decoración, negó fuertemente con la cabeza al saber lo que estaba pensando el fantasma—. Tengo comida, espera aquí —se levantó de la caja, dirigiéndose a buscar un saco en un cuarto.

E suspiró cuando Niris entró a una habitación de la casa. Luego de escuchar todo lo que le había contado, sentía pena en que tuviera que ser ella quien lo ayudase. Ya parecía haber pasado por mucha locura como para arrastrarla dentro de otra más.
Oh... E, ¿qué vas a hacer? no no no, no no no. Pobre Niris... no puedo llevarla con ese montón de mequetrefes, la van a tratar mal. No se lo merece ni es su problema... —dijo con ambas manos sobre la frente.
¿Llevarme donde? —preguntó desde el pasillo.
¡Ah! ¡no... no dije nada! ¡no dije nada!
Niris salió arrastrando un pequeño saco y miro fijamente al fantasma.
Hum.
E se quedo en silencio, mirando nervioso a los lados.
E-err... no pudiste oírme.
Niris se quedo mirando a E, algo molesta de que le estuviera mintiendo. Sus orejitas se movieron, como para recordarle al fantasma que podía oírlo incluso si hubiese estado al otro extremo de la casa.
Oh, vale, sí lo hiciste. Perdón —se puso las manos en la cara apenado.
Niris se acercó al pequeño fantasma y le acaricio la cabeza.
Te quiero ayudar, ¿no confías en mi? —preguntó seria, a pesar de lo muy cariñosamente que le acaricia la cabeza
S-sí, si confio.
¡Pyon! —Lo abrazo fuertemente moviendo sus orejas, e incluso atraviendose a lamerle el rostro en una muestra de afecto. Tras lamerlo solo se quedo pensativa, pues no sabía a nada.

El pequeño fantasma solo soltó una risa aunque algo nerviosa, mientras Niris lo soltaba y rebuscaba en el saco un par de manzanas. Puso una en la mesa frente a E y empezó a comerse felizmente la propia. El fantasma miraba tranquilo a la coneja disfrutar su manzana, entonces le echó un vistazo a la propia, y por no ser grosero la tomó y se la "comió", haciendo sufrir a la manzana el mismo destino que la hoja: flotar dentro de su cuerpo indefinidamente.
Rico, ¿cierto? —movió feliz sus orejitas, mientras miraba a E con su manzana a medio comer en las manos.
Ee-err, sí, eso creo —respondió mirando su "estómago" y tocándose allí con las manitas—, al menos me siento lleno.
Niris sonrió y asintió, terminando de comerse su manzana y lamiéndose los dedos del poco jugó que la misma soltó tras los mordiscos.

Tras eso se levantó, y sin que E pudiera leer ni uno de los pensamientos que pasaban por su cabeza, le pareció ver a la coneja rebotar hacia la puerta, más que moverse. Niris volteó y le hizo señas al fantasma.
¡Ven, ven!
¿Uh? ¿huh? sí, claro —dijo E algo ausente, flotando hacia ella.
¿Entonces sabes cómo puedo ayudarte? no me contaste —dijo recibiéndolo en sus brazos para más cariños.
¡Ah! —exclamó el pequeño fantasma—. Es... que no quería interrumpirte, no era justo que solo hablará yo.
¿Hable demasiado? —preguntó algo apenada, bajando sus orejas. Sabía que a veces se podía dejar llevar por las ganas de platicar, aunque intentaba no hacerlo.
¡No! —exclamó algo apurado el fantasma—. N-no, disfrute bastante de platicar contigo, no suelo poder hablar más de unos minutos con las personas.

Niris le sonrió al fantasma y miró al frente, sin esperar por la información al saber de que si podía ayudar claramente no sería dentro de casa, la coneja salió de la casa con el fantasma abrazado y cerrando la puerta, dando el tercer rebote del día para adentrarse al frondoso bosque, que ocultaba secretos por ser revelados.
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Emphatos [Niris] Empty Re: Emphatos [Niris]

Mensaje por Bennett el Miér Ene 09, 2019 12:44 am

El pequeño fantasma, E, le explicó a Niris que en el bosque donde estaban había una serie de pequeñas escuelas de magia. Eran llamadas Tethee'cia, ya que solo enseñaban las artes mágicas que terminan en "mancia." Es decir: Piromancia, Hidromancia, Geomancia, Aeromancia, Electromancia y Biomancia.

Estas escuelas estaban corridas y pensadas para los elfos dorados y los pocos afortunados que la guardia elfica de  Erinimar permitiera pasar dentro de su ciudad. Las fechas de las que datan las escuelas eran un misterio para el mismo E, diciendo que lo más seguro es que tuvieran miles de años desde que fueron creadas. Sin embargo ya no eran escuelas, al ser tan pequeñas y con la decreciente población elfica combinada a una creciente exigencia en la calidad de enseñanza para la magia, muchos elfos dorados consideraron que los 6 Dorados, los hermanos que se encargaban de correr las escuelas, una cada uno. Cuando el último de los 6 perdió a su último alumno, ya sus escuelas no servían.

La edad de los 6 Dorados tampoco premiaba, pues pasaban de los 700 años, la línea que indicaba el momento temido por todo elfo, la decadencia mental, lenta, a veces rápida, pero indetenible como el tiempo. Los 6 Dorados tenían una hermana menor que siempre quiso tener una escuela de Espiritismo para seguir en sus pasos, pero nunca se lo permitieron por ser menor y que su escuela de la magia no fuese a tener "cia" al final. Espirítumancia. Sonaba horrible.

Tiaathque, siendo el único miembro restante de la familia Tethee que no llegaba a la raya de los 700 años, empezó a hacerse cargó de sus hermanos y enseñarles una segunda arte mágica a lo mejor de su capacidad para enseñar y lo mejor de la capacidad de sus hermanos para entender a través de sus decadencias mentales. Los 6 Dorados, fascinados con los caminos del espiritismo - y agradecidos por los cuidados de su hermana - encontraron un respeto no dado a la misma en su tiempo, pero se lo ofrecieron igual, y juntos decidieron que antes de alcanzar los 800 años y que la demencia acabará con ellos, construirían la escuela que tanto su hermana había deseado.

Así fue, y juntos levantaron la séptima escuela, terminando a los 850 años, edad en la que también murieron. Tiaathque hizo de la escuela que levantaron su nuevo hogar y con sus maravillosos poderes selló las almas de cada uno de sus hermanos en sus respectivas áreas, dividiendo fragmentos de su alma para este cometido. Al terminar con el último hermano, pereció con una sonrisa, sabiendo que cada uno de sus hermanos tenía un trozo de su alma con ellos.

La leyenda cuenta que con los años la creciente naturaleza reclamó su territorio y la escuela desaparecieron en el verde del bosque, pero que todavía, para los que las buscarán sin maldad en su corazón, podría encontrarla de todas maneras bajo el cielo.
...y quien aprenda de las almas de los 6 Dorados sabría donde encontrar la última escuela, la de Tiaathque. La leyenda dice que Tiaathque era de las Espiritistas más poderosas que jamás han existido y que en el último milenio, no se ha visto elfo, orco ni humano capaz de igualarla...
Niris escuchaba atenta a lo que decía E, caminando por el bosque mientras seguía el camino que el fantasma señalaba.
Que leyenda tan bonita... ¿es cierta? —preguntó mirando a E.
El pequeño espíritu sonrió débilmente.
Lo... lo es, llegue allí.. pero me dio miedo enfrentar a uno de los Dorados yo solo y huí, soy un cobarde —agitó su "cabeza" decepcionado—. Solo espero que la última parte sea cierta... si era una de las mejores Espiritistas, ¿crees que pueda recuperar mi memoria?

Niris bajo las orejitas algo triste al escuchar al pequeño fantasma llamarse a sí mismo cobarde, ella también había huido. Varias veces en su vida. Más de lo que le gustaría tener que haberlo hecho. Estiró sus brazos hacia el fantasma y lo tomó en sus brazos para darle mimos. A ella le encantaba recibir apapachos, y muchas veces había dado en su vida, pero tal vez era la primera vez que ella parecía ser la pared de apoyo para alguien, para el pequeño fantasma. Esa ligera y pequeña sensación de ser el que cuidaba a otra persona era pesada, una responsabilidad en sus hombros... pero se sentía bien, era agradable saber que alguien contaba contigo. Que alguien contaba con ella, así fuese un pequeño fantasma.
Pyon —dijo apretujándolo, ni una afirmación ni negación a la pregunta del pequeño. No es que ella supiera si podría recuperar su memoria o no todavía, pero estaba determinada en ayudarlo llegar tan lejos como pudiese para averiguarlo.

E se dejo abrazar, intentando que el abrazo y las caricias de Niris lo reconfortaran mientras caminaban adelante.

El pequeño fantasma guió a Niris por partes inexploradas del bosque, partes oscuras que imposibilitaban distinguir el día de la noche: no había luz del sol ni se podían ver las estrellas. Solo era iluminada por la presencia de luciérnagas y Qindharyns en la forma de pequeños dragones, volando y guardando el lugar. Niris avanzó por el camino nerviosa pero impresionada, viendo a los luciérnagas y los Qindharyn, con uno de ellos posándose en su brazo sin que lo notase. El bosque empezó a acobijarla, atendiendo y reaccionando con la bendición recibida al nacer de la coneja. Niris se detuvo en donde el camino se cortaba, adelante solo había oscuridad, no una producto de falta de luz, una más negra, una que seguramente podría absorber cualquier luz.

¡Oh, oh! ¡Esto va a encantarte! —aseguró E con emoción, al saber que Niris estaba pensando que tal vez había agarrado una curva incorrecta o se había metido por donde no debía.

Niris miro al pequeño fantasma entre sus brazos, finalmente notando al Qindharyn en su brazo. No pudo evitar asustarse, dando un pequeño salto atrás, viendo su tobillo enredado con una rama tras lo que empezó a caer de espaldas, pero algo la detuvo antes de alcanzar el suelo. Sintió como algo la empujo arriba suavemente hasta dejarla de pie, y de su espalda, múltiples Qindharyn con la forma de dragones miniatura salieron, danzando alrededor de ella, varios de ellos olfateándola y juzgando sus intenciones en venir a este lugar. El deseo de ayudar de la conejo les pareció honorables a los guardianes por defecto del bosque, y todos juntos, incluido el que descansaba en su brazo elevaron, enredándose en el aire y empezando a descender cruzándose entre sí. Pronto miles de Qindharyn más salieron de la copa de los árboles, de la grama, de hongos, venían de todos lados, y juntos formaron un camino para Niris, volviéndose un único dragón, largo y grande, sin alas ni extremidades, sin inicio, y desde donde estaba para Niris, sin aparente final.
¿Pyon? —preguntó nerviosa, viendo el lomo que yacía frente a ella como un camino.
Sí, tranquila, es por aquí —le aseguró nuevamente ante su hesitación.

Con la afirmación de su compañero fantasmal, Niris dio un poco decidido paso adelante, dejando su pie caer suavemente en la espalda del enorme dragón. Sintiendo la firmeza del mismo como suelo, se atrevió a dar un segundo paso y comenzó a avanzar por la espalda del mismo, volteando atrás cada tanto por los nervios, pero sin dejar de ir adelante. Al rato de caminar, pudo observar la cabeza del enorme Qindharyn, blanca y majestuosa, con las facciones y cuernos de un dragón, descansando en la entrada de lo que parecía una mansión. Era una edificación no demasiado grande, pero tampoco pequeña, hecha de piedra blanca. Dos enormes pilares con anillos dorados parecían sostener el pasaje de la entrada al lugar, con figuras dibujadas en ellas. El jardín, más que parecer vivo por las plantas, parecía devorado por ellas, con raíces colgando del techo, enredaderas guardando celosas los pilares, y la grama cubriendo las rocas que hacían de camino hacia la puerta de la mansión

La coneja llego a la entrada y se bajo de un suave salto de la cabeza del Qindharyn, dándose vuelta y haciendo una reverencia con el fantasma en brazos, apenada de tener que haber caminado por su cuerpo y cabeza.
G-gracias... ¡ha! —dijo algo asustada, antes de ver como el Qindharyn alzaba su cabeza y parecía asentir. Por reflejo, Niris asintió también junto al dragón y se dio vuelta apurada, corriendo para evitar tener que mantener el contacto visual con algo que parecía poder comerla.

Junto al pequeño fantasma, Niris atravesó en carrera todo el jardín y se detuvo en la puerta del lugar, una enorme y hecha de madera muy fina. Miro al pequeño fantasma, que parecía haber abandonado toda su confianza y estaba temblando un poco.
Está bien, E, está bien —dijo dándose golpecitos suavemente con los ojos cerrados—, Niris está conmigo, calma. Inhala, exhala —se repitió a si mismo, inflándose y desinflándose en los brazos de Niris, ayudándola a calmarse sin darse cuenta por la gracia que le traía ver al pequeño fantasma ponerse redondo y luego desinflarse.

El pequeño se deslizó fuera de los brazos de la conejo y se acercó a las enormes puertas, que contrarias a su peso parecían ligeras, porque solo basto un suave toque de E para que comenzarán a abrirse.

El piso de la mansión por dentro era hermoso y reluciente — como un espejo, reflejando la luz - que parecía entrar por un grande e intricado tragaluz con un tema floral - a todo el lugar, iluminándolo. La sala estaba adornado entre un punto elegante y rústico por muebles hechos de ramas de árboles, curiosas plantas en formas de lámparas, con sus extremos terminados en capullos que parecían tener la capacidad de reflejar la luz, todas reflejándola al mismo sitio: un cuadro en el medio, uno... vacío.

Para llegar al siguiente piso se encontraban dos hermosas escaleras paralelas que a diferencia del resto de la construcción, parecían hechas de fuertes y gruesas raíces, decoradas con rejillas metálicas que seguían patrones de animales: un zorro, un gato, un conejo, una lechuza y un hurón. Entre ambas escaleras residía un espacio vacío con una especie de sello en el suelo, y en el centro del sello, una pequeña semilla.

E flotó adentro lentamente, entonces la semilla comenzó a brillar. Del sello emergieron una serie de raíces atravesando el suelo de roca como si fuese papel y se juntaron todas en el centro, enrollándose entre sí y alzando la semilla, generando un tronco que parecía seco y muerto. Pronto, de la semilla empezaron a salir todos tonos de verdes, bañando el árbol en una aurora mágica, transformándolo en un árbol lleno de vida, frondoso y grande, tanto que parecía ir más arriba que el segundo piso.

La corteza del árbol se abrió y lentamente del mismo empezó a salir un elemental de la naturaleza.
El elemental era falto de pies, en cambio tenía raíces que clavadas al suelo, avanzaban más adelante atravesándolo y permitiéndole mover su cuerpo más adelante, cuando sacó todo su cuerpo, E y Niris estuvieron en presencia de un ser hecho de madera, con múltiples flores emergiendo de grietas en su cuerpo, su cabello parecía un curioso afro hecho de enredaderas que terminaban en flores. El elemental abrió sus ojos, del cual emitía un místico brillo verde.

Soy la vida que nace de la tierra, Viridi Natura.

Niris se quedo en la entrada nerviosa, dudando si entrar o no y viendo a sus alrededores para buscar un lugar que el pudiese servir para ocultarse en caso de emergencia. No parecía una idea brillante ocultarse de un elemental de la naturaleza en, bueno, un jardín.
Y escapar la haría encontrarse cara a cara con un dragón. El buen sol de está mañana había sido una farsa.

Bienvenidos a nuestros aposentos. Adelante —habló con una voz suave.

Niris dio pasos adelante cuidadosamente, sin quitar la vista del elemental. Cuando estuvo suficientemente se paró junto a E, que flotaba nervioso frente al mismo, sin poder hablarle.
¿Qué desean? —volvió a hablar, esta vez en un tono algo menos cálido, con sus ojos "cerrándose" un poco para imitar un ceño fruncido—. ¿Para qué están aquí?—preguntó, con su voz resonando por todo el lugar.

La voz del elemental alarmó a Niris, que planeaba hacer lo que solía hacer cuando se asustaba: esconderse. Sin lugar en donde esconderse, pensó dar un rápido paso a un lado para ocultarse tras su compañero fantasma.
Pero E fue más rápido. El pequeño fantasma ya se encontraba a espaldas de Niris, tapándose los ojos con las manos y temblando al no querer enfrentar al elemental. Niris, viendo esto, con sus piernas temblando y queriendo correr afuera, miro la salida, y la ligera y pequeña sensación de que lo debía cuidar volvió a ella, solo por un momento. En ese momento, dio un paso.

Un solo pasito al frente, cargado con esos sentimientos, un coraje que duraría menos que 10 segundos, pero esos 10 segundos bastaban.
S-soy Niris... —dijo nerviosa, y señalo al pequeño espíritu—. Y él es E, a-amigo.

El elemental avanzó adelante y la coneja cerró los ojos bajando las orejas, esperando una reprimenda, un castigo, un regaño, un golpe. Con los ojos cerrados, todo lo que tenía era sus oídos y su olfato, con el cual detecto un olor muy dulce, encantador, uno que casi le despertaba el hambre. La curiosidad fue más fuerte que el miedo, lo que le hizo abrir un ojo, a lo que encontró una hermosa flor que no había visto antes. Una con múltiples colores, sus pétalos parecían reflejar la luz dentro de sí, haciendo que cada uno fuese un arcoíris. La pequeña coneja miró al elemental, quien sostenía la flor, a los ojos y este asintió.
Sus instintos la dominaron y Niris mordió la flor, quebrando cualquier expectativa del elemental, que no pudo hacer nada más que evitar reírse al verla sacar la lengua y dejar caer parte de un pétalo con una expresión algo arrugada por el sabor tan terriblemente amargo.

No es para comer... ¿Niris? —preguntó mirándola, esperando por su nerviosa aprobación de haber dicho bien su nombre—. Es para que la tomes, anda, es tuya ahora.
Niris miro al elemental a los ojos, este último no pretendía lastimar a ninguno de los dos, pero tampoco esperaba que la coneja tuviese la curiosa habilidad de calmar espíritus a cierto rango de distancia, lo que inconscientemente le estaba haciendo sentir más amable. De la misma manera, la existencia mágica del elemental y la sensación de tranquilidad que ahora daba hicieron sentir a la coneja tan en comodidad como solía sentirse acostada en la grama, viendo las nubes tras un largo día.

