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Mensaje por Lamb el Mar Feb 12, 2019 11:56 am

El hombre encapuchado se levando mientras agachaba la cabeza para continuar cubriendo sus facciones, toma la bolsa de los hermosos pero falsos diamantes y se los coloca entre sus manos a la joven, luego toma la aguja de plata encantada para ponerlo frente al joven de una sola ala, para que pudiera ponerle atención y denotando que eso era realmente importante para el trabajo que debían realizar. -Saliendo por la puerta principal avancen en dirección al rio hasta llegar a los muros de la ciudad y rodéenlo en dirección a la parte vieja de la ciudad que es la dirección contraria al puerto. Eventualmente encontraran un puente que atraviesa los muros de la ciudad para cruzar el rio hasta donde se encuentran algunas granjas. Busquen el granero que tenga una farola encendida seguida de otras tres en fila, no se preocupen, el puente no esta custodiado en este momento, no debería ser difícil ver el granero a la distancia.- Mientras decía aquello, hacia ligeros ademanes con las manos indicando las direcciones que debían de tomar. -Deben darse prisa para no llegar demasiado tarde, ya casi es hora del intercambio. Les estaré esperando detrás de la tetera cuando terminen.- Sin nada más que agregar el hombre se dio la vuelta y salió por la puerta que se encontraba en sentido contrario a donde habían entrado los contratados para aquella tarea.



Una vez que salieron pudieron recorrer un poco más la ciudad, aun que era difícil de apreciar su estado por la obscuridad que cubría sin obstáculos el panorama, todas las farolas a su paso se encontraban apagadas y algún adoquín termino rompiéndose bajo la presión de sus pisadas. La ciudad estaba extrañamente tranquila, solo escuchándose el viento y las olas en el puerto para poco a poco ser remplazados por antiguos edificios que parecían mostrar innumerables remodelaciones. Las calles se sentían extrañamente quietas aun siendo de noche, no se veía ningún negocio encendido mientras que las pocas siluetas, luces y voces a la distancia parecían provenir de los propios guardias de la ciudad, iluminando su camino con farolas y antorchas que les servían para moverse en aquellas tinieblas.

Una vez acercándose al puente notaron varios pasos que salían del mismo para internarse en la ciudad con apremio para terminar de perderse entre las calles dando paso libre a cualquiera que deseara cruzarlo sin tener que encontrarse con el Puño Negro. El muro era interrumpido por una gran abertura abierta donde se podía apreciar un mecanismo que permitía ascender y descender una pesada reja de hierro cuyas puntas parecían lanzas apuntando a todo aquel que cruzara hacia aquel puente. El recorrido una vez en el puente se sentía extrañamente seguro a través del solido puente de piedra por el cual sin duda centenas de carretas habían pasado antes mientras que el correr del rio producía un sonido relajante pero que denotaba velocidad que al cabo de cinco minutos les había llevado hacia las granjas y sobre una de ellas un punto brillante seguida de tres más.

Al final les había tomado cercas de veinte minutos en llegar hasta el lugar de la reunión, aquel granero era simple, con una altura de seis metros de alto con nueve de ancho y veinticinco metros de profundidad con una puerta abierta y luz de farolas en el interior que parecían invitarles a pasar. Aquellos que entren pueden ver a una elfa de ropas grises simples, algo musculada, sonreía al ver a la gente llegar y les hacen una señal para que se detengan cuando están a siete metros de distancia. -Les dije que vendrían. Un huevo de dragón es demasiado valioso para dejarlo pasar.- A su espalda se encontraban tres humanos que portaban cota de malla, mientras que en sus espaldas se veían lanzas y escudos. Se podía apreciar varias herramientas oxidadas en los muros del granero, varios sacos y algunas grandes pacas de paja que se amontonaban en las paredes mientras que a doce metros de la entrada se veía una escalera que llevaba a un segundo piso que daba a un pajar. La elfa volteo hacia la ninfa mientras sostenía una enorme mochila en su dirección. –Ahora, hagamos esto rápido. Aquí esta lo que pediste. Tira el pago hacia mí y dejare el huevo aquí. Nosotros salimos del granero y luego ustedes se marchan pasados cinco minutos. Sin alborotos.- Ella entonces se detiene un momento y mira más fijamente a la supuesta compradora. -Un momento. Algo no está bien aquí. ¡No recuerdo que fueras así de pálida!- Los tres humanos se pusieron nerviosos al escuchar aquello y tomaron sus armas mientras empezaron a mirar a los alrededores por signos de otras personas, pero esperando la ultima palabra de la vendedora para saber si eran o no realmente los compradores.
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Última edición por Lamb el Lun Mayo 06, 2019 10:41 am, editado 1 vez
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[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 2 Empty Re: [Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1)

Mensaje por Amelie Winter el Dom Feb 17, 2019 3:17 pm

El hombre encapuchado se levantó mientras agachaba la cabeza para continuar cubriendo sus facciones, tomó la bolsa de los hermosos pero falsos diamantes y me los dio, sentí el peso del saco en mis manos y tuve que agarrarlo entre mis brazos, luego vi como el encapuchado tomo la aguja y se la puso a Tentrei en frente para que este la tomara. -Saliendo por la puerta principal avancen en dirección al rio hasta llegar a los muros de la ciudad y rodéenlo en dirección a la parte vieja de la ciudad que es la dirección contraria al puerto. Eventualmente encontraran un puente que atraviesa los muros de la ciudad para cruzar el rio hasta donde se encuentran algunas granjas. Busquen el granero que tenga una farola encendida seguida de otras tres en fila, no se preocupen, el puente no está custodiado en este momento, no debería ser difícil ver el granero a la distancia.- Mientras decía aquello, hacia ligeros ademanes con las manos indicando las direcciones que debían de tomar. -Deben darse prisa para no llegar demasiado tarde, ya casi es hora del intercambio. Les estaré esperando detrás de la tetera cuando terminen.- Sin nada más que agregar el hombre se dio la vuelta y salió por la puerta que se encontraba en sentido contrario a donde habían entrado los contratados para aquella tarea.


Tanto que no se oían pasos en la lejanía o se veía ni un alma en las calles. Todas las farolas de todas las calles estaban apagadas y por más que caminamos no encontramos ningún local abierto y si sentíamos alguna voz era de guardias, se escuchaban el sonido de sus armaduras repiquetear en el suelo, y el Cuando salimos de ahí, mis ojos recorrían el aspecto de las calles, estaba todo demasiado tranquilo, choque de metal contra metal, Además de que eran los únicos que iban con farolas. Tenía la piel de gallina y me sentía muy incómoda, como si algo malo fuera a pasar. 

Intenté ver los rostros de mis compañeros, iba solo con Egil y Tentrei, al primero no se le veía bien su cara por la capucha de la túnica pero parecía de actitud vigilante y el Divium se le ve relajado, como si nada estuviera mal, intenté, después de ver el rostro de Tentrei, relajarme un poco sin conseguirlo. Había tanto silencio que estaba segura que si se caía una aguja, esta se escucharía en la lejanía, y hablando de esta Intenté observar atrás para ver si veía a Rimbaud pero la oscuridad lo ocultaba demasiado bien.

 Respiré intentando calmarme  puesto que ya casi llegábamos al puente. Allí se escucharon unos pasos que nos aseguraban que la guardia se estaba alejando y pudimos cruzarlo sin mayor problema.  Al final nos habíamos tardado bastante en llegar al granero, pero una vez allí me pude fijar en que este era alto, al menos mucho más alto que las casas del pueblo, La puerta de este estaba abierta dando a entender que los vendedores estaban dentro y había una luz en el exterior, pensé en Rimbaud en ese momento ¿se podría ocultar bien sin que estos le descubrieran? ¿Saldría todo bien o tendríamos que luchar en ese momento?

