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Junglas de Lustria

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Re: Junglas de Lustria

Mensaje por Strindgaard el Mar Mar 12, 2019 5:22 am

Mi mente se había partido en varios trozos de consciencia, estimando condiciones, divagando sobre temas de viento y marea, calculando probabilidades, preguntándose por qué no habíamos huido todavía, y trazando movimientos para sortear las cuatro espadas del condenado demonio de cuatro brazos, mientras que las demás piezas de mi mente absorbían la información que llegaba a través de la lluvia como imágenes superpuestas y detalles de la batalla que se extendía por nuestra cubierta.
La tormenta no nos había encontrado tan de improviso como había supuesto en un principio al habernos metido en ella como si se tratara de una llovizna de las que se pueden sortear sin tener siquiera que cambiar algunos grados el curso. Al menos la mayoría de las velas habían sido recogidas, solo la vela mayor que se encontraba algo arriada y los escotines a medio aflojar se podían ver, pues era necesario tener algo de velamen para no ir a la deriva en medio de todo ello. Eso y que el barco estaba de proa al viento, por lo que las grandes olas no nos harían zozobrar, me hizo notar que nos hallábamos entre gente acostumbrada al navegar en aguas turbulentas. Ese cabroncete del capitán realmente le hacía peso a su imagen de pirata de tomo y lomo, la que a pesar de tener aquel pajarraco como mascota no distaba mucho de algunos buenos capitanes que había conocido en la antigüedad.
También noté que tanto el ráksasa como los demás piratas que habían abordado provenían del navío pegado a estribor — ¡Claro Strind! ¿Cómo no? — pensarán, aunque supongo que ninguno de ustedes se ha visto envuelto en un atraco realizado por merrows. Me di cuenta, también, que los otros, a diferencia del gato, se movía de manera tal que me resultaba un tanto sospechosa, no parecían ponerse de acuerdo mediante la voz ni le contacto visual, sabían lo que tenían que hacer y ninguno entorpecía al otro en su actuar, moviéndose como una sola persona. Cómo habían logrado aparecer tan cerca de nosotros sin alarmar a nadie me resultó un total misterio. Aunque si poseían la capacidad de hacer eso, ¿por qué no la de inutilizar nuestros cañones, cegar a nuestros vigías o moverse al unísono?
El aire estaba impregnado del olor de la magia al que tanto estaba acostumbrado a sentir en altamar: hierro caliente. A lo lejos, en el otro barco, noté a las únicas dos figuras que valía la pena clavar la mirada: una elfa que gastaba sus flechas hacia lo alto de nuestro mástil y una especie de figura que no pude identificar, pues la lluvia me entraba a los ojos, dándole un aire fantasmal.

Al momento de lanzar mi hechizo sobre la fiera supe que había resultado por su manera de atacar, que cambió bruscamente de la táctica a la desesperación. Sus cuatro brazos seguían siendo una soberana molestia, y como derrochando energía, se puso a lanzar tajos a mansalva a nuestro alrededor pero sin un objetivo claro. Me puse a una distancia prudente, pensando en que el viento en cualquier momento haría que el grandote me cayera encima por pura casualidad, o peor aún, me lanzara por la baranda.
Las ráfagas de viento que golpeaban el Duquesa hacían escorarse el barco de tanto en tanto, incluso con los mástiles desnudos, al mirar al cielo no pude sino sorprenderme por la tormenta que ya había logrado acaparar totalmente el cielo, sin dejar ningún resquicio para el sol. Nos encontrábamos en un opaco y sediento día. Algo se encendió en mi interior, rememorando otras tormentas, en otros barcos.

