Conectarse

Recuperar mi contraseña

Últimos temas
» El Club [priv.] [Celeste Shaw ; Shirei/Baku]
por Shirei Ayer a las 4:20 am

» Golpe de suerte [priv.] [ Skam ; Shirei/Baku]
por Skam Miér Jun 19, 2019 5:19 pm

» ¡Ha llegado la cruzada!
por Strindgaard Jue Jun 13, 2019 4:33 pm

» Reglas de Noreth
por Sigmar Freud Miér Jun 12, 2019 7:01 pm

» Urna
por Amelie Winter Miér Jun 12, 2019 1:39 am

» El alma del bosque [Solitaria]
por Skam Mar Jun 04, 2019 3:08 pm

» [Reclutamiento y OFF] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1)
por Lamb Jue Mayo 30, 2019 11:11 am

» [Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1)
por Lamb Jue Mayo 30, 2019 11:00 am

» Un Zarpazo en la Tormenta.
por Ayanne Sáb Mayo 25, 2019 1:51 am

» Un Dios entre Nosotros.
por Azura Jue Mayo 23, 2019 8:01 pm



[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 4 H8SDUFN
Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth Cuentos de Noreth

Las afiliaciones hermanas se hacen por invitacion de nuestros administradores hacia otros Admins de los foros que decidamos, o por invitaciones de ellos hacia nosotros, sin embargo nos reservamos el derecho de admision de estas mismas pues seran solo una limitada cantidad y minima. Para mayor informacion acuda a la sección de Afiliaciones
[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 4 SiUh6o7
[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 4 KRfbrcG
[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 4 9fBXn98

[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1)

Página 4 de 5. Precedente  1, 2, 3, 4, 5  Siguiente

Ir abajo

[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 4 Empty Post 7 - Rastreo a travez de la turbera

Mensaje por Lamb el Miér Abr 03, 2019 3:26 am

La mayoría de la gente que estaba con Rimbaud giraron la cabeza hacia las ventanas por la sorpresa del grito, la mayoría simplemente volteo la cabeza con indiferencia mientras que un par de personas acompañaron a mirar a Rimbaud por la ventana mientras la escena con el puño negro y las otras personas diera lugar solo para perder el interés una vez que la gente empezara a dispersarse. Una vez que bajo a la sala común de la tetera podía ver como alguna de las personas que habían estado afuera hace un momento volvían a entrar, varios de los locales tenían el ceño fruncido mientras se quejaban de la actitud del puño negro, del hecho de que ataques como ese fueran más comunes y otros hablaban sobre el hecho de que la antigua guardia probablemente hubiera hecho algo para ayudar.

En el exterior se encontraba Amelia junto a Egil hablando con Milivent, las manos de la ninfa empezaron a actuar sobre el pequeño Bo que respiraba de forma irregular y con expresión doliente y ahora pasaba a una respiración más tranquila con movimientos más suaves, buscando acomodarse en los brazos de su madre que podía sentir como su hijo se había recobrado de parte de sus heridas con la ayuda de la joven. La mujer intuyo lo que hacía sucedido y con lágrimas de felicidad dio un medio abrazo a la joven mientras que con el otro seguía sosteniendo al niño. Se seco un poco las lágrimas para responder las dudas que tenían. -Ahora me siento culpable de lo que pensaba de los extranjeros, pero ustedes son realmente una bendición. Todo ha estado patas arriba últimamente.- Guardo silencio un momento mientras su mirada se hacía más seria. -Yo les puedo llevar a mi granja. Dejé mi vagón al otro lado del puente del este cuando vine por ayuda.- Miro a los otros ciudadanos que sentían empatía por ella pero que simplemente no podían hacer mucho. -Está bien, muchas gracias por todo.- Algunos tenían preocupación en el rostro, quizás pensando en conocidos que también vivieran a las afueras de la ciudad.

Millivent empezó a guiar a quienes le acompañaban hacia la zona que habían visitado la noche anterior, en dirección al puente por donde encontrarían las granjas del interior de la ciudad cuya única separación era el rio que cruzaba la misma pero que seguía protegida por muros que le separaban del exterior. En el camino les conto que su marido Haldred, sus hijas Alleena y Kithian, sus hijos Quayle y Volland así como seis trabajadores se encontraban en la granja al momento del ataque mientras que ella estando en el establo preparándose para vender en la ciudad algo de turba y en el caos había logrado escapar. Llegaron a donde se encontraba un vagón con un par de caballos descansando, las ruedas no se veían en la mejor de las condiciones y varias flechas se encontraban clavadas en la parte trasera del vagón. -Por favor... les llevare donde todo sucedió.- Su voz sonaba insegura y sus ojos nerviosos mirando como si esperara que algo saliera para atacarle, pero si quería reunir a su familia haría lo que pudiera.



La mujer condujo por la zona de las granjas en dirección de la salida sur de la ciudad, la visibilidad no era mucha a causa de una ligera niebla que probablemente no se dispersaría hasta un par de horas después aun que a lo lejos se podía ver en dirección contraria del puente lo que parecía ser la silueta de una mansión al final de la zona con granjas que se alejaba de vista mientras salían de los muros de la ciudad a través de una imponente abertura llena de mecanismos para hacer caer una enorme puerta de barras de hierro pero que se encontraba bajo la vigilancia de un único joven con el traje del puño negro que ni si quiera se tomó la molestia de dirigirles la mirada mientras trataba de dormir en su asiento.

El trayecto en el vagón a través de la montaña de Erenmios duro algo menos de una hora, la roca de la propia montaña se veía bastante sólida y era raro ver arboles aun que uno que otro arbusto cuyas raíces se abrían paso por la roca solida no eran extraños. Pronto llegaron a la granja para ver por una gran extensión de tierra parches de pequeñas hojas verdes mientras un aroma acido inundaba ambiente. El zona parecía estar formado por roca que no filtraba el agua haciendo que esta se acumulara formando aquel ambiente pantanoso mientras que incluso los lugares más secos donde pisaban terminaban produciendo un sonido húmedo. -Espero que puedan encontrarlos, no sé cuántas de esas cosas había, pero eran demasiados.- Ahora era momento de buscar alguna pista o rastro del paradero de la gente.
---
-OFF aquí-


Última edición por Lamb el Lun Mayo 06, 2019 11:00 am, editado 1 vez
Lamb
Lamb

Mensajes : 65
Link a Ficha y Cronología : Lamb

Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 4 Empty Re: [Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1)

Mensaje por Amelie Winter el Jue Abr 11, 2019 12:28 am

Acepté el abrazo de la mujer puesto que ya estaba acostumbrada a recibir muestras de afecto de la gente a la cual ayudaba, pero siempre me tomaban por sorpresa. Cuando me soltó le di algunas indicaciones para que el niño se recuperara mejor —Debe descansar ahora, para mañana ya estará muchísimo mejor—  entonces escuché la voz de Egil, no recordaba que él estuviera a mi lado y cuando lo miré para responderle me encontré de lleno con su cara de pocos amigos

¿Cuándo se contentará este hombre?” “¿Tan mal hice en tomar esa decisión?—No importa, siempre y cuando sea por hacer el bien— a leguas se notaba que era una referencia a la noche anterior.

Sabía que no lo dejaría estar, puesto que se le notaba en cada frase, mirada y gesto que me hacía desde que se levantó.  No sabía si el entendía que no lo había hecho para quedarme con el huevo o no, pero si no lo entendía no se lo iba a explicar, o al menos no por ahora “Si no se da cuenta solo, yo no voy a ser quien le explique” “No quería que el se quedara sin su dinero y no lo hice por maldad” “¿Entonces porque te sientes como si hubieras hecho algo malo, Amelie?”.

Fue entonces cuando la voz de Rimbaud me sacó de mis pensamientos, inevitablemente le sonreí —Por supuesto puedes unirte— Pasé la mirada de Rimbaud a Egil porque noté su mirada en mí. Al verle vi que su semblante era serio, por lo que le mantuve la mirada intentando estar tranquila y serena, los dos caballeros comenzaron a caminar en dirección a la taberna y los seguí para poder tomar mis armas.

Con la noche anterior fue más que suficiente para que no vuelva a dejarlas en ningún lugar”, mientras caminábamos iba escuchando de que hablaban mis acompañantes y al oír hablar de Tentrei les comuniqué lo que yo sabía con referencia a él. —Yo la verdad, salí apurada por los gritos. La verdad no me fijé si salió o no— En cuanto iba diciendo esto llegamos a la puerta de la taberna y yo me metí yendo directo al cuarto donde habíamos pasado la noche para recoger mis armas.

Al entrar me di cuenta que el susodicho antes mencionado se encontraba acostado en su cama limpiando una de sus  armas, la cual no sabía su nombre. —Te estábamos buscando, vamos a ir a ayudar a la señora que gritó por ayuda hace rato ¿Nos acompañarás?— le dije mientras tomaba mi espada y colocaba la correa alrededor de mi cadera, después tomé mi arco y lo pasé por uno de mis brazos y mi cabeza colocándolo cruzado alrededor de mí.

Tentrei asintió pero lo notaba extraño, no era el chico charlatán y sociable que había conocido la noche anterior y estaba muy serio pero aun así me preguntó si sabíamos la dirección. —Ella dijo que nos guiaría ella misma hasta allá, al parecer. Irán Egil y Rimbaud también— puse mi carcaj en su sitio y tomé mi macuto — ¿Te esperamos abajo o bajarás conmigo?—

Al parecer no tardó mucho en alistar sus cosas y bajó conmigo para encontrarse con nuestros compañeros, después de unas palabras nos acercamos a Milivent, la cual no tardó en guiarnos por el m ismo camino de la noche anterior hasta su granja. El camino resultaba bastante diferente en el día, había gente y bullicio en las calles y no me sentía tan insegura, y no solo porque fuera acompañada si no porque ya no parecía todo tan tétrico como parecía la noche anterior.

Cuando llegamos el lugar había una carreta con flechas clavadas en su parte trasera, no iba a preguntar puesto que di por sentado que la mujer sabía sobre ellas pero Egil si lo hizo, por lo que la mujer comenzó a sentirse nuevamente nerviosa dando a entender que no sabía que eso estaba allí. Nos subimos en el carro para llegar a la granja, la verdad iba bastante nerviosa e incomoda jugando con uno de los mechones d emi cabello hasta que llegamos, conmigo venían Egil y Rimbaud pero no les presté mucha atención precisamente por ir perdida en mis pensamientos. Justo cuando legamos escuché la voz de la mujer-Espero que puedan encontrarlos, no sé cuántas de esas cosas había, pero eran demasiados.- después de eso comencé a fijarme por el terreno a ver si veía algún rastro que seguir o algo que me indicara hacía donde se habían ido.

