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Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth
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Emphatos [Azura]

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Emphatos [Azura]

Mensaje por Bennett el Vie Dic 28, 2018 4:00 am

En un pequeño bosque cerca de una ciudad un par de aventureros caminaban. Hermanos, llamados Ned y Den. Ambos hombres tenían cierta... fama. No eran particularmente fuertes ni habilidosos, no tenían a su disposición ningún objeto mágico que les pudiese permitir lograr y sobrevivir a todo lo que habían sobrevivido y logrado. A pesar de esto, era obvio para el público que esto era algo que todos buscaban, pero pocos lograban alcanzar: suerte, mucha suerte.

La Diosa de la Suerte les había bendecido, los golpes de los maestros fallaban y los suyos daban en el blanco. Un ser normalmente hostil se encontraba de buen humor cuando les encontraba. Un tabernero les ofrecía cuarto cuando no tenían dinero encima. Cuando cantaban todos estaban demasiado borrachos como para darse cuenta de lo horrible que eran sus voces. Si un asesino envenenaba sus bebidas se confundían de mesa o de vaso. Bardos hacían de ello el tema de sus canciones y poesías. Capaces de hacer lo imposible por el simple hecho de que aquello fuese improbable.

¿Qué significaban las palabras "imposible" e "improbable" para los hermanos?

Nada.

Los hermanos, creyéndose invencibles e intocables al mundo que le rodeaban partieron para ver hasta donde se extendía su suerte con lo único que les faltaba superar: un dragón. Las criaturas más míticas de Noreth, capaces de cambiar un ecosistema entero de encontrarse en el sin nada que les detuviera. Titanes caminando la tierra y surcando los cielos... el reto máximo y perfecto para su suerte.

Con la bendición de su señora, ambos hombres avanzaron por el bosque con tanta tranquilidad como lo haría un asesino por la noche, siguiendo tan solo sus "corazonadas" de que ese día, se encontrarían con un dragón.

Y así fue.

Pero... hasta ahí llego su suerte. Este, este dragón estaba muy enojado. Ambos hombres no pudieron hacer más nada que cruzar miradas con el mismo y paralizarse de miedo en el  instante que supieron que su Diosa ya no estaba con ellos por la mala cara que cargaba el dragón. La criatura rugió hacia ellos con todo su poder, Ned dio un par de pasos atrás, tropezándose con una rama y cayendo al suelo. Era la primera vez que lo veía en esa posición desde hace años, era un hecho... la suerte les había abandonado.

Den extendió su mano a su hermano para ayudarle a ponerse de pie, antes de que la sombra de la criatura alcanzará la de ellos. Ambos hermanos se abrazaron, retrocediendo unos pasos. ¿Qué podían hacer ahora sin suerte? no conocían ni una sola técnica de espada. Uno de ellos llevaba un arco pero no flechas - puesto que, siempre que necesitaba una flecha ahí estaba - Otro llevaba un escudo en la espalda, pero tampoco sabía cómo usar apropiadamente un escudo, y su mejor idea de usarlo era esconder su cara tras él, como una tortuga, una idea no... muy alejada, del uso correcto.
¡A-atrás, bestia! ¡atrás! —amenazó Ned con su espada y escudo al dragón.

Pero Ned sabía que eran amenazas inútiles. ¿Qué era su espada contra los dientes del dragón? ¿Qué era su escudo contra sus escamas? ¿Qué eran sus palabras contra rugidos que silenciaban al trueno? ¿Qué era su vida contra un aliento que significaba muerte? ¿Qué era la pobre comprensión de Aeromancia de su hermano contra alas que eran un huracán? ¿Qué eran ellos dos, sin la suerte de su Diosa?
Todas estas preguntas tenían una misma respuesta:

Nada.

El dragón avanzó lentamente hacia ellos, y bastó un único rugido para que ambos hombres gritarán despavoridos y salieran corriendo, dejando caer sus armas en el suelo mientras corrían, esperando que esto de alguna manera pudiese detener al dragón. La mítica criatura, enojada, rugió más fuerte... hasta que escuchó uno voz a su espalda.

