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Mensaje por Lamb el Mar Ene 22, 2019 6:05 am

Erenmios es una ciudad en transición. Muchos grupos compiten por el poder, a veces trabajan juntos, pero a menudo terminan en desacuerdo conforme avanzan los esquemas las alianzas se forman y deshacen. En la ya volátil situación se arroja a la mezcla un extraño culto, una cábala de obsesivos fanáticos cuyos planes van mucho más allá de las luchas de poder en la ciudad. La mayoría de la gente sigue su lucha por sobrevivir al día a día, pero incluso ellos sienten un poco de los profundos problemas de vivir sin ley y con un gobernante sin el apoyo del pueblo.

A pesar de que la gente de la ciudad siempre ha odiado a los extraños, uno de los grupos de la ciudad ha decidido que para pelear contra el régimen ayudara el tener agentes disruptivos que permitan cubrir sus propios movimientos, después de todo los aventureros eran conocidos por meterse en problemas y terminar llamando la atención. Algunas organizaciones se han infiltrado de esta manera para tratar de ayudar a la ciudad mientras cumplen sus propios objetivos mientras que otros ven en aquel lugar sin ley un paraíso para sacar provecho de la miseria.



Este día dos barcos con aventureros cruzaron por el archipiélago para arribar en el pequeño puerto de Erenmios, uno arribaría en las primeras horas de la mañana mientras que otro entraría en el cobijo de la noche. En tiempos normales abría guardias todo el día vigilando el puerto por espías, pero con el Puño Negro tratando de controlar a la población era difícil preocuparse por extraños.

Durante su viaje se les dice que la Tetera de la Señora Freona es un lugar donde los aventureros pueden encontrar trabajo y evitar las molestias de las maquinaciones de los hambrientos de poder en la ciudad. La Tetera tiene una reputación de oasis, viajeros que puedan mantenerse discretos así cómo comportarse pueden encontrar empleo en ese lugar.

En el transporte de la mañana la gente se encuentra en bote largo con un profundo olor al pescado que se encuentra guardado bajo cubierta junto con los extranjeros, algunos de los mismos tratan de hablar entre ellos para distraerse del mal olor, pero el viaje continua sin complicaciones hasta llegar junto con otros barcos pesqueros y dar la señal de que no hay peligro al salir. Se les dan indicaciones de cómo llegar a la posada de la Señora Freona y mientras recorren las calles pueden ver el deterioro de estas dando la apariencia de que en cualquier momento podrían derrumbarse que pronto contrastaría con el negocio de la Señora Freona el cual parecía en perfecto estado.

En el transporte de la noche la gente viaja en un velero, la tripulación no parece hablar más de lo necesario y algunas de las personas que viajan con ustedes han decidido dormir aferrados a sus cosas mientras unos pocos han buscado algo de platica para mitigar el aburrimiento. Una vez cercas del puerto se pueden ver cuatro farolas en el puerto lo que quería decir que la Guardia Negra les esperaba por lo que el plan fue rápidamente cambiado, los recién llegados se tirarían al agua y nadarían hasta la orilla. El agua se encontraba fría, pero las aguas tranquilas y la obscuridad de la luna nueva les cubrían permitiéndoles evitar a la guardia mientras se tambaleaban en la obscuridad al único lugar brillante en aquellos barrios bajos, La Tetera de la Señora Freona.

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Mensaje por Egil el Jue Ene 24, 2019 9:22 pm

Ubicación: Velero (embarcación de la noche)
Interacción: Tentrei.
Mención: Una anciana con un saco y un destino incierto (?)

Era de noche, frío, el viento que azotaba y ayudaba empujar al velero en el que iba era una bendición para el barco y una maldición para sus pasajeros, al menos los que no íbamos muy bien abrigados. Yo estaba sospechosamente cerca del mástil con sus guanteletes tirados frente a mí entre mis pies, recostado del mástil para evitar que el movimiento del barco me marease, no iba a ser lindo si vomitaba con un yelmo puesto. Jamás me acostumbre a los barcos, simplemente no me gustaban, no eran lo mío, tal vez en una vida pasada había sido alguien a quien lo hicieron caminar por el tablón.

Llevaba unas cuantas horas de las que perdí cuenta en el velero que iba camino a Erenmios, una mala ciudad, al menos eso era lo poco que había escuchado. Alcé la mirada a la oscuridad que dominaba el cielo, las estrellas llenaban ese manto negro como maíz pálido derramado en un suelo recién limpiado, era una promesa de vida en oscuridad y la única sensación de calor que para mí brotaba en el frío.

En mis manos llevaba una mandolina, corriendo mis dedos suavemente por ella, un hecho que se me hacía horriblemente difícil porque casi toda mi concentración iba a "no vomitar" o "que bonito está el cielo". La tripulación del velero donde estaba era horriblemente tranquila, tal vez demasiado, unos simplemente estaban dormidos abrazados a sus cosas y otros solo parecían caminar sin un rumbo en la embarcación, reflexionando sobre sus vidas, seguramente;  la noche invitaba a ello, otros tan solo buscaban algo de charla pero nadie me hablaba a mi – no me sorprendía mucho, la verdad, un tipo recostado de un marfil en completa armadura excepto sus manos con dos espadas tocando mal una mandolina; debía lucir ridículo, pero bueno.

Había algo en el silencio que era desagradable, tal vez el hecho de que el silencio precede a muchos asesinatos, dudaba que pudiese ocurrir en una embarcación así, pero quien sabe. Seguí tocando la mandolina como pude, sacando unas pocas notas buenas entre las malas hasta sentir unos ojos en mi espalda, bueno, más bien en mi hombro. Al voltear pose mi mirada sobre un divium, como de un metro y medio le calcule por encima sin contar esos enormes cuernos. Luego de verlo rápidamente a él y sus vestimentas baje la mirada a lo que el hombre cargaba entre sus manos, un laúd, uno que tocaba mucho mejor de lo que yo tocaba la mandolina, eso era seguro.

«Mi mandolina no suena así.» pensé, como si fuese culpa del instrumento no sonar bien y no suya. Desvié la mirada a un lado y volví a mirar al cielo, esperando que el yelmo hubiese cubierto la descarada mirada que le había echado, esperando no haber incomodar sin necesidad al alado, sin embargo, pareció venir a mi.

Solo agarré aire y seguí tocando unas pocas notas, intentando no tensarme y pretender que no lo note acercarse. Claro, me estaba esperando un "hola", un "qué tal", o si quería ser cursi, un "que hermosa estan las estrellas hoy", cualquiera de esas... pero no obtuve ninguna. Simplemente dejo su laúd en el suelo y pusos sus manos sobre las mías. Estaban frías, no es que esperase menos, pero estaba seguro de que parte del frío vino de la sorpresa.

Antes de encontrar una respuesta a su acción, me preguntó que me estaba incomodando, siendo bastante acertado con sus preguntas la verdad, esto me dejo un poquito en alerta antes de pensar que seguramente podría sacar conclusiones así por como tocaba, y el sabía mucho de eso, tocar.

Ajem —tosí un poco, indicandole mi incomodidad al contacto tan repentino—, podría decirse que sí... —repliqué sin confirmarle exactamente para cual de sus preguntas fue mi afirmación—. Me llamo Egil, por cierto, ¿y tú? —pregunté viendo hacia él, no era muy fanatico de decir mi nombre a la primera así y ya, pero me pareció oportuno hacerle saber a alguien que me toco las manos hace unos segundos como me llamaba.

Al parecer la incomodidad que le expresé bastó para que se alejara. Me dio su nombre, nunca lo había escuchado en nadie más antes, bastante único. Por la mala respuesta que le di antes no debió parecerme sorpresa que insistiera en que sí a cuál de sus preguntas.

Frío, sí. Supongo que todos tenemos frío aquí, o... la mayoría —repliqué mientras se alejaba un poco, lo suficiente como para mostrar que intentaba respetar mi espacio. Me callé pensando un momento de que podía hablarle al divium, el frío no era un tema que fuese a durar mucho—. Un gusto, Tentrei... entonces... ¿alguna razón por la qué vas a Erenmios...? o sino quieres hablar de eso... ¿desde cuando tocas tu laúd? eres bastante bueno, lo que tocaste sonaba bien. Tanto que casi me da pena tocar ahora.

No pico. Nadie en el velero quería hablar de sus intenciones para ir a un lugar como Eremnios, no le culpaba, yo tampoco quería hacerlo. Aparentemente un ávido de la música, me solicito que siguiera tocando, y junto con ello resaltó lo obvio: de donde había sacado un tipo en armadura una mandolina.

No dejes que la armadura te engañe, es solo por protección, no pertenezco a ninguna orden, probablemente no llego a los tobillos a los del... —baje un poco la voz, queriendo evitarme una sorpresa de que alguien me volara encima por decirlo—. Del Puño Negro —solté con cuidado, sacando unos pocos sonidos más de la mandolina antes de apoyarla del marfil a un lado mío y apuntar ahora con mis libres manos a una vieja que dormía lejos, abrazando un saco con sus pertenencias—. ¿Ves esa señora? pues no podía con el saco... esta tarde cuando iba camino a tomar la embarcación me la conseguí a medio camino y la ayude, y como pago se puso increíblemente insistente en que tomase algo de sus pertenencias, así que agarre esta mandolina vieja.

Mientras hablaba vi al divium acercarse, pero presté poca atención al hecho, supongo que era un asunto racial, y no parecía mala persona. Me encogí de hombros cuando mencionó que si estaba usando armadura y tenía armas conmigo no debía ser modesto porque seguramente sabía pelear.
Oh, si sé. No entraría a Eremnios si el caso fuese el contrario —negué con la cabeza—, me refería a otra cosa, pero da igual —iba a sonreír, pero me detuve ante la idea de que no es que el pudiese verlo. Cuando detuvo su nana vi como cambio la posición de su laúd, imitándome con la mandolina, excepto que claro, cuando empezó y termino de tocar, yo me sentía la imitación ahí, no es que me molestase—, Tocas bastante...
¡Mierda! —gritó una voz poco elegantemente, apuntando al frente, donde las luces de unas farolas mostraban que compañía muy mal recibida les esperaba en el puerto.

A la voz del hombre que grito no tardó demasiado uno en hacer señas con el brazo y lanzarse al agua con un clavado olímpico, pronto, otros lo siguieron, mientras algunos paraban a despertar a sus compañeros, los que iban dormidos y solos se despertaban por el repentino ruido se veían presa del pánico antes de entender qué estaba sucediendo y, o imitar a los pocos que se lanzaban al agua, o quedarse en el velero y preferir enfrentar su destino ante la guardia.

Yo volví mi mirada al divium, comunicándole incluso a través del casco que curso de acción iba yo a tomar. Entonces mire hacia el agua y de no ser por el apuro, hubiese dado un suspiro. Me empecé a quitar las piezas de la armadura tan rápido como pude, desnudándome frente a un divium. No esperaba verme en esta situación a menos de que tomara muchas decisiones malas en mi vida, pero aquí estaba. Tire el yelmo a un lado y me arranque el gorjal junto a la capa, el peto lo mantuve, pero me quite las hombreras para poder bracear cómodamente en el agua, después de las hombreras retire los guardabrazos, me agache y me quite los escarpes junto a las grebas, quedándome solo con el peto, los brazales y los quijotes.

Mire al divium de nuevo y agarre mi cinturón bien, allí estaban mis armas, después de todo, y ahora sabía lo mucho que las iba a necesitar en esta ciudad. Enrede una pequeña bolsa hecha de piel de animales donde llevaba algo de krulls y un pedernal y me lance al agua sin pensarlo demasiado más, arrepintiéndome solo por el frío. Al caer en el agua me hundí rápidamente, maldiciendo el frío por debajo de la misma Nade arriba para sacar solo la cabeza y agarrar aire, la noche apremiaba, y con suerte no me iban a ver a mí de todos los que nos lanzamos al agua. No sabía a donde iban los demás, pero en medio del agua en la oscuridad de la noche me pareció razonable seguir a quien fuese, así que comence a nadar tras la persona que tenía más cerca, sobretodo cuando sentí alguna... cosa, tocandome; lo primero que pensé fue un "No" y comencé a nadar tan rápido como me era posible con mi torpe técnica, hasta dar con una orilla. Salí casi gateando del agua, agitando la cabeza como un perro para que dejase de gotear sobre mi cara y poniendome torpemente de pie, sintiendome horriblemente pesado con la ropa - y parte de la armadura- mojada, entonces empuje mi pelo atrás para ver donde estaba.

