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Mensaje por Lamb el Miér Abr 03, 2019 3:26 am

La mayoría de la gente que estaba con Rimbaud giraron la cabeza hacia las ventanas por la sorpresa del grito, la mayoría simplemente volteo la cabeza con indiferencia mientras que un par de personas acompañaron a mirar a Rimbaud por la ventana mientras la escena con el puño negro y las otras personas diera lugar solo para perder el interés una vez que la gente empezara a dispersarse. Una vez que bajo a la sala común de la tetera podía ver como alguna de las personas que habían estado afuera hace un momento volvían a entrar, varios de los locales tenían el ceño fruncido mientras se quejaban de la actitud del puño negro, del hecho de que ataques como ese fueran más comunes y otros hablaban sobre el hecho de que la antigua guardia probablemente hubiera hecho algo para ayudar.

En el exterior se encontraba Amelia junto a Egil hablando con Milivent, las manos de la ninfa empezaron a actuar sobre el pequeño Bo que respiraba de forma irregular y con expresión doliente y ahora pasaba a una respiración más tranquila con movimientos más suaves, buscando acomodarse en los brazos de su madre que podía sentir como su hijo se había recobrado de parte de sus heridas con la ayuda de la joven. La mujer intuyo lo que hacía sucedido y con lágrimas de felicidad dio un medio abrazo a la joven mientras que con el otro seguía sosteniendo al niño. Se seco un poco las lágrimas para responder las dudas que tenían. -Ahora me siento culpable de lo que pensaba de los extranjeros, pero ustedes son realmente una bendición. Todo ha estado patas arriba últimamente.- Guardo silencio un momento mientras su mirada se hacía más seria. -Yo les puedo llevar a mi granja. Dejé mi vagón al otro lado del puente del este cuando vine por ayuda.- Miro a los otros ciudadanos que sentían empatía por ella pero que simplemente no podían hacer mucho. -Está bien, muchas gracias por todo.- Algunos tenían preocupación en el rostro, quizás pensando en conocidos que también vivieran a las afueras de la ciudad.

Millivent empezó a guiar a quienes le acompañaban hacia la zona que habían visitado la noche anterior, en dirección al puente por donde encontrarían las granjas del interior de la ciudad cuya única separación era el rio que cruzaba la misma pero que seguía protegida por muros que le separaban del exterior. En el camino les conto que su marido Haldred, sus hijas Alleena y Kithian, sus hijos Quayle y Volland así como seis trabajadores se encontraban en la granja al momento del ataque mientras que ella estando en el establo preparándose para vender en la ciudad algo de turba y en el caos había logrado escapar. Llegaron a donde se encontraba un vagón con un par de caballos descansando, las ruedas no se veían en la mejor de las condiciones y varias flechas se encontraban clavadas en la parte trasera del vagón. -Por favor... les llevare donde todo sucedió.- Su voz sonaba insegura y sus ojos nerviosos mirando como si esperara que algo saliera para atacarle, pero si quería reunir a su familia haría lo que pudiera.

La mujer condujo por la zona de las granjas en dirección de la salida sur de la ciudad, la visibilidad no era mucha a causa de una ligera niebla que probablemente no se dispersaría hasta un par de horas después aun que a lo lejos se podía ver en dirección contraria del puente lo que parecía ser la silueta de una mansión al final de la zona con granjas que se alejaba de vista mientras salían de los muros de la ciudad a través de una imponente abertura llena de mecanismos para hacer caer una enorme puerta de barras de hierro pero que se encontraba bajo la vigilancia de un único joven con el traje del puño negro que ni si quiera se tomó la molestia de dirigirles la mirada mientras trataba de dormir en su asiento.

El trayecto en el vagón a través de la montaña de Erenmios duro algo menos de una hora, la roca de la propia montaña se veía bastante sólida y era raro ver arboles aun que uno que otro arbusto cuyas raíces se abrían paso por la roca solida no eran extraños. Pronto llegaron a la granja para ver por una gran extensión de tierra parches de pequeñas hojas verdes mientras un aroma acido inundaba ambiente. El zona parecía estar formado por roca que no filtraba el agua haciendo que esta se acumulara formando aquel ambiente pantanoso mientras que incluso los lugares más secos donde pisaban terminaban produciendo un sonido húmedo. -Espero que puedan encontrarlos, no sé cuántas de esas cosas había, pero eran demasiados.- Ahora era momento de buscar alguna pista o rastro del paradero de la gente.
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Mensaje por Amelie Winter el Jue Abr 11, 2019 12:28 am

Acepté el abrazo de la mujer puesto que ya estaba acostumbrada a recibir muestras de afecto de la gente a la cual ayudaba, pero siempre me tomaban por sorpresa. Cuando me soltó le di algunas indicaciones para que el niño se recuperara mejor —Debe descansar ahora, para mañana ya estará muchísimo mejor—  entonces escuché la voz de Egil, no recordaba que él estuviera a mi lado y cuando lo miré para responderle me encontré de lleno con su cara de pocos amigos

¿Cuándo se contentará este hombre?” “¿Tan mal hice en tomar esa decisión?—No importa, siempre y cuando sea por hacer el bien— a leguas se notaba que era una referencia a la noche anterior.