Volví a respirar hondo y crucé el umbral de la puerta. Una vez allí una Elfa que vestía rompas sencillas pero de un tono gris que casi se perdía en la oscuridad y a su espalda habían tres humanos que vestían cota de malla, y la verdad iban bien armados.
-Les dije que vendrían. Un huevo de dragón es demasiado valioso para dejarlo pasar.- Parecía muy emocionada de vernos llegar como si estuviera ansiosa de deshacerse del huevo. –Ahora, hagamos esto rápido. Aquí esta lo que pediste. Tira el pago hacia mí y dejare el huevo aquí. Nosotros salimos del granero y luego ustedes se marchan pasados cinco minutos. Sin alborotos y dicho esto me miró, pude notar sus ojos fijándose en mi rostro y me di cuenta que algo estaba mal -Un momento. Algo no está bien aquí. ¡No recuerdo que fueras así de pálida!- Los tres humanos se pusieron nerviosos al escuchar aquello y tomaron sus armas mientras empezaron a mirar a los alrededores por signos de otras personas. 

Fue mi momento de reaccionar e intentar calmar la situación o perderíamos el huevo y la oportunidad de rastrearlos.
—Cálmese por favor, mi señora me envía, puesto que no quería arriesgarse ni perder la oportunidad de tan grande mercancía— La Elfa se nos queda mirando, algo en su mirada era de desconfianza -¿Quiénes son ustedes?- de repente saca una daga curvada de sus ropas y comienza caminar en dirección a la salida como queriendo. De repente Egil tomó el control de la situación arrebatándome el saco de mis brazos y liberándome de la carga de este, se lo ofreció a la Elfa como pago por el huevo. He de admitir que era un hombre de reflejos rápidos. Puesto que todos ahí llevaban armas, di un paso atrás, pero parece que nadie de nuestros amigos notó ese movimiento haciendo que pudiera sentirme más tranquila.

La Elfa observó los diamantes como llamándole la atención y al final aceptó la compra del huevo, aunque no fuéramos los compradores iniciales -Bien, arrojen los diamantes y dejamos aquí el huevo. Salimos y cinco minutos después salen ustedes.- La Elfa guardó el cuchillo, puso cuidadosamente el huevo en el suelo, y respondió amablemente a la petición de Egil de enseñarnos si realmente era el huevo. Pude notar como se veían sus escamas y las vetas negras de este, me quedé sin aliento pero intenté guardar la compostura. Un paso en falso y todo lo que había hecho Egil se iría por donde había venido.

 En cuanto la Elfa mostro el huevo Egil le lanzó el saco con las piedras falsas y la mujer comenzó a marcharse, era el turno de Tentrei con la aguja por lo que no moví ni un solo musculo hasta que el hiciera lo que tenía que hacer. Vi que este se movía extrañamente pero no sabía exactamente qué estaba haciendo así que no dije nada, el Divium terminó antes de que la Elfa se marchara así que supuse que lo de la aguja también fue un éxito. 

Puesto que todavía no me movía Egil se dirige a mí diciéndome que me apure a tomar el huevo. Entonces tomé el huevo entre mis brazos notando su peso en ellos y regresamos tal cual habíamos venido en silencio y con cuidado de no encontrarnos con los guardias, de camino intenté que la mochila no se abriera, puesto que no quería que nadie viera lo que esta portaba y menos si nos encontrábamos a algún guardia.


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Mensaje por Egil el Vie Feb 22, 2019 10:07 pm

El hombre encapuchado se levando mientras agachaba la cabeza para continuar cubriendo sus facciones, toma la bolsa de los hermosos pero falsos diamantes y se los coloca entre sus manos a la joven, luego toma la aguja de plata encantada para ponerlo frente al joven de una sola ala, para que pudiera ponerle atención y denotando que eso era realmente importante para el trabajo que debían realizar. -Saliendo por la puerta principal avancen en dirección al rio hasta llegar a los muros de la ciudad y rodéenlo en dirección a la parte vieja de la ciudad que es la dirección contraria al puerto. Eventualmente encontraran un puente que atraviesa los muros de la ciudad para cruzar el rio hasta donde se encuentran algunas granjas. Busquen el granero que tenga una farola encendida seguida de otras tres en fila, no se preocupen, el puente no está custodiado en este momento, no debería ser difícil ver el granero a la distancia.- Mientras decía aquello, hacia ligeros ademanes con las manos indicando las direcciones que debían de tomar. -Deben darse prisa para no llegar demasiado tarde, ya casi es hora del intercambio. Les estaré esperando detrás de la tetera cuando terminen.- Sin nada más que agregar el hombre se dio la vuelta y salió por la puerta que se encontraba en sentido contrario a donde habían entrado los contratados para aquella tarea.

En cuanto partí con el grupo ya estaba con la guardia en alto, lo oscuro de las calles no me traía demasiada confianza y que todas las faroles al paso estuviesen apagadas me traía un poco de paranoia, era como si el lugar estuviese embrujado. En uno de mis pasos sentí quebrarse un adoquín, haciéndome perder un poco el equilibrio, a lo que respondí llevando una de mis manos arriba a tomar la espada por reflejo. Tentrei y Amelie siguieron avanzando, al parecer sin darse cuenta; di un suspiro en cuanto noté que solo había sido un pequeño accidente y caminé un poco más rápido para alcanzarlos de nuevo, con tranquilidad de que no me hubiesen visto alarmarme por nada...
Y entonces vino a mí. Rimbaud seguramente si me había visto. El caballero estaba haciendo un muy buen trabajo en ocultarse, porque ya hasta me había olvidado de su existencia. No resistí dar una mirada atrás, y efectivamente, era imposible verle, de hecho no me explicaba cómo podía vernos él a nosotros, pero no importaba, solo seguí avanzando en que estaba allí atrás observando.

Con el tiempo llegamos al puente, notando pasos tan obvios que no me quedo duda de que Amelie y Tentrei se dieron cuenta de ellos también. Todos esperamos con cuidado a que los pasos se alejaran, dándonos paso libre por el puente. A diferencia de aquellos adoquines—los cuales sentía todos capaces de quebrarse luego de que unos siete se quebraran bajo mi pasada—, el puente era firme... tan firme que era extraño, no podía sacarme de arriba la sensación de que en cualquier momento fuese a quebrarse. En el extraño silencio, considerando que Tentre iba con nosotros, en el puente nos acompaño el relajante sonido de un río, que a pesar de lo relajante revelaba velocidad en el correr de agua. Me gustaba el agua, era un favorito de los instructores usarlas como ejemplo de como deberían ser los movimientos de un espadachín y de su espada en movimiento: fluidos.

Pero no estaba allí para pelear con nadie, así que tuve que abandonar la ilusión del agua unos instantes. Al cabo de unos minutos estábamos en unas granjas, siendo ahora guiados por unos puntos brillantes en las mismas.
Con casi el triple de tiempo finalmente llegamos al lugar de reunión, un granero cualquiera cuya luz interior nos decía por adelantado que allí nos esperaban. Una elfa de ropas grises simples y ligeramente musculosa, mostrando su ética de trabajo, sonrió al vernos llegar a la gente llegar y nos hizo señal para que no avanzáramos más una vez estuvimos frente a ella.
-Les dije que vendrían. Un huevo de dragón es demasiado valioso para dejarlo pasar.-
Sonaba alegre, casi como si hubiese hecho una apuesta con los hombres que la estaban cuidando, tres de ellos a su espalda. Cotas de malla, lanzas y escudos... un equipamiento mucho más listo que el mío, a la elfa le bastaría con ocultarse detrás de los hombres, quienes podrían formar una pared de escudos y avanzar adelante amenazándonos con las lanzas, habiendo no demasiado espacio para maniobrar dentro del granero. Y que nos librará alguna deidad que la elfa fuese una de esas con puntería perfecta y cargase un arco por allí escondido.