Claro, no tenía ni 10 segundos sintiendo la arena en mis pies cuando algo me rozó y di unos pasos adelante rápidamente en un sobresalto, me di vuelta y encontré a la mascota del divium de lo más... alegre, enseñando los dientes enrollada en lo que debían ser las pertenencias de Tentrei. No muchos segundos después vi emerger a alguien, pero no note muy bien por la oscuridad que se trataba del divium, al menos hasta que hablo suficientemente alto como para que lo escuchase.

Saltaste también... —me acerque un poco a él, mientras apetaba mi camisa para sacarle algo del agua—. ¿Estás bien? —me di vuelta mirando atrás a donde ya empezaba la piedra, dejando casi nada de territorio a la arena, las edificaciones más cercanas no tenían muy buena pinta en mi opinión, pero tal vez era solo la oscuridad. Aún así, había escuchado que Erenmios no era muy amable con los extranjeros, excepto por un lugar...— ¿Haz escuchado de la... te... Tetera... de la Señora Freona? —pregunté dandome vuelta para ver al divium.

Su respuesta fue rápida, mucho más de lo que hubiese esperado, efectivamente sabía donde estaba el famoso local.

¿Y es tan... pacífico, cómo dicen? —le pregunté al verlo alzar las manos, antes de que una ráfaga de aire azotara tras sus movimientos—. ¿Eres aeromante? —pregunté otra cosa, tal vez era demasiado obvio para terceros, pero quería estar seguro. Al ver como se puso a rascar a su mascota alce una ceja, entonces soltó el nudo del saco, haciendo rodar piezas de mi armadura afuera—. Yo... uh... —pestañee viendo el yelmo tirado allí y luego mire más arriba para ver su cara—. Pensaba dejarlas atrás por la necesidad del momento... siento la molestia. Muchas gracias.

A medida que respondía mis preguntas alzaba más una ceja, pensé en comentarle que yo era un Nigromante, pero eso, como su otras piezas de información, eran información de más, a muy poca gente le gustaban los que practicaban esas artes.
Ya veo... —baje la mirada mirando a su mascota, no parecía tan amenazante como su apariencia pudiese indicar, pero no dejaba de pensar que si yo intentaba acariciarlo me sacaría un dedo o algo más. Dudaba que alguien me recibese en su casa, en primer lugar en Eremnios odiaban a los extranjeros, y en segundo lugar yo era uno mojado. Me agache para tomar el yelmo y colocármelo, mientras me iba poniendo de vuelta las cosas más fáciles de equipar y lo otro simplemente lo llevaba en brazos, la sensación de ir con armadura y ropa mojada abajo era indescriptiblemente horrible, cuando estuve listo mire al divium y comencé a seguirlo para que me llevara a la famosa Tetera.
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Mensaje por Tentrei Iskusstvo el Vie Ene 25, 2019 7:33 pm

Noches, lunas y barcos. Ya la emoción de huir había pasado. Los viajes eran una aventura un poco más vacía, y conseguía trazos de recuerdos en cada rincón. La noche me traía las historias, las danzas alrededor de la hoguera, las canciones y las risas. Las lunas, sonrientes con malicia me acusaban del hecho que sabían inevitable. Y el barco. El vaivén tranquilo de las aguas y la brisa salina, el viento en mi ala, el reflejo de las estrellas sobre el mar. Constantemente estaba esperando una reacción que no llegaba; esperaba una voz emocionada señalando el horizonte y las estrellas, rogándome comprar un barco en la próxima ciudad que pudiéramos. Un paso familiar y elegante sobre cubierta, pies acariciando la madera como si fuera el rostro de la diosa. No hubo nada de eso, en su lugar, una nota de una mandolina. Primero fue una punzada pensar que Tanets la estuviera tocando, pero la segunda nota me aseguró que no. Teníamos una promesa de músico a bordo, ¿Quién lo diría?
 
Y en la oportunidad justa; si alguien no se ponía a tocar algo, lo haría yo, que ya tenía el laúd en mano y todo. Pero aún así, decidí acompañar su atropellada melodía por lo bajo, sin robarle protagonismo a sus notas, mientras me acercaba a él. Asumí que me estaba mirando por la dirección del yelmo, y estaba rezando a Sanctra porque debajo de tanta armadura, hubiese un fierro con el cual matar el frío. Le miré las manos -que ya prometían- como pidiendo permiso, un permiso de esos que pides luego de que pasas, porque dejé mi laúd en el suelo y coloqué mis manos sobre las suyas -que se veían mínimas en comparación- con una sonrisa mientras intentaba descifrar qué había detrás de las rendijas del yelmo.

¿Estás tenso por el frío o algo te atropella el pensamiento? —Acaricié el dorso de su mano y luego las quité cuando se tensó aún más, visiblemente incómodo aún debajo de tanto metal.— Respira, luego tocas.

Su incomodidad casi pudo hacer que me diera vergüenza con él. Después de todo no lo conocía, y probablemente él tampoco a mí. Pero no, no fue suficiente, y al presentarse, mucho menos.

Soy Tentrei. —Sonreí más ampliamente, cerrando los ojos y agitando ligeramente el ala. Luego recorrí el barco con la mirada, preguntándome a qué fines estaría Nusa. No lo llegué a ver, así que volví la mirada al caballero.— ¿Sí tienes frío o sí piensas en algo? —levanté el Laúd y me senté a una distancia... Respetuosa. No podía negar que me había hecho gracia el ovillo que se había vuelto con la pregunta.

Al volver a hacerla, logró responder con más coherencia, y me preguntó un par de cosas más. A la primera pregunta.... Bien, la respuesta sería inconclusa y probablemente llevaría a hablar más de la cuenta sobre cosas que no me animaban. Había escuchado del conflicto que se estaba desarrollando en Erenmios y de la opresión del Puño en la ciudad, y necesitaba seriamente despejarme luego de haber visto a Tanets casi ser degollado en Thaimoshi. Necesitaba sacudir de mi memoria a Nath y a Mattie, en tal manera que incluso había pedido a Asariel que me diera un tiempo, y se me había roto un poquito el corazón al ver su rostro triste. Sabía que si daba una pista de cómo había llegado al barco, no podría contenerme de hablar, así que respondí lo segundo.

Creo que toco el laúd desde que aprendí a caminar... Quizá antes. —Se formó otro recuerdo en mi memoria. Claro que en ese entonces no tocaba el laúd, pero sí podía recordar que el instrumento era de mi tamaño y manoteaba las cuerdas sólo para hacer ruido.— Pero por favor, sigue tocando. Me iba a morir antes de llegar si alguien no se ponía divertido. —hice una pausa mientras sacaba un par de notas del instrumento.— ¿A ti qué te trae al frío?... O bien, ¿De dónde saca un caballero una mandolina? Eso sería fascinante de oír.

Comenzó a soltar notas otra vez con la mandolina. Aproveché cuando bajó la voz para acercarme un poco. Un poco porque la distancia no era cómoda para mí, un poco para ver si con algo de suerte se sentía menos incomodado él. Volteé a ver a la señora y no pude hacer más que sonreír. Me recordó por un momento a Mamá Helga, aunque ella cargaría el saco en un brazo y al caballero en el otro. De alguna forma, lo de la armadura "sólo por protección" me hacía mella, principalmente porque debajo de tanto abrigo, no cargaba ni siquiera un peto de cuero.

Vamos, si cargas una armadura, debes saber atacar y defenderte, no seas modesto. —mi mirada se había quedado colgada en la señora, las notas dispersas del laúd se convirtieron en una nana que probablemente le arrancaría un suspiro a alguien, pero luego volví la mirada hacia el caballero. O más bien, a sus manos.— Entonces lo que te falta es práctica. Vamos, —detuve la nana por un segundo y sostuve el laúd como sostendría la mandolina, comenzando a tocar en notas más agudas, sólo un par de segundos para mostrarle las notas y luego volví a la posición normal, a penas rozando las cuerdas, sugiriendo notas que se morían entre nosotros.— toca algo bonito.

Lo hizo pensar. Sentí que rodó un par de veces la película en su cerebro antes de poder traer algo, pero un grito lo interrumpió.

¡Mierda!

Y comenzó a hacer señas y ruidos y todo el mundo perdió la cabeza. O bueno, no tanto. Tenía que admitirlo, a pesar de que entendí la situación, por unos momentos no pude hacer más que quedarme atontado mirando a Egil. Los músculos. Las delicadas cicatrices. El cabello desaliñado. Cómo me hubiese gustado que fuera otra la situación. Pero había que pensar rápido. Un silbido hizo que Nusa llegara, los segundos en los que me quedé colgado fueron suficientes para que Egil ya estuviese saltando al agua mientras yo aún me quitaba la primera capa de abrigos. Gruñí al ver su armadura en el suelo. ¿Cómo se defendería? Estiré la piel más grande en cubierta y amarré las mangas para hacer un bolso improvisado. Allí arrastré los pedazos de armadura con los pies mientras me quitaba el otro abrigo y con él cubría a Nusa. Amarré entonces el bolso improvisado con mi bolso y el bolso del laúd, metiendo éste último sin reparar demasiado en los detalles, y éstos dos al abrigo que cubría al reptil y le di una nalgada para que saltara al agua. Me quité las botas -a este punto el frío me hacía temblar hasta el ala- y la camisa. Y salté detrás del reptil. O del caballero. El punto es que salté al agua, sabiendo que ver a los guardias cara a cara no me traería un buen futuro, y nadé. El ala cerrada, el cuerpo temblando, Nusa -por suerte- nadaba con más tranquilidad, aunque un sonido seco de vez en cuando me decía que le había dado una patada a la armadura.

En momentos como éste, me gustaría tener dos alas para al menos impulsarme un poco. Pero me tocaba cargar con peso muerto, así que la recogí tanto como pude hacia mi cuerpo, que no paraba de tiritar. Seguí nadando con tanta firmeza como pude, con la respiración cortada entre brazadas. Nusa había llegado antes a la playa; cuerpo se desplazaba por el agua como si ésta lo empujara. Se enrolló sobre la arena, alrededor del saco, mostrando los dientes en defensa. Yo coloqué los pies en la tierra tan pronto noté que llegaba, y caminé murmurando pestes.

Condenados guardias de porquería. Es que como no consiga tirarme a uno, los atravesaré a todos con mis cadenas. —si era murmuro o un gruñido era casi imposible de decir, pero me detuve justo al ver a Egil acomodando su cabello mojado. La ropa húmeda pegada a su cuerpo. Me mordí el labio y suspiré.— Eh, caballero sin armadura, por aquí. —susurré, aunque lo suficientemente fuerte para que me escuchara. Y se volteó, y el simple hecho de que me preguntara si estaba bien, me provocaba tomarlo de los hombros y empujarlo a una cama, y no soltarlo hasta que no pudiese ni pronunciar su nombre correctamente.

Sí, he estado ahí un par de veces. —Me sacudí. Mi ala estaba casi seca, pero me tomaría un buen rato bajo este frío secarme los calzones y el cabello. Hice un par de movimientos con las manos, como si estuviera dirigiendo una orquesta invisible. Una ráfaga de viento (no menos helado) me rodeó y a Egil, llevándose al menos una parte del agua que nos empapaba. Luego silbé y Nusa apareció arrastrando las bolsas, colocándose a mi lado. Le acaricié la cabeza.— ¿Quién es un buen chico? ¡Tú eres un buen chico! —le rasqué la panza y solté el amarre de los abrigos, provocando que la armadura saliera rodando.— Creo que necesitarás esto.

Aeromante. Amante y erótico, también. —Hice otro ademán, ésta vez con una sola mano y hubo un suspiro saliendo de ella, un pequeño remolino rojo que desapareció en pocos segundos. —No pasa nada, Nusa también está contento de ayudar. Y por mucho que me guste ver caballeros con ropa húmeda, no es la ocasión. —El mencionado se veía muy satisfecho; se sentó moviendo la cola y jadeando como un perro gigante. Digo, si no tuviera tantas escamas, igual y pasaba como cánido.— Sí, la Tetera es un sitio agradable, y probablemente el único en Erenmios donde puedes tocar algo de música tranquilamente. —Miré mi laúd, completamente empapado y suspiré. Mi mejor arma y estaba todo mojado. Condenada guardia.— ¿Vamos?

