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Empathos [Atlas y Axis]

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Empathos [Atlas y Axis]

Mensaje por Celeste Shaw el Miér Ene 02, 2019 9:28 pm

—¡Ay! ¡Me has pinchado! —se quejó Atlas por un pinchazo de una aguja.

—¡Quejica! —lo reprendió Axis.

Tenían que terminar de adecentar sus trajes. Su amo les había ofrecido ir a una fiesta, y como de costumbre fue Axis el que confeccionó los trajes, de ambos, a juego uno con otro. Estaban hechos con tonos verdes, excepto los zapatos, que eran negros. Se miraron y sonrieron a la vez antes de partir hacia el lugar donde se hacía la fiesta. Las órdenes habían sido muy claras. Estaban ansiosos por cumplirlas.

Llegaron un poco después de que iniciara la fiesta, cuando casi todos los invitados estaban ya allí, como habían planeado. Mostraron una sonrisa comedida idéntica, evitando enseñar los dientes serrados por el momento. Tenían un objetivo muy concreto, aunque nada les iba a impedir divertirse mientras lo localizaban y llamaban su atención. Caminaron por el salón, fijándose en los grupos de personas que iban hablando mientras buscaban a esa muchacha. El lugar estaba ricamente ornamentado. El suelo era de mármol blanco cubierto por alfombras gruesas, que se veían caras, hechas con tonos rojos y dorados. Las mesas eran de caoba maciza y estaban cubiertas por un mantel de lino blanco, y encima de éste bandejas de plata con todo tipo de manjares.

Algunas personas estaban solas. En su mayoría eran humanos, sin embargo, pudieron distinguir a un elfo, con su cabello rubio, su piel pálida y sus orejas puntiagudas. También había una diivum, cuyas alas eran completamente blancas y casi llegaban al suelo. A quien buscaban estaba allí, hablando con esa mujer alada, con una visible expresión feliz. Se miraron y asintieron con la cabeza, y se acercaron a las dos mujeres, uno por cada lado, mostrando de nuevo esa sonrisa que insinuaba lo que su receptor quería leer en ella.

—Buenas noches —saludó Axis.

—Buenas noches —respondieron ambas.

—Soy Atlas… —se presentó, después de colocarse detrás de su hermano, que le agarró una mano.

—Yo soy Axis.

Entonces llegó el turno de las mujeres. Ya sabían que la humana se llamaba Elizabeth, sin embargo, la divium les provocaba mucha curiosidad. Solamente con ver aquellas alas blancas, de plumas, pensaban en hacer un manto con un cuello de plumas, precisamente de plumas blancas, y no de un pájaro cualquiera. Se llamaba Diana.

—¿Les apetece bailar? —preguntó Axis una vez estuvieran hechas las presentaciones debidas.

Las dos mujeres asintieron, diciendo por qué no, aunque sabían que nadie osaba rechazar a esos gemelos, a las mascotas de Aldrin Geshreb. ¿Por qué? Quién sabía. Y sin embargo sí que era algo extendido, generalizado, algo que nadie cuestionaba y no se sabía por qué era así. Diana tomó las manos de Atlas y, de paso, la iniciativa. Axis, por su parte, entrelazó los dedos con los de Elizabeth y la guió a la pista de baile, mucho más suelto que su hermano, sin permitirle a la chica la sola idea de ser ella quien llevara los pasos. Se mantuvieron bastante cerca, bailando por un largo rato, hasta que, cansados, los cuatro se retiraron de la pista de baile. Se sentaron en la mesa, juntos, Elizabeth junto a Axis y Diana junto a Atlas. Comieron con rapidez, aunque no por ello sin educación, y después de eso los gemelos se levantaron de la mesa. Sonrieron y pronto empezaron a dar su atención a la humana. Atlas la abrazó por la espalda, y su hermano se metió bajo la mesa, acariciándola por debajo de la falda larga, con suavidad, provocando suspiros discretos. Ya le había dicho su padre que tuviera cuidado. Pero en su primera fiesta había tenido que caer en las garras de las mascotas de Aldrin Geshreb.

Uno de ellos la tomó por un brazo, el otro le enseñó con una sonrisa sus dientes afilados y una mirada que expresaba la más pura maldad. Asustada, se dejó guiar, a la parque el que había sonreído se mostraba encantador con la divium, que también los acompañó, sin saber que probablemente no viera más la luz del sol. La muchacha humana terminó en la misma habitación que Aldrin Geshreb, que quería verla seguramente para asuntos de negocios, mientras que Diana los seguía escaleras abajo. Ya no tenía más remedio.

—¿Adónde vamos? —preguntó.

___—No te preocupes, bonita, ¿es que no te fías de nosotros? —uno delante de ella y el otro detrás, ambos sonrieron idénticamente y hablaron a la vez.

—N-no… No me fío de vosotros.

___—Lo siento… deberías haberlo pensado antes de venir —se carcajearon, de nuevo a la vez.

La arrastraron, literalmente, a una de las mazmorras del coliseo, cuyo olor no era nada agradable. Sangre, sudor, hasta putrefacción, todo aquello se juntaba en el mismo lugar. No tuvieron que hacer demasiada fuerza para acostarla en una de las camillas, a la que amarraron sus manos y sus piernas, riendo. Iban a divertirse de lo lindo, y tal vez uno de los dos, o ambos, consiguieran un manto con un cuello de plumas blancas. La mujer chillaba de miedo, algo que les resultaba delicioso, mientras ellos pensaban por dónde empezar. Pasaron las manos por las plumas blancas, que les resultaban muy apetecibles, y de pronto arrancaron una, algo que le arrancó un grito algo más agudo. Ellos sólo volvieron a reír.

—Creo que nos haremos un par de bonitos cuellos de plumas —dijo Axis.

Poco a poco, sus alas quedaron totalmente libres de plumas. La mujer ya estaba afónica y tenía los ojos inundados con lágrimas por el dolor que le causaban las acciones de ellos. Se habían encargado ya de desgarrar su bonito traje para dejar todo su cuerpo a la vista para que pudieran satisfacer sus deseos con él, algo que desde luego que hicieron. Diana poco a poco perdió dedos, orejas, ojos, incluso la cabellera. Cuando terminaron no era más que un despojo de la hermosa Divium que había sido antes. Se sonrieron. Subieron a su habitación para darse una ducha y quitarse la sangre de las manos y el cuerpo.
Celeste Shaw
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