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[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 3 Empty Post 5 - Encuentro con la Alianza del Velo

Mensaje por Lamb el Mar Mar 05, 2019 4:22 am

La noche seguía su curso en la ciudad de Erenmios, el Puño Negro trataba de hacer valer el toque de queda impuesto en la ciudad y actuando con violencia a cualquier indicio de insubordinación, la Alianza Velada había logrado causar suficiente distracción como para alejas las atenciones de las granjas donde se llevaría el intercambio por lo que sería posible regresar por el mismo puente con el huevo antes de que la guardia de la ciudad volviera a custodiarlo, los contrabandistas se encontraban a medio camino de su destino esperando aprovechar las falsas riquezas que ahora poseían, por otro lado los bandidos escapaban para tratar sus heridas, ningún tesoro valía más que sus propias vidas y el trabajo en equipo era algo que les permitía sobrevivir en estos momentos difíciles. Otros grupos hacían sus movimientos al mismo tiempo tratando de sacar provecho de la situación de caos y desorden en la ciudad.



Al salir del granero el viento soplaba un suave pero helado viento que recogía un aroma húmedo en el ambiente, el único sonido en el ambiente era el mover de las hojas junto con los propios pasos de los ahí presentes y la visibilidad era pobre por la obscuridad, haciendo que solo se vieran siluetas para los ojos no adecuados a la obscuridad de la noche. El camino fue tranquilo mientras recorrían las granjas cercas del rio, si alguno desviaba la mirada hacia el granero donde el intercambio había sucedido pronto vería que las farolas se extinguían al terminarse el poco combustible que las alimentaba mientras daba la apariencia de que el lugar se desvanecía en la obscuridad. Pronto el panorama fue substituido por el puente de piedra, el sonido del rio, un olor saludo traído por el viento y la vista a los imponentes muros que contrastaban con el deterioro de lo que debían proteger.

La llegada a la ciudad solo trajo más silencio, no parecía haber rastro de la guardia ni de nadie más cercas, los muros y las casas ocultaban la poca luz que el cielo brindaba y un olor a polvo generalizado cubría aquella zona de la ciudad mientras más adoquines se quebraban bajo los pies. Aun sin el toque de queda eran horas donde uno no esperaba ver gente despierta en las calles, pero al llegar al negocio de la Tetera de la Señora Freona ver la parte trasera del mismo pudieron encontrar al mismo hombre encapuchado que les había encomendado plantar la aguja encantada y obtener aquel huevo que ahora portaban. -Parece que todo ha salido bien, me informaron de su éxito con la aguja.- Dijo la figura al verles llegar con una voz claramente fingida. -Solo tienen que entregar el huevo y pueden recibir lo que les prometí.- Pero ante la negativa de la dríada la figura solo bajo la cabeza lanzando un suspiro cansado. -Supongo que esto termina nuestro trato. Les daré una advertencia, hemos visto un incremento en el interés de cosas relacionadas con dragones. Además, hemos escuchado de más avistamientos de dragones en todo Geanostrum. Quizá eso les salve la vida.- La voz del sujeto se escuchaba algo molesta, pero al mismo tiempo algo frustrada, antes de que pudieran decir cualquier otra cosa el encapuchado se internó en la obscuridad, casi como si se fundiera en ellas. Volvían a estar solos, sin recompensa más halla del propio huevo y una extraña advertencia.
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Mensaje por Rimbaud el Mar Mar 12, 2019 2:27 am

El alejarse del granero le resultó igual de perturbador que llegar hasta él. La sensación de que la lucha no había acabado, sino que recién acababa de comenzar no lo dejaba en paz. Miró hacia atrás un par de veces, quizá más de las necesarias, para estar seguro de que el orco y sus compañeros no lo seguían, y notó cuando las luces que iluminaban el gran depósito se apagaron, diluyendo en las sombras toda la estructura, como si se la hubiera tragado la noche.
A medida que se hallaba de regreso en las puertas de la ciudad no pudo evitar pensar también en los contrabandistas a quienes les entregaron la bolsa con dinero. ¿Cuánto tiempo tardarían para notar que todo ese pesado tesoro no era más que piedras sin valor? Ellos habían visto el rostro de Amelie, la reconocerían seguramente, la muchacha destacaba demasiado. El caballero no pudo evitar mirarla de reojo mientras pensaba esto. «Oh, pequeña ninfa. No sabes en lo que nos hemos metido

Por una providencial suerte la puerta de la ciudad por donde habían salido a los campos de labranza seguía vacía. Ninguno de los implicados en el intercambio sospechaba que era obra de la Alianza Velada, quienes habían tenido que causar una distracción para alejar a los guardias. Al entrar en la ciudad los pasos de los cuatro formaban ecos en el silencio de las calles. No era raro suponer que había toque de queda, el caballero lo había notado una vez comenzaron su viaje hacia el granero, pero se preguntaba si los demás pensarían igual que él, pues no parecían lo suficientemente nerviosos, ni parecían saber qué era lo que les esperaría en caso de que alguien del Puño Negro los encontrara a esas horas deambulando por los viejos adoquines.
Al llegar finalmente a la posada de la Señora Freona, se hallaron con todo apagado y cerrado.
Veamos si la puerta de atrás está abierta.
En la parte posterior de la Tetera no hizo falta golpear la puerta, pues el mismo hombre que les había ofrecido el trato y les había enviado a una lucha segura los esperaba.
Al verlos el hombre encapuchado les hizo saber que ya había tenido noticias sobre el éxito de la misión.
Me imagino que tus informantes no sabían que nos esperaría una emboscada. —le comentó, pensando en que si tenían gente para observar el desarrollo de la situación, estaba claro que también habían visto a los hombres llegar antes que ellos—. En fin, al menos estamos vivos.
No era la primera vez que hacía un trabajo como aquel, así que prefirió no decir más, pues, al poner tu espada al servicio de alguien, sabes que tarde o temprano tendrás que usarla.
El encapuchado finalmente solicitó el huevo, y la sorpresa se reveló tanto en su rostro como en el del caballero cuando Amelie se negó a entregarlo a menos que estuviera ahí en el momento de la transacción. Algo dentro de él comenzó arder. No era la rabia que esperaría por no recibir su paga luego de un trabajo bien hecho, sino una especie de clamor al notar la fiera convicción de la muchacha, una que iba más allá de la avaricia o la terquedad, ella de verdad quería saber si la cría de dragón iba a estar bien donde fuera que la enviaran. Algo válido viniendo de una ninfa, que fueron engendradas para proteger la flora y la fauna de Noreth.
Rimbaud no pudo evitar sentir una punzada de admiración por la muchacha, que pronto fue reduciéndose hasta dejarle un frío vacío al notar que aquello inevitablemente lo iba a poner en riesgo. Las palabras del encapuchado se lo rectificaron. Su vida estaba en riesgo.
El hombre de la Alianza se retiró con las manos vacías, el caballero miró a los demás, sus rostros a medio iluminar por la noche estrellada parecían pensar en lo mismo.
Debimos cobrar por adelantado —musitó para calmar los ánimos. No fuese que no le molestara que no les hubieran pagado, sino que parecía irse también con ello la oportunidad para adentrarse en la Alianza Velada, quienes parecían estar en contra de Brahms, y por ende, se trataba de las personas con quien debería estar.

Amelie parecía contrariada al notar que era su culpa que nadie hubiera recibido paga. Agachó la cabeza comentando en que no confiaba en aquel hombre. Ante el razonamiento de Tentrei ella solo atinó a decir que se trataba de una corazonada.
Quizá tengas razón —dijo mirando a Amelie—. Quizá no. —Se cruzó de brazos y miró hacia la salida del callejón por donde se había deslizado el encapuchado—. Lo sabremos pronto.

