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Junglas de Lustria

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Mensaje por Katarina el Sáb Ene 19, 2019 12:11 am

Sashaj era… bueno, habría sido injusto llamarlo un pueblucho de mierda, era grande, prácticamente podría haberse llamado una ciudad, pero las ciudades no estaban construidas exclusivamente con madera, tenían cosas como malditos caminos empedrados o cloacas y, más importante, no eran famosas por ser un puerto de piratas.

Sashaj era lo que pasaba cuando un imperio contrataba a un corsario y este lo hacía tan bien que decidías, en lo que seguramente fue una noche de ebriedad, hacerlo gobernador de un pequeño puerto costero, seguramente con la idea de que ese estúpido pirata iba a meter la pata y podrías recuperar la posición para alguien más capaz, efectivamente sin pagar un céntimo, si no contabas las vidas de los pringados a los que gobernaba. Pero el pueblo había florecido. Ninguno de sus antiguos camaradas piratas se había atrevido a asaltar el pueblo de Greg Barbarroja, ya fuera por su temible reputación o por la posibilidad de que el único puerto que abiertamente aceptaba a piratas les cerrara en la cara. O todos esos malditos cañones como comprobaría más tarde, eso sin duda ayudaba.

Y sorprendentemente, a pesar de lo que Katarina había pensado al principio, ese no era un pueblo sin ley, mantenido sin incendiar por un frágil acuerdo entre canallas, no. Había guardias, llevando uniformes azules claramente distintivos, aunque a juzgar por la edad y aspecto, estos debían ser antiguos piratas, retirados, que habían escogido una vida más sedentaria por la edad o familia. También veía comercios aquí y allá. Muchos más burdeles de lo políticamente correcto, pero también armerías y joyerías, cosas con un razonable peligro de ser asaltadas por criminales, que en esa ciudad en concreto debían ser al menos el ochenta por ciento de la población.

Pero lo más impresionante del pueblo, lo único en realidad, era el puerto. Cientos de cañones decoraban la costa, de manera no muy sutil, hasta el punto en que Kat dudaba de que hubiera suficiente gente capacitada y entrenada como para usarlos todos a la vez, y la mayoría de ellos protegiendo el orgullo del pueblo, el astillero real.

De real no tenía nada, según pudo averiguar la bardo, el pueblo no recibía ni una moneda del reino, aunque tampoco tenían que contribuir salvo en tiempos de guerra, pero se había quedado con el nombre debido a su tamaño y calidad. Un gigantesco edificio de madera, con grúas y un dique seco, que podría alojar cómodamente gigantescos barcos. Un obra de ingeniería tiránica, pagada sin duda gracias a los… peligros inherentes de la profesión que los visitantes del puerto tenían y el daño que estas suponían en sus naves, que sin duda sufrían más daños que el barco medio y con mayor frecuencia.

Katarina estaba allí por un motivo muy concreto. No era ningún secreto que alguien se había cargado a Luster Harthon, aunque las historias que rodeaban su muerte eran tan absurdas que eran o bien falsas o bien tan ennoblecidas que no tenían sentido. Es decir, ¿qué clase de loca saltaba diez metros de un barco al otro, aterrizaba en una cubierta llena de piratas y se los cargaba a puñetazos? Simplemente una locura, publicidad para incrementar el reclutamiento para la armada, sin duda acompañado con unos carteles sugerentes. En cualquier caso, Kat estaba interesada en el tesoro del nigromante y había oído los rumores de barcos partiendo en una frenética caza de tesoros. Para su desgracia el tabernero al que había preguntado le había dicho que casi todos ya habían partido y efectivamente, parecía haber llegado tarde, solo uno de ellos estaba en el puerto, lo que hacía que sus posibilidades de saquear ese dulce tesoro fueran… escasas cuanto menos.

El barco no lucia mal, incluso ella, que no tenía ni idea de barcos, mar o carpinteria, podía decir eso, pero si lucia viejo, desgastado, como si hubiera vivido tiempos mejores. Tres pisos de cañones decoraban el costado de la nave que podía ver, y esta tenía dos mástiles. Se podía apreciar una mujer decorando la proa, pero en vez de ser una sirena o una preciosa humana como era normal, esta era fea, oronda y con enormes pechos.

-Ah, ¿estas interesada en unirte a la tripulación?- Un hombre guapo, moreno, con una camiseta de un blanco algo sucio le pregunto, sacando la cabeza del barco mientras miraba.

-Estaba interesada en ir a buscar ese tesoro pero… creo que llego muy tarde.-


-Oh, ¿por esos idiotas que salieron antes? No te preocupes, la Duquesa Voladora es el barco más rápido de los cuatro, no tenían oportunidad, así que recurrieron a tretas. ¡¡Pero ya estamos listos!! Seguro que los alcanzamos. Sino siempre podemos ataparlos cuando salgan de la isla…-
claro…piratas… fusilarlos en cuando volvieran a por su barco no estaba fuera de las opciones… salvo que consiguieran un artefacto nigromántico escupe-dragones que, considerando a quien estaban saqueando, no estaba del todo fuera de la posibilidad.

Lucia entusiasmado, y ese entusiasmo era contagioso, además de, aparentemente, llamar la atención del capitán. Es decir, no había manera de que no lo fuera, Kat no tuvo la más mínima duda una vez empezó a bajar del barco para recibirla. El tipo tenía una barba negra y espesa, un sombrero con una maldita calavera, una pata de palo y un jodido loro de colores. La elfa estuvo a punto de decirle que no hacía falta que lo intentara tan fuerte, pero recordó que ese hombre seguramente era la única manera que tenia de intentar saquear el tesoro del nigromante, barco “más rápido” o no.

-¿Eres tú la que pretende unirse a mi tripulación?- el hombre parecía jovial, pero Katarina sabía que estaba estudiándola, midiendo si valía la pena el riesgo, si podía aportar algo. -¿Y bien? ¿Qué sabes hacer?-

-Soy una bardo.-

-Las canciones están bien para la moral, pero no podemos permitirnos un peso muerto.-

-Se defenderme…-
respondió, con las dagas apareciendo en su mano.-

-Algo es algo supongo…Podrías ayudar en la cocina…- el tipo no lo veía claro, y poco a poco parecía estar desechando la idea de aceptarla, así que se vio obligada a sacar su as bajo la manga.

-También podrías considerarme…una experta en la materia.-

-Oh, ¿cartógrafa? ¿Conoces la isla?- la elfa negó con la cabeza. -¿Exploradora entonces?-

-Aficionada, sí, pero hablaba de esto…- Kirara salió dramáticamente de su pecho, asustando al loro. Pero la mirada del capitán se ensombreció, mirándola sin pizca de jovialidad. ¿Había metido la pata? ¿No querían que un nigromante tocara el tesoro? Y un súbito dolor de cabeza no hizo más que alarmarla, como si estuviera bajo algún inexplicable ataque, veneno, vino a su mente, aunque ese dolor se fue tan rápido como vino, dejándola perpleja.

-¿Qué opinas Molly?-
Y Molly era….su loro a juzgar por lo que vino a continuación.

-Guaaaaak, Crakers, Molly quiere crakers.-

-No eres mala persona entonces… ¿Y tú, Shakala?-
Katarina miro arriba, hacia un hombre que originalmente no había visto, muy moreno, lo que contrastaba aún más con su pelo blanco casi brillante, al igual que sus ojos, sin irises. ¿Tenía el capitán un maldito hombre ciego? ¿Y ELLA era el peso muerto?

-Parece decente…-
se limitó a decir, mirándola directamente como si pudiera ver perfectamente… raro, algo siniestro, pero sobretodo raro.

-Bien, podrás venir, partiremos a mediodía. Sube, te enseñare la habitación que compartirás con los nuevos.- Y se giró sin más, empezando a subir por la tabla de madera de vuelta al barco, por lo que Katarina tuvo que seguirle para poder oír lo que estaba diciendo. De ganar la carrera, la mitad del tesoro se partirá a partes iguales, según su valor monetario, podrás comprar la parte de otros tripulantes o compensar monetariamente a otro si lo que escoges es más caro e indivisible. La otra mitad será repartida a mi discreción, según méritos.- Sonaba… razonable. La nigromante siguió al capitán hacia uno de los camarotes, observando como el barco no era solo viejo, sino que tenía daños aquí y allá. Un pirata parecía estar clavando maderas sobre un trozo de madera quemada, y otro estaba cambiando una vela rasgada por otra. –Esta será vuestra habitación.- Abrió la puerta, dejando ver una pequeña habitación con dos literas triples, seis personas dormirían allí, seguramente. –No sé a cuantos conseguiremos reclutar antes de zarpar, pero dormiréis todos aquí.- serían más fáciles de vigilar, supuso Kat. Puede que el tipo luciera alegre y bonachón, pero no era idiota. –Supongo que no hace falta que os diga la mala idea que sería intentar robar, estafar, dañar y cualquier cosa similar que se te ocurra, siempre podemos usar más cebo de tiburones.- encantador.
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Mensaje por Bennett el Vie Ene 25, 2019 6:11 pm

Era de noche, y el agua para el café todavía estaba calentándose, por lo que aquel hombre tomaba la oportunidad para reflexionar y descansar un momento más, mientras bebía el aroma del lugar. La hija del tabernero era una mujer joven, de cabellos negros sujetados en una cola, usando un vestido con distintos tonos de marrón bastante simple y mangas blancas abombadas, junto a un pequeño lazo rojo, calzando botas de cuero, era linda, pero tenía los ojos cansados, y sin embargo, había ese brillo, una señal de buen corazón, lo que llamaría una buena persona en un mal lugar. Era una de esas llamas pequeñas pero vivas, aferrándose no tanto a lo que eran, sino lo que querían ser, como intentando mantenerse una buena persona aún en la pocilga.

Aunque, quizás, pocilga era un término muy rudo, para ser un puerto de lo que era básicamente el oficio de la mayoría de los mhare, si no contabas de que tal vez la mayoría - o todos - cargaban un arma encima: una pistola, un puñal, una espada... era impresionante, sí, que no hubiese cabezas rodando o sangre derramándose. Especialmente admirable en una taberna, donde nadie se había entrado a golpes todavía.

Por su lado, el tipo que andaba con un látigo en la taberna llena de lo que seguramente era el oficio de esos mhares-piratería-pidió otra bebida más, si aquel hombre estaba reflexionando sobre su vida y relajándose, él estaba pensando en cómo mierda se equivoco de embarcación y paro en este puerto. A medida que avanzará la noche y tomaba de su vaso, esperaba sentirse más cómodo en la multitud de adoptadores de loros, intoxicado por el alcohol y las conversaciones que medio alcanzaban sus oídos.

Su mano descansaba en la barra pintada brutamente que lo separaba a él y la muchacha, mientras gotas de líquidos caían al suelo, la puerta chillaba en advertencia de más gente entrando y el silencio era expulsado afuera con cada risa cerca de un grupo de hombres intentando ver si tenían el talento para ser bardos en esta vida. Aún casi perdido en los efectos de los tragos que se había tomado y con un creciente dolor de cabeza luego de que su euforia hubiese pasado hace un par de tragos ya, pudo discernir claramente que la mayoría de las conversaciones, aparte de arremolinarse en nubes de humo de quién-sabe-qué-planta estaban quemando para fumarse, se trataban de una cacería de tesoros. ¿Qué tesoros? a saber. Los piratas muchas veces no parecían saber que tesoro se iban a conseguir y simplemente iban tras cualquier cosa que fuese clasificada como tal. Lo único bueno de todo el asunto es que parecía que los piratas siendo piratas, mañana pegarían carrera para la caza.