Gra... —dijo interrumpidamente, viendo la flor y sacándola de la "mano" del elemental con cuidado; sus orejas levantándose—Muchas gracias.
E permanecía atrás mirando, tomando el suficiente valor de acercarse también ahora que Niris parecía haber ganado la confianza del espíritu.
O-oh... entonces... ¿no nos va a comer? —dijo acercándose rápidamente a la conejo y abrazándola de la cara, aplastándole suavemente una mejilla y haciéndole muchos cariños en la cabeza, para la sorpresa gustosa de esta—. Hasta te dio una flor... yo pensé que nos iba a comer...
Niris asintió, viendo a E.
Yo pensé que mi corazón saldría de mi pecho —dijo riendo suavemente—. Pero no parece espíritu mala, y flor bonita —dijo alzándola
Ambos rieron un poco, hasta ver al elemental frente a ellos.
No... no... no tengo necesidad, todo regresa a la tierra... después de todo...
El elemental bajo la mirada repentinamente, observando a Niris.
¿Eres Espiritista, Niris?
Niris negó con la cabeza de lado a lado, aunque no le estaba prestando muchísima atención al elemental, concentrada más en la bonita flor que tenía entre sus manos y su aroma.
Ya veo... lo estoy notando solo ahora, pero me siento a gusto estando cerca tuyo. Tal vez solo me gustan los conejos y no lo sabía... hmmmm... —alzó su cabeza, notando la mirada fija y constante de E—. Supongo que no están aquí por una charla, ¿o sí?
¡Ah! n-no, señor elemental, verá, es que, uhmmm... —dijo jugando con sus manos, chocándolas entre sí tímidamente—. Es... es que queremos encontrar a... ya sabe... a... Tiaathque... por favor...
El brillo de los ojos del elemental creció, mientras observaba a E.
¡No-no es lo que piensa! ¡se lo juro! ¡no pretendo salir con su hermana o algo así, es la verdad! ¡tengo solo la más pura de las intenciones!
...yo no he dicho nada.
E calló, totalmente apenado y tapándose la cara con las manitos.
Pero está bien, les concederé eso.
El pequeño fantasma se quitó las manos de la cara sonriente y miró hacia Niris, quien también tenía una sonrisa, se abrazó a ella feliz, ya sintiéndose victorioso.
Pyon —dijo recibiéndolo en sus brazos y haciéndole cariño.
Sin embargo, deben saber que mis hermanos tal vez no quieran cooperar tan fácilmente... es posible que los pongan a prueba.
¿A-a prueba? —preguntó E, en los brazos de Niris.
Así es. Tal vez con dos piezas puedan convencer al resto más fácilmente... busquen el baño, y encontrarán al más calmado de nosotros.

El pequeño fantasma y Niris se miraron las caras, antes de volver a mirar al elemental. El elemental puso sus manos arriba, y sus dedos de madera se volvieron raíces, las cuales empezaron a atravesar la madera de su pecho, abriéndola suavemente. Una vez abierto saco una pieza de cristal transparente, aplanada y larga, similar a un vidrio, y la acercó a Niris.
Tengan... es su primer soul shard.
Y-yo la tomare, así no te cortaras —le dijo mirándola, en cuanto Niris asintió se soltó de sus brazos y fue a recibir el cristal, abriendo su boca y metiéndolo dentro de sí mismo.
Bien... entonces... les deseo suerte... aunque supongo que no la necesitarán —dijo 'sonriendo', mirando a la conejo.
Niris estuvo a punto de hacer una pequeña reverencia por respeto y agradecimiento, pero repentinamente su estómago sonó. Elemental y fantasma la miraron, haciéndola enrojecer.
¿Qué es eso?
¿Tienes hambre, Niris? es cierto que no trajimos comida... lo siento, se me olvido porque a mi no me d...¡oh! ¡ya sé! —alzó una mano golpeándola contra la otra, acababa de recordar que tenía una manzana flotando en su interior—. Niris, toma mi manzana, no te preocupes, yo no tengo saliva ni nada así —dijo acercándose a ella, abriendo mucho la boca para que pudiese ver la flotante manzana adentro de su cuerpo.
Niris miró adentro de E, y luego lo vio a los ojos, negando con la cabeza.
Pe-pero...

Un sonido los interrumpió, E volteo para mirar al elemental y Niris, que tenía mucha mejor audición que el fantasma, se volteo para mirar afuera. E encontró que el elemental efectivamente señalaba atrás, y por eso se dio vuelta de nuevo. No muy lejos de la entrada había crecido un segundo árbol, otro grande; abundante en múltiples frutos

Podrías haberme dicho que tenías hambre antes. Disfruten, puedes tomar las que quieras.

La coneja sonrió, abrazándose al elemental que reaccionó impresionado por la repentina muestra de afecto, pero respondió bien dándole una única palmada en la cabeza. Niris lo soltó y dio saltitos hacia afuera, cuidadosamente se subió al árbol y en las ramas del mismo se puso a ver cual fruta llamaba más su atención por los olores. Primero se dirigió a una amarillenta, de forma ovalada, con una protuberancia similar a un anillo en uno de los extremos. Al tomarla y ponerla verticalmente rió un poco, ya que ahora parecía que la fruta usará un sombrero. Le dio un suave mordisco, degustando el dulce sabor de la fruta y tragó tranquilamente, antes de que otro olor atrapará su atención, al final de una rama en otro extremo yacía una curiosa fruta de color blanco. Se movió cuidadosamente por la rama y fue hacia esa fruta, pero justo cuando iba a tomarla, vio la cabeza del Qindharyn atravesar varias hojas y ramas para morder la fruta, comiéndosela de un mordisco.

¡Hum! —miró al Qindharyn algo molesta de que le hubiese quitado su fruta así, antes de darse cuenta de que estaba mirando feo a un dragón.

Su mirada cambió a una más nerviosa y se alejo un par de pasos de la criatura, que movió su cara a un lado y otro suavemente, entonces la empezó a acercar a Niris, que al no tener donde correr, saltó a la cabeza del dragón, planeando saltar de allí a abajo. Antes de poder hacerlo la cabeza del dragón avanzó algo más rápido, obligándola a sostenerse de un cuerno para no caer. Cuando la cabeza se detuvo, miró a un lado, el Qindharyn tocaba suavemente con su nariz otra de esas frutas blancas. La coneja miró dudosa, antes de ver a la cabeza del dragón.
¿Para mí?
El Qindharyn asintió, cerrando los ojos. Niris dio unos suaves pasos por la cabeza del mismo hasta estar casi sobre su nariz, tomando la fruta y arrancándola con una mano.

Luego de tomar la fruta el Qindharyn retiró su cabeza del árbol y la volvió a bajar con ella encima, mostrándose al fantasma y al elemental. La coneja fue veloz en saltar de su cabeza y esconderse atrás del elemental.
¿Ahora son amigos? —preguntó, ahora estando afuera.
Hum —replicó negando con la cabeza rápidamente mientras mascaba un trozo de la fruta amarilla, no confiaba del todo aún en el dragón, simplemente aceptaba que no parecía peligroso.
No te debes preocupar, no te hará nada malo ni a ti ni a tu compañero.
Gracias por la comida —dijo haciendo una pequeña reverencia, flotando hacia Niris, que pareció recordar agradecer también al elemental.
¡Ha! —exclamó algo sonrojada por haberlo olvidado—. Gracias.
No hay problema... dejare este árbol aquí, por si necesitan volver por comida... y ahora... —dijo con el brillo de sus ojos volviéndose un poco más débil—. Iré a descansar...

El cuerpo de madera del elemental se paralizó, pronto volviéndose una acumulación de raíces que se hundió en el suelo, desapareciendo. Dentro de la mansión, justo en el lugar de donde habían emergido unas raíces en el medio de las escaleras paralelas salieron más raíces, arrastrándose al árbol y juntándose a el, siendo 'absorbidas'.

Y pensar que yo estaba asustado de hablarle... resultó ser un buen... ¿tipo? ¿planta? —se llevo una mano a la boca, pensativo.
Niris masticaba su fruta felizmente, entonces sintió unos empujoncitos en la espalda y se dio vuelta, mirando al Qindharyn olfateándola.
¡Haa! —dio un par de veloces saltos adelante para alejarse, entonces se dio vuelta para verlo y negar sin parar con la cabeza—. ¡Hum!

E volvió de sus pensamientos al escuchar a Niris, que rápidamente lo tomo de una mano y lo jaló dentro de la mansión ocultándose detrás de la puerta, solo para estar segura de que estaría algo más lejos del Qindharyn así. La criatura, observándolos más allá de la puerta de la mansión cerró los ojos y pareció empezar a devolverse. La coneja observó como se retiraba y cuando el Qindharyn estuvo suficientemente lejos salió de su escondite, mascando un trocito de la indescriptiblemente dulce y deliciosa fruta.

Una vez se acabo la fruta se limpio la boca cuidadosamente y se lamió los dedos para sacarse el jugó que le hubiese quedado en ellos, al alzar la mirada encontró a E, algo apenado de ver que hiciera eso.
¿Pyon?
B-Bien, e-el señor elemental nos dijo que buscáramos un baño —comentó, intentando desviar el tema a eso.
¡Pyon! —exclamó la coneja, repentinamente vino a ella cuando E lo dijo. ¿Qué significa un baño?

Un baño. ¡Agua!
Amaba el agua, esperaba que fuese una bonita, como la del río que no estaba demasiado lejos de la casa donde dormía. Ahora que ya no tenía hambre añoraba un buen baño, había querido uno incluso desde el momento que solo estaba en casa charlando con el pequeño espiritu, y quería ver si los fantasmitas se bañaban, por curiosidad. El destino la apoyaba, parecía querer que tomase un baño.

Y ella no se iba a negar a hacerlo. Niris tomó a E de una mano y le dio un jaloncito, llevándolo con ella a explorar el resto de la enorme mansión en busca del baño, sin saber que más les esperaba por encontrarse dentro de la misma.
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Emphatos [Niris] Empty Re: Emphatos [Niris]

Mensaje por Bennett el Jue Ene 10, 2019 8:05 pm

Después de una corta carrera la coneja se freno frente a la escalera izquierda, y en vez de subir "normalmente" lo hizo a saltitos, escalón por escalón, mientras los contaba.

S-Siento que hayas tenido que hablar por mi, Niris, la próxima vez yo hablaré yo solito, ya verás —dijo E cuando Niris se detuvo frente a la escalera, antes de verla saltando.
Uno, dos. Tres, cuatro. Cinco, seis. Siete, ocho. Nueve, ¡Pyon! —dijo con una sonrisa en su último salto, para luego mirar al pequeño fantasma.
E carraspeó un poco, ya que al seis también se le había unido a la coneja en el conteo, al menos mentalmente, lo que lo dejo fuera de base cuando en vez de "diez" fue por "pyon".

La vista del segundo piso no fue tan inicialmente impresiva como la del primero. Seguía siendo un piso limpio, pero no era reflectivo de ninguna forma. Frente a ellos, en el punto común con la escalera derecha, había una pequeñita mesita con un florero encima. Niris soltó de la mano a E y se acercó al florero, olfateándolo cuidadosamente. El pequeño espíritu se alarmó al verla, creyendo que le entraría a mordisquitos a las flores y empezó a balbucear, sin llegar a formar ni una palabra antes de que la coneja lo viera con un ceño fruncido.

E se paralizo por la mirada seria de la coneja, algo que no había visto mucho hasta ahora. Las orejitas de la coneja se movieron un poco mientras sus labios se curvaban a los lados en una pequeña sonrisa que estalló en una corta risita.
Niris no enojada, bromeando —le aseguró con una sonrisa, antes de ponerse un poco más sería de nuevo, imitar un mordisco y sacar la lengua como su escupiera algo, entonces negó con la cabeza—. Flores huelen rico, saben mal. Ya no comer —se explico, haciendo que E abandonará su cara de confusión con un "Aaaah", no era muy versado en señas todavía.

La coneja se dio vuelta y miro al frente, un corto pasillo que parecía abrirse en dos direcciones más adelante, izquierda y derecha de nuevo.
¿Donde crees que está el baño? —preguntó mirando al pequeño fantasma y caminando adelante.
N-No tengo idea, este lugar se ve enorme.
Niris asintió con la cabeza suavemente. Su vestido amarillento lentamente empezó a ponerse más naranja y alzó las orejas, ¿cómo no se le había ocurrido?
¡Oh, grande! —dijo repentinamente—. ¡Perfecto para jugar escondidas!
¿E-Escondidas?
La coneja asintió entusiastamente.
Escondidas, Niris buena contando por jugar mucho, yo me escondo —dijo dando pequeños saltos al final del pasillo y ocultándose en el de la derecha—. ¡Y tú buscar!

E se quedo algo estupefacto al ver a la coneja correr adelante y esconderse, para luego pedirle que la buscará cuando con eso le estaba dejando muy obvia su posición. O el juego era muy sencillo o tal vez era solo amabilidad por ser su primera vez jugando y no ponérsela difícil. Luego se le vino a la cabeza que tal vez ni siquiera era apropiado jugar, pero Niris sonaba muy contenta y gracias a ella ya había avanzado una infinidad, considerando que solo no había logrado nada. Se dio golpecitos en la cabeza para despreocuparse e intentar imitar la actitud juguetona y relajada de la coneja.

¡Bien, aquí voy! —dijo inhalando para inflar su pecho y flotando adelante a toda marcha, al tomar la curva a la derecha al final del pasillo alzó sus manos—. ¡Buuu!

E bajo las manos al ver que la coneja ya no estaba allí. Había cometido el gravísimo error de asumir que una posible campeona en escondidas tendría un escondite obvio. Al pequeño fantasma le entró algo de pánico haber quedado solo otra vez, pero se calmo al ver una serie de puertas en el pasillo derecho, con la última de todas ellas semi-abierta. Era impresionante que hubiese recorrido tan lejos tan silenciosamente, pero la puerta abierta lo volvía obvio. Al menos eso esperaba esta vez.

El fantasma flotó adelante entrando al lugar, era una habitación grande, pero antes de poder fijarse bien en ella el sonido de la puerta siendo empujada con alertó a Niris, que se encontraba más adelante y a un lado de rodillas. Al escuchar al fantasmita volteo y le hizo señas con la mano.
¡E, mira esto, ven! ¡Baño gigante bonito! ¡Mira, mira!
¿Baño gigante? —se preguntó a sí mismo al escucharla. Termino de salir de detrás de la puerta y miro hacia donde escucho su voz, viendo a Niris frente a lo que solo podía describir como una especie de manantial.

E se acercó lentamente observándolo, frente a Niris estaban una serie de escalones que daban hacia abajo, solo visibles por lo cristalina que era el agua. En el medio de la hermosa agua había una única plataforma con un sello en ella, similar, pero no igual al del elemental anterior. Sobre el agua caía luz de varios, pequeños tragaluces.
¡Me gusta! quiero bañarme, ¿crees que nos podamos bañar? —preguntó mirando al pequeño espíritu.
B-bueno, yo no estoy seguro de mojarme, pero creo que lo mejor sería preguntar al Dorado de este baño... tal vez no le guste la idea y se enoje con nosotros.
Niris bajo las orejas un poco decepcionada, pero luego agitó la cabeza, el primer Dorado había sido resultado muy amable y hasta le dio comida, que este le permitiera bañarse sonaba factible.
¡Entonces vamos a conocerlo! —dijo con seguridad y emoción—. ¿Donde está? Niris no ver semilla —preguntó viendo a los lados, asumiendo que posiblemente el elemental saldría de una como el anterior. Vio su reflejo en el agua y agitó las orejitas, tocándola tímidamente con un dedo.

E ladeó la cabeza, mirando a la coneja buscar alrededor hizo lo mismo, pero antes alzándose más en el aire para tener mejor vista. Pudo reconocer muy rápidamente el sello y confirmo que seguramente el elemental estaba en la habitación donde se encontraban. El lugar no era lo que él llamaría un "baño", pero no le molestaba tampoco haberlo encontrado ya.

Niris por su lado se atrevió a meter la mano entera tras tocar el agua y moverla de un lado a otro para comprobar que tan fría podía estar. Temperatura ambiente, no podía ser más perfecta para darse un baño.
Creo que si tocamos el sello vendrá, ¿puedes llegar hasta allá de un salto, Nir...is...? —musitó algo nervioso de pensar en el elemental mientras descendía, movió su mano a un ladito, intentando dar palmaditas en la cabeza de la coneja para obtener su atención. Al no sentir nada tras mover su mano múltiples veces, volteo a ver.

Y casi se arrepintió de hacerlo. Los agujeritos del cuerpo de E que actuaban como sus ojos se expandieron un poco más, solo un poco, mientras veía a la coneja empezar a desvestirse. El pánico consumió al pequeño fantasma, que empezó a mover las manos a todas dirección mientras gritaba ahogadamente. El vestido cayó, quedando de un color gris mientras el pequeño fantasma cubría sus ojos con sus manos. Pero claro, sus manos las había vuelto translúcidas para poder ver a través de ellas, solo un pequeñito conflicto interno de ver-o-no-ver. El camisón y las sandalias de la coneja cayeron poco después, quedándose tan solo con su brazalete y su collar, lentamente empezó a bajar los escalones, cubriéndose cada vez de más agua. Se hundió en el agua cerrando los ojos y volvió a salir, temblando tan solo un poco y abrazándose los brazos, antes de mirar a E y empezar a echarle agua encima.

¡W-waah! ¡está fría! —gritó el pequeño fantasma en cuanto lo alcanzó tan solo una pequeña gota de lo que le echo Niris, aunque en realidad gritaba más por la indiferencia de la coneja de estar desnuda.

La coneja solo rio por el grito del fantasma y lo intento perseguir mientras flotaba rodeándola, todavía lanzándole algo de agua para mojarlo. E esquivo tanto como pudo, cambiando su forma una y otra vez para evitar ser mojado. Un poco del agua que le lanzó Niris cayó sobre la plataforma y el sello se ilumino, haciendo que E se detuviera un momento.

Y le cayó agua encima, porque Niris no se había dado cuenta de eso y vio la enorme oportunidad en que el fantasmita se distrajera. E soltó otro pequeño grito en cuanto le dio el agua, provocando más risas de la coneja. La vista de un fantasma mojado era curiosa, E comenzó a agitarse para intentar secarse y subió una mano al frente, con un dedito donde se formaba su boca, haciendo "shhhh" y señalando con ambas manos a la plataforma, luego cruzó las manos en X y negó con la cabeza, después se llevo una mano a donde estaría su nariz de tener una e hizo una serie de sonidos imitando "blublublub", intentando decirle por encima que parara de hacer ruido porque temía que el elemental de agua se enojará al salir.

Niris se echo atrás sintiéndose algo culpable de mojarlo cuando lo escucho hacer "shhh", pero pronto el sentimiento de culpa se desvaneció cuando vio al pequeño espiritu comunicarse solo a través de señas. Aunque técnicamente no le había dado clases de como hacerlo ni nada así, sintió cierto orgullo de verlo haciéndolo, pasando por alto sin querer lo que significasen esas señas.
Mmm, silencio, plataforma, no no no, agua, ¿ahogarse? ¿no sabes nadar? —preguntó viendo al pequeño fantasma.