Bennet una vez que el barco regresó a su precaria estabilidad hizo un movimiento serpenteante con su brazo y no fue hasta que atrapó uno de los pies del ráksasa que me di cuenta que le había lanzado un fuerte latigazo con el fin de inmovilizarlo. Entonces el barco volvió a escorar, esta vez tanto que me tuve que sujetar de las jarcias para no ir a parar contra las regalas, una gran ola apareció por babor y ocultó bajo su estruendo el sonido de la caída de nuestro enemigo, que una vez en el suelo, alcanzó a ponerse de costado para seguir batallando con los dos brazos libres.
¡Este hijo de puta tiene tanta energía como un batallón pequeño! —grité por sobre la tormenta a mi compañero, que sujetaba con ambas manos el látigo para mantenerlo alejado de las espadas tirándolo en dirección contraria a su tronco, el gato notó de dónde provenía mi voz y sus cortes cambiaron de dirección y casi me rebana una pierna de no ser porque ya me había alejado lo suficiente.

El azote del viento restallaba en mi capa. El barco seguía siendo un caos, pero al menos alguien sabido en la materia debía estar controlando el timón, porque el Duquesa, que en ese momento se encontraba meciéndose en la cima de una ola coronada de espuma comenzó a deslizarse hacia el costado, al caer sentí algo en el estómago y justo cuando la zambullida parecía inminente, el barco escoró para que el bauprés apuñalara la siguiente ola, que como una montaña de agua se elevó hacia nosotros. La tormenta de un momento a otro pareció volverse peor, o eso me pareció.
Hallé el momento adecuado y llevé mi mano al medallón del grifo que había obtenido tiempo atrás en el árido Akhdar, mientras un trozo de mi mente recordó las interminables dunas, que como un mar de arena, se extendían hacia todas direcciones.
γρυφος —dije justo cuando la proa se alzó con el bauprés intacto, al igual que un hombre que luego de pensarse ahogado, surgiera milagrosamente del mar—. Terminemos con esto.
Sentí como el golpe de euforia me calaba hasta los huesos, afiancé los pies desnudos en la empapada cubierta y me lancé como un perro hacia el cuello del ráksasa, empuñando a Pesarosa en mi mano derecha. Me colé entre los movimientos de las espadas, que ya no eran tan frenéticos como en un principio y enterré, como un diente dorado, suficiente acero como para que la bestia no se volviera a levantar nunca más.
Extraje la daga y di algunos pasos hacia atrás en caso de que el gato me fuera a jugar una mala pasada, cuando el aire está impregnado de aquel olor era mejor jugar a la segura, para luego observar a mi alrededor en caso de tener que unirme a una siguiente pelea.

El viento arreciaba con fuerza, y la lluvia me aguijoneaba el rostro. El Duquesa seguía estremeciéndose bajo la fuerza de las olas, al parecer con más fuerza que antes. Me agarré de los aparejos, al lado del marco de la puerta que había sido arrancada y vi claramente como el mástil de mesana se sacudía terriblemente. Un instante más tarde una masa de agua sólida al nivel de mis rodillas me empujó con fuerza producto de una ola que había superado la altura del Duquesa y se había colado por entre las barandas.
El aire, impregnado del olor del hierro, me trajo un cántico, una especie de letanía que a pesar de provenir de alguien, era capaz de sobreponerse al estallido de sonidos de la batalla y al rugido de la tormenta. Impresionado miré a Bennet para constatar que no había sido mi imaginación.
¡Bennett! ¡Hey, Ben! ¡¿Has oído lo mismo que yo?! ¡¿Alguien tiene suficiente pulmón como para cantar de esa forma?!
Me quité el agua de los ojos para lograr ver de dónde provenía el canto, pero era imposible entre tanto caos. Aquella incertidumbre, que de pronto pareció llenarme del todo, como la misma lluvia que me empapaba, me produjo una sensación de que pronto vería algo increíble, o al menos algo fuera de lo esperado. Una suerte de sorpresa, que mi daga también supo interpretar, pues a pesar del agua, seguía teniendo algunas manchas rojas en su hoja.