No había más que hacer. La noche seguía su curso y al menos dentro de la Tetera no aparecería nadie con intención de robarles el huevo. ¿O sí? Al menos el caballero se fijó en que nadie los siguiera.
Una vez en su cuarto no pudo evitar pensar en lo que les esperaría al siguiente día, pero aún tenía algunas horas por delante y era necesario descansar.


Un atardecer, senté a la Belleza sobre mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la insulté.
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Mensaje por Egil el Mar Mar 12, 2019 5:22 pm

Ubicación: Granero --> Camino de vuelta --> Tetera.
Interacción: Tentrei, Amelie, Rimbaud, Encapuchado.
Mención: Señora Freona.

Con un pesado suspiro durante el viaje de vuelta quebré el silencio que parecía haber afuera durante los primeros minutos de caminata. A mí parecer todos pensábamos lo mismo, nuestros cerebros seguían en alerta, gritando que todavía había peligro escondido allí afuera, en las sombras.
Aunque intentaba ignorar el pensamiento, cada vez que Rimbaud miraba atrás sentía ansiedad en la forma de pequeños tics en su cuerpo. Por cada vistazo atrás pensaba más negativamente, creyendo que de un momento a otro este gritaría "¡Cuidado!" y comenzaría otra pelea.

Pero la advertencia nunca llego. Por mucho, lo prefería así, supongo que todos. No me resistí a echar una mirada al resto, pensando cosas distintas por cada uno. Tentrei todavía tenía esa cara pesada, como si toda su alegría y ánimo fuesen solo adrenalina que se había ido una vez pasado el peligro. Se me hacía molesto, o más bien incómodo, puede que una parte de mí estuviese esperando que el divium comenzara a hablar y removiese la tensión del ambiente. O la empeorara.
Amelie por su lado iba abrazando al huevo con todo el amor del mundo, no me hubiese parecido extraño si por casualidad, en un momento de curiosidad por ver atrás, la hubiese encontrado dándole palmaditas y/o besos al huevo. La forma en que lo sostenía le causo algo de ternura, pero la ternura se veía removida por algo de preocupación cuando se le pasó por la mente que quizás, solo quizás, quisiera quedarse con él por un apego creado en el camino de vuelta.
Rimbaud no iba menos centrado que ellos, pero si parecía más atento hacia sus afueras que solamente adentro. Parecía, porque era solo una impresión mía que decidí tomar como cierta al ver su andar, casi controlado, como si estuviese pensando "pie izquierdo adelante, levantar pierna derecha, pisar con pie derecho...". Todo mientras como buen caballero flanqueaba a Amelie en toda curva o cambió de dirección que tuviésemos que tomar en el camino de vuelta.

Avanzando todavía en la oscuridad, sentí una vibración al lado de mi pierna que me hizo tensarme, pero intenté disimularlo lo más posible del resto por lo que no reduje mi paso ni me detuve en ningún momento. Sabía que era, la espada estorbando, el acero vil, siempre hambriento desangre. Supuse que una mera puñalada no bastaría para satisfacer este tipo de metal.
Aunque agradecía no tener la vocecilla molesta del arma en mi cabeza cuando realmente estaba falta de "comida", no estaba libre de preocupaciones. Con el recuerdo de la puñalada y la imagen de Amelie abrazadita al huevo no pude evitar pensar que ahora además de ser enemigos del Puño Negro—todos lo eran en este lugar—también lo éramos de ese orco, sus amigos y el grupo al que perteneciesen. Presa a dos depredadores distintos.

Agarre aire y di otro suspiro, más pesado y hondo que el anterior. Con suerte nuestra única compañía hasta la Tetera sería el eco de nuestros pasos, de los cuales ya casi tenía grabado el ritmo en la mente.

Cuando llegamos a la posada encontramos todo cerrado y sin ninguna luz obvia. No sé que me esperaba, la verdad, además de las puertas abiertas.
Por supuesto —negué suavemente con la cabeza y volteé los ojos, antes de escuchar la propuesta de Rimbaud y asentir, siguiendo al grupo a la parte trasera.
Al llegar atrás encontramos que nos esperaba una figura encapuchada, estuve a punto de subir las manos y ponerme en guardia, antes de recordar quién, o más bien qué nos había contratado. Sí, una figura encapuchada.
-Parece que todo ha salido bien, me informaron de su éxito con la aguja.- Dijo la figura al verles llegar con una voz claramente fingida.-
«Mal actor.» pensé al instante en cuanto lo escuché, no podía discernir si era totalmente a propósito porque le daba igual o realmente esa era su mejor capacidad de cambiar su voz.
-Solo tienen que entregar el huevo y pueden recibir lo que les prometí.-
«Por favor.» asentí en silencio, cuanto menos, eso puede ser que nos quitará el peso de encima cuando el orco y compañía volviesen por venganza.

Pero claro. Las cosas no irían así. El pequeño temor que tuve antes se hizo realidad en cuanto Amelie se negó fervorosamente a entregárselo. Apreté los dientes para no decir nada, mientras la veía argumentar de ida y vuelta con el encapuchado que finalmente se rindió, bajando la cabeza y dando un pesado, cansado suspiro. No pude evitar conectar con ese suspiro, casi estuve seguro de que salió de mi boca y no de la suya.
-Supongo que esto termina nuestro trato. Les daré una advertencia, hemos visto un incremento en el interés de cosas relacionadas con dragones.-
Ni lo mencione... —dije secamente mirando hacia Amelie, que desde mi punto de vista, claramente era una persona regida más por el honor que por la razón.
El encapuchado añadió una advertencia y una especie de consejo el cual yo no comprendí. Con unos pasos atrás, su figura pareció derretirse en las sombras, dejando que la noche lo consumiera justo como consumiría el silencio al lugar.
Debimos cobrar por adelantado.
Baje la mirada al suelo, no en tristeza sino en calmada furia, pequeña, pero presente. Cuanto menos, Amelie parecía estarse arrepintiendo un poquito de lo que hizo. Un comentario sorpresivamente lógico de Tentrei bastó para que la mujer tuviese que cambiar de razones a sentimientos. Una corazonada no era algo que yo daría como explicación, pero ella mucho más empática, tal vez demasiado por como evito mirarme a los ojos, imaginé que podía percibir mi molestia.
O tal vez tenía mala cara y nadie me lo había dicho.

Miré a otro lado para evitar verla también y tan solo seguía dentro al resto, persiguiéndolos de un lado a otro para ver que iban—o íbamos—a hacer. Tuvimos un pequeño desvió que nos permitió conocer a la dueña, una señora enana.

Una enana. Y dueña de una posada. Había características en común que tenían los enanos con los dueños de tabernas, y aunque no podría poner mi dedo sobre todas, podía listar la presencia de alcohol, y una fiera actitud para tratar con gente que les molestaba. ¿Qué quería decir eso?
Que nada más ver a Tentrei, su reacción fue maravillosa, diría que incluso apropiada. Si no hubiese estado malhumorado, puede que hubiese estallado en una corta risa tras escuchar la amenaza dada con la voz más tranquila y fastidiada que había escuchado jamás.

Hice una suave reverencia por reflejo más que nada a la Señora antes de partir, o de que nos cerrará la puerta en la cara. Con eso, la poca juventud que le restaba a la noche se deslizaría entre nuestros dedos justo como lo hizo la recompensa sino íbamos a dormir pronto.
Todos estábamos cansados, así que nos encaminamos al cuarto y una vez allí comencé a quitarme las piezas de armadura que me restaban encima y las acomodaba como me era posible en mi bolsa, mirando con cara de poco amigos a cualquier otro presente que se encontrase despierto, intentando dirigir hostilidad para impedir que siquiera, se les ocurriese robarme mientras dormía.