E negó con la cabeza, agitando los brazos mientras intentaba explicarse a señas de nuevo. Con ambos ocupados en eso, no notaron el agua que rodeaba la plataforma del centro empezó a bajar lentamente. El nivel de agua había bajado aproximadamente la mitad antes de que Niris se diese cuenta, porque ahora le estaba dando algo más de frío. Un remolino se alzaba al otro extremo del lugar, levantándose una figura de agua pura, reminiscente en su forma a un pescado con brazos pero con pocas facciones más allá de dos ojos y una enorme aleta que salía del centro de su cabeza y se estiraba hasta la mitad de su espalda. La coneja y el pequeño fantasma voltearon, observando a la construcción de agua a través de la cual penetraba la luz del techo, absorbiéndola dentro de su cuerpo y oscureciendo lentamente el lugar.

Una serie de venas de luz blanca se formaron en la figura de agua, haciendo brillar sus ojos y cuerpo, trayendo luz al lugar nuevamente, entonces empezó a descender lentamente, recostándose sobre la plataforma.
Soy el agua que corre a través de la tierra, Caerelem Passio.
E soltó un pequeño grito y se escondió detrás de Niris al verlo, pues no esperaba un espíritu de ese tamaño.
Heeey... ¿qué hay, amigos, cómo están? ¿vienen a aprender Hidromancia?
Niris tampoco quiso responder, a pesar de ser de agua, el tamaño del elemental era intimidante. Se limitó a negar con la cabeza.
Hmmm... veo que te bañabas ¿disfrutas del agua? ¿la quieres más fría o más caliente? —preguntó desviando el tema para hacerlos sentir más cómodos, calentando el agua un poco para volverla como la de una terma.
¿Pyon? —Niris bajo la mirada, viendo el agua echar algo de vapor y calentarse un poco, antes de mirar de vuelta al elemental.
Me gusta el color de tu cabello... —añadió "girando" sobre la plataforma del centro.
Niris se llevo las manos a la cabeza, tocando su propio cabello y orejas. Le dedico una corta, aunque nerviosa sonrisa al elemental. A ella también le gustaba el color de su cabello, era azul, como el agua. Se acercó al elemental y lo olfateo un poco, atreviéndose a tocarlo. Tenía una consistencia rara, no parecía agua, sino más bien una gelatina.

Ah... —E recordó que se había dispuesto antes a hablar el con este siguiente espíritu por su propia cuenta, pero Niris se le estaba adelantando al atreverse a tocarlo. El pequeño fantasma infló su pecho de aire y flotó hacia el elemental—. ¡D-disculpe, Dorado!

El elemental cerró los ojos, apagando la luz que venía de allí mientras Niris parecía masajear su gelatinosa existencia. Al escuchar las palabras del pequeño fantasma abrió los ojos un poco, alejándose del alcance de la coneja y volviendo a girar para ponerse "recto."
Dorado... han sido años desde que me llaman así... ¿entonces si están aquí para aprender Hidromancia?
N-no... en realidad estamos aquí porque uno de sus hermanos nos mandó... dijo que tal vez sería más fácil convencer a sus otros hermanos con dos piezas.
¿Piezas? —preguntó bajando su cuerpo de agua a la plataforma nuevamente, para estar más cerca del fantasma y Niris.
Err... como se lo explico...

Niris se puso de pie, llamando la atención del elemental con un movimiento de sus manos. Las puso arriba y empezó a mover sus dedos, acercó lentamente sus manos a su pecho y las movió a los lados, tomó su collar de flor y se lo quito, acercándolo al elemental, esperando que entendiera el proceso de retirar y entregar la "pieza" que les dio el elemental anterior.

El cuerpo de agua se levantó de la plataforma, mirándolos y el agua que conformaba su cuerpo empezó a abrirse, revelando una pieza de cristal aplanada y larga, transparente, poco distinta de la del elemental biomántico. Al verla Niris la apuntó y asintió.
Ya veo... quieren el soul shard de mi hermana, ¿la están buscando?
Volvió a asentir la coneja con la cabeza enérgicamente, tomando de la mano al pequeño fantasma.
No tengo problema, en especial si ya les confiaron una primera parte. Se las daré —dijo acercándose a ellos con su pecho abierto, el pequeño E sonrió, estirándose hacia él, pero repentinamente el agua de su pecho se cerró de nuevo—. Bajo una condición, deberán jugar conmigo... un acertijo, si lo responden correctamente, será suya.
¿¡Un acertijo...!? ¡oh no! ¡yo soy malo con esto! ¡soy tonto! —dijo volando algo desesperado alrededor de Niris, antes de detenerse frente a ella—, Niris, ¿eres buena con los acertijos?
Soy buena jugando —le aseguró, no se podría esperar menos de alguien que le encantaba jugar.
¡Oh! sí, cierto —se dio vuelta con confianza encontrada—, ¡aceptamos! ¡además, yo recordé un acertijo que sí me sé!
El elemental se alejo, con una estela de luz dibujando una sonrisa en su aparente rostro. Se llevo una mano a la "quijada", cerrando los ojos por un instante mientras pensaba.
Muy bien, aquí está mi acertijo, escuchen atentamente —se acercó a ellos; Niris parando sus orejas firmes—, "Me vieron en el agua, pues estoy en ella, pero nunca estoy mojado. ¿Qué soy?"
¡Un hombre! —dijo rápidamente el fantasma, cruzándose de brazos confidente—. Heh, he oído este cientos de veces, todas las esfinges lo preguntan.
No, no es esa la respuesta —negó suavemente con la cabeza, rompiendo la confianza del pequeño espíritu.
¿Q-Qué? —preguntó estupefacto, llevándose las manos a la cabeza—. ¡No conozco más acertijos! ¡Niris! —se volteo hacia ella, apretándole las mejillas—. Que... rayos, ¿están más suaves? —preguntó distrayéndose un momento a la sorpresa. Era difícil que la coneja fuese más suave de lo que ya era naturalmente.
Niris asintió, señalando al agua.
Ya veo... ¡ah! —le apretó otro poco las mejillas al recordar—. ¿S-sabes el acertijo?
Niris negó con la cabeza.
Suave, pero confundida. No he oído este acertijo, ¿me pregunto qué sera?
Pero dijiste que eras buena jugando.
Buena a jugar las escondidas. Te escondes, te encuentro y me escondo, me encuentras —explicó al pequeño fantasma de nuevo—, también jugar saltos con conejos.
El elemental rió suavemente al escuchar a la coneja y ver como el pequeño espíritu sufría la variación fantasmal de un desmayo, cayendo dentro del agua.
Medítenlo bien, no se preocupen. Tienen tantos intentos como necesiten.
Niris miró al elemental, tras lo que sus orejas se doblaron mientras cerraba los ojos y pensaba la respuesta para ayudar a su compañero.

Los minutos pasaron sin detenerse, con respuestas ocasionales de Niris y E, todas incorrectas, haciendo que el fantasma volviera a hundirse en el agua de la frustración. Esto se repitió hasta alcanzar la hora, suficiente tiempo como para aburrir a la coneja y que se dejara caer de espaldas para hundirse dentro del agua. Abrió los ojos lentamente dentro del agua y miro a un lado, viendo como E seguía hundido. Levantó su tronco al necesitar aire y giro la cabeza, moviéndose suavemente hacia donde estaba E. Vio su reflejo unos momentos y movió sus orejitas otra vez.
¡Pyon! —dijo metiendo las manos al agua y sacando a E—. ¡Respuesta!
El elemental abrió los ojos al oírla, acercándose hacia ellos.
¿Sí, cual es tu respuesta a mi acertijo?
Niris apuntó eufóricamente al agua. E miró abajo con una sonrisa, pero luego volvió a mirar a la coneja dudoso.
No puede ser agua, Niris, el agua siempre está moja...
Eso es correcto —asintió el elemental.
¿¡Qué!? —preguntó todavía más estupefacto que antes.
No el agua... su reflejo. —explicó.
E se quedo callado, mirando su reflejo y el de una sonriente Niris en el agua, comenzó a sonreír lentamente y feliz, se abrazó a la coneja, dándole infinidad de mimos en la cabeza
¡Claro, claro! ¡el reflejo! ¡qué lista eres! —dijo acariciando alegre su cabeza.
Niris miro algo sorprendida al pequeño fantasma, pues todavía no tenía costumbre a que uno de los halagos que recibiera fuese ser llamada lista. Eran pocas las veces que eso había sucedido, y así de pocas lo creía. Pero esta vez si sentía que merecía ser llamada así.
Ganaron el juego, así que pueden tener el soul shard que yo cuido.

El elemental levantó su enorme cuerpo de la plataforma, y lentamente empezó a volverse un torbellino. Una vez que todo su cuerpo era uno y solo permanecía el brillo de sus ojos se abalanzó sobre Niris, tomándola en un extremo como si fuese un bocado.
¡Pyon! —exclamó al ser absorbida, cerrando los ojos y bajando las orejas, comprimiéndose un poco del susto, al abrir los ojos notó que estaba dentro del remolino.
No te preocupes, respira, y toma el soul shard —resonó como una voz solo para su mente.
Niris pestañeó algo dudosa de respirar y ahogarse, pero cerró los ojos e hizo como le indico el elemental. Respiró un poco por la nariz, viéndose capaz de respirar incluso dentro de su cuerpo, lo que hizo levantar una de sus orejas.
¿Pyon? —miró confundida dentro del cuerpo, antes de intentar respirar por su boca, al mismo resultado. Estaba en agua, pero solo recibía oxígeno—. ¡Hum! —se limitó a decir dentro del cuerpo del elemental con una mueca para hacerle saber que la había asustado por un momento.
Cierto... lo siento, debí avisarte antes de hacerlo. Les diré como llegar a mis otros hermanos —dijo dentro de su mente, mientras crecía en tamaño, terminando de absorber la agua que restaba alrededor de la plataforma, se abalanzó sobre E, que replicó la pequeña expresión de terror que tuvo cuando Niris le lanzó agua antes y se vio absorbido también por el remolino que empujo las puertas abriéndolas hacia afuera, llevándolos a través de la mansión a una buena velocidad.

E pataleó dentro del agua, incapaz de nadar. Niris todavía estaba riendo un poco al haber observado su expresión de absoluto terror de nuevo cuando vio que sería mojado. Desde donde estaba empezó a nadar hacia abajo lentamente, viendo el soul shard en el camino. Lo tomó cuidadosamente y siguió su nado hacia abajo, hasta alcanzar a E. Una vez estuvo con él le acercó la pieza, haciendo que el pequeño fantasma se calmara.
Nadar, respirar, no ahogarse —le dijo intentando mostrarle que clase de movimientos necesitaba para moverse a través de un cuerpo de agua.

E la miro dudoso en un inicio, tras una cara y postura regañonas de la coneja, intento hacerlo, moviéndose lentamente a través del agua, pero moviéndose.
Ohhh... ¡estoy nadando! ¡soy asombroso en esto! —exclamó incapaz de creer que lo había logrado con tan solo un par de ejemplos de la coneja. Intento nadar hacia ella y se puso a girar en el agua riendo, contagiando con su risa a Niris.

El elemental de agua como un remolino los arrastró a través de una serie de habitaciones y escaleras que se hubiesen hecho un laberinto de no ser porque él les estaba llevando. Se detuvo dentro de una habitación con una cómoda cama y una mesita de noche de madera con un espejo pequeño sobre ella; además del pequeño, había un espejo enorme espejo en una de sus paredes.

El elemental se alzó como un dragón de agua y luego descendió hacia el suelo de cabeza, toda el agua cayó en ese punto y cuando ya no hubo más, Niris estaba parada con su ropa puesta, e incluso seca. E quedó mojado.
N-no me quejare solo porque haz sido amable de vestirla y secarla.

El agua se arremolino frente a ellos nuevamente, volviendo a su forma reminiscente de un pescado y Niris corrió a abrazarse al elemental, que miro hacia abajo y le dio una palmada con una de sus manos, mojándole las orejas y el pelo.
Gracias por dejarme bañarme y jugar, divertido.
Fue un placer tenerlos por aquí —dijo acariciándole la cabeza. Cuando Niris se soltó y miro el collar en su cuello, redujo su tamaño un poco—. Hmmm... mantente quieta un momento —de una de sus enormes manos de agua salió un tentáculo lentamente, bajando hacia el collar de Niris. El tentáculo de agua se posó sobre el cristal unos segundos, y una de las múltiples luces de su cuerpo se coló dentro del cristal, tras lo que el tentáculo se deshizo—. Considéralo un regalo de mi parte, puede que resulte útil algún día.

Niris tomó su collar, mirando el cristal por unos segundos. En el mismo ahora había una curiosa luz blanca similar a un pequeño pescado que nadaba dentro del cristal.
Bonito. ¿Magia? ¿qué hace? —preguntó viendo curiosa al elemental, mientras sus orejitas se movían complementando sus ganas de saber.
Lo sabrás cuando sea necesario. Ahora, les diré como llegar con mis otros hermanos.

Apenas terminó de hablar el elemental, las orejas de la coneja se alzaron al oír unos chispazos atrás de ella. No pudo visualizar muy bien qué, pero algo blancuzco se movió excesivamente rápido de la cama al espejo, atravesándolo y dejando en el mismo un efecto de ondas similar a lo que ocurría cuando se tocaba agua.
¿Qué fue eso? —preguntó con sus orejas agachándose y su rabito alzándose.
Tranquila... es un revoltoso... seguro fue a preparar algo para impresionarlos... —dijo negando con la cabeza y poniéndole una mano en la cabeza a la coneja para calmarla.
¿A-Atravesó el espejo?
Así es. No se dejen engañar, es una mera ilusión, pero es mejor quebrarla antes de que entren, para evitarse peligros.
¿Py...y...oooon? —"preguntó", bostezando en medio de ello.
¿Estás cansada, conejita? —preguntó dándole palmaditas en la cabeza, a lo que Niris asintió suavemente cerrando los ojos—. Ya veo... me pregunto si fue por la caminata y nadar... aunque sea de dia aún.
¿Lo es?
E se sorprendió un poco de la pregunta del elemental, antes de mirar a la ventana de la habitación, claramente había luz viniendo de afuera.
¿No lo es?
No sé... pero no te guíes por la luz o la falta de ella, no es natural...

Del cuerpo del elemental salió un fino tentáculo que se dirigió hacia un interruptor en la pared y lo tocó. Al hacerlo, pareció apagarse la luz que venia de afuera, alarmando tanto al fantasmilla como a la coneja.
¡Recórcholis! ¿qué? ¿qué? ¿cómo hiciste eso?
El elemental volvió a tocar el interruptor y ladeo la cabeza mientras alzaba los hombros.
Yo no me encargué de está parte de la casa.

El fantasma se quedo mirando al elemental poco satisfecho con la respuesta, hasta que otro pequeño bostezo de Niris lo hizo mirarla.
U-Uhm... ¿está bien si duerme aquí? creo que podemos dejar el resto para... —miró a la ventana otra vez, inseguro de qué decir—. ¿Mañana...?
Niris tomo la mano de E y negó con la cabeza al oírlo.
Niris ayudar.
Ah, oh, Niris, no te preocupes, he esperado mucho tiempo, no me hará daño esperar un poco más.

La coneja miro al fantasma no muy convencida. Se acercó unos pasos a él y E sonrió algo nervioso, entonces Niris se acercó más, pegando su frente a la del fantasma con una cara seria. E infló sus mejillas para evitar decir algo más y no reírse de los nervios. Niris sonrió un poco y le aplastó las mejillas suavemente, desinflándolo y metiéndolo en sus brazos para un abrazo.

Bueno —dijo con una sonrisa, mostrada como una estela de luz curvada en su 'rostro'—, veo que están de acuerdo en que descanses. Mañana vendré a explicarles que deben hacer, ¿les parece bien?

E se sostuvo de los brazos de la coneja y se jaló hacia arriba para poder sacar su cabeza y asentir, mientras Niris hacía lo mismo.
¿Puedo dormir en la cama? —preguntó por hábito, normalmente dormía en el suelo, o metiéndose en algún lugar apretado, pero tenía unos meses durmiendo en cama en su casa y ya se estaba acostumbrando un poquito, todo gracias a que Janna le había asegurado que no tenía nada de malo dormir sobre una.
Toda tuya. Que tengan... ¿cómo se decía...?
¿Buenas noches?
Eso, eso. Buenas noches.

El elemental se salió lentamente del cuarto, arrastrando toda gota de agua con él e impidiendo que algo se mojara, una vez afuera se volvió un remolino y como los había traído, se fue, dejándolos a ambos en la habitación. Para cuando E iba a voltear, Niris ya estaba a un lado de la cama, preparando un lecho hábilmente con las sabanas y metiéndose en el como una bolita para dormir. Pestañeo un par de veces viendo al confuso E y saco una mano, con un pulgar arriba. E sonrió por reflejo y también subió el pulgar, sin saber porque la coneja había subido el suyo. Algo hizo click en su mente y se volteo, apretando el interruptor para "apagar la luz" y que la coneja pudiese descansar hasta el siguiente día.
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Emphatos [Niris] Empty Re: Emphatos [Niris]

Mensaje por Bennett el Lun Ene 14, 2019 9:17 pm

Las horas pasaron con la pequeña coneja durmiendo, E por su lado, al ser un fantasma solo flotaba alrededor de la habitación sin saber que hacer. Salirse y ponerse a explorar le daba algo de miedo, pues podía perderse y no volver a encontrar a Niris, así que aguanto horas solo tonteando por el cuarto. A las 2 o 3 horas la curiosidad y el aburrimiento le habían ganado, así que se acerco al espejo grande y decidió tocarlo suavemente. Su mano atravesó parte del espejo y se sintió succionado, como si algo fuese a jalarlo al otro lado.

En pánico, retiro la manito y voló atrás con un pequeño grito, a lo cual se tapo la "boca" con ambas manos y miro hacia la coneja, que estaba moviendo suavemente la nariz como si fuese a estornudar, pero siguió dormida. Dio un suspiro de alivio y se propuso quedarse tranquilo para no causar más problemas. En una mirada de reojo, pudo observar la fruta blanca que Niris había traído con ella y se le ocurrió que seguramente mañana tendría más hambre, por lo que salió corriendo del cuarto y empezó a buscar por doquier la salida.

A los minutos dio con ella y por tanto, con el árbol, del cuál tomo numerosas frutas y las guardo en su interior, dejándolas flotar. Cuando se iba a empezar a devolver, cayó en la realización de que no tenía ni idea de por donde había salido, provocándole un corto momento de pánico. Perdió unas 3 horas más en volver al cuarto asustado. Cuando lo encontró negó con la cabeza suspirando y dejo caer las frutas suavemente junto a la que Niris tenía bajo la cama.