Lo malo es que todos eran piratas en el jodido pueblo y que o se metía a una de esos navíos o tendría que quedarse en Sashaj hasta quien sabe cuándo. Lo único seguro era que si se quedaba, eventualmente iba a matar a alguien o iban a matarlo; negó con la cabeza apretándose la nariz con los dedos y volvió a ver a la muchacha al otro lado de la barra.
Chica... agh, lo siento, dame otro trago —agitó la mano apoyada sobre la barra, mientras tenía la otra pegada a la frente.
¿Qué? ¿más? —preguntó entre sorpresa y disgusto mientras secaba un envase por dentro con un trapo—. ¿Cuanto krulls te quedan?
Samael alzó la mirada viéndola en cuanto la escucho preguntar, estiró el cuello a otro lado y pareció pensar por unos 10 segundos, antes de negar con la cabeza de forma ausente, tomó una pequeña bolsita entre sus piernas y la volteo sobre la barra, dejando caer las monedas.
Tengo... —se quedo viendo las monedas, antes de mirar a la chica—. No sé... cuéntalas tú... —gruñó algo de mala gana, poniéndose la mano en la frente otra vez.
La muchacha volteó los ojos y se estiró el vestido, antes de recoger las monedas y ponerse a contarlas, al terminar las guardo dentro de un bolsillo de su pequeño delantal y dejo el vaso que secaba a un lado, se agacho tras la taberna, y al estar recta de nuevo, tenía una pistola en la mano. Samael la miro a ella y después al arma, a lo que la mejor respuesta de su cerebro fue un "oh, quiere pelea", estando demasiado vuelto mierda para razonar de que no iba a fallar un balazo a esa distancia. Aplastó ambos brazos sobre la barra para colocarse de pie sin caerse y alcanzó por su látigo en su cinturón.
¿Qué haces? —hizo una mueca, cuando Samael iba a replicar en un balbuceó lo interrumpió caminando hacia la pequeña puerta de la barra y la alzó para salir—. Vamos, tienes suerte de tener suficiente dinero para pagar una habitación por una noche, si te tomas otro trago más te vas a caer muertecito en el suelo y vas a amanecer con un dolor en el culo. Hablo en serio.
¿Uh? sí... claro... —replico caminando hacia ella, cuando estuvo suficientemente cerca la mujer se tomó la molestia de poner sus hombros bajo su brazo para ayudarlo a caminar—. ¿Y para qué la pistola...?
Por sí acaso, solo te llevo a una cama, ya sabes, la gente se confunde... —replico tranquilamente, antes de ver una cara confusa en Bennett—. Quiero decir que si intentas algo más que no sea dormir te voy a abrir un montón de huecos en el pecho —respondió en un tono alegre y una voz dulce, creando un contraste terriblemente obvio entre eso y sus palabras. Tenía que ser la hija de un tabernero en un pueblo lleno de piratas, tal vez la chica era más ruda que él y todo, y no quería comprobarlo, la verdad.

La muchacha lo acompaño al piso de arriba y abrió una de las puertas de una habitación más, simplona, solo una cama y una ventana, pero no es que la gente necesitase demasiado. Acercó a Samael lo suficiente a la cama y lo dejo caer, desplomándose allí, entonces camino tranquilamente de vuelta a la puerta y le tiro las llaves encima.
Buenas noches —hizo una pequeña reverencia y tranco la puerta, porque no por estar en un pueblucho significaba que uno debiera perder los modales, coño.

El resto de la noche transcurrió rápido y sin casualidades, porque la mañana no era la noche. A tempranas horas, como las 3 o 4 A.M, ya había un alboroto horrible en la taberna, uno peor que el que había en la noche; Samael se quejo ante los ruidos aplastándose los oídos con la almohada. Pronto fue probado algo incorrectamente sobre la tranquilidad del pueblo, porque claramente se escucho un tiro dentro del establecimiento; murmuró "piratas hijos de puta" antes de que la palabra piratas resonará varias veces en sus oídos, o quien sabe, tal vez no fue la palabra y solo la resaca.

Aún así, abrió los ojos y levantó el cuerpo rápidamente recordando lo de la cacería, que en su lenguaje significaba "mi único chance de irme de Sashaj". Incluso ante el dolor de cabeza se sentó en la cama y agitó la cabeza, entonces reviso en su mochila por encima: ni una mísera moneda y tan solo un pedazo de pan, parecía de ayer, por suerte. Lo agarro y arrancó la mitad del pan de un mordisco y dejo caer la otra dentro de la mochila, antes de jalar su odre de agua, jalar, porque estaba algo irritable y no se iba a tomar el tiempo de desatarlo de su cinturón; lo llevó a su boca y tomo una cantidad razonable de agua, esperando que fuese una especie de cura mágica y eso lo hiciera sentir mejor.

Paso unos diez minutos allí, sentado nada más con el odre en su mano y los labios mojados, enfrentando la dura realidad: todavía se sentía como una mierda. Negó con la cabeza gruñendo y tiro el odre dentro de su mochila también, cerrándola y poniéndose de pie, se colocó su mochila e intento partir, pero la puerta no cedía.
Puerta de mierda... alcohol de mierda... —se dio vuelta, viendo algo de luz penetrar por la ventana—. Luz hija de puta... —continuo murmurando insultos y dándole un fuerte golpe a la puerta, antes de parecer razonar que las habitaciones tenían llaves.

Tras momentos de cautelosa consideración y siendo incapaz de recordar donde habría metido la llave, o mejor aún, de recordar haber pagado una habitación, su mejor plan fue "tumbar este pedazo de madera de una patada y esperar que nadie me escuche", e iba a ir con eso, pero al caminar atrás para agarrar algo de distancia y con ello carrera para su patada, vio la llave tirada en un lado de la cama. Al fin le sucedía algo bueno hoy, la tomó y abrió la puerta, tras lo que salió caminando orgulloso. Acababa de abrir una puerta.

Bajo las escaleras, aunque lentamente, porque descubrió que bajarlas rápido con la cabeza así le hacia sentir que lo que sea que tuviese dentro del cráneo por pequeño que fuese parecía rebotar con cada escalón. En el centro de la taberna estaba la escena común: dos tipo arrastrando a otro sangrando de una pierna afuera, y la hija del tabernero pasando trapo en la sangre para limpiar.
Una pelea tan temprano... —suspiró antes de intentar no hacerle más caso al asunto e irse a la salida, claro, no se resistió a echarle una miradita más a la muchacha mientras le pasaba por un lado.
Ves, te lo dije —le comentó al establecer contacto visual por unos momentos, haciendo que Samael se detuviera visiblemente confuso—, se confundió.
El hombre se quedo mirándola unos instantes sin saber de qué carrizos le hablaba, o si de hecho le hablaba a él, y tan solo sonrió, una sonrisa muchas veces evitaba problemas. Al recibir una de vuelta fue como una luz verde de "puedo salir y no van a matarme", lo cual hizo, efectivamente, no lo mataron.

Una vez puso pie afuera cerró los ojos ante el jodido sol, que siempre de alguna manera estaba en cada mañana para joder a las personas con resaca, y claramente que era el sol el culpable, no podía ser una casualidad de que estuviese cada mañana, siempre, que alguien había tomado. ¿Casualidad? pues no. Claro que no. Samael subió la capucha de su capa y se puso el brazo en frente para generarse todavía más sombra y encaminarse al puerto, pero para su muchísima suerte, solo había un barco. Uno.

Bueno, era mejor que cero, por mal o bien que luciera el barco. Camino más adelante y observó a un sujeto gordinflón de espaldas, al parecer decorando la proa. Claro, en cuanto se agacho el pantalón al no poder contener tanto cuerpo se bajo un poco, revelando su ropa interior. Samael arrugó la cara al observar esto, y cuando pensó que no podría ser peor, el hombre se dio vuelta y estableció contacto visual con él, tras unos segundos de no decirse nada, bajo la mirada un poco y la volvió a subir, antes de darle una sonrisa. Había visto el látigo. En esa posición, las dudas de Samael ya no eran "¿Cómo voy a hacer que me acepten en la tripulación?" sino "¿De verdad quiero estar en esta tripulación?"
¡Solo sé usarlo en forma letal! —dijo en voz alta, tenía que asegurarse de que el hombre lo escuchará y que el encuentro con la muerte fuese más fuerte que la emoción por el cuero.
Y con su grito, se asomó otro hombre exageradamente pirata, como si sus padres lo hubiesen disfrazado así, claro, no iba a decirle eso. Era claramente el capitán del barco, o sino al menos era alguien...conocido, dentro de el.
¿Usar qué en forma letal? —preguntó llevándose una mano a la cintura, no es que quisiera posar, era solamente una sutil indicación de que tenía una pistola.
No vine por una pelea, yo solo le... solo quiero unirme a su tripulación.
El hombre sonrió, como si no fuese la primera vez que estaba haciendo esto en el día de hoy.
¿Y tú qué sabes hacer? escucha, ya van tres bardos hoy, y ya tenemos una a bordo, no necesito...
Samael intentó adelantársele, alzando una mano con el látigo recogido en ella. Claro, la reacción del capitán solo fue sorpresa por unos instantes, antes de transformarse en risa.
No soy de esos mares, amigo.
¿Qu-¡No! —negó más con su expresión que con su vocalización—. Nadie se toma en serio estás mierdas, de verdad... pueden sacar varias capas de piel de un golpe, se le golpea a la gente en la espalda porque puedes abrir un estómago a latigazos. Escucha, puedo cegar gente, si no tienen protección en las piernas puedo hacer que no se vuelvan a parar, puedo joderles el uso de una mano, permanentemente. Puedo-
Entiendo, sabes pelear —se dio vuelta desinteresado y comenzó a subir de vuelta al barco—, todos sabemos hacer eso por estos lares.
Samael frunció el ceño y pensó en que tal vez si le sacaba un ojo para añadirle un parche a su traje sería más creíble, pero claro, si el hacía eso le conseguirían un disfraz de muerto muy bonito, así que optó por el otro camino.
Soy alquimista.
El hombre detuvo su descenso y echó un vistazo hacia donde estaba Samael parado, entonces miró a su loro unos instantes.
Alquimia... hmmm... ¿y qué haces con eso...?
Venenos —respondió rápidamente, el capitán alzó una ceja, no necesariamente impresionado y Sam sabía por qué, su tono hizo que su respuesta hecha de una sola palabra sonase más como "venenos para tirar en la comida de alguien justo ahora y matarlo", la irritabilidad le estaba ganando—. Y pociones... antídotos claro... bombas...
Antídotos y bombas... Ya veo, tienes uso entonces... ¿No, Molly? —volteo a mirar a su loro.
A Samael se le hizo un abuso de que de verdad, un loro tuviese palabra en esto, cuando iba a quejarse en la forma de un bufido el dolor de cabeza intensifico por unos segundos, haciendolo tambalearse a un lado porque ya tenía uno encima, como una migraña. Se llevo una mano a la cabeza y la bajo lentamente cuando la intensidad simplemente desapareció.
Bien, sube —le señaló con un movimiento de la cabeza.

Samael agitó la cabeza y corrió -no muy rápidamente para evitar irse de un lado si le volvía a pegar un dolor de cabeza así- para alcanzar al hombre y empezó a seguirlo, la verdad no escuchó sus términos para la repartición y tan solo asintió o dijo "sí" pasivamente a todo, mucho como un niño cuando su madre le está regañando, él solo quería la oportunidad de irse de Sashaj y con suerte poder encaminarse a tierras de las que tuviese al menos una pizca de idea. El capitán se detuvo frente a una habitación y abrió la puerta, mostrando un cuarto hecho para acomodar a unas cuatro personas, contó mal Samael al inicio.
Bueno, partiremos a mediodía, tal vez te toquen labores de cocina o limpieza como sea necesario, no solo de la alquimia se come —dijo soltando la puerta y girándose para irse, antes de detenerse a unos pasos—, oh, sí...
¿Sí?
Muy impresionante lo de cegar y todo eso... pero nosotros tenemos una tortura muy simple y eficaz para los ladrones, le decimos "caminar por la plancha" —le comentó en pirata lo que básicamente era "si robas te matamos" antes de darse vuelta y seguir su camino.

No muy cálido, pero sí muy comprensible. Samael se encogió de hombros, no estaba planeando robar de todas maneras, así que sabía que no le tocaría caminar por la plancha esta vez. Esperaba. Entro a la habitación con sus pertenencias con intenciones de tirarse sobre cualquier cama antes de ver a una elfa acostada sobre la cama más alta de una de las literas, razón de que no la viese antes. Se limitó a solo echarle un vistazo para ver que tan armada iba y se tenía cara de asesina, pero solo tenía cara de elfa, lo cual no era más reconfortante siempre. Se sentó sobre la cama más baja de la litera opuesta y coloco a un lado su mochila con sus pertenencias, antes de dignarse a hablar con ella.
Hey.
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Mensaje por Balka el Lun Ene 28, 2019 2:14 pm

____La elfa terminó de calzarse las botas y se puso en pie, estirándose como un gato perezoso. Contempló al hombre sobre la cama, desnudo y tumbado boca abajo, que la miraba con la barbilla apoyada en la almohada. Nôrd hizo un mohín encantador y le tendió la mano en gesto sugerente, invitándola de nuevo a las sábanas revueltas.

____Sonrió, y a la prostituta se le saltó un latido. Fue aquel gesto a medias, elegantemente visceral, lo primero que atrajo la atención del hörige cánido. Luego fueron aquellas caderas hambrientas que lo cabalgaron como muy pocos a lo largo de su profesión, y por último fue la indiferencia al fondo en aquellos extraños ojos dorados moteados de rojo. Un contraste tan grande entre esa boca que reclamaba sangre y esa mirada que no buscaba nada. Sus instintos más básicos le pedían tener mucho cuidado, pero no le impedían sentir cierta fascinación.

____Antes de que pudiera reaccionar, Balka se inclinó sobre el lecho y mordió el perfecto y prieto trasero del hombre con un gesto lleno de hambre. Nôrd dejó escapar una leve exclamación ante la que ella rió, risueña. Le dieron ganas de quedarse. Pero no, había cosas que hacer. O eso seguía repitiéndose la mujer, tratando de convencerse a sí misma con escaso éxito.