Algo me hizo sonreír. Supongo que me gustaba en cierto sentido hallarme en medio de una tormenta, cuando todo lo demás se hace nimio y frágil frente a la potencia del mar y el furioso aire. Mecerme al son del caos, entre gritos de furia y dolor, entre sangre y agua, entre demonios. Los podía sentir cerca de mí, chispeando, como si acercara las manos al fuego. Un tenue estertor de júbilo me arrancó una carcajada, miré a Bennett, pues seguramente le parecería un loco de hartar. Bueno, tampoco estaba muy lejos de eso. Me pasé la lengua por los labios y el sabor salado me indicó que era agua marina, no lluvia lo que nos caía encima. En ese momento nos hallábamos sorteando olas tan altas y sólidas que me sentí en el fondo de un acantilado.
De mi cinturón extraje la rompeespadas y con ambas dagas en las manos y una sonrisa nerviosa en la boca, le grité a Benny:
¡Algo me dice que llegaremos con algunos días de retraso a nuestro destino!



El mal es un punto de vista.
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Re: Junglas de Lustria

Mensaje por Bennett el Mar Mar 12, 2019 3:56 pm

Vaya manera de terminar el primer día.
Al escucharlo Samael se detuvo, viendo a Strindgaard con seriedad. No es que no hubiese sido un comentario gracioso porque lo fue, pero tras todo lo que había sucedido hoy, la cereza en el pastel es que justamente al primer día ya estuviese pasando algo en el barco.

Corrió junto a Strindgaard y muy poco antes de llegar a la puerta se escuchó uno de esos sonidos horribles, como cuando arrastrabas metal sobre algo para hacerlo chillar y estorbar a los demás. Con la puerta abierta (arrancada), ahí estaba, el grandísimo gato. Con una amabilidad no esperada, el gato retrocedió ofreciendo espacio para que salieran, tal vez quería una pelea justa, y era justa porque aunque fuesen dos contra uno, él tenía cuatro brazos y muchos más músculos. Ósea que era justa.
Silenciosamente, el Deseh que no se explicaba como construcciones de madera tan enormes flotaban en el agua siguió a Strindgaard a cubierta, y allí solo agradeció haber vomitado antes, porque sino lo hubiese hecho allí afuera, y con un enemigo al frente. El problema no era que el gato dejara o no de ver eso, sino que le causará nauseas y vomitase una bola de pelos gigante.

Estando afuera se permitió echar un vistazo a su alrededor; la situación en dos palabras: un desastre. No solo había tormenta arriba en el cielo sino allí a donde viese; espadas chocaban y balas surcaban el aire, además de que tenían tan literalmente como era posible, el otro barco pegado a ellos. Escapaba de su comprensión como los que se supone que debían vigilar no habían notado que se les acercó tanto como para pegarse así. También escapaba el porqué siendo un barco más grande simplemente no los volaron en pedazos a cañonazos. Siendo justos, Bennett sabía demasiado poco de barcos y su mejor idea de combate naval era "combatir sobre agua," y su lógica en ello era "el barco más grande ganará."

Magia—murmuró por lo bajo, viendo además de todo aquello la terrible coordinación de los piratas enemigos. Si las peleas en tierra firme eran desastrosas, esperaba que una en un barco sacudiéndose, con viento fuerte y lluvia lo fuese más.
Bien Sam. Somos dos contra uno. Está en clara desventaja. Venga, lo distraeré y cuando veas un flanco descubierto haz tu parte.
Cierto. Con las palabras de su compañero recordó lo más vital en ese instante, tenían un oponente al frente. Recordarlo y ver cuatro espadas moviéndose lentamente frente a sus ojos como una serpiente esperando una abertura para morder no le agrada, pero era infinitamente mejor que olvidarlo y las serpientes mordieran.
No te preocupes, no lo verá venir —aseguró con más confianza de la que debería tener alguien en tal situación mientras tensaba el látigo.

