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Mensaje por Bennett el Dom Ene 06, 2019 3:28 pm

En un campo que ha visto múltiples veces sangre derramarse y cuerpos caer en sus últimos momentos, cuando la vida se escapa tras cada pequeño respiro, no sería ninguna sorpresa que se derrame más sangre, y mucho menos que caigan cuerpos. Pero en esta ocasión específica, los cuerpos que caían ya estaban fríos, la vida ya se les había escapado hace mucho.

Huesos de Esqueletos tirados… el frío que dejan atrás los Espectros… los cientos de partes de un cuerpo de un Rembrant regados por todos lados... cuernos de Demonios quebrados y aplastados... todo esto era nuevo para este campo.

Una única gota de sangre corrió por su brazo lentamente, alcanzando su índice y danzando a su alrededor, antes de llegar a la yema del mismo y caer. La gota cayó en la tierra mojada, desapareciendo junto a miles de gotas lluvia que caían. Katarina alzó la mirada, con su pelo tapándose uno de sus ojos, dejando solo uno a la vista. Su violeta ojo ardía, brillando por su canalización de magia e ira pura.

Frente a ella estaba el culpable de todo esto... un único hombre, vistiendo una armadura a cuerpo completo, de color plata, blanco y dorado, con un casco que recordaba a un cuervo. Este hombre sostenía una única y larga espada. Su espada más curiosa que su casco, pues el filo estaba lejos de ser normal, brillando con un fuerte color azul que parecía intentar escapar la espada apuntando hacia arriba, como si se tratasen de llamas.

El hombre en armadura retiró lentamente su espada del cuerpo de la Banshee que atravesaba, al retirar totalmente la espada esta pareció tragarse a la banshee dentro de su filo. Entonces, miró a Katarina.
¿Ya acabaste, maldita vampira? —preguntó en un tono despectivo.
Vaya caballero eres... lanzando un ataque sorpresa en MI hogar y a los mios... solo dime... ¿qué quieres? ¿¡qué!?
¿Tu hogar? —apretó los dientes, dando un fuerte espadazo a un lado—. ¿Quién te dio derecho sobre estás tierras? nadie... justo como quien te dio derecho a intentar montar esta absurdidad de... "imperio."
¡Tengo buenas intenciones! ¡no puedes ir por allí matando no muertos porque sí! ¡es...!
El hombre se semiagacho, tras lo que salió corriendo a toda velocidad y saltó para caer dando un corte giratorio sobre la elfa, levantando un montón de desagradable lodo a su alrededor por la fuerza con la que cayó.

¡Estorbas a mi señor! ¡VOY a ponerle fin a tu vida esta noche! —rugió mirando a un lado, sabiendo que la elfa ágil pudo esquivar su ataque en el último momento—. ¡Y luego, LUEGO será la de tu maestro! ¡Acabare uno por uno con todos ustedes, malditas basuras!

Aunque en un aprieto, Katarina no pudo evitar reír dentro de sí misma. Tal vez ella estaba teniendo problemas con este maldito paladin de... ¿Symias?
Sí, lo más seguro que de Symias. Por su actitud tan acelerada y saltar a conclusiones sobre la nigromancia, atacando por sorpresa donde ella pensaba asentarse para poder empezar a construir su sueño. Tal vez no tenía las manos más limpias de sangre en Noreth... pero, ¿había alguien qué no se las hubiese manchado? No. Seguramente no. Ella solo quería un imperio, algo próspero donde nadie tuviese que morir... a nadie le agradaba morir... ¿cómo podría agradarles?

Un seguidor así, un paladin con la mente tan cerrada, no tenía posibilidad alguna contra el Primer Vampiro. Ella misma podría derrotarlo, pero había gastado casi toda su esencia ya, un error cometido por desconocer las capacidades del paladin y de su curiosa arma... sería otro día. No tenía nada de que preocuparse, si el muy estúpido iba donde su maestro, moriría primero, y así sabría que su sueño de un imperio donde nadie tuviese que morir no era nada malo. Lamentaría ese momento, este día, donde destruyó todo antes de que pudiese empezar a construirse.

¡Se acabo, ve a formar tu imperio con los muertos! —cubriéndose de las mismas llamas de aspecto espectral de su espada, el hombre la tomó con ambas manos y la alzó al cielo, formando a sus espaldas un par de alas hechas de esencia pura mientras esta se tornaba amarillenta, giró su espada para que el filo quedase apuntando hacia abajo y la soltó, dejando la espada frotar frente a sí mismo—. ¡Ain Sof Aur! —pusó ambas manos al frente y se formó un sello mostrando la imagen de una balanza por pocos segundos; la esencia se volvió completamente blanca y se disparó una cantidad torrencial de esencia como un laser del sello sobre Katarina.

La elfa abrió los ojos cortando su risa al presenciar la enorme cantidad de esencia acumulada por el hombre. Actuando rápidamente, volvió su cuerpo una nube de sangre como neblina y se movió rápidamente a un lado, logrando evitar la mayoría, aunque no todo, del laser disparado por el paladin.

El laser siguió avanzando, consumiendo en su totalidad todo árbol, roca y persona con mala suerte en su camino. Suavemente empezó a desvanecerse con el sello y el paladin volvió a tomar su espada, perdiendo las alas de esencia que se habían formado en su espalda. Frente a él estaba el absoluto camino de destrucción provocado, pero sabía que se le había escapado la vampira.
...La próxima vez no fallaré —se aseguró a sí mismo, antes de envainar su espada y retirarse caminando lentamente del lugar.

La elfa por su lado aún en su forma de neblina de sangre se perdió tan lejos entre los árboles como pudo, hasta ya no poder más y volver a su estado físico, cayendo al suelo con 2/3 de su pierna izquierda faltante. Golpeó el suelo mientras soportaba el dolor, no era la primera vez que le arrancaban una parte del cuerpo, de hecho ya tenía, incluso y lamentablemente, costumbre. El único limitante de su cuerpo era su propio poder, por lo que podía regenerar incluso heridas de este nivel y lo había hecho antes, normalmente en un lapso de 24 horas.

El problema... es que ardía. No era el ardor de un corte ni de una llama. Era un ardor como si una Deidad misma juzgase sus pecados e intentase arrancarle el alma.
Al principio no quería que ese paladin intentase buscar a su maestro, pues ella quería su venganza y matarlo con mano propia... pero ahora a una parte de ella estaba empezando a desear que lo hiciera su maestro. Cotton y Kirara pronto consiguieron a la elfa y le hicieron compañía, dejando que su cuerpo pasivamente curase esa horrible herida en su pierna.

Dos días pasaron... su pierna seguía sin regenerarse del todo, aún le faltaba media pantorrilla y el pie.

...

10 años pasaron.
En esos años su pierna jamás regeneró completamente, la pantorrilla terminó de curarse, pero su pie nunca quedo igual que el derecho. Esto habría sido el mayor de sus problemas, si no fuese por el hecho de que al parecer el paladin mantuvo su Voto de la Verdad en alto... tal vez demasiado en alto.

En ese tiempo empezaron una serie de cruzadas con un único objetivo: eliminar todo bicho inmortal de Noreth. Por inmortal, cualquier cosa que la edad no fuese a matar; lo que hacía a los no muertos blancos principales... pero ciertamente, no librará a los vampiros, como lo era Katarina.
Como lo era su Maestro.

Fueron 10 años teniendo que escapar de ese y más de esos paladines, ocultándose en una ciudad u otra, viviendo como una mercenaria tomando cualquier trabajo que saliera. No sabía como, pero los muy desgraciados parecían haber mejorado su método para detectar energía nigromántica; ahora, por pequeña que fuera, lo que le impedía estar demasiado tiempo en un solo lugar, lo que había doblado y pronto triplicado el número de veces que había manchado sus manos de sangre, pero eso no le sorprendía demasiado.

Algo sí le sorprendió. En esos años llegó a sus puntiagudas orejas algo que no esperaba escuchar, pues iba contra toda la lógica de lo que conocía.

Su maestro había muerto. Asesinado por un heraldo de inimaginable poder, un campeón. El corazón de su maestro había sido arrancado de su pecho aún latiendo, y fue escondido en un lugar donde jamás nadie podría recuperarlo.

Fueron años duros, sobretodo con la caída del hombre que le dio el beso carmesí. Pero en ese tiempo ella también se fortaleció y aprendió cosas... ¿tal vez ahora era tan poderosa como lo fue su maestro? ¿o lo era más?
Preguntas de ese tipo era las que la vampira deseaba responder, y para hacerlo pensaba cazar al hombre que la derrotó hace 10 años.

Para hacerlo, primero tenía que esperar la noche, una noche de la que conoció en una taberna, cantado por un un viejo, pero experimentado y atractivo bardo; apasionado seguidor de las trillizas, hijas de Symias y Dianthe, dueñas de la noche. Las memorias habían quedado tan quemadas en su mente como las notas en los oídos de los presentes. Cerró los ojos, recordando...

Tres días antes:

Katarina caminaba cubierta por su capa negra, con la capucha arriba. Las estrellas tan indiferentes a ella como ella a las estrellas iluminaban la noche y su camino. Pasos apurados pero elegantes sobre la tierra mojada por la lluvia. La elfa miraba de un lado a otro con ojos desconfiados y cansados, la mayoría de los locales cerrados. Acababa de escapar de dos ciudades no muy lejanas de la que se encontraba porque ahora parecía que siempre había un desgraciado rondando por ahí. El peso en su cabeza la hizo suspirar, tenía un tiempo sin darle buena comida como mimos a Cotton, el mismo tiempo que no había podido pasearse tranquila por un lugar y comprarse cosas a sí misma.

Chirp.
Sí, Cotton... tienes razón... esos paladines de m...
Espera —dijo Kirara apareciendo a su lado—, más adelante hay una taberna. Y un montón de borrachos, pero no hay ningún bardo allí. Podrás conseguir krulls.
¿Hay...?
La gatita negó con la cabeza, dándole un par de palmadas a Katarina.
Por supuesto que no hay paladines. Es lo primero que revise, no parece haber ninguno en la ciudad...
La elfa alzó su puño, chocándolo con la pata de la gatita.
Eso es bueno, estoy segura de poder entretener a un montón de borrachos —dijo suavemente, con una leve sonrisa volviendo a su rostro mientras tocaba un par de notas de su laúd—, guiame, gatita.

Kirara asintió y floto adelante de Katarina, mostrándole el camino hacia la taberna. Tras un par de cruces en unas calles, llegó a un local con las luces de adentro encendidas, oliendo a sudor y alcohol, y a tonto... sí, definitivamente una taberna. La elfa entró al lugar, quitándose la capucha y observando por encima, pero pronto, un par de notas de un violín llamarón su atención. Alguien se le había adelantado.
Se trataba de un hombre algo mayor, delgado, pero definido hasta donde se podía ver, bien vestido, tirando más a la elegancia que a llamar la atención. Unas pocas arrugas que empezaban a formarse y su cabello canoso pero muy arreglado eran testamento de los años por los que habían atravesado sus huesos. Sus manos mostraban experiencia en las notas y marcas duraderas, posiblemente de un par de hechizos que salieron mal; sus dedos maltratados por el violín, pero el violín encantado por esos dedos, jalando cada nota de cada cuerda.
La elfa suspiró e hizo su camino silenciosamente hacia una mesa, donde se sentó mirando fijamente al hombre. Sus notas se detuvieron, su boca se abrió con labios resecos, y echando un corto, pequeño vistazo a una de las ventanas para mirar con amor a la luna, empezó a cantar.

Selen, tú. Puedes escuchar su alma.
Selen, tú. Puedes escuchar mi latiente corazón.

Sanctra, tú. ¿Cuantos son los cantos qué resonaron?
Deseos que mediante los siglos, el cielo surcaron
Para llegar al puerto de los poetas que le escriben con pasión
A sus amadas
Sanctra, tú. Guarda bajo tu luz, mi latiente corazón
Mientras de mi pecho
Arrancó está sensación

Selen, tú. Puedes escuchar su alma.
Selen, tú. Puedes escuchar mi latiente corazón.

Meistic, tú.
Que conoces el tiempo de la eternidad
Y el estrecho sendero de la verdad
Meistic, tú. Guíame dentro de mi corazón
Este corazón del hombre que no sabe...
¡No sabe!
¡Que el amor, puede ocultar dolores!
Que hay amores que destruyen corazones
Como el de dos amantes, un fuego que se niega a quemar su alma junto a la mía

Selen, tú. Puedes escuchar su alma.
Selen, tú. Puedes escuchar mi latiente corazón.

Kring, tú.
Con tus hermanas iluminas el cielo y su inmensidad
Responde por favor mis preguntas:
¿Por qué mis ángeles de sangre que no vuelan?
¿Por qué su alma como un papel se quema?
Kring, tú. Explica porque nuestros sueños hechos en el tiempo se desvanecen
Explica porque el odio en mi corazón crece

Selen, tú. Puedes escuchar su alma.
Selen, tú. Puedes escuchar mi latiente corazón.

Cuando compartas cielo con tu hermana
Vuelve mi vida humana
Haz de mi ánima una con su alma
Sácame de mi pena
Luna, cuando compartas cielo con tu hermana


Aunque la elfa misma era una excelente bardo, no pudo evitar ser parte del público por esa vez. La voz del hombre era hermosa, tal vez más de lo que esa palabra pudiese atrapar en su significado. Era sobrenatural. El aliento del público se vio jalado mientras lo oían tocar y cantar, nadie sin ganas de pararse, nadie sin ganas de bailar, nadie sin ganas de seguir el canto, pero todos con ganas de oírlo, de que nunca terminará. Cada nota fue amiga y amante de las emociones del hombre al cantar, y al finalizar, recibió una bien merecida ovación de su audiencia. Todos sintieron la canción… pero tal vez, solo Katarina la había entendido.
Al menos, eso deseaba la elfa…

Cuando todo terminó el bardo prosiguió con otras canciones, pero Katarina solo escuchaba la primera una y otra vez en su cabeza. Una esperanza estúpida, pero la esperanza y la estupidez siempre iban de la mano. Para ella no era un secreto que muchos bardos pasarán conocimientos antiguos en forma de canciones. Los bardos, desde cierto punto de vista, eran como nigromantes de recuerdos, manteniendo vivos a héroes y villanos, ángeles y demonios, vivos y muertos, a través de sus canciones, alzándolos de más allá con sus notas y letras.

La noche siguió su curso, el tiempo avanzando como cada canción, hasta que el público empezó a hacer camino a casa y los que pasarían su noche en la taberna a sus habitaciones. Katarina corrió al lado del bardo, para detenerlo y sacarle una charla con un trago y una sonrisa.
El bardo se hacía llamar T, habían pasado suficientes años para que olvidase su nombre, pero nunca las notas.



La elfa abrió los ojos, volviendo en sí, volviendo al presente, y bajo la mirada, viendo las páginas arrancadas del cuaderno de canciones del bardo. Solo la primera hoja era suficientemente clara, el hombre le explicó que se trataba de un evento que precedía a otro 100 años antes. Una antigua leyenda de dos amantes que compartieron juntos, pero uno quedo solo y todo se baño de rojo cuando el hombre se arrancó el corazón y lo escondió el día que Selen Sanctra brillaba llena, más fuerte y resplandeciente que nunca, pero sola, en el cielo.

T lastimosamente no sabía mucho más que ese primer evento y no del que precedía. De sus conocimientos del primero, solo pudo guiar a Katarina hasta Erinimar, el imperio dorado, donde sobre su golfo se alzaría frente a sus ojos el castillo. El que alguna vez compartieron los amantes. Cada 5 años muchos elfos que lo avistaban de casualidad durante aquella noche en la media hora que el castillo aparecía, minutos tan cortos como el tiempo que duraba Selen Sanctra en su punto máximo, clamaban escuchar el corazón del hombre, todavía latiendo por su amada.

Katarina.
La mirada ausente de la elfa desapareció, y miro arriba de reojo a la gata.
La espera termino... observa —dijo Kirara, parada frente a ella, observando como Selen Sanctra lentamente hacia para sí sola el vestido negro de escarchas que era el cielo nocturno y sus estrellas.

La elfa se puso de pie y lentamente caminó hacia arriba, a la punta del risco más alto del golfo de Erinimar. Con Sanctra en su punto más alto, la noche se bañaba de rojo, pero había algo más de carmesí en el horizonte...
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Mensaje por Bennett el Dom Ene 06, 2019 4:02 pm

I
La Noche de Selen Sanctra


Sobre los mares del golfo se empezaba a formar lentamente una imagen, como si la luz de Selen Sanctra quedase atrapada dentro de una figura y tomase forma. La luz se acumuló dentro de la figura y brilló con absoluta intensidad, dejando después de su brillo un enorme castillo rojo que flotaba sobre el agua, con la más alta de sus torres cubriendo parte del rojizo y brillante rostro de Sanctra.