____ -Bueno, mi apreciado Estofado de Hada, ha sido un placer.

____-¿Acabas de llamarme estofado? -replicó él alzando una ceja, las encantadoras orejas caninas al frente prestándole atención.

____ -De hada. Tu nombre, tiene significado en orco. El concepto viene siendo algo así como "receta-de-puchero-para-hadas", aunque en la traducción pierde la poesía. -respondió pensativa. El sonido de la pronunciación de "nôrd" también tenía significado en otras tres lenguas, pero ninguno tan gracioso como en la lengua de los pielesverdes.

____ -Eres todo un encanto. Y yo aquí pensando que los elfos eran gente elegante y vas y me sacas la peor traducción posible.

____ -Y yo pensando que los perros sabían a pollo, fíjate, y resulta que no. El mundo está lleno de sorpresas.

____La sonrisa, era todo por aquella sonrisa roja y ladina que daba la sensación de una espada al cuello y que le provocaba esa conocida picazón en la entrepierna, pensó Nôrd. El hombre se mordió los labios mientras la veía salir de la habitación en silencio, por primera vez en cierto tiempo lamentando la marcha de un cliente.

____Nada más dejar el cuarto Balka fue derecha a reclamar sus armas y su bolsa y posiblemente a su mascota. Por un momento se preguntó si no sería ella la mascota de Nickel, y el ceño fruncido hizo que la anciana a cargo de la diminuta armería se apresurase a traerle las cosas por la razón equivocada. Con el arco al bies sobre el pecho y el carcaj al contrario, los cuchillos en su sitio y habiendo comprobado que el kaoras dormía su segundo día como un tronco en el bolso, la elfa salió silbando de El Pepino Rampante, andrajoso lupanar lleno de joyas, relajada y lista para afrontar el día después de una satisfactoria noche de ejercicio.

____La brisa marina traía consigo más que el placentero olor del océano al amanecer. La mujer tuvo muy poco tiempo para disfrutarlo antes de que comenzaran a enturbiarlo con orines lanzados a la calle sin avisar, sudores atareados y tripas de pescado del día anterior, que hoy serían el cebo perfecto. Despertar en una ciudad humana significaba siempre levantarse entre los olores vulgares que componían la vida mundana.

____Y Sashaj no era bonito, ni estaba bien edificado, ni empedrado ni cuidado, pese a ser un perfectamente funcional asentamiento de costa con muelle propio. Con un astillero Real incluso, aunque nadie más que las gaviotas hubiesen cagado en él durante las últimas décadas.  Pero tenía piratas, y lupanares (casi todas las tabernas eran lupanares, sorprendentemente), y resultaba a su manera una estupenda ciudad costera con puerto filibustero propio. Algo que atraía un turismo muy específico, y que dejaba tras de sí una retahíla de cosas interesantes, entre cadáveres, artefactos, leyendas, oro y magia y armamento encantado a partes iguales. Y mapas con cruces y adivinanzas. A los piratas les encantaban los mapas. Por eso la elfa se dejaba caer de vez en cuando por estos puertos: siempre había alguna locura a punto de ponerse en marcha a la que podía unirse, como se disponía a hacer a aquella hora tan temprana.

____El puerto era impresionante. Amplio, de aspecto más sólido y limpio que la mejor calle de la ciudad. Tenía más cañones de los que Balka creía que Sashaj pudiera poner en marcha, eso sí, pero no quitaba para que resultase una vista imponente. Y un absurdo gasto de presupuesto. ¿Cuánto costaría proveer de balas a todos los cañones? Más que mantener las propias armas, probablemente.

____Con paso ligero la elfa se dirigió hacia su destino, sintiendo un cosquilleo de expectación en la punta de los dedos. La noticia que había captado la atención de sus puntiagudas orejas era que un pirata (uno que, no contento con ser pirata, también era nigromante), había muerto y dejado un tesoro en algún lugar del archipiélago. El botín evidente era encontrarlo y repartirlo con quienquiera que hiciese equipo, pero la intrigaba más el viaje y lo que sucediera en él que el propio trofeo, del cual desconocía sus componentes y tampoco estaba muy segura de querer. Los nigromantes tendían a las sorpresas desagradables.

____En el puerto brillaba por su soledad la presencia del único barco que quedaba, y allá se dirigió. Balka sabía de navíos lo que un campesino sabía de retórica: lo básico para no confundir las velas con las palabras babor y popa y saber que, en los terribles días de calma chicha, el mejor lugar para esconderse del deber de remar era, sorprendentemente, el camarote del capitán. Sin importarle lo más mínimo su falta de conocimiento llegó hasta el barco, observando a los marineros cargar con los últimos bártulos necesarios para el viaje. Ni siquiera sabía muy bien hacia dónde se dirigía aquella nave con un mascarón de proa terriblemente familiar, pero estaba segura de que había un mapa. Con cruces y calaveras. Y no necesitaba más.

____Se paró justo en frente de la pasarela, leyendo el nombre de la embarcación. Luego caminó hacia el mascarón de proa y regresó, la mirada pensativa.

____ -¿Duquesa Voladora? ¿En serio? Yo le hubiera puesto algo como "La Dama Oronda de la Desgracia". -comentó.- O "Bella Margaret".

____De manera inmediata una cabeza coronada por un estupendo sombrero de filibustero salido del poema de un bardo asomó por la barandilla, la indignación cubriendo de rojo los mofletes del hombre.

____ -¡Repite eso! ¿¡Qué estás insinuando sobre mi precioso barco!?

____ -Que esos pechos anuncian las cosas terribles que guarda el mar.

____Los marineros dejaron escapar unas risas que, al ser liberadas, empezaron a crecer hasta que se convirtieron en carcajadas.

____ -¡Cómo te atreves! -exclamó el pirata, tomando en sus manos la pistola que guardaba al cinto con tanta rapidez e indignación que casi se le cayó por la borda.

____Los instintos de Balka se alzaron ante la visión de una de aquellas armas apuntándola directamente, sin que al portador le temblara el pulso. A esa distancia no podría evitar una bala aunque quisiera, pero por otro lado sabía que las heridas producidas por pistolas tendían a tener agujero de salida, así que sólo haría falta torcer un poco el cuerpo para que diese en un lugar poco problemático y... Su mente siguió calculando, sólo por si acaso; la elfa tendía a cabrear a suficiente gente sin motivo alguno (eran todos demasiado irascibles) como para saberse unos cuantos trucos. Al menos no era una flecha. Las flechas sí que causaban problemas.

____ -Vamos Capitán, usted sabe que el mascarón de la Duquesa es feo. -dijo un marinero.

____ -¡No lo es! ¡Es la viva imagen de una de mis amantes! ¡Hermosa y salvaje como el propio mar, indómita! -los mofletes se le pusieron más rojos aún, y bajo la barba negra la elfa ya no pudo distinguir si era por el enfado o por... ciertos recuerdos.- Panda de ignorantes rebeldes y amotinados... os obligaré a encerar la cubierta con la lengua... ¡Y tú, lárgate!

____ -No quiero. He venido porque me han dicho que hay un tesoro de un pirata nigromante en una isla desconocida, y eso siempre es interesante. Y Bella Margaret es el único barco que queda, así que me uno.

____ -¡Duquesa Voladora! -chilló, llegando a un agudo muy poco digno, teniendo en cuenta que el loro en su hombro le hizo el coro. ¿En serio, un loro? Sólo faltaba que tuviese una pata de palo.- Ya tengo suficiente gente a bordo. Es más, ya tengo una elfa a bordo, así que puedes largarte por donde has venido antes de que te abra un nuevo agujero.

____Huh. Así que otro elfo. Interesante e irritante a la vez. No estaba acostumbrada a compartir jornada con sus similares, aunque últimamente hacía grandes esfuerzos por acercarse a su lado perdido. No ayudaba que ella tuviese la paciencia muy corta y que ellos fuesen unos pedantes clasistas de libro. Pero lo estaba intentando. Los marineros miraban con interés el intercambio de palabras, riendo por lo bajo con descaro.

____ -No sé qué es lo que hace esa otra elfa, pero he escuchado que se necesitan talentos... algo específicos para esta empresa, señor capitán. Así que, heme aquí.

____ -Tengo lo que necesito. ¡Tengo un alquimista que tiene mejores modales que tú! -no mencionó que dicha otra elfa era un bardo, y que los bardos solían ser más bien de poca ayuda salvo para hacer desaparecer la reserva de licor o para sacarse trucos raros del pecho.

____ -Bien por ti. Pero yo soy la mejor cazadora de bestias y hombres que encontrarás en, digamos, medio continente. Y, no nos engañemos, modales o no soy un encanto de mujer y funciono mejor que un catalejo.

____ -También tengo un catalejo... -murmuró el capitán, pero había bajado la pistola y contemplaba a la mujer con ojos diferentes. La midió de arriba a abajo, desde la cicatriz en su cara y los aretes de oro hasta las botas sucias de patear caminos inciertos. El arco a su espalda no era un adorno aunque lo llevase de manera tan casual, y el hombre estaba seguro de que escondía otras cosas entre la ropa de las que tener cuidado. Aparentaba ser una mujer curtida, y muy probablemente lo era más allá de lo que pensaba.

____Balka sonrió ante el escrutinio. Y no fue un gesto bonito, plagado de las cosas desagradables que podrían suceder si las cosas se torcían.

____ -Muy bien, un cazador capaz de seguir rastros y matar bestias es siempre útil de embarcar. -asintió con el ceño fruncido.- ¿Molly? ¿Qué dices, bonita?

____ -¡Guaaaaaak! ¡Bonita! ¡Molly bonitaaa! -se desgañitó el feo animal.

____La mujer guiñó los ojos y arrugó la nariz ante la repentina punzada de dolor que notó en el cerebro. Inmediatamente se puso alerta y observó sus alrededores, buscando el motivo de lo que acababa de ocurrir. Alguien, o algo... ¿había tratado de mirar dentro de su cabeza? No estaba segura, pero la mirada que le dirigió al capitán fue de cautela. El hombre sonrió de una manera terrible también; ella no era la única en el juego.

____-Muy bien pues, a bordo se ha dicho. Bienvenida a la tripulación de la Duquesa Voladora. Partiremos a mediodía si estos malditos zánganos terminan sus tareas. ¡Volved al trabajo, cabrones!

____Al parecer la pequeña conversación entre el capitán y la elfa había reunido algo de audiencia, que los observaba con malicia y diversión. La mujer subió por la pasarela y saludó a los marineros de la misma ruda manera que ellos la saludaron, ignorando el discurso que el patrón del barco se estaba marcando. Dioses. Tenía una pata de palo. Una jodida pata de palo. ¿De qué cuentos de bardo había salido este tipo?

____ -¿Te queda claro?

____ -Sí sí, por supuesto. -mintió sin pestañear, haciéndole un gesto a un enorme hombre de piel oscura para que la incluyese en la ronda de juegos de cartas que ya se estaba organizando de tapadillo.- Algo sobre el que parte y reparte se lleva la mejor parte.

____El capitán soltó un hondo, hondo suspiro cargado de paciencia.

____ -Los Dioses nos ayuden. En fin. Éste será tu camarote, que compartirás con otros. - y sin más él, el loro y su chirriante pata de palo se marcharon.

____Balka abrió la pequeña puerta con un gesto grandilocuente. ¿Por qué todo era tan bajo y estrecho en los barcos? Estaba reprimiendo su fobia divinamente, lo suficiente como para que nadie se diese cuenta, pero fingir no duraría mucho. Ante ella se descubrió un cuchitril con seis literas, un nido de ratas que contenía sólo dos personas y ya estaba lleno.

____ -Sí, va a dormir aquí su puta madre. -comentó con tranquilo horror.

____¿Siendo primavera y habiendo tantas madejas de cabo enrolladas en cubierta? Dormir con el cielo sobre su cabeza era mucho más razonable, por muy guapa que fuese la elfa en la litera de arriba.


{ - sin perder la ronrisa... }
¿Qué está bien y qué está mal? Dime.
¿Qué ética tiene la llave de lo moralmente aceptable?

{ ...pero perdida en ella - }

Diálogo - #d65151
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Mensaje por Strindgaard el Lun Feb 04, 2019 5:09 am

El día discurría con pasmosa lentitud en las calles de Sashaj. El pueblo portuario me había llamado la atención más por su nombre que por su historia, cualquier pueblo que se llame Sashaj Greyj mecería una visita de mi parte.
Luego de pasear por sus tabernas infestadas de pulgas, probar su cerveza impregnada de olor a salitre, conversar con sus lobos de mar —aquellos nobles antropomorfos— y enterarme de los últimos chismes e historias, no pude evitar llegar hasta el puerto.
De su infraestructura era posible inferir que estaban bastante listos para una buena defensa. Algo exagerado, de hecho. Pero lo de verdad importante para mí era que se podía ver en todo su ancho el mar. Ese territorio tan propicio para las aventuras, para la exploración, para lo desconocido.