A las siguientes horas, la cama sonó suavemente y E, sentado sobre la mesita de noche, se levantó a ver. La coneja estaba estirándose y bostezando, mientras abrazaba unas sábanas.
¿N-Niris? ¿eres tú?
Pyon —contestó flojamente.
Oh, menos mal —se acercó flotando hacia donde estaba ella—, pensé que podría haberme seguido un fantasma —dijo, ante toda la falta de sentido de que a él le diese miedo un fantasma.

Todavía adormilada, la coneja solo pudo captar movimiento en la oscuridad gracias a su visión, y tomó al pequeño fantasma en sus brazos, antes de volverse a enrollar y aplastarlo bajo ella, confundiéndolo con una almohada.
Esp... —antes de poder decir nada más ya era tarde, tenía media cara de Niris aplastándolo contra la cama. Por suerte, era un fantasma muy flexible—. ...

Así, con el pequeño aplastado y la coneja durmiendo un rato más transcurrieron otros minutos, mientras el elemental de agua volvía y entraba al cuarto silenciosamente. Con la luz que liberaba de su cuerpo, al entrar la cama se vio iluminada y notó al pequeño fantasma en la misma exacta posición en la que había quedado aplastado.
Oh... ¿qué te pasóoo...? —preguntó en susurros.
N-no quiero despertarla, así que...
Oh, claro.

Las orejitas de Niris se movieron en el corto intercambio de ambos espíritus, abriendo lentamente un ojo ya que la luz del elemental le estaba molestando un poquito.
¿Pyon...?
Ah, lo siento. Buenos... días... —dijo con la misma duda que se le había presentado a E anteriormente—. ¿Te desperté?
Niris se levanto bostezando nuevamente, asintiendo suavemente con la cabeza.
Mis más sinceras disculpas entonces.
La coneja negó con la cabeza, antes de mirar a un lado y ver a E aplastado.
¿Pyon?
Hola...
¿Dormiste conmigo? podías decirme. A Niris le gusta dormir con amigos, cómodo y cálido, protegida —le dijo mientras lo tomaba con ambas manos.
N-No fue exactamente lo que ocurrió —respondió, haciendo que la coneja ladeara la cabeza y sus orejitas se movieran.

El elemental, mientras ellos hablaban, se acercó hacia el interruptor lentamente y lo presionó, pasando la noche a día. Niris cerró los ojos un momento arrugando un poquito la nariz por la repentina entrada de luz y miró al elemental.
Hum.
Oh, uhm... —se apeno un poco al ver a la coneja, aunque está solo le sonrió después y movió la cabeza a los lados para quitarle importancia al asunto—. Como les dije ayer, les voy a...
Mientras hablaba, el elemental vio a la coneja rodar por la cama, soltar a E y saltar de ella hacia él, haciendo que se quedará callado unos momentos por la sorpresa.
Baño.
¿Huh? ¿Baño? —se quedo viéndola confundido, pensando que hablaba de darse otro baño más; entonces vio sus pies y como se ponía de puntillas y bajaba de nuevo—. ¡Ah! está aquí mismo, solo sal y ve al último cuarto a la derecha.

Niris asintió y salió corriendo al baño, mientras el elemental y E se le quedaron viendo salir del cuarto.
Los vivos si que la tienen difícil... ¿no crees?
S-Sí... creo.
Bueno, creo que puedo irte explicando a ti mientras tanto.
E se dio vuelta, viendo al elemental.
Como les dije ayer... el espejo es una ilusión, y muchas cosas más allá de el lo son también, pero evitar las trampas no es difícil, tenemos algo para ayudar a los que quieren aprender por buenas razones o ayudarán a preservar el balance de la naturaleza con la civilización; sus intenciones reales, las juzgará el espejo —apuntó a la mesita de noche.
¿Cu-cuál?
Pues ese... —se dio vuelta hacia la mesita, notando que el espejo pequeño ya no estaba allí—. Uh... ¿donde está...?

El elemental se acercó a la mesa, buscándolo, y se puso a registrar los alrededores con E, mientras se veían las caras. Justo cuando E iba a empezar a preocuparse de que el espejo estuviese perdido, ambos escucharon un "¡Haaaaa!" proveniente de afuera, muy claro de quién era.

Pocos segundos después paso corriendo por la puerta Niris, escondiéndose atrás del elemental y apuntando a la que la perseguía.
¡Hum! —señalo con su dedo, acusando al pequeño espejo que debía estar en la mesita de noche, dando saltos tras ella.
Oh, ahí está, bien. No se ha perdido.
¿"Ahí está?" ¿Es ese el espejo? ¿está vivo?
Yo no usaría "vivo", más bien... animado. Te dije que los juzgaría.
Oh, oh cielos. ¿Y-y qué piensa?
...Diría que le agrada Niris.
¿Pyon? —preguntó mirando hacia arriba para ver la cara del elemental.

El elemental volteo y le asintió a la coneja, entonces tomó al pequeño espejo andante y Niris se sentó en la cama. Volvió atrás y explicó desde el inicio para la coneja, que asentía atentamente, al menos hasta que le dio hambre y buscó la fruta blanca que se había guardado para hoy. Reaccionó con sorpresa (y alegría) de encontrar otras frutas más y preguntó a E quién las trajo, a lo que el pequeño admitió con algo de pena que fue él, lo que le gano un salto con un abrazo encima. El elemental sonrió para sí por eso y se detuvo un momento, mientras Niris volvía a concentrarse en lo que él decía y empezaba a comer.

Era sencillo: tan solo debían entrar al espejo, y adentro, reflejar de vuelta con el pequeño espejo todo aquel espejismo que se encontrasen, eso quebraría esa ilusión y cualquier otra ilusión cercana. Dentro habían 6 pinturas, cada una representando a sus hermanos y una a sí mismo, y para entrar a donde sus hermanos custodiaban bastaba con hacer lo mismo; reflejar de vuelta la pintura con el pequeño espejo. Para estar seguro de que entendiesen, el elemental se tomó unos momentos para preguntarles cosas sobre lo que les había comentado y ver si habían retenido la información.

Bien... veo que han entendido todo... les deseo suerte —dijo viendo al par que ahora se encontraban frente a él espejo, con Niris sosteniendo al espejo pequeño en una mano y E literalmente cargado de frutas.
Gracias por explicarnos.
Sí, muchas gracias —bajo la cabeza varias veces, intentando ser cortés.
El elemental se dio vuelta y empezó a retirarse lentamente, entonces, con mucha velocidad se devolvió, apuntándolos con una "mano."
¡Soy un espejismo! ¿qué deben hacer?
¡Pyon! —respondió velozmente la coneja, con el espejo alzado y reflejando hacia él de vuelta.
Perfecto —sonrió, mostrándose la estela que indicaba tal sonrisa, y le dio dos palmadas en la cabeza a la coneja, mojándole (de nuevo) las orejas y el cabello.

Satisfecha con una pequeña sonrisa, la coneja se dio vuelta y le ofreció su mano al pequeño fantasma. E se quedo mirando sus palmas unos segundos y le dio su mano, así juntos pasaron al otro lado del espejo. El elemental de agua se quedo mirándolos unos segundos, mientras la luz de su sonrisa se borraba y se iba de vuelta a su pequeño santuario.


(\(\
(=':')
(,(")(")
Al otro lado del espejo
/)/)
(':'=)
('')(''),)


Así como entraron, salieron de otro espejo. No parecía un lugar excesivamente distinto a la mansión, pues se encontraban en la misma habitación con la misma cama y la misma mesita, excepto claro, todo estaba al revés.

Con espejo en mano, la coneja camino adelante y salió de la habitación con el pequeño fantasma, allí ya las cosas no eran tan iguales. Ahora estaban en un largo pasillo vertical en vez de horizontal; al final bañado de una luz blanca y sonidos extraños. E se paso una mano por la frente quitándose gotas de sudor fantasmal, pues aparte de la luz al final de pasillo se encontraba todo relativamente oscuro y realmente, con esos ruidos, no quería saber tampoco que había al final del mismo.
N-no me gusta esto.
Niris apretó un poco más la mano del fantasma y camino adelante tranquilamente, no sin una falta de Nervios, claro, se veía en sus ojos, justo al lado de Curiosidad. Por el suave apretón de mano, E recordó haber visto apretando una sábana mientras dormía, con la misma mano derecha.
Oye... oye, Niris —la llamo, haciendo que la coneja volteara y lo mirase mientras caminaban—, ¿por qué...? uhm... por... uhm... n-no es nada, olvídalo.
¿Pyon? —le miró con sus orejas y su rabito agitándose, no le gustaba que la pusieran curiosa sobre algo y luego no le dijeran—. Ahora me dices, dime dime —insistió agitándolo un poquito de la mano.
E negó con la cabeza múltiples veces, con Niris asintiendo cantidad igual de veces.
O-Oh, está bien —se rindió pronto—, esto... ¿por qué siempre estás apretándome la mano?
¿Te molesta? —preguntó en un tono desanimado, pensando que lo había estado molestando todo este tiempo con eso.
¡N-No! —se alarmó por su voz triste, negando rápidamente con la cabeza—. Es-es solo que, uhm, curiosidad, si quieres podemos hablar de otra cosa mejor.
Haaaa —dijo con sus orejas alzándose—. Seguridad —asintió con la cabeza.
E se quedo mirándola con la cabeza en el aire.
¿Seguridad...?
Cuando Niris se asustada, gente buena apretaba su mano. Entonces me sentía más segura.
O-Oh... ¿es por hacerme sentir seguro? ¿y tú no estás asustada?
Niris ladeó la cabeza algo confusa. A lo que E respondió haciendo lo mismo para el lado opuesto. Para la coneja, la sensación de seguridad nacida de apretar manos funcionaba hacia ambos lados, después de todo.

En su pequeña charla, alcanzaron el final del pasillo, algo que ambos notaron por la radiante luz que les golpeó la piel. Estaban en una enorme sala circular. Habían un par de escaleras paralelas que daban hacia un segundo piso, pero no tenían un punto en común, sino que simplemente iba cada una por su lado. En el centro de la habitación había una escalera de caracol que daba hacia abajo. Niris miro sus alrededores, sin encontrar nada muy particular más allá de eso.

Ambos avanzaron cuidadosamente, mientras miraban una escalera o la otra.
¿Por dónde quieres ir?
No sé... tomemos la que da hacia abajo, es la que está más cerca.
Que fantasma tan flojito —dijo en una voz más juguetona.
¡N-Noo! —negó con la cabeza como si importara—. N-No es flojera, es, uhm... ¿practicidad...?

La coneja tomó la escalera de caracol hacia abajo, mientras cantaba "flojito, flojito" moviendo la cabeza de lado a lado, con E negando eso. Una vez abajo, dieron con una especie de biblioteca. E la miro de un lado a otro, y por un momento creyó ver algo escondiéndose atrás de una estantería, se alarmó temblando en el instante y dándose vuelta para informarle a Niris. No lo hizo, sin embargo, pues al mirarla notó que el vestido que hasta ahora de un suave color amarillo se había vuelto gris, como cuando no lo llevaba puesto.
¿Niris...? ¿Nir?
La curiosidad y nerviosismo habían desaparecido de sus ojos, ahora solo estaba Melancolía. Por su mente corrían algunas imágenes, pequeñas similitudes con la casa del boticario que la había comprado hace años, el Dr. Emil.

E se soltó del agarre de Niris, que se había suavizado tanto que ya casi no se le podía llamar agarre, se levo y pasó sus manitos frente a ella, a lo que la coneja volvió en sí.
¿Estás bien?
Ha, Py...Pyon —Agitó la cabeza y fue rápida para montar una sonrisa alegre de nuevo, asintiendo con la cabeza.
¿Segura? ¿qué te paso? parecía que te hab...¡Oh, sí! ¡cielos! —se dio varios rápidos golpecitos en la cabeza y se escondió atrás de Niris, apuntando—. P-por allá había algo.
¿Hum?

Niris camino unos pasos adelante, encontrándose con una pequeña criatura que parecía una piedra preciosa andante, la cual dio un salto al ser observada. La coneja pestañeo mirándola, con sus orejitas moviéndose un poco. E, al ver el pequeño tamaño del ser, perdió algo del miedo que tenía.
Oh... parece inofensivo.
Y como lo dicta el mundo, al decir eso, debía ser probado de lo contrario.

La pequeña piedra se quedo mirando a Niris y pestañeo un par de veces, pronto empezó a deformarse, tomando lentamente otra forma. Con los segundos, la forma se el iba haciendo familiar a la coneja, una forma que ciertamente no quería ver. Permaneció algo paralizada observando estos cambios, tan solo dando cuidadosos pasos atrás, hasta que vino a su mente todo lo que le dijo el elemental. Cerro un ojo y subió rápido por miedo el espejo, reflejando la criatura a sí misma. Por unos segundos la deformación se detuvo, y al ver su propio reflejo, la criatura se quebró como un vidrio, desvaneciéndose.

Ah... —dijo algo fuera de aliento el pequeño fantasma—. ¡Ah! —volvió en sí, abrazándose a la cabeza de la conejo por un lado—. N-Niris, ya se fue.
¿Pyon...? —preguntó nerviosa, abriendo el otro ojo y viendo que ya no estaba—. Pyon.
E-Este sitio no me gusta, deberíamos irnos, venir por las piezas fue una mala idea, v-vámonos antes de que te pase algo por mi culpa —dijo algo alarmado, intentando jalarla del vestido.

Niris se resistió a ser jalada y tomo a E, al que miro con una cara regañona y las mejillas infladas.
¡Hum! —negó con la cabeza—. Tenemos espejo, protegidos —frunció el ceño, intentando mantener su expresión furiosa.
Pe-pero... pero pero...
La coneja se cruzó de brazos, dándole la espalda al espíritu, lo que le permitió notar por como se movía el vestido que el rabito se estaba agitando, señal de que estaba molesta de verdad.
¡Dijiste que confiabas en mí! ¡Fantasmita... mentiroso! ¡Hum!
E casi recordó cómo se sentía ser atravesado por una flecha o espada al escuchar eso, se elevo e intento buscar la cara de Niris, pero la coneja siempre se daba vuelta al lado opuesto para no mirarlo. E se llevo las manos a la cabeza y se quedo flotando apenado unos momentos, jugando con las manos, y ojeando a la espalda de la coneja cada tanto. Cuando se sintió con coraje, se acercó flotando lentamente a ella y le puso una mano en la cabeza para darle palmaditas.

Hum —le dijo regañona todavía, sabía que las palmaditas solo eran para relajarla. Lamentablemente, funcionaba; pero se resistía lo mejor que podía.
...Si confió, no quiero que te lastimen.
Hum. Niris ayudar y cuidar.
E se quedo sin decir nada un momento.
S-sí, está bien —se abrazo desde arriba a la cabeza de la coneja—, entonces cuídame... ¿por favor?

Niris se mantuvo callada y con el rabito agitándose, lo que no le dio mucha esperanza al pequeño espíritu. La soltó y dio un suspiro, dándose vuelta, a lo que sintió como le tomaban la mano izquierda. Niris todavía parecía tener una carita enojada, pero en su rostro se reflejaba solo un poco de felicidad que le hubiesen pedido cuidado. Empezó a avanzar con el fantasma adelante, sintiéndose solo un poquito mal en pensar que tal vez reaccionó muy mal con E al ponerse sensible por recuerdos de su pasado. Por eso, apretó su mano más fuerte, y entonces E comprendió un poco más sobre la seguridad de la que hablaba Niris.

Un par de estanterías a la derecha, les esperaba el primer cuadro, uno que mostraba una preciosa pradera, con el viento empujando la grama. El pequeño espíritu miro a la cara de la coneja, que lo miro al sentirse observada. Intento sonreír un poco para ocultar cualquier preocupación que todavía estuviese molestando detrás de su cabeza. Alzó el espejo y reflejo la pintura a sí misma...

Y la pintura, junto al espejo, comenzaron a brillar, arrastrándolos adentro.
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Emphatos [Niris] Empty Re: Emphatos [Niris]

Mensaje por Bennett el Mar Ene 15, 2019 6:22 pm

La pradera era una preciosa extensión de hierba y flores, con la hierba crujiendo suavemente ante la brisa. Había un estrecho arroyo que fluía a través de la pradera, aunque asfixiado por la maleza. El agua era menta, reflejando flores de color lila pálido, junto a docenas de campanillas creciendo al borde del arroyo. No faltaban las fragantes margaritas, con sus soleados centros sonriendo a quien les miraba, la brisa agitando sus pétalos blancos. Mariposas rosadas revoloteaban alrededor perezosamente, mientras otras sumergían sus diminutos pies en un arroyo claro y burbujeante. El cielo era azul, un azul absorbente, con ocasionales nubes cruzándolo como una abeja que bailaba en el medio del mar.

Pero ahí no era donde habían caído la coneja y el fantasma.

Con el brillo del espejo y la pintura, ambos cayeron al otro lado. Contrario a la hermosa pintura no se trataba de una pradera que se extendía más allá de donde los ojos podían ver, sino una plataforma circular no demasiado grande con su apropiado sello. Atravesar una pintura era una experiencia nueva para Niris, y lo más cerca que tenía para describirla eran las mioclonías del sueño que a veces tenía cuando estaba quedándose dormida.

El pequeño sobresalto producto de eso la hizo tropezarse con algo y caer redondita hacia el sello. E se llevo las manos a la boca y voló rápidamente hacia ella, ayudándola a ponerse de pie y limpiándola con las manitos.

¿Estás bien?
Niris asintió e intento sonreír, pero enseguida una ráfaga de viento la empujo junto a E. El aire empezó a girar alrededor de ellos y lentamente, como si se bañase de esencia, se volvió parcialmente visible.
Soy el viento que sopla a través del cielo, Liber Ventus.
¿S-Señor elemental? Estamos aquí para…
La ráfaga de aire descendió, pasando entre Niris y E. Luego paso frente a ellos y después atrás, seguido de un lado, sin detenerse y sin dan chances a respiros. Niris intento seguirlo con sus oídos y vista, pero cada vez que volteaba ya era tarde.
¡Pyon! —alzó el espejo con ambas manos como última medida, pensando que se podría tratar de otro espejismo.

Aunque no estaba en lo correcto, la brisa se detuvo en seco, lo que le hizo creer que sí. E se quedo mirando a la coneja, ahora con el pelo hecho un desastre. Miro a los lados algo nervioso y se acercó a ella, tras lo que volvió a ver nervioso todavía, temiendo que el viento lo atacará otra vez. Como no sucedía nada más, intentó peinarla con sus manos.

