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Mensaje por Balka el Vie Dic 28, 2018 4:35 pm



- Interludio -
Ese pequeño aliciente


____Kring brillaba en el cielo como una perla enorme, llena y redonda, bañando con su palidez la noche helada. El firmamento era para ella sola en aquel ciclo, sus hermanas en silencio a ambos lados, en cuarto creciente la más azul, en cuarto decreciente la más roja.

____ No hay nada más frío que la soledad de la luna blanca en los meses de invierno, cantan los cuervos, cuando la nieve y las ventiscas amenazan el calor del corazón.

____Pero a Tanets eso no le importaba. No de manera acuciante, al menos. Y no mientras tuviera un fuego al que mirar.

____Levantó la vista de su diario con una leve sonrisa, una pequeña gota de tinta colgando de la pluma a medio alzar. Al alcance de la mano la muchacha yacía sobre los cojines de brocado del carromato, dormida, relajada. Diosas, qué hermosa era. Las lámparas de aceite arrancaban destellos cobrizos de fuego inquieto a sus cabellos rojos, confiriéndole un aspecto irreal, como de djin tranquilo. Tenía un cuerpo voluptuoso sobre el que sus ojos pasaron deprisa, con timidez, como avergonzado de sentirse atraído por ella.

____Era una mujer valiente, aquella. Fuerte. Uno no se gana la vida de esa manera sin serlo, y mucho menos protegiendo a tu vástago por el camino. Cielos, la furiosa pasión que encendía sus ojos cada vez que miraba al pequeño le hacía estremecer de admiración y deleite.

____Y sus alas... sus alas, a medio desplegar y ocupando una gran porción del reducido espacio disponible, también eran hermosas. Sintió una punzada en el pecho, en lo más profundo. No pudo evitar traer de vuelta el recuerdo de otras alas como aquellas; una, en concreto. Roja, grande y majestuosa. Parpadeó, disipando la sensación. Las de Celeste eran negras, y eran dos. Aunque las tres eran membranosas. Tan diferente a la suya propia.

____Tanets dejó la pluma en el tintero, el diario todavía abierto. A través de las páginas corría su letra, elegante y ágil, plasmando sus pensamientos, sus soledades y ansias, sus sentimientos profundos. Las palabras nunca bastan. Suspiró, cerrándolo sin sonido. Se recostó contra la entelada pared del carromato y siguió observando a la divium, acomodándose entre los cojines en los que estaba sentado que parecían cubrirlo todo.

____Entre los brazos de la joven dormía plácidamente el chiquillo, igual de pelirrojo que la madre, con las mismas alitas oscuras y membranosas. Al joven le gustaba el crío, le estaba cogiendo cariño. Cielos, empezaba a quererlos a ambos y ello le provocaba una extraña desazón, una congoja que no era capaz de discernir. Se sentía inseguro ante esos sentimientos, y por enésima vez aquella noche Tentrei volvió a llenar su mente.

____Y su pecho con desolación.

____Lo sentía como una herida, fina, profunda, de esas que sangran lento y te vacían por completo cuanto más pasa el tiempo. ¿Dónde estás? La delicada mano del joven se cerró en un puño impotente mientras la luna, fuera, cristalizaba el invierno contra la gruesa madera del carromato aparcado en un claro, al lado del camino. Quiero alcanzarte de nuevo. El ansia era real, como la sensación de estar hambriento y no encontrar nada que la saciase. Algo dentro de él gritaba ante la ausencia de la mitad de su alma. Gritaba y dolía y-

____Respiró hondo, obligándose a relajar el puño. No podía pasarse la vida en aquel bucle infinito de desesperación y dolor.

____Pero él no estaba.

____Tentrei ya no danzaba a su lado.

____Una lágrima muda se deslizó por el hermoso rostro del divium. Él ya no estaba y sus propios pasos de baile eran más torpes en su ausencia, más apagados, más vacíos. El ritmo de la música nunca era el correcto, las pulsaciones del laúd nunca de la intensidad adecuada; las notas le sonaban huecas y la exaltación del movimiento fútil.

____ Oh, Diosas, qué clase de triste destino es éste. Quiero estar junto a mi hermano.

____Pero Celeste decía que podía notar la pasión en él. Que cada vez que lo veía bailar podía sentir el espíritu, el entusiasmo. Que aún le brillaban los ojos después de terminar, jadeante, una representación. Y Tanets se aferró a las palabras de la mujer que le había salvado la vida. Que le estaba mostrando que, a pesar de todo, las personas eran capaces de sobreponerse a los desastres del destino. Aunque las heridas no dejaran nunca de sangrar.

____Limpió de su mejilla el invisible camino de sal buscando con la mirada ámbar el mar de fuego que Celeste tenía por cabello. Encontró sus ojos azules observándole en silencio. Vio en ellos calidez, y la punzada en su pecho cedió un poco ante la sensación. ¿Podría ser posible? No, jamás se libraría del dolor de semejante ausencia; pero comprendió de repente que podía convertirse en algo llevadero. Ella alzó la mano, cuidando de no despertar al niño.

____Aquella mujer le estaba salvando, sin que ella siquiera se diese cuenta. Sin que ninguno de los dos se percatara. Ella era dura, había vivido y perdido lo suficiente como para mostrarle que uno podía seguir caminando sobre el mundo a pesar de los golpes. Que si alguien quería algo no iba a caerle del cielo como lluvia bendita.

____Tanets entrelazó sus dedos con los de ella, sonriendo. Celeste le devolvió el gesto y cerró los ojos, sin soltarle. Su respiración pronto adquirió el compás de los que duermen sin soñar.

____Con la mano libre el chico retiró un par de mechones del rostro de la mujer. Ciertamente, tan hermosa. Acarició los rizos del pequeño, ensimismado.

____¿Volverían él y Tentrei a encontrarse, alguna vez? ¿Volverían a bailar bajo las crueles y hermosas lunas, al mismo compás? El joven divium no lo sabía.

____Hasta entonces había que seguir hacia delante. Siempre hacia delante.


{ - sin perder la ronrisa... }
¿Qué está bien y qué está mal? Dime.
¿Qué ética tiene la llave de lo moralmente aceptable?

{ ...pero perdida en ella - }

Diálogo - #d65151
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