El reptil, haciendo justicia a su comportamiento canino, se había levantado y puesto en posición de jugar tan pronto tomé mis pertenencias y comencé a caminar. Primero me rodeó con varios saltos pequeños, luego no dudó en hacer lo mismo con Egil y darle un par de coletazos, haciendo sonar las escamas contra el metal.

¡Hey! ¡Pst! ¡Nusa, quieto! —Ordené en un susurro. Un par de saltos más y obedeció; caminó a mi lado rozando su cuerpo con el mío, toque que era suficiente para hacerme caminar medio de lado. El hecho de que su tamaño en cuatro patas fuera ligeramente menor a mi tamaño de pie me hacía tener que lidiar con su cabezota y lengüetazos en la cara sin esfuerzo alguno de su parte. A este paso saltaría sobre él para que se quedara quieto. Me giré a ver a Egil, momento en el que Nusa aprovechó para lamerme la nariz.— Lo lamento, le gusta jugar con su comida.
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Mensaje por Amelie Winter el Miér Ene 30, 2019 5:27 pm

Ubicación: Velero (embarcación de la noche)
Interacción: Rimbaud
Nota: Perdida en el barco

-“El barco no espera por nadie”- Las palabras del tabernero hacían eco en mi cabeza, mientras caminaba por la cubierta del barco, ese día había sido largo, cansado, tenía que terminar cosas que Lorien me había encargado, si no las terminaba a tiempo sé que me esperaría un regaño suyo.

 Así que llegué al puerto de Taimoshi Kinao algo tarde y me subí al primer velero que ví, estaba tan cansada que me olvidé preguntar si era o no. Pero no podía creer lo tonta que había sido al tomar ese barco, descubrí que no era cuando el barco hubo zarpado y escuché a dos personas hablando sobre Erenmios, ¿y ahora que haría?,  tendría sí o sí que llegar a Erenmios y de ahí preguntar cómo llegar a Monte Keyback.

Pasar la noche en alguna taberna. Suspiré y caminé hacía la parte del frente del barco, diciéndome a mí misma lo tonta que había sido por haberme equivocado. Había poca gente despierta, la mayoría simplemente dormía sujetando sus cosas o  dormía encima de ellas.

Me apoye en el barandal cuando un hombre en armadura comenzó a hablarme del frio y de lo hermosa que era la vista, lo miré por un segundo y miré al paisaje -Si lo es- suspiré un segundo viendo las estrellas, ojalá Lorien pudiera ver todo esto, ¿que estará haciendo ese Elfo en este momento?

-¿Te gusta viajar de noche?- El caballero en armadura se puso a mi lado, y pude ver que era mucho más alto que yo, me gustaba su explicación del mar y tenía razón, el mar estaba tranquilo y se respiraba paz en todo el barco, comenzó a explicarme que estaba más acostumbrado al bullicio, y también me dijo su nombre  Rimbaud,  le sonreí, su nombre sonaba muy musical.

 - Mucho gusto Rimbaud, mi Nombre es Amelie, la verdad es que si está muy calmado,- volví a suspirar - ¿y hacia donde te diriges?-  dije mirando su yelmo que en la oscuridad de la noche los detalles se perdían junto con esta.

-Erenmios en este momento es un caldero hirviente, y la corrupción surge de allí como un hedor irrespirable. Su reciente dictador revuelve lentamente con un puño de hierro. Brahms es su nombre, un soldado que no merece el título de caballero. Mi destino está en esa ciudad. Para bien o para mal las estrellas me guían hacia el encuentro contra ese hombre-

Quedaba confirmado, yo era la única tonta que se confundió de barco, volvió a suspirar - así que tu destino es Erenmios... ¿y qué vas a hacer cuando lo tengas enfrente?- Los tripulantes del barco comenzaron a salir de su duermevela a medida que el navío rompía olas girando hacia babor, algo. El comenzó a explicarme que antes debía dirigirse a una taberna, y por dentro me alegré, podría dirigirme con alguien que si bien acababa de conocer, era agradable por el momento.

Al escuchar su pregunta de que iba yo a hacer allá, tragué saliva, este era el momento en el que el caballero sin rostro, ya que la oscuridad no me permitía vérselo,  me tomaría por una despistada, o loca aventurera -Ninguno... básicamente...- mis mejillas se sonrojaron, me daba vergüenza admitir esto -Básicamente... me equivoqué de barco... así que mi plan ahora es pasar la noche en una taberna y ... a ver que se puede hacer...- dije todo mirando a la sombra de la isla en el horizonte, ya nos estábamos acercando al puerto. -Así que no te extrañe si termino persiguiéndote esta noche- dije sonriendo tomándomelo un poco a broma, un poco en serio.

Noté que los marineros comenzaban a hacer cosas extrañas, no entendía muy bien que estaba pasando. Cuando pronunció la palabra hostil me puse pálida, genial, perdida en medio de la nada, en una guerra que no había pedido, me preguntó si sabía utilizar mis armas por lo que respire profundamente y asentí con la cabeza más me valía saber utilizarlas bien en ese territorio.

Me di cuenta del ajetreo que estaban formando los marines y comencé a ponerme nerviosa, y más con lo que me acababa de decir el caballero -¿Que estará pasando?- Me puse mucho más pálida cuando Rimbaud pronunció la palabra NADAR -¿¡Na...NA... NADAAR!?, pe... pe.. peeeroo yo no se Nadaaar- el corazón comenzó a irme muy fuerte en el pecho y no paraba de ver el oscuro mar en el cual no se veía nada y de seguro yo no haría pie.

En mi cabeza no podía parar de pensar en las posibilidades de quedarse en el barco, pero si hiciera eso, no sabría donde terminaría y al menos aquí estaba con alguien amable que podría ayudarme.

Sonreí por la calma en sus palabras al decirme que todo se complicaba por momentos, - pues un poco bastante, si-  de pronto sentí como el caballero comenzó a mirarme y mis ojos no paraban de ver donde se suponía estaban los suyos, el comenzó explicando que había algo extraño en mí y mientras explicaba se tomó un momento, como pensando que iba a decir.

Retomó su explicación y nunca alguien me había tratado tan elegantemente pero me sentía contrariada, por un lado era encantador lo que me estaba diciendo, pero por el otro estaba nerviosa de que íbamos a hacer, me quedé atónita al escuchar su pregunta , no podía creer que en ese momento me estuviera preguntando eso... teníamos que saltar o nos dejarían atrás y él tenía una misión que cumplir y... respire... me estaba alterando demasiado, y tenía que mantener la calma si quería seguir con vida al menos para ver a Lorien de nuevo -Si..., soy una sílfide, mitad humana... pero si..., eres la primera persona que se da cuenta sin que yo se lo diga.... pero... ¿qué vamos a hacer?- señale el mar mirando donde supuestamente tendría sus ojos, Él me explicó que él tampoco era un humano común y corriente y me dijo que era por lo mismo por lo que me preguntaba eso en un momento tan delicado como este.

De pronto me dijo que le siguiera y sin pensármelo mucho lo seguí, estaba intrigada de ver qué idea se le habría ocurrido al caballero, nos detuvimos en un lugar apartado y el caballero comenzó a quitarse la capa, comencé a asustarme pensando en qué demonios estaba haciendo, pero en cuanto esta cayó reveló dos pares de alas de escarabajo, me di cuenta que tenía la boca abierta hasta que la cerré y sonreí al oír su pregunta -Si, me encantaría volar, ¿seguro podrás con los dos?- Rimbaud respondió que sí y que Además le parecía que había cargado con escudos más pesados que yo eso me hizo sonrojarme y sin decir palabra me acerqué lentamente a Rimbaud.

Más cerca su figura daba miedo, tanto por la armadura como por lo alto que era, pero su forma de ser era muy distinta a la imagen que veían mis ojos. Me puso la capa sobre los hombros, era de lana basta y pesada, me explicó que en el aire haría mucho más frio. Al sentir la pesada capa, se doblaron mis piernas por un segundo, no esperaba que fuera tan pesada, el tendría que tener mucha fuerza si cargaba con esa capa todos los días.

Me sonrojé por un segundo al escuchar que me tomaría en brazos para no dejarme caer, pero aclaré mi garganta para poder hablar - Si, está bien... no queremos que eso ocurra ¿cierto?- respiré un segundo - Estoy lista- Sentí como el titubeó cuando me iba a levantar pero lo sentí algo normal, para los dos, en cuanto me tomó en sus brazos instintivamente tomé su cuello y por primera vez en toda la noche pude ver sus ojos negros.

Cuando alzamos vuelo lo sujeté más fuerte, sus alas hacían un ruido característico que ya había oído antes, pero multiplicado por 20,  así que esto era lo que se sentía volar, estaba tan embobada que me sobresalté cuando de pronto Rimbaud me dijo que abajo de nosotros estaban los tripulantes del barco nadando.

 Un escalofrío recorrió mi espalda, si no fuera por él, me hubiese ahogado o hubiera navegado en un barco vacío y a la deriva sin saber qué hacer, me sentía muy agradecida con él.

Llegamos a la playa en un dos por tres y como había dicho el caballero de ojos negros no fue difícil pasar y me bajo diciendo Sana y salva, eso me hizo sonreír -Gracias por el viaje, fue... estuvo muy bien- me quite su capa pesada y se la di puesto que seguro tendría frio y yo podría seguir con mi capa.

Comencé a seguir al caballero caminando y como supuse a un paso suyo yo daba tres por lo que tenía que ir a prisa si no quería que me dejase atrás. Tenía esa curiosidad tan grande por querer preguntar pero me parecía descortés hacerlo, aunque el me lo hubiese preguntado antes, miré por un segundo al caballero de ojos negros y me atreví a hablar –Por cierto, en el barco dijiste cosas como que no eras un humano del todo y tus alas… las he visto antes, yo… también sentí… que hay algo especial en ti y…- me estaba costando tanto hablar, no sabía si era por el cansancio o por el hecho de que no quería entrometerme en la vida de Rimbaud, así que me detuve un segundo, suspire y dije-¿Qué eres?- El me respondió que un Antropomorfo pero que hubiese sido  mejor decirle “Quien”, en ese momento agaché la cabeza, no había sido mi intención hacerle sentir mal -lo siento.... yo... es que no sabía cómo... preguntártelo... lo siento - levante mi mirada buscando la suya -no fue mi intención hacerte sentir así- El caballero movió la cabeza asintiendo y me alentó a seguir caminando, ya faltaba menos para llegar.

Continúe caminando en silencio repitiéndose en su mente "Eres tonta Amelie, no solo te equivocas de barco, ahora haces sentir mal a la única persona que te ha ayudado en todo el viaje", el solo me había ayudado y ahora yo lo trato así .

Las torcidas calles de la ciudad habían visto días mejores. Y ni qué decir de la gente que las deambulaba. Avanzamos juntos sin separarnos demasiado y al fin llegaron a una amplia calle, la cual a pesar de estar mejor iluminada seguía teniendo todo tipo de amenazas disfrazadas de transeúntes.

En ese momento tan crucial, las cosas que me decía el caballero fueron como órdenes para mí, no paraba de mirar a todos lados y puse mi mano en mi arco por si tuviera que sacarlo de emergencia. La calle estaba tan silenciosa y tan caída a pedazos que daba miedo quedarse en la calle solos, por suerte llegamos a la tetera y Rimbaud me cedió el paso - Gracias- Entré en la tetera y lo espere.


Última edición por Amelie Winter el Dom Feb 03, 2019 2:02 pm, editado 1 vez


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[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) Empty Re: [Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1)

Mensaje por Rimbaud el Sáb Feb 02, 2019 9:48 pm

Ubicación: Velero (embarcación de la noche)
Interacción: Amelie.
Nota: Luego agregaré los colores.