Me desperecé y le di otro sorbo a la botella de vino. Desde el techo del segundo piso de la taberna en donde me encontraba pude ver todo el movimiento en la ajetreada cubierta del Duquesa Voladora. Del barco no había mucho qué decir, en pocas palabras: era un trasto de madera que había visto mejores días, con tripulantes que habían visto mejores días. Los grumetes se movían mecánicamente por el lugar, como hormigas obreras, reparando y alistando todo para zarpar. El capitán se podía distinguir a lo lejos por su sombrero, y de los demás no había mucho más que decir, la mayoría eran humanos, excepto por el vigía que era bastante más peludo de lo necesario para entrar en la misma clasificación. Era un enorme roedor, puede que una ardilla teniendo en cuenta su frondosa cola que bien hubiera servido para ocultar un par de pistolas. Si yo tuviera una así ocultaría de seguro algo más que nueces para el invierno.
Del galeón en sí no había mucho más que decir también, su faz había sido reparada una y otra vez, se podía notar a simple vista los lugares en donde la madera nueva se unía a la vieja allí donde balas de cañón, sin duda, habían dejado malherido la piel del viejo barco. Con todas esas heridas, sería interesante oír las historias de las batallas.
Lo que me preocupaba realmente era su disposición más que su estructura: tenía tres putas andanas y solo dos palos. Lo normal en los galeones era tener solo dos andanas con unos diez a doce cañones cada una, y tres palos para soportar tal peso. Allí, flotando en las aguas, no había una obra de ingeniería, sino una obra de ingeniería-rúnica-mágica. No había otra explicación.

Me terminé el vino y me lancé desde la orilla del techo para caer elegantemente sirviéndome de las alas para detener el impacto. Como en las calles se mantenía una fuerte ideología de orden y recato, lancé la botella junto a una pila de basura en la esquina y me dispuse a acercarme al Duquesa, que en ese momento se estaba alimentando poco a poco de curiosos y de sedientos de aventura.

Le pedí a Kalevala que observara de cerca cómo era la operación. Una gata fantasma e invisible no llamaría para nada la atención, o eso esperaba. Yo la esperé unos metros más allá, mientras veía la llegada de los barcos pesqueros.
El asunto era sencillo, los viajeros llegaban y solicitaban unirse a la tripulación, intercambiaban algunas palabras y el capitán, luego de preguntarle a su loro, aceptaba con gusto lo que llegara. Al parecer estaba desesperado por llenar las plazas. Carne de cañón, quizá. Vaya a saber uno lo que pasa por la mente de otro…

Luego de haber aceptado una elfa, un humano y otra elfa me pareció que mi momento había llegado. Avancé con la desenvoltura que me había dado el vino y el penetrante olor a sal.
Bienaventurado, compañero, he venido a unirme a vuestra tripulación. —Dije con voz algo alta para que me oyera desde la escalerilla.
El moreno que antes había recibido a la elfa se volteó desde la cubierta al oírme. Se acercó a la baranda y con las cejas algo alzadas me saludó con la mano.
Bienaventurado —dijo con una sonrisa—. Veo que estás entusiasmado. No veo problemas en que te unas, pero, ¿con qué nos podrás ayudar?
Mi capa ondeaba con la brisa y mi sonrisa no podía explicar más que la suficiencia con la que me sentía. Caminé por la escalerilla para subir al barco sin pedir permiso mientras iba enumerando:
Puedo ayudarlos a arreglar los nudos del bauprés que en cualquier momento soltarán la cebadera, o a reparar las tapas de las andanas que se ven sueltas. El combés se ve firme pero tiene astillas sobre la reparación antigua. Con algo de madera y tiempo puedo sacar de apuros la escalerilla y las vergas del trinquete. La verdad es que necesitan un refuerzo para que en una tormenta no se vayan a joder.
Para cuando terminé de decir esto varios grumetes que limpiaban la cubierta por el alcázar y los que colgaban de las redes se habían detenido de sus funciones y me observaban. Además del capitán. Lo saludé con una cabezada.
Bienaventurado capitánMi nombre es Strindgaard. Serví varios años en otras embarcaciones de dos y tres palos como grumete y luego como oficial a cargo, o maestre. Sé también sobre albañilería marina, y desde ese punto de vista, debo decir que el Duquesa me parece una obra de ingeniería magnifica. —Le di unas patadas a la cubierta para deleitarme con el sonido—. Bastante resistente en mi opinión. ¿Las velas son de grandielargo?
»En fin. También puedo servir para otros trabajos, soy médico de profesión. No sanador —comenté de pasada, con un tono que dejaba claro que no me gustaba que me pidieran que rezara a Dianthe para sanar un hueso roto—. Aunque también soy un buen explorador. —Con un ligero pensamiento hice que mi anillo me teleportara hasta la otra barandilla, quedando a espaldas del capitán—. Tengo algunos trucos para eso.

Fue una suerte que el anillo no me dejara fuera de cubierta, le hubiera quitado el dramatismo teleportearme en el agua. No suelo usar mucho este dote porque nunca pude dominar el arcano arte de la espaciomancia, pero cuando me paso de copas también paso por alto algunas cosas.

Mientras el capitán deliberaba si estaba frente a un demente o un excéntrico (yo considero que un poco de ambos), hubo un instante en que la cabeza me comenzó a doler ligeramente tras los ojos y en las sienes. Era una presión molesta que dio paso a otra cosa, algo más… ¿cómo decirlo? Familiar.
Bastante molesto al notar que alguien estaba echando mano a mis pensamientos, comencé a mirar a quienes en ese momento estaban en mi campo de visión: El joven moreno de la camisa no parecía ni de lejos el tipo de persona que sabe de estas cosas, el puñado de críos que limpiaban, cosían, anudaban y cargaban la bodega tampoco. El ciego que me contemplaba un poco más allá en cambio… Le mantuve la mirada, era un tipo de rasgos toscos, bastante moreno y canoso, la aniridia no le ayudaba para nada. Pero tampoco era él.
Contemplé al capitán. Ese tipo sí que era un lobo de mar: su rostro ajado por los vientos ásperos, sus manos callosas por el uso de la espada y la pistola, sus dedos largos de yemas amarillentas por el salitre, la pólvora y el alquitrán. Sin duda aquellos ojos habían tenido en frente docenas de mapas en distintas lenguas, de distintas culturas, de todos los lugares inhóspitos, peligrosos y terribles de todo el ancho mar. Era de esos tipos que afrontaban el mar con desafío. Era un buen tipo.
Pero tampoco era él.
Me acerqué hasta donde se encontraba, observando detenidamente el ave que le adornaba el hombro. Enarqué una ceja. Jodido Molly.
Bonita ave, capitán. De seguro le preguntarán muy seguido cómo la consiguió.
Éste me lanzó una mirada interrogante, miró su loro y luego contempló mi media sonrisa. Molly en cambio fue más explícito y me pokeó la cabeza.

Luego de aceptarme el capitán me llevó personalmente a mis aposentos. Caminaba a paso lento, sonreía y me comentó de paso cómo consiguió a Molly. Mientras divagaba sobre la locación y los pormenores, el loro se echó a volar y se posó en mi cabeza como si se tratara de un conquistador. El capitán no paró de hablar, me comentó como, con gran astucia y valor, su tripulación alcanzó las puertas de un templo costero infestado de sacerdotes malignos, que posteriormente resultaron ser devoramentes. Todo un acierto, toda una heroicidad. Lo contaba con orgullo.
Molly se encontraba encerrado en una jaula, en lo alto de la torre del templo. Era pequeño entonces, se veía asustado. Me partió el corazón. —El capitán se detuvo y me miró a los ojos, entre serio y orgulloso por haber salvado a su compañero—. El Dios de ese templo estuvo tan agradecido con nuestro noble actuar, que me ayuda de vez en cuando.
Vaya, es bueno saber que tengo un capitán bajo una buena estrella.
Llegamos al camarote. —Abrió la puerta y me hallé con una caja de cerillas con dos camarotes tan juntos que de seguro al girarme entre sueños por la noche terminaría en la cama de al lado—. Puedes tomar el que quieras.
Gracias capitán.
El hombre se fue sujetando su sombrero para que no se le cayera al pasar por el marco de la puerta, yo en cambio me quedé un momento para saludar a mis nuevos compañeros.
Compañeros. Soy Strind, pero me pueden llamar Strindgård. ¿Alguno juega póker?


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Mensaje por Katarina el Jue Feb 07, 2019 11:18 pm

-Hey.- respondió a su vez la elfa, cuando unos minutos después de asentarse, un hombre abrió la puerta junto al capitán. Era el segundo nuevo integrante de la tripulación, supuso. Mientras se presentaba, la nigromante se preguntó secretamente cuantos más “reclutas” se unirían a la aventura, justo a tiempo para ver a otra invitada, una elfa, cuyo primer comentario nada más ver la habitación fue negarse rotundamente a dormir allí. Es decir… que fuera un cuarto mixto no era ideal, pero tampoco sería TAN malo ¿cierto? Y finalmente el último, a juzgar por el número de camas, llego, otro hombre, un tal Strind. –Se jugar, pero no soy una fan.- Ninguno de sus compañeros aprecian piratas, aunque para ser justos, ella tampoco, especialmente con Kirara y Cotton

Y unos pocos minutos más tarde, el barco zarpo, como si tuvieran miedo que los recién reclutados se arrepintieran y se fueran. Katarina en particular se quedó en ese camerino compartido, haciéndose lo más pequeña posible con la esperanza de que se olvidaran de ella hasta llegar, pero para desgracia del grupo, tocaba trabajar. Ninguno de los aventureros participaría en el turno de noche, era demasiado arriesgado tener a un novato agitando una lámpara de aceite, haciendo una labor que conocía más bien poco en un barco que conocía aún menos, cuando la mayoría de sus tripulantes estarían durmiendo o borrachos.

Así que se les asignaron trabajos. Nada muy serio de momento, siempre había algo que limpiar, el cocinero siempre necesitaba un poco de ayuda alrededor de la hora de comer… Pero el par de elfas, con su famosa vista, tendrían la oportunidad de conocer a Jackelyn, una antropomorfa de ardilla, técnicamente un ratido al ser un roedor, pero demasiado adorable como para ser llamada como tal. La mujer tenía un suave y esponjoso pelaje marrón claro, pero con la parte delantera más clara, hasta llegar casi al blanco. Katarina estuvo distraída durante toda la explicación, resistiendo la tentación de abrazar esa cola de aspecto tan suave, pero el trabajo en si no era muy complicado. La parte más difícil era subir arriba, a la atalaya encima del mástil sin resbalar y partirte la crisma contra el suelo, cosa que a primeras lucia muy sencilla, hasta que tenías en cuenta el viento que hacía en alta más y el hecho de que ninguna de las dos elfas tenía garras para trepar directamente por la madera como la ardilla y tendría que usar los flechaste, esa especie de red de cuerdas rara. El resto del trabajo era simplemente quedarse allí arriba con un catalejo, sin dormirse ni congelarse y dar la voz de alarma si se veía un barco. Y hasta un mudo podía hacerlo, porque el trabajo traía campanilla incluida, para avisar en medio de una tormenta o algo así, supuso la elfa. O a lo mejor tenían un mudo con buena vista de verdad.

El demonio, por su parte, empezó su trabajo de carpintería, algo sencillo, para comprobar si efectivamente sabía lo que hacía. El barco había sido reparado del asalto que lo había retenido en el puerto, pero solo hasta el punto de volver a ser funcional, y aun había, aquí y allá, zonas donde una pared había simplemente volado en pedazos, cosa que le daba un aire muy moderno a la cocina, pero era completamente inadecuado para un camerino, la armería o el polvorín.

Y precisamente en la cocina estaba el ultimo integrante del grupo, Bennett, porque cierto, un alquimista tenía sus usos, pero más bien pocos en medio del mar, donde bien pedias incendiar el barco o volarlo por los aires según que prepararas. Y dado que al igual que la cocina, ambas profesiones se centraban en seguir recetas, había sido reclutado por el chef pirata, Traha’sh. A primera vista, era humano, pero solo si no te fijabas demasiado. Tenía un color de piel pálido, y un pelo negro flácido, pero ambos parecían estar empapados, como si sudara constantemente, dándole a su cuerpo cierto extraño brillo. Hasta ese punto podría haber pasado por un tipo algo rarito y sudoroso, pero no si veías su lengua. Una lengua larga, muy larga, que seguramente le llegaba sin problemas al ombligo y que colocaba al hombre como algún tipo de horigue anfibio con un excelente sentido del gusto y capaz de mantener la cocina libre de moscas sin sud… sin problemas.

Y las horas pasaron sin problemas una vez partieron, trabajando tranquilamente junto al vaivén de las olas, si podían retener la comida, al menos hasta bien entrada la tarde.

Una única persona levanto su vista de su trabajo, concretamente, la única que no tenía, porque pocas cosas podía hacer un ciego sin estorbar al resto de la tripulación. El moreno levantó la cabeza, llamando al capitán.