Me asombró que Rimbaud me quisiera seguir pero no dije nada puesto que estaba muy concentrada para leer bien hacia donde se dirigieron. Al parecer vi rastros en la tierra de cadenas siendo arrastradas, estaban moviendo a múltiples prisioneros. Las huellas indicaban que caminaban a dos pies, coloqué mi mano en la huella y me di cuenta que por la profundidad, el tamaño y la forma de estas, los prisioneros eran bajitos, no más de un metro de altura.

Seguí buscando a ver si veía algo más o algo que indicara hacia donde se dirigían y lo encontré. Había un par de huellas grandes y profundas, no podía distinguir si era un hombre grande o un orco algo pequeño entre ellos, pero eran más profundas que el resto de huellas. Se notaba que el camino que habían seguido no iba en línea recta pero se notaba que se dirigían al noreste de allí, a saber a cuanto tiempo, pero sabía que podría seguirlo sin problemas, puesto que no habían hecho esfuerzo alguno por borrar el rastro dejado tras de ellos.

Viendo que solo estaba con Rimbaud me regresé rápidamente a donde estaban el Divium y el caballero para contarles lo que había encontrado — Chicos encontré el rastro, va hacia el noreste de aquí. Al parecer levan a los rehenes encadenados, y hayy dos seres bipedos con ellos, uno puede ser un hombre grande o un orco, el otro es un goblin de no mas de un metro— Egil asintió y le preguntó a la señora si nos acompañaba cosa que esta se negó en rotundo, después de un rato nos pusimos en camino de nuevo hacia donde nos dirigieran esas huellas.

La verdad es que el clima fue complicado y no ayudaba mucho, puesto que bajó la niebla y el rastro no terminaba más, después de una hora más o menos llegamos a la entrada de una cueva donde había dos figuras platicando. Nos  camuflamos entre los matorrales para que no nos vieran  y poder escuchar su conversación — Solo un grupo ha regresado. Trajeron prisioneros. Otros grupos regresaran pronto. No hay más gente moneda de serpiente encontrada.—

Dijo la figura más pequeña, me fijé en su aspecto mientras este platicaba con el humano, sus vestiduras eran muy simples y sencillas, como sí o bien no pudiera permitirse vestir otra cosa o bien no le importara vestirse así, sus orejas largas y torcidas era lo más llamativo de su cara, puesto que lo distinguía de los humanos, su piel era amarillenta, era un tono extraño pero no se veía precisamente mal en su conjunto, su nariz larga y puntiaguda junto con su cabeza aplanada hacía que su rostro se viera anguloso, iba armado con un arco corto y una espada más acorde a su tamaño pequeño, pero eso no lo hacía menos peligroso.

Entonces la otra persona le respondió— Excelente, dile a Gorrunk que mis amigos y yo le daremos muchos regalos por cada artefacto que puedan encontrar. Mata cualquier otra persona que encuentren cercas de tu casa — después de eso, el pequeño amarillento se introdujo al interior de la cueva y el hombre se desvaneció en el aire ante mis ojos atónitos “¿Cómo habrá hecho eso?” de repente la voz de Egil interrumpió mis pensamientos, pero fué la mirada y voz de Rimbaud lo que me hizo hablar —Si debo de morir aquí por ayudar a quien lo necesita lo haré, no le temo a la muerte— le respondí al caballero seriamente


Última edición por Amelie Winter el Vie Abr 19, 2019 12:38 am, editado 2 veces


Amelie Winter
Cronologia de Amelie

color=#8f1b81= Amelie
Dialogo Amelie
color=#b165eb=Pensamiento Amelie
 pensamiento de Amelie
color=#32d929=Lorien
dialogo Lorien
Amelie Winter
Amelie Winter

Mensajes : 44
Edad : 29
Link a Ficha y Cronología : Amelie Winter

Cronologia de Amelie

Nivel : 1
Experiencia : 200 / 500

Volver arriba Ir abajo

[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 4 Empty Re: [Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1)

Mensaje por Egil el Sáb Abr 13, 2019 4:06 am

Ubicación: Tetera, calle al frente --> Granja de turba.
Interacción: Millivent, Amelie, Rimbaud, Tentrei.
Mención: Goblin, figura encapuchada.

Justo cuando esperaba que Milli me respondiera, en mi campo de visión se atravesaron las pálidas manos de mi supuesta compañera, posándolas sobre el niño pequeño y haciendo lo que fuese que había hecho la vez anterior en Rimbaud, y en Tentrei. Aunque no me dijo nada entendí muy bien que ayudaría a la mujer, y podía excusarse perfectamente de estarla siguiendo a ella y no a mí. No me gustaba demasiado la idea.
Pero entonces Bo empezó a respirar con mayor tranquilidad, y Millivent siendo su madre, estuvo naturalmente agradecida, lo suficiente como para darle un abrazo a Amelie.

Me quede viendo a ambas mujeres, desviando mi mirada de una a la otra. Millivent se seco sus lágrimas con una sonrisa, viéndonos. O bueno, viendo a Amelie, pero sabía que me estaba incluyendo en su sentimiento. Yo quería más que me respondiera lo preguntado, pero no podía culparle que fuese demasiado pedir más información así sin más cuando acababan de ayudar a su bebé. Estaría emocionada. Lo lucía, al menos.
-Ahora me siento culpable de lo que pensaba de los extranjeros, pero ustedes son realmente una bendición. Todo ha estado patas arriba últimamente.-

"Últimamente.". Sentí un poco de lástima, quien sabe cuánto "últimamente" fuese en días, o quizás meses. Cuando desvíe mi mirada a Amelie encontré el chance de un comentario cortante, y aunque era infantil y grosero... no me resistí a soltarlo:
No creo que importe mucho que piensen los demás... ¿cierto? —volteé mirando a Amelie, haciendo muy mal trabajo en ocultarle mi desagrado.
La vi pensar un momento su respuesta, un instante pequeño en el que sin duda pensaba lo que yo pensé de mí antes de decir eso, "infantil", "grosero".

No importaba. Al escuchar a la señora Millivent ofrecerse a llevarnos a su granja moví la cabeza a en su dirección para mirarla de nuevo, lucía mucho más seria. Se veía determinada... bastante férrea para una mujer que hace unos instantes estaba quebrada y derrotada. ¿Estaba poniendo demasiada fe en nosotros para solventar su problema, quizás? Normalmente me hubiese negado, pero si nos guiaba, cuanto menos, tardaríamos mucho menos que si nos lanzaban solos y seguíamos el camino que pudiera señalarnos.
Está bien... solo permítame unos instantes. ¿Puede esperarnos aquí un momento?
Millivent asintió suavemente a mi petición, y justo cuando iba a darme vuelta escuché la voz de Rimbaud, que ya estaba parado a nuestro lado. Miré a Amelie a los ojos, y si ella ya iba a venir, más eran mejor. En especial cuando "goblins" no decía mucha mejor cantidad que "varios".
Sí. Esto quizás tal vez te ponga más cerca del Puño Negro cuando regresemos... si regresamos.
Aunque mencionar al Puño Negro era algo irrelevante para la situación, sobre todo por la mucha atención que decidieron prestarle a Millivent, Rimbaud estaría interesado. Al menos, es lo que estuve pensando desde que ese par de guardias hicieron acto de presencia, la verdad es que creí que vería al caballero salir de la taberna con arma en mano, listo para declararles guerra de vuelta y hacer correr sangre.

Su respuesta, sin embargo, me probaba incorrecto, por ella di un suspiro de alivio. La distinción entre héroe e idiota era una difícil, pero Rimbaud claramente estaba con ambos pies parados del lado correcto de la línea.
Sí. Me alegra que pienses eso, por unos instantes creí que a la mínima oportunidad que tuvieras de matar a uno lo harías. Claramente eres más razonable que eso... siento haber pensado que podías llegar a ser tan estúpido como para hacer eso.
Siendo tan razonable como ahora lo consideraba, Rimbaud no se mostró enojado, de hecho más bien fue comprensivo ante mi pensamiento y me confirmo que, efectivamente, no era un idiota. Ahora libre de peso por tener una preocupación menos, me di vuelta y ayude a Millivent a ponerse de pie. Entonces me di media vuelta - otra vez - y caminé de vuelta a la taberna, buscando al divium con la mirada. Al instante que escuché al caballero preguntar por él me vuelta por una tercera vez.
Yo no lo veo. ¿Sabes dónde está?
Al escuchar su réplica, más un añadido de Amelie solté un "Hm.", había sido una pregunta algo estúpida, sí. Rimbaud es el que había subido a desayunar, así que en teoría yo debería tener más idea del paradero de Tentrei que él. Un vistazo al piso de la Tetera no bastó para encontrarlo, así que debía estar arriba o afuera.

Y un solo vistazo me bastaba, porque si no podía diferenciar a alguien cuernos, un ala y cola entre los presentes, yo no estaba menos ciego que a alguien que le habían arrancado los ojos.

Como Amelie siguió de largo y pareció tomar las escaleras para dar arriba decidí quedarme parado ahí en la entrada de la Tetera, tan solo intercambiando alguna mirada con Rimbaud y después viendo hacia Millivent. Si Tentrei estaba arriba, Amelie lo arrastraría aquí abajo... o nos diría que estaba arriba y no quiso venir.

Tras unos pocos minutos, si es que minutos, Amelie se encontraba bajando con el divium. No me moví de la puerta, dejando que más bien se acercarán hasta allí, y cuando estuvo suficientemente cerca hable.
Recuérdame, ¿cuantos krulls te debía?
Aunque me esperaba su reacción; desviar su mirada, no esperaba esa respuesta. No tanto porque se negase, sino la forma en que respondió. Ni un chiste, ni una sonrisita rara. No parecía él.
Recibiste un virote en la pierna la última vez... —insistí—. Sino quieres ir no tengo problema, te daré lo que te corresponde de la deuda al menos —me di vuelta al ver que todavía evitaba mi miraba, y camine hacia Millivent mientras pensaba que con Tentrei y Amelie, ya eran dos que estaban haciendo eso, y en ese momento al contarlos la verdad no sabía si considerar a Rimbaud un tercero, pero no sabía si lo había estado haciendo por el casco.

Con los cuatro listos, empezamos a ser guiados por Millivent. A más caminábamos se me hacia algo familiar por alguna razón el camino, no los edificios, sino el suelo. Eventualmente pude reconocer que esta era la zona que habíamos visitado la noche anterior, lo cual me dio algo de mala espina. Sentía que en cualquier momento alguien nos iba a saltar y apuntarnos, diciendo que nos vieron merodeando por esos lugares en la noche. Era pesimismo sin ninguna base, pero no podía evitar pensarlo igual.
Durante el trayecto pareció recordar lo que le había pedido antes, o sino simplemente le pareció oportuno hablarnos de su familia y los trabajadores. Era peor de lo que esperaba, en cierto modo, yo estaba contando que fuese su marido y un hijo, no cuatro retoños. Tenía que querer mucho al marido...
Suspiré un poco al escuchar sobre ellos y los seis trabajadores, y como sucedió el ataque cuando se encontraban en la granja mientras ella estaba en el establo alistándose para vender algo de turba en la ciudad. No tenía la más mínima idea de goblins, excepto que supuestamente, eran verdes y pequeños. Y verdes.