Pero las cosas no irían por ese camino, la elfa volteo a ver a Amelie con una sonrisa y proposición de terminar el trato rápido, se habrían cansado de esperarnos. Cerré los ojos en relajación, ahora tan solo Amelie les daría el dinero, recibiríamos el huevo y Tentrei encontraría una manera de clavarles la aguja, trabajo listo, paga asegurada.
-Un momento. Algo no está bien aquí. ¡No recuerdo que fueras así de pálida!-
Y escuché esas palabras. Abrí los ojos y vi a los tres hombres alarmados, mirando a los lados y listos para atacar a la primera orden de la elfa. Suspiré.

Bien. Fantástico —dije en un tono seco y sarcástico en cuanto vi la cara de realización de la elfa, yo no era muy bueno leyendo expresiones o reacciones corporales, pero que sacará una daga de sus ropas ya me confirmaba mucho lo obvio: la habíamos cagado—. No importa, necesitamos ese huevo —estiré la mano arrancando la bolsa de brazos de Amelie y la sostuve débilmente con una mano, dejando que se abriera para enseñarle los diamantes a la mujer—. Eso no importa. Todavía podemos negociar... ¿no? —respondí y pregunté con mucha duda, en realidad no esperaba que se tragase eso y que quisiera negociar; algo que se denotaba por como lleve mi mano derecha al mango de mi espada y la desenvaine solo un poco, entre una amenaza y una forma de tener algo con que defenderme si intentaban apuñalarme.

Tentrei se arrimo a mi lado con la encantadora sonrisa que solo podía portar un divium en una situación así, apoyándome en seguir el negocio, aunque de forma menos... sutil.
Con nuestra palabras la elfa pasó su mirada de nuestros rostros a los diamantes y de cierta manera no le importaba quien se quedaba con lo que tenia en la mochila mientras se pudiera quedar con una buena ganancia.
-Bien, arrojen los diamantes y dejamos aquí el huevo. Salimos y cinco minutos después salen ustedes.- Con esas palabras la observamos guardar el cuchillo, depositando la mochila en el suelo con suavidad y colocando una cara que solo significaba espera por la paga.

Al ver a la mujer guardar el cuchillo hice lo mismo amablemente, envainando lo poco que había sacado del arma y alejando mi mano lentamente para no alertarla por un movimiento rápido ni sospechoso. Amarré la bolsa con los diamantes como mejor pude y me quede mirando a la mujer, y luego al bolso.
Te mostré los diamantes. ¿Podemos ver nosotros el huevo? me basta con que abras tan solo un poco.
Con un pequeño, y si puedo añadir, muy ágil movimiento abrió la mochila para enseñarnos su contenido: un objeto ovalado formado de escamas de color rojo profundo con vetas negras. Jamás en mi vida había visto un huevo de dragón, así que solo asentí con un pequeño "mmm", intentando sonar profesional, aunque la verdad solo sonaba como si estuviese probando más té de rubí. Le lance suavemente la bolsa con diamantes a la elfa.

La mujer atrapo sin problemas y más importante, sin dar una segunda mirada a la bolsa, en prisa de irse. Paso entre sus tres guardias dejándolos como pared entre nosotros y sí misma, para ir al costado del granero junto a un montón de pacas y sacos, revelando una puerta oculta en el mismo. A este punto no veía una forma posible de ponerlas la aguja a ninguno de ellos, y mientras intentaba maquinar fallidamente algo un sonido me detuvo,  volteé a ver y a Tentrei se le escapó el laúd, cayendo al suelo, entonces movió la cola en una forma que yo solo note sospechosa porque sabía que él era quién tenía la aguja, eso si era una buena actuación, nada que ver con mi “mmm”.
Unas notas de su laúd después y ahí iba la elfa, sacando el cuchillo otra vez y huyendo con los guardias de nuevo.

Subí los hombros y lo miré con una sonrisa, no sabía qué hizo exactamente Tentrei pero sabía que había hecho algo. Entonces miré a Amelie, que permanecía inmóvil todavía.
Vámonos rápido, toma el huevo de dragón y salgamos de aquí. No quiero ver guaridas.
Tras decir eso me encaminé hacia la puerta y subí los brazos, moviéndolos suavemente y subiendo un pulgar para intentar señalarle a Rimbaud que las cosas salieron bien. Quiero decir, no habíamos matado a nadie ni nadie a nosotros, fue un éxito... ¿no?
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Mensaje por Rimbaud el Sáb Feb 23, 2019 2:51 am

Las azarosas calles de Erenmios despedían un olor a derrota, pérdida y miedo. Los pasos del recién creado grupo resonaban sobre los adoquines descuidados, deambulando entre la basura y el silencio. Rimbaud, unos varios metros por detrás de los demás, podía oír el sisear de las placas del otro caballero, el desgarbado caminar del divium y el nervioso paso de la ninfa. Aquello no tenía sentido, en su fuero interno se maldijo por haber sido arrastrado hasta ese lugar. En el mejor de los casos ayudaría a realizar una transacción que por lejos parecía deshonesta sólo para proteger a una mujer, y en el peor, iba a tener que poner su espada al servicio de ello.
Avanzaron, dejando atrás el barrio del puerto y su niebla, avanzaron por calles negras y entre casas desgastadas. La ciudad se abría a su alrededor como un rostro demacrado, como un hombre enfermo. Y los parásitos que cargaban aquella enfermedad se podían avistar a lo lejos, iluminando la penumbra con antorchas o farolas: El Puño Negro, los perros de Brahms.
Todo a su alrededor le recordó a su Abuelo. Él hubiera estado gustoso con la escena, con este marchito Erenmios, de alguna manera estaba yendo en contra de lo que dictaba su familia, pero la forma, la manera en que habían llegado hasta ello, eso no podía ser así, no debía ser de esa manera.

Engullido en sus pensamientos, el caballero se halló en el final de la ciudad, el muro y la gran reja que permitían dar seguridad estuvieron de pronto solitarios como una tumba. Aquella hubiera sido una buena oportunidad para levantar el rastrillo y dejar pasar algún ejército salvador, uno que hubiera podido tomar el poder con mínimas bajas y hubiera ayudado a reestablecer el orden. Pero no había nada parecido al llegar al otro lado. Al cruzar el puente no había más que piedra húmeda, yerba ondulante y un gran y obtuso trío de lunas observando en silencio.
Las granjas no se hicieron esperar y desde ese punto el caballero se mantuvo aún más distante por temor a que alguien los observara a la distancia, pero al llegar hasta el lugar acordado no había nadie ni nada que llamara su atención.
Fiel al plan acordado, el caballero se escabulló al amparo de la noche hasta un sitio con algunas herramientas y utensilios de ganadería. El olor del lugar no era ni mucho menos el peor que había estado bajo sus narices, de hecho, era agradable sentir el aroma de la tierra labrada, a animales y madera seca. Se acomodó pegado a una cerca y se trató de mimetizar lo mejor posible entre las sombras.

Allí, de pie y envuelto en su capa, tenía una buena vista y podía escuchar lo que se hablaba en el interior. Aunque al parecer el exterior estaba igual de movido. Después de haber ingresado sus compañeros al granero, del costado de éste vio perfectamente tres siluetas, una de ellas mucho más alta que las otras, que se acercaron a la puerta. Su primera reacción fue de llevar la mano al cinto, pero estaba seguro que no lo habían visto. Las tres figuras se movieron por el lugar y al no encontrar a nadie las dos más bajas se apostaron en la puerta.
El caballero analizó la situación. Al parecer no los iban a dejar salir o bien no hasta que hubieran cumplido con su parte del trato. Y por cómo se encontraba Erenmios, el caballero consideró que sus alrededores no tenían por qué ser mínimamente seguros, por lo que estuvo listo para tener que desenvainar el hierro negro que descansaba en su vaina.
Los minutos pasaron, y en el interior del granero parecía que todo iba según su rumbo, hasta que de pronto notaron la falacia. Rimbaud apretó su puño alrededor del mango de su espada, afuera los hombres apostados en la puerta se turbaron, bajo sus capas parecía haber espadas, y las ballestas que poseían estaban cargadas y listas. No hubiera habido ningún problema en que los tres viajeros hubieran dado su último aliento entre las pacas de paja y los azadones, pero al parecer los necesitaban vivos. Porque no dispararon, el grandote se mantuvo impávido, y los otros dos mantuvieron sus lugares.
De alguna manera el trato se llevó a cabo, el caballero no pudo seguir la conversación del interior porque sus pensamientos se habían movido hacia el exterior, hacia los ballesteros y el tipo alto y sus movimientos. Según los había podido juzgar estaban relajados, pues llevaban el ritmo y la situación.

