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Mensaje por Vanidad el Miér Ene 09, 2019 9:18 pm

-Parece que podrás verlo en persona.- dijo Strindgaard a la mujer, mientras conjuraba una imagen con un gesto de la mano. Una esfera, similar a una bola de cristal flotante apareció en la mesa que compartían, y unos segundos más tarde, esta transmitió imágenes. Un grupo de cinco aventureros estaba entrando en su torre. Aparentemente, que una torre negra apareciera prácticamente de un día para otro al lado de una ciudad era aceptable, pero uno la llamaba “Orfanato de Yigionath para niños desfavorecidos” y de repente tenías docenas de paladines, aventureros y saqueadores llamando a tu puerta. Y claro, uno tenía que defender a los niños, futuros heraldos de su señor, así que había colocado unas cuantas trampas. Una cosa había llevado a la otra y allí estaba, enseñándole a ese monstruo con forma de mujer que estaba haciendo un buen trabajo para que no se lo comiera. Acarició suavemente la runa que activaría la trampa, en caso de que la cosa se pusiera fea, aunque no estaba del todo seguro de que funcionara contra ella. Le dedicó una ojeada y sus miradas se encontraron. La mujer sonrió ligeramente y el apartó la vista rápidamente. ¿Lo sabía? No, imposible.

-¿Cómo transmites las imágenes a esta ilusión?- pregunto, bebiendo un sorbo de su copa de vino. Al demonio le tembló la mano, queriendo beber a su vez de su propia copa, pero el instinto de supervivencia prevalecía sobre su alcoholismo. Necesitaba estar al 100%, por si acaso se torcía. No importaba que en realidad no estuviera allí para probarlo, que fuera mera cortesía por los viejos tiempos, si se aburría, sería igual o más peligroso.

-Tengo conjurados unos pocos diablillos que actúan como receptores y transmito telepáticamente sus sentidos.- era algo bastante ingenioso que había requerido algo de tiempo, y la diablesa pareció apreciarlo con un “hum”.

El grupo de aventureros avanzó. Dos magos, algún tipo de ladrón o asesino, un arquero y algún caballero o paladín, a juzgar por sus ropas y armas. Atraídos bien por los rumores del gran mal en esa torre o bien por los de grandes tesoros. Ambos eran técnicamente ciertos, pero no iba a dar ninguno de sus tesoros, ni siquiera los de los previos aventureros que habían intentado llegar hasta él. Su ilusión desgraciadamente no transmitía sonido, pero podían hacerse una idea, estaban organizando una formación, con el ladrón al frente, buscando trampas, sin duda. No era un mal plan, y el grupo avanzó a través de las trampas más simples.

Luego llegaron las ilusorias.

La diablesa soltó una carcajada cuando el arquero simplemente cayó a través del suelo que el ladrón había comprobado literalmente segundos antes. La ilusión engañando su tacto y vista pero incapaz de soportar el peso de una persona entera. A pesar de lo sería que consideraba su situación, no pudo evitar que a el también se le escapara una sonrisa al ver como los miembros del grupo, ahora cuatro, discutían entre ellos mientras el quinto era disuelto silenciosamente por una slime. Ni siquiera volvieron a tocar la zona en cuestión, o metieron la cabeza para ver donde diablos había ido el tipo. No, prácticamente desalmados como buenos aventureros.

Fueron más precavidos después de eso, pinchando con una espada cada maldita baldosa del suelo después de considerarla “segura”. Y unas pocas trampas más tarde, subió otra vez el nivel. Su nuevo método de investigación sirvió para descubrir el truco, el pasillo se cruzaba con otro, aparentemente, cuando en realidad eran simplemente un camino con ambos extremos acabados en paredes llenas de púas. Cuando la espada toco la runa de dirección y fue disparada hacia una de las paredes, todos supieron que hacer, y el ladrón fue el primero en saltar más allá de las runas, a donde el pasillo continuaba…. Pisando una runa que lo movió hacia atrás, concretamente hacia una segunda runa que lo movió hacia la derecha, encadenando más y más de las mismas runas hasta estamparse contra la pared de púas con un asqueroso crujido.

-Huh… ¿y eso?-

-Runas de gravedad camufladas con ilusionismo. Básicamente te hacen “caer” hacia una dirección en concreto. Tuviste que encontrarte con unas cuantas para llegar aquí…-
No había manera de que hubiera evitado todas las trampas que había hasta esa sala, por más que esta pareciera no haberse dado cuenta. Y no eran de esas que te estampaban contra pinchos, más bien de las que multiplicaban la gravedad real para inmovilizarte partiéndote las piernas.