Con el grito de guerra de Strind, Bennett empezó a hacer las primeras mociones con su brazo listo para dar un latigazo en el primer instante que viese posible. Su plan inicial era arrancarle un ojo al gato, si estaba en desventaja así, con la percepción de profundidad alterada estaría jodido.
Cuando su compañero paró en un flanco del gato, alzó el brazo listo para golpear... pero nada.

Ni el gato, ni su compañero hicieron nada. Al menos, desde su punto de vista. Bennett echó una mirada rápida a Strind, intentando decirle "no se comió la distracción" y "¿qué distracción fue esa para empezar?" con solo los ojos, algo claramente imposible, y más con la lluvia haciéndolo entrecerrar la mirada un poco más.
Solo vio un curioso movimiento de manos, quizás, pero no hubo ataque, no le lanzó nada, el gato ni siquiera pareció reaccionar a su movimiento en caso de que fuese una finta para que se diera vuelta, no...
Y entonces el gato empezó a dar espadazos como si no hubiese mañana. Sin moverse de su lugar, solo cortaba violentamente como si lo estorbase un grupo de mosquitos. Probablemente Sam fue el último en entender que sucedía y realmente no lo hizo, pero ahora sabía que Strindgaard si había hecho algo, y ese algo seguro tenía que ver con magia, la otra cosa que no se explicaba del mundo, después de los barcos.

Empezó a girar el látigo de nuevo y a caminar lentamente rodeando al gato en sentido a las agujas del reloj para flanquearlo del lado opuesto a su compañero, todavía esperando reacción del minino, pero este solo insistía en atacar al aire. Dejando de intentar comprender que podría haberle hecho Strind al pobre gato, descartó por completo atacar el área de arriba de su cuerpo, no podría entre tantos espadazos. Abajo era otra historia.

Espero unos segundos, suficientes para que el barco recuperare su estabilidad. Una estabilidad tan falsa como los músculos del gato. En un instante dio un latigazo abajo, relativamente suave, pues no pretendía lastimar las piernas del minino tanto como amarrar una de ellas. Cuando la cuerda giro alrededor del tobillo del ráksasa jalo el látigo para tensarlo y apretarla, instante en el que supo que no podría derribarlo de un simple tirón, pero no era necesario.
Dicho y hecho, la estabilidad se fue al demonio en cuanto el barco volvió a escorar, viéndose acompañado de una enorme ola cuyo estruendo se sobrepuso al sonido del impacto del gato al caer. Él mismo estuvo a punto de caer, pero lo estúpidamente pesado que era el gato jugó a su favor al jalarse hacia el mismo, permitiéndole mantenerse relativamente de pie, aunque tuvo que sostenerse del suelo con una mano para no clavarle la cara a la madera.

Alzó la mirada y encontró que el gato tenía reflejos apropiadamente felinos, tenía que haber caído sobre sus antebrazos, negándose a soltar sus armas y mucho menos a rendirse. Cuando el felino subió el brazo para agarrar impulso y cortar abajo seguramente, Bennett enrollo su mano libre en el látigo para jalar con ambas, recuperando algo de su equilibrio, y más importante, evitar que las espadas fuesen a dañar su preciada arma.
¿¡Pero tiene nueve vidas!? —gritó de vuelta al demonio pelando los dientes, porque no era tanto una sonrisa como una expresión feral.

El viento azotó más fuerte, empujando un poco la capa de su compañero, tal vez porque ese dios sabía lo que venía y quiso permitirle al Deseh un corto vistazo a una de las armas que guardaba el demonio, una daga roja. No había pasado un segundo en que pasó sus ojos por encima de la daga cuando casi pudo sentir la gravedad jalándolo de todos los huesos y músculos, como si el barco estuviese a punto de hundirse entre las olas para no resurgir más. En su lugar no podía hacer demasiado, tenía las manos literalmente ocupadas, y sus esfuerzos iban miti-miti a seguir jalando el látigo y no caerse de culo, lado o frente al suelo.