Cuando ya estaba costado en la cama con los ojos cerrados, intentando detener mis pensamientos (inútilmente) para dormir, empecé a repasar lo sucedido en el día, y cuando llegué de nuevo al desagradable punto en que Amelie discutió con el encapuchado, abrí pesados los ojos y levanté el tronco, viendo hacia las camas donde recordaba que estaba el resto.
¿No debimos cobrar la mitad? Sí, Amelie se quedo con el huevo —dije con toda intención de hacerle saber que todavía seguía enfrascado en eso—, pero Tentrei colocó la aguja. Técnicamente cumplimos con la mitad del trato, y a ellos debería interesarles más la información que puedan sacar de rastrear a esos contrabandista que el huevo… encapuchado de pacotilla... —entrecerré los ojos desviando la mirada a un lado. Puede que solo estuviese buscando excusas—no, de hecho, era eso, las estaba buscando.

Negué con la cabeza y me deje caer de nuevo a la cama, aplastándome mientras intentaba disfrutar la cama, porque si no conseguía...mos nada mañana, nos iba a tocar dormir en las frías y deliciosamente peligrosas calles de la ciudad.
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Mensaje por Amelie Winter el Miér Mar 13, 2019 12:56 pm

El camino fue muy tranquilo, no había nadie en la calle, y nuestros pasos repicaban en el silencio de la noche. Todo se hacía cada vez más extraño conforme seguíamos avanzando, Rimbaud no paraba de voltearse para ver que nadie nos siguiera, y con cada sonido de su armadura nos ponía a todos más nerviosos de lo que ya estábamos creyendo que evidentemente si lo hacían, pero siempre era una falsa alarma.

Yo iba asegurándome que el huevo no se fuera a romper y que siguiera a salvo y a mitad de camino porque iba chocando contra mi espala lo volví a poner en mis brazos, pasé una mirada rápida para ver cómo iban mis compañeros, Tentrei iba distraído, como muy metido en sus pensamientos, Rimbaud iba en guardia y Egil iba prestando atención a nosotros.

El regreso se me hizo mucho más corto que la ida al granero, “¿será porque ya nos lo sabíamos de memoria? ¿ o porque íbamos tan en guardia que caminábamos más rápido solo para llegar antes?” fuera lo que fuese el camino si se me hizo mucho más corto. Al llegar a la taberna todo estaba en silencio y a oscuras —Veamos si la puerta de atrás está abierta— dijo Rimbaud guiándonos a todos a hacía allá, efectivamente, la puerta de atrás si estaba abierta, y el encapuchado ya estaba allí esperando su encargo.

Yo lo tenía muy claro, si no pensaba cumplir su palabra, no le entregaría el huevo —Parece que todo ha salido bien, me informan de su éxito con la aguja— dijo el encapuchado con una sonrisa rompiendo el silencio no solo de la noche si no que de la sala en la que nos encontrábamos.

Rimbaud le dijo al encapuchado lo de la emboscada del Orco y que efectivamente casi matan a alguno de nosotros —Solo tienen que entregar el huevo y pueden recibir su recompensa— Y el encapuchado dirigió su vista hacia a mí, se notaba porque extendió su brazo para que le diera el huevo. Por un segundo se lo iba a entregar pero recordé su promesa y quería saber si la cumpliría, quería estar completamente segura que no usaría el huevo en intenciones malas.

—No pienso entregarlo a menos que me cumpla a mí lo prometido, saber dónde dejarán el huevo — Mi rostro se tornó serio pues ese era el tono en el que estaba hablando, no era juego ni era broma, realmente me importaba la seguridad del huevo.

Pero me sorprendió no solo su negativa a cumplir mi promesa, sino que también sus palabras que pronunció después de mi respuesta —Supongo que esto termina nuestro trato, les daré una advertencia hemos visto un incremento en el interés de cosas relacionadas con dragones además hemos escuchado de más avistamientos de dragones en todo Geanostrum. Quizá eso les salve la vida— Se oía molesto, pero ¿Por qué?  Yo solo quería saber dónde quedaría el dichoso huevo, por el bien de este.

Yo no buscaba quedármelo, pero por lo visto así iba a ser si el tipo no cumpliría con su palabra. De repente recordé los motivos por los que todos estábamos ahí, Rimbaud había ido por mí, no entendía por qué pero así había sido, Egil había ido por una recompensa, que claramente no había conseguido por mi culpa y Tentrei solo había ido por la aventura y por si podía ganar un poco de dinero, suspiré, les había fallado no recibirían lo que merecían después de un trabajo bien hecho.

Amelie ¿pero qué has hecho?” “mira a donde te ha llevado tu afán de ayudar a los demás, te olvidaste de los que te rodean” “acaso ellos no merecían su recompensa” Solo las palabras de Tentrei fueron las que irrumpieron en mi cabeza, me mordí el labio, estaba demasiado cansada como para pensar bien.

Además el encapuchado me había demostrado que no se podía confiar en él, “[color=#b165eb¿Cómo sabría yo que no quería el huevo para hacerle daño?[/color]” “¿Cómo esperaba que confiara en el para entregárselo si no iba a hacer nada para demostrarnos que el huevo estaría a salvo?

No supe que decir, el tipo salió por la puerta que habíamos entrado dejándonos ahí con el huevo, como demostrando que tenía razón, que el huevo en si no le importaba… pero mis compañeros… ellos esperaban una recompensa no solo que les sería útil, si no que sabía que sí se la merecían… volví a suspirar y al fin pude decir palabra, pero no sin un nudo en la garganta —…Lo… Lo siento… yo… no confío en el— agaché la mirada, no quería ver a ninguno de los tres.

Pensaba que en ese punto me odiarían, o tomarían repercusiones, pero no fue así para mi sorpresa, pero Tentrei me preguntó algo que no esperaba “¿Por qué confío en ellos?” y comencé a buscar en mi mente las razones por las que así era y poder darle una respuesta coherente al alado.

Lo que acabamos de vivir era uno de los motivos principales, pero si tengo que pensar en cada uno…” “Rimbaud me ayudó cuando el barco nos dejó en medio del mar, y no me ha dejado sola desde entonces” “[Tentrei es raro, pero cuando Egil me pidió el huevo él estuvo ahí apoyando mi decisión, además de la pelea que todos estuvimos presentes y batallando juntos” “y Egil…” recordé él porque estaba ahí, y no pude seguir pensando pero si confiaba en él.

Seguí con mi mirada gacha—Porque así lo siento, no necesito más razones que esas— Me atreví a ver a Tentrei a los ojos, él me dijo vagamente que le recordaba a alguien pero se notaba que no quería hablar del tema así que no dije más al respecto y me dio vergüenza preguntar.

Pasé mi mirada sobre los tres, al fin pudiendo mirarlos pero al llegar a Egil regresé la mirada al alado puesto que suponía lo que estaba pensando el caballero —Todos deberíamos descansar, fue una noche muy larga— Nos dirigimos a la entrada de la taberna pero seguía cerrada, uno de los chicos, no sabría decir cual tocó la puerta haciendo que la dueña de esta saliera a abrirnos.

Escuche a Tentrei y a Rimbaud haciéndole preguntas a esta y algo de si te acercas a mis hijas las pagaras, pero no le hice mucho caso, ya que yo fui derechita al cuarto y me tumbé en la cama nada más entrar en este. Mis ojos no tardaron en cerrarse y en un suspiro quedé perdidamente dormida, no escuche nada más que los murmullos de mis sueños.