Sabía que no lo dejaría estar, puesto que se le notaba en cada frase, mirada y gesto que me hacía desde que se levantó.  No sabía si el entendía que no lo había hecho para quedarme con el huevo o no, pero si no lo entendía no se lo iba a explicar, o al menos no por ahora “Si no se da cuenta solo, yo no voy a ser quien le explique” “No quería que el se quedara sin su dinero y no lo hice por maldad” “¿Entonces porque te sientes como si hubieras hecho algo malo, Amelie?”.

Fue entonces cuando la voz de Rimbaud me sacó de mis pensamientos, inevitablemente le sonreí —Por supuesto puedes unirte— Pasé la mirada de Rimbaud a Egil porque noté su mirada en mí. Al verle vi que su semblante era serio, por lo que le mantuve la mirada intentando estar tranquila y serena, los dos caballeros comenzaron a caminar en dirección a la taberna y los seguí para poder tomar mis armas.

Con la noche anterior fue más que suficiente para que no vuelva a dejarlas en ningún lugar”, mientras caminábamos iba escuchando de que hablaban mis acompañantes y al oír hablar de Tentrei les comuniqué lo que yo sabía con referencia a él. —Yo la verdad, salí apurada por los gritos. La verdad no me fijé si salió o no— En cuanto iba diciendo esto llegamos a la puerta de la taberna y yo me metí yendo directo al cuarto donde habíamos pasado la noche para recoger mis armas.

Al entrar me di cuenta que el susodicho antes mencionado se encontraba acostado en su cama limpiando una de sus  armas, la cual no sabía su nombre. —Te estábamos buscando, vamos a ir a ayudar a la señora que gritó por ayuda hace rato ¿Nos acompañarás?— le dije mientras tomaba mi espada y colocaba la correa alrededor de mi cadera, después tomé mi arco y lo pasé por uno de mis brazos y mi cabeza colocándolo cruzado alrededor de mí.

Tentrei asintió pero lo notaba extraño, no era el chico charlatán y sociable que había conocido la noche anterior y estaba muy serio pero aun así me preguntó si sabíamos la dirección. —Ella dijo que nos guiaría ella misma hasta allá, al parecer. Irán Egil y Rimbaud también— puse mi carcaj en su sitio y tomé mi macuto — ¿Te esperamos abajo o bajarás conmigo?—

Al parecer no tardó mucho en alistar sus cosas y bajó conmigo para encontrarse con nuestros compañeros, después de unas palabras nos acercamos a Milivent, la cual no tardó en guiarnos por el m ismo camino de la noche anterior hasta su granja. El camino resultaba bastante diferente en el día, había gente y bullicio en las calles y no me sentía tan insegura, y no solo porque fuera acompañada si no porque ya no parecía todo tan tétrico como parecía la noche anterior.

Cuando llegamos el lugar había una carreta con flechas clavadas en su parte trasera, no iba a preguntar puesto que di por sentado que la mujer sabía sobre ellas pero Egil si lo hizo, por lo que la mujer comenzó a sentirse nuevamente nerviosa dando a entender que no sabía que eso estaba allí. Nos subimos en el carro para llegar a la granja, la verdad iba bastante nerviosa e incomoda jugando con uno de los mechones d emi cabello hasta que llegamos, conmigo venían Egil y Rimbaud pero no les presté mucha atención precisamente por ir perdida en mis pensamientos. Justo cuando legamos escuché la voz de la mujer-Espero que puedan encontrarlos, no sé cuántas de esas cosas había, pero eran demasiados.- después de eso comencé a fijarme por el terreno a ver si veía algún rastro que seguir o algo que me indicara hacía donde se habían ido.

Me asombró que Rimbaud me quisiera seguir pero no dije nada puesto que estaba muy concentrada para leer bien hacia donde se dirigieron. Al parecer vi rastros en la tierra de cadenas siendo arrastradas, estaban moviendo a múltiples prisioneros. Las huellas indicaban que caminaban a dos pies, coloqué mi mano en la huella y me di cuenta que por la profundidad, el tamaño y la forma de estas, los prisioneros eran bajitos, no más de un metro de altura.

Seguí buscando a ver si veía algo más o algo que indicara hacia donde se dirigían y lo encontré. Había un par de huellas grandes y profundas, no podía distinguir si era un hombre grande o un orco algo pequeño entre ellos, pero eran más profundas que el resto de huellas. Se notaba que el camino que habían seguido no iba en línea recta pero se notaba que se dirigían al noreste de allí, a saber a cuanto tiempo, pero sabía que podría seguirlo sin problemas, puesto que no habían hecho esfuerzo alguno por borrar el rastro dejado tras de ellos.