-¿Qué pasa, Shakala?-

-Se acerca una tormenta, una no natural.-

-¿Uno de los tuyos?-


-No…no estoy seguro, ninguno de los míos usaría una tormenta de manera tan….brusca. No voluntariamente…- ambos intercambiaron una mirada secretiva, como intercambiando el mismo pensamiento en silencio, antes de que el capitán volviera a hablar.

-Jodido Wallnack.- y entonces empezó a gritar ordenes, justo al mismo tiempo que desde la atalaya empezaban a verse las nubes de tormenta acercándose raudas desde babor. El barco empezó a girar para encararse a la tormenta. Luego las velas se replegaron, para evitar en la medida de lo posible que el barco volcara o virara, y unos pocos segundos después de que estuvieran listos, el viento huracanado los golpeó. El cielo se volvió negro, la lluvia los calo enteros y un golpe sacudió el barco.

Estaban siendo abordados. Como diablos un barco se las había arreglado para navegar por entre la marea y viento tormentoso, con las malditas velas plegadas igual que ellos era un misterio para otro día, puesto que la nave impacto contra ellos, rozando por estribor a la vez que barandillas y astillas saltaban por los aires y cuando los crujidos pararon, los piratas enemigos abordaron el barco. El barco media al menos un piso más que La Duquesa Voladora, por lo que en vez de usar los típicos ganchos, los enemigos simplemente…saltaron. Porque no se molestaron en siquiera disparar los cañones era un misterio para los aventureros, pero no para los más veteranos en el grupo. Al fin y al cabo, la tripulación de Wallnack estaba formada por esclavos. Podían verse marcas y tatuajes aquí y allá, que habrían identificado a los presentes como esclavos ante un ojo experto, pero iban armados, sin ningún collar o esposas, ni siquiera esos tatuajes mágicos para forzar obediencia que a veces se usaban para los esclavos más caros. Así que… ¿Por qué obedecían exactamente? ¿Por qué no se volvían contra su dueño en el clásico motín pirata? Puede que fuera por el mismo motivo por el que todos parecían tener la mirada algo perdida, y parecían reaccionar y coordinarse sin palabras.

Pero había una excepción, uno de los tripulantes del barco enemigo parecía diferente al resto, como si no trabajara al unísono con el resto de la tripulación. Bueno, tres, desde la perspectiva de los tripulantes de la Duquesa, puesto que no podían saber que se trataba en realidad de un brujo y sus dos familiares.

Las elfas, que a duras penas habían tenido tiempo de bajar antes de que el follón los golpeara de nuevo, casi pierden una oreja cada una cuando una flecha se clavó en el mástil del que acababan de bajar. La responsable parecía ser la única persona del otro barco con un arco, otra elfa, que sonreía de oreja a oreja mientras sacaba otra flecha de su carcaj. El pelo blanco como la nieve y la armadura de cuero, aparentemente hecha a medida a juzgar por cómo se ajustaba al cuerpo la hacia parecer una extraña mezcla entre las otras dos elfas a las que se enfrentaba, aunque al parecer eso no le impidió en lo más mínimo intentar ensartarlas con otro proyectil.

Bennett y Strin, en cambio no se enfrentaron a una amenaza tan bonita. Ambos habían estado dentro del barco, y en cuando llegaron a la puerta, obedeciendo la orden de adoptar posiciones de combate, dicha puerta fue arrancada de cuajo y arrojada, hasta aterrizar pesadamente en el otro barco, tirada como si nada. El causante era un gato. Concretamente, lo que parecía ser un antropomorfo de gato de dos metros, ancho como un armario, con cota de mallas y extremadamente musculado, que por algún motivo tenía cuatro brazos y muy, muy mala leche, a juzgar por como desenfundó sus espadas mientras se relamía los bigotes. O hambre, aunque para un Rakshasa, era difícil apreciar la diferencia entre ambos la mayoría de las veces.

Mientras tanto, el propietario de ese par de seres parecía contentarse con relajarse en la nave enemiga, contemplando la escena con calma, prácticamente al lado de la puerta que había salido volando por los aires.
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Mensaje por Bennett el Sáb Feb 09, 2019 4:26 am

Un tranquilo "Hey" fue toda la respuesta que recibió de vuelta, por lo corto supuso que la elfa no estaría allí para hablar. Samael subió los hombros para sí mismo, pensando que en realidad no sería la mejor de las ideas charlar con alguien de la raza élfica mientras le dolía la cabeza.

No se acomodo demasiado en la cama antes de que la puerta del lugar se abriera de nuevo, una elfa más que al ver el lugar peló los ojos. Samael se llevo las manos a la cara, pensando que tendría algo extraño en ella, pero nada. Por su comentario, a la mujer simplemente no le apetecía dormir en ese lugar, y también parecía que no era una elfa muy elfa, al menos respecto a su lenguaje. Era un buen comienzo.

Poco después de esa segunda elfa llego un hombre, y llego hablando más de lo que hubiésemos hablado cualquiera de los que llegamos allí antes. Strind, Strindgård; Samael solo pudo pensar que tal vez era más correcto decir "Me llamo Strindgård, pero me pueden llamar Strind", Strind era más corto, ¿no?
Y ahí estaba, pensando estupideces de nuevo, agitó su cabeza y se dispuso a hablar con el hombre, concluyendo que si no era un elfo, era definitivamente más agradable que uno.

Hola, Stririn...Strindgåard —pronunció a duras penas, confundido por el nombre—, soy Samael... —alzó una mano, saludando de forma algo extraña mientras lo veía de pies a cabeza, no parecía descaradamente malvado, y en esos instantes cada pequeño pensamiento parecía ser lo que tenían los enanos en la cabeza para crear armas de fuego—. He visto algunas personas jugarlo, pero nunca terminé de entender cómo va.

Estando algo noqueado por las bebidas puso su mochila atrás y se acostó en la cama, aplastando la mochila con la cabeza, poniéndose a lanzar arriba y abajo una de sus dagas atrapándola siempre del mango. Por supuesto, el barco zarpó pronto, y el repentino movimiento casi lo hace cortarse un jodido dedo cuando la daga venía de vuelta; por suerte solo fue una pequeña roce en la piel. Volteó los ojos mientras tomaba la daga del suelo, imaginando que se debió ver increíblemente estúpido y agradeció que la menos la elfa que había llegado después de él no estaba en el cuarto para ver eso.

Poco después de zarpar llego un grumete buscándolo a él, y por el delantal sucio Samael ya sabía a dónde lo iban a mandar. Se puso de pie tomando todas sus cosas - una señal de desconfianza a sus compañeros - y salió del cuarto, siguiéndolo hasta la cocina; se veía espaciosa, hasta que el muchacho le comentó casualmente en los lugares que solía haber paredes. Por supuesto.

En la cocina no había demasiada gente ayudando, solo un par más, lo que hacía cuatro con él y el joven que fue a buscarlo. Como en todos los lugares fue fácil para Bennett discernir quién era el cocinero principal: al que se le viera más barriga; un hombre de piel pálida y pelo negro flácido, lucía algo... brillante, pero sobretodo mojado, como si estuviese secándose de un chapuzón. Bennett subió los hombros, pensando que solo sería su cabeza jodiendolo todavía, hasta que el tipo abrió la boca y su lengua se disparó como una bala al frente, pegándose a al extremo de un cucharón de madera y jalándolo de vuelta a él, tomándolo hábilmente con su mano justo antes de que entrará a su boca.

Err... —fue lo mejor que pudo escapar de sus labios, llamando la atención de susodicho cocinero.
Ah —volteó con la lengua colgando, recogiéndola tras ver bien a Bennett—, ¿eres tú uno de los nuevos?
Samael asintió con la cabeza, algo dudoso de acercarse a él por lo que acababa de ver. Lamentablemente a Traha'sh o no era muy bueno con las expresiones faciales o le daba absolutamente igual, acercándose hacia él y poniéndole uno de sus sudorosos brazos en los hombros, llevándolo hacia adelante mientras Bennett se estremecía un poco del asco.
Pues bienvenido a la Duquesa Voladora, soy Traha'sh, aunque me llaman más por mi apodo —miro a Bennett con una expresión orgullosa—, Lengua Larga.
Bennett miraba las ropas de Lengua Larga, una camisa simple de botones con un delantal encima, aunque el suyo estaba sospechosamente limpio, tal vez demasiado, era el delantal más limpio que jamás le había visto a un cocinero - o de hecho a cualquiera. Sus pantalones no parecían de ninguna tela especial, y sus botas eran anchas, por comodidad supusó, al subir la mirada y encontrar la sonrisa orgullosa, sonrió de vuelta.
¿Y tú, chico, cómo te llamas? siempre es agradable tener más ayuda en la cocina —lo apretó un poco más pegándolo al resto de su sudoroso cuerpo, Bennett notó las sonrisas de los otros ayudantes, o todos habían pasado por eso, o simplemente encontraban la situación digna de burla.
Samael.
Sam entonces —fue rápido para cortar su nombre—. Vamos, escupe más, nosotros los cocineros tenemos que hablar para pasar el rato, sino te vas a aburrir muy, muy pronto. ¿No es cierto, muchachos? —preguntó a sus ayudantes, uno de ellos estaba recostado de una pared con los brazos cruzados y asintió, mientras el otro afilaba un cuchillo.
Vengo de Sülh Dunes —dijo bajando la cabeza para soltarse del brazo de Traha'sh—, y... —pausó un momento, pensando que les sería de poco interés que armas sabía usar o que se la había pasado metido en una jungla casi un año—. Soy alquimista, un poco...
Traha'sh se cruzó de brazos escuchándolo, sintiendo su propio sudor y dándose cuenta del porque posiblemente Bennett se habría soltado de su agarre.
¡Ah! ¡alquimista! —subió una mano—. Eso es bueno, sí, puedo ver porque te mandaron para acá... y lo siento, ja, se me olvida esto —dijo sacando la lengua y dejándola llegar un poco más abajo de su barbilla para señalar que a veces olvidaba sus diferencias con los humanos, entre ellas, el sudor.
Está bien.
¿Y tienes experiencia cocinando?
Bueno... sé despellejar animales y limpiarlos... y luego los meto al fuego.
El ayudante que estaba recostado de la pared dejo escapar una corta risa, mientras que el que estaba afilando el cuchillo si se rió en voz alta sin ninguna pena, Traha'sh solo negó con la cabeza suavemente.
No demasiado entonces, bueno, vamos a arreglar eso, la diferencia entre la alquimia y la cocina son solo los ingredientes, hijo —lo apuntó con el cucharón—. Este muchacho aquí, Joe, tampoco sabía cocinar —dijo apuntando con su lengua al joven que había traído a Samael.
Eh, yo sabía más que despellejar animales —se defendió mirando a Traha'sh mientras cargaba un balde lleno de pescados.
¡Pero no sabías diferenciar entre un arándano rubí y un arándano rojo! —lo apuntó con el cucharón.
¡Son del mismo puto color! ¡y tienen la misma forma y tamaño! ¡Nadie los diferencia!
Yo lo hago.
Tu tienes esa jodida lengua con ese maldito gusto, es trampa.

Mientras Joe y Traha'sh tenían su corta pelea, una mosca logró colarse dentro de la cocina, atraída por el dulce olor del pescado. Cuando estaba a punto de pararse en uno de ellos, la lengua de Traha'sh se disparó de nuevo agarrándola y llevándola a su boca para comérsela, masticándola desafiantemente observando a Joe. Con un par de golpes del cucharón a una vajilla de vidrio los otros dos ayudantes se movieron de su lugar casi automáticamente como si estuviesen programados para ello, y es posible que lo estuviesen. A Samael no le toco nada demasiado difícil, su tarea podía resumirse en su orden: "ponte a cortar pescados".

A la primera hora Samael terminó por vomitar, gracias al movimiento y el alcohol, cosa que les explicó a los demás en la cocina después de que casi hubiese vomitado los pescados. Le tocó limpiar el suelo, claro, y volver a su tarea. Krulls bien gastados.
Con el paso de más horas, sin embargo, Traha'sh se propuso a intentar enseñarle como diferenciar un arándano rubí de un arándano rojo y después como mezclar especias para hacer aliños; no estaba entendiendo demasiado, pero igual todo estaba siendo mucho más agradable de lo que se esperaba.

Y eso significaba que las cosas se tenían que ir a la mierda. Aunque débiles, se pudieron escuchar algunos gritos del capitán y poco después de ellos el lugar se sacudió, haciéndolo caer al suelo, se puso de pie rápidamente mientras Joe y los otros dos salían corriendo gritándose "¡busca tus armas!" entre sí.
Con eso, no le tomó demasiado a Bennett comprender que estaba pasando, por suerte el tenía sus armas encima, así que solo tiro su mochila más atrás esperando que nada le sucediera allí a sus pertenencias y salió corriendo, quitándole el delantal que le habían prestado, sacando una daga y empuñando su látigo.

En su camino a la puerta se cruzó con Strind, pero por la situación no le dijo nada, intercambiando a lo mucho una mirada que se ve en muchos rostros cuando toca pelear, ese tipo de mirada que dice "apóyame".