Cuando la siguiente ola iba a ser apuñalada por el bauprés cerró los ojos un momento, pensando que cuando menos se sentiría como si el mar mismo cogiese un martillo y se lo aplastará en el suelo para que no se levantase nunca más. Por suerte, la Duquesa Voladora parecía tener su nombre bien dado, e implacable su bauprés había ganado el encuentro. Al abrir los ojos de nuevo vio que la situación no había cambiado demasiado, fuera de varios grumetes rodando en el suelo, solos o en parejas muy tensas que se volvían competiciones de ver quien apuñalaba al otro primero. Al ver a Strind no sabía si la "Voladora" de la Duquesa lo había poseído, si fue el estrés de la situación, la furia del mar o viento, o apenas estaba empezando a enseñar sus colmillos.

En un movimiento rápido él también voló como un perro tras un gato, empuñando la daga que había visto hace poco en su mano derecha y hacia abajo, lo que significaba que no estaba considerando, ni siquiera pensando un poquito en cortar. Iba por una puñalada.
Cuando cayó Sam vio la sangre salpicar, Pesarosa enterrándose en el cuello del ráksasa. Feroz pero no perdido en su furia, su compañero extrajo al daga y se retiro sabiamente, después de todo puede que el gato si tuviese nueve vidas.

No pudo evitar sonreír considerando esa pelea terminada. Cuando iba a avanzar para desenredar el látigo del pie del gato, una ola se coló dentro del barco, pegándole un poco por encima de las rodillas, casi mandándolo al suelo.
Agua hija de pu... —estuvo a punto de musitar, pero una voz de sobrepuso por encima de la batalla, de la tormenta, y de todo lo demás.
Bueno, llamarle voz era casi injusto. No sabía cómo definirlo para empezar, los sonidos eran harmoniosos y tras unos segundos, no parecía distinto de escuchar una canción en otro lenguaje en una taberna.
Si la cantará un animal, o un dragón.

Sam miró a los lados buscando la fuente de la voz, pero no dio con nada. Ni siquiera estaba seguro de donde venia, el canto era tan titánico que creyó resonaba directamente dentro de su mente. Cuando el rezo paró, volvió a correr la mirada por encima inútilmente, en una pequeña esperanza de que una luz mística y obvia le señalara "vino de aquí," pero no sería así.
¿Qué me dieron de beber? —se preguntó, antes de voltear al escuchar un grito de su compañero. No había sido el alcohol, eso o estaban coordinados al nivel de amigos que llevan peleando años juntos—. ¿¡También lo oíste!?
La mirada de su compañero le indicaba que si, por como intentaba secarse inútilmente la cara para poder ver. Justo como había pasado con él, no esperaba que Strind encontrase algo en su búsqueda, no podía haber sido alguien de esta embarcación, y con suerte no había sido alguien de la otra.

La voz volvió a surgir por encima de todo ruido justo como el Duquesa por encima de toda ola. Los rugidos del cielo se detuvieron, y junto a ellos sus rayos parecieron inmóviles, era su primera vez presenciando tal cosa para los pocos segundos que podía apreciar un relámpago.
Proclamando el inicio y no el fin de la verdadera tormenta, un trueno se hizo con el cielo, tan fuerte que desde allí le parecía válido creer que ese mismo trueno habría recorrido todo el mundo.

El eco del trueno—que cada vez le parecía más un rugido—fue lo más presente en la mente de Sam hasta que escuchó una risa deleitada, la que esperarías escuchar de alguien a la que le acababan de servir su comida favorita, que había ganado un premio, que había sobrevivido a una pelea, o que le habían contado un chiste muy bueno. Aunque mirando en dirección a Strindgaard, no observaba hasta ese momento, viendo que él mismo era la fuente de aquella risotada. Cruzó miradas con su compañero, y sus ojos parecían los de una persona distinta. Alguien que había pasado un año en una jungla mirando a los ojos a incontables animales lo sabía, ahora su compañero portaba los de uno.
Correr su lengua por sus labios no era algo que alguien haría para mojarlos en plena tormenta, él estaba probando otra cosa. Tal vez, la victoria. O tal vez era la sed de sangre de un animal desenjaulado; salvaje.