Viendo que solo estaba con Rimbaud me regresé rápidamente a donde estaban el Divium y el caballero para contarles lo que había encontrado — Chicos encontré el rastro, va hacia el noreste de aquí. Al parecer levan a los rehenes encadenados, y hayy dos seres bipedos con ellos, uno puede ser un hombre grande o un orco, el otro es un goblin de no mas de un metro— Egil asintió y le preguntó a la señora si nos acompañaba cosa que esta se negó en rotundo, después de un rato nos pusimos en camino de nuevo hacia donde nos dirigieran esas huellas.

La verdad es que el clima fue complicado y no ayudaba mucho, puesto que bajó la niebla y el rastro no terminaba más, después de una hora más o menos llegamos a la entrada de una cueva donde había dos figuras platicando. Nos  camuflamos entre los matorrales para que no nos vieran  y poder escuchar su conversación — Solo un grupo ha regresado. Trajeron prisioneros. Otros grupos regresaran pronto. No hay más gente moneda de serpiente encontrada.—

Dijo la figura más pequeña, me fijé en su aspecto mientras este platicaba con el humano, sus vestiduras eran muy simples y sencillas, como sí o bien no pudiera permitirse vestir otra cosa o bien no le importara vestirse así, sus orejas largas y torcidas era lo más llamativo de su cara, puesto que lo distinguía de los humanos, su piel era amarillenta, era un tono extraño pero no se veía precisamente mal en su conjunto, su nariz larga y puntiaguda junto con su cabeza aplanada hacía que su rostro se viera anguloso, iba armado con un arco corto y una espada más acorde a su tamaño pequeño, pero eso no lo hacía menos peligroso.

Entonces la otra persona le respondió— Excelente, dile a Gorrunk que mis amigos y yo le daremos muchos regalos por cada artefacto que puedan encontrar. Mata cualquier otra persona que encuentren cercas de tu casa — después de eso, el pequeño amarillento se introdujo al interior de la cueva y el hombre se desvaneció en el aire ante mis ojos atónitos “¿Cómo habrá hecho eso?” de repente la voz de Egil interrumpió mis pensamientos, pero fué la mirada y voz de Rimbaud lo que me hizo hablar —Si debo de morir aquí por ayudar a quien lo necesita lo haré, no le temo a la muerte— le respondí al caballero seriamente


Última edición por Amelie Winter el Vie Abr 19, 2019 12:38 am, editado 2 veces


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Mensaje por Egil el Sáb Abr 13, 2019 4:06 am

Ubicación: Tetera, calle al frente --> Granja de turba.
Interacción: Millivent, Amelie, Rimbaud, Tentrei.
Mención: Goblin, figura encapuchada.

Justo cuando esperaba que Milli me respondiera, en mi campo de visión se atravesaron las pálidas manos de mi supuesta compañera, posándolas sobre el niño pequeño y haciendo lo que fuese que había hecho la vez anterior en Rimbaud, y en Tentrei. Aunque no me dijo nada entendí muy bien que ayudaría a la mujer, y podía excusarse perfectamente de estarla siguiendo a ella y no a mí. No me gustaba demasiado la idea.
Pero entonces Bo empezó a respirar con mayor tranquilidad, y Millivent siendo su madre, estuvo naturalmente agradecida, lo suficiente como para darle un abrazo a Amelie.

Me quede viendo a ambas mujeres, desviando mi mirada de una a la otra. Millivent se seco sus lágrimas con una sonrisa, viéndonos. O bueno, viendo a Amelie, pero sabía que me estaba incluyendo en su sentimiento. Yo quería más que me respondiera lo preguntado, pero no podía culparle que fuese demasiado pedir más información así sin más cuando acababan de ayudar a su bebé. Estaría emocionada. Lo lucía, al menos.
-Ahora me siento culpable de lo que pensaba de los extranjeros, pero ustedes son realmente una bendición. Todo ha estado patas arriba últimamente.-

"Últimamente.". Sentí un poco de lástima, quien sabe cuánto "últimamente" fuese en días, o quizás meses. Cuando desvíe mi mirada a Amelie encontré el chance de un comentario cortante, y aunque era infantil y grosero... no me resistí a soltarlo:
No creo que importe mucho que piensen los demás... ¿cierto? —volteé mirando a Amelie, haciendo muy mal trabajo en ocultarle mi desagrado.
La vi pensar un momento su respuesta, un instante pequeño en el que sin duda pensaba lo que yo pensé de mí antes de decir eso, "infantil", "grosero".

No importaba. Al escuchar a la señora Millivent ofrecerse a llevarnos a su granja moví la cabeza a en su dirección para mirarla de nuevo, lucía mucho más seria. Se veía determinada... bastante férrea para una mujer que hace unos instantes estaba quebrada y derrotada. ¿Estaba poniendo demasiada fe en nosotros para solventar su problema, quizás? Normalmente me hubiese negado, pero si nos guiaba, cuanto menos, tardaríamos mucho menos que si nos lanzaban solos y seguíamos el camino que pudiera señalarnos.
Está bien... solo permítame unos instantes. ¿Puede esperarnos aquí un momento?
Millivent asintió suavemente a mi petición, y justo cuando iba a darme vuelta escuché la voz de Rimbaud, que ya estaba parado a nuestro lado. Miré a Amelie a los ojos, y si ella ya iba a venir, más eran mejor. En especial cuando "goblins" no decía mucha mejor cantidad que "varios".
Sí. Esto quizás tal vez te ponga más cerca del Puño Negro cuando regresemos... si regresamos.
Aunque mencionar al Puño Negro era algo irrelevante para la situación, sobre todo por la mucha atención que decidieron prestarle a Millivent, Rimbaud estaría interesado. Al menos, es lo que estuve pensando desde que ese par de guardias hicieron acto de presencia, la verdad es que creí que vería al caballero salir de la taberna con arma en mano, listo para declararles guerra de vuelta y hacer correr sangre.