Entonces llegaron a la puerta, o casi, porque cuando estuvieron a punto algo la arrancó y simplemente la lanzó, escuchándose claramente un sonido feo que debió ser la puerta volviéndose añicos. ¿La causa? un puto gato de 2 metros. Al principio esto fue lo que más le causó preocupación a Bennett; el tamaño, miro a Strind, que ya era más alto que él, y luego miro al gato, que era más alto que Strind.

Luego, en cuanto el gatito desenfundó sus espadas fue que Bennett notó el verdadero problema: tenía cuatro putos brazos. Eso y que la ausencia de un tierno maullido, en vez de eso reemplazado por un "grrrr" daba la clara señal de que alguien no le había cambiado su caja de arena hoy y estaba de mal humor.
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Mensaje por Boxy el Dom Feb 10, 2019 11:26 pm

-Sigo sin estar seguro de que esa sea la mejor opción.- dijo Boxy, mirando a la lejanía, hacia donde su interlocutor aseguraba que había un barco, aunque aún no podía verlo.

-Cuantos más esclavos recojamos, más posibilidades tendremos contra la tripulación que falta. Confía en mí, se lo que me hago, y no te culpare si fallamos porque nos entretuvimos aquí.- “Confiar”, una palabra que ambos usaban porque formaba parte del lenguaje cotidiano, pero que ninguno de los sentía de verdad. Al fin y al cabo, no podía haber confianza entre monstruos, solo necesidad y entendimiento. Un frágil equilibrio en el que ambos necesitaban algo del otro, y traicionarse era simplemente demasiado arriesgado.

-Pero cuanta más gente recojamos… ¿no empeorara tu control?-

-Sí, pero no de manera tan sustancial como pareces creer, lo peor es la distancia. Y para eso estas tú…-
había una mentira allí, estaba seguro, no porque la hubiera oído, sino por cómo eran ambos como personas…monstruos. No revelaba sus cartas, por si acaso. Comprensible, casi respetable, si esa mentira no jugara en su contra.

-¿Pretendes que te ayude otra vez?-

-Tu colaboración será apreciada. Y necesaria si pretendes conseguir botín del barco.-
Boxy afirmó con la cabeza, lentamente, sin dejar entrever las ganas que tenia de hacerse con algo brillante. No, su colaboración seria simplemente para ayudar a su socio, en aras de la rapidez, fluidez y conseguir el objetivo en general. Y sin más preámbulos, uno de los hombres en el barco empezó a sufrir espasmos, tiñendo el cielo de negro que habría jurado, no estaban allí hace un momento. El Doppelgänger miró al conjurador, lo miró bien, y aun sin tener ni idea de las técnicas subyacentes de la magia, supo que estaba derrochando poder. Su socio estaba canalizando la esencia del sujeto, pero no bastaba, así que tenía que aportar de la suya, vertiendo poder donde claramente carecía de habilidad. ¿Era una incapacidad de usar una magia desconocida, o se aplicaba a cualquier magia y función superior? En cualquier caso, había pocas dudas ahora, con el par picado, las nubes negras en el cielo y el viento huracanado, de que ese hombre en concreto era algún tipo de manipulador de tormentas. Y tormentas significaban electricidad. Y electricidad significaba que ese tipo tenía que morir.

No por su mano, por supuesto, él era un cofre de honor… Casi se atragantó con su propia risa. No, tenía que matarlo sin revelarse, o aún mejor, que alguien lo matara por él. El brujo lanzó un grito, a duras penas oído por encima del viento huracanado, pero lo suficiente como para que sus familiares acudieran a su lado. Ambos lucían miserables. Snack no tenía a nadie al que seducir y por lo tanto alimentarse, así que ahora tenía la forma de una elfa de cara triste, haciéndole pucheros. Garras, en cambio, no tenía nada que destrozar, y su energía estaba empezando a acumularse, saltando inquieto de un lado a otro, para la irritación de Boxy.

-Snack, coge el arco y dispárale a la gente.-

-¿Puedo entretenerme con quien quiera maestro?-
sabía lo que quería decir esa pregunta en realidad.

-Solo cuando hayamos acabado y si nuestro anfitrión no los coge primero. Pero si, puedes apuntar a quien quieras…del bando enemigo.-
creía que Snack apreciaba demasiado sus “recompensas” como para usar el vacío en sus órdenes para el fuego amigo, pero no seguiría vivo si no fuese meticuloso.

-Garras, tú también vas a ir al barco, te encargaras de los de dentro.- y luego añadió otra orden, muy, muy bajo, para que su socio no se enterara…con suerte. El Rakshasa sonrió, dio una doble palmada con sus dobles brazos y se preparó para saltar al otro barco en cuando fuera demoniacamente posible. Y luego entró dentro del barco.

-¿No vas a participar en persona?- Le siguió la voz del otro monstruo.

-No soy tan impresionante en combate como pareces creer, además, necesito algo antes. ¿Dónde diablos guardas la cuerda?-

-Segunda puerta a la derecha. ¿Para que la quieres? Me basto para retenerlos sin necesidad de cuerdas…-


-Veras… no sé nadar.- mintió Boxy, mientras recogía suficiente cuerda como para atar un dragón. ¿Se lo creyó? Seguramente no. ¿Le importaba? En absoluto. Una caja necesitaba planes para seguir viva, y escucho con un golpe sordo como el primer ingrediente del plan de huida A aterrizaba en la cubierta, mientras el sujetaba el segundo ingrediente.
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Mensaje por Strindgaard el Jue Feb 21, 2019 6:15 am

Apoyado, ahí en el marco de la puerta del camarote, les eché un ojo a mis nuevos compañeros: se trataba de los últimos tres tripulantes en llegar. Al parecer el capitán del Duquesa nos había dado un trato especial dejándonos en un sitio aparte del resto de la tripulación. Quizá porque desconfiaba de nosotros, o bien de los demás. Asumí que era su manera de integración, poco a poco. Luego agarraría confianza con el resto.
Un gusto Sam. ¿No te molesta que te diga Sam? Vamos a pasar un tiempo flotando en la espalda del mar, si te interesa te puedo enseñar lo necesario para que no nos matemos de aburrimiento.
»Eso también es una invitación para ustedes, mis estimadas longevas —Miré a las elfas—. Bal'a dash, malanore. —Mi élfico estaba algo oxidado, pero acompasé mis palabras con un cordial movimiento de cabeza a modo de saludo para que se entendiera mejor.
Después de preguntar por el juego de cartas obtuve una positiva respuesta por parte de una de las elfas, la menos pálida de ellas. Me agrada el póker, es de ese tipo de juegos que me permite entender a la gente de forma más fácil que entrar en sus mentes.
Será un gusto echar un par de manos con Jhonson y los demás. —Le di una cabezada a modo de saludo a la que se había introducido como Balka—. Mira, pensaba decirte Bal, ¿no suena para nada estúpido, no crees? En todo caso, aprecio mis pulmones, así que si no quieres simplemente te llamo B.
Después de que la elfa se fue, y al ver que mis demás compañeros se envolverían en sí mismos tratando de pasar desapercibidos, chasqueé la lengua y dejé mi morral sobre una de las camas de arriba que no estaba ocupada.
Me pido esta.

Como no sucedía mucho en el camarote decidí subir a cubierta, para darme de cara justo con los preparativos para zarpar. Era revitalizante estar de nuevo en un barco, oír el fragor de las órdenes gritadas, las pisadas de pies desnudos como redobles de tambores sobre cubierta, los zumbidos de las sogas, los crujidos de la madera, los chirridos del andamiaje. Miré por sobre mi cabeza para admirar la complicada telaraña de tela, sogas y mástiles que iban formando patrones en mi cabeza.
Dejamos el puerto atrás al poco tiempo, el Duquesa se había inclinado ligeramente a babor. Había buen viento, helado como pocos, pero no importaba, había una gran sonrisa en mi rostro. Dejé las botas al costado de la escalera de cámara por la que había llegado y caminé por la cubierta, acostumbrándome nuevamente al vaivén del barco. Me moví sin estorbar a los demás, recorriendo el lugar para entender cómo funcionaba. Finalmente me apoyé en una colisa en la popa y me quedé allí, bebiendo de mi petaca y sintiendo el viento del norte, viendo como las dos elfas del camarote eran subidas a cubierta para elevarlas hasta la punta del palo mayor. Me impresionó ver como la esponjosa ardilla escalaba sin problema hasta la torre del vigía y esperaba con paciencia a las dos pálidas mientras éstas subían con mucha menos gracia por las redes hasta el canasto. Estaba distraído en ello cuando me llamaron para trabajar.

Trabajo, trabajo. —Luego de revelarles que no contaba con herramientas de trabajo, el encargado me envió junto con cinco hombres a traer madera, clavos y otros insumos para reparar algunas paredes del interior del barco—. Muy bien. Que no se diga que Strindgaard no hizo su parte en el Duquesa.
¿Te llamas String-qué? —Preguntó uno de los dos críos que bajaba a mi lado.
S-t-r-i-n-d. Gaard.
¿Qué clase de nombre es ese? —Quiso saber el otro.
De la clase que se usa para nombrar personas.
Yo soy Brick, y este es Sam.
La vida es muy corta para tener esos nombres aparatosos. Te llamaré Gaard.
Preferiría Strind.
Muy bien Gaard. Yo llevaré los clavos.
Yo la caja de herramientas.
En alguna especie de iniciación, los condenados grumetes me dejaron los maderos más pesados para que los subiera desde la cámara del cargamento. Supongo que de alguna manera tendría que ganarme su respeto. Luego de un rato, al regresar, más de uno quedó impresionado cuando aparecí con ellos, claro, con algo de ayuda de mi Equipaje.
¿Qué diantres es esa cosa? —Aunque Equipaje había escondido la lengua y los dientes para parecer inofensivo, sus decenas de patitas eran imposibles de ocultar, y causaban una que otra impresión en quienes poco o nunca habían visto algo de magia.
Se llaman cofres, baúles o arcones. Dependiendo del origen de quien pregunte.
Es un demonio —Dijo Brick a los demás.
Enarqué una ceja. Me pareció que lo decía de manera reflexiva más que acusatoria.
Yo diría más bien ocultista, o consultor de artes oscuras.
Estos muchachos le llaman demonio a cualquier mago que pueda sacar una paloma del sombrero. —El albañil a cargo del barco estaba de brazos cruzados mirando con cara de pocos amigos la aparición de mi compañero.
Ah, bueno. Yo no soy muy versado en espaciomancia. La verdad es que se me dan mejor otras cosas.
¿Tú lo construiste? —Preguntó interesado uno de los grumetes.
Más bien lo conseguí. Es un recuerdo de uno de mis tantos viajes.
¿De dónde?
Me pareció atraer toda la atención del grupo.
Uhm. Bueno, era una isla que ni siquiera tiene nombre. Tampoco está en los mapas. —Era mala idea decir que lo había sacado del Foso Negro. Definitivamente una mala idea.
¿De qué está hecha?
¿Y todos esos pies?
¿Me la regalas?
¿Tiene vida propia?
De pronto un sonido sordo calló a todos. El maestro albañil dejó caer la caja de herramientas en el suelo, luego la abrió y me lanzó un martillo.
Muy bien, nuevo, veamos qué puedes hacer.
El grupo regresó al trabajo tan rápido que me vi de pronto solo en medio de un montón de gente que trabajaba clavando, midiendo y martilleando.
Mi Equipaje dejó los tablones en el suelo, cerró la tapa y se quedó junto a la puerta mientras yo comenzaba a juntar maderos. Hice algo sencillo para comenzar, juntar un par de tablas. Trabajé con el cincel y el martillo para darle ángulo a un par de tablas y armé la silla más recta de todo el condenado barco. Luego de eso se me permitió ayudar a sellar los boquetes en las paredes.
Trabajé lo suficiente para beber y conversar distraídamente a espaldas del capataz. La tarde pasó sin contratiempos, excepto que el barco se comenzó a tambalear más de lo normal. Nos había atrapado una tormenta, pero nada de qué preocuparse.
Brick está seguro de que tu arcón está hecho de cedro, pero es abeto. ¿No es así?
Es cosa de mirar el veteado, eso no es pino ni abeto. Es cedro.
Es una madera mucho más escasa que esa.
¿Cuál? ¿viraró? ¿lapachillo? ¿anchico? No puede ser caoba.
Definitivamente no es caoba.
Aquellos dos grumetes realmente me querían impresionar con sus nombres de árboles raros. Les iba a responder que se trataba de madera de peral sabio, pero aquello sería como venir a decirles que estaba hecho de oro y terminaría con una sonrisa en el cuello para el día siguiente, así que callé por algunos minutos, mientras ellos seguían debatiendo hasta que de pronto sonó una campana.
El capataz se puso de pie rápidamente y los demás le imitaron.
¿Qué sucede?
La campana daba una tonada briosa que parecía indicar algo.
Es la alarma.
¡A las armas!