Todo pareció ir según lo planearon, el huevo y los diamantes fueron intercambiados. Rimbaud seguía con los hombros tensos y aunque su mano descansaba cerca de su cinto, estaba aún presta a desenvainar. Entonces la ninfa se acercó al huevo, y como prevenidos de ello, el más grande de los tres en el exterior hizo una señal. Ante ello, y sintiendo que su peor temor se hubo hecho realidad, el caballero se preparó para desenvainar justo a tiempo en caso de que los ballesteros fueran a prepararse para atacar. En caso contrario, solo iba a dejar que todo continuase como hasta el momento. Sin que nadie saliera dañado.


Un atardecer, senté a la Belleza sobre mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la insulté.
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Mensaje por Tentrei Iskusstvo el Sáb Feb 23, 2019 11:16 pm

Ahora, hagamos esto rápido. Aquí está lo que pediste. Tira el pago hacia mí y dejaré el huevo aquí. Nosotros salimos del granero y luego ustedes se marchan pasados cinco minutos. Sin alborotos. —Se detuvo. Miró a Amelie por un momento. Demonios. Demonios, demonios, demonios, por las lunas. Está dudando.— Un momento. Algo no está bien aquí. ¡No recuerdo que fueras así de pálida! —¡Lo sabía! Ahora los tres tipos estaban tomando sus armas y preparándose para pelear. No necesitaba esto hoy. Se suponía que fuera una misión sencilla.

La chica se apresuró a responder la excusa más patética que había escuchado en mi vida. Digo, si ese era el caso, podía ponerme yo el traje de vendedora. Si al caso vamos, seguro me quedaba mejor a mí.

¿Quiénes son ustedes? —sacó una daga. No era gran cosa, tomando en cuenta que yo tenía cinco de esas guardadas en mi bolso, pero… era una daga. Pero salió Egil como caballero en brillante armadura a quitarle la bolsa de las manos a Amelie y hacer el trato por su cuenta. Tan heróico. Tan sexy. Tan… Oh.

Aproveché la distracción que había causado Egil para pasar la aguja —que mantuve en mi mano desde que salimos de la taberna, porque sabía que si no la metía en el estuche con mis agujas, se perdería— a mi cola, enrollándola con la punta con firmeza. Luego caminé, teatral, familiar y con una sonrisa para pararme junto a Egil

¿Qué más da? Hay diamantes y hay un objeto valioso, uno por lo otro, sin alborotos. —guiñé el ojo. Me fascinaba utilizar sus palabras en su contra. Sabía que este tipo de personas no se resistían a un buen trato, y eso era lo que estábamos ofreciendo. Ella se quedó mirando la bolsa. Lo pensó.

Bien, arrojen los diamantes y dejamos aquí el huevo. Salimos y cinco minutos después salen ustedes. —Guardó el cuchillo. Oh, jo, jo, jo. Me abstuve de agarrarle una nalga a Egil porque… bien, porque seguro estaba cubierta de metal, y porque no era un momento apropiado.

Apropiado. La hora que era y no había hecho nada inapropiado. El cuerpo me estaba comenzando a pedir acción. Egil lo pidió y la traficante mostró el contenido de la bolsa. Así que así se veía un huevo de dragón. Él hizo un sonido… familiar. La transacción se hizo; ellos tenían los “diamantes”, el huevo estaba en el suelo. Sólo faltaba un pequeño detalle.

Mientras ella se daba la vuelta para irse, coloqué la mano en mi pecho y solté la correa del laúd, el cual sostuve con la otra mano, haciendo como si se me fuera a caer. Lo coloqué frente a mí con movimientos amplios, intentando capturar la atención de los guardias hacia mis brazos, mientras mi cola soltaba la aguja hacia la chica, la cual cayó en el suelo sin hacer ruido y suficientemente cerca de la chica como para que mi hechizo funcionara. Los guardias, distraídos en mí no notaron nada, entonces hice algo ligeramente inapropiado. Toqué música. Pizzicato, sólo suficientes notas como para que Delia escuchara mis plegarias, y una nota más, una armónica, para que la aguja volara hacia el vestido de la mercante.

Oh, disculpen, ¿Mal momento? —ironicé sin poder esconder una sonrisa, porque lo había logrado. La aguja se clavó en un doblez, aunque algo notaron. Algo se vio, porque la tipa sacó su daga y huyeron como si estuvieran esperando que algo malo sucediera.

Aunque no importaba. La misión estaba completa. Le guiñé el ojo a Egil esperando que captara mi indirecta, que por los vientos -Jé- que soplaban, lo máximo que conseguiría de él era verlo con camisa mojada. Suspiré. Me tendría que conformar con eso. Señalé el huevo al mismo tiempo que el caballero hacía el comentario, y Amelie se acercó a recoger el huevo.


Última edición por Tentrei Iskusstvo el Dom Feb 24, 2019 2:24 am, editado 1 vez




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Mensaje por Lamb el Dom Feb 24, 2019 2:00 am

Los contrabandistas sabían que algo había sucedido, era una especie de trampa pero no lograban identificar exactamente que había sucedido, solo se preocuparon por escapar en la obscuridad como estaban acostumbrados hasta desaparecer de la vista de cualquiera para luego detenerse a examinar la bolsa de los diamantes en busca de algo que pareciera un truco y observar en los alrededores señales de persecución, pero al final la mercancía parecía realmente en orden y no encontraron señales de que les siguieran por lo que continuaron los planes que tenían acordados. Mientras alguien en otro granero a la distancia observaba en la obscuridad una aguja girar lentamente en dirección a la ciudad, al parecer la señal que rastreaba se movía y se internaba en la ciudad, la persona luego de confirmarlo prendió una lampara que apago un par de minutos después.

Mientras dentro del granero la ninfa tomaba entre sus manos la mochila, sintiendo el peso del huevo el cual se sentía pesado, pero al mismo tiempo frágil mientras un bamboleo liquido en el interior daba una sensación extraña a cada movimiento dado cargando el huevo. El musico observaba a sus compañeros con satisfacción en el rostro mientras que el humano mientras daba señales al exterior emocionado por el éxito de la situación, sin duda el ser una persona que tendía a preocuparse constantemente por el dinero le había dado la visión correcta de cómo tratar con otros con ideas similares a la propia, aunque no sospechaba que justo detrás de la puerta un grupo de personas estaban escuchándoles con sus armas en mano. Pero, así como aquellos estaban ocultos de la vista de la gente en el interior del granero, el caballero insecto estaba oculto de la vista de aquellos en el exterior.



En el exterior la figura más grande levanto con su mano derecha sus dedos índice haciendo un ligero movimiento a sus compañeros en dirección al granero para luego tomar lo que parecía un mazo y entrar seguido de sus dos compañeros. Entonces una voz grave interrumpe a la gente en el interior del granero y al girarse pudieron ver un enorme orco con una mirada dura entrando mientras blandía un mazo seguido de dos humanos. -Gracias por la bienvenida, pero el peaje para el pasaje de este granero es ese huevo. Estoy seguro de que lo entregarán de forma pacífica, sería una lástima que tuviera que quitarles la vida.- La voz del orco sonaba al mismo tiempo tranquila, civilizada y amenazadora, su rostro estaba marcado por marcas de numerosos conflictos que solo acentuaban la madurez de este que se diferenciaba de sus compañeros humanos quienes se veían jóvenes, pero decididos. No parecía que estuvieran uniformados de ninguna manera, pero había algo que todos compartían en su apariencia y era que todos tenían un corte en la oreja que daba la impresión de que una porción de esta faltaba.