Enseñando ambos colmillos (Pesarosa y Rompeespadas), una sonrisa nerviosa quebró en la cara del demonio antes de que gritará en su dirección:
¡Algo me dice que llegaremos con algunos días de retraso a nuestro destino!
Los labios de Bennett temblaron antes de doblarse en una pequeña curva que creció hasta volverse una sonrisa igualmente nerviosa, como si hubiese comprendido del grito de su compañero el rugido de antes.
¡Es algo tarde, pero acepto tu propuesta de enseñarme cómo jugar póker!
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Re: Junglas de Lustria

Mensaje por Boxy el Jue Mar 14, 2019 4:54 pm

El dopler volvió a la cubierta con un montón de cuerda, solo para encontrarse con que dos mujeres habían saltado a su barco, sin duda atraídas por el delicioso cebo que suponía Snack y habían descubierto con fatídicos resultados con quien había estado hablando él todo el rato.  Un par de tentáculos las habían atrapado y les estaba estrujando lentamente la vida. Podía notar a una de ellas reuniendo magia, seguramente para cercenar el tentáculo, pero seguramente podría llegar antes de que lo hiciera, atacarla rápida y certeramente, pero eso seria arriesgarse, arriesgarse a que lo que fuese que estuviera conjurando no pudiera redirigirse hacia él, cosa que era mucho esperar. No, un cofre no llegaba tan lejos como había hecho él siendo imprudente sin motivo y sin al menos un par de rutas de escape, no moriría por lanzarse de cabeza a un peligro que desconocia.

No, no iba a arriesgarse, y con esa… Alta Magia de megahechiceria suprema, fuera lo que fuera, no iba a arriesgarse a estar un segundo más allí arriba. La pregunta era, ¿huir por patas o cambiar de bando? Entonces Garras murió, pudo notar como su cuerpo de esencia empezaba a desvanecerse con un pequeño tirón a su conciencia. Eso implicaba que tendría que volver a invocarlo si huía por patas, porque desde luego no iba a remar el, y Snack era demasiado enclenque como para usarla de perro de trineo volador. ¿O era un perro volador de trineo si el único que volaba era el perro? Además, no cobraría si huía… No, lo tenía claro. Se había decidido.

Había descartado la huida. De manera que solo podía hacer una única cosa. Boxy cogió la cuerda, la puerta y prácticamente se catapultó hacia el mar de un salto. Es decir, no era como si tuviera nada más que hacer en ese barco, y Snack era la definición de prescindible, con un poco de suerte, habría suficientes bajas como para que le aceptaran como tripulante… Por si acaso, pataleo lo más fuerte que pudo de la zona que él creía, seria donde caería…lo que fuera que era ese extraño conjuro que estaba alterando la tormenta, es decir, lo más lejos que pudiera del barco y no directamente detrás de él, en caso que fuera algún tipo de proyectil horriblemente peligroso.

Y hablando de eso, era hora de un cambio de look. Su forma se encogió, el cofre que componía su torso se difumino en una masa gris y esculpió su nueva forma, algo más pequeña, femenina, con un intenso pelo rojo. No quería que no lo vieran en medio del mar, naufragada, ¿cierto? Y nadie cuestionaría lo de la puerta si tal como pensaba, su socio estaba a punto de volar en pedazos. En cualquier momento, esperaba, puesto que este parecía estar percatándose de lo que acababa de hacer y a juzgar por los tentáculos que se estaban alzando poco a poco de debajo del agua, no estaba nada contento. Al menos eso explicaba cómo se movía el barco sin necesidad de usar velas. Pero en cualquier momento dejaría de ser su problema…. Porque ese conjuro haría puf….en cualquier momento…
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Re: Junglas de Lustria

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