Y justo cuando la terminaba de peinar, otra ráfaga de aire los azotó fuertemente, despeinándola de nuevo.
¡Oh! ¡eso ya fue a propósito! —exclamó el pequeño fantasma, dándose vuelta de un lado a otro buscando al culpable.
En efecto —respondió una voz atrás de él—. Estoy un poco de mal humor, después de todo…

Niris y E se dieron vuelta, encontrándose con un grifo. Su parte delantera era la de un águila, dos plumas de su cabeza estaban levantadas, una azul y otra verde, las plumas de su cuerpo eran amarillas pálidas tirando a blanco y sus patas acababan en poderosas garras de uñas negras. La parte trasera era la de un león de pelaje dorado, de patas musculosas y una larga cola felina terminada e una pluma marrón claro. Dos enormes alas emergían de su espalda, con plumas marrón claro en el nacimiento que iban tornándose doradas y posteriormente blancas en las puntas.
E-Es… un g…
¡Ha! —exclamó la coneja, soltando el espejo. E no se molestó en ver a Niris, sabía lo que estaba pensando.

Era un grifo, prodigiosos cazadores que no venías venir. Te ponían el ojo desde el aire y bajaban a velocidades horripilantes, despedazándote de un solo garrazo y llevando de vuelta tus restos al nido para comerse tu carne. Como si eso no bastará, algunos creían que los grifos podían controlar 4 elementos, arrojando fuego por un orificio junto a su nariz, aires helados de su boca, causando maremotos con el batir de sus alas y sus rugidos, sismos, tampoco era tan raro escuchar de ellos como orgullosos guardianes de tesoros hechos de invaluables posesiones que no le permitirían tener a nadie.

E se paralizó mientras todos estos pensamientos corrían por su mente, y movió la mano a un lado, intentando ser disimulado. ¿Su plan? Agarrar a Niris y correr por sus vidas, si es que podían hacer eso. Incluso para él su idea era totalmente falta de sentido y se le hacía ridícula, pero no tanto como lo que estaba a punto de ver.
Así es, soy un-
¡Gato gigante con plumas! —dijo Niris con la sonrisa más grande en su cara.

En ese momento las mentes del pequeño espíritu y el elemental parecieron sincronizarse. En sus mentes pasaba sólo esa única palabra, seguida de una falta de puntuación apropiada de tener que ser escrita. No una pregunta ni una exclamación, solo una declaración del miedo de uno y de la absoluta incredulidad del otro:
Que.
Gato, gato grande plumas, era así, mira —apuntó al elemental, viendo a E emocionada.
No sé de... ¡Ooh! ¡ya recordé! —la apuntó con una mano recordando sus historias, antes de darse cuenta de lo que eso implicaba—. ¿Haz... haz montado en grifo...? eso es impresionante...
Niris asintió con una sonrisa y una cara algo orgullosa. Sus orejitas se movieron un poco, y luego se levantaron al procesar la palabra "grifo."
Haaa, ya me acordé, si se llama grifo.
Es cierto que parecen gatos gigantes con plumas, ahora que lo pienso...

El elemental por su lado los miraba con una cara algo cascarrabias, pero no había querido decir ni hacer nada al verse absorbido en lo casual de lo conversación que estaban teniendo frente a, bueno, él. Cuando la coneja y la fantasma habían parecido terminar, chasqueó su pico para llamar la atención de ambos, haciéndolos sobresaltarse con el recuerdo de que estaba allí.
Entonces, ¿por qué están aquí? no parecen Aeromantes...
U-Uhm...
Pyon —interrumpió al pequeño espíritu—. Buscamos pieza.
¿Pie...? oh —dijo en una voz decepcionada—. Esos... urgh —negó con la cabeza, como si tan solo la idea le fastidiase—. Se llaman soul shards, buscan a Tiaathque, ¿cierto?
¡Sip! Correcto, por eso quisiéramos tu solu shard.
Soul —indicó.
So... soul —dijo algo apenado.
El elemental cerró los ojos un momento como en contemplación y al terminar, volvió a abrirlos.
Pues no se las daré.
E se quedo callado, mirándolo detenidamente por unos segundos.
¿Qu-pfft-q-qué? —saco a duras penas, llegándole tarde el impacto de que les negarán una de las pieza—. Pero... pero... ¿no vas a ponernos a prueba? o...o...
¿Prueba...? —interrumpió algo cortante semicerrando un ojo—. No se la quiero dar, váyanse.
Pero la necesitamos... —dijo con sus orejas agachándose.
El grifo desvió su mirada a la coneja, pero antes de poder responderle la vio alzar una mano y chocar su puño contra ella, había tenido una idea.
¡Ya sé! nos las puedes cambiar por mimos, así no estarás de mal humor.

El elemental la miro gracioso, era el trato más tonto que había escuchado en toda su vida espiritual y— ya la tenía encima, abrazándolo y haciéndole cariño en sus suaves plumas. E se llevo las manos a donde aparecía su boca, aunque no quería vocalizarlo o mucho menos pensarlo, de todas maneras en su mente ya estaba viendo lo que iba a ocurrir después, Niris sería comida de grifo.

Pero… él, como el elemental, no tenían idea de una de las habilidades mágicas de la coneja, tal vez ella tampoco lo sabía, pero era exactamente lo mismo que hacía a los espíritus y/o animales calmarse o simplemente ignorarla.

El elemental sufrió un par de espasmos al no haber recibido cariños jamás en esa forma y no tener ideas de las debilidades de un cuerpo físico, y empezó a sufrir tics en la cara, intentando aguantar atrás cualquier risa o sonrisa. Pronto cayó al suelo acostado de un lado, recibiendo cariños en el cuello y la panza mientras Niris sonreía feliz de la vida acariciándolo. La coneja volteo y le hizo señas al fantasma para que se acercará y el también sintiera las plumas suavecitas.
Juntos, muy literalmente, domaron al elemental a mimos.

¡B-Basta! —suplicó entre risas, antes de agitar un ala para apartarlos y poder recuperar aire—. Ufff…. Uff…
El grifo los miro de reojo algo ruborizado de la pena de que lo hubiesen visto así y miro a otro lado con pequeños gruñidos escapando de su pico.
Es…está bien, pueden tener el soul shard… solo… no mencionen nada de esto a los otros…
Niris sonrió mirando al grifo, que al voltear y verla sonriendo se sintió todavía más apenado y oculto su cara entre sus alas. De las plumas de su espalda, entre ellas, emergió la tercera pieza, que fue tomada por Niris, la cual aprovecho de hacerle más cariño al elemental.
¡Aah! —exclamó saltando adelante y mirando atrás—. Es... es la última vez que vuelvo a tomar está forma, "soberanos del cielo" mis garras.

Así, con toda la pena del mundo, comenzó a azotar una suave brisa que creció en intensidad donde estaba parado elemental, desapareciendo lentamente con la misma como un montón de esencia más. Niris miro la pieza con un solo ojo inspeccionándola de cerca y luego se la entrego a E.
Pyon.
Gracias... —la tomó con cuidado, guardándola dentro de sí mismo.

Niris tomo el pequeño espejo del suelo y se dio vuelta con E, reflejando a un cuadro vacío de vuelta al  mismo. Como la vez anterior, tanto la pintura como el cuadro se iluminaron, y fueron llevados al otro lado, cayendo de nuevo en la biblioteca.
Uno, dos... ¡nos faltan 3! —agarró a E y lo levantó, contenta de que ya tuviesen la mitad.
Oh —miró al frente, antes de ver a la coneja—. S-sí, cierto.
¿Pyon? —lo soltó al notarlo distraído, entonces le dio un jaloncito para que caminara con ella—. ¿Pensar algo?
Bueno... es que... —volteo atrás, mirando la pintura mientras se alejaban de ella y volvía a mirar al frente—. Acabas... acabamos... ¿de convencer a un grifo con... mimos?
La coneja asintió sin más, viendo al pequeño fantasma.
Grifos fuertes, si te pegan sin querer. ¡Pam! te desmayas —le aseguró, le había pasado a ella después de todo—. Pero espíritus no ver coneja como comida, instinto.
E sonrió algo nervioso, dudando si realmente fue el instinto de animal de la coneja en sentirse amenazada por otro animal o si simplemente fue un golpe de suerte. Las caricias no lo parecieron, al menos.

Juntos alcanzaron la escalera de caracol de nuevo y empezaron a subir por ella para alcanzar el piso de arriba. Una vez allí se quedaron mirando a cual escalera ir.
Te toca.
Pyon... hmmm... —se llevo el espejo a la boca, pensando cual escalera tomar. No es que lucieran inicialmente distintas, así que fue una decisión de izquierda o derecha, apuntó a la izquierda.
¡Ja! esa está... oh... no es la que está más cerca —dijo decepcionado, viendo su plan de devolver el cántico de flojito de vuelta a ella.
¡Ha! —lo agarro al escucharlo—. Querías engañarme, fantasma travieso.
¡N-No! —negó rápido con la cabeza—. B-bueno... sí.

Niris lo abrazo lo mejor que pudo con un brazo y tomo la escalera izquierda, subiéndola a veloces saltitos, pero asegurándose de estar tan alerta como le fuese posible con sus orejas para evitar más espejismos. Pasar por la biblioteca de vuelta le había traído recuerdos de sus recuerdos, pero lograba mantenerse tranquila y mostrarse alegre, algo que había logrado con... años de práctica.

La escalera izquierda continuo extendiéndose a través de un pasillo, en donde todo se empezó a poner raro. A cierto punto del pasillo la escalera se doblaba y empezaba a girar hacia arriba, lo que dejaría a la coneja intentando desafiar la gravedad de seguir su camino. Se detuvo y se quedo mirando la escalera, y como al final de la misma esperaba un marco.
¿Q-Qué es esto? ¿quién diseño esta casa?
Pyon.
¿A-Ahora qué hacemos...?
No sé —negó con la cabeza fuera de ideas—. ¿Fantasmita cree poder ir solo...? Niris esperarte —le ofreció el espejo.
¿Y-Yo solo? ¡N-no! —volteó hacia donde se veía el marco y de vuelta a la coneja, negando con la cabeza—. Po-podría ser un monstruo, o, uhm, o podría dar miedo, o... no-no-no —empezó a volar de derecha a izquierda con las manos en la cabeza.
Ha, ¿puedes cargar a Niris?
E se detuvo al escucharla y aparto una de sus manos para verla.
Lo... lo du-dud...n-no sé —tartamudeó.
Niris entrecerró los ojos y pegó su frente a la del fantasma, mirando en sus "ojos."
¿Estás diciéndole gorda a Niris?
E negó nerviosamente con la cara, con Niris cerrando cada vez un poquito más sus ojos, antes de tomarlo por sorpresa lamiéndole una mejilla y riéndose.
Una vez vi a una señora preguntándole a hombre si estaba gorda y se asustó. Quería intentarlo, divertido.
E-eso es malvado...
La coneja negó con la cabeza.
Broma.
A-Ajem —se puso un puñito frente a la cara, intentando imitar tos—. Puedo... intentarlo. Me tomará un momento esto... a ver... como son formas grandes...

E se quitó su sombrero y se metió dentro del mismo, moldándolo desde adentro. Tanto su cuerpo como su sombrero giraron en lo que parecía una masa, dándose forma a sí mismo. Mientras él hacia eso y Niris observaba, escucho varios pasos atrás.

La coneja se dio vuelta y se encontró con 2 espejismos de forma distinta a los que reaccionó con algo de nervios subiendo el espejo. El primer espejismo lucía humanoide, como una serie de rombos plateados conectados entre si, formando sus extremidades y teniendo uno por cabeza. El segundo era menos complicado, luciendo como una pequeña araña de cristal con dos rombos rosas por ojos.

Niris agarró un poquito de aire para calmarse, esperando que solo comenzaran a cambiar de forma, lo cual hizo el que parecía una araña. Puso el espejo adelante, antes de darse cuenta de que lo tenía al revés y darle vuelta, pero observó los movimientos del primero y como simplemente en vez de adoptar otra forma, se le abalanzó encima. Al estar en su campo de visión y no llevar nada pesado por ropa, se apartó a un lado velozmente, esquivando el primero de los golpes, y concentrándose totalmente en esquivar los demás. Con lo ágil de la coneja ningún golpe estuvo cerca de alcanzarla, pero había olvidado al segundo espejismo, que ahora tenía la forma de una persona encapuchada con una túnica marrón claro.

Por el puro reflejo y hábito, la coneja salto a un lado y se escondió atrás de está persona, no reconociendo en ese momento que era el espejismo que se le había olvidado. El primero de ellos se detuvo al verla escondida atrás de la figura y Niris pareció darse cuenta de lo mismo, alejándose de ella con unos saltos y poniendo el espejo al frente con una cara más seria, intentando reflejarla. El espejismo que ahora tenía la figura de una persona en una túnica empezó a desvanecerse. Seguido de ese se dio vuelta y salto hacia adelante, intentando reflejar al primero.

El espejismo rombo, pareciendo algo más inteligente que el de la biblioteca, salió corriendo por las escaleras a cuatro patas en un intento de que no lo eliminasen. Las orejas de Niris se agitaron al ver como el espejismo no se cayó aunque las escaleras diesen vuelta, parecía estar pegado a ellas. Se oculto por encima de las mismas donde la coneja no pudiese verlo.
¡Haa! —corrió sin pensarlo unos pasos adelante en la escalera intentando perseguirlo, pero ya era tarde, el espejismo se había escapado—. Hum —miro a los lados con su rabo agitándose y las orejas levantadas por una mezcla entre nervios, decepción y enojo.

La coneja avanzó unos pasos más, mirando a los lados por si acaso, entonces empezó a darse cuenta de como empezaba a sentir menos pelo en su espalda y como su vestido se levantó, tapándole parte de la cara. Se quedo confundida por unos segundos antes de empujar el vestido abajo con las manos para poder ver y cubrirse, a lo que se dio cuenta de que en realidad el vestido no se levantó, sino que simplemente había caído, y que no lo empujo abajo, lo empujo arriba. Efectivamente, estaba en la parte en la que las escaleras daban vuelta, pero sus pies parecían pegados a ella, lo que no la hacía caer. Se sobresaltó un poco al principio, pensando que caería hacia lo que parecía una oscuridad sin fin hacia abajo, pero incluso saltar hacia que algo la jalase arriba y "cayera" de nuevo en la escalera.

¿Pyon? ¿pyon? —preguntó confundida mirando abajo... arriba. Sus orejitas se agitaron en su confusión y miro atrás... o tal vez adelante, ya no sabía; miro hacia donde estaba E, que ahora era un sombrero pequeñito... pero con una enorme hélice emergiendo de él—. ¡E! ¡E!
¡List...! ¿Niris? —preguntó mirando que ya la coneja no estaba en frente, antes de que los llamados llegaran a él. Se dio vuelta y observó a la coneja en la escalera de cabeza—. ¡Ahhh! —se asustó tanto como la coneja lo hizo, y voló hacia ella velozmente—. ¿Q-Qué paso? ¿por qué estas de cabeza? o... ¿soy yo quién está de cabeza?
Confundida —respondió, antes de levantar un pie con cuidado para mostrarle que no se caía—, y pegada.
N-No me agrada, ven, sostente —dijo dándose vuelta para quedar de cabeza también, y se poso entre las orejas de la coneja.

E se aplastó tanto como pudo, como una especie de chupón, quedando pegado a la cabeza de la coneja. Empezó a gira las hélices y Niris lentamente se... elevo en el aire, viendo nerviosa hacia abajo.
No te dejare caer...er, tu entiendes...
Niris asintió, aunque realmente no sentía entender nada. Justo ahora estaba de cabeza siendo atraída hacia el techo pero volando por un sombrero-hélice fantasma.

En esa misma forma y situación extraña, Niris avanzó por el aire suavemente con un nervioso E hacia la pintura que esperaba al final de la escalera. Mientras se aproximaban, la coneja preparó el espejo, recordando ahora pasada la sorpresa que se le había escapado un espejismo. Abrió la boca y un balbuceo escapo sus labios, decidiendo mejor no decir nada para no alarmar a E. Lo encontraría después, estaba segura, no dejaría que ningún otro se le escapara, y lo más importante, no había tomado ninguna forma, así que estaba bien. Estaba bien.

Una vez frente a la pintura pudieron observar un paisaje oscurecido por las nubes grises del cielo, de las cuales llovía fuertemente. Las orejas de la coneja se agacharon un poco, pues eso le traía recuerdos de truenos y no le gustaban ni un poco, lastimaban sus orejas y le daban miedo. Con un suspiro alzó el espejo y reflejo la pintura, provocando los correspondientes brillos; se vieron jalados dentro de la pintura.

El otro lado era un lugar curioso, parecía una sala de ensayo. En sí, era una habitación hecha de madera fina, con un par de ventanas a lo alto de las paredes de los lados para permitir iluminación adentro, aunque solo entraba luz de la derecha. Había una enorme alfombra roja que parecía bastante cómoda - y lo era, así lo sintió la coneja al parecer sobre la misma.

Por un lado había una arpa, de una pared colgaba una guitarra, junto a la guitarra una lira, en el suelo yacían flauta y trompeta, en una mesa de madera al final la ocarina, a su izquierda un tambor, en su derecha un rabel.

La coneja se relajo un poco, con sus orejas alzándose al ver los instrumentos, de ninguno de ellos venían sonidos feos. Cuando Niris dio un pasó en la alfombra se formó un bulto que salió disparado, pegando de la pared abajo de la mesa lo que parecía una pequeña.
¡Ha! —dio un saltito atrás al ver aquello salir disparado—. ¿Pyon...? —se acercó un poco al no ver la nube moverse más. Se detuvo a unos 10 pasos de ella, pero como seguía sin moverse, dio esos diez pasos y la toco suavemente con el dedo.

Cuando la toco la nube se movió un poco, haciendo que se alejase cautelosa, repentinamente se disparó de nuevo como una bala, derribando a E de su cabeza y arrastrándolo por toda la habitación rebotando de un lugar a otro. Niris se agacho para esquivarlos cuando iban hacia ella y ambos rodaron por la alfombra, con E de vuelta en su forma normal y junto a él, un elemental.