El velero se movía con soltura por la espalda del mar, con sus sucias velas hinchadas y tirantes, avanzaba hacia la isla en completa oscuridad. Corrían tiempos violentos y cualquier precaución era poca frente a los rumores que se contaban sobre Erenmios, por lo que Rimbaud había optado por viajar de noche. No había duda en que su misión era peligrosa, pero sus valores le dictaban luchar contra la injusticia. Era por eso que apenas llegara pondría su espada a servicio del Puño Negro, quienes eran la cara visible de la oposición al dictador que se había instalado en la cabeza de la isla.
La quilla crujía y no le dejaba dormir, su camarote era estrecho y el olor a alquitrán penetraba y regía por sobre todos los demás aromas. Se sentía asfixiado, por lo que decidió subir a cubierta. Allí habían pasajeros aquí y allá tratando de pasar el tiempo antes del arribo al igual que él. Ya estarían próximos a la costa, por lo que caminó hasta la proa, barrida por el viento frío, y se plantó en medio decidido a practicar un poco de esgrima para matar los minutos.

La fresca brisa nocturna le perló la armadura y la espada. El Hierro Negro parecía beberse la luz de las estrellas, moviéndose como una saeta mientras el caballero danzaba como una mole aventando cortes, aunque sus movimientos distaban mucho de su tamaño. Era pesado y grande, sí, pero igual de ágil. Ya comenzaba a entrar en calor cuando notó que alguien se acercaba.
Era una mujer con facciones muy marcadas. El caballero al verla entrar en su campo de visión, bajó su intensidad y se fijó en ella con todo el recato que pudo. Poseía un avanzar algo rígido, como si no estuviera del todo acostumbrada a viajar en barco. El caballero se detuvo y envainó su espada, para que ella pudiera caminar por la proa sin problema. Su rostro parecía el de una doncella, brillante y limpio, de ojos llamativos y mirada cálida. Rimbaud, poco acostumbrado al silencio, no supo que hacer, pues no paraba de mirarla.
Hace bastante frío por esta esquina del mundo. Pero la vista es hermosa. —Dijo para rellenar el silencio, aunque también intrigado por cómo sonaría la voz de aquella humana.
Ella le respondió de manera escueta, un sencillo sí, lo es. Pero fue suficiente para satisfacer el hambre del caballero. Sonaba tal cual como era ella. Rimbaud se tuvo que calmar, era la primera vez que se sentía extraño y plácido a la vez. Luego ella preguntó:
¿Te gusta viajar de noche?
El caballero se acercó a la baranda en donde ella se encontraba, el mar estaba calmado y el cielo despejado. Más allá, hacia donde debería estar la isla ya comenzaban a distinguirse las luces de la ciudad, y también del puerto.
Me gusta la tranquilidad de la noche, además de la vista —El caballero hizo un ademán para que la muchacha diera un vistazo abajo—. El mar parece un espejo del cielo. Es como si navegáramos entre estrellas. —Luego de un breve silencio agregó—. Aunque tanto silencio me perturba. Estoy acostumbrado a el bullicio —Se encogió de hombros—. Costumbres. Mi nombre es Rimbaud.
Había hablado demasiado, o quizá muy poco. Había observado cómo se relacionaba la gente, cómo se realizaba una charla para pasar el rato, y aunque pocas veces lo había hecho, esta era la primera vez que de verdad quería agradarle a su interlocutora.
Ella se presentó como Amelie, le sonrió. Lo miró a los ojos, o más bien miró su yelmo y trató de buscarlos bajo la oscuridad que producían sus recovecos.
¿Y hacia donde te diriges? —Otra pregunta más, el caballero sonrió para sus adentros, al parecer había logrado captar su atención.
Se sentía bien estar cerca de ella. Si no hubiera leído tantas novelas de caballeros y princesas casi hubiera traducido esa sensación como un ligero enamoramiento.

Pero los caballeros y las doncellas se enamoraban después de la batalla final.
Y por supuesto, él no era un caballero ni mucho menos, aunque le gustara vestir y aparentar como uno.
Ah, y claro, ella no era una doncella indefensa. Lo podía notar por las armas que estaban cubiertas por su capa. Pero defensa o indefensa, era algo más que una muchacha. Aquella sensación era algo más. Se estaba confundiendo.

Luego de cierto silencio, el caballero se hinchó de aire y comenzó a hablar:
Erenmios en este momento es un caldero hirviente, y la corrupción surge de allí como un hedor irrespirable. Su reciente dictador revuelve lentamente con un puño de hierro. Brahms es su nombre, un soldado que no merece el título de caballero. Mi destino está en esa ciudad. Para bien o para mal las estrellas me guían hacia el encuentro contra ese hombre.
Luego de decir esto, el caballero notó como el barco iba girando a babor, rompiendo olas a medida que bajaban las velas. Sobresaltado, observó como en la cubierta los viajeros comenzaban a salir de su duermevela, desperezándose, mientras los grumetes trabajaban con los cabos, bajando las lonas del trinquete y mástil para consumir menos viento. Algo sucedía, todavía estaban lejos de la costa. Pero Rimbaud se quedó en su sitio, aún en la compañía de Amelie. La miró y de pronto el barco pasó a segundo plano.
Hay un lugar al que me debo llegar. —El caballero observó a la muchacha detenidamente: su tez blanca y sus ojos quedaban semicultos por un cabello negro que caía en cascada por sus hombros. La capa que cargaba sobre los hombros ocultaba medianamente su figura y las armas que cargaba consigo—. Una taberna. Un lugar neutral. Y tú, ¿qué planes tienes en Erenmios?

Ella comenzó a hablar, básicamente le comentó que había errado en el barco, y que no tenía nada qué hacer en Erenmios más que pasar la noche a salvo y partir luego en la mañana. Hubo un instante de relajo en el caballero, no podía haber imaginado a la muchacha metida en aquel caos que se había vuelto la ciudad.
Cuando el velero terminó de orzar, a la distancia el caballero pudo notar que les estaban esperando en la costa. De eso se trataba todo el asunto. Los marineros, acostumbrados a la mala suerte, dieron comienzo a un plan de emergencia, llamando a la gente a llegar al puerto por sus propios medios.
Amelie le pidió ayuda entonces, para llegar a un lugar seguro, a la taberna. El caballero notó la sonrisa de la muchacha, había algo oculto en ella que le producía paz en el pecho. Al no poder reflejar ningún sentimiento por culpa del yelmo, asintió y dijo con tono amable.
Será un gusto. No conozco el camino a la Tetera, pero de seguro algún grumete nos podrá dar indicaciones.
Luego de encontrar a alguien y alistarse para nadar. El caballero se acercó a Amelie.
El territorio al que nos acercamos es hostil. En caso de que nos toque luchar, ¿puedo contar con que sepas usar las armas que cargas?
Ella no estaba para nada contenta con la situación, de seguro no era una mujer acostumbrada a la lucha y las situaciones peligrosas.
¿Qué está pasando?
Es la gente del dictador. Esperaban la llegada del velero. —Apuntó hacia la isla envuelta en sombras, donde cuatro luces fulguraban en los palos el puerto—. Deberemos nadar hasta la orilla.

El mar se estaba salpicando de viajeros en busca de la costa. A Rimbaud no le parecía gran cosa tener que recular por el océano hasta tierra, si bien no sabía nadar, los demás tripulantes del barco lo hacían sin problema, solo era cosa de emular su manera de mover los brazos y piernas. Se acarició el mentón mientras pensaba la mejor manera de llegar hasta el puerto cuando se sobresaltó con las palabras de la muchacha, que se descubrió como una total inexperta en los temas del nado.
Supongo que eso complica las cosas.
Una pequeña barcaza les habría sacado de apuros, pero los marineros no estarían dispuestos a arriesgarse a acercarse en una. El caballero miró a la muchacha, ladeó la cabeza y lanzó una pregunta
Sabes, Amelie, hay algo extraño en ti. Lo puedo sentir, es —se calló un momento tratando de buscar las palabras—... Es como una luz cálida, como un fuego en medio de la noche. Lo siento en el pecho, porque, la verdad soy un tanto diferente a los demás humanos. Tengo, cómo decirlo... una ligera ascendencia animal. —Finalmente, y luego de un suspiro, mantuvo la distancia y la compostura para preguntar con total neutralidad—. ¿Eres una ninfa?

Lo llevaba pensando un rato. Él nunca se había enamorado, así que no tenía idea de la sensación ni el sentimiento, pero aquello que irradiaba Amelie era si bien algo parecido a lo que alguna vez pensó que sería estar enamorado, era una sensación más cercana al instinto animal escondido en su sangre, el cual, por mucho que pudiera emular a un humano, no podía evitar.
Ella lo observó un instante, impresionada, pero finalmente lo aceptó. Sí, ella era una ninfa, una sílfide, mitad humana. Aquello era extraño, y fascinante. El caballero no se podía contener de la emoción. Las ninfas eran lo más cercano a las deidades que podía existir en Noreth, y ahora él tenía una enfrente.
Ella, sin entender a qué iba todo el asunto se vio obligada a preguntar qué tenía en mente el caballero.
Agradezco el voto de confianza al haber revelado tu pequeño secreto. Como te comenté, yo tampoco soy del todo humano. Y te digo esto porque, sé cómo sacarnos de aquí sin tocar el agua. Ven.
En el apartado castillo de proa, el caballero se puso a unos dos metros de distancia de la ninfa, y llevándose las manos al pecho, abrió los broches de su capa, está cayó cuan pesada era en la cubierta y reveló las grandes alas de insecto en su espalda. Mientras habían caminado hasta el lugar Rimbaud se había encargado de generar otro par de alas del mismo tamaño para poder cargar el peso de la muchacha, así que cuando se quitó la capa, ella pudo observar dos pares de alas, igual de anchas como los de un divium.
¿Te apetece volar?

Ella parecía maravillada, sin miedo, sin tapujos, entendió que el caballero la quería ayudar. Le lanzó una sonrisa y le preguntó si podría cargar con ella.
Me he asegurado de ello —Se encogió de hombros para que las alas se movieran y agregó—. Además, me parece que he cargado con escudos más pesados que tú.
Una ligera risa afloró del yelmo. El caballero recogió su capa y le hizo una seña con la mano a la ninfa para que se acercase. Abriendo la capa cuan ancha era, el caballero espero a que la muchacha se acercase hasta él.
Ten —le puso la capa sobre los hombros, era de lana basta y pesada—, entre más nos alejemos del agua más frío hará. No pienso subir demasiado, la noche es cerrada, así que no será difícil pasar desapercibidos en el aire, pero no quiero correr riesgos. Unos veinte metros, por encima del palo mayor estará bien.
Dicho esto esperó a que Amelie estuviera lista.
Te acunaré en mis brazos, si estás de acuerdo. Es una manera cómoda de viajar, y así no te me caerás en caso de que nos coja una corriente fuerte de viento.

Fue bastante extraño cargar a alguien. Era la primera vez que lo hacía y la verdad le resultó muy agradable. Con los brazos de la ninfa alrededor de su cuello, pudo sentir la fragancia de ella, un olor fascinante, como si guardara la fragancia del olor del aire antes de una tormenta.
Al llegar a tierra sin mayores complicaciones el hechizo del vuelo se rompió, y volvieron a ser un par de recién conocidos. Ella le devolvió su capa.
Gracias —Le respondió el caballero—. Ahora, me parece que sólo queda caminar unas cuantas calles en esa dirección —apuntó una callejuela—. Según los marineros del velero, podremos distinguir a la Tetera con facilidad.
Era la única estructura que no estaría golpeada por el descuido.