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Mensaje por Tentrei Iskusstvo el Jue Mar 14, 2019 8:22 pm

Y el silencio continuó mientras caminábamos. Mi mente se había hecho un lío, una batalla terrible entre mi orgullo y mi deber. Me llevó a repasar lo que había hecho los últimos años. Los caminos que había tomado y a pensar que ésta era mi misión; encaminar a los perdidos. Y luego que no. Luego pensaba que la vida era para vivirla y que los demás podían tomar por saco. Entre un argumento y el otro, siguiendo a los demás por inercia, terminamos en la parte de atrás de la posada. Había una figura encapuchada y mi mente seguía en otra parte. O al menos hasta que escuché el cambio en el tono y la persona se había ido. Y Amelie seguía con el huevo en los brazos. Nos habíamos quedado sin recompensa y todo por su terquedad. Mis ojos se posaron en Egil y luego en ella. Él estaba tan como pensaba conseguirlo; enojado. En silencio, en calma, pero enojado. Ella se veía… ¿Contrariada? ¿Arrepentida?

Sí, arrepentida. Se disculpó. Pero con una disculpa no reparas un plato roto. Y…. ¿Y ella no confiaba en él? A Egil y a mí nos acababa de conocer, ¿Por qué habría de confiar en nosotros? La miré fijamente. Mi cola se movía de lado a lado

¿Y por qué crees que puedes confiar en nosotros?

“Porque así lo siento” La respuesta me trajo un recuerdo que me hizo sonreír con malicia.

Me recuerdas a alguien. —dije sin intenciones de explicar, y volví la mirada a Rimbaud— Debes estar más magullado que yo luego de una buena noche. ¿Por qué no vamos a descansar y secuestramos al encapuchado en la mañana?

Él aceptó.

Vamos entonces, grandulón. —Le guiñé un ojo con picardía y caminé hacia los dormitorios. Me detuve un momento, metí la mano en mi bolso recordando la ausencia de uno de mis haladie, suspiré y seguí caminando. Al entrar a la taberna nos conseguimos a la dueña. Quizá ella sabría algo. Evadió la pregunta de Rimbaud, así que intenté hacer uso de mis… habilidades. Le sonreí de lado y fui a abrir la boca para hablar, pero se me adelantó sin vacilar.

No digas nada. He visto a muchos como tú, corazón, no me hagas perder el tiempo. Tengo cosas que hacer. —Se acercó a mí, su amenaza me alertó incluso más que la del encapuchado.— Si te acercas a mis hijas, te moleré y daré los restos a los perros, ¿Entendido?

Asentí. No dije nada más; caminé en el mismo silencio de antes hasta el cuarto. Tiré mi bolso junto a la cama y me dejé caer. Suspiré profundo. Vi a Egil de mal humor, mis ojos se paseaban cada tanto encima de él, aunque intentaba evitar el contacto visual. Luego de un rato, se escuchó su voz en la oscuridad. Lo miré de reojo.

Tranquilo, ya conseguiremos algo. —no lo pude ocultar; mi voz era dubitativa, como si hablarle directamente me causara controversia -que lo hacía-, pero también era cálida. Esa calidez que hace tiempo había olvidado.

Cerré los ojos. A penas hacerlo, tuve la imagen de Tanets en mi mente. Las pesadillas, la sangre. No había tenido tiempo ni ganas de asociarlo. Meistic nos había enseñado un nuevo camino, pude verlo. Tanets ahora poseía en sus manos el mismo fuego que ardía en su corazón, así como yo poseía el viento que llenaba de música.

¿Quizá la luna azul nos está preparando?

¿Volveré, entonces, algún día a su lado?




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[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 3 Empty Post 6 - Mision 2: Gritos al amanecer

Mensaje por Lamb el Lun Mar 18, 2019 7:20 am

La Tetera de la señora Freona era un lugar donde los extranjeros y la gente de espíritu aventurero podían encontrar trabajo y evadir las molestias asociadas a otros lugares en Erenmios. La señora Freona, la fuerte y oficiosa enana que llevaba el establecimiento con sus cinco hijas establecía una calma entre varios grupos extranjeros y las propias organizaciones que trataban de acaparar el poder para sí mismos.

El resto de la noche fue realmente pacifica, buena parte del cansancio de la noche anterior se había esfumado mientras que las heridas estaban prontas a su recuperación. Apenas llego el día cuando los primeros movimientos en la habitación de la gente que empezaba a revisar sus cosas para luego observar a la gente alrededor y retirarse, algunas de las camas del lugar que habían estado ocupadas cuando fueron reclutados para aquella misión nocturna estaban vacías y sin signos de que alguien durmiera en ellas mientras, otros revisaban heridas de compañeros preocupados al mismo tiempo que fuertes ronquidos interrumpían lo que sería el silencio matutino.

Una vez que bajaran podrían apreciar que había mucha menos gente que la noche anterior, probablemente aun gente dormía en las habitaciones, decidido no hospedarse en primer lugar, salido en la noche atrapado por la guardia o encontrado algún otro lugar mejor para quedarse. Incluso los comensales parecían diferentes esta mañana encontrándose algunas mesas ocupadas solamente por gente local, los cuales parecían ser atendidos más rápido que al resto, aunque algunos de los comensales parecían emocionados con frascos y repartiéndose monedas de plata.

Eventualmente fueron llevados a una mesa por una de las hijas de la señora Freona, una madura enana con un vestido azul con un delantal blanco con algunas pequeñas manchas purpuras y un largo cabello obscuro. -Saludos, mi nombre es Briez, en un momento les traigo su desayuno, si desean algo más puedo tomar su orden ahora o en cuanto les traiga los aperitivos.- Tomo el pedido de Rimbaud para luego recordarle de pagar antes de que le llevara la comida solicitada, mucho más substanciosa que el simple desayuno de los demás que se llevaría a comer en la habitación.

El desayuno consistió en huevos sazonados con hierbas, algo de pan con queso de cabra y el especial de la mañana bizcochos untados con jalea de bayas salvajes recién hechas. -Mis hermanas y yo recogimos las bayas nosotras mismas.- Decía mientras trataba de quitarse un mechón de cabello que insistía en cubrirle parte del rostro cada que se descuidaba. -Algunos dicen que las bayas salvajes de esta área son...- Pero antes de que Briez pudiera terminar sus ideas, un grito estallo de la calle fuera de la tetera, Era difícil entender la palabras casi inintengibles del llanto, pero con algo de atención podían distinguirse las palabras "ayuda" y "familia" entre el escándalo.



Algunos deciden salir a la brumosa mañana para ver lo que está sucediendo en las calles, se puede ver a un grupo de ciudadanos corriendo para asistir a una mujer de mediana edad que se ha colapsado en medio del camino, llorando histéricamente, agarrando a un niño pequeño entre sus brazos magullados y sucios. Tentrei observo a los alrededores esperando encontrar un culpable de la situación, mientras Amelie, así como otros peatones se acercó a la mujer tratando de preguntarle lo que sucedía, pero solo obtuvo como respuesta sollozos que hacían dudar de si realmente le había escuchado. Al ver la situación Egil se acercó a la mujer poniendo su mano sobre su hombro e instarle a que se calmara y poco la mujer empezó a recobrar la compostura y levantarse de forma algo torpe, el niño en sus brazos también parecía tener algunos golpes, pero respiraba.

Pasaron unos minutos antes de que se terminara de calmar, pero una vez que lo hizo ya se había reunido una considerable cantidad de personas que escuchaban a la mujer quien fijaba su mirada en Egil. -Mi familia necesita ayuda, alguien debe de rescatarlos. Apenas pude saltar a una carreta para escapar con mi hijo Bo, mi granja de turba está a una hora de aquí en la Turbera. Me llamo Millivent Moss. Conduci lo más rápido que pude, pero pude ver como se los llevaron al este. Esta mañana mi marido e hijos fueron atacados por goblins. Deben de rescatarlos a ellos y a los trabajadores si pueden.- Aun parecía tener una mirada perdida mientras recordaba aquello, parecía que se volvería a echar a llorar de nuevo en cualquier momento. Mientras Tenrei pudo divisar un par de hombres vestidos con una armadura de escamas negras esmaltadas que hacian juego con sus cascos de forma similar a cuencos, se veia que portaban espadas y porras junto a escudos de lágrima en sus espaldas.