Se trataba de eso, una pequeña nube con brazos negros como palillos, sosteniendo el soul shard en una de sus manos. Tenía lentes de sol en la cara y una enorme, enorme sonrisa de autoconfianza.
¡Yo-yo! ¡amigos-yo! —habló en una vocecilla molesta, usando el shard de micrófono—. ¡No esperaba verlos por aquí tan temprano-yo!
Niris sufrió un pequeño tic en el ojo, con la indescriptiblemente molesta voz entrando en sus afinadas orejas, subió sus manos y las aplastó suavemente, dando un paso atrás.
¿Y quienes son ustedes-yo? ¿quieren aprender electromancia-yo? —flotó muy velozmente alrededor de E y luego de Niris.
Niris, coneja. Él E, fantasmita.
E-estamos aquí por-
¡Ha-yo! ¡permítanme decirles en que he estado trabajando-yo! —interrumpió a E, antes de salir volando y señalar a la guitarra en la pared—. ¿Saben que es esto-yo?
En realidad solo quere-
¡Exacto-yo! ¡Es una guitarra-yo! ¡Tuve una idea grandiosa hace unos años-yo!
Los bracitos de E cayeron abajo, tras lo que miro a Niris que observaba con las orejas aplastadas al pequeño elemental. E dejo escapar un suspiro, estaba comenzando a pensar que si este estaba probando algo de ellos era su paciencia.
¿Qué idea...? —preguntó intentando fingir interés.
¡Oh-yo! ¡permítanme presentarme-yo! —se alejó rápidamente de ellos, zigzagueando de un lado a otro en el aire—. ¡¡El trueno es mi heraldo! ¡Soy el aviso de la tormenta! ¡El sonido que hace temblar los cielos mucho antes de que el relámpago golpee! ¡Rey y Reina! ¡Inicio y final! ¡Soy, Ful-Yo!!
O-Oh, ya-ya veo, señor Ful, quisiéramo-
No me han contado para que están aquí-yo. ¿Quieren tocar-yo? ¿Electromancia-yo?
E se golpeó la cara en frustración múltiples veces, Niris dejo de taparse las orejas y se acerco para hacerle cariño y que se calmase.
Oh-yo. Tocar-yo entonces, bien-yo —dijo al observar los golpecitos de E, tomandolo como un "venimos a tocar tambor", las palmadas de Niris y el hecho de que tuviera la otra mano cerca del hombro lo hizo pensar "muy obvio, rabel".

Veloz como un relámpago, el elemental tomó el tambor y lo puso entre la frente de E y su mano, entonces volvió a tomar otro instrumento a la misma enorme velocidad y puso el rabel y el arco en manos de Niris, para sí mismo tomó la guitarra colgada. Cuando E se dio cuenta de los sonidos, dejo de golpear y vio el tambor pegado a su cuerpo.
¿Q-Qué?
¿Pyon? —pregunto la coneja, viendo el rabel y el arco en sus manos.
¡Un dos tres-yo! —tocó un acorde de la guitarra, esperando que E y Niris le siguieran, pero ambos estaban ahí, parados sin hacer nada y con caras confusas—. Uhhh... ¿hola-yo?

E alzó la mirada viendo al elemental y las orejas de Niris se movieron. La coneja pareció entender que quería el elemental, así que paso el arco por las cuerdas torpemente, sacando sonidos... horribles del rabel, espantándose a sí misma un poco y a E.
¡Waah! —soltó el tambor, dejándolo caer al suelo cuando escuchó el rabel.
¿Haa? no suena bien —se quedo mirando el rabel, pues cuando ella había escuchado a otros tocar no sonaba así, todo lo puesto, súper bonito. Lo puso cerca de sus orejas y lo agitó, intentando ver si escuchaba algo. Confundida miro al elemental y se acercó a él—. ¿Roto?
¿Roto-yo? estaba bien antes-yo —le dio la guitarra a Niris un momento para tomar rabel y arco y se puso a verificarlos—. Hmmm-yo...

Tras un momento de ver el rabel, el elemental llego a su conclusión: lo que estaba roto era la coneja, y pretendía cambiar eso, o al menos, intentarlo.
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Emphatos [Niris] Empty Re: Emphatos [Niris]

Mensaje por Bennett el Jue Ene 17, 2019 2:32 am

El elemental miro a Niris y negó con la cabeza, mientras hacía sonidos de "tch tch tch" con la boca.

No está roto-yo, coneja-yo —dio vueltas velozmente alrededor de ella y se detuvo al frente—. Te mostraré como se toca-yo.
¿Enseñarme?
¡Sí-yo! —asintió.

Las orejas de la coneja se movieron un poco cuando el elemental alzó su voz, haciendo que adquiriese ese timbre molesto que le disgustaba, pero estaba intentando ser comprensiva de que probablemente el elemental no eligió tener esa voz y no era su culpa. Probablemente. Además de eso y su personalidad eléctrica, no parecía una mala persona, incluso le iba a explicar como tocar ese instrumento que tanto le gustaba.

Ful-Yo repentinamente lanzó el arco y el rabel al aire, y mientras estos subían y bajaban, estiró su cuerpo, volviéndose lo que básicamente era un hombre-nube, atrapando de vuelta ambos objetos. Su cuerpo no tenía rasgos reales, y no estaba definido más que en sus manos y dedos. Primero busco una silla y se sentó, apoyando el rabel entre sus piernas, entonces comenzó a tocar, sacando las delicadas notas que tanto disfrutaba la coneja. El elemental se dio cuenta de como Niris inconscientemente pisaba con el pie al ritmo de la música y sonrió para sí, tocando más.

E también se vio algo absorbido por la música, la verdad es que todo sonaba mucho, mucho mejor cuando el elemental no estaba hablando. Recogió el tambor del suelo e intento darle golpes con su mano libre, pero no siempre golpeaba en ritmo. Ful-Yo no le prestó gran atención y continuo tocando su pequeña, alegre pieza, sacando cuanta nota podía del rabel. Cuando termino se quedo callado, mirando a la coneja y al fantasma.
¡Pyon! —aplaudió al elemental alegremente.
Eso fue... bastante mejor de lo que esperaba.
¿De verdad-yo? digo-yo... ¡Claro-yo! —se puso en jarra con una sonrisa presumida, aunque por su falta de rasgos solo lucía alegre.

Niris se agacho dejando la guitarra en el suelo y corrió por el lugar intentando buscar otra silla, al no conseguir ninguna, simplemente se sentó en la mesa.
¡Oh-yo! ¡cierto-yo! —se levantó y fue hacia la coneja, dándole el rabel y el arco.
Pyon —los recibió con una sonrisa tonta, pero dulce y alegre, y puso el rabel entre sus piernas como hizo el elemental, acerco el arco a las cuerdas y tocó, sonó bien por unos 5 segundos, antes de que volviera a sonar mal. Frunció un poco el ceño poniendo una cara seria y su rabito empezó a agitarse, incapaz de comprender porque sonaba mal con ella—. Hum.
No-yo, así no-yo, ven-yo.

Ful-Yo caminó hacia Nir, su cuerpo separándose su parte inferior al chocar con la mesa. Sus piernas siguieron avanzando solas por su propia cuenta, caminando a otro lado mientras la coneja las veía. Su parte superior ahora en la mesa dio un salto para acercarse más a Niris y rodeo sus brazos  y dedos con curiosas nubes.
¿Pyon? —pregunto viendo sus brazos y dedos rodeados por nubes.

Así el elemental manipulo los brazos y dedos de la coneja, haciéndola tocar suavemente el rebel con el arco. Sus orejas se alzaron viendo como sus brazos y dedos se movían solos, volteo mirando al elemental que le sonrió y volvió a mirar abajo al rebel, viendo como tocaba. E subió el tambor e intento seguir tocándolo, pero seguía algo fuera de ritmo a veces. El tren inferior del elemental que estaba caminando por el lugar sin rumbo se detuvo y corrió, subiendo al tambor de un salto y, básicamente, bailando tap sobre el.
¡Hey! ¡solo lo haces porque tú si tienes piernas!

Ful-Yo continuó tocando y repitiendo las mismas notas múltiples veces, lentamente soltando los dedos y brazos de la coneja, dejándola tocar bien por sí sola unos segundos mientras se llevaba un dedo a la boca y le hacía "Shhh" a E para que no dijese nada. La coneja tocó, pensando todavía movían sus brazos y dedos por ella, hasta que una nota salió mal, y pronto otras notas fueron haciendo lo mismo.
Haaaa —negó algo decepcionada con la cabeza—. ¡Hum!
¡No estuvo mal por unos segundos-yo! —le aseguró, mientras daba un enorme salto de la mesa por encima de ella y caía sobre su parte inferior, haciéndose uno de nuevo.
Sí, no te preocupes, con unos meses o años de práctica... —se acercó a darle una palmada, antes de notar que tenia algo saliendo entre sus orejas—. ¿Huh?
¿Tengo algo en la cara? —le preguntó al verlo con una expresión y posturas dudosas.
E negó rápidamente con la cabeza, antes de ponerse las manos en ella. Niris lo imito, llevando las manos arriba y sintiendo lo que el pequeño espíritu vio. Al jalar, saco de su pelo el soul shard.
¡Ah!
¿Pieza? —alzó la mirada, viendo como Ful-Yo observaba casi parapléjico su guitarra, antes de echar un vistazo a un lado y alarmarse un poco de que lo miraran—. ¿Darnos? ¿cómo saber?
¡Oh-yo! ehm...yo... erh —balbuceó un poco intentando buscar una excusa.
¿Pyon?
Tal vez los haya estado siguiendo-yo... casi todo el día-yo... y los haya escuchado hablar con mis hermanos buscando a mi hermana-yo.
¿¡Lo sabías!? —voló hacia el, intentando agarrarlo para agitarlo pero fallando ya que sus manos cortaban a través de su cuerpo de nubes.
Q-Quizás-yo. ¡Solo quería jugar un rato-yo!
E se dio golpecitos en la cabeza mientras negaba.
Haaa, tú fuiste lo que me asusto en el cuarto, atravesaste espejo —balanceó sus piernas mientras hablaba, antes de bajarse de la mesa y caminar hacia E.
S-Sí-yo... lo siento-yo, me estaba aburriendo-yo.
Está bien, divertirme y tocar música —intento darle una palmada también, pero falló de la misma manera que falló E en agitarlo.

El elemental hizo señas a ambos para que se quitaran de la alfombra haciéndolos retroceder y la levantó de un lado, doblándola y revelando la pintura abajo de ella. Intento hacer una reverencia, haciendo que las orejas de la coneja se alzarán al recordar que había que saludar al público luego de haber tocado, se subió de un salto a la mesa y ahí hizo un par de reverencias también, antes de bajarse de otro salto y despedirse con la mano del elemental.
Cuídate, tocas música bonita —camino parándose con E sobre la pintura, alzando su espejo.
¡E-Esperen-yo!
¿Pyon?
Uhm-yo... ¿Un día volverán a tocar-yo? Me divertí-yo
E, no queriendo decir ni sí ni no, miro a la coneja. Niris echo la cabeza para atrás y se llevo el espejo a la boca pensando, antes de subir los hombros y sonreír.
Jugar divertido, quizás volver.
¡Sí-yo! —dijo bajando un brazo y apretando el puño—. El día que vuelvan les enseñare mi próxima creación-yo —tomó la guitarra del suelo y la alzo—. La guitarra... eléctrica-yo.

El fantasma y la coneja se miraron las caras, eso de una guitarra eléctrica sonaba terriblemente improbable, pero tratándose de un ser con todo el tiempo del mundo, puede que un día lo logrará. Una vez de vuelta afuera, la coneja y el pequeño fantasma salieron de cabeza, siendo Niris atraída hacia arriba y quedando de pie en las escaleras, teniendo que sostener su vestido de nuevo, mientras que su cabello al caer le dio en la cara a E.
Oh, wow, esto esta más azul de lo que recordaba —dijo dándose vuelta y viendo la pintura, antes de ver arriba a la coneja de cabeza—. Ohh... ¡Ah! ¡Espera! ¡No te muevas!
¿Pyon?
Dame unos segundos para moldearme otra vez y...
Haaa, no es necesario —dijo dejando caer uno de sus brazos para tomar al elemental—. Escaleras deben ser mágicas, puedo caminar.

La coneja avanzó adelante, casi dándole un infarto al pequeño fantasma al verla avanzar de cabeza, por suerte las escaleras empezaban a girar pronto y ahora ya estaba normal de nuevo. E voló hacia ella tan rápido como pudo alcanzándola a donde empezaba la escalera. Niris estaba viendo un montón de fruta apilada allí, y volteo a ver a E.
Ah, e-eso... creo que cuando estaba cambiando mi forma se me salieron las frutas...
Niris se puso las manos sobre el estómago, con las frutas frente a ella le estaba pegando hambre. Tomo una rosada, con dos óvalos blancos en ella, y empezó a mordisquearla. Mientras mascaba, E tomaba las frutas y las volvía a guardar en su interior cuidadosamente, antes de ver a la coneja negando con la cabeza.
¿N-No? ¿Por qué no? ¿No comerás más tarde?

La coneja no dijo nada, parando de mascar un momento. Había sido una pregunta bastante normal, pero ella no tenía una respuesta sencilla para ella. Ya tenían 4 de 6 piezas, así que no le parecía que hubiese a ver un "más tarde" muy grande. Por un corto momento su preocupación de no saber que iba a pasar luego de que el pequeño fantasma recuperará sus memorias logró pasar sobre su fachada de tranquilidad y alegría, sus orejas se agacharon lentamente y su rabo tembló un poco como si deseará alzarse. Su vestido titiló a azul un momento, antes de caer de nuevo en el amarillo claro que había predominaba antes.

Al ver al E reaccionar al cambio de color de su vestido aunque hubiese sido por solo un pequeño instante, agitó la cabeza para intentar no pensar cosas tristes o malas.
Es mucha fruta, son grandes y llenan —asintió con la cabeza suavemente, antes de mascar la fruta otra vez, intentando concentrarse solo en el sabor.

E jugó con sus manos por unos instantes, antes de tomar disimuladamente una fruta más y guardarla dentro de sí mismo. Cuando Niris ya llevaba como media fruta, empezaron a devolverse a través del pasillo, llegando a la sala principal donde estaba la otra escalera. La bajaron y tomaron la única que les faltaba, que era la derecha. Este pasillo era mucho más corto, dando a una habitación medianamente grande con una larga alfombra en el centro, algunos muebles de madera regados y  con tres puertas a la izquierda y dos a la derecha.

Sobre las puertas de la derecha habían pequeños carteles, la de la puerta más al norte decía "Cocina" y la que estaba más al sur con su cartel colgando, sosteniéndose de la pared solo por un único clavo. Niris avanzó con el pequeño espíritu hasta el centro de la habitación, mirando las puertas.
¿Probamos puerta por puerta o algo así?
Suena bien —sus orejitas se movieron un poco, recibiendo sonidos mínimos, suficientemente pequeños para que ella misma no se alarmara de los mismos.
Podemos ir a la cocina... ¿tendrán comida aquí...?
Niris negó con la cabeza y apunto con el espejo a la puerta que tenía el cartel colgando.
Llena, sin hambre. Quiero saber que dice.
Curiosidad, huh —comentó casualmente, apenando un poco a la coneja—. N-No es que sea algo malo, vamos.

Juntos se dirigieron a la puerta sureste, frente a ella, la coneja pegó un alto salto - algo no muy sorpresivo, era una conejita después de todo. Con su salto alcanzó el cartel, arrancándolo por peso al quedar colgada del mismo. Al caer al suelo lo sopló para sacarle el polvo de encima, estornudando a un lado.
Pyon —movió su nariz a los lados mientras giraba el cartel, tenía una única letra, "C", pero el resto estaban demasiado borrosas para ser discernibles.
C... C... No puede ser cocina.
No entiendo que dice —dijo poniéndolo a un lado junto a la puerta, pensando que tal vez era cosa de no saber leer demasiado bien—, entremos a ver.
Oh, sí —flotó adelante, presionando la manilla de la puerta y dejandola que se abriera sola.

E entro al cuarto con Niris siguiéndolo atrás, pero sus orejas captaron una serie de sonidos cuando estaba pasando y se dio vuelta, viendo que una de las puertas del lado izquierdo ahora estaba semiabierta.
¿Pyon? —se preguntó algo nerviosa, alzando el pequeño espejo lista por si se trataba de un espejismo.
Oh, Niris, ¡ven a ver! —la llamó desde más adentro.
La coneja se quedo unos segundos mirando hacia la puerta, pero como nada más pasaba se dio vuelta y corrió adentro del cuarto para alcanzar a E.

El cuarto parecía dedicado a guardar estatuas, habían decenas de ellas, pequeñas grandes y medianas. Tanto de animales como de personas, con al menos una estatua por raza... ordenadas por tamaño. Niris se quedo mirando una estatua de un conejito y se agacho a tocarla con el dedo para ver, la intento levantar con una mano, pero no pudo, era mucho más pesada de lo que parecía.

Dejo el espejo a un lado un momento y la intento tomar con ambas manos, lográndolo a duras penas, era una especie de roca especial, porque por el tamaño no había manera de que pesará esto. Estuvo viendo la estatua del conejito varios segundos y la puso en el suelo de nuevo, tras lo que empezó a curiosear viendo las otras estatuas del lugar. Mientras ella hacia eso, E empujo como pudo unas estatuas pequeñas de gnomos con dificultad y descubrió un cuadro caído detrás de ellas; se trataba de una pintura con la imagen de un minotauro que parecía estar posando en la manera que más se notasen sus músculos. Sonrió al encontrar el cuadro y se dio vuelta, para ver a Niris montándose sobre la estatua de un Ibhon. Para no estorbarla, el mismo fue a por el espejo para ver cómo es que funcionaba aquello que ella hacía.

A pesar de lo enorme de la estatua, no le había causado demasiado miedo a la coneja, más bien se veía como un animal abrazable y cómodo, se acostó sobre la barriga de la estatua, pensando que lo sería, pero se trataba de roca a fin de cuentas, así que fue algo decepcionante. Cuando levanto el cuerpo, una luz brillando por un lado de ella la hizo voltear, y vio como E era absorbido dentro de la pintura con el espejo.
¡Haa! —se deslizó abajo de la panza rápidamente y corrió hacia la pintura, tomándola.

La coneja se quedo observando la pintura todavía brillando, y se le ocurrió que tal vez no era tarde para acompañar al pequeño espíritu. Sostuvo bien el marco e intento pasar su cabeza por ella… quedando con la nariz y parte de la cara aplastada en la pintura. No se podía. Cuando el brillo desapareció la imagen en la misma había cambiado, mostrando lo que parecía suceder al otro lado.

E cayó adentro de la pintura con el espejo en mano, sobresaltándose al darse cuenta de lo que acababa de hacer. Miro a los lados, buscando a la coneja y empezó a flotar de un lado a otro. Estaba en una especie de desierto, con un sello marcado en el suelo pero difícilmente visible por la arena.

¡Ahh! ¡entré solo! —exclamó lo obvio yéndose de espaldas, chocando con algo duro—. ¿Ow...?

Al darse vuelta, E encontró una enorme estatua con la apariencia de un minotauro, sentado en un trono. Una serie de líneas se marcaron en el trono y empezaron a recorrerlo, pasando a través del cuerpo de la estatua. Los ojos de la estatua se iluminaron y empezó a sonar como si se resquebrajase, poniéndose de pie y viendo al pequeño espíritu.