Su respuesta, sin embargo, me probaba incorrecto, por ella di un suspiro de alivio. La distinción entre héroe e idiota era una difícil, pero Rimbaud claramente estaba con ambos pies parados del lado correcto de la línea.
Sí. Me alegra que pienses eso, por unos instantes creí que a la mínima oportunidad que tuvieras de matar a uno lo harías. Claramente eres más razonable que eso... siento haber pensado que podías llegar a ser tan estúpido como para hacer eso.
Siendo tan razonable como ahora lo consideraba, Rimbaud no se mostró enojado, de hecho más bien fue comprensivo ante mi pensamiento y me confirmo que, efectivamente, no era un idiota. Ahora libre de peso por tener una preocupación menos, me di vuelta y ayude a Millivent a ponerse de pie. Entonces me di media vuelta - otra vez - y caminé de vuelta a la taberna, buscando al divium con la mirada. Al instante que escuché al caballero preguntar por él me vuelta por una tercera vez.
Yo no lo veo. ¿Sabes dónde está?
Al escuchar su réplica, más un añadido de Amelie solté un "Hm.", había sido una pregunta algo estúpida, sí. Rimbaud es el que había subido a desayunar, así que en teoría yo debería tener más idea del paradero de Tentrei que él. Un vistazo al piso de la Tetera no bastó para encontrarlo, así que debía estar arriba o afuera.

Y un solo vistazo me bastaba, porque si no podía diferenciar a alguien cuernos, un ala y cola entre los presentes, yo no estaba menos ciego que a alguien que le habían arrancado los ojos.

Como Amelie siguió de largo y pareció tomar las escaleras para dar arriba decidí quedarme parado ahí en la entrada de la Tetera, tan solo intercambiando alguna mirada con Rimbaud y después viendo hacia Millivent. Si Tentrei estaba arriba, Amelie lo arrastraría aquí abajo... o nos diría que estaba arriba y no quiso venir.

Tras unos pocos minutos, si es que minutos, Amelie se encontraba bajando con el divium. No me moví de la puerta, dejando que más bien se acercarán hasta allí, y cuando estuvo suficientemente cerca hable.
Recuérdame, ¿cuantos krulls te debía?
Aunque me esperaba su reacción; desviar su mirada, no esperaba esa respuesta. No tanto porque se negase, sino la forma en que respondió. Ni un chiste, ni una sonrisita rara. No parecía él.
Recibiste un virote en la pierna la última vez... —insistí—. Sino quieres ir no tengo problema, te daré lo que te corresponde de la deuda al menos —me di vuelta al ver que todavía evitaba mi miraba, y camine hacia Millivent mientras pensaba que con Tentrei y Amelie, ya eran dos que estaban haciendo eso, y en ese momento al contarlos la verdad no sabía si considerar a Rimbaud un tercero, pero no sabía si lo había estado haciendo por el casco.

Con los cuatro listos, empezamos a ser guiados por Millivent. A más caminábamos se me hacia algo familiar por alguna razón el camino, no los edificios, sino el suelo. Eventualmente pude reconocer que esta era la zona que habíamos visitado la noche anterior, lo cual me dio algo de mala espina. Sentía que en cualquier momento alguien nos iba a saltar y apuntarnos, diciendo que nos vieron merodeando por esos lugares en la noche. Era pesimismo sin ninguna base, pero no podía evitar pensarlo igual.
Durante el trayecto pareció recordar lo que le había pedido antes, o sino simplemente le pareció oportuno hablarnos de su familia y los trabajadores. Era peor de lo que esperaba, en cierto modo, yo estaba contando que fuese su marido y un hijo, no cuatro retoños. Tenía que querer mucho al marido...
Suspiré un poco al escuchar sobre ellos y los seis trabajadores, y como sucedió el ataque cuando se encontraban en la granja mientras ella estaba en el establo alistándose para vender algo de turba en la ciudad. No tenía la más mínima idea de goblins, excepto que supuestamente, eran verdes y pequeños. Y verdes.

Eso eran 11 personas que había que rescatar... si estaban todas vivas. Esperaba que lo estuvieran, pero la verdad no podía plantearme un escenario de donde las 11 salieran con vida. No sabía que tanto cariño podía tener Millivent por los trabajadores, pero sin conocer la situación, establecí como mi prioridad sus hijos, su esposo, y después los trabajadores.