Cualquier habitante de la ciudad reconocia la heraldica de aquellos escudos negros, un campo sinope con un puño apretado enguantado en sable. Sus portadores se acercaron a la multitud y algunos al notarlos se empezaron a alejar lo mas discretamente posible mientras que otros se detuvieron a ver mientras la distancia. -¡Dejen de bloquear la via publica! ¿Qué diantres pasa aquí?- La gente se empezó a dispersar hasta que llegaron a donde la mujer la cual se puso frente a ellos para repetir su historia a lo cual los guardias solo giraron la vista y suspiraron como si estuvieran haciendo más de lo que debían. -No es nuestra jurisdicción, lo que pase fuera de los muros no es nuestro problema.- La mujer parecería que volvería a entrar en crisis en cualquier momento a lo que el otro guardia saco un papel de uno de sus bolsillos y lo extendió ante Egil con una mirada amenazante. -Tu, investiga el asunto.- En cuanto leyera la nota podria ver que era un pagaré que daba derecho a su portador a 10 kulls de plata de los cofres de la ciudad por servicios prestados -Circulen o los haremos circular.- La gente empezó a marcharse mientras unos poco se movían con la señora Millivent a la orilla de la calle para examinar al niño y ver en que podían ayudarle.
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Mensaje por Egil el Dom Mar 24, 2019 7:43 pm

Ubicación: Tetera, calle al frente.
Interacción: Tentrei, Briez, Millivent, Guardias. (Puño Negro)
Mención: Personas desconocidas en la habitación, Rimbaud, Amelie, Reece, Freona, Bo.

La noche anterior escuché una única réplica a mis palabras, justo cuando pensaba que todos se habían dormido. Era la voz de Tentrei. Habiéndolo escuchado hablar lo que yo consideraba suficiente por no relacionarme demasiado con otros si no me era necesario, pude sentir una pizca de duda en sus palabras, algo que no esperaría del mismo hombre que le había dicho a un orco que se había cogido cosas más grandes.
No dije nada de vuelta, y dormí.

No fue la mejor noche que tuve, pero si fue pacífica y rejuvenecedora, sobretodo contando las pocas horas que había dormido. Como pude comprobar cuando desperté aunque se mantenían los rastros de las heridas y seguía el dolor muscular, era menos severo que la noche anterior. No recordaba muy bien en que camas habían dormido mis compañeros, así que no estaba seguro si había sido el primero en despertar entre ellos o no.
Tal vez era por estar dentro de la Tetera, pero a este punto me estaba dando un aire casi sobrenatural de calma para estar ubicada en Thonomer.
Con el sueño algo de mi mal humor se había desvanecido, y pensar en la extraña calma de la Tetera me hizo sonreír un poco al recordar la amenaza de la noche anterior a Tentrei. Me levanté de la cama observando alrededor, no era la única persona despierta, pero éramos pocos comparados a los que dormían.

Algunos atendían sus heridas y otros estaban revisando y guardando sus cosas, asegurándose de que todo estuviese donde lo dejaron la noche anterior. Otros parecían más bestia que hombre, por lo fuerte de sus ronquidos no me explicaba cómo pude dormirme, y como no me desperté antes. Imitando a los que revisaban sus cosas me aseguré de que mis pocas pertenencias, en otras palabras, mi armadura y mis espadas permanecieran allí, junto a mi bolsa. Todo en orden.
Tome mi cinturón con mis espadas y me lo coloqué, decidiendo que dejaría la armadura para más tarde porque no estaba seguro de la elegancia de recibir la mañana cubierto de metal.

Entre el silencio y los ronquidos de la habitación eché una miradita aquí y allá, viendo a los otros que permanecían despiertos. Parecía haber un voto de silencio entre todos, nadie capaz de saludar a nadie más. Yo por mi lado intenté mantener mi cara de perro para que no se acercaran a mi bolsa, otra vez. Tal vez estaba siendo algo paranoico, pero era mejor prevenir.

En mi intercambio de una mirada hóstil sin mucha más base que esa misma paranoia con gente que a lo mucho, me miraba por fracciones de segundo a los ojos con una cara desinteresada o todavía llena de flojera, encontré señales de uno de mis compañeros. El más obvio de nosotros, en cierto modo. ¿Donde se supone iba a esconder sus cuernos y su cola? No podía.
Me acerqué al divium dormido y mire un poco por encima de él, ya que su cuerpo apuntaba al lado contrario. Tenía una expresión un poco... distorsionada, como si no hubiese tenido buen descanso. Suspiré y me aleje, notando que ahora alguno me miraba de forma extraña, y la verdad, era totalmente comprensible, solo a mí se me ocurría ir y mirar a alguien dormido como si fuese un buen hábito o algo común.

Me senté en mi cama por un momento para permitirle a la flojera terminar de abandonar mi cuerpo, y me pase las manos por el pelo empujándolo atrás. Vualá, peinado. Para mis estándares. En el silencio tuve pensamientos, como lo fue considerar buscar la cama donde dormía Amelie, ver donde tenía el huevo y agarrarlo para ir a buscar el encapuchado. Pensamientos tontos, como Tentrei de verdad buscándole rollo a una de las hijas de la Señora Freona, y, bueno, sus restos siendo dado a los perros. Pensamientos raros, y algunos sinsentido. Uno de esos fuertes ronquidos me sobresaltó, haciéndome ponerme de pie otra vez al notar que casi me quedé dormido sentado. Al chequear mis alrededores de nuevo conté menos gente en la habitación, o eso me pareció. Supuse que se habían retirado o bajado a comer. Comer, eso sonaba bien. Agarré mi bolsa con las piezas de mi armadura y la abrí, sacando la coraza, las hombreras y mis protectores de antebrazos, junto a mis grebas, y empecé a colocármelas suavemente intentando no hacer ruido. A la basura eso de no recibir la mañana cubierto de metal, era mejor que recibirla con una puñalada.

Cuando estuve listo me puse de pie, no era la armadura completa, pero me sentía algo más protegido. Algo mucho más. Caminé hacia la puerta de la habitación, y cuando la abrí miré de reojo al lado que quedaba la cara de la puerta apuntando. Allí estaba un tipo en su cama, en una posición muy similar a la que yo tenía antes sentado en la mía. Y por alguna deidad, parecía muerto. Su mirada estaba perdida, como si estuviese mirando al más allá. Ver a esos ojos me causó incomodidad y salí rápidamente, esperando que de verdad hubiese estado tan concentrado como para no notar la expresión que tuve cuando lo vi.

Las cosas abajo no parecían en exceso distintas, el lugar estaba tranquilo en mis términos. Debía ser más temprano de lo que me esperaba. Solo me quede en el final de la escalera por unos minutos, observando el lugar. Esta mañana no recordaba a nadie que vi cuando Tentrei me guió a la Tetera. ¿Serían locales? ¿Otros aventureros que ya estaban en la Tetera antes pero estaban en su habitación cuando llegamos?
Deje de hacerme preguntas e intentar descifrar un misterio que me monté yo solo cuando una persona me pidió permiso, estaba estorbando en el paso de la escalera. Asentí con cuidado y me hice a un lado, terminando de bajar. No hice nada muy distinto a lo de antes: observar más. Los minutos pasaron mientras veía a una persona u otra, no tenía nada mejor que hacer en mi opinión, y no tenía dinero para comprarme alguna cosa, aunque por suerte tenía el desayuno pago, pero no lo recibiría todavía.