Soy el suelo bajo tu cola, Ralisne Ter.
E escapó casi instantáneamente a lo que había sido el elemental más grande hasta el momento, ocultándose detrás del trono del mismo por falta de lugares donde esconderse.
...¿Sucede algo...? —preguntó al verlo pasarle por un lado para esconderse.
Nonono... nonono —agitó la cabeza hablando solo y moviéndose de un lado a otro—. ¿Qué hace Niris? cariños, sí, vas a salir, E, vas a salir, ¡y vas a acariciar a ese elemental! —exclamó dándose la pequeña charla motivacional a sí mismo, todo sin darse cuenta de que el elemental estaba escuchando todo y le miraba con la expresión más confundida que se le pudiese sacar a la estatua de un minotauro.

Mientras tanto, la coneja estaba sentada en la habitación con la pintura, intentando colgarla de la pared mientras veía y escuchaba, para su sorpresa, todo lo que transcurría. Al inicio el pequeño fantasma tan solo abría la boca y agitaba los brazos haciendo movimientos raros de los que ella entendía medio mensaje o más, pero el elemental no parecía muy convencido, posteriormente E pasó por su proceso de hincharse de aire y expulsarlo múltiples veces para tranquilizarse, antes de inflar su pecho y pasar por su otro proceso de presentarse con el pecho inflado mientras el aire se le escapaba. Al no poder hacer mucho más, la coneja animaba desde donde estaba, esperando que si ella podía oírlos a ellos, ellos la pudiesen oír a ella.

Eventualmente E se ánimo a hablar, y cuando confeso que esperaba obtener se cubrió la cabeza con las manos bajando la cabeza, pensando que el elemental se lo comería vivo.
Está bien, puedes tenerla.
¡Aaaaahh! ¡aah...! ahh... ¿ah? —preguntó quitándose las manos de encima.
Ya tienes cuatro, tú y tu amiga Nirsi.
Es Niris.
Claro, Niris... la s después... bueno, mira, es que como uno es un Geomante, todos piensan lo mismo.
Uh... ¿Qué?
Que si "duro como la roca" y esos asuntos... no me gusta ser una piedra en el zapato, fastidiándolos con más pruebas y eso, eres un fantasma, no puedes hacer mucho —dijo inocentemente, aunque eso no impidió que E se sintiera un poquito lastimado inicialmente, aunque poco importo cuando le iban a dar la pieza así sin más.
¿¡De veras de veritas!? —preguntó emocionado, viendo al elemental que más miedo le había dado hasta ahora después del grifo como el más dulce y amable de todos también.

La estatua asintió, alzando una mano, apretó el puño y se golpeó fuertemente a sí mismo en la cabeza. Su cuerpo comenzó a agrietarse y cuando la grieta alcanzo su pecho, una luz se liberó de su interior y el quinto soul shard salió flotando a manos de E. Niris sonrió observando todo pasar en la pintura, el pequeño E que antes ni se había atrevido a hablar con el primero había obtenido un soul shard por su propia cuenta; ayudaba que fuese un elemental tranquilo, pero no le quitaría crédito por eso.

Su sonrisa se borró un momento meciéndose sentada adelante y atrás, pensando que ya solo restaba una pieza. Aprovechando que estaba sola dejo salir un suspiro, una más y luego de que E recuperase sus memorias seguramente tendría que volver a casa, con sus amigos, o con su familia. Y ella seguramente tendría que volver a la pequeña cabaña a su día a día sola, era como una espiral cruel del destino, siempre terminaba así: sola. Pensamientos tristes inundaron a la coneja y antes de darse cuenta, lágrimas corrían por sus mejillas y caían sobre su vestido ahora azul oscuro, todavía sin saber que verdaderas razones para llorar pronto, tal vez demasiado.
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Emphatos [Niris] Empty Re: Emphatos [Niris]

Mensaje por Bennett el Dom Ene 20, 2019 3:02 pm

Las lágrimas brotaron de sus ojos como el agua de una represa, derramándose por su rostro. Los músculos de su barbilla temblaban un poco como una niña pequeña. Niris miro hacia un lado, intentando buscar una ventana y una luz que pudiesen calmarla. En su cabeza había estática generada de sus recuerdos. Primero el Dr. Emil, sus compañeros de Landemar, Elíacer, luego Janna de nuevo... la estática solo era un efecto de ese miedo constante, el estrés con el que tenía que vivir cada vez que ponía un pie afuera de su casa. Las mismas preguntas que intentaba ignorar inútilmente corrían cuando conocía a una persona nueva:

¿Va a lastimarme?
No va a lastimarme. ¿Amigo?
Sí, amigo. ¿Cuanto tiempo va a pasar antes de qué me deje sola?

La pregunta "¿van a irse?" nunca estaba en su lista subconsciente, ya que esa siempre tenía respuesta: Sí. Su tren de memorias solo se vio interrumpido cuando se sacó las lágrimas de los ojos, permitiéndole ver con claridad la pintura, y retomando en una conversación que estaban teniendo E y el elemental.

Hmm... ¿E?
El pequeño fantasma se dio vuelta, mientras se alzaba en el aire para buscar el espejo y salir de donde se encontraba.
¿S-Sí, Señor Dorado?
Con esta... dices que ya tienes 5 soul shards... ¿no?
A-Ah, sí, falta solo uno —asintió con una sonrisa—, y todo gracias a Niris.
La coneja abrazo sus piernas más fuertes escuchándolos, antes de enterrar su cara entre ellas y agitarla para secarse el rostro de su llanto.
...Deberías agradecerle ahora a tu amiga, entonces.
O-Oh, claro que lo haré, pero estaba pensando en dejarlo para cuando conozcamos a Tiaathque, será menos... raro, eso creo.
El elemental sufrió una clara sorpresa, aunque corta. Desvió su mirada a un lado por unos instantes y volvió a mirar a E.
Entonces no lo sabes...
¿Huh? —alzó la cabeza.
Una vez tus memorias estén de vuelta, olvidarás todo lo que haz atravesado, vas a olvidar a...
¿Olvidare a Niris?
El elemental asintió lentamente, viendo al pequeño fantasma.

Las orejas de la coneja temblaron un poco al escuchar eso. Sus orejas se empezaron a agachar lentamente, con debilidad, casi como si no quisieran hacerlo, y su rabo se alzó tanto como pudo. Se agitó un poco y sus orejas se alzaron, pero pronto volvieron a caerse en cuanto su rabo paro de moverse. Más lágrimas no abandonarían sus ojos, pero su mente la abandono un poquito a ella.

Y-Yo... uh...
El espejo que buscas está en el espaldar del trono, puedes ir.
E flotó lentamente hacia el mismo, deteniéndose frente al espejo y viendo su propio reflejo por unos instantes.
L-le diré, entonces. Le diré...
E alzó el espejo y le dio vuelta, reflejando el reflejo de vuelta al mismo. Ambos espejos comenzaron a brillar y el fantasma abandono el lugar donde estaba, pasando al otro lado.

Afuera le esperaba Niris, de pie y de espaldas a él. E hesitó al verla, murmurando sonidos, palabras sin terminar de formarse por lo bajo. Sabía que decirle algo así sería una noticia dolorosa para la coneja, él había escuchado parte de su historia y recordaba ver como algo de tristeza invadía los ojos de la coneja en algunas partes de lo que le contaba. E flotó hacia Niris y le dio un par de palmaditas en el hombro.
O-Oye, Niris.

La coneja se dio vuelta, todo parecía estar normal. Su cara se veía seca, tenía una sonrisa acompañando sus labios. Su vestido, sin embargo, mantenía su tono azul oscuro, y sus ojos, normalmente cuando les llamaría rubíes cálidos y cercanos, ahora lucían más como zafiros distantes y fríos. Su presencia energética y curiosa se había visto reemplazada por una triste y cansada.

E bajo lentamente la mano, ignorante de que significaba sus ojos y su vestido, nerviosamente jugó con sus manos y le ofreció el espejo a la coneja.
U-Uhm, lo siento, m-metí la cola —intentó reír débilmente—, me puse a ver como funcionaba el espejo y termine entrando solo... —la miró a los ojos, antes de sentir un leve escalofrío—. ¡Ah! P-pero, no pasó nada malo, el elemental resultó ser buen sujeto y... y-ya tengo el quinto, mira —se lo enseño a la coneja.
Niris acercó sus manos al soul shard, si es que algo lentamente, y lo tomo con cuidado, viéndose a sí misma en el reflejo que le traía ese cristal.
Podemos buscar siguiente elemental, Niris cree saber donde está —devolvió su mirada al pequeño espíritu, antes de mover los brazos como si recogiese cosas mostrando una búsqueda en uno de sus actos teatrales al hablar.
Ah... —se quedo mirando a la coneja darse vuelta y caminar, le notaba algo apurada.

Niris salió del cuarto, con E siguiéndola rápidamente tras haberse quedado observando su espalda unos segundos. La coneja camino cerca de la pared derecha hacia la puerta que estaba al norte; la cocina, E atrás de ella pensando si decirle ya o más tarde, dándose veloces golpes en la cabeza. Cuando Niris se detuvo, al no estar prestando atención adelante, E choco suavemente con su espalda y ella se dio vuelta.

¡L-Lo siento! —exclamó rápidamente agitando las manos, antes de flotar hacia la puerta y abrirla, asomándose lentamente adentro.

La cocina era un lugar simple, pero grande, en ella había una mesita de madera con tres envases hechos de arcilla encima, más al fondo había un par de escobas hechas con ramas de árboles recortadas y atando ramitas menores en uno de los extremos, al lado de las escobas habían tres ladrillos apilados uno sobre otro, donde descansaban cuchillos de distinto tamaño; todos oxidados. La pared del frente poseía la única ventana del lugar, una pequeña y abierta, permitiendo la entrada de luz y seguramente, la salida del humo en los tiempos que se usaba la cocina, la pared derecha gozaba de varios utensilios comunes para cocinar colgando de clavos, cubiertos, cucharones, cacerolas, ollas pequeñas y demás. Al extremo izquierdo estaba el fogón, en la forma de ladrillos formando un semicírculo con múltiples trozos de madera y un marco pequeño tirado en el centro; a cada lado había un par de rocas alzadas en la forma de una i griega/ye (Y), donde descansaba una gruesa rama que sostenía la olla más grande de la cocina en el medio.

Parece una cocina de lo más normal... —comentó intentando ser tan casual como fuese posible, un intento de hacer hablar a la coneja. Uno fallido.

Niris entro lentamente a la cocina con la cabeza baja, esperando por el segundo que E le contará lo que ella ya sabía. Al entrar, repentinamente la puerta se cerró fuertemente atrás de ella asustándola al estar pensando en otras cosas, se dio vuelta para mirar la puerta y un brillo muy intenso, que sobrepasa por mucho la que entraba por la ventana. El fogón se encendió solo, y las llamas del mismo se extendieron lentamente por todo el lugar, como si estuvieran vivas, como si planearan consumirlo.

La coneja se detuvo un poco al ver las llamas, el fuego de por sí le daba un poco de miedo; estar encerrada y con esas llamas expandiéndose por el lugar fueron más que suficiente para aterrarla. Su pelaje estaba erizado y su piel de gallina, su cola por primera vez se agitaba pero no transmitía ninguna ternura, y sus orejas estaban alzadas, no de la manera que una flor se abre para lucir al mundo lo hermoso de sus pétalos, sino por alerta. El gatillo en su mente se disparó para dar rienda suelta a sus piernas, era momento de correr, pero algo tomándola del vestido la detuvo.

¡Niris! ¡Tranquila! N-No vas a quemarte, es el...
¿Tranquila? Tranquila. Le acababa de decir que se tranquilizara... una parte del miedo de la coneja se volvió ira, todo lo demás que alcanzó sus orejas fue ignorado, solo eran sonidos molestos de alguien que no entendía como se sentía.
¡Haaa! —se dio vuelta, gruñendo enojada con lágrimas corriendo de nuevo en sus ojos—. ¡Suéltame! ¡Deja, deja! —le gritó jalando su vestido y agitándolo.
E se quedo frío como un muerto en cuanto vio la cara enrojecida y cubierta de lágrimas de Niris, pasos unos segundos paralizado, hasta que el segundo "deja" lo hizo volver en sí y al verla jalar su vestido y agitarlo, lo dejo ir débilmente.

En cuanto ya no había nada jalándola atrás la coneja salió corriendo, abriendo la puerta y empujándola para correr a cualquier otro lugar. No conocía completamente la mansión, y la última cama que recordaba estaba demasiado lejos, no quería pensar nada ni pensar demasiado mientras se sentía así, odiaba esa sensación; la de su corazón intentando escapar de su pecho. Corrió tan rápido como pudo alcanzando en cuestión de segundos a las puertas del lado izquierdo, clavándose dentro del cuarto que tenía la puerta semiabierta.

Nisiquiera vio lo que había adentro del cuarto, pero escuchar la voz de E llamándola solo hizo a su rabo agitarse más de un lado a otro y sus orejas alzarse, se dio vuelta enojada y cerró la puerta fuertemente, dándole igual que la viese así o no. No podía exactamente culparlo del fuego, él no lo inicio, pero eso no era lo que le enojaba.

¿Niris...? —dijo entrando tímidamente la cuarto, en su forma intangible.

La coneja estaba tirada en el suelo, en casi el medio de la habitación sentada, con la pieza tirada a un lado de ella, todavía llorando y abrazando sus piernas al no haber un lugar donde esconderse realmente. Al subir la mirada y ver el fantasma frunció su ceño, tomando la pieza y apretandola fuertemente en su mano.
Ha... Haa... —respiro algo ahogada, haciéndosele más difícil por el llanto, cada vez que desviaba sus ojos y volvían a caer en E que se acercaba lentamente a ella se sentía peor, en cuanto el fantasma estuvo casi en proximidad de su brazo lo agitó violentamente para alejarlo—. ¡Haaa!
N-Niris, calma, tod-
¡Fuera, fuera! —agitó más el brazo, frustrada de no poder empujar al fantasma optó por lanzarse el soul shard—. ¡Tómalo y vete!
N-no quiero el sou-
¡MIENTES! —estalló un sollozo que antes no podía salir, haciendo retroceder al pequeño espíritu de un susto, antes de toser un poco para pasar la sensación doliente y desgarradora que le provoco dar un grito así de desmedido—. Mientes... —musitó afligida—. Cuando recuperes tus memorias me vas a olvidar, y no me lo ibas a decir... —enterró su cabeza en sus piernas temblando, tan cansada y aplastada por el sentimiento de congoja que ya no tenía las fuerzas para hacer nada más que llorar.

E retrocedió más al escuchar a la coneja, antes de desviar la mirada atrás y ver el soul shard tirado en el suelo tras haber rebotado de la puerta. En todos sus años vagando sin memorias jamás había recordado nada de sí mismo, nunca, ni por casualidad, sin importar lo que intentara. De esa misma manera, al verse en espejos o cualquier material que pudiese reflejarlo el resultado siempre era el mismo, solo veía lo que era: un pequeño fantasma.

Está vez fue distinto, tal vez es porque como estaba sintiéndose y como posiblemente lo estaba viendo la coneja, alguien que solo la había estado usando; no muy distinto de un humano, al menos uno de esos a los que Niris tanto temía. Su figura en el soul shard era la de un hombre en sus cuarenta, pelo negro, cara promedio con unas pocas cicatrices y arrugas, bolsas bajo sus ojos café, tez morena... E retrocedió atrás horrorificado, volviéndose tangible y llevándose las manos al rostro, solo para estar seguro de que todavía era ovalado y no lucía como la persona que acababa de ver. Un grito, sino un suspiro, al menos un ruido debieron escapar de su boca, pero no hizo nada, no quería hacer nada... o si quería, simplemente, no sabía qué hacer. No con lo que vio, sino con lo que ahora estaba viendo, su amiga llorando despavorida, y con toda la razón para hacerlo.

E comenzó a arrepentirse, viendo cada segundo y cada pasó que dio la coneja como el momento en el que pudo haberle dicho la verdad y resolver las cosas juntos. No es que hubiese sido una caminata muy larga la verdad, pero ahora se le hacía infinita, y con ella tuvo infinitas posibilidades, que simplemente dejo pasar por sus manos, como si fuese intangible, como si las posibilidades fuesen fantasma.
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Mensaje por Bennett el Jue Feb 07, 2019 1:25 am

Las lágrimas de la hörigue continuaron mojando su azul vestido mientras E observaba sus "manos" en silencio; alzó la mirada en comprensión de que no tenía acciones ni palabras que pudiesen hacen sentir mejor a la coneja y suspiró, a este punto ya no sabia porque estaba llorando. ¿Miedo del fuego? ¿ira hacia él? ¿tristeza?

Como un fantasma, en ese momento y sintiéndose como se sentía, supuso de que él nunca podría saber eso, pero sabía una cosa, por una razón u otra, las lágrimas limpiaban. Era un deseo extraño, pero él quería poder llorar en ese momento también. Se dio vuelta y flotó afuera del cuarto atravesando la puerta, viendo el pequeño desastre que dejo al otro lado: el espejo, la flor mordida de Niris, las frutas y los otros cuatro soul shards, todos se habían caído al volver intangible su cuerpo. Apretó las manitos y subió una mano, golpeándose múltiples veces en la cabeza.
¡Tonto, tonto, tonto!

Luego de unos segundos de autocastigo, E observó que entre todos los colores que eran las frutas y los soul shard en el suelo, había algo de rosa. Detuvo su puño por un momento y descendió en su vuelo, moviendo las frutas a un lado y encontrando el pétalo que le había dado Niris cuando apenas se estaban conociendo. El remordimiento le mordió un poco más, y sostuvo cuidadosamente el mismo, recordando mantenerse en silencio, porque como en la casa de la coneja, seguramente podía escucharlo incluso un cuarto afuera.

Y... tenía razón, Niris, sollozando suavemente en el cuarto sola mientras intentaba calmarse sentía sus orejas sacudirse por cada "¡tonto!" gritado por el pequeño fantasma. Lo que E no sabía no era misterio para Niris misma, la razón de sus lágrimas: miedo. no al fuego, sino lo que al fuego pudiese hacerle. Quemar su carne. Sacar el último aliento de su cuerpo con su vida terminando tan mal como empezó. No había fuerza que ser encontrada cuando pensaba sobre eso, la seguridad de un apretón de manos no servía y la compañía — oh, eso lo sabía dolorosamente bien, recordaba el día que todo empezó a ir mal después de un tiempo de paz, de que hubiese ido bien, cuando huyó y dejo al Dr. Emil... definitivamente, la compañía tampoco servía...