Cuando llegamos al vagón me quede mirando las ruedas, no se veían demasiado bien. En realidad no sabía mucho del tema de la madera o lo que fuese, pero suponía que por la violenta huida rebotaron sobre piedras o alguna cosa más y terminaron en ese estado. O tal vez era desgaste por mucho tiempo de uso. Subí los hombros y deje el tema para moverme a algo en lo que me sentía más "conocedor". Al ver las flechas clavadas atrás le eche una mirada de reojo a Millivent, y luego volví a ver las flechas.
¿Y esto...? ¿los goblins durante su escape? —Millivent me afirmó con la cabeza poniéndose algo nerviosa al verlas, al parecer ni se habia dado cuenta de ellas.
Negué con la cabeza tras ver las flechas unos segundos más, y escuché las dudas, opiniones o demás comentarios que pudiesen hacerle mis compañeros a Millivent antes de que siguiéramos el viaje.

Nuestro viaje se renovó, y la mujer nos condujo hacia la salida sur de la ciudad. No podía ver demasiado más que la niebla, la cual me ponía en muy obvia alerta. Mi cuerpo, y más que nada mi mente, recordaban días en mi lugar natal. La niebla nunca era buena, aún si Thonomer no escondiese monstruos, seguramente escondería asesinos y bandidos. Por suerte, no había nada oculta en ella, de hecho lo máximo que saque de la misma fue una silueta... parecía una mansión, pero no estaba seguro, y realmente no hice muchísimo caso a eso.

Pronto cruzábamos una masiva puerta de barras de hierro, donde me temí nos detuvieran porque había un miembro del Puño Negro vigilando. Cuando pasamos por su lado note que no estaba vigilando, sino "vigilando", la batalla más importante que libraba era una con su asiento, todo para caer dormido.

Con cada segundo y minuto que pasaba, mis pestañas se sentían más pesadas. Estaba aburriéndome, ya que todo lo que podía ver rocas. Qué fascinante. Quizás había sido iluso al sentirme bien en la mañana con las horas de sueño que había tomado, y ahora mi cuerpo me pasaba factura. No llegue a dormirme, pero la flojera definitivamente había regresado a mi cuerpo.

Al menos hasta que parece que finalmente habíamos llegado. Era una extensión comprensivamente grande de tierra, ofreciendo una necesaria decoración de toques de verde aquí y allá para mis ojos, y cierto olor ácido para mi nariz. Por alguna razón, el agua parecía estancarse, dando paso a un lugar pantanoso. En todo paso podía sentirse y escucharse, por poca que fuera. «Que lugar tan horrendo» pensé mientras pisaba, había algo en el chasquido que producía cada paso que me estaba provocando ansiedad.

-Espero que puedan encontrarlos, no sé cuántas de esas cosas había, pero eran demasiados.-
Esas palabras sementaron el verdadero comienzo del trabajo. Y con su comienzo, chasqueé la lengua. ¿Cómo rayos iba a buscar en un pantano? en lugares fríos, y puede que algún bosque, sí, seguro... ver si algún bicho grande había tumbado un árbol o dejado marcas enormes de garras en el suelo no era difícil. Ver unas heces, aunque un poco más, tampoco lo era exageramente. ¿Pero un pantano? ¿si quiera se dejaban huellas cuando la tierra estaba... así?

Mientras pensaba caminaba los alrededores, buscando por rastro con poco—ningún—éxito, maldiciendo sonoramente en mi cabeza al agua estancada, a los pantanos, a los goblins, y al Puño Negro, sin ninguna razón aparente para estos últimos más de que me había quedado sin cosas que maldecir.

Regrese sin nada en mis manos hacia donde estaba Millivent y al volver más a mí mismo, noté la ausencia de Rimbaud y Amelie. Pestañeé un par de veces, y mire hacia Millivent, quien no se había movido de su lugar. En ese momento pensé que si me iba a ir más profundo a intentar buscar de nuevo, querría tenerla cerca para que si había alguna de esos bichos por ahí todavía no la capturasen. Sin embargo, justo entonces, regresaron el caballero y Amelie.

De alguna forma habían dado ya con rastro. No solo eso, Amelie tenía una cantidad de detalle extremo; nos explicaba que parecían cadenas arrastradas y que por eso razonaba, llevaban prisioneros. También que las huellas indicaban a seres bípedos (o al menos, que sabían caminar a dos pies). Además, de las huellas había determinado un posible tamaño, criaturas varias menores a un metro de altura, y un par de huellas más grandes y profundas, que podían ser bien de un humano grande o algún orco. A más hablaba más alzaba yo una ceja. ¿Era magia o una cosa así? ¿Desde cuándo la gente determina todo eso por rastro? ¿Cómo?
Un suspiro escapó forzosamente de mi boca cuando me di cuenta de que no tenía yelmo puesto, y que seguramente se notaría mi cara de confusión, impresión, o la que sea que estuviese portando en ese momento. Con algo de mi ego aplastado de no haber conseguido nada y que Amelie consiguiera, bueno, todo, no estaba sintiéndome con completa seguridad de seguir metiéndome con ella.