Eso eran 11 personas que había que rescatar... si estaban todas vivas. Esperaba que lo estuvieran, pero la verdad no podía plantearme un escenario de donde las 11 salieran con vida. No sabía que tanto cariño podía tener Millivent por los trabajadores, pero sin conocer la situación, establecí como mi prioridad sus hijos, su esposo, y después los trabajadores.

Cuando llegamos al vagón me quede mirando las ruedas, no se veían demasiado bien. En realidad no sabía mucho del tema de la madera o lo que fuese, pero suponía que por la violenta huida rebotaron sobre piedras o alguna cosa más y terminaron en ese estado. O tal vez era desgaste por mucho tiempo de uso. Subí los hombros y deje el tema para moverme a algo en lo que me sentía más "conocedor". Al ver las flechas clavadas atrás le eche una mirada de reojo a Millivent, y luego volví a ver las flechas.
¿Y esto...? ¿los goblins durante su escape? —Millivent me afirmó con la cabeza poniéndose algo nerviosa al verlas, al parecer ni se habia dado cuenta de ellas.
Negué con la cabeza tras ver las flechas unos segundos más, y escuché las dudas, opiniones o demás comentarios que pudiesen hacerle mis compañeros a Millivent antes de que siguiéramos el viaje.

Nuestro viaje se renovó, y la mujer nos condujo hacia la salida sur de la ciudad. No podía ver demasiado más que la niebla, la cual me ponía en muy obvia alerta. Mi cuerpo, y más que nada mi mente, recordaban días en mi lugar natal. La niebla nunca era buena, aún si Thonomer no escondiese monstruos, seguramente escondería asesinos y bandidos. Por suerte, no había nada oculta en ella, de hecho lo máximo que saque de la misma fue una silueta... parecía una mansión, pero no estaba seguro, y realmente no hice muchísimo caso a eso.

Pronto cruzábamos una masiva puerta de barras de hierro, donde me temí nos detuvieran porque había un miembro del Puño Negro vigilando. Cuando pasamos por su lado note que no estaba vigilando, sino "vigilando", la batalla más importante que libraba era una con su asiento, todo para caer dormido.

Con cada segundo y minuto que pasaba, mis pestañas se sentían más pesadas. Estaba aburriéndome, ya que todo lo que podía ver rocas. Qué fascinante. Quizás había sido iluso al sentirme bien en la mañana con las horas de sueño que había tomado, y ahora mi cuerpo me pasaba factura. No llegue a dormirme, pero la flojera definitivamente había regresado a mi cuerpo.

Al menos hasta que parece que finalmente habíamos llegado. Era una extensión comprensivamente grande de tierra, ofreciendo una necesaria decoración de toques de verde aquí y allá para mis ojos, y cierto olor ácido para mi nariz. Por alguna razón, el agua parecía estancarse, dando paso a un lugar pantanoso. En todo paso podía sentirse y escucharse, por poca que fuera. «Que lugar tan horrendo» pensé mientras pisaba, había algo en el chasquido que producía cada paso que me estaba provocando ansiedad.

-Espero que puedan encontrarlos, no sé cuántas de esas cosas había, pero eran demasiados.-
Esas palabras sementaron el verdadero comienzo del trabajo. Y con su comienzo, chasqueé la lengua. ¿Cómo rayos iba a buscar en un pantano? en lugares fríos, y puede que algún bosque, sí, seguro... ver si algún bicho grande había tumbado un árbol o dejado marcas enormes de garras en el suelo no era difícil. Ver unas heces, aunque un poco más, tampoco lo era exageramente. ¿Pero un pantano? ¿si quiera se dejaban huellas cuando la tierra estaba... así?

Mientras pensaba caminaba los alrededores, buscando por rastro con poco—ningún—éxito, maldiciendo sonoramente en mi cabeza al agua estancada, a los pantanos, a los goblins, y al Puño Negro, sin ninguna razón aparente para estos últimos más de que me había quedado sin cosas que maldecir.

Regrese sin nada en mis manos hacia donde estaba Millivent y al volver más a mí mismo, noté la ausencia de Rimbaud y Amelie. Pestañeé un par de veces, y mire hacia Millivent, quien no se había movido de su lugar. En ese momento pensé que si me iba a ir más profundo a intentar buscar de nuevo, querría tenerla cerca para que si había alguna de esos bichos por ahí todavía no la capturasen. Sin embargo, justo entonces, regresaron el caballero y Amelie.

De alguna forma habían dado ya con rastro. No solo eso, Amelie tenía una cantidad de detalle extremo; nos explicaba que parecían cadenas arrastradas y que por eso razonaba, llevaban prisioneros. También que las huellas indicaban a seres bípedos (o al menos, que sabían caminar a dos pies). Además, de las huellas había determinado un posible tamaño, criaturas varias menores a un metro de altura, y un par de huellas más grandes y profundas, que podían ser bien de un humano grande o algún orco. A más hablaba más alzaba yo una ceja. ¿Era magia o una cosa así? ¿Desde cuándo la gente determina todo eso por rastro? ¿Cómo?
Un suspiro escapó forzosamente de mi boca cuando me di cuenta de que no tenía yelmo puesto, y que seguramente se notaría mi cara de confusión, impresión, o la que sea que estuviese portando en ese momento. Con algo de mi ego aplastado de no haber conseguido nada y que Amelie consiguiera, bueno, todo, no estaba sintiéndome con completa seguridad de seguir metiéndome con ella.

Después de todo, podría rastrearme y clavarme una flecha en el ojo. De eso ahora estaba seguro.

Dejaría mi orgullo para más tarde. Tan solo le asentí a Amelie y a Rimbaud, y miré a Millivent.
Señora Mil....Moss... Necesito que venga con nosotros, no es buena idea que se quede aquí sola.
Millivent se echó un paso para atrás, con una expresión de casi puro horror, y se negó a acercar a su hijo - y a sí misma - a un "nido de goblins". Bueno, no acercarse a el enemigo era tan válido como no quedarse sola, así que jalaría para su lado para no tener que discutir con ella. Miré al resto del grupo y simplemente seguí al resto, todavía preguntándome: «¿Cómo sabe que son bípedos si son huellas? quiero decir, si fueran cuadrúpedos igual habrían huellas, y por el tipo de cuerpo de los cuadrúpedos separar la distancia... y... haa...» suspiré, negando con la cabeza intentando aplastar mi orgullo yo mismo. Tenía que aceptar que la persona con la que estaba molesto era mucho mejor rastreadora que yo. De hecho, ya estaba dudando si yo sabía rastrear realmente.

Continúe atrás de ellos entre la niebla por un rato, sintiendo una parte de mí morir víctima de la pequeña molestia que me generaba cada sonido húmedo en cada paso. Más nunca iba a poner pie en un pantano. Nunca.
Arribamos a un costado de la montaña donde se elevaba en el páramo, y allí estaba... la boca de una cueva, que casi invitaba a entrar. Casi, porque había un par de siluetas frente a ella. En el lugar había una serie de arbustos y plantas que bien servían de escondite, y para eso fueron usadas.

Uno, de piel amarillenta, por su tamaño y el hecho de que tenía un arco, el cual intenté imaginar podría disparar flechas como las que tenía clavadas el vagón en la parte trasera, debía ser un goblin. Bien, no eran verdes. Eran amarillos, recordaría eso.
La otra figura, de un tamaño... posible para un humano, se encontraba demasiado tapada para distinguir cualquier cosa más. A pesar de la situación, lo primero que me pregunté fue a que clase de demente se le ocurría vestir tantas capas en un lugar así.

—Solo un grupo ha regresado. Trajeron prisioneros. Otros grupos regresaran pronto. No hay más gente moneda de serpiente encontrada.—
¿Un grupo? Ósea... que había más de uno. Y prisioneros... Amelie estaba en lo correcto entonces, y me temía, era la familia y trabajadores de Millivent. Por otro lado, no se les podría llamar prisioneros si estaban muertos. Ahora, me perturbaba eso de "gente moneda de serpiente", o el goblin no hablaba el común maravillosamente, o estaba diciendo algo que escapa horriblemente a mi conocimiento, y me parecía que era lo segundo...
—Excelente, dile a Gorrunk que mis amigos y yo le daremos muchos regalos por cada artefacto que puedan encontrar. Mata cualquier otra persona que encuentren cercas de tu casa.—
"Mis amigos y yo" ósea, que no estaba solo. Primero el orco y su compañía. Ahora Nariz Amarilla y sus grupos. Y ahora este encapuchado y sus amigos. Y yo, estando en un grupo. ¿Nadie en Thonomer estaba nunca solo? Hubiera sonreído, de no ser por esa frívola mención de matar a cualquier otra persona.

Vi a Nariz Amarilla asentir y volver a la cueva, mientras la figura cubierta en capas susurró algo que escapó totalmente a mis oídos, y desapareció.
Sostuve mi aliento y respiración unos segundos más pasado eso, y miré a mis compañeros, antes de sentirme listo para hablar.
¿Gente moneda de serpiente? ¿Alguien?
Egil
Egil

Mensajes : 28
Link a Ficha y Cronología : Ficha de Egil
Cronología

Nivel : 1
Experiencia : 97 / 500

Volver arriba Ir abajo

[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 4 Empty Re: [Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1)

Mensaje por Rimbaud el Miér Abr 17, 2019 7:30 am

Al ver trabajar las manos de Amelie en el pequeño, el caballero entendió que las desavenencias entre ella y los demás seguirían ocurriendo, pues la muchacha, aquella ninfa de la cual se sentía tan repentinamente fascinado, era un alma tan pura y generosa que siempre decantaría por sus emociones, sin importar las consecuencias. Si decidía seguirlos en aquella nueva empresa tendría que hacerlo con ese pensamiento muy presente en su cabeza: Tarde o temprano ella los pondría en peligro por sus elecciones.

Ese breve, pero claro pensamiento en su cabeza se trastocó de pronto, diluido en su propia fe y alineamiento. Él haría lo mismo, moriría por su causa de la misma manera que ella lo haría. ¿Acaso entonces ambos no eran dos caras de la misma moneda? ¿Por qué debía juzgarla si su deseo era sino igual de puro que los que su Señor le impregnó en el alma, otrora, cuando no era más que un ente libre de pecado, deuda y sentido?