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Mensaje por Rimbaud el Lun Feb 25, 2019 8:18 am

El trato había terminado, y aunque sus tres compañeros se quedaron solos en el granero algo no parecía ir bien afuera. Nada más sucedieron algunos segundos, la ninfa se acercó al huevo y posó su mano. Eso fue suficiente para alertar al tipo más alto de los tres en el exterior, hizo una señal y sus dos compañeros entraron tras de él por la puerta principal del granero. Rimbaud se quedó helado, el trato se había hecho, pero ellos querían aún más. Aquello no lo esperaba. «¿ Por qué? —Se preguntó, con el pecho lleno de rabia e incertidumbre por igual—. ¿Qué sentido tiene dejarlos entrar y cerrar el trato si entre los dos guardaespaldas y los tres de fuera hubieran podido saetear y agujerear sin problema a mis compañeros, sin necesidad de pactar nada, sin siquiera perder el tiempo en palabrería? ¿Acaso es porque esperaban a otra persona?.» Apretó la mandíbula, estaba tan descontento consigo mismo como con la situación en la que se había envuelto. Y mientras la figura alta se revelaba como un orco y sus dos aliados como ballesteros, él salió del amparo de las sombras y avanzó sigiloso hasta la orilla de la puerta del granero. Se quitó la capa. «Necesitaré toda la agilidad de la que puedo disponer.» Sacó de su vaina su hierro negro y se acomodó en el borde del marco de la puerta para atacar en el momento preciso. Tan solo necesitaba encontrarlo.

Dio un largo suspiro, seguido de unas cuantas bocanadas de aire lentas y acompasadas. Antes de pelear era necesario entrar en calor, serenarse y limpiar la mente de pensamientos innecesarios. Eso era lo que decía Sir Creighton, y le ayudó por bastante tiempo hasta el día de su muerte. El caballero dejó de lado los recuerdos de su veterano maestro, y se centró en lo que se avecinaba. Rezó a su Abuelo por su alma, en caso de que estos fueran sus últimos momentos en Noreth y asomó la cabeza por el margen de la puerta para ver hacia el interior.
«Dos ballesteros, jóvenes, también cargan espadas. Un orco, lleva un martillo, más bien un mazo. Un arma brutal en unas manos brutales. Todos parecen tener la misma marca en las orejas.» Por la posición en la que se encontraban, tendría que pasar por entre los ballesteros para atacar limpiamente al orco, y si eso llegaba a ocurrir de manera satisfactoria quedaba el problema siguiente: dos flechazos a quemarropa que no podría esquivar. Dos flechazos de ballesta a centímetros de su cuerpo. Aquellas cosas fácilmente atravesarían su cuerpo. «Esperar, necesito esperar. La paciencia siempre es compensada, le dijo la araña a la mosca
¡Ahora! —El grito del orco alertó al caballero. Éste sujetó su mandoble por ambos extremos del mango, y con el filo apuntando al cielo se preparó para correr.
Sin embargo, no se trataba de un llamado a la batalla, sino la de apresar a sus compañeros. Las dos redes que cayeron del segundo piso no hicieron más que complicar las cosas.
«Amelie, ¿por qué me has arrastrado hasta aquí? ¿Por qué se siente tan dulce y cálida tu compañía? ¿No es más que tu ascendencia, o es algo propio de ti?» Ahora no eran tres, sino cinco a quienes se tendrían que enfrentar. Los dos de arriba cargaban las mismas espadas en el cinto que los ballesteros en el piso inferior, todos eran parte de la misma organización. «Orejas mochas.» Entonces, mientras el caballero analizaba la situación de los sujetos de arriba, los ballesteros dispararon contra el divium. «Disparos que no pretenden ser mortales. Un grupo que no pretende dañarlos de momento. Eso es bueno.» Ahora con sus principales problemas fuera de juego por un breve periodo de tiempo, el caballero vio un buen momento para aprovechar de que estaba a espaldas de los forajidos.
«Padre, en tus manos encomiendo mi Espíritu

Dio unos cuantos pasos seguros y silenciosos, cerrando los cuatro metros que lo separaban de los tres enemigos. En última instancia se encaminó en una carrerilla para dar impulso y fuerza a sus brazos y espada, buscando apuñalar al grandote con toda su fuerza. Pasó por entre los ballesteros, y en última instancia, se encontró con la espalda del orco, quien a pesar de hallarse frente a un ataque por sorpresa, su rápido y certero instinto de combate delató al caballero y logró ponerse a salvo por centímetros. Pero algo de sangre logró arrebatarle, y su espada negra era testigo de ello.
«Un muy buen guerrero este tipo verde, bastante despabilado. Ahora la cosa se complica de verdad
Al girarse completamente hacia el caballero, Rimbaud notó que éste se encontraba calmado y en lo absoluto sorprendido con la aparición de un cuarto integrante.
Creo que los he subestimado. —Dijo a tiempo que hacia emerger del reposo su temible arma. «Maldito, ¿esperabas a que todo se te diera tan fácil?
Con un ligero movimiento del mazo las cosas se complicaron.
«Un buen golpe de ese trozo de hierro me hará crujir como una cucaracha.» Impaciente, el caballero puso un pie atrás para prepararse y desviar, pero el orco demostró que el mazo parecía mucho más liviano de lo que en verdad era en sus manos, y atacó de una manera imprevista. El pecho del caballero no crujió, pero el golpe fue suficiente para quitarle todo el aire de los pulmones y hacerlo retroceder algunos pasos. Sin verse distraído el caballero aprovechó la distancia y lanzó un tajo que terminó rozando la pierna del orco, provocando un leve sangrado. «Pero no es suficiente, para nada suficiente. Lo esperaba más lento, más pesado. Pero resulta que es un guerrero curtido
La batalla recién comenzaba, y la victoria no estaba cerca en lo absoluto.

«Esto definitivamente no pinta nada bien.» Pensó el caballero, que al verse superado en fuerza y número se puso en guardia para recuperar el respiro y analizar bien el giro de la situación. A pesar de que su alrededor podía escuchar que sus compañeros estaban librando también una batalla, sus ojos se centraron en los movimientos del grandote en pos de hallar una ventaja o al menos ver de dónde caería el siguiente golpe.
No se distraigan, ya saben qué hacer.
Notó que los otros dos que lo acompañaban seguían la orden del verde y entre los tres se prepararon para atacarlo.
La adrenalina corría por las venas del caballero, quien hizo todo lo posible por acompasar su respiración, el mazo volvió a caer sobre él, pero ahora junto con las dos espadas cortas en un trío mortal. Rimbaud se envaró y fintó la primera espada, pero el mazo lo golpeó en un costado y la otra espada le dio en el hombro sin entrar en contacto directo con sus carnes blandas.

Aquello dolía bastante, los dos fuertes mazazos lo habían dejado aturdido y débil. A su alrededor seguía oyendo gritos y maldiciones condimentadas con los sonidos metálicos de las armas y el descargar de las cuerdas. Una rápida mirada hacia Amelie le sacó de dudas, la ninfa seguía viva. «¿Pero por cuánto tiempo más?» Aprovechando una distracción del orco, volvió al ataque, pero por más que lo intentara, el orco seguía manteniendo su guardia alta, y volvió a escabullirse de la puñalada y solo recibió otro corte.
A pesar de ello, el panorama no parecía auspicioso para su empresa, y dando una mirada al lugar escupió las palabras:
Pueden quedarse con el estúpido huevo. Retirada.
El caballero, sin bajar su arma se apartó y siguió con la mirada clavada al orco y sus secuaces mientras se perdían en las sombras nocturnas.
«La retirada más civilizada que he visto en mi vida.» Se dijo, recordando algunas escaramuzas en las que ni los perseguidos ni los perseguidores habían salido bien parados.