En mi espera y observación llego a mi nariz aquel olor delicioso, el mismo que me había engañado antes. Casi como si fuese un animal volteé a su fuente, una taza algo grande llena de ese té, y su víctima; un hombre de mediana edad que arrugó la cara en cuanto lo probó. Sonreí, por una especie de justicia, ahora sabía con seguridad que yo no era el único idiota que había pedido un té de rubí, cuando debería llamarse té de roca. Porque finalmente había llegado a esa conclusión tras no saber cómo definirlo antes. Sabía a roca.

Con más segundos acumulándose, y más minutos muriendo, el resto pareció despertar. No vi muy bien en que orden bajaron, pero por comodidad en cuanto uno tomó una mesa dirigidos por una de las hijas de la Señora Freona me senté con ellos. Era mejor que sentarme con más desconocidos otra vez, aunque no pretendía hablar, la verdad.

-Saludos, mi nombre es Briez, en un momento les traigo su desayuno, si desean algo más puedo tomar su orden ahora o en cuanto les traiga los aperitivos.-
Agradecí a Briez y me quede mirándola, buscando parecidos entre ella con su madre y una de sus hermanas, la que nos había atendido la noche anterior. Briez a diferencia parecía mucho menos tímida que Reece, por la forma en la que hablaba y que no intentase activamente evitar mirarnos. Un mechón de cabello cayó en su cara atravesándose mientras anotaba el pedido extra de Rimbaud: carne extra, leche, y verduras, entonces subió a comer solo. Me pregunté si estaba enojado, pero intenté no darle demasiada atención y disfrutar el desayuno simple que nos había traído Briez. No sé si era el hambre, pero para su simpleza tenía un sabor delicioso. Por la pura maña me corté la clara para dejar atrás las yemas de los huevos, y la clara la coloqué entre el pan y el queso, para comérmelo a mordiscos todo junto a la vez.

Parte del desayuno también era unos bizcochos, bañados en alguna... sustancia de origen desconocido. Se me hacía que era la savia de algún árbol. Cuando miré a Briez para preguntarle que era, la enana demostró que efectivamente no tenía la timidez de Reece, pues comenzaba a comentarnos como ella y sus hermanas habían recogido las bayas. Estuve inclinado a preguntar qué bayas, antes de deducir rápidamente que tenía que estarse refiriendo al jugo, o a "la sustancia de origen (ya no) desconocido."
Si ella había participado en la recolección significaba que sabía donde conseguirlas, lo cual sonaba bien para mí porque si no conseguía dinero necesitaría algo de que comer.
Interesante —dije sin poder evitar ver como otra vez el mechón se atravesaba en su rostro—, ¿puedo saber de dónde las recogieron tú y tus hermanas?
Y cuando Briez comentaba algo más sobre las bayas, lo cual esperaba yo fuese una respuesta a mi pregunta, se escuchó el estallido de un gritó fuera de la Tetera, interrumpiendo la paz matutina. Y mi desayuno.

Miré hacia la puerta, intentando hacer sentido de el llanto que se escuchaba. No logré sacar más que "familia" y "ayuda" del escándalo. Volví a mirar a Briez y me puse de pie para dirigirme a chismear, aunque me parece que yo fui más lento que Tentrei y Amelie en esto.
Con tu permiso, Ree... —pausé al ver lo que iba a decir—. Ree-visaré afuera qué sucede, Briez. Hablaremos más tarde —y con los mismos buenos modales de pedirle su permiso a la señorita para retirarme, agarre los bizcochos que me correspondían y me los metí todos en la boca mientras caminaba afuera. Deliciosos. Buenos modales.

Al salir afuera resultaba que el escándalo venía de justo al frente de la Tetera. No exactamente al frente, pero sí... al frente, relativamente cerca. Varias personas corrían para asistir a una mujer que al principio me pareció vieja, pero más de cerca se notaba de mediana edad. Estaba tirada en el suelo, llorando sin parar y agarrando a un niño pequeño entre sus brazos, los cuales estaban sucios y, de paso, magullados. Fruncí el ceño, no pudiendo evitar que mi primer pensamiento y culpable fuese el Puño Negro. Me acerqué un poco más metiéndome entre el grupo de gente que solo la rodeaba y observaba, y junto a la mujer ahora estaba Amelie y demás pobladores, intentando sacarle lo que pasaba sin aparente éxito. Tal vez si les estaba respondiendo, pero desde donde estaba, yo (y por sus caras Amelie y quienes rodeaban a la mujer) no se podía discernir si eso era común, orco, demoniaco o ve tú a saber.

Me acerqué un poco más y apoye una rodilla en el suelo, colocando mi mano sobre el hombro de la mujer y buscando su mirada.
Respire profundo, calma —interrumpí nuestra conexión visual un instante, para intentar ver al infante en sus brazos en busca de sangre o algo fuera de lo normal, entonces volví a mirarla—, inhale... exhale... —le indiqué tan suavemente como fuese posible, intentando calmarla.
Tras unos minutos aunque su respiración se mantenía acelerada y sus ojos seguían aguados, pareciía haber recobrado suficiente aire y razón para explicarnos la situación a los presentes.
-Mi familia necesita ayuda, alguien debe de rescatarlos. Apenas pude saltar a una carreta para escapar con mi hijo Bo, mi granja de turba está a una hora de aquí en la Turbera. Me llamo Millivent Moss. Conducí lo más rápido que pude, pero pude ver como se los llevaron al este. Esta mañana mi marido e hijos fueron atacados por goblins. Deben de rescatarlos a ellos y a los trabajadores si pueden.-

Mientras Millivent hablaba solo asentía suavemente, para darle a entender que comprendía y que siguiera hablando sin interrupción. Mientras hablaba mantenía sus ojos fijos en los míos, pero su mirada era otra historia, no estaba en el presente, sino en el pasado que nos estaba describiendo. Por una razón u otra conocía esa mirada y ese tono de voz, todos lo hacían porque todos lo habíamos experimentado; terror; miedo. Al terminar de hablar su expresión empezó a cambiar de nuevo, más lagrimas acumulándose dentro de sus ojos.

No estaba seguro de que decirle a la mujer. Ahora por hacerla hablar me sentía algo responsable en ayudarla, pero no le decía nada ni rompía el contacto visual con ella. No, hasta qué un grito me hizo voltear. La gente comenzó a dispersarse y dos hombres vestidos con armaduras negras de escamas y cascos similares a cuencos, portando espadas y porras junto a un escudo de lágrima en sus espaldas se acercaban.
Incluso yo podría entenderlo, por la apariencia de los mismos y la actitud de la gente. Puño Negro.

Di unos pasos atrás para dejarles espacio a los guardias y Milli comenzó a explicarles su historia nuevamente, momento en el que miré hacia la Tetera de reojo, a la parte de arriba. Una parte de mí deseaba que Rimbaud estuviese bien alejado de la ventana y que no posase sus ojos sobre estos sujetos, sobretodo en los instantes que a mí mismo me parecieron más molestos, cuando empezaron a girar la vista, voltear los ojos, suspirar... básicamente hacer todo lo que no debería hacer un caballero ante esa situación.

El único crédito que podía darles, es que eran bastante directos. Uno de ellos simplemente se negó, diciéndole en más palabras lo que dijo en las últimas cuatro: "no es nuestro problema." Baje la mirada a Milli, que por un momento lució como una bomba con su mechero a punto de finalizar de consumirse por la llama y estallar. Escuché un "Tú" y desvié mi mirada de ella hacia adelante, viendo a un guardia con su brazo extendido hacía mí y una mirada amenazante, ordenándome que yo me hiciera cargo del asunto.
Tal vez eran demasiado directos para mi gusto.