¡Tesla! —exclamó la figura gatuna, viendo al diminuto dragón granate que ni siquiera alcanzaba los 10cm de tamaño.

El pequeño dragón rugió más en el aire de un lado a otro sin detenerse, indispuesto a escuchar a su dueña. Azura suspiró, mirando hacia atrás y haciéndole señas a sus golems para que se acercasen. Su compañero metálico, Velsignet, y sus otro par de golems lobeznos avanzaron, parándose detrás de ella. La felina saltó sobre Skoll y se acostó sobre él.
Velsy, hazte cargo.

El golem pareció sufrir un tic por el sonido de su cuerpo, volteando a ver a la gata.
No me llames as... —pausó, dándose cuenta del enorme problema que le acaba de asignar—. Eso he intentado durante lo que va de día. ¿No puedo solo darle un krull de oro y ya? —preguntó en un tono realmente cansado, en especial para un montón de metal vivo.

Azura se lamía una de las patas, ignorando al golem. Como Velsignet no apartaba su mirada de ella esperando una respuesta la gatita se cansó, poniendo su pata abajo de nuevo y mirando arriba, como preguntándose porque el golem no podía ser más listo para que ella no tuviese que pasar por esto. Muy fastidiada para responderle directamente, apuntó al gruñente dragón con una pata.
...
¿Qué? ¿no entiendes? Significa que no. No aceptará cualquier moneda, quiere su moneda.
¿Cómo vamos a encontrar una moneda en una ciud...
Si yo perdiera mi atún, ¿creerías que aceptaría cualquier atún?
Buen...
¡Por supuesto que no! —interrumpió al golem—. Aceptaría más atún, pero seguiría queriendo el mío. No esperes que Tesla acepte cualquier moneda, zoquete.

Si el golem hubiese podido suspirar en ese momento, lo habría hecho. Azura volvió a asuntos más importantes, específicamente, ella misma, para algo le dejo la responsabilidad de encontrar la moneda pérdida de Tesla al golem. Para Tesla, era el peor día de su vida, sin su tesoro. Para Velsignet era solo otro día donde Azura le ordenaba o algo muy raro o muy difícil.

Ambos siguieron atravesando el bosque, el golem ya casi se sabía por donde pasar, pues la primera vez al partir tuvieron que devolverse a medio bosque porque Azura recordó que hoy era el día que los barcos volvían al puerto y seguramente habrían vuelto con pescado. Luego de partir de nuevo, casi saliendo del bosque, Tesla notó la ausencia de su importante tesoro al despertar y desde entonces se había vuelto más una masa de color rojo gruñente que un dragón. Mientras avanzaban, cuando la ciudad ya empezaba a hacerse visible, el golem musitó algo, haciendo a la felina rascarse suavemente una oreja al creer escuchar algo.

Pronto llegaron a la entrada de la ciudad portuaria. Para suerte del golem, no era muy grande. Para su mala suerte, tampoco lo era una moneda. Tesla estaba parado en su cabeza, mirando fijamente de un lado a otro, en busca de su tesoro, y más que listo para ñomear lo que un dragón pixie debiera ñomear para recuperar su tesoro. La búsqueda empezaba.

Primero fueron con Jerry, el hombre que tenía el puesto de venta de pescado más grande del lugar. Era la última persona con la que habían hablado, así que tal vez cuando pagó con el pescado se le fue la moneda de Tesla accidentalmente. Azura iba casi dormida, pero en cuanto el delicioso aroma del pescado penetró su nariz abrió los ojos y se puso de pie, totalmente lista para cumplir su deber. Como gata, no como heraldo.
¡Jajaja! ¡pero si es mi clienta favorita! —sonrió Jerry, viendo las pupilas de Azura dilatadas y clavadas sobre su mercancía mientras su cola se movía adelante y atrás—. No me digas que ya se comió todo lo que compro —miró al golem con una enorme sonrisa.
No. En realidad... cuando pague...
¿Hm? ¿sí? —preguntó alzando una ceja, antes de escuchar un maullido y bajar la mirada, viendo como Azura acariciaba su frente y mejillas contra él—. Awww... ¿me extrañaste? —dijo distraído, acariciándola—. Espera aquí, te conseguiré un pescado gratis.