Aquello no hizo más que realzar el sentimiento que le transmitía la ninfa, esa paz y quietud que irradiaba. De pronto comprendió sus motivaciones, y esa comprensión la liberó de culpas y rencores.
El caballero apoyó su mano en el pomo de su espada. Su acero no sería suficiente para acabar con la corrupción que pudría desde dentro a Erenmios, pero sería de ayuda en la cruzada de Amelie en salvar a esas pobres gentes.
No lo pensó mucho más.
Escuché lo ocurrido desde el segundo piso —comentó el caballero cuando llegó al lado de Egil y Amelie—. ¿Considerarías a vuestro servidor como compañero otra vez?
Ella como siempre le ofreció su mejor sonrisa y lo aceptó. Ahora quedaba lo que dictaminara Egil, pues él era el que cargaba con la responsabilidad. Su respuesta fue positiva, pero dejó entrever que entendía que la predisposición del caballero seguía apuntando al Puño Negro.
La gente de Erenmios parece estar siendo atacada por todos sus flancos. Somos pocos para hacer algo con lo que sucede en el gobierno, pero suficientes para lidiar con un montón de goblins —dijo alentado por su nuevo entendimiento de la situación a la que se enfrentaban.
Egil pareció de pronto aliviado. Sin darse cuenta su motivación por hacer algo al respecto contra el régimen que acosaba a la ciudad se había vuelto una carga muy pesada.
No te preocupes. Entiendo que nos conozcamos poco, así que dejaré claro que no soy ningún suicida.
Con esto zanjado, ya no quedaba más que partir a la nueva aventura. Estaban allí los tres de la noche anterior, pero faltaba uno.
¿Creen que el bardo se quiera unir?
Yo no lo veo. ¿Sabes dónde está?
El caballero miró a sus dos compañeros.
La última vez que lo vi estaba desayunando con ustedes.


El día continúo avanzando. Tentrei se unió en último momento y los cuatro que la noche anterior habían sobrevivido a una treta y decidieron quedarse con el huevo del dragón, se adentraron hacia la montaña de Erenmios, en pos del enigma de los goblins y la familia de la desdichada mujer.

El camino hacia la granja de turba fue tranquilo y sin demoras. Rimbaud, que conocía a los goblins nada más por historias de tabernas y cuentos frente a la hoguera, no tenía un aroma registrado de las pequeñas bestias, pero a medida que avanzaban, trató en vano de reconocer algún olor distintivo.
Al llegar al hogar de Milivent, fue la ninfa quien tomó la iniciativa y encontró un rastro limpio y notorio de los verdes. El caballero, imposibilitado de entender el funcionamiento de aquel arte de interpretar surcos y formas en la tierra húmeda, se dispuso a acompañar a Amelie en caso de que necesitase ayuda en caso de que encontraran algún vigía o goblin vagabundeando por la zona.

Dado el fuerte aroma del pantano, la podredumbre vegetal, la humedad y la suciedad, era difícil identificar otros olores en la granja, aunque a veces, cuando el rastro se hacía evidente o Amelie notaba algo en particular iba acompañado con un ligero olor a sudor humano y a sangre.
Al regresar la ninfa le informó todo a sus compañeros. Egil no parecía muy convencido de los dotes de Ame, al juzgar por su rostro, Milivent en cambio parecía convencida de cada una de sus palabras, dada más a pensar que aquellas personas eran realmente los héroes que por tanto tiempo había esperado. Gentes capaces de hacer desaparecer a los goblins de una vez por todas.

El seguir el rastro no fue problema alguno, el caballero continuó con su espada presta al ataque, consciente de la gran cantidad de sonido que emitían todos caminando juntos a través del pantano.
Al llegar finalmente a un sitio en donde el pantano cedía y el terreno se elevaba discretamente, lograron identificar una cueva de una oquedad considerable, desde la cual se podía sentir un aroma ácido extraño e inusual que el caballero no supo identificar del todo. Pero lo más interesante no fue el aroma ni que de hecho hubieran dado con la entrada de lo que posiblemente era el hogar de los goblins, sino las dos figuras que conversaban distraídamente frente a ella.
Rimbaud los escuchó atento, pero su cabeza cavilaba en el inevitable cuestionamiento que todos seguramente se estaban haciendo en ese momento. Cuando los dos terminaron su conversación ocurrió algo que nunca antes había visto, el más alto de los dos se desvaneció frente a sus ojos.
La pregunta de Egil pasó desapercibida para el caballero, quien miró a sus compañeros sumamente preocupado y dijo:
Estaba seguro que me tendría que enfrentar a goblins, pero está claro que ese humano está trabajando con ellos —había dicho humano, pues bajo el olor de toda esa ropa que cargaba había un claro aroma a sudor humano—. Ahora estamos frente a otra cosa, de la cual no sé si nosotros seamos suficientes para enfrentarlo. Al parecer, según lo que dijo el amarillo hay solo un grupo de ellos en su cueva, quizá suene poco, pero debemos tener en cuenta que se trata de un grupo de guerreros goblins además de todos los otros que quizá no son aptos para ser aceptados como guerreros, pero aun así cumplen un rol dentro de su comunidad. ¿Cuántos pueden ser en total? No lo sabría decir con claridad. Pero al menos los suficientes para ser considerados por aquel humano para tratar con ellos —se quedó en silencio por un instante, para mirar a la ninfa a los ojos—. Sé que en este momento debes desear con todas tus fuerzas entrar allí y rescatar la familia de Milivent. No lo dudes, yo también lo quiero, pero, ¿estamos dispuestos, todos, a morir por ello en caso de que llegue el momento?


Un atardecer, senté a la Belleza sobre mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la insulté.
Rimbaud

Diálogos - «Pensamientos
#556B2F
Rimbaud
Rimbaud

Mensajes : 35
Link a Ficha y Cronología : Eclosión

Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 4 Empty Re: [Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1)

Mensaje por Tentrei Iskusstvo el Jue Abr 18, 2019 9:25 pm

Entré de vuelta a la taberna. Mi desayuno aún estaba ahí, aunque ahora frío y mucho menos apetitoso. No le di demasiada importancia, tampoco podía permitirme otro plato. Comí con tantas ganas como tenía en ese momento -ninguna- y subí con Nusa hasta el dormitorio. Me senté sobre la cama que asumí que aún estaba pagada y saqué todas mis armas del bolso. Los haladie estaban intactos -Aunque faltaba uno-, las agujas también. Las cadenas tenían algo de tierra de la noche anterior, así que me puse a quitársela pacienzudamente, o al menos hasta que apareció Amelie por las escaleras, preguntándome si los acompañaría a ayudar a la señora.

Asentí sin mucha efusividad, lo que hasta a mí me resultaba extraño.

¿Dijo cómo llegar? —estaba terminando de limpiar mis armas, así que fui guardando lo que ya no necesitaba que estuviese a la vista. No tomó mucho tiempo, y al terminar, me levanté.

Me indicó las palabras de la señora Millivent, y luego me dijo que estaban los caballeros metidos en el paquete, como si no fuera obvio.

 Hm. —El sonido no fue más que para hacer notar que entendía, y eso era exactamente lo que transmitió. Comencé a caminar hacia las escaleras.— Vamos.

Bajamos las escaleras. Pisando el último escalón, pude escuchar la voz del caballero dirigiéndose directamente hacia mí, sin derecho a escaparme. Me detuve en seco, casi asustado. Me preguntó por el dinero que, según él, me debía.

El dinero no es problema. —respondí en seco, sin dirigirle la mirada, y cuando respondió, negué con la cabeza sin comentar nada. No tenía caso, de todas maneras.

La señora nos guió hasta el vagón. Durante el camino nos estaba contando cosas, pero de ahí lo único que pude sintetizar era que estaba casada y tenía cuatro hijos y seis trabajadores en su granja. ¿O eran seis hijos y cuatro trabajadores?

Llegamos a su vehículo, y lo primero que pude ver eran las flechas clavadas en la parte posterior. Pasé de montarme, viendo lo poco seguras que se veían las ruedas. Además, Nusa no cabría dentro sin aplastar a los demás, así que opté por lo mejor y me fui montándolo. Llegamos a lo que era un pantano en toda ley, que tan pronto coloqué un pie en el suelo, éste se hundió con un sonido suave y húmedo, seguido de un salto que me devolvió al lomo de mi bestia. No tenía planeado mojarme los pies si no era completamente necesario. A éste paso, ya le estaba agarrando idea al agua.

Espero que puedan encontrarlos, no sé cuántas de esas cosas había, pero eran demasiados.

Cosas… Cosas… ¿Cosas? ¿A qué cosas se refería? Mi cerebro comenzó a divagar un poco, y en algún punto me pareció escuchar la palabra “Goblin”. ¿Eran goblins lo que estábamos buscando?

O más bien, lo que Amelie y Egil estaban buscando. La chica se fue con el caballero no-me-quito-nunca-la-armadura mientras el otro buscaba en los alrededores. Yo me quedé cerca de la señora, con un arma cadena en cada mano y aún montado sobre Nusa, aunque a decir verdad, estaba más atento el reptil que yo. El caballero regresó sin éxito en su búsqueda, a diferencia de la chica que nos indicó que el rastro iba al noreste. Caminamos un rato bajo una densa neblina, lo que traía a Nusa terriblemente nervioso; su vista era su mejor sentido y ahora estaba entorpecido por el clima.

Llegamos a la entrada de una cueva, y nos escondimos de dos personas manteniendo una conversación.

Solo un grupo ha regresado. Trajeron prisioneros. Otros grupos regresaran pronto. No hay más gente moneda de serpiente encontrada. —Eso… ¿Eso era un goblin? No los recordaba tan…. amarillos, por Sanctra.

Excelente, dile a Gorrunk que mis amigos y yo le daremos muchos regalos por cada artefacto que puedan encontrar. Mata cualquier otra persona que encuentren cercas de tu casa.

¿Exactamente de cuánta gente estábamos hablando?

La conversación terminó, ambos participantes desaparecieron. Uno dentro de la cueva, el otro… en el aire. Extraño. Pasaron un par de segundos en silencio antes de que Egil hablara, y fue Rimbaud el que respondió con un discurso que incluía una pregunta bastante seria.

¿Morir? Disculpa, no. —afirmé automáticamente— Tengo todas las intenciones de ayudar, pero no a costa de mi vida.




Tentrei Iskusstvo
Tentrei Iskusstvo

Mensajes : 18
Link a Ficha y Cronología : La Balada Carmesí.

Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 4 Empty Post 8 - Guarida del clan Aguasucia

Mensaje por Lamb el Mar Abr 23, 2019 5:30 pm

Despues de haber seguido el rastro entre la niebla por al rededor de una hora habian encontrado con la cueva donde dos figuras habian estado conversando hacia un momento mientras los viajeros estaban ocultos escuchando lo que decian. La primera era una criatura humanoide de tamaño pequeño, vestido con ropas simples, orejas largas ligeramente torcidas y puntiagudas, una piel amarillenta, nariz larga y puntiaguda y la cabeza ligeramente aplanada lo que hace que la forma de su cabeza se vea angulosa, armado con un arco corto y una espada mientras que a su lado una figura de tamaño humano vestido con pesadas capas que ocultan su rostro. -Solo un grupo ha regresado. Trajeron prisioneros. Otros grupos regresaran pronto. No hay mas gente moneda de serpiente encontrada.- Habia dicho la figura pequeña mientras que la otra figura habia asentido. -Excelente, dile a Gorrunk que mis amigos y yo le daremos muchos regalos por cada artefacto que puedan encontrar. Mata cualquier otra persona que encuentren cercas de tu casa.- Al parecer aquellos extranjeros encontraron una situación mucho mayor detrás de lo que parecía un simple ataque de goblins.

Poco a poco diferentes grupos se acumulaban en Thonomer, algunos unidos por un propósito común, otros por compartir origen,  quienes se unían para sentirse parte de algo más grande, muchos por la mera protección de los grupos y por su puesto quienes la mera casualidad les había hecho cruzar  caminos sin separarse.

Después de aquello ya no se vio nuevo movimiento o tráfico ocurriendo cercas de la entrada de la caverna, aun que ocasionalmente se escuchaba alguna de esas criaturas vociferando o gritos humanos haciendo eco desde el interior. Existían varias opciones, podrían regresar a la ciudad e informar lo que vieron y probablemente sería suficiente para cobrar la recompensa, otra posibilidad era ingresar aprovechando que una parte de las fuerzas de aquellos seres se encontraban en otro lugar, aunque con la promesa de volver pronto. Si deseaban intentar, los presentes tenían muy poco tiempo si deseaban rescatar a los prisioneros antes de que llegaran más goblins que recibirían la orden de tirar a matar.



El pasaje de aquella gruta era un agujero en la roca solida de cerca de tres metros de altura, el pasaje estaba sin iluminar, aunque algo de luz entraba desde el exterior permitiendo ver que el túnel era de tres metros de ancho con algunas piedras de tamaño suficiente para ocultarse detrás de ellas estorbando el camino, entre la penumbra con un ligero esfuerzo se podía notar que el camino continuaba por ocho metros que luego giraban al sur hacia la obscuridad. Si deseaban entrar podrían notar un aroma acido que parecía impregnar tanto las paredes como el suelo de la roca, su apariencia era ondulante lleno de delgadas estalactitas y plastas de roca solida en el suelo daba la impresión de que la piedra se derretía.

Aquellos que decidieron entrar debían tener cuidado, quizás aquellas criaturas no se veían intimidantes, pero si alguien sabia algo al respecto de aquellas criaturas o puesto atención en lo que les contaron, podrían imaginarse que era raro que atacaran solas. Cualquier error podría dificultar un intento de rescate, pero al menos esta vez contaban con el elemento de la sorpresa de su lado... al menos por ahora.

El clan de goblins de Aguasucia eran nativos de aquella zona de turbas, pero se habían encontrado aquel sistema de cavernas hacia menos de un mes sin nada viviendo en su interior por lo que estaba libre para ser ocupado y rápidamente se movilizaron. Aquello fue un gran golpe de suerte para aquel grupo que después de numerosos esfuerzos habían adecuado aquel lugar como su hogar guiados bajo la fuerza de su líder Gorrunk. Que un ataque sucediera solo era cuestión de tiempo, pero si eran motivados por alguien más, las cosas podrían empeorar con mayor rapidez.

╔═══════════▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓
║░░░░░░░░░░░▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓
║░░▄░░╔═▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓
║▄░░░░║▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓
║░░░░▄║▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓
║░░▄░░║▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓▓
╝░░░░░╚════════════════
ϪϚ░░░░░░░░░░░░░░░░░


---
-OFF aquí-


Última edición por Lamb el Mar Mayo 21, 2019 5:43 am, editado 10 veces
Lamb
Lamb

Mensajes : 65
Link a Ficha y Cronología : Lamb

Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 4 Empty Re: [Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1)

Mensaje por Rimbaud el Dom Abr 28, 2019 6:59 am

Frente al grupo de héroes de pronto hubo una grandiosa posibilidad de salvar a la familia de la mujer que los había traído hasta la granja de turba. Con todos los grupos de goblins fuera de su caverna, exceptuando el que había logrado hacerse con los demás integrantes de la familia de Milivent.
No habría mejor chance que aquella, y todos lo sabían, el caballero lo podía ver en sus ojos. Y aunque a pesar de que la mayoría de los goblins se encontraba fuera de su nido era arriesgado entrar, pues se trataba de terreno desconocido, y ninguno de los cuatro tenía idea sobre lo que les podrían deparar aquellas bestiecillas. Aun así había optimismo entre ellos. Rimbaud se contagió poco a poco con ello, así que ante la pregunta de Egil el caballero asintió.
Cuatro. Iré delante, luego Tentrei y Ame. Egil, cerrarás nuestra comitiva. ¿Qué opinan? —su intención era protegerlos, teniendo en cuenta que tenía una mejor armadura que Egil lo esperable era que él fuera delante, aunque gran parte de esa decisión la había tomado para impresionar a Amelie.
Tentrei jugueteó con un comentario mientras tomaba su laúd. La música de poder era algo nuevo para el caballero, pero siguió el comentario del divium y bromeó:
Preferiría tambores, pero qué más da.
Había buen humor y eso servía para juntar al grupo y subir el ánimo. El caballero estaba alegre, soltó una risa disimulada que le subió hasta los ojos.
Solo faltaban los pormenores. Rimbaud observó la entrada de la cueva, iluminada por el sol en la entrada y a medida que avanzaba el pasadizo la oscuridad la consumía.
Tentrei, y los demás estaban listos para entrar, fue en ese momento en el que el divium cayó en cuenta de algo. Nunca habían visto a Rimbaud sin armadura.
¿Nunca leíste el Caballero de la Armadura Oxidada? —sin esperar la respuesta se adentró al interior hasta donde alcanzaba la luz, luego se volteó he hizo una seña para que avanzaran los demás.
Por suerte la pregunta no volvió a surgir.

Al adentrarse en la cueva la luz comenzó a escasear rápidamente, todos avanzaron en silencio mientras la incertidumbre de lo que se avecinaba le hacía preocuparse. ¿Estarían preparados para lo que se avecinaba? Sin duda eran capaces de luchar y coordinarse, lo habían hecho en el granero, la pregunta realmente era: ¿Esa flecha daría dos veces en el blanco?
Entonces, como si el pensamiento sobre las flechas fuera un vaticinio, desde una pared aparentemente lisa surgieron dos flechas seguidas de un par de risas. La sorpresa se reflejó en el rostro enfundado del caballero, que recibió una saeta en el pecho, la que sin más rebotó y fue a caer inerte un metro más allá. La segunda, sin embargo, rozó el cuerpo del divium, rasgando la piel.
Sin detenerse a preguntar por el estado de Tentrei, el caballero se interpuso lo mejor que pudo mientras el sonido de la música del laúd del bardo comenzaba a animar sus cadenas.
Rimbaud se limitó a analizar con más detenimiento el muro, descubriendo que había aberturas naturales como atronadoras de un castillo en la roca.
Están al otro lado de este muro. Tendríamos que rodearlo para combatirlos, pero hace falta fuego para ello. ¿Alguno tiene una antorcha?
Aquello resultó extraño, pues el caballero no necesitaba de luz para poder ver bien en la oscuridad, pero resultaba que sus compañeros sí, y ninguno de ellos había encendido una antorcha hasta el momento.
Ante su pregunta, Egil se desató la vaina de la espada y la ofreció para hacer uso de ella.
¿Piensas quemar eso? Parece de cuero, eso no arderá —se mantuvo delante pero fue retrocediendo al notar que no había manera de avanzar sin tener luz para que los demás viesen dentro de la cueva—. Atrás, sin una antorcha será un suicidio entrar más allá que esto.
A medida que retrocedían, Egil comentó que la saya de su arma era en realidad madera.
Puede que arda, pero, ¿por el tiempo suficiente? No vale la pena arriesgarse a intentarlo. Fuera podremos coordinarnos mejor. Quizá sea bueno regresar a la granja, al menos uno de nosotros, el más rápido, para conseguir antorchas.

Una vez vueltos a poner al resguardo de la pared, el caballero analizó el nuevo predicamento en el que se encontraban.
Estamos a una hora aproximadamente de la granja. Ir a buscar antorchas significaría que podamos perder la oportunidad de en encontrar solo un grupo de goblins. En este momento lo mejor que podemos hacer como grupo es regresar a la ciudad e informar de los sucesos que vimos. El hombre y el hombrecillo amarillo.
»Ahora bien, podemos hacer algo más... Podría ir solo. Veo bien en la oscuridad. Me acercaría para ver qué tan profunda es la cueva y quizá averiguar dónde está la familia de Milivent. Pero en caso de que sea demasiado peligroso tendría que huir.
Si bien era arriesgado, de vez en cuando se podían escuchar además del sonido de los propios goblins, el de humanos. Si el olor acre y ácido no hubiera sido tan penetrante quizá hubiera resultado más probable buscarlos mediante el olfato, pero no se podía.
El grupo comenzó a opinar al respecto, Amelie estaba de acuerdo en que no se podía avanzar a oscuras, pero Tentrei, que había sido herido, no tenía intenciones de retirarse sin haber dado un par de golpes mortales.
Perderemos dos horas sí o sí. Puedes ir si quieres, y en cuanto llegues vemos si es viable entrar. Ya que si llegan los otros grupos de golblins el panorama cambiará bastante.
»Tentrei, no veo problema en que me sigas, pero sin poder ver nada... No veo de qué manera podrías ayudar.
Egil entonces tuvo la idea de ir a pie hasta la granja, pero regresar en una de las cabalgaduras de tiro que poseía Milivent en su granja.
Yo sé cabalgar, pero el terreno es pantanoso, no parece una buena idea regresar en alguna de las bestias de tiro de Milivent —comentó Rimbaud, quien estaba comenzando a notar que toda la misión se desmoronaba.

La única salida viable hasta el momento era regresar hasta la ciudad, pues cada segundo que pasaba arriesgaba más su vida.
Entonces Amelie recordó que tenía algo de alcohol fuerte entre sus pertenencias, eso sumado a algo de tela de algodón y la saya de Egil serviría para hacer una antorcha improvisada.
Mientras Egil la preparaba, el caballero revisó su morral en busca de algo de yesca y el pedernal.
Encenderé una llama.