Subí la mano y apreté el papel dentro de mi puño, no haciendo buen trabajo en ocultar mi propia mirada amenazante al guardia, hasta que simplemente rompimos contacto visual y se puso a ordenarle a las personas que se siguieran moviendo o los harían moverse. Me hice a un lado junto a otros peatones y abrí el puño, agarrando el papelillo doblado y leyéndolo.
Y suspiré, porque en ese instante no supe si iba a aceptar por el dinero o por ayudar a la pobre Millivent. Me habían visto cara de mercenario. Y lo peor es que tenían razón. Se trataba de un pagaré que me daría 10 kulls de plata de los cofres de la ciudad por prestar servicio, aunque honestamente, yo no leí "prestar servicio" en el papel, por mucho que estuviese allí escrito. Más bien leí "por cumplir el servicio obligado." Sí, eso sonaba mejor.

En cualquier caso. Podría saldar mi deuda a Tentrei, pagar más estadía, y ayudar a la Millivent. Con el gracioso que me miró feo saldaría cuentas después, o eso esperaba hacer. Me moví a la orilla de la calle y me pare frente a Millivent, viéndola a ella y como atendían al niño.
Señora Moss —le dije con respeto porque en cierto modo, ahora mismo era mi clienta, aunque no me hubiese contratado—, voy a necesitar direcciones para la Turbera y su granja... no lo prometo, pero daré mi mejor esfuerzo en traer a su marido y su hijo de vuelta. Los trabajadores, ya veré.

Me di vuelta, buscando a Amelie con la mirada. No le dedicaría una muy amable. Después miré hacia el final de la calle, por donde caminaban los guardias que se alejaban con tranquilidad como si ya hubiesen finalizado su trabajo en el lugar. Tras suspirar otra vez, volví a mirar a Millivent.
¿Cómo lucen su hijo y su marido? ¿Cómo se llaman? ¿Cuántos trabajadores hay?

Después de obtener información de a dónde dirigirme para alcanzar la granja, y la información pertinente sobre su familia y los trabajadores, intentaría dar con el divium que se me había perdido nada más salir de la Tetera. La charla con Briez tendría que esperar.
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Mensaje por Rimbaud el Mar Mar 26, 2019 3:25 am

El alba llegó pronto, y el caballero no pudo evitar pensar en qué repercusiones traería la noche anterior a este nuevo día.
La Tetera se encontraba en un silencio artificial, quebrado por el sonido de los primeros movimientos de la mañana, viajeros que partían con la primera luz, otros que parecían venir llegando. Al caminar por el pasillo no pudo evitar pensar en cuántos de aquellos que había visto ayer en el comedor habrían desaparecido en manos del Puño Negro, y la suerte con la que había corrido de no haber sido uno de ellos.
Al llegar abajo se halló con que en la cocina llevaban un tiempo, el olor a pan horneado impregnaba la sala, mezclándose con el de la cerveza y alguna carne al espetón. El caballero caminó entre las mesas notando que gran parte de ellas estaba vacía, en contraste con la noche anterior, y que la poca gente que las ocupaba no parecía del tipo que va buscando aventuras, y que más bien parecían ser ciudadanos. Varias personas levantaron la vista, aunque la mayoría estaba concentrada en su desayuno. Rimbaud observó con detenimiento mientras se sentaba en la mesa junto a sus compañeros de la noche anterior, a quienes se habían dado el tiempo de echarle un ojo, pero ninguno parecía sospechoso.
Una de las enanas apareció en escena, sacando al caballero de sus pensamientos, como la noche anterior no había comido nada después de la escaramuza del granero, se encontraba famélico, y como no iba a poder disponer de su comida de la mejor manera estando sentado en el comedor, le solicitó a la mesera un desayuno más contundente, y que fuera enviado a su habitación.
Espero me excusen —dijo a sus compañeros. Por un instante pensó en darles una explicación elaborada, pero luego lo encontró innecesario. Apenas llevaba unas horas de conocerlos y no creía que heriría las buenas costumbres de cualquiera de ellos al comer solo.

Estando arriba, de regreso en el cuarto que habían pagado, se dispuso a limpiar su espada mientras esperaba la comida. Desarmar el mandoble tomaba trabajo, y mientras quitaba la empuñadura con cuidado, apareció la enana con un desayuno contundente: pan horneado, carne y algunas verduras cocidas. Avena con miel, leche fresca y algunos suministros que había solicitado, como queso y carne seca en tiras, que necesitaría en caso de no tener cerca una taberna durante el resto del día.
El caballero había subido con la esperanza de encontrar la habitación vacía para poder comer a gusto, pero a pesar de que el día había comenzado, todavía quedaba uno que otro viajero en el lugar. De mala gana, y consciente de que utilizar sus dotes polimórficos en asuntos mundanos podría significar que no los tendría disponibles en caso de emergencia, hizo uso de su habilidad de Transformación Parcial para que su yelmo de barbuta se abriera en medio, dejando espacio para que su boca humanoide quedase a la vista y pudiera comer sin problema. La piel, boca, nariz y ojos que ahora se podían visulmbrar sin problema a través de su yelmo, eran de forma y contextura mundana, pasando desapercibidas, como cualquier otro humano, y la tez morena le daba un aspecto sano.
Comió con avidez, haciendo uso del tenedor y el cuchillo para poder cortar todo en trozos que pudiesen pasar por entre la abertura del yelmo. Era un espectáculo interesante para los cuiriosos, pues pocas veces se veía a alguien tan puesto en su oficio que ni siquiera se quitara la armadura para comer.
Para cuando terminó con su comida ya tan solo restaba la leche, y ya tenía el mandoble listo. Le vertió aceite a la hoja y limpió cualquier suciedad de sangre o tierra que pudiera provocar oxidación.
Se encontraba en ello cuando escuchó un grito femenino proveniente del exterior.

Al regresar al pasillo corrió despertando una que otra alma en reposo que masculló con fuerza ante su sueño interrumpido. Llegó a una de las ventanas que daba al frontis y se encontró con una vista amplia de la calle, y en medio de ella, una mujer que en ese momento estaba siendo asistida por un caballero. A pesar de que le daba la espalda, estaba claro que se trataba de Egil por la forma de la armadura. Rimbaud abrió la ventana y pudo oír con claridad lo que hablaba la mujer en el suelo.

Luego de escuchar la historia de la mujer, no pudo evitar sentir que debía ayudarla. Y si Egil se había hecho cargo del tema, mejor aún, pues conocía al caballero y no sería problema unírsele. Regresó a la habitación, terminó la leche y guardó la comida para el viaje. Se ciñó la espada al cinturón y bajó con la intención de comunicarle al caballero que contara con él para aquella aventura.


Un atardecer, senté a la Belleza sobre mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la insulté.
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Mensaje por Amelie Winter el Mar Abr 02, 2019 4:37 am

Esa noche había sido una locura, casi no había podido descansar y eso que había dormido profundamente, "¿Porque tuve que soñar con el encauchado? "¿Porque no podía haber tenido un sueño mas bonito?". Seguía sin creer que el encapuchado no hubiera querido decirnos donde iba aponer el huevo, o al menos habernos enseñado, me senté en la cama acaricié mi rostro todavía cansado con mis manos, estaba agotada y se notaba en mis ojerosos ojos.

Me fijé en los tres hombres que me habían ayudado en la noche, Egil, Rimbaud y Tentrei, todavía estaban dormidos y comencé a preocuparme por como hubieran pasado la noche y como tendrían sus heridas, así que me levanté y fui revisándoles a uno por uno, al parecer estaban mucho mejor que anoche, así que ya despreocupada, tomé mis cosas y bajé a desayunar.