Andando por el lugar, Erenmios era todo lo que le habían dicho que era. Pero no pudo tomar nota de todo lo que sus ojos veían, pues la muchacha abarcaba gran parte de su atención.
Por cierto, en el barco dijiste cosas como que no eras un humano del todo y tus alaslas he visto antes, yotambién sentíque hay algo especial en ti y…—Se quedó en silencio un momento tratando de buscar las palabras, finalmente se detuvo, observó al caballero y preguntó—: ¿Qué eres?
¿Qué soy? —El caballero se detuvo y bajó la mirada para encontrar la de la ninfa—. Hubiera sido más adecuado «Quién eres». —Soltó un suspiro, algo apesumbrado, no esperaba a que ella lo tratara así. Era la primera vez que se le daba tan bien conversar con alguien, aunque lo atribuía a la ascendencia de la muchacha más que su forma de ser. De todas maneras le dolió un poco que se refiriera a él como «algo» en vez de «alguien»—. Soy un antropomorfo. Eso es todo lo que te puedo decir de momento. —Respondió finalmente un tanto cortante, pero de inmediato se recompuso y le dijo de forma amable—. Mi filosofía dicta que lo importante es lo que hacemos, no lo que somos.
Se la quedó mirando, esperando que aquello no cortara de manera abrupta el comienzo de aquello, fuera lo que fuera. Ella bajó la cabeza.
Lo siento.... yo... es que no sabía cómo... preguntártelo... lo siento —levantó la mirada y buscó los ojos del caballero—. No fue mi intención hacerte sentir así.
La voz de la ninfa era sincera. Rimbaud asintió lentamente.
Te entiendo. No te preocupes. Me pasa seguido —Le instó a continuar—. Mejor sigamos, falta poco.
Trató de avanzar y dejar atrás el episodio.
Las torcidas calles de la ciudad habían visto días mejores. Y ni qué decir de la gente que las deambulaba. El caballero avanzó junto con la ninfa a paso firme. Doblaron un par de veces y al fin llegaron a una amplia calle, la cual a pesar de estar mejor iluminada seguía teniendo todo tipo de amenazas disfrazadas de transeuntes.
Mantente junto a mí. —Rimbaud abrió el costado de su capa para que todo el que lo viera notara la espada que cargaba, era una forma bastante poco sutil de demostrar que estaba preparado para cualquier cosa—. La Tetera es esa.
Avanzaron en silencio. Los adoquines de la calle estaban picados y rotos ahí y allá, demostrando el poco cuidado que le habían dado a Erenmios desde la muerte de su antiguo rey. Llegaron a la taberna.
Adelante, después de ti.


Un atardecer, senté a la Belleza sobre mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la insulté.
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Mensaje por Lamb el Dom Feb 03, 2019 12:48 pm

Así como varios otros caminaron en la oscuridad de la noche sintiendo la helada brisa contra sus cuerpos, sensación que se volvía peor si habían terminado en las frías aguas que formaban parte del pequeño puerto pesquero, pero pronto se vieron recompensados con la visión de una posada con las luces encendidas que parecía estar esperando a los extraños que llegaban a la ciudad. Aquel edificio de dos plantas sin duda había visto días mejores, pero fuera de los detalles que pudiera presentar se veía bastante bien conservado para no haber señales claras de mantenimiento, un edificio hecho aparentemente con piedra de la propia montaña que por fuera daba una apariencia austera, pero de cierta manera acogedora.



Una vez dentro la sala común era un largo espacio abierto cubierto de mesas simples de madera, un bar sobre el cual colgaba una tetera esculpida en roca, un pequeño escenario vacío hecho de madera que se veía algo descuidado y un gran fogón donde los recién llegados se acercaban para tratar de mitigar el frio y secar sus ropas. Las mesas se encontraban llenas y que no era raro ver alguna persona solo comiendo para luego alejarse de los otros sin decir palabra, en cuanto un lugar se vaciaba alguien dirigía a una nueva persona a la mesa para atenderle. Si alguien se daba el tiempo de observar con más detenimiento la situación pudiera notar que la mayoría de la gente parecían extranjeros o trataban de pasar desapercibidos y a veces algunos eran llamados a un cuarto separado en la parte de atrás, por las historias probablemente era donde posibles contratantes entrevistaban a aquellos que parecieran útiles para algún trabajo.

La señora Freona, una fuerte y oficiosa enana que administra el establecimiento junto con sus cinco hijas ha hecho lo mejor posible para ser una excelente anfitriona. En cuanto buscan un lugar para sentarse terminan siendo dirigidos por una joven enana con un vestido amarillo con un delantal blanco con un par de amplios bolsillos. -Perdone, creo que hay asientos disponibles por aquí.- Eventualmente Egil, Tentrei, Amelie y Rimbaud terminan compartiendo una mesa donde la misma joven que les llevo se acerca con pizarra en la mano y un trozo de arcilla blanca en la otra. -Hola, mi nombre es Reece ¿Gustarían algo para comer o beber? Si gustan les podría traer algo de arenque ahumado con puré de patatas ¿De beber quizá cerveza o un vino?- Se le notaba algo nerviosa ya que evitaba mirarles directamente, aunque ocasionalmente lanzaba alguna mirada a los presentes para luego ocultarse tras la pizarra. Una vez terminando de ordenar se les dice que es necesario un pago por adelantado para evitar que la gente se marche sin pagar antes de marcharse con lo que hallan ordenado.

La comida y bebidas ordenadas no tardan demasiado en llegar a la mesa, el sabor de la comida resulta bastante buena con cantidad suficiente como para quedar satisfechos. -Si gustan por un módico precio pueden dormir en una de las habitaciones del segundo piso, solo espero que no les importe que sea una habitación compartida.- Al final terminan en una gran habitación llena de camastro de doble piso que hacía parecer más una barraca que una habitación de posada, donde fácilmente cabrían unas diez personas y poco espacio para cualquier otra cosa. La noche invitaba a dormir, pero unos cinco minutos después volvió Reece señalando a otras personas a parte de ustedes. -Perdonen mi interrupción, un sujeto en el piso de abajo ha preguntado si podría traerles. Dijo algo sobre dinero cambiando de manos por un trabajo fácil.- No parecía saber nada más y se le notaba jugando nerviosamente con su rojizo cabello rizado.

Son conducidos a un cuarto en la parte de atrás de la estancia común, frente a ustedes hay una figura encapuchada en el extremo de una larga mesa de madera el cual se expresa con una voz baja que denota que trata de ocultar su verdadero tono de voz. -Gracias por venir, soy miembro de la Alianza Velada, una organización que pelea con el mal halla donde se oculte. Mis aliados han capturado a una mercader que iba a comprar ilegalmente un huevo de dragón rojo y necesitamos que alguien se haga pasar por ella y sus ayudantes.- Señala con el dedo a Amelie. -Te pareces suficiente a ella y creo que podrías engañar a los vendedores mientras los demás si aceptan pueden ir como asistentes, guarda espaldas, portero o lo que consideren. Solo necesito que vallan al sitio de la compra, hagan la transacción y pongan esto en alguno de los vendedores para que mi grupo podamos rastrearlos.- Pone en la mesa lo que es una pequeña aguja de plata, bastante discreta y mundana a simple vista. Luego ante ustedes pone una bolsa con piedras preciosas que parecen ser valiosas. -Comprarían el huevo con estos diamantes falsos, una vez que traigan el huevo se les pagara un total de 20 kulls de plata. Solo recuerden que en ninguna circunstancia deben pelear con los vendedores o dañar el huevo. Les repito, la idea es rastrear a los vendedores, matarlos o capturarlos sería contraproducente.- Aquello ultimo lo recalcaba mucho, como si tuviera muchas experiencias dejando tareas a extraños que requerían discreción que terminaran en violencia, pero necesitaba conseguir la gente para esta misma noche. -¿Aceptan?- Se quedo observando a los presentes esperando su respuesta.

---
-OFF aquí-


Última edición por Lamb el Lun Mayo 06, 2019 10:27 am, editado 5 veces
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Mensaje por Tentrei Iskusstvo el Dom Feb 10, 2019 11:28 pm

Ubicación: Taberna
Interacción: Egil, Rimbaud, Amelie, Camareras, Encapuchado.
Mención: -

Egil no había reaccionado a mi broma, y cuando volteé a verlo asumí que la razón era que estaba demasiado ocupado intentando no morir de frío. Conduje al caballero hasta la Tetera, camino que me había aprendido de memoria. Podría jurar que el interior de la taberna parecía el comienzo de una partida de dominó. Había gente regada por todas partes y nadie se estaba quieto. Así, como estábamos, me provocaba saltar sobre una mesa a tocar una canción. Pero sería imprudente dadas las circunstancias, incluyendo el hecho de que mi laúd estaba mojado.

Aquí es —Afirmé con una sonrisa pícara -como si tuviese otra sonrisa-

Egil inspeccionó el lugar y en un segundo se me había perdido entre la muchedumbre. Allá estaba, plantado frente a la chimenea como si su vida dependiera de eso. Lo perseguí como si tuviéramos algo en común además de venir en el mismo barco. Nusa al entrar se había... Encogido. Si era posible. Su elegancia y belleza se volvió una masa de escamas que intentaba que no le pisaran la cola entre el gentío. Al ver el fogón y a Egil frente a él, se hizo su camino hasta arrimarse al caballero, cabizbajo y con la cola entre las patas, claramente no habituado a no tener espacio para estirarse a lo largo. Me coloqué cerca también para secarme; aunque ya había dejado de temblar, la ropa húmeda pegada a la piel me causaba escalofríos. Luego de un momento, le toqué el hombro al caballero.

¿Te apetece cenar? —Fue un acto seguido, Egil preguntando y la enana apareciendo entre la gente. O era el buen servicio o una bendición de las lunas. Quizá ambas.

Perdone, creo que hay asientos disponibles por aquí. —nos condujo hacia la mesa, donde compartimos lugar con dos personas; un caballero más acorazado que una tortuga y una chica que no cuajaba por ninguna parte. Nusa también se sentó en un lugar, como si fuera persona. La camarera ofreció pescado, vino y cerveza.

Sí, arenque suena bien. Que sean dos, y... —Busqué en el sitio con la mirada. No logré ver copas. Genial.— un tarro —hice un gesto con las manos para mostrar lo que sería el tamaño de un tarro, haciendo énfasis en el tope, como para que lo trajera bastante lleno— De vino, y agua, si la tienen. Gracias.

Egil pidió té de rubí, y me sorprendía que hubiera en un sitio como éste. La camarera repasó el pedido.

U-Uhm... —Se veía nerviosa, jugaba con su cabello, ¿había algo que iba mal?— Necesitamos que paguen por adelantado, así no nos roban... por favor. —El acorazado, por su parte, se ofreció a pagar la cena de la chica. ¿Estarían juntos... juntos?

Me encogí de hombros y hurgué en el bolso. Estaba mojado. Mucho. Incluso di un par de vueltas más para asegurarme de que no hubiera un pez nadando por allí. Luego saqué varias monedas; puse la cantidad justa en las manos de la muchacha, y me quedé con algunas en la mano, viendo por si a alguien le faltaba. La chica recibió todos los pagos y se marchó a buscar el pedido. Luego de asegurarme que Egil había pagado, guardé las monedas en mi océano personal y miré a nuestros acompañantes. La chica era linda, al tipo no le podía ver ni los ojos. Extendí una mano entre ambos con una sonrisa.

¡Hola, Soy Tentrei!

Se presentaron; Rimbaud y Amelie. A Egil ya lo conocía… más o menos.

Un placer —Miré a Rimbaud y a la chica. Señalé al primero.— A ver, tú tienes armadura, vienes por o para algo o alguien. —luego señalé a la chica.— Pero tú, ¿Qué te trae por estos lugares? Digo, si no te importa que pregunte.

Tuve que taparme la boca para frenar una carcajada con la respuesta de la chica, que por fortuna sólo terminó en una risita.

Te... Vale. —Respiré profundo para no reír y  la volví a mirar, aunque no pudiendo negar una sonrisa.— son cosas que pasan. A mí es que atraen los problemas como un imán, y este lugar los tiene de sobra. 

Con la respuesta de la chica, hubo un intercambio extendido de palabras entre Rimbaud y Egil. El caballero tenía buenas intenciones, Egil… las suyas. Cosas sobre honor y... y temas en los que yo debería reparar más a menudo.

O sea que somos tres niños buenos y una niña perdida... —Miré a Amelie.— ¿O también te unirás a la causa? —lancé a la chica, y ella parecía descolocada y dudosa.

Atrévete —Incité con una sonrisa, y luego señalé a Nusa con el pulgar. El reptil estaba moviendo la cola y jadeando.— Mira, él también quiere que te unas.  — ¿Incitarla? ¿Yo? Por supuesto.

Quizá. —Le guiñé el ojo, y volví la vista a Rimbaud.— Entonces un caballero errante. Qué bonito, tenemos más en común de lo que pensaba.

Entonces llegó la comida. Al fin. Sonreí al ver a la chica cargar tantas cosas al mismo tiempo y con tanta precisión. Nusa le había entrado al plato al instante que lo tuvo en frente.

Gracias —dije por ambos y me detuve a ver a Egil y su maravillosa expresión cuando probó el té.— No, no tiene mucho sabor, pero mantén una taza de eso junto a ti y seguro empotras a alguien toda la noche. —Carraspeé, vi al resto y sonreí.— Buen provecho. —Tomé primero un buen trago de vino y me deleité con el sabor del arenque. No pude evitar mantener una sonrisa cuando Egil se quejaba del sabor, pero también noté cómo la tensión en su cuerpo se desvanecía ligeramente a medida que lo tomaba.