Amelie fue la elegida para ir a buscar fuego a la granja de la familia de Milivent, mientras los demás estaban alistándose para volver a entrar.
Al menos lo intentaremos. Una vez se apague estaremos totalmente perdidos dentro, así que atentos a las curvas y recovecos que tomemos una vez dentro.
El fuego estaba listo.
La formación se mantendrá. Necesito las dos manos libres para manejar el mandoble, no podré llevar la antorcha. ¿Quién de ustedes la cargará?
Y de nuevo estuvieron dentro. Rimbaud delante, con Tentrei en medio y Egil cerrando la formación.
Adelante.
El sonido de las cadenas de Tentrei regresó junto con la música. La ausencia de flechas desde el muro hizo suponer al caballero que los pequeños arqueros estaban ocupados con la animación del barbo así que decidió avanzar todo lo que pudo con sus compañeros a su zaga hasta cubrir el tramo que lo separaba de las alimañas.
Entonces se adentraron más y más, hasta hallarse en una recamara mucho más amplia y profunda. Rimbaud se encontraba azorado por el hedor del interior de la cueva. La estancia colmada de pieles roñosas y suciedad le hizo centrar su atención en las sombras que formaban los petates, y los huesecillos que parecían provenir de algún animal o quizá un recién nacido. Eso observaba, cuando de pronto sintió la cuerda en su pie al avanzar, se crispó del susto ante lo que se avecinaba, llevó la mano a su mandoble pero de nada le sirvió pues una avalancha de rocas cayó tan inesperadamente rápido sobre él que no alcanzó siquiera a fintar.
Pasados unos segundos, cuando el polvo se disipó sus compañeros pudieron avistar el cuerpo del caballero bajo varias rocas de aspecto severo. De no ser por su armadura las heridas hubieran sido mortales. Apenas respiraba, inconsciente, en el suelo.

Estuvo varios segundos inconsciente, sin saber cuál fue la suerte de sus compañeros, entonces despertó con dolores en todo el cuerpo y con el rostro de Tentrei frente al de él. Frente a su llamado alegó:
Déjame aquí un momento. Siento que me ha pasado por encima un carromato.
Se quedó en el suelo de la fría caverna mientras trataba de entender que es lo que había sucedido. Su cuerpo estaba muy magullado, y aunque su armadura había detenido la mayor parte del golpe, podía sentir que internamente había heridas.
No tenía idea que eran capaces de elaborar este tipo de trampas. Quizá qué haya más adelante.


Un atardecer, senté a la Belleza sobre mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la insulté.
Rimbaud

Diálogos - «Pensamientos
#556B2F
Rimbaud
Rimbaud

Mensajes : 35
Link a Ficha y Cronología : Eclosión

Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 4 Empty Re: [Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1)

Mensaje por Amelie Winter el Mar Abr 30, 2019 1:03 am

Estaba atenta a todo lo que decían mis compañeros pero cuando Egil se dirigió a mí no pude hacer más que mirarlo muy sorprendida a los ojos, en ellos ya no veía una pizca de molestia, eso me hizo abrir mucho los ojos por la sorpresa que eso me causaba. Eso y que además dijera un cumplido de lo que yo podría hacer para ayudar en la misión “¿significará eso que me perdona?”,  “¿Significará que al fin puedo dejar de sentirme culpable por lo que pasó la noche anterior?”, “ya lo veremos”.

Escuche de Rimbaud el orden en el que iríamos y me sorprendía que él quisiera ir primero, pero tenía sentido pues su armadura era mucho más resistente que la de Egil, así que asentí con la cabeza, todavía en shock por lo que había dicho Egil de mí, realmente no me esperaba aquello hasta que de nuevo el caballero me volvió a sacar de mis pensamientos —. Dime, no sé de arcos, ¿cuál es tu mano dominante? ¿Con esa sostienes la flecha a la hora de apuntar?—

Dirigí mi mirada hasta encontrarme con la mirada castaña del caballero, mis ojos seguían denotando sorpresa por lo anterior dicho por el, intenté salir de mi embobamiento e intenté responderle como mejormente pude —Mi arco lo tomo con la izquierda, y la flecha con la derecha, mi mano dominante es la diestra ¿Porque?— El me indicó lo que debería hacer al entrar en la cueva y que encantaría mis flechas para poder hacer más daño a lo que yo asentí con la cabeza prestando atención a sus palabras, las cuales tenían sentido en mi cabeza.

— Me parece Bien Egil, pero debemos tener en cuenta que yo solo cuento con sesenta flechas, debo de utilizarlas con cuidado e ir recogiéndolas a medida que vayamos avanzando si no quiero llegar al final sin una sola flecha—después de esto saqué mi arco de mi hombro y lo tomé con fuerza y por si las dudas tomé un flecha en la mano por si tenía que disparar con rapidez y seguí a Rimbaud agachada intentando hacer el menor ruido posible, Tentrei por su lado me adelantó para poder quedar en la posición que había dicho Rimbaud y vi cuando Nusa se escondió en la maleza nuevamente.

Después de un suspiro nervioso entramos en la cueva cruzando las rocas que estorbaban en el paso pero en cuanto las cruzamos, se escucharon los zumbidos que claramente pude identificar como un par de flechas, una dio contra algo metálico, lo cual supuse que había sido que la flecha había chocado con la armadura del caballero y la segunda pude sentir como había dado en el blanco por unos cuantos insultos que salieron de la boca de Tentrei dirigidos hacía los goblins, pero no solo dirigió unas cuantas palabras si no que de repente comenzó a tocar una música muy animosa que  invitaba al combate, después de eso se comenzó a sentir un ruido hueco de cadenas lo que indicaba que el Divium comenzaba a atacar, la verdad no podía decir mucho puesto que la oscuridad de la cueva no me permitía ver nada, ni siquiera sabía que tan profunda era la herida de este o donde le habrían dado

—Están al otro lado de este muro. Tendríamos que rodearlo para combatirlos, pero hace falta fuego para ello. ¿Alguno tiene una antorcha?— La voz de Rimbaud se escuchaba mucho más grave en ese lugar, acompañada por un poco del eco natural de la cueva. No sabía nada sobre goblins pero al haber dado en el blanco dos veces se notaba que podían ver en la obscuridad, pero nosotros no, mis compañeros comenzaron a ver si podían improvisar una antorcha con los materiales que teníamos encima.

—No podemos seguir a oscuras, yo no puedo disparar a ningún lado con temor a que reboten mis flechas en los muros y que terminemos mal heridos  terminar mal heridos nosotros mismos, tenemos que ir por antorchas sí o sí, que les parece que para no perder tiempo vaya uno de nosotros a buscarlas— Rimbaud fue el que me respondió y tenía sentido, nos íbamos a demorar demasiado en ir por las antorchas, había sido un viaje demasiado largo de venida, si teníamos que ir y regresar sería demasiado tiempo perdido, Egil se le ocurrió la idea de ir caminando y venir montando un caballo, pero Rimbaud me sacó la idea de la cabeza, el terreno era demasiado blando para venir con un caballo.

—Yo se cabalgar, pero concuerdo con Rimbaud la tierra es muy blanda... otra opción sería la montura de Tentrei, que vaya uno por las antorchas y podemos improvisar una antorcha para los que se queden en la cueva, yo traigo alcohol en mi mochila, tal vez sea útil — Tentrei me respondió— A menos que traigas veinte litros de alcohol, no durará mucho— lo único que pude escuchar fue un silbido que retumbó por la cueva, me obligó a taparme las orejas y de repente en la entrada se vio la sombra de Nusa, por lo que me imaginé que había sido Tentrei llamando a su montura — Déjanos el alcohol y ve a buscar antorchas. ¿Alguna vez montaste un felidraco? Dale indicaciones, no intentes manejarlo. Anda, corre. —

Saqué de mi mochila la botella de alcohol y se la puse en la mano a Egil mientras me dirigí al Divium— Nunca he montado un felidraco, pero siempre hay una primera vez—presté atención a las indicaciones que me dio Tentrei para montar a Nusa  y me fui subiendo al felidraco para ir a la granja por antorchas.

Al subirme noté lo complicado que era montar a Nusa “¿Cómo lo hace Tentrei?”, “Lo hace ver tan fácil”, —Muy bien, hagamos caso a las palabras del Divium, Nusa… Necesito ir a la Granja por antorchas, necesitamos ir lo mas rápido posible, por favor— Fue un viaje complicado puesto que al principio intentaba manejarlo cual caballo, pero cuando comprendí que Nusa era quien mandaba a la hora de dirigir por donde el montarlo no fue tan difícil.  

Después de un rato de viaje de regreso se comenzaron a escuchar unas risas que podía reconocer fácilmente, y estaba claro que se dirigían hacia la cueva,  me acerqué con cuidado para que no pudieran verme, pero al contar unos diez goblins  tuve que tomar una decisión “o lucho con ellos, o me voy por las antorchas”, “¿Qué hago?”,

Si me quedo a pelear, tal vez pueda usar un ataque sorpresa, pero aunque eso funcione me superan en número y podría caer aquí, dejando a mis compañeros solos en la cueva, haciendo que el resto de goblins vayan mucho más rápido hacia la cueva dándoles menos tiempo a mis compañeros para avanzar hacia la familia de Milivent”, “Si me voy por las antorchas sé que les dejaré con más goblins, pero de regreso yo podré ayudarlos y tendremos luz” muy a mi pesar tomé una decisión.

—Nusa corre debemos ir por las antorchas, date la mayor prisa que puedas por favor, debemos llegar lo antes posible por esas antorchas— dije con una voz demasiado angustiosa, por suerte el animal me había entendido perfectamente puesto que aceleró el paso.

Después de un rato más llegamos a las granjas, estaba agradecida con Nusa, de verdad había hecho un buen trabajo el animal, pero se notaba agotado por el viaje “ojalá mis compañeros estén bien y hayan podido no solo encender la antorcha si no que llegar hasta la familia de Millivent antes de que yo llegue” Me bajé de Nusa para que descansara mientras iba a buscar las antorchas, ese mínimo descanso sería muy útil cuando regresáramos puesto que tendríamos que regresar lo más rápido que pudiéramos. Entonces corrí a por mi objetivo, encontrar las antorchas que pudiera.


Amelie Winter
Cronologia de Amelie

color=#8f1b81= Amelie
Dialogo Amelie
color=#b165eb=Pensamiento Amelie
 pensamiento de Amelie
color=#32d929=Lorien
dialogo Lorien
Amelie Winter
Amelie Winter

Mensajes : 44
Edad : 29
Link a Ficha y Cronología : Amelie Winter

Cronologia de Amelie

Nivel : 1
Experiencia : 200 / 500

Volver arriba Ir abajo

[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 4 Empty Re: [Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1)

Mensaje por Egil el Mar Abr 30, 2019 4:57 am

Ubicación: Frente a la cueva goblin --> Cueva goblin.
Interacción: Amelie, Rimbaud, Tentrei.
Mención: Goblins.