El golem se quedo callado, viendo como Jerry se alejaba distraído por culpa de Azura, que no le estaba prestando ni pizca de atención. ¿Por qué debería? él no había salido del agua, ergo, no era un pescado, ergo, no era de su interés en este momento. Jerry volvió con la ofrenda en sus manos y se lo entregó a Azura, que lo tomo tras dedicarle un suave maullido al hombre, que significaba "que Karzún te bendiga" en gatuno.
Con Jerry de vuelta, el golem pudo continuar explicándose.
Puede...puede que cuando te haya pagado... ¿te di un krull de oro mordido?
Mordido.. mordido... no, no que yo recuerde.
Ya veo... —dijo algo decepcionado, dándose vuelta.
¡Oh! —exclamó Jerry, haciendo que el golem mirara hacia atrás—. ¡Sí, sí, ya sé de qué hablas! —se puso una mano detrás de la cabeza rascandose, mientras giraba la otra—. Pues mira, mordida-mordida no estaba, pero si se sentía un poquito... rara en una parte, como unas mini abolladuras...
Es esa. Es esa —aseguró, con algo de emoción en su voz—. ¿La tienes?
No, jaja.

La respuesta del hombre fue recibida con el silencio del golem y una lluvia de quejas y gruñidos del pequeño dragón, que había permanecido algo callado desde que entraron a la ciudad. Jerry dio un pequeño salto atrás, pues siendo un hombre algo bajo, no había notado la presencia de Tesla sobre la cabeza del golem, que media sus buenos dos metros.
Wow, wow, que bicho tan raro, ¿tiene hambre?
No exactamente...
En cualquier caso, ¿por qué la pregunta, amigo? si tienes dudas, estoy seguro de que conté los pescados que te di, de verdad.
El golem negó rápidamente con la cabeza, esto era un deshonor para alguien que seguía las creencias de Karzún. El pobre hombre seguramente se había sentido un poquito atacado desde que preguntó cuando él no había hecho nada mal.
N-no, no es eso. Ese krull tiene un... —pausó un momento, un pequeño momento que necesitó para creerse lo que iba a decir—, un valor sentimental muy grande —terminó de decir a duras penas. ¿De verdad no podía solo darle UN krull de oro cualquiera al dragón y terminar con esto?
Jerry cerró los ojos cruzando los brazos, y asintió un par de veces, como si conectara con las palabras del golem.
Te entiendo —el golem se quedó incrédulo, ¿no solo Tesla? ¿y Azura? ¿este tipo también?—. No puedo hacer mucho por ti, pero se la cambie a Simon por su valor en krulls de plata. Me dijo que iba a zarpar, ¡si corres, tal vez lo alcanzas!
¿Simon?
Todos conocen a Simon. Sabrás quien es cuando lo veas. ¡Corre, ahora corre!

El golem espabiló al escuchar al hombre decirle que corriera, dio unos pasos atrás y salió corriendo.
Ese cabezahueca, volverá —dijo confidente Azura, mordiendo su pescado sobre la espalda de Hati.
Jerry dejo escapar un pequeño "qué" ahogado que salió más como aire que una palabra al oírla.
¿Puedes hablar...?
La expresión relajada y contenta desapareció de la cara de Azura al escuchar al hombre. Dejo caer el pescado y lo miró fijamente a los ojos, antes de maullar suavemente. Antes de que Jerry pudiera reaccionar a esto, escuchó varios pesados "clank clank clank" en su dirección, volteando a ver como Velsignet venía de vuelta.
¿Donde está el puerto?
Ah... al... —pestañeo un par de veces algo ausente, como si lo hubiese olvidado—, al sureste, al sureste, amigo.