Emphatos [Katarina] Flat,1000x1000,075,f

Está aquí... entonces lo que el bardo te contó es real. ¿Crees qué de verdad hayan ocultado el corazón de tu maestro en un lugar así?
La elfa negó con la cabeza.
¿Entonces por qué sonríes? —preguntó volteando a verla.
Porque no creo, Kirara. Ahora estoy segura. Él me dio su sangre una vez, así que...
¡Ah! —exclamó la gatita fantasma al recordar una de las habilidades de su dueña, la de rastrear a cualquiera que su sangre hubiese probado—. Cierto... —volteo adelante, posando sus ojos al rojo horizonte de nuevo.
¿Tienes algo? normalmente sueles ser más curiosa.
La gata levantó las orejas y miro de nuevo a la elfa, con un ojo más abierto que el otro.
Shush. No es que no lo este —respondió algo cortante y a la defensiva.

La elfa sonrió mirándola, había cierta satisfacción que jalaba de ver a Kirara aunque fuese un poquito asustada sobre algo pero tapándolo tras su orgullo. No había pasado ni 1 minuto de que el castillo se había formado y ya las cosas se estaban sintiendo como hace 10 años para ella, normales, como debían ser. Tal vez sería una buena noche.

Chirp —añadió Cotton a la conversación, recordándoles el muy importante detalle de que el castillo no permanecería allí para siempre.
Sí, Cotton. Vamos.

La pequeña gatita fantasma empezó a avanzar, "caminando" a través del aire, mientras que Cotton le siguió dando vuelo y se elevó un poco, agarró aire hinchándose como una pelota y se dejo caer, para dejarse llevar adelante tras Kirara por la brisa escarlata que era Katarina en su forma de neblina. Así, los tres hicieron su camino a través del cielo nocturno al castillo.

Una vez hubo suelo Katarina volvió a darle forma a su cuerpo, agarrando a Cotton que había sido suficientemente flojo como para dormirse porque ella lo estaba llevando. El pequeño murciélago respiraba tranquilamente, hinchándose solo un poco con cada inhalación y volviendo a su tamaño normal al exhalar. Katarina le hizo algo de cariño y lo puso en su cabeza cuidadosamente, antes de mirar al frente.

La elfa caminó adelante, rodeada de unos pocos árboles muertos y otros vivos, de hojas—sí, rojas. Parada frente a la barbacana, la elfa supo instantáneamente que el castillo era más antiguo que cualquier hueso dejado en el suelo. La roca, alguna vez lisa, estaba picada y marcada. Sus paredes sabían cuán fugaz era el tiempo, cuán pronto el presente se convertía en pasado y como lo importante terminaba irrelevante, como grandes guerreros hechos ancianos.

El rastrillo de la barbacana estaba abajo, pero demasiado oxidado como para presentar una defensa real. La elfa poso sus manos sobre ella, y con sus músculos, más fuertes de lo que podía presenciarse, empezó a jalarla a los lados, abriéndose una brecha suficientemente grande para pasar y avanzar por el puente elevadizo. Caminando por la madera vieja y crujiente, echó junto a Kirara un vistazo a los lados para chequear el foso. Sangre. No muy sorprendente o inspirador.

Oh, wow. Usar sangre en vez de agua, que útil, olvidad las defensas —comentó sarcásticamente mirando la profunda zanja.
Todavía sirve defensivamente, si ya no hubiese visto tanta yo me lo pensaría dos veces para asediar un castillo rodeado de sangre.
¿Lo harías? ¿con esa cosa estúpida de como 15 metros de huesos? —preguntó, refiriéndose a una de las creaciones más absurdas de la elfa. Básicamente un no-muerto gigante.
...Es un blanco fácil por el tamaño —intentó excusarse rápidamente.

Ambas siguieron avanzando hasta llegar a las murallas y entrada, una torre a cada lado. Las paredes que permanecían en silencio, y la sangre que aguardaba la llamada para agitarse y moverse, se alzaron una vez Katarina estuvo justo frente a la entrada. Una de las paredes crujió, y de una de las aspilleras emergió una gárgola, y dos y tres, hasta que eran como un enjambre volando hacia ella. Tal vez ya había pasado mucho de que el lugar hubiese muerto caído en el olvido, pero las gárgolas eran como las piedras, alzadas de la tierra, no se disculpaban y se atrevían a desafiar la entrada de cualquier desconocido a lo que se les había confiado proteger. Eran como... como enanos con alas. Pero sin barbas ni hachas.

La gatita no se molestó ni en sorprenderse ni en hacer más que bostezar. Seguro, había un enjambre de unas 30 gárgolas volando hacia ellas... pero las rodeaba un foso de sangre. Dulce, dulce sangre.

Los ojos violeta de la elfa se iluminaron brevemente; recogió sus dedos índice y cordial hacia adentro y los mares de sangre se calmaron, justo antes de la tormenta. La sangre empezó a levantarse como infinidad de púas, empalando a decenas de gárgolas, incapaces de manobrear entre tantas espinas de sangre. Solo tres gárgolas emergieron entre las espinas y cayeran en picada hacia la elfa, gruñendo y diciendo cualquier cantidad de maldiciones en su lenguaje, si es que manejaban alguno.

La elfa saltó hacia atrás, retirando sus dagas de su espalda y atravesando el pecho de dos de las gárgolas, usando el momento de las misma en su contra en cuanto intentaron saltar hacia ella. La que quedaba gruño feralmente en el suelo, moviéndose a los lados como si intentase rodearla.

Sabes, no vas a ganar. Tráeme un dragón o ni te molestes.
¡Ah, no! ¡cálla! ¡shu! —regañó Kirara, poniéndole una pata en la boca—. ¡Cada vez que pides algo por tu arrogancia, aparece!

La gárgola abrió un poco los ojos al ver a Kirara atravesarse en la cara de la elfa. Con un leve aleteo de sus alas y toda la fuerza de sus extremidades salto adelante, pero a pocos centímetros de poder alcanzar a la gata o la elfa una espina de sangre, emergente bajo el puente, atravesó la madera y su rostro. La criatura se agitó rugiendo, intentando salirse de la espina sin comprender mucho que había pasado, mientras lentamente se tornaba en roca al son de la vida dejando su cuerpo. Una vez que se había vuelto roca totalmente su cuerpo se desarmó, cayendo al suelo quebrado y una vez allí, se volvió polvo.

Kirara volteó a observar el pequeño show al escuchar el gruñido de la criatura al verse atravesada, y una vez fue polvo volteó a ver la sonrisa de Katarina. La gata gruño un poco en bajo volumen.
Eso no prueba nada —dijo antes de desaparecer de nuevo.

La elfa sonrió y avanzó por la entrada del castillo, asomó cuidadosamente la cabeza al patio de armas, luego de la desagradable sorpresa de las gárgolas, podría estar infestado de cualquier criatura que no necesitase comer y no tuviese problemas de socialización con otras criaturas, lo que quiere decir que no había humanos.

Mirando de lado a lado y sin encontrar nada fuera de lo normal, dejo escapar un corto suspiro e hizo su camino hacia un par de murallas interiores, pues más allá de ellas estaba la torre del homenaje, flanqueada por dos torres más pequeñas. Pasadas las murallas interiores, Katarina también pudo observar una capilla, no muy lejos de la torre del homenaje. Continuó su camino.

¿No vas a visitar la capilla? —preguntó, con solo sus ojos apareciéndose frente a su dueña.
La sangre me guía a esa torre grande, no perderé tiempo buscando allí cuando sé que no está.
El resto de la cara de la gata apareció, seguida de su cuello y la mitad de su cuerpo, con la otra sin terminar de formarse y enrollándose en el cuello de la elfa como una bufanda. La gatita recostó sus patas y su cabeza sobre el hombro de la elfa y volteo los ojos.
Está bien, gatita, está bien. Si nos da tiempo, podemos ir a verla, solo para que mates la curiosidad.
Kirara no dijo nada, pero una sonrisa traviesa como la de un gato de Chesire se dibujo en su rostro felino.

Avanzó junto a la gatita hasta llegar a la torre, buscando una entrada abajo pues no parecía tener ni una mísera ventana. La única "entrada" que encontró fue una enorme brecha en el suelo, aparentemente cavada, que daba a unas escaleras. Cuidadosamente se metió por la brecha y camino escalera abajo, llegando a las mazmorras.
Genial. Menos mal que puedes ver en la oscuridad gracias a mi.

Katarina avanzó adelante, con la visión y sigilo que le proveía su gata. Tanto a su derecha como izquierda tenía celdas a lo largo del pasillo, pero todas se encontraban vacías, solo llenas por polvo. Al final del pasillo la esperaba una escalera para arriba, pero dos antorchas se encendieron solas, haciéndola ponerse en guardia, sacando rápidamente ambas dagas de su espalda de nuevo.
¿Kirara?
Sí, sí. No tienes a nadie atrás.

Las barras de una de las últimas dos celdas empezó a temblar y antes de que esto pudiera sacar una reacción de Katarina o Kirara, las barras salieron volando como si algo de extrema fuerza las hubiese empujado desde adentro, chocando al otro lado del pasillo con las de la celda izquierda. De la ahora "abierta" celda derecha se asomaron cuatro tentáculos verdosos terminados en uñas, agitándose violentamente, y pronto emergió el resto del cuerpo de un Gric babeando, que procedió a chillar fuertemente al verlas.
Bueno, ahora si tienes.
¡Pero esa jaula estaba vacía!
Bueno, ahora si está.

La elfa dio varios saltos atrás viendo a la criatura arrastrándose hacia ella; Kirara salió volando de su cuello y mordió a Cotton de una oreja, despertándolo de un jalón para llevarselo volando arriba. Katarina, no muy distinta de lo que hizo Kirara corrió escaleras arriba, arribando al almacén, lleno de sacos de granos vacíos y rotos. Katarina entrecerró los ojos, pensando en que comía el Gric en un castillo abandonado y donde no había ni un solo grano, aun cuando los sacos indicasen que hubo. La elfa detuvo su carrera y se dio vuelta, girando sus dagas al sentirse más confiada y cómoda peleando en un lugar más abierto.

La criatura salió lentamente de las escaleras, persiguiéndola ahora con mucha calma que hacía contraste al ser hambriento y descontrolado que había cargado hacia ella hace pocos segundos. Empezó a serpentear parte de su cuerpo de un lado a otro, como buscando flaquezas en la guardia de la elfa y luego...simplemente volvió a cargar adelante, agitando tres tentáculos de un lado a otro al azar y guardándose el cuarto para cuando estuvo suficientemente cerca, estirándolo repentinamente como una estocada hacia ella.

La elfa, ya acostumbrada a los combates tras tantos años, no se comió en ningún momento el anzuelo y solo retrocedió lo necesario para dar un corte cruzando las dagas en X, despedazando ese tentáculo y cortándolo su punta, dejándolo caer en el suelo. La criatura chilló retrocediendo y enrollándose sobre su propio cuerpo, antes de sacar su cola que ahora terminaba en un enorme aguijón con el cual intento picar a Katarina.

La elfa solo llegó a pensar "qu-" antes de doblarse para esquivar el aguijón, los Gric no tenían aguijones por cola. Ni... ni la cara de un wyvern, como la que vio cuando la criatura empezó a desenrollarse.
Oh, es una...

El manejo de la esencia de la criatura se volvió más obvia por el segundo, mientras Katarina veia como ejecutaba polimorfismo justo frente a ella, tomando la forma de un wyvern verde oscuro, con sus garras acabadas en marrón, su cola en un aguijón segregando veneno y con el cuerpo cubierto de espinas, pero no eran las espinas usuales de un wyvern, estás eran algo distintas, brillando fuertemente de color morado.

Aberración.

Apenas la última letra salió de la boca de la elfa, la bestia saltó sobre ella a una enorme velocidad, pero solo golpeó una nube de sangre. Al caer clavo las garras de sus patas en el suelo para derrapar y detenerse, tras lo que volteo rugiendo a la nube de sangre, que se alejaba lentamente.
Todo esto paso por mencionar lo del dragón. Te lo dije. Te lo dije —regaño Kirara, saliendo solo su cabeza de una pared.

La nube de sangre se arremolinó, formándose de nuevo en Katarina. La elfa sonrió a la criatura y miro hacia arriba, para mostrarle mejor su cuello. No era simplemente un reto. Era una demostración. En el cuello de la elfa se marcaron dos puntos rojos que comenzaron a estirarse, brillando fuertemente y tomando la forma de colmillos, cuando el brillo se apagó hubo un par de pulsaciones alrededor de la elfa, energía liberada de una marca maldita. Un aumento de poder.

Eso... hace... 3 meses, sí, que no lo usas... 3 meses acumulando esencia de exceso.
Vamos a jugar.
¡No juegos! ¡shush!

El wyvern le rugió a la elfa y salto hacia ella, intentando morderla. Katarina soltó las dagas y sostuvo las fauces del wyvern con sus manos, impidiéndole que las cerrará e iniciando una lucha forzosa por mantenerlas abiertas mientras la criatura intentaba cerrar su boca para aplastar sus manos. Los dientes de la criatura se clavaron lentamente en las manos de la elfa, haciéndola sangrar un poco. Katarina sonrió, sacando más y más sangre de sus manos, dejando que corriera y cayera dentro de la boca del wyvern, incluso empujándola dentro de él con su hemomancia.

El wyvern se agacho un poco e intento jalarse hacia atrás, doblando su cola y pasándola debajo de su cuerpo para intentar alcanzar el estómago de la elfa con su aguijón. Katarina dejo de hacer fuerza rápidamente y empujo su propio cuerpo atrás manipulando la sangre de adentro, endureció la sangre y creo un disco en su mano como escudo, deteniendo el aguijón. La criatura recogió su cola y volvió a intentar otra y otra vez, viendo bloqueado su aguijón todas las veces por el escudo mientras sus espinas comenzaban a brillar.

Sus espinas empezaron a brillar más fuerte, cambiando su color a uno azulado y liberando un par de chispazos, entonces aleteo atrás, elevándose y disparando desde el aire un aliento eléctrico de pura esencia. Katarina salto y manipulo su propia sangre en el aire empujando su cuerpo de un lado a otro como una forma improvisada de vuelo, esquivando el láser eléctrico que la seguía mientras este iba perdiendo grosor y haciéndose más débil. Sin ver por donde iba, la inteligente criatura la guió a una esquina con su aliento, haciéndola chocar contra una pared y alcanzando su pierna derecha con lo último de su aliento, quemándosela.

Un chillido de dolor escapo de la voz de la elfa justo antes de ver a la criatura abalanzarse sobre ella e intentar arrancarle la cara de un mordisco. Cubrió sus manos de sangre y la endureció, deteniendo sus fauces una vez más para impedírselo. El wyvern araño los brazos de la elfa, haciéndolos sangrar mientras casi alzaba su cola, enseñándole su mortal aguijón. Una sonrisa casi se dibujo en el rostro de la criatura mientras intentaba aplastar las manos de la elfa con su boca; satisfacción de tenerla así y haberle derrotado.

¡Los wyvern son temidos por ser sigilosos y matar antes de que se note su presencia, estúpida aberración! —le gritó a la criatura mientras peleaba—. ¡Matan...! —sonrió un poco, sabiendo que era tiempo de que ocurriera—. De esta manera.

Cuando el wyvern agitó su cola para hacerla descender en un mortal toque a la elfa, algo golpeó su estomago desde adentro, toda la sangre que había tragado antes de la mano de la elfa maduró dentro de su cuerpo como una bomba, y el resultado... una explosión.

Desde su interior la bomba de sangre virulenta estalló, atravesando su cuerpo como una serie de espinas, saliendo de su estómago atravesándolo, al igual que su espalda, y cuerpo. La criatura dio un grito ensordecedor al verse atravesado de esa manera desde adentro. Retrocedió unos pasos atrás, agitándose e intentando remover las espinas de sangre de su cuerpo, mientras este a su vez se deformaba constantemente como si intentase buscar una salvación en el polimorfismo. Se golpeó contra una pared dos veces y le rugió inútilmente a Katarina mientras se ahogaba en su propia sangre.

La elfa solo levantó su tronco del suelo para mirarle y bajo la mirada a su cara, sintiendo como del rugido del wyvern la chispeo un poco de sangre. Sin dejar la sonrisa de su rostro saco su lengua y se lamió suavemente a un lado de los labios, limpiándose.

Cuando la criatura finalmente murió cayó al suelo, bañando el lugar de su sangre. La elfa se puso de pie y camino hacia él para buscar un área suavecita de la cual morder. Kirara salió de una pared lentamente y negando con la cabeza por decepción de que a Katarina le hubiese tocado esa cosa, y decepción de que hubiese ganado y ahora seguramente le devolvería sus palabras; se acercó a un montón de sacos de granos tirados y los movió con sus patas, revelando a Cotton, que empezó a aletear y se alzó volando a su alrededor feliz en cuanto vio a la felina.

¡Chirp! ¡chirp, chirp, chirp!
Sí, sí, solo haz silen...

La gata alzó las orejas cuando escuche un audible "slurp" a sus espaldas, y volteo para ver a Katarina arrodillaba junto al wyvern, mordiéndolo.
Eso es asqueroso...
La elfa siguió bebiendo la sangre de la criatura, que al estar tan cargada de esencia comenzó a cerrar muy pronto las heridas de sus brazos y más lentamente, a devolverle la apariencia más linda a su quemada pierna. Cuando terminó de beber suficiente sangre, se limpio la boca y se puso de pie, volteando para mirar a Kirara.
¿Qué?
¿Qué?
No pretenderías que siguiera subiendo con mi pierna viéndose así.
Kirara cerró un poco un ojo, viéndola. Cuando vio que Katarina iba a hablar de nuevo, sabiendo que iba a decirle, se adelantó.
Ni lo digas. Sí, sí, venciste un dracónido —miro a otro lado algo molesta—, y gastaste un montón de esencia —añadió, intentando atribuirle una falla al asunto—. El tiempo corre, sigue subiendo —dijo mirando a otro lado para no tener que aguantarse a la elfa diciéndole te lo dije.