El lugar se quedó en un silencio asfixiante. En la cabeza del caballero seguía sonando el bullicio de las armas, los gritos y las maldiciones, pero poco a poco se fue silenciando también su mente. De pronto notó que uno de sus compañeros había hablado para preguntar cómo se encontraban.
Vivos. De milagro. —Soltó, con más honestidad de la que le hubiera gustado. «Si hubiera usado alguna habilidad para modificar mi cuerpo la lucha no hubiera sido tan desigual. Pero eso hubiera acarreado más y más preguntas que no estoy dispuesto a contestar. O peor aún, un silencio que no hubiera podido soportar.»
Una vez el peligro hubo pasado, envainó y se acercó a la entrada para recoger su capa y colgársela.
No quiero quedarme aquí más de lo necesario. —Cuando Amelie se acercó hasta él para preguntar por su salud asintió y se llevó la mano donde había recibido los golpes—Sí, estoy bien. Sólo algo aturdido y dolorido.
La ninfa usó algo de su esencia para sanar sus magulladuras internas, pero la ayuda no fue suficiente para aliviarlo por completo. De todas formas dejó de doler tanto, y quizá para mañana por la mañana se encontraría mejor. O eso quiso pensar.
Momento de regresar. Me parece que hicimos un trabajo decente para llevar tan poc tiempo de conocernos. ¿No lo creen?


Un atardecer, senté a la Belleza sobre mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la insulté.
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Mensaje por Amelie Winter el Lun Feb 25, 2019 5:40 pm

Sentí el peso del huevo en mis brazos, se sentía pesado y podría jurar que algo se movía en su interior, un par de minutos con y quedé embobada con él como si en mi corazón se sintiera una pequeña llamarada de cariño hacia él, era extraño pero maravilloso al mismo tiempo.

Entonces una voz grave interrumpió en el granero — Gracias por la bienvenida, pero el peaje para el pasaje de este granero es ese huevo. Estoy seguro de que lo entregarán de forma pacífica, sería una lástima que tuviera que quitarles la vida — Al sentir la voz me di la vuelta para encontrarme con el panorama de un Orco y sus guarda espaldas humanos. Todos tenían las orejas cortadas, como si se las hubieran mordido, no entendía porque alguien quisiera hacerse eso, pero entendía que eran del mismo bando.

En ese momento Tentrei se me acercó poniéndome su laúd en las manos para decirle unas palabras no muy educadas al orco, pude fijarme en los finos detalles del laúd y comprender porque el Divium no quería que alguien se lo rompiera, sus finos detalles harían que esa cosa valiera más que mi casa eso seguro.

Sentí que no podía con ambas cosas, así que me acomodé la mochila en la espalda sintiendo todo el peso en esta y el laúd en las manos. En cuanto Tentrei habló se escuchó un sonoro suspiro proveniente del gigantesco orco, para luego lanzar una sonrisa hacia nosotros. -Con que esas tenemos, pero temo que aún no han entendido su situación ¡Ahora!- Y de pronto una red cayó sobre mí, puse la mochila en mi abdomen intentando proteger el huevo, y otra sobre Tentrei, no solo estábamos rodeados, ahora nos habían reducido en número.

El monstruoso Orco volvió a sonreír sínicamente -Espero que entiendan la situación y me den el huevo por las buenas. Esta es nuestra ciudad y por mucho que lo intenten los extranjeros, no podrán hacer lo que quieran aquí.- entonces comenzó a caminar hacia nosotros, mis pensamientos fueron hacia Rimbaud, necesitábamos su ayuda pero aún y con el, éramos inferiores en número.

Mis pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Egil al cuál miré directo a sus ojos en cuanto escuché la orden que me estaba dando,"¿Darles el huevo? ¿Estaba loco?", sin darme cuenta estaba mirándolo con un enojo racional con la situación, iba a responderle cuando escuché la voz de Tentrei respondiéndole lo que mi mirada decía " NO, no iba a darles el huevo a esos personajes, por más gigantes que fueran "

Tentrei comenzó a cortar su cuerda para salir de ella e intentar negociar con el orco, recordé mi daga en la bota así que comencé a hacer lo mismo para liberarme de allí, pero este no venía con buenas intenciones y se notaba y más por sus palabras  -Algunos simplemente son demasiado estúpidos, mejor quédate quieto.- dicho esto sentí los disparos dirigidos hacia Tentrei, solo uno dio en el blanco, pero necesitaba curarlo, tenía que salir de esa prisión, me estaba agobiando cuando apareció el caballero, suspiré y seguí concentrada en cortar la condenada cuerda que no cedía.

De repente la voz de Egil volvió a decir las mismas palabras, ya iba a gritarle, iba a protestarle cuando vi que se giró para estar de frente al orco, seguí entonces cortando pudiendo al fin liberarme de esta. Tentrei por su parte la había hecho volar y estaba acostado en el suelo, entonces corrí para entregarle su laúd y poner mis manos en su herida.

Cuando lo hice sabía que le dolería pero tenía que curarlo, sentí su sangre caliente y borbotando de su pierna en mis manos. Me concentré pensando en mi casa, en mis recuerdos más felices con Anmela y de sus enseñanzas como curandera, de repente una luz verde tenue salió de mis manos cerrando la herida del Divium, sabía que tendría que reposar para curarse del todo, pero al menos no sangraría —Así estarás mejor— le sonreí al Divium y volví a ponerme la mochila en la espalda y miré en dirección al orco.

Tenía una sola oportunidad así que con mi habilidad de Puntería arrojé mi daga hacia este, no se le quedó clavada pero al menos lo había herido y sangraba, sintiendo que al menos los había ayudado un poco. Entonces al sentirme ahora sí que desprotegida en todos los sentidos, me arrimé a una de las paredes, arrodillándome y abrazando el huevo.

Observando la batalla y sintiéndome inútil, “Nota mental: No volver a dejar el arco en ninguna taberna. Era una inepta sin mis armas” después de unos momentos de lucha entre el orco, Rimbaud y Egil y Tentrei contra los que nos habían lanzado las redes Anunciaron su retirada -Pueden quedarse con el estúpido huevo. Retirada.- Suspiré con un nudo en la garganta solo pude responderle a Tentrei con un simple —Bien, gracias— No sé cómo pude ponerme de pie, me temblaban las piernas pero como pude me dirigí a donde estaba Rimbaud, volviendo a poner la mochila en mi espalda y tomando mi daga en el camino.

Salí del granero para quedar al lado de Rimbaud, él estaba ahí por mí, no sabía porque había aceptado, pero si no fuera por el no hubiéramos salido con vida de esa. —¿Estas Bien?— Este asintió adolorido, pero necesitaba reposar un poco para curarlo. Comencé a impacientarme conmigo misma y mis poderes, miré sus ojos negros entonces — Gracias por esto— le sonreí al caballero y me dirigí a los otros dos que todavía no salían —¿Ustedes están bien? — Egil asintió pidiendo que nos fuéramos lo más rápido de ahí a lo que asentí con la cabeza.

De repente comencé a sentir como mis poderes regresaban a mí, entonces y sin dudarlo un segundo puse mis manos en el pecho de Rimbaud. Mi mente comenzó a recordar mis momentos más felices regresando a esos momentos felices con Anmela, pero apareció de repente la imagen de Rimbaud cargándome en el bote, mis mejillas se sonrojaron levemente y salió de mis manos esa luz tenue de color verde recuperando sus heridas, no del todo pero si lo suficiente para que en cuanto descansara se recuperara totalmente.