"¿Morir? Yo me he cogido orcos como para que vengan a matarme goblins."
"Me da igual mientras ayude a alguien."

Eso básicamente fueron las respuestas de dos de mis compañeros ante la pesada pregunta del verdadero caballero del grupo. Bueno, quizás es una exageración verlo así, pero es lo que yo había entendido de sus mensajes. A diferencia de sus respuestas tan concisas, a mí me tomó un momento más; Rimbaud tenía razón, y sus preocupaciones eran comprensibles. Particularmente, yo no tenía la más mínima idea de goblins, a diferencia de él que parecía saber más sobre el tema.
Sin embargo, encontré que no me sentía diferente a ellos.

Son ellos, la familia de Millivent, o nosotros —miré a Rimbaud, descansando una mano sobre mi arma—. Por lo que entendí, van a matar a esa gente en cuanto el resto vuelva, así que no está entre nuestras opciones buscar refuerzos… pero tenemos una oportunidad —pausé un momento, sin dejar de ver al caballero, esto de charlas motivacionales no era muy lo mío. No pude evitar preguntarme cómo hacían los generales que daban discursos de minutos sin parar y callarse a pensar lo que debían decir—. Antes… tenías razón, “hicimos un buen trabajo a pesar de llevar poco de conocernos”, o algo así. Sí, supongo que lo hicimos, y no estábamos a máxima capacidad, ahora tenemos una arquera, y no conocíamos que podía o no hacer el resto. Ahora lo hacemos, y si no, que no escape este chance de conocernos.
Y de salvar a la familia, en realidad.

Terminé de desenvainar mi espada, no ocultando el color del filo de ninguna forma, sino más bien mostrándoselos. No encontraba necesario, o más bien, no encontraba plausible no hacerles evidente que tenías ligeras capacidades nigromanticas, cuando acababa de instar a no dejar escapar el chance de conocer que podía hacer el otro.
Me preocupan sus arqueros, pero con Tentrei y su Aeromancia el viento está de nuestro lado. Tú sostienes un mandoble, y no pierdes en fuerza ni habilidad contra ningún goblin, además de saber capitalizar en la oscuridad. Amelie… —miré a la mujer, por primera vez desde el incidente del huevo sin molestia en la mirada—. Puede ayudar a reducir las heridas que definitivamente vamos a recibir, además de ser otra amenaza para arqueros enemigos y cualquier goblin que intenté acercarse —acepté dentro de mí, en regañadientes, las capacidades necesarias que prestaba a la situación y al grupo—. No estamos aquí para derrotarlos, estamos aquí para rescatar a la familia de Millivent, y podemos hacerlo —pausé de nuevo, viendo mi espada y otra vez al hombre—. Por mi parte, soy un nigromante, así que no, tampoco temo a la muerte —aclaré, sólo por si acaso el acero vil no lo hacía evidente ya a mis compañeros.

Inhale y exhale profundamente, encontrando que a pesar de todo lo dicho, la posibilidad de muerte todavía era elevada.
No tendremos mejor oportunidad que esta de sacarlos, y sin que ellos lo sepan, somos la mejor oportunidad que tiene la familia de Milli…vent —terminé de decir su nombre completo, no es que hubiese estado a punto de llamarle por un diminutivo o algo así—. Sino contenemos nada atrás confió en que saldremos vivos de esta cueva, y tengo ideas para ayudar al chance de que eso ocurra, pero primero debo saber, ¿cuántos pelearemos contra esos goblins? ¿Dos? ¿Tres? —acerqué el mango de mi espada a Rimbaud, era como chocar los cinco, pero con mangos de espada—. ¿O cuatro?
Esperé unos pocos segundos antes de ver al caballero asentir, asintiendo de vuelta a su propuesta, parecía un orden apropiado.

Pronto, mucho más de lo que me esperaba realmente Tentrei ya estaba bromeando mientras se armaba con su laúd. De alguna manera, cuando hace nada nos estábamos preguntando si valía la pena entrar ahora estaban hablando de música de batalla. Bardos. Bueno, admito que aliviar la tensión era bueno, fuese el método que fuese.
No te preocupes, dentro de una cueva no puedes volar igual —le dije al divium con cierta malicia, intentando unirme a la diversión. Cuando me respondió alcé una ceja, no entendiendo si me había tirado el parry verbal más fuerte de la historia o si no me había entendido. Moví la cabeza a los lados para centrarme, y volteé a ver a Amelie—. Dime, no sé de arcos, ¿cuál es tu mano dominante? ¿Con esa sostienes la flecha a la hora de apuntar? —por cualquier razón, Amelie lucía distraída, moví un poco la cara para ver si reaccionaba.

Le tomó unos segundos más, pero finalmente me respondió. Desvié la mirada pensando un poco, sabia que al menos uno de los goblins tenía arco: el que habíamos visto afuera, por lo menos. Pero también sabía eso era una mentira y que de esos pequeños bastardos podría esperarme más flechas; la parte trasera del carro de Millivent era prueba de ello.
Porque si ese es el caso... quiero que dispares a la mano con el que los goblins que porten arco sostengan sus flechas. Si esa es su mano dominante y la arruinas, aún si tienen espadas no tendrán tanta efectividad y Rimbaud podrá despacharlos fácilmente. Voy a encantar tus flechas con mi magia para que causes necrosis en el área donde tu flecha impacte y evitar que usen la mano que pierdan... permanentemente. Nunca he encantado algo que no sea mi espada, sin embargo, así que por precaución lo haré en el caso de que inicie una pelea y que sean las flechas que deban ser —me expliqué, extendiéndome un poco más de lo que querría.

Apreté bien mi espada cuando Amelie aprobó de la idea, pero proporcionó su propio buen punto que yo no había tomado en cuenta... ¿Cuánto eran 70 flechas? ¿Muchas o poquitas? Subí los hombros, ni de chiste podía encantar 70 flechas igual.
Pestañeé cuando escuché a Tentrei mencionar lo de la armadura de Rimbaud. Tenía razón. La curiosidad me ganó en ese instante, únicamente porque su armadura lucía pesada como para cargarla encima 24/7.
¿Qué rayos era "el Caballero de la Armadura Oxidada"?

Deje mi espada desenvainada y seguí al grupo de último, echando un vistazo atrás antes de adentrarme con ellos en la cueva. La oscuridad se hacía con más y más del lugar con cada paso, y junto a ella una pequeña desconfianza que empezaba a crecer dentro de mi mente. La falta de ruido y luz no me agradaba.
Tampoco me agradó aquel que corto a través del aire, seguido de un par de risas que hicieron algo de eco en el lugar. El tercer ruido fue el de dos metales chocando, ¿estaban atacando ya a Rimbaud?
Una flecha rasgó a Tentrei—lo supe por la repentina avalancha de vulgaridades que soltó—y siguió de largo un poco más su trayecto. Imaginé que lo que sonó antes fue una chocando contra la armadura de Rimbaud. No teníamos ni un minuto aquí y ya nos habían pillado, y todavía mejor; no teníamos ni un minuto aquí y ya nos atacaban arqueros.

Rimbaud mencionó la ubicación de los goblins miré más adelante: oscuridad. Las flechas, y la mención de una antorcha me hicieron darme cuenta de lo que quizás tendría que haber sido obvio. ¿Los desgraciados goblins veían en la oscuridad? Los goblins veían en la oscuridad; no necesitaban antorchas en su cueva. «Por supuesto, estúpido, ¿cómo se me ocurrió esperar qué tuviesen antorchas dentro de su cueva? ¡Dah! ¿Qué tengo por cerebro' ¿Soy un muerto-viviente?»
...Si vamos a morir de todas maneras... ¿esto sirve...? —corte el cordón que sostenía mi saya a mi cinturón y la puse al frente, en realidad no viendo si Rimbaud estaba observando lo que le enseñaba, así era de horrible la oscuridad en la que estábamos.
Cuando el caballero replico que el cuero no ardería estuve a punto de asentir por el puro reflejo. «¿Cuero? que, no
Es madera —di pasos atrás a medida que no me quedaba opción por la fila siendo empujaba. Con qué un suicidio—. Empiezo a concordar...
Cuando me preguntó si ardería lo suficiente giré la mano, y me quede viendo la vaina. Ciertamente no lo sabía, de hecho, ni siquiera sabía la madera de que estaba hecha.
Buena pregunta —me paré a pensar al oir su su propuesta, la idea tampoco era cargar suicidamente, y si no tenían luz dentro de la cueva porque no la necesitaban... a diferencia mía, su idea parecía lo más razonable—. Si alguien se siente más veloz que yo, que vaya ahora.

Cuando estuvimos en una posición relativamente más segura, Rimbaud y Amelie se pusieron a sacar cuentas del asunto. No había notado todo el tiempo que habíamos caminado; recordando, si se sentía cerca de una hora. Todo estaba correcto... terriblemente correcto, de ir y volver sería el clan entero lo que nos iba a recibir. En esos momentos, de no ser por la sangre de sed que tenía el divium encima quizás nos hubiésemos rendido o simplemente llegado a aceptar que no podíamos hacer nada.
Entre las menciones mientras discutíamos qué hacer, por hablar de la familia de Millivent me acorde del carro. Y de los caballos que lo jalaban.
Familia de Mill... —pausé un momento poniéndome una mano en la frente, como "idiota", bueno, era idiota por no saber que los goblins veían en la oscuridad, y por esperar antorchas, pero esto era por algo distinto—. ¿Quién sabe montar a caballo en este lugar? Millivent tiene dos, en... el carro, son probablemente suyos... o eso espero.
Bien. Rimbaud y Amelie sabían montar.

Pero el terreno no era propicio para ello. Maldita sea.
Amelie, sin embargo, tenía algo de alcohol con ella. Volví a mirar la saya de mi espada, aunque efectivamente no fuese a durar ni la mitad; tal vez ni un tercio de lo que una antorcha duraría, era algo. Algo que prefería a retirarme o tener que enfrentar un clan entero de goblins.