La elfa solo sonrió viendo a Kirara intentando librarse de aceptar la realidad de lo que había hecho y se acercó a ella para cargarla y apretujarla, rascándola detrás de las orejas.
Mi gatita orgullosa.
Mira quien... quien... —empezó a cerrar los ojos y a acostarse más en su brazo, intentando resistirse inútilmente a los cariños.
¡Chirp! —gritó mientras se posaba en la cabeza de Katarina.
Y tú, Cotton, y tú, pequeñito algodón —dijo acariciándolo.

Con sus mascotas y sí misma a salvo, Katarina subió al siguiente piso de la torre, el gran salón. Un lugar espacioso, muy bien cuidado, tanto que el tiempo no parecía haber tenido efecto en el como lo tuvo en el resto del castillo. Del lugar llamaba la atención la larga mesa del centro, con solo dos platos, los cubiertos para cada uno, copas vacías y un candelabro en medio, con dos velas, una sola encendida. También era merecedora de su atención la gran chimenea, por su llama encendida y adornada con 4 estatuas pequeñas de lo que parecían ángeles. Sus paneles de madera de estilo gótico y vidrieras solo parecían servir para albergar y mostrar en mayor plenitud la grandeza de los cuadros de una familia. Al lado norte estaba una mujer, con vestido rojo y el pelo recogido, y a su izquierda un hombre bien vestido, con un bigote preocupantemente grande y el pelo en rolos. Frente a la chimenea estaba la imagen de un hombre borrada, con la pintura corrida hacia abajo por sangre. O pintura roja.

Y sobre la chimenea, estaba la pintura más grande de todas, la de una dama. El vestido era de dos tonalidades de rojo, dispuestas de manera que luz y oscuridad distrajeran el ojo. La falda superior parecía atada con suficiente fuerza hacia atrás como para hacer pasos largos incómodos, sino imposibles; y la inferior estaba tan cargada con volantes trenzados que seguramente tambaleaban. Para todo lo elegante del vestido, algo en la pintura daba la impresión de una mujer aventurera que una dama modesta. Viendo el vestido de abajo para arriba, la elfa se pregunto porque no había notado la pintura antes al ver la chimenea. Su mirada alcanzó el rostro en la pintura. Al menos, donde debería estar. En su lugar solo había un vacío, no como si hubiesen pintado sobre su cara, sino como si simplemente nunca la hubiesen pintado para empezar.

Raro, pero no es que importase mucho en un castillo que iba a desaparecer para no verse por otros 5 años más, probablemente. Katarina camino a lo largo de la sala para llegar a las siguientes escaleras que daban arriba, el dormitorio. Un lugar lúgubre; una sola cama, pero una de esas exageradamente grandes y bonitas, las que tienen la realeza. Una larga y linda alfombra roja con marrón y detalles dorados en cada esquina. Junto a la cama un escritorio de madera muy fina, con un candelabro sobre ella y ambas velas encendidas. En el techo una única ventana, la única que permitía a la luz de la luna entrar. La pared que esperaba al final del cuarto parecía más una estantería que una pared, completamente cargada de libros terriblemente viejos y cargados de polvo, tan solo verlos producía ganas de estornudar.

Sobre la cama había un detallado y lindo cofre de madera, tal vez demasiado detallado y lindo como para creer que su contenido se reducía a monedas. No es que Katarina lo hubiese creído, casi podía escuchar los latidos venir de ese cofre. La elfa dio pasos lentos y cuidadosos hacia el cofre, cargada por la mala impresión que tendría un hombre al estar frente al tesoro de un dragón y no ver un dragón. Acercó sus manos hacia el lentamente para tomarlo y...
Nada pasó.

Katarina volvió a dejar el cofre en su lugar e intento abrirlo, pero su fuerza no bastaba, parecía estar bloqueado mágicamente. Lo reviso de un lado a otro y tampoco tenía un agujero para alguna llave. Por un momento considero solo aplastarlo de un golpe, pero tenía tanto la impresión de que no funcionaría como de que podría lastimar su contenido. ¿Qué tan resistente era un corazón, de todas maneras?

La elfa alzó un dedo y se mordió suavemente la punta para cortarse y sacar sangre de el lentamente, llevándola hacia el cofre para probar, pero un ruido fuerte la hizo pegar un salto por la sorpresa, desconcentrándose y haciendo que la sangre cayera al suelo. Miró al frente, de donde provino el ruido y vio un montón de libros tirados en el suelo, Cotton aplastado por uno.

¡Cotton! ¡no puedes estar curioseando así! —dio un suave pisotón y se encamino hacia la pila de libros, quitándole el que tenia abierto encima el pequeño murciélago.
¡Chirp! ¡chirp chirp chirp chirp! —chilló, quejándose constantemente, muy similar a como hacía cuando tenía hambre.

Katarina se extraño de que estuviese actuando así, y en molestia por haberla asustado e interrumpido en medio de algo importante agitó el libro que le había quitado de encima para darle un par de golpecitos, pero se quedo viendo el libro, parecía un diario. Lo abrió y leyó por encima las páginas donde se encontraba, pasando suavemente la yema de los dedos por encima de la tinta, notando la presencia - aunque mínima - de sangre en ella. Cotton se posó sobre el libro y aleteo contento, viendo un dibujo de la Luna Azul y la Blanca, compartiendo el cielo juntas.

La elfa tomó a Cotton cuidadosamente - que parecía no querer alejarse del dibujo porque le encantaba - y lo pasó a un lado, de forma que pudiese ver su querido dibujo y ella de leer. Se devolvió un par de páginas, encontrándose con nada más ni nada menos que la leyenda que le había contado aquel bardo, de sus letras corridas y gastadas no pudo sacar mucha más información que la que ya conocía, pero sí consiguió algo que no: el evento que venía 100 años después, muy verdadero al dibujo, Selen Meistic y Selen Kring compartían la noche.

Lo guardaré para después, se ve útil.
¡Chirp! ¡Chirp! ¡Chirp!
Katarina suspiró y le dio el libro a Cotton, para ver si podía sostenerlo con sus patas. El pequeño murciélago lo tomo y aleteo con todas sus fuerzas, manteniéndose en el aire.
Bien pequeño, tú tenlo, eres su nuevo guardián —dijo acariciándolo con un dedo.
Cotton voló alrededor de Katarina, orgulloso de sí mismo.

Un pequeño sonido sonó atrás de Katarina y Cotton, la elfa volteo junto al curioso murciélago y vieron el cofre abierto, con Kirara lamiéndose la pata a un lado.
¿Cómo... cómo lo abriste?
La gata dejo de lamerse la pata y miro a Katarina, tras lo que siguió lamiéndose la pata.

La elfa alzó la ceja, intentando discernir si Kirara realmente tenía un desinterés absoluto en no comentarle como había abierto el cofre, o si estaba de orgullosa esperando que le agradeciera por haberlo hecho, como una pequeña forma de decirle que ella no podía hacer todo absolutamente sola y que la necesitaba. Probablemente lo segundo. Su tren de pensamiento se cortó con un latido del corazón, era ridículo, pero cierto, al parecer un corazón arrancado de un pecho mantenía sus latidos.

Katarina se acercó a la cama y tomó el cofre cuidadosamente, sintiéndose solo un poquito intimidada por la vista de un corazón que no dejaba de latir. Dejo el cofre en sus piernas, observando el órgano medianamente circular y negro, con venas rojas bombeando y un par de cráteres en el. Tal vez era por su naturaleza como vampira, tal vez era por la naturaleza misma del corazón. En ese momento Katarina realmente no supo por qué, pero tomó el corazón en sus manos y este empezó a latir con algo más de fuerza, y sin decir nada de lo mucho que estaba pensando, acercó el corazón a su pecho.

Supo la verdad en ese momento, la que sintió al contacto del corazón con su pecho. La sangre siempre buscará sangre.

A los pocos segundos las venas del corazón se expandieron, cubriéndolo completamente de rojo; Katarina se puso rápidamente de pie, el cofre cayendo al suelo. Dentro de ella se despertó una sed de sangre enorme, como si hubiese pasado días sin comer. Era su primera experiencia así, pues si bien muchas veces había abrazado su vampirismo en el calor de la batalla para hacerse más fuerte, nunca el vampirismo la había abrazado a ella. Sus ojos se enrojecieron; saliva escapó de su boca, sintió ira, tristeza, poder... y luego calma.

El corazón lentamente penetró en su pecho, liberando ondas de energía vampírica con cada latido, y cuando estuvo adentro, pudo sentir claramente dos o tres vibraciones. La calma se volvió sueño y empezó a sentirse débil, se tambaleó hacia un lado, chocando contra una pared y luego avanzando hacia adelante por su propio peso, chocando con la pared de al frente antes de irse de espaldas y caer al suelo desmayada.

¿Qué...? ¿qué te pasa? —preguntó Kirara, algo nerviosa al verla babear. En cuanto la elfa chocó con la pared pegó un salto, y al verla avanzar y caer al suelo como un cadáver se alarmó, saltando de la cama hacia ella e intentando moverla con sus patas—. ¡Katarina, Katarina! ¡No te desmayes aquí, Katar...!

El sonido de algo quemándose hizo alzar las cejas de la gatita fantasma. Recordaba ese ruido, más de lo que quisiera recordar. Era el  mismo ruido que provenía de la pierna de Katarina hace años, cuando le habían destrozado su pierna; un ardor. La gatita corrió hacia la pierna de la elfa y empezó a morder su calzado, jalándolo como pudo. Con todo su esfuerzo logró removerlo y sus pupilas se dilataron, observando como el pie que nunca había terminado de curar de Katarina, ahora se regeneraba lentamente frente a ella, su pie izquierdo volviendo a la absoluta normalidad.

La gatita permaneció callada sin aliento, algo incrédula, y hubiese permanecido así de no ser por un estruendo que hizo a la torre temblar, una pared sufrió un pequeño crack, y todo empezó a derrumbarse.
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Emphatos [Katarina] Empty Re: Emphatos [Katarina]

Mensaje por Bennett el Mar Ene 08, 2019 3:54 pm

Con el lugar temblando, Kirara se desesperó y empezó a aruñar a Katarina en una mejilla, intentando despertarla mientras Cotton volaba sobre ellas dando chillidos sin detenerse una y otra vez para ayudar, aunque admitidamente, a Kirara le parecía más una molestia que una ayuda en ese momento.

¡Chir...agh, digo, Cotton! ¡haz silencio! —regañó al pequeño murciélago por desesperarla más con sus interminables chillidos cuando ya ella estaba desesperada por su propia cuenta.
¡Chirp!
Kirara cerró los ojos, intentando recordar que le prometió a Katarina no lastimar a la bolita de pelos voladora aunque la fastidiara. Un sonido de alguien agarrando repentinamente aire - como después de haber estado privado del mismo por mucho tiempo - la hizo voltear, viendo como su dueña tosía un poco de sangre.

¡Katarina! —le saltó encima, aplastándole una mejilla con ambas patas—. ¡Estás bien!
Cotton compartió la alegría de Kirara, danzando más alrededor de ambas para el disgusto de la felina.
¿Kirara...? Qué sucedió...? —preguntó algo ida.
No... no sé. ¡No sé! ¡te desmayaste! ¡y el castillo tiembla y se va
a derrumbar sobre...! ti...
—la carita y el tono preocupado de la gatita fantasma se alteraron lentamente a confusión, al darse cuenta de que el lugar ya no temblaba, no lo había hecho desde hace varios segundos.

Kirara se despegó de la elfa y camino unos pasos atrás, mirando de un lado a otro mientras Katarina levantaba su tronco poniéndose una mano en la cabeza y bajándola lentamente a su pecho. Con su mano allí, sintió un latido y pareció volver a ella lo que había pasado. La mujer cerró sus ojos, sintiendo el corazón latir suavemente.

Hasta hace poco, Katarina realmente nunca estuvo segura hasta ese momento si era una Primarca Vampiro de muchos más o tan solo la segunda en el mundo tras su Maestro. Ahora lo sabía. Durante los momentos de su inconsciencia, estuvo parada sobre un infinito mar de sangre, hablando con la sombra de su Maestro, con su muerte y ahora que ella poseía su corazón, al que él se refirió como Corazón Rojo, la había vuelto la máxima, única Primarca; no tenía un superior, ni un igual. Pero eso no estaba del todo bien, seguro, era la vampira más poderosa... porque ahora era la única, si alguien la mataba, con ella se borraría la no-vida vampírica de Noreth, eso le dijo su Maestro, eso y que por seguro, intentarían matarla.

Por lo que hizo por ella, y lo que le enseño, había llegado el tiempo de pedirle un favor, algo de vuelta. Tal vez más, dos pequeños favores... nada por el precio de la eternidad, pensó la elfa.

Primero, tenía que ir a su viejo castillo y vengarlo. Fácil, seguro, eso le pareció y se lo hizo saber a su Maestro. El viejo vampiro rió, advirtiéndole que no sería así, y que recordará que a él lo habían asesinado.

Pero ahora tengo tu poder... ¿no es así?
Lo tienes.
Entonces no será problema —aseguró con firmeza, frunciendo un poco el ceño al recordar como aquel maldito paladin había destrozado el lugar donde se había asentado, donde quería empezar a construir sus sueños—. Y ya estoy en tu castillo.
Dracula rió un poco más, negando con la cabeza.
No, mi pequeña chupasangre. Estás en una copia barata que construí solo para mí...
¿Qué?
No tengo tiempo para explicarte... lo mejor será que vayas la capilla y tomes mi diario. Tienes mi corazón, y tienes mi sangre. Podrás leerlo.
Katarina alzó un poco la nariz y saco algo los labios, ligeramente confundida, ligeramente decepcionada. ¿Su maestro hacía algo tan trivial como escribir un diario?
Está... está bien, puedo hacer eso... ¿y lo otro? —preguntó curiosa—. ¿Qué es lo segundo que pedirás de mi?
Dracula calló ante la pregunta de Katarina, y permaneció en silencio por unos momentos. Instantes que se le hicieron eternos a la elfa; cuando pensó en dar un paso, pudo notar movimiento en el cuerpo del vampiro.
Lo segundo que te pido... —dijo suavemente, dándose vuelta con lágrimas en sus ojos y una débil sonrisa cargada de esperanza—. Estaré eternamente agradecido contigo...

Katarina abrió los ojos, apartando su mano de su pecho y pasando la vista por toda la habitación. Suficiente recordar, debía tomar el diario de la capilla e irse de allí pronto, se le habían pasado los segundos, los minutos, el tiempo. No importaba que tan eterna era ella; el castillo no lo era. Se levantó rápidamente y tomo el libro de Cottón, quien se ofendió instantáneamente y empezó a chillar; pero se calmo en cuanto Katarina lo posó sobre su cabeza. Miro a Kirara y sin decirle más nada de lo que sus ojos le comunicaron, empezó a buscar en el ahora desastroso cuarto, viendo las paredes, hasta encontrar la pequeña grieta que se formó en una. Caminó hacia ella y bastó tan solo un toque con la yema de su dedo para hacer que se quebrara, revelando una especie de elevador.

¿Tu maestro también era ingeniero...? —preguntó incrédula Kirara, algo cansada de las sorpresas.
Ha... no-vivido un largo tiempo, sé que sabía muy poco de él, pero ahora siento que no sé nada. Vamos.
¿A donde?
La capilla.
No es por aquí, es... —la felina pausó un momento, pensando bien toda la absurdidad en la que ya se encontraban y agitando la cola de derecha a izquierda—. Por supuesto... una capilla oculta bajo la torre... no sé cual es la fascinación de complicar las cosas...

Las dos juntas entraron al elevador junto a Cotton y una vez estuvieron adentro, se escucharon el sonido de unos engranajes, y junto con ellos, empezó a descender lentamente el elevador.
Hasta que no descendió lentamente; la cadena que le sostenía pareció soltarse y comenzaron a caer libremente.

La caída fue un poquito larga, de muchos segundos. Katarina reaccionó rápidamente por suerte, tomando a Cotton de su cabeza y escondiéndolo entre sus brazos para la comodidad del pequeño murciélago globo, que tan solo se acurrucó sin prestarle ni gota de atención a lo que estaba pasando. Kirara era un fantasma, así que en parte le daba igual. En cuanto el elevador iba a tocar suelo la cadena se tensó deteniéndolo forzosamente, haciendo el cuerpo de la elfa salir disparado violentamente por el repentino freno, haciendo que chocará contra el techo y luego contra el suelo nuevamente, saliendo rodando del mismo. Quedo afuera, tirada de espaldas y con Cotton encima, que solo estalló en chilliditos similares a risa y aleteando de lo más feliz, como si todo hubiese sido un juego. Kirara salió flotando del elevador atravesándolo y dedicándole una corta mirada de reojo y una vuelta de ojos a la elfa.