La camarera apareció ofreciendo habitaciones por un módico precio, el cual acepté sin pensar mucho, y en el mismo tono, sin pensar mucho pagué la de Egil. La sola idea de verlo por allí durmiendo tirado me carcomía el corazón.

Subí un poco tarde, necesitaba sentir el calor en mi ala antes de irme a dormir. No me dio tiempo de meterme en mi cama cuando la chica interrumpió. Allá iban las intenciones de dormir. Suspiré profundo. Dinero. Trabajo. Eso me hacía falta. Extra en comida y extra en habitación no estaban planeados. Acepté acompañarla, aunque aún desconfiado. Al bajar, nos esperaba un tipo raro, presentándose y dando instrucciones precisas.

Gracias por venir, soy miembro de la Alianza Velada, una organización que pelea con el mal halla donde se oculte. Mis aliados han capturado a una mercader que iba a comprar ilegalmente un huevo de dragón rojo y necesitamos que alguien se haga pasar por ella y sus ayudantes. —Señaló a Amelie— Te pareces suficiente a ella y creo que podrías engañar a los vendedores mientras los demás si aceptan pueden ir como asistentes, guarda espaldas, portero o lo que consideren. Solo necesito que vallan al sitio de la compra, hagan la transacción y pongan esto en alguno de los vendedores para que mi grupo podamos rastrearlos. —Puso en la mesa una aguja que, si fuera yo, la hubiese perdido. Aquello me recordó que debía secar mis armas antes de que el agua les pasara factura.— Comprarían el huevo con estos diamantes falsos, una vez que traigan el huevo se les pagara un total de 20 kulls de plata. Solo recuerden que en ninguna circunstancia deben pelear con los vendedores o dañar el huevo. Les repito, la idea es rastrear a los vendedores, matarlos o capturarlos sería contraproducente ¿Aceptan?

Una misión fácil, y el pago.... Bien, no era una presentación para el gremio, pero tampoco era mal dinero. Asentí sin decir mucho más, y me quedé viendo a Egil y a Rimbaud, curioso de la posición que tomarían. El caballero estaba dudoso, pero terminó siendo arrastrado por la chica y su instinto protector a los animales. El caballero tenía razón, la chica también. Terminé por seguirlos a ver qué nos deparaban las lunas.

El hombre ofreció túnicas y un atuendo de vendedora para Amelie, puntualizando que con ellas nos camuflaríamos mejor. Tomé una, mirándola de arriba a abajo y luego volteé hacia mi ala. Di un largo suspiro y saqué uno de mis haladie para hacer un corte suficientemente grande para pasar el ala, y me coloqué el harapo por sobre el resto de la ropa.
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Mensaje por Amelie Winter el Lun Feb 11, 2019 2:03 am

Ubicación: Taberna
Interacción: Egil, Rimbaud, Tentrei, Camareras, Encapuchado.
Mención: -


Entramos y el lugar estaba repleto de gente, parecían todos extranjeros y la mayoría de gente estaba reunida en el fogón que habían puesto para calentarse, puesto que casi todos tuvieron que nadar. Entonces cuando ya comenzaba a agobiarme por tanta gente, una enana camarera nos atendió—Me parece que por aquí hay una mesa desocupada—Seguimos a la enana y nos sentamos, poco después aparecieron dos caballeros, que al parecer venían juntos.


—Mi nombre es Reece será un placer servirles, ¿Gustarían algo de comer o de beber? tenemos pescado ahumado con puré de papas y de tomar cerveza o vino— Mire a Rimbaud mientras pedía la comida y luego fue mi turno  — A mi, tráeme el pescado y una jarra de agua por favor— Después ordenó el otro caballero y luego el Divium, -Bien, cuatro arenques ahumados, una jarra de agua, una taza de té de rubí, y un tarro de vino y otro de agua y un pescado.- Reece se dio la vuelta, caminó un par de pasos y luego se regresó y nos dijo -U-Uhm... -se enrolló unos mechones de su pelo rojizo en el índice -Necesitamos que paguen por adelantado, así no nos roban... por favor.- extendió sus manos para recibir el dinero. 


Estaba buscando mi bolsa de dinero cuando oigo la Voz de Rimbaud dirigiendose a Reece —pagare lo mío y lo de ella, espero que no te parezca mal Amelie miré a Rimbaud sorprendida —Emm… gracias, No me esperaba eso, pero muchas gracias—le sonreí algo avergonzada pero gustosa de su gesto de amabilidad. Reece, una vez con todo el dinero en mano, volvió a hacer una reverencia no distinta de la primera y corrió a buscar las órdenes.


 Después de que la camamrera se fuera por la comida, le presté atención a los caballeros que se habían sentados con nosotros, uno extendió la mano diciendo — ¡hola, soy Tentrei!— tomé su mano y le respondí —mucho gusto, yo soy Amelie— Miré hacia Egil e hice un gesto con la cabeza dando a entender que es un gusto conocerlo, todo iba bien hasta que me hicieron la pregunta


—Pero tú, ¿Que te trae por estos lugares? Digo, si no te importa que pregunte— Me sonrojé por un momento volviendo a recordar los sucesos que habían ocurrido momentos atrás y en lo tonta que había sido —puees... me equivoqué de barco voy a ver qué puedo hacer para corregir eso, ¿y ustedes?—Tentrei parecía alguien que de verdad le llamaran las aventuras y así lo insinuó el, mientras yo asentía con mi cabeza todavía sonrojada por lo TONTA que había sido, pero incrédula en la parte de que le pasara a mucha gente lo que me había pasado a mi.


—Entonces, ¿Están aquí por lo mismo que Rimbaud?— Miré a este último para que explicara ya que yo no entendía mucho del tema y así lo hizo, pero no era así.  Al parecer Rimbaud venía para ayudar y Egil venía para conseguir dinero. Esto hizo que Rimbaud saltara y comenzarán a platicar entre ellos haciendo que mi cabeza fuera de uno al otro para intentar entenderlos sin conseguirlo.  Hasta que la Voz de Tentrei me atrajo a hablar con el, supongo que fué por ver mi cara de no entiendo de que están hablando — O sea que somos tres niños buenos y una niña perdida... — en cuanto oí su voz le miré — ¿O también te unirás a la causa?—  no lo había pensado hasta ese momento, pero en este punto prefería no meterme en problemas todavía. Aunque la causa era noble para mí, yo necesitaba saber cómo regresar, y la verdad estaba demasiado cansada no pensaba con claridad. — Por el momento prefiero descansar, y saber cómo llegar a mi destino, aunque quien sabe, puede que termine por atreverme a poner mis armas a la causa—
— Atrévete— Me incitó el Divium, luego señaló a su lagartija —Mira, él también quiere que te unas— Miré al reptil que se movía en su silla, era adorable y su color me encantaba, pero volví a dirigir la mirada hacia el Divium para responderle — ¿Me estás tratando de convencer?— Me respondió con un quizás, me guiñó el ojo y siguió conversando con Rimbaud. 


El sonido de unos platos se escuchó a la izquierda de la mesa, y los que volteamos encontramos que Reece venía empujando un pequeño carrito con los platillos que le habíamos indicado. Juiciosamente puso los arenques ahumados frente a Tentrei, Rimbaud y Nusa, el pescado frente a mi, y la taza de té frente a Egil, tras lo que acomodo la jarra de agua, el tarro de agua y los dos tarros de vino pedidos. —Q-Que aprovechen —hizo una reverencia antes de retirarse a otra mesa que seguro le necesitaría. —Gracias por la comida, Provecho— les dije a los demás y comencé a comer sintiendo lo deliciosa que era la comida en mi boca.

Después de acabar de comer, me di cuenta de que todos teníamos hambre puesto que nadie pronunció palabra durante esta. Después llegó Reece para recoger los platos y nos ofreció hospedaje  -Si gustan por un módico precio pueden dormir en una de las habitaciones del segundo piso, solo espero que no les importe que sea una habitación compartida.- Comencé a sentirme incomoda por el hecho de compartir cuarto con 3 hombres pero la enana me respondió lo que yo me temía que por la cantidad de gente no le quedaban mas cuartos así que me tube que conformar, y apurandome antes de que Rimbaud contestara le dí el dinero a la enana diciendo —entonces pago mi hospedaje y el del Caballero— dije señalando a Rimbaud.


Una vez que subimos al cuarto coloqué mi arco y las flechas, así como la espada al lado de mi cama, pero me dejé mi cuchillo en la bota, por si las dudas, puse mi capa en los pies de la cama y me senté en esta viendo que harían los demás, puesto que seguía nerviosa por tener que dormir con tres chicos. Pero no pasó mucho rato cuando volvió a aparecer la enana -Perdonen mi interrupción, un sujeto en el piso de abajo ha preguntado si podría traerles. Dijo algo sobre dinero cambiando de manos por un trabajo fácil.-


Somos conducidos a un cuarto en la parte de atrás de la estancia común, frente a nosotros hay una figura encapuchada en el extremo de una larga mesa de madera el cual se expresa con una voz baja que denota que trata de ocultar su verdadera voz. -Gracias por venir, soy miembro de la Alianza Velada, una organización que pelea con el mal halla donde se oculte. Mis aliados han capturado a una mercader que iba a comprar ilegalmente un huevo de dragón rojo y necesitamos que alguien se haga pasar por ella y sus ayudantes.-Me señala con el dedo, a lo que me sentí algo incomoda. -Te pareces suficiente a ella y creo que podrías engañar a los vendedores mientras los demás si aceptan pueden ir como asistentes, guarda espaldas, portero o lo que consideren. Solo necesito que vallan al sitio de la compra, hagan la transacción y pongan esto en alguno de los vendedores para que mi grupo podamos rastrearlos.- Puso en la mesa lo que es una pequeña aguja de plata, bastante discreta y mundana a simple vista.. -Comprarían el huevo con estos diamantes falsos, una vez que traigan el huevo se les pagara un total de 20 kulls de plata. Solo recuerden que en ninguna circunstancia deben pelear con los vendedores o dañar el huevo. Les repito, la idea es rastrear a los vendedores, matarlos o capturarlos sería contraproducente ¿Aceptan?-


—¿Qué pasará con el huevo del dragón?¿Que harán con el?—Ni siquiera fué tan amable de responder mirándome pero al menos así lo hizo-Se pondra en un lugar donde no cause daño a nadie.-
—Entonces Acepto—Rimbaud parecía mucho mas cauto que yo y comenzó a hacerle preguntas mas especificas al encapuchado, preguntas como ¿Quién es su líder? ¿Por qué esta misión que parece tan importante se la has dejado a completos desconocidos?
 preguntas que realmente tenían sentido pero para mí era mas importante el bienestar de ese dragón.  -Es un trabajo rapido, tomenlo o dejenlo. No puedo decirle mas a unos extraños por nuestra propia seguridad.- Luego de eso inclino su capucha hacia mi, como tratatando de ver mi disposición y si cambiaba por lo que decian los demas. —No me gusta actuar de esta manera. Me parece a todas luces un robo. —Replicó Rimbaud pero mi corazón me decía que debía ayudar. —No voy a dejar a un Animal indefenso, es mi deber protegerlos, siempre que me des tú palabra de honor que protegerán a ese dragón— 
—Dices que tus aliados capturaron a la que iba a comprar ilegalmente el huevo, y supongo que conocen la ubicación del cambio porque confesó. ¿Es posible que hablemos con ella cuando tengamos el huevo qué el caballero aquí presente la escuché decir de su boca qué era ilegal tal compra?— 
-No quiero implicar extraños, pero si lo hacen bien, tal vez podria considerarlo.- 
Entonces Rimbaud aceptó pero solo por mi convencimiento de cuidar al dragón
-De nuevo, si lo hacen bien tal vez podria considerarlo, pero no arriesgare a mis aliados sin motivo.- 
—Por mi parte como dije antes Acepto—
Luego el encapuchado sacó túnicas y un traje de vendedora local para mí, diciendo que para no llamar la atención. Me puse el traje encima de mi ropa.


