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Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
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Empathos [Taliesin]

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Mensaje por Skurk Äsping el Dom Dic 23, 2018 9:32 pm

Por el amor de Mairsil, qué agradable hubiese sido encontrar un lindo agujero en la pared, una pequeña puerta tamaño ocasión, un perchero donde colocar el bolso y la chaqueta. Un amable mozo que cuidara a Viima mientras me paseaba entre la multitud que aclamaba una canción que llenara el ambiente de risas y voces cantando al unísono. Mi guitarra, fiel amiga, bajo el manto de la diosa, derramando hermosas notas, sirviendo su propósito divino. Una bebida en la barra, una larga charla de la cual sacaría una canción más tarde, un nuevo número en mi repertorio. Velas iluminando la estancia con colores ambarinos, proyectando medias sombras a través de diminutos cristales, tan finamente cortados que serían una astilla para alguien de tamaño normal. Me pregunté inocentemente si, en el mundo de las personas… ¿Grandes? era normal ésto, si no era sólo en las manos de mi amo que mis ojos vislumbraron la gala y la grandeza, si también había sitios...
 

Como éste.

Resulta que la maravillosa entrada al ”Abejón Cantautor” no era más que una apestosa alcantarilla. No porque sea una rata tengo que ser sucio. Ni andar en cloacas. El abanico -valga la ironía- de aromas que azotaba mi nariz era terriblemente nauseabundo, al punto que intentaba aguantar la respiración lo más que podía, y se me salía una lágrima suplicante cada vez que mi cuerpo no podía más y tenía que tomar aire. El olor, por sí mismo, no me traía ningún sentimiento más que un ligero mareo con el cual pude o no haber metido la pata en charcos de líquido no identificado. Sin embargo, la situación me brindaba una melancolía enorme. En ese momento, mi pequeño corazón anhelaba estar en mi antigua vida. Donde sí había galas y música, donde mi arte y mi diosa valían más que unas monedas de bronce. Los recuerdos vívidos se veían interrumpidos cada vez que en mi mirada golpeaba un insecto muerto nadando en las aguas negras…

Y luego uno vivo…

Y luego otro que quién sabe.

Entonces, por breves momentos, se revolcaba ese otro sentimiento que hacía un tiempo se alojó en mi alma con intenciones de no irse. El rencor y la esperanza vacía. El deseo de vengar a mi amo. De tener por lo menos un atisbo de justicia, la certeza de saber que aunque no tendría mi vida de vuelta, cuando menos tendría en mis patas la vida del que me la quitó. Y luego estaba ahí, junto al sentimiento, el hecho inquebrantable de que bastaba un pisotón de una cría de humano para hacer puré de rata. Razón suficiente para hacerte sentir más pequeño de lo que ya eres. E íngrimo, solitario, porque no había un alma que se apiadara de ésta pobre criatura peluda. Porque desde entonces no tuve más remedio que valerme por mí mismo, y no puedo alegar que ha sido fácil.
 
Pero un atisbo de luz desplazó los pensamientos con la nueva vista; había llegado a la taberna. Un sitio donde todo era pequeño. Todo estaba hecho a mi medida. Bueno, a la medida de las personas que venían aquí. En su mayoría antropomorfos que no encajaban en el mundo de los grandes, y algún cambiaformas intentando pasar el rato. No dejaba de ser un lugar de mala muerte. Había un par de velas haciendo de hoguera y de iluminación, corchos de botella hacían las veces de asientos, y otros de barril eran mesas. El olor a cañería, sin embargo, no se había resignado a desaparecer.

Te acostumbrarás. —me dijo una dama cuando arrugué la nariz, que era inevitable cuando venían oleadas de fetidez. Vale, tampoco es que estuviera planeando quedarme mucho tiempo.

Una canción. Quizá dos, cuando mucho. Algo que me hiciera ganar alguna baratija que pudiera cambiar por… comida, al menos. Quizá podría aprovecharme de las apestosas muchedumbres para cortar un bolso o robar un abrigo. Tiempos desesperados requieren medidas desesperadas. Aunque ésto de robar es más fácil cuando estamos hablando de personas grandes que apenas se darían cuenta de que hay alguien merodeando entre sus cosas. Quizá…. ¿Quizá Mairsil guiaría mis pasos? Uno nunca sabe. Caminé hasta el centro de la estancia, toqué las primeras notas, y todo el lugar fue mío.
   
 

No me gusta caminar por este lugar vacío

Entonces sube a mi mano, caminaré contigo, pequeño

La casa cruje mientras duermes, me mantiene despierto.

Te está diciendo que cierres tus ojos


Algunos días no puedo confiar en mí

Me mata verte así


Porque aunque la verdad pueda variar
Éste barco nos llevará juntos a la bahía.


Hay una voz en mi cabeza que me dice que retroceda

Entonces dile que extraño nuestras pequeñas charlas


Pronto todo terminará, enterrado en el pasado

Solíamos jugar afuera cuando éramos jóvenes

y llenos de vida, llenos de amor.


Algunos días no sé si voy bien o me equivoco

Tu mente te juega trucos, pequeño.


No escuches una palabra de lo que digo
Los gritos, todos suenan iguales


Te fuiste, lejos, muy lejos. Te vi desaparecer.
Lo único que queda es tu fantasma.
Ahora estamos apartados


No hay nada que podamos hacer
Déjame ir, nos veremos pronto.


Espera, espera por mí, por favor, quédate.
Te veré cuando caiga dormido.


Porque aunque la verdad pueda variar
Éste barco nos llevará juntos a la bahía.


Y quizá la canción sólo tuvo sentido para mí. El aplauso fue lento, confuso. Pasaron un par de segundos, y luego entendí el porqué del aplauso lento. Poco a poco, uno por uno, fueron cayendo dormidos todos en el lugar. Desplomados sobre mesas, sillas. Bandejas en el piso, bebidas derramadas. Todos en una feliz siesta. Allí hice de las mías.

Digo, ¿Quién los extrañaría? Una sortija, una pequeña piedra, algún artilugio, cosas que al ojo común parecen basura, a mí me ganarían un día más de vida. Bueno, vale, cosas sin valor aparente y una botella de vino. Un ladronzuelo también puede darse sus placeres.


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