"Hoy es un nuevo día, hay que tener ánimo", intenté decirme a mi misma sin exito, así que me senté en una mesa, y comencé a pensar en que haría primero   si desayunar o pedir el mapa para regresar a casa. "¿que estará haciendo Lorien?" "¿estará preocupado por mi?" "¿Mis compañeros estarán todavía enojados?" "¿Me acompañaran a dejar el huevo a donde pertenece? ¿o tendré que hacerlo sola?" En esos pensamientos me encontraba cuando el ruido de la llegada de mis compañeros a la mesa donde estaba, me sacó de ellos. Por suerte una enana mesera nos interrumpió -Saludos, mi nombre es Briez, en un momento les traigo su desayuno, si desean algo más puedo tomar su orden ahora o en cuanto les traiga los aperitivos.- Cuando Briez tomó la orden Rimbaud se retiró a la habitación, nadie pronunció palabra.

Me sentía tan incómoda, tan llena de culpa por lo que había sucedido la noche anterior que casi ni presté atención cuando nos habló la mesera, solo vi que eran huevos fritos con algunas hierbas encima, pan con queso y algunos bizcochos con mermelada, tenía buena pinta la comida pero la verdad comí más por obligación que otra cosa, ya que no sentía hambre. Sé que la enana comenzó a hablarnos y que Egil le seguía la conversación pero no la estaba escuchando, seguía atenta a mis pensamientos y a intentar pasarme el desayuno sin sentir un nudo en la garganta.

De pronto se escuchó un grito en la calle, era una mujer mayor, y entre sus gritos ahogados solo se podían entender ayuda y familia, todos los que estábamos adentro salimos a ver qué pasaba, y por lo que pude darme cuenta Egil quedó cerca de señora, mientras yo quedé entre la multitud atascada.

"¿Porque tengo que ser tan pequeña? No puedo ver nada desde aquí" "Oh ya se" Ya agobiada por la situación, se me ocurrió una idea y comencé a realizarla. Me agaché y camine por entre los pies de los presentes hasta llegar al lado de la señora que ya había comenzado a contarle su historia al caballero que en ese momento no llevaba armadura.

—Mi familia necesita ayuda, alguien debe de rescatarlos. Apenas pude saltar a una carreta para escapar con mi hijo Bo, mi granja de turba está a una hora de aquí en la Turbera. Me llamo Millivent Moss. Conduje lo más rápido que pude, pero pude ver como se los llevaron al este. Esta mañana mi marido e hijos fueron atacados por goblins. Deben de rescatarlos a ellos y a los trabajadores si pueden.— Se le notaba cansada, exhausta, tanto que parecía ida.

Cuando me pude acercar más a la señora me fijé en que tenía un niño entre sus brazos y que este estaba herido, sin pensármelo demasiado puse mis manos encima de sus heridas y lo curé, nadie dijo nada por lo que creí que nadie me había visto, no sabía si ahí estaba permitida la magia dado que era un lugar conflictivo por lo que me dijo Rimbaud y yo seguía usandola "¿Y si me arrestan por esto?" "Prefiero que me arresten a dejar que el niño siga herido. De repente un par de hombres en armadura llamó la atención de todos los presentes, "Por el aspecto que tienen estos dos señores de seguro son del puño de hierro o algo así había dicho Rinbaud" Pensé para mis adentros en lo que la multitud comenzaba a disiparse para dejar pasar a los dos "caballeros" y que estos se acercaron a la mujer pero no con las intenciones que creí en primera instancia.

—No es nuestra jurisdicción, lo que pase fuera de los muros no es nuestro problema.- de repente se dirigieron a Egil entregándole un pergamino que no supe lo que era, pero esos hombres no me daban buena espina -Tu, investiga el asunto — No iba a dejar a la señora y al niño solos así que iría con Egil quisiera o no.


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Mensaje por Tentrei Iskusstvo el Mar Abr 02, 2019 8:49 pm

Oscuridad. Claro, obviamente eso es lo que consigues al cerrar los ojos. Pero ésta oscuridad era inquieta. Estaba tenso, nervioso, aún después de haber caído en los brazos de Meistic al dormir. En medio de la oscuridad, vi la silueta ígnea de Tanets, líneas rojas que danzaban frente a mí, y ambos estábamos suspendidos en el aire, y mi alma sufría.

Extendí mi mano para alcanzarlo, pero su fuego se desvaneció en un suspiro. En su lugar dejó un recuerdo no real, sino el de un sueño. El de la oscuridad que nos consumía y que arrancaba a mi hermano de la vida. Vi la sangre roja en contraste con la absoluta oscuridad, pero no era peligro lo que sentía ésta vez. No era un aviso divino pidiéndome interceder por mi hermano, no era su alma pidiéndome ayuda. Era un espejismo del remordimiento de mi propia alma.

Y tomé el remordimiento, y lo arrugué y lo boté en las profundidades de mi ser, para que nunca jamás me volviera a molestar.

Mi cuerpo, como era de esperar, estaba tan inquieto como mi pesadilla. Me movía periódicamente y mi cara estaba tensa, y al despertar, lo hice como si estuviera saliendo de una apnea. Me levanté tan rápido que me mareé y tuve que sostenerme de la cama para no caerme. Mi corazón estaba palpitando muy velozmente, suspiré profundo para intentar tranquilizarme. Había ya poca gente en la habitación, mis compañeros se habían ido. Tomé mis pertenencias asegurándome de que todo estuviera allí -todo menos un haladie- y bajé para tomar el desayuno, pidiéndole dos porciones a la enana, una para mí y una para Nusa. Vi a Egil sentado en una mesa e intenté evitarle la mirada tanto como pude, pero luego de pedir no tuve siquiera tiempo de sentarme a hincarle el diente a mi desayuno -Nusa ya estaba a mitad de plato- cuando escuché un grito y llantos. El sonido terminó de despabilarme y no lo pensé demasiado, había salido corriendo tan rápido que ni me molesté en fijarme de no tropezar a nadie, y Nusa había hecho más o menos lo mismo. Claro que él era mucho más ágil y efectivamente esquivó a la gente como si nada. El caballero salió más atrás y se acercó a la señora, pero tan pronto me había percatado de su estado salté hacia el lomo de Nusa y me paré sobre él para mirar a los alrededores.

Nada. ¿De dónde se supone que venía?

Mi familia necesita ayuda, alguien debe de rescatarlos. Apenas pude saltar a una carreta para escapar con mi hijo Bo, mi granja de turba está a una hora de aquí en la Turbera. Me llamo Millivent Moss. Conducí lo más rápido que pude, pero pude ver como se los llevaron al este. Esta mañana mi marido e hijos fueron atacados por goblins. Deben de rescatarlos a ellos y a los trabajadores si pueden.

Claro, había llegado de donde Rhaggorath dejó la espada. No alcanzaría a ver su granja desde el lomo de mi reptil. Lo que sí alcancé a ver fue a un par de Puños Negros con sus caras que declaraban fielmente la falta que tenían de un buen polvo matutino, que no debía ser demasiado diferente de la mía en ese momento. Le extendieron un papel a Egil y yo me recosté sobre Nusa, aún somnoliento y me quedé mirando el cielo. Sabía en cierta forma que el tema se repetiría; el caballero tenía una misión, lo ayudaríamos, salvaríamos el día y volveríamos a casa. Suspiré y me rodé hasta el suelo, cayendo de pie e inclinado y me quedé mirando a Egil y a Amelie cuidando de la señora. No tenía nada que hacer ahí, no en mi humor actual, así que me limité a darme media vuelta hasta la taberna para tomarme el tiempo de desayunar, limpiar mis cadenas y prepararme -mentalmente, más que nada- para la próxima desaventura.




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