El grupo de trabajo se dispersó de golpe, yo tardé un poco más. Llamé a mi Equipaje, lo escondí usando Unión y subí mientras iba pensando en qué daga desenfundar.
Me hallé con Sam en las escaleras.
Vaya manera de terminar el primer día. —Le dije con una sonrisa, él me observó bastante serio, así que le seguí el juego y me dejé de bromas.
Subimos y antes de llegar a la puerta, oí perfectamente el sonido de metal chirriante para luego ver como los goznes de la puerta de la cubierta eran arrancados de cuajo de sus lugares. Una lluvia torrencial entró por el boquete, y un paso más allá, sujetando la madera, una figura del tamaño de una mole lanzó la puerta tan lejos y alto que me hizo recordar una catapulta.

Me quedé ahí de pie sin saber muy bien qué hacer. La mole bajo la lluvia de la tarde fue revelándose como un felino bastante pasado de esteroides, con su pelaje pegado a la piel era casi cómico, de no ser por su tamaño y el armamento que cargaba. Dio un par de pasos hacia atrás para dejarnos salir. Al parecer era del tipo que le gustaba jugar con la comida.
Di un par de pasos hasta salir a cubierta. Me hubiera sido bastante fácil huir de la situación, volando o huyendo al cuerpo de Kullervo. El desaparecer estaba descartado por la lluvia. Pero no hice nada de eso, pues ahora era parte de una tripulación, y el compañerismo era sagrado.
Bien Sam. Somos dos contra uno. Está en clara desventaja. Venga, lo distraeré y cuando veas un flanco descubierto haz tu parte.
A mi alrededor el barco se había transformado rápidamente en un campo de batalla, con una montonera de tipos que no eran de nosotros y un barco que había conseguido llegar hasta nuestro costado sin problema.
Maldije a las vigías por lo bajo, y luego de lanzar un grito de guerra, me lancé por el flanco derecho del felino mientras esgrimía mi hechizo de Laberinto Mental para mantener distraído al gatito, de resultar, esperaba que Sam encontrara la oportunidad para que los dos le hiciéramos algunos agujeros al Rakshasa allí donde la cota de malla no llegaba.


Última edición por Strindgaard el Miér Feb 27, 2019 10:15 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Balka el Miér Feb 27, 2019 8:20 pm

  Contempló el miserable espacio ante ella en el que el capitán pretendía que durmiese, sin poder contener un escalofrío. Comenzaba a sentir una picazón imaginaria en la piel. Había un humano sentado en una de las camas, y una elfa tumbada en otra. Ninguno de los dos parecía especialmente animado. Qué alegría de pandilla, yuhu.

  Alguien llegó tras la elfa al camarote, y se presentó como un tal Estringar. Balka estrechó los ojos tratando sin resultado de buscar en su memoria. ¿De qué rayos le sonaba el nombre? Se encogió de hombros para sí restándole importancia, pero sonrió ladina cuando mencionó la partida de póker. Puede que la alegría acabara de llegar.

  -Los muchachos tienen en marcha una partida para esta noche. Quizá te quieras unir, Jhonson es el que lo lleva todo. -comentó, gesticulando en el aire para imitar la envergadura de armario y barril del negro marinero. Luego volvió a mirar hacia la habitación.- Me llamo Balka, para el que le interese. Para el que no, como me llame algún diminutivo estúpido le meto una daga en un pulmón. -dijo amigablemente ensanchando la sonrisa.

  Ensanchó aún más la sonrisa cuando escuchó lo que dijo el hombre que había llegado tras ella, sin decir nada. Demasiados dientes en un gesto muy poco tranquilizador.

  Acto seguido se dio la vuelta y le faltó correr para salir de las entrañas del barco. Respiró hondamente en cuanto tuvo de nuevo el cielo sobre su cabeza, preguntándose por qué cojones la gente se empeñaba en crear espacios tan pequeños. Voluntariamente. Escapaba a su comprensión, pero tampoco es como si quisiera saber los motivos masoquistas de algunos. Le bastaba con no cruzarse con ellos.

  En cubierta los marineros hormigueaban de un lado para otro cumpliendo con sus deberes, gritado, arrastrando, elevando, empujando y gruñendo como una acompasada manada de rumiantes. La elfa los esquivó con gracia y se dirigió hacia el mascarón de proa, donde, si sus cálculos no la traicionaban, siempre solía haber un pequeño espacio libre para almacenaje, y unas excelentes vistas a... bueno, a la monótona infinidad del cielo y el mar. La única pega era que al ser la punta del barco el balancero era más acusado, pero a ella siempre le gustó la sensación del movimiento. A tres pasos de saborear unas cuantas horas de holgazanería hasta la cena, una mano la agarró del brazo y a punto estuvo de degollar a un grumete, que a punto estuvo de tirarla por la borda. El capitán acababa de darle una tarea, hora de trabajar.

  Por qué Bella Margaret necesitaba tres vigías, era algo que a Balka se le escapaba. Y por mucho que contemplara el palo mayor con la cabeza totalmente hacia atrás no iba a encontrar una respuesta. La elfa a su lado no paraba de mirar a Jackelyn, la vigía oficial del navío, con una expresión rara en los ojos. Volvió a dirigir la vista hacia arriba y suspiró sonora, larga y terriblemente.

  -No, en serio, por qué tenemos que subir ahí.

  -Órdenes del capitán. -la antropomorfo se encogió de hombros. Sus ojillos oscuros los miraban como... bueno, como si fuesen una nuez que cascar.

  -¿Dos elfos y una ardilla con catalejo? Es redundante cuanto menos. Absurdo. No tiene sentido que...

  -El que no trabaja no come. -sonrió la mujer, no sin cierta socarronería.

  -Entonces...

  -Apoyas ahí el pie, te impulsas, subes, trepas por la red, cuidado de no enredarte o quedarás colgando como un salmonete, entonces giras y te apoyas en el palo y verás que allí hay unas muescas, trepas, vuelves a la red cuando se acaben y cuidado con romperte algo, y entonces apoyas allí el pie, agarras el cabo, te agarras allá, saltas, te impulsas un poco y arriba que estás. Sencillo sencillo.

  -Sencillísimo. -murmuró Balka, parpadeando varias veces. El capitán debía tener un concepto erróneo de los elfos si los creía arañas, lo mismo había que sacarle de su error o algo. Con una patada en algún sitio.

  Jackelyn subió primero, haciendo trampa, por supuesto. Sin agarrarse a red alguna y a base de garras se impulsó palo arriba como toda buena ardilla, y la mujer de los ojos moteados se acordó de la abuela del barbudo patapalo, de su tatarabuela, y de la tataratatarabuela del loro también por si acaso. No precisamente en buenos términos.

  Subir fue todo un espectáculo pero Balka estaba en forma, y aunque no era la mejor trepadora había tenido que encaramarse a sitios demasiado variados como para no pillarle el truco pronto. Con un poco de práctica hasta lo haría con gracia, pensó. Arriba del todo soplaba el aire con cierta fuerza, lo cual era genial para las velas e incómodo para su oído. Se encontraban en una especie de cesta circular de madera en la que apenas si cabían las tres con decencia, justo sobre sus cabezas ondeando la bandera de Bella Margaret. Del cuello de la antropomorfo colgaba un brillante viejo catalejo que no dudaba en usar aleatoriamente, según las apreciaciones de la elfa. Volvió a soltar un suspiro.

  -¿Tienes algún rollo con las colas o algo así? -comentó a su congénere, media sonrisa  cargada de intención colgándole de los labios al ver que no le quitaba ojo a la mujer ardilla. Recostada contra el palo mayor trató de no alarmarse ante el balanceo, mucho más notable aquí.

  La elfa le enseñó un dedo de manera muy poco decorosa, frunciendo el ceño encantadoramente. La mujer rió con ganas y la dejó en paz por un rato. Allí arriba no había mucho que hacer. En realidad, no había nada que hacer de lo que la ardilla no pudiese encargarse sola. Pero ahí estaban las tres mujeres, dos de ellas tratando de encontrar algo sustancial con lo que entretener la mirada, el aburrimiento estampado en toda la cara, mientras la tercera iba y venía por el palo y las jarcias y toda la parafernalia maderística que tienen los barcos, ignorándolas porque al parecer vigilar la tranquila línea del horizonte era más interesante que una conversación.

  Se asomó por el borde de la canasta aquella observando la actividad del barco desde una nueva perspectiva. Distinguía con facilidad todo lo que ocurría, sus ojos agudos distrayéndose entre esto y aquello. Vio a Estringar pasearse de un lado a otro con unas tablas y... una cosa cuadrada que le seguía como un perro. ¿Qué sería aquello? Se volvió hacia la otra elfa.

  -Así que... ¿por qué te has embarcado exactamente? -preguntó. No es que le importase, pero tampoco es como si tuviese nada más que hacer. Socializar le pareció una buena idea.

  -Explorar...vivir aventuras... y saquear el tesoro de un antiguo nigromante es una idea especialmente atractiva...

  -Básicamente como todos a bordo. Pero algo debes de tener bajo la manga si el capitán te ha aceptado a bordo. -guiñó un ojo, sonriendo ladina. A veces sondear no daba resultados.

  -También soy bardo, los bardos vamos a cualquier sitio por simple curiosidad. Y...- Los bonitos ojos violeta de la mujer brillaron con una sonrisa al fondo antes de que una sombra saliera disparada de su pecho, sorprendiendo a la mujer rubia muy a su pesar.- También por esto.

  -Maldita sea, avísame la próxima vez que vayas a hacer eso. -dijo parpadeando varias veces. La sombra, que en realidad era un gato de mirada ambarina, se disipó tan pronto como había aparecido. ¿Acaso era una invocadora? Interesante.- Un bardo, hmm. ¿Tienes por ahí alguna canción bonita?

  La elfa de pelo blanco pensó durante un rato, tanto, que Balka creyó que simplemente la estaba ignorando. Sin embargo comenzó a entonar una suave melodía, tarareando primero, hasta que encontró el tempo que deseaba y comenzó a cantar:

"  ગિલ-ગલાથ એલ્વેન-રાજા હતા.
તેનામાં હાર્પર્સ દુ: ખી ગાય છે;
છેલ્લા જેનું રાજ્ય વાજબી અને મુક્ત હતું
પર્વતો અને સમુદ્ર વચ્ચે.
તેમની તલવાર લાંબી હતી, તેમનો ચહેરો આતુર હતો.
તેના ચમકતા હલ દૂર જોવામાં આવ્યા હતા;
સ્વર્ગના ક્ષેત્રના અસંખ્ય તારાઓ
તેના ચાંદીના ઢાલમાં પ્રતિબિંબિત થયા હતા.
પરંતુ લાંબા સમય પહેલા તે દૂર જતો હતો,
અને તે જ્યાં રહે છે ત્યાં કોઈ પણ કહી શકશે નહીં;
 અંધકારમાં તેના તારો પડી ગયો
સોથ શોગુગૉવરમાં શેડોઝ છે. "


  Que un rayo partiera a Balka si comprendía algo, pero el sentimiento bajo la hermosa lengua era palpable, triste y solitario, lleno de añoranza. Elegante, como casi todo lo que hacían los elfos. Apenas si comprendió un puñado de palabras juntas; daba igual. Le gustó su tono limpio y grave, decidiendo en ese momento que la haría cantar otra vez, o cuantas veces le fueran posibles a lo largo del viaje sin temer que le estamparan el laúd en la cabeza. Los pequeños placeres de la vida eran cosas como aquella.

  -Vaya. Realmente precioso. -comentó Balka por lo bajo, guardando unos segundos de silencio.- Pero deprimente y nada adecuado para empezar una aventura. Oye Jack, ¿qué pasa con este capitán vuestro? ¿De dónde sale la pata de palo y el sombrero y el loro? Eso es mantener vivo el estereotipo, sí señor. -dijo alzando la voz para captar la atención de la otra mujer. En un parpadeo la emoción se desvaneció del rostro de la mujer para dar paso a una sonrisa socarrona. Sí, nunca aprendió a tener tacto.

  Jackelyn, que se había acercado a escuchar la canción, saltó de nuevo a la acción recorriendo el horizonte con el nerviosismo particular inherente a los roedores en misión. Sonrió de vuelta y, mirando a un lado y a otro, como si alguien pudiese echar a volar de repente y espiar su conversación, se inclinó en su dirección con cara de consìración.

  -No sé mucho sobre el loro, estaba antes que yo; pregúntale al propio capitán, le encanta contar cómo lo rescató de un templo. Pero lo de la pierna sí que lo vi. ¡Un enorme tiburón fantasma se la arrancó de un mordisco! Lo juro, aquella bestia infernal ocupaba la mitad del barco, nos estuvo acosando tres días enteros. La culpa toda fue de Janis, él lo arponeó primero. -negó con la cabeza.- Uno no arponea cosas más grandes que el propio barco, es de sentido común. ¡Pero acabamos con el bicho, sí señor! Casi nos dio medio año de paga. Buenos tiempos.