Después de todo, podría rastrearme y clavarme una flecha en el ojo. De eso ahora estaba seguro.

Dejaría mi orgullo para más tarde. Tan solo le asentí a Amelie y a Rimbaud, y miré a Millivent.
Señora Mil....Moss... Necesito que venga con nosotros, no es buena idea que se quede aquí sola.
Millivent se echó un paso para atrás, con una expresión de casi puro horror, y se negó a acercar a su hijo - y a sí misma - a un "nido de goblins". Bueno, no acercarse a el enemigo era tan válido como no quedarse sola, así que jalaría para su lado para no tener que discutir con ella. Miré al resto del grupo y simplemente seguí al resto, todavía preguntándome: «¿Cómo sabe que son bípedos si son huellas? quiero decir, si fueran cuadrúpedos igual habrían huellas, y por el tipo de cuerpo de los cuadrúpedos separar la distancia... y... haa...» suspiré, negando con la cabeza intentando aplastar mi orgullo yo mismo. Tenía que aceptar que la persona con la que estaba molesto era mucho mejor rastreadora que yo. De hecho, ya estaba dudando si yo sabía rastrear realmente.

Continúe atrás de ellos entre la niebla por un rato, sintiendo una parte de mí morir víctima de la pequeña molestia que me generaba cada sonido húmedo en cada paso. Más nunca iba a poner pie en un pantano. Nunca.
Arribamos a un costado de la montaña donde se elevaba en el páramo, y allí estaba... la boca de una cueva, que casi invitaba a entrar. Casi, porque había un par de siluetas frente a ella. En el lugar había una serie de arbustos y plantas que bien servían de escondite, y para eso fueron usadas.

Uno, de piel amarillenta, por su tamaño y el hecho de que tenía un arco, el cual intenté imaginar podría disparar flechas como las que tenía clavadas el vagón en la parte trasera, debía ser un goblin. Bien, no eran verdes. Eran amarillos, recordaría eso.
La otra figura, de un tamaño... posible para un humano, se encontraba demasiado tapada para distinguir cualquier cosa más. A pesar de la situación, lo primero que me pregunté fue a que clase de demente se le ocurría vestir tantas capas en un lugar así.

—Solo un grupo ha regresado. Trajeron prisioneros. Otros grupos regresaran pronto. No hay más gente moneda de serpiente encontrada.—
¿Un grupo? Ósea... que había más de uno. Y prisioneros... Amelie estaba en lo correcto entonces, y me temía, era la familia y trabajadores de Millivent. Por otro lado, no se les podría llamar prisioneros si estaban muertos. Ahora, me perturbaba eso de "gente moneda de serpiente", o el goblin no hablaba el común maravillosamente, o estaba diciendo algo que escapa horriblemente a mi conocimiento, y me parecía que era lo segundo...
—Excelente, dile a Gorrunk que mis amigos y yo le daremos muchos regalos por cada artefacto que puedan encontrar. Mata cualquier otra persona que encuentren cercas de tu casa.—
"Mis amigos y yo" ósea, que no estaba solo. Primero el orco y su compañía. Ahora Nariz Amarilla y sus grupos. Y ahora este encapuchado y sus amigos. Y yo, estando en un grupo. ¿Nadie en Thonomer estaba nunca solo? Hubiera sonreído, de no ser por esa frívola mención de matar a cualquier otra persona.

Vi a Nariz Amarilla asentir y volver a la cueva, mientras la figura cubierta en capas susurró algo que escapó totalmente a mis oídos, y desapareció.
Sostuve mi aliento y respiración unos segundos más pasado eso, y miré a mis compañeros, antes de sentirme listo para hablar.
¿Gente moneda de serpiente? ¿Alguien?
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[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona - Página 4 Empty Re: [Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona

Mensaje por Rimbaud el Miér Abr 17, 2019 7:30 am

Al ver trabajar las manos de Amelie en el pequeño, el caballero entendió que las desavenencias entre ella y los demás seguirían ocurriendo, pues la muchacha, aquella ninfa de la cual se sentía tan repentinamente fascinado, era un alma tan pura y generosa que siempre decantaría por sus emociones, sin importar las consecuencias. Si decidía seguirlos en aquella nueva empresa tendría que hacerlo con ese pensamiento muy presente en su cabeza: Tarde o temprano ella los pondría en peligro por sus elecciones.

Ese breve, pero claro pensamiento en su cabeza se trastocó de pronto, diluido en su propia fe y alineamiento. Él haría lo mismo, moriría por su causa de la misma manera que ella lo haría. ¿Acaso entonces ambos no eran dos caras de la misma moneda? ¿Por qué debía juzgarla si su deseo era sino igual de puro que los que su Señor le impregnó en el alma, otrora, cuando no era más que un ente libre de pecado, deuda y sentido?