-Oh…con que era eso…- ¿se había dado cuenta siquiera de que se suponía que debían matarla? Le dedico una rápida mirada, pero la vio centrada en la esfera, haciendo círculos con la copa de vino. Era difícil leer a alguien que ni siquiera estaba usando su cuerpo de verdad, cada gesto podía ser real, o bien aprendido para pasar desapercibido, o simplemente adquirido debido al tiempo pasado con humanos.

En cualquier caso, el grupo de aventureros siguió avanzando, mientras la diablesa se acababa su copa y se servía otra, para la desgracia del demonio, que esperaba guardar esa cosecha en concreto para una ocasión especial. Los magos eran capaces, y podían encontrar sus trampas tan bien o mejor que el ladrón, pero cada paso los agotaba un poco más, obligándolos a gastar su preciosa y limitada esencia en encontrar y destruir trampas con bolas de fuego como habían hecho con la de gravedad. Trampas de fuego, veneno, explosivas… todas fueron evitadas hasta llegar al penúltimo piso de la torre. Ambos magos estaban jadeando, pero el caballero parecía estar en perfecto estado a pesar de su armadura. Fue entonces cuando se encontraron, en una preciosamente decorada sala, con una alfombra roja, candelabros y estatuas de mármol a los lados incluidas… con el mismo, sentado en un trono. –Bienvenidos, valien…- Empezó, aunque no pudieran oírlo desde allí, pero fue interrumpido cuando el caballero cargo contra él, con su espada brillando con resplandor y furia divina.

Fue entonces que Stin se sintió observado por la diablesa, realmente observado, mientras unos pocos de sus cabellos blanquecinos se movían de manera antinatural, determinando sin duda si el que tenía delante era el real, si había sido engañada. No había hecho el mismo truco precisamente por si se daba esa situación, y ahora se alegraba de ello. Finalmente, satisfecha, se limitó a hacer una pregunta. -¿Qué tiene dentro?-

-Explosivos.-
se limitó a decir mientras el paladín explotaba en mil pedacitos al cortar al Stin falso. Luego las puertas de la sala se cerraron, y las estatuas cobraron vida, cebándose con las vidas de los severamente debilitados magos.

-¿Y si los grupos se vuelven más numerosos? Estos trucos no funcionaran si son doce o veinte.-

-Hay trampas teletransportadoras en los primeros metros, que separaran a cualquier grupo de más de seis.-
había pensado en todo, salvo aparentemente, que una diablesa de poder comparable al suyo simplemente se pasara a saludar, sin siquiera notar sus trampas.

-¿Y si alguien decide simplemente volar la torre en pedazos con un conjuro?-

-¿Quién tendría una cantidad tan absurda de poder además de estar tan loc…? Oh.-
y se dio cuenta de lo cerca que había estado esto de salir mal, de destruir toda su investigación. No habría muerto, de eso estaba casi seguro, ¿pero todo su tesoro? Hecho cenizas. Decidió cambiar de tema, haciendo una nota mental para encontrar la manera de poner un revestimiento de siderita en el tejado sin comprometer las capacidades mágicas de la torre.

-¿Y bien, a que has venido?- preguntó, con un tono de voz posiblemente demasiado alto, alterado.

-Bueno… tenia curiosidad... quería luchar contra aquel que los locales llamaban “Rey Demonio”.- no el motivo que esperaba, pero igualmente increíblemente problemático.

-No estamos luchando…- no pudo evitar mencionar, preparando la runa.

-No…sería muy molesto… demasiados trucos y trampas, es un estilo demasiado irritante, creo que pasare.- Stin suspiro, aliviado, solo para que el corazón le diera un vuelco otra vez con sus siguientes palabras. -¿Qué tengo bajo mis pies, por cierto?- Así que SI lo sabía. ¿Desde cuándo?

-Runas de aire para crear succión, que te haría caer a otra sala. Allí un basilisco te paralizaría el tiempo suficiente como para que las runas explosivas se activaran, calcinándote a la vez que la metralla de artefactos divinos te atraviesa… ¿Bastaría?-

-Mmmm, quien sabe…- dijo el monstruo, mientras vertía lo que quedaba de la botella en su copa. Se había bebido la botella entera y su habla seguía igual de fluida. -¿Quieres comprobarlo?- Confiaba en sus capacidades, sin duda, especialmente debido a que había planeado esto. No contra ella en concreto, pero no importaba. Y entonces sus miradas se cruzaron, y vio sus ojos, expectantes, de manera muy similar, sospechaba, a como el miraría una botella.

No, no quería…
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