Agh... esto es como cuando me chocó el Nieveroja... —contempló tirada en el suelo, mientras los raspones y arañadas que sufrió por los golpes se cerraban. Cuando se sintió menos adolorida se puso de pie, regañando a Cotton con la mirada por estarse riendo—. Debería haberme traído sangre de la aberración.

Frente a ella y sus mascotas se encontraba un pasaje de roca, aparentemente iluminado por una única antorcha que se alcanzaba a ver a la distancia. La vampira miró a los lados para asegurarse de que no hubiesen más sorpresas ocultas y comenzó a caminar adelante. Para la alegría de Kirara, fue un camino recto y sin trampas mortales, no tardaron demasiado en llegar a la capilla privada.

Era un lugar relativamente simple, con unas pocas sillas de maderas tiradas a la izquierda, una fuente pegada a la pared derecha; con estatuas que recordaban a ninfas y sirenas juntas; sangre fluyendo entre ellas en vez de agua, y un pequeño altar al frente; esculpido de piedra roja con una imagen grabada en la pared a través de martillo y cincel. La felina volveó a negar con la cabeza y voltear los ojos, viendo la fuente de sangre. A este punto era innecesario para ella, estaba muy claro de quien rayos era el lugar.

Katarina se acercó adelante y tomó lo que había sobre el altar, el diario de su Maestro. Estuvo tentada a abrirlo y leer allí mismo, a saber qué cosas raras tendría en el, conocimiento antiguo, tal vez olvidado, tal vez más que olvidado, conocimiento ahora único en el mundo, registrado en ningún otro lugar más que en la memoria de Eilian... la elfa se encontraba abriendo lentamente el diario pensando en todo esto, pero una pequeña piedrita, mínima, junto a algo de polvo cayó sobre la portada. Y luego cayó algo más. Una serie de estruendos, como si un gigante pisará el techo sobre ella empezaron a escucharse.

El techo se agrieto y de su centro bajo un rayo, Katarina saltó a un lado rápidamente para evitarla, y fijándose bien, pudo recordar ese calor, el mismo que sentía cada vez que evitaba aquella espada. Su expresión neutral cambió rápidamente, viendo como el "rayo" - en realidad una llama azulada - se recogía de vuelta. Por el agujero que dejo se empezó a quebrar más y la vampira bajo la mano, clavándose la uña del pulgar en el centro de la palma, cuando la mínima gota de sangre se asomó empezó a sacar cantidad fuera de ella. La sangre se arremolino frente a ella girando fuertemente y en cuanto el primer escombro del techo empezó a caer, la endureció y la disparo arriba como una bola de cañón, haciendo añicos el techo y, a juzgar por el sonido, impactando con algo recubierto de metal arriba.

¡Vampira! —rugió una voz desde arriba.

El paladin de hace 10 años se encontraba en el patio de armas, frente a un enorme hueco que hace poco era el techo de la capilla bajo-tierra en la que se encontraba Katarina. Dos de sus hombres estaban derribados atrás de él, con sangre manchando sus armaduras tras haber sido impactados por la bola de cañón y salir volando. Mientras el humo se asentaba y su rugido se desvanecía en el silencio, el paladin alzó velozmente su espada, deteniendo un golpe fugaz que emergió del humo. El guerrero sonrió, al menos hasta escuchar dos gritos, casi sincronizados a sus espaldas. Al voltear, Katarina efectivamente estaba atravesando el cuello de los dos paladines más que trajo con él; con cuchillas de sangre que salían de sus palmas. Se escuchó un pequeño crujido de la voz de uno de los hombres; todavía anclándose a la vida, entonces la vampira recogió los brazos fuertemente, dejando correr las cuchillas de sangre de sus palmas, abriéndoles el cuello de un lado a ambos. La endurecida sangre en forma de cuchillas se ablandó y cayó al suelo, juntándose con los charcos que empezaban a formarse de los cuellos de los hombres.

Monstruo...
¿Ya me degradaste a monstruo? ¿tan rápido? —preguntó, dándose vuelta para mirarlo con una fingida sonrisa, traicionada por el brillo asesino en sus ojos—. Tú eres el monstruo aquí.
El paladin giró su espada en su mano, deteniéndola cuando el filo apuntaba hacia abajo. Clavo suavemente la espada en el suelo, entonces apoyo ambas manos sobre el mango.
No soy un monstruo, solo estúpido —su tono cambió para su última palabra, mientras alzaba la cabeza—, esperaba que ya hubieses razonado y decidieras quitarte la vida.

Katarina sonrió un poco más. En el mundo animal, desnudar la sonrisa era un signo de agresión, y en el caso de los humanos, siempre había algo desconcertante en alguien que te mostraba sus dientes sin una pizca de felicidad en ellos. Pero en el caso de los vampiros, nunca se trataba de enseñar todos los dientes. Solo tus colmillos. Los de la vampira eran — bueno, especialmente afilados, como si cargasen una sed de sangre por su propia cuenta. Representaban la realidad de casi cualquier vampiro que estuviese mirando a alguien muy fijamente y con poca pasión: el deseo de despedazar un cuello.

Última oportunidad, vampiro —apartó su mano izquierda y tomo el mango de su espada, corriéndolo suavemente a un lado quemando el suelo—. Mi Señor me dijo tu destino: tú mueres. El asunto es si quieres que sea doloroso o no.
Katarina bajo la cara cerró los ojos, transcendiendo su amenazante sonrisa en una corta carcajada.
Tu señor se saltó un pequeño detalle.
La vampira alzó la cabeza, con sus ojos enrojecidos y las marcas en forma de colmillos brillando en su cuello.

Katarina corto sobre su brazo una daga, dejo fluir algo de su sangre como para que bañase su brazo y lo agitó para lanzar de ella una onda cortante hacia el hombre. El paladin saltó a un lado evitándola, y cuando su vista volvió hacia donde estaba la elfa la tenía al frente, con su brazo descendiendo fuertemente hacia él junto a una cuchilla de sangre más que salía de su herida. El paladin subió su espada para detener el corte confiado, pero la sangre se volvió líquida un instante antes de impactar con la espada, en cuanto las gotas cayeron al suelo el hombre saltó atrás, evitando apenas las espinas de sangre que fueron levantadas. Al caer dio unos pasos adelante y dio un corte ascendiente, disparando una onda en llamas de regreso a la posición de Katarina. La elfa dio solo los pasos necesarios al lado para evitarla, seguida de más pasos, casi como una danza, esquivando las otras ondas que el hombre disparaba. El paladin se fijo en los pies de la elfa para hacerse idea de a donde movería su cuerpo después y que uno de sus ataques impactara. Dio un fuerte corte diagonal, y cuando Katarina se movía para evitarlo, alzó su mano para cambiar el ángulo de la onda y hacer que la alcanzará.

O no. Reflexivamente formó un largo escudo de sangre tan largo que ocultaba toda su figura, logrando salvarse por los pelos de la llama. El paladin sostuvo su espada horizontalmente y corrió hacia adelante, atravesando el escudo por completo. Al escuchar un pequeño grito dolor sonrió para sí y corrió el filo para un lado mientras giraba alrededor del escudo, todo para encontrar a la elfa pasos atrás, completamente a salvo de la espada, con una sonrisa. Había fingido el grito, resulta que hacerse pasar por bardo y actuar no era inútil. La elfa chasqueo los dedos, y el escudo de sangre donde estaba atrapada la espada del paladin se estiró hacia un lado en la forma de espinas intentando atravesarlo; el paladin subió una mano cruzando dos dedos rápidamente y con ello, frente a él se formó un espíritu de forma muy vaga, que recibió todas y cada una de las espinas por unos segundos, tiempo suficiente para que el hombre se alejara unos saltos atrás.

Con que Espiritista, entonces esa espada...

El paladin dio carrera hacia la vampira sin siquiera preocuparse por afirmar o negar sus palabras, en cambió, prefiriendo una demostración. En su carrera empezó a cubrirse de una neblina espectral, desapareciendo en ella. La neblina se separó en 9 señuelos y todos flanquearon a la vez a la elfa. Los cuatro primeros llegaron juntos a la vez, cada uno desde un punto, pero simplemente se desvanecieron al chocar con el cuerpo de Katarina, un quinto señuelo cayó desde arriba sobre ella, pero también resulto falso.

Los últimos cuatro se aproximaron juntos con ligeras variaciones en velocidad, el primero; falso, el segundo;, falso, el tercero; falso y el cuarto...

Falso.

El paladin salió a espaldas de la elfa a los pocos segundos que el cuarto señuelo impacto frente a ella, emergió con un corte diagonal viniendo desde arriba a la derecha bajando a la izquierda, después alzo su brazo girando la espada y dio una estocada al frente, que corrió hacia la derecha, giro la espada en su mano para dar un estocada atrás hacia sus descalzos pies y finalizo casi deslizándose hacia adelante mientras giraba, poniendo todo el peso en su pierna delantera y flexionándola, dando 6 estocadas seguidas.

Increíblemente, la vampira movió su cuerpo a un lado, agachando la cabeza para evitar el primer corte, saltó adelante mientras giraba su cuerpo en el aire manipulando su propia sangre para queda de frente y al tocar el suelo, la estocada hacia atrás alcanzó parte de su dedo gordo del pie, cortándolo mientras apretaba un poco los dientes evitando dejar escapar cualquier sonido que dijera "dolor"; rápidamente concentró esencia para cerrar su herida y dar un pasó atrás a la vez que patinaba el paladín. Esquivó hábilmente cada una de las 6 estocadas antes de saltar atrás, haciendo girar sangre de su brazo frente a ella.

Hija de perra... ¿cómo...?
Mira tu mano.

El hombre frunció el ceño por un momento, seguramente se trataría de un truco tan viejo como el clásico "¡cuidado!" mientras apuntaban a tus espaldas para que te dieras vuelta, pero necesitaba complacer su ego y saber como no mató a alguien con su técnica infalible. ¿Casualidad? ¿simple chance? ¿estaba ella más demente de lo que él creía, suficiente cómo para que se le pasará por la cabeza qué de 9 engaños ninguno era real?

Bajo la mirada solo un momento a sus manos, encontrándose con la más diminuta manchita de sangre en uno de sus guantes. No se lo podía haber encasquetado en ningún momento. Se había asegurado de prestar perfecta atención en todo momento; cuando bloqueó la cuchilla de sangre con su espada todas las gotas cayeron al suelo, y las que no lo hubiesen hecho, se habrían evaporado por el filo de su espada. Luego mantuvo la distancia atacando de lejos. Después atravesó el escudo y las espinas que podrían haberlo alcanzado fueron bloqueadas todas por el espíritu que invocó. El tajo que le abrió en el dedo se lo había abierto ahora. ¿En qué momento una pequeña gota de sangre escapó a su atención, penetrando sus defen-

Cuando penetró sus defensas. Había penetrado el escudo confiado en que tendría que mantenerlo con toda dureza o hubiese podido seguir de largo atravesándola. Pero fue allí, en el segundo que atravesó su escudo, el gritó no fue meramente para conseguir que creyese que la había alcanzado, fue para quebrar su concentración un momento y poder alcanzarlo a él. Le bastaría un mínimo instante para colar una gotita de sangre, así de mínima. Requería de una habilidad absurda para hacerlo, mantener todo el escudo endurecido, mientras lo engañaba, mientras había vuelto líquida solo una mínima parte que dejaría caer en su mano. ¿Fue todo eso premeditado? ¿más casualidad? para empezar... ¿era tan hábil manipulando sangre?

Al azar la mirada y encontrar la sonrisa arrogante de la elfa, lo supo. Sí, lo era.
Para ser tan racista con los vampiros, no pareces saber que podemos oler sangre, aunque sea tan poquita... —sonrió más enseñando su colmillo, hablando en un tono casi burlón. Tener el poder de Dracula mismo era una maravilla, pero había jugado suficiente con el paladin, era momento de ir empezando a cumplir su trato con su maestro. Primero, la venganza.

El paladin por su parte apretó los dientes enfurecido, 10 años. Tal vez en 10 años se nivelaría con él. ¿Pero superarlo? ¿hacer un chiste de su persona? eso no. De saber en qué pensaba la vampira, habría estado de acuerdo. Era momento de terminar la pelea.

El hombre canalizó tanta esencia como pudo, a lo que la vampira respondió de la misma forma, sacando cantidades enormes de sangre de su brazo y acumulándola sobre ella. El paladin estalló cubriéndose en llamas mucho mayores que las de hace 10 años y miró a la elfa.
En el nombre de mi Señor, no fallaré está vez —movió lentamente su espada frente a él—. ¿Un último deseo, herética?
¿Un último deseo? la vez anterior no me diste ese lujo... ver la cara del hombre que voy a matar estaría bien.
El paladin se tomó eso como una ofensa. Se llevó una mano al yelmo y empezó a jalarlo, quitándoselo y tirándolo a un lado.

Su rostro era... sorpresivamente promedio. Tenía una cara limpia, eso sí, prueba de su habilidad en combate hasta ahora: ni una marca, ni un rasguño, ni una cicatriz. Su pelo café y corto, algo caído. Pero su mirada y su sonrisa, algo fuera de lo normal, sus ojos eran como los de un verdugo, alguien que le ponía fin a la vida de otro. Durante los años, por las máscaras que llevaban pocos sabían como lucían los rostros de estos hombres, pero todos sabían como lucían sus ojos, tenían ese brillo... uno como una llama apagada.

Sin dejar mucho más tiempo a que Katarina observará su rostro, el hombre tomó su espada con ambas manos y la alzó al cielo, la misma imagen de hace 10 años, pero ahora mucho más poderosa. Las llamas que lo cubrían se formaron como alas de esencia amarillenta en su espalda, solo que está vez eran cuatro. Giró su espada para que el filo quedase apuntando abajo y la soltó, dejando la espada flotar frente a sí mismo. Antes de llamar el nombre de su hechizo, sonrió.

Tienes el lujo porque tengo seguridad en no fallar está vez. Te lo dije, mi Señor me dijo tu destino: tú mueres.
Y yo te dije que tu señor se saltó un pequeñísimo detalle.
¿Y es? —preguntó colocando sus manos al frente, formándose el sello con la imagen de una balanza por unos segundos y tornando su esencia blanca.
Yo ya estoy muerta.

A las palabras de Katarina la poca sangre que logró escapar de su dedo gordo burbujeó, levantándose con una enorme velocidad hacia el paladin como una fina aguja. Con su cabeza ahora descubierta, la aguja lo atravesó, emergiendo de su cuello antes de que siquiera pudiese decir la primera palabra de su hechizo. La esencia se volvió negra, añadiendo al rojo que ahora abandonaba la parte superior de su cuello y la de su cabeza. La aguja se retiró lentamente del cuello del hombre y su sangre empezó a fluir como una cascada, su la esencia se esfumo y cayo al suelo como un plomo.
Mal...maldita... —dijo a duras penas, ahogándose con su propia sangre.

Katarina camino hacia él lentamente, casi que modelando. Chasqueó los dedos deteniendo la sangre de los dos nuevos agujeros en el cuerpo del paladin para impedir que muriese ahora y concentro toda la sangre que ya se había salido en sus extremidades, aplastándolas hacia abajo para impedirle ponerse de pie.
Apuesto a que desearías ser inmortal justo ahora... —susurró con una sonrisa—. ¿Qué me dices...?
¡Vete a la mierda! ¡no me juntaré con una basura como tú!
Katarina frunció el ceño, quitándose la sonrisa de su cara. Aplastó la cabeza del hombre con su pie, solo para lastimar más su orgullo.
Y pensar que una basura como tú podría derrotar a mi maestro. Tan débil...
El hombre rió un poco, incluso en su estado y situación.
¿Qué? ¿de qué te ríes? —preguntó confusa.
No fui yo, monstruo estúpido —intento mover su cabeza hacia arriba, pero Katarina piso con más fuerza, impidiéndoselo—. ¿Crees tener chance? ¿CREES HABER GANADO? ¡Yo soy solo uno de sus generales! ¡No tienes oportunidad! ¡Sí vas al castillo de tu maestro, ellos terminarán lo que yo no pude!

La elfa sonrió satisfecha de haber hecho al hombre hablar de más al hacerle creer que ella pensaba que él había sido el asesino. Por favor. ¿Alguien tan débil? Ni siquiera lo consideraría. Le quitó el pie de encima para darse vuelta e irse caminando.
¡No tienes nada qué hacer! ¡Perdiste, hace 10 años! ¡Acéptalo! ¡Ya el tiempo se acabo! ¡estás atrapada en este castillo!
Katarina se detuvo, dándose vuelta.
Lo sé. Me dí cuenta a media pelea. ¿Pero crees que algo de eso me duele? Solo por 5 años de 95 que debo esperar. ¿Y crees que alguien va a detenerme? el tiempo no va a hacerlo... ya no puede... ni tú tampoco.

Con sus últimas palabras la elfa continuó su camino, dejando de impedir que la sangre saliera del hombre. Pronto empezó a ahogarse y a sentirse más débil, realmente nunca había probado sangre, ni la suya, ni la de alguien más. En sus últimos segundos de vida, el paladin se fue con es un sabor amargo en su boca.