Última edición por Amelie Winter el Lun Feb 11, 2019 11:42 pm, editado 1 vez


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Mensaje por Egil el Lun Feb 11, 2019 11:09 pm

Ubicación: Tetera de la Señora.
Interacción: Tentrei, Rimbaud, Amelie, Reece, Encapuchado.
Mención: -

Con que le gustaba jugar con su comida. No dije nada a lo que me sonó como una forma de decirme que yo estaba en la lista de cosas que "Nusa" podía comer, pero solo por el hecho de que estaba demasiado ocupado maldiciendo el aire frío entre dientes. Siguiendo al divium, pronto se hizo presente una posada que parecía vida en muerte, con sus luces y su apariencia más cuidada que... todo lo demás que había visto en el camino. Se veia hecha de piedra, por lo que pensé muy estereotípicamente "enanos" antes de saber algo del sitio realmente, además del nombre.
¿Es aquí? —sentí necesidad de preguntar solo por estar cien por ciento seguro.

El divium afirmó, su sonrisa igual de pícara que siempre. En cuanto tuve su confirmación abrí la entrada al lugar y pasé mi vista rápidamente por el lugar. Lo que más llamo mi atención fuera del número elevado de personas, por obvias razones; fue el fogón, parecía que realmente pensaban en todo, mi cuerpo me llevo allá instantáneamente para ver si podía empezar a secarme aunque sea un poquito.

No pasé demasiado tiempo cerca del ismo cuando llego a mis oídos un llamado a alguien para llevarles a otro lugar, la parte trasera supuse, solo porque iban camino a esa dirección, no me importo demasiado al inicio, yo quería secarme todavía. No hacía mucho efecto, pero ya sentía algo de calor. Cuando pensaba moverme, alguien tocó mi hombro y supuse -correctamente- de Tentrei, preguntando si deberíamos cenar.
¿Ya hay alguna mesa desocupada?
Y nada más preguntar, tal vez por magia, tal vez por atención, o tal vez porque la sangre de la señora que daba ordenes a la cocina, servía bebidas y parecía sacar cuentas, todo al mismo tiempo sin aparentes fallas corría en ella, una joven enana de vestido amarillo y delantal se aproximo al divium y mí, dando respuesta a la pregunta.
-Perdone, creo que hay asientos disponibles por aquí.-

Desvié mi mirada al divium y subí los hombros, dejándome guiar junto a él por la joven a una mesa. Nos tocaba compartir con dos figuras más, un caballero que... se veía mejor que yo, aunque no iba a decirlo, y una mujer. Solo pude pensar que eran una pareja de aventureros pensando en causar desastres por el lugar considerando el estado de la ciudad, pero no les criticaría, yo no es que estuviese por razones extremadamente distintas.

Así, con la mesa llena, Reece - según parecía llamarse la enana -, empezó a ofrecernos lo que podría tener, con una particular insistencia en el arenque ahumado, posiblemente una especialidad del lugar. Yo estuve distraído inicialmente al quedarme viendo al hombre en armadura, haciendo preguntas a la joven que parecía insistir en pasarse los dedos por el pelo, parecía nerviosa. No dije nada por incomodidad general, viendo a las personas que tenía en frente en vez de pedir algo a la enana, hasta que simplemente me tocó hacerlo.
Cerveza o vino... ¿no tienen té?
Reece se me quedo mirando, y asintió con la cabeza.
-Tenemos té de ciruela y té de rubí.-
De rubí, gracias. La... taza más pequeña que tengan disponible.
Tras asentir de nuevo, lo que lo hacia la tercera vez ya luego de Rimbaud y de Amelie, miro al joven divium, casi en alerta de no establecer contacto visual a él más que los demás.
-Bien, arenque ahumados, una jarra de agua, una taza de té, y un tarro de vino y otro de agua.-repasó rápidamente, antes de darse vuelta y caer en cuenta en un pequeño detalle, devolviéndose.-U-Uhm... -se enrolló unos mechones de su pelo rojizo en el índice-. Necesitamos que paguen por adelantado, así no nos roban... por favor.-extendió sus manos para recibir el dinero.-
El acorazado, verdadero a su apariencia se ofreció caballerosamente a pagar por lo suyo y lo de la mujer, fue casi un reflejo, pero voltee a ver a Tentrei en ese instante para ver si cara y saber si estaba pensando lo que creía que estaba pensando. Sí, lo estaba.

Al verlo hurgando en su bolso, rebusqué en mi pequeña bolsa de piel, dando que llegaba al precio del té con suerte. Suspiré y dejo caer el dinero en manos de la muchacha antes de amarrar la bolsa de nuevo. Luego de que todos pagáramos, Reece volvió a hacer una reverencia no distinta de la primera y corrió a buscar las órdenes. Pensaba que solo estaríamos en silencio, viéndonos las caras por un minuto o dos hasta que alguien dijera algo a quien conocía y ellos hablarían de lo suyo, y yo posiblemente hablaría con Tentrei, pero no para nada así, casi no me dio tiempo de pensarlo realmente, cuando terminaba mis pensamientos, ya Tentrei tenía la mano estirada presentándose. El acorazado nos hizo conocer su nombre, Rimbaud, y la mujer se llamaba Amelie.

Cerré los ojos mientras se presentaban, con Tentrei haciéndolo primero seguido del resto sería yo el maleducado de la mesa si no lo hacía, no tenía opción.
Soy Egil.

La primera parte de la conversación pareció darse entre Tentrei y Amelie; los divium eran terroríficos. No le daba ni gota de pena señalar a uno o al otro y simplemente preguntarles o afirmar sus suposiciones de para qué estaban allí. Claro, mi idea de que fuesen un par, o siquiera, aventureros que iban a causar problemas, se cayó en cuanto escuché la respuesta de la mujer: se equivocó de barco... de verdad. Tentrei puso también sus intenciones sobre la mesa, intenciones que lo hacían entrar como mejor candidato a mi idea de aventureros problemáticos que a Amelie o Rimbaud, que de hecho venía a lo contrario: ayudar. Con todos comentando para que habían venido, fue como presentarse, me tocaba de nuevo por obligación, aunque en realidad ninguno me estuviese apuntando con un arma y diciéndome "habla" o algo por el estilo.

Yo estoy aquí por dinero —admití sin muchos problemas, imaginé que vendrían después de que dijese eso, y vinieron.
Cosas tan triviales como el dinero no eran prioridad para un caballero real como Rimbaud, y me lo hizo saber. Admitidamente mi selección de palabras no fue la mejor, sonaba como alguien que había venido a vender esclavos o algo por el estilo.
No soy un ladrón —le aseguré, intentando quitarle la idea que pudiese tener de mí por lo que dije—. Prefiero tocar puertas y pedir antes que robar a alguien o maltratar a alguien por su dinero.
Rimbaud continuó, insistiendo en el asunto de la revolución y de que lado estaba realmente.
No me creo un caballero, estarás pensando que lo soy por mi armadura, pero no es así, y por eso no tengo nada en contra de ese hombre al manchar el título de uno. Sin embargo, como persona mi opinión es distinta: le cortaré abajo —reduje el volumen de mi voz, suponiendo que si lo decía en el tono normal sin más atraería atención; hachas, lanzas, espadas y que no a mí persona—. A Brahms, si me lo consigo... por un precio. No me molesta ayudar a mejorar la situación, y si puedo salvar a alguien lo haré sin cobrarle, pero si puedo cobrar y salvar a alguien; mejor para mí. No puedo negar que estoy más por el dinero que por razones puramente nobles como las tuyas —respondí con enfasís en el "y", antes de subir la mirada al hombre—. ¿Realmente viniste solo a ayudar? ¿y cómo es que bebes... sin derramar? —pregunté con mayor curiosidad en lo segundo que en lo primero.

Tras esa explicación más extensa Rimbaud se quedo tranquilo, indicando su respeto a mis razones. Igualmente respetaba las suyas, eran mejor moralmente que las mías. Que se tomase tan en serio la caballería me llamo la atención, lo observé en silencio tan poco intensamente como pudiese mientras Tentrei le tiraba una punta a Amelie e intercambiaban palabras. En ese espacio tiempo noté la ausencia de algo indicando de qué orden venía Rimbaud; no resistí preguntárselo.
¿A qué Orden perteneces?
Y respondió... ninguna. Me quede observando a Rimbaud por unos instantes, su respuesta solo me permitió pensar "entonces no tienes realmente el título de caballero"; pero no le iba a decir a alguien que actuaba así más que alguien que si tenía tal título pero lo manchaba.
Comprendo...

l sonido de unos platos se escuchó a la izquierda de la mesa, y todos los que volteamos encontramos que Reece venía empujando un pequeño carrito con los platillos que le habían indicado. Juiciosamente puso los arenques ahumados frente a Tentrei, Rimbaud y Nusa, el pescado frente a Amelie, y la taza de té frente a mí, tras lo que acomodo la jarra de agua, el tarro de agua y los dos tarros de vino pedidos.
-Q-Que aprovechen.-hizo una reverencia antes de retirarse a otra mesa que seguro le necesitaría.

Gracias —respondí poniendo mis manos sobre el yelmo para quitármelo, lo acomodé en mis piernas y levanté la taza de té, acercándola a mi boca mientras cerraba los ojos para que el humo entrara por mi nariz, disfrutando el olor con solo el sentido del olfato—. Bien... —acerqué la tacita a mis labios y tomé un sorbó del té, a lo que... abrí los ojos, y volví a olerlo para verificar—. ...
Tenia el sabor de... de... no tenía idea a qué rayos sabia, pero no era un buen sabor. Nada similar al petrichor que había penetrado mi nariz.
Más nunca me dejaré llevar por el nombre de las cosas —dije mirando de reojo a Tentrei—, pensé que sabría a fresa... o frambuesa... cereza... que se yo... hay tantas cosas rojas en este mundo... y no sabe a ninguna de ellas, sabe a... —pausé, volviendo al hecho de que no podía definir su sabor—. Da igual... —volví a llevar la taza a mi boca, resignándome a intentar disfrutar por lo que había pagado.

Aunque el comentario de empotrar de Tentrei lo deje pasar por alto, comprendí lentamente a que se debía: mis músculos empezaron a relajarse, poco, muy sutil, pero definitivamente atenuaba mi cansancio. Tal vez no fue una mala compra a fin de cuentas, solo seguí tomando en silencio mientras el resto disfrutaba su comida.

Entonces Reece volvió, ofreciendo habitaciones por un módico precio. Me puse de pie instantáneamente, negando con la cabeza e informando que no me alcanzaba el dinero. Estaba dispuesto a dormir afuera, pero Tentrei se ofreció a pagar mi habitación, a lo que acepté entredientes, no por pena, sino porque... era un divium... y eso podría traer implicaciones. Le agradecí con una reverencia y le hice saber que le pagaría de vuelta en cuanto tuviese el dinero, tenía ganas incluso de ir a vender alguna parte de mi armadura solo para quitarme de arriba la deuda, pero dejaría eso para mañana.

Una vez en la habitación me senté en una cama libre, sosteniendo mis pocas pertenencias muy de cerca. Por alguna razón no me pareció correcto quitarme la armadura allí y ahora para dormir, tal vez por la presencia de otras personas cuyos nombres ni conocía.

O tal vez porque Tentrei estaba entrando al cuarto; y quitarme la armadura sería como invitar al divium a devolverle el pago con otra cosa que no fuese krulls, cosa que no iba a hacer. Por eso, en la incomodidad de la armadura para recostarme, estuve despierto cuando regreso la enana. Mis orejas se hubiesen levantado de poder al escuchar algo de "dinero fácil". Tenía una deuda. Dinero fácil. Miré hacia ella y me puse de pie, haciendo muy obvias mis intenciones de que ya aceptaba tal trabajo sin saber qué era aún.

Fuimos conducidos a un cuarto en la parte trasera de la estancia común, frente a nosotros estaba un encapuchado en el otro extremo de una larga mesa de madera, él cual se expresaba con una voz un poco baja, pero suficientemente alta para ser escuchado.
-Gracias por venir, soy miembro de la Alianza Velada, una organización que pelea con el mal halla donde se oculte. Mis aliados han capturado a una mercader que iba a comprar ilegalmente un huevo de dragón rojo y necesitamos que alguien se haga pasar por ella y sus ayudantes.- Señaló con el dedo a Amelie. -Te pareces suficiente a ella y creo que podrías engañar a los vendedores mientras los demás si aceptan pueden ir como asistentes, guarda espaldas, portero o lo que consideren. Solo necesito que vallan al sitio de la compra, hagan la transacción y pongan esto en alguno de los vendedores para que mi grupo podamos rastrearlos.- Puso en la mesa lo que es una pequeña aguja de plata, bastante discreta y mundana a simple vista. Luego ante nosotros colocó una bolsa con piedras preciosas de apariencia valiosa. -Comprarían el huevo con estos diamantes falsos, una vez que traigan el huevo se les pagara un total de 20 kulls de plata. Solo recuerden que en ninguna circunstancia deben pelear con los vendedores o dañar el huevo. Les repito, la idea es rastrear a los vendedores, matarlos o capturarlos sería contraproducente.- Aquello ultimo lo recalcaba mucho, como si tuviera muchas experiencias dejando tareas a extraños que requerían discreción que terminaran en violencia, pero necesitaba conseguir la gente para esta misma noche. -¿Aceptan?- Se quedo observándonos, esperando por respuestas.