Le sonreí, sacando mis manos de su pecho y entonces les dije a todos —ya vámonos— entonces Rimbaud habló —Momento de regresar. Me parece que hicimos un trabajo decente para llevar tan poco tiempo de conocernos. ¿No lo creen?— asentí —La verdad es que sí, pero de todo se aprende, no vuelvo a dejar mis armas en la taberna— volví a sonreírle y comencé a caminar con el peso del huevo en mi espalda.


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Mensaje por Tentrei Iskusstvo el Jue Feb 28, 2019 6:56 pm

Pero aparentemente canté victoria antes de tiempo. No habíamos tenido tiempo de comenzar a salir del granero cuando un mastodonte verde y dos humanos bloquearon la salida.

Gracias por la bienvenida, pero el peaje para el pasaje de este granero es ese huevo. Estoy seguro de que lo entregarán de forma pacífica, sería una lástima que tuviera que quitarles la vida.

Me reí sonoramente con el comentario, a pesar de que me doblaba en tamaño y todo, no era como si ellos tres pudieran hacernos algo, ¿Verdad? Me acerqué a Amelie para dejarle mi laúd sin perder de vista al orco.

Me he cogido cosas más grandes que tú. —miré a sus compañeros de arriba a abajo, manteniendo una sonrisa y una voz retante.— Y en grupos más grandes.

A él no le pareció hacer mucha gracia. Suspiró y luego sonrió.

Con que esas tenemos, pero temo que aun no han entendido su situación. —Pasó la mirada de nosotros hacia arriba. ¿Qué había arriba?— ¡Ahora!

Redes. Eso había arriba. Era una maldita trampa. Ni siquiera pude reaccionar, Amelie y yo caímos redonditos, y en redes separadas, que ni recuperar mi laúd podía. Sin embargo, intenté reaccionar lo antes posible y saqué de mi bolso dos haladie. Tomé uno con cada mano e intenté cortar un nudo de la red para librarme.

Espero que entiendan la situación y me den el huevo por las buenas. Esta es nuestra ciudad y por mucho que lo intenten los extranjeros, no podrán hacer lo que quieran aquí. —Entonces escuché a Egil pidiéndole el huevo a Amelie. ¿Eso no ponía en peligro nuestra misión?

No. —respondí inmediatamente, sin dejar de raspar contra la cuerda para cortarla.— Espera. Digo, tiene razón, es su ciudad. Quizá sus intenciones no son diferentes de las nuestras.

Eso tampoco le hizo gracia. Hizo un ademán con la mano que no entendí al momento, y la cuerda no cedía. Primero una flecha me silbó en el oído. Luego una se me clavó en la pierna en la pierna. Solté un sonido mitad grito mitad gruñido con claro dolor, y olvidé lo de cortar la cuerda. Una fuerte corriente de aire salió de mí, quitándome la red de encima y dando vueltas a mi alrededor como un pequeño torbellino. Entonces volteé hacia el sitio de dónde vino el disparo e imaginé la trayectoria del Haladie.

Algunos nos simplemente son demasiado estúpidos, mejor quédate quieto.

Rimbaud apareció para hacer su trabajo, más o menos. Enfrentó al orco ganándose la atención de los tres presentes en la entrada, y Egil desenvainó su espada. Entonces, aún con el dolor del flechazo y la concentración que requería disparar uno de mis haladie, tuve una punzada de... quizá decepción, desilusión... no estaba seguro, lo único que sabía era que el caballero de brillante armadura portaba una espada fabricada en el más horrible de los materiales, y que debía apartarme de él.

O ayudarlo.

¿Podía rescatar su alma de las profanidades del acero vil? ¿Podía un simple músico salvar su sanidad?

Como fuere, concentré mi vista en el desgraciado que me había disparado, quien tenía la osadía de intentar otro tiro. Mi pequeño torbellino desvió su proyectil y desapareció justo a tiempo para no interrumpir el mío, que trazó una trayectoria casi perfecta y se clavó en su hombro.

Agárrate esa, imbécil. —murmuré para mí y volví momentáneamente a mi pierna. Amelie se había desatado de su propia red y, cuando me percaté, tenía el laúd en mis manos y ella estaba sanando mi herida. No por completo, para mi infortunio, pero al menos había parado de sangrar. Dejé caer el haladie que tenía en la mano derecha y acaricié las cuerdas del laúd. La música fluyó, no como una, sino como si dos personas estuvieran tocando al mismo tiempo, producto de la sincronización de ambas manos y la ayuda de mi cola entonces mi bolso se movió y chirrió como si en él hubiera una bestia. Y la bestia salió; dos cadenas, mi mirada se centraba en el tipo del pajar, pero las direcciones de las armas eran diferentes. Una quedó suspendida, coml una serpiente encantada. La otra salió como una víbora letal al hombre de arriba, pero el desgraciado había previsto el movimiento y la cadena pasó de largo y se devolvió, quedándose como cobra vigilante. Escuché una daga susurrar a mi lado, y volar hacia el orco, y me sorprendí que viniera de Amelie, que parecía más frágil que una taza de porcelana de Thaimoshi.

Hubo gruñidos, gritos y maldiciones que venían del combate que libraban los caballeros, pero aún temía, porque el otro tipo con ballesta seguía ahí, y lo que menos necesitaban nuestros defensores era una herida de más. Entonces, por la gracia que sólo Delia podía otorgar, mi segunda cadena asestó, sacándole el aire al tipo de arriba. No estaba percatándome demasiado de lo que sucedía entre Rimbaud, Egil y el orco, pero escuché la llamada de retirada y al verlos marcharse, dejé de tocar. Las cadenas cayeron con un sonido pesado, y yo me recosté en el suelo.

Se llevó mi Haladie. —murmuré, y luego levanté la cabeza mientras guardaba el otro en mi mochila.— ¿Cómo están todos?

Amelie estaba a mi lado y no sonaba herida. Egil y Rimbaud se reportaron, Egil haciendo un poco más de énfasis en que estaba herido.

No estás escupiendo sangre. Tomaré eso como que todos estamos bien. —Me iba a levantar, pero miré a Egil, me quedé recostado y abrí las piernas para verlo entre ellas.— ¿Un rapidito? —bromeé, soltando una risa suficientes segundos después como para que se la creyera, y una buena carcajada con su expresión, y entonces sí me levanté. Al verlo blandiendo su arma aún me debatía lo mismo que momentos atrás. ¿Qué espera Sanctra de mí?

¿Y por qué me debería importar? Si ella me ha dado la espalda, y yo a ella, ¿Por qué me preocupa?

¿Y por qué siento que no es correcto?

Entonces me limité a seguirlos en silencio.




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Mensaje por Egil el Lun Mar 04, 2019 4:02 pm

Ubicación: Granero. Todavía.
Interacción: Tentrei, Amelie... ¿Rimbaud? orco, y sus amigos.

Al asomarme hacia la puerta vi una figura acercándose, demasiado grande para ser Rimbaud, por lo que retrocedí un poco. Cuando entro a luz, era un endemoniado orco, con la cara como no me gustaban: marcadas, experiencia combativa... o suerte de que no le hirieran en algún problema que se había metido. Lamentablemente el mazo en su mano gritaba que era lo primero.

Junto a él, dos hombres más, curiosamente humanos, no se me hacía muy común un grupo de orco-humano, pero eso daba igual justo ahora.

Mientras el orco hablaba fruncí el ceño lentamente, viendo las orejas de los tres, parecía como si les hubiesen clavado un mordisco en ellas. No tenían uniforme que indicase que fuese la guardia negra, así que supondría que eran unos mercenarios, o simplemente unos cualquieras tratando de ganarse la vida robando a otros. Iba a decir algo, pero la voz de Tentrei resonó, y luego de que terminase de hablar no pude imaginarme nada que decir que no fuese a resultar en un mazazo en la cara.