La sangre sabia amarga.
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Mensaje por Bennett el Jue Ene 10, 2019 2:44 am

Ahora estando atrapada dentro del castillo por 5 años a venir, la elfa se puso a hacer lo único que podía hacer en esa situación: leer. Sabiamente decidió guardarse tanto el libro con el que Cotton estaba obsesionado como el diario de su Maestro para más tarde, no quería sorpresas ni cosas que le diesen vuelta a su mundo cuando ahora estaba atrapada fuera de el por el momento. Además. 5 años. Iban a ser unos muy largos y muy aburridos.

La elfa regreso al último piso de la torre del homenaje y una vez allí, se dedico a ordenar los libros que se habían caído antes, dejando el último que quedaba en el suelo para empezar a leer ese. Era sobre escritura en común, no basura, pero ella ya sabía eso. Tiro el libro al lado.

Una vez se aburrió de que casi todo libro que tomaba se trataba de algo o que ya sabía o que le daba igual, Cotton empezó con sus típicos chillidos de cuando tenía hambre, la elfa rebuscó en su bolso y le dio una fruta, antes de que le viniese una terrible realización: no iban a durarle para siempre las frutas, al menos, no cinco años, y Cotton no comía nada más.

La elfa se levantó rápidamente algo desesperada por esto y echo carrera abajo, dejando a un alegre Cotton devorando la fruta que le fue dada y a Kirara en el cuarto, que parecía maldecir cada segundo de aburrimiento.

Al llegar al patio de armas se puso a buscar en los cadáveres de las personas que había asesinado hace poco y les arrancó sus pertenencias, abriendo los bolsos que cargasen en esperanza de encontrar algo en ellos. Sí, tenían comida, pero esto tampoco bastaba para cinco años. Se llevo una mano a la cabeza y se rascó el pelo suavemente, intentando pensar que hacer. Lo mejor sería decirle a Katarina que realmente inspeccionara todo el lugar, algo que ella podría hacer más fácilmente al ser una fantasma.

Segunda semana.

Para este momento Katarina ya se estaba acostumbrando un poco al lugar, su gatita había encontrado una cocina, que en las mismas palabras de Kirara: "oh, oculta también. Que sorpresa."
No la había usado aún, pues no necesitaba ni comer ni beber, pero estaba consciente de que sus poderes se verían debilitados lentamente mientras no ingiriese sangre, por lo que se aseguró de exprimir tanto como pudo el cuerpo de la aberración (y de los hombres asesinados) y guardar la sangre en el primer envase que se encontró, ya se la tomaría después, cuando faltase poco para salir. Al menos sabía de donde había salido esta sangre, muy a diferencia de la del foso.

Ahora había atravesado por libros más variados que cruzaban desde los temas más absurdos como de lo más interesantes. Poesía, bestiarios con animales que ya habían desaparecido de la existencia — o al menos, que ella no había avistado ni escuchado de jamás, libros de hojas y de canciones, tomos enteros, volúmenes de las escuelas mágicas más comunes (piro, hidro, geo, aero, electro y biomancia) a otras más ocultistas, como el espiritismo y la necromancia; teniendo de esta última la mayor cantidad de libros respecto a las otras.

Aunque naturalmente ya ella tenía mucha base para la magia, no estaba llegando muy lejos con ninguna de ellas, solo conjuros sencillos como encender una llama sobre su pulgar o generar un cubito de hielo. Kirara no encontró mucho más al final, aunque no había buscando de forma súper metódica ni extensiva todavía, pues dejo de hacerlo al recordar que afueras del castillo habían algunos árboles vivos y cargaban fruta.

Tercera semana.

Todavía preocupada por la pequeña bolita de pelos que tan solo se preocupaba por dormir y molestar a Kirara o a ella misma al no haber nadie más con que jugar, y cansada de que los hechizos no le salieran bien, Katarina decidió tomar los volúmenes de biomancia y olvidarse de absolutamente todos los demás; cada día que salía afuera y veía los árboles de fruta se ponía a sacar cuentas en su cabeza aunque no quisiera, la fruta no alcanzaría, pero podía hacerla alcanzarla si le empezaba a salir bien la biomancia, era cuestión de hacer crecer unos frutos... fácil... ¿cierto?

Septima semana.

No, no fue ni era fácil. La biomancia jugaba con la esencia de la vida en formas similares, pero últimamente distintas a la necromancia. En las primeras páginas y prácticas confundía todo el asunto con necromancia, lo que lo hacía peor porque instantemente asumía saber que debía hacer y lo único que terminaba sacando del suelo eran huesos. Volver a la primera página cada vez que fallaba y leer la misma, molesta primera línea que decía "¡Porque al Biomante nunca le falta comida!" ya se le estaba haciendo pesado, aunque al inicio había pensando que era una idea maravillosa.

La persona que hizo este libro claramente no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Así no es como funciona, es así —chasqueó los dedos molesta, levantando por onceava vez al mismo esqueleto del suelo, antes de dejarlo caer nuevamente.
No sé, tu maestro logró levantar esos árboles de hojas rojas que tragan sangre para producir fruta con ese mismo libro, tal vez tú no tienes la mejor afinidad para la Biomancia —comentó la felina sin ninguna mala intención.

Pero claro, para Katarina, con sus largas y atentas orejas elficas, eso había sonado con la peor de las intenciones; como un desafío. Y a ella no la desafiaban así sin más. Kirara pareció recordar esto tras dos o tres lamidas a su pata, o tal vez solo sintió la mirada clavada en ella; alzó la mirada viendo como Katarina la veía estupefacta, casi ofendida, por haber dicho eso.
¡Oh, vas a ver, gatita, vas a ver! —la apuntó antes de dejarse caer sentándose en posición de cuclillas, con el libro firmemente sostenido y abierto, clavando los ojos en las letras.
La gatita se burló un poco de su reacción, había pasado mucho desde que Katarina hacía algo así.

Los días pasaron... las semanas y meses... y los años...
Por cada día que transcurría la elfa se aseguraba de hacer una línea en la pared del dormitorio, contando cada una de ellas. 1822... 1823. La noche 1824 desde entonces.

Katarina subía las escaleras que daban hacia el dormitorio estirándose. Cotton estaba dormido en exactamente el medio de la cama sobre libro y Kirara acostada sobre una pila de libros de caligrafía, poesía y canciones que la elfa se había terminado ya. Katarina suspiró al ver la impresionante posición donde se durmió Cotton, volteando los ojos. Avanzó hasta la cama y se tiro al suelo para buscar bajo la cama, tomando el diario de su Maestro y sentándose recostada de la cama pero no sobre ella para evitar mover al pequeño murciélago durmiente.

Tenía unos 3 años que había empezado a leer el diario, pero nunca iba demasiado lejos, la mayoría parecían cosas tontas como prácticas de caligrafía y de poesía, canciones sin completar, y, como se esperaría de un diario, cuentos del día a día; aunque no parecían estar precisamente bien ordenados, pues muchas cosas parecían coincidir mejor en reversa que en el orden que se presentaba. De lo mucho que decía en el diario, había una rutina en particular que siempre resaltaba en rojo:

"...Me desperté a la séptima sonada de la campana, tuve una relajante cena y deje el castillo dos horas después. Di un paseo de una hora hasta la biblioteca y leí unos pocos libros. El siguiente día vino — comí un bocadillo una hora después. Jugué con dos mantícoras por tres horas en el parque. Regrese, hice a las escobas limpiar por dos horas. Rompí mi ayuno con sangre por tres horas, entonces, finalmente, al ataúd.

La misma vieja dieta...
La misma vieja rutina..."


Aún así, entre lo que consideraba superfluo, había sacado cosas importantes del diario, por ejemplo, la firma de su Maestro, una única y escarlata D escrita en un estilo muy particular. Se trataba más que de una firma común, era una "firma mágica", un concepto que había leído de una libro sobre magia de encantamiento/animación de objetos. La primera vez que se encontró con esa firma, que fue la primera vez cuando abrió el diario; Kirara identifico haber visto esa D en otros objetos de la casa, la mayoría de índole común: escobas, sillas, mesas, cubiertos. Con ese conocimiento y siguiendo algunos pasos del libro sobre la magia de encantamiento de objetos, Katarina facilitó enormemente su estancia en el castillo: ya no tenía que limpiar, eso podía sonar sencillo... pero era un castillo, y ella era una sola persona. Nunca se explicó como demonios un castillo flotante que había desaparecido de Noreth se llenaba de polvo, pero ya era un lugar suficientemente raro en sí como para que le diese igual.

Una segunda cosa era el hecho de haber encontrado parte de la letra de la canción del bardo en el diario de su Maestro. Una de sus primeras canciones - o eso supuso - que algún bardo habría oído, tal vez un antepasado del que conoció, o un cualquiera, que al oir la canción la expandió. Por lo que las páginas enseñaban, progresivamente se había vuelto mejor rimando y escribiendo canciones; esa canción se la había escrito a un amorío que alguna vez tuvo, una mujer mencionada muchas veces en el diario pero nunca descrita.

El resto eran cosas más jugosas... con unas pocas semanas a la elfa se le había hecho obvio que su Maestro era conocedor de varios campos, pero con los años, "varios" ya no bastaba. Era un maldito polímata; ningún lenguaje escapaba a su comprensión y manipulaba toda escuela de magia de la que la elfa hubiese oído, y dos que no. Al parecer se trataban de escuelas de magia que permitían el control sobre el mismo espacio y el mismo tiempo, pero a juzgar por la completa falta de información en el Noreth que Katarina conocía, y en que de tanto libro que tenía su Maestro, ninguno tocaba esos temas, una decepción, porque cuando leyó sobre las escuelas mencionadas en el diario su curiosidad se disparó al cielo, como la de un niño.

También, como le había comentado anteriormente, ella se encontraba en una "copia barata" que construyó por sí mismo. Al castillo nunca le dio un nombre al parecer, pero sí a la torre donde estaba: Torre De El Enamorado. La leyenda que iba de dos amantes con uno quedando solo, bañando todo de rojo cuando se arrancó el corazón y lo escondió la noche que Selen Sanctra brillaba más fuerte no había sido exactamente así. Por lo que pudo entender del diario, su esposa fue asesinada y el corazón que fue arrancado fue el de su mujer, acción que lo hizo perder el control y traer abajo un reino entero, ahora olvidado por los hombres.

Sin nada que pudiese hacer para traer realmente de vuelta a la vida a su mujer, optó por comprarse tiempo. Todo el tiempo necesario para aprender más hasta encontrar una forma de traerla de vuelta con él, y decidió ocultar la alma de su amada en el castillo donde compartían juntos, ahora, este si tenía un nombre... sí; Castillo De Los Amantes. Este sellado fue llevado a cabo con las artes que habían desaparecido para ahora del mundo, cronomancia y espaciomancia. No fue específico de su proceso, y simplemente lo escribió como un: "...tomamos el castillo y lo mandamos lejos. Allá donde ni Dioses ni Señores del Caos podrían tocarlo. Donde su alma estaría a salvo de esos malditos, inútiles heraldos, no importa cuantos vengan. Solo yo, los magos que me ayudan, Eilian y las hermanas somos testigos de esto."

Katarina cerró el diario tras leer un poco más y se quedo mirando al techo, pensando, todavía con preguntas. La que tenía en la cabeza ahora sin embargo era respecto a la sanidad de su maestro. Por encima de los 700 años los elfos empezarían a decaer mentalmente... pero, ¿5 años absolutamente solo en un lugar? durante tantas noches incluso ella había sentido perder parte de su cabeza, manteniéndose solo cuerda porque Kirara y Cotton estaban con ella. ¿Había su maestro estado con alguien? ¿No?

No lo sabia, y posiblemente nunca iba a hacerlo.

La elfa puso el diario suavemente en el suelo y lo empujo atrás, metiéndolo de nuevo bajo la cama. Aunque solo faltaba una noche para que el castillo volviese a ser accesible en Noreth, por lo leído en el libro que Cotton resguardaba tan celosamente por sus dibujos le faltarían todavía unos años más para la noche en que Selen Meistic y Selen Kring compartieran el cielo juntas de nuevo.

Se levantó, tomo una almohada de la cama y la tiró abajo, entonces se dejo caer suavemente de un lado y se puso tan cómoda como le fuese posible en el suelo, no queriendo meterse a la cama para no despertar a Cotton.
Cerró los ojos y junto sus manos cruzando sus dedos sobre su estómago, dejando ir un corto suspiro. Esperaba que al menos, esos años pasaran más rápido cuando pudiese salir de nuevo.
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Mensaje por Bennett el Dom Ene 13, 2019 2:11 pm

1825 noches. La noche esperada por la elfa llego y el castillo se hizo visible. Sin esperar nada más y tomando solo lo esencial, es decir el diario de su Maestro y el libro de Cotton, porque Cotton no iba a dejar ese libro atrás, partió junto a sus mascotas. O eso fue lo que intento. Alguna fuerza le impedía jalar afuera el diario, como si este simplemente no quisiera abandonar el castillo. Katarina intento de toda forma posible. Jalándolo, empujándolo, a patadas, y métodos progresivamente más violentos hasta cansarse, no importaba que; a partir de cierto punto el diario no avanzaba como si chocase contra una pared invisible.

Oh, bien. Como sea, ya leí todo de todas maneras —dijo la elfa soltando el diario, que cayó al suelo.
Puedes ordenarle que regrese a la estantería de la torre de... ¿El Enamorado? Así no tenemos que devolvernos hasta allá, no quiero estar ni un segundo más ahí.
Katarina asintió, ella tampoco quería pasar más tiempo en el castillo.
Pequeño diario —se agacho, abriéndolo y pasando el dedo por encima de la firma—, vuelve donde perteneces.

El diario permaneció inmóvil unos segundos y repentinamente se arrastró hacia atrás, se alzo lentamente y empezó a abrirse y cerrarse, pasando las páginas a una enorme velocidad como si una brisa las empujase. Tras pasar todas las páginas de inicio a fin y de fin a inicio, se cerró. Aunque Katarina había leído sobre Magia de animación, en ese momento se le había pasado una de las reglas más básicas de la magia: dar ordenes específicas.

El diario interpretó su orden mal... o tal vez bien; y salió volando a la distancia, no hacia el castillo sino fuera de el. Le dio en la cara a la vampira derribándola y siguió su curso a una espeluznante velocidad, perdiéndose rápidamente en los cielos de Noreth. Katarina se llevo las manos a la frente, acariciándose mientras un pequeño gruñido estaba de su boca.
¡Argh! —levantó el tronco del suelo, dándose vuelta para intentar ver a donde había cogido el diario, pero ya era tarde—. ¿¡Qué diantres le ocurre a ese diario estúpido!?
Te dije "a la estantería de la torre de El Enamorado." Hay que ser específicas con la magia de animación... pensé que habías aprendido de aquella vez que le ordenaste a esa escoba estúpida que limpiara bajo mis pies y no paro de seguirme durante 4 horas, limpiando todo lugar al que me movía y no la detuviste porque estabas "muy ocupada estudiando"...
No seas resentida, no haz parado de sacármelo en cara. Fue hace 2 años.
Shush. Te mereces el golpe.
No estoy enojada por el gol...
Kirara se quedo viendo a Katarina, transmitiéndole tan poca confianza como pudiese de su rostro felino.
...Bien, solo un poco. Pero me molesta más que no haya logrado sacarlo y ahora... se fue —dijo poniéndose de pie y limpiándose.
No me saldrás con que ahora debemos buscarlo.
Tal vez, Kirara. Pero luego de comer y tomar algo bueno, extraño tantas cosas.
La felina arrugó la cara primero, pero la mención de comida y bebida la animaron un poco más, al menos lo primero que harían al salir no sería más 'trabajo.'
Vamos, Cotton.

Cotton aleteaba suavemente a un lado de Katarina, con el libro sostenido entre sus patitas. Cuando la vio acercar su mano a él, el pequeño bajo la mirada, viendo su libro y luego a Katarina. Se alejo un poquito de ella, temiendo por el destino de su libro. Kirara estalló de risa al ver la desconfianza del pequeño murciélago globo y la cara de ofensa de Katarina al ver a Cotton desconfiar de ella.
¡No puede ser! ¡Cotton¡ ¡Eso fue un accidente, este no se ira volando!
¡Chirp! —se alejo un poco más, negando con la cabeza. Katarina obviamente no estaba lista para una responsabilidad tan grande como cuidar libros.
Cotton —dijo seriamente, en una postura y tono más reprimentes.
¡Chirp chirp chirp chirp chirp chirp chirp chirp chirp chirp! —chilló en su intedenible y veloz huída de Katarina, tan rápida que podrían dedicarle una obra de teatro llamada Fluffy and Furious
Ven acá, bolita de —dijo saltándole encima y agarrándolo a él y a su libro.

Cotton continuó sus interminables chillidos mientras Katarina negaba con la cabeza y le entregaba el libro a Kirara. Así los tres juntos partieron, con Cotton siendo empujado por la neblina de sangre para impedirle que tumbase el libro de la boca de Kirara. Al alcanzar tierra los tres juntos se aprovecharon de la noche para colarse y pasar desapercibidos. Si alguien le preguntaba a la elfa, tan solo podía decir que estaba ahí por la luna, y no sería mentira, desde cierto punto de vista.