Amelie, por una razón u otra, parecía tener mayor... compasión por los animales que yo, o Rimbaud o Tentrei, su preocupación principal parecía ser el destino que tendría el huevo, aceptando con mucha facilidad una vez le dijeron que sería llevado a un lugar seguro. Rimbaud no fue tan sencillo, como había demostrado en la mesa estaba aquí por asuntos honorables y un trabajo que sonaba sospechoso no le agradaba demasiado. Entre sus preguntas yo también colé una mía.
¿Pueden adelantarme 50 krulls de bronce de la paga?
No fue la mejor pregunta que había hecho en la vida.
-Es un trabajo rápido, tómenlo o déjenlo. No puedo decirle más a unos extraños por nuestra propia seguridad.- Luego de eso inclino su capucha hacia Amelie, como tratando de ver su disposición y si cambiaba por todo lo dicho por Rimbaud. Por suerte Amelie estaba firme en cuidar al animal si o si, eso era bueno para mí en gran parte, era una parte vital del encapuchado, después de todo. Rimbaud pareció detenerse un instante por sus palabras, así que para terminar de dar otro empujón y que finalmente aceptará intente cooperar en el asunto de la confianza entre él y el encapuchado.
Dices que tus aliados capturaron a la que iba a comprar ilegalmente el huevo, y supongo que conocen la ubicación del cambio porque confesó. ¿Es posible que hablemos con ella cuando tengamos el huevo qué el caballero aquí presente la escuché decir de su boca qué era ilegal tal compra?
-No quiero implicar extraños, pero si lo hacen bien, tal vez podría considerarlo.-respondió rápidamente, a lo que volteé a ver a Rimbaud.
Aceptó, más por Amelie que por mí. Pero lo importante es que aceptaba.
-De nuevo, si lo hacen bien tal vez podría considerarlo, pero no arriesgare a mis aliados sin motivo.-
Bien. Acepto también.

Con nosotros 4 de acuerdo, el hombre saco una serie de túnicas y un traje de vendedora. El traje definitivamente era para Amelie, y las túnicas se veían similares entre sí, debían ser locales, para evitar llamar la atención. Suspiré viendo mi armadura y supuse que como mínimo, el yelmo no era local. Tomé una de ellas y mire al resto.
Iré a cambiarme entonces...

Me di vuelta y me devolví a la habitación, quitándome el yelmo, los quijotes y los guardabrazos, entonces me tiré la túnica arriba y me puse la capucha. Por un momento consideré dejar atrás mis armas, después de todo insistió en que no se asesinase a nadie, pero... bueno, la desconfianza. Podría atacar alguien que no fuese ellos. Volví a bajar para encontrarme con mis compañeros y tan solo asentí mirándolos, intentando indicarles que ya podíamos partir.
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Mensaje por Rimbaud el Mar Feb 12, 2019 5:47 am

El olor a ropa húmeda, sudor y pescado ahumado impregnaban el aire. El caballero avanzó un tanto incómodo por el ambiente del interior, pues además de la gran cantidad de comensales que como una gran bestia exudaban calor humano, en uno de los costados de la Tetera había un fogón de buen tamaño para calentar a los recién llegados.
Actuando de forma mecánica el caballero se dejó guiar hasta una mesa junto con la ninfa, y allí esperaron hasta que aparecieron otras dos personas. Con la mesa llena, la mesera anotó las órdenes.
Pediré el arenque ahumado para llevar, la verdad no tengo hambre. Aunque sí aceptaré una copa de tinto. ¿De dónde es?
La enana se veía algo nerviosa, y la pregunta no sirvió más que para ponerla aún más.
La verdad no lo sé, señor. Pero es... muy bueno. Al menos los viajeros nunca han dicho lo contrario.
Está bien. Con una copa bastará.

Los demás en la mesa también hicieron su pedido, la enana anotó con presteza pero en su gesto aún había nerviosismo. Al terminar miró a todos con intención de decir algo y casi como si estuviera pidiendo un favor, solicitó a todos que pagaran la mitad por adelantado.
Pagaré lo mío y lo de ella —Rimbaud apuntó con la cabeza hacia su lado. Luego de escuchar cuanto sería el total, echó mano a su bolsa y pagó la mitad como acordó la enana.
Espero que no te parezca mal, Amelie.
El caballero asintió a la sonrisa de la ninfa, se sentía bien de haberla ayudado, aunque fuera con algo tan banal como haber pagado la mitad de la cena, pero le parecía algo fuera de lugar ver a una heraldo de la naturaleza manipular los toscos discos de cobre con los que la civilización se manejaba.

Luego de haberse retirado la enana, los cuatro en la mesa cruzaron miradas. Rimbaud, poco acostumbrado a la conversación, pero aun así, dados los acontecimientos de la noche, presto a ella, también le devolvió el saludo al viajero que se encontraba sentado junto a él.
Un gusto, mi nombre es Rimbaud. —Dijo con tono amable a Tentrei.
Lo primero, y más evidente, que alguien podía notar en aquel viajero eran sus enormes cuernos, ligeramente curvados hacia atrás, que resaltaban en su frente y hacían llevar la vista hacia arriba. Pero en lo que se fijó el caballero fue en su desvergonzada personalidad, que lo llevó a conversar con los demás en la mesa como si se conocieran de años.
El divium tenía una sonrisa de autocomplacencia que irritaba levemente al caballero, pero no era eso lo que lo mantenía alerta y pendiente de aquel viajero de una sola ala, sino el hecho de que hablara sin tapujos de sus propósitos teniendo en cuenta que se hallaba en un lugar público, en una ciudad que mencionar algo indebido te podía llevar a una breve visita a las estancias de los Puños Negros y una larga estadía en las mazmorras. O peor. Así eran las dictaduras.
Mientras conversaba Tentrei con Amelie, Rimbaud se sentó recto en su silla y habló con el suficiente tono como para que su voz no saliera del círculo de la mesa.
Yo vine aquí por los problemas políticos y de guerrilla que se están presentando. Es mi deber como caballero hacer algo al respecto.
Su respuesta llevó a comentar al otro caballero su propósito en la isla: el dinero. Egil, como se hacía llamar el armado, estaba igual de acorazado que el caballero, con la diferencia que mientras la armadura mate de Rimbaud buscaba pasar desapercibida en medio de la multitud, el bruñido acero plateado oscuro de Egil buscaba llamar toda la atención con un complemento que hacía recordar un dracónido.
El dinero es importante. Pero es mejor cuando se gana de forma honesta —El caballero bebió vino a través de su casco sin derramar una gota—. ¿Has venido a apoyar la revolución?
La respuesta errática del otro caballero obligó a insistir a Rimbaud.
Entonces, ¿estás en contra de ella?
Egil dio una pequeña perorata sobre sus motivaciones, aunque el caballero sacó solo una cosa en claro: estaba, a todas luces, frente a un mercenario.
Respeto tu posición, Egil. Yo a diferencia de Brahms me tomo en serio mi título, así que sí, estoy aquí solo para ayudar. Algunas veces he trabajado como mercenario o guardaespaldas, pero siempre respetando mis convicciones. Haré lo mismo hoy. Si me pagan por hacer esto, lo aceptaré humilde, y si no, lo haré de todas formas, porque es lo correcto.
»Y bebo sin derramar porque lo hago con cuidado.
Finalmente Egil hizo la pregunta que siempre solía escuchar luego de que alguien lo viera con desconfianza. Pertenecer a una orden para un caballero era el equivalente de pertenecer a un gremio para un constructor o un especiero: daba soporte, peso al título y grandes oportunidades de trabajo. Estar fuera de una orden era lo mismo que ser un marginado. Pero no iba a mentir frente a Amelie.
A ninguna. Soy un caballero errante. Lo mismo que tú, por lo que veo.
El otro caballero no desestimó las palabras de Rimbaud. Aunque hubiera sido factible que Egil perteneciera a una orden, no había ninguna que hubiera hecho frente a Brahms de manera abierta, lo que llevó a asumir que Egil no era representante de ninguna.

La cena se llevó a cabo de manera tranquila y sin sobresaltos. Al parecer Tentrei y Egil eran como todos los demás viajeros, incluido Rimbaud, estaban ahí porque querían hacer algo al respecto con lo que sucedía en Erenmios, sea cual sea el bando que escogieran. Aunque aquellos dos, por lo que respectaba al caballero, eran más simpatizantes de Brahms que contrarios.

La noche avanzó y, cosa del destino, al ser llevados a la habitación que habían pagado, el caballero notó con algo de molestia que allí también estarían los dos comensales de la cena. Si ese iba ser el caso, el caballero optó por sentarse en una silla cerca de la ventana que daba a la calle principal para hacer vigilia. Allí se hallaba, despierto, cuando apareció nuevamente la pelirroja para llamarlos a una reunión oculta.

Mientras recorrían los pasillos, Rimbaud no dejaba de pensar en lo que le depararían los siguientes minutos. Era sin duda por lo que habían hablado en la mesa, sabían que él era un opositor al régimen que había instaurado el nuevo Señor Protector de Erenmios.
Calculó sus opciones. Huir siempre parecía lo más óptimo, pero ahora se encontraba junto con Amelie. La observó mientras eran llevados hasta un cuarto en la parte de atrás de la estancia común, pero ella no captó sus intenciones en ningún momento. Al caballero no le quedó más que apearse a ella y tener sus manos prestas bajo su capa si llegaba la ocasión de luchar.
Al entrar al cuarto se encomendó a Padre y al Abuelo en un silencioso rezo.

Frente a los cuatro se encontraba un encapuchado que dijo pertenecer a una tal Alianza Velada, una especie frente u organización que buscaba luchar contra Brahms y cualquier otra amenaza o mal que se cerniera sobre el mundo. Rápidamente les instruyó en un plan que habían urdido él y su gente y que para llevarse a cabo era necesario de la ayuda de los cuatro presentes.
Hemos llegado esta misma noche a Erenmios, y me preocupa no saber respecto a nada de lo que hablas. Nunca he oído sobre la Alianza Velada. ¿Quién es su líder? ¿Por qué esta misión que parece tan importante se la has dejado a completos desconocidos?
Rimbaud trató de saber algo más de aquel encapuchado, pero sus respuestas fueron esquivas. El trabajo era lo que era y en caso de haber alguna objeción la puerta de salida era ancha.
No me gusta actuar de esta manera. Me parece a todas luces un robo. —Le dijo abiertamente a los otros tres que lo acompañaban, buscando apoyo.
Pero Amelie, llevada por la fuerza de su naturaleza, aceptó la oferta pensando en que lo mejor para el huevo en cuestión sería su ayuda.
El caballero se cruzó de brazos, y de mala gana aceptó también.
Aceptaré. Pero será como dice ella. Para proteger la integridad de aquella bestia.
Viendo que los otros dos también aceptaron, el encapuchado comenzó a dar las directrices para el embaucamiento. Para el trabajo harían falta una comerciante y guardaespaldas.
Seré un guardaespaldas entonces. Comencemos.
Una vez todo estuvo planeado, el encapuchado les entregó las ropas que tendrían que usar, y en las manos del caballero acabó una túnica.
No usaré la túnica. Será mucho más sospechoso verme así que seguir a una distancia prudente a nuestra comerciante. Además, a pesar de mi aspecto, soy bueno siendo sigiloso.
Rimbaud dejó el ropaje sobre una mesa que decoraba el lugar, dispuesto a valerse de su habilidad para mimetizarse entre la multitud para pasar desapercibido.


Un atardecer, senté a la Belleza sobre mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la insulté.
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