La cara del orco me canto malas noticias, con un suspiro y luego, una sonrisa dirigida a nosotros.
-Con que esas tenemos, pero temo que aun no han entendido su situación- Desvió un poco la mirada por encima de los presentes para luego decir con decisión. -¡Ahora!- Y de pronto un par de redes provenientes del pajar en el segundo piso descendieron hacia Amelie y Tentrei.

Subí la mirada al escuchar el grito del orco, y para ese momento ya había un par de redes cayendo atrás, con un vistazo me bastó para ver a Tentrei y Amelie atrapados, y que de paso había dos más arriba, como si ya no bastase que uno fuese un orco. Las cuentas eran sencillas. 4 contra 1. A menos de que Rimbaud fuese una bestia combativa y pudiese despachar a personajes en instantes, la respuesta a la situación era obvia.
Amelie, dame el huevo. No tenemos opciones.
Tentrei replico instantemente a mi petición, no es que hubiese sido con él. Al verlo negarse le dedique una mirada de desaprobación, como preguntándole si estaba considerando la situación en la que estábamos. Ya estaba yo pensando como el orco. La mirada de Amelie no era mejor, parecía que le acababa de pedir que me diera a su bebé o algo por el estilo, aunque apenas tendría unos 5 minutos con el huevo a lo mucho.

Escuché una pequeña queja, como un "tch", un niño quejándose luego de que su padre aceptará comprarle lo que le estaba pidiendo. Vi venir lo que pasaría luego de ese sonido, al siguiente segundo había un virote clavado en la pierna de Tentrei.
Amelie, el huevo—dije con seriedad, estirando las manos hacia ella, intentando fingir.

Ya habían lastimado a Tentrei, así que toda la idea de "salir todos sin herida" se había ido al demonio. Ya era tarde. El divium se liberó, así que iban o iban a matarnos, tuve un pequeño cambios de planes, más en... paz, con las decisiones de mis compañeros. Sostuve el mango de la katana y me di vuelta rápidamente, sabiendo que el orco era el que tenía más cerca, él era el blanco de mi corte semi-giratorio.
Solo corté aire.

Al darme vuelta pude visualizar la situación nueva, Rimbaud se había aparecido ya y a juzgar por su posición y hacia donde miraba, había intentado apuñalarlo. Lo había logrado, parcialmente, pero orco siendo un orco, seguía de pie. Pero ahora era blanco de tres, y uno de ellos, bueno, el orco. Con mi espada desenvainada y viendo a Rimbaud con más que suficiente carga, me enfoqué en uno de los hombres que lo flanqueaban y ahora habían sacado sus espadas cortas. Manejar a un orco solo ya sería complicado, pero quise tener fe en que no lo matarían antes de tiempo. Avancé hacia uno de los hombres con la guardia "baja", en realidad intentando engañarlo a que hiciera un ataque predecible para desviarlo y contraatacar.

Por balancear las cosas, como fui total y completamente ignorado por aquel hombre que se coordinaba en atacar a Rimbaud por orden del orco, escuché una voz a mis espaldas. Con palabras poco bonitas.
-No tan rápido, imbécil.
Detuve mi avance, por mi mente pasando el hecho que había decidido obviar, que tal vez había olvidado. Habían dos ballesteros arriba, no uno.

Sin tiempo a darme vuelta y apreté los dientes listo para el dolor que prosiguiera, pero solo fue un sonido pasando cerca de mi oreja, y al ver abajo, el virote estaba clavado en el suelo, di un vistazo rápido atrás con cara de poco amigos al que me disparo, pero el sonido de los impactos que recibía la armadura de Rimbaud me volvieron a posar sobre mi objetivo principal, ayudar a que no le mataran. Sostuve el arma a dos manos y cargue adelante intentando apuñalar el brazo del hombre para hacerle soltar la espada.

En cuanto mi espada se clavo en el brazo del hombre la alce arriba para sacarla, el hombre me maldijo, algo que considere apropiado y entendible... pero luego intercambio miradas con el orco, que no parecía alegre de que hubiese lastimado a uno de sus subordinados.
Intenté alcanzar por el que empezaba a correr, pero la espada corta del otro joven se acercaba buscándome, lo que me obligo a saltar atrás para que no me alcanzara. Lástima que esa masa de músculos verde conocida como orco me vio cara de piñata a mi también, rozándome el costado derecho con el mazo, a lo que se me escapó una pequeña queja entre dientes, y antes de poder pensar nada más ya estaba volviendo para pegarme al lado izquierdo, intenté defenderme con mi brazo, que tan solo fue, vulgarmente, bateado como una pelota para otro lado. No me quebró el cúbito porque el movimiento del orco fue algo cansado, más el hierro que me protegía el antebrazo.

Afortunadamente el centrar su atención solo en mi no era opción, Rimbaud seguía ahí, eso y el cansancio se hicieron notar en los impactos que iban a mí persona, no eran despreciables, pero claramente estaban lejos de lo que el orco solía lograr. El caballero volvió a mi rescate casi al instante que el orco había bateado mi brazo, no observé bien que hizo, pero la lógica me decía que intentaría apuñalarlo allí donde había abierto sus defensas en su protección de cuero.

El orco que trataba de calmarse apenas esquivo la peor parte del ataque solo debido a su experiencia, pero las heridas seguían acumulándose. Estaba cansado pero después de terminar de concentrarse logro darse un segundo aire, omitiendo por el momento parte del cansancio de la batalla y las heridas.
La persona en el pajar se levantó dando una señal a su jefe y preparándose para marcharse, al ver que casi todos sus compañeros se encontraban heridos de gravedad, era obvio que era momento de abandonar la empresa. -Pueden quedarse con el estúpido huevo. Retirada.- La persona en el pajar procedió internarse en la obscuridad del mismo hasta un agujero por donde había salido su compañero y el orco como sus demás compañeros se pusieron a la defensiva mientras se aproximaban a la salida.

Imitando a Rimbaud, no deje mi guardia a un lado, esperando que el grupito realmente se retirase. El silencio que se había adueñado del lugar se apartó en cuando Tentrei habló, momento en el que deje caer mis brazos agarrando aire.
Más herido de lo que pensé que saldría de aquí hace unos 10 minutos —repliqué viendo de reojo al divium, antes de mirar  al lugar por donde habían huido el orco y sus amigos.
Ahora ya seguro de que habían escapado, guarde el arma, viendo a Tentrei mientras me respondía de vuelta. Hizo un movimiento como que iba a pararse y se detuvo, por lo que me acerqué dos pasos pensando "no puede ponerse de pie", entonces me prueba lo contrario, y como, abriendo las piernas. Abrí...abrí los ojos, pensando que lo decía en serio hasta que sus labios se curvaron y soltó una corta risa poniéndose de pie. Cuando Amelie habló hacia nosotros volteé a verla y asentí caminando hacia allá.
Solo vámonos... no quiero más sorpresas esta noche.
Momento de regresar. Me parece que hicimos un trabajo decente para llevar tan poco tiempo de conocernos. ¿No lo creen?
Por favor.

Di un corto vistazo atrás, algo extraño había en Tentrei. No podía poner mi mente en exactamente que era, pero incluso con ese chiste de antes, muy apropiado para su raza, había algo que me decía que estaba fuera de orden... tal vez que le hubiesen clavado un virote en la pierna antes.
O puede que otra cosa, por como miraba hacia la vaina en la que descansaba mi espada.
No se había quejado, ninguno de ellos lo había hecho, lo cual era tan curioso como agradable, tal vez la primera vez que alguien no me decía nigromante a los segundos de sacar el arma, o  mejor, no me intentaban quemar vivo. Decidí creer que tanto a él como el resto eso les daba igual, y nos encaminamos juntos de vuelta a la taberna.
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