Serían 95 años más de espera, nada, casi nada...

El grupo se aseguro de disfrutar de esos años y recuperar el tiempo que perdieron atrapados dentro del castillo. Cotton ahora estaba impaciente por probar toda fruta posible, cansado de haber comido la misma una y otra vez durante tanto tiempo, el sabor ya se le hacia soso. Kirara estaba más curiosa de lo normal, atrayendo cierta atención deseada e indeseada a la elfa. Y Katarina, bueno, ella solo estaba disfrutando de comer por el placer de comer, y beber por el placer de beber. También disfrutaba cantando en tabernas todas las canciones nuevas que aprendió durante esos 5 años y presumiendo en general.

Tuvo al menos tres aventuras que empezaron porque Cotton había perdido su amado libro y tenían que recuperarlo a toda costa o el pequeño no paraba de chillar. En dos de esas tres Kirara aplastó a Cotton bajo su cuerpo por varios minutos para intentarlo hacerlo callar, pero el pequeño siempre lograba inflarse y sacársela de arriba. En la tercera su relación amor-odio (aunque en realidad, el odio solo venía del lado de Kirara) se volvió una de pura amor, ya que se encontraron a un espiritista - en realidad, un invocador frustrado - fanático de los pescados que... invocaba espíritus de pescados para atacar. Por supuesto, Kirara fue el mejor arma ofensiva en esa pelea y pudo comerse decenas de esos, revelando así una verdad oculta del mundo: los espíritus de pescado sabían a pescado.

Con el libro de Cotton recuperado, la memoria siempre volvía a la mente: los años pasaban, y los latidos en su pecho seguían. Así es como esperaban que los 95 años pasaran, muchos humanos y orcos morirían, seguramente, pero para los enanos eso solo era aproximadamente un quinto de su vida, y para un elfo, una décima. Para un vampiro, solo eran 95 años.

Excepto que, claro. No habían transcurrido 95 años aún, solo 5. Por una serie de corazonadasheh la elfa se acercaba cada vez más a los Montes Keybak sin saber nunca bien porque.

Terminó en Mirrizbak, un lugar sorpresivamente cálido y con una convivencia entre varias razas que no había visto en ningún otro lugar antes. Nada más entrar al lugar la trataron bien. Bien. Un lugar donde no había racismo... bueno, eso era una mentira. Había visto como miraban a unos antropomorfos — pero era solo eso, los miraban, no habían matado a nadie en el medio de la calle en una semana entera que había estado ahí, eso era impresionante.

Katarina bostezaba, despertándose por culpa del sol pasando a través de su ventana y pegándole en la cara. Se estiró suavemente, dejando algunos de sus huesos sonar placenteramente mientras bostezaba un poco más. Cotton dormía sobre su libro que a su vez estaba sobre una almohadilla en la esquina opuesta del cuarto. Cada día Katarina sospechaba un poco más si Cotton se trataba de un dragón poliformista que se había hecho pasar años por un murciélago globo; este pensamiento solo fundamentado en que parecía uno con su tesoro y lo segundo, más importante: seguía más dormida que despierta. Cayó de espaldas en su cama otra vez y descanso un rato más.

Tras unos 10 minutos peleando el dilema de no acabar, la elfa salió finalmente de la cama y empezó a vestirse para empezar su día. Kirara no parecía estar por ningún lado y Cotton seguía durmiendo. Sin mucho que hacer por la hora, decidió bajar al primer piso de la taberna, que estaba muy cargado de gente. Había un montón de humanos, diviums y algunos enanos, además de miembros de otras razas pero en porcentajes muy menores; le hubiese gustado esto, más gente era más dinero si se ponía a tocar y cantar, pero por como la gran mayoría iba en parejas, abrazados, pegados o cualquier otra cosa que hiciera obvias sus relaciones, estaba pensando que habría algo ese día, una fiesta, tal vez. La voz de un hombre dando órdenes la hizo voltear, era fácilmente reconocible pues ya había hablado con él: el dueño de la tabena, y como buena aventurera conocía el aforismo de los aventureros:

Si alguien sabe qué está ocurriendo en un lugar, es el tabernero.

Robbie —dijo acercándose a él—, ¿qué está...
¡Ah! —exclamó al verla, interrumpiéndola y poniéndole un brazo sobre los hombros—. Chica, justo contigo quería hablar.
¿Ah, sí?
Sí. ¿Ves toda está gente?
Eso espero... estaría ciega sino...
Robbie soltó una carcajada, no era exactamente la más verdadera de las risas, pero tampoco era completamente falsa; un punto medio, como una dada por cortesía y extensión de lo que realmente hubiese provocado a lo mucho: una sonrisa.
Ciega puedes estar si quieres, pero no muda. No hoy al menos.
¿Quieres qué cante?
¡Exacto! Tú si que entiendes con pocas palabras —le sonrió—. Por eso adoro a esta muchacha —dijo volteando con su gigantesca sonrisa, viendo a uno de sus empleados que solo sonrió nerviosamente de vuelta.
No tengo problema, Robbie, ¿pero puedo saber por qué?
¿Ha? —preguntó haciendo una mueca y mirándola—. ¿Cómo... por qué? mira toda está gente —miro al frente, recorriendo con su brazo por donde pasaba su mirada—, hoy es la Noche de Las Dos Crescientes, esto es solo el inicio, esta noche cuando las dos lunas estén en el cielo tendremos que poner mesas afuera de lo muy cargado que va a estar este lugar.
Ya... —replicó con una voz ausente, antes de ver a Robbie y sonreír—. Ya veo, disculpa, es que sigo algo dormida —dijo riendo suavemente para arrastrar al hombre a reír también—. Claro que tocare esta noche.
¡Perfecto! —dijo con ímpetu, retirando su brazo de ella y aplaudiendo para seguir dando órdenes—. ¡Robbie Jr., mueve esa maldita mesa! ¿¡qué esperas!?

Katarina se quedo viendo como débilmente Robbie Jr. pegaba un salto por los gritos del tabernero y corría a tomar la susodicha mesa. Se dio vuelta y camino de vuelta a su cuarto, subiendo las escaleras casi corriendo.
Esto es malo, Kat. Muy malo —dijo apareciendo de la nada.
Katarina tuvo un pequeño déjà vécu, movió la cabeza a los lados para volver en sí y siguió caminando con la gatita siguiéndola.
Lo sé. ¿Es lo que me estoy imaginando?
No le dicen por el mismo nombre que en el libro, pero... son las dos lunas alzándose y compartiendo cielo... ¿puede ser otra cosa?
La elfa no respondió, tal vez era porque lo que se supone que vendría en 95 años había venido en solo 5, pero se estaba sintiendo un poquito intimidada, en ese momento la forma y voz con la que su Maestro pronunció "asesinado" habían vuelto muy claras a su mente.

La elfa entró al cuarto y cuando vio a Cotton durmiendo sobre el libro, se le partió el corazón por tener que despertarlo. Que suerte que ese corazón no era el suyo. Tomó el libro debajo del murciélago globo y lo jalo suavemente, haciendo que el pequeño rodase y cayera abajo. Aunque había sido muy cuidadosa y Cotton cayó con toda al suavidad del mundo, instantáneamente abrió los ojos, como por arte de magia, y lo seguía era obvio.
Chirp —se puso de pie lentamente, buscando abajo de él su libro. Al no encontrarlo se dio vuelta y lo observó en manos de Katarina, pasando las páginas—. ¡Chirp! ¡Chirp chirp chirp chirp chirp chirp chirp!

El pequeño voló hacia Katarina, que tuvo que frenarlo con una mano mientras leía. La Noche Meistic-Kring era estúpidamente similar a la de Las Dos Crescientes, normalmente porque era la misma. La elfa dio un pisotón algo malhumorado, asustando un poco a Cotton.
Tendremos que irnos... no sé que rayos pasó con lo de los 95 años del bardo... será... ¿será que estuvimos atrapados más tiempos qué 5 años en ese castillo?
Oh, no pienses tonterías. Te hubieses vuelto loca, fueron solo 5, tranquila.
Katarina no le respondió a Kirara para el disgusto de esta última, muy ocupada en sus pensamientos sacando cuentas e intentando meter posibilidades que no existían.
¡Katarina! —dijo aplastándole la mejilla con una patita.

La elfa perdió cualquier cantidad de números que pudiese haber tenido en su cabeza y miró a la felina, momento en el que el hábil Cotton uso Clon, creando una copia idéntica de sí mismo formada de sombras. Con el clon de señuelo, el Cotton real arrebató el libro de las manos de Katarina y empezó a celebrar haberlo recuperado en su cara.
Igual ibas a tener que hacerlo, ¿no? —le aplastó más la mejilla, casi empujándole la cara—. ¿Estás asustada?
¿Yo? claro que  no. Es solo que... vino como una sorpresa, es mucho tiempo antes. Y si mataron a mi Maestro... ¿sí soy más poderosa que él? —preguntó, más a sí misma que a Kirara.
Estarás bien.
¿Cómo lo sabes?
La gatita se acostó sobre su cabeza, cruzando las patas delanteras.
Porque tu Maestro no me tenía a mi, shush. Obviamente. Quiero decir, shush.

El tono arrogante y la selección de palabras sacaron una corta risa de Katarina, nacida también de sus nervios. Aún así, sabía lo que la gatita estaba haciendo, tenía demasiado tiempo con ella para no saber. ¿Ponerse sobre su cabeza? un lugar donde no pudiese verle la cara para saber que mentía. ¿Decir shush dos veces? intentar convencerse a sí misma. ¿Chirp? eso fue Cotton. La elfa abrazó a ambas de sus mascotas cariñosamente apretujándolas.
Te amo, Kirara. Y a ti, Cotton.
Kirara intento mantener su expresión arrogante, pero su cola traicionaba a sus emociones.
Sí sí, ¿qué harás entonces?
Prepararme... Lo siento por Robbie, pero vamos.

Con esas últimas dos palabras la elfa abrió la ventana de su cuarto y acomodo sus pertenencias en su mochila tan bien como pudo. Se puso su confiable capa y subió su capucha y se asomó por la ventana, miro a los lados, esperando a que no estuviese pasando mucha gente. Cuando finalmente no parecía haber nadie, salto abajo.
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Emphatos [Katarina] Empty Re: Emphatos [Katarina]

Mensaje por Bennett el Miér Ene 16, 2019 3:04 am

Como se lo propuso, la elfa recorrió media ciudad en busca de provisiones pero encontró... nada. Tal vez la amabilidad y falta de gente muerta en medio de la calle se daba por el hecho de que en Mirrizbak no se producían demasiadas armas, más allá de herramientas usadas para minería, que sí, podrían ser usadas como armas, pero no se les hacía con tal intención y por tanto no eran nada particularmente especial. Las únicas armas armas que valía mencionar en la ciudad era la que traían los aventureros que ponían pie en ella, pero esa no podía solo tomarlas y ya. No sin matar a alguien, al menos.

Katarina suspiró llevando una mano a la cara y miró al cielo, logrando discernir con dificultad a la Luna Blanca y a Azul, lentamente haciéndose camino hacia arriba.

Supongo que será ir sin brebajes... ni bombas ni nada... —hizo una pequeña mueca con la cara.
¿Y si compras una cabra? —propuso sarcásticamente.
No me da el dinero —respondió tranquilamente, entonces miro a Kirara confusa—. Espera, ¿qué? ¿para qué quiero yo una cabra?
Podría salirte una mágica.
Katarina se quedo mirando a la gata mientras ladeaba un poco la cabeza.
Bien, bien. Entiendo a donde quieres ir, vayamos más allá del Río Tospot.

Kirara sonrió satisfecha; Katarina se acercó a la persona que tenía más cerca - un señor vendiendo manzanas - y le preguntó por direcciones al río. Era bastante simple, tomar la salida oeste de la ciudad y caminar, caminar y caminar más. Eventualmente daría con el río. Katarina agradeció al hombre y dio unos 3 pasos cuando escuchó al hombre musitar un pequeño "creo". La elfa negó con la cabeza mientras caminaba y continuo su camino.

Para su suerte, a un par de horas de caminar, como le dijo el hombre efectivamente había llegado al río.
¿Sabes? he escuchado de algunos pueblerinos que puedes respirar esta agua.
...¿Qué?
Sí, es... no sé. Pareces que simplemente puedes respirarla y no te ahogas.
¿Estás intentando matarme, Kirara?
¡Es la verdad!
Bueno... te creo... pero no lo intentaré de todos modos...

Katarina intento buscar un puente, alguien sin oficio que cobrase unos krulls para cruzarte al otro lado en bote, algo, pero nada. No le apetecía tener que atravesarlo volando por encima tampoco, pues pretendía guardar toda gota de su esencia. Todavía faltaba mucho para que se hiciera de noche, así que tampoco se apuro demasiado en su búsqueda. Un par de horas pasaron mientras caminaba río arriba, encontrándose con unos Merrow que empezaban a abandonar el lugar. No quiso hablarles, así que tan solo se oculto detrás de unas rocas y los escuchó. Nada importante, solo se dirigían a Merrizbak para celebrar la noche.
¿Cruzar nadando?
No me apetece mojarme... ¿Qué hora es?
Kirara miro al cielo unos instantes.
Ni idea. Qué sé yo, como las 6 de la tarde.

Katarina suspiró, al final había terminado en esto. Usando la habilidad proporcionada por su filacteria se volvió la neblina de sangre de siempre, y suavemente empezó a flotar al otro lado del río. Pudo ver cosas moviéndose en el agua que llamaron su atención, pero eso sería para otro día.
Si había otro.

La vampiro llego al otro lado, formando nuevamente su cuerpo en tierra y esperando que Cotton la alcanzará, ya que iba algo más pesado por su insistencia de cargar el libro. Cuando Cotton la alcanzó a ella y a Kirara, caminaron más allá del río, donde indicaba el libro de Cotton, donde podían ver el mar... y de donde podían ver el libro que había golpeado la cara de Katarina hace unos años: el diario de Dracula.

La elfa se quedo viendo al diario, que se clavaba sin parar una y otra vez contra el mismo punto, como si quisiera atravesar la tierra. Sabía que los objetos animados mágicamente no eran inteligentes, pero eso era una clara muestra de estupidez, si podían tenerla.
Tiene que ser una broma...
Katarina se quedo mirando el diario junto a la felina, no más impresionada que esta.

En vez de tomar el diario, la vampira se sentó en el suelo frente a ella y dio un suspiro, prestándole por primera vez en el día atención a su aliento visible por el frío. Sería una espera aburrida y fría, tal vez debió buscar un abrigo en vez de armas o pociones en Merrizbak. Tal vez debió hacerlo. Las horas pasaron...

La noche había caído rápido sobre la tierra, hace solo un par de horas, el cielo estaba pintado en tonos rojos, naranjas y rosas, pero todo el color se había desvanecido, dejando solo el lienzo negro sin estrellas que lo adornaran. La oscuridad esa noche era espesa y pesada, solo con la luz blanca y la azul capaz de penetrar a través de ella. Ambas lunas se encontraban alzadas, al parecer, perfectamente iguales. La vampira estaba de pie, mirando casi sin parar al libro, solo desviando su mirada algunos momentos al cielo y de nuevo abajo. Estaba cansada, pero su ansiedad era más grande que el cansancio o la desesperación. Un estruendo la hizo ponerse en alerta, dejar todo lo que estaba pensando y observar... como de donde golpeaba el libro, empezaba a abrirse una cueva.

La cueva no parecía exactamente una cueva. Más que por sus ojos, la elfa se dio cuenta por la esencia que estaba en entrada que entre la roca habían huesos... huesos similares a una boca abierta, invitando a su presa a pasar.

Bueno... supongo que este es el llamado "punto de no retorno", huh...
A mi esto no me parece muy portal a otra dimensión.
A mi tampoco. Vamos.

Katarina se encaminó dentro de la cueva. Tan solo unos 10 pasos adentro, bajo ella un sello se encendió en blanco y azul, estirándose a través de solo la oscuridad que veía adelante. La entrada se cerró precipitadamente. En la total oscuridad — una oscuridad mágica, supo tanto Katarina como su gata al no poder ver incluso con la visión felina que le proveía Kirara, se empezaron a ver luces desde lo más bajo. Antorchas, en realidad. Antorchas que se iban encendiendo solas desde la profundidad a donde estaba, revelando una escalera que parecía bajar sin fin.

La vampira no dijo nada y comenzó a bajar lentamente por la misma, solo pudiendo ver lo que las antorchas iluminaban, mientras todo lo demás estaba en absoluta negrura, lo cual no le traía demasiada confianza. Tomó una de las antorchas de la pared para poder iluminar mejor su camino y ver algo más, pero seguía siendo a lo sumo su brazo delante de ella. Aparte de la oscuridad, sus mascotas y sí misma, todo lo que parecía existir dentro de las paredes que le rodeaban era un viento frío, uno no común, distinto al de afuera, este podía picar a través de su armadura de cuero. Seguro, no era la más gruesa de las armaduras, pero la mordida del frío que crecía en intensidad a más bajaba las aparentemente interminables escaleras habían dejado su marca en forma de pequeños bultos que hormigueaban en toda parte descubierta de su cuerpo. Los pelos de sus brazos estaban levantados, y su sangre corría fría por sus venas, sus huesos se enfriaron.