El golem asintió y salió corriendo en esa dirección con el pequeño dragón en su cabeza. Azura solo maulló, haciendo que Skoll y Hati corrieran trás el golem. Pronto llegaron al lugar donde estaba el barco cargando gente, con ya la última de la fila pasando. El golem alzó un brazo, agitándolo fuertemente, mientras Tesla pegaba gruñido tras gruñido. Uno de los hombres notó esto y se quedo mirándolos mientras los veía subir hacia el barco.
¡Alto! —puso una palma adelante, algo bastante valeroso considerando que hacia él iban lo que parecía un ogro en armadura pesada, dos lobos raros en armadura, y un gato con un pescado en la boca.

El golem se detuvo frente al hombre, mirando a un lado algo apurado entre las personas que caminaban ya dentro del barco.
¿Pagaron por entrar? ¿Donde está su insignia?
Es una emergencia.
No pueden entrar si... —al bajar la mirada encontró al pequeño dragón agarrado de su dedo, con la boca abierta. A veces, un dragón tenía que ñomear lo que un dragón tenía que ñomear—. ¡Agh! —exclamó al ser mordido por el pequeño dragón, su dedo sangraba un poco, y aunque no era grave, había ido un dolor horrible. Alzó la mirada molesto y al hacerlo vio al golem sosteniendo una bolsa frente a él.
Siento... siento mucho eso, 20 krulls de plata. ¿Es suficiente? 10 para pasar y...10 por ese pequeño incidente
S...Sí —le arrancó de un jalón la bolsa al golem, y justo cuando se iba a quejar de su mascota, el golem corrió adentro del barco, casi haciéndolo a un lado por su robustez—. ¡Hey, hey! —gritó en esperanzas de sacarle algo más de dinero por eso, pero el golem solo miraba de nu lado a otro mientras avanzaba a través de múltiples personas.

Velsignet perdió algo de esperanza al entrar al barco, entre tanta gente como carrizo iba a encontrar a Sim-
Era él.

Aún entre tantas personas, había un hombre destacable entre ellas en la proa. ¿Qué tenía? ni idea tuvo el golem, pero al verlo supo que ese era Simon. Era tan claro como la luna en el cielo de la noche.

Simon se encontraba charlando con un hombre de apariencia muy elegante, pero con un sombrero algo exagerado. El capitán, posiblemente. Velsignet redujo el paso al encontrar con la vista a Simon para evitar incordiar a los demás; según Jerry, él tenía la moneda. Solo debía cambiársela por una de krull de oro normal y ya estaba, y estaban en un barco, Simon no podía ir a ningún lado. ¿Qué podría salir mal?

Qué podría salir mal... esa pregunta era una pregunta llena de posibilidades para cualquiera que no estuviese bendito como alguna vez lo estuvieron los hermanos Den y Ned. Y Velsignet, por supuesto, no lo estaba. Simon sacó de su bolsillo una bolsa y deshizo el nudo rápidamente, entonces metió su mano, buscando algo dentro de la bolsa, al sacarla, tenía dos krulls de oro en ella, y lentamente movió su mano al frente, mientras el capitán hacia lo mismo poniendo su mano abajo.

Los ojos de Tesla se agrandaron. Los ojos de Azura se agrandaron. Los ojos de Velsignet brillaron más fuerte.
Simon soltó lentamente las monedas, que parecían ir en cámara lenta en su caída. Tesla saltó de la cabeza del golem y voló a toda velocidad hacia su tesoro, con un audible gruñido que hizo voltear al capitán dos segundos después de sentir las monedas caer en su mano.
¿Qué sucede-Hah! —gritó al ver al dracónido a segundos de impactar con su mano.