Aquello no hizo más que realzar el sentimiento que le transmitía la ninfa, esa paz y quietud que irradiaba. De pronto comprendió sus motivaciones, y esa comprensión la liberó de culpas y rencores.
El caballero apoyó su mano en el pomo de su espada. Su acero no sería suficiente para acabar con la corrupción que pudría desde dentro a Erenmios, pero sería de ayuda en la cruzada de Amelie en salvar a esas pobres gentes.
No lo pensó mucho más.
Escuché lo ocurrido desde el segundo piso —comentó el caballero cuando llegó al lado de Egil y Amelie—. ¿Considerarías a vuestro servidor como compañero otra vez?
Ella como siempre le ofreció su mejor sonrisa y lo aceptó. Ahora quedaba lo que dictaminara Egil, pues él era el que cargaba con la responsabilidad. Su respuesta fue positiva, pero dejó entrever que entendía que la predisposición del caballero seguía apuntando al Puño Negro.
La gente de Erenmios parece estar siendo atacada por todos sus flancos. Somos pocos para hacer algo con lo que sucede en el gobierno, pero suficientes para lidiar con un montón de goblins —dijo alentado por su nuevo entendimiento de la situación a la que se enfrentaban.
Egil pareció de pronto aliviado. Sin darse cuenta su motivación por hacer algo al respecto contra el régimen que acosaba a la ciudad se había vuelto una carga muy pesada.
No te preocupes. Entiendo que nos conozcamos poco, así que dejaré claro que no soy ningún suicida.
Con esto zanjado, ya no quedaba más que partir a la nueva aventura. Estaban allí los tres de la noche anterior, pero faltaba uno.
¿Creen que el bardo se quiera unir?
Yo no lo veo. ¿Sabes dónde está?
El caballero miró a sus dos compañeros.
La última vez que lo vi estaba desayunando con ustedes.


El día continúo avanzando. Tentrei se unió en último momento y los cuatro que la noche anterior habían sobrevivido a una treta y decidieron quedarse con el huevo del dragón, se adentraron hacia la montaña de Erenmios, en pos del enigma de los goblins y la familia de la desdichada mujer.

El camino hacia la granja de turba fue tranquilo y sin demoras. Rimbaud, que conocía a los goblins nada más por historias de tabernas y cuentos frente a la hoguera, no tenía un aroma registrado de las pequeñas bestias, pero a medida que avanzaban, trató en vano de reconocer algún olor distintivo.
Al llegar al hogar de Milivent, fue la ninfa quien tomó la iniciativa y encontró un rastro limpio y notorio de los verdes. El caballero, imposibilitado de entender el funcionamiento de aquel arte de interpretar surcos y formas en la tierra húmeda, se dispuso a acompañar a Amelie en caso de que necesitase ayuda en caso de que encontraran algún vigía o goblin vagabundeando por la zona.

Dado el fuerte aroma del pantano, la podredumbre vegetal, la humedad y la suciedad, era difícil identificar otros olores en la granja, aunque a veces, cuando el rastro se hacía evidente o Amelie notaba algo en particular iba acompañado con un ligero olor a sudor humano y a sangre.
Al regresar la ninfa le informó todo a sus compañeros. Egil no parecía muy convencido de los dotes de Ame, al juzgar por su rostro, Milivent en cambio parecía convencida de cada una de sus palabras, dada más a pensar que aquellas personas eran realmente los héroes que por tanto tiempo había esperado. Gentes capaces de hacer desaparecer a los goblins de una vez por todas.

El seguir el rastro no fue problema alguno, el caballero continuó con su espada presta al ataque, consciente de la gran cantidad de sonido que emitían todos caminando juntos a través del pantano.
Al llegar finalmente a un sitio en donde el pantano cedía y el terreno se elevaba discretamente, lograron identificar una cueva de una oquedad considerable, desde la cual se podía sentir un aroma ácido extraño e inusual que el caballero no supo identificar del todo. Pero lo más interesante no fue el aroma ni que de hecho hubieran dado con la entrada de lo que posiblemente era el hogar de los goblins, sino las dos figuras que conversaban distraídamente frente a ella.
Rimbaud los escuchó atento, pero su cabeza cavilaba en el inevitable cuestionamiento que todos seguramente se estaban haciendo en ese momento. Cuando los dos terminaron su conversación ocurrió algo que nunca antes había visto, el más alto de los dos se desvaneció frente a sus ojos.
La pregunta de Egil pasó desapercibida para el caballero, quien miró a sus compañeros sumamente preocupado y dijo:
Estaba seguro que me tendría que enfrentar a goblins, pero está claro que ese humano está trabajando con ellos —había dicho humano, pues bajo el olor de toda esa ropa que cargaba había un claro aroma a sudor humano—. Ahora estamos frente a otra cosa, de la cual no sé si nosotros seamos suficientes para enfrentarlo. Al parecer, según lo que dijo el amarillo hay solo un grupo de ellos en su cueva, quizá suene poco, pero debemos tener en cuenta que se trata de un grupo de guerreros goblins además de todos los otros que quizá no son aptos para ser aceptados como guerreros, pero aun así cumplen un rol dentro de su comunidad. ¿Cuántos pueden ser en total? No lo sabría decir con claridad. Pero al menos los suficientes para ser considerados por aquel humano para tratar con ellos —se quedó en silencio por un instante, para mirar a la ninfa a los ojos—. Sé que en este momento debes desear con todas tus fuerzas entrar allí y rescatar la familia de Milivent. No lo dudes, yo también lo quiero, pero, ¿estamos dispuestos, todos, a morir por ello en caso de que llegue el momento?