  -Y lo del... -se señaló la cabeza.

  -Oh, eso es por el show nada más.

  Balka rió, dejándola marchar a ocuparse de... mirar la nada. Se dedicó mientras tanto a revisar sus pertenencias, porque no pensaba cumplir con su tarea en lo más mínimo. Había subido con todo lo que cargaba, es decir, con su bolsa y arco y carcaj. Todo lo que necesitaba lo llevaba siempre encima, como sus armas, o en los compartimentos del cinturón: así se aseguraba el no perder nada de valor por algo tan estúpido como un olvido (y algo menos estúpido como tener que salir corriendo). Las cosas menos importantes las ponía siempre en el bolso, y procuraba no cargar nada que no pudiese meter en un lugar o en otro. De ese modo se aseguraba una movilidad y rapidez decentes en cualquier situación que lo necesitara.

  Pinchó con un dedo a Nickel, dentro de la bolsa; el animal se removió sin despertar. Le quedaba poco de siesta, pero la elfa tenía ganas de que lo hiciera ya. Quería ver cómo reaccionaba a despertarse en mitad del mar, siendo como era que se durmió tres días atrás en un lupanar, en tierra firme.

  Entonces Jack regresó a toda prisa al pequeño canasto en el que estaban las elfas, corriendo sobre los palos de las velas como quien camina por suelo firme, catalejo en mano señalando el horizonte con agitación. En ese preciso momento los gritos del capitán llegaron hasta ellas, veinte metros más abajo.

  Las mujeres asomaron sus puntiagudas orejas y divisaron, a babor, lo que parecía una espontánea tormenta con sus rayos y truenos y copiosa lluvia. Eso no estaba ahí hacía dos minutos. La rubia frunció el ceño porque aquello tenía pinta de ser magia. Abajo marineros y capitán comenzaron a prepararse para el ataque inminente.

  Balka y Katarina decidieron al unísono que sería mejor recibir el bofetón de aquello en cubierta antes que encaramadas al palo del gallinero. Al menos eso era lo que pensaba Balka, que apenas puso los pies sobre las tablas, tambaleándose por los virajes y bamboleos y de repente calada hasta los huesos, evitó una flecha por pura y mera suerte.

  El proyectil impactó sonoro contra el palo mayor, hundiéndose sólo hasta la mitad de la punta a la altura de sus ojos. Lo contempló durante medio segundo antes de dirigirle al atacante una mirada totalmente ultrajada. ¿Qué mierda de tiro era aquel que ni siquiera se hundía hasta el final de la hoja? Tras el arco agresor encontró a otra elfa. De pelo blanco. ¿Era una moda ahora? Qué rayos, ¿alguien había organizado una reunión de hermanas de la raza sin que le dijeran nada? Y para más inri esa maldita les había disparado una flecha sin darle tiempo a Balka a cagarla ella sola, lo cual era nuevo.

  Pensando a toda velocidad la elfa sopesó sus opciones. Podía usar el arco y atravesarla de lado a lado ya que apenas si la separaban cuatro metros de cubierta. Por muy seductora que le pareciese la idea de mostrarle a Blanquita la Segunda debía hundirse una flecha bien disparada, no estaba en posición de usar la misma técnica: ni la tormenta, ni el agresivo balanceo del barco ni la pelea entre tripulaciones (dos marineros tuvo que esquivar para que no se le echaran encima) daba pie a ello. Una pena.

  Por lo que desenfundó el pugio y miró a Blanquita la Primera, alias Katarina el Bardo Triste, acercándose a ella lateralmente para cerrar flancos. Con un poco de suerte ella entendería su gesto con la cabeza y no malinterpretaría la mirada depredadora en sus ojos moteados. ¿Cómo de útil resultaría la peliblanca en combate? Estaba a punto de comprobarlo.

  La batalla campal acababa de empezar. El rugir de la lluvia, el bramido del viento y el clamor de la gente resultaba ensordecedor. Balka se acomodó la cuerda del arco que le cruzaba el pecho y sonrió ampliamente, mostrando demasiados dientes en un gesto de depredador.


Última edición por Balka el Vie Mar 01, 2019 5:56 pm, editado 1 vez


{ - sin perder la ronrisa... }
¿Qué está bien y qué está mal? Dime.
¿Qué ética tiene la llave de lo moralmente aceptable?

{ ...pero perdida en ella - }

Diálogo - #d65151
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Mensaje por Katarina el Vie Mar 01, 2019 12:10 am

Un marinero la fue a buscar a su camerino, pero en vez de una proposición indecente, solicito su presencia en el mástil, con la ardilla. Eran elfos, así que tenían buena vista… cosa que sonaba… inadecuado, pero no era exactamente falso, así que no iba a quejarse demasiado. Y su primera prueba fue subir allí arriba, por las redes…que aparentemente nadie usaba puesto que Miss Ardilla escalaba a golpe de garra. Puede que los que tuvieran que plegar las velas. Y su compañera parecía igual de dispuesta que ella a escalar tan alto con tan pocas garantías, pero había que hacerlo si no querían acabar con los peces, así que Katarina se armó de valor y empezó a subir, con cuidado…al menos hasta que los brazos empezaron a arderle y subió lo más rápido que pudo antes de que los músculos le fallaran y cayera al vacío.

Lo que siguió era una explicación sobre sus funciones. Que mirar, como hacerlo, que cosas buscar, como funcionaba un catalejo (duh), y sobretodo no romperlo, puesto al parecer le había costado una fortuna al capitán. Pero la tarea de vigía tampoco requería cuatro años de estudio y un diploma, así que tuvieron tiempo de sobras para charlar y después de responder a los comentarios mordaces de su compañera con su encanto de bardo, empezaron con buen pie, así que Katarina estaba segura que no se había marchado de manera tan brusca por ella. No era por los elfos, ni por ella. ¿Pánico a los hombres? Estaban en un maldito barco pirata, improbable… Pero descarto el pensamiento, decidiendo que se lo preguntaría más tarde y se concentró en la charla presente, más concretamente en asustarla con su espectral compañera de crímenes. La canción que tuvo que cantar como compensación valió la pena, por las risas que le produjo su cara.

Katarina pensó largo y tendido en que cantar, estudiando su público, su escenario… Había oído que era costumbre cantar canciones tristes o miserables en alta mar. Algo sobre los monstruos marinos ignorando los marineros miserables, prefiriendo los barcos joviales. ¿Era verdad? Seguramente no, pero cantar la historia de la muerte del rey Gil-galath en su idioma original a otro elfo sonaba adecuado… y los versos transmitían la tristeza adecuada incluso aunque Señor Monstruo Marino no hablara elfico. Luego Jackelyn les explico un poco más sobre el barco y, más importante, su capitán. A la nigromante le hizo un poco de gracia que el loro superara en antigüedad a la vigía, pero se contuvo de comentar nada. Pero era bueno saber que el capitán era un tipo capaz, aunque la mención del tiburón fantasma hizo temblar un poco a Kirara. Pero no le dio tiempo a calmarla o comentar nada más, puesto que en nada todo se volvió frenético y el combate estallo, y era mejor estar abajo, razonablemente segura que arriba calmando a su fantasma gatuno y muy posiblemente volando por los aires por culpa del viento huracanado.

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Shakala ardía de furia. Había empezado en cuando había sentido la tormenta enemiga, notado la manera tan…chapucera en la que era convocada. Ninguno de Sus hijos era tan torpe, sus dones eran naturales, capaces de reunir más poder con un movimiento del dedo que muchos magos en todo el día.

¿Y que habían hecho con ese poder? Esconderse como ratas, usarlo de la manera más discreta posible, con la esperanza de que los que no los encontraran. ¿Y que habían conseguido? Que algún… idiota los esclavizara porque no eran lo suficientemente fuertes. Imágenes pasaron por la mente del hombre, recuerdos de cuando era más joven. Sangre, fuego, muerte, su señora haciendo un trato para protegerlos, solo para verse traicionada…

Y su mirada se cruzó con Matt, su hermano, no de sangre, sino de lazos mucho más profundos y su mirada pérdida, pareció centrarse por un momento, inclinando la cabeza muy ligeramente, en una levísima afirmación.

-Nunca más.- Dijo el ciego, y otro infierno se desató.

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Alamvusha se enfrentaba a los dos aventureros, una tarea más fácil de lo habitual debido a ciertas ventajas como tener el doble de brazos de lo normal o ser esponjoso y por lo tanto claramente superior. Pero no todos los días uno se enfrentaba a otro demonio, y muchas menos a uno del señor del Cambio. ¿Y uno de los dos más proactivos y poderosos de la faz de ese plano? Bueno, eso solo solía ocurrir una vez.

Gigantescas paredes negras crecieron alrededor del mínimo, rodeándolo, atrapándolo. No de verdad, puesto que sus espadas podían atravesar las paredes y el engaño se veía entorpecido por la lluvia constante y los impredecibles destellos de los rayos, pero ofuscaba su visión de manera muy similar a como lo haría una nube de humo a efectos prácticos, y por más que el Rakshasa agitara las espadas en un intento de destruir las paredes, estas se reparaban, aunque a su vez, el borrón de cortes dificultaba a los aventureros acercarse al gato.

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Las aventuras, en cambio, se enfrentaban a Purupumpurry, que parecía haber copiado su forma, con algunas libertades. Para su suerte, esta aprecia ser horrible con el arco que llevaba, y la segunda flecha se perdió en el viento, seguramente dándole a algún desgraciado con mala suerte. Aunque puede que fuera la tormenta, con la lluvia y viento impredecible, lo que le hacía tener una puntería nefasta.

En realidad, simplemente era horrible con el arco.

Dado que Balka pretendía acercarse para apuñalar a la maleducada elfa que les estaba disparando y Katarina no tenía manera física de atacar desde tan lejos, ambas tenían que saltar de barco. Nada particularmente difícil, puesto que estaban pegados, si conseguías evitar la infinidad de pequeños duelos individuales que había en cubierta. Ninguno de los piratas enemigos pareció molestarse en impedirles el paso, más bien rotando para no darles la espalda, incluso aquellos que ya estaban de espaldas y por lo tanto no tenían manera de verlos, lo hicieron, aunque puede que eso simplemente fuera parte del fluir del combate, dos rivales rotando poco a poco en un círculo.

Pero en cuando pisaron la cubierta enemiga, descubrieron que no lo era. La primera en darse cuenta fue Katarina, que al saltar a la madera, apoyando una mano en el suelo para mayor estabilidad pudo notarlo perfectamente, sabiendo inmediatamente que algo iba mal.

Al fin y al cabo, los barcos no debían tener sangre recorriendo su forma, corazón palpitante incluido. Pero fue demasiado tarde, y parte de la madera bajo sus pies se disgregó, alzándose y rodeándolas, como un par de tentáculos. Porque eran exactamente eso, pudieron ver, a medida que el tono de la madera iba volviéndose violáceo y aparecían ventosas. Y con piernas y brazos atrapados, resultaba extremadamente fácil para la súcubo rematarlas con el arco o la espada, cosa que parecía más que dispuesta a hacer, a juzgar por su sonrisa.

Y mientras tanto, todos pudieron escuchar perfectamente, por encima de la tormenta, el canto de Shakala. O puede que fuera un rezo. Nadie lo sabía a ciencia cierta, puesto que ninguno de los aventureros hablaba draconico.


Голоса Победы
Все кричат и провозглашают
Царство Славы мое
Возрождение воли - это пророчество, исполненное
Ты властелин дня и ночи

Мои враги поднимаются и смотрят в небо
Они молятся, чтобы ты никогда не появлялся
Свет не имеет смысла
Разбуди меня, я сплю
Они живут в замке страха

Я призываю демонов, которые живут на ветру
Как моя Колесница борется в Шторме
С горячей кровью битвы
Я жду в седле
Я живу и умру от меча

Взломай Землю, Императрица Грома
Человек и зверь разорвутся на части
В бой Вы имеете право
Быть королем королей

Si alguno de ellos podía perder algún momento para dedicarle una mirada, puede que para buscar la causa de porque la tormenta parecía haberse duplicado en intensidad, como dos tornados chocando uno contra el otro…puede que no pudieran ubicar al hombre. Al fin y al cabo, estarían buscando un hombre moreno, de pelo blanco, con unos cuarenta años, puede que cincuenta, y lo que había en su lugar era… diferente. El cuerpo del hombre parecía estar moteado, con clapas negras. Blancas, que se volvían negras al mojarse, técnicamente, si podían echarle más que una simple mirada. Y aunque desde lo lejos podía no verse bien con la cambiante luz, si uno se fijaba en sus manos, completamente negras, podían apreciarse escamas.  El cantico acabo y volvió a empezar desde el principio, y por un instante, los rayos parecieron estáticos en el cielo, por un segundo, antes de que un trueno resonara estruendosamente por encima de la tormenta.

Aunque ese trueno sonaba sospechosamente similar a un rugido…y los truenos no debían tener eco en alta mar…
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