El choque y la sorpresa del capitán lo hicieron dar dos muy malos pasos a un lado, perdiendo el equilibrio mientras su mano fue empujada, haciendo que uno de los krulls saliera volando fuera del barco y cayera en el mar. El segundo krull cayó al suelo junto al cápitan, y la moneda rodó suavemente al frente, para la absoluta tensión y plegarias del golem y Azura.

La moneda se detuvo y cayó en uno de sus lados. Tesla aterrizó junto a la moneda, inspeccionándola cuidadosamente. Velsignet y Azura lo alcanzaron, y ambos se dieron cuenta de la terrible realidad... esa no era la moneda de Tesla...
El brillo de los ojos del golem se apagó, entonces escuchó un gruñido más. Luego de haber escuchado gruñido tras gruñido todo el día y estar harto, supo diferenciar que este era diferente. El brillo de sus ojos se volvió a encender, y allí observó a Tesla, abrazando feliz ese krull de oro y mordiéndolo.

El silencio del golem se interrumpió solo por los gritos de dos hombres, Azura volteó, y vio como del público que se acercó a curiosear Ned y Den emergían corriendo.
¡Mierda! ¡Es el dragón, es el dragón! ¡Volvió por nosotros! ¡Aahhh! —gritó junto a su hermano, ambos saltando de la amura de estribor, cayendo al agua.

El capitán se quejo en el suelo, llevándose una mano a la frente y alertando al golem, que enseguida le ofreció la mano, el capitán la tomó y se levantó, mirándolo. Velsignet se esperaba un regaño, y tal vez, una pelea.
¿Es eso... un Dragón Pixie? —preguntó mirando a Tesla mordisquear alegre el krull.
El golem no respondió, pues la pregunta le tomó por sorpresa.
Uh...
¡Sí! Si es un Dragon Pixie —intervino rápidamente Azura-, Se llama Tesla. Puede sostenerlo si así lo desea, pero tenga cuidado, ñomea.
Ah, con que una cambiaformas —dijo mirando a Azura—, ¿Eres su dueña? ¿De verdad puedo sostenerlo? ¿Muerde?
Ñomea —insistió la felina, había una vital diferencia entre ambas cosas—. Pero adelante, puede acariciarlo todo lo que quiera... por un precio.
El golem estuvo a punto de quejarse, pero vio al capitán asentir.
Una oportunidad de oro como está no se presentara dos veces. ¿Atún, imagino?
Azura asintió complacida, este si era un hombre de negocios. Levantó su patita y estrecharon patita y mano.

Velsignet permaneció callado y miró al cielo, inseguro de que sentir después de atravesar por todo. Azura notó al golem pensativo, y llamó su atención con un meow.
Sabes, Velsy. Esto me recuerda una historia —dijo parándose a su lado y mirando al cielo también—. Hace muchos años, un maestro forjador enano trabajaba en su más grande obra, su proyecto de vida. Moldeaba el más duro de los aceros con su martillo mágico, y solo faltaban tres golpes para terminar... pero al segundo, se quebró —pausó un momento, lamiéndose una pata cuidadosamente antes de continuar—. Tan cerca de terminar no iba a rendirse, el enano tuvo una visión donde Karzún le pidió que buscase un martillo para terminar su trabajo, así que el enano partió de su hogar y empezó a viajar por todo Noreth, intentando reconstruir su martillo o buscar uno que se le comparase, pero falló. Ningún martillo era como el suyo. Al final, cansado, el enano volvió a su casa y frustrado de que no podría terminar su trabajo, tomó cualquier martillo barato y le dio un martillazo a su trabajo. Para su sorpresa, el acero cedió, su trabajo estaba terminado. Karzún se mostró frente a él y el enano le preguntó: "¿Para qué fue todo este viaje?" y... ¿sabes que le dijo Karzún?
No...

"Nada."

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El golem bajo la mirada tras su silencio, y miro a la felina, con solo una cosa que decir:
Karzún jamás dijo eso.
Bennett
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Link a Ficha y Cronología : Samael
Relatos de un hombre cualquiera en una jungla

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