Todos morían solos, era una verdad en la vida. Morir era atravesar una puerta con suficiente espacio para una sola persona, y por tanto cuando la atravesabas lo hacías solo y sin saber que había al otro lado. Esto era el miedo de la coneja, su vida no era felicidad con momentos tristes, sino tristeza con momentos felices, pero demasiados pocos como para no desear más. Todo lo que quería era ser feliz y tener una vida pacífica, un deseo ambiguo, compartido por muchas personas, un deseo simple, pero posiblemente, en su simpleza, el más difícil de cumplir de todos.

Poco a poco, a más lentas venían sus lágrimas, más lenta se volvía la respiración de la coneja. Llorar le saco muchas fuerzas, sus ojos ardían un poco y pesaban bastante, su propio peso corporal empezó a ganarle, y lentamente se vio arrastrada a la oscuridad, sueño. Su sueño fue pesado, suficiente para hacerla desmoronarse y caer de un lado en una posición que no recordaría cuando despertarse.

La coneja despertó con un vestido viejo encima que uso como cobija, sus ojos ahora ardían más por la hinchazón y su estómago rugía suavemente del hambre. Ahí tirada, en su cuestionable comodidad y en el total silencio empezó a recordar lo sucedido y vino muy pronto a su atención de que ella definitivamente no se había dormido en un closet. Sus orejas se sacudieron un momento pensando que tal vez E la arrastró a uno para que durmiese allí y pateo la puerta para abrirla, una... mala idea.

Al abrirse las puertas del closet la coneja cayó del mismo en oscuridad, mientras volteaba atrás y veía al closet alejarse flotando de ella junto a su cobija improvisada. Mientras caía una luz empezó a verse desde... abajo, o a donde parecía estar cayendo, dos manchas negras se mostraron en la luz y fueron acercándose lentamente, o tal vez ella se acercaba a ellas, hasta que se hicieron discernibles.

Primero fue el frasco vacío de shampoo que le había comprado Janna, el cual intento atrapar "nadando" hacia el, pero se escapo de sus manos, después fue un viejo catalejo junto a una pluma, ambas pertenencias suyas que obtuvo de los días que había pasado con Elíacer; esforzándose tiró un manotazo y logro atrapar el catalejo, aunque la pluma se coló entre sus dedos al tener mucho menos de que agarrarla, por último fue su cofrecito de recuerdos de Landemar, horribles días en el mar, pero buenos recuerdos de lo que recordaba eran de las pocas personas en su lista que le habían cuidado y tratado bien. Nuevamente intento nadar hacia el cofre, atrapándolo de un abrazo, pero de alguna forma ella continuaba cayendo y el cofre aunque iba hacia arriba, se sentía pesado, colándose de sus brazos y perdiéndose arriba en la oscuridad junto a todo lo otro que no había logrado atrapar.

Niris chilló un audible "¡Pyon!" al ver como se le escapo el cofre entre los brazos muy literalmente, y recordó al verlo desaparecer en la oscuridad cual era justamente la función del catalejo: ver como ven los búhos en la noche. La coneja alzó el catalejo, pero justo antes de poder llego a la luz, siendo engullida.

Al "caer", la coneja despertó con un sobresalto, algo de sudor frío, su respiración rápida, su corazón acelerado... sus ojos hinchados todavía. Se levantó lentamente, encontrándose en lo que parecía un bosque a plena noche, cuidadosamente vio de un lado a otro con sus orejas en alerta, dando un pequeño salto más al escuchar un par de voces, llevándose las manos al pecho y notando que todavía tenía el catalejo con ella.
¿Pyon...? —se preguntó mirando al catalejo, antes de escuchar las mismas voces repetirse otra vez, alzando la mirada a la oscuridad y las orejas al sonido.

Niris tomo unos instantes para calmarse y moverse, poniéndose lentamente de pie y llevando el catalejo arriba para poder ver en la oscuridad. A través del catalejo la coneja pudo observar más árboles grandes a la distancia, de ramas retorcidas y troncos de formas cuanto menos peculiares. La poca percepción colora generalmente le hubiese dado la impresión contraria, que el lugar parecía muerto, pero lo sentía perturbadoramente vivo. Dejando pasar el escalofrío que recorrió su espina, pudo ver a la distancia una luz que variaba en intensidad. Bajo tímidamente el catalejo y empezó a moverse rápida pero sigilosamente por el bosque, era mejor que quedarse en un solo sitio parada y sin saber donde estaba, pensó.

Aún así, corriendo suavemente por el lugar, Niris no sentía tanto temor como un anhelo, un pequeño dolor por algo que sentía que le faltaba, algo ausente. La coneja frunció el ceño y su rabito se empezó a agitar suavemente, negándose a la idea de extrañar a E cuando seguía muy enojada con él, agitó la cabeza y siguió avanzando, pasando a través de unos arbustos y dando con una cueva en la que sombras danzaban, producto de una luz interior. Entre las sombras pudo ver la figura de dos personas, tal vez humanos, o sino elfos, Niris miro atrás, y luego al frente de nuevo, aterrador bosque nocturno que no conocía o una cueva con humanos que podían o resultar malas personas o buenas que le permitiesen estar con ellos al menos por esa noche. Agarró aire y supuso que tomara el riesgo y si la veían muy extraño correría con todas sus fuerzas; entró silenciosamente a la cueva, cuidando de no pisar ningún charco y no hacer ningún otro ruido.

Con pasos ligeros y suaves se adentro en la cueva, llegando al punto donde sus orejas podían escuchar las llamas hacer arder madera. Asomó cuidadosamente su cabeza, observando a una persona junto a la fogata. Se trataba aparentemente de una mujer tapada por una larga túnica marrón claro, con la capucha arriba escureciendo su cara y solo permitiéndola a ver cuando las llamas iluminaran su cara, revelándole a la coneja unos ojos rojos. Entre sus brazos llevaba tapada a una figura mucho más pequeña, parecía un bebé.

Las orejas de Niris se sacudieron buscando una segunda figura, había oído dos voces, y una no podía ser de un bebé, eso era seguro. Pero también lo era, a mayor o menor medida, que una mujer con su hijo en manos no intentase hacerle algo malo.
Pyon —dio un saltito afuera de su escondite—, hola... —saludo tímidamente con una mano.

La mujer se asustó un poco al ver a Niris, llevándose una mano al pecho. Al hacerlo bajo la mirada otra vez y tomó exactamente la misma postura que tenía antes, no era como si no le importase la presencia de la coneja, ni como si la ignorase, era algo más allá, posiblemente sin una palabra para describirlo. Indiferencia no bastaba.

Niris ladeó la cabeza viendo a la mujer y dio un paso más adelante, pero sus orejas escucharon un rasguño sobre ella, al alzar la mirada allí estaba, el espejismo formado por múltiples rombos, pero con algunas diferencias, tenía pantalones azul, y una camisa verde con un chaleco marrón oscuro, sus “manos” y “pies” todavía eran rombos como lo era su cabeza, aunque su cuerpo fuese humano. El ser se dejo caer, en un intento de aplastar a la coneja.

¡Haa! —salto atrás para evitarlo, viéndolo caer al suelo frente a ella y darse vuelta para verla— H-Hum… —dijo subiendo las manos, recordando que sostenía era el catalejo y que el espejo se lo había llevado E, al recordar su pelo se erizo un poco porque no tenía un medio de defensa, así que optó por su plan B, que era escapar.

Siguiendo de acuerdo a eso, dio unos pasos atrás para generar distancia y prepararse para correr, pero al ver al espejismo darse vuelta y caminar hacia la mujer entro en algo más de conflicto, uno que creció rápidamente por la transformación que sufrió la cueva;  empezó a cambiar rápidamente su apariencia, pasando de una caverna cualquiera a lo que parecía una plaza, la coneja volteo a los lados en confusión con el anhelo que había sentido antes haciéndose más fuerte. Al mirar al frente de nuevo vio los inicios de una escena que recordaba muy bien.

La mujer se puso de pie dejando caer al pequeño entre sus brazos al suelo, Niris se llevo las manos a la boca del susto al ver esto, pensando que se lastimaría el bebé, pero el sonido fue seco y contundente, como una roca. Al abrirse los paños que le cubrían, tan solo era otro espejismo más, relativamente si, en la forma de un bebé con protuberancias en la cabeza, pero seguía siendo un espejismo. Sus orejas se sacudieron al quedar más perdida sobre que estaba pasando, sus ojos volvieron arriba y la túnica de la mujer cayó, revelando ahora a un hombre en harapos sobre harapos, con su boca y nariz tapada por uno de sus trapos.

Habían pasado años, pero Niris no había olvidado todavía esos ojos. En su vida había visto muchos ojos tan diferentes como sus colores; azules indiferentes, verdes tristes, marrones felices, confusos amarillos, enojados rojos. Todas esas emociones y más se podían anclar de solo un par de ojos fuesen del color que fuesen, lo que hacía reconocer a alguien solo por ellos fuese un hecho difícil, pero ella recordaba estos ojos y esta persona. No había brillo o vida en ellos, como si fuesen una carcasa vacía; su corazón martillo erráticamente y las cicatrices de su espalda comenzaron a arder como si las abriesen de nuevo, estando frente a lo único peor que las llamas, puesto que el fuego aunque ardiera caliente, ardía rápido. Lo único peor era esa frío odio.

Sus ojos azules negaban todos calor, como un permafrost protector que lo cubría e iba más allá, si los ojos eran ventanas al alma, entonces se hombre no tenía ninguna, solo un lago congelado por dentro. Su mirada inmovible estaba acompañada por una deliberada respiración lenta, como si estuviese combatiendo contra algo, y perdiendo.

El hombre alzó su puño, sosteniendo un cuchillo simple con la punta algo doblada pero el resto afilado, un mango de madera negro. La última vez que Niris había visto eso su miedo la había hecho reaccionar de la misma forma de siempre: huir tan rápido y lejos como su cuerpo le permitiera hasta que su corazón, dejando de martillar con fuerza, le dijera que todo estaba bien. Era común el miedo a lo impredecible, y el miedo en sí, lo era; así como las reacciones al mismo.

Tal vez fue eso, el miedo, o tal vez el frió que venía a ella cada vez que encontraba esa mirada en una pesadilla, pero su cuerpo no reaccionó a los gritos en su pecho que le indicaran que huyera. El paso del tiempo y de la luz se alentaron, y los sonidos se volvieron como si estuviese abajo del agua. Aparte del latido de su corazón, ningún músculo se movería. Ese martilleo en su interior marcó el ritmo de la puñalada. El cuchillo entró como si no fuera nada, solo carne, huesos y sangre, abriendo una cavidad en su pecho de la cual estalló el color carmesí para bañar la noche. El cuerpo empezó a caer atrás con el rombo que tenía por cabeza deformándose en su rostro; el de la primera persona que le había cuidado. Aquel rostro que había sido hermoso en vida, ahora congelado, con los ojos abiertos y su boca floja. Sus ojos se sostuvieron en los de la coneja y en fracciones de segundos la luz restante desapareció, el calor de los años en el que se había construido afecto entre él y ella, simplemente desvanecido como arena empujada por el viento.

Su corazón que hasta ahora martillaba estalló, no gritándole con mayor fuerza que corriera, sino haciendo que sus piernas la abandonaran y cayera de rodillas al suelo. En sus pesadillas jamás había tenido que observar, todo terminaba al mirar a los ojos de aquel hombre, no conocía que había sucedido con su amo, no podía haber muerto así y ya, tenía que ser falso. Era falso. Tenía que despertar.

Pero no lo hacía. Mucho peor que cualquier pesadilla - la realidad; un grito escapó desde lo más profundo de su ser, empezando a llorar con la mayor fuerza que jamás  hubiese llorado antes, un diluvio de sus ojos. Se puso las manos en la cara intentando apartar las lágrimas desesperada en una tormenta de emociones casi arañándose a sí misma, quería gritar, y quería gatear hacia el cuerpo y sostener su cara en sus manos como si eso fuese a ayudar, pero no lo hacía; solo estaba allí tirada sobre sus rodillas, encogiéndose cada vez más en una posición fetal abrazando su cabeza como para protegerse de peligros, observando el cuerpo sin vida mientras sus lágrimas intentaban ahogar al mundo con ella.

Sus orejas se sacudieron ante un sonido pero lo ignoró, incapaz de separar sus ojos de los del Dr. Emil. Aunque pudiese parecer que sus lágrimas al caer en el duro y frío granito estaban generando vida al transformarlo en suave tierra y grama, no era así, tan solo el mundo cambiando de nuevo, pasando a un bosque frondoso. El ambiente frío lentamente se veía reemplazado por calor y el sonido de la noche por el de hojas danzando al son del viento... que empujaba un nauseabundo olor a sangre.

El rabo de la coneja se alzó al mismo tiempo que sus orejas, su cuerpo recordando ese hedor, trayendo dolor y picazón en las cicatrices de su espalda a sus memorias: un corto déjà vécu. Dos ojos bañados en el puro rojo de la sangre como aquella que corría del cuerpo del Dr. Emil; adornados por una hilera de dientes rosados que solo hacían más evidentes aquel olor a muerte.

Niris intento dar un grito al cruzar miradas de nuevo con aquel monstruo, pero ningún sonido abandonó su boca. O al menos, eso le pareció a ella en su lugar de pesadilla.

E, quien estaba afuera con el pétalo adentro escuchó muy claramente el grito de la coneja, alarmándose y abriendo la puerta del cuarto a toda velocidad. Niris yacía en el suelo dormida, pero tenía la cara arrugada y mojada, además de que se agitaba de un lado a otro sin parar, como si estuviese forcejeando. El pequeño fantasma se acercó flotando e intento tocar a la coneja nerviosamente en un brazo.
N-Niris —empujo su brazo, moviéndola suavemente intentando despertarla inútilmente—. ¿Niris...? —apartó sus manos y empezó a aplastarle ahora una mejilla y a sobarle la frente, pero de todas maneras la coneja no despertaba—. ¡Nir...!

Antes de poder terminar su llamado en una voz más alta, Niris se dio vuelta nuevamente golpeándolo con una mano y pegando al pequeño fantasma de la pared. E se quedo paralizado unos instantes creyendo que realmente la coneja le había pegado antes de solo razonar que se había agitado de nuevo en su sueño. Desde su posición estando contra una de las paredes del cuarto observó mejor el lugar, y como sobre Niris caía una luz leve, empezó a subir lentamente la mirada y consiguió en el techo a un espejismo clavado, este tenía la forma de un murciélago excepto en su cabeza, la cual era un paralelepípedo cuyas caras actuaban como espejos, reflejando todo de vuelta. Claro, en una de ellos, reflejaba a Niris.

E se quedo mirando el reflejo de Niris en el espejo y reaccionó repentinamente, mirando a todos lados buscando aquel otro espejo, recordando que lo dejo afuera; flotó rápidamente allí y tomo el espejo volviendo tan veloz al cuarto como le fue posible, entonces lo elevo y lo acercó al espejismo del techo, reflejando al espejismo de vuelta a sí mismo. El ser intento alejarse un poco al notar la presencia de E con el espejo, pero ya era tarde para él, empezó a quebrarse y una vez estuvo totalmente roto, se desvaneció.
Que intenso... —se dijo a sí mismo, viendo al espejo y luego mirando al frente otra vez. Probablemente se hubiese quedado un rato más por la impresión, pero descendió abajo rápidamente y empezó a mover a la coneja y empujarla de un lado a otro—. ¡Niris, Niris!

A pesar de sus esfuerzos, la coneja no volvía. E se alejo lentamente frustrado, primero la había lastimado y ahora no la podía ayudar, y le estuviese pasando lo que le estuviese pasando, estaba seguro de que era culpa suya. Su agarre del espejo empezó a quebrarse junto a su voluntad hasta que ya no le estaba sosteniendo con fuerza; deslizándose de su mano y cayendo al suelo. El sonido de la caída lo hizo volver un poco en sí, alarmado y verificando que el espejo no estuviese roto.
E-Está bien... menos mal... —se llevo las manos a la cabeza aliviado—. Hubiese metido en más problemas a Niris con el elem...

Y con la palabra que no llego a pronunciar vino algo de esperanza de vuelta, tal vez él no sabía qué hacer, pero el elemental de agua sí. Se movió rápidamente a un lado, antes de pausar hesitándose por unos instantes y tomando el espejo, lo necesitaría para el viaje de vuelta. Salió disparado a toda velocidad, pero a tan solo unos metros tras cruzar la puerta se detuvo. ¿De verdad iba a dejar a Niris así, y sola, sola, esa palabra que tanto se le clavaba en este momento? no podía hacerlo, y por eso no podía ir por el elemental de agua. Pero tenía uno más cerca.

Se dio vuelta mirando hacia la cocina e hizo su camino hacia la misma, adentro se dirigió hacia el fogón, deteniéndose en frente con el espejo sostenido con ambas manos. Pronto la cocina se ilumino, el fogón encendiéndose de nuevo con sus llamas expandiéndose por el lugar. E solo pudo mirar con asombro a lo que era el elemental, el cual habló con una voz casi titánica.
Soy...
¡Me da igual! —respondió veloz y cortante, interrumpiéndolo. Entonces se arrepintió de golpe por su repentina explosión de sinceridad al ver la expresión del elemental, llevando el espejo más a la boca—. D-Digo... yo... —agarró aire, tras lo que estalló el balbuceos, agitando los brazos y apuntando afuera—. ¡Mi amiga, mi amiga está en problemas, debe hacer algo, no se despierta! ¡Está así, y así! —se puso horizontalmente en el aire y empezó a moverse de un lado a otro violentamente, no dando una imagen muy exacta de Niris—. ¡Y-y se ve triste! ¡Y...! ¡Y un espejismo la estaba acechando, uno con cabeza cuadrada o algo así! ¡y no se despierta! ¡Y...! ¡Y...!
¿Me insultas y pides mi ayuda?
E detuvo su palabrerío y bajo lentamente los brazos con desánimo.
Lo siento... solo quiero ayudarla... —bajo la cabeza.
Las llamas del lugar se volvieron más débiles y fluctuaron un poco, antes de agarrar mayor intensidad.
Ayudaré —replico, con E levantando la cabeza y apunto de ir hacia él para agradecerle intensamente, pero fue detenido por su siguiente comentario—, con una condición...
El pequeño fantasma se detuvo y se quedo mirando a los ojos del elemental, antes de darse vuelta y mirar hacia la salida de la cocina. En su tiempo vagando el mundo perdido, había escuchado variedades de la misma expresión: hacer un trato con un nigromante, hacer un trato con un demonio, hacer un trato con un ifrid... sí, este último sonaba el más apropiado para este elemental. Nunca había oído de ninguna de esas expresiones terminando con una buena historia, pero si había metido a Niris en esto, la sacaría.
A... A-Acepto.
Bennett
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