Daba igual cuanto ardían las llamas de su antorcha, el calor jamás alcanzaba su piel.

Abajo del todo no se veía distinto de arriba, honestamente: más oscuridad. Las llamas de su antorcha empezaron a debilitarse, y se apagaron, igual que hicieron las que iluminaban la escalera. Pronto quedo en absoluta oscuridad otra vez. Lo único que se podía escuchar en ese lugar, además de los pensamientos propios, eran unas gotas cayendo rítmicamente cada tantos segundos. Esto permaneció así hasta que la gatita no pudo más.
Genial. A alguien se le olvido poner un sol en esta dimensión —comentó incapaz de resistirse Kirara.

En cuanto la gatita habló el lugar se iluminó totalmente, revelando un espacio amplio y lleno de polvo, con estalactitas rojas en el techo, de las que goteaba sangre en el centro del lugar. Pasado el charco del sangre del centro, al final de la enorme habitación había una serie de huesos enormes, algunos más quebrados que otros... los huesos de un dragón, posados justo frente a lo que parecía un abismo de más oscuridad atrás.
¿Y ahora donde se supone qué vamos...? ¿dentro de la oscuridad? —preguntó caminando adelante, mirando hacia las paredes, los huesos, el techo, el charco de sangre—. ¿Llegamos muy temprano...? lo único que hay aquí es este frío horrible, un montón de sangre que podrá conseguir en otro lugar y los huesos de un dragón muerto, no muy útil.

Katarina miro a un lado por un instante, y al ver los huesos otra vez, la cola estaba en una posición diferente. De los espacios vacíos y oscuros del cráneo emergió una brillante luz roja, que empezó a recorrer e invadir el resto de los huesos, extendiéndose como una creciente espuma. La cantidad de esencia abrumó a la vampira, que estuvo a punto de dejar correr su sed de sangre para empezar el combate a toda marcha.

Frente a ella la pila de huesos se levantaron, un dracoliche. La enorme criatura dio un par de pasos adelante, y cuando estuvo frente a Katarina... bajo lentamente la cabeza.
Maestra.
¿Huh? —subió su postura a una más normal, menos agresiva—. ¿Maestra...? yo no te levanté, no es que me moleste, solo di...
Tienes el Corazón Rojo. Eso me basta.
Cor... oh —bajo la mirada, antes de subirla y encontrarse con la del dracoliche—. Entonces... a ti te levanto mi maestro.
En efecto. Se porque estás aquí, fuí avisado.
¿Fuiste?
El dragón esquelético se quedo mirando a Katarina, como inspeccionándola. El brillo de sus ojos se hizo más intenso y bajo la cabeza, apoyándola del suelo y liberando el mismo aire frío que tenía al lugar así de las orificios de su "nariz".
¿Estás segura de esto...?
¿Qué?
Ir al Castillo De Los Amantes, no sé porque mi Maestro haya dejado tu corazón en sus manos, o si tal vez no fue una decisión más que simple suerte. Pero lo que sigue, no sabes que te espera allí.
¿Y tú lo sabes...? —preguntó.
El dragón asintió, levantando la cabeza del suelo.
Muerte.
Hice paz con esa idea hace unos años —sonrió confiada, aunque Kirara supo al instante que era mentira.
Ya veo. Monta en mi espalda, te llevare allí.

Katarina se quedo mirando al dracoliche por unos instantes, antes de ver a Kirara y sacar a Cotton de su cabeza.
Tal vez ustedes deberían...
¡Ni lo pienses! —le reclamó al instante—. Voy a ir. Solo quieres montar un dragón de huesos estúpido tu sola, shush.
¡Chirp! —dijo volando y parándose sobre la cabeza del dragón, extendiendo sus alas orgulloso, está vez con razón de hacerlo: era un pequeño murciélago globo en una de las peores formas de no-muertos que se podían ver.

Katarina puso una sonrisa suave pero angustiada, y viendo que no tenía opción, subió a espaldas del dracoliche. Una vez con la vampira en su espalda, el dragón agitó sus alas, con el poco tejido que quedaba en ellas, alzándose más por la pura magia que por el hecho de que sus alas le permitieran volar. Así, se lanzó a través de la oscuridad que permanecía atrás de él.


El viaje fue oscuro y largo, como antes, no se veía absolutamente nada. Ir a espaldas de un dragón, en especial uno no-muerto era tal vez un sueño suyo, pero sabiendo y a la vez sin saber a donde iba. Incluso en estos momentos tenía preguntas y había cosas que no entendía, pero decidió que habría tiempo para preguntar después, si volvía con vida. Primero estaban las deudas con su Maestro.

Finalmente el dragón emergió en otro lado, a través de una serie de nubes negras y oscuras, en el horizonte se veía la sombra de un castillo. El gris reinaba donde estaban, con la luz de una luna llena y roja poniendo un tono escarlata en todo lo que alcanzaba.
¿Sabes a quién vas a enfrentar...?
¿El Heraldo de turno de Symias?
...Heraldo de Kiara.
¿Qué? ¿Kiara? eso... no tiene sentido. Kiara es Diosa de la muerte, muerte. Nigromantes. ¿Por qué Kiara tendría algo contra el qué fue el más grande todos?
Supongo que mereces conocer la historia antes de morir.
No pretendo morir...
Nadie lo hace. Ahora te hablaré de tu Maestro... esta es su historia.

"...Todo empezó hace miles de años. El hombre conocido como Dracula nació originalmente bajo el nombre de Mathias, pero era mejor conocido como Vlad, el Impalador. Sirvió como el caballero más poderoso de un reino que se alzó a través de lo que antes era conocido como Artes Oscuras, ahora solo llamado Nigromancia; en este ofrecían culto a la reina fría, la muerte misma, Kiara. Poco se sabe de la vida temprana de tu maestro o de su familia, excepto por el hecho de que era una larga línea de habilidosos alquimistas, habían ido más lejos de que la mayoría de los alquimistas de esos tiempos podrían desear. Tu maestro se casó con una mujer llamada Elizabeth, a quién amaba profundamente. Más allá que por sus conocimientos en alquimia, su inteligencia militar, o su enorme poder nigromántico, tu maestro era temido sobretodo por su conexión con Kiara, era el mortal que más cerca de ella había estado, incluso hasta ahora en tus tiempos, no creo que haya existido otra persona que estuviese tan cerca de Kiara. El deber llamo a tu maestro y tuvo que salir en una campaña contra paganos del oeste, y mientras estaba allá, peleando, Elizabeth enfermo y pereció.

Al descubrir de esto, cayó en desesperación, intento traerla de vuelta, pero él ni nadie lograron hacerlo. Solo había alguien capaz de tal cosa, y era Kiara misma. Por su conexión con ella, tu Maestro pidió un único favor a Kiara: que devolviera el alma de su amada y su petición... fue negada. Aquí las cosas varían, unos han llegado a creer que solo fue la mala suerte del destino, otros que Kiara tomó el alma de Elizabeth asesinándola por celos, ya que tenía el amor del hombre más cercano a ella. Cualquiera sea el caso, Mathias creció enojado con Kiara al permitir que Elizabeth tuviese una muerte tan temprana cuando él estaba afuera, arriesgando su vida y peleando en su nombre. Pensó que era injusto y cruel que Kiara pudiese tomar el alma de cualquiera cuando le diese la gana, entonces, comenzó su obsesión... y tu Maestro empezó a buscar maneras de volverse inmortal. Aprendió de una leyenda de esos tiempos, el Corazón Rojo, un artefacto despreciado por los Dioses por volver inmortal a su poseedor, un objeto cuya existencia era un desafío a los Dioses, especialmente a Kiara. De una u otra forma, tu Maestro obtuvo el Corazón Rojo y lo uso para ascender por encima de otros hombres, volviendose inmortal, el primer vampiro.

Esto fue un insulto a Kiara. Tal vez fue porque siguiendo la teoría de que fue la mala suerte quien tomó a Elizabeth, la ira de Mathias estaba injustificada. La otra teoría apunta a que ahora, inmortal, su alma no podía ser removida ni tomada por nadie, y por tanto ella jamás lo tendría con él. De cualquier manera, se alzó bajo el nombre de Dracula y se volvió blanco del reino, no podían permitir la existencia de un ser cuya alma nunca fuese a manos de la Diosa que veneraban. Hambriento de sangre y venganza, combatió con cada uno de esos hombres y trajo infierno al reino, acabando con la vida de los que alguna vez pelearon a su lado. Arrebató el alma de su amada forzosamente de la Diosa, provocando así la furia real de Kiara, que lo maldijo a que en su vida eterna fuese cazado por todos los hombres y repudiado por todas las bestias, sus heraldos ahora irían tras el rastro de sangre que dejaría en el camino que le esperaba y que un día, tomaría su alma.

Desde entonces esa leyenda se ha pasado abajo y aunque con los tiempos se ha ido desvaneciendo por la rareza de los heraldos de Kiara en el mundo, todos los que son sus heraldos conocen la verdad y han cazado a tu maestro durante generaciones, y este último... lo logró, parcialmente..."


Katarina se mantuvo en silencio durante toda la historia, escuchando atentamente, y más increíblemente, también se mantuvo en silencio Kirara. El dragón terminó de hablar cuando ya estaban sobre el castillo y del suelo del mismo emergieron unos gigantescos tentáculos, que intentaron derribarlo. El dragón esquivo tan bien como pudo, pero al no poder aterrizar de ninguna manera por los tentáculos alzó vuelo arriba, a la cima de la torre. Se colgó de ella, y bajo su cabeza, dándole pasó a Katarina.

No puedo hacer mucho más... es tu turno.
La vampira bajo caminando de la cabeza del dracoliche y se detuvo al pisar la torre, dándose vuelta y poniendo una palma al frente.
Ustedes quédense aquí...
Kirara no objeto, mirando a Katarina con Cotton a su lado. Aunque la gatita no quería mostrarlo, tenía expresión triste y se veía incapaz de decir nada ahora que sabía realmente a qué iba a enfrentar la elfa.
Ire. Si algo sucede, por favor, sácalos de aquí.
Tienes mi palabra.
La vampira se dio vuelta y dio unos pasos adelante, hacía una única escalera que daba hacia abajo y empezó a bajar por ella. Cuando ya tenía medio cuerpo adentro, se detuvo un momento.
Dragón.
¿Sí?
¿Cómo un heraldo más pudo vencer a mi Maestro...?
Abusando del poder de Yigionath... se mezcló con él y obtuvo fortaleza, pero sabes lo que dicen. Con toda fortaleza viene una debilidad. Ahora no es más que un monstruo.

Katarina no quiso decir nada más, aunque moría de ganas de preguntar si la consideraba más poderosa de lo que fue su Maestro. Agarro aire una vez más y continuó su camino abajo. Kirara intento perseguirla con un maullido, pero la garra del dragón se interpuso entre ella y la escalera, no pudo hacer nada más que ver como Katarina desaparecía frente a sus ojos.

Las escaleras dieron abajo en círculos. Las paredes eran viejas y sucias. A más lento bajaba, más frío sentía dentro de su propio cuerpo, y más fuerte sonaban las palpitaciones de su pecho. La adrenalina corrió por sus venas y lo que era una calmada caminata abajo se volvió una carrera a contrarreloj. Katarina corrió sin parar, dejando atrás sus dagas. ¿De qué le servirían un par de cuchillas de acero contra un monstruo? Nada, seguramente. Finalmente llego a lo que parecía el último piso, una enorme sala adornada con una enorme estrella de 6 puntas y un cofre sobre ella. Detuvo su carrera al escuchar una voz venir de la nada y sentir como si el corazón casi la jalara al mismo, cayó de rodillas frente a la caja de madera.

¿Qué? —preguntó a las pulsaciones de su pecho—. ¿Qué quieres?
"Co...fre..."

El cofre era el más simple y común del mundo, asquerosamente normal para el lugar donde estaba, pero su candado no lo era. Era un pequeño candado de acero con una pequeña rueda en el, la rueda tenía 7 números marcados. Katarina no entendió nada de esto, y simplemente por seguir los deseos del Corazón, intento abrir el cofre de toda forma posible, pero nada funcionaba.

Cuando se estaba cansando de intentar, una figura fantasmal empezó a formarse frente a ella. La reconoció instantáneamente, era la misma que la de la pintura más grande de la Torre del Homenaje donde había pasado cinco años. Ahora pudo ver su rostro, una cara amable y pálida, de pelo rubio claro largo y liso, con parte del mismo recogido en una cola. Solo su vestido traicionaba a la pintura, siendo uno totalmente de blanco. Su Corazón ardía, a la vampira le dolía verla.

Usted es...
Así es, pequeña... Elizabeth Tepes... veo que haz traído a... mi marido, te estoy tan agradecida...
...
¿Estás seguras de qué quieres ver...?.
¿Ver qué?
Al enemigo.
...Muéstramelo.
Con las últimas palabras del espirítu, el candado del cofre se soltó solo por su propia cuenta, abriéndose y mostrando su contenido: una estaca de madera. Elizabeth la tomó en sus manos cuidadosamente y miro a Katarina.
¿Confías en que apuñale tu corazón...?

Antes de poder responder a la pregunta, el espíritu se acercó a ella y alzó la estaca. Katarina no se molesto en esquivar, ella quería, pero su Corazón no. La estaca penetró su piel, clavándose en su corazón directamente. Su sangre, más fría que caliente empezó a brotar y subió su mano temblorosa lentamente, tomando la estaca y retirándola. Al hacerlo, entre la sangre emergió luz y sintió como su cuerpo cayó al suelo... pero permanecía su alma. Sus alrededores comenzaron a cambiar, como si ahora estuviese todo hundiéndose bajo un agua cristalina con tonos de verde. A sus lados habían cientos de almas que parecían llegar de todos lados, uniéndose a un círculo en el centro e intentando empujar una gigantesca rueda sin lograrlo. Pero eso no era nada en su atención, sus ojos estaban en lo que tenía al frente. Un monstruo.

Era una... una cosa, absolutamente masiva, y completamente, horrorificamente inimaginable. Verlo era como experimentar el olor de carne podrida con los ojos, el sonido de unas uñas pasando por una pizarra, el sabor a leche podrida. Una masa provocadora de pesadillas, órganos conectados de formas que no deberían ser posibles. Era vasto, más allá del tiempo, más profundo que cualquier océano, cargado de un odio venoso, antiguo, y vil. Pero todo eso era inútil, palabras tratando de describirlo fallarían, páginas relatándolo se borrarían de la tinta, y historias contándolo iban a terminar.

Era aquello que cualquiera suficientemente estúpido tenía esperando por él si negociaba con Yigionath y las cosas no salían bien, pero así como era imposible escribirlo, era imposible advertir de él, y por eso no eran pocos los que caminaban a las garras del Señor del Caos.

La pura imagen casi quiebra la mente de Katarina, pero el espíritu de Elizabeth estaba atrás de ella. Puso sus manos sobre sus ojos, y le susurró que se calmara. La abominación abrió unas fauces y rugió, un espeluznante grito psíquico que penetro todas las almas presentes, todas las almas empujando la enorme rueda entraron en agonía y fueron absorbidas, tragadas como comida. El espíritu de Elizabeth se mantuvo inmóvil junto al de Katarina y esto, llamó la atención de la abominación.

De su nada se formaron paredes, de las cuales emergieron tentáculos. Sus mauces se abrieron un poco más, con millones de pequeños tentáculos abriéndose paso afuera y arrastrando un enorme ojo azul con una pupila en forma de barra horizontal en medio. La abominación pestañeó y Elizabeth retiro sus manos de los ojos de Katarina, permitiéndole ver.
¿Qué mierda es esta cosa...?
G͎͕͚͛̾l̢̲̅̌̈́ư͙̜͆̏̃̋̏̃ͨa̤̫̬̹̪ͣ͘g̞̥ͯ̔̕ĥ̙͖̺̅̈́͒͌̐͘... Ṿ̙͖̀A̛MP͇͇͉̺̝͠I͉͈̯R͎͓͍̫̭̘̲O̺̘̗̱̟͘

En cuanto alzó su voz dos tentáculos más emergieron, agitándose violentamente.
T̴̘̹ụ̝̜͕͙͈ ̩̙͕́a̰̙͙͖̫̫̖͠l͇͖͘m͓̖̼̗̣̼͞ͅa҉͎͖̳̫̟ ͙̠͎̱͡i͍̲̮͉̝n͈̬̟͈͇͕̟m̝̖̺͝o̲r̘̠̟̠̟̱͞ͅt̷͔͉̳̪al̮͎ ̘̬͇̟͔͡i͈̙̻̰nt̖͈e̘͉r̴̼͈r̙̲̟̲̕u͏͈͇̘m̨ͅp̦͔̤̖͟e̤̥̻͟ ͚͇̖̗e̲̖̮l͚̹̼ ̢̙͕͎̞̠̮͚g̷̤̻͕̱̺̰i҉̯̻r̛o͍̺̭̗̤͇ ͕d͏e̵̹ ̢̟͚̦̻m̹̗͚̻̫͢į̮̗̺̩ ̜͚ͅr̛̙̠̭̣͈u͍͡e̱̮̯d̶̤a̛͓̫̫.̹͖̮̣̯́.͍.̨̖̫͈̬
¿Rueda? no sé de que hablas... ¡Eres solo un monstruo!
No empezó distinto de mi esposo... esta criatura que ves aquí es el heraldo de Kiara, antes un humano normal, pero se enamoró de ella. Le regala almas en esperanzas de que Kiara un día le quiera de vuelta, pero no sabe que nunca será así... por eso tuvo que hacer un pacto con Yigionath para obtener más poder y ahora es esta cosa... horrenda.
La abominación rugió, haciendo que el lugar empezará a temblar tan fuerte que la elfa pensó que sería aplastada por la torre.