Mejor que nada —mordí el mango para poder librarme una mano y rasgar parte de mi ropa, con el filo de la espada, cuando tuve suficiente estiré la mano, para sumar a la tela la que Tentrei había rasgado de su ropa y enrollar ambas sobre un extremo de la vaina de la katana, entonces estiré mi mano hacia Amelie, recogiendo los dedos para indicarle que me diera el alcohol.
En cuanto me lo dio, vi a Rimbaud rebuscando en su bolso, y cuando saco un pedernal y algo de yesca asentí, con la vaina lista.
Encenderé una llama.
Asentí abriendo la botella, rociando la tela amarrada con el alcohol con cuidado.
Esto debería funcionar —me detuve, viéndome cargado con duda unos segundos después de haber dicho eso con seguridad—. Creo.
Al menos lo intentaremos. Una vez se apague estaremos totalmente perdidos dentro, así que atentos a las curvas y recovecos que tomemos una vez dentro.

El fuego estaba listo, y las cosas estaban luciendo... más brillantes respecto a hace unos segundos. Sólo esperaba que la "antorcha" fuese a durarnos lo suficiente. La acerqué al fuego y encendió con éxito, algo que definitivamente alegro mucho más a Tentrei que a mí, aunque en estos instantes yo también estaba empezando a desear tantito de sangre goblin. Desgraciados que pueden ver en la oscuridad...
Yo sostendré la antorcha. Todavía puedo cortar en arcos, con un poco de incomodidad, menos fuerza... pero puedo cortar. Tentrei será más eficaz con ambos brazos libres —razoné hablando con algo de dificultad, quizás sonando un poco extraño por estar mordiendo el wakizashi todavía, todo mientras observaba la risa casi maniática de Tentrei y me preguntaba quién era el nigromante allí.

A la señal de Rimbaud, lo seguí a paso rápido pero seguro, no sin ver una y otra vez la llama de la antorcha y alertándome de la más mínima brisa, en terror de que la llama se fuera. Todo era oscuridad y silencio de nuevo en cuanto nos adentramos, claro, con algo más de muy necesitada luz. Tentrei tocaba, y aunque no podía ver qué estaba haciendo exactamente, el sonido de sus cadenas señalaba que hacía algo. La ausencia de flechas; que era efectivo. Al menos eso quería creer yo.

Con las prisas cruzamos el pasillo a la derecha sin demasiados predicamentos, alcanzando una recamara con unos... 7 metros de profundidad, y tantos más de ancho. El lugar estaba inundado de mantas con mal olor, pequeños huesos que parecían estar allí más por falta de higiene que decoración, y paredes tapizadas con pieles animales. Había que darles crédito al clan, parecían buenos cazadores. Mientras avanzábamos, distraído por la apariencia de la nueva recamara con la que habíamos dado y centrado en las sombras en señal de ver algo puntiagudo o moviéndose; escuché unas rocas.

Quizás maldije. Quizás no. No estoy seguro si mi mente llego a reaccionar a tiempo para formar alguna palabra en cuanto alcé la mirada arriba por el sonido. Vi que no eran pocas rocas las que estaban cayendo hacia nosotros. Aprovechando la mayor anchura del lugar, intenté saltar a un lado para evitarlas, aunque no escape ileso, pues un par de rocas, aunque no muy grandes, me alcanzaron el hombro izquierdo; el brazo y mano con los que sostenía la antorcha. Apreté con más fuerza el agarre para evitar soltar nuestra luz mientras un bufido por el dolor se escapaba entre mis dientes, y subí el brazo derecho para que la armadura que me cubría el antebrazo me sirviera de protección contra rocas adicionales.
Al pasar el polvo miré a los lados para verificar el estado de mis compañeros. Tentrei se veía bien; tanto que antes de poder voltear hacia Rimbaud el divium ya me había pasado por el frente, en dirección a un grupo de tumbas que habían sepultado a Rimbaud.
No es bueno —miré su mano, inmóvil, parecía muerto. Me moví rápidamente allí también y deje la katana en el suelo, para poder empujar rocas a un lado también con la mano libre.

Cuando ya no tenía rocas encima, agité a Rimbaud para ver si reaccionaba. Voltee a mirar a Tentrei, como diciéndole con la mirada "No vuelve, creo que..."
Y entonces el divium me hizo a un lado, sacudió su ala para terminar de retirar el polvo restante y lo vi clavarle un golpe en el casco. Me quede mirando al divium incrédulo de su método, y cuando estuve a punto de reclamarle vi un dedo de Rimbaud moverse ligeramente. Unos pequeños murmuras después mientras volvía en sí, y ya estaba hablando.

Di un suspiro, tanto de alivio como de pesadez por no creerme que el método Tentrei de revivir caballeros había funcionado. No dije nada solemne mientras ellos hablaban, y miraba a nuestros alrededores.
Mi culpa. Yo llevo la antorcha, debería haber iluminado el techo estúpido... —alcé la antorcha para ver arriba, y la volví a bajar viendo a Rimbaud—. Seguramente las hay. Dinos cuando estés listo para continuar, trataré de darle mejor uso a esto antes de que se esfume.
Egil
Egil

Mensajes : 28
Link a Ficha y Cronología : Ficha de Egil
Cronología

Nivel : 1
Experiencia : 97 / 500

Volver arriba Ir abajo

[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 4 Empty Re: [Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1)

Mensaje por Tentrei Iskusstvo el Sáb Mayo 04, 2019 1:11 am

Rimbaud nos ordenó como resultaba más conveniente. Bueno, al menos a mí me resultaba conveniente tener una muralla humana delante, y un taburete y otro muro detrás.

Un divium dentro de una cueva es como el inicio de un mal chiste. —solté como si fuera de algún modo relevante y me armé con mi laúd.— ¿Les gusta la música de batalla?

El siempreacorazado, en lo que me pareció fue el comentario menos serio que había hecho hasta el momento, comentó que prefería los tambores. Egil se limitó a hacer… una… ¿broma?

Y fuera de la cueva tampoco. —agité el ala como en señal de que sólo tenía una.— Y dejé los tambores en casa, pero si capturan un goblin, capaz puedo usar sus nalgas. —le guiñé un ojo a Rimbaud, y el mencionado pareció tomar la broma de buena manera, porque casi pude distinguir lo que era una sonrisa.

No le estaba prestando demasiada atención a la explicación de Egil, hasta que con la mención del encanto, mi cola automáticamente se enrolló en mi bolso, como intentando protegerlo o algo asi. Le señalé la entrada de la cueva a Rimbaud. 

Te sigo, caballe.... —en ese momento, en un golpe de confianza, se me atravesó el elefante en la habitación.— ¿Por qué no te hemos visto sin armadura?

¿Armadura… Oxidada? Me quedé quieto un momento pensando en la referencia, pero Rim ya se había adentrado en la cueva. Vi a Amelie moverse, y me le atravesé para quedar yo detrás del caballero. Nusa se quedó en la entrada; en un parpadeo se escondió en unos matorrales y fue como si desapareciera.

Nos adentramos en la cueva, y tras un par de pasos se escucharon dos zumbidos; una flecha que rebotó en Rimbaud, y otra que me cortó en un costado. Solté un bonito juego de insultos cuando la flecha rozó mi piel y llegaba el dolor punzante. Con mi laúd preparado, lo único que me quedaba era tocar. Música intensa, una historia de batalla con la cual mis cadenas salieron de sus bolsillos y se arrastraron como serpientes hacia los orificios de donde venían las flechas, intentando meterse en ellos.

Había un pequeño problema con la cueva; estaba muy escasamente iluminada, y por mucho que tuviera buena vista, no podía ver en la oscuridad. Rim fue el primero en comentarlo, y la respuesta de Egil me hizo sonreír, pero la sonrisa se borró cuando el caballero se ofreció a explorar solo mientras conseguíamos antorchas.

¿Solo? No, yo tengo ganas de sangre Goblin. —mis palabras salieron casi como un gruñido.— Además, mis armas están del otro lado. —señalé con el laúd los orificios por los que aún estaban cruzando las cadenas.

Con Amelie ofreciendo alcohol para improvisar en el momento, Seguía estando el problema de cómo regresar a la granja sin una montura que pudiera accidentarse en el camin…. Montura. Nusa, claro. Tonto.

A menos que traigas veinte litros de alcohol, no durará mucho. —Miré hacia la entrada y solté un silbido largo y agudo, a lo que Nusa se asomó en la cueva.— Déjanos el alcohol y ve a buscar antorchas. ¿Alguna vez montaste un felidraco? Dale indicaciones, no intentes manejarlo. Anda, corre. —mi cola se metió en la abertura que había dejado la flecha y arrancó un trozo de tela que dejó mi espalda baja desnuda, luego se extendió hacia atrás para ofrecerla a Egil. El caballero la tomó, y ambos improvisaron una antorcha mientras pude escuchar a uno de los goblins intentando golpear mi cadena y al otro intentando volverme a disparar, ambos fallando tristemente.

¡JAJAJAJA! ¡TENEMOS FUEGO, PERRAS! —vociferé mientras la música se volvía más rápida, y aproveché que uno de los goblins volvió a apuntar para mover ambas cadenas y describir un arco que, con algo de fortuna, los atraparía entre los filos.

Logré medio rozar a uno, y el otro simplemente pasó de la cadena como si el golpe no fuera con él. Malparidas cosas. Continuamos la trayectoria confiando en que estarían distraídos, y nos conseguimos con otro salón. Un paso en falso, un sonido viniendo desde arriba, y había una lluvia de rocas cayéndonos encima. Sostuve en laúd contra mi cuerpo y pasé el ala por encima de mi cabeza en un intento de protegerme, pero no pude evitar un par de raspones en la espalda y el brazo. Cuando dejaron de caer, batí el ala para disipar el polvo.

Por los Santísimos Testículos de Symias. ¿Todos bien? —pregunté mientras me sacudía, pero entonces noté a Rimbaud Bajo las rocas y salí corriendo inmediatamente para intentar moverlas, Egil vino a ayudarme, y al quitar las rocas, comenzó a agitarlo. Miré al caballero sacudiendo al otro y negué con la cabeza. Volví a sacudir el ala para disipar el polvo restante y golpeé el casco de Rimbaud como si estuviera tocando una puerta.

¡Tierra a caballero!

¡Y abrieron la puerta! Suspiré de alivio al escucharlo, y di otro par de toques mucho más suaves en su yelmo.

No debe haber demasiada diferencia. —respondí. “Atropellado por un carromato”, no me había pasado. Aún, al menos.

Egil se culpó por… ¿no iluminar bien? ¿Era en serio? Agité la cabeza como para quitarle importancia al asunto y me levanté, listo para lo que siguiera. Más o menos.




Tentrei Iskusstvo
Tentrei Iskusstvo

Mensajes : 18
Link a Ficha y Cronología : La Balada Carmesí.

Nivel : 1
Experiencia : 0 / 500

Volver arriba Ir abajo

[Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1) - Página 4 Empty Re: [Campaña] Historias de La Tetera de la Señora Freona (Parte 1)

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 4 de 5. Precedente  1, 2, 3, 4, 5  Siguiente

Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.