Un atardecer, senté a la Belleza sobre mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la insulté.
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Mensaje por Tentrei Iskusstvo Ayer a las 9:25 pm

Entré de vuelta a la taberna. Mi desayuno aún estaba ahí, aunque ahora frío y mucho menos apetitoso. No le di demasiada importancia, tampoco podía permitirme otro plato. Comí con tantas ganas como tenía en ese momento -ninguna- y subí con Nusa hasta el dormitorio. Me senté sobre la cama que asumí que aún estaba pagada y saqué todas mis armas del bolso. Los haladie estaban intactos -Aunque faltaba uno-, las agujas también. Las cadenas tenían algo de tierra de la noche anterior, así que me puse a quitársela pacienzudamente, o al menos hasta que apareció Amelie por las escaleras, preguntándome si los acompañaría a ayudar a la señora.

Asentí sin mucha efusividad, lo que hasta a mí me resultaba extraño.

¿Dijo cómo llegar? —estaba terminando de limpiar mis armas, así que fui guardando lo que ya no necesitaba que estuviese a la vista. No tomó mucho tiempo, y al terminar, me levanté.

Me indicó las palabras de la señora Millivent, y luego me dijo que estaban los caballeros metidos en el paquete, como si no fuera obvio.

 Hm. —El sonido no fue más que para hacer notar que entendía, y eso era exactamente lo que transmitió. Comencé a caminar hacia las escaleras.— Vamos.

Bajamos las escaleras. Pisando el último escalón, pude escuchar la voz del caballero dirigiéndose directamente hacia mí, sin derecho a escaparme. Me detuve en seco, casi asustado. Me preguntó por el dinero que, según él, me debía.

El dinero no es problema. —respondí en seco, sin dirigirle la mirada, y cuando respondió, negué con la cabeza sin comentar nada. No tenía caso, de todas maneras.

La señora nos guió hasta el vagón. Durante el camino nos estaba contando cosas, pero de ahí lo único que pude sintetizar era que estaba casada y tenía cuatro hijos y seis trabajadores en su granja. ¿O eran seis hijos y cuatro trabajadores?

Llegamos a su vehículo, y lo primero que pude ver eran las flechas clavadas en la parte posterior. Pasé de montarme, viendo lo poco seguras que se veían las ruedas. Además, Nusa no cabría dentro sin aplastar a los demás, así que opté por lo mejor y me fui montándolo. Llegamos a lo que era un pantano en toda ley, que tan pronto coloqué un pie en el suelo, éste se hundió con un sonido suave y húmedo, seguido de un salto que me devolvió al lomo de mi bestia. No tenía planeado mojarme los pies si no era completamente necesario. A éste paso, ya le estaba agarrando idea al agua.

Espero que puedan encontrarlos, no sé cuántas de esas cosas había, pero eran demasiados.

Cosas… Cosas… ¿Cosas? ¿A qué cosas se refería? Mi cerebro comenzó a divagar un poco, y en algún punto me pareció escuchar la palabra “Goblin”. ¿Eran goblins lo que estábamos buscando?

O más bien, lo que Amelie y Egil estaban buscando. La chica se fue con el caballero no-me-quito-nunca-la-armadura mientras el otro buscaba en los alrededores. Yo me quedé cerca de la señora, con un arma cadena en cada mano y aún montado sobre Nusa, aunque a decir verdad, estaba más atento el reptil que yo. El caballero regresó sin éxito en su búsqueda, a diferencia de la chica que nos indicó que el rastro iba al noreste. Caminamos un rato bajo una densa neblina, lo que traía a Nusa terriblemente nervioso; su vista era su mejor sentido y ahora estaba entorpecido por el clima.

Llegamos a la entrada de una cueva, y nos escondimos de dos personas manteniendo una conversación.

Solo un grupo ha regresado. Trajeron prisioneros. Otros grupos regresaran pronto. No hay más gente moneda de serpiente encontrada. —Eso… ¿Eso era un goblin? No los recordaba tan…. amarillos, por Sanctra.

Excelente, dile a Gorrunk que mis amigos y yo le daremos muchos regalos por cada artefacto que puedan encontrar. Mata cualquier otra persona que encuentren cercas de tu casa.

¿Exactamente de cuánta gente estábamos hablando?

La conversación terminó, ambos participantes desaparecieron. Uno dentro de la cueva, el otro… en el aire. Extraño. Pasaron un par de segundos en silencio antes de que Egil hablara, y fue Rimbaud el que respondió con un discurso que incluía una pregunta bastante seria.

¿Morir? Disculpa, no. —afirmé automáticamente— Tengo todas las intenciones de ayudar, pero no a costa de mi vida.




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