¡S̩̳̝̹̘͉I͉̭̝̼̫͔L̡͚̲̬͖Ḙ̡͍̹̱Ń̞̥C͉̩̺̰̩͡ͅI̬͔̭̣O̻͍̬̗͝ͅ! ¡S̩̳̝̹̘͉I͉̭̝̼̫͔L̡͚̲̬͖Ḙ̡͍̹̱Ń̞̥C͉̩̺̰̩͡ͅI̬͔̭̣O̻͍̬̗͝ͅ...! Q̘̪͉̜̘̱̝u̸̫͎̰͇̣ie̖͎̻̹r͚͉̖o͜ ̛̟͎͇̩h͔͉̲̠͔̀ab̠͓͕̣̩l̖̬̘͢ͅa̱̺͙̩̞͚̞r҉̤͔̥̩ ̛͕̮͉̬̩̖c͖͖͎̣͈ͅo̴͓̣̱n̳ K̤̤͟ia̳̖r͉̰̣͚̘̺a҉̙͉̰̭̪̱̺.̸̗̗̬̹̭̭ͅ.͘. ̙̞̭̳̞q̧̼̳̰̙̻̹u̵̱̻̱̠͕̝i̼̳̝͙̗̣̠è̝̤ŕ͉̼̤͍̞ó h̢̯̤̬̞a̬b̖̰l̤͉͞a̛͕͎̪̤r̹͈̰ c̩̩͔͍̲̩o̫̫̼͇̩n҉͔͇̩̩ ̠͠K̻̩̲̦̜̳̰i͎̹͖̮̣̖̥a͕̮r̴̲͚͉͉̳͎̜a̙͔̰̺͇̲̕.̭̙̯͓̝̯̗͝.̸̰.̠̺̮̝̯̯͝ —la criatura rugió horriblemente, entrecerrando su ojo y posándolo sobre Katarina mientras la pupila se tornaba como la de un reptil—. SE̠̞͓̼̳̭ ̭F҉̤͕̻͈̜ͅU̶̯̬͖E͖̞ ̴̱̰̗̭P̲̼O̞̺̜R̸̜̰͈̟̪ ̘̳T͏͇̩̪͉̪̠U̬̘͞ ̝̟͚C̪̗̬͚̱͡Ṳ̸͕̮̘L̰P̡A͙̻̟̘,̗̯̪̟̠̣̜͘ ͡D̹͘Ą̩̣M̸̤̥̞E͚̝̘ ͏̫͈T͈͈̘̼̼͕͡Ụ̱͙̮͝ ̱̫̖̥ͅAL̹̖͍̲̠̳͕͡M̺̥̥̱͙ͅA,͏̠͍̰ A̭̺H̸̟͙͇̼̪̯̭O̮͈͠ͅR҉̹̫̻̟̮̼A͚̟̟̞̥̝

Y sin darle más tregua a la elfa, uno de los gigantescos tentáculos se alzo y descendió sobre su cabeza para aplastarla. Katarina subió las manos, intentando detenerlo manipulando la sangre del tentáculo por dentro, pero no tenía ninguna. La vampira cerró los ojos en realización, esperando ser aplastada, pero otro espeluznante rugido de dolor la hizo abrir sus ojos, el tentáculo tenía una herida abierta y frente a ella estaba Elizabeth, que tenía un brazo convertido en la hojilla de una guadaña.
Por favor, úsame, y ponle fin a esto... no será lastimado con nada más que un espíritu… —dijo ofreciéndole su mano.

Katarina alcanzó por la mano de Elizabeth y al hacerlo, la misma se transformó en una guadaña con una cuchilla blanca. Ante la desaparición de Elizabeth en su vista, la abominación pareció calmarse un poco más, y sus siguientes palabras salieron con más soltura.
Vampira... ríndete.
No, gracias. No quiero morir.
¡NO ENTIENDES! —rugió—. ¡Es fútil! ¡Tú y todos los de tu raza son unos virus! ¡Por culpa de ustedes...! ¡de ustedes...! ¡Kiara está enojada conmigo! ¡No me habla!
¡Tal vez está enojada porque le vendiste tu alma al enfermo de Yigionath!
La criatura rugió cegada de furia, intentando aplastarla con un par de golpes de sus tentáculos.
No... es... es...¡TU CULPA! ¡Mi rueda no gira por tu MALDITA alma inmortal!

Todo lo siguiente se volvieron horribles chillidos monstruosos, la elfa sostuvo bien la guadaña y se preparo para enfrentar a lo que tenía al frente. Ya había hablado con el alma de la esposa de su maestro, su segunda promesa estaba completa, la primera... estaba dispuesta a completarla.
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Emphatos [Katarina] Empty Re: Emphatos [Katarina]

Mensaje por Bennett el Miér Ene 16, 2019 5:08 am


Armada con solo una guadaña ante una abominación inmune a su magia daba pronósticos de una pelea corta. La abominación alzó su tentáculo, mostrándole como la herida se cerraba. Katarina trago saliva viéndolo, no pelear a máxima capacidad iba a costarle su vida, así que la esencia no era nada en este momento. En su cuello se formaron los colmillos de sangre brillando y se llevo una al mismo, clavándoselas las uñas allí. En ese momento, la vampira libero toda el exceso de esencia acumulado en su cuerpo al mismo tiempo que “arrancaba” los colmillos marcados en su cuello, dos sellos mágicos que limitaban su poder mágico, fuerza y velocidad, otra acumulación pasiva de su poder. Con ambos sellos arrancados, accedió al poder completo de su linaje, disparando sus capacidades de combate para lo que esperaba durase la batalla.

Katarina trago saliva y vio el tentáculo dispararse hacia ella. Saltó a un lado, girando la guadaña y abriendo otro tajo en el mismo. La criatura alejo ese tentáculo y Katarina corrió adelante yendo tras su ojo. Multitud de tentáculos más se movieron sobre ella y empezaron a caer sus puntas, intentando aplastarla y haciéndola zigzaguear y colarse entre ellos. Cuando creyó haber pasado de todo, uno más pequeño venía hacia ella, pero la elfa agacho la cabeza y giro la guadaña en sus manos, dejando que el filo quedará hacia arriba. El tentáculo impacto con la cuchilla de la guadaña arrastrando un poco hacia un lado a la elfa, que jalo hacia donde ella estaba y dio un pisotón con todas su fuerzas, cortando limpiamente el tentáculo. El rugido de dolor de la abominación fue casi satisfactorio, pero no tuvo tiempo a sentir ninguna satisfacción cuando del ojo de la criatura salió una bola de fuego azul, impactándola de un lado y lanzándola al suelo con casi medio cuerpo quemado.

Sus heridas se reganaron rápidamente, dejando su piel como nueva, pero lamentablemente descubrió que lo mismo era cierto para la criatura, con el tajo cerrado y su tentáculo completo, la diferencia es que él no parecía tener un límite de esencia, cosa que ella... sí.

La vampira giro la guadaña en su mano y se disparo adelante como una bala de cañón, cortando todo tentáculo que se le ponía al frente, frenó fuertemente casi derrapando al ver al ojo brillar para disparar otra bola de fuego y lanzó la guadaña girando al arriba, se volvió una nube de sangre y se esparció en 3 nubes para esquivar la bola de fuego disparada a ella. Volvió a tomar su forma arriba y lanzo la guadaña girando al ojo del monstruo. La criatura intento atravesar un tentáculo, pero la guadaña se detuvo justo antes de impactar con el mismo, siendo sostenida por un ligero hilo de sangre del índice de Katarina. Tomó el hilo con su mano libre y empezó a girarlo a su alrededor de un lado a otro, llevando una tormenta de cortes con la guadaña a todo lo que le rodeaba. Cada vez caían más y más piezas de tentáculos al suelo. Jalo el hilo hacia ella para tomar la guadaña de nuevo y girarla poniéndola sobre su cabeza, deteniendo el tentáculo que intento aplastarla del suelo. Al caer en el mismo este se agrieto, y otro tentáculo aplastó al que ya tenía encima, enterrándola más en el suelo. Un tercero volvió a aplastarla y así siguieron un cuarto y un quinto, un sexto, un séptimo...

La abominación retiro todos sus tentáculos lentamente, viendo tan solo la guadaña aplastada en el cráter. En su vista periférica vio una serie de miniaturas puntos rojos que se juntaron velozmente frente a su ojo, formando a Katarina, la guadaña fue jalada con una enorme velocidad a ella a través del mismo pequeño hilo de sangre y la clavo en el ojo de la abominación.

Eso planeaba, al menos. La realidad era mucho más cruel y cruda, a unos centímetros del ojo la guadaña se vio detenida por un tentáculo, Katarina vio su cara abrazada por otro tentáculo y fue alzada por el mismo mientras apretaba su cabeza. La abominación concentró energía en su ojo y disparo una de sus bolas de fuego azul, sosteniéndola de una pierna también segundos antes del impacto. Al estar sostenida, su cuerpo no pudo empujarse demasiado atrás por la esfera de fuego y esta atravesó su cuerpo, dejando literalmente un hueco a través de ella. La abominación la soltó riendo, dejándola ponerse sobre sus puntillas para ver como se tambaleaba hacia atrás con la expresión de agonía en su rostro. La abominación cerró el espacio con sus tentáculos, apilándolos uno sobre otro para que el cuerpo de la elfa cayera en ellos.

Esto es lo que mereces... pero no te preocupes... te mandaré con ellos...
Katarina separó sus labios débilmente, incapaz de hablar mientras la poca esencia que le quedaba intentaba cerrar la herida de su cuerpo. Quería preguntar "¿con quienes?" pero solo aliento salió de su boca.
Te divertirás empujando mi rueda para siempre, junto al resto de las alma. Jajaja...

La abominación cerró su ojo forzosamente y al abrirlo, le mostró visiones a Katarina. Era la secuencia de una mujer siendo asesinada, repetida una y otra vez, al principio no pudo discernir quien era, pero pronto vino a ella que se trataba de su madre. Vio su alma siendo golpeada por miles de los abominables tentáculos de la abominación, y junto a ella estaba el alma de su padre. La insoportable risa de la bestia entraba por sus oídos tan forzosamente como los olores fuertes por la nariz. Con lo que quedaba de sus fuerzas, Katarina frunció el ceño, sus ojos algo bañados de sal.
Hazme el honor... toma tu propia vida y di que te arrepientes, y tal vez perdone tu miserable, patética alma.


Aún con el ceño fruncido, lo que más la inundaba en este momento no era ira, ni dolor. Solo tristeza. Pena de saber que no volvería a ver a Kirara ni a Cotton, de no haberse podido despedir de ellos, como no pudo despedirse de su madre o padre. Ante la bestia con la que se encontraba, infinitamente más poderosa que ella, eso parecía una opción. No por querer la esperanza de que perdonaran su alma; solo para que la tristeza se fuera. El suicidio le estaba pareciendo razonable.

Estiró un poco sus dedos y apretó la guadaña, subiéndola lentamente y llevando la punta a su cuello. Sus manos temblaban, sí, patético, como había dicho el monstruo, ni saquera era capaz de eso. Empujo solo un poco la guadaña como para que la punta penetrara suavemente, solo unos milímetros, y brotó sangre. Una gota descendió lentamente por su cuello colándose hasta su pecho, en donde sintió latidos del Corazón, y recordó de nuevo lo segundo que le había pedido su Maestro.


Lo segundo que te pido... —dijo suavemente, dándose vuelta con lágrimas en sus ojos y una débil sonrisa cargada de esperanza—. Estaré eternamente agradecido contigo...
¿Y qué es...?
Con mi Corazón, tienes mi alma... por favor, júntala con la de mi amada... es todo lo que quiero. No importa si mi alma arde por siempre... mientras sea a su lado.

El aliento volvió a Katarina por un momento, su mente invadida con las últimas líneas de la canción del bardo, y sobretodo, las palabras de Elizabeth. Separo la guadaña de su cuello y la bajo, presionándola contra su seno. Puso su otra mano adelante y decisivamente, sabiendo que ya estaba sin esencia y que de hacerlo la herida no iba a regenerar y perecería, atravesó su pecho y el Corazón con la guadaña.

Su cuerpo se paralizó, se sintió débil... y sintió como ardía por dentro. Una llama azul empezó a liberarse de su pecho bañando en esas llamas a la guadaña y luego extendiéndose por todo su cuerpo. No importaba ahora a donde iba a ir. Solo importaba que arrastraría a ese monstruo con ella.

Su cuerpo en llamas carbonizó los tentáculos que la sostenían de la abominación, que los alejo rápidamente gritando del dolor, antes de verla avanzando con tres súbitos pasos y alzar el arma, cuya cuchilla se extendió casi al doble de su tamaño, volviéndose roja escarlata.
¡Ve a hablar con tu amada Kiara, maldito!

Primero vino el trueno, grito de la vampira rugiendo Katarina hizo descender la guadaña como un relámpago clavándola con todas su fuerzas en el ojo de la criatura. Un sonido desgarrador siguió, como el eco de un trueno que quedo en las montañas mucho después de que el relámpago hubiese impactado, gritó de dolor desgarrador de la criatura. El grito alcanzó las afueras del lugar espectral de donde estaban, llegando incluso a orejas de aquellos que esperaban a Katarina.

La guadaña se encendió nuevamente en llamas, mientras la abominación no paraba de gritar del dolor causado. El fuego se expandió por todo su cuerpo, consumiéndolo, quemándolo... dándole a probar un poco de la agonía por la que hacia pasar a otras almas. El eco del grito de la criatura se expandió más allá de su muerte, mientras que el cuerpo de la elfa caía inconsciente ya sin ninguna fuerza al suelo. Todo el lugar se estaba viendo consumido por las llamas y un par de almas aparecieron, tomadas de la mano y viendo con una sonrisa a la elfa.

La oscuridad consumía lentamente la visión de la vampiro y cerró sus ojos débilmente, jalando el último suspiro que quedaba en ella.

...

El crepúsculo se desvanecía, el majestuoso amanecer, resplandor rojo anaranjado se filtraba sobre el horizonte como si la luz misma se derrama de un sol fundido. Los poderosos rayos comenzaban a inundar los paisajes, iluminando cada brizna de hierba, brillando desde cada hoja.

Era hermoso, y se volvía más hermoso aún cuando pensabas cuan a menudo se veía un amanecer, todos daban por sentado al sol, la negrura se volvía vista, en el mundo que amamos. Nuestro hogar. Sin embargo, ¿alguien pensaba en la luz y cómo daba vida al mundo? ¿cómo mostraba el color en lugar de solo gris? ¿cómo calentaba de la piel a nuestros núcleos? encendiendo pensamientos a la belleza, invitando a soñar. El amanecer siempre era una nueva invitación al día, regalo de un presente, si se tenía coraje de verlo plenamente.

Para toda su belleza, sin embargo, era solo una probada. Los puntos naranjas en sus pestañas la molestaban, y Katarina abrió lentamente los ojos, viendo a Cotton y Kirara casi encima de su cara.
E...¡Estás viva! —aplastó su cara contra ella, con toda la emoción del mundo.
¡Chiiiirp! —chilló entre lo que parecían lágrimas.
¿Kirara...? ¿Cotton...? ¿donde estoy...?
En mi espalda. Chica. Me ordenaron sacarte de allí.
¿Ordenaro...Oh... —dijo débilmente en realización, con una sonrisa—. Entonces... ¿cumplí con lo que me pidió... Mathias?
Sí... perdiste su Corazón y alma, sin embargo. ¿Sabes qué lo significa? —espero por una respuesta, pero no obtuvo ninguna—. Todo ese poder, adiós. No era tuyo.
Me parece un precio justo si puedo estar con mis pequeños —abrazó al lloroso murciélago globo y a su gatita.
Sigues siendo una vampira, tienes una eternidad por delante. Estás maldita, ¿ves? Seguirán viniendo... más heraldos.

Katarina no dijo nada, mirando al cielo sobre ella en la espalda del dracoliche que surcaba los cielos. Desde que había peleado con aquel paladin, había pasado por un sabor amargo y luego dulce, agridulce, una y otra vez, siendo arrebatada y luego provista de nuevo de aquella probada.

En ese amanecer, la vampira tuvo el primer sabor amargo de esa terrible ilusión que había abandonado al atravesar su pecho con la guadaña: la esperanza. Venían tiempos largos y seguramente difíciles... pero sentía que mientras estuviera viva (y tuviese a Cotton y Kirara), podría hacerles frente.

Fin.

(Mientras volaban, a Cotton se le ha caído el libro y empezó a chillar indetenblemente para la angustia de Kirara y una herida Katarina.)
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